Dios Es Un Dios Sanador
Dios Es Un Dios Sanador
Dios Es Un Dios Sanador
La Palabra es una Palabra Sanadora: "Envió su palabra, y los sanó" (Sal 107:20).
La Iglesia del Nuevo Testamento Era Una Comunidad Sanadora: "Y por la mano de los
apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo" (Hch 5:12).
La Iglesia primitiva tenía muy pocas cosas de aquéllas en las que nosotros ponemos nuestra
fe hoy. No disfrutaban de prestigio o posiciones en la comunidad, no tenían edificios,
colegios, ni universidades. Poseían poco refinamiento social que procede de la educación,
la cultura y la posición social. Por el contrario, eran considerados como parias de su
sociedad.
Este libro no sólo es un relato histórico de aquel período, sino también la copia o modelo
divino para la iglesia de todos los tiempos. Dios nunca tuvo la intención de que los
milagros desaparecieran con la muerte de los apóstoles. Éstos no fueron exclusivamente
para la época apostólica, sino también para la nuestra.
"Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos" (Jn 6:2).
También fue cierto en el ministerio de los apóstoles. El milagro obrado frente a la puerta
del templo la Hermosa (Hch 3:1-16), provocó que 5,000 personas se volvieran a Cristo
(Hch 4:4).
"Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y
estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de
mujeres" (Hch 5:12-14).
"Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y
atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados" (Hch 5:16).
"Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo
las señales que hacía" (Hch 8:6).
Las sanidades y milagros siempre atraen grandes multitudes. Esto es tan cierto hoy como lo
fue en los tiempos bíblicos. A menudo es difícil para las personas admitir que son
pecadoras y que necesitan de un Salvador; no obstante, no es difícil convencer a un
enfermo de que lo está y que necesita ser sano. Está muy consciente de esa necesidad.
Cuando Pedro informó a los sacerdotes judíos respecto a la sanidad del cojo que se sentaba
frente a la entrada del tempo la Hermosa, les dijo: "Sea notorio a todos vosotros, y a todo el
pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros
crucificasteis y A QUIEN DIOS RESUCITÓ DE LOS MUERTOS, por él este hombre está
en vuestra presencia sano" (Hch 4:10).
Pedro estaba refiriéndose al milagro para probarles que Cristo había resucitado de los
muertos.
Cuando el Evangelio viene acompañado del poder sobrenatural de Dios, los que se
convierten son edificados en y por ese poder. La sabiduría de los hombres (filosofía, lógica,
razonamiento, etc.) nunca puede establecerlos en la fe cristiana.
La predicación exalta el nombre de Jesucristo. Él fue, es y será el tema central del mensaje
de la Biblia. Los apóstoles citaron todas las profecías relacionadas con Él. Demostraron
cómo la Palabra de Dios había predicho Su venida y la manera en que cumplió todas éstas.
Demostraron claramente que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios.
Su predicación anunció con precisión el Señorío y autoridad que el Padre había depositado
en Su Hijo.
Señor de la Creación.
Señor de la Redención.
Las personas eran ayudadas a ver que cuando el Señorío de Cristo era establecido en sus
vidas, también lo era sobre sus circunstancias.
Ellos tuvieron su primera oportunidad para usar su autoridad recién conferida, cuando se
enfrentaron con un paralítico, cojo de nacimiento. Leamos lo que dice Hechos 3:6 al
respecto: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de
Nazaret, levántate y anda".
Después, Pedro aclaró a la multitud asombrada que aquel milagro había sido a través de la
autoridad del Nombre de Jesús y por la fe en tal Nombre el que aquel paralítico estuviera
totalmente sano ante ellos en esos momentos (Hch 3:16; 4:10).
Jesús les había ordenado que fueran a todo el mundo a predicar Su Nombre, usándolo como
fuente de autoridad (Mr 16:17, 18; Jn 14:12-15; 15:16). Esa misma autoridad todavía está
investida sobre la Iglesia.
