HIST9697

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ÍNDICE

SOCIEDADES ESPAÑOLAS DEL SIGLO XVI 1


1. SOCIEDAD URBANA 1
1.1. LA NOBLEZA 1
1.2. LOS HIJOSDALGOS 1
1.3. EL CLERO 2
1.4. LOS MARGINADOS 3
1.5. LOS CONVERSOS 3
1.6. LOS GITANOS Y ESCLAVOS 4
2. BANQUEROS 4
2.1. WELSER 4
2.2. FUGGER 4
1. LAS CORTES DE THOMAR 5
2. ANTONIO DE GRANVELA 5
3. ANTONIO DE NEBRIJA 5
4. BATALLA DE MOHACZ 5
EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA EN EL SIGLO XVI EN CASTILLA 6
1. POBLACIÓN 6
2. EPIDEMIAS 6
3. EL GRAN CAPITÁN 7
4. CASA DE CONTRATACIÓN 7
5. ENCOMIENDAS 7
6. JERÓNIMO SAVONAROLA 1452-1498 7
7. ERASMO 8
8. ALFONSO DE VALDÉS 8
9. JUAN DE VALDÉS 8
TEMA 1: LA PENÍNSULA IBÉRICA 9
1. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS, ECONÓMICOS, SOCIALES Y POLÍTICOS (último ¼ siglo XV)9
1.1. CASTILLA 9
1.2. CORONA DE ARAGÓN 9
1.3. NAVARRA 9
2. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS 9
2.1. ZONA MÁS VITAL DE LA MONARQUÍA 9
2.2. ARAGÓN 9
2.3. REINO DE VALENCIA 10
2.4. PESTE Y HAMBRE 10
3. ASPECTOS ECONÓMICOS 10
3.1. AGRICULTURA 10
3.2. GANADERÍA 10
3.3. EL ARTESANADO 10
3.4. INTERCAMBIOS MERCANTILES 10
3.5. CRÉDITO Y BANCA 11
4. CLASES SOCIALES. ESTAMENTOS PRIVILEGIADOS 11
4.1. NOBLEZA 11
4.2. ECLESIÁSTICOS 12
5. CIUDADES 12
6. CAMPESINADO 13
7. MINORÍAS SOCIO-RELIGIOSAS 13
7.1. JUDÍOS Y CONVERSOS 13
8. LOS REINOS HISPÁNICOS EN EL CONTEXTO INTERNACIONAL 13
9. LA UNIÓN DE LAS CORONAS DE CASTILLA Y ARAGÓN 13
10. LOS MONARCAS FERNANDO E ISABEL 14

I
10.1. FERNANDO 14
10.2. ISABEL 14
TEMA 2: LA OBRA INTERIOR DE LOS REYES CATÓLICOS 15
1. LA AFIRMACIÓN DE LA MONARQUÍA. DIRECTRICES BÁSICAS 15
1.1. CONSEJO DE CASTILLA 16
2. POBLACIÓN, CLASES SOCIALES 16
3. LOGROS DE LOS REYES CATÓLICOS 16
4. POLÍTICA SOCIAL Y ECONÓMICA 16
4.1. CAMPESINOS 16
5. GRUPOS MARGINADOS 16
5.1. JUDÍOS Y CONVERSOS 16
5.2. MUSULMANES 17
6. INQUISICIÓN 17
7. REFORMA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS 17
8. ÓRDENES MILITARES 17
9. NUEVA ESTRUCTURA DEL ESTADO Y DE LA HACIENDA 17
10. EL ESTADO DURANTE LA GUERRA 18
11. EL MUNICIPIO 18
12. FINAL DE LA RECONQUISTA 18
TEMA 3: POLÍTICA INTERIOR DE LOS REYES CATÓLICOS 20
1. INTRODUCCIÓN 20
1.1. ISLAS CANARIAS 20
2. ESPAÑA DENTRO DEL TABLERO EUROPEO 20
2.1. ANTECEDENTES 20
3. MATRIMONIOS Y ALIANZAS 20
3.1. CON PORTUGAL 20
3.2. CON INGLATERRA 21
3.3. CON EL IMPERIO 21
4. EL FLANCO PORTUGUÉS 21
5. ITALIA 21
6. ÁFRICA 21
7. BALANCE 22
8. ESQUEMA 22
TEMA 4: REGENCIAS 23
1. FERNANDO 23
2. CARDENAL JIMÉNEZ DE CISNEROS 23
3. POLÍTICA INTERNA Y EXTERNA 23
3.1. ACCIÓN AFRICANA 23
4. AMÉRICA Y EL PACÍFICO 24
4.1. CAPITULACIONES DE SANTA FE 24
4.2. DESCUBRIMIENTO 25
5. EL NUEVO MONARCA: EL HOMBRE Y LA HERENCIA 26
5.1. EL HOMBRE 26
5.2. LA HERENCIA 26
6. EL ALZAMIENTO COMUNERO 26
6.1. FACTORES 27
6.2. PROTAGONISTAS 27
6.3. DESARROLLO DEL ALZAMIENTO COMUNERO 28
6.4. RESULTADO 28
6.5. POLÉMICA HISTORIOGRÁFICA 28
7. LAS GERMANÍAS, CARÁCTER Y DIFUSIÓN 28

II
7.1. VALENCIA 28
7.2. MALLORCA 29
8. INCORPORACIÓN DE NAVARRA 29
TEMA 5: LA ESPAÑA DEL EMPERADOR 30
1. “UNIVERSITA CHRISTIANA” 30
2. EL ANTAGONISMO FRANCÉS 30
2.1. VECINDAD 30
2.2. LA AMENAZA TURCA 30
3. ACCIÓN INTERNACIONAL DEL MONARCA 31
3.1. ALEMANIA 31
3.2. INGLATERRA 31
4. CLAVES FINANCIERAS DE CARLOS V 31
4.1. ¿QUIÉNES APORTABAN DINERO? 31
4.2. SITUACIÓN FINANCIERA DE ESPAÑA AL LLEGAR CARLOS V 31
4.3. INGRESOS ORDINARIOS 32
5. POLÍTICA INTERIOR 33
6. FUERZAS ARMADAS DEL IMPERIO 33
6.1. PODER NAVAL 33
6.2. EMBAJADORES 33
6.3. EJÉRCITO 33
7. LA LUCHA CONTRA FRANCIA 33
7.1. 1ª FASE: 1519-1529 33
7.2. 2ª FASE: 1535-1538 34
7.3. 3ª FASE: 1542-1556 35
7.4. 4ª FASE: 1556-1559 36
8. GUERRA CONTRA LOS TURCOS 36
9. ABDICACIÓN DE CARLOS V EN 1556 36
TEMA 6: RENACIMIENTO Y HUMANISMO EN ESPAÑA 38
1. CULTURA, PENSAMIENTO Y ASPECTOS RELIGIOSOS 38
2. ERASMISMO Y REFORMISMO EN LA PENÍNSULA 38
3. LA CONTRARREFORMA ESPAÑOLA EN EL CONCILIO DE TRENTO 39
4. MÍSTICOS Y HETERODOXOS 41
4.1. LOS ALUMBRADOS 41
5. LA POLÉMICA INDIANA 41
TEMA 7: LA POBLACIÓN Y SU ESTRUCTURA EN EL SIGLO XVI 43
1. RÉGIMEN DEMOGRÁFICO Y EVOLUCIÓN 43
1.1. CAUSAS DE LA ESCASEZ DEMOGRÁFICA 43
1.2. MOVIMIENTOS INTERNOS DE LA POBLACIÓN 43
1.3. EMIGRACIÓN 43
1.4. INMIGRACIÓN 43
2. LA SOCIEDAD ESTAMENTAL 43
2.1. NOBLEZA CASTELLANA 44
2.2. HIDALGOS 44
3. BURGUESÍA 45
4. TERCER ESTADO 45
4.1. ARTESANOS 45
4.2. CAMPESINOS 45
5. SECTORES MARGINADOS 46

III
5.1. POBRES, PARADOS Y VAGABUNDOS 46
5.2. MINORÍA GITANA 46
5.3. MORISCOS 46
5.4. DESCENDIENTES DE JUDÍOS CONVERSOS 46
5.5. ESCLAVOS 46
5.6. EXTRANJEROS 46
6. ESTAMENTO RELIGIOSO 46
7. LAS CIUDADES 46
7.1. NORTE 46
7.2. MESETA 46
7.3. CORONA DE ARAGÓN 47
TEMA 8 48
1. AGRICULTURA Y GANADERÍA 48
2. IMPUESTOS 49
2.1. CENSO 49
2.2. JUROS 49
3. IMPUESTOS DEL CAMPESINADO 49
3.1. LA ALCABALA 49
3.2. DIEZMO 49
3.3. SERVICIOS ORDINARIOS Y EXTRAORDINARIOS 49
3.4. MILLONES 49
4. CONTRIBUCIONES DIRECTAS DE LA IGLESIA AL ESTADO 50
4.1. TERCIAS REALES 50
4.2. EXCUSADO 50
4.3. LA CRUZADA 50
5. OTROS IMPUESTOS 50
5.1. ALMOJARIFAZGO 50
5.2. SEÑORÍO O RÉGIMEN SEÑORIAL 50
5.3. ENFITEUSIS 50
6. LA INDUSTRIA EN LA ÉPOCA PREINDUSTRIAL 50
6.1. INDUSTRIA DE CURTIDOS 51
6.2. INDUSTRIA DE LA SEDA 51
6.3. CONSTRUCCIÓN 51
6.4. MINERÍA Y METALURGIA 51
6.5. CONSTRUCCIÓN NAVAL 51
6.6. INDUSTRIA CASTELLANA 51
7. CAUSAS DEL RETROCESO EN LA INDUSTRIA 51
7.1. CAUSAS DE LA DECADENCIA EN CASTILLA Y EN EL PAÍS VASCO 51
7.2. SECTOR NAVAL 51
8. EL TESORO AMERICANO Y LA REVOLUCIÓN DE LOS PRECIOS 52
9. FINANZAS ESTATALES 52
TEMA 9: FELIPE II (1555-1598) 53
1. FELIPE II Y SU EXPERIENCIA ANTERIOR DE GOBIERNO 53
2. POLÍTICA EXTERIOR 53
2.1. LOS TURCOS Y LA BATALLA DEL MEDITERRÁNEO 53
2.2. INTERIOR 57
2.3. REBELIÓN EN LOS PAÍSES BAJOS 58
2.4. ANEXIÓN DE PORTUGAL 59
2.5. EL ATLÁNTICO 60
2.6. INGLATERRA 60
2.7. LA ARMADA INVENCIBLE 60
2.8. GUERRA EN LOS NOVENTA Y PAZ DE VERVINS (1598) 61
TEMA 10: POLÍTICA INTERIOR Y EXTERIOR HASTA LA MUERTE DE FELIPE II 62
IV
1. LA JORNADA DE INGLATERRA: TROPAS Y REALIDADES 62
2. LA GUERRA DE LOS AÑOS NOVENTA. AGOTAMIENTO PROGRESIVO. LA PAZ DE VER-
VINS 63
3. EL HORIZONTE ESPAÑOL DE 1598: JUICIO CRÍTICO DE UN REINADO CRUCIAL 63
4. POLÍTICA EXTERIOR DE FELIPE II RESPECTO A LOS PAÍSES BAJOS 64
4.1. ANTECEDENTES 64
4.2. CONSECUENCIAS 67
TEMA 11: FELIPE III 68
1. 1598 68
2. VALIDAMIENTO 1598 68
3. BELICOSOS Y PACIFISTAS 68
4. PAÍSES BAJOS 68
5. HACIA LA GUERRA GENERAL (30 AÑOS). INTERVENCIÓN ESPAÑOLA EN LA CONTIENDA
ALEMANA 69
5.1. FRANCIA 69
5.2. EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS 69
TEMA 12: CULTURA E IDEAS EN EL TRÁNSITO DEL RENACIMIENTO AL MANIERISMO Y EL
BARROCO 70
1. LOS PROGRESOS DE LA CONTRARREFORMA 70
2. LAS MEDIDAS DE AISLAMIENTO IDEOLÓGICO DECRETADAS POR FELIPE II 71
3. EL AUGE DE LAS LETRAS 71
4. LOS ARBITRISTAS Y EL PENSAMIENTO ECONÓMICO, DE LUIS ORTIZ A SANCHO DE
MONCADA 72
5. LA TEORÍA POLÍTICA Y LA CIENCIA JURÍDICA FIGURAS PRINCIPALES 73
TEMA 13: FELIPE IV 75
1. CARACTERÍSTICAS Y PERSONALIDAD 75
2. GASPAR DE GUZMÁN 75
3. HORIZONTE ESPAÑOL EN 1621 75
4. RECURSOS DEMOGRÁFICOS 75
4.1. LA PESTE 76
4.2. EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS 76
4.3. GUERRA 76
5. ECONOMÍA 76
5.1. AGRICULTURA 76
5.2. GANADERÍA 76
5.3. INDUSTRIA 77
5.4. METALURGIA 77
5.5. MANUFACTURAS 77
5.6. PRAGMÁTICA DE REFORMACIÓN 77
5.7. COMERCIO 78
5.8. METALES PRECIOSOS 78
5.9. REVOLUCIÓN DEL COBRE 79
6. REINOS 79
6.1. CORONA DE CASTILLA 79
6.2. CORONA DE ARAGÓN 79
6.3. AMÉRICA 79
7. RÉGIMEN DE CONSEJOS 80
7.1. DIVISIÓN POR ESPECIALIZACIÓN 80
8. JUNTAS 81
9. LAS CORTES 81
10. EL REY 81
TEMA 14: ESTRUCTURA Y FUNCIONAMIENTO DE LA MONARQUÍA HISPANA EN SUS DISTIN-
TAS FACETAS Y NIVELES 82

V
1. LA MONARQUÍA HISPÁNICA COMO UNIÓN DE REINOS 82
2. ADMINISTRACIÓN CENTRAL Y “PROVINCIAL” O PERIFÉRICA 82
3. EL RÉGIMEN DE CONSEJOS: CLASIFICACIÓN, ORGANIZACIÓN, ATRIBUCIONES Y FUN-
CIONAMIENTO. LAS JUNTAS 83
3.1. CONSEJO DE LA CORONA DE ARAGÓN 84
3.2. CONSEJO DE ITALIA 85
3.3. CONSEJO DE FLANDES 85
3.4. CONSEJO DE PORTUGAL 85
3.5. CONSEJO DE INDIAS 85
3.6. CONSEJO DE HACIENDA 85
3.7. CONSEJO DE LAS ÓRDENES MILITARES 85
3.8. CONSEJO DE CRUZADA 85
3.9. CONSEJO DE LA INQUISICIÓN 85
3.10. CONSEJO DE CASTILLA 86
3.11. CONSEJO DE ESTADO 86
4. LA POSICIÓN DEL REY Y DEL PRIMER MINISTRO DURANTE EL SIGLO XVII. EN EL MAR-
CO POLISINÓDICO Y DE LOS NÚCLEOS DE PODER PERSONALES O TERRITORIALES. AB-
SOLUTISMO Y ESTADO ESPAÑOL DEL SEISCIENTOS 87
5. LAS CORTES DE CASTILLA 88
6. LAS CORTES DE ARAGÓN 88
7. ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL LUGAR DE LAS AUDIENCIAS Y CHANCILLERÍAS 88
8. LOS CORREGIDORES Y LA ORGANIZACIÓN MUNICIPAL CASTELLANA 89
9. OTRAS INSTITUCIONES 91
9.1. LA IGLESIA 91
9.2. EL EJÉRCITO 91
10. EL DERECHO 92
TEMA 15: FELIPE IV Y OLIVARES 93
1. ASCENSO DE GUZMÁN 93
2. REFORMAS 93
2.1. REFORMA FISCAL 93
2.2. REFORMISMOS DE OLIVARES 93
2.3. REORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA 94
3. CORTES DE 1626 EN BARBASTRO, MONZÓN Y BARCELONA 94
3.1. OBJETIVO 94
4. FINANZAS ESTATALES 94
4.1. ANTECEDENTES 94
5. REVUELTAS DEL SIGLO XVII 95
5.1. VIZCAYA 1632 95
5.2. ANDALUCÍA 1642 95
5.3. OTRAS REVUELTAS 95
6. FOMENTO DE ACTIVIDADES ECONÓMICAS DENTRO DEL ENCUADRE MERCANTILISTA 95
7. EUROPA HACIA 1630 96
7.1. PAÍSES BAJOS 96
7.2. INGLATERRA 96
7.3. FRANCIA 96
7.4. SUECIA 96
7.5. ESPAÑA 96
8. REPERCUSIONES DE LA GUERRA EN TORNO A 1630 96
8.1. ALZAMIENTO DE CATALUÑA 11649-1652 96
8.2. INDEPENDENCIA DE PORTUGAL 97
9. SALIDA DE OLIVARES 1643 98
9.1. 1642 LA NOBLEZA EN SU CONTRA 98
9.2. CAÍDA DE OLIVARES 98
TEMA 16: ESPAÑA EN LA GUERRA DE LOS 30 AÑOS 1618-1648 100
VI
1. MAPA DE LAS POTENCIAS EUROPEAS Y OBJETIVOS DE LAS MISMA 100
1.1. IMPERIO 100
1.2. ESPAÑA 100
1.3. DINAMARCA 100
1.4. SUECIA 100
1.5. FRANCIA 100
2. GUERRA DE LOS 30 AÑOS 100
3. GUERRA CON FRANCIA 100
4. GUERRA CON HOLANDA 101
5. RELACIONES CON INGLATERRA 101
TEMA 17: MARASMO ECONÓMICO EN CASTILLA 102
1. SITUACIÓN 102
2. GUERRA EN DISTINTOS FRENTES 1642 102
3. RECUPERACIÓN DE BARCELONA 1652 102
4. TRATADO DE MÜNSTER Y PAZ DE WESTFALIA 102
4.1. TRATADO DE MÜNSTER 1648 102
4.2. PAZ DE WESTFALIA 102
4.3. CONSECUENCIAS 102
5. PÉRDIDA DE DUNQUERQUE Y PAZ DE LOS PIRINEOS (11659) 103
6. ÚLTIMOS AÑOS DEL REINADO DE FELIPE IV 103
7. CARTA DE LUIS DE HARO A JUAN JOSÉ DE AUSTRIA 103
8. ALJAMA 104
TEMA 18: ASPECTOS CULTURALES, IDEAS, MENTALIDADES DEL BARROCO 105
1. EL CLIMA ESPIRITUAL DEL BARROCO 105

VII
SOCIEDADES ESPAÑOLAS DEL SIGLO XVI

1. SOCIEDAD URBANA
Las ciudades del s XVI estaban regidas por una oligarquía de nobles o seminobles: caballeros que
habían establecido su residencia en la ciudad, rentistas procedentes del comercio, antiguos comer-
ciantes en vías de ennoblecimiento, etc. Como en toda Europa la riqueza de este conglomerado so-
cial se basa en la propiedad agraria, ejercicio de cargos públicos y préstamos.
La estructura social de la época engarzaba este esquema simple con numerosas posibilidades, que
incluían la posesión de un señorío jurisdiccional aunque no se perteneciera a la nobleza, la propie-
dad y herencia de cargos públicos, privatizados, sobre todo los de origen municipal. Había una exis-
tencia de situaciones seminobiliarias para funcionarios, juristas y universitarios, etc. En todo el ámbito
mediterráneo y latino existía una convicción fundamental : el vivir de rentas era propio de nobles.
La pasión de la renta se imponía en las sociedades hispánicas a finales de siglo. Censos y juros re-
presentaban una porción cada vez mayor de las fortunas.
Durante el siglo XVI, quizá hasta 1620, existió en las ciudades de la corona de Castilla una importante
burguesía mercantil. Los estudios de Ruth Pive sobre los comerciantes de Sevilla han revalorizado
la importancia de los mercaderes andaluces, muchos de los cuales eran conversos. Castellanos, vas-
cos, genoveses, extranjeros de todas partes se iban insertando en los medios mercantiles sevillanos.
Los grandes beneficios que proporcionaba el comercio indiano hacía que los grandes aristócratas no
desdeñaran participar en el mismo. La riqueza acumulada por los comerciantes era reinvertida en la
adquisición de tierras en el vecino y fértil Aljarafe. En Sevilla, los hijos de los mercaderes no seguían
la profesión de sus padres sino que se hacían juristas o eclesiásticos.
En palabras de un contemporáneo, los mercaderes “rabian y mueren por la caballería”. La riqueza
acumulada en el comercio se invertía en la construcción de palacios, capillas y hospitales, en la ad-
quisición de señoríos o regidurías, en la fundación de mayorazgos y beneficios eclesiásticos.
La sombra de origen converso se proyectaba también sobre quienes se dedicaron a profesiones libe-
rales: juristas y médicos, sobre todo.
La masa de la población urbana estaba integrada por artesanos. Los gremios se desarrollaron de
forma extraordinaria en el siglo XVI, a pesar de la legislación de los reinos de Castilla y Aragón reti-
cente ante la formación de asociaciones artesanas.
El conjunto de la sociedad se hallaba presidido por dos estamentos privilegiados, la nobleza y el cle-
ro.

1.1. LA NOBLEZA
La nobleza se definía por su teórica dedicación militar que le valía encontrar la exención de im-
puestos, puesto que consideraba que defendía a la sociedad y servía a la corona con su es-
fuerzo y su sangre, mientras que el plebeyo lo hacía por medio de impuestos.
A pesar de que los teóricos de la nobleza subrayaban su naturaleza hereditaria, transmisible
sólo por linaje, la realidad era que los comerciantes y labradores ricos podían convertirse en hi-
dalgos o caballeros con mayor o menor facilidad. En el fondo se trataba de cuestión de riqueza,
de comprar el título mediante el servicio pecuniario que se hacía a la corona. Pero la mejor vía
para el ennoblecimiento era el ejercicio de los cargos públicos, sobre todo los de justicias. El
aspirante a noble debía recibir la concesión real de su nueva condición, lo que podía ser más
fácil por la existencia de categorías intermedias como las existentes en la corona. En Castilla,
la concesión del título de hidalgo fue menos valorada, debido a la idea de que el noble nace y
no se hace.
Las capas más bajas de la nobleza iban siendo ocupadas por familias pecheras ricas y dentro
de la propia nobleza se producía también un proceso ascendente: los hidalgos pasaban a ca-
balleros y los caballeros al grupo superior de títulos. La alta nobleza quedó escalafonada con la
creación en 1520 de la categoría de los grandes de España. En tiempo de Carlos V había vein-
ticinco grandes, pero fue en aumento, llegando a fines de siglo a una centena, si bien las anti-
guas casas Infantado, Alba, Velasco, Medinaceli, Medina Sidonia, siguieron siendo las más ri-
cas y prestigiosas.

1.2. LOS HIJOSDALGOS


Muy numerosos en el norte, hasta formar en Asturias y Cantabria la mitad de la población. An-
dalucía no tenía hijosdalgos o sólo media docena de familias. En cambio en esa mitad sur, ciu-
dades como Sevilla, Córdoba, Jerez, Úbeda, etc. presentaban elevadas concentraciones de tí-
tulos y caballeros.
1
En la Corona de Aragón el sistema era el mismo, aunque con algunas variantes. La principal
era la existencia de una clase de origen mercantil, intermedia entre la verdadera nobleza y el
Estado general: los ciudadanos honrados, una clase rica e influyente en los grandes municipios
comerciales y más que en ninguno en Barcelona, donde dominaban en la Generalitat y en el
Consejo de Ciento.
La nobleza nobiliaria se fundamentaba en la propiedad privilegiada de la tierra, es decir, en la
posición de señoría. Los señores eran importantes perceptores de rentas en especie. Los in-
gresos de esta naturaleza quedaron devaluados, pero el ejercicio del poder público que corres-
pondía a los señores les permitían compensar esta pérdida intensificando otros conceptos de
ingresos, en especial a los que correspondían a los monopolios comerciales.
También quedaba sancionada por el artificio del mayorazgo que, combinando con el principio
de primogenitura, vinculaba a perpetuidad las propiedades en la misma familia, evitando sus
dispersión. Las leyes de Toro (1505) regularon y extendieron este procedimiento, convirtiendo
lo que había sido privilegio exclusivo de la nobleza en una institución de Derecho Civil.
Con los Reyes Católicos se empezó a aportar a la nobleza de cargos públicos y eclesiásticos,
Carlos V y Felipe II siguieron esta línea de conducta con la nobleza y hubo de contenerse con
servir a la Corona en campos secundarios como el ejército, la diplomacia o la administración.
Con monarcas blandos como Felipe III los nobles acaparan nuevamente cargos palatinos, aho-
ra la nobleza intentan controlar en palacio a la monarquía.

1.3. EL CLERO
Los autores coinciden en señalar una cifra entre 80.000 y 100.000 personas, dentro del clero,
tanto secular como regular de ambos sexos. Cuando más del 80% de la población vivía del
campo, más del 50% del clero vivía en la ciudad, en especial las órdenes religiosas.
Durante el reinado de Felipe II se creó en Castilla la nueva diócesis de Valladolid y en la corona
de Aragón un conjunto de pequeñas diócesis: Orihuela, Albarracín, Teruel, Jaca, Barbastro y
Solsona. Los principales arzobispados y obispados se situaban en Castilla la Nueva y Andalu-
cía; los medianos en Castilla la Vieja y los pequeños en Galicia y Cataluña.
Durante la 1ª ½ de siglo fue frecuente el absentismo de los prelados de la alta nobleza o los
que seguían una carrera política: Borja en Valencia, Cardona en Barcelona, etc. El Concilio de
Trento fortaleció la autoridad episcopal e incrementó sus obligaciones de residencia.
Los canónigos acostumbraban a tener un nivel de vida francamente acomodado. Su riqueza se
basaba en propiedades y censos, además de los diezmos que les pudieran corresponder como
miembros del cabildo. El obispo era por lo general un forastero cuyo mandato podía ser breve.
Los canónigos y beneficiados acostumbraban a pertenecer a la pequeña nobleza local. En es-
tas circunstancias los enfrentamientos eran inevitables.
Párrocos y beneficiados tenían una existencia estable. Se calcula que en la corona de Castilla
existían 15.000 parroquias. El párroco era en teoría el principal destinatario de los diezmos,
puesto que aseguraba la asistencia religiosa de los fieles que pagaban el impuesto. Este clero
rural solía ser ignorante pero desde los Reyes Católicos se preocuparon de que los obispos no
ordenasen a personas sin las debidas cualidades. También podían nombrar a los párrocos, ca-
sos del patronato laico o señorial.
El mundo del clero regular estaba encabezado por las órdenes monacales. En primer lugar se
hallaban los benedictinos, con los monasterios más antiguos y prestigiosos, con frecuencia ti-
tulares de extensos señoríos. Más recientes (fundados en el siglo XIII) los monasterios cister-
cienses como Poblet y Santes Creus en Cataluña. Los cartujos (Miraflores) completaban el
cuadro de reforma regular del monacato.
Las órdenes mendicantes se habían desarrollado a partir del siglo XIII. Se difundió mejor en las
ciudades, cuajadas de conventos. La orden más difundida y popular era la de los franciscanos,
con 6.700 frailes.
Fue característico del siglo XIV las órdenes de clérigos regulares. La más famosa de tales ór-
denes fue la de los jesuitas, fundada en 1540 por Ignacio de Loyola. Aunque no tuvo en su
primer momento buena aceptación, pronto superó las dificultades y se consolidó como dispen-
sadora de una enseñanza de humanidades a los hijos de la nobleza y de las clases privilegia-
das urbanas.
La riqueza de la Iglesia era enorme. El diezmo constituía un capítulo fundamental considerado
un derecho divino. La legislación castellana recordaba la obligación de pagar bien lealmente el
diezmo, de no defraudar la parte de la cosecha de Dios y no enfrentarse con violencia a los en-
cargados de recaudarla. La propiedad agraria no señorial, la propiedad urbana y los censos
2
formaban parte de la riqueza de los eclesiásticos. Sin embargo, la corona efectuó severas de-
tracciones de los ingresos del clero, se reservó parte de los diezmos, vendió señoríos eclesiás-
ticos e impuso tributos extraordinarios bajo concepto de eclesiástico.
Durante el siglo XVI la reforma religiosa modificó la figura del sacerdote. Se les reprochaba la
vida aseglarada que llevaban, que llevaba al concubinato y a la acumulación de beneficios por
parte de titulares absentistas.
En conclusión, había una tremenda desigualdad entre los distintos estamentos del clero.

1.4. LOS MARGINADOS


Pobres, conversos, moriscos, esclavos. En la ciudad pululaban numerosos pordioseros y vaga-
bundos. Las leyes eran muy remisas respecto a este mísero estrato social, que eran asistidos
por diversas cofradías y organizaciones eclesiásticas. Una parte considerable de la población
rural y urbana, vivía permanentemente en el umbral de pobreza, amenazada por la posibilidad
de malas cosechas, precios crecientes e impuestos. Benasar calcula que las sociedades urba-
nas del siglo XVI en España contaban con el 10 ó 15% de pobres, que eran mayoritariamente
mujeres viudas; la pobreza se concentraba en arrabales.
En España en el siglo XVI se enfrentaron las opiniones y las opciones de las autoridades ante
el problema del pauperismo y la mendicidad. En la Europa del siglo XVI a partir de 1570 se
produjo un cambio en la opinión de las autoridades frente a la mendicidad. Luis Vives escribió
en los Países Bajos su obra “De subventiones papuperum”. La nueva doctrina venía a proponer
romper la idea tradicional cristiana mantenida a lo largo de la Edad Media, de que el pobre era
la imagen de Cristo, de que la limosna era para el necesitado un derecho y para el rico una
obligación y una oportunidad de emplear bien su riqueza y obtener el beneficio y la oración del
pobre.
El socorro y el recogimiento de los pobres correspondía a la administración de un municipio,
así como la atención a hospitales y expósitos. Los vagabundos estaban incluidos en el conjunto
de los delincuentes. Los legítimos pobres eran autorizados a mendicar con cédula o carné, ex-
pedidos por las autoridades eclesiásticas.
La ley castellana de 1369 venía a quedar confirmada por las disposiciones del siglo XVI que
precisaban las personas que verdaderamente eran pobres, los que fuesen ciegos, lisiados o
enfermos. A los pobres se les atendía en sitios de caridad y hospitales, es frecuente la distribu-
ción de alimentos por parte de conventos y cofradías; es la famosa sopa boba.
El vagabundo experimentaba el peso de la ley. Se consideraba que usurpaban la condición de
“pobres de Dios”, siendo en realidad pobres de vicio. Los pobres andaban incontrolados por las
ciudades. Periódicamente se ordenaba su expulsión de las grandes urbes y sobre todo de la
corte. Lazarillo estaba autorizado.
Los bandoleros surgen del mundo de los jóvenes sin situación clara. La figura del clérigo ban-
dolero era bien conocida en la época en Cataluña. Las zonas que concentraban mayor número
de bandoleros eran las del norte del reino, Ribagorza. Hacia 1550 el bandolerismo comenzó a
infestar el camino real de Zaragoza a Lérida y Francia. Toda Cataluña estaba llena de bandole-
ros, escribía el virrey en 1564.
En el País Valenciano el bandolerismo morisco significaba un nuevo factor de complejidad, otro
foco estaba situado en Granada, antes y después del alzamiento de las Alpujarras con el nom-
bre de munfús.

1.5. LOS CONVERSOS


Judíos y musulmanes fueron víctimas de una persecución similar, pero distinta en cronología, y
en muchas facetas. La conversión forzosa se impuso durante el reinado de los Reyes Católi-
cos. A pesar de su conversión los moriscos terminaron siendo expulsados por Felipe III, cosa
que no sucedió con los conversos de origen judío por las características sociales del grupo y a
su comportamiento.
El problema de los conversos radicaba en la resistencia que la sociedad cristiano-vieja oponía
a su integración. El converso era visto como un hereje potencial. Poco a poco va insinuándose
y extendiéndose la práctica de estatutos de limpieza de sangre. La formación de los conversos
era mayor en general que la de los cristianos viejos, esto supuso la escala social tanto en la
administrativa como en el campo de la cultura y economía.
Después de las revueltas granadinas de las Germanías, en que los moriscos tomaron las ar-
mas, dirigidos por sus señores, contra los artesanos sublevados y se obligó a bautizarse en
1526. Este decreto de obligación se extendió a todos los moros del país, incluidos los de Gra-

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nada, se les dio un plazo limitado de años para que fueran instruidos en la religión cristiana, pe-
ro resultó un fracaso, es así como se llega a las revueltas de los moriscos y dispersión en Va-
lencia y Aragón. Se expulsan en 1609 por Felipe III. De esta expulsión resultaron daños demo-
gráficos y económicos importantes para los reinos de Valencia y Aragón, para la agricultura.

1.6. LOS GITANOS Y ESCLAVOS


Los gitanos eran una población esencialmente nómada, objeto de persecución tanto en Castilla
como en Aragón y Navarra. Las Cortes de cada reino pedían con insistencia su persecución.
Se les acusaba de robo sobre todo en el campo, de vivir ociosos y con engaños, así como de
no ser controlados ni por el poder político ni por el religioso. El objetivo único era la desapari-
ción de la comunidad gitana. Para conseguirlo se aplicaban los azotes, el destierro e incluso el
destino a galeras. La forma de vida de los gitanos variará poco a lo largo de la Edad Moderna.
La mayoría vivían dedicados al comercio de caballería.
El fenómeno de la esclavitud se mantuvo a lo largo y ancho del mundo mediterráneo y se vio
potenciado por la expansión atlántica. En España se conocía la cifra de 50.000 esclavos, salvo
en Canarias, donde la mano de obra servil fue empleada con abundancia en los trabajos agrí-
colas, la esclavitud fue ante todo doméstica. La corte (Toledo, Valladolid, Madrid) atrajo escla-
vos porque formaban parte del séquito de la aristocracia y de la alta burguesía. Las fuentes de
las esclavitud eran dos: la guerra, que proporcionaba esclavos blancos (moriscos, berberiscos
y turcos) y la trata, ejercida por traficantes en el África Negra.
La mayor parte de los dueños de esclavos, sobre todo los pertenecientes a estamentos privile-
giados, poseían esclavos, sobre todo como un elemento de lujo, dado que su peso era caro y
creciente.

2. BANQUEROS
2.1. WELSER
Familia de patricios de Ausgburgo que en el siglo XIV fundaron una serie de empresas
comerciales, mineras, de crédito y financiación que desempeñaron una función preponde-
rante en la historia política y económica mundial hasta fines del siglo XVI. En 1490 funda-
ron una empresa para la comercialización de plata en el Tirol, importaban lana de Inglate-
rra, negociaban con paños flamencos, especias de las Indias Orientales y con azúcar y al-
godón de sus plantaciones de Madeira. En 1519 junto con los Fugger prestaron a Carlos V
la suma necesaria para conseguir la elección imperial.
Realizaron una serie de préstamos a la corona española que fueron básicos a ésta para el
desarrollo de su política europea: en 1530 un préstamos de 600 mil ducados que le permi-
tieron a Carlos V salvar la crisis haciendística y realizar su política italiana y con posteriori-
dad para financiar la guerra de Alemania. No prestaron su apoyo en la crisis de 1552. En
correspondencia, Carlos V les autorizó a comercializar con las Indias, establecieron facto-
rías y explotaron minas en Santo Domingo, realizaron varios tratados para la importación
de negros a América y se les concedió autorización para el descubrimiento, conquista y
colonización de Venezuela, territorio que fue gobernado por alemanes, aunque depen-
diendo de Castilla. Su paulatino desentendimiento hizo que en 1556, se revocara la con-
cesión por sus abusos y mala administración.
2.2. FUGGER
Familia de banqueros y negociantes alemanes de gran importancia en los siglos XV y XVI.
Los préstamos al archiduque Segismundo del Tirol, los reembolsó en plata de sus minas.
Entraron en los negocios bancarios y monopolizaron las minas de cobre de Hungría. Hicie-
ron préstamos a Carlos V que le permitieron comprar los votos de los electores y conver-
tirse en Emperador. En 1525, Carlos V les dio el arrendamiento de los maestrazgos de las
órdenes militares en España y el arrendamiento de las minas de mercurio de Almadén, vi-
tales para la obtención de la plata por el procedimiento de la amalgama. Cuando Mauricio
de Sajonia traicionó al emperador y éste tuvo que huir de Innsbruck, le prestaron 400 mil
ducados que le permitieron reunir nuevas fuerzas. Las sucesivas quiebras de Felipe II y
Felipe III provocaron su decadencia, aunque en algunas de ellas se les exceptuaba por su
fidelidad a la corona.

4
1. LAS CORTES DE THOMAR
Muere el rey de Portugal, don Sebastián, sin heredero y esto planteó graves problemas de sucesión
al trono. Fue designado rey el anciano cardenal infante don Enrique, su tío, que moriría en 1580. Va-
rias personalidades se creyeron con derecho a la corona vacante. Felipe II la reclama como hijo de
Isabel de Portugal y, por tanto, nieto del rey don Manuel. Felipe II entró en Portugal con su ejército en
junio de 1580, con 30 mil hombres al mando del duque de Alba e iniciaron la invasión, apoderándose
de Jelves, Olivenza y Lagos. El prior Crato, máximo rival de Felipe II al trono, mientras tanto, se había
hecho proclamar rey y dominaba la ciudad de Lisboa, pero al final por el triunfo de las tropas españo-
las en el Puente de Alcántara, allí mismo derrotaron al prior, Antonio.
Felipe II fue designado rey por las Cortes de Portugal en Thomar (abril de 1581) después de jurar
respeto y acatamiento a las leyes, usos, costumbres y libertades del pueblo portugués. El 27 de julio
de 1581 hizo su triunfal entrada en Lisboa.
Con la anexión de Portugal se establecía al fin la unidad peninsular, el viejo sueño de los Reyes Cató-
licos. El Imperio español aumentaba sus dominios con las colonias portuguesas en África, Asia y
América y pasaba a controlar la gran fachada del Atlántico Occidental, de inapreciable valor estratégi-
co.

2. ANTONIO DE GRANVELA
Cardenal con fuerte influencia en la gobernadora de Flandes, Margarita de Parma, hija ilegítima de
Carlos I. El excesivo poder de Granvela y su rigor en la represión del protestantismo terminaron por
provocar una reacción contraria por parte de los nobles y en las ciudades. El monarca Felipe II retiró
a Granvela, con lo que la situación política pareció estabilizarse.

3. ANTONIO DE NEBRIJA
Importador en España del humanismo filosófico y erudito italiano. Nació en Lebrija, estudió en Sala-
manca donde alcanzó el título de bachiller. En 1465 lo hallamos en el colegio que el cardenal Albor-
noz había fundado en la Universidad de Bolonia y sería el año crucial de los acontecimiento en Espa-
ña de 1492, cuando publicó sus obra cumbre, Gramática Castellana, la primera escrita en legua vul-
gar, en fijación del idioma castellano. Fue preceptor del príncipe Juan, heredero de los Reyes Católi-
cos y luego de 1513 a 1522 una otorgada en Alcalá de Henares por Cisneros para intervenir en la Bi-
blia Políglota, encargándose de la revisión del texto de la Vulgata. La influencia de todos sus libros
fue extraordinaria y universal. También reformó la enseñanza del latín, basándose en los métodos de
los humanistas italianos.
Sus obras; Introducciones latinae, que el mismo Nebrija tradujo al castellano por mandato de Isabel la
Católica; Vocabulario latino-español (1492) y Vocabulario español-latino (1495); Gramática de la Len-
gua Castellana de 1498, la primera entre todas las romances.

4. BATALLA DE MOHACZ
(Imperio de Solimán el magnífico y la alianza franco-turca). A la muerte de Selim I, que se proclamó
califa como heredero de los mamelucos, la carrera triunfal de los turcos no se vio interrumpida, pues-
to que aquel sultán tuvo en su hijo Solimán el Magnífico (1520-1566) un digno sucesor.
En efecto, en 1521, un año después de su ascensión al trono, Solimán se apoderó de la llave del Da-
nubio medio, Belgrado. Pronto los húngaros sufren las consecuencias de esta victoria. El 29 de agos-
to de 1526 son derrotados en Mohacz, una de las grandes batallas de la historia. En consecuencia,
parece que este momento en la expansión turca va a provocar la ruina de la cristiandad europea. Só-
lo la defensa hispánica del Mediterráneo pudo conjurar tal amenaza. También con esta victoria dio al
ejército turco la llave de Hungría.

5
EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA EN EL SIGLO XVI EN CASTILLA

1. POBLACIÓN
El siglo XVI es considerado como un siglo económicamente positivo, por lo menos en su primera mi-
tad. Crecieron la población y la producción, parte por causas endógenas de la sociedad europea pero
también por el estímulo representado por la explotación de la conquista americana.
El estudio de la población en el siglo XVI es facilitado por la existencia de abundante documentación
de diversa índole, sobre todo en la corona de Castilla. Los historiadores de la población han discutido
la validez que cabe dar a los grandes censos, todos los cuales podemos considerar que pecan por
defecto. Del cotejo de los censos y del estudio de los libros parroquiales se desprende la existencia
de un importante fenómeno de crecimiento. Es posible que entre 1530 y 1590 la población experi-
mentara un alza del 50%. Ejemplos regionales confirman la tendencia con incrementos del 47% en
Castilla la Vieja, 46% en tierra de Santiago, 45% en el reino de Sevilla. En total y agregando los cen-
sos del País Vasco y Aragón, se obtiene para finales del siglo XVI una cifra mínima de 8 u 8,3 millo-
nes de habitantes.
El crecimiento no ha sido el mismo en los distintos territorios. El más precoz es Castilla la Vieja y el
Cantábrico y más tardío para Andalucía y la corona de Aragón. Las regiones de crecimiento precoz
tuvieron una decadencia avanzada. A partir de 1560 el alza se hizo lenta en algunas comarcas de la
corona de Castilla y entre 1580-1589 se llegó al momento de inflexión de cambio de tendencia. Los
registros parroquiales señalan con claridad la caída de los nacimiento. La población comenzó a dis-
minuir. Pero a las regiones de alza tardía el movimiento ascendente continúa. En Andalucía la pobla-
ción siguió creciendo hasta 1620, por lo menos en el reino de Sevilla. Tampoco Murcia tuvo crisis
hasta fin de siglo. La población catalana creció lentamente durante la 1ª ½ del siglo y con mayor fuer-
za en la 2ª y el primer tercio del siglo XVII.
En el juego de los distintos factores demográficos se ha observado que la edad de la mujer al con-
traer matrimonio era ligeramente más baja que la media europea, 19 años y la natalidad alta (tasa del
35 ó 40‰). La mortalidad infantil se tenía en los parámetros europeos (218 por mil). La mortalidad
elevada es aducida por Casey como causa de la caída de la población valenciana a finales de siglo.
La emigración a las Indias se había considerado tradicionalmente como una causa importante de
despoblación. Para la 2ª ½ del siglo emigraban anualmente 2 ó 3 mil personas, pero era una emigra-
ción selectiva, integrada mayoritariamente por varones jóvenes y que afectó con preferencia a las re-
giones de Andalucía, Extremadura y Castilla.
También se dan movimientos migratorios internos. Los aragoneses abandonaban las zonas monta-
ñosas superpobladas por las del llano. Existía una emigración campo-ciudad, y de las regiones del
norte hacia Andalucía. Esta región vivió un momento repoblador, fundándose nuevos núcleos urba-
nos: Sevilla, que entre 1530 y 1590 dobló su población. Toledo, Granada, Valladolid superaban los 40
mil habitantes.
Hubo también una inmigración procedente de otros países europeos, se trataba de inmigrantes cuali-
ficados, comerciantes y artesanos que se instalaban en las principales ciudades. La inmigración de
trabajadores gascones, jornaleros agrícolas o pastores fue la razón del auge demográfico catalán. El
reino de Aragón se benefició de esta corriente. En ambos territorios la población de origen francés
llegó a representar a fines del siglo alrededor del 20% del total.
La mortalidad ordinaria se mantenía y la mortalidad extraordinaria y catastrófica seguía haciendo acto
de presencia. Esto se debía en parte a malas cosechas, carestías, climatologías adversas, hambres
en suma, que no respetaron ningún territorio. Las epidemias de peste y hambre tienen lugar a partir
de 1540, coincidiendo con el mayor auge de crecimiento poblacional.

2. EPIDEMIAS
1521-1523 fue general. En Castilla entre 1538-40 y en Cataluña 1530, hambre castellana en 1544,
conjunción de peste y carestía entre 1557.58, y la epidemia de 1565.66, que afectó tanto a Castilla
como a Aragón. Pero la peste atlántica de 1597 fue la que atacó las zonas más densamente pobladas
y remató la tendencia declinante de la población de Castilla la Vieja.
La población aunque era rural tendía ya a la urbanidad, a la cabeza se hallaban los dos grandes cen-
tros del comercio colonial: Sevilla y Lisboa, rozando los 100 mil habitantes, la población sevillana tri-
plicó a lo largo del siglo convirtiéndose en la 1ª ciudad de la corona de Castilla.
En la ciudad de Valladolid había en 1560 45 mil habitantes, fue sustituida por Madrid, nueva corte,
que paso de 10 mil a 50 mil habitantes en la 2ª mitad del siglo. Mientras en Andalucía muchas pobla-
ciones contaban entre 10 y 20 mil habitantes, en el litoral Cantábrico ningún núcleo urbano llegaba a
los diez mil. Mallorca 20 mil habitantes, en Cataluña el crecimiento tardío del orden del 20 % se pro-
6
dujo con preferencia en las comarcas de altitud media interior, puesto que el litoral al igual que Valen-
cia se resentía de la amenaza de la piratería.
El reino de Granada vivió las consecuencias del problema morisco, ochenta mil fueron expulsados del
reino en 1570 y distribuidos por la corona de Castilla. También se redujo la población de los reinos de
Valencia y Aragón con la expulsión de los moriscos en 1609, se perdieron un 25 % con lo que estos
reinos levantinos participan entonces de la decadencia que ya se había producido en Castilla con el
consiguiente desastre agrícola que supuso para estos reinos.

3. EL GRAN CAPITÁN
Gonzalo Fernández de Córdoba nació en Montilla en 1453 y murió en 1515. La intervención de Carlos
VIII de Francia contra Nápoles en 1494 abrió el ciclo de las “guerras de Italia” que se considera termi-
nado en 1559, precisamente con la confirmación de la hegemonía española en la península italiana.
La expedición de Carlos VIII provocó la formación de una Santa Liga para frenar la invasión francesa,
Fernando envió un pequeño ejército mandado por Gonzalo Fernández de Córdoba, aristócrata de la
frontera andaluza, que ganó en Italia el sobrenombre de Gran Capitán.
Esta liga, en la que entraban junto con España, el papado, el emperador Maximiliano y Venecia
(1495) y dirigida por el Gran Capitán, logró que los franceses abandonaran Nápoles donde se restau-
ró la dinastía aragonesa (1496). Las victorias de Ceriñola y Garellano (1503) ganadas por el Gran
Capitán, dieron a Fernando la posesión del reino de Nápoles que permaneció bajo la soberanía es-
pañola hasta principios del siglo XVIII.
Durante la Reconquista los castellanos habían tendido a desarrollar la caballería ligera a expensas de
la infantería, que era incapaz de llevar el peso de la guerra en Italia y después de la derrota de Semi-
nara, Gonzalo Fernández de Córdoba empezó a buscar nuevas formaciones tomando el modelos de
los italianos y suizos, Gonzalo consiguió revolucionar la organización de su ejército hacia época de su
victoria de Ceriñola en 1503, convirtiéndolo en un ejército de infantería. Los equipó con armaduras de
gran protección, yelmos ligeros, corazas y mejores armas ofensivas, de modo que la mitad iba provis-
ta de largas picas, un tercio de lanzas cortas y jabalinas y la sexta parte restante de arcabuces. Las
formaciones fueron reorganizadas. Las antiguas unidades, las compañías, demasiado reducidas para
la guerra moderna, fueron agrupadas en coronelías formadas probablemente por cuatro compañías y
cada coronelía estaba apoyada por unidades de caballería y artillería.
Fue esta organización, ideada por el Gran Capitán, la que proporcionó la base para el posterior desa-
rrollo del ejército español durante el siglo XVI.

4. CASA DE CONTRATACIÓN
En 1503 se fundó en Sevilla la Casa de Contratación, siguiendo los modelos portugueses para el co-
mercio y la navegación con ultramar. Para centralizar y organizar los asuntos económicos referentes
a las Indias, se creó la Casa de Contratación, durante el reinado de los Reyes Católicos. Estaba diri-
gida por un tesorero, un escribano y un factor. Su sede se estableció en Sevilla, centro comercial de
máximo tráfico con América.
Obtuvo en monopolio del comercio americano: adquiría las manufacturas que los indios necesitaban y
organizaba cada año una o dos flotas de barcos mercantes, protegidos por poderosas naves de gue-
rra.
Además de las gestiones comerciales, tuvo un carácter científico, ganando reputación en toda Europa
como excelente centro de investigaciones geográficas. En ella se encontraban el cartógrafo Juan de
la Cosa, que había confeccionado el primer mapa del Nuevo Mundo en 1500, Vicente Yánez Pinzón,
Américo Vespucio, Juan Díaz Solís y otros relevantes hombres de ciencia. Durante casi tres siglos la
Casa fue el principal centro administrativo relacionado con el comercio indiano.

5. ENCOMIENDAS
Repartición de tierras e indios. La titularidad del suelo pertenece a la corona, pero el Rey mediante
repartimiento otorga a los conquistadores, quienes a su vez las distribuyen entre los pobladores. La
distribución entre indios se realiza por las Encomiendas: el encomendado percibe los frutos religio-
samente y contra las arbitrariedades, para defender al encomendado se crea el cargo de corregidor
de indios.

6. JERÓNIMO SAVONAROLA 1452-1498


Nació en Ferrara, ingresa en su juventud en la orden dominica. En Bolonia completó su formación,
que muestra una influencia extraordinaria de lo medieval, a través de Santo Tomás de Aquino y del
primitivismo cristiano desarrollado por un estudio celoso de las Santas Escrituras y de los profetas del
Nuevo Testamento.

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En 1482 lega a la magnífica urbe medicea, donde su rígida religiosidad chocó con la libertina y paga-
nizante vida a que se entregaban los círculos selectos de la corte del Magnífico. Savonarola, hombre
de pureza y sin tacha con alto espíritu de sacrificio y penitencia concibe la vida apocalíptica de ser un
profeta de Dios, para la reforma de la iglesia, según los moldes de la colectividad apostólica inicial.
Sus encendidas predicaciones conducidas con energía fanática y primitiva, parten del supuesto de
que la iglesia será castigada para llegar a la conclusión de su renovación imprescindible y próxima.
Los hechos parecieron darle la razón en 1494, cuando se desplomo el gobierno de los Médicis ante el
ejército de Carlos VIII de Francia. Al despotismo de los Médicis opone Savonarola el reino de Cristo,
a las luchas de ciudadanos el amor al prójimo, al espíritu pagano renacentista, la fe inquebrantable en
los destinos de la cristiandad.
Con esta ideas convierte Florencia en un monasterio, en el que se suceden los actos religiosos con la
renuncia al antiguo estilo de vida. Alejando VI le llama al orden en 1495, apela al Concilio ecuménico
y es excomulgado en 1497. Muere en la hoguera el 23 de mayor de 1498.
Savonarola es un típico exponente del problema principal del catolicismo moderno y la lucha entre la
comunidad medieval y la individualidad renacentista.

7. ERASMO
Nació en Rotterdam en 1469, estudió en la escuela de Gouda donde se había creado un potente
foco humanista. En 1492 ingresó en los Agustinos, poco estuvo en el claustro, pues dos años
después actuaba de secretario del obispo de Cambrai. De aquí paso a París y luego a Oxford
donde intimó con los humanistas de esta Universidad: Moro y Collet. En 1500 en París publica
su primer gran éxito editorial: “Los Adagios”. En 1504 publica el “Enchiridiom” donde se resumen
los métodos de una teología nueva, fundada de modo exclusivo en el estudio de la Biblia, a la
luz de la investigación libre. En 1511 publica “El elogio de la locura”, crítica despiadada de las
condiciones pedagógicas y religiosas de la época, desde la superstición del bajo pueblo a la
desmoralización de algunas de las altas jerarquías eclesiásticas. En 1516 aparecía el “Nuevo
Testamento” en el que afirmaba su adscripción a la pura letra evangélica, mientras que rechaza-
ba en bloque la doctrina escolástica.
En este momento la fama de Erasmo llega a su apogeo y es nombrado consejero de Carlos V.
En 1521 cuando en Alemania empieza la convulsión luterana, se establece en Basilea donde
morirá 15 años después. Aunque combate a Lutero se niega a prestar al Papa la ayuda que éste
le pedía.

