Camino de Santiago. Realidad Historica
Camino de Santiago. Realidad Historica
Camino de Santiago. Realidad Historica
1. Luis Vázquez de Parga, José María Lacarra, Juan Una Riu, Las peregrinaciones a Santiago de Com-
postela, 3 vols., Madrid, 1948-1949 (reed. Pamplona, 1992).
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"podemos ver representado el final de una estirpe histórica, que circuló por todos los
caminos de Europa y que hoy ha quedado reducida a estampa turística de la ciudad de
Santiago y sus alrededores"'. La constatación de la amplitud histórica de la peregrina-
ción a Santiago, por parte de quienes acababan de escribir un auténtico tratado sobre
ella, les abre los ojos sobre la ingente labor de investigación que todavía estaba por ha-
cer y les deja "íntimamente convencidos de que el estudio de la peregrinación compos-
telana sólo podrá hacerse de un modo satisfactorio mediante la colaboración de las
diferentes naciones que tomaron en ella una parte más activa" 3. De hecho, el trata-
miento de los temas propuestos en esta obra clásica se resuelve casi siempre con un
claro desequilibrio, en el que priman mucho más los ejemplos peninsulares que los del
resto de Europa.
La obra de Vázquez de Parga, Lacarra y Urja marca el comienzo de una nueva
etapa en dos planos diferentes: la historiografía de la peregrinación y la inflexión en la
propia realidad de la peregrinación compostelana, formulada ya como objetivo en 1884
por León XIII en su bula Deus Omnipotens: "que de nuevo emprendan peregrinaciones a
aquel sepulcro sagrado, conforme a las costumbres de nuestros mayores". Fruto del em-
peño del arzobispo compostelano Muniz de Pablos (1935-48) fue la revitalización de la
Archicofradía del Apóstol Santiago como instrumento para fomentar las peregrinacio-
nes, refrendada por el breve de Pío XII del ario 1942, la programación del Año Santo
de 1943 y el comienzo en 1946 de las excavaciones en el subsuelo de la Catedral de
Santiago. Desde entonces el ritmo de los Arios Santos, celebrados según la misma ca-
dencia que se puede rastrear hasta comienzos del siglo XV, jalona la reactivación de la
peregrinación contemporánea al santuario gallego y el interés creciente por una mejor
comprensión de su realidad histórica.
En la década de los 80 se puede hablar de efervescencia. Los esfuerzos más o me-
nos continuados de la jerarquía eclesiástica se ven potenciados por las dos estancias de
Juan Pablo II en la Catedral de Santiago (1982 y 1989), primer Papa que acude a Com-
postela. Por otra parte, el nuevo marco del Estado de las Autonomías multiplica el nú-
mero de instancias políticas interesadas en el Camino, cuya articulación se intenta
ordenar a través del Convenio Interministerial de abril de 1987, suscrito por los minis-
tros de Obras Públicas, Cultura y Transporte. Desde el final de la Segunda Guerra Mun-
dial y de una forma lenta y casi imperceptible al principio, pero constante y siempre
creciente, la sociedad española fue cumpliendo una serie de etapas que la condujeron a
la plena integración en su entorno europeo. Por su propia naturaleza y significación his-
tóricas, también las autoridades comunitarias acabaron por interesarse a nivel suprana-
cional por la peregrinación jacobea y descubrir en el Camino de Santiago uno de los
símbolos ejemplificadores de la deseada integración de los países europeos. En octubre
de 1987 el Consejo de Europa declaraba al Camino de Santiago Primer Itinerario Cul-
tural Europeo. La universal renovación del interés por el Camino traerá, sin embargo,
como consecuencia negativa una desmesurada multiplicación de supuestos Caminos de
Santiago, extendidos por demasiados países y tierras de Europa.
2. Ibidem, I, p. 118.
3. Ibidem, 1, p. 5.
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Irish Society of the friend.s of Saint-James. En España nuevas asociaciones nacen lejos del
Camino "francés": Guipúzcoa, Álava, Vizcaya, Valladolid, Valencia, Cuenca, Sabadell,
Zaragoza, Murcia, varias en Asturias, etc. Casi siempre estas nuevas asociaciones aca-
ban por encontrar —y en ocasiones señalizar— un nuevo Camino de Santiago.