Los primeros discípulos sabían quienes eran y cual era su autoridad. No tenían confianza en
sus habilidades naturales o recursos. Tenían suprema confianza en la autoridad que
descansaba en el Nombre de Jesús. Estaban conscientes de que el poder del Trono de Dios
respaldaba aquel Nombre. Dios ha puesto todo Su poder y autoridad a la disposición de la
humanidad en el Nombre de Jesús.
Hay integridad y sanidad en Su Nombre. Cuando hablamos en tal Nombre, los demonios
tienen que obedecer. Las enfermedades son desintegradas ante el poder y autoridad que
conlleva éste.
Jesús nos ha legado tal autoridad. Él quiere que vayamos y la ejerzamos, que hablemos en
Su Nombre y sanemos a los enfermos de igual manera.
Sin el estímulo activo de Pedro, quizás aquel milagro nunca hubiera sucedido. La sanidad y
su procedimiento envuelven mucho más que la mera instrucción del paciente o darle ánimo
verbal.
Tal fe puesta en acción, fue lo que descargó el poder de Dios a través de todos los
miembros paralizados del cojo. Sus pies y tobillos recibieron fortaleza instantánea. "y
saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y
alabando a Dios" (Hch 3:8).
Uno de los cambios más extraordinarios ocurridos, fue la nueva intrepidez que
manifestaron. Pedro fue el primer ejemplo.
Pero ahora salió lleno de confianza y audacia santa. Al momento comenzó a descargar tal
intrepidez ante la multitud a medida que predicaba a Cristo.
Aquellos hombres habían sido los mismos que pidieron a las autoridades romanas que fuera
crucificado, y de quienes había estado tan atemorizado. Pero ahora proclamaba ante ellos el
Señorío de Cristo con gran autoridad y osadía.
Hechos 4:8 es un ejemplo de un mensaje intrépido inspirado del Espíritu Santo: "Entonces
Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo...".
Muchas de las predicaciones modernas carecen de tal osadía; por el contrario, son
defensivas y pusilánimes. Una de las razones es que los predicadores a menudo presentan
sus propias ideas y opiniones, en lugar de proclamar fielmente la Palabra y todo el consejo
de Dios.
Otra es que dependen más del poder de su oratoria que de la unción del poder de Dios.
Pablo rehusó predicar de tal manera, a pesar de tener la habilidad y educación para hacerlo.
Su preparación académica y religiosa le confería la capacidad para hablar con sabiduría
humana, pero prefirió depender de la inspiración y unción del Espíritu.
No era la temeridad de la confianza propia, sino más bien la autoridad apacible de los que
conocen que Dios está con ellos para confirmar y certificar Su Palabra en sus predicaciones
y acciones.
Los milagros convencían a los pecadores de que aquella obra era realmente de Dios.
Este énfasis sobre los milagros, señales y maravillas, era una de las llaves vitales, con la
cual, la Iglesia abría las puertas hacia el mundo pagano.
El Evangelio se extendió con gran rapidez durante aquellos años debido a la autoridad
evidente de un ministerio confirmado por los milagros.
Éstos, son todavía parte esencial del Evangelio. El argumento de algunos de que los
milagros ya no atraen o convencen por la sencilla razón de que las personas son demasiado
sofisticadas, no es uno comprobado.
Las secciones de la Iglesia que hoy están experimentando y teniendo el mayor impacto
sobre el rápido crecimiento, son principalmente los grupos que ejercen o practican el
ministerio de los milagros.
No enseñaban una doctrina, sino mas bien la introducción de una persona (a Jesucristo). No
enseñaban la "letra de la ley" que mata. Ministraban el Espíritu de la Palabra que da vida (2
Co 3:6).
Sus enseñanzas no estaban restringidas al área del templo exclusivamente. Ellos enseñaban
también por los hogares diariamente. Jesús era presentado en la realidad práctica de su vida
diaria. No estaba limitado a un cuarto religioso pequeño con el letrero que dijera: "abierto
los domingos solamente".
Le introducían como el único salvador (Hch 2:38; 4:12). Le representaron como Poderoso
Sanador (Hch 3:6-8, 16).
