Capítulo Agüero
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Capítulo Agüero
1
nivel local permanecan as en el terreno algo tautolgico en el cual el estallido se
explicaba en funcin del carcter reactivo de la ciudad (clerical, conservador), y ste
se sobreentenda sin ponerse en escrutinio.
La consolidacin de un cierto sentido comn de la reforma aliment una sensible
prdida de inters por las condiciones efectivas de su estallido a escala local.
Condiciones complejas, en parte a determinar y en parte iluminadas por una serie de
trabajos capaces de alimentar una necesaria revisin del fenmeno. 6 Este captulo
busca contribuir a esa revisin, retomando para ello algunas hiptesis provenientes de
indagaciones anteriores,7 diversificando las aristas consideradas y variando los
ngulos de visin. Intenta as proponer formas alternativas de razonar el
acontecimiento y vetas que habiliten una relectura a nivel local, capaz de decir algo
sobre el acontecimiento tambin a otras escalas. Entre las sealadas hiptesis,
rescato dos de gran generalidad, orientadoras del tipo de ejercicio que deseo hacer. La
primera, la ciudad tuvo mucho que ver en el estallido reformista, y esto porque la
movilizacin que remat en las aulas vena madurando en otros sitios, en muchos
sentidos (la cuestin fue as, ms que de las aulas a las calles, de las calles a las
aulas). La segunda, esa complejidad largamente negada al proceso de la ciudad es lo
que se impone indagar; algo que dispara en muchas direcciones pero sugiere un norte
descentrado de los ecos, los resultados y las limitaciones institucionales del proceso
reformista.
Sobre los sealados objetivos e hiptesis, trazados de manera muy simple, avanzar
entonces este ejercicio, un ejercicio circunscripto al ao y a ciertos acontecimientos
que, considerados a modo de incisiones en los sucesivos meses y situados a diversa
distancia del foco reformista, pueden ofrecer, a la vez, una aproximacin fenomnica a
ciertos hechos, una articulacin novedosa de evoluciones y cuadros culturales y
sociales de diversa escala, y un puente a la experiencia de una generacin y una
sociedad.8 Una serie periodstica completa, ya muy familiar, ser el sostn documental
principal, sin ser el nico. Las licencias respecto de la extensin de ciertos epgrafes,
deben leerse en la misma direccin.
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Pardal, presidente de la sociedad de fomento del pueblo/barrio General Paz. Producto
de un loteo detalladamente planificado en 1870, ste haba sido pensado como un
barrio residencial de cierto rango, algo que en parte sera moderado por la instalacin
de los talleres del ferrocarril y su amplio correlato de poblacin obrera. Ya en 1918, sin
embargo, el barrio parece haber recuperado algo de aquel sueo burgus inicial,
fenmeno verosmilmente favorecido por el traslado de los talleres hacia los altos del
norte. Pensado as, como pieza de un tablero en expansin y transformacin, el barrio
interesa ms que como espacio de una historia local particular. Y si la cita invocada
tiene un plus respecto de otras posibles, ste procede de su capacidad de evocar algo
de ese proceso material y social de la ciudad en su conjunto: una sociedad que crece
y se complejiza; esfuerzos precisos de regulacin y articulacin del flujo de hombres y
mercancas.
En efecto, el caso trae parte de ese movimiento activo de vinculacin y segregacin
espacial, marcado por los esfuerzos de descongestionar el centro, proveer a San
Vicente, Barrio Ingls y Alta Crdoba, o disear nuevos nodos, con anlogas
funciones. Se sobreimprimen all, al menos, dos grandes momentos de expansin de
la ciudad: por un lado, el que desde la dcada del 70 sigui el cauce del ro hacia este
y oeste o trep las barrancas norte, dando lugar a General Paz, San Vicente, Alberdi,
Alta Crdoba o San Martn; por otro, el que desde la dcada del diez habilitara la
incorporacin al municipio de Barrio Ingls o los Talleres de Alta Crdoba. 10 El proceso
material muestra todo su relieve si se lo piensa respecto de la acusada complejizacin
social que expresa, que es lo que permite leer ese tablero dinmico en relacin con la
reestructuracin de las elites locales, que desbordan el centro, los desplazamientos de
las zonas obreras en un momento de fuerte movilidad social e innovacin tcnica, la
persistencia y el incremento de bolsones de pobreza muy poco mviles, o la
emergencia de unos sectores medios hechos de los ascensos de unos y las cadas de
otros, que son los que en gran medida marcan en esta etapa los barrios de la primera
expansin (a veces como convivencia de sectores obreros y burgueses en una misma
jurisdiccin, de fronteras ms o menos mviles). Si estos barrios asisten a cierta
complejizacin de servicios (mercados, escuelas, bibliotecas, etc.), los barrios nuevos,
al igual que un suburbio interno que amenaza volverse estructural, experimentan un
dificultoso tendido de servicios bsicos como el de agua corriente (Talleres), o la
dotacin mnima de seguridad que parecen reclamar (Alberdi o Pueblo Nuevo).
En esa medida, la inauguracin del mercado de General Paz habla de mucho ms que
de s misma, sealando la amplia transformacin de la ciudad y la sociedad y, dentro
de ellas, el lugar nuevo que ciertos barrios tienen no slo en la provisin de
universitarios sino, de manera especial, como mbitos de una vida asociativa, poltica
y cultural novedosas, sin las cuales la reforma cordobesa se entendera muy mal. Las
asociaciones de fomento, el lugar del municipio, el propio juego seccional de radicales
y demcratas que el evento en parte anuda, son un sntoma de esa transformacin de
una ciudad que, en 1914, contaba 134.935 habitantes, un 22 % de ellos extranjeros. El
hecho de que una pareja de inmigrantes cuyo comercio creci al calor de la era obrera
de General Paz, uno de ellos analfabeto, haya podido allanar a su hijo el Colegio de
Monserrat y la carrera en Derecho, como ocurri con Juan Filloy, es tambin un ndice
de ese proceso ms vasto.11
Los editores espaoles, convencidos de la urgente necesidad de estrechar sus relaciones con
los pueblos de Hispano-Amrica para soportar la competencia universal que se prepara desde
ya y que dar comienzos tan pronto como termine la guerra, han acometido una empresa de
verdadera importancia: la poltica del libro. La poltica del libro no se vincula de manera
10
Ansaldi 1991; Sosa 2016.
11
Cervi 2017.
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fundamental a la proteccin de intereses materiales si bien no los descuida, sino que la informa
y la domina el propsito, ms alto y generoso, de difundir el libro espaol por los pases
americanos y hacer conocer el de otros en Espaa. Es, como se ve, una de las tantas maneras
escogidas para hacer efectiva la campaa de acercamiento de la madre patria con nosotros,
que han ideado y puesto en prctica, de un tiempo a esta parte, los ms selectos espritus
espaoles. []
Para servir los designios de la poltica del libro [] la conferencia de amigos del libro, reunida
en Barcelona en junio del ao prximo pasado, bajo la direccin espiritual del sabio y querido
maestro Rafael Altamira, resolvi crear la Cmara del Libro Espaol, propiciada por don
Gustavo Gili.
LVI, 5/2/18
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espaola sienta sus reales desde dcadas atrs, seguida muy de cerca por la
inmigracin italiana.14 La alfabetizacin hace sus progresos lentamente, con ms
impacto absoluto que relativo, distancindose poco an del cuadro de 1906.15
Bibliotecas pblicas y populares juegan su papel, estas ltimas muy vinculadas al
proceso de los barrios, a su crecimiento y complejizacin. Libreras y agencias de
publicaciones siguen un ritmo semejante, acercando libros, revistas y suscripciones.