8. ALFONSO DE VALDÉS
Humanista español, seguramente estudió humanidades con Pedro Mártir de Anglería, en 1526
era ya secretario y latinista oficial de Carlos V. Toda su actividad personal y literaria se polariza
en dos grandes ideas: por la doctrina de Erasmo y por la política del Emperador; se le ha califi-
cado de más erasmista que Erasmo y de hecho fue su abogado en la oficina imperial. Por otro
lado, en la política de Carlos V veía la posibilidad de realización de la monarquía universal cris-
tiana. Fue comisionado para conferenciar con los protestantes asistiendo a las Dietas de Augs-
burgo y Ratisbona y sostuvo conversaciones con Melanchon. Es autor de “Las cosas ocurridas
en Roma” y “Diálogo de Mercurio y Caron”. Con toda dureza atacó las bulas, el poder temporal
de los papas, la falta de virtudes de los clérigos. Propuso una Iglesia más espiritual.

9. JUAN DE VALDÉS
Humanista español (1499 ?-1541) hermano de Alfonso de Valdés, estudió humanidades en Alca-
lá. En el palacio del duque de Escalona, a quien sirvió, estuvo en contacto con Pedro de Alcaraz
y con un ambiente de alumbrado, lo que contribuyó seguramente a despertar su inquietud reli-
giosa. Fue un entusiasta de la obra de Erasmo, aunque no tanto como su hermano. Su obra lite-
raria fue denunciada a la Inquisición, a pesar de haber sido informado favorablemente marchó a
Roma, donde fue gentilhombre del papa Clemente VII. Su obra influyó en el beato Juan de Ávila
y en fray Luis de Granada. Su principal obra fue “Diálogo de la lengua”. En su obras aconseja la
mortificación, la asistencia a misa, la práctica de los sacramentos, el examen de conciencia, la
oración y las lecturas piadosas. Algunos puntos de su doctrina rozan la justificación por la fe,
propia del luteranismo.

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TEMA 1: LA PENÍNSULA IBÉRICA

1. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS, ECONÓMICOS, SOCIALES Y POLÍTICOS (último ¼ siglo


XV)
Del reinado de los Reyes Católicos se han dados 2 versiones
* Hasta el siglo XIX: prototipo de una sabia política y punto de partida de la unidad española.
* Último ¼ de siglo: a esa visión triunfalista la sustituyó una visión más crítica, aunque sin negar la
grandeza e importancia de ese reinado.
Antonio Domínguez Ortiz opina que si tenemos en cuenta la magnitud de las transformaciones que
tuvieron lugar bajo su mandato, hay un antes y un después de los Reyes Católicos en la Historia de
España.
Los reinos que formaban España a comienzos del último ¼ del siglo XV eran:

1.1. CASTILLA
En apariencia todo era desorden y caos: Enrique XV de Trastamara juguete en manos de la
nobleza que se disputaba el poder e incluso su sucesión. Sin embargo, en su interior Castilla
rebosaba vitalidad y energía, teniendo 350 mil Km2 y 5 millones de habitantes.

1.2. CORONA DE ARAGÓN


Durante el reinado de Juan II se produce un bache profundo y el caos:
° Cataluña en plena guerra civil, social y dinástica.
° Mallorca que no superaba las discordias entre los habitantes de la ciudad (ciudadanos) y
los del campo (forenses).
° Valencia, aparente prosperidad pero también en balance negativo.
En total 105 mil Km2 y 1,2 millones de habitantes.

1.3. NAVARRA
Separada de los restantes reinos españoles desde el siglo XII, estaba bajo la órbita francesa.

2. ASPECTOS DEMOGRÁFICOS
Hasta el siglo XVIII cada uno de los reinos realizaban recuentos de población propios. No exis-
ten por tanto, para los siglos XVI y XVII censos únicos, ni siquiera simultáneos. Los recuentos de
población denominados “padrones” y “fogueraciones” se realizaban con finalidades fiscales. No
se contaban por tanto los habitantes sino los vecinos, entendiendo por tales las unidades fisca-
les contribuyentes. Existe por ello el problema del coeficiente a fin de conocer el número de habi-
tantes.
Durante el reinado de los Reyes Católicos el funcionario de Hacienda Alonso de Quintanilla
realizó un recuento de la población que la mayor parte de los historiadores rechazan por poco
fiable. Para esta época se realizaron en Cataluña 2 recuentos y uno en el reino de Aragón. Lade-
ro Quesada considera que en torno a 1490 la Península (incluyendo Portugal) debía contar con
unos 6 millones de habitantes, de los cuales el 63% debía corresponder a la corona de Castilla.
En general se considera que la Península participó del movimiento global de recuperación de-
mográfica y económica que vivía el occidente europeo en la 2ª ½ del siglo XVI.
2.1. ZONA MÁS VITAL DE LA MONARQUÍA
Ambas Castillas y Andalucía, al norte del Tajo: poblamiento disperso. En Andalucía con-
centrado en grandes núcleos urbanos: Sevilla y Granada.
2.2. ARAGÓN
Vacío demográfico. En Cataluña uno de los peores momentos demográficos. Barcelona
sólo contaba con 23 mil habitantes, sus gobernantes se quejaban del proceso de despo-
blación y emigración como consecuencia de la crisis económica.

9
2.3. REINO DE VALENCIA
Crecimiento de la población en la capital, obtenido gracias a una fuerte inmigración (ara-
gonesa). Posiblemente Valencia era la 1ª ciudad de la Península, superando por número
de habitantes a la musulmana Granada.
El crecimiento demográfico estuvo alterado por 2 tipos de factores, comunes a toda la Europa
occidental:
2.4. PESTE Y HAMBRE
Más otro específico a la nueva monarquía: expulsión de los disidentes religiosos. En 1480
se implantó el Sto. Oficio, huida de parte importante de la población urbana, sobre todo
clases medias.

3. ASPECTOS ECONÓMICOS
3.1. AGRICULTURA
España era un país agrario, el 80% de la población estaba empleada en la agricultura.
Parte de la producción agrícola se destinaba a la comercialización, pero predominaba el
cultivo de subsistencia, se trataba de productos básicos de alimentación, es decir, cerea-
les.
El sistema de cultivo era el de barbecho, es decir, dejar sin cultivar un porción de tierra
durante cierto tiempo para que la tierra recuperara su fertilidad. La roturación de nuevas
tierras se hacía a expensas del bosque, de manera que a principios del siglo XVI se produ-
jo una rápida deforestación en Castilla la Vieja.
° Cereales: durante el siglo XVI aumenta la superficie dedicada a ellos y su producción.
° Viña: también vivió expansión, cultivo orientado sobre todo al consumo urbano, viñas en
torno a las ciudades.
° Olivo: 3er gran cultivo mediterráneo, en torno a Sevilla y también el algunas comarcas de
Aragón.

3.2. GANADERÍA
Era un complemento a la agricultura. Ganadería ovina por la lana, consumo de carne. La
porcina elemento importante de la dieta campesina.
Tiene gran importancia el ganado trashumante en la España árida.

3.2.1. La Mesta
Ejemplo del predominio económico de la ganadería trashumante. Se dividía en
cuadrillas: León, Soria, Segovia y Cuenca. Durante el reinado de los Reyes Católi-
cos la legislación le fue extremadamente favorable, permitiendo ampliar cañadas,
el arriendo de pastos a precios bajos y se prohibió a los campesinos el cercado de
campos. Momento culminante de la Mesta el 1er tercio del siglo XVI (sus orígenes
están en el siglo XIII y mantuvo su estructura hasta 1836). Era la organización de
los principales propietarios de rebaños trashumantes.
3.3. EL ARTESANADO
Se exportaban materias primas y se importaban productos manufacturados. Reinaba la
pequeña empresa familiar. La industria más importante era la pañera, fabricación de teji-
dos de lana. Barcelona había tenido una producción importante, pero a finales del siglo XV
se hallaba en situación de decadencia. La política de recuperación de la producción textil
catalana propuesta por Fernando el Católico tuvo resultados poco brillantes.
En Castilla destacan Segovia (peor calidad), Cuenca y Córdoba (mejor calidad) como los
principales centros pañeros.
La industria de la seda estaba concentra en ciudades populosas de tradición islámica:
Granada (se organizaron en gremios del Arte Mayor), Málaga, Córdoba. En Castilla Toledo
era el principal centro sedero.
3.4. INTERCAMBIOS MERCANTILES
La Península ibérica con litoral al Mediterráneo y al Atlántico era un importante nudo de las
rutas mercantiles europeas, máxime en el momento de su proyección americana.
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3.4.1. Corona de Aragón
Situación difícil a fines del siglo XV, comercio debilitado por la guerra del principa-
do contra Juan II, la recuperación fue lenta a pesar de la política de protección de
Fernando el Católico. En cuanto a Sicilia “granero de Europa” era además necesa-
ria para compensar el déficit triguero de las grandes capitales del litoral Mediterrá-
neo: Barcelona y Valencia fundamentalmente.
3.4.2. Corona de Castilla
Intentos de favorecer el comercio interior. En 1497 los Reyes Católicos crearon “la
cabaña real de carreteras” pero esta institución no era suficiente para vencer los
obstáculos naturales ni la atonía y fragmentación del mercado.
El principal mercado exterior de la corona de Castilla: los Países Bajos, comercio
desarrollado en el siglo XVIII y basado en la exportación de productos naturales
fundamentalmente la lana, pero también el vino y hierro vasco.
3.4.3. Ruta del Cantábrico
Una de las más importantes de Europa, desde Burgos, centro director del comer-
cio lanero interior hacia la costa, siendo la ruta más corta que la de Vizcaya. Por
esta razón burgaleses o castellanos y “vizcaínos” dominaron cada uno desde su
punto de fuerza el tráfico (Bilbao dominaba la navegación y la construcción naval).
3.4.4. Baja Andalucía
Importante despliegue mercantil debido a su posición intermedia en la ruta maríti-
ma entre Italia y Flandes. Sevilla no sólo significaba el comercio con la Europa
más desarrollada, era también la plataforma para el comercio con África y las Islas
del Atlántico. La expansión en el Atlántico condujo a la conquista de las Islas Ca-
narias.
3.5. CRÉDITO Y BANCA
Todo el sistema económico se fundamentaba en el crédito. El crédito a interés estaba
prohibido por la legislación canónica y civil pero esta prohibición se había solucionado gra-
cias a diversos instrumentos: el más conocido y completo era el censo.
3.5.1. El censo
En teoría se trataba de un contrato de compraventa asegurado, con la garantía de
una tierra o de un inmueble, pues lo que se vendía era el capital.
En la corona de Aragón eran conocidos con el nombre de censales y en muchas
ocasiones estos préstamos no se hacían a particulares, para financiar la produc-
ción sino a instituciones y con fines claramente rentistas.
3.5.2. Los juros
Eran títulos que autorizaban a sus poseedores a cobrar las rentas de algún im-
puesto. En 1480, las Cortes lograron una reducción de juros, con una rebaja de su
tipo de interés.

3.5.3. La alcabala
Se trataba en teoría de un impuesto del 10% sobre las compraventas, pagadero
por personas de todos los grupos sociales, aunque hubo excepciones.

4. CLASES SOCIALES. ESTAMENTOS PRIVILEGIADOS


4.1. NOBLEZA
Grupo predominante. Era un grupo terrateniente, hereditario y privilegiado, de origen mili-
tar. Su riqueza era básicamente agraria y se ejercía por medio del régimen señorial. Este
no se limitaba a la propiedad de la tierra sino que incluía también la autoridad pública de
sus dominios: el control de los municipios, la administración de justicia y una serie de mo-
nopolios económicos: horno, molino, peaje, portazgo, etc. Incluso en Castilla muchos
nobles usurparon el cobro de rentas reales, como las alcabalas. El régimen de las alcaba-
las no hizo más que fortificar su poder.

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Potencia económica que dio lugar a alzamientos campesinos contra ella (antes de los Re-
yes Católicos esperaron durante su reinado la mítica ayuda de los monarcas). Las relacio-
nes de la nobleza con la monarquía han sido objeto de debate.
Existía una baja nobleza formada por aquellos miembros del estamento que no ostentaban
un título o no poseían un señorío. En Castilla recibían la denominación de caballeros e
hidalgos. La condición de hidalgo, libre de impuestos, se contraponía a la de pechero,
sometido al pago de pechos o imposiciones. Los Reyes Católicos crearon un cierto núme-
ro de caballeros e hidalgos como recompensa a servicios militares.
En la corona de Aragón la pequeña nobleza ofrecía una gran diversidad. Los hijosdalgo o
pequeña nobleza, formaba en las Cortes un estamento distinto al de la alta nobleza de los
ricoshombres.

4.2. ECLESIÁSTICOS
En teoría, era el 1º de la sociedad. Al igual que la nobleza era privilegiado y en buena par-
te terrateniente, pero no era hereditario y sus funciones eran religiosas. El clero se nutría
de individuos procedentes de la nobleza y los plebeyos, con tendencia a que los primeros
copasen dignidades y jerarquías. También debe tenerse en cuenta la diferencia entre un
clero secular, simples sacerdotes, y regular, monjes y frailes que vivían siguiendo la re-
gla de sus respectivas órdenes.
4.2.1. Alto clero
Prelados, arzobispos, obispos y también abades de los monasterios. Los Reyes
Católicos utilizaron el derecho de presentación para selección al cuerpo episcopal.
Tuvieron en cuenta los estudios universitarios en derecho canónico y civil, aún así
una gran parte procedía de familias de alta nobleza (segundones o hijos natura-
les). Se prefirió a los naturales de Castilla para ocupar sedes de otros reinos y co-
ronas.
Los eclesiásticos percibían un “beneficio”, es decir, unas rentas que le permitían
una vida digna. Pero a veces un mismo eclesiástico acumulaba diversos benefi-
cios, bien por codicia, bien porque sus rentas eran insuficientes. A la cabeza de
los beneficiados se encontraban las dignidades y los canónigos de las catedrales y
las colegiatas.
4.2.2. Prelados
Dignidades y sobre todo en monasterios (abadengo) eran con frecuencia señores
jurisdiccionales, con los mismos derechos que los aristócratas. El arzobispo de
Tarragona era por ejemplo señor de 40 pueblos de su entorno.
El gran ingreso eclesiástico, considerado de derecho divino era el diezmo: la dé-
cima parte de la cosecha que todo cultivador directo debía entregar con una triple
finalidad:
– Mantenimiento del clero.
– Edificios de culto.
– Ayuda a los pobres.

5. CIUDADES
En Aragón eran con el régimen de regiduría. Consejos de grandes ciudades eran renovables ca-
da año y con participación del artesanado. Dirigían la actividad mercantil pero también podían
ser nuevos centros administrativos o episcopales para recoger las rentas del campo, como su-
cedía en bastantes ciudades hispánicas. Las ciudades estaban gobernadas fundamentalmente
por oligarquías de rentistas, ennoblecidas o no.
Durante el reinado de los Reyes Católicos el sistema municipal castellano se introdujo en las
ciudades del reino de Granada. En los municipios castellanos y especialmente en los andaluces
se tendió a compensar el peso de la oligarquía de los regidores con la existencia de cargos de
representación popular: jurados y procuradores.
En las ciudades había una burguesía representada por los comerciantes. En Barcelona merca-
deres, en Valencia colonia de comerciantes italianos. En Burgos el comercio de la lana había
dado lugar a la formación de un nutrido grupo de comerciantes, muchos de ellos conversos, lo
que no les impidió llegar al consejo de la ciudad. En Sevilla comerciantes vinculados al comercio
americano.
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Otra variante de la burguesía, era la constituida por profesionales liberales de origen universita-
rio, juristas y médicos.
Otro grupo importante era el formado por los artesanos que se agrupaban en gremios. Una ciu-
dad como Barcelona podía tener hasta un centenar de gremios.
De todas maneras, muchas pequeñas ciudades estaban constituidas por trabajadores del campo
o por pastores. En cambio, en Córdoba el artesanado representaba el 68% de la población.

6. CAMPESINADO
En toda Europa occidental, el cultivador de la tierra se hallaba sometido durante la Edad Moder-
na al pago de una serie de rentas. Todos ellos debían a la Iglesia el diezmo y el impuesto a las
autoridades reales o municipales. Además podían estar sometidos a los derechos señoriales. Y
aunque no vivieran en tierras de señorío o de realengo, es decir, que no tuvieran más superior
que al monarca, podían no ser propietarios de la tierra que cultivaban y tener que pagar alguna
cantidad en concepto de arrendamiento. En muchos casos además estaban sometidos a una
renta usuaria, como consecuencia de préstamos concedidos en condiciones desventajosas. En
cambio hacia 1500 habían desaparecido en Europa occidental dos elementos que configuraban
el mundo rural medieval: el campesino adscrito a la tierra y el trabajo obligatorio en los dominios
del señor.
En todas las sociedades campesinas era importante la existencia de tierras comunitarias, siendo
el sistema comunitario muy extendido en el antiguo régimen agrario.

7. MINORÍAS SOCIO-RELIGIOSAS
7.1. JUDÍOS Y CONVERSOS
Durante el reinado de los Reyes Católicos se dirimió un conflicto social que se arrastraba
desde hacía un siglo: en 1391 habían tenido lugar las grandes matanzas de judíos, poten-
ciadas por la grave crisis económica del siglo XIV. Como consecuencia de ello muchos ju-
díos aceptaron el cristianismo y fueron bautizados, son los llamados conversos. Pero la
hostilidad contra los judíos tenía bases económicas y sociales y los judíos seguían siendo
tan ricos como antes, solo que ahora además el bautismo les abría nuevas posibilidades
de ascensión social. Aunque entre los judíos y conversos había algunos campesinos, se
trataba fundamentalmente de población urbana: artesanos y burgueses, también desta-
caron en la cultura y como médicos. En los consejos municipales fueron importantes así
como en las secretarías de los reyes. Todo ello despertaba la hostilidad de los cristianos
viejos que acusaban a los conversos de ser en realidad judíos secretos o marranos.
La Inquisición representa la culminación de la hostilidad existente. Comenzó en Sevilla. La
fuerza de los conversos quedó de manifiesto en la resistencia de todo tipo que hicieron a
la implantación del Santo Oficio en esta capital y en las ciudades de Castilla la Nueva y en
la corona de Aragón.
En 1492 se ordenó la expulsión de los judíos que no se convirtieran al cristianismo, tenían
de plazo 4 meses. La mayoría permaneció fiel pero tuvo que emigrar en condicionas pe-
nosas a Marruecos, Portugal, Italia o los dominios turcos (allí se les conoció como sefardi-
tas), hubo conversiones de última hora entre las clases acomodadas. Asimismo muchas
instituciones prohibían el ingreso a los descendientes de judíos mediante la adopción de
estatutos de limpieza de sangre o linaje. Lo hicieron ciudades como Toledo, órdenes reli-
giosas como los jerónimos, colegios mayores como el de Santa Cruz de Valladolid.

8. LOS REINOS HISPÁNICOS EN EL CONTEXTO INTERNACIONAL


Juan II de Aragón era consciente de su inferioridad:
* Luis XI de Francia había ocupado los condados catalanes de Rosellón y Cerdaña. Superada la
Guerra de los 100 años, Francia se perfilaba como la gran potencia europea del futuro, dispuesta
a disputarle a los reyes aragoneses la posesión del sur de Italia.
* Juan II sabía que si tenía el apoyo de Castilla podría equilibrar las fuerzas. Pero Enrique IV de
Castilla le era hostil y partidario de una alianza con Portugal o Francia.

9. LA UNIÓN DE LAS CORONAS DE CASTILLA Y ARAGÓN


* Isabel de Castilla y Fernando de Aragón contrajeron matrimonio en 1469, con disgusto de Enrique
IV y llevando una vida retirada de la Corte.
* No se trató de un acuerdo dinástico impuesto desde arriba.

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* En 1474 Isabel hereda el trono de Castilla (a la muerte de Enrique IV) y en 1475 se produce el
Acuerdo de Segovia.
Por este acuerdo, Isabel se hacía cargo del gobierno interno de Castilla, mientras que Fernando
se especializaba en la política exterior y ambos participaban en la administración de Justicia
(Fernando verdadero soberano y no sólo como rey consorte).
Pero al margen de este acuerdo, en entendimiento personal fue lo que presidió sus relaciones.
* En 1479 la unión de las 2 coronas se produce al suceder Fernando a su padre y reinando conjun-
tamente hasta 1504.
* Sólo Granada y Navarra quedaron fuera de la unión. El 2º como único reino satélite de Francia y el
1º como reino moro independiente.
* La unión de las 2 coronas era personal, no institucional y cada reino conservó su identidad y sus
leyes. Más que monarcas de España, Fernando e Isabel eran monarcas de sus propios reinos (lo
cual quedó perfectamente patente a la muerte de Isabel).
* Así pues la unión de las 2 coronas fue el comienzo de la unificación de España, de momento era
una alianza dinámica temporal, la unidad permanente residió en la constancia de los reyes por
conseguirla. La unidad no era una condición natural en los habitantes de España:
Castilla era el socio dominante por su posición central, extensión de su territorio y superioridad en
población.
Su lema “tanto monta ..” no se refiere a la igualdad de poder pero sí a la igualdad entre ambos
esposos aunque con ciertas matizaciones.

10. LOS MONARCAS FERNANDO E ISABEL


10.1. FERNANDO
Creció envuelto en las turbulencia de la guerra civil catalana, aprendiendo el arte militar,
de la intriga y de la simulación. Con vistas al matrimonio con Isabel de Castilla su padre le
confirió el título de rey de Sicilia para realzar su rango.
10.2. ISABEL
Hermanastra de Enrique IV, combinaba en su personalidad las dosis exactas de ambición
y prudencia. Por el Tratado de Guisando de 1468, el acusado Enrique admitía la bastardía
de su hija Juana (aunque no estaba probada) y reconocía como heredera de Castilla a
Isabel.
A la muerte de Enrique surgen 2 bandos:
° Isabel con Fernando y la corona de Aragón.
° Juana con Alfonso de Portugal, su esposo.
En un 2º plano estaba la Francia de Luis XI, a quien alarmaba la formación de una liga
castellano aragonesa.
Superando las querellas feudales, en realidad se ventilaban dos cuestiones:
° La hegemonía peninsular.
° La hegemonía en toda Europa.
El avance portugués en Castilla se frenó con la victoria en Toro por Castilla. Pero el en-
frentamiento se zanjó con un acuerdo transaccional sobre el espacio atlántico:
Las islas Canarias quedarían unidas a Castilla pero los territorios situados al sur de ellas
sería propios de Portugal (1479). La guerra terminaba así sin vencedores ni vencidos. El
año anterior también se firmó la paz con Francia. En el intermedio había muerto Juan II y
la herencia recaía en su hijo Fernando. Se cerraba así una época.

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TEMA 2: LA OBRA INTERIOR DE LOS REYES CATÓLICOS

1. LA AFIRMACIÓN DE LA MONARQUÍA. DIRECTRICES BÁSICAS


Las postrimerías del siglo XV e inicios del XVI son descritos como la época de las “nuevas mo-
narquías”, con soberanos como Enrique VII de Inglaterra o Luis XI de Francia que consagraron
sus esfuerzos en crear un Estado unificado y centralizado bajo su poder.
Los Reyes Católicos no son ajenos a esta realidad: la unidad y centralización serán su gran ta-
rea, si bien la España creada por Isabel y Fernando no se ajustaba al modelo teórico europeo
(Isabel era “la propietaria” de Castilla, lo que se comprobó a su muerte).
Una vez conseguida la unidad, se abocaron a organizar los medios y encaminar a sus súbditos
para imponer su autoridad en Castilla. Gobernaron como si su autoridad fuese absoluta y sus
súbditos estuvieran dispuestos a obedecer, pero la realidad fue diferente, ya que cuentan con los
siguientes núcleos de poder hostiles:
* Aristocracia castellana (dominaba tierras y cargos públicos), con poder suficiente como para
convertirse en una autoridad independiente que desafiaba a los reyes.
Los monarcas intentaron poner fin a esta situación pero no era fácil. Para limitar el poder de la
aristocracia castellana se valieron de los organismos existentes. Uno de ellos las hermandades
(fuerzas de policía organizadas por varias ciudades) fueron reorganizados creando la Santa
Hermandad que desempeñó un papel fundamental en la reducción del poder de la nobleza, so-
bre todo partidarios de Juana la Beltraneja.
Se destruyeron castillos feudales, se declararon ilegales las guerras privadas, se suprimió el título
de adelantado y lo que es más importante, se modificó la administración de justicia pasando a
ser la Audiencia el órgano supremo que frecuentemente era presidida por los propios mo-
narcas. Se establecieron audiencias en distintos lugares limitando el derecho privado y castigan-
do la corrupción.
* Alto clero apenas se diferenciaba de la aristocracia de cuyas filas procedía (figura del obispo gue-
rrero).
La iglesia había perdido prestigio y propiedades en las guerras civiles del siglo XV. Los monaste-
rios eran lugares de entretenimiento. El clero secular (simples sacerdotes) carecía en la mayoría
de los casos de formación. Los reyes contaron con la colaboración del Cardenal Cisneros.
Rasgo fundamental: cuidadosa selección de los que ocuparían los beneficios eclesiásticos. Otra
medida para apuntalar su soberanía era limitar la jurisdicción de Roma (antecedente del patrona-
to regio). Tras enfrentarse con Sixto IV obtuvieron del papa el derecho de presentación de sus
candidatos para los principales beneficios eclesiásticos, los cuales serían aceptados y nombra-
dos por Roma.
* Las ciudades muchas de ellas eran partidarias de la nobleza o estaban subordinadas a ellas.
Otras conservaban todavía los privilegios que había obtenido cuando eran puestos fronterizos en
la guerra contra los moros.
En 1480 se enviaron a todas las ciudades castellanas a los corregidores (oficiales reales) que,
poco a poco se convirtieron en una institución permanente supervisando a los Concejos Munici-
pales pero que rara vez desafiaron el poder de la nobleza, cuya jurisdicción señorial quedaba al
margen de su labor de inspección.
Consecuencia de todo lo anterior fue la reducción del poder de los tres estamentos: nobleza, cle-
ro y las ciudades, que tuvo repercusiones en la institución que tradicionalmente los representa-
ba: las Cortes.
* Aunque no en Castilla porque era un órgano consultivo, tenían derecho a presentar peticiones pe-
ro no poder legislativo que descansaba exclusivamente en la corona.
* En Aragón las cortes estaban formadas por 4 estamentos: alta nobleza, baja nobleza, clero y ciu-
dades. A diferencia de Castilla, el monarca aragonés no podía legislar sin las Cortes ni imponer
impuesto alguno sin su consentimiento. En esencia las Cortes de Cataluña y Valencia eran simila-
res a las de Aragón. De manera que todas las Cortes de los reinos orientales eran instrumentos
potenciales de oposición a la corona.
Fernando no les desafió, envió listas oficiales de los que tenían que ser elegidos los represen-
tantes de las ciudades.

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Hubo mejor supervivencia de las instituciones de Aragón que las de Castilla. Ello obedece a
cuestiones económicas (Aragón más pobre) y sociales (menos población).
1.1. CONSEJO DE CASTILLA
Reorganizado por los Reyes Católicos, organismo regular, con creciente importancia tanto
en el plano legislativo como judicial y consultivo.
Para imponer la autoridad del Estado y llevar a cabo la reorganización emprendida hacía
falta dinero. Recuperación de los territorios de realengo (no era suficiente). Era urgente
reorganizar los impuestos, mejorar su recaudación y ocuparse de la administración. Para
ello se creó en el seno del Consejo de Castilla un departamento de finanzas y envío de re-
caudadores a todas partes, consiguiéndose un aumento de forma espectacular de los in-
gresos.

2. POBLACIÓN, CLASES SOCIALES


El 95% de la población vivía en el campo y eran campesinos. Pocos de ellos eran propietarios:
aristocracia y la iglesia eran dueños de la tierra. La clase media incipiente (4%), formada por
comerciantes, profesionales, pequeños propietarios rurales y miembros del consejo.
La aristocracia había aumentado su riqueza durante la Baja Edad Media con tierras arrebatadas
a los moros, depredaciones a la nobleza, protegiéndolas mediante el mayorazgo, convirtiéndolas
en tierras de pasto para el provechoso comercio de la lana.
Isabel y Fernando les arrebataron el poder político pero para ello tuvieron que reconocer la in-
munidad de la nobleza frente a distintos tipos de impuestos y su jurisdicción señorial. De manera
que conservaron un extraordinario poder material basado en sus posesiones de tierras.
El sistema impositivo continuó con su estructura tradicional. Los ingresos extraordinarios alcaba-
la, derecho de aduana e impuestos sobre el consumo.

3. LOGROS DE LOS REYES CATÓLICOS


Un gobierno centralizado y reformado y cada vez más respetado. En cuento a los aspectos ne-
gativos, conviene resaltar:
* La presión fiscal repercutió negativamente en la economía castellana.
* La intervención del gobierno originó un incremento de la burocracia.
* El predominio de Castilla supuso un descuido parcial de los reinos del este peninsular.
* El mayor defecto: actitud de complacencia con respecto a las condiciones sociales y económicas
de España. Tras la fachada de la autoridad real, la alta nobleza continuó gozando de su preemi-
nencia económica que la convertía en el sector más poderoso de la sociedad castellana.

4. POLÍTICA SOCIAL Y ECONÓMICA


4.1. CAMPESINOS
Su situación queda patente en las remensas de Cataluña: campesinos o payeses acepta-
ron la sentencia arbitral de Guadalupe de 1486:
° Abolición de la condición servir y los 7 malos usos
° Conservación de elementos básicos del régimen señorial.
En la zona cantábrica: contratos de larga duración como los foros de Galicia. En torno
al año 1500 tenían una duración equivalente a 3 generaciones. En Castilla y Andalucía se
usaba desde la Edad Media el contrato de arrendamiento.
En Andalucía ya estaba el problema de los jornaleros. El crecimiento demográfico aumen-
tó la presión sobre las tierra en parte satisfecha con nuevas tierras en cultivo en la antigua
frontera con Granada.

5. GRUPOS MARGINADOS
5.1. JUDÍOS Y CONVERSOS
Ricos, se dedicaban al comercio y a las finanzas, eran hombres de cultura y médicos. Pa-
ra los cristianos viejos eran arrogantes. La intención de los reyes era conseguir la unidad
religiosa para ello se usó a la Inquisición, en Sevilla en 1481 primeros autos de fe. Por el

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decreto de 31 de marzo de 1492 se expulsa a los judíos. No se sabe con exactitud cuan-
tas personas fueron expulsadas, pero la pérdida fue más cualitativa que cuantitativa.

5.2. MUSULMANES
A las poblaciones islámicas bajo dominio cristiano se les conoce con el nombre de mudé-
jares.
En la corona de Castilla su número era bajo, menos de 20 mil personas a fines del siglo
XV. En la corona de Aragón (Aragón y Valencia) zonas de regadío a lo largo del Ebro y
sus afluentes. Vivían en barrios separados o morerías.
A la conquista de Granada, queda bajo la soberanía de los Reyes Católicos, toda la socie-
dad musulmana estructurada, se permitió su continuidad. En 1499 se produce la ruptura:
rebelión musulmana y derrota, con lo que se produce un endurecimiento y el bautismo for-
zoso. En 1501 son quemados libros musulmanes y prohibición de sacrificios según el ritual
musulmán.

6. INQUISICIÓN
Su objetivo era combatir la herejía y castigar a los bautizados que incurrían en delitos de fe. Sur-
gió en la Edad Media para combatir a los albigenses. Mediante la bula de Sixto XI en 1478 se
autorizó en España el establecimiento de la Inquisición y el rey de España proponía al papa al
Inquisidor General.
* Primeros tiempos de rigor extremo.
* Confiscaciones de bienes considerables:
° Para Hume: la corona pretendía lucrarse con dinero de las confiscaciones
° Para Henry Kamen: motivos religiosos más alianza de las clases feudales con el pueblo pa-
ra expulsar a los judíos de los poderes municipales.
° Merma en la economía estatal por la emigración de gran parte de la burguesía. Taula: ban-
co municipal.

7. REFORMA DE LAS ÓRDENES RELIGIOSAS


No sólo es impulsada por la corona, también desde el interior había sectores que la deseaban
por la relajación de las costumbres. Fue difícil por el carácter internacional y por que no se con-
taba con la autoridad de los obispos. Más difícil en los monasterios de órdenes monacales (be-
nedictinos, cistercienses) que en órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos) de origen mu-
cho más reciente. Destaca el franciscano Cardenal Cisneros.

8. ÓRDENES MILITARES
La Castilla medieval disponía de tres órdenes militares: Santiago, Calatrava y Alcántara. Conta-
ban con vastos dominios, cuantiosos ingresos y jurisdicción sobre un millón de vasallos. Fernan-
do consiguió ser elegido maestre de las 3 órdenes para el control de las rentas. La bula pontificia
de 1523 concedió definitivamente las 3 órdenes a la corona.

9. NUEVA ESTRUCTURA DEL ESTADO Y DE LA HACIENDA


El saneamiento de la Hacienda era el objetivo necesario para crear un verdadero Estado. En
1476 las Cortes aprobaron la reorganización de las contadurías mayores como eje de la ad-
ministración de Hacienda. Su base eran:
* Alcabala: impuesto indirecto que gravaba las rentas (5% - 10%) de casi todos los productos me-
nos el grano. (Con Carlos I se convirtió en un impuesto directo).
* Tercias: pagado por la Iglesia al Estado, 2/9 de los diezmos.
* Almojarifazgos: derechos de aduana.
La debilidad de la monarquía permitió la usurpación por la nobleza. Era necesario rescatar esos
impuestos e incluso buscar nuevos, de manera que en las Cortes de 1480 esa tarea fue enco-
mendada a Fray Hernando de Talavera, el resultado fue la obtención de 30 millones de mara-
vedíes con lo que la situación mejoró pero no fue suficiente.
También crecieron los impuestos extraordinarios siendo frecuentes los subsidios. Todo era poco
por lo que hubo que emitir deuda publica en forma de juros e incluso vender o pignorar alhajas
reales.
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La incorporación de los maestrazgos de las Órdenes no solo robusteció políticamente a la co-
rona sino también económicamente fue muy importante. Los apuros económicos se acentuaron
al final del reinado de Fernando, que tenía reputación de tacaño, ello explica que para él las
nuevas tierras descubiertas fueran una nueva fuente de ingresos.
Sobre la Inquisición se aplica idéntico criterio, aparecen las “habitaciones”, tarifas que combi-
nan la gravedad del delito con las posibilidades monetarias del acusado.
En el terreno haciendístico lo mismo que en otros aspectos situación envidiable si se compara
con la de los reinados posteriores.

10. EL ESTADO DURANTE LA GUERRA


Los reyes intentaron contrarrestar el poder de la nobleza mediante la convocatoria de las ciuda-
des en Cortes. Asimismo rentabilizaron la Hermandad, procedente de las antiguas hermanda-
des formadas en varias ciudades a falta de poder real para defenderse de los abusos de los no-
bles, con funciones políticas y militares siendo sus milicias utilizadas en la guerra. Al finalizar la
guerra las ciudades solicitaron su disolución pero los reyes se negaron ya que el sistema les
aseguraba fuerzas armadas permanentes y unos subsidios regulares.
Después de la guerra se celebraron nuevas Cortes en Toledo en 1480, dictándose nuevas ór-
denes:
* Derogación de las concesiones hechas por Enrique IV a la nobleza, aunque se mantienen los pri-
vilegios anteriores a 1466.
* Reorganización de la administración superior: así el antiguo Consejo Real se transformó en el
Consejo de Castilla, pieza central de su gobierno tanto en el aspecto judicial como en el adminis-
trativo y como órgano supremo de Gobierno.
El Consejo estaba formado por funcionarios al servicio del rey en los que el rey depositaba su
confianza. Mayoritariamente eran letrados y no magistrados como en el antiguo consejo real.
* Al margen del Consejo de Castilla se fueron creando nuevas áreas de poder: el Consejo de ór-
denes militares, el Consejo de Aragón, de Indias y de la Inquisición.
* Por orden jerárquico tras el Consejo de Castilla estaba la Chancillería que administraba justicia
(pero de rango inferior al Consejo Real). Alto Tribunal de Justicia, primero en Valladolid y des-
pués se creó una 2ª Chancillería en Granada en 1504 para los territorios situados al sur del río
Tajo.

11. EL MUNICIPIO
El objetivo de los Reyes Católicos era la estrecha vigilancia de los municipios para consolidar su
poder. La mayoría tenía sus propios fueros otorgados por reyes durante la Reconquista. Debido
a sus fueros tenían derecho a formar una asamblea general o concejo (de vecinos) que ele-
gía anualmente a sus funcionarios municipales: alcalde, regidores (administradores), alguacil,
escribanos y funcionarios menores. El gran poder de la oligarquía municipal debilitaba el poder
de los reyes.
Con las Cortes de Toledo de 1480 se decidieron las siguientes medidas:
* Necesario construir un ayuntamiento en menos de 2 años.
* Conservar los registros escritos de todas las leyes y privilegios.
* Los cargos hereditarios fueron revocados.
* Lo más importante: nombramiento de corregidores para las principales ciudades de Castilla. Lo
más efectivo para extender su poder real: funcionario real, no era vecino de la ciudad, con fun-
ciones judiciales y administrativas. Las villas de señorío, ciudades y pueblos bajo la jurisdicción
eclesiástica o de nobleza quedaron fuera de este sistema. A finales del siglo XVI su poder se ex-
tendía por toda Castilla.

12. FINAL DE LA RECONQUISTA


Factores de éxito:
* Idea de cruzada.
* Desunión de la familia real Nazarí.
* Deslealtades de Boabdil.

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La evolución desde Fernando III Andalucía occidental en poder de los cristianos y la oriental
(Granada, Málaga y Almería) en poder musulmán.
La inferioridad musulmana era patente por:
* Economía pobre por ser zona fronteriza sin cultivos.
* El comercio exterior dirigido por los genoveses.
* Discrepancias entre la familia real: Boabdil contra Zagal.
* Pagaban “parias” a Castilla.
* Malas comunicaciones con África por la pérdida del Estrecho.
Los Reyes Católicos tras la victoria sobre Juana reanudaron la guerra abandonada por Enrique
IV. Las características son las siguientes:
* Guerra religiosa, medieval por las fuerzas empleadas: Milicias señoriales, concejiles, órdenes mili-
tares y milicianos. Se usó la artillería y se coordinaron masas entrenadas.
* En general fueron escaramuzas, pocas batallas campales.
* El peso de la guerra recayó sobre Castilla.
* Las Capitulaciones ofrecidas a los granadinos fueron muy generosas: libertad religiosa, personal y
conservaron las propiedades.
* Pronto de recortaron las disposiciones y hubo emigración.
* Las autoridades castellanas querían que emigraran los notables pero no el pueblo.
Problema morisco:
* Intento de coexistencia pacífica entre cristianos y moros (con el precedente de Valencia y Ara-
gón, aunque diferente ya que aquellos estaban sometidos al poder de la nobleza).
* Reparto de la tierra como en la época medieval y pronto hubo escasez de tierra, más diferencias
religiosas: actitud agresiva hacia los vencidos, fracasando la convivencia.
* En Granada el intento del obispo de Talavera fray Hernado fue un proceso lento.
* En 1499 el Arzobispo de Toledo Cisneros cuenta con mayores poderes ordenó la quema de Cora-
nes e introdujo la Inquisición. Respuesta a ello las revueltas en el Albaicín que se extendió por Las
Alpujarras. Pronto se sofocó y fue el pretexto para que los reyes cambiasen las Capitulaciones,
exigiendo el bautismo y conversión o emigración. Con ello se consiguió una segunda emigración.

19
TEMA 3: POLÍTICA INTERIOR DE LOS REYES CATÓLICOS

1. INTRODUCCIÓN
Fue dirigida fundamentalmente por Fernando que potenció el sistema italiano de embajadores
permanentes. Los Reyes Católicos antes de concluir la Reconquista tenían deseos de expansio-
narse más allá del Estrecho.
Solucionado el problema dinástico con Portugal, se procedió a la delimitación del ámbito atlán-
tico pero las Islas y de la costa africana motivó fricciones y largas negociaciones. El Tratado con
Portugal limitaba la expansión Castellana hasta las Islas Canarias, que llegó a ser etapa obliga-
da en los viajes de Colón.
1.1. ISLAS CANARIAS
Las poblaciones son de diversas razas muy primitivas, apenas superando el neolítico. Las
deficiencias de los isleños en el arte de navegar explican el aislamiento incluso entre las
diversas islas. Los grupos más numerosos son de guanches en Tenerife.
La política real sobre las islas ya conquistadas es la reivindicación de su soberanía, dejan-
do a dueños el derecho de señorío. Sobre las no conquistadas, Gran Canaria y Tenerife
tomadas como de realengo, como en América tropas y fondos aportados por particulares
pero actuando en nombre del rey mediante contrato previo. Se produjo gran violencia du-
rante los años de conquista, con muchos canarios vendidos como esclavos a pesar de las
prohibiciones de la corona.
Los repobladores fueron de diversa procedencia tanto por extracción social como por ori-
gen geográfico, predominando los del sur de España, portugueses y genoveses, especiali-
zados en tareas mercantiles.
La actividad principal fue la caña de azúcar. A mediados del siglo XVI las islas estaban
plenamente asimiladas a España.

2. ESPAÑA DENTRO DEL TABLERO EUROPEO


Con la unión de las 2 coronas y la expresión Rex hispanorum, corriente en Europa: desde fuera
de España: unidad sin embargo, se falsean los hechos pues era una unión personal sin carácter
permanente.
Tampoco sería exacto decir que los Reyes Católicos se limitaron a yuxtaponer 2 entidades: ya
que la política económica o bien la reforma monetaria con ejemplo de ello.

2.1. ANTECEDENTES
Castilla y Aragón con políticas divergentes durante la Edad Media. Castilla absorta en
cuestiones internas, Aragón, mejor dicho Cataluña política comercial y expansionismo polí-
tico hacia el Mediterráneo. Con los siguientes puntos de fricción con Francia:
° Italia
° Navarra, el Rosellón y Cerdaña en zona pirenaica.
Fernando inducirá a Isabel a romper la alianza entre Castilla y Francia, con el objetivo de
intentar aislarla. Para ello en 1475 envía embajadores a Alemania, Italia, Inglaterra y Paí-
ses Bajos para conseguir alianzas con España.
De esta manera, se dan los primeros pasos para la integración de Castilla a la política re-
forzado por una serie de matrimonios dinásticos.

3. MATRIMONIOS Y ALIANZAS
Obedecieron a las líneas maestras diseñadas por Juan II.
3.1. CON PORTUGAL
2 hijas de los Reyes Católicos casaron con príncipes portugueses. Isabel con el príncipe
Alfonso que murió antes de llegar a reinar y luego con don Manuel el Afortunado, éste al
quedar viudo casó con la hermana de la anterior, doña María.
Esta política no se pudo aplicar en Navarra.

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3.2. CON INGLATERRA
Catalina de Aragón con el príncipe de Gales, el futuro Enrique VIII.

3.3. CON EL IMPERIO


El príncipe Juan con Margarita, hija de Maximiliano y el hijo de éste, Felipe con Juana.
Juan murió a los 6 meses de casarse y su mujer abortó, se perdieron todas las esperan-
zas de un primogénito varón. La sucesión recaía en Juana y en última instancia en su pri-
mogénito Carlos, el futuro rey de España y de las posesiones de los Austrias.

4. EL FLANCO PORTUGUÉS
Tras la conquista de Granada se estrecharon los lazos con vistas a la unificación de la Penínsu-
la. Se produce la política de matrimonios dinásticos.

5. ITALIA
Las islas de Sicilia y Cerdeña pertenecían a la corona de Aragón, por tanto, activa presencia de
los Reyes Católicos en los estados italianos.
En cuanto a Nápoles, reinaba una rama bastarda de los Trastamara, aunque la nobleza era muy
fuerte y estaba a favor de los angevinos franceses.
En 1494 se produce la intervención de Carlos VIII en Nápoles, ocasionando una enorme conmo-
ción en Italia. El rey Ferrante no tenía medios y huyó a Sicilia. Entonces intervino Fernando el
Católico, con apoyo de otros estados italianos, incluyendo al papa Alejandro VI, con formación
de una liga, y el comienzo de las guerras de Italia, que determinaron su destino por mucho
tiempo.
En 1495 Gonzalo Fernández de Córdoba es enviado a Italia. Prefiere las guerrillas, rehuyendo
las batallas campales. La caballería pesada francesa era superior para el agotamiento del ad-
versario que quedó reducido a dos plazas.
Paralelamente, la doble boda de Juana y de Juan, respondía a la idea de aislar y debilitar a
Francia.
Luis XII sucesor de Carlos VIII, sin reconocer su debilidad internacional mantuvo aspiraciones en
Italia, no sólo en Nápoles sino también sobre el ducado de Milán, clave en las comunicaciones
entre Italia y Europa central. Francia toma Milán y propone a los Reyes Católicos el reparto de
Nápoles al mando del cual estaba el vacilante rey Ferrante. El tratado de partición con lagunas,
quizás intencionada, apenas expulsado Ferrante surgió una querella entre los 2 aliados. Como
en la campaña anterior, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, no intentó el choque
sino causar a los franceses el mayor número de bajas. De aquella época data la buena repu-
tación de la infantería española, que obtuvo victorias decisivas.
No finalizan aquí las guerras de Italia. Fernando no era antifrancés, le inquietaba la vitalidad
francesa, ello fue el motor de la alianza de España con las potencias del norte: Inglaterra y Paí-
ses Bajos.
A la muerte de Isabel, parecía que todo lo hecho en años anteriores se derrumbaba: Castilla y
Aragón independientes nuevamente (la heredera de Castilla era Juana) e incluso rivales, dis-
puestos a buscar la alianza francesa: 1ª Felipe el Hermoso y luego Fernando, con el matrimonio
con Germana de Foix, sobrina del rey francés.
La muerte inesperada de Felipe dio un giro a la situación: la demencia de Juana la incapacitaba
para el gobierno del que se hizo cargo su padre, pero Fernando dejó el gobierno interior de Cas-
tilla en manos del cardenal Jiménez de Cisneros. Desligado de estas preocupaciones, se consa-
gró a tener en jaque las aspiraciones francesas en Italia. Parece seguro que sus propósitos no
eran belicosos y que hubiera preferido una Francia que se mantuviera dentro de sus fron-
teras.

6. ÁFRICA
La política aplicada es la que respondía a un espíritu de cruzada. Después de la conquista de
Granada, expansión hacia el norte de África.
En 1497 el duque de Medina Sidonia conquistó Melilla. Marruecos pertenecía al área de influen-
cia portuguesa, la expansión española, por tanto, se ejerció sobre las actuales costas de Argelia
y Túnez, zona tradicional de intervención aragonesa, aunque el esfuerzo militar y financiero co-
rrespondió en su mayor parte a Castilla y sobre todo a la coordinación del cardenal Cisneros.

21
7. BALANCE
De signo positivo, un gobierno centralizado, reformado y cada vez más respetado.
Como aspectos negativos, fuerte presión fiscal que repercutió negativamente en Castilla. Au-
mento de la burocracia. El predominio de Castilla supuso un descuido parcial de los reinos del
este y sobre todo complacencia respecto a la situación del gobierno y la economía de España.

8. ESQUEMA
1497: Murió Juan II sin dejar descendencia. Los derechos de sucesión son para la hija mayor de
los Reyes Católicos.
ISABEL Manuel de Portugal
Miguel Recogía ambas sucesiones: Castilla y
Aragón más Portugal. Murió en 1500
JUANA Felipe, ppe. Países Bajos Las relaciones con sus suegros fueron
empeorando por razones personales y
políticas. En política exterior favorable
a Francia. Por esta razón el testamento
de Isabel (+ 1504) declaraba a Juana
reina propietaria en caso de ausencia
o incapacidad. Regente Fernando has-
ta que Carlos tuviera 20 años.
FERNANDO Renunció al título de rey. Asumió el
papel de gobernador según lo estipula-
do en el testamento.
Parte de la nobleza apoyaba a Felipe,
tras su matrimonio con Germana de
Foix renunció al gobierno de Castilla y
se retiró a la corona de Aragón en 1506
VACÍO DE PODER 1506 muere Felipe.
Revueltas nobiliarias, intentos de recu-
perar las ciudades
CISNEROS Salvaguardó la continuidad hasta la
llegada de Fernando de Nápoles
FERNANDO Regente de 1507 a 1516

22
TEMA 4: REGENCIAS

1. FERNANDO
Versión tradicional: con la boda de Isabel y Fernando se produce la unidad de España, aunque
los hechos son distintos: unión personal no institucional (no hay garantías de supervivencia).
La unidad se rompió a la muerte de Isabel en 1504. Las dos coronas se separaron nuevamente.
Isabel deja heredera a la desdichada Juana I (llega de Flandes con su marido Felipe el Hermo-
so). Fernando se retira a Nápoles.
Parecía que todo se derrumbaba. Castilla y Aragón volvían a ser independientes. Fernando se
casa con la francesa Germana de Foix.
Con la muerte de Felipe el Hermoso la situación cambia. Juana incapacitada para gobernar y de
acuerdo con el testamento de Isabel se hizo cargo su padre. Desde 1507 a 1516, nueve años de
gobierno en solitario como Regente.
Bien acogido por los nobles castellanos, hartos de tanta intromisión flamenca. Fernando cada
vez mas absorto en Italia, dejó el gobierno al Cardenal Cisneros. Entre ambos no existían lazos
de amistad pero sí la creencia de que los problemas debían resolverse dentro de la unidad mo-
nárquica.

2. CARDENAL JIMÉNEZ DE CISNEROS


Regente durante los años 1516 a 1517, hasta el advenimiento de Carlos. Estuvo un año en el
gobierno, amenazado por múltiples peligros:
* Intrigas de los nobles que preferían a don Fernando (hermano de don Carlos).
* Tensiones tanto de nobles como de las ciudades que deseaban recuperar sus antiguos privilegios.
* Oposición del alto clero y de las órdenes religiosas, por iniciar la reforma de estas últimas autori-
zada por el papa en 1494.
Formó un ejército permanente: la gente de la ordenanza.
A pesar de todo ello, supo mantener a España sana y salva hasta la llegada de Carlos, sofocan-
do los desórdenes incipientes y transmitiendo a Carlos la herencia española intacta.
Cuando iba al encuentro de Carlos, murió en Roa en 1517, ignorando que éste había ordenado
su cese.

3. POLÍTICA INTERNA Y EXTERNA


3.1. ACCIÓN AFRICANA
“El futuro de España se halla en África” es una invención, pero lo cierto es que en los años
inmediatamente posteriores a la muerte de la reina, Fernando con la colaboración del Car-
denal Cisneros y utilizando recursos castellanos y aragonés llevó a cabo una serie de ex-
pediciones por el Mediterráneo. 1501 Mazalquivir, 1509-11 conquista de Orán, Trípoli y
Argel.
Se adjudicó a Cataluña la exclusividad del comercio con las nuevas bases. Pero la ri-
queza potencial que poseía Castilla en América era mucho mayor y esto explicaría, en
parte, que no se continuara la expansión hacia el sur.
De manera que la presencia en África quedó reducida a unas pocas bases situadas preca-
riamente en la costa sin penetración en el interior. Esto era insuficiente para contener el
poder conjurado del imperio turco y los estados de Berbería, que no tardarían en dominar
el Mediterráneo. Es patente por tanto que la acción de España en esa dirección natural y
fundamental había sido débil y tardía.
Desligado de estas preocupaciones por estar Cisneros al frente de la política interior, Fer-
nando se consagró de manera primordial a tener en jaque las aspiraciones francesas en
Italia.
Los objetivos de Fernando parece ser que sus propósitos no eran belicosos y que hubiera
preferido una Francia que se mantuviera dentro de sus fronteras y que se uniera a las de-
más potencias para garantizar la paz y oponerse mejor al ataque turco. Este también fue
el objetivo de Carlos V.

23
Este anhelo de paz y unidad fracasó ante la vitalidad de una Francia de 15 ó 20 millones
de habitantes. De toda esta agitación Fernando supo sacar un provecho tangible: la unión
de Navarra con Castilla.