Le presentaron como Bautizador con el Espíritu Santo (Hch 2:38). Le exaltaban constante y
consistentemente en sus predicaciones y enseñanzas.
Su ministerio era tanto inspirador como instructivo. Esto incrementaba la fe de los oyentes.
La Biblia dice: "Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Ro 10:17).
Desgraciadamente, la fe "escasea" mucho en la predicación moderna.
Muchos predicadores hoy tienen la tendencia de socavar y destruir la fe en lugar de
fortificarla y acrecentarla.
Tanto Esteban como Felipe, fueron nombrados diáconos originalmente para ayudar en la
administración (Hch 6:1-7).
Lucas dice que Felipe predicaba "las cosas que concernían al Reino de Dios y el Nombre de
Jesús", (y todo lo que la autoridad de aquel Nombre pudiera significar para ellos). ¡Qué
temas gloriosos serían aquellos! Imaginemos la esfera de alcance que tendría en la
predicación de un mensaje tan excelso, saturado del Espíritu, proclamando las inescrutables
riquezas del Evangelio de Cristo.
Ésta, incluía predicar a Cristo, ministrar la sanidad divina y echar fuera demonios (el
exorcismo). El impacto hecho en Samaria jamás podría haber sido tan fructífero sin los
elementos milagrosos de su ministerio.
El propósito y deseo de Dios para la Iglesia de nuestra época, es que también tenga un
tremendo impacto sobre el mundo pagano. Esto podrá suceder únicamente cuando creamos
en Dios para una gran restauración de Su poder milagroso sobre la Iglesia.
El Espíritu Santo está obrando por toda la tierra para lograrlo. Ojalá que nuestros corazones
y mentes sean recipientes al Espíritu a fin de que Él realice Su propósito en nosotros.
D. EL RETO ANTE NOSOTROS
A pesar del progreso veloz y extraordinario de la ciencia médica en los últimos años, la
cantidad de enfermedades que azotan al mundo hoy es extremadamente alta.
El desafío ha sido contestado hasta cierto grado por la dedicación de hábiles doctores y
enfermeras cristianas, quienes se dan incansablemente a la tarea de aliviar los sufrimientos
de la humanidad.
Los ministros también deben afrontar este reto. Cristo ha comisionado a Sus sirvientes para
que vayan a predicar el Evangelio y a sanar a los enfermos. Él nos ordenó a ir y suministrar
alivio a una humanidad sufrida y sin salvación. ¿Cómo podemos cumplir este reto tan
solemne?
1. Nuestra Responsabilidad
El Evangelio representa las Buenas Nuevas de salvación, liberación y sanidad divina en el
Nombre de Jesús. Éstas son para el hombre en su aspecto total. Todo ministro y cada iglesia
deben mantener esto en mente como su meta principal.
Es nuestra obligación buscar a Jesús con fe a fin de ver las sanidades físicas tomando lugar
en nuestra comunidad. Nuestra enseñanza debe motivar la búsqueda de la sanidad para las
mentes y espíritus de las almas sufridas.
Podemos medir el fruto de este ministerio por medio del crecimiento del amor y la fe en
nuestras iglesias locales. Luego, éstas deberán ministrar la sanidad a los necesitados y
solitarios.
Los ministros son sirvientes de Jesucristo. Es nuestro deber hacer por los demás lo que Él
haría si estuviera personalmente sobre la tierra. Cuando Él estuvo en este mundo, eso
mismo fue lo que hizo, y continuaría sanando los cuerpos, almas y espíritus enfermos si
estuviera aquí en persona hoy. ¿Qué puede hacer el líder de la Iglesia para producir esta
clase de sanidad en la comunidad?
Es nuestro deber predicar "la plenitud del Evangelio de Cristo" como lo hizo Pablo (Ro
15:17-21).
"Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Ro 10:17).
Estos atributos son anabólicos, edifican la vida emocional y el carácter (en contraste con las
obras de la carne, que son catabólicas, y destruyen o hacen pedazos las almas de los
hombres).