Las imprentas desbordan hace tiempo el discreto mercado de las tesis universitarias,
pero empiezan ahora, sin embargo, a sufrir de manera estructural la embestida de las
grandes casas porteas. Un paisaje nada lineal, en que los lectores efectivos
aumentan al tiempo que las tasas de analfabetismo resisten y se consolida una elite
intelectual; en que los impresos se multiplican mientras las chances de autonoma
editorial se estrechan; en que las referencias culturales se multiplican mientras Espaa
tiene, en efecto, una nueva aceptabilidad respecto del panorama ofrecido, por caso,
por los aos ochenta. La llegada de pintores, compaas teatrales y figuras
intelectuales espaolas son, como la afectuosa consideracin del jurista, historiador y
pedagogo liberal Rafael Altamira, una pauta de esto.
Nuestro gran cine de la avenida anuncia para sus habitus esta noche, un cartel como el que
acostumbra presentar a su pblico selecto [] Calvario de una madre, sentimental drama
social que por su argumento sencillo y original hace que guste; consta de 20 partes. Salvada
es el ttulo de otro estreno. Con slo mencionar su origen americano basta para hacer prever
su valor e inters.
LVI, 22/3/18
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pintura y denuncia sociales, tanto como con experiencias mltiples y fragmentarias de
la desigualdad, el sufrimiento o la injusticia, a los que contribuye a dotar de cierta
unidad de sentido. Controversial como el propio lenguaje cinematogrfico es en estos
aos, su atraccin y aceptabilidad parecen indisociables de la variedad de una oferta
que, por lo dems, ofrece pocas variaciones: porque, en rigor, ms recurrente que los
comentarios de diversos films es la publicidad de las contadas marcas
norteamericanas (Metro, Universal, etc.), que hacen sistema con una imprevista
presencia de esa potencia temible: slo mencionar su origen americano basta para
hacer prever su valor e inters. Si esta oferta se piensa junto a la circulacin de Henry
George y la notable publicidad de becas Yankees en la Revista de la Universidad,
auspiciadas por la Unin Panamericana, parece tambin indicativa del nuevo, aunque
ambiguo, lugar de Estados Unidos en la cultura local.
En paralelo, el anuncio del recital del do Gardel-Razzano en el Select parece sealar
la presencia discontinua de un criollismo de orientacin masiva, descentrado del que
ha sido privilegio de las elites locales y del que lo ser de las vanguardias porteas.
Sin duda trado por Max Glucksmann, autrohngaro dueo de la sala cordobesa y del
sello porteo con el que ha firmado contrato, el do hara revivir, con todos sus
prestigios, la cancin criolla la nuestra, la clsica-. Puesto que ste es su momento
folklrico, excepcin hecha de Mi tango triste, registrado en 1917, all debieron orse
temas de inspiracin campera como La huella o La yegecita. Orse, s, pero por
quines? Porque si el contrapunto entre la sed de Estados Unidos y la impugnacin
cosmopolita sugiere las direcciones encontradas que modulaban diversas zonas
culturales, tambin se sabe que los consumos no corresponden a frentes ideolgicos
estancos, y que muchos italianos fueron los ms fervientes percutores de un criollismo
en clave popular.
La cuestin del pblico reaparece aqu como una que interesa si lo que se desea es
saber cuntas tramas tiene entonces la cultura local, y cules de ellas se cruzan, o al
menos se rozan. Responderla escapa a las posibilidades de este trabajo, pero
conviene retener las pretensiones masivas de la industria cinematogrfica y
discogrfica junto a las restricciones concretas planteadas por el precio de ciertos
billetes; el convite de un empresario como Glucksmann (con sus alusiones al pblico
distinguido que concurre a sus salas) junto a la cada efectiva de parcelas de la elite
criolla y el ascenso de otras inmigrantes, ambas precisadas de cierto refuerzo
representativo. La cuestin se dibuja en un espacio inestable pero cierto: en la variada
morfologa de unos sectores medios en formacin, como los que pueden hallarse en
los barrios de la primera gran expansin de la ciudad, rastrillando las cohortes de la
propia universidad o relevando industrias y negocios en las guas comerciales.
El Doctor Arturo Orgaz, molesto al parecer, por el fracaso del comit que presida, procura, en
su nota al doctor Bernard, imputarme la acusacin que circul contra el ltimo. []
Cuando llegamos de Buenos Aires los delegados ante el seor presidente de la repblica,
omos en todas partes juicios desfavorables para los profesionales, y nos cercioramos del
fundamento de la psima impresin general al hablar con algunos de ellos, que denunciaban
en todas sus palabras sus ilegtimas ambiciones. Ninguno de los que hablaron conmigo por
suerte- [] perteneca al Comit de Profesionales. Este no se salvaba de la acusacin general,
a tal punto que, inmediatamente, tuvimos noticia de que se le bautizaba con el nombre de
Comit Pr-Repartija, por lo dems, en mi opinin, inmerecido. Horacio Valds y Gumersindo
Sayago, mis compaeros de delegacin, con quienes convers al respecto, me dijeron Es
necesario palabras textuales del primero de los nombrados- salvar a toda costa el principio
moral y la independencia del Comit Pro Reforma Universitaria, y, aun en el caso de que las
especies propaladas sobre los profesionales en general fueran calumniosas, es necesario que
nos salvemos de la calumnia. Por otra parte, el doctor Matienzo me dijo que a l no le
presionaran ni profesionales ni nadie Fue entonces que el C.P.R.U., compuesto por
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personas conscientes y entre las cuales yo no soy ms que un vocal, resolvi, por unanimidad
de votos, porque no queremos ser instrumentos actuales ni futuros de nadie, continuar, como
haba empezado, con la direccin nica del movimiento, y apoyar decididamente al Dr.
Matienzo. Esto es lo que ha pasado y de lo que hay quienes no quieren convencerse.
Carta de Enrique Barros a LVI, reproducida el 28/4/18
La carta de Enrique Barros expone una disputa en el lugar menos pensado: entre los
propios egresados y estudiantes que vienen protagonizando la movilizacin
universitaria desde fines de 1917 y que han propiciado la primera intervencin de la
universidad, a cargo del Dr. Matienzo. Activa desde mediados de mes, esta
intervencin viene promoviendo una renovacin sustantiva del profesorado a travs de
la eliminacin de las academias vitalicias y la instauracin de los consejos directivos
electivos que tendran a su cargo, adems, la eleccin del prximo rector. La comn
voluntad de reforma se anuda entonces con intereses ms primarios, ligados a las
diversas posiciones y expectativas de unos y otros; y es respecto de la cuestin de los
puestos que parece desatarse una seguidilla de pequeas operaciones destinadas a
garantizar la prioridad de un sector de diplomados sobre otro. Algunos, al parecer, son
egresados que actan en forma individual. Otros, en cambio, ostentan pertenencias
colectivas, como el Comit de Profesionales dirigido por Arturo Orgaz, cuyo fracaso
acusa Barros. Gastn Bernard, joven abogado y miembro de ese comit, parece ser el
punto ms comprometido de una trama en la que no habran faltado reuniones a
medianoche con el propio interventor; es respecto de esas peticiones y sugestiones
que Matienzo habra dicho que no se dejara presionar por unos ni otros, algo que no
detiene un rumor que corre por vas familiares y amicales, erosionando varias
reputaciones.
