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MEMORIAS

DE

UN NIÑO DE LA SABOYA ,

POR CLAUDIO GENOUX .

EDICION ILUSTRADA CON 19 GRABADOS .

BO

MADRID.
ESTABLECIMIENTO TIPOGRAFICO DE MELLADO,
CALLE DE SANTA TERESA, NUM . 8 .
PARIS .
LIBRERIA ESPAÑOLA . DEPOSITO CENTRAL .
Rue de Provence, núm . 12. Rue St. Andrée des Arts, num . 47.
1854.
1
BERANGER A CLAUDIO GENOUX .

Señor Genoux . Os felicito por el intérés que sabeis ins-


pirar en ella , interés que no se turba por
Con suma dificultad he podido adquirir la idea de los muchos sucesos que contiene ,
vuestras señas . Mr. Savinieu Lapointe me ha y que en otro autor pudieran creerse obra

Berial
Claudio Genoux .

informado de ellas , y me apresuro á acúsa- de la fantasia para justificar su titulo . No ,


ros el recibo del tomo que de vuestra obra señor mio , desde las primeras líneas de
habeis tenido la bondad de dirigirme . vuestro libro me he convencido de que
IV

vuestra pluma era verídica , y he admirado luntad y de economía . El uso que haceis
al pobre filósofo saboyano sometido à tantas de vuestra pluma en prosa y en verso , hu-
pruebas , y sin perder, en medio de tantas biera podido haceros olvidar esa filosofía
peripecias , nada de su jovialidad , de su práctica ; asi , pues , señor mio , sois doble-
prudencia , y sobre todo de su valor . Asi mente digno de elogios , y os suplico , dán-
como lo deseais en vuestro corto y patético doos gracias por la satisfaccion que me ha-
prefacio , vuestra obra será útil á las clases beis proporcionado con leer vuestra pro-
industriosas ; porque , sin tomar un tono duccion , que recibais la seguridad de mi
doctoral , las enseñais á no desesperar jamas perfecta consideracion .
más , y se me asegura que hasta los dais
ejemplo de resignacion , de fuerza de vo- 1 BERANGER.

PROEMIO.

A la edad de diez y seis años , y á pe- tenecia, y que no quisieron darme, por ser
sar de mi niñez , formado por la esperiencia el único que componia la biblioteca de aque-
de largos viages , salí de París para dirigir- llas buenas gentes , me pareció que me se-
me á los antipodas en busca de una fortuna paraba de un amigo para siempre. Quince
eventual y desconocida. Llegué à Lyon , y años han pasado desde entonces , y en este
en vez de seguir el camino de Marsella, tiempo , que no he dejado de andar por el
donde queria embarcarme , me pareció mas mundo , no he podido hallar , ni en Francia
cómodo meterme en una lancha que condu- ni en otra parte , un solo ejemplar de aque-
cia carbon por el Ródano . Aquella embar- lla obra poética , ni tampoco he oido hablar
cacion , obligada , no sé por qué causa , á de ella . Asi es que creo ser en el dia el úni-
arribar á una isla bastante estensa del rio , co que la conoce. Pues bien , lejos de desani-
posó en ella la segunda noche de su nave- marme el olvido en que parece haber caido
gacion . Alli , en una pobre choza en que los aquel libro , me ha dado fuerza y voluntad
marineros me dieron hospitalidad , encontré para escribir este del mismo género. Yo me
sobre una tabla que les servia de mesa un he dicho : puede que despues de mi muerte
libro roido en su mayor parte por la polilla ; encuentre tambien mi libro cualquier jóven
aunque su título habia desaparecido , me estudioso en la tabla de una cabaña ahuma-
persuadi desde luego que contenia las aven- da ; puede que guarde su recuerdo como yo
turas y las primeras inspiraciones de un jó- he conservado el de Leonardo ; puede que
ven de Aviñon , llamado Leonardo . Su lec- le cause una impresion semejante á la que
tura , llena de hechos y de sentimientos me yo esperimenté en la isla del Ródano . -Un
proporcionó una noche de las mas agrada- recuerdo , un solo recuerdo nacido del co-
bles . Cuando tuve que marchar al dia si- razon , es sola la gloria que ambiciono ,
guiente y dejar aquel libro que no me per- C. G.
MEMORIAS DE UN NIÑO DE LA SABOYA.

de su pais, era el único alimento de aquellos


indolentes pasageros .
1.
En un domingo que hacia un tiempo mag-
nífico, despues de oir misa en una aldea, en-
LA LLAVE DE LOS CAMPOS. traron nuestros saboyanos en la pequeña vi-
lla de Chagny: la poblacion respiraba cierto
aire de fiesta. Muchos grupes de ciudadanos
Como las aves de paso que solo se ven al puestos de punta en blanco con alegre sem-
principiar el invierno y al aparecer la prima- blante, aguardaban de pie en la puerta de sus
vera , asi los saboyanos tienen sus emigracio- casas la hora de las visperas .
nes periódicas. Cuando se ha hecho la reco- Aquella tranquilidad , aquel bienestar ge-
leccion y principian las nieves á cubrir las ci- neral no escaparon al ojo observador del mas
mas de las montañas, los niños de las familias viejo de nuestros maestros de deshollinar.
pobres van á buscar el sustento á paises don- -¡Niños! los dijo , reuniéndolos á todos al
de la estacion sea menos rigorosa: su ejerci- rededor suyo, este es un momento favorable
cio es cantar tras la fugitiva suerte, pero esta para que deis una vuelta por la villa; este pa-
corre mas veloz que ellos. seo no puede dejar de producir buen efecto,
A fin de noviembre de 1820 , una porcion porque siempre que el alma está llena de ale-
de niños de la Tarantesa, valle profundo y tris gría, el corazon se tiene en la mano . ¡ ld !
te de la Saboya, y tambien el mas inculto, se aqui os aguardamos dentro de una hora.
dirigian á Francia bajo la custodia de algunos Dicho esto, se tendieron al sol los buhone-
parientes, la mayor parte deshollinadores ó ros con la cabeza apoyada en sus fardos, y los
vendedores ambulantes, que pasaban el in- niños se alejaron cada uno por calle distinta
vierno corriendo de feria en feria . Ya la hu- para implorar la clemencia pública .
milde caravana habia pasado los fértiles va- Ya habia tiempo que el término prefijado
lles de la Bressa, ya habia podido admirar la se habia cumplido, y todos escepto uno habian
perspectiva de Chalons-sur- Saone , primera vuelto al sitio convenido . El que faltaba no
ciudad considerable que habia encontrado en el parecia hacer esperimentar grandes inquietu-
camino, y se dirigia andando cortas jornadas des á sus compañeros de viage, porque tenia
hácia la Baja Borgoña . Ya habia recibido mu- la costumbre de hacerse aguardar . Aquel ni-
chas veces hospitalidad en sus casas de cam- ño á quien el lector tendrá tiempo de apre-
po , y otras igualmente habia recogido el suel- ciar , era sobrino de uno de los conductores ;
do que caritativas manos le prodigaban , ha- apenas llegaba á la edad de ocho años , y gra- .
ciendo de este modo el rudo aprendizage de la cias a su modo de pedir, siempre recogia él
vida, ¡Y en verdad que aquella era una exis- solo mayor cantidad que todos sus compañe-
tencia bien dura ! ... Apenas contaba doceros juntos . Su andar desembarazado , su cabe-
años el mayor de entre ellos, y ya se le hacia za siempre en movimiento y llena de espre-
llevar á hombros un pesado fardo de merca- sion, unidos á un talento despejado para su
derías; otros mas pequeños, y por consiguien- edad, escitaban interés en donde quiera que se
te menos fuertes, deshollinaban las chimeneas presentaba. Es inútil decir, que lejos de cor-
y hacian marchas forzadas para reunirse con regirle por su tardanza cuando llegaba por lo
sus compañeros que siempre iban delante ; y regular con las manos llenas de sueldos , sus
los mas pequeños de todos corrian de puerta maestros lo acariciaban y lo elogiaban.
en puerta mendigando el pan que debian re- -El que le cortó el frenillo no robó el di-
partirse á la noche; este pan con agua y un nero , decian las personas que le oian hablar .
pedazo de queso seco que uno de los conduc- Por último, era un concierto de alabanzas
tores guardaba en depósito desde que salieron capaces de crear un gérmen de vanidad en
2 MEMORIAS DE UN NIÑO

otra criatura que en él , que no comprendia |yo estoy pensando que á tu edad deben
aun lo que era malicia . amarse los recuerdos y este niño te da oca-
En el momento de que vamos hablando, sion para ello.
nuestro artista ambulante despues de haberse -Es verdad. Su presencia me trae á la me-
detenido muchas veces à la puerta de los ca- moria un tiempo que la fortuna no puede ha-
fés y de las casas mas ricas para cantar las cerme olvidar . ¡ Dios mio , con qué rapidez
canciones de la montaña , que consistian en pasan los años á pesar de los males que traen
cuentos en verso, en romances y coplas cuyo consigo ! Van á cumplirse treinta que cantan-
repertorio sabia de memoria , volvia al lugar do y jugando como él sali del pueblo de San
de la cita sonando alegremente el producto Mauricio; treinta años han pasado desde que
de su colecta . Llegado á la estremidad de la como él iba á buscar mi vida bajo otro cielo
villa y á una calle desierta que daba al cam- mas benéfico . Desheredado de todos los bienes
po, se detuvo delante de una casa de bella de este mundo , y careciendo muchas veces
apariencia, y separada de la calle por un jar- de lo necesario , sin embargo , yo era dichoso .
din cuya reja estaba abierta. Tres personas Luego volviéndose á su jóven compatriota:
se hallaban sentadas en un sofá colocado en -¿Qué edad tienes, niño?
un sitio propio para tomar el sol . Entre aque- -Caballero , ocho años .
llas tres personas habia una señora jóven á ¡ Qué jóven eres ! ... ¿Cuál es tu pais
quien prodigaban sus tiernos cuidados un ca- natal?
ballero de mediana edad y un niño de siete á -Soy de la Saboya , buen caballero .
ocho años . La señora estaba pálida y parecia -Ya sé que eres saboyano; ¿pero de qué
sufrir, y todos tres contemplaban silenciosos pueblo?
y tristes la caida de las hojas , mientras tan- --De San Sigismundo , cerca del Hospital.
tas otras criaturas del Supremo Ser se rego- -¡Ah! para ir á mi pais hay que pasar por
cijaban en aquel hermoso dia . Nuestro sabo- el tuyo . Dime , ¿has venido solo? ¿No traes un
yano miraba aquel cuadro desde la verja y amo ó al menos algunos compañeros?
comprendió que sus canciones no podian -¡Oh! si, señor; he venido con Gerónimo,
agradar á aquella familia . Aunque muy jóven Pedro, Juan , que no me dan nada . Ellos des-
y sin motivos de conocer el corazon humano, hollinan, pero yo no puedo aun; el año que
una voz interior le decia que hay dolores que viene será otra cosa.
deben respetarse; que un alma que sufre, pa- -Asi se hacen egoistas , por la misma mi-
dece mucho mas cuando ve manifestarse la seria, dijo la jóven señora profundamente
alegría en los demas . Sin embargo, aquel jar- conmovida . ¡ Pobre niño! ¡ tan joven y errante
din, aquellas estátuas de mármol, aquella ca- por el mundo! Dime , Carlos, ¿qué sería de
sa , ó mejor dicho aquel palacio, todo aquello nuestro Fernando si lo abandonáramos de ese
le parecia tan suntuoso, que no podia creer modo?
que lospropietarios de tan bellas cosas pudie-. -Pero amiga mia, si hubiésemos tenido
sen rehusarle una limosna . Despues de un necesidad de abandonarlo asi , no lo hubiése-
momento de vacilacion , se decidió á entrar mos educado tan muellemente . En la condi-
resueltamente, fingiendo un aire timido que cion de mi nacimiento, necesariamente hubie-
le prestaba mayor interés . Llegó hasta los se- ra hecho lo que yo , lo que este otro niño . Por
ñores, se quitó su gorro y habló en estos tér- eso no dejaria de tener salud . Si no ¡ mira que
minos: semblante de robustez ! ¡ Ah ! la Providencia
-Os doy muy buenos dias, buen caballero es grande .
y buena señora. Yo soy un desgraciado sabo- La Providencia es grande, no hay que
yano que me dirijo á París para ganar dinero. dudarlo; pero los hombres son malos . Amigo
Mipadre murió hace un año . Mi buena madre, mio , dale alguna cosa á tu paisano para que
que aun tiene consigo muchos hijos , dice que vaya contento . Acaso algun dia hará su suer-
Dios cuidará de mi; no tengo dinero para con- te como tú has hecho la tuya , ¿quién sabe?
tinuar mi camino , mi calzado es muy malo -Si, creo que este niño no carece de inte-
y necesito comprar otro. Dad alguna cosa al ligencia ; pero la inteligencia a veces no basta.
pobre Claudio: cantaré una oracion para que Las circunstancias , que son el todo, ponen en
Dios dé la salud á esta señora ; el sacerdote ocasiones la fortuna en manos de los mas es-
dice en la misa que el bien que se hace nun- túpidos , mientras que el hombre mas inteli-
ca se pierde. gente es victima de ellas; y como este hombre
Dichas estas palabras, bajó la cabeza y inteligente suele serlo solo para dar ensanche á
aguardó en la mas humilde postura que pudo sus pasiones, de aqui que se vea arrastrado por
tomar, el efecto que sus palabras habian pro- senderos peligrosos que un estúpido evitaria
ducido en su auditorio; pero el caballero que acaso con su limitada inteligencia. ¡ Oh ! ¡ cuán-
no habia cesado de mirarlo, principió á son- tas veces he visto el valor, la perseverancia,
reirse y dijo volviéndose hacia la señora: plegarse bajo el peso de la casualidad! ¡Ah!
-Fanny, ¿me equivocaria en adivinar tus Solo una cosa cierta veo en este mundo , y es
pensamientos? .. que, de nada llegar à un resultado satisfacto-
-¿En mi caso quién no los adivinaria? Si , rio , es un problema dificil de resolver, por
DE LA SABOYA. 3

mucha capacidad que se tenga, y cualquiera | praré un fardo de mercaderías y llegarás á ser
que sea el pais donde se esté. un comerciante. ¿Has comprendido lo que
Y moralizando asi , el honesto ricacho sa- acabo de decirte?
caba una bonita bolsa que revolvia entre sus Para responder á tanta generosidad , á tan-
manos, de la cual parecia tan satisfecho como tas pruebas de solicitud, aunque deslumbrado
de sus inducciones filosóficas. Despues de ha- por tanto dinero, encontró el niño, sin em-
blar aun largo rato de sus infantiles recuer- bargo, palabras para dar gracias y bastante
dos, el ex-cantor saboyano metió los dedos en memoria para repetir las instrucciones que
su preciosa bolsa y sacó de ella cinco hermo- acababa de recibir. Despues de lo cual , los
sas monedas de á cinco francos, y mostrándo- señores admirando sus buenas disposiciones,
las á su jóven compatriota, le dijo: lo enviaron à la cocina . Alli , mientras comia á
Toma, con esto puedes principiar tu for- su sabor, una criada cosia en el forro de su

-¿Qué edad tienes, niño? -Caballero, ocho años. Pág. 6.

tuna; voy á que te cosan este dinero en el chaqueta las cinco monedas en cuestion ; y
forro de tu chaqueta . Escúchame bien y para que no tocase á aquel peculio , base de
acuérdate de lo que voy á decirte : no tienes una gran fortuna, se le dieron aun algunas
que hablar á nadie de este dinero, ni á Pe- monedas blancas para ayuda de seguir el ca-
dro, ni á Pablo. Tú mismo no debes tocarlo. mino. Fernandito, que era de su edad, fué á
¡Atencion! el año que viene ya deshollinarás; buscar un par de zapatos que se calzó inme-
de aqui allá los pájaros viven sin sembrar y tú diatamente, y nuestro futuro millonario dan-
debes tomar ejemplo de ellos; pero pasado do fin á una comida que nunca habia hecho
este tiempo, es menester que trabajes, que igual, fué á presentar sus respetos á sus esce-
aborres, que seas honesto, fiel, y que no lentes bienhechores . No sabiendo como mani-
mientas nunca . A los tres años volverás á tu festar su agradecimiento cuando llegó á pre-
pais para hacer tu primera comunion . Si sencia de ellos , solo pudo espresarlo con lá-
para esa época puedes enseñarme cinco mo- grimas. Mas no obstante, habiendo recobrado
nedas de á cinco francos ganadas por ti, inde- un poco su aplomo , dió gracias como pudo .
pendientemente de las que ahora te doy, juró que su reconocimiento seria eterno como
puedes volver por aqui y te daré otras cinco . el de un hijo, y se alejó derramando lágrimas
Entonces con ese dinero, si quieres, te com- de alegria y ébrio de tanta dicha .
4 MEMORIAS DE UN NIÑO

La existencia del hombre tiende á tan po- , una calesa abierta ocupada por varias señoras .
ca cosa aqui abajo , que el mas simple inciden- Fiel à la costumbre de mendicidad que habia
te en apariencia, cambia totalmente su des contraido desde que salió de su tierra , y mas
tino . La vida de nuestro héroe será uno de los aun á la observacion que habia hecho de que
mil ejemplos que pudiéramos citar en apoyo el corazon de la muger está lleno de caridad ,
de este aserto . Efectivamente, sin el imprevis- no pudo , á pesar de su tristeza , dejar escapar
to encuentro de su compatriota, Claudio hu- una ocasion de aumentar su tesoro . Ajustó
biera llevado siempre el mismo género de vi- bien su ropa, se aplastó su gorro en la cabeza
da que sus numerosos parientes de la Saboya . y siguió á la calesa dando volteretas y hacien-
Despues de seis espediciones á Francia ó á do cabriolas: cuando conoció que su respira-
Italia, despues de haber comprado una tierra cion no le permitia seguir sus habilidades, pa-
con el fruto de sus economías , hubiera echa- ra reclamar su salario , se acercó á la porte-
do anclas al pie de su cara colina ; en la sim- zuela y tendió la mano.
plicidad de su corazon , en el amor de Dios y -¿Eres de esta tierra? le dijo la mayor de
de su prójimo , hubiera encontrado la dicha todas arrejándole una moneda de diez sueldos .
que todos anhelamos , que frecuentemente te- -No, señora ; soy de la Saboya .
nemos cerca, y que , sin embargo , no ha lo- -¿Y adónde vas asi solo?
grado yendo tras ella hasta los antipodas . -Señora , voy á París .
Pero volvamos al asunto de nuestra histo- -¡A Paris! Pero desdichado , si este no es
ria . No bien habia pisado Claudio la calle , el camino; ya lo has dejado á la espalda .
cuando por primera vez en su vida se puso á -Señora , yo no sé; pero me han dicho que
reflexionar sériamente . Mil ideas vagaban en todos los caminos conducen á Roma ¿por qué
su cerebro, sin que su espíritu se fijara en no han de ir tambien á París?
una sola. Su rostro , radiante de felicidad , sus Esta sencilla respuesta produjo mucha risa
frecuentes miradas á las blancas monedas que en aquellas señoras .
le habian dado , todo le conducia sin sentir -A fé mia , niño, que ignoro si todos los
hacia el sitio donde le esperaban sus compa- caminos conducen a Roma; lo que puedo afir-
ñeros , cuando repentinamente le detiene un marte es, que si sigues este camino no llega-
pensamiento: ras nunca á París; yo te mostraré el que de-
-¡Oh! pero si doy todo este dinero á mi bes tomar luego que lleguemos allá abajo jun-
tio , no sabrá qué pensar , ¡ y las monedas que to á aquellas dos encinas verdes; aquel al me-
tengo aqui ! y llevó una mano al forro de su nos será mas corto y te encaminará á la car-
chaqueta . retera; pero no tienes que entretenerte; la
Esta última aprension le hizo volver caras; noche se acerca y aun te queda que andar una
echó pies atras y entró de nuevo en la calle legua de camino antes de llegar al primer
de donde habia salido; temiendo encontrar á pueblo.- Vamos , señoras , añadió dirigiéndose
sus camaradas , salió de la villa , tomó un sen- á sus compañeras ; aqui teneis un pequeño sa-
dero que atravesaba por las viñas , y corrien- boyano que os ruega le mostreis vuestra ge-
do á mas y mejor , se dejó ir por el primer nerosidad : como á Mr. P... que vino á Fran-
camino que encontró. cia cantando y haciendo mimos , y que hoy es
Si la libertad es el solo bien digno de en- el propietario mas rico de Chagny, la fortuna
vidia que el hombre pueda razonablemente no le cerrará sus puertas . Verdaderamen-
desear, dista mucho de serlo para un niño . te que estos saboyanos son una raza aparte
Un niño, falto de esperiencia y de voluntad , de los demas hombres ; ellos sabrian buscar
no puede conocer ni el valor que debe darse á la vida donde otros se mueren de hambre . Y
la libertad, ni el uso que puede hacerse de aunque reconocian cuán grande es el culto que
ella. Luego que se separa de la mano que le los habitantes de la Saboya profesan al dine-
sujetaba , le acosa el mismo peso de su aban- ro , no por eso dejaron escapar un óbolo hácia
dono, como si sintiese una pesada carga . En el gorro del niño . Llegaron á las dos encinas ,
su primer momento de independencia le haria y la señora presidente, rogándole que se se-
falta ó un gran valor , ó una grande desidia parara del carruage, le mostró el camino que
para no quejarse de su aislamiento. Este es- debia seguir, y la calesa , alejándose con rapi-
tado del alma, inherente á la humana debili- dez , se perdió entre los árboles deshojados
dad, era , pues , el de nuestro jóven aventure- que habia á la orilla del camino .
ro. Asi es, que despues de haber andado una Aunque tambien quedó solo esta vez , no
hora , echó una mirada atrás, y no viendo ya por eso se desalentó .
á la buena villa de Chagny , donde habia de- -A fé mia , se dijo , encontrando tan bue-
jado todo cuanto podia recordarle la patria, nas gentes , seria muy tonto en apesadumbrar-
sintió una contraccion de nervios y una emo- me; porque por poco que esto continue , ha-
cion tan profunda que casi se trastornó . Sen- bré hecho mi fortuna antes de llegar á París .
tado en uno de los cantones del camino , in - Mientras tanto , veamos á cuanto asciende
deciso sobre el partido que debia tomar entre mi caudal.
seguir ó volver atrás , iba indudablemente á Y sin cuidarse del tiempo que huia , se
escoger este último , cuando pasó junto à él tendió y se puso á contar ; era inútil su de-
DE LA SABOYA. 5

signio , pues con el tesoro que su navaja de tas que me hicieron mis libertadores , fueron
dos sueldos cometió el sacrilegio de descoser, suficientes para enterarles de quién yo era , y
la suma habia crecido tanto , que le fué impo- de cómo me habia acontecido aquella aventu-
sible contarla. Sin embargo , si ciertos re- ra. Suponiendo que las puertas del palacio
cuerdos no nos engañan , la cantidad no pasa- estaban cerradas , y que cada minuto que pa-
ba de treinta y cinco francos. ¡Treinta y cinco saba espuesto al aire frio de la noche podia
francos! Este es en Saboya el salario que ga- serme fatal , el viagero unió al servicio que
na un pastor en un año guardando vacas en la me habia prestado su cochero , un acto de
montaña . Despues de haber obtenido aquel bondad tan grande , que si yo mismo no hu-
bello resultado , volvió á seguir su marcha. biese sido el objeto de aquel acto , lo creeria
No tardaron los rayos del sol en dejar lu- con suma dificultad . Háganse cargo mis lecto-
gar á los crepúsculos de la noche ; una espesa res del estado deplorable en que me hallaba,
niebla llenaba la atmósfera y se convertia en cubierto de una coraza de barro negro que
escarcha sobre los campos cubiertos de ho- exhalaba un olor fétido , y comprenderán si
jas de árboles . Nuestros lectores formarán aquel hombre seria humano y tendria cari-
una idea de la posicion de nuestro héroe, dad y abnegacion , para que no vacilara en
á una hora en que todo ser viviente busca los ponerme junto á sí , en su rico carruage. Des-
medios de garantirse contra la ofensa del frio . de aquella noche he recorrido muchos paises,
Ya hacia una hora que marchaba á lo largo pero , para gloria de la especie humana , he
de un muro que desesperaba de verle el fin , encontrado muy buenas gentes , mas en nin-
cuando oyó los acordes sonidos de una músi- guna parte he visto un ejemplo igual de amor
ca á gran orquesta. Admirado , dió aun algual prójimo. Otro que no hubiera sido este nue-
nos pasos , y la solucion del muro le dejó ver vo Vicente de Paul , me hubiera hecho
un palacio cuyas luces le deslumbraron . ¡Oh sentar al lado de su cochero? Hé ahi la moral
que bella pareció aquella morada al pobre ni- puesta en accion y preferible à todos los dis-
ño que temblaba de frio al pie de la cerca ! cursos de nuestros pretendidos filósofos.
¡ Con qué sentimiento de pena mezclado de Mecido por primera vez en un vehiculo
placer miraba á los que bailaban reunirse en muellemente suspendido , la dulce calor que
grupos y reflejarse sus dichosos perfiles en senti al estenderme en blandos almohadones
los espejos! Preocupado con la dulce esperan- no tardó en volver el vigor á mis miembros y
za de ocupar un sitio en la cocina , se lanzó la elasticidad á mi lengua . Luego , con la mis-
presuroso hácia una verja que apercibió de- ma libertad que si hubiese estado en mi casa ,
lante de sí ; pero perdiendo de repente el me dormí lleno de seguridad y de esperanza
equilibrio sobre una pendiente rápida, no pu- en el porvenir .
do recobrarse y cayó por un precipicio , que- Mis sueños dorados fueron de corta dura-
dando clavado en su fondo hasta la cintura . cion . A las tres horas llegamos delante de la
¡ Cómo se dirá , un precipicio á la orilla casa de postas de un pueblo considerable.
de un camino , en un pais llano y delante de -Mi pequeño amigo , ya hemos llegado,
la puerta de un palacio? Si , un verdadero pre- ven por aqui , me dijo mi obsequioso conduc-
cipicio: una balsa infecta que llamaban abre- tor despertándome.
vadero. Estas palabras me volvieron á mi posicion .
Asi en el niño como en el hombre , en los Abrí los ojos , salté á tierra y le seguí por la
grandes peligros se descubre el gran valor . Y cuadra . donde ya estaba hablando al mozo
Claudio , en aquel crítico iustante , tuvo á gran que cuidaba de ella.
honor vencer el obstáculo. Pero lo que mas -Sois muy bueno , caballero , me habeis
le fastidaba era tener que salir de aquel ato- salvado , le dije presentándole la que mejor
lladero al son de la música.... Mientras mas me habia parecido de mis monedas de cinco
esfuerzos hacia , mas se clavaba en el cieno. francos.
Ya no le quedaba libre mas que la cabeza .... ¡ Pues cómo , amigo mio ! soy yo quien
Viendo que nadie oia sus gritos . y que iba á debo pagarte , porque me has hecho compa-
enterrarse en vida , encomendó su alma á ñía , me respondió presentándome otra mone-
Dios: el alma del narrador , porque en fin , ya da del mismo valor que la que yo le ofrecia .
es tiempo de decirlo , y el lector lo habrá sin Yo abrí la mano , el escudo cayó al suelo,
duda adivinado , el pequeño saboyano no era y mientras me agachaba para admirarlo , mi
otro que yo mismo , amigo lector. generoso protector , á quien queria manifes-
Bendito sea Dios , que en su misericordia tar mi agradecimiento , habia vuelto á montar
se dignó permitir que mis pies tocasen en ter- en el carruage y volaba por el camino.
reno fimé. Ya era tiempo. Sacado de mi apu- -¡Oh! ¡ las gentes y las monedas son muy
ro por el cochero de un carruage que acertó buenas en este pais! estaria siempre en él.
á pasar por alli , no tardé en verme cómoda- Pagado este tributo de elogio á la Francia
mente sentado cerca del dueño de un brillan- hospitalaria , segui al palafrenero.
te equipage que me habia recogido . El resto de aquella noche lo pasé del mo-
Algunas palabras pronunciadas con voz al- do mas conforme à mi situacion . El mozo de
terada , en respuesta á las numerosas pregun- cuadra me hizo acostar en el establo mas
2
MEMORIAS DE UN NINO