Investigadores encuadrados o no en estas asociaciones y, con frecuencia, las aso-
ciaciones mismas han promovido desde 1983 o han participado en una larga serie de
congresos, reuniones de estudio y exposiciones sobre los más variados aspectos de la
peregrinación jacobea y sus caminos, que constituyen el principal soporte bibliográfico
de mi trabajo'.
Este incompleto repaso de las reuniones de estudio de tema jacobeo pone de ma-
nifiesto el marcado contraste entre el período 1971-1982 y 1982-1993, dos etapas sensi-
blemente distintas también en lo que a movimiento general de publicaciones se refiere,
según apunta Fermín Miranda García en su excelente Apéndice. Bibliografía (1949-
1992), que acompaña la más reciente reedición de la obra de Vázquez de Parga, Lacarra
y Uría7.
6. Aun a sabiendas de no ser exhaustivo, enumeraré las siguientes: II Pellegrinaggio a Santiago de Com-
postela e la Letteratura Jacopea (Atti del Convegno Internazionale di Studi, Perugia 23-25 septiembre 1983),
ed. Giovanna Scalia, Perugia, 1985; Pistoia e il Cammino di Santiago. Una dimensione europea nella Toscana
medioevale (Atti del Convegno Internazionali di Studi, Pistoia 28-30 septiembre 1984), ed. Lucia Gai, Na-
poli, 1987; Santiago de Compostela 1000 Ans de Pélerinage Européen (Catálogo de la exposición Europalia 85
España, Gante), Gand, 1985; El Camino de Santiago (Actas del Coloquio de Poio, Universidad Internacional
del Atlántico, 10-14 agosto 1987), Santiago de Compostela, 1989; Deutsche Jakobspilger und ihre Berichte
(Aquisgrán septiembre 1987), Jakobus-Studien 1, ed. Klaus Herbers, Tübingen, 1988; Europdische Wege der
Santiago-Pilgerfahrt (Schloss Schney 28 septiembre-2 octubre 1988), Jakobus-Studien 2, ed. Robert Pliitz,
Tübingen, 1990; The Codex Calixtinus and the Shrine of St. James (Pittsburgh 3-5 noviembre 1988), Jakobus-
Studien 3, ed. John Williams y Alison Stones, Tübingen, 1992; El Camino de Santiago la hospitalidad monás-
tica y las peregrinaciones (León 3-8 julio 1989), ed. Horacio Santiago Otero, Salamanca, 1992; Les traces du
pélerinage á Saint-Jacques-de-Compostelle dans la culture européenne (Viterbo 28 septiembre-I octubre 1989),
Patrimoine Culturel, n° 20, Strasbourg, 1992; I Congress° Internacional dos Caminhos Portugueses de Santiago
de Compostela (Oporto 10-12 noviembre 1989), Lisboa, 1992; Pilgrims from the Bristish Isles to Santiago de
Compostela in the Middle Ages (Proceedings of the Conference, Hengrave Hall 16-18 marzo 1990), London,
1991; Spiritualitát des Pilgerns (Münster 1-4 noviembre 1990), Jakobus-Studien 5, ed. Klaus Herbers y Ro-
bert Plñtz, Tübingen, 1993; Las peregrinaciones a Santiago de Compostela y San Salvador de Oviedo en la Edad
Media (Actas del Congreso Internacional, Oviedo 3-7 diciembre 1990), coord. Juan Ignacio Ruiz de la Peña
Solar, Oviedo, 1993; Pensamiento, arte y literatura en el Camino de Santiago (Curso de verano de la Universi-
dad de Santiago de Compostela, julio 1991), coord. Ángel Álvarez Gómez, Santiago de Compostela, 1993; I
Congreso Internacional Camino de Santiago Vía de la Plata (Zamora 25-28 julio 1991); El Camino de Santiago
Camino de Europa (Curso de conferencias, El Escorial 22-26 julio 1991), ed. Isidoro Millán González-Pardo,
Pontevedra, 1993; Jakobuskult im deutschen Südwesten (Weingarten 14-18 octubre 1992); Le pendu dependu
(Toulouse 3-7 febrero 1993); Cluny y el Camino de Santiago en España en los siglos XI-XII (Sahagún, 27-29