Este servicio particular, sobre todos los demás, puede ser de sanidad divina. Concédale
prioridad, pues su congregación se beneficiará espiritual, psicológica y físicamente.
Imponga sus manos sobre ellos y ore la oración de fe en su favor. Espere ver la mano de
Dios obrar poderosos milagros de sanidad en sus medios.
E. CONCLUSIÓN
El programa de la Iglesia según Santiago es:
Permita que esta clase de ministerio opere en su congregación para la gloria de Dios; que Él
le conceda diversos milagros, señales y maravillas en su trabajo cristiano es nuestra oración
al cielo (Hch 2:3, 4; Mr 16:20
Una de las calamidades fuertes que afecta a la raza humana y está causando tristeza y dolor
en muchos hogares, es la enfermedad una de las áreas a las que Jesús le prestó especial
atención fue a la sanidad divina (Mateo 4:23) Jesús no sólo enseñaba, no sólo predicaba,
sino que también sanaba a los enfermos. Ante una experiencia (enfermedad)( que todos la
hemos enfrentado es bueno conocer acerca del origen de la enfermedad y de la sanidad
divina.
I. EL ORIGEN DE LA ENFERMEDAD
C. La enfermedad a veces no es obra de Satanás, sino que puede deberse a otras causas:
Ulcerar pueden ser causadas por el estado emocional, el afán, la preocupación y el stress
del diario vivir.
A. Vacúnate con el antídoto perfecto que se encuentra en Cristo Jesús. (Isaías 53: 4-5;
Mateo 8:14 – 17; Romanos 5:18)
B. Cree en las promesas de Dios (Exodo 15:26; Salmos 107:20; Marcos 16:17-18)
D. Busca a los ancianos de la iglesia para que oren por tí. (Santiago 5:14)
E. Fortalécete con otros testimonios de sanidad (Testifica tú mismo también) Lucas 8:39,
CONCLUSIÓN:
Creo firmemente que si anhelamos sanidad física, más tenemos que anhelar la sanidad de
nuestra alma, ésta solo viene de Jesús porque el es nuestro Salvador.
Hasta que tú no estés completamente convencido que Dios desea que tú TE SIENTAS
BIEN, totalmente; siempre habrá una duda en tu mente y dentro de tí en cuanto a si Tú serás
sano, o no. Mientras dure esa duda en tu mente, en cuánto a si serás sano o no, la fe perfecta
no existirá y es menester que la fe sea ejercitada, sin duda ni clase alguna de claudicación
para que la sanidad llegue hasta tí. "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es
necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le
buscan" (He. 11:6). "Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a
la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues,
quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor", (Santiago 1: 6-7).
Una vez convencidas las gentes que DIOS DESEA SANARLOS y que NO ES LA
VOLUNTAD DE DIOS que ellos estén enfermos, prácticamente son esos los que reciben
sanidad cuando por ellos se ora. Otros reciben sanidad muchas veces antes de que se ore por
ellos. El tener conocimiento de esto hace que el terreno sea completamente fértil para que la
fe perfecta, pueda desarrollarse y crecer. No es asunto de pensar por más tiempo si es la
voluntad de Dios o no; porque realmente sabemos que es LA VOLUNTAD DE DIOS. El
leproso en el pasaje de Marcos 1:40 dijo: "Si quieres puedes". Jesús contestó: "QUIERO".
Permite que ese "quiero" indique por completo para tí que Dios DESEA SANAR AL
ENFERMO. Y si EL quiere sanar UNO, también es Su deseo SANAR A TODOS. "El no
quiere que ninguno perezca" (2 Pedro 3:9). Santiago dice: "Está alguno entre vosotros
enfermo?". Esto es universal para todas las gentes de todas las edades. Jesús "gustó la
muerte por TODOS LOS HOMBRES". No existe ACEPCION DE PERSONAS con Dios.
El nos dice que estamos pecando cuando tenemos privilegios para unos sobre los otros. Así
es que con toda seguridad El no violará Sus propias leyes.