abrigado , en una cama de heno. Desembara- del hombre pudiese asi animar la piedra con
zado de mi ropa , y cuidadosamente envuelto el auxilio de un cincel.
en una manta , volvi á coger mi interrumpido Subido en el borde del pilon , y apoyando
sueño hasta la mañana siguiente . los pies en la barra trasversal que servia para
colocar las vasijas que se querian llenar , ya
". estendia el brazo para tocar la barba del ca-
brito , cuando vi venir hácia mí una porcion
LOS SALTIMBANQUIS. de niños que se dirigian á la escuela . A sus
trasportes de alegría, á la risa que se apoderó
Aunque viviera cien años mas no me ol- de ellos cuando me vieron , juzgné prudente
vidaria de las dulces y penosas impresiones ponerme á caballo sobre el cabrito , creyendo
que se agitaron en mi al despertarme . La es esta posicion la mas inaccesible , y no dudan-
travagancia de mi situacion me sugirió reflexio- do de una colision que no podia serme muy
nes mas sólidas que las que pueden aguardar- favorable.
se de un niño de ocho años . El tiempo me ha En efecto , no me engañé: las hostilidades
hecho convencerme de que nada desarrolla el se declararon con una nube de dicharachos
pensamiento como la adversidad . Cuando el ni- insípidos lanzados á boca de jarro . Entonces ,
no se ve arrojado por su culpa de los senderos como hoy, me enfadaba yo dificilmente. Mien-
conocidos , siente en su corazon un combate tras que solo era objeto de dicharachos , y
entre el amor al deber y el instinto de la per- que no hacian uso de otros proyectiles , yo les
sonalidad ; al mismo tiempo se despeja su respondia en su propio lenguaje ; pero cuan-
imaginacion , causándole admiracion cuanto do vi que se disponian á hacerme tomar un
le rodea. Puede asegurarse que entonces su baño ; principié á gritar con todos mis pul-
inteligencia se ve reducida á un reducido cír- mones.
culo. Aconteció lo que era de esperar. Me sor-
Asi es que , aunque jóven , comprendia yo prendieron por retaguardia , y me dejaron
perfectamente que habia hecho mal en sepa- caer en el pilon , donde me bané como la vis-
rarme de aquel pariente á quien mi madre me pera , si bien en un agua mas pura y cristali-
habia recomendado tanto . ¡ Cuántas penas, na , tambien era mas fria.
cuántas inquietudes le estaba yo causando en Avergonzado , furioso , me levanté en se-
aquel momento! yo no ignoraba las tribulacio- guida y eché á correr tras los picaros que me
nes porque te iba á hacer pasar , y sin embar- habian jugado tan mala pasada. Era inútil ;
go , un nuevo órden de ideas que no podia es- porque asi como Flibtersgibett de Kenils-
plicarme , y que hoy califico de amor á la no- worth , me dejaban aproximar , y cuando
vedad , preponderaba en mi . Me parecia que creia tenerlos en mis manos , echaban á cor-
una existencia vaga , indecisa , me causaria rer con una velocidad desesperante. En aquel
mayor sensacion que aquella que me presen - momento hubiera dado mi bolsa , si , mi bolsa
tase siempre los dias en un estado normal ; en llena , al que me hubiese entregado uno de
una palabra , queria ver y persuadirme por ellos . Ya el ridículo iba haciendo mella en mí
mi mismo de lo que era la vida. Ya el año pre- como sucede á todos los que no poseen un
cedente , guiado por una curiosidad instinti- ánimo fuerte.
va , me habia marchado de la casa paterna Pues bien , toda mi animosidad y toda mi
solo y á pie , para recorrer las montañas ; á táctica se hubiesen agotado en puras pérdidas,
los quince dias volvi satisfecho de mi espedi- si un auxiliar que no esperaba no hubiera
cion , persuadido para en adelante de que el llegado á prestarme socorro . Vi á mi nuevo
horizonte que mi vista abarcaba era muy pe- compañero saltar de una de las ventanas del
queño en comparacion de la estension del piso principal del hotel , y echarse sobre mi
universo. principal antagonista conduciéndolo prisione-
No bien me habia levantado , cuando el ro. Aquel amigo improvisado , que podria te-
primer objeto que se presentó á mi vista en ner unos diez años , y cuyo trage era mucho
la calle fué una magnifica fuente situada en- mas estraordinario que el mio , estaba dotado
frente del hotel. Este monumento , de aparen- de una fisonomia tan dulce , tan simpática,
te simplicidad , estaba adornado de esculturas que sentí hácia él una inclinacion inesplica-
del género antiguo primorosamente acaba- ble ; asi es que , durante dos años , fuimos
das. El asunto de aquella obra artística , colo- tan inseparables como Orestes y Pílades.
cada en el centro del pilon , era un niño do- Brancas , que asi se llamaba , despues de
mando un cabrito. Puedo asegurar , sin temor hacerme algunas señas que comprendi al mo-
de engañarme que entonces sentí mi prime- mento , empuñó los brazos del niño cuya agre-
ra impresion de arte y de gusto. Contemplé, sion me habia sido tan funesta , yo le cogi por
pues , aquel grupo con admiracion . Su con- los pies , y á pesar de sus esfuerzos , y de-
junto era tan perfecto , tan puros y tan ani- lante de sus camaradas , le zambullimos en el
mados sus detalles , que mi entusiasmo llegó pilon , pagándole en su misma moneda . Con-
hasta el estremo de quererlo ver de cerca y cluida esta hazaña , tocamos retirada , pues el
tocarlo . Aun no comprendia yo que el genio tropel de muchachos , hasta entonces meros
DE LA SABOYA.

espectadores de la inmersion , principíó à ro- , anexionarme un payaso; ve si este te acomo-


dearnos y á amenazarnos con encarnizamien- da . Aunque ahora está mal ataviado , luego
to. Protegidos nuestros flancos por el látigo que se vista un poco me parece que no será
del mozo de cuadra , pudimos retirarnos fe- lerdo para desempeñar este empleo .
lizmente por la puerta del hotel . Una vez allí, A estas palabras volvió el dálmata hácia
precedido siempre de Brancas , subí á una de mí sus penetrantes miradas, me levantó los
las salas del piso principal , donde me quedé | cabellos de la frente para ver si ofrecía algu-
estupefacto á la vista del cuadro que se pre - nos signos de inteligencia , y respondió:
sentaba á mi vista. -Si, llévaselo á Margarita.
Aquella sala cuyas ventanas estaban cer- Y Margarita, aquella muger que acababa
radas para mejor darle prestigio de escenario , de admirar por su destreza en bailar sobre
hubiera estado en la mas profunda oscuridad los huevos, me recibió con los brazos abiertos.
si una docena de humeantes quinqués no ila - Era una robusta jóven de veinte y cinco años ,
minaran con sus resplandores los diversos morena, bien formada y de talle esbelto y
juegos de una compañía de saltimbanquis . flexible; aunque no era hermosa , se le podia
Sobre cuatro mesas á un nivel en altura y perdonar este don de la naturaleza por su al-
juntas de modo que formaban un tablado , ma generosa y por su escelente corazon ; pues
siete ú ocho individuos calzados de coturnos, no sabia negar nada, y segun la espresion del
vestidos con pantalon blanco y chaquetillas gracioso de la compañia , hasta sus besos pro-
verdes con listas azules, ejecutaban la suerte digaba . La encontramos en un rincon de la
llamada pirámide humana . Por bajo de esta sala metida tras de un biombo que formaba
especie de escenario, y hacia el medio de la pieza aparte. Cuatro niños salian de aquel
sala , un enano barbudo de cuarenta años de vestuario improvisado cuando nosotros entra-
edad, guardaba el equilibrio sobre un inmen- mos: cuatro niños de sorprendente beldad ,
so candelero de madera . No recuerdo haber dos varones y dos hembras . Todos iban vesti-
visto en mi vida una figura mas grotesca que dos del mismo modo y tenian largos cabellos
la que hacia aquel escrúpulo de hombre, pro- formando bucles que les daban cierto aire gra-
curando imitar la graciosa postura de Mercu- cioso . Margarita , que los trataba con la ternu-
rio con alas desplegadas . Cerca de él habia ra de una madre, los acompañó hasta bajar la
tambien dos mugeres que hacian ejercicios escalera para atarles las correas de sus zan-
mas o menos dificiles. Dos tan solo llamaron cos. Cinco minutos despues los ví por la ven-
mi atencion . La una tendida en tierra que pa- tana del sitio en que me hallaba , única que
saba y repasaba por entre los palos de una si- estaba abierta , danzar por la calle acompaña-
lla con un vaso de agua en la frente; la otra, dos de dos músicos que tocaban una redondi-
verdadera silfide, que bailaba con los ojos lla de la opera del Petit- Chaperon-Rouge.
vendados entre una docena de huevos coloca- Y en verdad que yo dudo que el mas in
dos en un diámetro de doce pies, sin romper trépido titiritero de los Landes haya danzado
uno solo . A la vista de aquellos ejercicios, jamás sobre sus zancos de cinco pies con mas
de aquella fantasía á la vez elegante y grotes- aplomo que lo hacian mis futuros camaradas
ca , el lector comprenderá fácilmente lo mara- de teatro . Margarita volvió inmediatamente
villado que yo quedaria . ¿ Qué muchacho co- al vertuario y me puso en diez minutos hecho
mo yo, que en esto de saltos no habia visto un querubin; mi vanidad encontró pábulo
mas que los de las gamuzas, no se hubiera para satisfacerse . Seria fastidioso ocuparme
sorprendido al encontrar aquella compañía de aqui en detallar mi nuevo trage; en dos pala-
titiriteros? bras: me hallaba vestido de un fino y elegan--
Bien pronto me vi rodeado de aquellas te uniforme que cuando menos databa sil
gentes quienes se reian de mí mal pergeñado construccion de treinta años; y aunque aque -
trage como yo lo habia hecho de sus oropeles, las vestiduras no se habian hecho para mi 8
y me condujeron despues de hacerme muchas estatura, no por eso dejaba de estar contento .
y muy repetidas preguntas, que contesté con porque siendo una verdad que la vanidad sue-
desembarazo, á un gabinete de la misma sala le ser relativa , puedo asegurar que Octavio
en donde me encontré frente à frente de un Augusto cuando fué nombrado emperador, no
hombre de elevada estatura y de formas her- estaba, mas orgulloso con su manto de púrpura
cúleas . Sentado á lo oriental, el Hércules fu- que yo lo estaba con el trage que acababan de
maba en una enorme pipa : aquel era el di- ponerme .
rector de la compañía . Como todos los zingari La amistad de Brancas y las caricias de
de Venecia, aquel otro Belphegor era de la Margarita me hacian dichoso, y aquel nuevo
Dalmacia . Flexible al trato de gentes, diestro género de vida me agradaba sobremanera . Mi
en su ejercicio, fuerte y astuto, era la perso- compañero me enseñaba su oficio de payaso
nificación del bohemiano, del saltador noma- con tanto discernimiento como dulzura , Mar-
da . Llegado á su presencia , mi introductor , garita satisfecha de mis progresos , me queria
que no era otro que Brancas, y seguido de los mucho, y sus abrazos, aunque no tan dulces co-
músicos de la compañia, le habló asi : mo los de mi madre, tenian cierto no sé qué,
-Maestro , ha tiempo tenias descos de que me hacian esperimentar una dicha ines-
MEMORIAS DE UN NIÑO

plicable. ¡Oh ! ¡ era tan buena Margarita! Mi quiera darse á aquellos artistas ambulantes,
compatriota de Chagni habia tenido la feliz saltimbanquis ó cómicos de la legua , es lo
idea de que me cosieran en el forro de la cierto que era una buena compañía , de lo que
chaqueta el tesoro que me dió; pero Margari- raras veces se ve fuera de la capital . Habien-
ta lo entendió mejor. A poco de haber llegado do salido de Beaune, donde habia dejado
á Saulieu, me pidió mis hermosas monedas, y agradables recuerdos , se habia detenido en el
en cambio me puso al cuello á guisa de esca- pueblo en que la encontré, solo para ensayar
pulario una sola pieza de cuarenta fran- y continuar despues su espedicion nácia Au-
cos, perfectamente envuelta en un pedazo de tun , poblacion en que habia alcanzado mucho
seda . crédito .

NI

Margarita me recibió con los brazos abiertos. - Pág. 11.

-Vamos, me alegraré que nunca tengas Un gran carricoche destinado al trasporte


necesidad de tocar á este oro, guardalo mu- de los bagajes, seguia por el camino á dos
cho; porque en algunas circunstancias podrá grandes coches, parecidos por su forma á los
servirte de talisman. furgones de la artillería . En aquellos vehícu-
¿Hubiera empleado una madre para con su los, tan raros hoy como frecuentes eran en-
hijo un procedimiento mas ingenioso? tonces, ibia la compañía dividida por edades:
Una cosa estraña y que difícilmente se en el uno iban los adultos y en el otro los ni-
comprenderá, es que el miembro mas jóven ños, todos hacinados y colocados como mejor
de la compañía, una niña de cinco años fuese podian . Yo me ingeri entre Brancas y Esme-
la cómica mas eminente y por razon natural laida, y principié á contarles las primeras
Ja mas estimada del público . Aquella niña lla- particularidades de mi historia, compadecién-
mada Esmelaida, robada ó encontrada no sé dome de mi pobre tio por las penas que le ha-
donde, hablaba el francés y el italiano . Muy bria hecho pasar, cuando mi compañero sa-
bonita, de perspicaz inteligencia , unia á su cando la cabeza por la portezuela se echó á
feliz memoria una voz pura y vibrante que no reir diciéndome:
podia oirse sin emocion; asi, pues, era la de- -¡Escucha! me parece que es aquel tu
licia de las gentes que acudian á oirla . Por querido tio; te aseguro que no debe esperi-
último , sea cual fuere la denominacion que mentar los rigores de la estacion; si sigue cor-
DE LA SABOYA. 9

riendo de ese modo, no dejará de andar pron- , cual no me hallaba preparado por ningun en-
to el camino. sayo . No obstante, ayudado de mi feliz me-
Yo miré entonces à la carretera y vi en moria , del prestigio de la escena , y secundado
efecto á mi querido tio que corria como un admirablemente por la niña Esmelaida , me
galgo buscándome hacia el pueblo de donde hallé inspirado y trabajé de modo que hice
habíamos salido. concebir esperanzas. Yo reuní aquella noche
-¡Tio! ¡ tio! principié á gritar con toda la de agradables racuerdos las categorías de ga-
fuerza de mis pulmones . lan jóven y de gracioso. Mi estreno fué coro-
¡Cállate! ¡ cállate! me dijeron mis cama- nado del mejor éxito en la pieza titulada: Po-
radas, y Margarita ocultó mi cabeza entre su madino y la Pastora; nos dieron de beneficio
delantal. todos los sufragios y nos prometieron un por
Sin embargo, mi pariente me habia oido venir brillante en la carrera dramática á mi
y se habia acercado al carruage compañera y á mi . Sin embargo , debo confe-
-¡Claudio ! ¡ Claudio ! ¿ estás ahí dentro? sar que casi todos los aplausos que el pueblo
decia. frenético prodigaba se dirigian mas particu-
-Pues ya me veis , le respondió Brancas larmente á Esmelaida que a mí; ¡ con qué co-
con desvergüenza . ¡ Oh ! querido tio, ¡ qué fe- queteria , con qué gracia se espresaba ! ¡qué
licidad de volveros á ver! encantadora estaba cantando los últimos ver-
-Serpiente venenosa , no es á tí á quien sos de sus estrofas!
yo busco, es á mi sobrino Claudio. Y en verdad que no podia exigirse gran
-Pues qué ¿tan desconocido estoy que no cosa de un actor que aun no contaba, nueve
os acordais de mi? ¿No sois mi tio Rocardeau? años y de una actriz de cinco , y que ni uno ni
¿no sois natural de Marmanda? otro sabian leer.
-Anda á los diablos truhan y déjame bus- En el intermedio que separaba la primera
car á mi sobrino. pieza de los juegos olimpicos, iba á empolvar-
Y mi digno pariente echó á correr de nue- me la cara, me ponia mi trage de payaso ,
vo y con mas velocidad, para ganar el tiempo blanco como el de Pierrot , y volvia para de-
perdido. Seria inútil decir que una larga hila- cir tonterías en la tercera parte, procurando
ridad se sucedió á aquella travesura de mi agradar cuanto me era posible.
compañero, y que este recibió , escepto de mí , Hasta entonces todo fué á las mil maravi-
las unánimes felicitaciones de todos . llas; pero quedaba lo mas difícil, y aguardaba
La imitacion y la memoria son dos facul- con impaciencia el momento de salir del paso.
tades naturales de la infancia . Bajo este pun- Por fin llegó el instante deseado . Como de
to de vista, la naturaleza habia sido pródiga costumbre, siempre que se daba fin á la fun-
para conmigo. No habia tres semanas que vi- cion , el dálmata ejecutaba el peligroso salto
via en mi nueva condicion , y mi pronuncia- del trampolin. Aquella suerte, que exigia
cion habia adquirido ya cierta pureza, y mi unas piernas de acero, escitaba por lo comun
lenguaje era mas correcto. en la multitud una grande admiracion ; por
No obstante, se pasaron aun dos meses todas partes, en las villas como en las ciuda-
antes de que me confiasen ningun papel , dos des, entusiasmado el público al ver aquella
meses de noviciado, durante los cuales me destreza , arrojaba abundante dinero al esce-
enseñaron á guardar equilibrios de todos gé- nario; era rara la noche que ademas de los
neros, en los que progresaba rápidamente, productos ordinarios no tuviésemos una bue-
Hay que observar que no todo el camino está na entrada estraordinaria. Decia , pues, que
florido en la profesion de titiritero . El que rie se ejecutaba el salto del trampolin al concluir
y canta en público , se lamenta entre bastido- la funcion . Pues bien : despues del salto del
res . Brancas se reia un dia sin acordarse de trampolin se ejecutaba la suerte de las bom-
que estaba haciendo equilibrios, y le relevé bas vivas. Para esta suerte quedaba siempre
en su dignidad por una caida que hubo de en el patio del teatro, detrás de los músicos ,
costarle cara…. un espacio vacío de algunos pies cuadrados .
En las grandes poblaciones siempre en- En aquel terreno reservado era donde el dál-
contrábamos abiertas las puertas de un teatro mata, nuestro director, saltando desde el esce-
que nos aguardaba . Ordinariamente eran los nario por encima de la orquesta , iba á caer
niños los que principiaban la funcion con al- de espaldas con los pies y manos en una po-
gun sainete ó alguna zarzuela del repertorio sicion vertical; diez de los mas jóvenes aso-
de Mr. Comte . Si se prolongaba la permanen- ciados le seguian, y alli principiaba un fuego.
cia mas de lo calculado, solia echarse mano de graneado de bombas vivas , sucediéndose las
un melodrama de mal gusto , que atraia la unas á las otras prodigiosamente . Ya habian
gente de un modo maravilloso. Las piezas que saltado nueve de mis acólitos, cuando el dál-
entonces hacian furor no eran muy literarias mata gritó con voz estentorea:
si mal no me acuerdo. * -Ahora te toca á tí, payaso.
Yo hice mi primera salida en el teatro de Ufano y decidido, me planté en la arena .
Avallon. Fui deudor á Brancas de tanta dicha Como mis compañeros, puse resueltamente
que forzosamente me cedió su papel , para el mis manos sobre los pies , mis pies sobre las
40 MEMORIAS DE UN NIÑO

manos de mi maestro, y en aquella bizarra anunciarse producia mejores resultados que


postura, como si hubiese estado puesto sobre , los carteles. En todos los barrios , en todas las
cuatro resortes de acero que se hubieran aflo calles, uno de nuestros músicos anunciaba la
jado simultáneamente, me senti lanzado al es- funcion de la noche, con permiso de la auto-
pacio por un poder repulsivo cuya fuerza fué ridad , con un pomposo discurso . En efecto ,
tal que fui á pasar rozando con el friso del la perspectiva de seis niños esforzándose para
teatro. Allí describió mi opaco individuo una llamar la atencion , perfectamente equipados ,
curva , osciló y cayó, pero no con gracia co- y montados en zancos de una altura conside-
mo los que me habian precedido en aquel rable, nos aseguraba siempre una buena en-
viage aéreo, sino prosaicamente sentado como trada . Aquella especie de prospectus -speci-
un verdadero payaso . Mas el benevolo públi- men era el sistema de nuestro director, y ha-
co, que creyó que el quedarme de aquel mo- bia que conformarse con él ; y digo que era
do era para escitar su risa , me manifestó su menester conformarse, porque aquella maña-
satisfaccion con una salva de frenéticos aplau- na , Margarita , y la mayor parte de los ac-
sos y con una nube de monedas que me aco- tores habian decidido que se suspendiese
saban por todos lados . Aturdido y estupefac- aquella operación en razón del intenso frio
to di las gracias como pude . que hacia; mas aquella oposicion no pudo ven-
Hace mas de veinte años de aquel suceso; cer la voluntad del dálmata; al fin salimos .
pues bien; aun me pregunto cómo es que no ¡ Cielos ! lo que Margarita habia previsto acon-
me rompi brazos y piernas . En verdad que es teció . Despues de haber bailado en una espa-
lástima que la madre de aquel dálmata , de ciosa plaza que da frente al hospicio , bajamos,
aquel ilirio , no hubiera tenido cien hijos co- seguidos de una turba de muchachos, por una
mo él. calle estrecha , tortuosa , empedrada de gui-
Si hace dos mil años hubiese sido ciudada- jaros redondos y sembrada de charcos hela-
no de Atenas ó de Roma ; si en aquel tiempo dos. Llegados al medio de la calle presentaba
de credulidad en que se daba fé á los orá- tan mal aspecto el terreno , que los músicos
culos se me hubiese dicho: Atlas cargaba con juzgaron á propósito y prudente echarse á la
un mundo, hubiera respondido en lenguaje espalda á los cuatro mas pequeños de entre
bárbaro ó en romano escéptico: para creerlo nosotros. Brancas y yo nos sosteníamos mú-
necesito verlo. Pues bien; si las circunstan- tuamente para salir de aquel mal paso ; pero á
cias no me hubieran conducido á representar pesar de esta precaucion, nnestros malditos
á lo vivo el papel de histrion de baja esfera, zancos se escurrieron , y caimos de repente
si no hubiese visto jamás ejecutar aquella Brancas sobre un estercolero, que parecia ha-
suerte, daria la misma respuesta al que me lo ber sido puesto á proposito para recibirlo, y
esplicase, porque en fin , si aquel dálmata no yo contra las piedras, bañándome en un abrir
sostenia un mundo como Atlas , hacia al me- y cerrar de ojos en un mar de sangre; me ha-
nos lo que ningun hombre habia hecho hasta bia abierto una profunda herida en la cabeza .
entonces. Figúrese el lector un hombre de Procuré levantarme balbuceando algunas pa-
un metro y ochenta centimetros de talla , de labras, y volví á medir el suelo desvanecido .
formas atléticas, tendido de espaldas con los
brazos y las piernas en el aire clavados en un 11.
circulo de hierro y tiesos como cuatro estacas.
Figúrese cuatro hombres subidos sobre sus EL HOSPITAL DE AUXERRE .
miembros, teniéndose de las manos para man-
tener un centro de gravedad; cuatro hombres Cuando volvi en mí me pareció despertar
aun , montados sobre las espaldas de los pri- de un profundo sueño. Tenia calentura y la
meros , y luego cuatro niños; corónese este herida no me mortificaba mucho . Sorprendido
baluarte humano con la pequeña Esmelaida del silencio que me rodeaba , principié á evo-
colocada alli como por encanto; contad si hay car mis recuerdos , y apareció á mi memoria
catorce individuos , y podreis formar una idea la caida de la vispera . Una sed ardiente me
de lo que era la pirámide humana , juego el devoraba y comencé à llamar á gritos á Mar-
mas prodigioso que se ha visto, y que con di- garita para que me diese agua . Al instante
ficultad volverá a verse igual . Con dificultad of un paso ligero y el crujido de unos vestidos
encontrará sucesoril signor Pietro Sacrispan de muger que se acercaba. Las cortinas de
ti . Para concluir, añadiré que se terminaba mi cama se entreabrieron , y una voz suave y
el espectáculo con un baile en zancos y con dulce me dijo:
una iluminacion de fuegos de Bengala . -Toma , pobre niño , debes tener mucha
Tal fué mi género de vida durante dos sed .
años . Aquella era una existencia difícil como Y tomando precipitadamente el vaso que
la del marino , tan pronto mezclada de encan- se me alargaba, bebi dos bocanadas de una ti-
tos y de peligros, como de lluvia y de sol . sana tibia y azucarada .
El dia antes de abandonar á Auxerre, los -¡Agua! ¡ agua! volví á pedir separando de
niños recorrieron las calles, como de costum- mis labios el vaso . ¡ Margarita , traeme agua !
bre, bailando con los zancos. Aquel modo de -Margarita no está aqui , amiguito mio ,
DE LA SABOYA. 14