4. AMÉRICA Y EL PACÍFICO
En lugar de Descubrimiento, algunos plantean un concepto alternativo: encuentro de culturas,
aunque fue un encuentro desigual, con una parte activa, dominante y otra pasiva.
El resultado final de este descubrimiento, comenzado antes de 1492, fue la unidad planetaria.
Estos descubrimiento no podrían realizarlo más que los países marítimos del oeste de Europa,
por los siguientes motivos:
* Larga tradición de artes cartográficas y construcción de naves adecuadas.
* Unión de técnicas mediterráneas y atlánticas hasta conseguir un increíble dominio en el difícil arte
de la navegación a vela. Portugal y Génova tenían posibilidades expansionistas.
Para Castilla no existe azar, necesitaba una salida al oeste, ya que el camino hacia el este es-
taba cerrado por la presión turca. Castilla tenía en la Baja Edad Media dos fachadas marítimas
muy activas:
* La Cantábrica, comercio con el noroeste europeo.
* La Suroeccidental en peores condiciones y con menos riqueza, más la mentalidad de la época
que no permitía establecer unas relaciones pacíficas y estrechas. A estas desventajas se le su-
maba la continua rivalidad con los portugueses.
En este contexto se firmó el tratado de Alcaçovas. Por él la presencia castellana quedaba limi-
tada a las islas Canarias y la pequeña costa situada enfrente de ella. Los reyes, a partir de en-
tonces pusieron gran empeño en controlar las Islas Canarias.
Cuando Colón encontró a los reyes por 1ª vez, en 1486, las circunstancias no eran propicias:
* La guerra de Granada absorbía todas los recursos.
* Las propuestas de Colón parecían incompatibles con las estipulaciones del tratado hispano portu-
gués y además carecía de respaldo científico, prometía nada menos que hallar una ruta más corta
que la que seguían los portugueses hacia la tierra de las especias.
Pero los reyes no se habían conformado sino a regañadientes con dicho tratado, por eso, en
1491, tras largas vacilaciones y a pesar de las excesivas demandas de Colón, que quería ser
almirante y virrey de las tierras que descubriese, acaban firmando en abril de 1492 las Capitula-
ciones de Santa Fe (10% de todo lo conquistado).
4.1. CAPITULACIONES DE SANTA FE
Colón en el año 1476 llega a la corte de Portugal donde residiría 9 años. En Lisboa desa-
rrolló su vocación marinera y allí concibió entre 1484-1485 su plan para hallar una nueva
ruta hacia las Indias navegando hacia el oeste. Cuando Colón ofreció su proyecto a Juan II
de Portugal, sus condiciones parecieron excesivas al monarca y no las aceptó.
En 1486 consigue entrevistarse con Isabel y Fernando, pero a pesar del interés que des-
pertó en ellos el proyecto de Colón, la guerra de Granada les tenía absorbidos económi-
camente. Así, en enero de 1492, después de la entrega de Granada a los Reyes Católicos
por Boabdil, llegan los monarcas y Colón a un acuerdo que tardó en redactarse tres me-
ses: las Capitulaciones.
Las “Capitulaciones de Santa Fe” por haberse pactado en esta ciudad, contienen cuatro
cláusulas en las que los Reyes Católicos conceden a Colón lo solicitado:
1. Nombramiento de Almirante vitalicio de cuantas tierras descubriera, cargo que pasaría a
sus descendientes.
2. Concesión del título de virrey de los posibles países explorados.
3. Décima parte de todas las mercancías que se pudiesen adquirir en las tierras por él descu-
biertas, y
4. Autorización para aportar una octava parte de los gastos de la empresa con el consiguiente
derecho a otro tanto en las utilidades que del viaje se obtuvieran.

24
A finales de abril comenzaron los preparativos y zarparon de Palos el 3 de agosto de 1492.
Las tierras descubiertas por Colón no serían lo que en un principio él pensaba, sino un nuevo
mundo: América.

4.2. DESCUBRIMIENTO
La salida fue del Puerto de Palos en donde sus habitantes no están muy entusiasmados
por la idea pero se dejan convencer por los hermanos Pinzón, marineros de gran prestigio.
Llevan tres naves pequeñas, alrededor de 90 hombres, la mayoría andaluces, aunque ha-
bía algunos vizcaínos, gallegos y 2 ó 3 extranjeros.
El viaje fue rapidísimo: 6 días en llegar a Canarias y 33 días para recorrer 5 mil km. Por
eso existen voces que hablan de un predescubrimiento y que Colón ya conocía la ruta, no
obstante, también es verdad que estando en Portugal Colón sabía cual era la orientación
de los alisios desde Canarias y la necesidad de subir a mayores latitudes para coger los
contralisios y poder regresar.
Cuando los portugueses conocen el éxito del viaje colombino y aprovechando la vaguedad
del tratado de Alcaçovas, se llaman a engaño y consiguen retroceder hacia el oeste la lí-
nea de demarcación por el Tratado de Tordesillas.
La línea divisoria se fija a 370 leguas al oeste de Cabo Vede (la parte oriental en poder de
Portugal sería Brasil).
En 1493 se realiza el 2º viaje: 12 hombres, 17 buques, pertrechos de todas clases para la
colonización de La Española. Desde el principio hubo mal entendimiento:
° Los hombres pensaban que se iban a convertir en propietarios y a ascender en la escala
social. Pero Colón los consideraba como trabajadores asalariados de lo que él consideraba
como su factoría.
° El choque les enfrentó y se tradujo en motines que Colón, mejor marinero que gobernante,
reprimió con severas penas e incluso penas capitales.
° Escasez de oro pues era necesario cribar las arenas.
° Trabajo forzado a los indígenas: fatiga, enfermedades que llevaron los descubridores, mu-
riendo a millares.
Colón pensó en vender a los indígenas como esclavos, aduciendo como razón el cani-
balismo. La reina Isabel lo prohibió tajantemente, contó con el apoyo de Talavera y
Cisneros. Se produjeron dos problemas
– Material: era necesaria mano de obra, así la importación de negros comenzó a tenerse
en cuenta pero tardó algún tiempo en organizarse.
– Moral: un corto número de colonos se compadecieron del sufrimiento de los indígenas.
La actitud de la corona en los primeros tiempos fue vacilante pero las denuncias de los
dominicos condujeron a las Leyes de Burgos de 1512 en las que se llegaba a una si-
tuación de compromiso: se mantenían los repartimientos de indios o encomiendas, con
la obligación para los indios de trabajar algunos periodos del año para los encomende-
ros. Éstos debían instruirles en la fe, permitirles trabajar en sus campos y darles comida
y un pequeño salario. Viejos, niños y mujeres embarazadas estarían libres de obligacio-
nes.
° En la época de los Reyes Católicos se configuró el Gobierno y la Administración de las
Indias que continuaría, en sus líneas esenciales, durante más de tres siglos. Las Indias
fueron incorporadas a Castilla y recibieron instituciones que fueron una imitación de las cas-
tellanas:
– Municipio: aunque menos corrompido, célula básica.
– Audiencia: órgano judicial y de gobierno. 1ª Audiencia en Santo Domingo.
– Virreinato: institución de origen medieval con precedentes en la corona de Aragón. Era
una fórmula aplicada a ciertos territorios de personalidad propia y autonomía; el rey se
hacía representar por un personaje de gran prestigio, a veces de sangre real (Colón pi-
dió para sí este cargo). Se crearon en tiempos de Carlos I, al reconocerse la inmensidad
de los territorios conquistados: virreinatos de Nueva España (Méjico) y de Perú.
– Consejo de Indias: su creación data también del reinado de Carlos I.

25
– Casa de Contratación: se ocupaba de la administración financiera. Establecida en Sevi-
lla como lugar más idóneo para centralizar las relaciones comerciales con el Nuevo
Mundo. Mucho se ha criticado el carácter monopolista que desde un principio se le dio
a estas relaciones, pero éste fue un rasgo propio del ambiente premercantilista que im-
peraba en Europa.
La corona española no explotó por sí misma los territorios conquistados (diferencia con
Portugal) sino que dejó actuar la iniciativa privada, reservándose la facultad de contro-
lar por medio de la Casa todo el movimiento de hombres y mercancías.
Además de su cometido administrativo, la Casa tuvo un aspecto científico (la formación
de pilotos náuticos, mapas, aparatos náuticos). Este aspecto a cargo del Piloto Mayor,
cargo que desempeñó, entre otros, Américo Vespucio.
– Patronato: en el aspecto eclesiástico reclamaron y obtuvieron de la Santa Sede la ad-
ministración de la Iglesia en el Nuevo Mundo. Se puede decir que el verdadero jefe de la
Iglesia americana era el rey de España: percibía los diezmos, nombraba todos los obis-
pos, vigilaba su conducta.
En las Indias todas las instituciones gozaron de cierta independencia, no legal pero sí
real respecto al poder regio a causa de las enormes distancias que impedían un control
severo.

5. EL NUEVO MONARCA: EL HOMBRE Y LA HERENCIA


5.1. EL HOMBRE
Nacido en Gante, por tanto flamenco de nacimiento, en el año 1500, era un extraño para
España y no hablaba castellano. Su educación era borgoñona y su aprendizaje en el arte
de gobernar había sido dirigido por el aristócrata borgoñón Chièvres. Tenia 17 años cuan-
do su abuelo murió.
Carlos representaba un ideal europeo, la Europa unida que respetara las peculiaridades
nacionalistas de gran actualidad, opuesto al nacionalismo francés de su rival Francisco I.
5.2. LA HERENCIA
Por una combinación de matrimonios dinásticos y muertes prematuras, recayó en él el
destino de convertirse en gobernante de un imperio mundial que había perdido cuando te-
nía 6 años. La unión de Castilla y los Habsburgo se hizo para aislar a Francia, nunca se
pensó en esta unión.
° De Felipe de Borgoña, hijo de Maximiliano y María de Borgoña heredó los Países Bajos,
Artois, Luxemburgo, Flandes, Franco-Condado y el derecho al ducado de Borgoña.
° Del Emperador Maximiliano heredó Austria, Tirol y algunas zonas del sur de Alemania.
° De Juana (su madre) podía reclamar: Castilla, Granada, Navarra, plazas de África, territo-
rios americanos.
° De Fernando (su padre) podía reclamar Aragón, Cataluña, Nápoles, Cerdeña y Sicilia
De cuantos países heredó, España resultó el más difícil de conseguir por:
° La condición de extranjero (lengua y educación).
° En época de regencia de Cisneros: tanto la nobleza castellana como las ciudades comien-
zan a agitarse.
° La influencia flamenca sobre el monarca (la dominan sus consejeros).

6. EL ALZAMIENTO COMUNERO
Hecho fundamental, pero eso los historiadores se afanan en su interpretación. Discrepan en
cuanto al sentido de los hechos no en cuanto a su enorme trascendencia.
Los antecedentes del descontento hay que buscarlos en el momento de la llegada de Carlos I a
España y se hace patente la influencia borgoñona: los borgoñones continuaron recibiendo los
privilegios más valiosos, continuaron siendo los principales consejeros.
* En la 1ª reunión de las Cortes Castellanas en Valladolid en 1518, el descontento se hizo patente y
se rechazó la presencia de extranjeros en sus deliberaciones.

26
* La situación fue más dura aún en las Cortes Aragonesas que parecían menos dispuestas aún a
reconocer formalmente al monarca en vida de su madre.
* En Cataluña las negociaciones fueron más largas aún, ya que las Cortes Catalanas eran un freno
más eficaz al poder real (debió permanecer en Barcelona un año). Las peticiones que se le hicie-
ron en estas Cortes eran, entre otras:
° Prohibición de vender cargos y extraer moneda.
° Consideración de reina para Dª Juana.
° Que residiese en España, hablase español y actuase como un rey nacional.
* Carlos concede todo, de palabra y a regañadientes, obteniendo a cambio importantes subsidios.
Estando en Barcelona recibió la noticia de que había sido elegido emperador en junio de 1519.
Alemania era una confederación donde los principales príncipes elegían quien era el que debía
llevar el título de emperador. ¿Por qué quería ser emperador?
* Por temor a que recayera en Francisco I de Francia.
* Para dar mayor unidad a las diversas posesiones que gobernaba.
* Y la razón de más peso: consideraba que le correspondía por derecho y que estaba cualificado
para ello.
Chièvres y no un español, negoció su elección, y si bien es cierto que algunos españoles com-
prendían las posibilidades que abría el título imperial, la mayoría quería un monarca propio y no
compartir a un emperador extranjero. Cuando Carlos partió de España en mayo de 1520 rodea-
do de extranjeros y en una misión ajena a los súbditos españoles como era la coronación como
emperador, la agitación el descontento inicial dio paso a la rebelión.
La sublevación comenzó en Toledo en 1520, casi a la vez que Carlos I embarcaba hacia Alema-
nia, causa: el descontento.
6.1. FACTORES
1º Pobre impresión que habían causado el rey y sus representantes extranjeros.
2º El desprecio de Chièvres hacia los españoles.
3º El monopolio venal de las influencias y el nombramiento de extranjeros para ocupar cargos
y obispados españoles.
4º Opresión de los recaudadores de impuestos.
5º Las enormes cantidades de dinero enviadas fuera del reino.
6º Nombramiento de un regente extranjero: Adriano de Utrecht para gobernar Castilla durante
la ausencia del rey

6.2. PROTAGONISTAS
¿Quiénes se rebelaron? La pequeña nobleza castellana y las capas medias de las
ciudades castellanas contra un régimen contrario a sus intereses.
La revuelta comunera no fue solo un movimiento político sino una revolución social
de manufactureros de lana contra exportadores de la misma. En Castilla existía una indus-
tria lanera y textil muy importante (Segovia centro de la industria lanera). Pero a comien-
zos del siglo XVI, esa industria textil sufría una situación de estancamiento por falta de ca-
pital, escasez de mano de obra, incapaz de competir con los productos extranjeros de ma-
yor calidad. A todo ello hay que sumar la exportación de lana en bruto que satisfacía:
° A la aristocracia, de cuyas propiedades provenía la lana.
° A los comerciantes que la exportaban.
° A la corona que la gravaba fiscalmente.
Así pues la mayor parte de la lana era enviada al extranjero, lo cual perjudicaba los intere-
ses de los manufactureros, demasiado débiles para competir ante esta situación e intenta-
ron recurrir a la corona, pero los reyes no se mostraron dispuestos a ayudarlos y mientras
florecían las exportaciones de lana desde Burgos y Bilbao, y el comercio de Sevilla con las
Indias, la Castilla interior se sentía cada vez más marginada. Esto concuerda con la geo-

27
grafía del movimiento comunero cuyo centro se encontraba en las zonas centrales de la
Meseta: Toledo, Segovia, Salamanca, etc.
La radicalización social de los hechos está en que la aristocracia terrateniente permaneció
al margen porque supuso que podría ser una amenaza para sus intereses, así se abrió un
doble frente:
° Los municipios pretendía que se les devolviesen las alcabalas que había usurpado la aris-
tocracia.
° Los campesinos aspiraban a sacudirse el yugo señorial.

6.3. DESARROLLO DEL ALZAMIENTO COMUNERO


Comenzó en Toledo (por Padilla) y rápidamente se extendió por la mayor parte de las ciu-
dades de Castilla la Vieja: Segovia (Bravo) y Salamanca (Maldonado), que expulsaron a
sus corregidores y recaudadores de impuestos y proclamaron la Comunidad.
En septiembre de 1520 ya están organizados, con ejército, tomando Tordesillas donde son
recibidos por la reina madre. Pero las divisiones en el movimiento (reformistas/moderados)
y el abandono de la lucha por parte de los moderados (Burgos y Valladolid) provocan la
reacción de las fuerzas reales que toman Tordesillas.
La habilidad de Carlos I de situar al Almirante y al Condestable de Castilla (Enríquez e Íñi-
go de Velasco, respectivamente) junto con Adriano de Utrecht como cogobernadores del
país y el apoyo de los magnates castellanos dan como resultado que en abril de 1521 los
comuneros son derrotados totalmente en la batalla de Villalar y los jefes de la rebelión
ejecutados al año siguiente. Todas las ciudades rebeladas capitularon a excepción de To-
ledo que resistió 6 meses más. Galicia y Andalucía no se sumaron a la revuelta.
6.4. RESULTADO
En adelante, en Castilla no hubo más movimientos organizadores y nada se opuso a la
consideración del absolutismo real:
° Las oligarquías municipales supieron que su puesto estaba en los municipios y que los
grandes asuntos no eran de su competencia.
° La nobleza comprendió que su suerte estaba ligada a la del rey. Pero aunque Carlos I con-
tó con la colaboración de los grandes y los nobles para aplastar a los comuneros, lo cierto
es que no satisfizo sus ambiciones ni les otorgó el poder que reclamaban.
° Fue una victoria de la aristocracia sobre la población de las ciudades pero el premio fue
a parar a manos del rey, confirmó el poder de la corona en el plano político y el de la aris-
tocracia en el local.

6.5. POLÉMICA HISTORIOGRÁFICA


° Los liberales del siglo XIX consideran a los comuneros sus predecesores en la lucha con-
tra el absolutismo.
° Gregorio Marañón defiende el carácter político y nacional del movimiento que le parece un
rasgo de modernidad de la población urbana de Castilla.
° José Pérez y Juan Gutiérrez Nieto: dan importancia a los factores económico: grandes
mercaderes que exportaban la lana frente a productores y rentistas.

7. LAS GERMANÍAS, CARÁCTER Y DIFUSIÓN


Estos movimientos se producen en Valencia y Mallorca. A diferencia de los Comuneros (con or-
ganización y líderes) los levantamientos de las Germanías (hermandades Cristianas), fueron
protestas sociales espontáneas que planteaban peticiones determinadas, se buscaba un reparto
más equilibrado de las cargas fiscales y que los municipios estuvieran en manos de un gremio.
Los dos movimientos no se influenciaron mutuamente: las Germanías no cooperaron con los
comuneros y tenía un origen distinto. En Cataluña la situación es similar pero la palabra clave de
este caso era la “Unión” no germanías.
7.1. VALENCIA
Comenzó como una protesta contra los funcionarios de la ciudad y los aristócratas y a
continuación se convirtió en una guerra abierta contra los musulmanes.
28
En ella participaron:
° Artesanos.
° Campesinos oprimidos.
° Algunos representantes de las capas medias.
° Algunos miembros del bajo clero.
Todos ellos unidos por las mismas condiciones de vida, así como por su odio a los mu-
sulmanes (competidores laborales). Este movimiento careció de base social, era una masa
heterogénea de grupos que expresaban sus protestas.
La nobleza y el clero conscientes de sus intereses, prestaron su apoyo a Carlos I y por es-
ta razón la represión fue un triunfo del absolutismo. La represión fue muy dura: 800 rebel-
des fueron condenados con multas y confiscaciones.
7.2. MALLORCA
Tuvo un claro tono social. La lucha fue entre 2 grupos:
° Artesanos de Palma y campesinos
° La clase dominante
Los sublevados tomaron Mallorca menos Alcudia, donde se refugió la oligarquía y también
en la isla de Ibiza hasta la llegada del ejército real que restableció la situación anterior. La
represión, muy dura, se reflejó de forma negativa en la demografía de la isla.
A pesar de la violencia, la revolución agermanada fue bastante conservadora, no puso en cues-
tión la autoridad del rey ni de la iglesia. Incluso en el campo social no se proponía un camino es-
tructural, por lo que Maravall considera que debe hablarse de una lucha de intereses más que
de clases.

8. INCORPORACIÓN DE NAVARRA
Separada de los restantes reinos españoles desde el siglo XII y bajo influencia francesa. Sin po-
sibilidad de expandirse hacia el sur y situada entre 3 países rivales (Castilla, Aragón y Francia)
su situación se agravó cuando Castilla y Aragón se unieron y comienzan su rivalidad con Fran-
cia.
Existen constantes fricciones interiores entre beamonteses y agromonteses.
La última reina de Navarra Catalina de Foix firmó un tratado secreto con Luis XII (Tratado de
Blois) que fue inmediatamente conocido por los servicios secretos fernandinos y proporcionó el
pretexto para la invasión. El ejército comandado por el duque de Alba ocupó rápidamente el
reino en 1512. Con ello se completaba la unificación de España. Tras un breve período (1512-
1515) en el seno de Aragón, fue asignada a Castilla, su unión se produjo en un marco de igual-
dad y respeto: Navarra siguió teniendo Cortes, Consejo, legislación y moneda propia. La autori-
dad real estaba representada por un virrey.

29
TEMA 5: LA ESPAÑA DEL EMPERADOR

1. “UNIVERSITA CHRISTIANA”
Para Carlos V la misión suprema que le había sido encomendada era: ”la unidad de la cris-
tiandad bajo el dominio imperial y su defensa frente a los musulmanes y herejes”. Sin em-
bargo, muchos españoles mostraban sus reservas y creían que su acceso a la dignidad imperial
perjudicaba los intereses nacionales de su país y que la diversidad de su herencia incrementaría
las presiones sobre España como consecuencia con los compromisos en el exterior.
Pero en la práctica, Carlos no tenía una política imperial, le asediaban demasiadas preocupacio-
nes, muchas de ellas contradictorias, con lo cual no podía integrar todas ellas en un programa
coherente. En Carlos, destaca su papel de heredero y no de creador: el móvil de su política hay
que buscarlo en la defensa de los elementos concretos de su herencia.
Sin embargo, no puede decirse que no hubiera “imperialistas” en la corte de Carlos V. Estaba
su Gran Canciller Gattinara que consideraba a Italia como centro de un nuevo imperio cristiano
y en este sentido intentó persuadir a su señor a la vez que intentó dotar al imperio de una orga-
nización imperial.
Estaban también muchos humanistas españoles que escribieron a favor de la causa imperial
como el latinista Alfonso de Valdés. Otros, como el administrador Francisco de los Cobos
afirmaba que había que volver a ocuparse de los intereses españoles más inmediatos, de allí la
necesidad de que Carlos V permaneciese en España y gobernara a su pueblo en paz y prospe-
ridad.

2. EL ANTAGONISMO FRANCÉS
La rivalidad entre Carlos V y Francisco I simbolizaba la oposición entre 2 maneras de entender
Europa: ideal europeo diferente a un nacionalismo francés.
2.1. VECINDAD
Francia era un estado unificado y centralizado que se veía cercado por el poder de Car-
los V. Es cierto que la rivalidad francoespañola era anterior al reinado de Carlos y la idea
de cercar diplomáticamente a Francia ya había sido contemplada por Fernando de Ara-
gón, pero Carlos añadió a este conflicto una nueva dimensión: la frontera española con
Francia dejó de ser únicamente los Pirineos para extenderse a muchas otras parte
de Europa.
Así las cosas, Francia tenía que elegir entre la lucha por conseguir una existencia inde-
pendiente como gran potencia o convertirse en un estado satélite, con el permanen-
te riesgo de intervención. Por tanto, era un problema nacional y la cuestión de Italia
aunque influyó, era secundaria.
El objetivo principal de la política francesa era resistir el enorme poder de los Habs-
burgo, golpeándoles al mismo tiempo que lo hacían sus otros enemigos.

2.2. LA AMENAZA TURCA


Una vez más, era un conflicto heredado, pero al ser los intereses de Carlos V más exten-
sos, su responsabilidad no se limitaba a la defensa de España sino también a otras partes
de Europa, ya que el impresionante poderío de los turcos se dirigía contra 3 zonas:
° La Europa oriental.
° El Mediterráneo.
° España
El avance turco hacia el norte había comenzado antes de la captura de Constantinopla en
1453, pero a partir de esa fecha la frontera continuó desplazándose, conquistando Belgra-
do en 1521 y amenazando Hungría.
Pero al ocupar los turcos Constantinopla, añadieron nuevos factores a la expansión turca:
° Tenían acceso a vastos bosques del Mar Negro y por tanto a madera
° Muelles abandonados.
Gracias a ello este imperio turco terrestre se convirtió en una gran potencia marítima y
comenzó a amenazar las rutas del comercio occidental en el Mediterráneo oriental.
30
La flota turca no podía atacar directamente a España, necesitaba de una base (ya sea en
el norte de África o en la costa mediterránea de Francia). Los turcos veían reforzada su
fuerza con pequeñas y numerosas flotas de los piratas musulmanes del norte de África
que les apoyaban (estos piratas fueron los berberiscos).
En esta coyuntura, en 1516 los piratas de origen turco establecieron su dominio sobre Ar-
gel. El nuevo estado, pronto enriquecido por el pillaje, comenzó a construir flotas y se con-
virtió en una potencia en el Mediterráneo y en una amenaza para los cristianos, como con-
secuencia de la inseguridad en el Mediterráneo occidental. La diplomacia francesa no pu-
do resistirse a la tentación y firmó una alianza franco-turca que fue en escándalo para toda
la cristiandad (Francia en guerra con España).

3. ACCIÓN INTERNACIONAL DEL MONARCA


3.1. ALEMANIA
En 1517, Carlos V llegaba a España y Lutero publicaba su tesis contra las indulgencias
con la consiguiente crisis religiosa. Los Habsburgo pese a tener el título imperial tenían
escaso poder en Alemania, además, debido a las distancias, el monarca tuvo que renun-
ciar a intervenir personalmente el Alemania. En 1521 nombró a su hermano Fernando,
representante permanente en Alemania y en 1522 le cedió sus posesiones austríacas.
A Carlos V le resultaba muy difícil separar los aspectos políticos y religiosos en Alemania.
Francia también aprovechó la rebelión protestante para buscar aliados entre sus filas.
3.2. INGLATERRA
No era todavía una potencia, pero en un mundo hostil la alianza inglesa podía ser de gran
utilidad para Carlos V. Una de las primeras iniciativas en materia de política exterior fue la
de confirmar la alianza inglesa mediante el Tratado de Canterbury en Enrique VIII en
1520 y mediante el proyectado matrimonio del propio Carlos con María Tudor en 1521. La
boda no llegó a celebrarse pero la alianza perduró sin interrupción durante todo el reinado
y culminó con otra unión matrimonial: la de Felipe con María Tudor. En ese momento, lejos
la rivalidad marítima colonial entre España e Inglaterra, para el emperador la alianza con
Inglaterra era fundamental para la defensa de sus intereses en los Países Bajos y de sus
comunicaciones con España.

4. CLAVES FINANCIERAS DE CARLOS V


4.1. ¿QUIÉNES APORTABAN DINERO?
Castilla era la base financiera de la política de Carlos V, ella era la que realizaba el mayor
esfuerzo, el emperador consideraba estos reinos como cabeza de todos los restantes y
tenía el propósito de utilizar estos recursos no sólo para conservar los otros que Dios le
había otorgado sino también para conquistar otros nuevos.
Ocasionalmente las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia le otorgaron modestos subsi-
dios pero sus posibilidades eran limitadas.
Los Países Bajos con su comercio, su poder naval y su industria eran una fuente importan-
te de riqueza. Podía recurrir además a los grandes mercados internacionales como Géno-
va, Amberes y Augsburgo, así como a los banqueros internacionales: los Fugger y los
Welser. Pero por lo que respecta a los empréstitos consiguió 4 veces más préstamos en
Castilla que en Amberes.
Al final de su reinado la aportación más importante la hacía Castilla y sobre ella recaía el
peso financiero de la política imperial. Los Países Bajos se mostraron incapaces y Nápo-
les, Milán y Sicilia daban unas aportaciones cada vez menores. Sus dominios italianos
aunque importantes estratégicamente no desempeñaban un papel importante desde el
punto de vista de las finanzas.
El agotamiento de sus recursos europeos contribuyó a que Carlos V dependiera cada vez
más de los tesoros (metales preciosos) procedentes de las Indias españolas.

4.2. SITUACIÓN FINANCIERA DE ESPAÑA AL LLEGAR CARLOS V


La situación financiera ya se había deteriorado antes de que Carlos V llegase a España. A
ello hay que sumarle:
° La rapacidad de su círculo borgoñón.
° Los gastos derivados de la elección imperial.
31
° La revuelta de los comuneros.
De manera que a su regreso a España, una de las primeras tareas que tuvo que afrontar
fue la reorganización de las finanzas reales y para ello decidió crear un nuevo Consejo:
el Consejo de Hacienda, para:
° Supervisar y controlar todos los ingresos y gastos.
° Preparar un presupuesto anual.
Comenzó a actuar en 1523 y era similar al que funcionaba en los Países Bajos y con el
cual el monarca estaba familiarizado, pero este organismo no sirvió para mejorar la si-
tuación. Carlos V al frente de él administró el tesoro con honradez, aunque no pudo evitar
el derrumbamiento financiero de España durante su reinado.
4.2.1. Causas de la bancarrota
– Guerras del emperador en el exterior, que fueron financiadas por España.
– Otro motivo adicional fueron los gustos extravagantes del emperador: viajes ince-
santes y constantes, adquisiciones de joyas y obras de arte.

4.3. INGRESOS ORDINARIOS


Tanto laicos como eclesiásticos.
4.3.1. La Iglesia pagaba:
– Tercias reales: 2/9 de todos los diezmos recaudados por la Iglesia en Castilla.
– Subsidio: impuestos sobre las rentas e ingresos eclesiásticos en todo el reino.
– Excusado: impuesto de 1567 para costear la guerra de Flandes. Consistía en el
diezmo total de la propiedad más valiosa de cada parroquia.

4.3.2. Entre los impuestos laicos:


– Almojarifazgo: impuesto sobre el comercio pagado por los musulmanes a la coro-
na de Castilla en la Edad Media. Durante la Edad Moderna gravaba las mercancías
en los puertos andaluces, tanto las procedentes de Europa (almojarifazgo mayor)
como los productos de América.
– Servicio y montazgo: por el tránsito de rebaños.
– Alcabala: impuesto sobre las ventas que en este período se convirtió en una cuota
fija que pagaba cada ciudad o aldea.
– Impuesto sobre la industria sedera granadina.
Estos ingresos se complementaban con los procedentes de las órdenes militares
y los subsidios de las Cortes. Sin embargo, no eran suficientes, ya antes del
reinado de Carlos V la corona había iniciado la práctica de obtener recursos ex-
traordinarios mediante empréstitos. Estos se realizaban mediante la venta de
títulos de la deuda estatal: los juros, que podían ser también pensiones, sin que
la corona hubiera obtenido préstamo alguno.
Estaban también los ingresos procedentes de América: impuestos, monopo-
lios, tributos que pagaban los indios y el “Quinto Real”; porcentaje que co-
rrespondía a la corona de todas las extracciones de metales.
A partir de 1540 las dificultades financieras son graves, a partir de ahí durante to-
do el resto del reinado los ingresos ordinarios estaban siempre gastados con va-
rios años de antelación.
Por esta razón se recurrió a un recurso desesperado: la confiscación de todas
las remesas (de metal precioso propiedad de particulares se les indemnizó con
los juros) de las Indias y de todo el numerario en España para enviarlo al empe-
rador y financiar la victoria de Carlos V sobre los protestantes alemanes, pero dejó
terribles secuelas en la economía española.
En teoría el tesoro confiscado era un préstamo reembolsable pero su devolución
era sumamente problemática (venta de títulos de nobleza y también señoríos).
El golpe definitivo fue asestado tras la reanudación de las hostilidades con Francia
en 1551. Para hacer frente a estos, Carlos V recurrió a un empréstito de más de
32
4 millones de ducados pero la política exterior del emperador era muy costosa y
las cosas fueron empeorando, calculándose el déficit para el año 1554 en 4,5 mi-
llones de ducados. Las condiciones de los créditos concedidos al monarca fueron
empeorando rápidamente porque a los banqueros les era cada vez más difícil
conseguir su devolución. Cuando podía obtenerlos, las corona tenia que pagar el
43% de interés o más.

5. POLÍTICA INTERIOR
Tuvo 3 líneas de confrontación, tres enemigos constantes:
* Los alemanes protestantes.
* Los musulmanes turcos y norteafricanos
* Francia.
Con el rey de Portugal hubo en general buenas relaciones, con varios enlaces matrimoniales.
Con Inglaterra a pesar del divorcio de Enrique VIII con Catalina de Aragón y del cisma anglicano
las relaciones fueron buenas.

6. FUERZAS ARMADAS DEL IMPERIO


6.1. PODER NAVAL
Para mantener las comunicaciones políticas y comerciales (escasez de remeros, descen-
so de la construcción naval, falta de madera por deforestación).

6.2. EMBAJADORES
Se creó una red de embajadores permanentes en Europa.
6.3. EJÉRCITO
España le proporcionó el mejor ejército de Europa (tradición militar por la lucha contra los
moros, carrera militar: profusión de prestigio). Destaca sobre todo la infantería, cuya su-
perioridad fue señalada por Maquiavelo y se mantuvo hasta la Guerra de los 30 años. La
caballería estaba subordinada a la infantería. Las reformas de Gonzalo de Córdoba en la
época de los Reyes Católicos y la introducción del tercio en 1534 significaron una revolu-
ción en la forma de combatir de la infantería.

7. LA LUCHA CONTRA FRANCIA


Hubo mucho de rivalidad personal, centrada en 3 causas de litigio:
* El reino de Navarra.
* El ducado de Borgoña.
* La hegemonía sobre Italia.
40 años (1519-1559) interrumpidos por algunas treguas. La rivalidad ya se había puesto de ma-
nifiesto en el enfrentamiento por la corona imperial que se decidió a favor de Carlos V. A partir
de entonces, el monarca francés permaneció siembre atento para atacar los puntos débiles de
su rival y fortalecer así su posición. Fases de la guerra:
7.1. 1ª FASE: 1519-1529
Esta fase es favorable al emperador. Francisco I está decidido a sacar partido de la revuel-
ta de los comuneros de España, declaró la guerra al emperador en 1521, un ejército fran-
cés invadió Navarra pero era demasiado tarde para beneficiarse de los desórdenes de
Castilla, donde los rebeldes se situaron del lado del ejército real para rechazar a los fran-
ceses poniendo así fin al intento de Navarra de recuperar su independencia bajo la protec-
ción de Francia.
Sin embargo, este tipo de hostilidades eran en gran medida accidentales pues el principal
escenario de la guerra se hallaba en Italia. Animado por Gattinara que deseaba convertir
a Italia en el núcleo central de los intereses del emperador, las tropas imperiales invadie-
ron Lombardía y ocuparon Milán para el emperador en 1521. Carlos V estaba convencido
de la importancia de Milán desde el punto de vista de las comunicaciones (desde Génova
a Milán y nexo entre España y el Franco Condado así como España y el Tirol.

33
En 1522 el antiguo tutor de Carlos V, Adriano de Utrecht fue elegido papa con el nombre
de Adriano VI. Todo parecía indicar el éxito de Carlos V: la alianza con el Papado y el do-
minio de Italia. Pero la muerte de Adriano y la elección de una serie de papas italianos de-
seosos de mantener el equilibrio dan al traste con los planes imperiales.
Mientras tanto, en 1522, Carlos V firmó una alianza con Enrique VIII, Carlos V quedaba
prometido a María, una niña de 6 años y los aliados acordaron un plan de conquista total
de Francia. Pero el tratado era bastante fantasioso.
En 1524 Francisco I reconquistó Milán y el papa (Clemente VII) concluyó una alianza con
Francia y Venecia. La perspectiva de unir toda Italia se alejaba. Pero al año siguiente
Francisco I es derrotado totalmente en Pavía y hecho prisionero. El cautiverio del monarca
francés en Madrid conmovió a sus contemporáneos. Por el tratado de Madrid (enero
1526) Francisco I se comprometió a cambio de su libertad a renunciar a sus derechos so-
bre Milán, Nápoles y Navarra y sobre Flandes y a entregar Borgoña al emperador, aunque
esta última cesión nunca se llevó a la práctica.
Esto significaba demasiado poder para Carlos V y lesionaba demasiados intereses. A
Francisco I no le resultó difícil encontrar aliados: a través de la Liga de Cognac o Santa
Liga de 1526 firmada entre Venecia, Francia y el papa, Francisco I declaró nulo el Trata-
do de Madrid alegando coacción. Al tiempo que Enrique VIII abandonaba momentánea-
mente la alianza firmada en apoyo al emperador. Esto era peligroso para Carlos V que
buscó acercarse al eslabón más débil: el papa.
Pero empezaba ya a dejarse sentir la falta de dinero, era difícil controlar a unos ejércitos
que no habían recibido su soldada: el asalto a saco de Roma realizado en mayo de 1527,
por tropas españolas y alemanas fue seguido del pillaje y profanaciones. Es el llamado
saco de Roma, para algunos castigo a las bajezas y corrupción de la iglesia, golpe grave
para el prestigio del emperador. El papa queda prisionero en el castillo de San Angelo y la
peste obliga a retirarse al ejército alemán.
Ante estos hechos, Francia al mando de Lautrec se declara contra el emperador y llega a
Nápoles. Aunque las franceses se hicieron con Nápoles, la situación fue favorable para
Carlos V que contaba con el apoyo del almirante genovés Andrea Doria, de manera que
las fuerzas parecen equilibradas pero hay dos hechos inevitables:
° La amenaza turca.
° El progreso de la reforma luterana
que hacen incómoda esta lucha y se firma el 3-8-1529 la Paz de Cambrai o de las Da-
mas porque fueron dirigidas por la madre de Francisco I y la tía de Carlos V (Margarita,
viuda de Juan, hijo de los Reyes Católicos):
° Francia conserva Borgoña, su recuperación seria una obsesión para Carlos V: “nuestra pa-
tria” dice en su testamento político y renuncia a Milán, pagando además 2 millones de du-
cados por el rescate de sus hijos, ya que éstos habían reemplazado a Francisco I en el cau-
tiverio. Poco después Carlos V reconocía a Francesco Sforza, duque de Milán, como vasa-
llo imperial.
° España confirmaba sus dominios en Italia. En 1530 el papa Clemente VII por el tratado de
Barcelona acuerda con Carlos V combatir contra los turcos y protestantes y le nombra Em-
perador y rey de Italia, la coronación tuvo lugar en Bolonia.

7.2. 2ª FASE: 1535-1538


Fase corta. El origen de la misma se presentó a la muerte de Sforza en 1535 sin sucesión.
El gobierno francés pretende que el sucesor sea uno de sus candidatos (la hija de Fran-
cisco I). Los ejércitos franceses invaden Saboya y Piamonte, tomando Turín. El empe-
rador respondió tomando Provenza y Picardía. Pero en esta ocasión, el papa intervino
como árbitro y consiguió organizar una reunión en Niza entre Carlos V y Francisco I, en
el curso de la cual no se entrevistaron personalmente, sino que negociaron por separado
con el papa. Allí nació la Tregua de Niza de 1538:
° Duraría 10 años.
° Formación de una liga contra los turcos.
° Guerra contra los protestantes.
° Cooperación en un Concilio General.
34
7.3. 3ª FASE: 1542-1556
Comienza 4 años después de la tregua de Niza y es larga y difícil.
Francisco I aprovechando el agotamiento de los recursos del emperador en la expedición
a Argel en 1541, renunció a la tregua de 10 años en 1542 y envió un ejército invasor a los
Países Bajos. Carlos V a fin de asestar un golpe definitivo a Francia:
° Renovó la alianza inglesa.
° Ordenó a Los Cobos que reuniera todos los fondos disponibles.
° Se dirigió personalmente a Alemania para concertar un compromiso religioso y conseguir
dinero y tropas para atacar a Francia desde el este.
Carlos V reunió un ejército en Metz y mientras los ingleses invadían Normandía él pene-
tró en Francia por La Campaña. El peligro era tan inminente que Francisco I firmó la Paz
de Crépy por la que el rey francés renunció a sus pretensiones sobre los Países Bajos y
Nápoles mientras el emperador le ofrecía 2 posibles matrimonios al duque de Orleans (hi-
jo de Francisco I): con su hija María o con su sobrina Ana de Hungría.
Pero existía otro peligroso problema: los príncipes protestantes se organizaron militar-
mente, habían firmado en 1531 la liga Esmalcalda, (el emperador es obligado a contem-
porizar a causa del problema turco) y la reforma no dejaba de progresar en Alemania. El
mismo elector de Brandeburgo y el duque de Sajonia había abrazado el protestantismo.
Carlos V era un encendido enemigo de la herejía y de haber poseído los medios necesa-
rios la habría destruido, como intentó hacerlo en España y en los Países Bajos, donde su
poder era más fuerte que en Alemania.
Carlos tenía la habilidad de plantear la guerra como un enfrentamiento entre el monarca y
sus vasallos rebeldes y no como un problema entre protestantes y católicos. Aprovechan-
do la paz con Francia, el emperador quiso aplastar la liga Esmalcalda y consigue el apo-
yo de algunos príncipes luteranos como Mauricio de Sajonia. Las tropas imperiales man-
dadas por el duque de Alba y con el propio emperador al frente, vencieron en la batalla de
Mühlberg en 1547. Esta victoria significó:
° La derrota de los protestantes y su victoria sobre la liga Esmalcalda lo situó por fin en situa-
ción de imponer sus condiciones políticas y religiosas en Alemania.
Sin embargo, el resultado tuvo condiciones negativas para la causa imperial:
° Aumentó las disensiones en el seno de la Iglesia y el concilio de Trento se dispersó
tras la victoria de Carlos V: los prelados que apoyaban al emperador permanecieron en
Trento, mientras que los demás se reunieron en Bolonia, siguiendo las indicaciones del pa-
pa.
° Tampoco consiguió la paz religiosa en Alemania, actuando con independencia del pa-
pado su teólogos redactaron un compromiso conocido como Ínterím que preservaba la
doctrina católica y la figura del papa pero hacía importantes concesiones a los luteranos.
Este compromiso fue rechazado tanto por los protestantes como por los católicos y no sirvió
para conseguir su objetivo: la paz religiosa.
° Disensión entre los propios Habsburgo: Francisco I murió en la batalla de Mühlberg.
Con las manos libres, Carlos V se decidió a hacer realidad un sueño: promover los intere-
ses de su familia en Alemania y conseguir la sucesión imperial para su hijo Felipe y así vin-
cularía la herencia alemana con la borgoñona y la española.
Pero este deseo no era aceptado por la opinión alemana, fuese católica o protestante, ni
tampoco por su hermano Fernando y en 1552 se sublevaron contra el emperador.
Pero Francia, viendo las dificultades en Alemania, se acerca a los príncipes protestantes a
los que se une Mauricio de Sajonia. Como consecuencia de este compromiso, Enrique II,
nuevo rey francés, pudo ocupar Metz, Toul y Verdún, que eran parte del imperio. A su vez
Francia renovó también la alianza con los turcos.
Parecía que todo el mundo de Carlos V iba a derrumbarse, incluso tuvo que huir de Inns-
bruck para no verse bloqueado. Carlos V tuvo que resignarse a la división religiosa en
Alemania, reconociendo el protestantismo en igualdad de condiciones con la religión cató-
lica: Paz de Augsburgo de 1555.

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7.4. 4ª FASE: 1556-1559
Se desarrolla con Felipe II. En 1556, Carlos V abdicó repartiendo sus dominios entre su
hermano Fernando y su hijo Felipe II. Alemania se había perdido. Felipe II había contraído
matrimonio con María Tudor, los Habsburgo veían una solución a sus problemas con esta
alianza. Pero no dio los frutos esperados.
Con Felipe II se reanuda la guerra, llevando con éxito sus tropas hasta las mismas puertas
de París con la batalla de San Quintín de 1557. La falta de dinero no le permitió seguir.
Al año siguiente los franceses toman Calais (única plaza que mantenían los británicos
desde la guerra de los 100 años). Pero ambos países estaban cansados, habían tenido
sus victorias y sus éxitos, de manera que en 1559 se firmó la Paz de Cateau - Cambre-
sis:
° Enrique II renunció a sus ambiciones territoriales en Italia. Conservó Metz, Toul, Verdún y
Calais, ésta con opción a compra.
° Felipe II se queda con Nápoles y el Milanesado.

8. GUERRA CONTRA LOS TURCOS


Hasta el siglo XV el Mediterráneo había sido un lago cristiano, pero con los reinados de los tur-
cos Salim I y Solimán el Magnífico las cosas toman otro rumbo.
Además los turcos van a aprovechar el mal momento por el que está pasando Carlos V con sus
guerras con Francia y los protestantes para avanzar hasta el oeste y ocupar el Mediterráneo.
Durante las últimas etapas de la lucha del emperador con Francisco I, tendrá que hacer frente a
una tercera potencia, los turcos otomanos, aliados de Francia.
En 1526 Solimán inició un gran ataque contra Hungría, derrotó y dio muerte a Luis II, rey de
Hungría y de Bohemia en la batalla de Mohacs. Unos días más tarde, los turcos tomaban Buda
la capital de Hungría y se situaban a escasa distancia de la frontera de Austria, posesión de la
casa de Habsburgo que había heredado Carlos V.
En 1529 el sultán comenzó una segunda invasión intentando ocupar Viena, sin conseguirlo pero
el pánico en occidente fue tremendo.
Pero la situación en el Mediterráneo era sin duda complicada. En 1522, Solimán conquistó
Rodas, obteniendo una base para atacar directamente a España. Para atacarle contaba con un
aliado: Barbarroja, pirata sanguinario que a la cabeza de una nueva potencia, Argel, se convirtió
en el brazo armado naval más poderoso del sultán.
1. Se desembarazaron de las fortalezas españolas en el norte de África.
2. Comenzaron a atacar también las costas españolas, como Valencia.
Sólo a comienzos de 1530 pudo el emperador hacer frente al poderío naval turco gracias a la
ayuda de su nuevo aliado: Génova.
Carlos no tenía fuerza suficiente para perseguir a Barbarroja a Argel que continuó organizando
razzias contra las Islas Baleares y la costa valenciana. Por otra parte, la reanudación de la lucha
con Francia obligó a Carlos a abandonar la campaña del Mediterráneo que no pudo ser reanu-
dada hasta que se firmó la tregua de Niza en 1538.
En 1538 el emperador intentó organizar una alianza con el papado y Venecia contra los turcos
además del apoyo de Génova y Andrea Doria no consiguió una victoria en Prevesa en 1538.
Tres años más tarde, el emperador hace una expedición en solitario para tomar Túnez en 1541
pero no la puede conquistar. Fue uno de los mayores fracasos del emperador durante todo su
reinado y la última de sus grandes acciones navales.
Durante 25 años los turcos no supieron lo que era una derrota, tomaron Niza y Trípoli, arrasan
las costas sicilianas y amenazan las comunicaciones.
Las réplicas españolas fracasaron todas y Carlos V no pudo cumplir su sueño de realizar la
Gran Cruzada contra Constantinopla. Con Felipe II la lucha cambiará de signo.

9. ABDICACIÓN DE CARLOS V EN 1556


En 1546 muere Lutero y al año siguiente su rival Francisco I. Ese mismo año consigue el triunfo
de Mühlberg y promulga el Ínterim en un intento de hallar un acuerdo entre católicos y protes-
tantes. Pero en 1552 todo se derrumba: los alemanes no quieren a Felipe como emperador. La

36
corona será para su hermano Fernando. De esta manera el imperio de los Habsburgo se divi-
dió en una rama española y otra austríaca.
Parecía que con esta medida todo se iba a apaciguar pero fue un cálculo equivocado, pues los
protestantes germánicos entregaron a Enrique II de Francia: Metz, Toul y Verdún. Aquel año fa-
tídico Mauricio de Sajonia intenta apoderarse de Carlos V que descansaba en Innsbruck y sólo
tuvo el tiempo justo para atravesar los Alpes y refugiarse en Italia.
Carlos V cree que la única garantía de conservar los Países Bajos, ya desligados del imperio
germánico, es conseguir el apoyo de una Inglaterra aliada. En este contexto hay que situar la
boda de María Tudor, nueva reina con su sobrino Felipe. La situación parecía estabilizada ya
que juntos Inglaterra y los Países Bajos podrían hacer frente a las ambiciones francesas.
Solucionados los problemas familiares y políticos, Carlos V decidió abdicar. Varias razones le
movieron a ello:
* La angustiosa falta de recursos.
* Las decepciones de su política alemana
* y sobre todo, su agotamiento físico.
Se hace construir un palacete en Yuste y en 1558 murió. El retiro impresionó a sus contemporá-
neos y a los hombres del Barroco y de ello da la visión Quevedo.

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TEMA 6: RENACIMIENTO Y HUMANISMO EN ESPAÑA

1. CULTURA, PENSAMIENTO Y ASPECTOS RELIGIOSOS


El Renacimiento fue un movimiento de origen básicamente italiano que tuvo variantes nacionales
de distinta cronología e intensidad. Durante el siglo XV tuvo lugar una espléndida eclosión artís-
tica en Castilla y Aragón. Se trataba de las etapas finales del gótico en arquitectura (llamado
flamígero). Durante el reinado de los Reyes Católicos comenzaron a construirse edificios de esti-
lo renacentista, aunque la tónica general en mezclar elementos aislados renacentistas en con-
textos góticos. Existía también una fuerte tradición constructiva y decorativa mudéjar, que agre-
gada a otros estilos mencionados dieron lugar en los años 1470-75 a una arquitectura peculiar
denominada estilo Isabel, estilo Reyes Católicos, y en algunos casos concretos estilo Cis-
neros.
El arte gótico perduró en España, construyéndose catedrales góticas como las de Salamanca y
Segovia en 1520 y 1530.
El arte español en el siglo XVI estuvo muy influenciado por Italia y Flandes. Los artistas españo-
les pasaban períodos de formación en Italia. Lo más frecuente era la entrada de artistas extran-
jeros. La iglesia era el principal cliente y mecenas de la producción artística. La pintura y la es-
cultura plasmaban fundamentalmente temas religiosos. La corona también solicitó de este arte
como forma de exaltar la monarquía: la Cartuja de Miraflores de Burgos, San Juan de los
Reyes en Toledo, la Capilla y el Palacio Real de Granada y el Escorial en Madrid.
La influencia de la demanda eclesiástica sobre el arte era dilatada. La demanda civil era más
restringida y no olvidaba los aspectos religiosos. Ante la prepotencia de la Iglesia, Corona y no-
bleza, la demanda urbana era escasa. Existió una notable construcción de residencias señoria-
les (Barcelona y Mallorca). La expansión económica permitió una amplia difusión de edificios
platerescos en Úbeda y Baeza. Los grandes centros artísticos del siglo XVI coinciden con el ma-
pa de la red urbana y con el impulso económico.
Para hablar del pensamiento y corrientes culturales de la época hay que hablar de las universi-
dades españolas. Varias de las más prestigiosas universidades tienen su origen en el reinado de
los Reyes Católicos, aunque no son de iniciativa estatal, sino eclesiástica en la mayoría de los
casos. La de Sevilla procede del colegio fundado por el arcediano Rodrigo Fernández de San-
taella de origen converso. La de Santiago no tuvo bula funcional como tal universidad hasta
1525, pero se remonta a fines del siglo XV. La de Alcalá de Henares fue una fundación de primer
orden debido a la novísima orientación de su plan de estudios con que la dotó el Cardenal Jimé-
nez de Cisneros.
Las universidades tradicionales estaban orientadas hacia la enseñanza del Derecho Romano y
el Derecho Canónico, con objeto de proporcionar altos funcionarios a la administración y ecle-
siásticos. Cisneros también fijó como misión primordial a la Complutense la formación de un cle-
ro culto, pero dentro del espíritu de renovación eclesiástica y de orientación humanista. Por eso
redujo al mínimo los estudios jurídicos e implantó numerosas cátedras de Humanidades. En
ellas trabajaron hebraítas (Alfonso de Zamora y Pedro Coronel), helenistas (los hermanos Ver-
gara) y latinistas como Antonio de Nebrija.
A pesar de todo, siguió siendo la salmantina la universidad más reputada. En ella enseñó el ma-
temático y astrónomo Abraham Zacuto hasta que el decreto de expulsión de 1492 le obligó a
emigrar a Portugal. El auge de los estudios astronómicos y cosmográficos debe ponerse en rela-
ción con la tradición hispánica medieval, cultivada indistintamente por cristianos, árabes y judíos.
La introducción de la imprenta en la década de 1470 aparece simultáneamente en Valencia,
Barcelona, Zaragoza, Tortosa, Segovia y Sevilla, introducida por alemanes o flamencos. Es un
paso adelante en la vulgarización de los estudios y en la secularización de la cultura.
Los progresos de esta secularización se advierten en los géneros literarios más difundidos. Aun-
que los libros piadosos y litúrgicos siguen teniendo una clientela amplísima, la imprenta expolea
la difusión de otros géneros. Hay que contar con el auge de dos nuevos géneros: el teatro y la
novela. A caballo entre ambos se encuentra la obra “la Tragicomedia de Calixto y Melibea” de
Fernando de Rojas.
En conjunto, las obras literarias de esta época tienen una mezcla de lo medieval y lo moderno
por igual que se advierte en las artes plásticas.