Que la disputa se entable entre Arturo Orgaz y Enrique Barros, dos reconocidos
reformistas que comparten tambin otros espacios, es la deriva natural de su situacin
dirigente en ese poco visible Comit de Profesionales, por un lado, y en el Comit Pro
Reforma Universitaria, por otro. Producto de los sealados rumores y de ciertas
certezas sobre algunos egresados, los estudiantes han decidido asumir la direccin
nica del movimiento, de lo que se colige que sta pudo imaginarse antes compartida
con alguna formacin orgnica de graduados, comenzando por la que involucra a
Orgaz, y no slo acompaada por ellos. Orgaz parece molestarse con la resolucin
estudiantil y creer en la buena fe de Bernard; ste, sin embargo, enfrentar
acusaciones semejantes hacia el final del ao, esta vez respecto de ctedras en una
escuela de la provincia, mbito en el que es, por lo dems, secretario de gobierno.
Como se ve, no todo es concordia en el frente reformista, especialmente cuando el
horizonte parece allanarse en el sentido de una resolucin favorable a sus demandas.
Abril y mayo son, en este punto, meses de baja movilizacin callejera, expresivos de
una marcada sensacin de fin de ciclo, alentada por la propia intervencin. 16 En cierto
sentido, todo podra haberse detenido all, legando al futuro una imagen muy distinta
de la gesta reformista. Considerar esto tiene enormes consecuencias a la hora de
pensar el curso nada lineal ese movimiento y sus alternativas. Y acaso porque todo
pudo haberse detenido all es que algunos egresados se dispusieron entonces a hacer
la carrera de la reforma, lo que agudiz las tensiones en el frente. Los sucesos de
junio, marcados por la inesperada victoria de Antonio Nores, candidato antirreformista
al rectorado, inaugurarn un nuevo y muy distinto ciclo de conflictividad ascendente.
Dentro de ese ciclo, muchos egresados ocuparn el primer plano, como oradores
reconocidos y como orientadores de ciertas fracciones del movimiento estudiantil: es el
caso de Deodoro Roca, Sal Taborda y el propio Arturo Orgaz; pero no el de Bernard,
ni el de unos tales Orrico y Albarenque, todos integrantes del Comit de
Profesionales.17 Con todo, ciertos egresados hacen ms que seguir el pulso
16
Vidal 2005.
17
Orrico es probablemente el mismo que cruzar afrentas con Roca hacia mediados de ao,
mientras que Albarenque parece ser el Presidente del Comit Pro-Dignidad, en el que convive
7
estudiantil; esto, al menos, si se piensa en el protagonismo de Orgaz, Roca y Taborda
en la Asociacin Crdoba Libre, una de las grandes impulsoras del movimiento
universitario.
Idealmente, ms que leerse este apartado debiera poder escucharse. Y esto porque
en el acto del primero de mayo de 1918, inscrito en un ciclo de movilizacin obrera de
marcada intensidad y duracin, va tambin un mundo, que se intersecta slo
parcialmente con el de la reforma universitaria y que tiene, sin duda, densidad y
emotividad propia. Escindido en enero del Partido Socialista, el Partido Socialista
Internacional nace llevndose consigo gran parte de las conducciones obreras; por lo
que su propia conmemoracin del da del trabajador, efectuada en la vspera, y sta de
la Federacin Local, son las primeras realizadas en Crdoba bajo el signo de la
revolucin de octubre. La direccin maximalista no satura el universo obrero
organizado, como bien sugiere el programa del acto, aunque ciertamente lo marca. 18
Pablo Lpez, dirigente de Artes Grficas, ahora socialista internacional, es tambin el
Secretario General de esa Federacin y orador principal. 19 Los himnos lo preceden y
suceden, con ms hospitalidad que dogmatismo: Hijo del pueblo, himno anarquista,
abre y cierra el acto, La Internacional lo promedia, La Marsellesa, smbolo de la
revolucin liberal, acerca al final. Ausente el himno argentino, conviven aqu las dos
piezas que la acusada radicalizacin del ao llevar a contraponer en tanto horizontes
polticos disonantes (La marsellesa y La internacional),20 pero cuya convivencia es
entonces un dato sedimentado de la cultura obrera local.
De manera nada lineal, tambin en este acto se anuncia un sentimental drama
social: no es una pelcula de la Metro, tampoco una pieza libertaria. El crimen de la
miseria es, o parece ser, la adaptacin dramtica de una conferencia de Henry
George, dictada en 1885 en Burlington, bajo el auspicio de los Caballeros del Trabajo,
8
y reavivada por una edicin en espaol de 1916. La representacin tiene difusos
antecedentes en Buenos Aires pero, ms que ellos, es la propia vitalidad del
georgismo en la Crdoba de 1918 la que lleva a considerar posible esa filiacin.
Pasible ya entonces de lecturas a izquierda y derecha, ste muy bien pudo integrar
tambin el complejo sustrato desde el cual comenz a contornearse el horizonte
revolucionario, no ya como hecho individual, ni siquiera partidario, sino como
fenmeno organizador de la mirada de colectivos polticos diversamente encuadrados.
La radicalizacin se advierte en la superficie de las manifestaciones obreras, y es
motivo de no pocas distancias y disputas con otros sectores, entre ellos la conduccin
universitaria, la Asociacin Crdoba Libre o el Comit Pro-Dignidad Nacional. Como
aqu interesan ms las fisuras que las continuidades, no huelga subrayar que, al
menos en la mayor parte de 1918, la referencia bolchevique es patrimonio de los
sectores obreros organizados, los que tienden a distanciarse del frente liberal por
varias razones: su neutralismo ante la guerra, en lo que sigue las definiciones de
Rusia, el horizonte de la revolucin proletaria, su propia composicin clasista. Las
vacilaciones frente a esa nueva presencia local que es el PSI se expresan un poco por
todos lados, desde la abundancia del mote maximalista, asociado en forma
relativamente esotrica, y a veces peyorativa, al fenmeno de oriente, pasando por el
escaso registro de la sensible continuidad de figuras entre el PS y el PSI, hasta la
disputa abierta sobre cuestiones muy concretas, como el propio da del trabajador.
La Voz del Interior, diario de filiacin radical que, desde cierto momento del conflicto
universitario, se convierte en el gran productor de la reforma como acontecimiento y en
una suerte de portavoz analgico del ala reformista, expone estas distancias en las
mismas columnas en que resea los actos efectuados y a efectuarse con motivo del 1
de mayo:
9
Deodoro Roca, Sal Taborda o Arturo Orgaz; figuras que participan de actividades
promovidas por ese partido, que conviven con militantes socialistas (tanto como con
radicales y demcratas) en la asociacin y que, ciertamente, vivirn su propio proceso
de radicalizacin a partir de este ao, no antes. 23 La distincin, que es relevante para
pensar el ao 18 y las condiciones efectivas de la reforma universitaria, lo es tambin
para valorar mejor la izquierda radical de ese momento, que es una izquierda
fundamentalmente obrera en sus bases y su conduccin.
Visto de este modo, hay al menos dos fases de politizacin y radicalizacin que
interesan respecto del movimiento universitario. La una, en marcha desde al menos
tres aos atrs, que corresponde a la creciente agitacin de un nutrido frente liberal,
congruente con la participacin consecutiva o simultnea de una vasta cohorte de
jvenes en una serie de empresas dismiles (la Universidad Popular, la Sociedad
Georgista, Crdoba Libre, ciertas alas partidarias); fase que acaso tenga su barmetro
en la marcada politizacin y voluntad territorial de Crdoba Libre en la segunda mitad
de 1918, distante ya de la impronta de reaccin cultural que haba marcado su origen.