pero nos ha prohibido que te diésemos agua . , sala de los hombres. Un gran cuadro , repre-
El agua te haria morir , y Dios no quiere que sentando la resurreccion de Lázaro lo decora-
te mueras aun. ba. Yo contemplaba estasiado aquella pintura
El metal de aquella dulce voz que parecia que apenas iluminaban los primeros albores
tomar tanto interés por mi , me hizo abrir los del dia , cuando un coro de mugeres , osten-
ojos. Una lámpara que ardia no muy lejos de tando sonoras voces me atrajo á la sala inme-
mi cama , suspendida delante de un altar , y diata delante de otro altar. A medida que me
cuyos rayos se proyectaban en el buen genio iba acercando , las palabras del cántico 'herian
que me visitaba , me permitió entrever sus mis oidos mas distintamente , y aunque no las
facciones y su habito , que era el de las beatas comprendiese , mis recuerdos les prestaban
grises. ¡ Oh qué hermosa me pareció aque- una deliciosa suavidad. Habia reconocido en

lla hija de Dios inclinada bácia mi cama ! | aquel cántico las letanías de la Virgen que
¡Qué angelical fisonomia la suya ! ¡Qué santo cantaban con frecuencia las doncellas de mi
respeto sentí á la vista de una cruz de ébano pais . Yo me creí por un instante en la iglesia
incrustrada de cobre que brillaba en su pecho! de San Segismundo , y mi emocion fué ínes-
Tobias no se sorprendió tanto como yo cuando plicable.
se le presentó el ángel despojado de la forma La infancia vive del ejemplo. Solo ante el
terrenal que habia elegido para hablarle. altar de los hombres , no pensé en rogar á
-Pues , ¿quién sois? no os conozco, le dije, Dios ; y en medio de aquellas enfermas con-
-Mas tarde lo sabrás , calla si quieres po- valecientes , de aquellas santas hermanas ,
nerte bueno , no te quites los vendages que cuantas oraciones pude recordar de las que
tienes en la cabeza . Sé bueno , y yo te cuida- pronunciaba al lado de mi buena madre, otras
ré con esmero . tantas recé con gran fervor: mi corazon se
Duerme , replicó aun . consoló , y no me acuerdo de haber tenido ja-
Y desapareció , no dejándome ver sino su más un momento de mas satisfaccion .
sombra en las paredes de la sala . Me hallaba En todo el tiempo que estuve en el hospi-
en el hospital de Auxerre. cio , todos los dias , y aun algunas noches, me
Por la mañan , sintiéndome mucho mejor, sorprendian arrodillado ante el altar de una
tuí á arrodillarme delante de la capilla de la ú otra sala . Pero la capilla de las mugeres era
12 MEMORIAS DE UN NIÑO

la que mas visitaba , y el motivo de esta pre - Hermana , no digais eso , Margarita no
ferencia voy á esplicarlo: el cuadro que habia quiere que me condene ; tambien ella es muy
en él representaba la Asuncion de la Virgen, buena.
y me agradaba infinitamente mas que el de la En este diálogo estabamos , cuando entró
resurreccion de Lázaro. el médico á la visita.
¡Cuántas veces fijé mis miradas en el ros- -¡Ah! ahí está el médico , corre á acostar-
tro celeste de la Madre del Salvador ! ¡ Cuán- te , pues si te viera andar descalzo , nos reñi-
tas veces me sonreia de ver sonriendo á los ria á los dos . -Escucha , cuando te haga falta
angeles que la rodeaban ! ¡ Qué horas tan de- alguna cosa , llama á la hermana Santa Eula-
liciosas pasé alli ! A la edad de diez años na- lia , ¿te acordarás?
da en el mundo podia haber manchado la cas- --¡ Hermana Santa Eulalia ! ¡ qué bonito
tidad de mis sentimientos , mi fé era pura , y nombre! ¡ Oh ! si que me acordaré . Hermana
sin embargo , debo confesarlo , sin aquella Santa Eulalia , decidme , no sois vos la que
Virgen de manto ondeante sin sus grandes me disteis de beber esta noche pasada? Me
ojos azules , tan dulces , tan llenos de modes- parece que es la vuestra la voz que oí .
tia , Dios me perdone ! aquel altar no me La hermana Santa Eulalia no respondió;
hubiera visto orar tantas veces. pero en cambio me echó una mirada de satis-
Hace tres años , yendo hácia Saboya , en- faccion , y nos separmos.
tré en aquel hospicio por la curiosidad de vol- Hácia el medio dia , despues de la cura ,
ver á ver los cuadros ; pero mi sorpresa fué Margarita y Brancas fueron á verme. Como la
grande: no vi en aquellas pinturas , que la compañía iba á marchar al dia siguiente , hi-
memoria y la imaginacion me representaban cieron todos los esfuerzos imaginables para
como modelos , sino una pálida , una mediana llevarme consigo ; pero la hermana Santa Eu-
copia de los cuadros de un gran artista ; sin lalia , exagerando mi estado , habló al médico
duda el tiempo los habia alterado , como alte- y á la superiora , y logró que me quedase
ra todas las cosas ; pero no ví en ellos , como alli . No olvidaré nunca el continente de aque-
lo habia estado creyendo tanto tiempo , esos llas dos mugeres á la cabecera de mi cama ,
toques esquisitos que caracterizan el pincel una enfrente de otra . Ambas à dos de educa-
de un genio . ¡ Ay! La edad deshoja muy pron- cion y principios diferentes , estaban orgullo-
to nuestras ilusiones, y puedo asegurar que el sas de su conciencia , del bien que habian he-
culto de las artes no tiene mas ferfientes ado- cho y del que querian seguir dispensando . Si
radores que la juventud entusiasta y llena de el destino hubiera reunido aquellas dos mu-
ilusiones. geres en un mismo género de vida , no hay
Terminada la plegaria , y cuando las en- duda en que se hubiesen querido mucho; por-
fermas se retiraban á sus camas , se acercó á que ambas tenian un corazon bueno y sensi-
mí una de las hermanas , y tocándome suave- ble . La diferencia de educacion era , pues , la
mente en el hombro , me dijo: sola causa de enemistad que se manifestaban.
-Yo creia que los cómicos no rezaban nun- La una creia en la redencion de sus faltas por
ca , ¿me habré engañado? las prácticas austeras de la religion , mientras
-¡Ah! no , señora ; no estais engañada, la otra decia que no necesitaba de aquellas
nunca rezan . prácticas , puesto que no pecaba nunca á sa-
-Sin embargo , ahora estabas arrodillado biendas .
como haciendo oracion ; & no has sido siempre Yo me hallaba alli entre las garras del de-
cómico? monio y las manos de un ángel. Aunque jó-
-No señora. venes , las dos sabian por esperiencia que el
-Dime hermana , que asi se nos llama a niño , asi como la rama del árbol , toma la
nosotras. forma que quiere dársele , y creian de su de-
-¡Mi hermana ! ¡ Oh ! eso quisiera yo , que ber , la una arrancarme de las garras de Sa-
fuérais mi hermana : ¡ sois tan hermosa! ¡tan tanás , y la otra del demonio del fanatismo,
buena! que decia desecar el corazon y matar el es-
-Vamos , este no es sitio de representar piritu . ¡ Qué vasto laberinto es el corazon hu-
comedias , eso seria un pecado. ¿Cómo te lla- mano! Pero , ¿quién osará maldecir á Marga-
mas? rita? ¿quién se atreverá á arrojarle la prime-
-Hermana , tengo dos nombres. ra piedra? Sin embargo , cúmpleme decir que
-Ya lo creo , como todos , el de familia y la victoria quedó por el buen ángel ; los sal-
el de bautismo . timbanquis se marcharon , no sin dejar sus
-Yo no se. En mi casa , allá en mi pais, lágrimas y llevarse las mias; pero prometiendo
me decian Claudio ; pero los cómicos , no en- volvernos á ver. ¡ Ay ! el destino puso alli tam-
contrando bonito este nombre , me llamaban bien su irrevocable veto . No volvimos á ver-
Giovanni. nos nunca .
-¡ Pobre niño ! ¡ no vuelvas mas con esas Al mes de este acontecimiento , uno de los
gentes , labrarian la perdicion de tu alma! cómicos volvió espresamente á buscarme , des-
¡Dios mio! hasta el nombre del bautismo to de no sé que pais , para llevarme á Troyes,
ban arrebatado. adonde se dirigia la compañía ; pero la supe-
DE LA SABOYA. 15

riora y todas las hermanas en general , masza , cuyo nombre de autor no conozco , era
celosas de mi salvacion que de mi dicha , se del género de las de Florian , muy decente y
pusieron á mentir por el amor de Dios . Dije- muy espiritual á un tiempo. En tiempo de va-
ron á aquel hombre que habia desaparecido caciones se represeutaba con mucha frecuen-
un dia del hospicio , y que ignoraban lo que cia . Con que heme alli , pues , uniendo los
era de mí. Asi terminó el primer acto de mi gestos á la voz , y por órden de entrada, dis-
carrera dramática . tinguiendo cada actor por una diccion incisiva ,
¡ Oh ! ¡ qué vida tan buena me llevé en rápida , que se parecia mucho á una escena de
aquel hospicio en los cuatro meses que estuve ventriloquia. Aquel arte que asi se revelaba ,
en él ! Cuántas golosinas , cuántas caricias y que hasta entonces yo mismo habia ignora-
recibí de aquellas buenas hermanas ! ¡ Cuántos do , pareció tan incomprensible como cómico
regalos me hacian cuando volvia los domingos á mi auditorio , que ciertamente no pensaba
de ayudar la misa en una de las capillas ! Me en aquel momento que la mayor parte de
mandaban llevar alguna cosa , hacer un reca aquellas cualidades , quiero decir , de aquel
do en la sala , siempre sacaba mi escote.-Eso talento escénico, eran hijas tan solo de la cos-
para tal número , y esto para Adriano , decian tumbre. No obstante , me alabaron mucho mi
las hermanas , porque nunca el pobre Claudio facilidad de elocucion , y se me felicitó . Luego
pudo lograr que lo llamasen por su nom- hicieron un colecta y me entregaron veinte y
bre; en todas partes me lo cambiaban: Chap- cinco francos.
sal , Francisco , Tártaro , Bruto y otros mu- -¿Vendrás mañana á despedirte? me pre-
chos me han aplicado , variando segun el ca- guntó la superiora mostrando el dinero que
pricho de las gentes. cubria el fondo de un esportillo .
Un dia , la superiora ó madre , como se la -Si , señora.
decia , me hizo llamar á su aposento. Estaba Hice una reverencia teatral, una pirueta
rodeada de las hermanas , de colegialas inter- sobre los talones, y sali acompañado de risas
nas , del médico y del capellan. bendiciones .
-Adriano , tenemos que separarnos , bijo Al día siguiente, al dirigirme á la celda
mio , ya no estás malo , el invierno ha pasado de la superiora, encontré á la hermana Santa
Y...... Eulalia que salia de la suya .
-¡Oh! señora , ya preveia yo que era me- -¡Ah! estás aqui , pobre criatura; ¿á dón-
nester separarnos Ya me hubiera marchado de vas á ir tú solo? ¡ Dios mio!
si os hubiese tenido menos afecto .... En fin , -¡Oh! buena hermana ¡ cuánto siento de-
¡me marcharé! jaros ! ¡Si supiéseis lo que os quiero!
-Justamente me has comprendido , pues -Tu alma es muy sensible, querido niño .
bien , el señor capellan se encarga de propor- En esa procelosa balsa que llaman mundo
cionarte tres sueldos por legua si quieres vol- ¡cuántas penas te esperan!
ver á tu pais. Y sentándonos en uno de los bancos de la
-No , señora , quiero ir á París , eso no me sala de recepcion , un millon de preguntas y
impedirá de amar á Dios ni de pensar en vos . respuestas sencillas precedieron á aquel pri-
-¡Muy bien ! dijeron los asistentes, mer adios. Por fin ella se levantó y dijo ha-
-¿Y podré marcharme mañana? repliqué. ciendo un grande esfuerzo sobre sí misma:
-Si , querido amiguito ; pero no volverás -Santa Virgen! soy mas niña que tú . Va-
mas con los cómicos , pues te espondrias à mos á ver á la superiora , que está aguar-
condenarte. dando.
-A propósito , ¿qué hacias tú con los có- Es imposible que el hombre esperimente
micos? me preguntó el capellan . un placer mas puro que el que inundó mi co-
-Señor , yo hacia juegos de fuerza y re- razon durante aquella conversacion. ¡ Oh!
presentaba la comedia. ¡buena hermana Santa Eulalia! si fuera yo un
-¿Tú representabas la comedia ?... ¿ pero, hombre de genio , hablaria de tí á toda la
¡qué comedia ? Dínos algo de lo que recita- tierra.
bas...... y cuidado que no sea nada que pue- Asi como el dia anterior, la celda de la
da escandalizarnos. superiora encerraba una numerosa sociedad .
-¡Oh! no señor ; en Arlequin y Colombina ¡Alabado sea Dios ! ya creíamos que no
no hay nada malo. venias . ¿Te ha detenido la hermana Santa Eu-
Y me puse á recitar esta pieza , para la lalia? me dijo con bondad la superiora.
cual se necesitaban cinco personages . Por una -¡Si ! yo quiero mucho á la hermana Santa
singular casualidad , los cinco niños que se Eulalia, y á vos tambien , señora . Me separo
encargaban de sus diferentes papeles tenia de vos con mucha pena... Pero es menester...
cada uno un órgano particular , una inflexion sacaré fuerzas de flaqueza...
fuerte y sensible sobre las de los demas. Me -Que Dios y el angel de tu guarda te
habia familiarizado en dos años de tal mado acompañan, hijo mio. Tambien yo te quiero.
con aquellas diversas pronunciaciones, que en Toma, ahí tienes dos cartas que entregarás á
presencia de aquel auditorio hice resaltar dife- las personas á quien va dirigido el sobre . Son
rentemente cada papel de por sí . Aquella pie- de toda mi confianza y viven en París. Les
3
14 MEMORIAS DE UN NIÑO

encargo que te hagan todo el bien que puedan , riquezas . En cuanto á mis esperanzas eran in-
porque lo mereces. mensas . Mi corazon nadaba en alegría , y el
-Pero, ¿ dónde va á meterse las cartas? porvenir no me habia parecido nunca tan be-
dijo la hermana Santa Eulalia . Es menester Ilo; hasta tal punto llegaba mi frenesí, que
que las cuide mucho y no tiene cartera . ardia en deseos de verme libre y solo en me-
-Aqui , aqui , dije yo sacando de mi pecho dio de los campos . En fin , despues de diez
el escapulario que me habia dado Margarita . abrazos forzados , sali con rapidez à la calle.
Aqui dentro no se perderán. Ya habia atravesado el umbral de la puerta, y
A la vista de aquella ocurrencia todos se me disponia á tomar el camino, cuando la her-
sorprendieron . Una de las hermanas tomó mana Santa Eulalia me llamó desde el locu-
unas tijeras y cortó varias puntadas de las cos- torio .
turas de aquella especie de bolsa , y la pieza -Adriano, me dijo, no te olvides de escri-
de cuarenta francos cayó al suelo . birnos. Escucha, con la misma facilidad que
-¿Quién te ha dado esta moneda de oro? has aprendido á representar y á ayudar á mi-
me preguntó la superiora con tono severo. sa, puedes aprender tambien á leer y á escri-
-No me la han dado de una vez , señora , bir. Tan luego como hayas encontrado un ofi-
-¿Pues cómo? esplicate. cio , trabaja y enviame una carta escrita de
Para rehabilitarme , para alejar la mas li- tu puño . La aguardo de hoy en un año á con-
gera sombra de sospecha , comprendi que solo tar desde este dia . ¿Podré esperar esto de ti,
la verdad podia hacer desaparecer las aparien- mi buen Adriano?
cias criminales que pesaban sobre mi probidad. -Si , buena hermana , de hoy en un año os
En consecuencia hice una larga relacion , de- prometo que recibireis una carta escrita de
tallada , exacta , de los hechos conocidos ya del mi puño si no me muero .
lector, y terminé mi justificacion con un pom- -¡Oh! gracias.
poso elogio de Margarita , á quien habia ocur- -¡Adios, mi buena hermana, adios!
rido aquella maravillosa idea . Aquel corto dis- Y me separé de ella llorando como lo que
curso, pronunciado con tono listo y persuasi- era , un niño.
vo, despejó todas las frentes. Al llegar al malecon de la villa, adonde
-Oh ! bien sabia yo que no era culpable, fuí á parar sin saber cómo, pues una grande
dijo la hermana Santa Eulalia con calor. emocion me impedia coordinar mis ideas, me
¡Oh! tambien lo creo yo ahora; ¿ pero encontré manos á boca con Zimmermann .
quién podia imaginarse todo eso? dijo la su- uno de los enfermeros del hospicio, quien me
periora. manifestó la comision que le habia encargado
-¿Y quién hubiera imaginado ayer tarde la superiora de que me pusiese en el camino
que hubiese tenido el talento de hacernos reir de París.
del modo que lo hizo? Y sin embargo, hace -Venid conmigo y os pondré en el camino
cuatro meses que está aqui y todo el mundo lo de Paris, me dijo en lenguaje chipurrado.
ignoraba, lo que prueba su modestia . Toma , Y tomándome de la mano , fuimos andando
Adriano, te añado cinco francos á la colecta silenciosamente hasta la primera taberna que
de ayer. Deseo como tu compatriota de Chag- encontramos , donde entramos á echar cuatro
ny, que Dios quiera hacerte un gran comer- penas abajo. Alli , en presencia de unas cuan-
ciante.. tas botellas que principió á consumir con la
Gracias, señor doctor. mayor gracia del mundo , Zimmermann se
-Vamos, voy tambien á hacer alguna cosa puso á contarme su historia . ¡Cuántas mara-
por ti , repuso la superiora abriendo un gótico villas habia visto el hijo de Alemania ! Era
y viejo armario. Tengo aqui una moneda de natural de Brema, habia sido doce oños mari-
veinte francos que guardaba como las niñas de no; por sus ponderaciones, hubiera podido
mis ojos y te la regalo . Voy á cosértela con creerse que el Campo de Marte era pequeño en
la tuya en tu relicario de avaro. ¿ Habrase vis- comparacion de la cubierta de las embarca-
to semejante invencion? ciones à bordo de las cuales habia navegado.
Como dicen muy bien los titiriteros en las Me dijo que habia visto una ballena que con
plazas públicas, una persona generosa escita la facilidad que un gorrion puede tragarse un
á las demas. Trajeron el esportillo y cada uno mosquito, hubiera podido sepultar en su vien-
depositó en él lo que pudo ó lo que quiso . tre là catedral de Auxerre . Se comprenderá
Asi se acrecentaba aquella fortuna que diez que mi imaginacion , por poco despierta que
años mas tarde debía ir á sepultarse bajo las estuviese, no tomaba al pie de la letra toda
olas de la isla de Juan Fernandez . aquella fantasmagoria . Su conversacion no me
Dejo á la sagacidad del lector el juzgar daba ningun resultado; pero cuando me dijo
mi despedida de los génerosos habitantes de que en el pais de los negros un niño como yo
aquella hospitalaria casa . Un paquete en la podia hacer su suerte en seis meses, y esto
punta de mi palo de viage, un trage que à la tan solo enseñando el francés á los hijos de
vez se componia del de un niño vestido de la Su Magestad Muy Negra, me puse á formar
caridad pública y del de saltimbanqais , ochen- castillos en el aire, y me levanté lleno de re-
ta francos y una perfecta salud, tale seran mis solucion .
DE LA SABOYA. 43

-Adios , Zimmermann, que lo paseis bien ; 1 Llovia hacia rato, y todo mi equipage es-
me marcho. taba chorreando; este incidente me habia qui-
-¿A dónde vas, pues, tan pronto? tado mi buen humor. Aunque estábamos en
-Voy primero á París. Despues iré al pais el hermoso mes de mayo, la perspectiva de
de los negros . pasar una noche entera contando las estrellas,
Sin aguardar su respuesta , dejé caer en el ó mejor dicho, contemplando las nubes, no
mostrador una moneda de veinte sueldos y sali . era cosa que me gustaba mucho. Mi pobre
Las dos estaban dando en el hospicio. campañero Loulou era sin duda de mi pare-
Hacia un tiempo magnífico. La naturaleza cer; pues temblando, y con las orejas gachas,
tan rica y tan hermosa en el mes de mayo, parecia meditar tristemente sobre las mise-
Hlenaba mi corazon de un dulce perfume . ¡ Qué rias de la raza canina ,
sueños tan deliciosos tuve la primera noche -¡Pobre perro! vas á pasar una triste no-
del hospital de Auxerre! ¡Qué felicidad espe- che, le dije acariciandolo. ¡ Adios!
rimentaba , y cómo sabia disfrutarla! En mi Y salté á tierra, apesadumbrado y conso-
entusiasmo, en la inefable alegría que reinaba lado á la vez al considerar que habia un ser
en mi alma, me hinqué de rodillas en medio en la tierra mas desgraciado que yo.
del camino y di gracias a Dios, cuya bondad Detrás de una porcion de pobres que sitia-
hacia crecer las plantas, daba el gorgeo á los ban la diligencia, repitiendo muchas veces el
pájaros, y llenaba de tanta ventura al peque- lamentable refran que acostumbran de: ¡ Una
no saboyano. Terminada mi plegaria , me le - limosnita al pobre ciego! ¡ compadeceos de
vanté tan encantado de mi existencia como este pobre estrangero ' apercibi à dos desho-
el mas feliz de los mortales. Hinadores que tambien se habian acercado á
-Eh! rubillo, ¿qué estabas haciendo ahí, ver si sacaban alguna cosa de los viageros, pe-
en medio del camino? me dijo el conductor de ro era en vano; pues eran tan poco diestros y
una diligencia de las mensagerías reales, que sus estaturas tan exiguas, que aquellos no po-
subia al paso una eminencia á cuyo pie acaba- dian verlos , ocultos como estaban tras la
ba yo de recitar mi plegaria. barrera que formaban los mendigos . Los ob-
Rogaba á Dios por vos, señor , le res- servé un momento y pude reconocer por su
pondi. aire, asi como por la escesiva timidez de sus
-¿Que rogabas á Dios por mi? ¿Y por qué miradas, que eran dos niñas disfrazadas de
rogabas por mí y no por los demas? hombre; dos nambas como las llaman en sa
¡Ah! para que Dios os tocara en el cora- lenguaje indígena los habitantes de la Taran-
zon y me dejáseis subir ahí junto à ese perro tesa superior.
blanco tan bonito. Es menester haber sufrido para poderse
-¡Ah! ¡ ya! con que quieres subir al lado de penetrar de la dicha que se esperimenta al
mi perro... ¿ Pues á dónde vas? ¿lo sabes socorrer á un desgraciado ; dice un proverbio
acaso? de aquel mismo pais ; pero yo debo añadir.-
-Primero á París, luego iré al palacio del Dichoso el que puede ponerlo en práctica.
rey de los negros . Me puse , pues , al lado de mis dos paisa- ,
Al oir esta respuesta, soltaron la carcajada nas , y las dirigí la palabra , dando á cada una
Los viageros. diez sueldos. Este modo de entablar conver-
-El rey de los negros! ¿Y para qué te sacion les gustó estraordinariamente , y desde
quiere ese señor? luego me hablaron con la franqueza que bu-
-¡Yo! yo le enseñaré á hablar fracés, á ha- bieran podido hacerlo con un hermano. ¡ Oh!
cer suertes de payaso, y si quiere á repre- ¡ qué agradables recuerdos me trajo á la me-
sentar zarzuelas . moria aquella lengua natal que ya habia casi
-El chico no se descuida , dijo uno de los olvidado ! ¡ Cuántas veces di gracias a Dios
viageros. Pues bien, canta un trozo de zar- de haber tenida aquel encuentro!
zuela y te subirás en la imperial . Pero , he aqui que sin sentirla , y cayendo
-Pues escuchad, caballero, escuchad. sobre nosotros una lluvia bastante fria, nos ha-
Y me puse á cantar una estrofa de la zar- llamos de repente en la casa donde estaban
zuela Isaac Samuel. sus amos . Una docena de buboneros , senta-
Cuando la terminé, todos se apresuraron á dos alrededor de una mesa grasienta , jugaban
aplaundirme, y el mayoral me mandó subir á á las naipes aguardando la hora de cenar . De-
hacer compañía á Loulou, que asi se llamaba masiado avaros para hacer puestas de dinero,
el perro . mis compatriotas imponian la pena de morda-
za á los que perdian , cosa que me pareció de-
IV. masiado ruda: la mordaza consistia en un pe-
dazo de madera redondo que les hacia abrir la
LOS DESHOLLINADORES, boca de una manera á la vez grotesca y de-
plorable. Apenas tendí la vista por aquella es-
Al anochecer se detuvo la diligencia para traña galería , cuando reconocí á cinco de mis
cambiar caballos delante de la puerta de la antiguos compañeros: dos deshollinadores de
posada del duque de Borgoña en Foigny . mi edad , otros dos numbos , y su amo , que
:
16 MEMORIAS DE UN NIÑO

era uno de los buboneros con quien yo sali de aquel buen pariente habia pasado por mí; di-
Saboya. La diferencia del trage que llevaba jo que habia hablado con mi madre la última
entonces , y los dos años mas de edad que te- vez que estuvo en Saboya , y que ésta le ba-
nia , no impidieron que me reconociesen al bia encargado de llevarme allá si alguna vez
momento. llegaba á encontrarme , despues de enseñar-
-¡Claudio! esclamaron á un tiempo tres ó me á deshollinar , se entiende ; y de aqui sacó
cuatro individuos , y nos abrazamos con la por consecuencia , que le pertenecia y que
alegría que es natural en semejantes casos. debia seguirle.
Despues de aquel abrazo , que fué para -De aquí á poco tendré once años , dije ; es
mí el bautismo del hollin , pues desde aquel menester dedicarse á alguna cosa ; aprenda-
momento formé parte de la gran familia de mos á limpiar chimeneas.
los rasca-chimeneas , volvimos á estrecharnos -Mañana si Dios quiere , respondió el tio
con mas efusion ; deshollinadores , nambos, Ambrosio,