mayo 1993); Santiago, Camino de Europa Culto y cultura en la peregrinación a Compostela (Catálogo de la ex-
posición, Santiago 1993), ed. Serafin Moralejo y Fernando López Alsina, Madrid, 1993; Vida y peregrinación
(Catálogo de la exposición, Santo Domingo de la Calzada 1993), Madrid, 1993; El Camino Jacobeo en la Pro-
vincia de Ourense. Hecho fisico, arquitectura y urbanismo históricos. Camino principal y tejido secundario (0u-
rense 29 septiembre-2 octubre 1993); Congreso de Estudios Jacobeos (Santiago de Compostela, 14-16 octubre
1993). Al igual que ésta de Nájera, también la Semana de Estudios Medievales de Estella se ha dedicado este
año al Camino de Santiago.
7. Cf. n.1, III, Pamplona, 1992, pp. I-LXXXVIll
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sia o un altar dedicado a Santiago. Sin embargo sí puede ser significativa la presencia de
una cofradía de peregrinos o ex-peregrinos de Santiago. En cualquier caso, mediante la
aplicación de estos criterios se habrá logrado identificar y localizar un punto de paso de
peregrinos, sin que eso signifique que se haya conseguido aún trazar la línea que con-
duce al siguiente punto de paso documentado.
No se trata de estudiar por dónde se podía ir a Santiago, porque este plantea-
miento nos llevaría a inventariar casi todos los caminos medievales. Nos interesan las
rutas efectivas de peregrinación y, en nuestro propósito actual, sólo aquellas rutas de
peregrinación jacobea que han sido contemporáneamente identificadas como Caminos
de Santiago. Un criterio seguro, quizás el más riguroso, valioso y concluyente, sea el de
atender al nombre que los documentos de archivo aplican a los caminos. Sólo las men-
ciones documentales de expresiones equivalentes a la de camino o vía de Santiago y su
localización en el tiempo y el espacio nos sitúan ante la historia de la formación y la ex-
pansión de los Caminos de Santiago. Ni siquiera puede tenerse siempre por decisiva la
referencia a un camino o vía francígena
En cualquier caso, los criterios indicados tienen que ser manejados siempre con
gran prudencia. La valoración que pueda hacerse de cada referencia explícita deberá
matizarse en función de coordenadas espaciales y temporales. Es posible que la utiliza-
ción de la expresión Camino de Santiago, aplicada a un mismo punto geográfico a lo
largo de los siglos, no signifique necesariamente lo mismo en el siglo XII que en el siglo
XVIII, cuando quizá pueda ser un simple fósil. Sin que dejen de tener interés, tampoco
se puede valorar de la misma manera las referencias a un camino de Santiago localiza-
bles en un punto cualquiera de Galicia, relativamente cerca de Compostela, que las re-
ferencias más lejanas a 1.000 Km. o más de distancia.
Para aclarar, ordenar y jerarquizar las diversas propuestas de rutas y caminos de
peregrinación jacobea formuladas por la historiografia entiendo que se puede echar
mano de un criterio que permita plantear el problema en términos seguros y fiables.
Nada más útil que examinar cuáles y cuántos son los caminos que en la Edad Media lle-
gan a la propia Compostela. El peregrino medieval que accedía al santuario de Santiago
tenía que haber traspasado tres ámbitos espaciales que podemos considerar concéntri-
cos: la muralla por alguna de sus puertas, el Giro de la ciudad por alguno de sus milla-
doiros y la Tierra de Santiago por alguno de sus puertos de mar o por los puentes
tendidos sobre el Ulla, el Tambre o el Iso8.