La otra, iniciada tras el atentado sufrido por Enrique Barros en octubre, que, como
advirtieron Vidal y Vagliente, marca un punto de inflexin sustantivo en el vnculo entre
universitarios y trabajadores y, merced a ello, parece alentar una efectiva, aunque no
inmediata, orientacin a la izquierda radical por un sector de egresados y estudiantes.
Si nuevas revoluciones presionan el lenguaje y el horizonte del ao 18, toda una
coyuntura internacional acta en ese sentido, algo que ser notable cierto tiempo
despus, en el rea social discreta de ciertas experiencias poltico-culturales.24
La eleccin de Antonio Nores tuvo, como se sabe, una secuela inmediata y virulenta:
la toma del recinto por los estudiantes, que combin dosis de indignacin ante el
evidente negociado entre ciertos electores y dosis de fragor juvenil, iconoclastia y
nimo festivo. La arremetida contra los retratos fue parte de ese despliegue de
energas en el espacio, pero tambin un modo regulado de volverse contra la herencia
local y exponer el bro de una generacin universitaria ante el pas. Esa regulacin
vena, en primer trmino, de las simpatas del ejecutivo nacional, un consentimiento
que por momentos choca con el menos ameno de las autoridades provinciales o
policiales.
Como en otros episodios semejantes, La Voz del Interior procur tomar cierta
distancia, algo que deshizo casi de inmediato en privilegio de las buenas razones de
los estudiantes. Fruto de esas tensiones, la primera crnica del evento vacila entre las
23
Agero-Lpez e/p; Bustelo 2017.
24
Un ejemplo de esto es la revista Mente, de 1920, que implica a Taborda, Roca, Carlos
Astrada, Amrico Aguilera, Emilio Biagosch y Ceferino Garzn Maceda, autodefinidos como
grupo Justicia. Ver Domnguez Rubio 2017; Bustelo 2015/2016.
10
marcas de objetividad y el recurso jocoso y cmplice: los estudiantes son ahora el
soviet, lanzado sobre el palacio del poder tradicional; la violencia se enuncia y
atempera: de los retratos rectorales No qued ni uno!. Muchos aos despus, la
memoria algo imprecisa pero no menos jocosa de Juan Filloy retomar el evento,
ofreciendo una de las pocas marcas de su presencia siempre escurridiza en los
sucesos, y sugiriendo que no todos aquello conos haban terminado en la calle: No
fui uno de los dirigentes mximos, pero particip activamente, hombre! El da de la
rebelin, 15 de junio, estaba por arrancar con mi cortaplumas el retrato de Trejo y
Sanabria del Saln de Actos. Sal Alejandro Taborda me par y me dijo: che no seas
brbaro, dej al fraile ah.25
En cualquier caso, dado que ste es el momento en que LVI se lanza a producir
deliberadamente el acontecimiento reformista, no puede dejar de relevarse la manera
oblicua en que la revolucin rusa presiona con un nuevo lenguaje, incluso por la va de
la parodia. Y aunque esto no obre en el sentido de una radicalizacin masiva de ese
signo, es ciertamente una de las formas en que comienzan a abrirse nuevos
horizontes, tambin para el frente liberal que ha venido coagulando a lo largo de la
dcada. Pero ms que la revolucin rusa, es la guerra europea el evento internacional
que resuena en la cotidianeidad de los cordobeses, a los que llegan noticias de
operaciones militares y marcha de reservistas al frente. La gravitacin de la
colectividad italiana pesa, en este punto, tanto como las diversas formas asumidas por
cierto liberalismo nativo que, defendiendo que all se juega la gran batalla de ideales
entre autocracia y democracia, acepta poner en segundo plano la va monrquica
de parte de la entente. Ambos son actores principales de un vasto consenso
antineutralista, que requiri tanto cierta flexibilidad republicana como el continuo
subrayado de la dominacin austro-hngara de parte del territorio italiano. Ya en
noviembre, apellidos muy criollos podrn referirse al desastre de Caporetto como
parte de un lenguaje comn, que a veces se reinscribe en invectivas contra el papa.26
Sr. Ministro del Interior. -Buenos Aires. Crdoba ha presenciado hoy un acto bochornoso y
salvaje en la manifestacin estudiantes. Cosacos armados hirieron cantidad compaeros
indefensos. Diputado Bravo recibi latigazo polica atrevida y vandlica. Juventud estudiosa
protesta ante gobierno nacional contra estos hechos inauditos, increbles en Crdoba, cuna de
la cultura espiritual de la repblica y pide al P.E. nacional las garantas colectivas e individuales.
La bandera nacional pisoteada por los cosacos indignos debe ser reivindicada por una enrgica
actitud del gobierno de que V.E. forma parte. La urgente intervencin de V.E. es necesaria para
evitar el derramamiento de sangre ciudadana porque estamos dispuestos a hacernos respetar
en el uso de nuestros derechos ante la tirana oprobiosa y subalterna que pretende dominar
con la fuerza las palpitaciones del alma popular. Saludamos al seor Ministro. Barros-
Bordabehere- Corts Pl - Medina Allende - Surez Pinto - Garzn Maceda - Mndez- Nigro
Sayago- Saibene Rodrguez - Miembros Federacin Universitaria Sal A. Taborda Julio
Carri Prez Alberto Durrieu, senador- Pedro Loustau Bidaut Flix Gonzlez, diputado
Deodoro Roca Antonio Casas Mariano P. Ceballos, diputado - Daniel Rodrguez, diputado
Amado J. Roldn, diputado. (Siguen las firmas).
LVI, 2/7/18
11
Calzados, Obreros Albailes y anexos, reunido en sesin extraordinaria para tratar los hechos
acaecidos el domingo en la manifestacin de la Federacin Universitaria, resuelve:
1 Protestar enrgicamente por el atropello inicuo de que han sido objeto el pueblo y los
estudiantes por la polica de esta capital.
2 Incitar a los estudiantes a perseverar en la lucha contra el jesuitismo y el dogma, en pro del
liberalismo cientfico y la ms alta libertad de pensar.
3 Reclamar del P.E. el ms amplio desagrado por el atropello cometido.
LVI, 2/7/18
27
Vidal 2014.
12
El paradero de la bandera.
el Dr. Albarenque expuso: Que con fecha veinticinco de junio prximo pasado fue interrogado
por el Dr. Benjamn Galndez sobre el paradero de la gran bandera que el mismo Dr. Galndez
costeara de su propio peculio para ser usada en las manifestaciones del Comit de la juventud
nacional pro ruptura de relaciones con Alemania o en otros con iguales propsitos, pues el
exponente habase informado con extraeza que la tal bandera haba sido donada
indebidamente, segn una nota publicada y suscrita por el Dr. Deodoro Roca, y usada en una
manifestacin de ndole distinta a aquella para las cuales haba sido adquirida.
El Dr. Galndez expuso a su vez: Que peda al Doctor Albarenque, como presidente que fue del
expresado comit, inquiriese el paradero de dicha bandera y la rescatase.
LVI, 2/7/18
El 23 de junio, los universitarios haban marchado por las calles de Crdoba con una
inmensa bandera argentina. Esta bandera, facilitada por Deodoro Roca, perteneca en
realidad al Comit Pro-Dignidad Nacional, que desde 1917 vena sosteniendo una
campaa antineutralista ante la Primera Guerra Mundial y exigiendo la ruptura de
relaciones con Alemania.28 Pero, adems, haba sido costeada por uno de los vocales
del sealado comit, el reconocido mdico Benjamn Galndez. El acta de escribana
reproducida por LVI busca dejar constancia, precisamente, de que ste no haba
autorizado su uso en otras manifestaciones que las antineutralistas, por lo que,
cedindola, Roca se habra atribuido potestades que no tena, algo empeorado por el
hecho de que la bandera debi ser rescatada de la Casa Despontn 29 luego de una
larga pesquisa. La respuesta de Deodoro llega poco tiempo despus, bajo la forma de
una convocatoria a toda la comisin del Comit Pro-Dignidad, a efectos de tratar la
cuestin.