B.
El tio Ambrosio.

buhoueros , negociantes en pieles de conejo, Despues de la cena , que consistió en una


cada cual se disputaba el turno de tenderme gran marmitada de habas cocidas y pan men-
los brazos ; barbudos é inberbes , todos me digado , del cual los ancianos se apropiaron
besaron y ninguno me hizo gracia. ¡Oh Mar- los pedazos mas tiernos y blancos , nos fuimos
garita! ¡Oh hermana Santa Eulalia! ¡cuánto os á acostar. Subimos unos tras de otros por una
echaba de menos ! estrecha escalera á un desvan lleno de paja ,
Pasados aquellos primeros momentos de y alli nos tumbamos chicos y grandes , no tar-
espansion , principié el relato de mi vida des- dando cinco minutos en quedarnos profunda-
de que me habia separado de ellos en Chag- mente dormidos.
ny , el cual fué mas maravilloso que verídico, Al dia siguiente muy temprano nos levan-
tanto por no dar márgen á que sospecharan tamos , y emprendiendo nuestra marcha en
que era dueño de un tesoro , cuanto por ate- fracciones , cada una por distinto camino. Yo
nuar la falta de haberme escapado . Er segui- segui con mi nuevo amo el camino de Dimon,
da tomó la palabra el antiguo compañero de aldea bastante crecida , á tres leguas de Joig-
mi tio , hombre avaro por demas, y contó, ha- ny. En mi vida me he visto mas aburrido. No
ciendo mil comentarios , los sinsabores que habia dejado de llover en toda la noche , y
DE LA SABOYA. 47

continuaba aun , y estaban inundados los cam- Desde aquel momento perdió el tio Am-
pos y los caminos . El que no haya viajado brasio el poco afecto que me tenia. Al dia si-
nunca con un gran equipage á cuestas , no guiente aprendí á deshollinar , y formé la re-
puede formarse una idea de los padecimientos solucion de darle un chasco .
que el aprendiz de buhonero esperimenta en Ocho dias pasamos corriendo de feria en
los primeros dias de su noviciado , ni com- feria , de mercado en mercado , y ocho dias
prender cuanto ayuda este género de ejerci- me ocupe en limpiar chimeneas ó en recitar
cio al desarrollo de su sistema muscular . El tio comedias á los que querian oirme. Maldito lo
Ambrosio , que hacia treinta años se ejercitaba que me agradaba aquel género de vida ; sin
en este tráfico , habia llegado , despues de es- embargo, me hubiera parecido tolerable si las
ta série de años de un contínuo trabajo , á un gratificaciones que recibia hubiesen entrado
resultado increible . Salimos de Joigny á las en mi bolsa en vez de ir á sepultarse en la
cuatro de la mañana , y á las ocho ya estába- de mi avariento patron.
mos en Dimon. Aquel hombre , que durante Una noche que entrábamos en Joigny can-
el trayecto no descansó mas que dos veces sados de una larga correría , fueron á buscar
sobre su vara de medir, anduvo cuatro kiló- á nuestra posada un deshollinador para apa-
gramos en cuatro horas , y esto por caminos gar el fuego que se habia prendido en una chi-
malisimos y cargado con quintal y medio de menea: el accidente tenia lugar en un colegio
peso , segun dijeron los que , cuando llegamos de señoritas .
al pueblo , le ayudaron á descargarse . -¿En -Vamos los dos , Claudio , me dijo el tio
nuestros dias , qué otro Hercules que no fuera Ambrosio.
un buhonero se encargaria de imitarle? Tomó el camino bácia el lugar indicado , y
Desenfardadas las mercaderías, el amo man- le segui con mi rascador al hombro. Llegamos
' dó á losniños por el pueblo, unos á desholliuar al sitio en el momento en que los bomberos
y otros á mendigar por no perder la cos- aprestaban las máquinas hidráulicas para po-
Lumbre. nerlas en juego . No obstante , como el fuego
Yo me fuí por la calle que mejor me pare- estaba aun circunscrito á la parte de adentro
ció, y la casualidad hizo que me detuviese de la chimenea , se temieron los estragos de
delante de la ventana de un notario , en la las bombas , prefirieron dejar á mi cuidado la
cual ostentaba su linda fisonomía una jóven de estincion del fuego . En efecto , me condujeron
pocos años. Alli me puse á cantar trozos de la á una cocina cuyo hogar estaba ya lleno de
zarzuela que juzgué mas á propósito , anima- hollin inflamado , mi amo colocó una escalera
do con la sonrisa de aquella encantadora bajo la campana de la chimenea , que estaba
criatura . En un momento me vi rodeado de bien alta , y estimulado por las pensionistas ,
una porcion de espectadores , que se aumen- me mostré valeroso y me lancé en mi impe-
taban á medida que mi voz iba elevándose . rio sin vacilar. Allá en aquella atmósfera can-
Tan favorable acogida no pudo menos de ser- dente , que asi debo llamarla , sufriendo lo
me lisonjera , y me esforcé por agradar á to- que solo los diablos y yo podiamos saber , me
dos. Las dos numbos me habian seguido para di tal maña y tal prisa en rascar las paredes,
ser testigos de mi habilidad , y se quedaron que en menos de media hora , hice desapare-
atónitas de mi modo de cautivar al público. cer el peligro y dejé limpia la chimenea. En-
Creo inútil decir que la colecta fué buena , y tonces bajé hecho un San Lorenzo : mis ma-
que mi muevo amo me colmó de caricias al nos , mis pies , mi cara , todo estaba lleno de
recibirla. quemaduras: un gran vaso de vino con azúcar
-Siempre el mismo , Claudio ! me dijo que me dió la señora preceptora , me devolvió
cuando le presenté lo que habia recogido ; ven el ánimo que habia perdido , y dije con tono
á mis brazos , hijo mio. satisfecho :
Y sin aguardar á que yo manifestase mi ¡ Ah! ¡Ahora puedo cantar , allá arriba
voluntad de pegar mi cara con la suya , me era imposible!
dió un abrazo tan apretado , que crei me ha- Una veintena de personas me miraban con
bia roto la columna vertebral . interés.
Pero con aquel estrujon descubrió mi se- -Pues bien , cántanos esa cancion que no
creto. podias entonar en lo alto del cañou de la chi-
¡Ah! esclamó dando con el revés de su menea , me dijo la misma señora echándome
mano en mi precioso tesoro, ¿qué tienes aqui? otro vaso de vino.
-Amo mio , le respondí suspirando , es el -Si , señora , le contesté.
dinero que las caritativas hermanas del hos- Y sin saber lo que hacia ni lo que decia ,
picio de Auxerre me dieron para ir á París . me puse á cantar una tonadilla que no me de-
-¡Ya! ¿Y cuánto hay? veamos. jaron continuar.
Y sin mas preliminares , me arrebató mi A los primeros versos principiaron á reir
escapulario , lo descosió y echó el dinero en como locos los hombres que alli habia ; pero
su bolsa. la preceptora me interrumpió diciendo:
-Yo te lo guardaré , añadió , porque es -Basta , basta , diablillo ; toma , ahi tienes
fácil que lo pierdas. para ti.
48 MEMORIAS DE UN NINO

Y ademas de lo ajustado por apagar el Saint-Julien - du -Sault. Yo seguia á mis com-


fuego , que ya lo habia recibido mi amo , me pañeros, decidido mas que nunca á ir á Paris,
puso aquella buena señora en la mano una mo- y pensando en los medios de que me valdria
neda de cinco francos diciéndome en tono de para poner en ejecucion mi proyecto: no ha-
amistosa roconvencion: bia que perder tiempo , pues aquella noche
-Otra vez , cuando haya señoras presen- era la última que parecia ofrecerme probabi-
tes , no vuelvas á cantar esa cancion. lidades de éxito. Como nos hallábamos en los
-No señora , la respondi. dias mas largos del año, no salimos de la po-
Y salí á la calle apesadumbrado , porque blacion hasta las cinco de la tarde, con inten-
en el mismo portal fueron sepultados aquellos cion de pasar la noche en una casa de campo
cinco francos en la asquerosa bolsa de mi ava- situada à mitad del camino de Saint- Julien.
ro patron. Despues de haber andado mucha parte de la
Al dia siguiente salí con mi amo á limpiar noche por montes y valles, salimos con que
las chimeneas de un palacio que hay en Vi- mi amo que nos servia de guia , habia perdi-
Hlevallier ; aquel edificio , construido sobre una do el camino , y nos encontramos sin saber
colina , tenia una en cada aposento , y todas qué direccion tomar . Como generalmente una
tenian necesidad de mi ministerio: aquel dia desgracia no viene nunca sola, el tiempo que
trabajé demasiado. Catorce ó quince veces habia sido inmejorable todo el dia, cambió de
habia subido ya á lo alto de las chimeneas , y repente. Tuvimos que buscar donde guarecer-
me dolian estremadamente todos mis miem- nos para evitar los furores de una horrorosa
bros. tempestad; nos colocamos bajo las ramas de
-¡Animo , Claudio , animo ! me dijo mi un corpulento árbol , cuando los ladridos de
amo , no queda mas que la chimenea del la- un perro nos advirtieron de que no estábamos
vadero ; ánimo! cuando se concluya iremos á lejos de algun cortijo : inmediatamente em-
comer ; hoy vas á comer bien , decia el inhu- prendimos la marcha hacia el lado por donde
mano capataz á su pobre esclavo. Pero , ¡ ay! se habian oido; pero no habíamos dado aun
aunque por amor propio afectaba yo no estar cien pasos, y mil relámpagos iluminaron el
muy cansado, me fué imposible efectuar aquel horizonte en todas direcciones. El lugubre
último ascenso sin tomar resuello en el cami- trueno se sucedió, y su estruendo hizo estre-
no. Aquella chimenea se unia con la de la co- mecer la tierra ; muchas nubes negras y com-
cina , y formaba un recodo en el primer piso. pactas se reunieron sobre nosotros, y princi-
Un declive bastante pronunciado , casi hori- pió á llover á torrentes .
zontal , podia permitirme reposar algunos ins- -No debíamos haber abandonado el árbol,
tantes sin mucho peligro. Me acomodé , pues, ya estoy hecho una sopa , dije á mi amo.
lo mejor que pude para no escurrirme , y me -Soy de tu parecer; la carga se me va ha-
puse a dar descanso al cuerpo y fatiga al es- ciendo pesada; estoy muy causado ... y ese
piritu . Por mi desgracia escogi muy mal sitio mastin no ladra ya... Por aqui no se ve ningun
para filosofar ; porque no tardé en echarme á camino ... vamos , volvamos al árbol , al menos
dormir , y baje con mucha mas ligereza que nos resguardará algo del agua.
habia subido , quedándome suspendido en el Al terminar estas palabras, la tormenta
clavo de los llares ; aquel clavo , muy fuerte y redobló su furor; un terror pánico se apoderó
acerado, y que instintivamente empuñé cuan- de nosotros , y nos detuvimos instintivamente
do caia . me atravesó la mano , quedándome formando un grupo compacto; en aquel ins-
en el aire como don Quijote en la ventana de tante vimos desprenderse de una nube una
la posada , con la diferencia , sin embargo, gran ráfaga de fuego y precipitarse con es-
de no tener á mis pies un fiel jamelgo , que pantoso ruido sobre el árbol que nos habia
apoyándome en él aligerase el peso de mi servido de abrigo; con pocos pasos que hubié
cuerpo . Fácilmente se comprenderá los acer- ramos estado mas inmediatos, el fluido eléc-
bos dolores que esperimentaria en aquella po- trico, que sin embargo, nos hizo esperimen-
sicion tan incómoda . Mi amo se habia ausentar una violenta conmocion , nos hubiera con-
tado y volvió á mis gritos ; pero creyendo que fundido al mismo tiempo que destruia y ani-
estaba en aquella disposicion por miedo de quilaba aquel robusto rey de los vegetales .
hacerme daño al caer , se puso á tirarme de Como se ve , el tio Ambrosio que contaba ya
los pies para que soltase pronto el clavo , re- cincuenta veranos , carecia de la esperiencia
doblando asi mis atroces dolores. Por fin vió propia de su edad ; si hubiésemos tenido tiem-
que estaba chorreando sangre , y me desen- do de llegar al árbol , nuestra muerte hubiera
ganchó lo mismo que hubiera podido hacerlo sido inevitable; pero el buen hombre no había
un carnicero con una res muerta. pensado nunca mas que en su avaricia: el di-
Esta aventura me hizo mirar con horror , nero era su idolo , el dinero era su ciencia .
aquel oficio. La tormenta pasó, y el horizonte se des-
El primero de junio, víspera de nuestra pejó en poco rato, como sucede por lo general
salida para Saboya , emprendimos la marcha en la estacion de verano. Despues de haber
cargados de mercancías por los bosques y es- paseado nuestras miradas sobre el árbol mu-
pesuras que separan á La Ferté-Loupierre de tilado por el rayo cuanto la oscuridad de la
DE LA SABOYA. 49

a
noche nos lo permitió , tomamos un sendero ojales de su chaquet , y esta la tenia debajo
de la cabeza, bien por precaucion , ya para
cenagoso que encontramos , y atravesamos va-
rios arroyuelos que habian salido de madre que le sirviera de cabecera ; pero si era por
precaucion de poco le sirvió aquella noche.
con las aguas de la tormenta ; nuevos aulli- Para no
despertar aquel otro Polifemo , hice
dos de perros nos atrajeron hacia una casa de un manojo grande
s
campo que no tardamo en divisar . Sin em- de heno y comencé á in-
troducir lo bajo su cabeza á medida que iba ti-
bargo, avanzábamos con dificultad , con cir-
rando de la chaqueta . En fin , despues de cin-
conspeccion y puestos en guardia ; porque á
osa ansiedad , pude te-
Jos ladridos de algunos perros se mezclaron co minutos de angusti
los de una docena de mascines que nos ro- ner en miito poder la codiciada bolsa .
dearon , armando un alboroto de dos mil dia- -¡Bend sea Dios! dije , y me lancé hácia
s
blos. Cuando llegamo al patio de la casa , nos la ventana .
-¡Eh ! ¡ quién va! ¿qnién anda ahí?
vimos acometidos por aquellos perros semi- -Soy yo, tio Ambrosio , el que os ha toca<
montaraces de un modo espantoso . Tuvimos
que parapetarnos en nuestros fardos , y co- do, però no ha sido con iutención .
menzar á hacer uso de los palos que llevába- -¿A dónde vas? ¿por qué te levantas?
mos; más no por eso se libertaron dos de mis Yo tenia la chaqueta entre los dientes y
camaradas de recibir horribles mordeduras ; y no podia responder . Bajé al patio con rapidez .
creo hubiésemos quedado todos en el cam- Entonces cogi la escalera y la dejé caer en el
po deque
batalla, si el dueño de la casa no hu- suelo, cuando ví al buen tio Ambrosio que se
biese acudido á socorrernos llamando y riñen- | preparaba tambien á bajar tras de mí .
-¡Ah , bribon ! esclamó , me has robado mi
do á sus fieles cancerveros .
-¿Quiénes sois? nos dijo metiéndonos por bolsa . ¡ Ladrones ! ¡ ladrones!
-Yo no os he robado nada : todo lo que hay
los ojos una linterna que llevaba en la mano,
y procurando enterarse bien de la casta de en esta bolsa es mio , le dije.
-¡Fuego! ¡ fuego! ¡ la casa se quema ! repe-
pájaros
-Un que éramos
pobre . ro y sus deshollinado- tia desentonado el buen hombre, ¡ mi bolsa!
buhone
res, respondió el tio Ambrosio. Me he perdi- ¡ mi chaqueta ! ¡ mi pobre bolsa !!!
-Vuestra bolsa, tio Ambrosio , no la volve→
do en el bosque; la tormenta nos ha estravia-
do y vengo á pediros un rincon para pasar el reis á ver ; con que adios , hasta mas ver.
resto de la noche. Una rociada de imprecaciones que no en-
-¡Es verdad! esta mañana os he visto en tendi , mezclada con el ruido que hacian los
La Ferté; pero como no os aguardábamos por perros ladrando desde el sitio donde por pre-
caucion los habian encerrado, fué el adios qué
aqui, hemos soltado los perros.
-¡Ah! ¡ con que sois vos, amigo ! entonces recibí al emprender la fuga .
A cosa de medio dia llegué à Villeneuve-
no nos hemos perdido .. ¡Caramba ! ¡tanto
mejor! bien decia yo, muchachos , que sabia le-Roi , y me puse á contar mi dinero mien-
bien el camino. tras pasaba el coche de Auxerre . Habia en la
o a francos, incluso
Este arranque de viejo presumido de sí bolsa cient treint y cinco
o
mismo no impidió á los niños que creyesen la el dinero de mi escapulari . Uua hora despues
ente
realidad; es decir, que las marchas y contra- subi en la diligencia y á la noche sigui
marchas y los ladridos de los perros, y mas fui á dormir á París.
que todo la casualidad , nos habian conducido
á buen puerto . V.
Eran cuando menos las once de la noche.
Despues de una ligera cena de pan y tocino, LA CAPITAL DEL MUNDO CIVILIZADO .
y un poco de vino muy malo, se curaron á los
·
heridos en la gran batalla, y nos fuimos á
á un gran pajar. Dice Rousseau en sus Confesiones que la
acostar
El casero nos encargó que no inclinase- idea que tenia formada de París era mas bella
mos á la derecha la escalera de mano que nos que la realidad . En una imaginacion tan po-
había dado para subir, pues si nos descuidá- derosa , tan poética como la del autor de Julia,
bamos era fácil que cayésemos por la izquier- se concibe esto fácilmente, con mayor moti-
da en la cuadra donde estaban los bueyes, vo, si como él, se entra en la gran capital por
Seguimos su consejo y al cabo de un corto ra- el arrabal de Saint Marcel. Yo la encontré so-
to todos dormian profundamente menos yo. berbia, magnífica, deslumbradora , porque hi-
Cuando cierto ruido poco armonioso me ce mi entrada por su calle mas rica y mas es-
confirmó que yo era el solo vigilante en aquel paciosa . Mi prosáica imaginacion no se habia
lugar, y que el viejo avaro dormia en sueño representado nunca un ideal mas hermoso . No
mas profundo que los demas, me preparé á re- obstante una sola cosa me quitó parte de mis
cobrar de una vez el dinero que me habia ilusiones. Hacia dos años que oia hablar con
usurpado en muchas. Para esto necesitaba to- ponderacion de la altura de las casas de París,
mar bastantes precauciones, pues la bolsa que y habia llegado á figurarme que las mas bajas
codiciaba estaba atada con una correa á los debian ser como las mas elevadas que hallé;
20 MEMORIAS DE UN NIÑO

pero fuera de este retorno forzado á las ver- -¡Querido niño , niño querido! ¿qué va á
daderas proporciones arquitectónicas , todo ser de nosotros?
me pareció curioso y digno de ser observado Por último, pudo esplicarse. Hacia nueve
en aquella capital del mundo civilizado, en meses que Mr. Bachelard y su esposa la ha-
la que el pobre saboyano entraba maravillado bian llamado á Paris para confiarle aquel niño.
como Zadig en Babilonia. De los nueve meses le habian pagado dos
Hago cuanto me es posible por evocar mis cuando se llevó la criatura; pero despues no
recuerdos, y aunque la disposicion de los lu- volvió á recibir ni una sola respuesta a las in-
gares haya sufrido algunos cambios notables finitas cartas que les habia escrito. Viendo
desde entonces, creo que la diligencia fué á esto su marido, que era un pobre jornalero ,
parar al pretil de Greve, sitio muy concurri- le mandó que devolviese el niño á sus padres,
do en aquella época . Yo me apeé uno de los pues no podian criarlo sin retribucion . Con la
primeros, y mientras que mis miradas se fija- esperanza de recibir los siete meses atrasados,
ban en mil objetos nuevos para ellas, mis com- el buen hombre habia buscado prestada la su-
pañeros de viage se marcharon cada uno por ma necesaria para aquel viage.
su lado; cuando quise buscar una cara conoci- -¿Y ahora , repetia la infeliz nodriza , ¿qué
da, me encontré solo, absolutamente solo, en- voy á hacer? ¿Cómo volveré yo á mi casa? No
medio de un laberinto del que no acertaba á tengo ni un sueldo para pagar la diligencia .
salir. Por un momento me senti acongojado Estas últimas razones produjeron en los
de aquel islamiento; pero mi sufrimiento mo- asistentes una profunda sensacion ; pero todos
ral fué de corta duracion . se limitaron á censurar la conducta de los es-
-La gracia de Dies sea conmigo, dije . Con posos Bachelard , formando mil comentarios,
dinero nadie se pierde. diciendo mil absurdos , que en nada cambia-
Ya se acercaba la noche , cuando al pasar ban la posicion de la desgraciada nodriza ,
por una lóbrega callejuela, oi una voz que no manifestándole unos su opinion acerca de lo
me era desconocida. Era la de una nodriza que debia hacer , y otros dándole consejos ca-
que hablaba en voz alta á la criatura que esta- ritativos.
ba criando . Aquella muger la habia yo cono- -Deberíais dar parte al comisario , decia
cido en el coche y le debia numerosas prue- una muger.
bas de amistad ; llevaba , ademas de la criatura , -Quedaos de nodriza en París , hablaba
un gran lio de ropa blanca que la estorbaba otra.
mucho. Contentísimo por aquel encuentro, Por último , un zapatero remendon que se
dije á mi compañera de viage: encontraba en medio de aquella reunion de
¡Oh ! señora, ¡cuánto me alegro de vol- bachilleras , tomó enfáticamente la palabra , y
veros á ver! ¿quereis que os lleve esa ropa? habló de este modo dándose cierto aire de
¡Debeis estar muy fatigada! importancia:
-Ola! ¡con que eres tú, el deshollinador! -Habeis hablado mas que cien cotorras, y
¿A dónde vas de ese modo? á la hora de esta nada hemos sacado en lim-
- ¡Qué sé yo ! le respondi desembarazándo- pio; sois todas unas imbéciles. Esta buena
la del lio que llevaba . muger no necesita vuestros consejos; con lle-
Tomamos la palabra con el camino, y no var el niño á la casa de Espósitos está des-
paramos de andar ni de hablar hasta que lle- pachada .
gamos á una casa de mezquina apariencia, -En verdad que tiene razon , replicaron
metida en uno de los barrios mas populosos las mugeres. Id á los Espósitos , id.
contiguos al Temple. -¡No! ¡no lo abandonaré! esclamó la no-
-¿Vive aqui Mr. Bachelard, en el quinto driza con viveza. ¿Tiene este pobre niño la
piso? preguntó mi compañera á una vieja de culpa de que sus padres sean malvados? Mi
tez negra y cara arrugada , que habitaba á la marido podrá decir lo que quiera , pero yo
estremidad de un portal un antro oscuro, en obraré segun los dictámenes de mi corazon.
el que llenaba las funciones de cancerbero: ¿Es verdad que quieres quedarte conmigo,
-Si, respondió la vieja , aqui ha vivido; pichon mio? ¡Si , si! repetia ella misma abra-
pero hace poco que se ha mudado. zando la criatura cariñosamente y contem-
-¡Dios mio! ¿y han ido á parar muy lejos? plando su inocente sonrisa .
-No sé, porque no lo ha dicho ni ha deja- -Señora , podeis hacer lo que mas os aco-
do señas ningunas . mode , dijeron á la vez todos los inquilinos.
Al oir esta contestacion , dada del modo Lo que os hemos dicho es por vuestro bien.
mas indiferente, la pobre nodriza palideció y con que buenas noches.
pareció acometida de una violenta conmo- Y cada cual se volvió á su habitacion.
cion: se sentó en un escalon , colocó el niño en -Pero no podeis quedaros en la escalera ,
su falda y echó á llorar como una Magdalena . le dijo la portera . Tomad, ahi teneis dos
A sus gritos la rodearon todos los vecinos de sueldos ; con ellos podeis buscar hospedage
la casa preguntándole la causa; pero no pu- para esta noche . ¡ Marchaos , buena muger ,
dieron obtener de ella mas palabras que las si- marchaos!
guientes: Hasta aquel momento me habia reducido à
DE LA SABOYA. 21

ser tranquilo espectador de aquella escena; fué para ellos obra de un instante; en seguida
pero el ejemplo de la portera , el desinteresa- buyeron cada cual en distinta direccion. En
do amor que la desgraciada nodriza mostraba aquel momento desembocaba una pesada dili-
á aquel tierno niño abandonado de sus pa- gencia por la cabeza del puente , y bajaba rá-
dres , unidos à la buena acogida que habia pidamente por la calle en que estaba tendido
ten do de ella en la diligencia , fueron razo - el desgraciado borracho . Asustado del peligro
nes hastante poderosas para electrizarme y que aquel hombre corria , me abalancé á él, y
colocarme á una altura que no me correspon- a pesar de mis pocas fuerzas logré separarlo
dia . Arrebatado de entusiasmo , saqué mi del sitio en que estaba . La diligencia habia
bolsa , cogi tres monedas de á cinco francos, pasado , y ya iba á retirarme cuando mi hom-
y dije echándolas en el delantal de la descon- bre volvió en sí. Pronunció algunas palabras
solada muger. incoherentes , me miró con estrañeza , y me
-Buena señora , tengo una satisfaccion en preguntó quien yo era y qué hacia alli . Yo se
daros este dinero ; he oido decir en mi tierra | lo dije .
que una buena accion no se pierde nunca; -Eres un buen chico ; vamos á echar un
puede que algun dia me la devolvais . Adios , tragg , repuso .
buena noche; voy á ver el Palacio Real y la Fastidiado como estaba de no ver apare-
escalera de cristal. cer el dia , acepté su proposicion , no porque
Dicho esto , me alejé dejando á aquellas me fuese muy grata , sino por matar el tiem-
dos mugeres tan sorprendidas , que ni una ni po . No habíamos andado diez pasos , cuando
otra pudieron decirme una sola palabra. se detuvo repentinamente diciendo :
Ignoro el uso que aquella muger haria de -¿Dónde está mi dinero? tú me lo has ro-
mis quince francos , y si le fueron tan útiles bado , bribon ; dámelo ó te ahogo.
como yo deseaba : lo que no ignoro , lo con- Y sin mas preliminares me echó sus ma-
fieso , es que desde aquella época me he en- nos de hierro al cuello . Mi posicion era críti-
contrado casi siempre mas rico , y sin embar- ca. Mientras se esforzaba por arrebatarme mi
go no he sido mas generoso. La niñez tiene bolsa , cuyo cordon tenia atado á un ojal de
en su conciencia instintos sublimes que la la chaqueta , no perdí el tiempo . Haciendo
fria razon del hombre no sabe apreciar. uso de mi rasca-hollines , le aplipué un buen
Una persona que no haya estado nunca en porrazo en la parte baja del abdómen . Este
París y que á las diez de la noche se propu- golpe , que hubiera podido serle de funestas
siese ir del Temple al Palacio Real sin tomar consecuencias si yo hubiera tenido mas fuer-
guia ni carruage , se espondria á llegar á él zas , fué sin embargo bastante violento para
cuando ya estuviese cerrado ; pues justamen- hacerle perder la respiracion durante cinco
te es lo que me sucedió. La idea de ir al Pa- segundos , tiempo necesario para echar à cor-
lacio Real, que al despedirme no fué mas que rer y tomarle alguna delantera . De tal modo
un pretesto , se fijó tan bien en mi cabeza , meneaba las tabas , que con dificultad me hu-
que esperimenté un gran disgusto en no po- biera podido alcanzar ; pero héteme cuando
der penetrar aquella misma noche en el san- menos esperaba detenido por una patrulla de
tuario del lujo parisiense , epiteto que se le agentes de policía .
daba entonces . -Alto ahi! No se corre sin motivo .
Como hacia un tiempo hermoso y habia -Ya lo creo , señores ; ahi viene quien me
dormido á mi placer en el coche , tomé el persigue . Miradlo .
partido de pasearme hasta que amaneciera . Y en efecto , en aquel momento apareció
Despues de ir y venir muchas veces de los el borracho casi sin aliento , y como yo fué á
malecones á los baluartes y de los baluartes á meterse entre las garras del lobo.
los malecones, comencé á sentirme fastidiado ; -¡Alto! ¿por qué correis tras de este mu-
para distraerme un poco no encontré mejor chacho?
medio que ponerme á contar los faroles del -Pero... porque.... porque me ha robado .
alumbrado , y pasaron de doscientos los que -No parece eso muy probable.
tuve la paciencia de ir revistando . Cuando -¡Oh! no , señor ; él es el que queria qui-
daba el reloj en Saint-Germain -l'Auxerrois, y tarme mi bolsa , y le he dado un fuerte por-
se repetia con distintos ecos de distancia en razo para que me soltara .
distancia y de iglesia en iglesia , lejos de ha- -¡Hola ! ¡ hola! ¿con que tú tienes una bol-
cerme mas llevadero el tiempo , parecia al sa? Esto parece embrollado. Seguidnos á casa
contrario prolongar las horas , y me hacia du del comisario ; alli podreis esplicaros .
dar de la próxima aparicion del dia. La órden era formal ; le seguimos y llega-
Por fin dieron las dos. Pasando por la es- mos á casa del comisario ; pero aquel honrado
quina del Arbol seco , cerca de la fuente de la funcionario no pudo recibirnos por la sencilla
Escuela , cuyo pretil está tocando al Puente razon de que acababa de acostarse. Su secre-
Nuevo , sitios que despues he reconocido mu- tario hizo sus veces y nos principió á interro-
chas veces , ví á cinco ó seis bandidos que gar. Espuestos los hechos , mi buen hombre ,
hacian la ronza á un borracho que salia de que fué reconocido por haber comparecido ya
una taberna. Echarlo al suelo y despojarlo varias veces á otros interrogatorios y que á
4
22 MEMORIAS DE UN NIÑO