La segunda y última muralla fue construida en el siglo XI, siendo obispo Cresco-
nio. El Giro —de 60 Km' de superficie— es el primer elemento territorial de los que con-
figuran el señorío de Santiago. Se delimitó a raíz de la concesión de las primeras tres
millas por Alfonso II en el 834. Los milladoiros son aquellos puntos del perímetro del
Giro atravesados por un camino. Se han podido documentar seis. Desde el siglo XI y
hasta la Baja Edad Media, la línea perimetral imaginaria que une los milladorios y deli-
mita el Giro marca el espacio urbano: "la ciudad de Santiago de milladoiro a milla-
doiro". La delimitación de la Tierra de Santiago por el mar y los ríos Tambre, Ulla e Iso
la hace la reina Urraca hacia 1115. Si establecemos la necesaria correspondencia entre
8. Para éstas y las sucesivas referencias, véase Fernando López Alsina, La ciudad de Santiago de Com-
postela en la Alta Edad Media, Santiago de Compostela, 1988.
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cada una de las siete puertas de la muralla, los milladoiros y los puentes por los que se
salía de la Tierra de Santiago, este criterio nos permitiría fundamentar el principio de la
existencia de siete Caminos de Santiago y jerarquizarlos de acuerdo con la longitud má-
xima que hayan podido alcanzar a lo largo de la Edad Media y el número de ramales o
afluentes en los que hayan podido desdoblarse. Véamos cuáles eran estos siete caminos.
Por la Porta da Pena o de la Atalaya salía un primer camino hacia A Coruña o
Crunia, así citada como ciudad importante por el Códice Calixtino antes de haber reci-
bido el fuero de Alfonso IX en 1208. En 1451 se menciona el milladoiro del Giro de
Santiago por el que pasa este camiño francés, que es identificado con el camiño da
Cluña. El paso del Tambre por el puente de Sigüeiro está documentado desde princi-
pios del siglo X'. Con este camino Santiago-Coruña, que no alcanza los 60 Km de lon-
gitud, enlaza una ruta marítima especialmente frecuentada en la Baja Edad Media por
los peregrinos de las islas británicas'.
Un segundo camino salía de Compostela por la Porta de Subfratribus o de San
Francisco, cruzaba el río Sarela por la Ponte Pedriña y el río Tambre en Ponte Albar.
No hay constancia documental de milladoiro alguno. Su continuación hacia Berganti-
ños y el puerto marítimo de Malpica es clara, según Elisa Ferreira". Son casi inexisten-
tes las huellas de peregrinación que sobre él se hayan podido estudiar.
Por la Puerta del Santo Peregrino o de la Trinidad, salía, a través de la Rúa das Or-
tas, el Camino de Finisterre, así nombrado en el plano de Santiago de 1595 del Archivo
General de Simancas. Poco después de pasar el río Sarela, abandonaba el Giro por el
milladoiro de la falda del monte Pedroso hacia la vecina aldea de Marmancou. Al me-
nos desde principios del siglo X, salvaba el Tambre en Logrosa. Su trazado de casi un
centenar de Km lo estudia también E. Ferreira'. La costa de Duio y el santuario de
Muxía se integran tempranamente en las tradiciones jacobeas y son, con frecuencia, el
complemento de la peregrinación a Santiago, sobre todo en los itinerarios de los pere-
grinos desde el siglo XV'.
9. Estudian la vía Elisa Ferreira Priegue, Los caminos medievales de Galicia (Boletín Auriense, Anexo
9), Ourense, 1988, 126-133; José Cardeso Liñares, El Camino de Santiago desde el Burgo de Faro, Compos-
tellanum, 36 (1991), 533-551; 37 (1992), 485-547; Fernando Urgorri, L. Fembielle, El antiguo Camino Real
de La Coruña a Santiago. El camino de Faro o camino francés de Ponlo, La Coruña, 1992.