Desde cierto punto de vista, el evento puede resultar irrelevante, pero son eventos
como ste los que recuerdan que la movilizacin universitaria no naci de un vaco
poltico ni social, y que el terreno dentro del cual hizo su curso vena balizado por otro
orden de experiencias partidarias, asociativas, movimientistas e ideolgicas de variada
especie, siempre potencialmente conflictivas. Si, como suger en otro sitio, muchas de
estas experiencias precedieron, estimularon e incluso modelaron el vuelco
universitario a las calles, el incidente de la bandera permite sugerir varias cosas de
inters. Por un lado, que mientras el antineutralismo, alentado por mltiples fuerzas
sociales, comenzando por las tnicas, tiene un amplio predicamento y una sensible
presencia callejera entre 1917 y 1918 (coronada por las manifestaciones que
celebrarn el fin de la guerra), un intento orgnico como el del Comit parece haber
sido escasamente sustentable, como sugieren el como presidente que fue de
Galndez o el que Deodoro juzgara lcito ceder la bandera y debiera recordar la
composicin de la comisin directiva. Por otro, que es precisamente en ese terreno de
convivencia entre antineutralistas y reformistas que pueden advertirse mejor las
dificultades, algo en lo que debi tallar la evidente heterogeneidad etaria e ideolgica
pero que no puede pensarse por fuera de las tensiones que iba aadiendo el ao, de
la plurimembresa de algunos de sus miembros (con la consecuente dispersin de
energas y variedad de compromisos e intereses) ni de la distancia relativa respecto de
las causas que llamaban a la accin.
28
Vidal 2017.
29
Estimo que se trata de la clebre casa fnebre.
13
Segn anota Roca, el manifiesto del comit haba sido suscrito el 11 de octubre de
1917, fecha en que se haba establecido una numerosa comisin -28 vocales, adems
del presidente y los dos vice-presidentes, tesoreros y secretarios-. 30 De esas 35
personas, al menos 5 integran en 1918 Crdoba Libre, ms que simptica respecto de
la lucha estudiantil, comenzando por Arturo Orgaz, Vicepresidente 1 del Comit, y
siguiendo por Roca y Sebastin Palacio, miembros de la Junta directiva provisoria de
la asociacin. Ms all de ellos, varios miembros del comit haban firmado el
manifiesto de 1916 que suele acordarse como origen de la asociacin, y acompaan
algunos de sus actos en 1918. Sin que esas pertenencias fueran forzosamente
excluyentes, algunos de los integrantes lo son tambin del Partido Demcrata o la
UCR, y ciertamente muchos provienen de una generacin anterior a la de los jvenes
estudiantes y egresados.
As, frente al compromiso genrico con la razn antineutralista, las empresas relativas
a un conflicto a la vez cotidiano y remoto parecen haberse visto entorpecidas por las
grietas que abran las circunstancias nacionales y, especialmente, locales. Y si la
inquina por la bandera debi iniciarse desde el momento en que Galndez supo de su
presencia en el acto del 23 de junio, condimentado por la visita de Alfredo Palacios, no
parece alocado sugerir que la exposicin pblica de las diferencias se vio alentada por
el del 30, da de las refriegas entre la polica y los manifestantes. As, si la coagulacin
de un cierto frente liberal desde mediados de la dcada parece haber contado tanto
con una asociacin como Crdoba Libre cuanto con la concertacin antineutralista, las
cosas resultan menos lineales una vez que los reclamos de unos se distancian de la
voluntad de adhesin de los otros. Retroalimentacin, inestabilidad y discordia marcan
as una arena local que reclama ms atencin que la recibida hasta hoy.
En la estacin Iturraspe, provincia de Santa Fe, a tres das del mes de julio, ao mil
novecientos dieciocho y siendo las once am, se constituyeron en el lugar del duelo los doctores
Alfredo Martnez y Deodoro Roca, acompaados de sus respectivos padrinos y mdicos,
doctores Pablo Mariconde, Bernardo Otero Capdevila, coronel Rosendo Hermelo, doctor
Guillermo Rothe, Luis M. Allende y Ernesto Romagosa, a efecto de realizar el lance concertado
en las condiciones que da cuenta el acta respectiva. Determinada por la suerte la eleccin de
armas y situacin en el terreno, a la seal de orden del director del lance, los duelistas se
cambiaron respectivamente una bala, resultando ilesos ambos combatientes, que se
condujeron con absoluta correccin.
Invitados a una reconciliacin, sta no se verific.
LVI, 4/7/1918
30
Segn Roca, sta era la composicin de la Comisin Directiva del Comit Pro-Dignidad
Nacional: Presidente: Dr. Juan M. Albarenque; Vice 1: Sr. Arturo Orgaz; Vice 2: Sr. Manuel
Ordez; Secretarios: Dr. Deodoro Roca e Ingeniero Alfredo Brocca; Tesorero: Ing. Rafael
Furque y Sr. Pablo Martnez; Vocales: Dr, Juan G. Garca, Dr. Benjamn Galndez, Dr. H.
Fracassi, Ing. Rubn Dussaut, Dr. Arturo Pitt, Dr. Pedro Vella, Dr. Sebastin Palacio, Dr. Jos
Lavisse, Dr. Carlos Astrada Ponce, Dr. Carlos A. Daz, Ing. Enrique Faure, Dr. Ramn Gil
Barros, Dr. Ral Orgaz, Dr. Benjamn Palacio, Ing. Juan F. Ceballos, Ing. Emilio Girardet, Ing.
Benjamn Barros, Sr. Ignacio Pea, Sr. Julio Carri Prez, Dr. Emilio E. Snchez, Dr. Abraham
Molina, Dr. Ernesto Pea, Sr. Domingo Astrada, Ing. Jos Revol, Sr. Antonio Astrain, Sr. Manuel
J. Astrada, Sr. Emiliano Gmez Clara, Sr. Jos Pitt (hijo).
31
Agero-Lpez e/p.
14
menos sumarias de varios miembros del clan Nores (al menos Juan Orrico, Heriberto
Martnez y Jos Oro) que Deodoro denunciaba como responsable de ataques a su
persona merced a la prensa o el atentado callejero. Los anuncios de lances y las actas
pacificadoras se precipitan desde el 29 de junio, da en que Roca hace pblicas sus
acusaciones contra el crculo de Antonio Nores, el rector antireformista legado por la
asamblea de ese mes, el Comit Pro-Defensa de la Universidad, que lo secundaba en
el plano estudiantil, y el El Heraldo Universitario, su rgano de prensa.
Slo uno de los potenciales adversarios, Ernesto Carranza, vocal del CPD, recusa
como un formulismo ridculo el mtodo propuesto por Roca para saldar las
divergencias. El resto cumple el protocolo del encuentro entre representantes de las
partes, el acuerdo pacfico cuando los acusados reniegan de las imputaciones y, en el
caso mencionado, la definicin de la eleccin de armas y trminos del duelo. 32 Una de
las actas transcriptas por La Voz del Interior se detiene dos pasos antes: es la que
reproduce el encuentro entre tres miembros conspicuos del Comit Pro- Defensa, que
piden retractacin, y dos representantes de Roca, encuentro que no llega a buen
puerto y concluye con una advertencia que, vista retrospectivamente, acaso debi ser
ms atendida. C. Artaza Rodrguez, Hugo M. Espinosa y Manuel J. Tapia, presidente y
vocales de ese Comit, sealan entonces que los miembros del mismo tomaran,
colectiva e individualmente, las medidas que creyeran convenientes. 33 Y si no contra
Roca, Espinosa y Tapia parecen haber tomado muy literalmente la cuestin: ambos
seran, a fines de octubre, los indiscutibles responsables del ataque que pondra a
Enrique Barros al borde de la muerte.