2. ERASMISMO Y REFORMISMO EN LA PENÍNSULA


el Renacimiento religioso promovido por Cisneros reforzado a nivel local por hombres como
Hernando de Talavera, arzobispo de Granada y prolongado luego durante el siglo XVI por los re-
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formadores como San Pedro de Alcántara, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, tuvo
resultados profundos y permanentes. Mejoró las órdenes monásticas y el alto clero en España
en tal medida que, durante los años iniciales de la Reforma, la jerarquía española y religiosa pu-
do jugar un papel poderoso en los concilios de la iglesia. La reactivación teológica llevada a cabo
por los dominicos de la escuela de Salamanca y más desarrollada por la Compañía de Jesús,
hizo posible que teólogos españoles expusieran la doctrina católica en el gran debate con el pro-
testantismo y que lograran aportaciones importantes en los problemas del Imperio, en cuanto a
relaciones radiales y al derecho internacional. A la vez, el hecho de que la iglesia española hu-
biera emprendido por sí misma la reforma, inmunizó a España más que a otros países de la pro-
paganda protestante.
La entrada de Erasmo inauguró una nueva fase en el Renacimiento español. La estima en que
se tenía la investigación científica en España creó un clima intelectual propicio para una recep-
ción favorable de sus escritos.
En la corte de Carlos V había defensores influyentes de Erasmo, incluido el secretario latino del
emperador, Alfonso de Valdés. Desde 1522 la corte estuvo en España y los erasmistas españo-
les gozaron así de una posición estratégica para promover los escritos de su maestro.
Los cargos más importantes estaban ocupados por entusiastas de Erasmo: Alfonso de Fonseca,
arzobispo de Toledo, Alfonso Manrique, arzobispo de Sevilla e Inquisidor General.
Entre los años 1522 y 1525 el movimiento erasmista se estableció con éxito en España. Pero
también tenía sus adversarios. Principal blanco de sus dardos, las órdenes monásticas,
que atacaron a Erasmo de hereje, sobre todo después de la aparición de la traducción española
de su Euchiridion con dedicatoria a Manrique, en 1527. Los adversarios obtuvieron el apoyo de
la Inquisición. Para decidir sobre la ortodoxia de Erasmo, Manrique convocó en Valladolid una
junta de 32 teólogos, sin llegar a una resolución unánime, prohibió los ataques contra el sabio.
En 1527 y 1528 Alfonso Valdés escribió dos diálogos populares en castellano denunciando los
abusos clericales, justificando el saqueo de Roma por causa de la perversidad papal y alabando
las tesis de Erasmo. El hermano de Alfonso, Juan Valdés, publicó su “diálogo de la doctrina cris-
tiana”, en el que no sólo ensalzaba las virtudes de Erasmo sino que tachaba a sus opositores de
locos que desconocían la verdadera piedad cristiana. Esta vez la inquisición actuó y Valdés tuvo
que huir hacia Italia.
La condena de Juan de Valdés fue un signo de los tiempos, consciente de la expansión del pro-
testantismo fuera de España, la iglesia española se hizo más sensible a las críticas y menos ca-
paz de tolerar las discrepancias aunque se moviera dentro de la ortodoxia.
El año de 1529 fue crucial. En agosto el erasmista Manrique cayó en desgracia y fue confinado
a su sede de Sevilla. Al mismo tiempo, se retiró la mano protectora del emperador: Carlos V par-
tió en julio hacia Italia llevándose consigo a los más importantes erasmistas.
La serie de interrogatorios llevados a cabo por la inquisición alcanzó su momento álgido en 1533
con el del profesor de griego Juan de Vergara, amigo personal de Erasmo y figura de primera fila
entre los círculos humanistas españoles.
La campaña de desprestigio del erasmismo mediante su vinculación a la herejía luterana e ilu-
minista alcanzó un brillante éxito y la condena de Vergara puso virtualmente punto final al movi-
miento erasmista español. Algunos erasmistas, como Pedro de Lerma, abandonaron el país,
donde no veían porvenir para el estudio y la enseñanza.

3. LA CONTRARREFORMA ESPAÑOLA EN EL CONCILIO DE TRENTO


Aunque la persecución de los iluministas y erasmistas y la creciente aceptación del concepto de
limpieza de sangre habían alcanzado a España por unos cauces determinados durante los últi-
mos años del reinado del emperador, fueron los acontecimientos del período comprendido entre
1556 y la clausura del Concilio de Trento en 1563 los que en definitiva aseguraron que no se da-
ría marcha atrás. Estos fueron los años en que la España del Renacimiento completamente
abierta a las influencias iluministas europeas, se transformó en la semicerrada España de la con-
trarreforma. Esto se debió en parte a la transferencia de poderes a personajes tan rígidos como
Hernando de Valdés, Inquisidor Genera a partir de 1547 y Melchor Cano, teólogo dominico. Pero
también reflejaba un nuevo enfriamiento del clima espiritual europeo al convertirse Ginebra en
centro de un nuevo protestantismo más dogmático, perdiéndose las esperanzas de reconcilia-
ción entre Roma y los protestantes.
En esta atmósfera se produjo, entre 1557 y 1558, el sensacional descubrimiento de las comuni-
dades protestantes de Sevilla y Valladolid. Aunque estas comunidades mantenían ciertos con-
tactos con Ginebra y podían haber llegado a convertirse en auténticos nidos protestantes, se

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asemejaban más a las antiguas comunidades de alumbrados. Contaba con dos conocidos per-
sonajes del círculo humanista que rodeaba al emperador: el doctor Constantino Ponce de la
Fuente (antiguo confesor de Carlos V) y el doctor Agustín Cazalla.
Cazalla fue agarrotado y quemado, este hecho era una señal del cambio que se había producido
en el clima religioso. No sólo las comunidades heréticas debían ser liquidadas, sino que tenían
que realizar mayores esfuerzos para proteger a España del contagio extranjero. Como conse-
cuencia, el 7 de septiembre de 1558, la Infanta María actuando como regente de su hermano
Felipe, firma un decreto prohibiendo la importación de libros extranjeros y ordenaba que todos
los libros impresos en España debían llevar licencia del Consejo de Castilla. Al año siguiente
otro decreto prohibía a los estudiantes españoles cursar estudios en el extranjero, este no era el
primer intento de implantar una censura en España.
En 1545 la Inquisición había confeccionado lo que parecer ser el primer ÍNDICE español y le si-
guió otro en 1551. El ÍNDICE romano de 1559 no tenía validez en España. El Inquisidor General
Valdés publica en 1559 un nuevo ÍNDICE que aumentaba considerablemente el de 1551. Prohi-
bía el Enchiridión de Erasmo y otras muchas obras religiosas que gozaba de un amplio favor
popular.
Estas medidas produjeron un golpe muy duro a la vida intelectual española y añadieron una
nueva barrera a las muchas que se levantaban entonces en Europa para impedir la libre circula-
ción de las ideas.
Definir y defender el catolicismo por medio de un Concilio fue un elemento vital de la política de
Felipe II, como lo había sido la de su padre. Cuando subió al trono, la actividad conciliar estaba
en suspenso. Su convocatoria se fue retrasando no sólo a causa de la situación internacional
sino también por la elección de un papa violentamente antiespañol. Paulo IV reanuda la alianza
francopontificia y terminan en guerra con España. En 1559, con la subida de un nuevo papa y la
reconciliación de Francia y España por la paz de Chateau-Cambresis, pudieron reanudarle las
sesiones del Concilio de Trento. Ahora surgía una nueva complicación, se discutía si había que
continuar o inaugurar otro nuevo. Pío resolvió esta controversia con el apoyo de España. Una
junta de teólogos convocada por Felipe II se declaró partidaria de la continuación del antiguo
Concilio. Con el apoyo de los poderosos intereses españoles, el papa pudo continuar el Concilio
de Trento que tuvo su sesión final desde 1562 hasta 1563.
España desempeño un papel de primer orden en el Concilio, no sólo desde un punto de vista
cuantitativo (había 130 españoles en la última sesión) sino también por la calidad de sus repre-
sentantes. Entre éstos estaba el cardenal Pacheco, obispo de Jaén, los teólogos dominicos Mel-
chor Cano y Domingo de Soto, el eminente canonista Diego de Covarruvias y un grupo de jesui-
tas. El propio papado demostró predilección por los españoles.
De los 14 teólogos que el papa envió como delegados propios a las sesiones, once eran espa-
ñoles. Entre los teólogos especiales de la Santa Sede estaban los jesuitas españoles Laínez y
Salmerón, que junto con el francés Favre, habían sido recomendados por el propio Ignacio de
Loyola. Laínez fue probablemente el teólogo más influyente en Trento y sus puntos de vista so-
bre la justificación quedaron incluidos en las Actas oficiales del Concilio.
El grupo español en Trento era tan sensible a los intereses de su país y a las directrices de su
gobernante como las demás delegaciones del mismo, pero el rey español a diferencia del fran-
cés no estaba impedido por los súbditos protestantes y nunca se sintió tentado a urgir concesio-
nes a los criterios protestantes. Por ello, el grupo español apoyó la adopción de una posición es-
pecíficamente católica por parte del Concilio, con los principios doctrinales y disciplinarios que
ello implicaba. La condenación de la doctrina luterana sobre el pecado original y la justificación y
la definición de la doctrina católica, la adhesión a la tradición de la Iglesia, junto con la Biblia co-
mo fundamento de la autoridad, la aceptación del texto latino de la Vulgata como traducción ofi-
cial de la Escritura, la situación privilegiada otorgada a la filosofía tomista, la insistencia sobre el
celibato sacerdotal, la reforma del clero y las disposiciones para su mejor formación, la fortifica-
ción del poder episcopal. Todas estas medidas materializadas en los decretos más decisivos del
Concilio, fueron promovidas por los teólogos españoles.
Sin embargo, la posición española no coincidía enteramente con la del pontificado, en dos pun-
tos (la jurisdicción episcopal y las prerrogativas de la corona) se hacía eco no de un punto de
vista nacional. Los obispos españoles defendieron en Trento que la institución episcopal era de
derecho divino, con ello prolongaban la tradición española de limitar la esfera de la intervención
papal en España.
El episcopalismo salió derrotado a nivel teórico: la decisión de Trento si reforzaba las fuerzas de
los obispos al darles extensos poderes para visitar sus territorios y convocar sínodos diocesa-
nos, esto era como delegados del papa, que seguía siendo la cabeza de la jerarquía y el tribunal

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de última instancia. En la práctica, los obispos españoles tenían un abogado poderoso en su
propio rey. Felipe II tenía sus reservas acerca de algunas de las decisiones del Concilio. Des-
confiaba de los decretos que parecían amenazar la supremacía de la corona sobre el clero es-
pañol.
El rey también era irreductible sobre la cuestión de la Inquisición española: no debía perder su
jurisdicción. Dio instrucciones a sus embajadores Diego de Vargas en Roma y el conde Luna en
Trento para que aseguraran que ni el papa ni el Concilio se entrometerían en forma alguna con
la Inquisición española ni con nada que tuviera relación con su autoridad. Así, una vez que Pío
IV hubo ratificado los decretos de Trento por medio de una bula pontificia de 26 de enero de
1564, Felipe II dejó pasar muchos meses vacilando sobre si debía promulgarlo o no. Al fin se
decidió por la promulgación, pero solamente con la condición de que no afectaran los derechos y
privilegios de la corona española, sobre todo en los nombramientos a las prebendas. Esto invali-
daba prácticamente los cánones del Concilio que redujeran la influencia del rey español sobre la
jurisdicción eclesiástica y sobre la posición de los obispados en sus dominios.
La obra de reforma auspiciada por el Concilio de Trento, por tanto, en España fue promovida ba-
jo el control de la corona y de sus consejeros eclesiásticos, encauzándose por la senda que és-
tos le señalaron.

4. MÍSTICOS Y HETERODOXOS
La religiosidad popular española siguió siendo medieval hasta la imposición del Concilio de Tren-
to. Desde principios del siglo XVI habían aparecido en el pueblo inquietudes espirituales suscita-
das por la nueva cultura renacentista.
Desde la vuelta de Italia del conde de Tendilla en 1484 se había establecido en la corte de los
Reyes Católicos una escuela palatina en la que se impregnaban de la cultura no sólo sus reales
altezas, sino los hijos de los nobles y a veces de sus servidores.
A imitación de este centro surgieron otros núcleos de irradiación cultural en las mansiones más
influyentes y hasta hubo hombres de la iglesia de del estado que organizaron eruditas tertulias.
En grupos menos cualificados no tardaron en aparecer los directores espirituales que presenta-
do mayor interés a la vida espiritual que a la cultura, mantenían el fervor del equipo.
Fue así como se consolidaron las tres corrientes espirituales de mayor fuerza en España antes
del Concilio de Trento: el alumbrismo entre los devotos, el erasmismo entre los intelectuales y
el luteranismo entre los eruditos pertenecientes al clero, a profesiones liberales y a la clase me-
dia. Surgieron con el mejor propósito de renovación, las tres tuvieron la pretensión de promover
una reforma universal en la iglesia y las tres chocaron con la pertinaz resistencia de la estructura
tradicional.
4.1. LOS ALUMBRADOS
Grupos de pocas personas que hicieron su aparición en Castilla la Nueva en 1519 y ocu-
paron durante 20 años la atención de la inquisición. El alumbrismo supone el abandono
del hombre a la acción directa de Dios, que se le comunica y le mueve en lo más interior
del espíritu.
Se considera a sus seguidores como cristianos inquietos, partidarios de una reforma en la
que la religiosidad interior jugaba el primer papel. Sus promotores ni eran teólogos, ni per-
sonas instruidas en otras ciencias, sino predicadores y catequistas seglares o clérigos de
mediana formación.
Los grupos más importantes había que localizarlo en Guadalajara, en casa del duque del
Infantado, en Escalona bajo la protección del marqués de Villena y seguidamente en Pie-
drahita en la mansión de los duques de Alba.
Los procesos contra los alumbradistas comenzaron con la entrada de Alonso Manrique
como inquisidor general y no concluyeron hasta su muerte en 1538.

5. LA POLÉMICA INDIANA
El régimen de trabajo forzoso y las encomiendas o repartimientos de indios a los colonos instau-
raban un régimen que se parecía mucho a la esclavitud y que aceleró la despoblación de las An-
tillas.
El problema moral que suscitó esta situación en un pequeño número de colonos compadecidos
de los sufrimientos de los indígenas, tuvo su primera expresión histórica en el memorable ser-
món que el dominico fray Antonio de Montesinos pronunció el día de Navidad de 1511 ante los
colonos y las autoridades de Santo Domingo, con el que se solidarizaron sus compañeros de
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hábito, negando la absolución a los españoles que trataran a los indios como esclavos. Siguió
una larga y violenta polémica, antecedente de la campaña que sostendría más tarde el también
dominico Bartolomé de las Casas. La actitud de la corona en esta primera etapa fue vacilante,
con la muerte de Isabel los indígenas habían perdido su mejor defensora, pues Fernando no
sentía en este punto demasiados escrúpulos, sin permitir abiertamente la esclavitud había auto-
rizado la encomienda, la servidumbre personal, el trabajo obligatorio mediante salario y otras si-
tuaciones que en la práctica apenas se diferenciaban de ella.
Las denuncias de los dominicos condujeron a las Leyes de Burgos de 1512 en las que se esta-
blecía un compromiso entre las dos posiciones extremas: se mantenían los repartimientos, con
obligación para los indios de trabajar determinados períodos para los encomenderos, éstos de-
bían instruirlos en la fe, permitirles trabajar en sus campos y darles alimento y un pequeño sala-
rio. Los viejos, niños y mujeres embarazadas estarían libres de obligaciones.
Las Casas iba a consagrar su vida a la tarea de asegurar un trato justo a los indios. En el Nuevo
Mundo como en el viejo, repetiría insistentemente el mismo estribillo: que los indios, como suje-
tos que eran de la corona española, capacitados intelectualmente para recibir la fe y debían ser,
de manera gradual, instruidos en la doctrina cristiana bajo el gobierno de funcionarios benevo-
lentes y que los colonos debían subsistir por su propio esfuerzo y no tenían derecho alguno a
forzar a los indios a trabajar para ellos.
Las ideas de Las Casas suscitaron la más encarnizada de las oposiciones. El principal de sus
oponentes fue el doctor aristotélico Juan Ginés de Sepúlveda, para quien la doctrina aristotélica
de la esclavitud natural era perfectamente aplicable a los indios en razón de su inferioridad. Para
Sepúlveda, la guerra y la conquista constituían un preludio esencial para cualquier intento de
evangelización. El gran debate sostenido entre Las Casas y Sepúlveda en Valladolid en 1550
iba a desarrollarse precisamente en torno a este tema: si era legal emprender la guerra contra
los indios antes de predicarles la fe.
En 1530 un real decreto prohibía toda esclavización de indios en el futuro, bajo cualquier pretex-
to, y, aunque fue revocado debido a las presiones 4 años después, se vio renovado en las famo-
sas Leyes Nuevas de 1542. El sistema de la encomienda recibió un duro golpe con el real de-
creto de 1549, que prohibía a los encomendadores reemplazar el pago de tributos por los traba-
jos forzados en las minas.

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TEMA 7: LA POBLACIÓN Y SU ESTRUCTURA EN EL SIGLO XVI

1. RÉGIMEN DEMOGRÁFICO Y EVOLUCIÓN


España es vista por los observadores y viajeros como un país totalmente desierto, su tierra es-
taba apenas cultivada y estaba escasamente poblada. La población aumentó de forma significa-
tiva en el siglo XVI hasta principios del XVII.
La distribución es desigual, Castilla es la población más densamente poblada, vivía el 80% de la
población, aproximadamente 6,6 millones de personas a finales del siglo XVI. En la zona oriental
la recuperación fue más lenta.

1.1. CAUSAS DE LA ESCASEZ DEMOGRÁFICA


1. La tasa de natalidad no era elevada (35%) a pesar de que la mujer se casaba pronto (20
años) y no existía el control de natalidad, aunque había dos factores que limitaban en reali-
dad:
– Períodos largos de lactancia.
– La muerte de alguno de los cónyuges en plena juventud.
2. Importante el número de clérigos.
3. La más importante: la altísima tasa de mortalidad infantil.
La tendencia al aumento de población, a pesar de la altísima tasa de mortalidad comenzó
tras la peste de 1506-1507, manteniéndose alta durante todo el reinado de Carlos V y pri-
meros años de Felipe II. La expulsión de los moriscos fue un duro golpe para la demogra-
fía, especialmente en Aragón y Valencia.
Es muy posible que entre 1530 y 1590 la población experimentó un alza global del 50%.
Esta población era mayoritariamente rural, aunque el fenómeno urbano adquirió perfiles
relevantes. A finales del siglo, en la corona de Castilla del 30 al 35% se concentraba en las
ciudades, estimándose que el total de la población en ese período estaba entre 8,1 y 8,3
millones de habitantes.

1.2. MOVIMIENTOS INTERNOS DE LA POBLACIÓN


La población se desplazó en Castilla del norte hacia el sur atraída por el monopolio anda-
luz del comercio de las Indias, así Sevilla aumento su población en un 140%.
Otro movimiento se produjo como consecuencia de la rebelión de Las Alpujarras entre
1566 y 1571. El vacío dejado por los moriscos se palió con colonos procedentes del norte
y el centro de España.

1.3. EMIGRACIÓN
° Forzosa: como la de los judíos de 1492
° Voluntaria: hacia América (hasta 1550 unas 50 mil personas).

1.4. INMIGRACIÓN
De numerosos extranjeros: franceses pero sobre todo genoveses. Carlos V les restituyó a
estos últimos todos los privilegios que Fernando de Aragón les había quitado: los banque-
ros genoveses desempeñaron un papel muy importante, pudiendo ser considerados como
miembros de la clase dirigente española.

2. LA SOCIEDAD ESTAMENTAL
La división tripartita de la sociedad era una condición heredada de la Edad Media:
* Nobles (guerreros)
* Eclesiásticos (intermediarios con la divinidad)
* Tercer estado, heterogéneo, formado por “laborantes”, se mantuvo en la Edad Moderna, aunque
ajustándose a una nueva realidad. Así se legó al Renacimiento con una sociedad muy compleja.
En todo occidente la organización de una sociedad se basaba en tres principios:
* Nacimiento: por él se hacía la 1ª división: se era noble o plebeyo.

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* Estado: era la 2ª distinción: o se era eclesiástico o se era laico. Ser eclesiástico confería al indivi-
duo un estatuto especial de privilegios, como igualmente lo tenía el noble.
* Riqueza: fue el factor más fuerte para establecer las diferencias sociales, a pesar de que el pen-
samiento cristiano dijera que era el “estiércol de Satanás”, ahora en los tiempos modernos se pre-
sentaba con más fuerza y no precisamente para invertir sino para gastar, para consumirlo ostento-
samente y marcar las diferencias.
Pero además de estos principios existían dos factores importantes:
* El mando: muchos miembros del estado llano ascendieron a la nobleza comprando cargos.
* La limpieza de sangre: original de España, fruto de la convivencia con judíos y musulmanes.

2.1. NOBLEZA CASTELLANA


Estaba jerarquizada y formada por:
° Nobleza de títulos o aristocracia.
° Caballeros escalón intermedio casi enteramente urbana
° Hidalgos, todos los que no contribuían con “pechos”, es decir impuestos personales.
Todos tenían privilegios fiscales y judiciales. En 1520 Carlos V estableció la distinción en-
tre grandes y títulos. Redujo el número de los primeros en 1525, los dos grupos no su-
maban más de 60 personas. Sin embargo, a finales de siglo se elevaba su número a un
centenar, ya que los títulos de la nobleza podían ser comprados y las necesidades finan-
cieras de la corona le indujeron a vender títulos a quienes pudieran comprarlos. Todos los
récords se batieron con Carlos II. Los compradores eran miembros de las oligarquías
urbanas, mercaderes enriquecidos, etc.
Los grandes eran duques, marqueses o condes, de sangre real en origen, figurando los
Medina Sidonia, Alba, Osuna, Nájera, Medinaceli, etc. Todos ellos pertenecían a la vieja
nobleza. No pudieron evitar la entrada de advenedizos: Domingo Grilo.
Las instituciones conectadas a la aristocracia eran:
° Señorío y mayorazgo: no era necesario ser noble, aunque si es verdad que eran mayorita-
riamente nobles.
° Órdenes militares: era necesario ser noble.
La aristocracia española, apoyada en sus grandes latifundios y protegida por el ma-
yorazgo, se vio favorecida por la situación económica del siglo XVI: la tierra era
buena inversión.
Además, los precios agrícolas aumentaron más rápidamente que los productos no agra-
rios, de manera que pudieron aumentar sus ingresos no sólo explotando la tierra y ven-
diendo sus productos (trigo, lana y ganado), sino también aumentando el precio del
arrendamiento en un momento de subida del valor de la tierra. De manera que la nobleza
que desdeñaba el trabajo y consideraba degradante la actividad de los negocios, fue uno
de los pocos sectores de la sociedad española que no se vio afectada por la revolución de
los precios.
Los terratenientes no arrendaban personalmente sus propiedades: su administración co-
rría a cargo de mayordomos que arrendaban la tierra a los tenentes.
La concentración de la tierra que favorecía a los propietarios, podía ser perjudicial para la
agricultura. Los aldeanos se quejaban frecuentemente de que escaseaban las tierras culti-
vables, hecho que atribuían a la extensión de las dehesas (tierras cercadas para pasto
para el ganado).
Carlos V dejó de convocar en las Cortes al estamento noble, pero la pérdida de poder polí-
tico por parte de la aristocracia fue compensada con ventajas en cuanto a su poderío eco-
nómico ya desde los tiempos de los Reyes Católicos.

2.2. HIDALGOS
Abundante en todo el norte de España: Cantabria, País Vasco, infanzones de Aragón, en
Navarra, densidad de habitantes privilegiados, más elevada que la del norte de Europa
occidental.

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Era la escala inferior de la nobleza. En los censos oficiales, el término hidalgo equivalía a
noble, pero la diferencia entre aristócratas, caballeros e hidalgos se fue acentuando cada
vez más, de tal manera que el hidalgo se convirtió en una fuente inagotable para algunos
escritores satíricos. No obstante seguían conservando privilegios fiscales y exenciones
jurídicas.
Al llegar a Madrid ejercen modestos empleos (lacayos, escuderos, cocheros, etc.). el esta-
do intentó vender títulos de hidalguía pero tal medida no fue beneficiosa. Además se apre-
ciaba la hidalguía de sangre.

3. BURGUESÍA
En las ciudades formaba una oligarquía compuesta por nobles o seminobles, juristas, funciona-
rios, mercaderes, artesanos y se mantuvo quizá hasta 1620 en Castilla.
Existió ya en el siglo XV de comerciantes enriquecidos, clase media urbana, que acabó por rura-
lizarse en el siglo XVII.
Era una capa que no perteneció al estamento de los privilegiados, si bien destacó por su riqueza
e instrucción. Pero no era una burguesía intelectual, eran mercaderes, comerciantes, banqueros,
etc., cuya meta era la riqueza como medio para acceder a la nobleza, incluso muchos de ellos
se unían al clero, no por vocación sino para su integración y posterior ascenso. Su debilidad se
concretaba en:
* El perjuicio contra las actividades comerciales.
* La ambición de casi todos los que habían conseguido su riqueza en el mundo de los negocios,
especialmente la 2ª generación, era abandonar el mundo mercantil que consideraban un paso in-
termedio como aristócratas.
Por ello el gran auge de los italianos que no tenían esos prejuicios aristocráticos y contaba con
técnicas más perfeccionadas al practicar durante centurias el comercio a gran escala. Ello causó
resentimiento y Quevedo dijo de los genoveses: “esos anticristianos de las monedas de Espa-
ña”. Los genoveses monopolizaron el comercio y ayudaron a la monarquía con sus préstamos
ingentes.

4. TERCER ESTADO
Artesanos y tenentes. Pocas perspectivas para artesanos y obreros en una sociedad cuyas pau-
tas eran marcadas por la aristocracia terrateniente.
El tenente y el artesano no podían confiar en el trabajo como medio de progreso. Trabajaban
porque no tenían alternativa, o eso o el hambre. Debían soportar impuestos cada vez más gra-
vosos,
4.1. ARTESANOS
Masa de la población urbana, los oficios más numerosos eran los que se dedicaban al cal-
zado, la confección y la construcción. Organizados en gremios, no sólo con la función de
asociar a pequeños comerciantes con fines económicos, sino también de proyección a ni-
vel social y sobre todo religioso. El nombre del gremio era poco usado, más frecuente el
oficio en Castilla y cofradía en Valencia y Cataluña. Gremios mayores (en Valladolid, por
ejemplo) compuestos por mercaderes de paños, sedas y especias. Suponía limpieza de
sangre.
4.2. CAMPESINOS
Formado esta clase por una variedad de tipos: desde labradores (campesinos indepen-
dientes) en el estrato más elevado, pasando por los campesinos arrendatarios y los
aparceros, hasta los jornaleros en la escala más inferior.
En general, el número de jornaleros aumentaba hacia el sur, especialmente en Andalucía.
La mayor parte de ellos no se benefició de la eclosión agrícola del siglo XVI. La inflación
de los precios de los cereales en las décadas centrales del siglo benefició a los grandes
terratenientes que elevaron los arrendamientos y cuya situación les permitía esperar para
vender en el mejor momento o incluso retener la producción para forzar aún más el alza
de los precios.
Por su parte, los campesinos ante la urgente necesidad de conseguir alimentos y semillas
se veían obligados a vender su cosecha por adelantado a un precio fijo para el resto del
año, lo que les impedía obtener ventajas de las alzas de precios estacionales.

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Además de las cargas eclesiásticas y señoriales, el campesino se veía gravado por la al-
cabalas y a partir de 1590 por los millones, de manera que poco le quedaba.
A ello hay que sumar el aumento de los arrendamientos. Además a finales del siglo XVI
una serie de malas cosechas, todo ello obligó al campesino a recurrir al censo, un prés-
tamo hipotecario que se convertía en una pesadilla durante la recesión económica.

5. SECTORES MARGINADOS
5.1. POBRES, PARADOS Y VAGABUNDOS
Vivían al amparo de instituciones e Iglesia.
5.2. MINORÍA GITANA
Su presencia en Castilla está documentada desde Enrique IV. La procedencia parece ser
oriental. Su repugnancia al sedentarismo ocupacional, les llevaba al hurto e incluso al
bandolerismo.

5.3. MORISCOS
Tras las Germanías, Carlos V les obligó al bautismo forzoso dándosles un plazo de 40
años, pero el problema no estaba resuelto. La convivencia en los cristianos viejos resultó
problemática.
5.4. DESCENDIENTES DE JUDÍOS CONVERSOS
Eran otra minoría que junto con los descendientes de los moriscos conversos formaban
los cristianos nuevos. Los moriscos eran en su mayoría labradores y los judíos conversos
la burguesía urbana.
5.5. ESCLAVOS
Es el grupo más claramente marginado. Las fuentes de aprovisionamiento eran la guerra
contra los moros y de empresas descubridoras.
5.6. EXTRANJEROS
No eran marginados propiamente dicho, pero carecía de ciertos derechos cívicos.

6. ESTAMENTO RELIGIOSO
Contaba con el clero secular y el regular su número estaba cercano a 100 mil miembros que
acumulaba la mitad de la renta nacional.
Defendía con tanto celo sus privilegios, inmunidad y riqueza como la nobleza. El diezmo era fun-
damental. La legislación castellana recordaba la obligación de pagar bien y legalmente el diez-
mo. El señorío eclesiástico del alto clero era importante. La corona hizo importantes detraccio-
nes de los ingresos del clero: se reservó parte de los diezmos, vendió señoríos eclesiásticos e
impuso tributos extraordinarios como donativos. El estamento aceptó estas injerencias.
Hay, sin embargo, como consecuencia del renacimiento religioso asociado a la reforma un reno-
vado énfasis en la caridad, muchos de los recursos de la iglesia se usaron para aliviar la situa-
ción de los pobres y el mantenimiento de los hospitales.
La riqueza de la iglesia no estaba distribuida de manera uniforme, ya que existían diferencias en-
tre el alto y el bajo clero, este último con una situación que a veces estaba más próxima a los
desheredados que a sus superiores aristocráticos.

7. LAS CIUDADES
7.1. NORTE
Escasas, de pequeño tamaño, con grandes edificios, aunque se tiene un nivel de información
escaso, la mayoría pertenecen al ámbito rural, las más importantes Santiago, Tuy, Oviedo, Bil-
bao.

7.2. MESETA
En Valladolid predomina el sector terciario, es una ciudad de rentistas, centro agrícola y nudo
de comunicaciones, es importante también su burguesía.

46
Burgos, centro mercantil de la lana, pero vino a menos en el siglo XVI como consecuencia de la
peste.
Segovia ciudad industrial, caso extraño, también destaca la industria complementaria a las la-
bores textiles.
Salamanca su papel es urbano y universitario.
Medina del Campo decaen sus ferias y es un modesto centro rural.
Talavera de la Reina es importante por su industria sedera. Toledo, por su sedería, su comuni-
dad mercantil, poderosa empresa y poderío de su iglesia catedral.
Madrid, se la llamaba villa, aunque no disponía de muralla ni obispado pero crecía de forma
apresurada en tiempos de Felipe II, que se quedó en ella debido a su vocación viajera.
En Andalucía Sevilla es un gran centro fabril y comercial y Cádiz destaca como centro del co-
mercio marítimo. Granada se resintió demográficamente en el siglo XVI pero siguió siendo uno
de los mayores núcleos de España.

7.3. CORONA DE ARAGÓN


Bastante heterogeneidad, sin embargo, había ciudades importantes pero todas eclipsadas por
Zaragoza que acumulaba todos los órganos de población. Barcelona en el siglo XVI todavía era
un importante nudo de comunicaciones terrestres y marítimas. Tanto Valencia, Barcelona como
Zaragoza se convirtieron en el siglo XVI en ciudades universitarias, superando recelos respecto
a los habitantes causado por la población estudiantil

47
TEMA 8

1. AGRICULTURA Y GANADERÍA
Las condiciones agrarias no eran idénticas en todas las regiones, tenían mejores perspectivas en el
campo catalán que el jornalero de Castilla. Un componente básico de la estructura agraria eran las
tierras de propiedad pública, tierras pertenecientes a la corona y a los municipios que incluía pastos
comunales y tierra cultivable.
En el sector privado, la nobleza y la iglesia poseían un % desproporcionado de la tierra aunque no la
monopolizaban. El campesino pudo participar en la eclosión agrícola del siglo XVI.
Debido al alza de los precios agrícolas en el siglo XVI y el consiguiente incremento de las rentas de la
tierra en ocasiones, algunos lugares convirtió la agricultura en un negocio lucrativo, que interesó tam-
bién a los inversores, de esta manera, la tierra se convertía en un objeto de especulación, y ello dio
lugar a una clase parasitaria que vivía de la renta y de los intereses de sus inversiones en la tierra pe-
ro no de sus actividades industriales y comerciales.
El divorcio entre capital y trabajo contribuye a explicar el bajo nivel técnico de la agricultura. Para au-
mentar la producción agrícola se roturaban nuevas tierras pero a veces eran marginales y aunque las
primeras cosechas eran productivas luego descendía el rendimiento. Las roturaciones en tierras de
pasto o bosque con el consiguiente desequilibrio ecológico, sobre todo en Castilla y Andalucía. El
aumento de productividad agrícola era básicamente extensivo. El máximo de roturaciones hasta
1570-80, se quebró en la mayor parte de los territorios: tierras de escasa calidad, el cereal agotaba la
tierra que era escasamente abonada con abono animal.
Pese a todo, la expansión produjo también resultados positivos:
* La Mancha incrementó su producción de cereales, vid y olivo, aunque la producción se consumía
localmente.
* Murcia: también experimentó un crecimiento, al haber más bocas que alimentos y más manos de
obra que trabajo. Murcia continuó con las prácticas del drenaje.
Base de su crecimiento económico del siglo XVI era la producción de seda, tanto el clima como el sue-
lo eran especialmente favorables para que se desarrollara la morera base para la cría del gusano de
seda. La morera sustituyó al trigo. La seda se vendía principalmente en las ciudades del interior: Tole-
do
* Andalucía: Cultivo de vid y olivo por toda la cuenca del Guadalquivir a cuyos puertos llegaban bar-
cos del norte de Europa para embarcar lanas de Castilla, productos de las Indias, aceite y vino de
Andalucía. Centro productivo y exportador hasta 1570.
* Granada y Valencia producían gran cantidad de seda.
* Corona de Aragón producía gran cantidad de azafrán para cocina y tinte. Se olvidaron ciertos cul-
tivos industriales como el lino y el cáñamo. Sin embargo, el producto agrícola más importante era
el cereal, ya que el pan era el principal alimento de los españoles. En las tierras de mejor calidad
se daba el trigo y en las peores la cebada y el centeno. Sólo producía lo suficiente para vivir.
* Castilla la Vieja fue el mayor productor de cereales y en años de buenas cosechas conseguía ex-
cedente para la exportación. Sin embargo, a lo largo del siglo XVI los buenos años fueron inte-
rrumpidos por períodos de sequía y escasez. En esa coyuntura España tenía que acudir al extran-
jero para conseguir trigo (1570).
* Cataluña y el País Vasco estaban obligados a importar.
Ante estas producciones el Estado aplicó una política de control de precios. En los momentos de es-
casez, cuando los precios subían, el gobierno fijaba un precio máximo. La situación se hizo patente
con unos años de malas cosechas que se dan a partir de 1539.
Los abastecimiento se hacían desde Milán, Nápoles y Sicilia, aunque el control del mar por los turcos
complicó el abastecimiento, en adelante la producción descendería. En el siglo XVI, culminación de la
Mesta y el inicio de su decadencia, disminuyendo el número de cabezas de ganado. La gran institu-
ción trashumante de la Corona de Castilla tenía que defender sus pastos contra la extensión de las
roturaciones y contra la rivalidad de los propietarios del ganado estante. También repercutió la exten-
sión de la agricultura individualista que afectó a las tierras comunales de pasto y la disminución de tie-
rras baldías como ocurrió en Castilla.
Agricultura: la productividad y rendimiento eran bajos, había crisis periódicas, algunas adversidades
naturales como seguías e inundaciones. Otros defectos estructurales (política en favor del pastoreo,
costes del campesino elevados) durante el reinado de Felipe II hicieron la situación bastante crítica.
48
2. IMPUESTOS
2.1. CENSO
En teoría se trataba de un contrato de compraventa asegurado de ordinario con la garantía de
una tierra o de un inmueble, pues lo que se vendía era el capital y el precio de la venta eran los
intereses que este capital devengaba hasta que fuera reintegrado.
En la corona de Aragón estos contratos eran conocidos como censales y a la operación de re-
dimir el capital se le denominaba lluicio. En muchas ocasiones los préstamos no se hacían a
los particulares para financiar la producción sino a instituciones con finalidades básicamente
rentistas. El problema de las censales tuvo una gravedad especial en el reino de Mallorca,
donde desde 1405 se había constituido con el nombre de consignació, control de los impuestos
por los acreedores, especialmente catalanes. En Valencia el municipio concedió a Fernando II
abundantes créditos que hicieron de la ciudad la capital financiera de la monarquía. Estos prés-
tamos oficiales eran obtenidos mediante la apelación a la deuda, es decir, a la obtención del
crédito privado de una clase rentista en lo que ha sido calificado de una escalada o inflación
censalista.

2.2. JUROS
Consistían en títulos que autorizaban a sus poseedores a cobrar las rentas de un determinado
impuesto. En 1480 las Cortes lograron una reducción de los juros, con una rebaja del interés.
Para hacer frente a la guerra de Granada, los Reyes Católicos tuvieron que solicitar emprésti-
tos y poner en venta juros. Carlos V continuó esta práctica a una escala tal que llegó a alcanzar
enormes proporciones. Los juros eran comprados por banqueros extranjeros y del país, por
comerciantes y por nobles. En general por todo el que tuviera dinero para invertir. El resultado
fue el nacimiento de una clase poderosa de rentistas.

3. IMPUESTOS DEL CAMPESINADO


3.1. LA ALCABALA
El valor más importante de las fuentes de ingreso de la corona, impuesto sobre las ventas, que
se había convertido antes, ya en 1342, en un impuesto general, que aumentó vertiginosamente
después de las reformas, nada más empezar la década 1490-1500. Estas fuentes de ingresos
eran totalmente independientes del control de las Cortes. Se trataba en teoría de un impuesto
del 10% sobre las compraventas, pagadero por personas de todos los grupos sociales.

3.2. DIEZMO
Décima parte de la producción agrícola que se repartía entre la Iglesia y el Estado, siendo un
gran ingreso eclesiástico considerado de derecho divino, que todo cultivador debía entregar
con una triple finalidad:
a) Mantenimiento del clero
b) Mantenimiento de edificios de culto
c) Ayuda a los pobres
Los problemas que presentaba la correcta aplicación de estos principios queda patente en la
legislación castellana del siglo XIV que precisaba la obligación de los diezmos.

3.3. SERVICIOS ORDINARIOS Y EXTRAORDINARIOS


Impuesto personal aprobado por las Cortes por un período de tres años del que estaban exen-
tos la nobleza y el clero.

3.4. MILLONES
Impuesto aprobado por Felipe II que afectaba al contribuyente común, no a los privilegiados.
Se aprobó en 1590 y exigió una negociación con las Cortes. Hubo desórdenes en algunas ciu-
dades y especialmente entre un grupo de caballeros de Ávila, que fueron castigados.
Las consecuencias de esta fiscalidad implacable fueron el empobrecimiento del campesinado
(peste, hambre), despoblación del medio rural, reducción de la demanda de bienes de consu-
mo con repercusión negativa en la industria.

49
4. CONTRIBUCIONES DIRECTAS DE LA IGLESIA AL ESTADO
4.1. TERCIAS REALES
Durante el reinado de Carlos V la iglesia pagaba al Estado este impuesto, tercera parte de los
diezmos recaudados por la Iglesia en Castilla. También estaba el subsidio, impuesto sobe las
rentas y los ingresos eclesiásticos en todos los reinos españoles, establecido por el acuerdo de
la corona y el papado, pero dependiente en teoría del sufragio del clero.

4.2. EXCUSADO
Nuevo impuesto que se implantó para contribuir a costear la guerra en Flandes, que consistía
en el diezmo total de la propiedad más valiosa de cada parroquia, del año 1567.

4.3. LA CRUZADA
Impuesto que les fue concedido a los Reyes de España por una bula pontificia y que debían
pagar tanto los laicos como los eclesiásticos. Había sido concedida en un principio como con-
tribución directa auxiliar para ayudar a los monarcas en su lucha contra los moros, pero en el
reinado de Carlos V se convirtió en una fuente de ingresos que habían de pagar cada tres años
todos los hombres, mujeres y niños que deseaban una bula de indulgencia. Fijado a un precio
de dos reales por bula, este impuesto proporcionó durante el reinado del emperador una suma
de unos 150 mil ducados.

5. OTROS IMPUESTOS
5.1. ALMOJARIFAZGO
Impuesto del 7,5% con que estaban gravadas las mercancías importadas de América. En los
impuestos extraparlamentarios conocidos con el nombre de rentas ordinarias también se paga-
ba este impuesto.

5.2. SEÑORÍO O RÉGIMEN SEÑORIAL


Grupo social predominante en la sociedad era la nobleza, grupo terrateniente hereditario y pri-
vilegiado de origen militar. Su riqueza era básicamente agraria y se ejercía por medio del régi-
men señorial. Este régimen no se limitaba a la propiedad de la tierra, sino que incluía un impor-
tante factor de autoridad pública. El señorío comprendía de entrada una base territorial, aunque
el señor solía tener sus tierras cedidas por medio de algún tipo de contrato a los cultivadores.
En el mejor de los casos el señor podía limitarse a cobrar una cantidad ligera o un tributo sim-
bólico y devaluado en señal de su dominio, como la martinega en Castilla. Pero lo normal era
que recibiera una parte variable de la cosecha del campesino.
El señor era también autoridad pública en sus dominios. Le correspondía el nombramiento o
control de los municipios y la administración de la justicia, siendo difícil la apelación a los tribu-
nales reales, que comenzaban a organizarse. También se consideraban de índole pública, co-
mo regalías, una serie de monopolios económicos (horno, molino, almazara, peaje, portazgo,
etc.) que ponían en manos de los señores el control de la actividad económica y les reportaban
substanciosos beneficios. En Castilla muchos nobles usurparon el cobro de rentas reales, co-
mo alcabalas, que quedaron privatizadas en su poder.

5.3. ENFITEUSIS
La legislación de las Cortes (bajo Fernando II) recordaba que el campesino de señorío no po-
día vender sus tierras sin que el señor lo autorizase y cobrase por ratione dominio. El acuerdo
favoreció a las capas más acomodadas del campesinado, aquellos que disponían de contratos
prácticamente inalterables en especial la enfiteusis, por la cual un cultivador recibía una tierra
yerma y la ponía en explotación, reservándose el dominio útil de la misma a cambio de un cen-
so fijo.

6. LA INDUSTRIA EN LA ÉPOCA PREINDUSTRIAL


Unidades de producción son pequeños talleres familiares aunque en grandes ciudades como Segovia
se observa una clara tendencia a la centralización de la producción por parte de los comerciantes. La
industria pañera del siglo XVI está en la edad de oro en Segovia. En Cataluña a pesar de la importan-
cia de los gremios las principales fábricas estaban en manos de campesinos. La industria de la seda
en el centro y sur de España, Granada (importaba), Sevilla, Murcia y Valencia tenían superávit.

50
6.1. INDUSTRIA DE CURTIDOS
Localizada dentro del ámbito urbano, se hacía la preparación de pieles que luego podían ser
elaboradas por artesanos más especializados en la fabricación de guantes y zapatos.

6.2. INDUSTRIA DE LA SEDA


Producción concentrada en ciudades del Sur y del centro de España: Córdoba, Sevilla, Valen-
cia y Murcia, con importante artesanado sedero aunque no absorbió toda la producción de ma-
teria prima.

6.3. CONSTRUCCIÓN
Tuvo un crecimiento importante debido al crecimiento demográfico y a la demanda de la noble-
za y la iglesia.

6.4. MINERÍA Y METALURGIA


Fue la principal la minería del hierro a lo largo del sistema Cantábrico y los Pirineos, pero la
mejor producción es en Vizcaya. Para su comercio es esencial el puerto de Bilbao y por su fácil
acceso a los mercados exteriores. Una parte se exportaba, intercambiado por productos ali-
menticios. El mayor número de ferrerías en Vizcaya por contar con territorios con abundante
bosque que proporcionaba combustible y facilidad de exportación marítima. Para el País Vasco
era más beneficioso trabajarlo en sus forjas, producción local de clavos, utensilios agrícolas,
armas blancas y de fuego, anclas.

6.5. CONSTRUCCIÓN NAVAL


El centro de esta industria está en el País Vasco que tiene gran auge desde fines del siglo XV
hasta fines del XVI, sustituidos por los andaluces, aunque la madera era de peor calidad.

6.6. INDUSTRIA CASTELLANA


Las unidades de producción son los pequeños talleres familiares, tiene cierto progreso en la 1ª
½ del siglo XVI debido al crecimiento demográfico, la revolución de los precios y al mercado
americano. La lana es la principal industria de Castilla, la textil favorecida por una abundancia
de esta materia, siendo sus principales centros productivos Segovia, Toledo, Barcelona y Va-
lencia.

7. CAUSAS DEL RETROCESO EN LA INDUSTRIA


Tradicional orientación de la economía castellana hacia la cría de ovejas y exportación de lana; pro-
tección de Carlos V a la industria flamenca; la rígida y excesiva reglamentación que asfixiaba a la in-
dustria; escasa preparación de los tejedores y perfeccionamiento técnico, con peor calidad.
La principal ciudad industrial de la corona de Castilla en el siglo XVI era Segovia, con el siglo de oro
de la industria de la lana hasta 1590. Segovia llegó a tener 600 telares con abundante lana y mano de
obra cualificada. Descenso de su producción. Córdoba y Madrid son otros ejemplos de desarrollo fa-
llido. Víctimas es la clase rural debido a la estructura social existente que la desposee de su poder
adquisitivo.

7.1. CAUSAS DE LA DECADENCIA EN CASTILLA Y EN EL PAÍS VASCO


La industria castellana cronológicamente era más nueva que la del norte de Europa. Los pro-
ductos eran menos competitivos y de peor calidad, al igual que falló la organización eficaz y el
impulso del Estado y la gestión.

7.2. SECTOR NAVAL


Es víctima de una serie de circunstancias:
° Embarcaciones más útiles en el comercio europeo eran las de pequeño tamaño, pero en
España sin embargo, los armadores, forzados por la corona, se ven obligados a construir
grandes barcos, útiles para la guerra y para la ruta comercial española hacia las Indias.
° La falta de materias primas suficientes obligó a importar de Escandinavia lo que elevó los
costes.
° Elevado coste de la mano de obra y las confiscaciones realizadas por el Estado.

51
8. EL TESORO AMERICANO Y LA REVOLUCIÓN DE LOS PRECIOS
Las riquezas procedentes del Nuevo Mundo se invirtieron en España al igual que se dilapidaron en
guerras exteriores o equilibrar la balanza comercial o para la construcción de edificios grandiosos. Pe-
ro las principales causas fueron la revolución de los precios y la carga fiscal.
A partir de 1530 el problema de escasez de metales preciosos quedó solucionado cuando comenza-
ron a afluir hacia Europa inmensas cantidades de dinero que originaron graves alteraciones en los
precios, especialmente en España, país al que le llegaba el tesoro americano y que actuaba como
punto de distribución.
Hasta 1550 también acuñaba oro, pero las remesas procedentes de América era casi exclusivamente
de plata, hasta 1550 había un nivel relativamente modesto. Pero a partir de 1550 comenzaron a llegar
grandes cantidades con un auge todavía mayor a partir de 1580 (el nuevo método de amalgama
ideado en Alemania permitió que se multiplicaran pronto las exportaciones de metales preciosos).
Durante el siglo XVI se produjo un proceso de inflación que afectó a las unidades monetarias. La pro-
ducción de las minas americanas de oro y plata se encaminaba hacia Europa. La llegada súbita de
grandes cantidades de metales preciosos al continente europeo y en primer lugar a la propia España
tuvo consecuencias económicas diversas.
El historiador americano Hamilton estableció hace unos 50 años una relación directa entre la llegada
de oro y plata y el fenómeno de alza continuada de los precios. De esta forma se le da formulación
científica a una teoría que ya había sido expresada por los contemporáneos de los acontecimientos.
Hamilton relacionó de forma directa el alza de los precios con la llegada de metales preciosos y al
mismo tiempo estableció que el alza de los salarios había sido superior en España a la de los precios.
Esta diferencia impedía la acumulación de beneficios y era la base del atraso económico español. Di-
versos estudios realizados en otros países europeos han llegado a la misma conclusión: el alza de los
precios fue anterior y por tanto independiente de la llegada del metal precioso. Por lo tanto el declive
se debió a factores endógenos de la propia economía europea y a una creciente demanda interna,
que en todo caso el oro y la plata americanos potenciaron.

9. FINANZAS ESTATALES
Complicado sistema fiscal, la corona dependía fundamentalmente de capitalistas privados.
El arrendamiento de impuestos era una práctica habitual o el concierto con grupos de contribuyentes
(clero o ciudades) que pagaban unas cantidades fijas renunciando la corona al cobro individual.
Asientos por las transferencias de dinero los asentistas se comprometían a colocar mayores sumas
de dinero en un lugar y fecha determinados. A cambio el monarca se obligaba a pagar una cantidad
de dinero, con lo que se camuflaban los intereses.
Espiral de préstamos incrementados en 1557, la suspensión de pagos, la corona propuso un cambio
en la modalidad de pagos mediante los juros, ahora se trataba de pagar la deuda estatal por medio
de ellos lo que consolidaba la deuda con los genoveses, que hizo resentir a distintos sectores de la
sociedad.

52
TEMA 9: FELIPE II (1555-1598)

1. FELIPE II Y SU EXPERIENCIA ANTERIOR DE GOBIERNO


Nació en Valladolid en 1527. Amplia instrucción y dotes naturales. Al ausentarse su padre en 1543 le
creyó capacitado para ejercer la Regencia auxiliado por consejeros. La muerte del Cardenal Tavera y
del poderoso secretario Francisco de los Cobos, junto con la marcha del duque de Alba a Alemania,
llamado por el emperador dejó prácticamente solo al príncipe al frente de los negocios.
Para Carlos V su hijo no sólo era un rey español su imperio debía ser tan europeo como el suyo. Con
este sentido le llamó a Flandes y consiguió que estas provincias le jurasen fidelidad. Pero fracasó en
su intento de hacerle reconocer como “Rey de romanos” lo que equivalía al de heredero del imperio
alemán (fue también a Alemania). Después de este viaje regresó a España donde continuó con la ta-
rea de regente hasta 1554, fecha en que su padre le llamó nuevamente para que se realizara el ma-
trimonio regio con María Tudor.
Felipe ya era viudo de María de Portugal (su hijo Don Carlos). El enlace por razón de Estado, ya que
Carlos V siempre había atribuido un gran valor a la alianza con Inglaterra. Felipe era, desde las re-
nuncias de Carlos V rey de Castilla, de Aragón y de sus dominios italianos, ahora acrecentados con
Milán. El emperador no pudo legar a su hijo el imperio por:
* Preferencia de los alemanes por Fernando que residía desde hacía largo tiempo en Alemania y
estaba familiarizado con sus problemas.
* Su carácter no les era agradable, como tampoco lo era a los flamencos.
* Era extranjero que ignoraba su lengua y tradiciones.
Pero sí consiguió entregarle Flandes, sus dominios no eran tan extensos como los de su padre, aun-
que no por ello comportaban menos preocupaciones. Tardó algún tiempo en orientar su política exte-
rior: tuvo que comenzar por liquidar el conflicto con la Francia de Enrique II. Envía una tropa de soco-
rro en ayuda al papa Pablo IV, el cual estaba en conflicto con el duque de Alba, virrey de Nápoles,
obligando al papa a firmar la paz, mientras Felipe lanza su poderoso ejército contra los franceses.

2. POLÍTICA EXTERIOR
1. 1557 Batalla de San Quintín, que la falta de dinero le impide continuar
2. 1559 año con algo de simbólico. Pérdida de Calais y muerte de su esposa cortó con los lazos for-
males de la alianza con Inglaterra; el rey permaneció en España. Desde entonces los aconteci-
mientos preparados desde España, en ambiente español y respondiendo a los intereses de Espa-
ña.
3. Paz de Cateau-Cambresis, como consecuencia de las derrotas militares francesas en San Quintín
y Gravelinas (1558) a manos de las tropas españolas y la falta de dinero imperial para proseguir
las operaciones militares, se firmó esta paz por la cual Francia renunciaba a Italia, restituyendo la
Saboya y el Piamonte a su duque hereditario, la isla de Córcega a Génova, el Montferrato al du-
que de Mantua y abandonaba su alianza con Inglaterra. En compensación recobraba la plaza de
Calais. Otra razón por la que Felipe II y Enrique II firmaron la paz fue el miedo ante la expansión
de las herejías, lo que empujó tal vez a la reconciliación de las dos potencias católicas. Es reflejo
del equilibrio de poder existente en Europa, confirmando la hegemonía española en el sur.

2.1. LOS TURCOS Y LA BATALLA DEL MEDITERRÁNEO


Tras la paz de Cateau-Cambresis ambos monarcas comienzan a preocuparse por la expansión
del protestantismo en Francia. Estaba además el problema del Islam: dos religiones de alcance
universal se enfrentaban en el Mediterráneo. Sin embargo, moros y cristianos habían convivido
durante siglos en España, pero si la situación cambió no fue porque los Austrias y sus conseje-
ros españoles hicieran gala de mayor intransigencia, sino el poder en aumento del Islam. Tras
la rápida expansión del poder otomano en el siglo XV, el conflicto cristiano con el Islam no era
lucha por la supremacía sino por la supervivencia.
En el conflicto subsiguiente los segundos perjudicados fueron los seguidores del Islam en Es-
paña.

2.1.1. Valencia
La población de las ciudades era mayoritariamente cristiana, los moriscos se concen-
traban en zonas rurales, especialmente en las montañas (no les quedaba alternativa,
los cristianos se habían apoderados de las mejores tierras). Pero su capacidad para
trabajar incluso las tierras de escasa calidad les convertía en una fuente fructífera de
53
ingresos pues no hay que olvidar que eran propiedad de los terratenientes. Esta políti-
ca fue interrumpida no por el Estado sino por los rebeldes de la Germanía que se su-
blevaron contra el poder aristocrático y real en 1519 y comenzaron a atacar a los pro-
tectores nobiliarios de los campesinos moros.
Fue una dura lucha que resultó mucho más difícil por las autoridades por la resistencia
de la aristocracia a dirigir sus fuerzas contra sus propios vasallos.
Se mantuvo la obligación de que aceptaran el cristianismo, se les permitió conservar
sus costumbres y se les prometió quedar al margen de la persecución de la Inquisición
durante 40 años.