10. Véase F.R. Cordero Carrete, Embarque de peregrinos ingleses a Compostela en los siglos XIV y
XV, Cuadernos de Estudios Gallegos, 17 (1962), 348-357; Constance Storrs y F.R. Cordero Carrete, Peregri-
nos ingleses a Santiago en el siglo XIV, Cuadernos de Estudios Gallegos, 20 (1965), 193-224; Roger Stalley,
Pélerinage maritime á Saint-Jacques, in: Santiago de Compostela 1000 Ans..., cit. n.° 6, 123-128; Pilgrims from
¡he British Isles, cit. n.° 6; Robert Brian Tate, Pilgrimages St. James of Compostella from ¡he British Irles during
¡he Middle Ages (E. Allison Peers Publications, Lectures 4), Liverpool, 1990; Derek W. Lomax, Peregrinos in-
gleses a Santiago en la Edad Media, in: Las peregrinaciones a Santiago..., coord. por J.I. Ruiz de la Peña, cit. n.°
6, 73-86.
11. Cit. n. 9, pp. 133-135.
12. Cit. n. 9. pp. 136-137.
13. Véase José Ramón Fernández Oxea, Peregrinaciones flamencas a los finisterres gallegos, Boletín de
la Real Academia Gallega, 24 (1945), 390-395. La matriz cultural de estas manifestaciones la estudia Fer-
nando Alonso Romero, Santos e barcos de pedra Para unha interpretación da Galicia atlántica Vigo, 1991. El
conocimiento de esta ruta deja todavía mucho que desear, como ponen de manifiesto Antón A. Pombo, Fis-
terra: un epílogo necesario al camino jacobeo, Peregrino, 7 (1989), 22-25, y Xosé M. Lema Suárez, Indicios
dunha posible ruta xacobea pola Terra de Soneira, Compostellanunz, 35 (1990), 517-527.
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El Libro V del Calixtino levanta acta de una realidad histórica tal como era perci-
bida hacia 1137. El largo Camino de Santiago que en él se describe es el único que,
como hemos indicado, mencionaban los documentos desde mediados del siglo XI. Muy
probablemente fue ésta la primera ruta que en los núcleos cristianos occidentales se
configuró como camino público, calificativo que a su paso por Carrión ya le aplica la
parte de la Historia Compostelana redactada hacia 1124. Este carácter de camino real y
público parece estar en la base de la actividad de Alfonso VI, garante e impulsor de la
construcción de todos los puentes existentes desde Logroño a Compostela. Al poner en
contacto el área transpirenaica de los francos con Santiago de Compostela en un reco-
rrido de más de 800 Km. se acuñó la doble expresión de Camino de Santiago y Camino
de'francos. De ahí, seguramente, que a otros caminos del reino castellano-leonés, que se
articulan como públicos o reales después que el Camino de Santiago, se les pueda apli-
car también la misma denominación de caminos de francos o franceses, semántica-
mente ampliada ahora como sinónimo de vía pública o real.
La causa principal de que la imagen de Camino de Santiago, colectivamente acu-
ñada antes del siglo XI, cristalizase inicialmente en una sola de las siete grandes vías
que finalmente llegaban a las puertas de la ciudad de Compostela y la caracterizase a lo
largo de casi 900 Km. de su recorrido peninsular hacia 1137, no puede ser otra que la
intensidad y la frecuencia con que la utilizaban quienes iban a Compostela. Si cierta-
mente había habido más rutas que conducían hasta Santiago, la formación y extensión
"del Camino" medieval por antonomasia obedece en último término a una de las carac-
terísticas definitorias de la peregrinación jacobea como peregrinación mayor en la Edad
Media, es decir, su capacidad de atracción para los pueblos ultrapirenaicos.
Para finalizar abordaré tres cuestiones que la historiografia ha suscitado con ma-
yor insistencia en relación con esta séptima ruta de peregrinación: la existencia previa
de un camino primitivo más septentrional, los afluentes o ramales peninsulares que his-
tóricamente se le añaden y su prolongación más allá de los Pirineos.
