Bases Del Estado
Bases Del Estado
Bases Del Estado
(1871-1897)
La victoria militar de 1871, encabezada por los generales Miguel García Granados y Justo Rufino
Barrios, dio inicio al período llamado liberal. Como se verá líneas adelante, durante esta etapa (1871-
1897), a la cual identificamos como el tercer momento, el Estado se consolidó en términos relativos.
Si la gesta de 1871 constituyó o no una revolución sigue siendo un tema de debate; no obstante,
puede decirse que sí fue un intenso período de reformas modernizadoras apoyadas en modalidades
coloniales de trabajo. Se le llama ‘liberal’ no solo por sustituir al poder conservador, sino por su
inspiración en el positivismo filosófico y la doctrina política liberal. Algo similar sucedió en la segunda
mitad del siglo XIX, durante la construcción de los Estados latinoamericanos, cuando ocurrió lo que
Germani llama «la época de las autocracias unificadoras».
A continuación, se analizan sumariamente los rasgos estatales más delineados alcanzados durante el
período liberal, en un orden que no supone primacía alguna:
El crecimiento económico bajo el régimen liberal desenterró los mandamientos, con el nombre de
Ley de Jornaleros, el trabajo forzado por deudas, el castigo a la vagancia. Una circular del 3 de
noviembre de 1876 autorizaba a los gobernadores departamentales a ayudar a los productores
a obtener trabajadores, lo cual incluía el reclutamiento forzado.23 Los trabajadores estaban obligados
a portar siempre un libreto que probara su trabajo y que no tenían deudas pendientes. Esta fue otra
manera legal de crear el trabajo obligatorio.
La Constitución de 1879 proclamaba que Guatemala era una nación soberana, con un gobierno
representativo y republicano; reconocía la nacionalidad a todos los nacidos en el territorio y la
ciudadanía a los varones mayores de 21 años que tuvieran ingresos o profesión. Mediante una
modificación, en octubre de 1885, se completó la definición, al exigir que el ciudadano fuese
alfabeto; de esa suerte, la población indígena no fue incorporada como ciudadana, sino como fuerza
de trabajo. Eso fue suficiente para los propósitos de la clase nacional.
Como se sabe, el Estado moderno requiere una extensa ciudadanía, inclusiva, que tenga por lo menos
una homogeneidad lingüística. Ni conservadores ni liberales, criollos o mestizos, intelectuales o
militares, tenían sensibilidad, información o cultura política en aquel tiempo para advertir que la
heterogeneidad impediría o debilitaría las posibilidades de identidad nacional, el sentido de
pertenencia, la aceptación de un pasado común, las lealtades al Estado.
La nación heterogénea hay que asumirla, primero, en términos socio-históricos. El Estado moderno es
el Estado capitalista y su base económica conlleva, de manera inherente, una estratificación social,
que produce diferencias de clase que se acentúan con la heterogeneidad
étnico-cultural. Hay, de hecho, lo que se reconoce como una inclusión marginal, pues los indígenas
forman parte de la nación en condiciones límite, a partir de su participación en el mercado de
trabajo, en las formas marginales del consumo, con ocasión de la leva militar.
El Ejército se profesionalizó y creció; entre 1871 y 1910 el presupuesto militar se multiplicó por diez y
la Secretaría de Guerra tuvo durante los 40 años siguientes el mayor porcentaje presupuestario.30
Con el Código Militar (1878) se reforzó el estatus profesional con un cuerpo de oficiales diseminados
en las Jefaturas Políticas del interior. Se generalizó la militarización de la política.
3.6 El sistema monetario y fiscal
Dos rasgos estatales relativos a la nación son un idioma y una moneda comunes. Es casi inevitable
recordar una tautología histórica: la moneda es el instrumento de las transacciones en el mercado, a
fortiori, sin ella no se puede comprar o vender mercancías, pagar salarios o cobrar impuestos.
Guatemala fue un ejemplo sobre cómo las dificultades recurrentes para lograr una moneda estable
obstaculizaron las transacciones mercantiles, retrasaron el pago de la deuda externa, fueron pretexto
para no pagar el trabajo y debilitaron su sistema fiscal.
En cuanto a los gastos presupuestados, en 1873 el mayor rubro era el de costos administrativos
(Ministerios), equivalente al 82% del total. El porcentaje por pago de la deuda externa era de un 9%.
En una comparación de los gastos por función para ese año, el Ministerio de la Guerra tenía el 43% y
el de Educación sólo el 4%. Diez años después (1883), los costos administrativos sumaban un 43% y el
pago de la deuda había ascendido a un 53% del total de gastos. Y, por Ministerios, el de la Guerra
retenía un 15% y el de Educación había bajado al 0.04%. Había también un rubro de «hospitales y
orfanatos» y un nuevo Ministerio, el de Fomento.
Los problemas de créditos para la cosecha empezaron a resolverse con la creación de un sistema
bancario, en 1874. En efecto, el Estado fundó el Banco Nacional de Guatemala con los recursos
confiscados a la Iglesia; no funcionó bien y fue sustituido por bancos privados: el Banco Internacional
(1877), que compartió el monopolio de emisión de billetes con el Banco Colombiano (1878). Después
aparecieron el Banco de Occidente, en Quezaltenango (1881), el Agrícola Hipotecario (1894), el de
Guatemala y el Americano (1895).
El 3 de septiembre de 1871 se expulsó a los jesuitas; en diciembre del siguiente año se prohibieron
los diezmos y en enero de 1873 se suprimieron las Cortes eclesiásticas y su jurisdicción penal y civil;
luego terminó el control de la Iglesia sobre el Registro Civil y el magisterio, la validez de los
matrimonios civiles, la supresión de los conventos y de sus propiedades, se prohibió las procesiones y
el uso de hábitos religiosos en público, entre otros.
El 24 de agosto de 1873 se puso fin a la institución de «manos muertas» en cuyo marco la Iglesia
heredaba propiedades de personas pías que compraban así sus indulgencias. Las tierras de las
órdenes religiosas fueron nacionalizadas y luego vendidas para fortalecer la estructura finquera; con
los recursos así obtenidos se creó el Banco Nacional. La desvinculación de la Iglesia fortaleció la
autonomía del Estado, tal como ha sucedido en la historia del Estado moderno, porque se definen
mejor los fueros o jurisdicciones de ambas instituciones. Se afirma así la distinción secular de lo
confesional-privado con lo público-estatal.