Entre la violencia distante y regulada del duelo y aquella desatada y directa del ataque
criminal (porque el atentado fue perpetrado con una cachiporra metlica puntualmente
asestada a la cabeza de Barros) transcurren varios meses de creciente tensin poltica
y de indiscutible crispacin de una parcela de los contendientes. Si se piensa que los
das de junio han sido acompaados de un desborde policial que oblig a tomar
partido a gran parte de las fuerzas gremiales, partidarias, y aun a los diarios
nacionales, estas contiendas estilizan los extremos de una violencia no estatal con
antecedentes, pero de distintas eras. Protocolar como pudo ser, el lance Roca-
Martnez conserva el halo del duelo de caballeros, algo radicalmente ausente, por
buenas razones, en el artero atentado de octubre. Los errticos disparos de dos
previsibles esgrimistas contrastan, por lo dems, con los sables subalternos de los
cosacos de junio. Con lo que slo subrayo que, junto a los conflictos de ideas, el
tiempo normal acusa la reproduccin de clases y estamentos.
Bell Ville. Adhirome a la causa valientemente defendida por Uds., mi adhesin no tendr
ms valor que la de ser de un hombre libre, que lucha por los mismos ideales en un centro ms
pequeo. La obra de Uds. est conmoviendo a todo el pas y obligar a los pusilnimes [a] salir
de la indiferencia para alistase en las filas adonde los llama el deber. Muchos estn con Uds.,
bien lo saben. La ola libertaria avanza y no hay poder suficiente para contenerla. Un esfuerzo
ms y tendrn la enorme satisfaccin de presenciar el derrumbamiento de las vetustas
32
Gayol 2002.
33
LVI, 3/7/18.
15
constituciones del silogismo. Una sociedad ms tolerante surgir para que la vida sea mejor.
Menos amenazas y ms justicia para los doloridos, Son Uds. la vanguardia de las nuevas
ideas. Muchos los acompaan. Soy uno de ellos.
-Ismael Ortiz Soria.
LVI, 2/7/18
Cuando la FUC habla de revolucin y, acto seguido, aclara los bordes institucionales
de ese proceso (una revolucin que pueda convertirse en evolucin), dejando clara la
simpata gubernamental con la que cuenta, hay ms que una cautela ante el poder o
una moderacin impuesta por el discurso social general: hay tambin la conciencia
respecto de un juego de fuerzas polticas y asociativas propio, constitutivo del
movimiento reformista, que impide ir ms all y al que tambin se dirigen los
discursos. Un movimiento estimulado, como se dijo, por una movilizacin y politizacin
anteriores, operadas sobre un sustrato liberal en sentido progresista, cuya inflexin
hacia la izquierda radical ser luego- patrimonio de un sector reducido. Si se piensa
en el propio julio de 1918, se advierte que toda asuncin del significante revolucin
exige tanto deslindarse de aquella trada por el ao 17 como de las que, proclamadas
tales, haban marcado un ciclo mediano de rebeliones armadas, desde las mitristas
hasta las del radicalismo en el poder. Dentro de ese ciclo, un hijo notable de la
universidad cordobesa haba dedicado su tesis al viejo asunto de la revolucin y sus
fuentes de legitimidad, sufriendo censura parcial.34 Joaqun V. Gonzlez se preparaba
para grandes cosas y, aunque no contaba entre los mimados del juarismo, su
inquietud era ya la de un roquista, preocupado por las fuentes de desorden aunque
ms atento que su lder (y ms sensible que l) a las buenas razones que el
isunaturalismo y el liberalismo les provean. Ese liberal preocupado por el orden
experimentaba entonces una ambigedad ante la revolucin que no sera ajena a los
jvenes del 18, ms atenazados si se puede por la gravitacin de Rusia y la Argentina
Yrigoyenista. Reconocida como un derecho ante situaciones extremas de opresin y
desigualdad, sta devena difcil de enunciar cuando un partido que admita la
legitimidad de su pasado revolucionario era el poder y acompaaba sus reclamos. As,
ms cercano a los argumentos de esta tradicin de revoluciones hechas en nombre de
la ley, y ciertamente ajena a toda efusin armada, en el Memorial de la FUC es la
exigencia democrtica la que reclama una revolucin, pero para hacerla evolucin, es
decir reforma. Una reforma que debe operar sobre la ley, para garantizar su imperio.
Los tenues hilos que vinculan este reformismo universitario al de aquella generacin
anterior distan de ser antojadizos, y tampoco es casual que hoy cueste discernirlos.
No obstante, visto de lejos el movimiento parece gozar de mayor radicalidad, o as lo
sugieren muchas adhesiones espontneas como las de ese libertario sureo que
invoca ms justicia para los doloridos. Y lo que vale para este hombre libre del
interior provincial, puede muy bien valer para hombres situados en otras coordenadas
geogrficas y sociales, comenzando por los universitarios metropolitanos.
En Talleres
Ayer a las 5 de la tarde se constituyeron en el barrio Talleres, de Alta Crdoba, los
organizadores del mitin y desde una tribuna improvisada habl a los ferroviarios el joven
Manuel T. Rodrguez, quien hizo una feliz y elocuente improvisacin, que result del agrado de
la concurrencia, tan numerosa que puede afirmarse sin peligro de incurrir en errores optimistas
que pasaba de un millar. El orador fue aplaudido con calor en todos los prrafos de su discurso,
lo que prueba acabadamente que haba tenido la habilidad de interpretar los sentimientos de
aquel pblico.
LVI, 23/8/18
34
Gonzlez 1885.
16
La Asociacin Crdoba Libre prepara un gran mitin para el da 25 de agosto, en
acompaamiento al movimiento universitario. Para esto, prev un esquema
territorialmente pautado de actos que anticiparan el central del domingo. ste ser
masivo, reuniendo cerca del 10 % de la poblacin ciudadana. Su xito, sin embargo,
ha sido laboriosamente preparado a lo largo de la semana, y es dentro de ese fragor
que Manuel Rodrguez, estudiante y presumible miembro de la asociacin, excede el
centro pautado en los Altos del Norte y se acerca a los talleres del ferrocarril. Situados
en terrenos tardamente articulados a la ciudad, loteados y en parte construidos,
intercalados con baldos o pequeas quintas, estos han promovido la urbanizacin del
barrio, as como la instalacin de una heterognea poblacin trabajadora. 35 En la
imaginacin ciudadana, el barrio de los Talleres se separa muy pronto del suburbio
pobre o peligroso; deviene laborioso y austero, frtil y productivo.
No es posible conocer hoy el discurso de Rodrguez ante ese pblico, ni precisar lo
ajustado de las referencias a su pequea multitud obrera, pero el propio
desplazamiento hacia los altos es un dato relevante si se desea comprender algo del
modo en que muchos universitarios buscaron, a lo largo del ao, una solidaridad que a
veces les era esquiva. Las direcciones obreras vacilan ante un movimiento en el que
reconocen, porque conocen el tablero, fuerzas de muy diversa direccin; y aun los
momentos en que algo precipita un apoyo abierto no borran lo evidente: que muchos
de sus hijos nunca entrarn a la universidad y muchos de los universitarios proceden,
todava, de las mismas elites que combaten. Nada de esto desmerece el gesto de
Manuel Rodrguez. No se trata slo de apoyos objetivos, que los desean y por
momentos precisan; es que ese genrico liberalismo local est viviendo una inflexin
sustantiva, alumbrando otros sectores y vidas, declinando en sentido socialmente
progresivo. Si los aplausos existieron, en esa colisin fugaz pudo medirse y
alimentarse esta modosa proeza.