Una frase de la llamada Crónica Silense y los ecos e interpretaciones de que fue
objeto en otras crónicas posteriores de los siglos XII y XIII han dado pie para justificar
la existencia de primitivos caminos de Santiago más septentrionales. Sin ánimo de ago-
tar las posibles exégesis, creo que para interpretar correctamente aquella noticia debe
tenerse en cuenta que el Silense escribe después de 1110, cuando en la Península ha
cristalizado un camino de Santiago por La Rioja —desde los Pirineos a Nájera—, posible
y segura, como hemos visto, desde Sancho Garcés I. Sólo desde la existencia de esta
ruta de La Rioja, practicable desde ea. 924 y seguida por Gotescalco a la ida y a la
vuelta en 950/951, puede entenderse la referencia a un desvío o retroceso por Álava,
ocasionado por el temor a los musulmanes. La ruta pudo volverse momentáneamente
insegura a finales del siglo X, a causa de las campañas de Almanzor. Para esos años es
posible que algún peregrino haya preferido el desvío por Alava. Pero muerto Almanzor,
Sancho el Mayor de Navarra restablece definitivamente la seguridad del Camino a tra-
vés de La Rioja. A mi juicio, esta podría ser una interpretación aceptable del oscuro pa-
saje del Silense y de los que de él derivan.
Me parece poco acertada la opinión de quienes interpretan esta noticia para afir-
mar que hasta Sancho el Mayor el Camino de Santiago discurría por tierras de Alava.
La historiografía no ha conseguido aportar el más mínimo dato que permita vislumbrar
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huella alguna de esta primitiva ruta de peregrinación 19. Al contrario, como hemos indi-
cado, la propia cristalización documental de la denominación "Camino de Santiago"
parece ser posterior a Sancho el Mayor. Tampoco es aceptable la utilización de esta no-
ticia para fundamentar la existencia en los siglos IX, X u XI de un Camino de Santiago
a lo largo de la cornisa cantábrica.
Quizá una de las grandes lagunas en el tratamiento historiográfico del tramo his-
pánico del camino descrito en el Calixtino sea la ausencia casi total de su dimensión
diacrónica. La obra de Vázquez de Parga, Lacarra y Urja sólo atiende a la cronología al
estudiar la formación de la ruta. Siendo uno de sus objetivos, plenamente logrados,
identificar de la forma más detallada posible su recorrido concreto y preciso, acumula-
ron en el volumen segundo noticias de muy diversa naturaleza y cronología, que acredi-
taban el paso del Camino por un determinado lugar. Sin embargo, lo que fue
plenamente legítimo para justificar un determinado trazado, se convirtió en método en
estudios posteriores. Muchas concepciones del Camino han quedado lastradas por una
imagen lineal y acronológica. Es más necesario que nunca que los estudios distingan las
diversas fases por las que atravesó el Camino, para poder captar mejor su mutante re-
alidad histórica en una sociedad también cambiante.
Entre las transformaciones más interesantes que se advierten a partir de ca. 1150,
merece especial atención la creciente afluencia de peregrinos por otras rutas que aca-
ban incorporándose al más largo Camino, descrito en el Calixtino, ya plenamente cons-
tituido. A medida que la frontera con Al-Andalus desciende hacia el sur, se abren a la
peregrinación jacobea nuevas rutas aún muy escasamente estudiadas. En cambio, se co-
noce mucho mejor el tránsito de peregrinos por ciertos puntos de los caminos septen-
trionales que afluyen finalmente al costado norte del Camino del Calixtino.
Un importante factor de integración de estas rutas en los itinerarios de los peregri-
nos jacobeos lo constituyó la reactivación de las comunicaciones marítimas en el Can-
tábrico —cuyos efectos los hemos visto ya en el camino de Santiago a La Coruña— y la
intensificación de la peregrinación a San Salvador de Oviedo. Como foco de una rome-
ría autónoma, distinta de la jacobea, atraerá también numerosos peregrinos ultrapire-
naicos.