pesar de su intemperancia gozaba de una re- que habia escogido para subir . Me colgué del
putacion de hombre de bien en el barrio, fué cuello los zapatos , apañé mi utensilio de des-
despedido con una fuerte amonestacion . bollinar , y me dejé ir con suavidad por un
En cuanto a este gigante , añadió el se- cañon de una chimenea hasta que estuve á
cretario dirigiéndose á mí, que aguarde á que una altura de la que pude saltar al fogon.
se levante el comisario. Como desconozco sus -¡Jesus! ¡Dios mio ! esclamó asustada una
antecedentes , no puedo determinar por mi vieja al verme aparecer derribando una mesa
solo. y rompiendo una porcion de cacharros que
Y me encerró en una habitacion inmedia- habia en ella.
ta al despacho , donde quedé en la oscuridad -No tengais miedo , señora , le contesté ;
mas completa.. el diablo no tiene nada que hacer aqui.
Cuando amaneció principié á correr por Y sin aguardar respuesta bajé los escalo-
mi prision temporaria , para distraer el ham- nes de cuatro en cuatro , llegando al vestibu-
bre que se iba manifestando despiadadamen- lo en el momento en que el conserge estaba
te . ¡Qué gastronómico tesoro encontré en el entretenido en cerrar la puerta cochera.
armario del funcionario público! ¡Qué esce- -¡Ahi va , detenedlo ! gritaron á un tiem-
lente vino! Nunca hasta aquel dia me desayu- po tres personas que bajaban la escalera.
né tan bien. Una pierna de carnero asada , Al oir aquel grito , de un solo salto atrave-
salmon , pastelillos : de todo comí á mi pla- sé el espacio que habia del vestíbulo à la
cer, y ademas me bebi una botella de vino de puerta , y me encontré el aire libre.
Burdeos. Cuando me pareció que podia creerme li-
Ya los báquicos vapores comenzaron á ha- bre de las garras de la policia , saqué de mi
cer su efecto , y emprendi una conversacion bolsa las dos cartas que la superiora de Auxer-
conmigo mismo. re me habia dado , y fuí á buscar á las perso-
-Por San Claudio , mi patron , me decia nas á quienes iban dirigidas . ¡ Ay! cuatro ho-
casi tartamudeando , aunque el comisario no ras de marchas y contramarchas no me dieron
vaya a la taberna , no por eso deja de beber ningun resultado: las personas que indicaban
segun parece caramba , y qué bien se tra - los sobres se habian ido á sus casas de campo
ta ! Mejor oficio tiene que los comerciantes en para no volver hasta fin del verano . Aquel
pieles de conejo . He de llegar á ser comisario contratiempo no me gustó mucho.
ó me he de borrar el nombre de Claudio. Bajando por el arrabal del Roule para ir
Sin embargo , á pesar de estas tonterías, al Palacio Real , divisé á una hermana de la
y aunque los vapores del vino de la Gironda caridad que entraba en el hospicio de Beaujon ,
fermentasen en mi cerebro con gran fuerza , y que me pareció darse un aire á la hermana
una especie de sobresalto se apoderó de mi al Santa Eulalia. Aquel encuentro fortuito me
considerar los platos y las botellas sin el con- hizo pensar en la promesa que le habia hecho
tenido que habia hecho pasar á mi estómago . de aprender á escribir. Recogi un pedazo de
En pie sobre la silla que me habia servido pa- papel impreso que vi en el suelo , y me dije
ra cometer aquel latrocinio , hice mil suposi- fijando los ojos en el :
ciones que todas me condenaban al tribunal —La mayor parte de los niños de mi edad
de mi conciencia. ¿Y qué hacer?-Veamos , sabrían hacer hablar á este papel , y yo soy
Claudio , procura salir de aqui. Solo la liber- un estúpido . ¿ De qué modo , por qué milagro ,
tad puede perdonarte esta falta, Sin embargo, aprendería yo á escribir en diez meses? ¿Qué
suceda lo que quiera , paguemos al señor co- dificultades se oponen á que yo entienda lo que
misario. De este modo podrá decir que soy un dice este papel? Yo no veo en él mas que ne-
goloso pero no un ladron . gro y blanco . ¡ Oh! ¡ Qué desesperacion!
Y sacando dos francos los puse en uno de En aquel instante entraban en clase una
los platos vacíos. Satisfecho de la rectitud de porcion de esternos en un colegio por cuya
mis sentimientos , auguré bien del éxito de puerta pasaba.
mi evasion. -Buen caballerito , & quereis hacerme el
Ademas de la puerta del despacho , habia favor de leerme lo que contiene este papel?
otras tres en la sala . La de la cocina era la dije á uno de ellos mostrándole el que había
única que se abria sin esfuerzo ; la cocina no levantado del suelo .
era sin duda la escalera ; pero como buen -¿Por qué no? hombre ; sino es mas que
limpia-chimeneas , aquel era mi camino. To- eso , voy á a complacerte .
mé , pues , vuelo , y en cinco minutos verifi- Y me recitó un período de Atalia que be
qué mi ascension á los tejados . Las cuatro da- vuelto á leer muchas veces en mi vida .
ban en San Eustaquio . -Estos versos son magnificos , me dijo: ¿y
Y en aquel tejado , que no era muy pen- á tí qué tal te parecen?
diente , me descalce y anduve buscando un -¡Admirahles! mi buen caballerito ¡ admi-
sitio por donde bajar ; pero era inútil , por - rables ! tomad , ahi teneis por vuestro trabajo:
que las ventanas de las boardillas que habia y le di una moneda de veinte sueldos.
estaban todas cerradas. Por fin tomé el par- - Qué! ¿ es para mi esta moneda?
tido de descolgarme por otro camino igual al -Si .
DE LA SABOYA. 23

-¡Hé aqui una cosa singular! En fin , ya Anda á sacudir tus plumas á la calle , y
que me la das , la guardaré ; pero esto noche vuelve á comer , me dijo el dueño del café.
se lo contaré á papá. Adios, la campana suena Una copiosa comida y quince francos fué
-¡La campana suena ! ¿ Cuándo sonará pa- la recompensa de mi trabajo y de las quema-
ra mi? Y casi se me saltaron las lágrimas . duras que me duraron mas de ocho días.
No bien habia entrado aquel estudiante, Amigo lector , perdóname un momento de
cuando ví otro que lo llevaba su madre á viva olvido . Lo que me falta que decirte de aquel
fuerza. Aquel no debia seguramente encon- dia se pierde entre los vapores del néctar de
trar armoniosos los versos de Racine. Iba llo- que me atestaron en el café de Foy . Dos vasi-
rando , se lamentaba , y decia que no queria tos de licor que un malhadado galopin tuvo
volver á la clase , porque le fastidiaba el es- la majadería de darme y yo de beberme , aca-
tudio , y los libros le horrorizaban . Un pre- baron de arrebatarme la razon que me que-
ceptor , que llegó por casualidad , se unió á la daba . Asi , sea que hubiese hecho alguna tra-
madre para hacerlo entrar. Tomó un tono vesura de mala ley , sea que me hubiese dor-
dulce y persuasivo para convencerlo ; pero sumido en la calle , lo cierto es que á la noche
poco éxito le obligó á seguir empleando los me encontre en el mismo despacho de la co-
medios que estaba poniendo en juego la ma- misaría de donde me habia escapado por la
dre cuando este llegó . El muchacho lloraba con mañana . En esta ocasion mis antecedentes
gran desconsuelo , y no pudiendo contener eran conocidos , y el estado de embriaguez en
mis lágrimas , me puse á imitarle. que me hallaba no me favorecia nada . De todo
Despues de pasar un sin número de veces el tiempo que trascurrió desde mi salida del
por el Palacio Real, sin verlo , entré en él por café hasta las ocho de la noche que eran , no
fin. Encantado de hallarme en aquel inmenso he podido traer á mi memoria otros recuerdos
edificio , de que tantas veces habia oido ha- que el de la comisaría , el haberme desperta-
blar , paseaba de una parte á otra , de las ga- do en un coche de alquiler , desposeido de mi
lerías de piedra á las galerías de madera , que bolsa , al lado de un hombre de no muy cató-
distan bastante unas de otras. Este palacio lica catadura . Ya en mi completo conocimien-
de doscientos arcos es , á no dudarlo, de gran- to , ví que el coche entró en un patio de as-
dioso aspecto , no lo niego ; pero me lo habian pecto siniestro y se detuvo á la puerta del lu-
exagerado mucho , y no le encontré tanto mé- gar mas infame que yo habia pisado hasta en-
rito como habia creido. Ni el oro de los agen- tonces: era la prefectura de policia .
tes de cambio , ni la perspectiva de las nume-
rosas fuentes me sorprendieron : ni aun la es- VI.
calera de cristal me llamó demasiado la aten-
cion. Un hombre de luenga barba , ya enca- LA PREFECTURA Y LOS HUÉRFANOS DE PARÍS .
necida , que ostentaba con la dignidad de un
rey su harapiento trage , me admiró mucho Como estos sucesos tenian lugar á media-
mas: aquel hombre era Chodruc- Duclos, quien dos de junio , época de los dias mas largos del
el dia anterior acababa de presentarse por año , me fué fácil , gracias á la claridad de los
primera vez sobre aquellas mismas losas que últimos crepúsculos , formar una idea del lu-
mas tarde han ido gastándose bajo sus pies. gar donde me habian encerrado Aquella pri-
Despues , recorriendo los paseos del jardin sion era una sala de treinta metros de largo y
á la hora en que numerosos desocupados iban de doce á quince de ancho , y por todo mue-
á tomar el fresco , vi formarse un grupo con- blage tenia un tablado en ambos lados , y en
siderable delante del café de Foy. Me acer- toda su estension , semejante al de los cuerpos
qué para averiguar el motivo de aquella reu- de guardia . Cogian en ella trescientos presos .
nion de gentes , y me agarraron al instante Alli estaban encerrados todos los apercibidos
entre cuatro mozos del café , llevándome has- por la justicia , los malhechores y los vaga-
ta el laboratorio del establecimiento . Ya ha- bundos detenidos en los tres dias anteriores.
bian acudido algunos bomberos , atraidos por Palabras asquerosas , resoluciones cínicas, blas-
el humo ó por el clamoreo de las gentes , y se femias , y cuanto puede concebirse de mas
preparaban á hacer uso de su ministerio: se abyecto y abominable se encontraba alli reu-
habia pegado fuego á una chimenea . nido en toda su desnudez . Se hubiera dicho
El lector podrá recordar que no iba á ba- que era una necesidad poseer todos aquellos
cer alli mi primer ensayo , pues en Foigny vicios . El que no los tenia debia aparentarlos,
habia ya mostrado mi sobresaliente ingenio; si queria evitar el ridículo y la lucha á pune-
pero si diré de paso , que asi en París como tazos. El que entre lobos anda á aullar se en-
en Borgoña lueron útiles mis servicios , y que seña: asi me sucedió á mí , aunque fingida-
m: vanidad , mas bien que mi valor , me hizo mente . A poco de haberme encerrado en aque-
cumplir con mi deber . Cuando bajé de mi hu- lla mansion del crimen , nos cubrió la noche
meante elemento , un témpano de hollin en- con su negro manto , y mis compañeros de
cendido atestiguaba en mis manos la fuerza cautiverio , que no eran menos de doscientos
de mis brazos y la hondad de mis útiles des- cincuenta , comenzaron á disputarse un mon-
hollinadores. ton de gergones asquerosos que habia en un
24 MEMORIAS DE UN NIÑO

rincon . Armaron formidable pendencia , y se -Con otro chico como yo ; no que me en-
trabó un combate general . Para libertarme de gaño , era un poco mayor.
los golpes que llovian por todas partes , me -¿Cómo se llamaba ese compañero tuyo?
tumbé sobre un tablado liso y morondo, don- -Se llama Faquot.
de , despues de restablecida la tranquilidad, -Facquot: Está bien . Siéntate abi y res-
me eché á roncar bajo el poderoso influjo de ponde á mis preguntas: cuenta con mentir,
una cancion alusiva entonada en coro. porque entonces escaparias mal.
Al día siguiente , apenas el dia iba deján- Aqui el juez comenzó á formar su espe-
dose ver , un palmoteo continuado resonóen la diente , es decir . se puso á escribir los absur-
sala . Era el preso mas antiguo , honrado con dos , las mentiras que yo le daba por respues
las funciones y titalo de preboste , el que da- ta á sus preguntas , y todo esto con la misma
ba asi la señal de levantarse. Aquel hombre, gravedad que si se hubiera tratado de un crí-
á quien el gobierno pasaba un diario para que men de estado.
mantuviese el buen órden entre los presos hi- -¿Es posible , me decia á mí mismo conte-
zo amontonar los gergones en un rincon , y niendo la risa , que un señoron como este no
lavar el pavimento, concluida la limpieza, es- vea mas claro? Ha hecho bien en calarse las
clamó: gafas! ¡Nunca hubiera yo creido que pudiesen
¡ A las cartas ! ¿ quién quiere cartas ? un escribirse semejantes cosas! En conciencia , no
sueldo por cada juego todo el dia. estoy arrepentido de no haber dicho la ver-
En un momento se formaron veinte grupos dad ; si se la hubiera manifestado , se sabria
en el tablado, y no se oyó mas por todas partes en mi tierra que he estado preso , y eso no
que bastos y espadas , as , oros y copas ; pero me acomodaria mucho . Asi , que escriba ,
me equivoco ; de cuarto en cuarto de hora una pues , cuanto quiera.
voz ronca gritaba desde el postigo: Concluido mi interrogatorio , me conduje-
-¡Eh! preboste , ¡ una china al cántaro! ron de nuevo à la prision.
Despues del almuerzo , que se componia Tres dias habia pasado ya en aquella
de la sesta parte de una libra de pan de mu- cloaca , cuando la autoridad tomó al fin un
nicion , y de un liquido , que llamaban por partido conmigo. Una hermosa mañana me
analogía caldo , varios detenidos fuimos con- hicieron subir en un coche donde se hallaban
ducidos al juzgado de instruccion ó á casa del ya otros cuatro muchachos bajo la custodia
procurador del rey para ser interrogados . Lle- de un enfermero del hospicio de huérfanos.
gado mi turno , comparecí ante uno de esos Aquel hombre nos condujo primero á casa del
señores que ocupan con grave aspecto su bu- médico mayor del establecimiento en que
fete . Ostentaba en un ojal de su levita la cin servia ; alli sufrimos todos la vacuna , y luego
ta roja. Cuando se hubo puesto ceremoniosa- nos llevó á nuestro comun destino; el espresa-
mente sus gafas , me preguntó: do hospicio.
-Dime , ¿dónde has tomado el dinero que El hospicio de huérfanos , que se ha uni-
te se encontró anoche? do despues al Hôtel-Dieu por acuerdo del con-
-No lo he tomado en ninguna parte , se- sejo municipal, tenia su entrada principal por
ñor juez, me ha costado el trabajo de ganarlo . la calle del Faubourg- Saint-Antoine . Una her-
-Mientes ; eso no puede ser. Aun supo- mosa iglesia en forma de cruz latina , vastos
niendo que lo hayas ganado , no hubieras po- jardines é inmensos patios , y sobre todo, una
dido economizarlo ; no tienes las costumbres buena direccion , lo constituian uno de los
ordenadas de los demas deshollinadores.... te mas bellos establecimientos de beneficencia
emborrachas.... ¿Cómo te Hamas? de París . Alli estaban los desgraciados niños
-Claudio. abandonados á la caridad pública , tan bien
-¿Tu apellido? cuidados , higiénicamente hablando , como en
-Mi apellido.... no lo sé, el mejor colegio . Por lo qué hace relacion á la
¡Cómo! ¿tú no sabes tu apellido? educacion , si cualquiera de los muchachos ma-
-No , señor ; no me lo han enseñado . nifestaba buenas disposiciones , se le daban
-¡Cosa estraordinaria! ¿ De qué país eres? estudios hasta el primer grado de la escuela
-Qué sé yo.... sin embargo , me acuerdo primaria ; pero casi todos en general no pasa-
que le decian Patagonilla al pais en que habi- ban del tercero . ¡ Dichoso el niño que podia
taba hace mucho tiempo con mi madrina. conseguir este resultado antes de cumplir
-Veamos , vuelve á decir el nombre de ese trece años! A los trece años se les ponia á
pais. aprender un oficio. Asi es , que se compren-
-Patagonilla. derá , que con el ardiente desco que yo tenia
-¿Cómo?... Pata....... de aprender , era difícil que hubiese ido á pa-
-Patagonilla . rar á mejor lugar. Aunque no conocia una le-
-¿Es de la Saboya ese pais? tra el dia en que fuí á sentarme por primera
-Si señor. vez en los bancos de la clase , á los cuatro
-Pero tú no habrás venido solo á Francia. meses habia hecho ya notables progresos . Sa-
-No , señor. bia leer de corrido , escribir un poco , y la
-¿Con quién has venido? primera regla de la aritmética , cuando aban-
DE LA SABOYA. 25

doné aquel santo asilo. Unos cuantos meses ras me avancé hacia el con el dinero entre el
mas , y mi educacion hubiera sido tan sólida , pulgar y el índice.
tan brillante como la de muchos alcaldes de -Dispensadme , amigo , ¿teneis la bondad
monterilla. de oir una palabra ?
Me encontraba , pues , enteramente di- -Pero... pero... ¿por qué no?
choso en mi condicion: Tenia unos alimentos -Es que me figuraba que os dábais tanta
sanos y arreglados , una buena cama , y tres prisa á salir de aqui como descos tengo yo.
horas de recreo por dia. Añádase á estos ele- -¡Ah! ¡ tú quieres salir de aqui! ¿y crees
mentos de felicidad un paseo extra- muros to- que no es fácil?
dos los jueves , y se concebirá , que si hu- -Escuchad , aqui tengo una moneda de
biese podido creerme dichoso , nada en el veinte francos.... cuenta que no es robada ....
mundo me lo hubiera impedido . Los recuer- soy un deshollinador saboyano que por mi
dos de mi vida errante me hacian intolerable mala estrella me encuentro en este lugar.
aquel largo secuestro . Es seguro que si las¿Quereis dejarme subir en vuestro carreton,
puertas de aquella casa hubieran estado abier- y cubrirme con esos sacos de yeso y con esaз
tas para mi como las del hospicio de Auxerre, cribas? os daré diez francos de estos veinte...
no hubiera pensado nunca en salir de alli; pe- Os los daria todos , pero tengo que comprar
ro estaban cerradas , y yo me creia víctima utensilios para mi oficio con lo que me resta.
de un odioso despotismo. Un grabado, re- ¿Os convenis?
presentando un sitio de los Alpes , y que uno -Pero... pero... ¿y si el portero registra
de mis camaradas me habia cedido por dos el carreton y te encuentra en él?
raciones de pitanza , contribuia mucho á man- -Le direis que ignorábais que estaba den-
tenerme en aquella disposicion de ánimo . tro ; yo lo afirmaria y punto concluido.
¡Qué dulces impresiones me procuró aquella A esta respuesta se concertaron los dos
estampa! ¡Qué suaves perfumes me parecia compañeros.
respirar cuando seguia con la vista el estrecho Veamos esa moneda , dijo el de mas edad.
sendero que serpenteaba en un bosque para Y yo se la dí.
llegar á la aldea que formaba toda la perspec- -Si , dijo , me parece buena . Súbete y te
tival ¡Cuánto me encantaba aquella yunta de ocultaremos .
bueyes desuncidos de la carreta bajo un gru- ----¡Un momento! Me devolvereis diez fran-
po de verdes nogales! cos ; quedamos en eso . Me hacen falta indis-
-¡Oh! yo volveré á ver todo eso , me de- pensablemente para comprar un rascador y
cia llorando ; es menester salir de aqui sea unas rodilleras.
del modo que quiera. -Está convenido . ¡Sube! ¡ despáchate.
Y mi corazon estaba bastante tiempo la- Esto acontecia á las cinco de la tarde , y á
tiendo con fuerza : mi respiracion se oprimia las ocho estaba cenando en compañía de mis
como si el aire que respiraba en el patio en libertadores , en un gabinete en donde pasé la
que hacia estas reflexiones no hubiese sido noche con ellos . Al día siguiente al amanecer
bastante para dilatar mis pulmones. despues de haber cortado las aldetas de mi
No obstante, mientras duró el estío , aque- casaquin , y puéstome un gorro usado á la
llas veleidades de independencia no cambia- cabeza , salí de París aligerado de veinte fran-
ron en nada mi inclinacion al bienestar; pero cos , pero libre como los pájaros que huyen
llegado el otoño , cuando los paseos fueron del cazador . Emprendí mi marcha por fuera
aplazados y teníamos que pasar las horas de de camino.
recreo en la clase , en vez de ir á jugar á los
patios , no me fué posible resistir mas. Una VII.
evasion , he ahi en lo que me puse á pensar
noche y dia. LA MITAD DE LA CUARESMA EN ROMORANTIN.
Una mañana á eso de las ocho cuando sa-
liamos de misa , vi entrar en el primer patio Si hay para la adolescencia un género de
dos jóvenes arrastrando un carreton : iban á vida que pueda caracterizar la existencia ac-
limpiar los tubos de las estufas. Yo aguardé la tiva y agitada , es sin contradiccion el de des-
hora de cenar , que era la caida de la tarde , hollinador rural . ¡ Qué escenas de variadas
para manifestarles mi proyecto. Mientras que costumbres , qué encantadores paisages nos
mis condiscípulos desfilaban dos á dos en el describiria si supiese pintar y observar! ¡ qué
refectorio delante de una de las hermanas pa- detalles tan magníficos resultarian trazados
ra recibir de su mano un pedazo de pan cu- por una pluma hábil. Pero esta tarea es de-
bierto de uvate , me oculté en el fondo del masiado ruda para mis escasas luces. Diga-
patio detrás del carreton de los dos jóvenes. mos , pues , simplemente que pasé cuatro me-
En este entretanto anocheció. Saqué una mo- ses corriendo de villa en villa y de ciudad en
neda de veinte francos de mi relicario , y ciudad ; cuatro meses durante los cuales visi-
aguardé que viniesen aquellos dos jóvenes á té el Morvan , el Nivernais , el Berry y la So-
tomar su carreton. logne. Palacios , casas de particulares , chozas ,
Cuando uno de ellos se metió entre las va- todo lo anduve y en todas partes tuve buena
26 MEMORIAS DE UN NIÑO

acogida , porque por todas partes manifestaba y riéndose en mis narices de mi simpleza .
contento. Y podia ser de otro modo? Liber- -¡Eh! negrillo , me decian , ¿piensas que
tad y juventud , ¿hay en el mundo cosa mas con esas fachas te va a dar la media cuaresma
hermosa? cuarenta sueldos? Si no te lavas antes de pre-
Tal fué el género de mi vida hasta la mi- sentarte á ella vas á asustarla .
tad de la cuaresma de 4824. Eran las diez de Pero yo , cabalgando siempre en mi caba-
la mañana cuando entré en la ciudad de Rollo blanco , no me dignaba responder à sus
morantin en Sologne , patria de la reina necedades . ¡ Hay tanta diferencia de un maris-
Claudia.. cal de Francia á un patan!
Hacia poco que habia entrado en una ta- Sin embargo , cansado de mis desvarios y
berna para desayunarme , despues de haber de aguardar , principié á pensar si aquella
andado una jornada de cuatro horas. En la media cuaresma seria un chasco que habian
misma mesa que yo habia dos paletos que te- querido darme . Ya me reia yo mismo de mi
nian una conversacion tirada sobre asuntos de simpleza , cuando vi pasar una hermosa seño-
agricultura. ra , no à caballo , sino en un elegante cabrio-
-A propósito , dijo uno de ellos , hoy es la lé . Aquella angelical muger concibió desde
mitad de la cuaresma ; ¿irás á aguardarla al que me vió en el puente que yo era objeto de
puente? una burla .
-No , soy demasiado conocido en el pais . -¿Qué aguardas aqui con un aire tan frio
-Precisamente me sucede lo mismo. ¡ Có- como el que hace? me dijo volviendo la vista
mo ha de ser! hácia mí.
-No son de despreciar cuarenta sueldos y -A vos , señora , hace mas de diez horas,
un jamon. le respondi .
Estas palabras me hicieron abrir unos ojos -¿A mi? repuso ella sorprendida.
como tazas. -¡Oh! dispensad , señora , creo haberme
-¡Eh! tú , deshollinador , ¿ irás al puente á engañado ; pero me dijeron esta mañana que
aguardar la mitad de la cuaresma? una señora jóven y hermosa debía pasar por
-Si ; pero qué significa eso de la mitad el puente y que me daria cuarenta sueldos ,
de la cuaresma? un pan y un jamon . Como sois la persona mas
-Es una muger que pasará al medio dia bella que desde esta mañana ha pasado por el
indispensablemente por el puente . Viene à ca- puente , yo...
ballo; ya la reconocerás por los jamones que -Pero yo no voy á caballo , y...
trae colgados de la silla de su caballo. -Perdonad á un pobre limpia -chimeneas;
-Pues bien , al medio dia sin falta estaré pero como el tiempo no está muy bueno , he
en el puente. Salud , caballeros. pensado que habíais podido tomar un coche
-Adios , chico ; ¡ buena suerte ! en vez de un caballo.
Con la mejor buena fé fuí á instalarme en A esta manera de dorar mi equivocacion la
el puente. Las doce acababan de dar , y la mi- señora soltó una carcajada y repuso :
tad de la cuaresma no pareciendo , me dí á -Si , como acabas de decirlo , hijo mio , te
continuar una serie de castillos en el aire que has engañado . Yo no soy la media cuaresma ;
nunca dejaban tranquila mi imaginacion . Des- no obstante , si quieres venir hasta mi casa,
pues de haber obtenido en mi mente todas las pues no llevo aqui nada de lo que te han pro-
graduaciones de que es susceptible la gerar- metido , te aseguro que no habrás perdido el
quia militar , y no creyéndome digno de llevar tiempo . Debes tener buenas piernas, siguenos
una corona ." me detuve en la alta dignidad de hasta la plaza.
mariscal de Francia . Rodeado de un brillante -Si , señora , respondi lleno de júbilo.
estado mayor , puesto á la cabeza de un ejér- El cochero arreó los caballos y yo me puse
cito valeroso , y montando un escelente caba- delante de ellos dando saltos.
llo blanco , me parecia que estaba haciendo Debo hacer notar aqui que desde mi salida
mi entrada triunfal en el pueblo de mi natu- del hospicio , es decir , en el espacio de cua-
raleza. ¡Qué aire marcial el mio , qué mages- tro meses , habia ahorrado cincuenta y ocho
tuosa presencia cuando me parecia estar vien- francos , que unidos á los cuarenta que con-
do á mis compañeros de infancia que me mi- servaba de antes , formaban un total de no-
raban atónitos! ¡ Entonces derramaba oro á venta y ocho. Entonces ya sabia contar. Yo
puñados y llenaba los bolsillos de todos los veia que solo me faltaban dos para completar
que conocia! ¡ Sobre una colina que domina mi la centena . Aquella suma, fruto de mil que-
pueblo hacia construir una iglesia sin igual en maduras y de abundantes sudores , era para
todos aquellos contornos, una verdadera basi- mí un soberbio resultado de mis afanes . Fácil-
lica! ¡ Hacia feliz al mundo entero , y el mun- mente podrá concebirse la ansiedad que tenia
do entero me llamaba caballero mariscal de ver en mis manos los dos francos de la me-
Claudio! dia cuaresma.
Y mientras mis pensamientos se entrega- El cabriolé se detuvo delante de la mejor
bau asi á estas ilusiones de niño , no dejaba casa de la plaza . Deseando cautivar el corazon
de pasar gente dirigiéndome chanzas groseras de la señora , me quité la chaqueta y la puse
46
DE LA SABOYA. 27