2.1.2. Aragón
Comunicad morisca en el Valle del Ebro, en torno a Zaragoza.

2.1.3. Castilla
El Cardenal Cisneros inició una política de conversión forzosa, quema del Corán y nu-
merosos manuscritos árabes; como consecuencia de ello revuelta en Albaicín, decreto
de 1502 (conversión o expulsión).

2.1.4. Monarquía Hispánica


Permanecía a la DEFENSIVA confiando en importantes trabajos de fortificación litoral
(por ejemplo en Valencia e Ibiza) dirigidos por ingenieros italianos. En el Mediterráneo
España estaba en esta actitud frente al poder conjunto del imperio otomano y sus alia-
dos del norte de África (necesitaba mantener y proteger sus posesiones norteafrica-
nas, sus costas, su comercio, la navegación a la vez que contenía la expansión hacia
el oeste de los turcos).
Carlos V legó todos los problemas sin resolver a su hijo, junto con una flota naval que
no estaba a la altura de los problemas a los que tenía que hacer frente. El Mediterrá-
neo era en esos momentos la zona en la que los intereses españoles corrían mayor
peligro. Así pues, durante los 20 primeros años de su reinado, la preocupación funda-
mental de la política exterior española no fue el protestantismo, ni las relaciones con el
norte de Europa sino la defensa y la contraofensiva contra el Islam en el Mediterráneo.

2.1.5. Política exterior


La fuente del poder musulmán era Turquía, pero también estaban los Estados berbe-
riscos: el reino de Trípoli que como su interior era pobre obtenía su sustento del mar.
Argel más próximo a España era otro Estado del ámbito turco. España tuvo que luchar
para proteger sus rutas de navegación y su abastecimiento de grano de Sicilia frente al
hambriento Estado pirata.
Desde 1560 corsarios berberiscos infestaban el Mediterráneo occidental actuando or-
ganizados en poderosas escuadras hacia Nápoles, Málaga y costa Atlántica de Anda-
lucía. La época de su mayor gloria fue entre 1570 y 1650, llegando a organizar razzias
contra Canarias y estragos en torno a Barcelona.
Los turcos y los Estados berberiscos constituían un peligro por separado pero en con-
junto eran casi irresistibles. En estas circunstancias España tenía que redefinir urgen-
temente su política de defensa. Los recursos de Carlos V concentrados en la defensa
de los intereses de la Europa central y en otras partes, mientras que en el Mediterrá-
neo su política se había mostrado carente de ideas, además había descuidado perma-
nentemente el poder naval. Felipe II tuvo que comenzar desde el principio de manera
que inició con desventaja la carrera naval, temiendo durante algunos años la iniciativa
del enemigo. Pero bajo su dirección la política española contó con un programa y una
fuerza mucho más sólida.
Una vez terminadas las hostilidades con Francia, Felipe II dio prioridad al Mediterrá-
neo. Abandonó la práctica de organizar expediciones vistosas y arriesgadas y puso en
marcha un programa a largo plazo de reforma militar y naval: comenzó a reformar las
plazas fuertes ya existentes (Orán) para que fueran casi inexpugnables y realizando
patrullas por todo el Mediterráneo occidental para hacerse con todos los barcos exis-
tentes y dando prioridad a sus astilleros.

54
Desarrollo
Los inicios fueron negativos: se limitó a continuar con la política de su padre, llevando
a cabo una ofensiva prematura antes de que comenzara el programa de reformas. El
ataque a Trípoli (junio 1559) sobre la base de la paz con Francia que privaba a los
turcos de un aliado y un puerto en el Mediterráneo occidental y deseoso de atacar una
de las principales bases de los corsarios se organizó una expedición contra Trípoli
usando para ello sus galeras italianas. Dominar Trípoli tenía para España gran impor-
tancia:
 Seguridad del dominio español en Sicilia
 y para su actividad económica en Francia.
Pero atacar Trípoli suponía el riesgo de provocar la contraofensiva turca. Felipe II
asumió este riesgo, porque pensaba que la flota turca privada de su aliado francés no
podía organizar expediciones distantes. Pero se equivocó: la 1ª intención de lanzar un
ataque rápido, cuando el tiempo era aún bueno.
Fracaso
1. El duque de Medinaceli organizó una expedición al viejo estilo. Seis meses fueron
necesarios para reunir todos los barcos, tropas, etc... y concentrarlos en Messina y
Siracusa, desapareciendo el elemento sorpresa.
2. Pesada escuadra dirigida ineficazmente por Gian Andrea Doria (una sombra de su
brillante tío).
3. Zarparon en diciembre, lo que era una locura.
4. Los españoles decidieron tomar la isla de Djerba en lugar de la ciudad de Trípoli,
consiguiendo así una base para operaciones posteriores.
Desembarcaron sin incidentes pero inmediatamente quedó a merced del aprovisiona-
miento por mar, en un momento en que la supremacía naval era discutida. Con gran
rapidez, la flota turca zarpó de Constantinopla y en un mes atacó a los españoles que
estaban indecisos, en inferioridad numérica y huyeron. El pánico se apoderó de la ex-
pedición y perdieron 42 de los 80 barcos de que disponían. Parte de la flota con milla-
res de hombres no consiguieron escapar y la escasez de agua les obligó a capitular en
julio.
Balance
1. España perdió 18 mil hombres.
2. La flota turca regresó triunfante a Constantinopla.
3. Terrible golpe para el prestigio de España.
4. Felipe II comprendió la lección: no podía contener a los turcos ni siquiera defender
las costas de sus Estados mediterráneos sin una poderosa flota naval.
Desde 1560 a 1564 Programa de rearme naval:
– Se alquilan barcos.
– Se reanudó la producción en los astilleros de Barcelona, con ayuda de genoveses y
vascos.
– En 1562 las Cortes de Castilla fueron convocadas para que concedieran un subsi-
dio extraordinario para financiar el programa naval.
– El resultado fue que en 1564 el comandante en jefe de la flota mediterránea dispo-
nía de 100 galeras.
Ya en 1563 cuando la gran ofensiva argelina contra Orán, una de las posesiones
españolas más importantes, España consiguió una victoria actuando con rapidez y efi-
cacia pero lo más importante es la forma en que Felipe II coordinó sus recursos y la
rapidez con que los unió desmiente su imagen tradicional de lentitud.
En 1564 España estaba en condiciones de pasar a la ofensiva en el Mediterráneo Oc-
cidental, lo que era imperativo para el monarca después del desastre de Djerba.
Mayo de 1565, la flota turca atacó inesperadamente MALTA, isla de los caballeros de
San Juan, quienes la defendieron con coraje pero no pudieron evitar el desembarco
turco de 25 mil hombres que se apoderaron de la isla. Los defensores, reducidos a
55
unas pocas fortalezas resistieron 4 meses. ¿Qué paso con la fuerza de rescate duran-
te todo este tiempo? García de Toledo prefería utilizar una flota única, capaz de ases-
tar el golpe definitivo, lo que requería tiempo. Los resultados fueron los previstos: los
turcos fueron derrotados completamente y expulsados de la isla.
En 1566 moría Solimán el Magnífico y el impero otomano quedó en manos del más
débil: Selim I. Era el comienzo del fin de los turcos, pero Felipe II no mostró prisa en
acelerar el proceso. Es cierto, también que circunstancias en los Países Bajos comen-
zaron a exigir de manera más urgente su atención, a partir de 1566. Ello significó reti-
rar del Mediterráneo las mejores tropas y, asimismo, recursos financieros.
Así pues, en 1567 y 1568 el Mediterráneo se convirtió en un 2º teatro de operaciones,
en parte porque había aparecido otro foco de tensiones y en parte porque el sultán dio
al monarca español un ligero respiro (le vino bien a España pues en 1569 tuvo que ha-
cer frente a una nueva revuelta en Granada.

2.1.6. Batalla de Lepanto


En 1579 caía el protectorado hispánico en Túnez en manos de los argelinos y los tur-
cos conquistan a los venecianos Chipre, importante posesión con salinas, algodón y
vino. Venecia se vio obligada a buscar aliados e iniciar el rearme. Ante las presiones
del Papa y de Venecia Felipe II con muy poco entusiasmo envió una flota para que se
uniera a las unidades venecianas, genovesas y papales. Pero la proyectada alianza
fracasó y la flota nunca llegó a su destino.
Venecia estaba sola e indefensa. Ahora deseaba una alianza con España, pero le era
difícil conseguirla. Felipe II tenía un gran sentido de realismo, a la vez que ausencia de
espíritu de cruzada, actitud compartida por sus consejeros: no presta ayuda alguna a
Venecia. De no haber sido por la intervención del papa Pío V no se hubiese llegado a
un acuerdo. Las negociaciones fueron lentas porque el papa no deseaba sólo una
alianza temporal para esta ocasión, sino una liga general contra el turco y con un gran
poder ofensivo.
Hubo numerosos contratiempos hasta que finalmente se firmó en mayo de 1571 la Li-
ga Santa, aunque existía desconfianza entre los diferentes coaligados, como siempre
Venecia, a pesar de negarle oficialmente, intentó por 2 veces llegar a un entendimiento
con los turcos. El tratado fue un triunfo personal del papa. Los tres aliados España,
Venecia y el Papado. Sobre España recaía la mayor carga, no sólo desde la posición
del suministro militar sino también porque se comprometía a abastecer a ese ejército y
a Venecia; de manera que Felipe II abrió a Venecia sus mercados italianos y les ven-
dió productos con precios reducidos sin aplicar los gravosos impuestos de exportación.
Esta era una de las cláusulas más importantes del tratado, pues sin el aprovisiona-
miento del trigo español la futura campaña habría sido imposible.
El cargo de comandante en jefe de las fuerzas recayó en el español don Juan de
Austria de 24 años, aunque Felipe II no dejaba de sentir desconfianza permanente
respecto a la juventud y buen juicio de su hermano, amplio consejo además de Reque-
sens para asesorarle. Fue bien aceptado por sus subordinados inmediatos: los co-
mandantes de la flota veneciana y papal. Finalmente impuso sus propias reglas porque
había que buscar al enemigo y destruirle.
Las dos flotas, turca y aliada, se encontraron el 7 de octubre de 1571 a la entrada del
Golfo de Lepanto, donde la flota cristiana consiguió contener al enemigo. La victoria de
los aliados fue abrumadora. Lepanto fue un hecho memorable de técnica y valor pero,
¿qué se había conseguido con aquella batalla?

2.1.7. Consecuencias de Lepanto


Debido a las pérdidas y a lo avanzado de la estación, la flota aliada tuvo que regresar
a Italia. El imperio otomano con su poderosa máquina de guerra no se vio amenazado.
Chipre continuó en manos turcas y el sultán sustituyó sus pérdidas con asombrosa ra-
pidez y en el plazo de un año tenía nuevamente una flota de 200 barcos. Sin embargo,
no hay que decir que Lepanto no tuvo consecuencias:
– El mito del poder turco había sido destrozado.
– La cristiandad había obtenido una notoria moral y se había liberado del sentido de
inferioridad.
– Lepanto señaló el fin de la supremacía turca, este golpe contra su confianza disua-
dió a los turcos de internarse en occidente.
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En cuanto a los aliados, tenía problemas ya que tanto Venecia como España decidie-
ron utilizar la liga para sus propios objetivos y sufrió un gran golpe tras la muerte del
papa Pío V, enérgico dominico. Felipe II dio un giro de 180º en su política interior: sus-
pendió la partida de sus galeras en dirección al Mediterráneo oriental. Esto provocó
gran escándalo y sus aliados le acusaron de traición.
Felipe II argumentó la muerte del papa y un inminente estallido de las hostilidades con
Francia pero la verdadera razón era no desviar los recursos de España para satisfacer
los intereses venecianos en el Mediterráneo. Prefería atacar al Islam donde su golpe
fuera más útil para España: en Argel. Sus aliados no creyeron sus excusas, finalmente
Felipe II tuvo que ceder y aceptó realizar una expedición al Peloponeso, pero el
enemigo se mantuvo alejado, rehuyendo el combate y las fuerzas de la Liga no tuvie-
ron otra alternativa que regresar a Italia.
Venecia comenzó a tener dificultades: su comercio estaba arruinado, sus finanzas ago-
tadas y Chipre no había sido recuperada, de manera que inició las negociaciones con
los turcos y abandonó la Liga en marzo de 1573.
Por su parte, en octubre de 1573 el monarca centró su atención nuevamente en África
y decidió atacar Túnez, fue su último error en el Mediterráneo. Don Juan de Austria
ocupó Túnez sin dificultades pero había que abastecer a la guarnición que allí se que-
daba y mantener esa base. En 1574 la flota turca les atacó y la guarnición española
debió capitular. Túnez fue la última gran victoria de los turcos antes de su declive. Fue
seguida por un período en que ambas potencias se mostraron decididas a abandonar
sus enfrentamientos, en verdad el Mediterráneo era campo de batalla demasiado
grande y excedía los recursos de ambas potencias, que se batieron en retirada y ello
puso fin al conflicto.

2.1.8. Treguas
Comenzaron varios períodos de tregua:
– De un año en 1578
– Otra en 1580
– Finalmente una de tres años en 1581, que al parecer fue renovada en 1585 y 1587.
Las hostilidades estallaron nuevamente en el decenio de 1590 y lo cierto es que las
dos potencias organizaron operaciones de muy poca envergadura. Lo cierto es que se
había producido una serie de cambios:
– Habían cambiado a partir de 1580 los objetivos políticos y religiosos de Felipe II,
adquiriendo una nueva dimensión: ahora tenía que hacer frente a enemigos más
poderosos en el norte de Europa.
– En el Mediterráneo se estaban produciendo cambios. En la década de 1580 los
países marítimos del norte empiezan a interesarse por el comercio oriental. Inglate-
rra no sólo estaba interesada en el comercio, sino que tenía también un objetivo po-
lítico: cuando se estaba preparando la operación de la Armada Invencible, Isabel
trató de concertar una alianza con los turcos, con el argumento de que tanto protes-
tantes como musulmanes odiaban las “idolatrías” del rey de España. Pero los tur-
cos estaban en época de declive y por ello fracasaron las propuestas de Inglaterra.
– Desde el punto de vista político el Mediterráneo había sido neutralizado y el teatro
de operaciones de España era ahora el Atlántico.

2.2. INTERIOR
En 1568 estalló la sublevación morisca: Guerra de las Alpujarras o Guerra de Granada. En la
ciudad de Granada y la parte oriental del reino la sociedad musulmana autóctona era numero-
sa. Este grupo no podía permanecer impasible ante cualquier cambio de sus condiciones bási-
cas de vida.
Desde el punto de vista política el reino anexionado a Castilla en 1492 y no consiguió ningún ti-
po de autonomía. Concluida la Reconquista los señores cristianos se instalaron en sus tierras
ricas y también en sus ciudades.
Desde el punto de vista económico la economía morisca se basaba en el comercio de la seda
entre Italia y Granada, Almería y Málaga poseían telares y la morera era prácticamente el único
cultivo comercializable de las Alpujarras. Desde 1559 agentes reales compraban los títulos de

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propiedad, quienes no los poseían tenían que pagar una multa a la corona so pena de ver co-
mo su propiedad era embargada y vendida.
Desde el punto de vista internacional Argel en guerra con España, la presión turca era más dis-
tante, ambas fuerzas parecían dominar el Mediterráneo. En 1565 los turcos invaden Malta y se
producen frecuentes ataques corsarios a las costas granadinas. Se producían preocupaciones
externas e internas por el bandolerismo y al parecer enviaban informes a los turcos. Se llegó a
pensar que Granada podía convertirse en cabeza de puente para una intervención musulmana.
Así pues, causas más profundas que el aumento de la población (150 mil moriscos frente a 125
cristianos) y la opresión de los oficiales reales y los cristianos viejos, más resentimiento popular
ante la prosperidad del cristiano y del comerciante morisco.
La política oficial no era coherente, ellos fueron una veces perseguidos a causa de la envidia y
la frustración y otras ignorados a cambio de subsidios. La chispa fue la fuerte tensión cuando el
Inquisidor General junto con Felipe II prepararon un edicto que imponía decisivas prohibiciones.
Por este, en un plazo de 3 años tenían que aprender castellano, a partir de ese momento era
delito hablar o escribir árabe en público o en privado. Tenían que abandonar sus vestimentas,
sus apellidos moros, costumbres, etc. El propósito era convertirles en católicos españoles, en
1526 Carlos V promulgó un edicto obligando a bautizarse pero fue más tolerante, tenían 40
años para la integración, el plazo había expirado y la situación era otra en el Mediterráneo.
Tras un año de negociaciones, explotó otra vez la insurrección en la Nochebuena de 1568. La
revuelta se extendió por las montañas de las Alpujarras. De hecho, el auténtico núcleo de la
rebelión estuvo en las montañas y desde allí se difundió hacia las llanuras aunque no a todas
partes (no se sumó Albarracín), fue de hecho un movimiento rural. Entraron en contacto con
moros de Valencia y enviaron misivas a los países norteafricanos en busca de ayuda y apoyo
militar, cosas que recibieron.
Fernando de Valor tomó el nombre de Aben Humeya. Sobrevino en un momento en que sus
recursos eran mínimos. Al principio de las hostilidades estuvo prácticamente paralizada porque
no tenían tropas de calidad puesto que estaban en Flandes. Los primeros momentos fueron
sucesión de patrullas y emboscadas y sólo a partir de 1570 el comandante español Juan de
Austria impone una nueva orientación militar y política de expulsión de las tierras llanas para
aislar a los rebeldes de sus fuentes de aprovisionamiento. Los rebeldes privados de apoyo,
perseguidos de manera implacable, forzados a abandonar sus cuevas llenas de humos se rin-
dieron en el transcurso de 1570.
La guerra había agotado recursos del país. Por tanto las condiciones fueron duras: deportación
de todos los moriscos del reino de Granada, hubieran o no participado en el levantamiento a
otras partes de España: Extremadura, Galicia, la Mancha o Castilla la Vieja. Para llenar el vacío
acudieron 12 mil colonos procedentes de Galicia, Asturias, León y Burgos, la corona les dio en
condiciones ventajosas las tierras confiscadas. Pero muchos se sintieron defraudados por no
saber trabajar las tierras pobres de las Alpujarras, las próximas a la costa presentaban el in-
conveniente de los corsarios.
En realidad, para Lynch el problema de la deportación no resolvió nada en Granada y agrandó
el problema morisco ya que lo extendió a toda Castilla y el conjunto de la población cristiana se
mostró más hostil. Ya en tiempos de Felipe II en los círculos oficiales se consideraba la disper-
sión como un error. Durante los 40 años siguientes fueron una preocupación.

2.3. REBELIÓN EN LOS PAÍSES BAJOS


Cuando Carlos V abdicó, la soberanía de los Países Bajos en Felipe II en 1555, los habitantes
de las 17 provincias se encontraron gobernados no por un emperador sino por un rey extranje-
ro. Dejaban por otra parte de formar parte de un imperio en igualdad de condiciones con otras
zonas para convertirse en un dominio de España. La situación se hizo intolerante cuando Feli-
pe II pretendió gobernar estos dominios con los métodos absolutistas que utilizaba en Castilla.
Pero los Países Bajos tenían un gran valor para Felipe II. Desde el punto de vista material su
valor era extraordinario. Después de las Indias era el activo más importante para Castilla. En el
siglo XVI Amberes era el centro comercial y financiero más importante de Europa, un centro de
distribución entre el norte y el sur, donde se comercializaban no sólo productos manufactura-
dos sino también bienes agrícolas e industriales. Tenían importancia estratégica y religiosa.
Cuando Felipe II marchó de los Países Bajos dejó en su lugar a su hermanastra Margarita de
Austria o de Parma, con consignas muy estrictas: gobernar con apoyo de 3 consejeros, uno mi-
litar, otro jurista y un tercero el cardenal Granvela, al que nombró presidente del Consejo de
Estado, el cual incrementó los impuestos y aplicó los decretos del concilio de Trento como si
fueran leyes de Estado. Los señores fueron relegados a simples figuras decorativas y muchos

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de ellos se ponen a la cabeza de la oposición. Obtienen del rey la retirada de las tropas espa-
ñolas y más tarde, en 1564, el cese de Granvela.
Pero a la protesta fiscal y política se suma la religiosa, cada vez más importante, ya que la
creación de 14 nuevos obispados (mayores cargas financieras y la presión sobre calvinistas y
anabaptistas) era cada vez mayor. De manera que en 1566 se produce un alzamiento radical y
religioso con destrucción de imágenes.
Como nuevo gobernador y al mando del ejército se designó al duque de Alba, con una política
dura, impuso un régimen autoritario que se mantuvo durante 5 años, hasta 1572. Se creó el tri-
bunal de tumultos o de la sangre, 7 personas bajo el propio gobernador con el objetivo de lu-
char contra la herejía y destruir la oposición política. La rebelión triunfó en la provincia de Ho-
landa.
Ante le fracaso político y militar del duque de Alba, fue sustituido por el duque Luis de Reques-
ens, quien intentó una política más blanda en 1573 pero no pudo vencer la tenaz resistencia
holandesa y murió en circunstancia críticas, siendo partidario del perdón general.
La bancarrota haciendística española de 1575 dejó al ejército de Flandes sin paga durante lar-
go tiempo y los soldados se cobraron saqueando la ciudad de Amberes. Esto perjudicó más la
situación del rey provocó un movimiento general en que católicos y protestantes exigieron la re-
tirada de los tercios. Nuevo gobernador, don Juan de Austria, que tuvo que aceptar la situación
en 1577, la paz no fue duradera y en 1578 se produce una doble ruptura:
° Entre Don Juan, que murió ese año, y los Estados Generales.
° Entre calvinistas y católicos.
Los Países Bajos se dividen en dos zonas: Provincias Unidas de religión protestante que decla-
ran formalmente depuesto a Felipe II en 1581 y al sur el nuevo gobernador general Alejandro
Farnesio (hijo de Margarita) que se atrajo a la nobleza católica y reconquisto buena parte del
territorio perdido.

2.4. ANEXIÓN DE PORTUGAL


Es la lucha de la supremacía sobre el Atlántico. Tras la batalla de Alcazarquivir en 1578 contra
los musulmanes, el rey de Portugal don Sebastián, es derrotado y muerto. No dejaba heredero
directo. Le sucedió en el trono su tío abuelo el cardenal Enrique, pero el reinado de un anciano
epiléptico no fue más que un intervalo que dejaría sin resolver el problema de la sucesión.
Felipe II en su condición de hijo de la emperatriz Isabel hija primogénita de Manuel I, tenía sóli-
dos derechos una vez desaparecido Enrique. Además le apoyaban los comerciantes con in-
tereses en el comercio colonial, las clases adineradas y la nobleza. Otros pretendientes:
° La duquesa de Braganza, Catalina de Médicis, reina madre de Francia.
° Antonio, prior de Crato, hijo ilegítimo de Manuel I.
El cardenal Enrique había dejado el gobierno en manos de un Consejo de Regencia hasta que
fuese designado su sucesor. 2 ó 3 miembros del consejo abrazarían la causa de Felipe II. Pero
Felipe II no estaba dispuesto a permitirles, ni a las Cortes ni al papa, a arbitrar la sucesión pues
consideraba que sus derechos sucesorios eran irreprochables. En los primeros meses de 1580
y alentados por la corona, los nobles comenzaron a reclutar tropas, mientras que las ciudades
aportaban tropas, barcos y dinero en un gran esfuerzo nacional.
En junio de 1580 todo estaba listo para hacer frente al ejército invasor al mando del duque de
Alba. El ejército atravesó la frontera cerca de Badajoz y avanzó hacia Lisboa, mientras la flota
comandada por el marqués de Santa Cruz se situaba en la desembocadura del Tajo. Don An-
tonio estaba cercado y sus seguidores nacionalistas nada pudieron hacer. Herido durante la
batalla, escapó y embarcó hacia el extranjero. En 4 meses se había ocupado Portugal.
Ya antes de la ocupación Felipe II se había comprometido a respetar los derechos constitucio-
nales de los portugueses. En las Cortes de Thomar, reunidas en 1581, fue reconocido formal-
mente como rey de Portugal y concretó los términos de la adhesión que se hicieron públicos al
año siguiente. Se comprometía a no reunir las Cortes portuguesas fuera del reino. El cargo de
virrey sólo podía ser desempeñado por portugués o por miembros de la familia real, los nom-
bramientos administrativos, militares y eclesiásticos recaerían exclusivamente sobre portugue-
ses, en el país sólo habría fuerzas portuguesas y el comercio colonial no experimentaría cam-
bio alguno. Todas las aduanas fronterizas serían abolidas.
Difícilmente un monarca del siglo XVI podría hacer más concesiones a un país conquistado. En
conjunto Felipe II mantuvo sus promesas. Naturalmente eligió a los consejeros y oficiales más
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castellanizados como Moura y otorgó el cargo de virrey a un miembro de su familia pero no hu-
bo una violación directa del compromiso de 1582 hasta el reinado de Felipe IV.

2.5. EL ATLÁNTICO
Felipe II era ahora el monarca de una península unificada con un poder territorial y naval más
extenso en el Atlántico. Estaba también en posesión de los 2 imperios coloniales más importan-
tes del siglo XVI, cuya defensa pudo reforzar gracias a la adquisición de las Azores.
España se orientó ahora inequívocamente hacia el oeste y el norte. Desde el momento en que
Felipe II fijó su residencia en Portugal (1581-1583) hizo saber a sus enemigos que ocupaba
una posición nueva más avanzada en la batalla del Atlántico. Esto preocupaba a sus enemigos
y muy especialmente a Inglaterra.

2.6. INGLATERRA
Tras la muerte de María Tudor, Felipe II salió de Inglaterra. En este país tras una serie de su-
cesores alcanza la corona Isabel, hija de Ana Bolena y de Enrique VIII. Hasta 1566 las relacio-
nes entre Inglaterra y España eran relativamente amistosas. Ambos miraban con recelo a
Francia y Felipe II no quería un enemigo en el mar del Norte. Después las relaciones se dete-
rioran. Isabel permitirá la piratería inglesa contra barcos españoles y cuestiona el monopolio
colonial que pretendía España.
° Drake y Hawkins pirateaban con autorización de la reina.
° Tropas inglesas desembarcaron en Flandes en apoyo de los protestantes.
Por su parte, Felipe II apoyaba las sublevaciones de los irlandeses, se iniciaba la fundación de
seminarios en España y Flandes donde se formarían sacerdotes irlandeses e ingleses para en-
viarlos a las islas en misiones de carácter a la vez político y religioso. Ponía las esperanzas de
sustituir a Isabel por su prima María Estuardo, reina de Escocia.
Pero en 1578 año clave en su política. En efecto, gradualmente, después de la Batalla de Le-
panto y de manera más urgente desde 1578, cuando las treguas con los turcos se hicieron más
regulares, comenzó a retirarse de la guerra del Mediterráneo y a reducir sus compromisos en
esa zona al mínimo exigido por las necesidades defensivas.
Se centra decididamente en los Países Bajos para recuperar una parte del terreno que había
perdido desde 1566, Felipe II estaba apartando a España del Mediterráneo para orientarla ha-
cia el Atlántico. La 1ª fase de este viraje fue la anexión de Portugal. Hay sin embargo, diferen-
tes interpretaciones respecto al momento de ese cambio (1540, 1568, 1580) todas son válidas.
Había llegado el momento de apartarse del Mediterráneo y dirigir la política y el poder español
hacia el norte. A finales de 1583, Felipe II tenía sobre su mesa dos planes:
° Naval con marqués de Santa Cruz y don Álvaro de Bazán, el 1º aconsejaba al monarca a
tomar la ofensiva y preparar la expedición para el año siguiente contra la “mujer hereje” pa-
ra derrocarla. Su plan era la invasión naval directa que partiría desde España a su mando.
° Militar con Alejandro Farnesio con su habitual realismo advertía al rey que España tenía
que actuar por sí sola y que por tanto tenia que contar con una importante baza de al me-
nos 34 mil hombres. Era necesario un secreto absoluto y por ello la expedición debía partir
desde los Países Bajos, donde las mismas tropas eran constantes y en cualquier caso la
travesía desde el Canal era infinitamente más fácil que desde España. Naturalmente si la
operación tenía éxito aceleraría el sometimiento de los Países Bajos. Había nacido la idea
de la Armada Invencible.
Sin embargo, el proyecto permaneció guardado hasta 1585, momento en el cual la guerra fría
se fue calentando. Se rompen las relaciones entre Inglaterra y España cuando el embajador
español en Londres, Mendoza, fue expulsado, acusado de complicidad en la conspiración libe-
ral a Mª Estuardo y el derrocamiento de Isabel.

2.7. LA ARMADA INVENCIBLE


Circunstancias adversas a los españoles:
° Drake reunió información que le llevaron a una incursión a Cádiz.
° El duque de Medina Sidonia al mando de 19 mil hombres salió de Lisboa, fondearon en Ga-
licia por el mal tiempo y a pesar de algún encuentro con los ingleses rehusaron el enfren-
tamiento y siguiendo instrucciones llegaron a Calais en agosto de 1588.

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2.8. GUERRA EN LOS NOVENTA Y PAZ DE VERVINS (1598)
Felipe II nunca había aceptado realmente la paz de Cateau-Cambresis con Francia de 1559.
° Ataques hugonotes contra su sistema de comunicaciones tanto en Europa como en Améri-
ca.
° Difusión del calvinismo en sus dominios.
° Apoyo francés a los rebeldes de los Países Bajos.
° Sublevación.
En 1585 Felipe II dio prioridad a este asunto, interviniendo en la última fase de las guerras de
religión que desgarraba a Francia desde hacía 30 años. Concedió subdividir a la Liga Católica
para impedir que llegase como rey el protestante Enrique de Borbón, rey de la Navarra france-
sa, “el Bearnés”.
Cuando esta circunstancia se hizo realidad en 1589 Felipe II se comprometió a fondo y en 2
ocasiones Farnesio trasladó sus fuerzas al norte de Francia. Con ello se descuidaron los asun-
tos holandeses. Felipe II pensando en la posibilidad de coronar a su hija Isabel Clara Eugenia
casándose con el archiduque austríaco. Pero ni la Liga Católica deseaba una dinastía española
en el trono de Francia y así en 1595 Enrique terminó uniendo a sus súbditos de distinta religión
en una guerra contra España.
Ante el fracaso, Felipe II tuvo que reconocer la Paz de Vervins de 1598, en donde España re-
nuncia a Calais y a otras plazas en Picardía y Bretaña, muy poco se consiguió a cambio. No
conseguir el respiro que esperaba ya que Francia continuó ayudando a las Provincias Unidas.

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TEMA 10: POLÍTICA INTERIOR Y EXTERIOR HASTA LA MUERTE DE FELIPE II

1. LA JORNADA DE INGLATERRA: TROPAS Y REALIDADES


En los primeros años del reinado Felipe II había intentado mantener relaciones cordiales con la
Inglaterra protestante de Isabel I. Incluso se había opuesto a tentativas del papa para excomul-
gar a aquella soberana o entronizar a la católica María Estuardo pero las dos monarquías tenían
intereses contrapuestos, la expansión colonial inglesa hacía fuerzas que no eran capaces de re-
sistir a los tercios de Alejandro Farnesio.
Al mismo tiempo, la lucha entre católicos y protestantes adquiría en Francia carácter de extrema
gravedad. En 1584 había muerto el duque de Anjou y de Alençon y Enrique II no tenía hijos. El
heredero de la corona de Francia era Enrique de Borbón, rey de Navarra, adicto a la reforma, tan
extendida por el sur de Francia y tan protegida por algún príncipe de la casa de Albet. La oposi-
ción contra el protestantismo había creado entre los católicos franceses y especialmente en el
pueblo de París un espíritu de violencia. Este grupo de católicos de acción, al frente del cual es-
taban los príncipes de la casa de Lorena y cuyo jefe era el duque de Guisa, veían como su últi-
ma esperanza el apoyo que podía prestarles el rey de España.
Todo género de razones de orden religioso y político impulsaban a Felipe II a intervenir en Fran-
cia. Él se consideraba como el campeón del catolicismo en Europa. El sentido misional de su po-
lítica exigía que procurase evitar que la Reforma se extendiera a un país cuya influencia en el
pensamiento y en la manera de vivir del resto de Europa ha sido siempre enorme.
En diciembre de 1584 el embajador Juan Bautista de Tassis había firmado en el castillo de Join-
ville un tratado en el cual los franceses se comprometían a no aceptar por rey a un príncipe pro-
testante y a renunciar a la alianza con el turco. Felipe II les concedió un fuerte subsidio mediante
el cual la unión de los católicos, la Liga, adquirió extraordinaria importancia.
La Liga dominaba en el norte y en la parte oriental de Francia, en tanto los protestantes prevale-
cían en Bearn y Gascuña. Enrique II débil e indeciso no pudo impedir con su política vacilante
que estallase la 8ª guerra de religión, que se llamó de los 3 Enriques, por los 3 príncipes en cuyo
entorno se agrupaban los partidarios: Enrique de Valois, Enrique de Borbón, el rey de Navarra y
Enrique de Lorena, duque de Guisa. En París los católicos dominaban la situación y el rey se vio
obligado a huir y a pactar con la Liga.
Felipe II absorbido por su proyecto de invasión de Inglaterra no podía pensar en una interven-
ción directa en Francia. Después del desastre de la Armada Invencible, Enrique III creyó fácil
dominar a los que formaban la Liga desprovistos del apoyo de España, e hizo asesinar al duque
de Guisa, la reacción fue terrible: el duque de Mayenne, hermano de Guisa, se apoderó de París
y el rey, unido con el de Navarra cercó la ciudad, un fraile fanático apuñaló al rey de Francia en
el campamento de Saint Cloud y la casa de Valois se extinguió al día siguiente con el último de
los hijos de Enrique II y Catalina de Médicis.
El puñal del regicida dejaba abiertos los caminos a Enrique de Borbón. Enrique no había evalua-
do exactamente el poderío del rey de España. Es cierto que su flota había sido parcialmente
deshecha, pero quedaban intactos, gracias a la cautela de Alejandro de Farnesio, que se había
negado a embarcarse, sus tercios vencedores.
Entre el dilema de restablecer su dominio en los condados neerlandeses o impedir el acceso al
trono francés de un protestante que, como en Inglaterra, inclinase la fortuna indecisa a favor de
la Reforma, el rey de España se decidió por este último partido. Hizo bien aún cuando su deci-
sión le costase la perdida definitiva de Holanda. Alejandro Farnesio tuvo que abandonar la gue-
rra en los Países Bajos para acudir con sus tercios en socorro de París. Dejó segura la ciudad
con una fuerte guarnición española y acudió de nuevo a las provincias deseoso de reconquistar
Holanda. Con la falta del apoyo de la flota, Alejandro Farnesio no pudo impedir que se perdiesen
Zutphen y Deventer. Cuando iniciaba el asedio de Nimega se vio obligado a volver a Francia. La
situación era difícil para la Liga.
En 1590 muerto el cardenal Carlos de Borbón (el príncipe Carlos X) los católicos estaban sin
caudillo, frente a un príncipe de extraordinarias dotes políticas y humanas como Enrique de Bor-
bón; Alejandro Farnesio derrotó al Bearnés en la batalla de Aumezle y liberó la ciudad de Rouen.
Alejandro Farnesio tenía que luchar con un enemigo digno de él, en Candebec estuvo a punto
de ser envuelto y difícilmente pudo pasar a Senz y llegar, herido, a París; enfermo y fatigado,
hubo de retirarse a Flandes.

62
2. LA GUERRA DE LOS AÑOS NOVENTA. AGOTAMIENTO PROGRESIVO. LA PAZ DE
VERVINS
Tras la muerte de Alejandro Farnesio en Arrás (2-12-1592) el rey intentó su difícil sustitución con
el conde de Mansfeld, leal y valiente soldado, con el archiduque Ernesto, con don Pedro Enrí-
quez de Guzmán, conde de Fuentes y con el archiduque Alberto. No les fue difícil a estos gober-
nadores mantener la paz en las provincias católicas, cada vez más identificadas con la causa de
España, pero la reconquista de las ciudades del norte se hizo imposible.
La situación de árbitro decisivo en que las circunstancias habían situado al rey de España le hi-
cieron subestimar su fuerza, hasta el punto de hacerle concebir un proyecto de situar en el trono
de Francia a la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Isabel de Valois y nieta de Enrique II, dero-
gando la llamada Ley Sálica que excluía del trono a las mujeres. Aún cuando el rey ofreció en
matrimonio a la infanta a un príncipe de la casa de Lorena, el joven duque de Guisa o su tío, el
de Mayenne, fueron inútiles los esfuerzos de la hábil diplomacia española y la amenaza de los
Tercios de Flandes para que los Estados Generales desoyesen una ley tan arraigada en la tradi-
ción de Francia. Pero la presión del rey de España y la presencia de sus tropas en París no fue-
ron inútiles para la consecución del principal de los fines que movían al rey de España a interve-
nir en Francia.
Enrique de Borbón se dio cuenta de la fuerza incontrastable del catolicismo francés y el 24 de ju-
lio de 1593 abjuró solemnemente en la abadía de Saint Denís de sus errores. Ningún obstáculo
se interponía ya entre el príncipe francés, el más próximo pariente de Enrique III y el trono de
Francia. El Borbón, tronco de una dinastía que habría de reinar poR siglos en Francia, en Espa-
ña y en una gran parte de Italia, fue consagrado en la catedral de Chartres (27-2-1594) pocos
días después entraba tranquilamente en París y se daba el placer de saludar cortésmente a la
guarnición española.
Felipe II enfermo no deseaba sino la paz y el nuevo rey de Francia necesitaba también de la paz
para reorganizar el Estado, destruido por 30 años de guerra civil. La paz se firmó en Vervins y en
su virtud, Enrique IV reconocía las cláusulas de Cateau - Cambresis.

3. EL HORIZONTE ESPAÑOL DE 1598: JUICIO CRÍTICO DE UN REINADO CRUCIAL


Tras la paz de Vervins, el rey de España, que en su postreros años mereció más que nunca el
dictado del Prudente, quiso dejar a su heredero pacificado los Países Bajos. Parece que sugirió
la hábil solución don Cristóbal de Moura, marqués de Castel Rodrigo.
El 6-5-1598, Felipe II cedía las provincias neerlandesas a su hija la infanta Isabel Clara Eugenia
y a su futuro esposo el archiduque Alberto. Las cláusulas de la cesión preveían un retorno de las
provincias a la soberanía de España. Los herederos de Alberto y de Isabel Clara no podían ca-
sar sin el beneplácito del rey, y si la sucesión de los Estados recaía en mujer, ésta debía con-
traer nupcias con el rey de España o con su heredero. Si a la muerte de uno de los cónyuges no
quedasen herederos directos, la soberanía volvería al rey. Los nuevos soberanos no consenti-
rían otra religión que la católica. La solución fue admitida con alegría en las provincias en que
dominaban los católicos.
En los condados del norte el problema era fundamentalmente religioso y ninguna concesión polí-
tica podía satisfacerles. Su independencia absoluta era ya un hecho reconocido por Francia e
Inglaterra, holandeses y zelandeses siguieron defendiéndola con las armas.
Por último y en los postreros años de su reinado Felipe II tendió a concentrar las responsabilida-
des de gobierno en un reducido grupo de consejeros y a marginar el cauce normal de los conse-
jeros. Una junta de Noche tomaba desde 1585 las grandes decisiones de la monarquía.
Poco a poco fueron muriendo los hombres de mayor confianza del soberano: Granvela, Zúñiga,
Mateo Vázquez, quedaban Mora e Idíeguez (con Chinchón para asuntos aragoneses). El mo-
narca se hacía cada vez más inaccesible. El crecimiento de la fuerza militar había sido enorme,
pero este crecimiento tenía su coste. Durante el reinado se habían triplicado los ingresos del Es-
tado y cuadruplicado su deuda, las llegadas de plata americana había hecho posible la política
exterior belicista. Pero el fracaso de la Armada Invencible impuso un reajuste fiscal en Castilla.
En 1591 se establecieron nuevas cuotas del servicio de los pecheros. En el año anterior las Cor-
tes aprobaron el servicio de millones, que marcó un hito en la historia de la hacienda del reino.

63
4. POLÍTICA EXTERIOR DE FELIPE II RESPECTO A LOS PAÍSES BAJOS
4.1. ANTECEDENTES
Las guerras mantenidas durante más de 80 años para conservar la soberanía de la Casa
de Austria sobre los Países Bajos fue uno de los factores más importantes de la decaden-
cia militar y política de España. La raíz del problema se encontraba en:
1. Existencia de una resistencia de índole nacional a un monarca que pretendía gobernar los
Países Bajos desde España.
2. Difusión del calvinismo que Felipe II no estaba dispuesto a consentir.
Además había que tener en cuenta los contrastes entre el sur valón y el norte flamenco.
Las contradicciones entre la empobrecida aristocracia terrateniente y la rica burguesía
urbana. Las diferencias religiosas del sur católicos (valones) y el norte, luteranos, ana-
baptistas y desde 1563 calvinistas (los flamencos).
En cuanto a la economía, de la zona se trataba de una zona industrializada y poblada,
económicamente más evolucionada que España. En impuestos aporta a la corona una
cantidad superior a la plata americana (por Rotterdam y Amberes, centro monetario euro-
peo pasaban un 50% de las mercancía mundiales). España dependía económicamente
del enemigo financiando así una guerra contra ella misma.
En realidad Flandes o los Países Bajos eran un territorio que poseía variedad de razas,
lenguas y sistemas políticos a los que se superpuso una división religiosa causada por
la difusión del calvinismo (religión militante) no acomodaticia y respetuosa con los poderes
seculares como era el luteranismo.
Los calvinistas (hugonotes en el lenguaje popular) tenían extensas conexiones en Francia
de donde recibieron apoyo, también en Alemania y en Inglaterra. No sólo de forma privada
sino también oficial en ocasiones. Por estos motivos, aunque la guerra de los Países Bajos
fuese técnicamente mal resuelta, un motín contra la autoridad legal, en realidad fue un
conflicto internacional de gran alcance, en el que los motivos políticos igualaron o supera-
ron a los religiosos.

4.1.1. 1ª fase
Después de un tiempo en Flandes, Felipe II se trasladó a España dejando allí co-
mo regente a Margarita de Parma. Entre sus consejeros destacaban: el Cardenal
Granvela, Guillermo de Orange y el conde Egmont. Los dos últimos parecían estar
fuera de toda sospecha ya que Egmont había mandado la caballería española en
San Quintín y Granvelinas y Orange habría sido amigo íntimo de Carlos V.
Granvela. Aparentemente el país estaba gobernado por flamencos pero la realidad
era que el hombre más influyente era Granvela que a su vez interpretaba el pen-
samiento y las órdenes de Felipe II, en especial en cuanto a la represión de la he-
rejía. Sus agentes serían 13 nuevos obispos. No existía la inquisición pero los
obispos tenían atribuciones semejantes, lo que originaba descontento general, que
se hizo patente en dos sectores:
1. La burguesía mercantil (nuevos ricos), inclinada a las novedades religiosas.
2. La nobleza (empobrecida) descontenta con la política de Granvela.
El resto de la población se sentía molesta por la presencia de un tercio de las tro-
pas españolas y por la sensación de estar dirigida por poderes lejanos y extraños.
Mientras tanto, Felipe II anunció varias veces su intención de ir a Flandes, viaje
que no llegó a realizarse. Sin embargo hizo dos concesiones importantes: Retira-
da de Granvela y retirada de las tropas españolas.
4.1.2. 2ª fase
Parecía que el problema político estaba en vías de solución cuando se complicó
con el problema religioso: los nobles flamencos (incluso algunos católicos) hicieron
peticiones en pro de una libertad de conciencia. El conde Egmont se trasladó con
la misma petición a Madrid, pero se encontró con los escrúpulos de un rey vacilan-
te.
Felipe II se decidió por la intransigencia: los decretos del Concilio de Trento de-
bían ser aplicados estrictamente y los herejes castigados con rigor. La respuesta

64
de los calvinistas no se hizo esperar: asalto a iglesias y destrucción de imágenes
en Amberes, Gante, Amsterdam y otras ciudades (agosto de 1566).
La indignación de Felipe II dio como resultado la decisión de enviar al duque de
Alba a Flandes. Tras un largo viaje por Italia, Saboya, Franco Condado y Lorena,
llegó a Flandes con 9 mil infantes españoles y con un número igual de italianos y
mercenarios alemanes. Margarita de Parma se retiró de la escena política y co-
menzó la represión sangrienta y la guerra.
El duque de Alba utilizó una crueldad y unos procedimientos inadecuados para
restablecer una paz todavía posible. Muchos se declararon rebeldes, entre ellos
los duques de Horn, Egmont y el mismo príncipe Guillermo de Orange.
En lugar de intentar una conciliación, Alba instituyó el Tribunal de Tumultos. En 6
años se condenó a más de mil personas a la pena de muerte. Entre los decapita-
dos se encontraron Horn y Egmont.
A estas medidas siguió un período de calma engañosa. Se promulgó un perdón
general y muchos sospechosos de herejía pidieron la absolución. Guillermo de
Orange intentó una invasión desde Alemania pero fracasó.
El duque de Alba pensó que después de la represión nadie se atrevería a oponer-
se a las órdenes reales. Tan seguro estaba que ordenó introducir la alcabala con
objeto de hacer frente a los gastos militares. Esta medida disgustó tanto (incluso a
los sectores más adictos) que se preparó la reaparición de Guillermo de Orange.
Sin embargo la opinión estaba más aterrada por la violencia de la represión.
Luis de Nassau y Guillermo de Orange que intentaban invadir uno el norte y otro el
sur del país, fueron derrotados por el duque de Alba.
– Los Estados Generales convocados en Bruselas aceptaron fuertes aumentos de
impuestos para pagar a las tropas y la contribución ascendió a más de 2 millones
de ducados por año.
– Felipe II juzgando que había alcanzado sus objetivos otorgó un gran perdón. Du-
rante casi seis años pudo creerse que la rebelión había sido sofocada.

4.1.3. 3ª fase
Pero en abril de 1572 los calvinistas reforzados en el extranjero desembarcaron en
la Brielle y tomaron el control del Escalda.
– Simultáneamente estallaron sublevaciones en todo el norte de Zelanda, Holanda y
Utrecht.
– Luis de Nassau desde Francia (con ayuda de los hugonotes franceses) y Guillermo
de Orange procedente de Alemania invadieron el país y se apoderaron de algunas
plazas fuertes.
Pero los sucesos de la Noche de San Bartolomé contrariaron los planes de los
rebeldes. Las plazas flamencas fueron recuperadas por los españoles y el duque
de Alba emprendió la reconquista del norte ocupando Haarlem.
El inicio de la guerra se produce en las condiciones más desfavorables para las
tropas españolas:
– Estaban acostumbradas a vencer en campos de batalla abiertos.
– Ahora se encontraban en un lugar pobladísimo, lleno de canales.
– Los núcleos urbanos estaban bien fortificados y cada uno requería un largo asedio.
– Por otra parte hubo numerosos motines a causa de la falta de pago a las tropas.
Los amotinados elegían su propio jefe que imponía una disciplina severísima y de-
claraban una especie de huelga de brazos caídos. O bien hacían la guerra por su
cuenta, saqueando sin distinción a amigos y enemigos. Desde el principio se mar-
có en el interior de los Países Bajos la división que aun hoy se refleja en su mapa
políticos:
– El sur (la actual Bélgica) con predominio católico, se mantuvo fiel a los Austrias a
condición de que respetaran sus leyes autonómicas.

65
– El norte (la actual Holanda) donde el calvinismo había arraigado fue el centro inex-
pugnable de la resistencia.
El combate en aquella tierra adquirió caracteres épicos:
– La ofensiva del duque de Alba produjo la toma de Malinas y Haarlem pero estas
victorias no decidieron nada.
El cerco de Alkmaar tuvo que ser levantado cuando los holandeses rompieron los
diques y Alba, cansado y desilusionado, presentó su dimisión al rey en 1573.
4.1.4. 4ª fase
En 1573 sucedió al duque de Alba, don Luis de Requesens. Tenía instrucciones
de llegar a una paz negociada pero Felipe II no podía aceptar la libertad religiosa
que exigía Guillermo de Orange. Se reanudaron las hostilidades. El ejército real
progresaba lentamente y hubiera obtenido una solución militar de no haber fallado
los recursos monetarios:
– Antes de la guerra se enviaban a Flandes desde Castilla unos trescientos mil duca-
dos. Ahora se necesitaban 2 millones. En esta coyuntura Felipe II en las Cortes de
1573-75 pidió un aumento de impuestos. Pero hay en esto una fuerte reacción:
acusan a los genoveses de ser los culpables de la ruina de la Hacienda Real por-
que estos banqueros habían concertado unos asientos usurarios.
– La antipatía que los procuradores tenían a los genoveses consiguió convencer al
rey para que sustituyera a los banqueros por hombres de negocios castellanos.
– Se declararon nulos los asientos concertados sólo quedaron fuera de esta decisión
la casa de los Fugger y la de los Espínola. Una ola de pánico y de quiebras se ex-
tendió por todas las plazas financieras de Europa, pues eran muchos los capitales
invertidos en los asientos castellanos. Se acusó al rey de deslealtad y entorpecie-
ron el aprovisionamiento a las tropas destacadas en Flandes.

4.1.5. 5ª fase
Juan de Austria llegó en este momento, se vio obligado a aceptar la pacificación
de Gante y alejar las tropas españolas.
Pero en el momento que mejoró la economía castellana (al emprender de nuevo
las relaciones con los genoveses) Felipe II reanuda la guerra con Flandes. Envía
refuerzos a don Juan de Austria a cuyo frente iba Alejandro Farnesio. En 1578 ob-
tienen una amplia victoria sobre el ejército de los Estados Generales. En el mismo
momento la opinión católica estaba asustada por el comportamiento de los calvi-
nistas que no respetaban la pacificación de Gante (el comité revolucionario esta-
blecido en Gante había suprimido el culto católico).
Alejandro Farnesio sustituyó a don Juan de Austria. Hombre muy capaz tanto por
su talento militar como por su diplomacia. Consiguió enfrentar a valones y calvinis-
tas destruyendo su unión circunstancial.
Unión de Arras. En las zonas que el pueblo había permanecido adicto al catoli-
cismo (sur) la unión contra los calvinistas reunió a todas las clases de la sociedad:
así ocurrió en Valonia, Artois y Hainaut donde los nobles tomaron la iniciativa y
crearon la Unión de Arras el 6-1-1579.
Unión de Utrecht los calvinistas replicaron con la Unión de Utrecht el 23-1-1579
que agrupaba a las provincias del norte: Zelanda, Holanda, Frisia, además de Am-
beres.
Paz de Arrás en mayo de 1579 se firmó esta paz que aceptaba los principios de la
pacificación de Gante:
– Se preveía la partida de las tropas 6 meses después del restablecimiento de la paz.
– Prometía que los puertos importantes de la administración se reservarían a los na-
cionales.
Pero Guillermo de Orange intentando una última maniobra propuso ofrecer la co-
rona a otro príncipe: el duque de Anjou, hermano de Enrique III que aceptó y reali-
zó su juego personal en 1582-83, pero fracasó.
Durante este tiempo, Alejandro Farnesio:

66
– A partir de Artois tomó Donai.
– A partir de Luxemburgo se apoderó de Maestricht.
Tuvo cuidado de solicitar autorización para utilizar las tropas españolas, para no
entrar en contradicción con la Paz de Arrás. Después de una serie impresionante
de victorias, Alejandro Farnesio había emprendido la reconquista de las provincias
del norte, cuando fue detenido por la orden de ir a Francia a levantar el sitio de Pa-
rís, asediado por las tropas de Enrique de Navarra.
Alejandro Farnesio murió en 1592 descorazonado por habérsele confiado empre-
sas que superaban con mucho los medios. Felipe II cedió la soberanía de los Paí-
ses Bajos al archiduque Alberto y a su hija Isabel Clara Eugenia con el título de
“príncipes soberanos” denominación deliberadamente ambigua. Lo que quería ex-
presar es que siempre dichos príncipes tenían libertad de acción y autonomía de
gobierno, pero permanecían subordinados a los intereses de España. La corona
no renunciaba a sus derechos hereditarios.

4.2. CONSECUENCIAS
Todas estas circunstancias políticas, sociales y económicas llevaron a la división de los
Países Bajos:
° Norte: Provincias Unidas de religión protestante, que declaran formalmente depuesto a Fe-
lipe II en 1581.
° Sur: Países Bajos católicos. Alejandro Farnesio, duque de Parma e hijo de Margarita de
Parma logró atraerse a la nobleza católica y reconquistó buena parte del territorio perdido.
Así pues, quedaron los Países Bajos divididos en lo que actualmente son los estados de
Holanda (Provincias Unidas) y Bélgica (Países Bajos).

