Porfolio 3
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La herencia más formidable de la Revolución francesa Fue la creación de modelos y
patrones de levantamientos políticos, para uso general de los rebeldes de todas
partes. Esto no quiere decir que las revoluciones de 1815-1848 fuesen obra
exclusiva de unos cuantos agitadores desafectos. Se produjeron modelos políticos
creados por la revolución de 1789 sirvieron para dar un objetivo especifico al
descontento, para convertir el desasosiego en revolución, y, sobre todo, para unir
a toda Europa en un solo movimiento o quizá́ fuera mejor llamarlo corriente
subversivo.
Hubo varios modelos, aunque todos procedían de la experiencia francesa entre
1789 y 1797. Correspondían a las tres tendencias principales de la oposición pos-
1815:
• La moderada liberal o dicho en términos sociales, la de la aristocracia liberal y la
alta clase media. La inspiración de la primera fue la revolución de 1789-1791; su
ideal político, una suerte de monarquía constitucional cuasi-británica con un
sistema parlamentario oligárquico, basado en la capacidad económica de los
electores, como el creado por la Constitución de 1791 que, como hemos visto, fue
el modelo típico de las de Francia, Inglaterra y Bélgica después de 1830- 1832.
• Radical democrática o sea, la de la clase media baja, una parte de los nuevos
fabricantes, los intelectuales y los descontentos La inspiración de la segunda podía
decirse que fue la revolución de 1792-1793, y su ideal político, una Republica
democrática inclinada hacia un “estado de bienestar” y con cierta animosidad
contra los ricos como en la Constitución jacobina de 1793. Pero, por lo mismo que
los grupos sociales partidarios de la democracia radical eran una mezcolanza
confusa de ideologías y mentalidades, es difícil poner una etiqueta precisa a su
modelo revolucionario francés. Elementos de lo que en 1792-1793 se llamó́
girondismo, jacobinismo y hasta “sans-culottismo”, se entremezclaban, quizá́ con
predominio del jacobinismo de la Constitución de 1793.
• La socialista (es decir, la del “trabajador pobre” o nueva clase social de obreros
industriales. La inspiración de la tercera era la revolución del año II y los
alzamientos postermidorianos, sobre todo la “Conspiración de los Iguales” de
Babeuf, ese significativo alzamiento de los extremistas jacobinos y los primitivos
comunistas que marca el nacimiento de la tradición comunista moderna en
política. El comunismo fue el hijo del “sans- culottismo” y el ala izquierda del
robespierrismo y heredero del fuerte odio de sus mayores a las clases medias y a
los ricos. Políticamente el modelo revolucionario “babuvista” estaba en la línea de
Robespierre y Saint-Just. Etimológicamente, cada uno de esos tres vocablos refleja
el internacionalismo del periodo: “liberal” es de origen franco-español; “radical”,
ingles; “socialista”, anglofrancés. “Conservador” es también en parte de origen
francés (otra prueba de la estrecha correlación de las políticas británica y
continental en el periodo del Acta de Reforma. Desde el punto de vista de los
gobiernos absolutistas, todos estos movimientos eran igualmente subversivos de la
estabilidad y el buen orden, aunque algunos parecían más dedicados a la
propagación del caos que los demás, y más peligrosos por más capaces de inflamar
a las masas míseras e ignorantes (por eso la policía secreta de Metternich prestaba
en los años 1830 una atención que nos parece desproporcionada a la circulación de
las Palabras de un creyente de Lamennais, pues al hablar un lenguaje católico y
apolítico, podía atraer a gentes inafectadas por una propaganda francamente atea.
Sin embargo, de hecho, los movimientos de oposición estaban unidos por poco
más que su común aborrecimiento a los regímenes de 1815 y el tradicional frente
común de todos cuantos por cualquier razón se oponían a la monarquía absoluta,
a la Iglesia y a la aristocracia. La historia del periodo 1815-1848 es la de la
desintegración de aquel frente unido.