sobre la rueda por cuyo lado debia bajar. diar mis acostumbradas correrías , las priva-
Aquella atencion no pasó desapercibida , y me ciones , los sufrimientos inherentes á mi oficio
valió una graciosa sonrisa . Era cuanto deseaba de deshollinador? ¿Puede concebirse relativa-
en aquel momento. mente una posicion mejor que la que ocupaba
Diez minutos hacia que estaba de pie con- en aquella venturosa casa? Alli no me faltaba
tra la pared de la casa , tomando el calor de nada , ni aun tiempo para estudiar. Francés,
los rayos del sol que la bañaban de frente, griego , latin , geografía , física , matemáticas,
cuando me mandaron que entrase al salon . En todo lo hubiera podido aprender si hubiese
él hallé toda la familia de mi protectora ro- querido ; pero sometido siempre al imperio de
deando á una vieja cuentera que la entretenia los recuerdos de mi vida aventurera , no tenia
con sus chistes. La estancia estaba adornada aficion sino á la historia y á la geografía , por-
con gusto y sencillez . Cuando entré, todos los que el conocimiento de estas dos ciencias pare-
individuos de aquella familia dichosa y respe- cia dar actividad á mi sangre y alimento à mis
table me acogieron con la sonrisa en los la- fantásticas ilusiones. Por tanto , mi profesor
bios . El padre y la madre , el yerno , esposo M. B.... , el yerno , uno de los mas eminentes
de mi protectora , una hermana suya muy jó- abogados del colegio de Blois , decia que tenia
Iven y su hermano , mostraron por mi un gran memoria y facilidad , y que llegaria un tiempo
interés . Yo estaba en pie y silencioso aguar- en que el deshǝllinador seria un sabio ... ¡ Ay!
dando que me hablaran. La madre de la jóven señor B... érais un gran orador , pero fuísteis
señora me dirigió la primera la palabra. muy mal profeta.
-¿Cómo es , hijo mio , que no pareciendo Asi como se apodera de uno algunas veces
nada tonto , te has dejado coger en ese grose- un temblor convulsivo al recordar un peligro
ro lazo de la media cuaresma? eminente de que acaba de escapar , peligro
-Es... señora ... que no podia suponer que que despues de pasado da mas aprension que
me engañasen.... porque yo no engaño á nadie. cuando se estaba viendo, asi en el momento
-Esa sencillez te honra , amigo mio ; mas en que trazo estas líneas siento una especie
no obstante , desconfia en otra ocasion . Hay de vértigo producido por un efecto contrario
en este mundo gentes que se complacen en al pensar en la dicha que dejé escapar en
hacer mal á los que como tú piensan bien . aquella ocasion . Sensible por naturaleza, siem-
-Ignoro , señora , si con el tiempo podré pre quise que me amaran, que me estimaran ;
cambiar ; pero lo que sé es que Dios lo hace pero, ¡ cosa rara! nunca hice méritos para ello .
todo para bien . No hay duda en que si ha Si no he llegado á ser feliz , á mí solo debo
permitido que yo me viese hoy engañado , ha culparme . Tanto en la casa de Romorantin
sido para proporcionarme la satisfaccion de co- como en otras diez ocasiones distintas , nada
Doceros . me hubiera sido mas fácil, pero no he puesto
¡Ola! con que ya conoces la adulacion , nada de mi parte . Se sabe que la fortuna tie-
¡eh! repuso interrumpiéndome M. B.. el yer- ne cierta semejanza á las mugeres : ella no
no. Vamos , puesto que dice el proverbio que perdona el desprecio hecho á sus favores.
todo adulador vive á espensas del que le escu- Asi es, que la primera vez que herí el amor
cha , toma los cuarenta sueldos que aguarda- propio de esta caprichosa deidad, fué el dia
bas de la media cuaresma . ¿Sabes leer? en que formé el proyecto de separarme de
-Si , señor , sé leer y escribir ; tambien sé M. B ... y de su bénévola familia .
esa fábula que dice que todo adulador vive á He dicho antes que la historia y la geo-
espensas del que le escucha ; pero yo no soy grafía eran mis estudios favoritos . La historia
tan sagaz como la zorra , ni creo que seais tan romana sobre todo, me interesaba por sus in-
simple como el cuervo. cesantes campañas, por sus grandes glorias y
Esta frase algo insidiosa en sí, pero que no por sus grandes reveses . El anciano Bruto,
dejaba de ser lógica , escitó una risa general . tan patriota, tan romano y de una virtud tan
Me hicieron mil preguntas á la vez , me obli- probada , inflamaba mi imaginacion hasta el
garon á contar mis aventuras , á escribir y á punto de absorberla toda en Roma. Roma, con
leer , y en seguida me mandaron á la cocina á su Tiber , su capitolio, sus gmonias y su roca
dar tormento á mis mandíbulas. En una pala- tarpeniana no me dejaba descansar . Me propu-
bra , ocho dias despues de esta entrevista me se visitar aquellas célebres antigüedades , y
hallaba instalado en aquella casa en calidad de anduve buscando largo tiempo un pretesto
no sé qué. Alli estaba como un duque; comia, para abandonar á mis buenos amos, mas sin
bebia y vestia una elegante librea , y ademas poder hallarlo; cada dia era deudor de nuevas
guardaba en mi relicario un tesoro de cien pruebas de deferencia , y mientras mas pen-
francos en oro. ¡Oh! ¡qué venturoso porvenir saba en separarme de ellos, mas cariño me
se presentaba á mi vista! mostraban : mi corazon estaba resentido de
Para el que ha conocido la adversidad y mi propia ingratitud .
sus mil peripecias , y está dotado de un poco Estábamos en tiempo de vendimias , y ha-
de imaginacion , una dicha demasiado prolon- cia quince dias que habitábamos una casa de
gada cansa y fastidia mas que la miseria . ¿Por campo que se hallaba situada muy cerca del
qué aquella dulce existencia me hacia envi- rio Cher, en una posicion deliciosa.
28 MEMORIAS DE UN NIÑO

Un dia que estaba sentado á la puerta de -¡Oro! todos los que sirven en buenas ca-
la casa leyendo á La Fontaine, se me acercó sas lo tienen lo mismo.
un deshollinador de mi edad á pedirme una -¡Qué sirven!... ¿luego estás de criado?
limosna: -Si.
-¡Eh! caballerito, me dijo, haced el favor -¿Con que todas esas cosas sirven para
de darme alguna cosa. significar que uno no es amo?
-¡Ah! ¿de qué pais eres? pregunté. -Lo que acabas de decir. Si, todo esto sir-
-Soy saboyano, señor; está muy lejos mi ve para distinguir al criado del amo.
tierra.... muy lejos. -Pues bien, eso no será para mi.

-Ya sé que eres saboyano ; ¿pero de qué Y dejándome con la palabra on la boca sa
pueblo? La Saboya tiene mas de uno . Tam- marchó mi compatriota, dándome de paso las
bien soy yo saboyano. buenas tardes.
-Verdaderamente.... verdaderamente..... -No le gusta esto, me dije mirando mis
repetia sorprendido , ¿tú ... vos sois de la Sa- galones; ¡difícil es de contentar el muchacho!..
boya? ¿Y cómo es que estais aqui con ese be- ¡ Bah! en verdad que tampoco á mí me gusta
llo equipage? mucho mas que á él... Por vida mia que en-
-Responde primero á mi pregunta. vidio su suerte. ¿ De qué me sirve este bello
-¡Pues bien! ¿qué? ¿qué? trage?... Vamos, valor, ya llegará un dia en
-¿De qué pueblo eres? que recobre mis alas. Mientras tanto, sigamos
-Soy de Santa Fé . ¿Y vos? con nuestra fábula.
-Yo de San Sigismundo. Hace cinco meses . De la leccion de aquel dia solo me faltaban
que era un pobre deshollinador como tú; pero que aprender diez versos, y el último termi-
ahora, ¡mira! naba asi:
Y le mostré mis grandes botones dorados «Y dicho esto , el lobo huyó y corre aun. >>
con iniciales, mis rizadas chorreras y mis ga- -¡Huyó y corre aun! precisamente lo que
lones, etc. acaba de hacer mi paisanillo . ¡Oh! no , no se
-¡Oh! ¡si! todo eso es muy hermoso . Ga- dirá que el lobo es mas valeroso que yo . Esta
narás mucho dinero, ¡ eh! estás hecho un as- noche me marcbo .
cua de oro. Resuelto Lá poner en práctica esta idea ,
DE LA SABOYA. 29

aguardé la noche con impaciencia . No teniendo , hombre de bien. A las tres de la mañana, ho-
que hacer otra cosa , escribí la carta siguiente, ra en que tenia costumbre de acostarse, mi
que puse sobre la mesa de noche de M. B:... corta epístola debió sorprenderle mucho . A
aquella hora me hallaba yo tendido en un
*Señor: monton de heno, á cuatro leguas de alli y
pensando en mi buen amo . Por fin , vencido
« Aunque mi existencia llegara á contar por la fatiga, pude quedarme dormido al salir
cien años , vuestro recuerdo y el de toda el sol , cuando los pajarillos llenaban los aires
vuestra familia seria eterno en mi . No puedo de melodiosos gorgeos.
deciros por qué os dejo, pues yo mismo lo ig-
noro. Dispensadme, amo mio; pero , como el VIII.
pájaro que Mr. Gustavo cogió con liga , y que
ha muerto en la jaula sin faltarle la comida, TREINTA Y SEIS HORAS ÉN ROMA .
asi moriria yo si continuara en vuestra casa.
Todos los caminos van á Roma. No tenia aun doce años y medio cuando
"Os doy un millon de gracias por la bon- formé la resolucion de ir á Roma á evocar sus
dad con que me habeis tratado. portentosos recuerdos . Salir del centro de la
Francia á pie, viviendo bajo el solo amparo
«Claudio Genoux.>> de Dios, es uno de esos designios que los ni-
ños se hallan siempre dispuestos á ejecutar,
Tal fué, escepto la ortografia, el contenido pero que raramente ponen por obra . Pues
de la segunda carta que habia escrito hasta aprovechando mis estudios geográficos, me
entonces. En cuanto a la primera, apenas ha- dirigí á Lyon por La Charité y Moulins. Hácia
cia quince dias que me hallaba en Romoran- los primeros dias de noviembre llegué á Sa-
tin, cuando la puse en el correo con este so- boya y me dispuse á pasar los Alpes.
bre: A la hermana Santa Eulalia, en el hos- Sin embargo, durante el largo espacio que
pital de Auxerre (Yonne) . separa á Romorantin de mi patria , perdi algo
Como habia concebido la idea de ir á Roma de mi loco entusiasmo por el nombre romano.
cuando aun estábamos en la ciudad , al salir Mi propia miseria y la de veinte desgraciados
para la casa de campo tuve buen cuidado de con quienes las circunstancias me pusieron
recoger mi ropa de deshollinar y los útiles de en contacto, me quitaron una parte de aque-
mi oficio. Yo ocupaba una habitacion bastante la efervescencia que habia reinado tanto
separada de la de los señores, y me fué fácil tiempo en mi cerebro. En los instantes en
hacer mis preparativos de marcha sin que na- que mojado, fatigado y muerto de hambre,
die lo notara. Espiando el momento en que los perdia esperanzas de encontrar un rincon don-
criados estaban en la cocina, salté por una de albergarme de noche, Scipion no acudia á
ventana y eché á correr por medio de las reanimarme. Entonces en vez de forjarme mi
praderas. Advertiré de paso que solo me llevé fantasía vastos palacios de mármol de Carrara ,
del fruto de mis trabajos en aquella casa una ¡ ay ! no se presentaba á mi vista sino una mi-
camisa de hilo, ocho francos y mi relicario col- serable choza y un pedazo de pan negro para
gado al cuello. cenar; y allá en lontananza un resto de ima-
La luna estaba resplandeciente: era la ho- ginacion me mostraba el campanario de la
ra en que los troncos de los árboles asemejan iglesia de mi pueblo y los corpulentos noga-
hombres. Lleno mi corazon de emociones, les que le rodeaban . Acabemos en dos pala-
tomé un pequeño sendero á cuya estremidad bras : cuando el sol brillaba, mi viage á Roma
estaba la carretera de Bourges , cuando en no sufria alteracion ; cuando llovia pensaba
uno de los recodos de la senda, en el momento en ir á San Sigismundo . Pues bien , á pesar
en que llegaba á la union de esta con el ca- de las mil y una privaciones que sufrí en el
mino, me encontré frente à frente de M. B.... camino, á pesar de las miserias del prójimo
-¡Eh! caballero, dadme una limosna por puestas en contacto con las mias, conservé
Dios, le dije fingiendo la voz cuanto me fué sin tocarlos mis cien francos; y aunque, segun
posible. mi costumbre, no dejara de crearme brillan-
-¿Eres tambien tú de San Sigismundo? tes y fantásticas fortunas, mi tesoro me pare-
me preguntó dándome dos sueldos. cia siempre preferible . Como se ve , los cuatro
-No, no, señor; pero no soy de lejos de alli. años que habia estado en Francia no me ha-
-¡Qué pais ese! ¡ qué emigracion ! se dijo bian hecho perder nada de mi carácter sabo-
á si mismo con una voz tan débil que apenas yano.
pude oirle . Arrastrado por una vida tan triste, llegué
-Buenas noches, buen caballero , buen ... en medio del dia hasta Montmeillan , célebre
Me fué imposible acabar la frase; tenia ciudad por el sitio que sostuvo en tiempo de
tan oprimido el corazon , que me hubiera Luis XIV, y á seis leguas del pueblo de mi
muerto si no hubiera dado rienda suelta á naturaleza . La perspectiva de una montaña
mis lágrimas. bien conocida , el recuerdo de mis parientes ,
Asi terminó mi última entrevista con aquel me convidaban á tomar el camino de la iz
5
30 MEMORIAS DE UN NIÑO

quierda en vez de continuar el de Italia; pero la Romania? ¿Qué papel haria yo entre ellos?
estaba indeciso , perplejo: hubiera querido po- ¿ No seria cómico ver un limpia- chimeneas en
der decir á mis amigos y á mis parientes al esa plévada de leones viajeros?
llegar: He visto a Roma v á Paris El 25 de diciembre de 4825 presencié , en
Despues de diez minutos de reflexion , un dia hermosísimo , la salida del sol en los
juzgué à propósito dejar á la casualidad el campos de Roma. La temperatura , que debia
cuidado de guiarme . Una diligencia que pasa- ser de cero en la escala centigrada , no permi-
ba en aquel momento, y cuyo estribo trasero tió que se desarrollaran los miasmas pestilen-
era bastante cómodo para poder ir en él una ciales de los pantanos . Solo en el camino , á
legua sin gran trabajo, pusò fin á mis irreso- las siete de la mañana , y con un viento algo
luciones: sigue, sigue , mayoral, para Roma ó regular , no encontré en Italia que el viento
para San Sigismundo . fuese caliente y perfumado como habia oido
Aquella diligencia era la de Chambery a decir. Sin embargo , dominado por mis sueños
Saint-Jean-de - Maurienne. Me hallaba en el fantasticos , no hice caso de la óptica ni de los
camino de Turin. efectos de la luz , que los pintores y los poe-
Lector, las precedentes páginas están de- tas dicen haber en los alrededores de la ciudad
masiado llenas de fatuidades, y no pienso abu- | eterna . Yo he visto alli amanecer como en to-
sar mas de tu paciencia. ¿A qué , pues , entre- das partes , y oscurecer lo mismo. Asi, pues,
tenerte con una porcion de fútiles incidentes , sirviéndome siempre de guia las sombras de
de aventuras insignificantes que me ocurrie los primeros romanos , llegué á las orillas del
ron durante mi estraña peregrinacion? Algu- Tiber aquella noche dos horas antes de comen-
nas palabras creo serán suficientes para darte zar el año de 1825 .
una idea sumaria de ellas. El 31 de diciembre , á las diez de la noche ,
En una aldea llamada Aiguebelle , pais en la capital del mundo cristiano , tranquila y si-
que , entre paréntesis , ejerci mi profesion por lenciosa por lo comun , presentaba un aspec-
última vez , me quedaban dos francos ade.nas to de grande animacion . Ciudad poco indus-
de mi custodiado tesoro , al cual creia no te- triosa y de escaso comercio , Roma es una
ner que tocar en mi vida . Atravesé , pues, verdadera Tebaida . Cuando mas tres ó cuatro
ayudado por la caridad pública , aquel valle veces al año se suele oir la campana de ora-
árido y miserable de la Maurienne , cuyos ha- ciones sin que sus habitantes estén todos re-
bitantes , tan hospitalarios como los del pais cogidos en sus casas. Los sacerdotes , que
mas favorecido por la naturaleza , tenian , sin componen la mitad de su vecindario , no han
embargo , una falta muy grave á mi modo de podido aun hacer olvidar á la otra media cier-
ver: la de limpiar ellos mismos sus chimeneas . tas costumbres que datan de la época del pa-
Llegado a las inmediaciones de Lans-le- ganismo . Roma , asi como todos los paises de
Bourg, sobre la vertiente Norte del monte Ce- celebridad , gusta mucho de sus recuerdos , y
nis , cuyo camino se hallaba ya cubierto de conserva religiosamente sus tradiciones , te-
un pie de nieve , me hice amigo de un arriero niendo en gran veneracion los sepulcros de
que llevaba tres carros . Aquel hombre , al que los hombres eminentes que dió al universo .
tuve la dicha de prestar algunos servicios en Iba diciendo , pues , que Roma estaba des-
la cima del monte y á la bajada , me ofreció pierta cuando llegué á ella . Las tiendas esta-
darme un franco diario si queria ir de mozo ban abiertas , y numerosos grupos de jóve-
con él hasta Turin ó hasta Milan , adonde de- nes ocupaban las calles inmediatas al Tiber .
bia ir á parar . En Milan , en la misma casa de Aguardaban la media noche entonando algu-
trasportes en que hicimos alto , me buscó un nas canciones con las mandolinas bajo las ca-
ejercicio análogo al en que me habia ocupado pas. Por fin dió el reloj . La basílica de San
desde que lo encontré . Me guardé muy bien Pedro dió la señal , Santa Maria la Mayor le
de rehusarlo . Dos carreteros de Sienne me contestó , y mientras las demas iglesias la re-
condujeron á esta ciudad , desde la cual no petian , mil conciertos , que parecian uno so-
tuve que andar mucho para entrar en Roma.lo , resonaban por todas partes ; era el adios
En ninguna parte se enreda una conversacion al año que terminaba , un saludo al que prin-
con mas facilidad que en un camino. Alli , mu- cipiaba. Estuve estasiado algunos minutos .
cho mejor que en los bancos de un colegio , Aquellos armoniosos sonidos me hacian olvi-
puede aprenderse bien un idioma . Asi es , que dar que no tenia donde ir á domir y que no
á fuerza de oir y de chapurrar aquella her- sabia donde ir á almorzar al dia siguiente .
mosa lengua toscana , cuando llegué à Roma A las dos de la mañana , las calles y el Fo-
hablaba medianamente el italiano . ro estaban desiertos . Los relojes de cincuenta
Hasta aqui ha podido ver el lector que no he iglesias interrumpian por intervalos el silencio
abusado de su bondad entreteniéndome en des- de la ciudad papal. Recostado en una de las
cripciones , sea que mi relato no lo exige, sea quinientas columnas de la galería circular que
que conozca mi incapacided en este género. rodea la plaza del Vaticano , la mas hermosa
No volveré á describir mas . ¿No se han ocu- del mundo , ; cuántos pensamientos me asalta-
pado ya muchos escritores célebres en pin- ron á la vez ! ¡ Oh ! ¡ qué sueños fantasmagó-
arnos los sitios , las ciudades y las bellezas de ricos ó mejor dicho ridiculos se pusieron á
DE LA SABOYA. 31

combatir en mi pobre cerebro! Ya estaba en , lejos de tener aquella alegre y atolondrada fi-
la famosa ciudad que tanto habia deseado ver. sonomía que en semejante dia ostentan las
-¿Quién me enseñará esta ciudad dónde ciudades del norte de Francia , Roma estaba ,
no conozco á nadie? me pregunté á mí mismo . por decirlo asi , silenciosa y triste. Hasta las
¡Puede que á estas horas haya hollado ya las nueve de la mañana , hora en que el sol co-
cenizas de Camilo ! ¿ Quién me enseñará las menzaba á calentar un poco , no se desperta-
criptas que habitaron los primeros mártires ron los habitantes de su letargo. Con mas ga-
de nuestra fé? ¿Quién me enseñará..... ¡ Bah! nas de almorzar que de hacer observaciones
¡bah! basta de disparatar ; boy amanecera pa- fisiológicas ó arqueológicas , me encaminé de-
ra mí como para Su Santidad; ya veremos . trás de unos cuantos mendigos á la puerta de
Y hablando asi , me dormi en una vieja varios monasterios. Al primer aldabonazo sa-
garita que habia en un ángulo de la galería de lian dos padres capuchinos , y mientras el uno
la derecha y que no estaba ocupada por su distribuia un urbano y una sopa de pasta á
funcionario. Al principiar á asomar el alba, cada uno , el otro recitaba oraciones llamando
me desperté al ruido de un sable que arrastra- sobre nosotros las bendiciones del cielo . Mas
ba en el pavimento . El que lo ceñia vino a tarde , despues de haberme bien paseado ,
tropezar con mis pies que los tenia fuera de compré un reloj de plomo , una coleccion de
la garita. sonetos , y me fui à poetizar á un banco de
¡ Sciocco ! ¡ ramingo ! esclamó volvién- piedra que habia á la puerta de la casa para
dose. donde estaba citado .
-¡Caramba ! No es culpa mia que la garita Las cinco acababan de dar ; un dragon
no sea mas grande . Me habeis hecho mucho que me examinaba hacia un rato , se acercó á
daño , respondi en francés , sentándome al mi diciendome:
mismo tiempo . -¿Qué haces aquí?
-¡Ah! ¡ ah ! ¡ un francesito ! ¿ Qué haces -Nada , esperar.
aquí? ¿Por qué te has acostado en la plaza? -En ese caso , á tí es á quien busco; sí-
me dijo en el mismo idioma , pero con un gueme.
acento muy marcado de italiano . Cuando llegué á la antecámara de un her-
-¿Qué habia de hacer , señor? dormir. moso cuarto principal , al que subimos por
¡Dormias! Y por qué no has pasado la una escalera tan ancha que nunca habia visto
noche en tu casa ? ¿ Tienes parientes ? son otra igual , un ayuda de cámara , vestido con
franceses? una librea galonada me introdujo en el come-
-No , señor , no tengo parientes en Roma , dor. Dos señoras y cuatro gefes estaban co-
ni dinero ; llegué ayer tarde solo , enteramen- miendo , y vacilé en entrar . Uno de aquellos
te solo. señores , el mismo que habia visto por la ma-
-¡Es estraño ! ¿ Qué has venido á hacer ñana , me mandó pasar adelante .
aquí? -Ahi tienes un compatriota , dijo al que
-Yo mismo lo ignoro , señor : lo que puedo tenia á su lado , cuyo uniforme diferia mucho
deciros es que he leido muchas veces la his- del suyo , un súbdito de S. M. sarda . Pregún-
toria romana , y esto me ha inducido à venir tale por qué ha venido á Roma .
aqui. -¿Por qué has venido á Roma? me pregun
-En verdad que si eso es asi eres un niño to , arrugando las cejas , el que estaba encar-
interesante.... Yo .... no.... tengo mucha pri- gado de cuestionarme .
sa. Ven , sigueme. —La razon es muy sencilla ; porque no me
Diez minutos despues de esta conversa- hallaba bien donde estaba .
cion , que se prolongó en el camino , llegamos -Esa no es la respuésta que me diste esta
delante de una magnifica casa , de un verda- mañana , repuso mi protector con tono severo .
dero palacio situado no lejos de la puerta Pia. -Perdonad , caballero ; no crei que mis
-Mira bien esta casa , me dijo , es la que palabras pudieran ser ofensivas . Esta mañana
yo habito. Aguardame aqui á las cinco de la os dije que habia querido ver á Roma porque
tarde , ¿lo oyes? no faltaré . Toma , añadió habia leido muchas veces su historia . Os dije
dándome un escudo , para que te entreten- la verdad , y tampoco he mentido al responder
gas mientras tanto . Anda á almorzar . á este caballero .
Y volviéndose por el mismo camino , tomó -Puesto que tan bien has leido su histo-
la direccion del Corso ria , ¿podrás decirme cuál fué el último de
Aunque hasta entonces no habia desespe- sus emperadores? de Roma se entiende.
rado nunca de la Providencia , estaba muy le- -Augústulo , respondi.
jos de aguardar aquel agasajo. Deseoso de sa- -¿Qué quiere decir la palabra olimpiadas?
ber quien era aquel hombre que llevaba la -Un espacio de cuatro años con escasa di-
cinta de la legion de honor en su frac de pai- ferencia.
sano , y espuelas á lo militar , me fui por la —¿De qué época se las hace datar?
ciudad impaciente por que llegara la tarde. -¡Ah! caballero , no sabré daros razon
Hacia un magnifico dia , que inauguraba con exacta ; pero creo que datan de seis á siete
su hermosura el año de 4825. Sin embargo, años antes de Jesucristo.
32 MEMORIAS DE UN NIÑO