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TEMA 11: FELIPE III

1. 1598
Tenía 20 años, escasamente dotado de inteligencia, su padre le entregó el trono con cierto recelo
“temía que lo fueran a gobernar”. Contrajo matrimonio con su prima Margarita de Austria. Bondadoso,
piadoso, no pretendía emular a su padre y además, de gran rey había sido un gran funcionario. Dele-
gó el poder en un ministro y en su elección no pudo escapar de la mediocridad, Francisco Gómez de
Sandoval y Rojas, elevado a la condición de Duque de Lerma, su amigo más íntimo y confidente, po-
co dotado para el ejercicio del poder.
El año de 1598 es un punto importante en la Historia de España. El gobierno personal del monarca
dejó paso al de los validos. Sin embargo, España seguía siendo gobernada por el aparato conciliar
desarrollado por los primeros Austrias. El poder se distribuía en una serie de organismos especializa-
dos en distintos aspectos del gobierno, pero se distribuía de manera uniforme: a la cabeza el Consejo
de Estado que trataba los grandes temas de política y jurisdicción exclusiva sobre el política interior.
No tenía presidente, era el rey quien lo convocaba. Los demás consejos subordinados a éste ya fuera
formalmente o en la práctica.
Con Felipe III se revitalizó el Consejo de Estado, siendo sus reuniones con un presidente y nombró a
destacados miembros de la nobleza para integrarse en él. En 1600 se reorganiza y a partir de enton-
ces comenzó a reunirse de forma regular, aproximadamente una vez por semana y a asumir un papel
más activo y dominante. Pero Felipe III tardaba un tiempo exageradamente largo en enviar a los Con-
sejos el material que llegaba a su poder.
La coordinación de los Consejos lo delegó en el Duque de Lerma, quien al parecer prefirió dejar que
la administración realizara por sí su tarea. Raramente acudía a las sesiones del Consejo de Estado,
aunque en otros aspectos como las finanzas y el patronazgo dejó perfectamente claro quien manda-
ba. Así como consecuencia del alejamiento del ejecutivo, los Consejos de Estado, Guerra y Hacienda
adquirieron un carácter profesional.

2. VALIDAMIENTO 1598
Sistema mediante el cual los últimos Austrias, huérfanos de talento y de la voluntad necesarios para
el gobierno personal, trataban de desentenderse de los asuntos de gobierno. Pero era más que eso:
era una forma de adaptarse a las circunstancias pues gobernar España y el resto del imperio era una
carga demasiado pesada para que pudiera soportarla un solo hombre.
El ascenso del valido comportó el declive del secretario que no dejó de ser un burócrata profesional
sin ambición política. Pero además de la ineptitud del rey y el desarrollo de la administración, refleja-
ba también las ambiciones de la nobleza: significó el triunfo de los grandes sobre los hidalgos y la pe-
queña nobleza. Los grandes criticaban a los validos pero sus críticas iban dirigidas contra quienes
desempeñaban el cargo, no contra el mismo cargo. Tanto en el reinado de Felipe III como en el de
Felipe IV los validos no pertenecientes a la aristocracia se beneficiaron ellos y sus clanes.
Los validos concentraban no sólo el poder sino también y sobre todo influencia. A Lerma se le acusa
de haber desplazado a fieles seguidores de Felipe II como don Cristóbal de Moura entre otros y de
haber entregado altos cargos del Estado y de la iglesia a su parentela: a su tío el arzobispado de To-
ledo y luego Inquisidor General, los condes de Lemos obtuvieron los principales virreinatos en Italia.
El valido tenía a su vez colaboradores cuya fama era peor como don Rodrigo Calderón y el catalán
Pedro Franqueza, conde de Vilallonga, procesado por corrupción.

3. BELICOSOS Y PACIFISTAS
Felipe II realizó dos acciones para conseguir la paz: renuncia de los Países Bajos y la paz de Vernins
con Francia. Por otro lado, Felipe III y sus colaboradores eran conscientes del agotamiento de Espa-
ña. Tradicionalmente se tiene a Felipe III como “pacifista” que se apartaba del costoso belicismo del
reinado anterior. Los primeros años de su reinado acción contra la monarquía inglesa, en 1601 una
flota española se dirigió a Irlanda, desembarcando en la población de Kinsale, sin éxito.
En 1603 muere Isabel y la entronización de la dinastía Estuardo supusieron un nuevo clima político.
Al siguiente año, tratado de paz con el nuevo monarca Jacobo I España está bien representada por el
embajador Gondomar, odiado por protestantes radicales, Maquiavelo español. Consiguió la confianza
del monarca y contribuyó mucho a la política de paz.

4. PAÍSES BAJOS
Mayores dificultades tenía España con Holanda, herejes y rebeldes a la monarquía española. Cesión
de los Países Bajos del Sur a Isabel Clara Eugenia y su esposo no solucionó la situación. El archidu-

68
que fue derrotado y el éxito resonante de Ostende en 1604 gracias a la intervención del genovés Am-
brosio de Spínola no sirvió de mucho debido a la mala gestión de la tesorería española: las tropas no
cobraban y se negaban a luchar. De manera que la mala situación financiera más el cansancio de
ambas naciones llevaron a la paz. No fue un tratado sino la tregua de los 12 años (1601-1621), en la
práctica se reconocía la independencia holandesa pero de la tregua quedaban excluidas las colonias
americanas y portuguesas. Debido a ello no es de extrañar las numerosas incursiones de los holan-
deses a expensas de Portugal en el extremo oriente o en el litoral del Pacífico de Hispanoamérica,
como en 1615. Durante la tregua fortalecieron su marina, incrementaron su comercio con las islas de
las especies.
* La tregua descontentó a ambos bandos.
* España no tenía la menor intención de retirarse de Flandes, por el contrario, en 1616 ante la evi-
dencia de que Isabel Clara Eugenia y el Archiduque no tendrían descendencia, Felipe III se hizo
prestar juramento de fidelidad por las provincias obedientes, con lo que la cesión de Felipe II que-
daba sin valor.

5. HACIA LA GUERRA GENERAL (30 AÑOS). INTERVENCIÓN ESPAÑOLA EN LA CON-


TIENDA ALEMANA
En los dominios patrimoniales de los Habsburgo existían grandes contrastes nacionales y religiosos.
Situación en un momento explosivo: con la revuelta de los protestantes checos en 1618, punto de
partida de la guerra de los 30 años. En 1618 la elección de Fernando III como emperador alejaba to-
da posibilidad de solución.
Uno de los territorios en conflicto era el Palatinado a orillas del Rin, en a ruta Milán - Flandes (el ca-
mino español), Ambrosio Spínola lo invadió sin dificultad, aunque se creó una embarazosa situación
diplomática porque el despojado elector del Palatinado era yerno del rey de Inglaterra. Se recurrió a
Gondomar, quien viajó a Londres para suavizar asperezas, amparándose en su amistad con el rey
Jacobo I que le sería devuelto el Palatinado así como el compromiso de casar a María, hija de Felipe
III con el Príncipe de Gales, Carlos.
Se desconoce si la oferta era sincera o no. Lo cierto es que la ocupación del Palatinado se completó
con la de Valtelina, por lo que las tropas españolas de Italia podían ir hacia el sur de Alemania a tra-
vés de los Alpes sin pagar peaje a los cantones suizos. España envió subsidios y soldados al empe-
rador Fernando y parecía que con esta medida sería suficiente, máxime tras el triunfo de la Montaña
Blanca en 1620, pero en realidad este era sólo el primer acto de una tragedia en la que España esta-
ría amarrada con Francia.

5.1. FRANCIA
A pesar de la paz de Vernins existen tensiones. Enrique IV había tomado territorios límites al
ducado de Saboya que amenazan las comunicaciones entre Milán y Flandes. Se empezaron a
hacer preparaciones para la guerra cuando Enrique IV fue asesinado por un fanático. La regen-
te Mª de Médicis agobiada por los calvinistas tuvo que pedir ayuda a España.

5.2. EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS


Hecho capital en el reinado, es un paso decisivo por los personajes implicados (la reina y el
propio Lerma) y los criterios de seguridad empleados por el Consejo de Estado pero sobre todo
las concomitancias de los moriscos con los turcos, piratas y otros enemigos de la corona, a
quienes se les acusaba de pasar información en contra de España.
La expulsión comenzó en 1609 en el reino de Valencia. en 1610 se extendió a los demás
reinos y se terminó en 1614 con la expulsión de los moriscos del valle de Ricote. Cierto vacío
en la documentación, pero se supone que unos 300 mil moriscos (sobre todo en Valencia, se-
guida de Aragón y en menor escala Cataluña y escasamente en Castilla y Andalucía). Supuso
gran pérdida demográfica y también económica por la bajada en la productividad ya que los
nuevos pobres no tenían ni la laboriosidad ni la resignación de los moriscos.

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TEMA 12: CULTURA E IDEAS EN EL TRÁNSITO DEL RENACIMIENTO AL MANIERISMO
Y EL BARROCO

1. LOS PROGRESOS DE LA CONTRARREFORMA


Durante el siglo XVI, Europa vivió un movimiento religioso de extraordinaria importancia, el con-
cepto de “Reforma” religiosa no se aplica hoy sólo a la protestante sino también al proceso de
renovación que se dio en el campo católico:
* La esperanza de una reforma de la Iglesia era compartida por muchas personas.
* Hasta la fijación dogmática del Concilio de Trento los límites entre ortodoxia y heterodoxia per-
manecían confusos.
A fines del siglo XV existía un fermento de la espiritualidad mística, que los círculos reformado-
res evidenciaron desde 1459 el sistema de la oración mental metódica. Esta tradición hispánica,
en paralelismo con el movimiento europeo bajomedieval de la devotio moderna tuvo su mejor
exposición en el monasterio benedictino de Montserrat.
El deseo de reformar la Iglesia había dado lugar a la mejora de la disciplina clerical, pero no se
trataba sólo de corregir la condición moral, el comportamiento privado y público de los eclesiásti-
cos, sino de elevar y depurar su conocimiento de Dios. Por esta razón la reforma disciplinar de
Cisneros tuvo su complemento en la fundación de la Universidad de Alcalá (centro de formación
teológica donde se impartían sistemas filosóficos diversos) y la llamada a Erasmo de Rotterdam
como profesor.
La corriente espiritual que llamamos “erasmismo” español fue la conexión entre las enseñanzas
del pensador holandés y las tendencias espirituales e intelectuales ya existentes en España. Fue
en este país donde Erasmo gozó de mayor popularidad. El erasmismo español privilegiaba la re-
ligiosidad interior sobre la exterior, tendencia que más o menos pronto fue condenada por la in-
quisición como heterodoxa.
En 1525 se condenaba las creencias religiosas de unos pequeños grupos, denominados ilumi-
nados o alumbrados, siendo desarticulados por la inquisición sin ejecuciones. A lo largo de los
años 30 fueron procesados y condenados Juan de Vergara, otros salieron del país (eran perso-
nas vinculadas de alguna forma a Cisneros). Esta persecución no impidió la radicalización de los
reformadores religiosos. Juan de Valdés organiza en Nápoles un círculo de religiosidad intimista,
Miguel Servet con su obra “Restitución del Cristianismo” tuvo que huir de España.
En 1550 el mapa religioso de Europa experimentó cambios notables, status legal del luteranismo
en Alemania, Inglaterra pasaba al bando reformador, el calvinismo se movía con rapidez en
Francia y los Países Bajos, ante estos hechos la inquisición real y pontificia reacciona con dure-
za hacia las tendencia filoprotestantes.
Por otro lado hubo cierto número de autores y tendencias “espirituales” reformadoras que no
abandonaron la obediencia a la Iglesia católica y que tampoco fueron condenadas por la inquisi-
ción. Frente al “dejamiento” propio de los alumbrados, existía la vía mística ortodoxa del recogi-
miento.
En la orden dominica la nueva religiosidad se manifestó en la figura de fray Luis de Granada (su
libro Oración y Meditación), personaje prototipo del “espiritual” fue San Juan de Ávila (crítico so-
cial a veces) fruto de su predicación fue la conversión de San Juan de Dios, fundador de una
nueva orden de asistencia a los enfermos, en este ambiente nació y se difundió la Compañía de
Jesús.
Definir y defender el catolicismo por medio de un Concilio fue un elemento vital en la política de
Felipe II. La 2ª sesión del Concilio de Trento se había dispersado en 1552, hubo que esperar a
1559 (un nuevo papa firma la paz de Cateau - Cambresis) para que se pudiera reanudar la obra
de reforma. Con el apoyo de los intereses españoles, el papa pudo continuar el Concilio que tu-
vo su sesión final desde 1562 a 1563, en él España desempeñó un papel de primer orden, con
representantes de calidad como el cardenal Pacheco, teólogos dominicos como Melchor Cano y
Domingo de Soto, Diego de Covarrubias, Laínez fue el teólogo más influyente.
El grupo español en Trento era sensible a los intereses de su país y a las directrices de su go-
bernante, la posición española no coincidía enteramente con la pontificia en 2 puntos: la jurisdic-
ción episcopal y las prerrogativas de la corona, los obispos españoles defendieron en Trento que
la institución episcopal era de derecho divino. Prolongando la tradición española de limitar la es-
fera de la intervención papal en España, el episcopalismo salió derrotado teóricamente, el papa
seguía siendo la cabeza de la jerarquía y el tribunal de última instancia. Felipe II tenía sus pro-
pias reservas acerca de algunas decisiones del Concilio, desconfiaba de los decretos que pare-
70
cían amenazar la supremacía de la corona sobre el clero español y también era irreductible so-
bre la cuestión de la inquisición española.
Una de las debilidades fundamentales del Concilio era que no era un cuerpo ejecutivo: podía
proclamar los principios pero no los podía aplicar. El poder del papado quedaba limitado aún en
los países católicos, dependiendo de la colaboración de los gobernantes civiles. Felipe II insistía
en que la reforma se había de llevar a cabo bajo su autoridad y de acuerdo con las condiciones
españolas.
La obra de reforma auspiciada por el Concilio de Trento en España fue promovida bajo el control
de la corona y de sus consejeros eclesiásticos. Gaspar de Quiroga modeló su fisonomía, fue
presidente del Consejo de Italia (1567) y obispo de Cuenca (1572), llevó a cabo un acuerdo de
trabajo con dos órdenes (agustinos y jesuitas) que actuaron de canales administrativos para el
empleo de sus fondos con destino al bienestar y a la educación, desde Toledo dirigió práctica-
mente la obra la de Contrarreforma en España, organizó la preparación, discusión y publicación
de un nuevo Manual de los Sacramentos (1581), convocó un sínodo especial en Toledo (1582)
donde se adoptó un plan de reforma en el que coincidieron de acuerdo en general con los decre-
tos de Trento.
La aplicación de la reforma tridentina no se limitó a las cuestiones disciplinarias, significó tam-
bién un esfuerzo para incrementar la formación cristiana del pueblo y al mismo tiempo por uni-
formar la liturgia. Desde 1540 fueron frecuentes las ediciones de catecismos. Trento introdujo la
uniformidad litúrgica basada en el breviario y misal romanos. Supuso también un elemento de
depuración de la religiosidad pero la misma contrarreforma volvió pronto al culto espectacular,
aunque fuera a costa de su correcta interpretación. La reforma católica difundió devociones a la
Virgen y los santos de carácter universal. Las órdenes religiosas fueron eficaces difusores de las
nuevas devociones.
En la 2ª ½ del siglo XVI los grandes maestros de la religiosidad ascética y mística continuaron su
trayectoria no siempre libres de choques con la inquisición: fray Luis de Granada, Teresa de Je-
sús (1562 reforma de la orden carmelita) y fray Luis de León (por traducir al romance libros bíbli-
cos) fueron procesados.

2. LAS MEDIDAS DE AISLAMIENTO IDEOLÓGICO DECRETADAS POR FELIPE II


Las consecuencias derivadas del empleo de la inquisición para mantener la ortodoxia oficial fue-
ron de diferente orden y de graves repercusiones para el desarrollo posterior de la ciencia y el
saber. En ciertas ramas concretas del saber tuvo influencia el endurecimiento doctrinal y político
de la época post-tridentina, sobre todo en los estudios bíblicos y semíticos en general, cuya de-
cadencia fue profunda y en la especulación filosófica, que se hace mucho más cauta, mientras
que las divergencias teológicas quedan confinadas a un cierto número de temas concretos que
son tratados por religiosos bien respaldados por sus órdenes respectivas. En las ciencias de la
naturaleza el nuevo clima intelectual sólo influía indirectamente.
Medidas como la dictada por Felipe II en 1559 dando orden a todos los españoles que estudia-
ban o enseñaban en el extranjero de que regresaran en el plazo de 4 meses a la Península con
excepción de los que estuvieran en determinados colegios, o la mucho más importante disposi-
ción del año 1558 estableciendo una rígida censura sobre todas las obras impresas en España o
importadas. Mientras tanto, la inquisición impuso dentro del país la más estricta comprobación
de toda divergencia de la ortodoxia en las universidades mediante dos maneras de actuar:
* Censura de todos los libros de lectura y estudio.
* Mediante la acción disciplinaria contra los profesores.
El ambiente en que las delaciones, interrogatorios y temores marcaron una huella imborrable en
el carácter de la sociedad española. El ambiente erasmista y la relativa tolerancia que habían
reinado bajo Carlos V desaparece. Pero no hay que achacar toda la culpa sobre Felipe II, el cual
era arrastrado por una corriente universal muy poderosa, por otra parte, en las materias que no
rozaban el dogma, desplegó Felipe II un auténtico mecenazgo. El viraje cultural no fue sólo es-
pañol, sino europeo. La peculiaridad española es que la posterior recuperación fue débil y tardía.

3. EL AUGE DE LAS LETRAS


La producción y el consumo de libros era más intensa en las ciudades grandes y ricas, en las
comarcas de notable intensidad económica: Sevilla fue el centro editorial más activo hasta que
en el siglo XVII fue suplantada por Madrid.
Hay quienes piensan que buena parte de nuestras obras más destacadas fueron literatura de
“oposición”, aunque por temor a la censura se disimularon bajo alegorías y transposiciones. Esto

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en ciertos casos es indudable, las quejas de los escritores conversos, por lo espinoso del tema,
se expresaban con frecuencia de esta forma alusiva.
El teatro, género social por excelencia, es el que adquiere máximo desarrollo en la España del
siglo XVII y con ello contrapesa la disociación entre lo popular y lo culto que se estaba produ-
ciendo. Castilla que había sufrido en la lírica la influencia italiana durante la 1ª ½ del siglo XVI
había destacado por su originalidad en dos géneros muy distintos: la “mística” y la “picaresca”.
La 1ª a pesar de las cimas sublimes (San Juan de Ávila, fray Diego de Estella, Santa Teresa y
San Juan de la Cruz) no dejó de ser una literatura accesible a todos.
Inversamente, la literatura picaresca a pesar de su carácter popular y desgarrado, tenía una in-
tención más honda de la que aparentaba, porque nacía de contradicciones vivamente sentidas
entre el idea y la realidad y también de la necesidad de liberarse mediante una catarsis irónica
de la presión social y sus inhumanas exigencias. Bajo fórmulas regocijantes subyacen el incon-
formismo y la amargura.
Uno de los secretos de la riqueza y el atractivo de la literatura de nuestro siglo de Oro radica en
la variedad de temas y motivaciones que se funden o contraponen en una infinita gama de mati-
ces. Fue en los decenios finales del siglo XVII y en los primeros del siguiente cuando nuestros
grandes autores cosechan sus frutos más maduros, en contraste evidente con el desarrollo eco-
nómico que por entonces comenzó a acusar claros síntomas de declive.
Si consideramos que la generación que llega a su madurez entre 1580 y 1620 (Cervantes, Lope,
Mariana, Góngora) se había formado un cuarto de siglo antes, en una época todavía llena de
prosperidad y optimismo, esta divergencia aparecerá reducida a sus debidas proporciones. Des-
pués de 1650 la producción literaria decae.
El reinado de Felipe II respecto a la historia política dio lugar a la aparición de autores que inten-
tan plantear una historia de España desde la más remota antigüedad (Esteban de Garibay, Flo-
rián de Ocampo y Ambrosio de Morales) culminando este movimiento en la Historia General de
España del jesuita Mariana.

4. LOS ARBITRISTAS Y EL PENSAMIENTO ECONÓMICO, DE LUIS ORTIZ A SANCHO


DE MONCADA
La situación desesperada por la que atravesó la Hacienda española durante los siglos XVII y
XVIII, constituyó un clima ideal para el florecimiento de numerosos proyectos destinados a la
salvación económica del reino, la mayoría no eran más que lucubraciones fantásticas; la literatu-
ra económica española se ve dominada hasta bien entrado el siglo XVIII por este tipo de crea-
ciones.
El máximo auge se alcanza durante el siglo XVII. Los problemas derivados de la decadencia de
la monarquía acosan a los gobernantes; la incapacidad para resolverlos, deja paso a un estado
de ánimo propicio para esperar el milagro.
La especial psicología del arbitrista le fuerza siempre a creer que la solución debe ser sencilla y
poco costosa. La categoría de los remedios propuestos en algunas ocasiones refleja cual era el
estado real de la economía española, destacando los problemas que la acuciaban, ruina de la
agricultura, desaparición de las ferias de Medina del Campo, extinción de establecimientos ma-
nufactureros, textiles, etc. En muchos casos la puerilidad de las conclusiones ha hecho olvidar
que era la realidad lo que impulsarían al proyectista a la búsqueda de soluciones.
La influencia que los consejos dados por los arbitristas tuvieron en las decisiones de los gober-
nantes no fue escasa. En cuanto a la opinión pública, el éxito de los arbitristas fue considerable,
para combatir los perniciosos efectos de la devoción popular hacia los proyectos quiméricos,
plumas agudísimas (Quevedo) manejaron la sátira para disolver falsas ilusiones.
La situación económica de España empeoró durante los reinados de Felipe IV y Carlos II, como
consecuencia, la literatura arbitrista perdió en calidad, se hacía más absurda. El siglo XVIII re-
presenta para España una recuperación considerable de su economía con lo que la literatura ar-
bitrista perdió importancia. A fines del siglo XVIII la fiebre del memorial había remitido casi com-
pletamente, los apuros, consecuencia de la guerra de la independencia motivaron algunos rebro-
tes. En general, la difusión de los tratados de Smith y Sey y la enseñanza de la ciencia económi-
ca, elevaron el tono de las polémicas frenando a los poseedores de maravillosos remedios.
Ya en época de Felipe II Luis Ortiz (funcionario de Hacienda) redacta un memorial (1558) donde
denuncia la estructura del comercio exterior español siendo para él la solución adoptar un pro-
grama mercantilista e industrialista, bajo el reinado de Felipe III, que se comportaba como si la
hacienda pública fuera propiedad privada suya, es rebatida por los economistas políticos de la
época (Juan de Mariana); como los gastos de defensa durante el reinado de Felipe IV recaían

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casi exclusivamente sobre Castilla, se empieza a exigir que la carga fiscal fuera compartida por
otras partes de la monarquía, siendo desarrollado el pensamiento por Baltasar Alamos de Ba-
rrientos, Fernando de Navarrete.
En 1614 con las operaciones de limpieza y expulsión de los moriscos, España debía verse afec-
tada por la diáspora, pero muchos arbitristas consideraron que el acontecimiento tendría escasa
consecuencia para el país en su conjunto; a fines del reinado de Felipe III la sensación de crisis
alcanza una nueva cima, se examinan las causas de despoblación y depresión (1616) y se llega
a la conclusión de “cargas y contribuciones excesivas” a este informe Navarrete glosa que los
ingresos procedentes de la agricultura no eran suficientes para cubrir los costos de los impues-
tos. Sancho de Moncada expresa una opinión algo distinta (1619) para él coincidirá con la expul-
sión de los moriscos y la primera ola de recesión del comercio americano, considerada la depre-
sión como consecuencia de una población decreciente de las excesivas importaciones y de una
mentalidad social que frenaba la producción industrial.
Las propuestas para rehabilitar la industria están basadas en supuestos mercantilistas ejemplifi-
cados en la proposición de la Universidad de Toledo (memorándum de Sancho de Moncada), al-
gunas de las ideas son adoptadas sobre este tema (Pragmática de Reformación del 16-2-1623).
Teniendo en cuenta la orientación predominante tendremos varias tendencias:
* Prefisiocratas los que lamentan la situación de la agricultura y son considerados portavoces de
los intereses agrarios Pedro de valencia, Lope de Deza, mención aparte Miguel caja de Leruela,
defensor de la ganadería (Mesta y estante).
* Mercantilistas representaban en cierta manera a las grandes ciudades y encontraban la raíz de
los males en la crisis de la industria, ocasionada por la competencia extranjera; Luis Ortiz, Sancho
de Moncada (1619. Restauración y política en España), Francisco Martínez de la Mata. También
hubo arbitristas o su equivalente en la corona de Aragón, folletos aparecidos entre 1620-30 en Ca-
taluña referentes a la crisis del comercio mediterráneo.

5. LA TEORÍA POLÍTICA Y LA CIENCIA JURÍDICA FIGURAS PRINCIPALES


La prolongada pervivencia del “ius commune” resulta crucial en un doble sentido. Proporcionó
los instrumentos técnicos para acometer profundas reformas en la justicia y permitió a la monar-
quía la elaboración de un marco doctrinal idóneo para el desenvolvimiento del absolutismo. For-
talecimiento del poder político y tecnificación del aparato jurídico e institucional. Esta etapa de
los siglos XVI y XVII es de plenitud y máxima complejidad del sistema descomponiéndose en el
siglo XVIII.
Para las doctrinas políticas del siglo XVI la facultad de dar leyes es la señal inequívoca y la ma-
nifestación por excelencia del poder soberano, pero las atribuciones judiciales no perdieron sig-
nificado, la influencia del pensamiento eclesiástico impidió la eventual formación de concepcio-
nes secularizadas. La justicia debe ser la primera de las virtudes del príncipe cristiano, como lo
indican Rivadeneyra y Saavedra Fajardo.
Pero a los contemporáneos no se les oculta que la justicia era un formidable poder al servicio del
poder político que manejaba estos resortes a sabiendas. La organización judicial y el proceso en
el Antiguo Régimen son objetos de una cierta y cuidadosa reglamentación, la organización que
inspira esto es la razón de Estado.
Las cuestiones de Hacienda fueron las primeras en desgajarse del tronco común, a ellas siguie-
ron las de guerra y estado. Deslindar los asuntos de justicia y de gobierno revistió mayor dificul-
tad, tanto que no llega a deslindarse con el antiguo régimen, pues la monarquía concentra todas
las funciones y no se halla sometida a límites jurídicos institucionales. El ejercicio simultáneo de
atribuciones de justicia y de gobierno fue la norma, como ocurre en el tipo de política en cuya
cúspide se dan cita competencias de ambas clases.
La potestad jurisdiccional estricta en virtud de la cual se incoan, tramitan y deciden por vía de
proceso los litigios entre partes, fue considerada regalía o facultad inherente al poder real.
Junto con la reorganización del Consejo y la Audiencia, la medida más perdurable de los Reyes
Católicos en el sector judicial fue el afianzamiento y difusión de los corregidores, desempeñando
en las principales ciudades castellanas las funciones que habían ejercido los alcaldes municipa-
les. Merced a la instalación de una red de corregimientos más tupida cada vez (54 en 1494, 68
en 1597 t 1610) recuperando la monarquía definitivamente el control de la justicia local.
En la corona de Aragón en el transcurso del siglo XVI la organización se hizo frondosa y fue
seccionada en 5 estratos, siendo superior el Consejo de Aragón. El florecimiento de las jurisdic-
ciones especiales es un fenómeno singular, como los titulares de los señoríos y concesiones de
mercedes, se da también un reiterado nombramiento de jueces delegados o comisiones. Y la
irreprimible expansión de la jurisdicción eclesiástica con órganos como la Nunciatura sustituido
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en 1771 por el Tribunal de la Rota española y la actuación del tribunal del Santo Oficio creada en
1478. En síntesis los rasgos más acusados del Antiguo Régimen son:
* Frecuente carácter mixto de los órganos jurisdiccionales que suelen desempeñar simultáneamente
funciones gubernamentales y jurisdiccionales.
* Hipertrofia y asimetría de la organización judicial (sobreabundancia de jueces y tribunales con de-
ficiente articulación jerárquica).
* Delegación de la jurisdicción ordinaria.
* Multiplicidad de jurisdicciones.
* Potestad ilimitada del monarca, en tanto que titular de la jurisdicción suprema.
* Falta de independencia de los jueces y subordinación de la justicia a la política de la monarquía.
* Tecnificación, complejidad y lentitud del procedimiento judicial.
* Diversidad de fueros procesales.
* Amplísima discrecionalidad del juez en el curso del proceso.
La lógica de todo lo anterior proviene de la confluencia de dos fenómenos interdependientes, el
absolutismo monárquico y el arbitrio judicial.

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TEMA 13: FELIPE IV

1. CARACTERÍSTICAS Y PERSONALIDAD
En 1621 asume el trono con 16 años, al igual que a su padre le faltaba carácter y autoridad para
mandar. Se casó con Isabel de Borbón, pero ésta murió y volvió a casarse con su sobrina Mª de Aus-
tria que le dio dos hijos enfermizos, uno milagrosamente se salvó, el futuro Carlos II. Tuvo muchos hi-
jos naturales, aunque sólo reconoció a don Juan José de Austria.
Se interesó muy poco por los asuntos de Estado y se puso en manos de su favorito Gaspar de Guz-
mán, conde duque de Olivares.
Dotado de gran cultura se dedicó a obras de mecenazgo, le gustaban los deportes al aire libre y su
pasión eran los caballos. Halagado por sus contemporáneos y propagandistas como Felipe el Gran-
de. Después se le ha considerado como el monarca en cuyo reinado se hace irreversible la decaden-
cia política de España. La historiografía moderna intentó rescatarlo de la deshonra que se abate so-
bre los últimos Austrias. Es frecuente entre sus papeles encontrar comentarios y decretos a veces ex-
tensos y de su propia mano. Desde este punto de vista el monarca es consciente e incluso profesio-
nal, pero tenía demasiado de Cortesano para reproducir los hábitos de trabajo de Felipe II.
Se ha dicho que Felipe IV delegó el poder en Olivares no por debilidad de espíritu o voluntad sino
porque creía que Olivares era el hombre más adecuado para ello. Felipe IV no fue una simple mario-
neta. Aunque entregó su confianza a Olivares hubo entre ellos enfrentamiento en cuestiones políticas.
También es cierto que su decisión de delegar el poder estaba en consonancia con los hábitos de go-
bierno del siglo XVII y suponía la aceptación de que el rey de España no podía gobernar un vasto im-
perio sin ayuda (el abandono de sus obligaciones se convirtió en una obsesión para Quevedo).

2. GASPAR DE GUZMÁN
Rama menor de la dinastía de los Medina Sidonia, procedían de Andalucía y tenían propiedades en la
región. Gaspar de Guzmán y su padre antes que él tenían la intención de convertir su título nobiliario
en grandeza de España.
1º se introdujo en la corte de Felipe III y poco a poco fue ganando confianza del joven príncipe. Cuan-
do Felipe IV sucedió a su padre, Olivares sucedió a Uceda, consiguiendo todos los cargos y honores
que deseaba pero lo que ansiaba por encima de todo era el poder político.
Al principio actuó con prudencia y gradualmente fue interviniendo cada vez más en los asuntos de
gobierno. A partir de 1622, tras la muerte de Zúñiga, ya de forma inequívoca el rey le entregó en po-
der de forma oficial y en exclusividad. Tenía 30 años, robusto, obstinado, impaciente y también cosas
positivas: trabajaba sin cesar al servicio del rey y poseía una gran visión política.
A diferencia de otros validos y ministros del siglo XVII a Olivares le interesaba más el gobierno que el
patronazgo del que se ocupaba Felipe IV mientras el conde duque se concentraba en política y go-
bierno.

3. HORIZONTE ESPAÑOL EN 1621


* Situación descrita por el Consejo de Hacienda: “las rentas estaban gastadas hasta 1625”.
* Decadencia desde tiempo atrás, desde 1590, se aceleró durante el reinado de Felipe III, aunque
todavía gozaba de consideración política en Europa, pero a partir de 1620 se precipita.
* Para los contemporáneos España tenía una aguda crisis. Así lo vieron algunos tratadistas políticos
y escritores como Saavedra Fajardo y Quevedo, mucho más sentida por venir de una etapa de
grandeza política, literaria y crítica (siglo de oro).
* A comienzos del siglo XVII la monarquía española era aún la 1ª potencia mundial. A finales de ese
siglo aunque las pérdidas territoriales eran escasas (salvo la separación de Portugal y su imperio)
la monarquía está reducida a un papel pasivo en el juego político europeo, con gran pérdida de in-
fluencia cultural y marginación política.

4. RECURSOS DEMOGRÁFICOS
No existen censos de población ni siquiera redactados con finalidades fiscales para ninguno de los te-
rritorios hispánicos de todo el siglo XVII. A finales de este siglo la población había disminuido con re-
lación a la que existía a comienzos de la centuria (7,5 millones de habitantes, cuando un siglo antes
eran 8,5).

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También el resto de Europa experimentó recesión económica pero en ningún lugar se dio tan pronto,
duró tanto y alcanzó tales proporciones como en España debido a las guerras (civiles y de los 30
años), el hambre (por hambrunas) y la peste bubónica (producida por las ratas infestadas por pulgas).
La mayor parte de las regiones experimentaron estancamientos más que una pérdida neta de la po-
blación a excepción de Castilla. En Valencia el descenso fue debido a la expulsión de los moriscos.
En Castilla, una gran parte y dentro de ella su núcleo central, comenzó en 1590, entre 1590 y 1614,
se produjeron terribles brotes epidémicos y la expulsión morisca redujeron su población en un 10%.
La década de 1630 nuevos brotes y más hambrunas. En 1640 guerras civiles junto al hambre y la
epidemia.

4.1. LA PESTE
La alta mortalidad y el principal agente letal los brotes epidémicos, sobre todo la peste bubóni-
ca. La virulencia de la enfermedad se reforzó en España por las crisis periódicas de subsisten-
cia y por la excesiva aglomeración de la población en las ciudades, con hacinamiento, falta de
higiene, etc.

4.2. EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS


Se contabilizan entre 275 y 300 mil personas las que salieron de España, sobre todo dedicadas
a la agricultura.

4.3. GUERRA
España era una nación guerrera: sufrió pérdidas importantes difíciles de precisar con exactitud
pero hay que tener en cuenta que durante la 1ª ½ del siglo XVII mantiene en guerra casi per-
manente. A partir de 1640 España se convirtió también en escenario de guerra y el conflicto de
Castilla con Cataluña y Portugal adquirió si no el carácter de guerra total, al menos de guerra y
muerte.
El Estado es consciente de todo lo anterior por informes recaudadores de impuestos y de los sargen-
tos encargado de los reclutamientos pero al Estado le interesaban más las consecuencias que las
causas de la despoblación. En los primeros años, Felipe IV intentó la creación de una “Junta de Po-
blación” para atraer extranjeros posiblemente para crear industria, pero pronto se interrumpió esta ac-
tividad por falta de fondos. Para aumentar la natalidad se excusaba del pago de impuestos a aquellos
con más de dos hijos (hidalgos de bragueta).

5. ECONOMÍA
5.1. AGRICULTURA
Se divide España en dos zonas la España húmeda y la seca. En ambas zonas la población se
vio obligada a luchar contra unas condiciones topográficas o climáticas adversas. Por consi-
guiente, la herencia recibida era pobre, pero los españoles del siglo XVII tampoco la utilizaron
adecuadamente. Se introdujeron algunos cultivos nuevos como la patata y el maíz, pero no a
escala suficiente. Las causas del estancamiento rural, aparte de las mencionadas, son:
1. Falta de mano de obra por el despoblamiento rural por hambre, peste y guerras.
2. Deficiente régimen de ocupación de la propiedad.
3. Falta de mercado organizado.
4. Exceso de impuestos.
5. Falta de capitales para poder invertir en mejoras.
6. Falta de técnicas.

5.1.1. Estancamiento hacia 1620


Seguido de un fuerte descenso que culminó en torno a 1650 y un crecimiento modesto
en la 2ª ½ de siglo. Como explicación fundamental de la caída sobre todo para Castilla
la ruptura del equilibrio ecológico entre la agricultura y la ganadería, se pusieron en
cultivo tierras de inferior calidad, con lo que se reducían los pastos y con ello el gana-
do. Gonzalo Anes habla de reajuste más que de decadencia para explicar la situación
de la agricultura castellana del siglo XVII.

5.2. GANADERÍA
La Mesta había ganado la batalla en cuanto a conseguir las tierras comunales y baldías. Felipe
III y sus sucesores reforzaron la legislación anterior en favor de la ganadería y en contra de la
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agricultura. Ello impidió la extensión de las tierras cultivables en el centro y sur de Castilla y
aceleró la despoblación rural.
Sin embargo, en la 2ª ½ del siglo XVI el poder de la Mesta comenzó a declinar, los rebaños de-
crecieron, fuerte presión fiscal y la posición jurídica privilegiada se fue perdiendo. Pero en su
enfrentamiento no salió beneficiada la agricultura, los nuevos constructores de cercados eran
los ganaderos sedentarios, así obtenían pasos para bueyes y ovejas estantes, en número ma-
yor que las trashumantes).

5.3. INDUSTRIA
La agricultura era la llave que cerraba la puerta al crecimiento económico en España. Si no se
producía la transformación agraria no había posibilidad de que la masa de la población llevara
un nivel de vida y eso era imposible para el desarrollo industrial. Los campesinos que mante-
nían un nivel de subsistencia no eran consumidores habituales de productos manufacturados.
Los trabajadores urbanos debían pagar un precio excesivo por los alimentos con lo cual tam-
poco podían consumir bienes.
El reducido mercado de productos suntuarios prefería los productos extranjeros, lo cual supo-
nía una sangría para el país, una reducida élite prefería los productos importados. Por otro lado
la organización gremial con su mentalidad rígida y defensiva tampoco favorecía la situación.
Otro freno para la industria era la política fiscal del Estado: fuertes impuestos sobre las ventas.
Todo ello determinaría que potenciales inversores industriales dirigiesen su dinero hacia otras
cuestiones.
Prácticamente todos los sectores de la industria están deprimidos en el siglo XVII, aunque esta
depresión era más grave en los sectores de mayor envergadura: textil, metalúrgico y la cons-
trucción naval.
La principal víctima la otrora floreciente industria textil que comprendía la manufactura de teji-
dos de lana de Segovia, Cuenca y Toledo y las sederías de Granada, Málaga, Sevilla y Toledo.
Todos ellos con aguda recesión, desempleo y pérdidas de mercados de exportación. La eco-
nomía castellana se caracteriza por la descentralización y la ruralización.
Otro de los factores de esta decadencia fue la falta de adaptación a los nuevos gustos experi-
mentados por los consumidores (en este sentido los productos del norte de Europa fueron más
rápidos): la industria poseía un cuasi monopolio de los tejidos de lana ligeros y de fibra larga,
especialmente adecuados para los países mediterráneos.

5.4. METALURGIA
Activa en el norte de España, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa, se dedicaba a la fabrica-
ción de armas, componentes para barcos y lingotes. En el siglo XVII no es ni la sombra de lo
que había sido pues faltaba mano de obra cualificada y ya no podía hacer frente a las necesi-
dades internas: se debían traer pertrechos de los Países Bálticos, con lo cual los costes de un
navío hecho en 1620 salía 3 veces más caro que uno hecho 60 años antes, además los navíos
extranjeros tenían una mejor técnica. Igualmente se vio obligada a importar armas, Toledo ha-
bía sido un centro notorio de espadas y dagas.

5.5. MANUFACTURAS
En la cerámica y vidrio los materiales locales que utilizaban pudieron atender las necesidades
del mercado nacional. Algo similar ocurrió con la manufactura del cuero de Córdoba de zapatos
y en Ciudad Real y Ocaña de guantes. En cambio se vio obligada a importar gran cantidad de
papel durante todo el siglo XVII.
Se formularon propuestas para poner remedio a la situación, que se basaban en supuestos
mercantilistas, como por ejemplo el informe de Sancho de Moncada.

5.6. PRAGMÁTICA DE REFORMACIÓN


Formulada en 1623 prohibía bajo pena de multa y confiscación la importación de productos tex-
tiles, cuero y otras manufacturas para el mercado interno. Se produjeron avalanchas de protes-
tas que obligaron al gobierno a realizar muchas excepciones. La prohibición disminuía la activi-
dad comercial y daba lugar a una expansión del contrabando, lo que era perjudicial para el era-
rio público. Lo grave de la medida es que si no se realizaban importaciones de productos ma-
nufacturados España se veía obligada a prescindir de los producto ya que eliminar la compe-
tencia no era suficiente para reanimar la industria española ¿quién iba a suministrar los capita-
les y los conocimientos empresariales?

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5.7. COMERCIO
En las relaciones comerciales se confirmó la dependencia económica de los territorios hispáni-
cos en relación con los países más evolucionados del noroeste de Europa, los vencedores de
la “crisis” del siglo XVII, Francia, Inglaterra y Holanda, sobre todo estos dos últimos. España era
un país exportador de materias primas, fundamentalmente lana y productos agrícolas aunque
en alguna ocasión hubo que importar trigo y era importador de productos industriales destina-
dos a una demanda de lujo y también para cubrir la demanda interna sobre todo colonial.
° El comercio mediterráneo se contrajo.
° El comercio del norte: exportación de lana que hasta los años centrales del siglo XVII tenía
mejor reputación que la inglesa por mayor pureza, pero el precio elevado por la inflación y
los impuestos hacían que su valor fuera el doble que la lana inglesa, todo ello unido a una
demanda creciente de la industria textil holandesa e inglesa. Otra faceta la del hierro produ-
cido en Bilbao dirigido a Inglaterra.

5.7.1. Comercio con América


Se redujo a lo largo del siglo XVII y ello contribuyó a acentuar la crisis económica de
España. Durante las dos primeras décadas alternan épocas de contracción con recu-
peraciones parciales pero la crisis 1619-1622 dio paso a una tendencia depresiva irre-
versible: disminución de cargamentos de plata muy fuertes, la captura de la flota por
los holandeses en Matanza (Cuba) obligó a incrementar los gastos de defensa por
medio del impuesto de la avería, los bucaneros caribeños destruyen parte de la flota.
En suma, entre 1640-1650 se produjo el hundimiento de la “carrera de las Indias”, re-
duciéndose el tráfico en un 60% desde principios de siglo.
En cuanto a la 2ª ½ y contra lo que se venía afirmando, diversos historiadores extranje-
ros en los últimos años afirman que el nivel de llegada de metales preciosos fue supe-
rior al de la 1ª (este desajuste puede deberse a que en 1680 se trasladó a la Casa de
Contratación de Sevilla a Cádiz, agudizando la decadencia de aquella. El cambio obe-
deció a razones geográficas: Cádiz contaba con una excelente bahía, mientras Sevilla
era puerto fluvial interior de difícil acceso para buques de gran calado, además la ba-
rrera arenosa en la desembocadura del Guadalquivir. Pero también que el triunfo de
las colonias de comerciantes extranjeros (Cádiz reunía mayores facilidades para el
contrabando).
El siglo XVII significó también que el comercio que se organizaba en ferias y siempre
en los mismos lugares se desarticulara, comenzando a realizarse al margen de las fe-
rias de Portobello, con lo cual el monopolio oficial resultó erosionado.
En el transcurso del siglo XVI se perfeccionó el sistema para mantener comunicación regular
entre Andalucía y América mediante 2 flotas al año que navegaban en forma de convoyes: uno
a tierra firme en agosto desde Cádiz o Sanlúcar y otro con Nueva España en mayo.
Aunque las rutas eran conocidas sufrieron pocas pérdidas a consecuencia de ataques enemi-
gos, debido a las fuertes medidas de defensa tomadas. Los elementos causaron mayores da-
ños. El sistema de flotas era adecuado para el suministro de los mercados importantes de Méji-
co y Perú, pero poblaciones alejadas se veían privadas de todo tipo de productos. Por ello se
permitía la existencia de barcos de permiso que sin escolta se dirigían a algunos puertos. Estos
barcos eran el blanco preferido de los corsarios.
Cereales, aceite y vino eran productos que predominaron en las exportaciones a América hasta
1580 aproximadamente. A partir de esos años los colonos podían contar con carne, trigo y
maíz de producción local, de manera que los productos alimenticios dejaron paso a los produc-
tos manufacturados (textiles y quincallería).

5.8. METALES PRECIOSOS


Dominaban las importaciones (95% del total), pero a medida que avanza el siglo XVI los pro-
ductos distintos a los metales preciosos fueron adquiriendo cada vez mayor importancia a me-
dida que las colonias diversificaron su economía (cueros, textiles, maderas, tintorería, plantas
medicinales) de manera que los colonos comenzaron a autoabastecerse y a disminuir su de-
pendencia con respecto a las importaciones europeas. Esta creciente autosuficiencia fue uno
de los factores determinantes de la crisis del comercio de las Indias.
Al mismo tiempo se reducían los envíos de metales preciosos y se multiplicaban los intercam-
bios ilegales con el extranjero (Río de la Plata por ejemplo), magnífica vía de penetración del

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contrabando. Hasta 1650 el comercio se vio perjudicado por las condiciones de la guerra pues
muchas remesas de metales preciosos eran retenidas a causa de ella.

5.9. REVOLUCIÓN DEL COBRE


La economía del siglo XVII está caracterizada por emisiones de moneda de cobre, con un efec-
to negativo: inflación monetaria, causó problemas pues una moneda valía por la cantidad de
metal precioso y la ley que contenía. La moneda de cobre no valía mucho en metal lo que se
decía oficialmente. No se aceptaba en transacciones internacionales: las tropas de los tercios
exigían cobrar en plata y sobre todo en oro. Las importaciones de cereales debían pagarse en
plata.
El cobre o vellón sólo se utilizaba en la circulación interior, pero había desconfianza y por ello
solía exigirse un sobreprecio, en principio ilegal pero terminó siendo reconocido por las autori-
dades siendo la clase popular la más afectada.
Otros dos elementos oscurecieron más el panorama: el resello nuevo valor superior a la misma
moneda de cobre y la deflación, cuando la situación es insostenible, anulación drástica del va-
lor de la moneda.
La inflación monetaria es uno de los elementos diferenciadores entre el siglo XVI y el XVII que
permiten situar el reinado de Felipe III en la órbita de la decadencia

6. REINOS
El imperio español del siglo XVI o más acertadamente la monarquía hispánica (monarquía católica se
la llamaba en la época) era en realidad una pluralidad de territorios regidos por un sólo monarca. La
base de la monarquía estaba integrada por la unión de las coronas de Castilla y Aragón, posterior-
mente se unirían Portugal en 1580; estas entidades tenían sin embargo, fisonomías propias, constitu-
yendo 3 realidades independientes. La columna vertebral era Castilla, de allí partían impuestos y di-
nero así como hombres que lucharon en Flandes, Inglaterra, Alemania o Francia mientras que las
otras coronas, protegidas por sus fueros y leyes limitaban el poder del rey sin contribuir en los gastos
comunes.

6.1. CORONA DE CASTILLA


Era en realidad un Estado unificado y centralizado con un único Consejo Real, unas Cortes
únicas y un mismo sistema fiscal. Pero en el siglo XVI dentro de esa unidad general de la Co-
rona de Castilla existían algunas variantes institucionales de interés. En algunos casos se tra-
taba de resultados recientes de la reconquista, como las Islas Canarias o el reino de Granada,
que era gobernado en mayor medida por un mando militar y tenía un sistema de impuestos al-
go diferenciado. En el norte de la península, el reino de Galicia y de Asturias que no estaban
representados en las Cortes, tenían unas Juntas que fueron reorganizadas a fines de siglo.
Las tres provincias vascas planteaban un problema especial. Se hallaban firmemente engloba-
das en la Corona de Castilla, desde hacía 2 ó 3 siglos y dependían de su Consejo Real, pero
en la práctica constituían un sistema político aparte, de base pactistas, en el que el poder del
monarca, por ejemplo en Vizcaya, era sólo señor, que se encontraba limitado por las leyes del
país o fueros, modificados en el siglo XV y principios del XVI. Navarra hasta 1512 fue un Esta-
do con monarca propio, tras la anexión de Fernando VI conservó dentro de la monarquía su
plena autonomía: con un virrey y Cortes semejantes a las de Aragón.

6.2. CORONA DE ARAGÓN


Fundamentos distintos a Castilla. Consistía en una yuxtaposición de reinos teóricamente igua-
les, aunque en la realidad los reinos peninsulares principalmente Cataluña, Aragón y Valencia
tenían mayor influencia que los insulares: Sicilia, Cerdeña y Mallorca. Gran importancia de las
Cortes, limitación del poder del monarca, conservación del ordenamiento legal de cada reino.
El mismo criterio se aplicó también a las nuevas conquistas y adquisiciones territoriales de la
monarquía en el siglo XVI: el reino de Nápoles, el ducado de Milán, los Países Bajos, etc.

6.3. AMÉRICA
Imperio de base feudal. La organización social hacía una clara distinción entre conquistadores
y conquistados. La organización política distinguía en teoría los reinos indianos, prolongación
de los europeos. El poder de la corona era muy amplio, pero distancias, privatización de los
cargos públicos, el entorno social, etc., hicieron que el absolutismo fuese distinto en teoría y en
la práctica. La organización institucional fue variando desde los tiempos de Colón. En esta pri-
mera etapa se usaron instituciones medievales generadas durante el proceso de reconquista,
su grado máximo los virreinatos de Méjico y Perú.

79
7. RÉGIMEN DE CONSEJOS
Pese a su nombre, no eran organismos meramente consultivos, tenían también funciones ejecutivas y
judiciales, excepto el Consejo de Estado, único órgano común a todo el imperio que no tenía atribu-
ciones ejecutivas.
El monarca tomaba sus decisiones aconsejado por un complejo sistema de consejos, procedimiento
común en la Europa del Renacimiento, pero posiblemente en España de especial complicación. Cada
corona o gran grupo de reinos tenía su propio Consejo Real. Había además Consejos Temáticos y
normalmente tenían su origen en la Corona de Castilla, aunque luego habían ido extendiendo su
competencia a toda la monarquía. Se trataba de una administración de tipo colegiada (sistema polisi-
nódico), integrada fundamentalmente por letrados. Éstos elevaban al rey sus opiniones o sugerencias
en el documento llamado consultas para que el monarca decidiese. Este régimen era coordinado por
el Consejo de Estado que se ocupaba de las cuestiones políticas y de defensa. Creado por Carlos V
en 1526, no estaba formado por burócratas, sino por aristócratas, jefes militares, diplomáticos de
prestigio y prelados. Se ocupó de asuntos de tanta trascendencia como la anexión de Milán, la sumi-
sión de los Países Bajos o la expulsión de los moriscos.
De él se creó el Consejo de Guerra que alcanzó plenitud institucional durante el reinado de Felipe III.
A diferencia de los anteriores, los Consejos Reales de las distintas coronas se ocupaban de las
cuestiones de política interior y de justicia y estaban integrados por letrados.
El más importante de los Consejos: el Consejo de la Corona de Castilla, se trataba del consejo real
de la época de los Trastamara. Los Reyes Católicos lo reformaron dando primacía en él a los letrados
en detrimento de la nobleza (reorganizado en las Cortes de Toledo de 1480). Se constituyó en el ór-
gano central del gobierno de Castilla, algo así como un ministerio de gobernación que actuaba tam-
bién como tribunal supremo, su presidente que normalmente era un prelado era considerado el primer
cargo del reino, con funciones judiciales y administrativas. En 1588 se creó un Gabinete llamado
Consejo de la Cámara de Castilla formulado por 3 ó 4 miembros, encargado de asesorar al rey en los
nombramientos para los cargos eclesiásticos, judiciales y administrativos.
Consejo Real de la corona de Aragón reorganizado por Fernando el Católico, lo presidía un vice-
canciller y lo integraban 6 regentes pertenecientes a los reinos de Valencia, Aragón y Principado de
Cataluña. Mallorquines y sardos no tenían representación. También formaba parte de este consejo un
tesorero que podía ser castellano. En 1556 las atribuciones sobre Sicilia fueron retiradas del Consejo
y confiadas a un nuevo Consejo de Italia que se ocupaba de la administración de Sicilia, Nápoles y
Milán (los asuntos militares y de alta política eran decididos por los Consejos de Estado y de Guerra).
El Consejo de las Indias se ocupaba de la administración global de la América española tanto en los
aspectos políticos como legislativos, judiciales, financieros, comerciales, militares y eclesiásticos, con
competencias enormes.
Otros consejos territoriales eran: Consejo de las Órdenes (1495), Consejo de las Indias (1524), Con-
sejo de Navarra (1525), Consejo de Flandes (1555), Consejo de Italia (1556) y Consejo de Portugal
(1580).
En su origen estos consejos fueron órganos consultivos pero los reyes fueron descargando en ellos
diferentes asuntos y terminaron con atribuciones muy amplias. Al frente del Consejo de Estado esta-
ba un presidente o gobernador, excepto en los consejos de guerra y de Estado que el presidente era
el propio rey, el cual no acudía a las reuniones, aunque las decisiones tomadas le eran comunicadas
a través de deferentes secretarios de Estado.
El resto de los consejos lo formaba un número variable de consejeros: uno o varios fiscales cuya
función era dar cuenta al rey de las causas importantes y transmitir a la vez la opinión del rey. Oficia-
les de rango menor como secretarios, escribanos, relatores, alguaciles, etc. Juristas o letrados ele-
mento preponderante en la composición del consejo, que desplazaron a la aristocracia y alta nobleza
que quedaron como miembros honoríficos con voz pero sin voto.
A partir del siglo XVII aumentó la aristocracia en los Consejos, aunque siguió siendo minoritaria ya
que la mayoría de los consejeros y la totalidad de los secretarios pertenecían a la baja y media noble-
za y un pequeño grupo a la burguesía.