Está escrito (Números 21) acerca de aquellos que fueron mordidos por las serpientes
ardientes que "cuando ALGUNO miraba a la serpiente de metal vivía". Hoy día, acontece de
la misma manera, TODO AQUEL que mira a Cristo, como su REDENTOR, será salvo.
Todos están sobre bases idénticas cuando se allegan a los beneficios de la Expiación. Las
palabras "todo aquel" y "todo aquel que desee" siempre son usadas cuando hacemos la
invitación a los pecadores, y las palabras "todos los que", "cada uno", "algunos" y
"cualquiera" se usan al extender la invitación a los enfermos y a los adoloridos. Ambas
invitaciones son siempre universales y sus resultados son siempre prometidos
POSITIVAMENTE. Es decir: "Serán salvos", "tendrán vida", "sanarán" ' "se levantaran",
"los sanó a todos" y "todos los que tocaron fueron sanados". Una DOBLE PROMESA
conlleva IGUALES INVITACIONES, y promete IGUALES RESULTADOS.
A menudo los padres demuestran alguna clase de favoritismo en alguno de sus hijos, pero
Dios no obra de esa manera. Cuando llenamos condiciones iguales recibimos cosechas
iguales. Cuando hacemos nuestra parte, Dios siempre es fiel para hacer Su parte. Siempre,
SIEMPRE. Los beneficios del Calvario son PARA TI. Si Dios san¿> a TODOS entonces, El
todavía sana a TODOS; es decir todos los que vengan a El buscando sanidad. "Jesucristo, es
el mismo ayer, y hoy y por los siglos" (Heb. 13:8). "Y le siguieron muchas gentes, Y
SANABA A TODOS" (Mt. 12:15). "Y TODOS los que tocaron quedaron sanos" (Mt. 14:36).
"Y TODA la gente procuraba tocarle; porque salía de El virtud, y SANABA A TODOS",
(Lucas 6:19). "Y como fue tarde, trajeron a El muchos endemoniados; y echó los demonios
con la Palabra y SANO A TODOS LOS ENFERMOS, para que se cumpliese lo que fue
dicho por el profeta Isaías que dijo: El mismo tomó NUESTRAS enfermedades, y llevó
NUESTRAS dolencias", (Mt. 8:16-17).
Cristo está sanando ENFERMOS todavía, de manera que se siguen cumpliendo las palabras
del profeta: "El mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias". Siempre
debes recordar que tú estás incluído en la palabra NUESTRAS de Mateo 8:17 y Dios está
obligado por Su pacto a continuar SANANDO A TODOS los que están enfermos y débiles
de modo que se cumplan las palabras de Isaías. "No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha
salido de mis labios" (Salmo 89:34).
"Al ponerse el sol, TODOS los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a
El, y El, poniendo las manos sobre CADA UNO DE ELLOS, LOS SANABA " (Lc. 4:40).
"Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, Y cómo éste
anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba
con él, (Hechos 10:38). La SANIDAD ERA PARA TODOS en esos días, y Cristo el
Sanador nunca ha cambiado, (Hebreos 13:8).
Tan listo estaba Jesús a sanar las enfermedades como lo estaba para perdonar los pecados.
De hecho, en las Sagradas Escrituras, se registran más casos de sanidad divina obrados por
El que los que existen del perdón de los pecados. Jesús NUNCA vaciló para sanar los
enfermos que eran traídos hasta El.
Si Jesús gustó la muerte que debía gustar cada hombre, El con toda seguridad quiso hacer
claro que CADA UNO habría de beneficiarse por el hecho de su muerte. Creemos que ésto
es cierto cuando se trata de la salvación del alma y el perdón de los pecados. El mismo
cuerpo que fue quebrantado por nuestros pecados; llevó las heridas y llagas por nuestra
sanidad, y si creemos eso, entonces debemos admitir el privilegio de la salvación y de la
sanidad divina como dos cosas que funcionan sobre bases completamente iguales. Son
similares. Si el pasaje de la Escritura que dice: "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los
siglos", es cierta y si predicamos la sanidad divina como un derecho legal para los
"salvados" seguramente también los ENFERMOS SERAN SANADOS.