-¡Está bien ! ...... ¿Y ademas de la historia embarazado , pero con un fuerte aplomo mo-
romana , qué otra cosa sabes? ral, levanté la voz y dije al fin:
-Un poco de latin y de geografia . -Caballero, habeis hablado muy poco para
-¡La geografia! bien pudieras decir que que yo pueda creeros . Acepto presuroso vues-
sabes de esta ciencia tanto como de latin , me tra proposicion . Mas adelante sabremos quien
parece. de los dos ha sido mas generoso y quién mas
--Dispensad , caballero , creo saber algo agradecido.
mas. Me incliné, y seguí al ayuda de cámara.
-¡Oh! ¡ oh ! tened la bondad de darme ese En todos tiempos, tanto en Roma como en
libro de poesias francesas del cardenal , dijo Paris , los ayudas de cámara han procurado
una de las señoras al anfitrion . darse el tono de sus amos . Llegado a la coci-
—¿Para qué , señora? ese pobre cardenal no na ví sentarse á la mesa una porcion de cria-
está ya bastante.... dos con la mayor ceremonia . Atenciones , cum-
-¿Qué importa una crítica mas o menos?.. plidos, conversaciones , palabras lisonjeras,
Pequeño , continuó la misma , haciéndome se- ademas de la gracia y el buen gusto , eran la
ña de que me acercara , lee aqui ; si encuen- fiel imitacion de las costumbres corteses de la
tras un error de geografía en estas cuatro li- nobleza romana . En cuanto á mí, relegado
neas , te prometo entrar á mi servicio. en un rincon , cerca del fregadero, no debí el
-Si , hay error , respondi cuando hube honor de comer en su mesa, sino á las vivas
leido los versos , este califa no podia pasearse instancias del que habia sido testigo de la ova
en los puentes del Eufrates estando en Bag- cion que se me habia dispensado en el come-
dad. Aqui hay confusion . Solo el Tigris , que dor de sus amos .
no es un rio, pasa por Bagdad . Estos dos -Este niño que veis aqui tan tímido , dijo
puntos están separados por el pacalato de este á sus compañeros , no lo era tanto delante
nombre y cincuenta millas por lo menos de de los señores . Antes que ninguno de nosotros
distancia. pueda vivir de sus rentas, llevará en el hom-
-¡Bravo ! ¡ bravo ! ¡ bravísimo ! repitieron bro las charreteras de oficial de marina . El
todos unánimemente. hábito no hace al monge .
-Esa definicion es lógica, dijo el caballero; Este argumento pareció perentorio . Colo-
mereces beber un trago de lacryma- christi. | cado entre la doncellà de la señora y el orde-
Y me echó un dedito de aquel vino. nanza del caballero, supe por aquel militar
-Si encuentro hoy al cardenal le diré que cuanto deseaba relativamente á mi nuevo amo.
debe darte una propina, replicó otro. El caballero Morelli, el mismo que habia
-Está bien; quedo satisfecha de ti, dijo la encontrado por la mañana, aunque piamontés
señora quitándome de las manos el volumen y condecorado por Napoleon , era mayor de
que estaba manchando con ellas . ¿Cómo te los dragones de Su Santidad. Debia esta ele-
Пlamas? vada posicion á la poderosa familia de la mu-
-Claudio. ger que habia elegido en Roma. Su hermano
-Claudio , soy muger de palabra; te que- mayor, mi futuro comandante, no habia aban-
das á mi servicio . Dentro de ocho dias vesti- donado nunca el servicio de S. M. sarda . En
ras una elegante librea. la época de que hablo, mandaba como capitan
-¡Una librea! perdonad, señora ; pero ya de marina , el brick de guerra il Principe di
he probado á llevar ese trage y no me sienta Carignano . Habia salido de Génova para ope-
bien. Mas prefiero el que llevo a cualquier rar algunas mudanzas de agentes consulares
otro. Un uniforme me estaria mejor, añadi en levante, y se habia detenido en Ostia con
riendo. el objeto de ir á ver á su hermano . Habia lle-
-Ese amor propio no me disgusta, dijo el gado el dia anterior y debia salir al siguiente.
hombre que se habia encargado desde luego Estas reseñas que obtuve con bastantes co-
de dirigirme la palabra. Pues bien; yo me en- mentarios por parte de mi narrador , á quien
cargo de hacerte llevar el uniforme de mari- el vino habia dado no poca elasticidad en la
po de tu pais del rey Carlos Félix. En ti esta- lengua, concluyeron felizmente con la llegada
rá luego el llegar á ser gefe de timoneros . de dos judíos cargados de mas efectos que los
Todo plebeyo inteligente puede obtener esa que he vuelto á llevar en toda mi vida . Esco-
graduacion . ¿Quieres venir conmigo á Cons- gi lo que mejor me pareció, y me condujeron
tantinopla? Mañana salgo para allá, El brick á una sala donde debia pasar la noche .
que está bajo mis órdenes, me aguarda en la -Duerme bien, me dijo el comandante, á
rada de Ostia . quien me encontré en la escalera . Esta noche
Sorprendido por tan brillantes, ofrecimien- te será mas fácil que mañana.
tos, que lisonjeaban mi carácter aventurero , Y tenia razon , pues antes de las veinte y
y que ademas me fijaban un objeto determi- cuatro horas il Principe di Carignano , surca-
nado, no supe que responder. La conversacion ba cabeceando á través de las aguas del Tiber.
se emprendió en aquel momento en italiano
tan vivo y tan cerrado, que no pude compren-
der mas sino que se ocupaban de mi. Confuso ,
DE LA SABOYA. 333

dad , construida á la estremidad de una pe-


IX . ninsula , tiene un magnífico golpe de vista
cuando la baña el sol y á la distancia de una
PRIMERA ESPEDICION MARÍTIMA . legua desde el mar; pero como las demas ciu-
dades de Oriente , está muy lejos de ofrecer
Hácia la patria de Virgilio, ansiosa los mismos atractivos en su interior. Los mi-
Vuela con blanda brisa mi barquilla , naretes vistos de cerca no causan la misma
A respirar el cáliz de la rosa;
Corre, corre feliz navecilla. ilusion .
Obligado á costear para evitar los escollos
Si , corre feliz navecilla, corre si la tem- que hay á la entrada del puerto de Alejandría ,
pestad te lo permite; corre á oir la voz del el brick enderezó la proa hacia el promontorio
poeta, de aquel hechicero que desde su ga- de la isla de Pharos. Como el viento nos em-
binete domina los elementos. ¡Oh! si el poeta pujaba hacia el golfo de Siria , fué menester
que compuso estos versos se hubiese encon- continuar costeando. Durante esta maniobra,
trado á bordo de la nave que me conducia á tiramos diez cañonazos para que nos manda-
Oriente, de otro modo hubiera sido inspirado; sen un práctico. A eso del anochecer nos atra-
hubiera sabido que el golfo de Sorrento es en có . Velado el sol por tres líneas horizontales
algunas ocasiones azotado por céfiros acerbos, de nubes vaporosas que parecian ostentar los
y que el suelo de Italia no siempre está sem- mil colores del aura boreal , desaparecia es-
brado de rosas. pléndidamente por entre las olas del Mediter-
Sufrimos una tempestad que duró ocho ráneo , en el momento en que anclábamos en
dias . Solo se apaciguó cuando arribamos al es- el puerto.
trecho de Messina . Bordear, ponerse á la ca- He conservado escasos recuerdos de aque-
pa, acercarse y retirarse de las costas, tal fué lla tierra de los Faraones . Estaba sumamente
la redaccion del diario maritimo durante los ocupado con los banquetes que los cónsules
primeros dias de navegacion. Llegados al es- daban á nuestros oficiales y que estos les de-
trecho, entre la costa de Reggio y la Sicilia , volvian á bordo . He aqui á lo menos , con la
comenzamos á sentir la dulce temperatura del diversidad de tipos y lo pintoresco de las ves-
Oriente. No tardamos en perder de vista aque- tiduras , aquello que mas conservo en la me-
llas verdes colinas; el Etna se cubrió de nu- moria . Una mañana , despues de un copioso
bes , y al dia siguiente, favorecidos por una desayuno que un negociante inglés dió á la
brisa de N. N. E. , vimos al Oeste, perdida en mayor parte de los representantes europeos,
el horizonte la isla de Malta, casi impercepti- y al cual asistieron nuestros oficiales , pre-
ble y del tamaño de un grano de ébano. gunté à un jardinero inglés si queria permi-
He aqui en dos palabras mi género de vida tirme dar un paseo en su jardin .
á bordo del buque . -Yo quisiera ver , le dije , si las flores de
Me levantaba á las cinco de la mañana con este pais se parecen á las de Italia ó Francia.
la parte del equipage que por la noche habia -Anda , hijo mio , me respondió , anda á
tenido el primer cuarto. El zafarrancho se respirar la balsámica fragancia de las flores;
efectuaba à son de tambor . Levantadas y ple- pero cuenta con tocar los frutos. Te lo pro-
gadas las hamacas sobre los filaretes , me en- hibo absolutamente . No hagas lo que nuestra
tregaba con otros grumetes á diversas faenas madre Eva . Ya sabes que Dios castigó en ella
domésticas. Fregados los cubos y cepillados la golosina .
los uniformes , no me que laba que hacer mas Obtenido el permiso salté , pues , en el
que servir al comandante á la mesa y ocupar- jardin sin cuidarme de penetrar el sentido de
me de mis estudios . Asi es que aquella apli- aquellas palabras , como tampoco habia pen-
.cacion , instigada por mi amo , no dejó de dar sado en comprender las del Génesis . Despues
buenos resultados . Desde las primeras leccio- de haberme paseado un rato por sus espacio-
nes aprendí á conocer las latitudes y las pa- sos acirates , cuyas flores no me llamaron gran
ralelas , tomando por punto de partida la línea cosa la atencion , me dirigí hácia unos grana-
equinoccial y el observatorio de París. Por lo dos y naranjos que se divisaban llenos de fru-
demas , siempre à la vista los mapas marinos, to ; pero no estaba maduro y no me agradó
los cronómetros , los octantes , los sextantes y mas que las flores
Jos astrolabios , me fué mucho mas fácil ins- -¡Vaya al infierno el Egipto! dije; ¡ maldi-
truirme á bordo que en la mejor escuela pre- to pais! ¡No hay en él ni una pera , ni una
paratoria . A los siete meses de asidua aplica- manzana á que poder meter el diente !
cion sabia perfectamente la aritmética, poseia Esta imprecacion lanzada contra la tierra
las primeras nociones de astronomía y de fique pisaba me fué de mal agüero . En aquel
sica , y terminada aquella espedicion , cuando momento la silfide del jardin , silfide traviesa
desembarcamos en Génova estaba en las pri- que sin duda podia sostenerse en la corola de
meras nociones de geometría. una flor , saliendo de entre las frondosas hejas
A los catorce ó quince dias de haber leva- de una cerca de arbustos , enseñó á mis ávi-
do anclas del puerto de Ostia apercibimos los das miradas dos manzanas que al parecer aca-
brillantes minaretes de Alejandría . Esta ciu - baban de crecer y madurar como por encan-
34 MEMORIAS DE UN NIÑO

to ; dos bayas semejantes á melocotones cu- detuve nada , aunque iba entretenido con un
biertos aun de pelusa y dignos del jardin de anteojo de larga vista en contemplar los ver-
las Hespérides. Apoderarme de ellas , meterme des valles de aquellos desiertos campos ó las
la una en el bolsillo y echar el diente á la embarcaciones en alta mar, llegué tan pronto
otra , fué obra de un segundo. como ellos á nuestro destino.
-¡Sangre de diablo ! esclamé despues de A algunos pasos de un pequeño golfo que
haber tragado dos o tres bocados y arrojado forma la península de Alejandría , y no distan-
el resto; ¡ con mil demonios qué amargo está tes tampoco de la tierra firme, subimos con
esto! ¡ ira de Dios ! ¡ mas hubiera preferido tra- alguna dificultad á la cima de una colina , á
garme dos yerros caudentes! cuya falda opuesta se descubrian una porcion
Corrí á la cisterna, y mientras me enjuaga- de ruinas descritas ya por muchos arqueólo-
ba la boca , un negro de Etiopía vino á decir- gos . Dos monólitos de forma semejante al del
me en lengua franca: obelisco de Louqsor, y casi enterrados en la
-Pilotino, andute; il signor capitano vi arena , tales eran las agujas de Cleopatra , ob-
chiama. jeto de nuestra curiosidad .
En un patio cuadrado, patio rigoroso en -He aqui, me dijo el inglés, nuestro ofi-
Oriente, tanto como lo es en Paris un salon cioso cicerone, unas agujas que pesan mas
de recepcion en una casa , encontré á todos que la fruta que tienes en el bolsillo.
aquellos señores medianamente calientes por -¡Ah! ¿con que me habeis visto?
los vapores de las numerosas botellas de vino -Si , si; y puesto que eres tan goloso , te
de Chipre que habian vaciado. Estaban discu- aconsejo que estudies botánica, me contestó
tiendo acerca de las probabilidades de un ar- montando de nuevo en su asno .
mistició entre los insurrectos de Grecia y la -La estudiaré, caballero; pero tened la
Sublime Puerta. bondad de decirme el nombre de esta fruta.
En aquel momento comencé à sentir los -En francés se llama coloquinto, en tér-
ataques de un cólico violento . El inglés fijó mino vulgar. Los hombres cientificos , como tú
sus penetrantes miradas en mi, y una sonrisa por ejemplo, lo designan con el de fructus
de inteligencia pasó entre él y el comandante . colocynthis.
-Señor sabio, vais à seguirnos; tenemos -Gracias, caballero, aprovecharé la lec-
que ir á ver las agujas de Cleopatra , me dijo cion .
mi comandante. Estad pronto . Van á llegar A los pocos dias desplegamos velas para
nuestros caballos árabes . Beyrouth.
Y añadió afectando una gran seriedad , Esta ciudad , asi como Alejandría , tiene
desmentida por la contraccion de sus labios. mejor golpe de vista á lo lejos que de cerca .
-Si es que no estais indispuesto... Sus espaciosos terrados, sus blancas paredes ,
—¿Pero á qué viene esa reflexion , mi co- donde refracta el sol de un modo capaz de
mandante? ¿estoy yo nunca indispuesto? deslumbrar á cualquiera, forman con el de-
Sin embargo, el cólico redoblaba sus do- sierto que las rodea y el monte Libano, una
lores. perspectiva estraña , un panorama de singular
-Sin duda me han visto comer ese ende- aspecto . La isla de Chipre, Candia , Smirna y
moniado fruto, me dije; hagamos, pues, de la brillante vegetación de sus cercanías no
tripas corazon ; que no puedan decir que he ofrecen un aspecto tan imponente. ¡ Dichosos
caído en falta. aquellos tiempos en que surcando el mar Egeo
La calor es muy soportable en Alejandría leia una traduccion de Homero y me dormia
en el mes de enero; asi es que nuestra corta lleno de emociones en la cofa del mastelero
carabana no esperimentó el sofocante ardor de mayor ! ¡ Qué indecible felicidad esperimenta-
ese sol de que hablan tantos viageros... Aque- ba cuando despues de tres horas de estudios
llos señores se habian concertado para esta me entregaba a los ejercicios gimnasticos, y
espedicion en el mes de julio anterior... La luego á los de natacion ! No podia llamarse
calor era tolerable, y nos pusimos en camino dichoso el que á los trece años recorria la
á las dos de la tarde . Nuestra espedicion se historia viva de la Grecia , veia á Mitilena ,
componia de treinta y seis individuos, dividi- patria de Safo , á Ipsara, Samos y Tenedos? ¿No
dos en tres categorías bien distintas . Doce era esta una suerte que muchas personas bien
turcos seguian dando palos á igual número de acomodadas acaso envidiarian ? Asi es que ,
asnos , que no eran mayores que perros masti- preparado ya el cuerpo y la inteligencia , pasé
nes. Aquellas veloces cabalgaduras egipcias , el estrecho de los Dardanelos y sus dos lineas
semejantes en un todo á las de Montmorency, de fortificaciones. El 5 de marzo por la noche
iban montadas por doce europeos , cuya mayor anclamos en la rada de Stambul , tocando con
parte apoyaban los pies en el suelo á medida el Serrallo .
que los burros andaban. Tan grotesca comedia Constantinopla , la antigua Bizancio , es ,
á caballo en asnos hizo reir mucho á aquellos sino la ciudad mas hermosa del mundo , al
señores. Yo tambien hubiera tomado parte en menos la mas imponente á primera vista.
su holgorio si el maldito cólico no me hubiese Desde el sitio en que habíamos fondeado, y
ido mortificando. No obstante , como no me subido en la punta de un mástil, se presentó
DE LA SABOYA. 33

á mis ojos el cuadro mas magnífico que el me dijo que no tenia la llave. ¿ Qué partido
hombre pueda imaginar . La ciudad y el puer- tomar? Ir hasta la gran puerta de entrada que
to , Scutari y la costa de Asia , Pera, el Bós- se hallaba en el camino de Andrinópolis era
foro y Galata, todo lo abarqué con una mirada. un paseo muy largo y tampoco pensamos en
La pluma no podria hacer su descripcion , el ello . Examiné de una mirada el sitio donde
mas diestro pincel no imitaria tantas beldades me hallaba , y esclamé lleno de gozo :
reunidas. Aquellos diversos aspectos tienen -¡Oh ventura ! para todo hay medios en
prismas verdaderamente mágicos: el Oriente este mundo; he aqui una higuera que me va
está representado alli con sus mil encantos . á servir de apoyo para saltar esta barrera .
Mi género de vida en Constantinopla fué Y sacando del bolsillo un pedazo de piola ,
mucho menos monótono que el que habia lle- até por las patas la cotorra , la colgué del asa
vado en Alejandría. Sin embargo, los banque- de mi cestita, que suspendí en la primera ra-
tes dados á bordo y en la ciudad eran lo mis- ma del árbol , me monté en el caballete de la
mo: en cuanto á este particular nada cambió . cerca y me dejé caer en la heredad . La gra-
A no ser por los incidentes y aventuras que á ciosa turca me aguardaba con una gran jaula
cada paso nos sucedian, me hubiera creido en la mano.
todavía á las orillas del Nilo. A propósito de -¿Sabeis, francesito, que mi padre se dis-
aventuras, he aqui una que voy á describir gustaria si te viera aqui? me dijo en buen
como las demas sin comentarios y con toda italiano encerrando al mismo tiempo la co-
sa verdadera sencillez . Mi editor debe tener, torra.
como todos sus colegas, unas tigeras bien afi- -¿Se incomodaria porque os he devuelto
ladas. Puede , pues, hacer justicia si le pa- la cotorra? ¿No era justo que os la entregase?
rece . -¡Oh! cálmate , hasta la noche no viene,
Una tarde sali de una casa de campo de un con sus dos criados .
secretario de embajada , y me dirigi solo hacia -Pues que, ¿ estais aqui sola?
el puerto á hacer un encargo de mi coman- -¡Oh! no; me he quedado á asistir á mi
dante. El tiempo estaba magnífico; yo iba he- pobre nodriza que está muy mala; pero me
cho un pimpollo: en aquel dichoso dia habia parece que ahora está algo mejor, pues si no
estrenado una preciosa chaqueta de paño azul me engaño, se ha dormido .
con ricos botones dorados, un pantalon blan- -Dejemosla que descanse . ¿ Gustais de
co, una finísima camisa, unas botas, una cor- unos dátiles , de algun higo?... le brindé.
bata de seda y un sombrerillo de ordenanza . -Gracias, me respondió ella.
El conjunto de mi fisonomía en aquella edad Y me miró con una sonrisa tan dulce, tan
no tenia nada de defectuoso. Una cabellera espresiva, que no pude menos de esclamar:
rubia, sedosa , que por coquetería me habia -¡Dios mio ! ¡qué hermosa sois, jóven! ¡ qué
dejado crecer, cubría formando anillos, el cue- encantadora!
llo azul de mi camisa; y en verdad que la —¿Asi lo crees? ¿Qué edad tienes, france-
blancura de mi cutis no hubiera hecho sospe- site?
char á nadie que seis meses antes me parecia -Trece años, candida virgen ; ¿y tú?
á un hijo del Congo . Añadamos á esto que lle- -La misma que tú voy á cumplir.
vaba al brazo una cestita artísticamente tra- -¡Ah! somos de una misma edad , pero no
bajada , llena de higos, de uvas y de dátiles, nos parecemos.
Aquella cestita se la habian regalado á mi ¡Cómo ! ¿por qué?
amo, y la llevaba á bordo para entregarla al -Porque tu eres bonita, y yo...
cocinero mayor . No lejos, pues, de la casa de -¡Tú quieres hacerme decir que no eres
donde habia salido , seguia marchando por un feo, ¿eh? replicó ella con maligna sonrisa .
camino estrecho, cuyas orillas eran una cerca —No, yo sé que no soy tan bello como tú
de tapias, dominadas de trecho en trecho por hermosa.
kioscos ó pabellones cubiertos con el espeso -Vamos, que no eres mal chico; me gus-
ramage de frondosos árboles, cuando al pasar tan mucho tus rubios cabellos. ¿Qué suaves
por delante de uno de estos pabellones of el son !
penetrante grito de una joven , y al mismo Y pasó sus blancos y delicados dedos por
tiempo vi caer á mis pies una cotorra, Tenia los bucles que formaba mi pelo . Un ligero
las alas despuntadas y con facilidad pude co- calofrio senti en todo el cuerpo ; por la pri-
gerla. mera vez de mi vida se apoderó de mí una
-¡Mio uccello ! ¡ mio uccello ! dijo la jóven especie de vértigo delicioso al verme cerca de
llorando . Levanté la vista y me encontré con una cándida virgen.
el rostro encantador de una gentil doncella , -Los tuyos son mucho mas hermosos, bal-
la mas hermosa que hasta entonces habia vis- buceé yo pausadamente ;, son negros y bri-
to, que estaba asomada á una ventanilla que llantes.
daba al camino. Darle la cotorra no era posi- Y mis manos tocaron voluptuosamente las
ble, porque la ventanilla estaba muy alta y un sedosas trenzas de su cabellera , sujetas con
postigo de entrada que habia para el kiosco un alfiler de oro, cuya cabeza era una gruesa
se hallaba cerrado por dentro . Aquella deidad perla.
36 MEMORIAS DE UN NIÑO

Sentados uno al lado del otro en un banco | barazosa y deleitable á la vez . Por último, no
de césped, á la sombra de dos corpulentos si- pudiendo seguir de aquel modo, rompi el si-
comoros, nos entregamos á hablar de asuntos lencio esclamando:
insignificantes, pero encantadores, de cosas -¡Mia cara! ¡ carissima cara! cristiana ó
infantiles que valian para nosotros tanto como musulmana, eres encantadora como un ángel .
la cuestion mas seria para personas de otra Atraido hacia ella por un poder magnéti-

Autoll

¿Sabeis, francesito, que mi padre se disgustaria si te viera aqui?-Pág. 33.