Los orígenes de esta romería son difíciles de documentar. En 1075 Alfonso VI im-
pulsa el antiguo culto al Arca Santa, objeto que centrará la veneración de los peregri-
nos, quizá para reforzar la posición de la sede ovetense en un momento delicado de la
reorganización del mapa episcopal peninsular. Se ha visto en otra donación real (1096)
la primera mención de los peregrinos ovetenses. Pero la copia del siglo XVI sólo indica
que el palacio ovetense, donado a San Salvador y al obispo Martín, albergará pauperes
Christi
El culto al relicario asturiano generará también unos Caminos de Oviedo para sus
peregrinos. Se han estudiado dos. Uno es el camino que desde antiguo partía de León
hacia Pajares. Desde mediados del siglo XIII se denomina francés a este camino de
Oviedo a León. Romeros y transeúntes también se sirvieron de los puertos de San ¡si-
19. Véase Mieaela J. Portilla, Una ruta europea. Por Álava a Compostela De/paso de San Adrián al Ebro,
Vitoria, 1991, y César González Mínguez, María del Carmen de la Hoz, La Wraesctructura riada bajomedie-
val en Á lava Vitoria, 1991.
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dro y Leitariegos. Es en el más oriental de los tres, San Isidro, donde más temprana-
mente (1111) se funda un albergue para peregrini et viatores. En el primer albergue de
Arbas (1117), los peregrinos se suponen difuminados, sin duda, entre los transeuntibus.
Más cerca ya de Oviedo, en Monte Copián, Alfonso VI prevé en 1103 un albergue para
transeuntibus pauperes et divites, que pasan a ser pirigrinos v1 transeuntes, cuando en
1143 se encomienda de nuevo a la sede ovetense que instale allí un religioso. Inequívo-
camente como peregrinos Sancti Salvatoris in Asturiis, se mencionan en el estatuto pro-
tector de Alfonso IX.
El otro Camino de Oviedo comunica con Santiago, a través del puerto del Acebo
—límite entre Asturias y Galicia—, Puebla de Burón, Castroverde, Lugo y Melide. En el
siglo XV, al salir de Oviedo, se le denomina "camino real" y "camino público que va
para Santiago". Podría ser la ruta habitual y más directa entre Santiago y Oviedo desde
el siglo IX, lo que explicaría el temprano interés de la sede compostelana por disponer
de algún enclave en el camino de la ciudad regia y hacerse donar por Alfonso III en 883
y 889 varios bienes que están en diversos puntos del commisso de Tineo por los que
transita el camino, precedente y fundamento del posterior hospitali quod est in strata,
que en 1181 poseía en la Espina de Villarmilde.
Es a su paso por Obona en 1214 cuando consta por primera vez que se le aplique
el calificativo de francisco, análogo al que Alfonso IX aplica al tramo del Camino de
Santiago que atraviesa el reino de León: camino francisco a Mansella usque ad Sanctum
Jacobum. Otros datos concurrentes apuntan efectivamente hacia Alfonso IX como el
rey leonés más interesado por convertir esta vía en camino público, tanto más útil antes
de la definitiva unión con Castilla. En 1204, en Melide, punto de entronque con el Ca-
mino de Santiago que viene de Pedrafita, se constata por primera vez la conciencia de
aquel es el "camino de Oviedo", conciencia pareja a la que, en sentido inverso, reflejan
en Obona las palabras del propio rey en 1222: "caminus qui vadit de Sancto Salvatore ad
Sanctum Iacobum': Al mismo monarca se debe también la transformación entre 1210 y
1222 de Melide y Tineo con sendas populationes. En tanto que camino francisco o pú-
blico, cae ahora bajo la tutela real y compete al monarca establecer su trazado Sí obligar
a circular por él. Alfonso IX establece en 1222 que el camino pase por Obon'a y por Ti-
neo y que los peregrinos no sean desviados de esta ruta.