La conmemoracin del 20 de setiembre, fecha del avance sobre Roma de las tropas
italianas, y simblica del entero proceso de unificacin, tiene un mediano recorrido en
Crdoba, ligado a gran parte de esa colectividad y a algunas fracciones del liberalismo
local.36 Es clebre la imagen segn la cual, a fines de la dcada de 1870, ciertos
grupos universitarios liberales vivaban al unsono a Roca y Garibaldi; 37 pero si eso, al
menos en un momento tan exigido del liberalismo laico local, resulta sencillo de
imaginar en un italo-criollo como Ramn J. Crcano, la disertacin de Deodoro Roca
en la conmemoracin de 1918 invita a considerar movimientos habidos en aguas ms
profundas. Porque si Deodoro, tan acusadamente criollo, tan inadvertidamente capaz,
an, de asociar la oscuridad de hombres y acciones, tan al filo siempre de que sus
objeciones al cosmopolitismo y la democracia tumultuaria cedan a un elitismo
inquietante;38 si l pudo, entonces, tomar esta celebracin en serio y comprometerse
con ella, es porque la experiencia que estaba teniendo lugar en la ciudad se mostraba
35
Sosa 2016; Agero 2016 a.
36
Vagliente 2010, cap. 3.
37
Crcano [1943] 1965: 53.
38
Hay aqu ms que los ecos del elitismo del espritu de Ariel o El hombre mediocre; hay una
conciencia y una ideologa estamental criolla muy acusadas, comn a otras figuras de las viejas
elites. Como ejemplo, ver la carta de Roca publicada el 29/6 por LVI, o su discurso ante el
Congreso Nacional de Estudiantes, publicado el 31/7.
17
capaz de conmover cimientos hasta all muy slidos. Porque hubo quienes, en estas
lides, pudieron comenzar a salirse de su piel, y se no es un dato poco relevante.
Las sucesivas capas del liberalismo italiano debieron contribuir a ello, pero sin duda
una declinacin de esta celebracin deriva de la propia coyuntura guerrera,
inseparable de la campaa pro-entente en que muchos italianos, y tambin viejos y
nuevos liberales locales, se haban enrolado desde 1915. El creciente papel pblico de
Jos Martinolli a lo largo del ao, orador recurrente de actos de diversa especie,
vivado futuro profesor de Derecho Romano de la Universidad Libre! durante la huelga
de junio,39 es una pauta de ello. Lo es tambin que para el acto se prevean los himnos
argentino, francs, norteamericano e ingls, junto a la Marcha Real Italiana y el Himno
a Garibaldi. Los artistas Carlos Camilloni y Emiliano Gmez Clara, italianfilos por
origen o adopcin, respectivamente, el ltimo firmante del manifiesto de Crdoba Libre
en 1916 y vocal del Comit Pro- Dignidad, acompaaran con Italia Victrix, cuadro
alegrico de largas resonancias. La conmemoracin promete ms que en otros aos;
las reservas, se anuncia, estn disponibles en el Comit Italiano Pro-Patria, desde
cuyos balcones las representaciones diplomticas de los pases aliados saludaran en
noviembre a las cerca de 10.000 almas que, de manera al parecer espontnea, salen
a festejar las noticias del fin de la guerra.
Gran parte del ao transcurre entre lo relevante y lo banal, entre aquello que el diario
construye como noticia y lo que no. La universidad reformada es parte de esa
produccin periodstica deliberada, que intenta presentar los sucesos como piezas de
un fluir continuo, comn a toda la sociedad. Como seala Vern, 40 esto no
corresponde al orden de la experiencia directa, sino al de una elaboracin de segundo
grado pero de gran potencia simblica y capacidad productiva. La construccin de ese
tiempo en devenir como un tiempo colectivo implica, as, la de una cierta memoria
comn del evento que excede la implicacin directa y la incidencia personal, algo muy
sensible en la propia etapa y tambin en las primeras interpretaciones de la reforma.
Pero no es excesivo anotar que el impacto de esa produccin periodstica alcanz
tambin, en muchas ocasiones, las lecturas ms advertidas sobre el evento reformista,
y que eso a veces implic leer las cosas demasiado cerca del modo en que La Voz del
Interior, el medio que ms se ocup de l, lo presentaba. As, tambin vulnerar las
jerarquas propuestas por el medio es un modo de avanzar en la comprensin de un
evento cuyos contextos el diario tiende a oscurecer en el propio borramiento de sus
condiciones de produccin.
La nueva universidad es una de las pseudo-secciones con las que LVI busca, al
menos desde la reapertura de octubre, caracterizar a la universidad postreformista en
tanto universidad reformada. Habiendo acompaado abiertamente esas banderas
desde mediados de ao, el diario seala as, al mismo tiempo, una victoria y un
retorno al orden, el que se verifica tambin grficamente, en el espacio decreciente
cedido a las noticias universitarias y en el menor relieve de la tipografa escogida
39
LVI, 18/06/18.
40
Vern 1987.
18
conforme se aleja la partida del segundo interventor. Con todo, los das que suceden a
esa partida vienen a anunciar un tiempo de democracia nacido de la derrota de la
monarqua, acontecimiento lo bastante grandilocuente para subordinar, al menos
transitoriamente, toda otra cuestin.
Lo que all es relevancia contingente se vuelve estructural respecto del tipo de
anuncios que no revisten condicin noticiable. De este orden es uno rutinario como el
de la venta de la biblioteca de Jos Del Viso, fallecido en julio; anuncio que, como
muchos de su tipo, puede contribuir a pensar las cosas de otro modo. Liberal y juarista
del ochenta, tesista conflictivo en 1883, atenesta, hombre del rgimen durante todo el
arco de siglo, la muerte de Del Viso hace ms que sellar un destino personal. Expresa,
si se quiere, la retirada de todo un elenco poltico conservador cuyas contribuciones al
ideario reformista fueron, sin embargo, mltiples y, a la vez, muy tempranamente
borradas (como ocurri, si se quiere, con el marcado protagonismo de una porcin del
Partido Demcrata). Ramn J. Crcano, su gran amigo y compaero de aventuras
acadmicas y polticas, dedic abultadas pginas a la cuestin universitaria y a la
necesidad de reformas; lo hizo en un texto temprano y si se quiere defensivo como fue
Universidad de Crdoba, y lo hizo tambin en el ao 18, a travs de ciertas
intervenciones pblicas en las que instaba a revisar instituciones y programas y a
convocar a algunas de las voces que crea autorizadas en la cuestin. 41 Pero tanto l
como Del Viso haban sido ya muy relevantes en la forja de un liberalismo local que
tena el laicismo y el republicanismo en el centro de sus definiciones, herencia que
gran parte del reformismo reabsorbera sin admitir filiaciones, subrayando el elemento
de pura novedad comportado por su propia generacin (porque tambin haba all una
cuestin de relevos de este orden). El triunfo de la democracia proclamado por el
diario en octubre tiene as un contrapunto agudo en el escueto anuncio de la venta de
la biblioteca de Del Viso, una de las grandes promesas intelectuales de aquella
generacin, que sta vena a borrar prcticamente in toto.42
Por ltimo hizo uso de la palabra el joven abogado Ral V. Martnez, el que empez sealando
las glorias infinitas de Italia para terminar de una forma valiente, fustigando la traicin del que
se titula representantes de Dios en la tierra y no tuvo inconveniente de vender a su patria, la
que debe acusarle del desastre de Caporetto.