7.1. DIVISIÓN POR ESPECIALIZACIÓN


° Consejo de la Hermandad (1476).
° Consejo de la Inquisición, bajo la dependencia del Inquisidor General (14478). Dirigía todos
los tribunales de la Inquisición de Castilla, Aragón (incluyendo Cerdeña y Sicilia) y América.
° Consejo de Hacienda (1523), administraba los ingresos de la hacienda castellana pero or-
ganizaba las finanzas de la política imperial en su conjunto.
80
° Consejo de Estado (1526)
° Consejo de Cruzada para supervisar este impuesto de origen eclesiástico.

8. JUNTAS
Junto con los consejos, aparece la tendencia a constituir juntas, sobre todo en el siglo XVII, ante el
volumen de trabajo. Su función consistía en estudiar los problemas urgentes y especiales del momen-
to. Por lo general, se componían de unos pocos miembros que procedían del organismo en el que
surgían y podían ser reforzados por especialistas. El Consejo de Indias que se ocupaba de muchos
asuntos, buscó alivio en este sistema: Junta de Hacienda, Junta de Guerra.
El sistema era particularmente útil para el consejo de Estado: así se creó una serie de juntas específi-
cas en distintos aspectos de la política exterior: junta de Italia, de Alemania, de Inglaterra. General-
mente la proliferación de juntas ha sido considerado un aspecto desordenado del gobierno de Felipe
III pero en opinión de Lynch fue un proceso realista para dar respuesta a un creciente volumen de
trabajo. Por otra parte, tenía ya precedentes en tiempos de Felipe II.

9. LAS CORTES
La representación del reino correspondía a las Cortes. En Castilla en Cortes se reunían tres estamen-
tos:
* Iglesia: altos dignatarios eclesiásticos
* Nobleza: títulos de la mayor alcurnia y grandes.
* Tercer Estado: 2 procuradores y un corto número de Ayuntamientos: 18 ciudades tenían privilegio
de voto. Los procuradores eran elegidos por sorteo o turno dentro del seno de la oligarquía.
La autoridad de las Cortes castellanas disminuyó a partir de las celebradas en Toledo en 1538 con
Carlos V, resentido por la resistencia que encontró con los representantes de la nobleza y el clero,
ante la oposición al impuesto “sisa” o contribución sobre los alimentos, dejó sin convocar a los dos
grupos privilegiados, con lo que la autoridad de las Cortes reducidas a los procuradores quedó muy
reducida. No obstante, siguió siendo una pieza clave en la estructura de la monarquía.
Sus funciones eran la de jurar fidelidad al rey a cambio éste juraba los fueros y privilegios de sus va-
sallos.
Más efectiva fue su actuación respecto a la concesión de nuevos impuestos. Buena actuación en las
negociaciones para conceder los millones, a cambio el rey se comprometía a guardar ciertas condi-
ciones. Con Felipe III todo cambió haciéndose habitual la corrupción de los procuradores. Con Felipe
IV mayor corrupción y presión, estaban tan desprotegidas que nadie protestó cuando se dejaron de
convocar a la muerte de Felipe IV.

10. EL REY
Misiones esenciales: hacer guardar la justicia, mantener el orden interno y el equilibrio entre las distin-
tas clases y cuerpos, procurar el bien común y la promoción social. Delegaba toda estas funciones,
reservándose sólo para la alta inspección. También dirimía en los conflictos jurisdiccionales entre las
distintas áreas de poder y recibía una enorme cantidad de peticiones, informes y quejas.
Eran de su competencia los asuntos exteriores, cuya complicación era enorme. Los órganos centrales
sobrecargados de trabajo ya que tenían que clasificar lo recibido y enviar los asuntos a los consejos y
juntas correspondientes, desde los cuales volvían con los informes necesarios para que el rey deci-
diera. En realidad sólo llegaban a sus manos los asuntos más importantes, pues para los de puro
trámite los secretarios disponían de una estampilla con la firma real.
El monarca era laborioso solo o en consulta con los presidentes del Consejo, sobre todo de Castilla.
Con frecuencia delegaba sus atribuciones en un ministro de su confianza.

81
TEMA 14: ESTRUCTURA Y FUNCIONAMIENTO DE LA MONARQUÍA HISPANA EN SUS
DISTINTAS FACETAS Y NIVELES

1. LA MONARQUÍA HISPÁNICA COMO UNIÓN DE REINOS


La España de los Austrias no tiene unidad política. Es un conjunto de territorios (reinos, conda-
dos, principados, señoríos) que conservan su fisonomía propia y sólo tienen una característica
común: la de ser gobernados por el mismo soberano.
Hablar de España es inadecuado, como cuerpo político no existe. Todos los territorios han ido
agregándose unos a otros por vía de sucesión. Son bienes patrimoniales que el soberano recibe
de sus padres y transmite a sus hijos en ciertas condiciones. Bajo el reinado de Carlos V tene-
mos tres grupos de territorios:
* Los de la corona de Castilla: reinos castellanos propiamente dichos y territorios anejos: reino de
Navarra, provincias vascongadas e Indias.
* Los de la corona de Aragón: reinos de Aragón y Valencia, principado de Cataluña más los territo-
rios anejos Baleares, reino de Nápoles, Sicilia.
* La herencia de los Habsburgo: Flandes, Franco Condado, dignidad imperial, feudos en Alemania y
Austria.
Al abdicar (1556) Carlos V divide la herencia en dos partes, legando a su hijo Felipe II las coro-
nas de Castilla y Aragón más Flandes y el Franco Condado; desde su casamiento con María
Tudor (1554) Felipe II era rey consorte de Inglaterra (1554-58) y además recoge en 1580 la co-
rona de Portugal.
Sobre los territorios hay que hacer 3 observaciones:
* La integración de la corona de Castilla es mayor que la de la corona de Aragón, pero tampoco era
completa; al lado de las Cortes de Castilla existían las Juntas generales de las provincias vascon-
gadas y las Cortes de Navarra.
* La corona de Aragón es más heterogénea. Consta de 3 territorios principales: el principado de Ca-
taluña y los reinos de Aragón y Valencia, cada uno con instituciones peculiares y sus Cortes.
* Los distintos elementos de la monarquía no se sitúan en un plano de igualdad. Existe un desequi-
librio a favor de Castilla debido a motivos históricos, económicos y políticos.
Por otro lado, el imperio español tenía una base fundamental en América. La organización social
se basaba en una distinción neta entre conquistadores y conquistados. La organización institu-
cional se inspiraba en la teoría de los “reinos indianos” considerándoles como prolongación de
los europeos. El poder de la corona era muy amplio pero la distancia, el peso del entorno social
y el proceso de privatización de los cargos públicos hacían que el absolutismo regio fuera distin-
to en la teoría que en la práctica. Hispanoamérica fue la tierra donde las órdenes reales se obe-
decían pero no se cumplían.

2. ADMINISTRACIÓN CENTRAL Y “PROVINCIAL” O PERIFÉRICA


La burocracia ahora resultaba perjudicial para el país, dados los intereses creados. España tenía
demasiados funcionarios. La búsqueda de cargos se había convertido en una manía alimentada
por las Universidades, el sistema de valores existente, el sistema de patronazgo y la propia im-
previsión del Gobierno.
La estrecha relación existente entre la entrada en la Universidad y los cargos burocráticos tendió
a crear un círculo selecto de administradores que monopolizaban las carreras públicas; otros
medios para ingresar era por el camino de los cargos de capa y espada, estos nombramientos
dependían únicamente del favor real y del patronazgo y los salarios de estos funcionarios adi-
cionales eran una carga excesiva para los ingresos del gobierno. El crecimiento de la burocracia
era peligroso y superfluo a la vez.
Se daba en la burocracia una falta de continuidad en el servicio, la costumbre de nombrar conse-
jeros supernumerarios, tanto togados como de capa y espada, que ya disfrutaban de cargos,
frecuentemente en el exterior, su único objeto era aumentar sus emolumentos; otro camino era
mediante compra, esta se consideraba una forma de patriotismo; el cargo así conseguido se
convertía en propiedad, generalmente con derecho a renuncia (podía venderlo, legarlo o dispo-
ner de ellos de algún modo). El sistema implicaba dos abusos:
* Colocaba en cargos de responsabilidad a personas moral o intelectualmente no cualificadas.

82
* Fomentada el peculado, pues los candidatos triunfantes tenían que pagar los intereses del capital
que habían tomado en préstamo para comprar el cargo.
Los funcionarios subordinados se multiplicaron más rápidamente aún, eta expansión se produjo
por las demandas del patronazgo. El personal excedente era una gran carga financiera y los sa-
larios con frecuencia se pagaban con retraso, esto significaba que los funcionarios inferiores vi-
vían constantemente del crédito o de la corrupción, aparte de los salarios.
La burocracia exigía una reforma drástica; cuando el soberano o su ministro tenía que recibir,
considerar o resolver el material de gran número de consejos, estaba el punto débil donde fre-
cuentemente se rompía. Aparte de la acumulación de expedientes, el gobierno carecía de un re-
gistro eficiente; Felipe IV ordenó la creación de un registro normal en el interior de palacio.
La gran familia de consejos litigaba constantemente entre sí por cuestiones de jurisdicción. Con
este sistema la única esperanza de éxito estaba en la calidad del ejecutivo. Un ministro fuerte
podía imponerse sobre los consejos o dejarlos de lado; este dependía para funcionar de otras
innovaciones, necesitaba consultar con otros ministros sin acudir a la maquinaria de los consejos
y el ejecutivo necesitaba un secretario propio eficiente, independiente de los secretarios concilia-
res.
Los primeros ministros y sus colegas, los presidentes de los consejos, se reunían con cierta fre-
cuencia y crearon un secretariado propio, la Secretaría del Derecho Universal que surgió del se-
cretariado del Consejo de Estado. El secretariado del Despacho tenía una competencia universal
y combinaba la doble función de consultor y secretario para la jefatura del Gobierno, ya fuera la
Junta de Gobierno o posteriormente su primer ministro.
La administración de tan diversos reinos, coronas y territorios obedecía a diferentes pautas. En
la corona de Castilla era fundamental la institución de los Corregidores, que presidían los gran-
des municipios y a través de ellos el conjunto del reino, convirtiéndose en el eje de la administra-
ción interior. Incluso territorios autónomos (Vizcaya y Guipúzcoa) tenían su corregidor.
En las provincias vascas las Juntas Generales delegaban sus poderes a organismos específi-
cos, como eran el regimiento general en Vizcaya, la Diputación de Guipúzcoa y el diputado ge-
neral en Álava. El señorío de Vizcaya se dividió en 7 merindades, a las que había que sumar la
villa de Bilbao y las Encartaciones, como distritos específicos.
En el reino de Navarra y en la corona de Aragón el monarca estaba representado por el virrey.
La duración del cargo solía ser trienal y su titular solía ser un aristócrata de Castilla. En cada
reino había además un consejo real con funciones de asesoramiento del virrey y del alto tribunal
de justicia, en la corona de Aragón se les llamaba comúnmente Audiencias, las audiencias fue-
ron organizadas por Fernando el Católico y Carlos V en los reinos peninsulares y por Felipe II,
más tardíamente en Cerdeña y Mallorca.
En el reino de Aragón la justicia real se encontraba con la concurrencia del tribunal de Justicia
Mayor cargo independiente e inamovible, desempeñado de forma hereditaria por la familia Lanu-
za, considerado como garantía del ordenamiento político y judicial del reino frente a la amenaza
del autoritarismo real.
Por debajo del virrey existía la dignidad del gobernador general a cuyo cargo estaba la conser-
vación del orden público. A diferencia del virrey, el titular de la gobernación general era natural
del reino y su cargo solía ser vitalicio.
Cada uno de los países forales tenía su propia administración de hacienda, como la Cámara de
los Comptos de Navarra. La estructura administrativa era similar en los reinos aragoneses. El
maestre racional actuaba a la manera de un tribunal de cuentas. El baile general administraba
los bienes del Real Patrimonio en Valencia.
En Navarra, Aragón y Cataluña el territorio se subdividía en entidades de extensión y población
similar y número elevado: merindades, sobrecogidas, veguerizas, etc. En cambio, en el reino de
Valencia sólo existían dos grandes circunscripciones o gobernaciones muy desiguales, la de Va-
lencia propiamente dicha y la de Orihuela, la 1ª daba lugar además a 2 gobernadores menores,
la de La Plana y la de Játiva.

3. EL RÉGIMEN DE CONSEJOS: CLASIFICACIÓN, ORGANIZACIÓN, ATRIBUCIONES


Y FUNCIONAMIENTO. LAS JUNTAS
El rey no gobierna solo, sino con la colaboración de unos consejos especializados. Cada consejo
está compuesto por 10 ó 15 personas, en su mayoría letrados y antiguos alumnos de los cole-
gios mayores. Los consejos examinan los problemas importantes, después de la discusión se
hace una relación sumaria, que se presenta al soberano y éste escribe sus observaciones o sus

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decisiones. Es el sistema llamado de consultas. Entre el soberano y los consejos el enlace se
hace por medio de los secretarios. Según su función había 3 tipos de Consejos:
* Consultivos: generalmente son de rango superior, en los actos oficiales tenían preeminencia sus
miembros sobre los otros estamentos. Los consejos consultivos eran:
° El Consejo de Estado establecido en 1526 era el único órgano común a todo el imperio, esta-
ba especializado en política exterior e integrado por bloques familiares opuestos. El rey era teó-
ricamente su presidente.
° El Consejo de Guerra establecido en 1522.
Por la índole de los temas tratados por ambos consejos a veces se reunían juntos.
* Administrativos: que se dividen en:
° Consejo General de Castilla: era la columna vertebral de la administración castellana, órgano
superior de apelación de los altos tribunales, fue creado en el siglo XIV, en 1598 por problemas
burocráticos se divide en dos departamentos.
° Consejo de la Real y Suprema Inquisición: constituido en 1483, juzgaba apelaciones de tipo
religioso y dogmático, sus miembros eran nominados por el rey. Constaba de un aparato cen-
tral constituido por el Consejo de la Suprema y el Inquisidor Mayor.
° Consejo de Órdenes Militares: constituido en 1489 a raíz de la incorporación de los maes-
trazgos.
° Consejo de cruzada: constituido en 1504.
° Consejo de Hacienda: constituido en 1593 que absorbe la contaduría y el de Cruzada.
* Rango territorial: asesoraban al rey sobre los asuntos de uno de sus reinos en particular:
° Consejo de Aragón: 1494 consultado sobre asuntos levantinos y tribunal supremo de Valen-
cia, Baleares y Cerdeña pero no de Aragón y Cataluña.
° Consejo de Indias: constituido en 1524 como emanación del de Castilla.
° Consejo de Italia: de 1555 se ocupaba de los asuntos de Nápoles, Sicilia y Milán.
° Consejo de Flandes de 1588.
° Consejo de Portugal: de 1580 a 1665.
Estos consejos territoriales estaban plenamente profesionalizados y fueron los instrumentos por
los que se impuso un control central sobre todo el imperio.
Como los consejeros desconocían la política del rey, se sentían con recelo para hablar demasia-
do francamente o para comprometerse en tomas de posición definidas, temerosos de caer en el
lado desgraciado. Tales circunstancias hacían imposible para los consejos el desarrollo de una
política consecuente ni siquiera dentro de los estrechos cauces de su autoridad.
La búsqueda de la lealtad por el rey y la sospecha de éste de independencia de sus subordina-
dos, fomentó la mediocridad y conservadurismo en los consejos. La administración por medio de
los consejos no habría podido trabajar sin lazos eficaces entre el rey y los consejos. Llevaban
esta función los secretarios generales. Cada consejo territorial tenía adscrito un secretario real,
mientras que el Consejo de Estado mantenía el contacto por medio de su secretario principal.
Los secretarios asistían a las reuniones de los Consejos y no gozaban de voto.
Pasaremos a ver algunos de los consejos:
3.1. CONSEJO DE LA CORONA DE ARAGÓN
Fue regulado por Fernando el Católico en 1494. Los integrantes eran un presidentes (vi-
cecanciller), 6 letrados con título de regentes y un tesorero general. Los 6 letrados perte-
necían a los reinos de la corona de Aragón, se hallaba el consejo sometido a presiones de
distinto signo pues aparecía como el órgano de la prepotencia regia, los primeros ministros
criticaban al consejo por su imbricación en las facciones y clientelismo de sus regiones de
origen.
Olivares logró sustituir al vicecanciller (que era un jurista) por un presidente y nombró para
este cargo a un castellano, esta medida fue suspendida después de la caída del valido,
siendo restablecida en 169222, otro cambio fue la incorporación de caballeros no letrados.

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En 1555 se le retiran al Consejo las atribuciones sobre Sicilia y se confían al consejo de
Italia.

3.2. CONSEJO DE ITALIA


Dirigía la administración de Sicilia, Nápoles y Milán (los asuntos militares y de alta política
de la Península italiana eran decididos por los Consejos de Estado y de Guerra). Compo-
nían este consejo “regentes” italianos y castellanos bajo la presidencia de un noble o le-
trado castellano. Durante el decenio de 1580 se crearon en la Corte otros consejos.
3.3. CONSEJO DE FLANDES
Para los Países Bajos.
3.4. CONSEJO DE PORTUGAL
Coexistía con las instituciones especializadas que permanecían en Portugal o que se crea-
ron de nuevo para la administración de justicia o de hacienda.
3.5. CONSEJO DE INDIAS
creado en 1524, tras la experiencia de una Junta de Indias, para la administración global
de la América española en sus aspectos políticos, legislativos, judiciales, financieros, co-
merciales, militares y eclesiásticos, siendo sus competencias enormes, pero la prepara-
ción de sus componentes era limitada, pues sólo una pequeña parte de los consejeros te-
nía experiencia de gobierno.
3.6. CONSEJO DE HACIENDA
Encargado de administrar los ingresos de la hacienda castellana además organizaba la fi-
nanciación de la política imperial en su conjunto. Los consejeros de hacienda tenían me-
nor número de letrados e incorporaron a personajes relacionados con la administración de
impuestos.
El consejo fue objeto de diversas reorganizaciones, las cuales no alteraron sus funciones
fundamentales. La modificación más importante fue la aparición de la cámara de millones
en 1601 (para administrar este nuevo impuesto). Estaba integrado por procuradores en
Cortes y por consejeros de Castilla.
3.7. CONSEJO DE LAS ÓRDENES MILITARES
Establecido por los Reyes Católicos en 1495 para administrar aquellas instituciones des-
pués de la incorporación a la corona. La orden de Montesa incorporada a la corona en
1587 pasó a depender del Consejo de Aragón.
3.8. CONSEJO DE CRUZADA
Establecido por los Reyes Católicos para la supervisión de este impuesto de origen ecle-
siástico.
3.9. CONSEJO DE LA INQUISICIÓN
Llamado oficialmente General y Suprema Inquisición y de forma oficiosa como la Supre-
ma. Estaba compuesto por un número de consejeros bajo la presidencia del Inquisidor
General. El consejo dirigía todos los tribunales inquisitoriales en Castilla y Aragón y tam-
bién en América, los inquisidores solían ser juristas y el inquisidor general era con fre-
cuencia un prelado. En el siglo XVII el consejo acentuó el carácter centralizado y el mando
independiente del inquisidor general en el nombramiento de subordinados, se acentuó el
carácter jurídico del inquisidor por encima de su preparación teológica.
Tras la muerte de Felipe II, el gobierno de la monarquía quedó encomendado a los Consejos,
pero se inició una tendencia a constituir Juntas Transitorias, que se formaban para casos espe-
ciales y cuyo cometido era asesorar a los consejeros del rey proponiéndoles medios adecuados
para tal o cual situación concreta. Una de las primeras juntas fue la Junta de Reformación de
1618 instituida por Lerma, en los tiempos de Olivares llegaron a funcionar numerosas juntas par-
ticulares, siendo grande el número de las destinadas a examinar problemas fiscales.
El sistema de Juntas se desarrolló a lo largo del siglo XVII formándolas por personas que eran
ya miembros de algunos consejos. Algunas juntas eran nombradas para temas muy concretos,
otras recibían competencias sobre determinadas parcelas de la administración. Se las considero
como una forma de sortear la lentitud y la hostilidad de los consejos con relación a la política de
los privados.
85
Por otro lado, las dificultades de la hacienda hacían que se convocaran intermitentemente Jun-
tas de Medios. Las preocupaciones mercantilistas de Olivares cuajaron en una Junta de Pobla-
ción, aunque esta iniciativa resultó fallida, en 1679 reapareció una Junta General de Comercio.
3.10. CONSEJO DE CASTILLA
De los diversos consejos se destaca como principal el Consejo de Castilla que original-
mente era el Consejo Real de este reino, por su papel preponderante respecto a los de-
más territorios adquiría supremacía sobre los otros, convirtiéndose en el Consejo Real o
Consejo, creciendo en competencia y variedad de asuntos. Su reorganización data de las
Cortes de Toledo de 1480, donde se señala su composición y se dictaron sus ordenanzas,
en 1608 fue reorganizado a base de varias salas de justicia. Los comuneros quisieron
transformar el Consejo pero su propósito fracasó.
El presidente de este consejo era el primer magistrado de la nación después del soberano,
y presidía las Cortes, la Cámara de Castilla y el Consejo de Órdenes, era nombrado por el
rey. Los consejeros eran elegidos por el monarca entre funcionarios y juristas. Sus atribu-
ciones abarcan un sinfín de cuestiones de índole diversa, de orden legislativo, gobernativo
y judicial. Normalmente era un prelado, la actividad legislativa de la institución en forma de
autos acordados creció durante el reinado de Felipe II.
Sus funciones consultivas las ejercía a través de la consulta al rey y viceversa. En el as-
pecto legislativo preparaba las leyes nuevas previa consulta. En el aspecto administrativo
centralizaba todos los problemas de gobierno y ejercía una inspección sobre la vida pro-
vincial y municipal. Las funciones judiciales fueron ensanchándose a costa de las Audien-
cias y las Chancillerías. En 1559 Felipe II aumentó el número de consejeros pero sus fun-
ciones judiciales siguieron obstaculizando su eficacia. En 1598 ordenará la división del
consejo en dos departamentos, cada uno con su propio cometido, ejecutivo y administrati-
vo uno y judicial otro, la reforma hubo de repetirla en 1608.
La competencia del Consejo de Castilla invadió las órbitas de otros consejos, aumentando
su campo de acción en época borbónica.
En 1588 se creó en el interior del Consejo un comité llamado la Cámara de Castilla encar-
gada de proponer al monarca los cargos de la administración civil y judicial y también los
obispados y dignidades eclesiásticas dependientes de la corona.
En cuanto a la estructura interna del Consejo, éste había sido establecida por Felipe II al
final de su reinado y fue confirmada por Felipe III en 1608; el Consejo se dividía en 4 sa-
las: de gobierno, de justicia, de provincias y de mil quinientas.
Las funciones del Consejo eran a la vez consultivas el monarca, cabeza de la administra-
ción del reino y tribunal supremo del mismos (mil quinientas se refería a la cantidad que
era preciso depositar para la apelación de determinados procesos). La división en salas
apuntaba a una división entre funciones gubernativas y judiciales que no llegó a desarro-
llarse. Los consejeros de Castilla constituían la máxima jerarquía de los letrados, cuyo po-
der se consolidó durante el reinado de Felipe III. Eran juristas en buena parte antiguos
miembros de los colegios mayores.
3.11. CONSEJO DE ESTADO
Tiene su precedente en el Consejo Secreto o político de los Reyes Católicos, fue creado
como tal consejo por Carlos V en 1526 dándole un carácter suprarregional para el estudio
y asesoramientos de las cuestiones de orden internacional. De él procedió el consejo de
Guerra en 1714.
Era el único órgano común a todo el imperio, lo integraban un reducido número de anti-
guos embajadores, virreyes, altos mandos militares y otras personalidades de gran expe-
riencia. Era un simple órgano consultivo sin funciones ejecutivas y por tanto sin personal a
sus órdenes.
El Consejo de Estado fue el foro donde se discutieron algunas de las grandes cuestiones
políticas de la mayoría, como la anexión de Milán, la sumisión de los Países Bajos o la ex-
pulsión de los moriscos. El Consejo de Estado dio lugar a la creación de un Consejo de
Guerra, especializado que alcanzó plenitud institucional con el gran esfuerzo bélico de la
2ª ½ del reinado de Felipe II.
Con el reinado de Felipe III se revitalizó, es de destacar también el carácter espontáneo de
las discusiones bajo Felipe IV, la alta categoría de los consejeros y el hecho de que deja-
ran 2 veces sus funciones para incorporarse a un servicio más activo, como embajadores
o jefes militares.
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Bajo el reinado de Carlos II el Consejo de Estado se convirtió en verdadera expresión co-
lectiva del bloque de poder que regía la monarquía, la presencia aristocrática en el consejo
alcanzó proporciones del 90%. La importancia obtenida por los validos hizo devaluar la
posición preeminente que bajo Felipe II habían disfrutado los secretarios del Consejo de
Estado. Pero el valido no podía asegurar el servicio administrativo del soberano. Por esta
razón desde 1621 uno de los secretarios de del Consejo pasó a servir el despacho univer-
sal del monarca. Las relaciones entre esta nueva figura institucional y las secretarías del
Consejo de Estado son sumamente complejas, pero en líneas generales el nuevo secreta-
rio fue ganando peso político a lo largo del siglo, sobre todo en su 2ª ½ siendo el origen de
los actuales ministerios.

4. LA POSICIÓN DEL REY Y DEL PRIMER MINISTRO DURANTE EL SIGLO XVII. EN


EL MARCO POLISINÓDICO Y DE LOS NÚCLEOS DE PODER PERSONALES O TE-
RRITORIALES. ABSOLUTISMO Y ESTADO ESPAÑOL DEL SEISCIENTOS
La muerte de Felipe II en 1598 trae como consecuencias más visibles un notable decrecimiento
de la influencia personal de los reyes. La institución monárquica sigue respetada y aceptada por
todos los sectores sociales, pero sus titulares, por falta de talento o voluntad, renuncian desde
entonces a ejercer personalmente el poder, que entregaban a privados o validos. La caída de
Olivares en 1643 marca el fin de una 1ª etapa en la que métodos nuevos e intentos de reformas
se ensayaron sin resultados positivos.
El gobierno de la monarquía quedó encomendado a los Consejos y también se inició una ten-
dencia a constituir juntas transitorias cuyo cometido era asesorar a los consejeros del rey. En el
ambiente de crisis que se produce en esta centuria destaca la figura del arbitrista, observador de
la decadencia con ribetes de reformador.
La especie de indolencia que caracterizó la política española durante las dos primeras décadas
del siglo XVII se cambió a partir de 1620. Castilla estaba exhausta en comparación con ella las
coronas de Aragón y Portugal habían conservado su autonomía interna, protegidas por sus fue-
ros y leyes, que limitaban considerablemente el poder del rey. Olivares para llevar a cabo su po-
lítica hegemonista crea la Unión de Armas que consistía en repartir el peso de la política imperial
de manera más ajustada a las posibilidades de cada provincia según proporción de su población
y riqueza. Pero encontró un obstáculo en la autonomía de sus provincias. Así fue como la políti-
ca imperialista impulsa a Olivares a realizar un cambio profundo en las estructuras de la monar-
quía, pensó en imponer a toda la Península las leyes de Castilla, esto desencadena las rebelio-
nes de Cataluña en 1640, resulta por Felipe IV en 1652, que promete respetar las leyes y privile-
gios del Condado. También en Portugal la resistencia desembocó en una sublevación que termi-
naría con la independencia del reino en 1668, muerto Felipe IV y como corolario la sublevación
de Andalucía que terminó en 1648.
Todas estas sublevaciones son síntoma de la descomposición del estado a la que había llevado
la política de Olivares. La integración de los varios componentes de la monarquía fue un fracaso.
Los intereses de la dinastía y de la nación no eran idénticos.
En la 2ª ½ del siglo, reinando Carlos II (1665.1700) España está desmembrada y las intrigas pa-
laciegas ocupan un amplio lugar.
En la España del Antiguo Régimen, a lo más que podía aspirarse era a que los elementos de re-
presentatividad que existían en los poderes intermedios e inferiores se mantuvieran frente a las
tendencias absorbentes de reyes y señores y a los propios vicios internos del sistema. No po-
dían trascender hasta el órgano supremo de mando, que era el rey, porque la autoridad regia era
independiente, en su origen, de la voluntad popular; coincidiendo en este punto con la doctrina
romanista profesada por los jurisconsultos del Renacimiento y la tradición cristiana medieval. Los
tratados políticos fundieron ambas teorías en una síntesis que trataba de racionalizar una situa-
ción de hecho. La monarquía recibía así una sanción religiosa, le reconocía un carácter absoluto
(el rey no está ligado por las leyes ordinarias, pues es superior a ellas, aunque sí a las leyes mo-
rales y divinas).
El comportamiento era concebido como una cuestión de la mayor importancia en las monarquías
del siglo XVII, se esperaba que los reyes fueran ante todo caballeros. La revolución del gobierno
en los inicios de la Edad Moderna fue acompañado de un cambio de etilo de vida de la sociedad
cortesana, costumbres y ceremonias fueron codificadas y embellecidas, se dedicaba, el monar-
ca, cada vez más tiempo a la realización de actividades aparentemente simples (comer, cazar,
etc.).
El mayor problema con el que se enfrentaban los monarcas era asegurarse la obediencia de sus
súbditos y en especial de sus servidores. La solución a este problema consintió en delegar el
control detallado de la administración e un primer ministro o favorito, Lerma (1598-1618), Oliva-
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res (1622-11642), incluso los gobernantes tenían capacidad para entender las tareas guberna-
mentales, preferían confiar la supervisión de la política aun valido.
Además, el primer ministro podía contar con la lealtad de una amplia red de protegido, introdu-
cidos por él en la administración, para evitar todo núcleo de independencia o de oposición.
Los peligros que para la autoridad real ofrecía esto eran evidentes y el tema no sobrevivió mu-
cho, cobrando forma un sistema ministerial con responsables de departamento que tomaban co-
lectivamente las decisiones principales. El soberano debía mantener la ficción de que gobernaba
directamente a su pueblo, siendo ayudado en esta tarea.

5. LAS CORTES DE CASTILLA


Se dio el nombre de Cortes, a partir de la Baja Edad Media, a las asambleas políticas en que
participaban, convocados y presididos por el rey, los representantes de los distintos estamentos.
La característica principal de las Cortes de tipo castellano es la de que en ellas no se establece
con precisión la división de los estamentos sociales, distinguiéndose solamente, por una parte, el
rey con su curia (nobleza y clero) y por otra, lo que se llamó el reino, representado por los procu-
radores de los concejos (ciudades y villas). A partir del siglo XIV las ciudades que acuden a cor-
tes eran 18 y fueron llamadas ciudades con voto en Cortes. Los asuntos de la competencia de
las cortes castellanas fueron variados; intervenían en la jura del nuevo rey, en las cuestiones de
sucesión al trono, en la minoría de los monarcas, etc. Pero el asunto fundamental de la compe-
tencia de las Cortes de Castilla fue la votación de subsidios e impuestos y la inspección del gas-
to de las sumas recaudadas. Las cortes castellanas no mostraron bastante entereza ante el po-
der real, quedando en realidad reducidas a un papel secundario, después de la derrota de los
Comuneros. Varias causas han contribuido a este resultado:
* Las Cortes no representaban a todo el reino, sino sólo a municipios de realengo.
* No representaban a todas las ciudades sino a una minoría (18).
* En cada una de las ciudades privilegiadas, un grupo reducido de electores es el encargado de
nombrar a 2 procuradores en Cortes, se trata principalmente de la oligarquía municipal de los re-
gidores.
* Se convocan muy de tarde en tarde.
A partir del siglo XV, su derecho a la consulta antes de que la corona emprendiera la creación de
impuestos extraordinarios, se había ido eliminando; no podían limitar el poder de una monarquía
personal, pues estaban faltas de poder legislativo y sometidas a presión gubernamental. Para
compensar a la corona de sus pérdidas sobre la alcabala, autorizan una serie de subsidios (ser-
vicios ordinarios y extraordinarios, limitados a la gente del común) como algunas regiones tuvie-
ron dificultades, se complementa con el servicio de millones (la nobleza no estaba exenta), sien-
do definido el impuesto que las cortes y la corona prefirieron. Las últimas Cortes, las de 1662.

6. LAS CORTES DE ARAGÓN


Son privativas de Aragón, en ellas se distingue la separación de sus elementos componentes en
brazos perfectamente definidos; a partir de 1307 era obligatorio que se reuniesen cada 2 años.
Se componía de 4 brazos: el Justicia Mayor de Aragón entendía en las Cortes de los juicios de
agravios, los contrafueros o disposiciones del rey y de los oficiales del poder público que viola-
ban los fueron o derechos de las distintas clases sociales del reino.
Las cortes dirigían peticiones al rey, tenían poder legislativo y desde Jaime I sólo eran las leyes
las votadas en las Cortes. Recibían el juramento del rey y de los herederos de la corona y vota-
ban los nuevos tributos y subsidios extraordinarios. Al disolverse las cortes, continuaba en fun-
ciones una diputación permanente con la misión de cuidar las leyes votadas.
Las cortes orientales se reunieron de dos maneras: en Cortes particulares de cada reino consti-
tuyente (Aragón, Cataluña, Valencia) y en Cortes Generales, al reunirse todas en un lugar simul-
táneamente, aunque sentados los procuradores por grupos distintos.

7. ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL LUGAR DE LAS AUDIENCIAS Y CHANCILLE-


RÍAS
La administración de justicia era la constituida por Chancillerías y Audiencias. En un principio el
país se encontraba sometido a diferentes jurisdicciones, era esta una manera de que la corona
no pudiese reivindicar el control de la Justicia:
* Justicia de la Iglesia.

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* Justicia de los grandes señores.
* Justicia real.
Además de lo anterior existía un sistema de derecho mercantil que afectaba a determinados
asuntos del comercio y que interpretaban órganos de comerciantes llamados consulados.
A la corona le interesaba integrar las distintas jurisdicciones en un solo sistema de justicia real,
administrado en Castilla a fines del siglo XVI por medio de un tribunal permanente que es la Au-
diencia o Chancillería, que estaba integrado por un número de jueces con residencia en Segovia
o Valladolid.
Son organismos para la administración de la justicia real, se estructuran definitivamente en la
Edad Moderna, como cuerpos colegiados con un área territorial de competencia, correspondien-
te a un reino y una esfera de actuación propia.
La estructuración definitiva de las Audiencias arranca de las medida reformadoras de los Reyes
Católicos, en Castilla son fijadas dos Chancillerías, en Valladolid y en Granada, van establecién-
dose en el curso del siglo XVI nuevos tribunales en diversas ciudades con el nombre de Audien-
cias, éstas eran inferiores en categoría a las Chancillerías, pero representa el mismo tipo de ór-
gano o instancia judicial.
La Audiencia se componía de un número variable de jueces, llamados oidores para lo civil o al-
calde del crimen para lo criminal. Presidía la Audiencia un gobernador o regente y los magistra-
dos se reunían en una o dos salas. Sus competencias eran en primera instancia, todos los asun-
tos que ocurrieran en una radio de 5 leguas alrededor de la capital. En apelación, entendía todos
los asuntos civiles o criminales de las justicias reales o de los jueces de señorío. Intentaron ob-
tener la jurisdicción gremial pero no la consiguieron . los asuntos fallados eran susceptibles de
ulterior instancia, según casos, cabiendo apelar a la Chancillería. Desde época de Felipe II sus
sentencias en materia criminal eran firmes, salvo las penas de muerte.
En los estados aragoneses, las Audiencias respectivas se reorganizaron como tribunales su-
premos dentro del reino, burocráticamente tuvieron el carácter de organismos auxiliares del lu-
garteniente, del vicecanciller o del regente de la Chancillería. La Audiencia de Aragón fue reor-
ganizaba por Carlos V en 1528 y establecida en Zaragoza. La Audiencia catalana fija su organi-
zación en 1483 y tiene reformas posteriores que alterarían su organización interna. En las Cortes
de Monzón de 1542 se estableció que sus decisiones llamadas conclusiones fueran impresas.
En los territorios indianos, las Audiencias, establecidas desde el principio, constituyeron una pie-
za capital de la organización administrativa, bajo la presidencia del virrey o capital general,
uniendo a sus funciones judiciales otras gubernativas.
Felipe V uniformará todas las audiencias según el patrón de las de Castilla.
Las Chancillerías eran organismos de la administración de justicia en su grado supremo, corres-
pondientes a la jurisdicción real o soberana en el reino de Castilla. Los Reyes Católicos ante la
extensión alcanzada por el reino establecieron en Ciudad Real otra Chancillería, la anterior fue
fijada en Valladolid en 1489, para la región meridional que se trasladaría a Granada en 1505.
Las Chancillerías como las audiencias era presididas por un gobernador o regente y se integra-
ba 16 oidores y 3 alcaldes del crimen, agrupados en 4 salas de lo civil y una de lo criminal y otra
sala de hijosdalgos para pleitos de nobleza. Había un fiscal que velaba por el cumplimiento de la
ley otros oficiales (escribanos, registradores, alguaciles, etc.). En la Chancillería de Valladolid
existía, además, un juez de Vizcaya, para las apelaciones de aquella región.
Las competencias de la Chancillería además de las de las audiencias, entendía de modo priva-
tivo, en primera instancia, de los pleitos referentes a mayorazgos, hidalguías y condición de va-
sallos de señoría y en apelación de las Audiencias en asuntos civiles y criminales en los que hu-
biera pena de muerte. Las sentencias eran irrevocables y definitivas. Sólo en caso grave podía
recurrirse al Consejo de Castilla. Las reformas de Felipe V y sucesores, unificaron la estructura y
régimen de las Chancillerías.

8. LOS CORREGIDORES Y LA ORGANIZACIÓN MUNICIPAL CASTELLANA


La institución de corregidores comenzó en el siglo XIV sólo en algunas de las principales ciuda-
des y se generalizó en Castilla desde 1480. Tuvo un carácter estrictamente político. Desde en-
tonces los corregidores, nombrados por el consejo de Castilla y en estrecha relación con él, fue-
ron el nervio del gobierno interior del reino, así como el batlle o baile y veguer en la corona de
Aragón.
El corregidor era una especie de gobernador civil que tuviera además funciones judiciales,
desempeñara el cargo de comandante o gobernador militar y presidía el ayuntamiento cabeza
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del partido. Durante la 2ª ½ del siglo XVII fue además el jefe superior de la administración de las
rentas reales. Para evitar el abuso dada la enorme concentración de poder, se establecieron va-
rias limitaciones:
* La temporalidad del cargo, que comenzó siendo un año y terminó siendo trienal.
* El juicio de residencias, consistente en que al terminar el período de su mandato, todo aquel que
se sintiese perjudicado podía alegar en su contra, de ordinario la sentencia era benigna.
Para el reclutamiento de corregidores, la Cámara de Castilla se informaba de las cualidades de
los candidatos a través de las Chancillerías, universidades y personas de prestigio. Es de supo-
ner que la mayoría procedían de la media y baja nobleza, los plebeyos con estudios de leyes
también podían acceder a los corregimientos de menor importancia.
Había corregidores de capa y espada (militares) en las comarcas donde se requería un gober-
nante enérgico, en tal caso, el teniente de corregidor tenía que ser un legalista para atender a
las obligaciones judiciales del corregidor, que era una instancia intermedia entre los alcaldes o
jueces locales y las Chancillerías y Audiencias.
La retribución del corregidor pesaba casi exclusivamente sobre las haciendas locales respecti-
vas. Cada corregimiento llevaba el titulo de la capital, lo que demuestra su carácter urbano, pero
era un circunscripción territorial.
Los corregidores casi no tenían funcionarios reales a sus órdenes, un teniente y algunos subal-
ternos le bastaban, porque lo esencial de su misión era trasladar a las autoridades municipales
las ordenes de la corte. Presidía el ayuntamiento de la ciudad cabeza de partido, inclinaba los
votos de los regidores en el sentido que se le indicaba cuando se trataba de votar servicios, ve-
laba por la pureza de la administración municipal y transmitía informes.
A partir del siglo XVI, la autoridad real había hecho tales progresos que prefiguraba lo que lla-
mamos el Estado Moderno; en el caso de los Austrias habían heredado una autoridad real que
en teoría lo abarcaba todo, pero la insuficiencia de medios para ejercerla directamente les obligó
a transigir con una serie de poderes intermedios en los que resulta difícil delimitar hasta dónde
eran realmente autónomos y hasta qué punto se habían convertido en meros agentes del poder
real.
El dominio de los poderosos municipios era un fenómeno cumplido por la nobleza. La institución
de los jurados (representantes del elemento popular) no había solucionado nada y se habían
convertido en cargos vitalicios y hereditarios en la mayoría de las ciudades. La apetencia de po-
der era especialmente viva en las ciudades que disfrutaban de voto en Cortes.
Como los cargos municipales no era retribuidos, o tenían asignados salarios pequeños, los que
no les apetecía por vanidad o afecto, lo hacían pensando en otras ventajas, pues las extensas
atribuciones del municipio medieval se mantuvieron casi íntegras. Casi todos tenían fincas de
Propios y comunes, las primeras eran propiedad del ayuntamiento y las segundas pertenecían a
la colectividad de vecinos, pero su aprovechamiento era reglamentado por los munícipes. Tenía
también el control de los abastos de primera necesidad, el abastecimiento de la carne se confia-
ba a un obligado, el cual tenía el monopolio de la venta y ciertas facilidades en el disfrute de los
pastos, la taberna, el despacho de aceite y el mesón, también solían ser establecimientos muni-
cipalizados. La venta de caza, fruta y otros productos perecederos se dejaba a la iniciativa parti-
cular pero con una estrecha vigilancia del municipio, que ponía cada día las posturas o precios
máximos y perseguía a los revendedores. En las ciudades donde había una organización gre-
mial, ésta se hallaba bajo la autoridad y supervisión del ayuntamiento.
Por debajo de las autoridades territoriales, el municipio se mantiene como primer nivel de orga-
nización política. En la monarquía de los Austrias, las instituciones locales conservaron su diver-
sa originalidad y se produjo un fenómeno de afirmación de las oligarquías económicas frente a
las capas populares, cuya influencia se debilita en virtud del establecimiento de órganos de go-
bierno, ayuntamiento y concejos, en los que sólo participaban los vecinos dotados de medios
económicos.
El tránsito de los fueros a las ordenanzas municipales coincide con el cambio político. Los pro-
cedimientos utilizados para la designación de representantes en los municipios fueron censita-
rios y favorables a las clases terratenientes y comerciantes. El regimiento de los municipios está
basado en sus fueros medievales y esto gravó sobre las autoridades municipales, siendo su mo-
dalidad variada.
Dada la riqueza y fuerza de los municipios, no es extraño que la corona intentara controlarlos y
lo consiguieron en buena parte, por medio de los corregidores y en menor grado en Aragón. La
intervención real se vio facilitada por la corrupción existente en muchos municipios y las luchas
de bandos entre facciones.
90
En la corona de Castilla, desde el siglo XIV se tendió a nombrar regidores (vitalicios) que son
magistrados de la corona de Castilla que ostentaban cargos en los municipios bajo la autoridad
del alcalde. Muchas veces estos nombramientos vitalicios se convertían en hereditarios, lo que
significó un claro monopolio del gobierno municipal por parte de oligarquías restringidas.
La privatización de cargos municipales que había sido frenada por los Reyes Católicos fue per-
mitida por los Austrias por razones fiscales. En cambio en la corona de Aragón se conservó el
sistema de concejos.
Aunque la autoridad municipal se fundamentaba en su privilegio real, los municipios aragoneses
eran más autónomos que los de Castilla.
Las deudas y la mala gestión económica eran elementos estructurales del municipio del Antiguo
Régimen, especialmente la deuda municipal, el pago de los intereses de los préstamos tomados
por los municipios eran unos pozos sin fondo, nunca colmados por un sistema tributarios que
gravaba con arbitrios una buena parte de los productos alimenticios.
El cabildo de regidores era una corporación colectiva para el gobierno municipal, son elegido
por el rey en las ciudades importantes con voto a Cortes, están presididos por el alcalde hasta la
incorporación del corregidor.

9. OTRAS INSTITUCIONES
9.1. LA IGLESIA
La Iglesia es una de las instituciones que mantenía relaciones estrechas y complejas de
intima colaboración, pero a la vez de continuo conflicto. Debido a la riqueza, poder, in-
fluencia, la monarquía deseaba su control y al mismo tiempo su reforma.
Los prelados eran en parte equiparables a los grandes aristócratas por su independencia,
pero al mismo tiempo podían considerarse servidores del monarca. Por otra parte, todo el
clero disfrutaba de una condición privilegiada amparada por su propio código de derecho
canónico. En Aragón se creó un tribunal mixto especial para que pudiesen juzgar los “deli-
tos eclesiásticos”.
Los monarcas disponían de medios de control en el nombramiento de la jerarquía ecle-
siástica. El nombramiento de obispos formaba parte del conjunto de regalías o derechos
del rey en materias temporales relativas a los eclesiásticos. La dificultad de delimitar exac-
tamente las esferas temporal y espiritual dio lugar a continuas tensiones con el papado y
configuró la corriente doctrinal conocida como regalismo.
Aunque el clero por principio estaba inmune de impuestos, el monarca había obtenido de-
terminados conceptos impositivos pagados por eclesiásticos o pagados por laicos y desti-
nados en principio a la iglesia. La corona percibía en algunos territorios una tercera parte
de los diezmos (tercias). En 1567 se l concedió la gracia del excusado que era también
una aportación de los diezmos. Los fieles pagaban desde los Reyes Católicos el impuesto
de la Cruzada (cobrado también en Sicilia, Cerdeña y América). Los titulares de prebendas
eclesiásticas debían contribuir al subsidio de galeras (1561) destinada a mantener una es-
cuadra en el Mediterráneo contra los musulmanes. La corona cobraba también las rentas
de las sedes episcopales vacantes, imponía a los obispos el pago de pensiones fijas y so-
licitaba donativos supuestamente voluntarios. Muchas tierras de jurisdicción eclesiástica
fueron vendidas por la corona, lo que se ha denominado desamortización.
Un caso especial de intervención estatal en materia religiosa fue el representado por la In-
quisición. Se trataba de un tribunal creado por la autoridad papal para realizar una política
religiosa, pero integrado perfectamente en el aparato del poder estatal.

9.2. EL EJÉRCITO
El ejercito, las fuerzas armadas permanentes a disposición de los soberanos eran limita-
das. En 1493 se crearon las 25 compañías de los guardias de Castilla, desarrolladas en el
siglo XVII mientras decaía la institución urbana de los caballeros de cuantía, como las
fuerzas movilizables por las ciudades de Castilla y Andalucía. Los virreyes de Aragón dis-
ponían de una escasas unidades denominadas la guardia del reino y los de Valencia dis-
ponían de una fuerza semejante.
El desarrollo del ejército permanente se considera una de las principales características
del estado moderno. Durante la guerra de Granada, un grupo de funcionarios reales puso
a punto los esquemas de organización que tuvieron su rodaje en las guerra de Italia con la
creación del tercio, como unidad típica del ejército de los Austrias.

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El tercio comprendía unos 2.500 hombres. Los soldados que eran reclutados en España,
recibían su formación militar en Italia, en los tercios de Sicilia, Nápoles y Lombardía, crea-
dos a partir de 1535.
La monarquía tuvo que realizar un gran esfuerzo para defender sus costes y su sistema de
comunicaciones. En el Mediterráneo era esencial la colaboración de los genoveses. El fra-
caso de la Armada Invencible no detuvo el esfuerzo de construcción naval (parada las ata-
razanas catalanas en época de Carlos V) gracias en parte a la colaboración portuguesa.

10. EL DERECHO
Una parte de las energía del estado a comienzos de la Edad Moderna estuvo consagrada a
promulgar leyes y crear tribunales que velaran por ellas. El concepto de ley era la visión mosai-
ca, en la que la ley era obra y voluntad de Dios. La nueva actitud hacia la ley se hizo evidente de
diversas formas:
* Se recurría cada vez más al derecho romano con su insistencia en el enjuiciamiento criminal a
cargo de un funcionario asalariado (fiscal) realizado por escrito y en secreto (procedimiento inqui-
sitorial).
* Hubo necesidad de homologar y racionalizar los diferentes sistemas legales y procedimientos judi-
ciales vigentes.
* Hubo tendencia a imprimir la ley.
En la corona de Castilla los colegios mayores comienzas a destacar como semilleros de letra-
dos: jueces de Audiencias y Chancillerías, inquisidores, miembros de los consejos.
A principios del siglo XVI los colegiales se orientaban preferentemente hacia la obtención de
dignidades eclesiásticas, pero pronto comenzaron a ganar puestos en la creciente administra-
ción civil.
Como el crecimiento de la administración publica en toas sus forma dio lugar a una burocracia,
que representaba un cambio importante en los hábitos de gobernar. En el siglo XVI se potenció
este proceso. De aquí que el burócrata de este siglo fuera básicamente un letrado, graduado en
las facultades de derecho civil o canónico.
El siglo XVII asistió al fortalecimiento y auge del poder de los letrados en Castilla. Quizá esta
expansión llegó a su punto máximo con Felipe III, como evidencia del posterior descenso del
número de estudiantes universitarios y también la presencia de la nobleza en la administración.
De todos los funcionarios los más privilegiados fueron los miembros de los 6 grandes colegios
mayores de la corona de Castilla. Durante el reinado de Felipe IV se consolidó la alianza entre el
Consejo de Castilla y los Colegios, además los colegiales cubrieron la ½ de las plazas del Con-
sejo de Indias y de la Inquisición.

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TEMA 15: FELIPE IV Y OLIVARES

1. ASCENSO DE GUZMÁN
Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar la Mayor, ha pasado a la Historia como Conde-duque. Estu-
dió teología, su carrera era la de eclesiástico pero a la muerte de su hermano mayor obtuvo un mayo-
razgo. Estuvo al servicio del Infante Felipe, trabajador incansable. Con él se produce el desplaza-
miento de un clan nobiliario por otro, el nuevo equipo está centrado en la familia de los Guzmán, rama
menor de la de Medina Sidonia, y sus parientes los Zúñiga.
Procuró atraerse o controlar a los principales dignatarios del Estado como al presidente del Consejo
de Castilla y al Inquisidor General. Intentó obviar la oposición que pudiera encontrar en los Consejos
mediante la creación de Juntas.
Entre los historiadores tiene mejor opinión que de Lerma y no se le considera un depredador sistemá-
tico de la hacienda estatal. No tuvo nombramiento concreto como primer ministro, era sólo Consejero
de Estado.
El valimiento de Olivares marcó un nuevo estilo de gobierno, en paralelo con el de Richelieu en Fran-
cia:
* Mantenimiento una política exterior de prestigio.
* La reforma interior.

2. REFORMAS
La serie de reformas interiores tiene su inspiración en la monarquía francesa con la intención de
acentuar la centralización. No deseaba realizar un reformismo oficial a través de las Cortes, por eso el
procedimiento que usó fue el de llevar sus propuestas separadamente a cada una de las ciudades
que tenían voto en las Cortes (1622). La corona negociaba con la alta nobleza y con el clero fuera de
las Cortes, ambos estamentos ya no acudían a las mismas en Castilla: las Cortes votadas por 18 ciu-
dades, cada una de ellas enviaba dos procuradores, las ciudades no representadas no veían con
buenos ojos su exclusión sobre todo por que aquellas que estaban representadas podían salir benefi-
ciadas en cuanto a los impuestos; la razón está en que en las Cortes de Castilla no se elaboraban le-
yes porque esto era prerrogativa exclusiva de la corona, sino la de votar los impuestos.

2.1. REFORMA FISCAL


En 1622 el gobierno buscaba desesperadamente nuevas fuentes de ingresos, para ello esta-
bleció una Junta grande que formuló un proyecto que ejercía un sistema de bancos que toma-
rían préstamos forzosos de la población. La junta propuso además sustituir los millones por un
sistema de contribuciones. La 1ª propuesta tuvo oposición de las Cortes porque las contribu-
ciones eran obligatorias, en cuanto a los millones se dio una fuerte oposición especialmente en
las ciudades andaluzas.
Consecuencia de ello fue que estos impuestos beneficiosos tanto desde el punto de vista social
como financiero, ya que recaerían sobre las clases privilegiadas e improductivas fueron supri-
midos y las Cortes se limitaron a aprobar los millones durante seis años, el impuesto gravaría
los bienes de consumo de 1ª necesidad, dándose la confirmación del sistema de millones.
En las nuevas Cortes de 1632 Felipe IV insistió en que las ciudades dieran a los procuradores
plenos poderes para negociar directamente con la corona, cosa que no ocurrió y el resto del
reinado se siguieron votando subsidios nuevos que se sumaban a los millones tradicionales.