Así pues, a partir de los primeros arios del siglo XIII ha cristalizado el único ramal
medieval del Camino de Santiago —Oviedo/Melide— que, en consecuencia, conocido
también como "Camino de Santiago". El santuario ovetense ha quedado incorporado a
la curiosidad y a las devociones de los peregrinos jacobeos de ultrapuertos, no sólo de
los que en el siglo XII pudieran haber desembarcado en Gijón o Avilés, venerado al
Salvador y continuar a Santiago por el camino de Lugo o por el de León, sino también
de los que, como dice un texto de ca. 1200, llegados a León, se desviaban durante dos
jornadas a Oviedo y de allí marchaban por Lugo hasta Santiago invirtiendo otras cinco.
Tanto el silencio del Códice Calixtino, como el conjunto de datos coincidentes en el
reinado de Alfonso IX (1188-1230), parecen apuntar que fue hacia 1200 cuando se es-
tableció definitivamente y cristalizó la relación entre las dos peregrinacione0.
20. Son básicos los estudios del Congreso de Oviedo, cit. en n. 6, así como la obra colectiva de Juan Ig-
nacio Ruiz de la Peña Solar, Soledad Suárez Beltrán, María José Sanz Fuertes, Elida García García y Etel-
vina Fernández González, Las peregrinaciones a San Salvador de Oviedo en la Edad Media, Oviedo, 1990.
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21. Ni siquiera el más tardío camino de Bayona a Burgos, pasando por Álava. Véase la n. 19.
22. Cit. n. 1, 11, 43.
23. Un avenir pour notre passé, 32 (1988).
24. Véase René de La Coste Messeliére, Hopitaux et confréries de pélerins de Saint-Jacques, Composte-
Ile, 24 (1967), noticias 71, 444, 457, 598, 599, 618, id., La Francia dei "Chemins de Saint-Jacques: in: Santiago.
L'Europa del Pellegrinaggio, ed. Paolo Caucci von Saucken, Milano, 1993, 233-273.
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Toulouse-Auch: "in camino sancti Jacobi frances pro quo homines perqunt de Tolosa apud
Auxim':
Para la vía lemovicense (Vézelay-Limoges-Périgueux-Ostabat) cabe aducir la refe-
rencia a los hospitales de la strata publica Sancti Jacobi desde Bazas a Roncesvalles
(1290), que vale también para los comprendidos en el tramo Condon-Roncesvalles de
la podiense (Le Puy-Conques-Moissac-Ostabat). La vía turonense es el magno itinere
Sancti Iacobi a la altura de Melle en el siglo XIV, cuando diversos testamentos dejan
mandas para los hospitales que están sobre el Camino de Santiago, desde Burdeos hasta
Roncesvalles o hasta Pamplona.
Cuando se lleve a cabo en Francia una investigación sistemática de las fuentes do-
cumentales se podrá determinar si estos cuatro caminos de Santiago se habían formado
antes de la redacción del Libro V del Calixtino, como claramente parece ser el caso de
la vía tolosana. Se podrán explicar las razones de las tempranas conexiones de Limo-
ges, Tours y Le Puy con la iglesia de Santiago". También se entenderá más fácilmente
la ubicación en Borgoña hacia 1120 de la primera cofradía conocida de ex-peregrinos
de Santiago', sabiendo que los peregrinos borgoñones y alemanes frecuentaban la vía
podiense, según el Códice Calixtino.
El análisis de las fuentes permitirá determinar hasta dónde, en el curso de la Edad
Media, han llegado a extenderse las ramificaciones del más largo de los siete "Caminos
de Santiago". Sólo entonces estaremos en condiciones de valorar en sus dimensiones re-
ales lo que realmente ha significado el Camino —no el culto de Santiago, la peregrina-
ción jacobea o sus rutas— y podremos proponernos como objetivo el estudio
sistemático de lo que históricamente el Camino haya podido representar en todos sus
tramos para los territorios marcados por el paso de los peregrinos.
25. Véase Fernando López Alsina, Die Entwicklung des Camino de Santiago in Kastilien und León (850-
1050), in: Europaische Wege der Santiago-Pilgetfahrt (Jakobus-Studien 2), ed. Robert Plotz, Tübingen, 1990,
pp. 59-68.
26. Historia Compostellana, II, 15, ed. Emma Falque, Turnhout, 1988, p. 251.
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