El pblico delirante aplaudi al joven orador.
La manifestacin se disolvi dentro del mayor orden.
LVI, 6/11/18
Art. 2- Sin perjuicio de estudiar y orientar las cuestiones que se susciten con el
desenvolvimiento gradual del espritu pblico, Crdoba Libre procurar las siguientes reformas
legislativas:
a) Parte poltica- La separacin de la iglesia y el estado.
La abolicin de los subsidios a las instituciones religiosas. El desconocimiento de la personera
estadual del Vaticano.
La municipalidad electiva a base de sufragio universal.
La supresin del senado. Ley de asociaciones religiosas.
b) Parte jurdica Cdigo Civil. El establecimiento del divorcio absoluto. La desaparicin
de la desigualdad legal entre el hombre y la mujer. El juicio por jurado. La reforma del Cdigo
Penal. El establecimiento de tribunales para nios. El establecimiento de las colonias
carcelarias. La abolicin de la pena de muerte. La condena condicional. La reforma del Cdigo
Militar.
c) Parte Pedaggica La laicidad de la enseanza. Educacin del analfabeto adulto.
Educacin fsica y moral de los nios de la clase obrera. Mutualismo escolar.
41
Crcano 1892; LVI, 6/4/18.
42
Con muy pocas excepciones, como Joaqun V. Gonzlez, una de las figuras oblicuamente
rehabilitadas por el referido discurso de Deodoro Roca.
19
d) Legislacin obrera El contrato de trabajo individual y colectivo. Personera de los
sindicatos. Creacin de gimnasios y baos pblicos. Salas de maternidad. Colonias de
vacaciones para nios dbiles. Talleres pblicos para mujeres. Salas de lectura.
e) Rgimen agrario Implantacin de la enfiteusis reformada en las tierras fiscales.
Sistema de huertos comunales. Imposicin a los latifundios y los bienes de manos muertas.
Art. 3 - Emplear como medios de accin La conferencia, la cooperacin, el libro, el folleto
y la prensa.
Del Estatuto de la Asociacin Crdoba Libre, reproducido en LVI, 13/11/18
No poda faltar entre nosotros el acto que demostrara que tambin en Crdoba hay defensores
y admiradores de la rara doctrina que con el nombre de maximalismo surgiera en Rusia al
empuje de los bolchevikis y que hoy como un reguero de plvora llegar rpidamente hasta los
ms apartados lugares del orbe.
Y al efecto, hoy los maximalistas realizan una manifestacin pblica con motivo de la
terminacin de la guerra y de adhesin a la Rusia Libre de los bolchevikis, de Lenin y de
Trosky. El punto de reunin ser la plaza General Paz y la hora las 5 p. m. Harn uso de la
palabra varios oradores.
LVI, 1/12/1918
Crdoba en un apreciable porcentaje, ha demostrado una vez ms, que es liberal por
conviccin, por necesidad social y por bondad de ideas, nunca por conveniencia.
Luego, este triunfo del IX Congreso del Libre Pensamiento, es un triunfo suyo, de su fuerza y
de su inteligencia.
LVI, 24/12/18
20
llegada de Alfredo Palacios (visitante regular de la ciudad desde 1916), la aclamada
presencia del estudiante reformista Enrique Barros y la del poeta Arturo Capdevila, no
haban hecho sino incrementar el inters del evento. Masones, liberales y socialistas,
razones laicas y postulados igualitarios de todo orden, revlidas de Rivadavia y de los
derechos sociales y laborales, configuran entonces un inestable horizonte de acuerdos
que lleva a primer plano tanto el vigor como la heterogeneidad de varias dcadas de
liberalismo cordobs. La excitacin general, sin embargo, deriva en buena medida del
ao extraordinario, que ha sido tambin el que impuls la definicin de la sede de esta
edicin del congreso, obligando a una veloz reorganizacin del comit local. Muchos
de los hombres y asociaciones ya considerados estn all, reunidos en torno a un
programa de mnima y de mxima de cierto aliento, y abocados a largas, y a veces
detalladas, sesiones sobre estado e iglesia, reivindicaciones estudiantiles y obreras,
educacin, defensa del libro o divorcio.
Crdoba Libre ocupa un puesto distinguido en el evento y lo mismo ocurre con un
nutrido grupo de estudiantes universitarios, dirigentes notados o intermedios del
movimiento, que acaso ahora, habra que evaluarlo, replieguen sus demandas
parcialmente vencedoras bajo el ala ms comprensiva de la asociacin. De momento,
tambin de este Congreso parecen retraerse los llamados maximalistas, aquellos
internacionalistas que el diario seala como presencias, a un tiempo, locales y
distantes pero que, todo anuncia, estn reconfigurando su vnculo con los reformistas
de manera prometedora. En cualquier caso, la acumulacin de actividades pblicas de
unos y otros sugiere un diciembre muy agitado, en que es posible ver una nueva y
masiva, ahora organizada, movilizacin por el fin de la guerra; una seguidilla de actos
de los socialistas internacionales con sus banderas rojas y columnas; y un evento
marcadamente convocante y peculiar como este Congreso del Librepensamiento, el
segundo en la ciudad, ritmado por visitantes ilustres y cursos de esperanto (es decir,
tambin por la expectativa de un lenguaje universal).
1918
21
asumen un lugar nuevo, que parece muy relevante. O as las dificultades, a veces
serias, para estabilizar un vnculo entre estudiantes y egresados, obreros y
estudiantes, liberal-progresistas y socialistas internacionales, reformistas y
antineutralistas, llevan a reconsiderar aspectos sustantivos de las lecturas legadas y
abren zonas de comprensin novedosas.
Eso por contar apenas aquellos datos ms inmediatamente ligados a la anatoma
poltica del movimiento, que incluye su sinuosa relacin con los partidos, comenzando
por el Demcrata. Pero este movimiento dialoga, adems, con un diagrama material
en incesante cambio y con coordenadas sociales y culturales densas y complejas: de
la disputa entre generaciones a su encadenamiento en una tradicin; de la
reestructuracin de las elites nativas a la emergencia de una elite intelectual con
escasas disposiciones polticas; de la marca espaola a la presin de centros ms y
menos nuevos en el horizonte ideolgico y cultural.
El panorama es vasto y cualquier enumeracin sera hoy incompleta y desigual.
Intent, sin embargo, ensayar una va de reconsideracin de las condiciones locales
del estallido y el proceso reformistas, en gran medida sumergidas por las narrativas
ms habituales. Ese ensayo se cifr en el ao y la ciudad, buscando entradas
relativamente directas a variables muy dismiles, pero no por ello desprovistas de
cierta conexin interna. La eleccin de los episodios dialog con presunciones que
llevan cierto tiempo de maduracin, pero tambin privilegi las fisuras de las que cre
poder obtener cierta ganancia de conocimiento, en la medida en que vulneraban
visiones muy establecidas, proponan nuevas articulaciones y parecan allanar el
camino hacia una experiencia que no deja de ser esquiva. Los ritmos y duraciones no
han sido desatendidos, algo que en parte se expresa en la composicin pero que, en
todo caso, debe subordinarse al esfuerzo por ofrecer nexos explicativos y zonas de
comprensin novedosos. Y esto porque, por insuficiente que el ejercicio pueda ser, en
eso reside, creo, buena parte del trabajo de la historia.
22
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