2.2. REFORMISMOS DE OLIVARES


La reforma interior de Castilla contenía elementos sociales, administrativos, económicos y tam-
bién morales, entre ellas medidas de austeridad contra la corrupción:
° El duque de Osuna, antiguo virrey de Sicilia y Nápoles fue perseguido y juzgado por mal-
versación de fondos. El viejo duque de Lerma y su hijo Uceda fueron obligados a devolver
bienes que se habían apropiado y Uceda murió en prisión. No sólo era deseo de venganza,
sus reformas eran un intento de poner freno a los gastos tanto de la administración como
de la población en general.
° Comenzó por el rey que consideraba al erario público como su patrimonio privado. El rey
condecía muchas mercedes y Olivares puso freno a ello. También la Casa Real absorbía
alrededor de un 10% del presupuesto en tiempos de Carlos V y Felipe II y las cifras iban en

93
aumento. A instancias de Olivares Felipe IV redujo el número de Cortesanos y oficiales a su
servicio.
° Intentó también reformar la administración, en parte reduciendo la burocracia de los Conse-
jos y la municipalidad. En 1621 se crea la Junta de la reformación de costumbres para
impedir la malversación de bienes: registrar todos los bienes de los altos oficiales nombra-
dos desde 1592, asimismo todos los designados para ocupar un cargo importante debían
hacer una declaración jurada de sus posesiones y lo mismo cada vez que fueran ascendi-
dos. Medidas impopulares y es poco probable que fueran aplicadas permanentemente.
° También intentó limitar el gasto privado promulgando una serie de leyes contra los artículos
de lujo desde los vestidos a los carruajes para imponer la austeridad, aunque resultó impo-
sible de cumplir. Otro objetivo era limitar las importaciones.
° Entre las medidas moralizantes está la supresión de burdeles.

2.3. REORGANIZACIÓN DE LA MONARQUÍA


Todas las reformas iban encaminadas a conseguir la centralización. Para ello se valió de un
Consejo Secreto y 12 consejos del Gobierno (Estado, Inquisición, finanzas, etc.). intentó re-
ducir privilegios o fueros de vascos, aragoneses, catalanes, valencianos y portugueses. Esta
medida era peligrosa porque después provocaría graves enfrentamientos.

3. CORTES DE 1626 EN BARBASTRO, MONZÓN Y BARCELONA


La idea de Olivares era reunir las 3 Cortes de los reinos Aragón, Valencia y Cataluña en tres ciudades
próximas: Barbastro, Monzón y Lérida respectivamente. Pero la resistencia de Cataluña frustró el
proyecto forzando una reunión en Barcelona.

3.1. OBJETIVO
El principal era la confirmación de la unión de Armas. Lo cierto es que el plan chocaba con los
derechos autónomos de las regiones. No parecía probable que se pudieran superar los obs-
táculos para conseguir dinero y tropas para ser utilizadas fuera de esas provincias.
° En 1626 se inauguran las Cortes de Aragón en Barbastro, pese a los intentos de Olivares
que usó incluso intimidación, existe una decidida oposición. A pesar de haber otros proble-
mas pendientes, sólo se discutió sobre los nuevos impuestos. Se consiguió el dinero para el
mantenimiento de 2 mil hombres durante 15 años, o un dinero equivalente.
° También en las Cortes de Valencia reunidas en Monzón se encontró con una fuerte oposi-
ción porque el reino sufría pobreza a causa de la expulsión de los moriscos. Olivares rebajó
sus peticiones: la aportación de hombres sería voluntaria pero insistiendo en la entrega de
dinero para el mantenimiento de los hombres. Finalmente se aprobó la entrega del dinero
necesario para mantener a mil hombres.
° La situación era más complicada en las Cortes de Cataluña: tenían poderes legislativos:
elaboración de leyes (1ª función), reparación de agravios (2ª función) y concesión de subsi-
dios (3ª función), una vez satisfechos los otros dos aspecto y a cambio e mercedes y favo-
res. Debía haber unanimidad de los 3 estamentos. Existía una terrible arma: el disenti-
miento, que podía realizarlo cualquier miembro de las Cortes y si era aceptado se detenía
todo el proceso.
° En el curso de una sesión tumultuosa se negaron a votar el subsidio. El rey abandonó Bar-
celona contrariado.
° Problema no sólo fiscal sino político de difícil solución.
° A su regreso, Olivares hizo de cuenta que la Unión de Armas estaba inaugurada, las colo-
nias también debían contribuir, constituyéndose en un impuesto permanente.

4. FINANZAS ESTATALES
4.1. ANTECEDENTES
Proyecto de sustitución de genoveses por los judíos conversos portugueses.
° Complejidad del sistema fiscal, dependencia de capitalismos privados fundamentalmente
para disponer de ingresos.

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° Arrendamiento de impuestos, práctica general o bien concierto con contribuyentes (clero,
ciudades) que pagaban una cantidad fija.
° También era necesario la colaboración de grandes financieros para lograr transferencias de
dinero de un lugar a otro. Para ello el monarca firmaba un contrato o asiento (asentistas)
que se comprometían a colocar grandes sumas de dinero en lugar y sitio establecido. Los
asentistas de Carlos V (los banqueros) como los Fugger y los Welser. La decadencia políti-
ca del monarca coincidió con la de éstos. Los banqueros genoveses les sustituyeron.
° En 1557 se da suspensión de pagos y como consecuencia la espiral de préstamos. La co-
rona propuso un cambio en la modalidad de pagos: mediante la utilización de los juros ya
usados en tiempos de Caros V pero en garantía hasta que se produjera el pago de la deu-
da. La propuesta de 1557 era pagar la deuda estatal por medio de juros lo que significaba
consolidar la deuda. Los genoveses se percataron de las posibilidades del nuevo sistema y
aceptaron los juros no para vivir de los módicos intereses sino para revenderlos. De manera
que mientras los Fuggen prestaban su dinero, los genoveses lo hacían con el ajeno.
° También intentó combatir los perjuicios sobre la incompatibilidad entre comercio y nobleza.
En 1626 las Cortes de Aragón adoptaron una ley que permitía la actuación comercial a los
nobles, pero no así la corona de Castilla.

5. REVUELTAS DEL SIGLO XVII


Se produjeron varias revueltas con distinto origen, lugar, motivo y amplitud.

5.1. VIZCAYA 1632


Olivares decidió establecer el monopolio de la sal en toda Castilla. El País Vasco población
marinera gran consumidora de sal reaccionó por considerarlo una medida antiforal. Esta rebe-
lión como otras en la historia del País Vasco es un movimiento de oposición al poder central. El
motín fue dominado y el impuesto retirado.

5.2. ANDALUCÍA 1642


Se produce por los nobles debido al despotismo de Olivares, llevado a cabo por:
° Duque de Medina Sidonia que era uno de los más ricos de España tenía problemas finan-
cieros entre otras causas por las exigencias de Olivares.
° Marqués de Ayamonte que estaba arruinado.
Entre ambos traman una conspiración ayudados por barcos portugueses, pero la conspiración
se descubre y Ayamonte es ejecutado.

5.3. OTRAS REVUELTAS


Causadas porque la población estaba sensibilizada por epidemias, hambres, leva, presiones
fiscales, etc. Son movimientos espontáneos donde no se cuestionaba la legalidad, se gritaba
contra los abusos y estaban destinadas al fracaso por la mala organización. Si se compara el
gobierno de Olivares en España y de Richelieu en Francia hasta 1640, el primero tuvo una
oposición mucho más leve.
Con Felipe IV, Olivares introdujo a los judíos portugueses que poseían menos capital que los
genoveses pero era deseo del Conde-duque equilibrarlos a la vez que evitar que subieran de-
masiado los tipos de interés.

6. FOMENTO DE ACTIVIDADES ECONÓMICAS DENTRO DEL ENCUADRE MERCANTI-


LISTA
Si se entiende por mercantilismo el hecho de que el Estado interviniera de forma directa en ciertas
cuestiones de la economía del país, en este sentido la política de Olivares fue mercantilista.
* Entre capítulos de la “junta de reformación” de 1623, disposiciones para frenar las importacio-
nes de productos manufacturados extranjeros, para que no entrase en el reino ninguna cosa he-
cha.
* Convertir a los españoles en mercaderes era otro de sus objetivos de gobierno, es decir, el desa-
rrollo de una fuerte burguesía mercantil, siguiendo la línea de Richelieu en Francia.
* En 1624 se crea en Sevilla el Almirantazgo de los países septentrionales cuya misión era ase-
gurar el comercio entre España y los Países Bajos católicos. Se crearon cuatro compañías según
95
el modelo holandés que debían comerciar con el Mediterráneo, norte de Europa, Indias Orientales
y Occidentales. El proyecto alcanzó cierta entidad en el caso portugués.
* Creación de la junta de Comercio y más tarde la junta de Población, agricultura y Comercio,
presidida por Olivares e integrada por los principales asesores de la corona en cuestión económi-
ca.

7. EUROPA HACIA 1630


El panorama es confuso y cambiante

7.1. PAÍSES BAJOS


Fin de la “tregua de los 12 años” (1609-1621). El Consejo de Estado se negó a renovar la tre-
gua ya que barcos holandeses parecen estar en guerra, atacan a los barcos portugueses con
especies, esclavos y azúcar, los objetivos preferidos. En 1621 España comienza a ver la guerra
como lo que es: lucha por la supervivencia económica y la defensa del comercio americano.

7.2. INGLATERRA
En 1625 murió Jacobo I y subió al trono su hijo Carlos I, el cual se siente defraudado cuando
tras la visita a España no consiguió la mano de la infanta María. Mandó una expedición a Cádiz
en 1625 sin resultados positivos pero en adelante habría que contar con la hostilidad inglesa.

7.3. FRANCIA
Eterna rival, enfrentada a España, aunque de momento no abiertamente, gobernada por Luis
XIII, guiado por el cardenal Richelieu, cuya autoridad no estaba todavía consolidada porque los
hugonotes de La Rochelle constituían una minoría muy peligrosa.
Lo que más les dolía a los franceses era el “pasillo de los españoles”, el camino español, el
cual bordeaba toda Francia y la separaba de Alemania: les daba la impresión de estar cerca-
dos ya que por allí pasaban soldados, armas, dinero, tropas, etc. La ayuda dada al emperador
Fernando por España podía suponer la unión de ambos y la consiguiente subordinación de
Francia

7.4. SUECIA
Gustavo Adolfo protestante y con pretensiones expansionistas.

7.5. ESPAÑA
Necesidad de tener abiertas las comunicaciones entre Milán y Flandes y para ello era necesa-
rio mantener Valtelina y el Palatinado.

8. REPERCUSIONES DE LA GUERRA EN TORNO A 1630


* España envuelta en una serie de guerras, ello suponía una necesidad cada vez mayor de tropas y
dinero.
* Olivares pensó en un programa audaz de política interior: integración hispánica que acabó en un
desastre total.
* Como consecuencia de las guerras se produjo una mayor presión fiscal, que ocasionó la revuel-
ta catalana, la independencia portuguesa y el separatismo andaluz.
* En 1640, año crítico para la monarquía, llegaban los galeones de América y aunque traían plata
no era suficiente para pagar a los asentistas. En 1641 no llegó plata.
* Los hombres escaseaban tanto como el dinero, los más valerosos habían muerto, apenas se en-
contraban voluntarios, las quintas y las levas eran de ínfima calidad y la oposición era cada vez
mayor.
* Crisis ideológica, cansancio general, no se comprendían los motivos de las guerras, son frecuen-
tes las murmuraciones.

8.1. ALZAMIENTO DE CATALUÑA 11649-1652


Para el Gobierno de Felipe IV Cataluña fue 1º un problema fiscal pero desde 1626 se convir-
tió en un problema político. En mayo de 1635 con el estallido de la guerra francoespañola un
problema internacional.
Aunque hacía tiempo que se presentía la entrada de Francia en la guerra de los 30 años, el
gobierno español hostigado en numerosos frentes no estaba preparado para ello. Tuvo que im-
96
provisar reclutamientos de tropas y obtención de dinero. Castilla respondió a esos llamamien-
tos pero era una gota en un océano. Se enviaron diversos suministros a las provincias para
conseguir tropas y dinero. Pero los gastos de defensa eran excesivos y el gobierno vivía al día.
Por otro lado los resultados en el campo de batalla no eran impresionantes: los holandeses re-
conquistaron Breda, la ruta de Milán a los Países Bajos fue interrumpida en 1630, la flota de
Oquendo destruida en la Batalla de Dunas. Los reveses no eran por debilidad de España sino
la incapacidad de concentrar su nada despreciable poder militar en un punto y momento de-
terminado.
Hacia 1640 Olivares consciente de la situación, deseaba la paz con Francia, pero había algo
que no podía consentir: las conquistas holandesas en Brasil si quería conservar a Portugal. Ri-
chelieu se negaba a romper su alianza con Holanda y por tanto, la guerra debía continuar.
¿Cómo obtener nuevos recursos? En 1640 no llegaron remesas de las Indias y en estas cir-
cunstancias era urgente conseguir recursos fuera de Castilla.
Pero los catalanes se oponían nuevamente, invocando constituciones que prohibían reclutar
tropas para luchar fuera de sus fronteras. Así, cuando en 1638 los franceses penetraron en
Guipúzcoa y pusieron sitio a Fuenterrabía, toda España, incluso Aragón y Valencia enviaron
contingentes para rescatar la ciudad sitiada, Cataluña estuvo ausente. En estos momentos el
problema catalán adquiere una nueva dimensión desde el punto de vista estratégico: Cataluña
es vecina de Francia.
De manera que cuando planearon las operaciones militares de 1639, eligieron deliberadamente
a Cataluña como escenario de las operaciones contra Francia, entre otras cosas para obligar-
les a contribuir. Pero esto no hizo más que empeorar la situación: constantes disputas, acusa-
ciones castellanas, deserciones catalanas.
Así para 1640 tanto Olivares como los catalanes habían agotado la paciencia, de manera que
estalla una rebelión abierta: los campesinos de las zonas occidentales de Gerona y La Selva
atacaron a los tercios allí acantonados. La violencia fue implacable. Desde allí se extendió a
Barcelona, donde se les unieron los segadors, trabajadores temporales que se hicieron dueños
de la ciudad y dieron muerte al virrey.
Pero pronto la rebelión escapó al control de los dirigentes catalanes: se estaba produciendo
una revolución social que no podían controlar. Estos por tanto pusieron sus ojos en Francia.
El canónigo de Urgel Pau Claris y el cabecilla Tamarit (miembros de la diputació) tomaron la
iniciativa y entraron en contactos con Francia.
En octubre de 1640 se firmó un acuerdo con Francia: reconocen a Luis XIII como protector,
permiten a los franceses usar los puertos catalanes y a pagar el mantenimiento de 3.000 sol-
dados que Francia llevaría a Cataluña. Como señaló Olivares España se encontraba frente a
una 2ª Holanda. Los catalanes las mayores víctimas de la guerra, deben soportar enormes gas-
tos de defensa, inflación monetaria, estancamiento económico, peste y hambre.
Para los franceses es un escenario más de la guerra, una vía de penetración a Aragón y Va-
lencia. Nombraron virrey francés e insistieron en que los catalanes alojaran, mantuviera y pa-
gasen al ejército. Francia explotó a Cataluña tanto militar como económicamente.
Poco a poco Cataluña se fue alejando de Francia, se produjeron divisiones internas y todo ello
dio la oportunidad a Felipe IV de realizar un esfuerzo supremo para recuperar el principado. A
mediados de 1651 el ejército español mandado por don Juan José de Austria, hijo bastardo de
Felipe IV inició un prolongado asedio a Barcelona mientras fuerzas navales establecían un blo-
queo. Barcelona se rindió aceptando los catalanes la soberanía de Felipe IV, éste prometió un
perdón general y respetar las leyes y privilegios del principado, Acta de Manresa de 1652.
En cuanto a Francia, en 1659 se firma la paz de los Pirineos España y Cataluña perdieron el
Rosellón.
Para Lynch la causa fundamental fue la depresión del comercio colonial y la crisis atlántica. La
nueva situación económica obligó a la corona a recurrir a otras posesiones para conseguir in-
gresos adicionales y esta fue una de las causas del alejamiento de estas provincias.
Cataluña implicó a España en una costosa guerra civil, en el momento en que necesitaba más
recursos para las campañas en el exterior. Ello precipitó en hundimiento de España. Ofreció un
ejemplo y una coyuntura favorable a los portugueses.

8.2. INDEPENDENCIA DE PORTUGAL


Valiosa por su condición de potencia atlántica, con un imperio ultramarino. Como Cataluña
también era un problema fiscal para Castilla, no aportaba ingresos regulares a la hacienda cen-
tral y la defensa en la Península y en Brasil tenía que ser costeada por Castilla.
97
Por ello Olivares pensó en integrar también a Portugal en su Unión de Armas: Portugal tendría
que aportar 16 mil hombres. La división de clases en Portugal jugaba a favor del gobierno es-
pañol:
° La aristocracia aceptó el dominio español por el hecho de pertenecer a un imperio, lo que le
ofrecía más oportunidades.
° Las capas bajas de la sociedad y el bajo clero rechazaban el dominio español.
La cuestión relativa al servicio militar en 1640 cambió la situación. Olivares pretendía conseguir
de Portugal dinero y también tropas. Quería monopolizar sobre todo a la nobleza portuguesa
con el duque de Braganza a la cabeza para contribuir a derrotar la rebelión de Cataluña. Por
esta razón algunos nobles comenzaron a plantearse la revolución. La verdad es que los inten-
tos de Olivares fueron demasiado tímidos para provocar una revolución. La llamada a prestar
servicio militar fue la oportunidad más que la causa.
Las causas: la idea de ser un país independiente y soberano, su unión fue más bien por intere-
ses económicos pero al ver que el poderío naval de Castilla no era suficiente para defenderles,
les afectaban las pérdidas en Brasil; al mismo tiempo fueron perdiendo sus ventajas en la Amé-
rica española. Así el puerto de penetración portuguesa en el imperio pasó a ser el Río de la
Plata. A partir de 1630 los españoles comenzaron a oponerse a la invasión de su imperio por
parte de los portugueses.
La situación estaba favorecida por la pérdida de los barcos de Oquendo en la batalla de las
Dunas de 1639 y en Pernanbuco. La rebelión de Cataluña absorbió las pocas fuerzas que le
quedaban a Olivares.
En diciembre de 1640 el duque de Braganza se proclamó rey de Portugal con el nombre de
Juan IV.
En cuanto continuase la rebelión de Cataluña no había posibilidades de recuperar Portugal. En
1641 los portugueses ayudados por franceses invadieron Galicia, pero la falta de tropas de
ambos países hizo que los enfrentamientos no fueran más que escaramuzas que causaban
daños, sobre todo en Extremadura.
En 1659 Felipe IV firmó la Paz de los Pirineos con Francia tuvo por tanto las manos libres para
ocuparse de Portugal. Pero ni Francia ni Inglaterra deseaban que Portugal se uniese nueva-
mente a España. Ayudaron a Portugal. El ejército español no era ni la sombra de lo que había
sido y Portugal había forjado un ejército durante los años de guerra. Tras 5 años, la batalla final
fue la de Villaviciosa en 1665. Pocos meses después moría Felipe IV. Finalmente, bajo la re-
gencia de María de Austria, madre del futuro Carlos II se firma el tratado de Lisboa de 1668 en
el que se reconoce la independencia de Portugal a cambio de Ceuta.

9. SALIDA DE OLIVARES 1643


Debida a:
* Crisis de Hacienda.
* Revuelta de Portugal e Independencia de Portugal.
* Revueltas en Vizcaya y levantamiento de Andalucía
Todo ello tuvo grandes repercusiones para Olivares.

9.1. 1642 LA NOBLEZA EN SU CONTRA


En estas circunstancias se produce una conspiración nobiliaria de 2 miembros de la familia de
Guzmán: el duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte, que conspiraron con la ayu-
da portuguesa. Ante la existencia de 2 frentes en la guerra aumentó la presión fiscal y a la no-
bleza se le pidió un servicio militar.
Olivares se encuentra aislado, la derrota del ejército real en Lérida fue la gota que rebasó el
vaso. El Conde-duque pidió permiso al rey para retirarse del gobierno, lo que le fue concedido
el 17 de enero de 1643.

9.2. CAÍDA DE OLIVARES


No significó un cambio completo de los grupos en el poder. Algunos cambios en la administra-
ción. El grupo de familias poderosas siguió rigiendo los destinos de la monarquía, en especial
la familia Haro: Luis Méndez de Haro, sobrino de Olivares nuevo valido del rey y primer minis-
tro de la monarquía por espacio de 18 años, sin un programa específico de gobierno.

98
Sor Ágreda aconsejaba no confiar en ningún valido, mantener la paz con los príncipes cristia-
nos y respetar las autonomías de los distintos reinos de la monarquía

99
TEMA 16: ESPAÑA EN LA GUERRA DE LOS 30 AÑOS 1618-1648

1. MAPA DE LAS POTENCIAS EUROPEAS Y OBJETIVOS DE LAS MISMA


1.1. IMPERIO
Fernando II quiere crear en sus posesiones un Estado centralizado y cristiano.

1.2. ESPAÑA
Ambiciones de Olivares en querer crear un imperio con un poderoso rey en él. Por ello no dudó
en colaborar con los Habsburgo para establecer el catolicismo y mantener influencia en asun-
tos europeos.

1.3. DINAMARCA
Cristian IV quería ampliar sus territorios entre el Elba y el Wasser lo que le permitiría un mayor
control del comercio de Alemania del Norte.

1.4. SUECIA
Gustavo Adolfo quiere extender sus dominios y el luteranismo.

1.5. FRANCIA
Richelieu ya había tomado La Rochelle por lo que tiene en las manos libres para declarar la
guerra a España. La unión con la otra rama no le agradaba y menos aún el camino a Flandes.
Situación complicada para el rey francés Luis XIII. Al rey cristianísimo se le planteaba un pro-
blema de conciencia: debía permitir el triunfo de los Habsburgo que en definitiva era el triunfo
del catolicismo o apoyar a los protestantes para abatir el poderío de la casa de Austria.

2. GUERRA DE LOS 30 AÑOS


Comenzó como un conflicto religioso en Bohemia: reacción de los príncipes protestantes contra Fer-
nando de Estiria. Su elección como emperador con el nombre de Fernando II hizo imposible la solu-
ción del conflicto. Felipe IV colaboró con el emperador, enviando dinero y tropas que participaron en
la decisiva batalla de la Montaña Blanca contra los protestantes de Bohemia en 1620.
Entre 1620-21 el Palatinado fue ocupado por el ejército español de Flandes, dirigido por Spínola y
posteriormente la Valtelina, con la cual se mantenía el camino español. La estrecha alianza entre los
Austrias se confirmó por medio de la ya tradicional política endogámica. Asimismo la solidaridad entre
las dos ramas se hizo visible en la victoria de Nordlinger de 1634 alcanzada por ejércitos imperiales y
españoles al mando del cardenal-infante, hermano de Felipe IV, siendo derrotados los suecos.
Durante la 1ª ½ del reinado de Felipe IV tuvo lugar una profunda crisis bélica, en la cual la casa de
Austria perdió la hegemonía europea que había ostentado desde los días de Carlos V. De una parte
se desarrolló la Guerra de los 30 años, la lucha de los Habsburgo por imponer en Alemania la contra-
rreforma y la autoridad imperial; por otra parte se reanudó la lucha entre Holanda y España y también
aparecieron las hostilidades entre Francia y España.
Los tratados de Westfalia de 1648 señalaron el fin de la hegemonía de la casa de Austria y con la paz
de los Pirineos el fin de la hegemonía española sobre Europa.

3. GUERRA CON FRANCIA


Desde 1624 rigió los destinos de Francia Richelieu, el privado de Luis XIII. La política internacional
del cardenal radicalmente opuesta a los propósitos hegemónicos de la casa de Austria, pero hasta
1635 no hubo enfrentamiento abierto. En ese año se pasó de una guerra “cubierta” a una guerra
abierta. Los sucesos de Nordlingen fueron determinantes. El estallido de las hostilidades supuso para
ambos Estados aumentar la presión fiscal y el recrudecimiento de la oposición a la política belicosa
de los ministros. Declaración de guerra hecha por Luis XIII fue acompañada de una eficaz propagan-
da por ambos lados. En la causa española hombres de especial relevancia el flamenco Jansen y
Quevedo.
En el primer año de hostilidades fueron favorables a España. 1636 fue el año de Corbie. Las tropas
del cardenal-infante avanzaron desde los Países Bajos a la mencionada ciudad francesa, a 80 Km. de
París, que quedaría grabado en la memora de los parisinos.
Pero pronto los ejércitos franceses pasaron a la ofensiva en varios frentes:
* En el norte de Italia amenazando el Milanesado

100
* En el Rin: cortando la vital línea con Flandes.
* En la frontera española: enviando numerosos ejércitos a los Pirineos: se combatió duramente en
el Rosellón (tropas catalanas no eran suficientes, se enviaron tropas castellanas y napolitanas,
que eran escasas, poco disciplinadas y comienza la revolución catalana). En el otro extremo: vas-
conavarros resistían bien pero eran poco numerosos. Se conoce el asedio de Fuenterrabía, que
causó gran impresión. Finalmente un ejército de socorro derrotó a los franceses en 1638. Al año
siguiente la mayor parte de la flota de Oquendo es hundida, y ésta era importante al estar blo-
queado el camino español.
* 1640 es el año nefasto para los esfuerzos de guerra españoles: separación de Cataluña y Portu-
gal. Cataluña se convirtió en un campo de batalla de los ejércitos de ambas monarquías, durante
19 años.
* Pero en Flandes donde se libraron las batallas decisivas en 1643, unos meses después de la
muerte de Richelieu y la caída de Olivares, los tercios españoles fueron derrotados en ROCROI.
Se había producido un cambio en el arte militar, decadencia de la infantería española y triunfo de
la artillería francesa.
* En 1646 los franceses tomaron Dunquerque.
* En 1648 nueva victoria en LENS que precedió a la firma de la Paz de Westfalia. Sin embargo, los
tratados de paz que se firmaron en las ciudades de Munster y Osnabruck dejaron al margen la
hostilidad entre Francia y España. Las hostilidades continuaron hasta 1659 por causa de Catalu-
ña. Finalmente acabaron con la Paz de los Pirineos.

4. GUERRA CON HOLANDA


En 1621 terminó la tregua de los 12 años, que no fue prolongada. Recomenzó la guerra que no fue
debida sólo a España sino porque también en Holanda se impusieron los belicistas. No se trataba de
recuperar un territorio que se consideraba ya perdido, ni de vencer a los herejes: era una guerra colo-
nial para frenar la expansión holandesa que se iba desarrollando a pesar de la tregua a costa del im-
perio colonial portugués en Asia.
Por tanto era una guerra esencialmente colonial y económica:
1. Colonial porque uno de los campos de batalla preferido por los holandeses fue Brasil, llegando a
asentarse en el noroeste del Brasil.
Cuando se intentaron negociaciones de paz, Olivares no pudo aceptar ceder parte del imperio por-
tugués, por las consecuencias que podía tener en Portugal.
La situación se agravó cuando en 1637 los holandeses ocuparon los puertos de la Costa de Gui-
nea y Angola, donde los portugueses obtenían esclavos, cuyo trabajo aseguraba la prosperidad de
las plantaciones de azúcar brasileño. Una resonante victoria de los holandeses en Brasil en 1640
acabó de demostrar a los portugueses que Felipe IV no podía defender sus dominios (prólogo de
la separación).
2. Económica se intentó un bloqueo comercial de Holanda, cerrando a su comercio los puertos de
España y lo ríos del Mar del Norte. En los primeros años los “barcos del rey” causaron daños a la
navegación y la pesca holandesa. También en el campo de batalla fue favorable: se conquistaron
algunas plazas en el Rin. Se obtuvo un resonante triunfo en Breda en 1625.
Entre 1626 y 1628 los triunfos imperiales en Alemania hicieron pensar en la posibilidad de organi-
zar una fuerza militar en el Báltico para atacar a Holanda por la espalda, pero los proyectos espa-
ñoles no se pudieron llevar a la práctica.
A partir de 1629 se produce la contraofensiva holandesa y la actual frontera entre Holanda y Bélgi-
ca quedó establecida en el transcurso de esta guerra.
1639 fue el año crucial: la flota española fue destruida por la holandesa en la batalla de Dunas. La
guerra quedaba decidida y la separación de Portugal en 1640 hizo desaparecer el mayor obstáculo
para la paz.

5. RELACIONES CON INGLATERRA


Las buenas relaciones durante el reinado de Felipe IV culminaron en proyecto de matrimonio entre el
Príncipe de Gales (futuro Carlos I de Inglaterra) con la infanta española María (inviable por la distinta
religión) Carlos I ya era rey y envió un ataque a Cádiz que fracasó.
En 1630 se llegó a la paz sin dificultades y en lo sucesivo las relaciones fueron bastante positivas, In-
tento de aproximación en 1640 para aunar fuerzas ante Francia y Holanda, ambos en situaciones crí-
ticas.
101
TEMA 17: MARASMO ECONÓMICO EN CASTILLA

1. SITUACIÓN
La economía en Castilla estaba arruinada y las alteraciones de la moneda se sucedían. Dos nuevas
bancarrotas, 1647 y 1652, eliminaron la mayor parte de los banqueros reales, unos por haberse arrui-
nado, otros para dedicarse a otras actividades que les dieran mayores beneficios y menos riesgos.
Ante esta situación hubo que recurrir a la única solución que daba rápidamente una gran suma de di-
nero: en 1651 se subió el valor de la moneda de vellón al mismo estado que en 1642. Todo el mundo
sabía que era una situación temporal y nadie quería aceptar el vellón decrecido. En efecto, el año si-
guiente volvió a bajar, pues la ganancia de la Real Hacienda estaba en las pérdidas que experimen-
taban los particulares con estas bruscas alteraciones.
La situación se agravaba con las pésimas cosechas y la alta mortandad que causaba la peste agota-
ron la paciencia de los más sufridos vasallos. De manera que en 1652 se registraron disturbios en
numerosas localidades andaluzas sobre todo por la carestía del pan y en menor grado por las ham-
brunas y las alteraciones monetarias.
Las circunstancias no hicieron más que agravarse en años sucesivos al continuar el vellón bajando, al
mismo tiempo que se procedió a una moderada devaluación de la plata. Consecuencia de las mani-
pulaciones monetarias desastrosas el comercio estaba casi suspendido, las letras no se pagaban, tan
grave fue la situación que Felipe IV empeñó su palabra de que no volvería a cambiar el valor de la
moneda, cosa que no pudo cumplir.

2. GUERRA EN DISTINTOS FRENTES 1642


En 1640 cuando Cataluña se subleva, Lérida se adhirió a la sublevación. Dos años después el propio
Felipe IV se puso al frente de un ejército para el cual se había convocado a todo aquel que estuviese
dispuesto, incluso hidalgos so pena de quitarles los privilegios. Este ejército trató de tomar Lérida sin
conseguirlo, su retirada a través de las estepas de los Monegros hacia Zaragoza, fue sin víveres ni
medicamentos, en medio del desorden el ejército en el que se habían puesto tantas esperanzas, fra-
casó. El dinero para estas guerras había duplicado el valor del vellón. En 1643, cayó Olivares, en
1644 Lérida volvió a la obediencia tras contraatacar Felipe IV, jurando los fueros, y concediendo el
perdón general.

3. RECUPERACIÓN DE BARCELONA 1652


Antecedentes:
* 1626 El rey salió de las Cortes sin clausurarlas.
* 1632 se reanudan de nuevo
* 1640 abusos de las tropas castellanas que originaron un levantamiento popular, Cataluña se con-
vierte en colonia francesa: cambio de dueño pero las tropas francesas abusaron y tampoco se
respetaron los fueros. El descontento fue en aumento, nuevas epidemias.
En 1648 tras firmar la paz en los Países Bajos, Felipe IV tenía las manos libres para intentar la recu-
peración aprovechando el cansancio y los distintos intereses. Mandó un pequeño ejército al mando
de su hijo Juan José de Austria, derrotando a los franceses y se firmó el Acta de Manresa en 1652.
Perdón general, les prometió leyes y fueros e indirectamente cierto control sobre las instituciones.

4. TRATADO DE MÜNSTER Y PAZ DE WESTFALIA


Ambos eliminaron las hostilidades entre Francia y España.

4.1. TRATADO DE MÜNSTER 1648


Se realizó entre España y los Países Bajos. La 1ª reconoce la independencia de los Países Ba-
jos, pero no los del sur, no se consiguió la apertura del Escalda ni tolerancia para los católicos.
El resultado fue pobre.

4.2. PAZ DE WESTFALIA


Puso fin a la guerra de los 30 años. Con los holandeses la paz se firmó por separado con el tra-
tado de Münster. Largas negociaciones, desde 1645, en el valle de Westfalia.

4.3. CONSECUENCIAS
° Fracaso de los Habsburgo de Viena, ya que no consiguieron un Estado unido y centraliza-
do. El Imperio se fraccionó en una confederación de principados independientes, prevale-
102
ciendo la autoridad de los príncipes. Fracaso religioso, ya que no se consiguió la unidad re-
ligiosa, católicos debían restituir lo que obtuvieron a favor como consecuencia del Edicto de
1629.
° Victoria francesa que consiguió debilitar al Imperio, reforzando el poder de los príncipes
alemanes y consiguiendo satisfacciones territoriales: plazas en Alsacia y Lorena. Austria se
separa por 1ª vez del Imperio que ahora sólo conserva su nombre. Suiza septentrional.
° Desarticulación del sistema estratégico hispano-imperial.
° Se impuso la idea de equilibrio entre las distintas potencias, surgiendo otras nuevas, como
Países Bajos y Francia. Llegando a su fin la hegemonía de los Habsburgo.

5. PÉRDIDA DE DUNQUERQUE Y PAZ DE LOS PIRINEOS (11659)


A pesar del Tratado de Westfalia, España y Francia continúan en guerra. Ambas estaban agotadas y
podía ser decisiva la intervención de una 3ª potencia, como Inglaterra, que llevaba largo tiempo apar-
tada de la escena internacional. Terminada su revolución con la muerte de Carlos I y consolidado el
poder de Cromwell, franceses y españoles se afanan por atraerlo a su bando. Ambos negocian pero
son más beneficiosas las propuestas francesas. Cromwell aunque no rompe relaciones con España ni
le declara la guerra, en 1655 se apodera de la indefensa isla de Jamaica. La ruptura oficial tuvo lugar
al año siguiente y fundamentalmente en 1657 se firmó el tratado anglofrancés contra España.
La amenaza más grave no era contra el continente americano prácticamente invulnerable, sino contra
el comercio español mal defendido. En Flandes, ingleses y franceses derrotaron a Juan José de Aus-
tria y se apoderaron de Dunquerque, la última plaza que España tenía allí.
Finalmente en 1659 se entablan las negociaciones, Felipe IV conservaba una baza importante: la
mano de su hija Mª Teresa, hija de su primer matrimonio (con Luis XIV de Francia). Por ello la paz fue
menos dura. España no entregó ningún territorio que no estuviera ya perdido: el Artois y el Rosellón.
La frontera no sufrió variaciones, Tuvo cláusulas comerciales que abrían de par en par las puertas de
España a los productos franceses como lo estaban ya para los holandeses, ingleses y hanseáticos.

6. ÚLTIMOS AÑOS DEL REINADO DE FELIPE IV


Es el 2º ciclo revolucionario, con tensiones totalmente populares aunque no faltaron intervenciones
nobiliarias. Los hechos se sitúan en una coyuntura económica difícil que afectaron a toda España.
* Valencia en estado prerrevolucionario debido al esfuerzo de la guerra y al bandolerismo.
* Cataluña y Portugal amenazadas por la Unión de Armas, deciden separarse.
* Andalucía revueltas por motivos socioeconómicos, hambre, variaciones monetarias, crisis indus-
trial del sector sedero.
* Revueltas en Italia debido fundamentalmente a la fuerte presión tributaria, siendo estas protestas
atizadas por Richelieu.
En 1647 se produce la revuelta napolitana que comenzó por una protesta popular por la carestía de
alimentos. Al frente se puso el pescador Massaniello. Al extenderse se convirtió en un movimiento de
protesta campesina contra el feudalismo de los barones, derivando en un gran desorden. En 1648
tropas españolas restablecieron la autoridad.
En Palermo (Sicilia) se da una revuelta por las mismas causas, empezó como un motín por el hambre
y acabó con tintes políticos. También fue aplastado.
En 1643 se retira Olivares, Luis de Haro murió en 1661 y Felipe IV ya no tomaría un valido especial,
fueron en general varios personajes los que participaron en el gobierno, es decir, que el gobierno de
Felipe IV evolucionó hacia una dirección colectiva, formada por prelados y aristócratas que actuaron
como consejeros del rey.
En 1664 Felipe IV convocó las Cortes de Castilla para que juraran obediencia al Príncipe Carlos, co-
mo futuro rey pero murió antes de que se reunieran.

7. CARTA DE LUIS DE HARO A JUAN JOSÉ DE AUSTRIA


Idea principal: crisis demográfica de Castilla en el siglo XVII que era una de las causas de la de-
cadencia económica, y luego una serie de hechos y consideraciones.

103
* Naturaleza: procede de una misiva de una carta de tipo personal, es un texto fuente original sin
tratamiento, lo cual se ve en la expresión, en la que se informa de un hecho y las consecuencias
para el Estado. No tiene forma de una carta oficial.
* Luis de Haro cargo real de tiempos de Felipe IV al hijastro de la Calderona, Juan José de Austria.
* No hay ninguna connotación sobre los problemas sociales pero sí en la vida económica (comercio,
hacienda).

8. ALJAMA
En Castilla y hasta 1492 las comunidades judías vivían de forma autónoma, independiente, cada una
tenía sus propios estatutos. A la cabeza de la comunidad estaban los viejos de la aljama, que a modo
de consejo o senado representaban el poder moderador. Este consejo de ancianos tenía entre 7 y 10
miembros. Ellos nombraban los cargos de la aljama.
* El principal cargo de la aljama, los adelantados o mucdamines constituían el poder ejecutivo.
* Luego estaban los jueces, que en número de 3 se reunían en un tribunal e impartían justicia según
las leyes rabínicas.
* Tesoreros, los recaudadores de impuestos, el limosnero y luego el escribano.
En el siglo XIV empieza a formarse una especie de federación de todas las aljamas del reino caste-
llano que van a culminar en 1432 cuando se redacta en Valladolid una ordenanza que rige las jude-
rías.
Aparece el Rab de la corte, que a modo de institución superior a todas las aljamas mandaba en to-
das o casi todas ellas. Aglutinaba ante la corte todas las demandas de los judíos. Servía de juez de
apelación, supervisaba la vida de los judíos, sus finanzas, impuestos, etc. Era un funcionario judío
(durante los siglos XIV y XV) pero una persona de confianza del rey, era un funcionario real.
En la corona de Aragón se intentó también una institución que sirviera de enlace entre los judíos y la
corona, pero quedó en un intento.
Geográficamente las aljamas estaban en el corazón de las ciudades, en una zona segura (junto al
alcázar, detrás de las murallas). El caso más claro era el de Sevilla: en el barrio de Santa Cruz (le
cambiaron el nombre).
Distribución el barrio judío tenía una calle mayor y una plaza, alrededor de ellas se agrupaban una
serie de calles estrechas en las que se ubicaban las casas de los judíos. El elemento más destacado:
la sinagoga o más de una si la judería era importante. Como dependencia aneja el talmudtora escue-
la para niños, el baño ritual, el tribunal rabínico. La necrópolis estaba fuera de la ciudad, diferenciada
de la cristiana.
En la sinagoga se celebraban 3 veces al día los rezos comunitarios en los que debía haber al menos
10 varones de más de 13 años.

104
TEMA 18: ASPECTOS CULTURALES, IDEAS, MENTALIDADES DEL BARROCO

1. EL CLIMA ESPIRITUAL DEL BARROCO


Si como dice Weisbach la esencia del barroco es la síntesis de lo contrapuesto, el siglo XVII es-
pañol fue sin duda un período que poseyó plenamente dicha esencia, ya que en él convivieron,
sin ser incompatibles, el agotamiento político y económico del país con una magnífica floración
cultural y artística, la monarquía autoritaria con los planteamientos populistas, un desmesurado
sentido del honor con la relajación moral y una fe intensamente vivida con una visión realista y
crítica del mundo.
En esa difícil etapa la literatura, el pensamiento y el arte españoles alcanzaron no sólo el mo-
mento cumbre de su historia sino también el de su más peculiar personalidad. Por ello sería in-
justo caer en el consagrado tópico de la decadencia española del siglo XVII porque se estarían
considerando aspectos parciales de la verdad. Aunque es innegable que esta centuria fue agó-
nica para España, no es menos cierto que la originalidad y la riqueza imperaron en su arte, que
quizás careció de ciertas posibilidades económicas pero no de genios creadores.
Incluso puede afirmar que que la propia situación de crisis contribuyó al esplendor artístico, por-
que el barroco nació para fortalecer y afianzar los poderes tradicionales y para actuar sobre la
voluntad del hombre, conduciéndole por el camino de la auténtica fe, la católica, para que pudie-
ra alcanzar la salvación eterna, única meta importante de la existencia humana. De decir, el arte
barroco era justo lo que necesitaba una monarquía en declive, que podía con él realzar su pres-
tigio y ocultar su hundimiento. Era lo que necesitaba una iglesia deseosa de conservar su prota-
gonismo, tanto en lo espiritual como en lo temporal. Y era también lo que necesitaba un pueblo
cuyas condiciones de vida eran cada vez más difíciles, porque por un lado el Barroco podía ha-
cerle olvidar las penas con sus fiestas y sus ricas decoraciones y, por otro, ayudarle a buscar
consuelo en la oración con la que podría obtener la protección divina para aliviar sus males.
En resumen, el Barroco, aunque nacido en Italia, encontró en la España del XVII unas circuns-
tancias políticas, económicas y sociales que facilitaron no sólo su aceptación sino también una
peculiar y enriquecedora interpretación impulsada por la propia situación y cualidades del país.
Podría pensarse, por consiguiente, que si las condiciones hubieran sido otras el arte español del
siglo XVII no hubieran alcanzado tan altas cotas, excepcionales en la pintura, importantes y per-
sonalísimas en la escultura, y menos relevantes en la arquitectura, que lógicamente sufrió en
mayor media las consecuencia de la penuria económica.
El siglo XVII es el siglo del barroco, concepto que responde no sólo a un estilo artístico sino
también a la definición cultural de una época, que se extendió en líneas generales hasta los
años centrales de la siguiente centuria.
Tras el período de duda y desintegración vivido por el mundo europeo con motivo de la reforma
protestante, en los últimos años del siglo XVI surgieron unos nuevos planteamientos ideológicos
que crearon la necesidad de una renovada cultura que sirviera como instrumento integrador y,
sobre todo, que ofreciera al hombre un fundamento seguro de su existencia. Una existencia que
había sufrido profundos cambios al desaparecer el concepto renacentista de universo único y
armonioso y ser sustituido por un pluralismo manifestado tanto en el orden religioso como en el
político, económico y filosófico. Esta situación, que proporcionaba en potencia diversas corrien-
tes alternativas de elección, generó en el hombre una conciencia comparativa que alteró sus re-
laciones con los poderes establecidos. Por vez 1ª la opinión pública despertó interés en las auto-
ridades religiosas y civiles, que comprometieron a la cultura, especialmente al arte, en defensa
de los intereses y en su propósito de influir en las posibilidades electivas del hombre de la épo-
ca. La comunicación y la persuasión fueron exigidas a las formas barrocas para actuar sobre el
ánimo de las gentes con el fin de hacer triunfar la renovación contrarreformista católica y conso-
lidar el poder de las monarquías absolutas, pues ambos estamentos fueron los principales im-
pulsores del nuevo lenguaje artístico. El barroco nació, por consiguiente, aceptando la diversidad
de pensamientos, actitudes y necesidades expresivas, lo que justifica la pluralidad de tendencias
que lo configuran, las cuales no hacen más que confirmar la propia esencia plural de la época.
Para Argán, el Barroco fue una revolución cultural en nombre de la ideología católica. Efectiva-
mente fue la iglesia de Roma quien determinó el nacimiento del nuevo arte, que dejó de ser ob-
jeto de contemplación desinteresada para convertirse en un medio de propaganda al servicio de
la causa católica. El compromiso exigido al arte queda claramente expresado en el acta de la
sesión XXV del concilio de Trento, en la que se recoge el deseo de la iglesia de que el artista,
con las imágenes y pinturas, no sólo instruya y confirme al pueblo recordándole los artículos de
la fe, sino que además le mueva a la gratitud ante el milagro y beneficios recibidos, ofreciéndole
el ejemplo a seguir y, sobre todo, excitándole a adorar y aún a amar a Dios. Para cumplir esta
misión el arte debía poseer fuerza de atracción sobre los sentidos y poder de penetración en el
105
espíritu, es decir, debía ser seductor y didáctico para así mostrar el camino de la salvación. Pero
ese camino tenía que ser seguido por todos, no sólo por los elegidos o los más preparados, por
lo que el arte generó a lo largo del siglo fórmulas expresivas que, adecuándose a las necesida-
des de cada momento, llegaran a todos los niveles de la sociedad. Valores como la claridad y la
conmoción primero y el asombro y el deslumbramiento después fueron utilizados en transcurrir
de la centuria para dar respuesta a las exigencias de la iglesia católica. Además, este carácter
propagandístico del arte fue también empleado por el absolutismo monárquico para consolidar el
poder centralista y unificador del Estado y para reafirmar la indiscutibilidad del soberano, ya que
su autoridad dimanaba de Dios.
A lo largo de esta centuria reinaron en España los 3 últimos monarcas de la casa de Austria: Fe-
lipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700), siendo regente durante su
minoría de edad su madre, Mariana de Austria (1665-1675).
Todos ellos entendieron como deber prioritario de sus respectivos mandatos la defensa del cato-
licismo, convirtiéndose así en herederos del ambiente del Concilio de Trento. Para cumplir esta
misión comprometieron al imperio español con una política de carácter internacional, que no en-
contró el apoyo necesario en las posibilidades económica y en los medios sociales del país. Los
esfuerzos por financiar múltiples guerras, tanto en el exterior como en el interior, donde en 1640
se sublevaron Cataluña y Portugal, se tradujeron la implantación de contribuciones y arbitrios
ruinosos. Las actividades comerciales, agrícolas e industriales se fueron deteriorando progresi-
vamente, debido a las pesadas cargas fiscales que soportaban las clases trabajadoras. Estas
circunstancias, a las que se sumó la mala gestión en la utilización de las riquezas provenientes
de América, produjeron una depresión económica que alcanzó en mayor o menor medida a to-
dos los estamentos de la sociedad, llegado a su momento más difícil en las décadas centrales
del siglo, para iniciar una tendencia a la mejoría a partir de los años ochenta.
Medidas realistas, tanto en lo político como en lo económico y una pragmática visión de gobierno
favorecieron esta recuperación, que se vio también facilitada, en cierto modo, por la dramática
resolución de los acontecimiento. La población descendió a lo largo del siglo de forma importan-
te (pestes, hambre, expulsión de los moriscos, emigración a América en contraste con lo que su-
cedió en otros países europeos, dejando a España en evidente situación de inferioridad. Ade-
más, la pérdida de la hegemonía en el mundo fue irreversible a partir de la firma de la Paz de
Westfalia (1648). Todo lo cual obligó a admitir una nueva realidad basada en la urgencia de ade-
cuar las necesidades del país a sus autenticas posibilidades. Fue precisamente esta actitud
mental lo que propició los indicios de recuperación apuntados en los años finales del siglo.
Esta precaria situación económica se dejó sentir en la arquitectura, la más necesitada ente las 3
grandes artes de recursos monetarios, para financiar la actividad constructiva. Sin embargo, la
política fundacional de las órdenes religiosas, apoyada con frecuencia por le mecenazgo real y el
privado, y las necesidades derivadas de la nueva capitalidad de Madrid, atenuaron las conse-
cuencias de la crisis en la corte, aunque ésta tuvo evidente repercusión en los núcleos periféri-
cos.
La escultura y la pintura, menos dependientes de la situación económica, no se vieron afectadas
negativamente por el empobrecimiento de la nación. Ambas se convirtieron en intérpretes de
una religión profundamente vívida por la sociedad española de la época, desde los reyes, como
ya se dijo up supra, hasta las clase más humildes. Los ideales contrarreformísticos tuvieron su
más firme aliado en el alma hispana, defensora tradicional de los valores espirituales y, a la vez,
poseedora de un marcado individualismo y una inclinación secular a la realidad. Esta forma de
pensar y sentir encontró en el nuevo estilo su cauce idóneo de expresión, porque éste no sólo
era coincidente con su sensibilidad estética, sino que también permitía plasmar la intensa fe y la
sincera piedad de un pueblo hondamente identificado con el catolicismo.
Escultura y pintura asumieron magníficamente este papel. Ambas partieron de planteamientos e
intenciones análogas, coincidiendo también en su estrecha vinculación con el mundo religioso,
aún más acentuada en el caso de la escultura. La pintura disfrutó de la protección de los monar-
cas y de la nobleza, aunque sus respectivos encargos estuvieron frecuentemente relacionados
con lo religioso, que imperaba en la vida española del siglo XVII. Por consiguiente, no es extraño
que los sectores eclesiásticos fueran los principales clientes de pintores y escultores, aunque es-
tos últimos sufrieron en mayor medida la merma de capacidad económica de este estamento,
viendo su actividad generalmente ligada a ambientes más populares que la pintura. Monasterios,
parroquias y, sobre todo, cofradías de clérigos y seglares fueron los principales impulsores de la
escultura, que careció asimismo del mecenazgo real y privado, tan importante durante el Rena-
cimiento, sin que esta circunstancia afectara a la calidad y a la creatividad de los artistas.
De todo lo anterior, se desprende que la corona, la iglesia y la nobleza fueron los principales
clientes de los artistas, que apenas trabajaron para la burguesía, clase con escaso poder adqui-
sitivo e incluso casi inexistente en la sociedad española del siglo XVII, que estaba rígidamente
106
jerarquizada. Los estamentos aristocrático y eclesiástico eran los más adinerados e influyentes y
además los únicos claramente definidos. El menosprecio del comercio y del trabajo manual no
sólo contribuyó al hundimiento económico del país, sino que también impidió el desarrollo de la
clase media, por lo que la sociedad de la época presentaba una marcada división entre las privi-
legiadas y minoritarias clases altas y una numerosa y empobrecida clase baja, integrada princi-
palmente por trabajadores agrícolas y urbanos que vivían con desesperanza las difíciles condi-
ciones de su existencia, de las que no tenían posibilidad de escapar.
En este panorama económico y social, los artistas, en general, disfrutaban de una modesta posi-
ción económica y de escaso reconocimiento social, salvo algunas excepciones cono es el caso
de Velázquez. Sometidos al sistema gremial y considerados como artesanos, los arquitectos,
escultores y pintores, sobre todo estos últimos, lucharon por elevar su condición social, defen-
diendo el carácter noble y liberal de su actividad, con el propósito también de evitar los impues-
tos que gravaban los trabajos mecánicos. Sólo los más importantes arquitectos se mantuvieron
al margen de esta situación, porque su labor gozaba del prestigio que proporcionaba la inven-
ción mental: ellos proyectaban los edificios y dirigían las obras, pero no las ejecutaban directa-
mente.
Ésta era, a grandes rasgos la situación política, económica, religiosa y social de la España del
siglo XVII. Las circunstancias, en principio, parecían no favorecer el desarrollo del arte y de la
cultura. Sin embargo, las letras y el arte españoles alcanzaron en esta etapa uno de los momen-
tos más sobresalientes de su historia. La coincidencia entre los planteamientos ideológicos y las
intenciones del nuevo lenguaje barroco en las necesidades y sentimientos españoles, hicieron
posible esta brillante etapa. Incluso cuando llegaron las formas italianas ya se estaban dando en
nuestro país los primeros paso en la nueva dirección. Fue el siglo de la publicación del Quijote,
de Góngora, Quevedo, de Lope de Vega, de Tirso de Molina y Calderón, de Gregorio Fernández
y Martínez Montañés, de Ribera, Velázquez, Zurbarán, Murillo, Claudio Coello, etc. Todos ellos y
muchos más configuraron el llamado Siglo de Oro español, único por su riqueza creadora y tam-
bién porque creció y se desarrolló dando testimonio del sentir de un pueblo, lo que permitió que
el arte poseyera, por primera vez en España, una expresión primordialmente nacional.

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