Los valores
Los valores
Los valores
Los valores, como la propia palabra indica, valoran, nos hacen valorar al otro, a lo que nos rodea y
por ende a nosotros mismos. Cualquier valoración es ilusoria y subjetiva, y genera diferencias con
los que perciben de otro modo. Los valores generan comparaciones que pueden dar lugar a la
separación entre los seres humanos. Su dimensión está limitada a contextos sociales concretos,
generando los prejuicios que tanto daño ocasionan a la humanidad.
Si bien es cierto que vivir en valores nos ayuda y nos sirve para mantener un comportamiento
socialmente admitido, lo cierto es que los valores se construyen desde las necesidades grupales y
desde la perspectiva del más fuerte. Pertenecemos por nacimiento a un grupo y asumimos de
manera automática sus costumbres, que llamamos valores, aunque son meros referentes de
pertenencia. Por ello, la falta de revisión de estas costumbres hace que en la mayoría de los casos
pierdan su sentido práctico.
Ante este análisis, entiendo que es más positivo encaminarse hacia la identidad y el desarrollo de
unos principios más reales y asertivos, como son nuestras virtudes humanas. Sirva de ejemplo
sobre lo que trato de compartir que en algunas culturas es valorada positivamente la monogamia,
mientras que en otras se reconoce la poligamia como un acto de respeto y bien estar en el grupo.
Las virtudes
Las virtudes, sin embargo, son principios que están por encima de los enclaves geográficos y
culturales de cualquier grupo, son principios naturales que nos sirven para integrar y respetar al otro.
Su práctica es fundamental para conciliar las diferencias en una humanidad que es global y que no
puede quedarse estancada en unos valores-costumbres de carácter local o nacional. Lo maravilloso
de las virtudes es que pueden ser reconocidas por todos de manera natural, pues ¿quién no
reconoce la alegría, la esperanza, la compasión, la fe, etc.?
Por ello, y debido a que nuestro mundo es cada vez más plural con una expansión geográfica y
cultural inevitable, es el momento de reconocer que “la tierra es un solo país y la humanidad sus
ciudadanos”, siendo más saludable el uso de unas virtudes humanas que la de unos valores que
dividen.
Vivimos una realidad física.
Pero somos conscientes de que hay en nosotros mundos interiores que se manifiestan de diferentes
maneras. Hoy gran parte de nosotros sentimos y entendemos que todo nace en nuestro interior, todo
nace de nuestros pensamientos, que aparecen sin control desde nuestro subconsciente y sobre los
que solo podemos elegir acogerlos o no, reaccionar o analizar bajo la auto observación,
Una buena estrategia es aplicar las virtudes a la hora de actuar para evitar reaccionar, lo que será
garantía para conseguir un bienestar emocional. Para ello tenemos que tomar la decisión consciente
de trabajar con las virtudes cada día, lo que creará nuevos hábitos y conexiones neuronales que
automáticamente cambiarán nuestros pensamientos y los harán más positivos y saludables. Vivir
acorde a este potencial virtuoso generara UNIÓN en nosotros mismos y con los demás, y se
cumplirá el principio espiritual de “amar al prójimo como a ti mismo”.
Cuando ponemos en práctica las virtudes, observamos que todas están unidas e interrelacionadas
entre sí: si soy honesto tengo que ser veraz, si manifiesto excelencia tengo que poner orden, si actúo
con aquiescencia he de ser comprensivo y respetuoso, si actúo en justicia he de procurar la
serenidad, y así, una con otra, hay una integración común con el motor de todas ellas que es EL
AMOR.
Las virtudes han de ser vividas desde el corazón, para que el resultado sea conseguir un estado de
paz y una mayor autoestima. Entonces nuestro amor será un amor maduro y responsable tanto
hacia nosotros mismos como hacia los demás; será entonces cuando aparecerán nuestros talentos
innatos.
Practiquemos, pues, el amor para que no tenga cabida el miedo; tengamos la paciencia suficiente
para superar y aprender de las dificultades; tengamos persistencia y pongámonos al servicio de la
humanidad; seamos creativos, perdonemos, apliquemos la justicia y seamos alegres; tengamos fe y
esperanza, y tengamos límites virtuosos; seamos siempre agradecidos.