edad , En seguida habló ella de su madre, que | co irresistible, la abracé con delirio y nos se-
dijo haber fallecido hacia tiempo; de su pa- paramos llorando.
dre, oficial napolitano, al servicio del sultan , -¿Volverás? De aqui á dos años te espero
y de algunos recuerdos mezclados de espe- para casarnos , me dijo la inocente niña.
ranzas. Durante esta conversacion llena de -Si, le respondi montado ya en el caba-
atractivos, sentí por la primera vez de mi vi - llete de la tapia, y disponiéndome á saltar al
da hervir la sangre en mis venas; aunque no camino; volveré, te lo juro, cuando sea oficial
podia esplicarme la naturaleza de aquellas de marina; entonces seré digno de ti . ¡Adios !
sensaciones, oprimia con mis manos convulsi- -¡Adios! me contestó sollozando.
vas las manos trémulas que la graciosa turca Yo me alejé anegado en lágrimas y vol-
me abandonaba . Mis miradas se fijaban alter - viendo la cabeza á cada instante. Es inútil
nativamente ya en sus lindos ojos, ya en su decir que no he vuelto á ver aquella encanta-
hermosa garganta, cubierta con un velo de dora criatura, de la que ignoro hasta el nom-
gasa, como queriendo penetrar un misterio. bre.
Cinco minutos estuvimos enmudecidos: solo Ocho dias hacia que aguardábamos un
nuestros ojos hablaban . Esta posicion era em- viento favorable para pasar los Dardanelos. La
DE LA SABOYA. 37

brisa del Este, tanto tiempo deseada , apareció , nuestras ventajas , y nos pusimos á tiro de ca-
al fin, y sali de Constantinopla para no vol - ñon del enemigo , que nos lanzó un proyectil
verla á ver. A escepcion de una desgracia con una culebrina ; pero nos causó poca averia
acaecida á un marinero que cayó al mar y que y continuamos avanzando . Aqui deberé recor-
no pudo salvarse , ningun incidente digno de dar lo temibles que los corsarios africanos
mencion turbó nuestro viage hasta la Cerde- eran en el Mediterráneo antes de 1830 , y las
ña . La neutralidad de nuestro pabellon fué inmensas pérdidas que esperimentaban con
respetada en el Archipiélago , tanto por los este motivo los estados maritimos de Europa .
defensores de la Cruz , como por los del Isla- Asi es , que Argel , Tunez y Trípoli , Tánger y
mismo . Salé no hubieran bastado para apagar la sed
No permitiéndonos nuestra procedencia de venganza que devoraba á nuestros marine-
entrar libremente en el puerto de Cagliari, ros. Ardian en deseos de venir á las manos
estuvimos solos dos horas en su rada , tiempo con sus adversarios .
que tardó un despacho que el gobernador de ¡Al abordage ! ¡ Al abordage ! esclamaban
aquella ciudad enviaba al soberano, y que re- con acento de frenética alegria
cibimos por medio de una pica , a cuya estre- -Silencio ! repuso el comandante . Al que
midad lo colocó el director de la intendencia alce la voz ó abandone su puesto le mando fu-
sanitaria . silar al momento . ¡ Atencion ! ¡ fuego á estri-
Al dia siguiente al doblar el cabo de Spar- bor!
tivento, nos encontramos á tres tiros de una Al espirar aquella voz , el brick se estre-
polacra; su marcha , su arboladura y su di- meció , y una espantosa detonacion nos dejó
reccion problemática nos hicieron sospechar zumbando los oidos. El corsario correspondió,
que fuese algun buque de piratas . Al momen - y nos quedamos unos y otros sepultados en-
to se echaron los anteojos, y nos convencimos tre una nube de humo .
de la verdad de nuestras sospechas. Era una -¡Listo à virar para bordo , caza mayor ,
embarcacion de piratas africanos, la mas te- trinquete y velacho!
mible que se conocia entonces . Se nombraba El brick se lanza rápido como una saeta
el Mourzouk, y la mandaba un intrépido cor- sobre nuestro adversario , una suave brisa da
sario llamado Ali -Abd- Allah. vigor á su movimiento , cortamos al enemigo
-Timonel , ¡ deja arribar un cuarto ! gritó y nos colocamos delante de su proa .
el comandante. -¡Fuego á babor!
A los diez minutos de haber dado esta ór- A esta descarga tuvimos por respuesta una
den nos hallábamos a barlovento del buque docena de hombres fuera de combate , y dos
corsario. Esta maniobra lo puso en alarma y bordages destruidos. Desde aquel momento , y
procuró esquivaruos; pero no le dimos tiem- durante una hora larga , continuó un fuego
po . Su puente se cubrió de gente, y apareció bien nutrido por una y otra parte . Nuestros
flotando el pabellon rojo con la cimitarra blan- artilleros rivalizaban en destreza con los del
ca en el palo de mesana. enemigo , cuyas filas se clareaban rápida-
El comandante de pie en la popa, tomó la mente. Aquel era un desafio á muerte . La ca-
bocina y gritó con una voz que el instrumento sualidad de haber tropezado aquellos piratas
hacia mas formidable : con un buque de guerra que sin duda no bus-
-¡Zafarrancho de combate! caban , debia hacerles pagar caros los actos de
Y aquella órden trasmitida por un aspi- bárbara crueldad que habían cometido con las
rante , y repetida con gran entusiasmo por la tripulaciones de los buques mercantes . Media
tripulacion, resonó desde el entrepuente hasta hora mas de dia, y su perdicion era inevitable .
la cofa . Entretanto el sol iba ocultándose lenta-
Dos minutos de agitacion reinaron , la cal- mente detrás de las elevadas montañas de la
ma y el silencio se siguieron despues . Cada Cerdeña . No nos quedaba mas que una hora
cual estaba en su puesto . De aquel desórden de dia , y por un esfuerzo de esos que en los
momentáneo , de aquella calma aparente, de grandes peligros suelen hacer los hombres, te
todos aquellos preparativos, nada me sobre- miamos que el corsario se nos escapase aun .
cogió tanto como la enfermería que improvi- Era menester terminar pronto
saron los practicantes y el cirujano mayor . Nuestro comandante mandó al timonel que
Los estuches abiertos, las sierras de amputar, | dejara correr el buque al abordage , y dió la
los montones de hilas me impresionaron mas órden de cargar al enemigo. Aquella voz tan-
que el ruido de las armas, y la vista de las to tiempo deseada , produjo en nuestra tripu-
hachas y sables de abordage. lacion una alegría feroz ; un grito general de
Entretanto , la maniobra que acabábamos aprobacion hirió los aires. Las cadenas , los
de ejecutar tuvo el resultado mas favorable . cloques , las vergas, los porta- obenques se cu-
De los treinta y dos artes del compás , po- brieron de hombres.
seiamos veinte cinco. Esta posicion era ven- -¡A ellos! ¡ al abordage ! esclámaban nues-
tajosísima para luchar con un enemigo que tros marineros .
contaba con un elemento de fuerza superior á ¡Oh qué momento aquel en que nuestro
la nuestra ; asi es que nos aprovechamos de brick , dócil al timon , y pegándose por una
38 MEMORIAS DE UN NIÑO

hábil maniobra á un flanco de la embarcacion -¡A la enfermería ! repetí , ¡ Dios mio ! y


enemiga , proporcionó un combate tan impo- cai desvanecido.
nente cuerpo á cuerpo! Cuatro dias despues de esta gloriosa ha-
¿Puede caber mayor satisfaccion al hom - zaña , il principe di Carignano entraba mu-
bre de valor que ver su enemigo frente a fren- tilado , pero orgulloso , en el puerto de la so-
te? Asi es , que desde que los dos buques se berbia Genova.
tocaron , tuvo lugar un fuego mortifero de
fusileria . Gracias à la disciplina europea , po- X.
diamos concebir la esperanza de una segura
victoria , teniendo que luchar con un enemigo VUELTA Á LA PATRIA .
poderoso en fuerzas y que no omitia medio de
valerse de su superioridad ; pero sus esfuer- Despues de pasar tres semanas de cuaren-
zos todos se estrellaban contra las bayonetas tena , ya en la rada , ya en el lazareto de Gé-
de nuestros valientes . Viéndose diezmados , nova , durante cuyo tiempo se curó mi, heri-
sin gloria , sin venganza , treinta de los da , partimos mi comandante y yo hacia Tu-
mas intrépidos salteadores marinos tomaron rin á aguardar alli la primavera. ¡ Qué tran-
una resolucion heróica ; de comun acuerdo se quilidad, qué dicha esperimentaba cuando iba-
lanzaron sobre una de sus vergas , se abalan- mos atravesando las ricas llanuras del Piamon-
zaron á nuestros obenques y se dejaron caerte! ¡Cuántas reflexiones hice sobre el destino
sobre el puente de nuestro brick con la cimi - y la instabilidad de las cosas humanas ! ¡ Qué
tarra en la mano y un puñal en la boca . La bellas esperanzas abrigaba mi corazon !
mitad de ellos murieron al fuego de fusilería ; -Mi cabeza no está hecha de distinta for-
pero los restantes se parapetaron en el casti- ma que las de los grandes hombres ; dentro
flo de nuestra proa , y alli hicieron pagar ca- de veinte años se dirá en San Segismundɔ:
ras sus vidas ; las cimitarras cortaban el aire Claudio honra á su patria.
con tanta rapidez , que lograron desordenar Asi iba diciendo entre mi , y ya me con-
á nuestros tiradores ; pero un peloton de ma - sideraba capitan de un buque .
rineros genoveses armados de hachas les pre- Aunque de edad de cuarenta años , mi co-
sentaron combate cuerpo á cuerpo ; desde mandante tenia la dicha de conservar aun
luego la lucha fué mucho mas sangrienta , pesus padres. Nacidos de noble cuna , buenos y
ro la victoria quedó fuera de duda : la Cruz afectuosos , aquellos respetables ancianos ha-
debia esterminar aquella gavilla de hombres bian atravesado los dias aciagos de la revolu-
bárbaros y crueles. cion sin perder nada de sus costumbres , de
La noche se acercaba con su negro manto . sus virtudes , ni de sus preocupaciones.
Ya el crepúsculo iba desapareciendo , y el pa- En aquella casa patriarcal fuí , por decir-
bellon morisco no habia caido aun en nues- lo asi , tan dichoso como el mismo comandan-
tras manos ; veinte hombres , los últimos que te . Mas ricos , pero tan buenos como la fami-
quedaban en la embarcacion enemiga , se sos - lia que habia estado sirviendo en Romorantin ,
tenian contra nuestros esfuerzos ; se defen- mis nuevos señores me dispensaron iguales de-
dian valerosamente , y disputaban el terreno ferencias . Cada dia , asi en tierra como á bor-
palmo á palmo , linea à linea , prefiriendo la do , mi comandante encontraba en su noble
muerte á entregarse ni uno solo. corazon bastante sencillez , en su alma bas-
-¡Perros cristianos ! nos decian escupién- tante abnegacion para constituirse en precep-
donos á la cara en su último trance : ¡ que Alátor de su criado. El cumplimiento de mis obli-
os confunda y morian como lo que eran , co- gaciones y algun paseo en que solia acompa-
mo verdaderos foragidos. ñarle en el cabriolé , era lo único que exigia
Aquella victoria nos costó veinte y sie- de mí . Asi es que , á escepcion de las horas
te hombres muertos y treinta y cinco heri- de comer , á las que rigorosamente tenia que
dos , de ciento que componían la tripulacion . asistir , podia disponer libremente del tiempo .
¿Cuántos quedaban útiles? Treinta y ocho . Siento mucho no poder entrar en descrip-
Durante la accion seguí á mi preceptor de ciones en este lugar. Fiel á mi programa , di-
artillería en todos sus movimientos , y le ré solo que Turin es una poblacion preciosa,
acompañé al abordage . Herido de bala en la de magnifica construccion y la mas barata que
pierna derecha cuando entré en el Mourzouk, he encontrado . La beldad de los sitios que la
caí entre dos obuses sobre los cuerpos ensan- rodean , sus palacios , y los rios que pasan
grentados de diez cadáveres de africanos. Conjunto á ella , ofrecen mil delicias á los viaje-
inteligencia cabal , pero sufriendo intensos do- ros . En verdad que es incomprensible la anti-
lores , tuve que aguardar filosóficamente el fin | patía de los franceses hacia el pueblo piamon-
del combate. Cinco minutos antes de la in- tés , pueblo que me parece a la vez bueno ,
mersion de la polacra enemiga , que hacia marcial y generoso.
agua por todos lados , fui trasbordado á nues- Una noche de Carnaval me mandó llamar
tro brick. mi comandante .
-Los heridos á la enfermería , gritaba uno -Bruto , mañana tendrás libre todo el dia ,
de los cirujanos . me dijo.
DE LA SABOYA . 39

Llegado á la habitacion que le servia de ladrones que solo esperarán una señal suya .
taller y de gabinete , se recogió un instante. Casos como este se han visto mas de una
Es de notar que mi noble amo tenia una gran- vez.
de aficion al oficio de tornero . Esta distrac- -Si eso se ha visto en algunas partes , no
cion , los cálculos integrales , y algunos amor- ha sido nunca en mi casa , y no sucederá esta
cillos , eran sus mas caros pasatiempos. noche , aunque tuviera que subir á los tejados
-Escucha , vas á llevar esta carta á la con- para buscar á ese galopin ,
desa de F..... Si el conde está alli no la en- -¡Bien! dije yo , no se ha acordado de la
tregues. Sé inteligente. ¿Comprendes? chimenea . Veamos si me encuentra en ella.
-Si , comandante . Dicho y hecho ; subi á mis primitivas re-
Cinco minutos despues de haber recibido giones , y ya estaba inmóvil para que no me
esta órden , me hallaba llamando á la puerta sintieran , cuando señor y criados se precipi-
de un magnífico palacio . taron en la habitacion.
-¿El señor conde de F...... está en casa? -¡Ya lo tenemos ! ¡ Ya lo tenemos ! Está en
pregunté al suizo la chimenea. He aqui la huella que ha dejado
-No , ha salido en la ceniza . Ha estado tendido en la cama .
-¡Qué desgracia ! Pero la señora podría ¡ Ved !
darme contestacion , repuse yo enseñando la -Es verdad , repitieron á un tiempo diez
carta ¿Está? personas . En la chimenea está. Vamos á dar-
-Si , sube. le humazo como á los zorros . ¡ Paja ! ¡ traed
Apenas me hallaba en el entresuelo , cuan- paja !
do oi un coche que se detenia à la puerta . -¡Ah! ¡ ah ! ladronzuelo , dijo el suizo,
-¡La puerta! esclamó el cochero . ahora vas á bablar al señor conde , ahora
Y el ruido de pasos que oi en la escalera veremos la carta que tenias que entregarle .
me advirtió que el conde me seguía por la es- Quiero hablar al señor conde , repetia fin
calera. No queriendo encontrarme con él , me giendo mi voz . ¡ Aguarda ! ¡ aguarda la paja
subi al piso segundo . mojada te hará bajar . —Estas últimas palabras
-¿Dónde está el mensagero de que me ha me hicieron estremecer. Casi no habia tenido
hablado el suizo? preguntó el conde à su la- tiempo de mascar y tragarme la carta del co-
cayo. mandante , cuando me vi, sofocado por una
-Lo ignoro , señor. humareda negra y espesa ; ya no pude resis-
-Ved si ha bajado . tir mas y me dejé caer ; cuando tomé algun
Entonces persuadido de que la galante mi aliento , grité con toda la fuerza de mis pul-
siva tenia que sufrir detencion , y sintiendo la mones:
necesidad de evitar toda cuestion , continué -¡Caramba! he perdido la apuesta , he
subiendo escaleras hasta llegar á las bohardi- perdido la apuesta ,
llas . Estaba muy oscuro , y como Dios me dió Los criados se apoderaron de mí y me sa-
á entender fuí a parar á tientas á una habita - caron á la sala con grandes risas al verme tan
cion que se abrió apenas toqué su puerta . tiznado . Aquella hilaridad que parecia no con-
En aquel cuarto , el cual registré de una cluir nunca , se terminó con la llegada de la con-
mirada , habia una chimenea con fuego encen- desa y de su doncella de cámara . Estas señoras
dido pero muy lento , y una bella cama , que iban seguidas del ama de gobierno, del palafre-
no vacilé en tenderme en ella . No habian tras- nero y de una docena de marmitones. Rodeado
currido muchos minutos desde que mi cabeza de tanta gente yo me conservé sereno , y dán-
descansaba en la almohada , cuando oi ruido dome valor mi inocencia y mis buenas intencio-
en la escalera. Confuso al principio por estar nes me levanté con arrogancia , colocándome
lejano , el ruido se fué haciendo mayor. en la actitud de Hércules Farnesio.
-Dispensad , señor , estaba en la escalera -¡Ay , Dios mio! se ha acostado en mi ca-
cuando habeis entrado . He cerrado la puerta ma , esclamó la camarista.
en vuestra presencia , y pondria la mano en Este grito de sorpresa no pasó desaperci-
el fuego , apostaria veinte doblones á que no bido para mí
ha salido... y... -Si , si , se ha acostado en tu cama , ten-
-Pues bien , si no ha salido , ya le encon- drás el trabajo de volverla á hacer , dijo el
traremos. ¡ Qué diablos ! por el aire no puede conde .
haberse ido. Y dirigiéndose á mí :
-No , lo que es eso no ; pero puede haber -Vamos , vamos , desecha ese aire de ma-
encontrado una puerta abierta y haberse en- tamoros , que no te conviene. Veamos , ¿quién
trado en cualquier cuarto. Alli aguardará que eres?
sea media noche , y entonces , señor , enton- -Señor conde , yo me llamo Claudio y soy
ces... el ayuda de cámara del señor comandante Mo-
-Entonces ¿qué? .. repuso impacientado el relli , el mejor hombre del mundo .
conde. ¡Ah! ¿ con que eres el queridito de More-
-Entonces echará la cuerda que me pare- lli? Si , ya he oido hablar de ti. ¿No fuiste he-
ce haberle visto bajo el frac à la cuadrilla de rido en la accion contra el Mourzouk?
1
40 MEMORIAS DE UN NINO

-Si , señor conde , respondi descubriendo- das , que se habian suspendido por un mo-
me la pierna. mento , estallaron con gran estrépito . Eb - con-
-Está bien . Ahora registrale , dijo al suizo . de , la condesa y la misma camarista se echa-
Al oir estas palabras , la condesa , que me ron á reir de tan buena gana , que escitaron
habia reconocido, tomó una luz para retirarse . en mí tambien la hilaridad Jamás se ha visto
-No os alarmeis , señora. Quedaos , ¡qué una semejante igualdad entre amos y criados .
diablo! no se le va á poner en cueros , la dijo ¡ Ah!!! ¿con que querias pasar la noche
el conde . con esta jóven? ¡ Diablo! pues no te descuidas
Me vaciaron los bolsillos , me tentarou to- tú , me dijo al fin el conde.
da la ropa . Cuando el conde se convenció de -No hay duda en que fué mucho apostar .
que no llevaba ni billete amoroso , ni puñal, La señorita es muy hermosa y siento haber
ni escala de seda , replicó : perdido.
-Por tauto ..... Vamos , dinos la verdad , -A propósito , toma , ahi tienes cuatro es-
¿Por qué has venido aquí?... La verdad ó te cudos que tienen mas que el valor del doblon .
hago conducir á la guardia de la plaza de San Paga la apuesta , ya que la has perdido , y
Carlos . Hace poco que hablabas de una apues- échate una botella á mi salud . Otra vez , no
ta sino me engaño . obstante , si te da la idea de hacer otra dia-
-Si , señor conde , le respondi poniéndome blura por el estilo , escoge otra casa mas á
la mano en la frente para madurar mejor la propósito . ¿Me entiendes? Ahora anda á lim-
mentira que estaba meditando , si , voy á de- piarte .
ciros la verdad , la pura verdad . El lunes es- -Os doy infinitas gracias , señor conde ;
tuve en Rivoli con tres camaradas ; aunque el buenas noches .
mas jóven de todos , bebi mas que ellos . Cuan- Y haciendo una profunda reverencia tomé
do volvimos á la ciudad nos sentamos á una de las escaleras de cuatro en cuatro , y me plan-
las mesas que habia á la puerta del café della té en la calle dejando muertos de risa á los
piazza Castello. Para terminar nuestra jorna- imbéciles marmitones
da , estábamos despachando una garrafa de Las diez estaban dando en la iglesia de
agua de limon , y hablábamos cada uno como San Felipe cuando entraba en casa de mi amo .
siete , cuando la casualidad hizo que esta se- Habia á la puerta una carroza con cuatro ca-
ñorita (y designé à la doncella de cámara) ballos blancos , y al pasar por la antecámara
acertase á pasar... ví á un lacayo estraño , cuya blanca librea
-¡Yo! ¡Virgen santa ! esclamó la pobre mu- contrastaba singularmente con la mia. Como
chacha tapándose la cara con ambas manos. era tarde y temia una mercurial , me fui de-
-Vos misma , señorita . No pasásteis el recho al comandante para darle cuenta de mi
lunes á las cuatro de la tarde por delante del espedicion . Cuando entré y me vi en un espe-
gran café? jo la figura innoble que tenia , no osaba pasar
-Si , pero yo no os he hablado nunca . Sois adelante ni volverme atrás . Varios personages
un impostor ... jamás os he visto ... Vos ... vos eminentes , de los que uno solo estaba senta-
mentis... vos... y no pudo acabar la frase . do , hablaban cerca del fuego , de la probable
-¡Oh! tranquilizaos , señorita ; voy á espli- formacion de un nuevo ministerio .
carme si , pasásteis por alli del modo mas -¿Qué haces ahi? me dijo el comandante
decoroso . Debo decir la verdad y la diré. cuando me vió. Márchate ... Y si no , quédate ;
-Y bien , ¿qué tenia de comun esta jóven ¿pero cómo tienes valor de presentarte en ese
con cuatro grumetes que estaban borrachos estado? ¿De dónde vienes?
como suizos? -Mi comandante , es... es que acabo de
-Gracias , señōr conde , respondió el hel- salir de una chimenea .
vético que estaba presente. Al oir estas palabras , el hombre que esta-
-En definitiva , continué yo , esta señorita ba sentado volvió la cabeza hacia donde yo
nos gustó mucho . De palabra en palabra , y estaba . Aquellas preguntas y respuestas en
de altercado en altercado , vinimos á parar en lengua francesa picaron vivamente su curio-
que aposté un doblon ... si , un doblon ... no sidad , como tambien mi cara tiznada .
me atrevo á decir á que….. -Morelli , dijo , ¿dónde has encontrado es-
-Dilo , dilo , gritaron á un tiempo todos los te muchacho?
hombres que alli habia mientras las mugeres -En Roma , alteza .
aparentaban querer salir. -¿En Roma?
-Lo quereis asi? pues bien , allá voy . Es- -Si , alteza . ¡ Oh ! su historia es curiosa .
cuchad... Dispensadme , señorita ... -¿De verdad?
-Vamos , despáchate , dijo el conde hi- -Si , alteza .
riendo el suelo con el pie. Y el comandante , aunque poco aficionado
-¡Si ! pues bien , he apostado un doblon á á hablar , contó todo lo que sabia de mis ante-
que dormiria esta noche dentro de este cuar- cedentes .
to con esta jóven... -¿Sabes que tu historia me divierte? me
Al oir esta revelacion que nadie aguarda- dijo su alteza . Cuéntanos por qué sales ahora
ba , ni aun el que está narrando , las carcaja- ' de una chimenea ,
DE LA SABOYA. 44

-En verdad , señores , que sentiria que mi ditaciones de Lamartine. Aquel libro , que
relato no os fuera agradable. para mí era superior à Juan Bautista Roussean,
—Vamos , dijo el comandante , eres dema- á Dante , á Petrarca , los cuales habia ya lei-
siado picotero para hacer que nos cansemos. do , me tentó de tal modo , que tuve necesi-
Dinos lo que te ha sucedido . dad de toda mi probidad , mas diré , de toda
-Sea , pues , obedezco . Sin embargo , se- mi voluntad , para no metérmelo en el bolsillo.
ñores , me tomaré la libertad de no nombrar Hecho el encargo de mi amo , fuí à visitar to-
partes. das las librerías de Turin á ver si podia ha-
Y contento de poder entretener con mi llar aquella obra . Anduve mucho , pero inútil-
conversacion á tan nobles oyentes , conté con mente , esto me disgustó. Como tenia que
desenvoltura el suceso que acabo de describir; aguardar que volviese el comandante para ir
me estendi con complacencia en lo que hacia á la villa de la Reina, entré en la portería de
relacion à la honradez del señor conde , no nuestra casa , cuyo conserge era un antiguo
omitiendo ninguna particularidad , y sustitu- soldado del imperio y su muger saboyana :
yendo su título con el de marqués , conclu- aquellas buenas gentes me querian mucho .
yendo mi narracion por hacer sonar los escu- Cuando entré , el ex-coracero me tomó de la
dos que tenia en el bolsillo ; y ciertamente mano y me presentó á uno de sus compañeros
que mi cara tiznada y los movimientos mimi- de armas que había ido á visitarlo.
cos de que acompañé la relacion añadian inte- -Mira , le dijo , aqui tienes un buen mu-
rés á lo cómico de mis palabras. chacho que , para no haber pertenecido como
En verdad , Morelli , dijo su alteza levan- nosotros al ejército del Loire , conoce perfecta-
tándose y siempre en francés , que este es un mente á Vandome , Romorantin y Blois. Ins-
muchacho que vale la pena . ¿ Quieres cedér- truido y razonable , su conversacion no te dis-
melo? gustará.
-Alteza , eso depende solo de él. En efecto , la lectura de la historia con-
-¿Quieres entrar á mi servicio? soy el temporánea me habia puesto en el caso de
principe de Carignan . poder alternar en conversaciones suscitadas
-Ya lo habia sospechado , señor ; pero dis- sobre aquella guerra y aquellos ejércitos . Co-
peusadme , perderia en el cambio . El coman- mo en todos los paises del mundo , cuando
dante me ha sacado de la miseria ; le debo dos compañeros de armas se encuentran y
parte de mi instruccion , y me da el diuero tienen dinero , nues ! ros dos bonapartistas fue-
que necesito y mas ; y... ron á mojar en vino sus recuerdos . Habia to-
-Está bien , asi me gustas. Anda á acos- mado parte en la conversacion , y debia tam-
tarte ; ya pensaremos en tí. bien tomarla en la botella . Ocioso seria dete-
Y con una mano me dió una moneda de nerse en las que vaciamos . Baste decir que
oro y con la otra me tocó los motletes. Enton- bebimos tanto y tan bien , que los tres nos
ces saludé profundamente al futuro rey de embriagamos . Subí á la casa , y puedo asegu-
Cerdeña y salí. rar que no me acordaba ya de las Meditacio-
Esta pequeña aventura produjo sus efec- nes de Lamartine.
tos. Llegada la primavera , no iba una sola vez En aquel estado de embriaguez , mas des-
al paseo del Valentin que todo el mundo no carado que lo que tenia de costumbre , entré
se quedára mirándome. En aquel paseo um- en la sala donde estaba el repostero , y ataqué
broso donde toda la nobleza de Turin va á to- sin ceremonia alguna nn frasco de guindas en
mar el fresco , ¡ cuántas veces he tenido que aguardiente . El jugo de aquella fruta me pa-
bajar la vista por no poder sostener las he- reció mejor que el vino que acababa de beber,
chiceras miradas de las encantadoras morenas y sepulté en mi estómago una gran cantidad .
que lo poblaban! ¡ Oh ! aquella existencia era Senti que mis piernas se doblaban , me fuí al
demasiado dichosa y debia terminar . pajar , y me eché á dormir en un monton de
Lector , si me fuera posible omitir el irci - heno .
dente que sigue , lo haria de buena gana . Sin Aquel dia era jueves. Cuando me desperté
interés alguno por sí mismo , es sin contra era de noche ; pero no me chocó lo avanzado
diccion la mas insipida de todas las relaciones de la hora , porque me parecia que habia es-
que llevo hechas hasta ahora. Mas como es de tado durmiendo un siglo. Sali de aquella at-
absoluta necesidad , inherente , por decirlo mósfera narcótica y peligrosa para ir a tomar
asi , á la narracion de esta historia , me veo el aire en el patio , y me costaba trabajo an-
obligado á darle cabida en este lugar ; pero , dar . ¡ La cabeza me dolia atrozmente!
creedme , no volverá á acontecerme el daros -Gracias que te vemos , hombre ; ¿dónde
hechos semejantes ni tan malos capítulos co- has estado? me dijo el cochero del comandante.
me este. -Vengo de echar un sueño en el pajar.
Continuo , pues. Pocos dias antes del fijado -¡Vienes de echar un sueño en el pajar!
para nuestra marcha , el comandante me man - ¡ Un sueño de tres dias!
dó llevar una carta à la embajada de Francia . -¡Tres dias!
Mientras me daban la respuesta , cogi un li- -Si , tres dias. ¿Dónde has pasado el tiem-
bro y me puse a leer ; eran las primeras Me- po desde el jueves?
42 MEMORIAS DE UN NIÑO

-¡Desde el jueves! mismo camino que yo , tenia razon cuando


-No creas que me chanceo. Sube á ver al dijo : «No hay cosa mas agradable que un via-
comandante. ge pedestre
-¿Qué diablos me quiere decir con sus Por fin llegué un sábado á Aiguebelle ,
tres dias? ¿si estárá loco? murmuraba yo en- aquel pais en que habia ejercido por última
tre dientes . En seguida me fui derecho a la vez el oficio de limpia-chimeneas . Alli , á las
cocina , y los criados me hicieron las mismas diez de la noche , despues de cenar bien y
preguntas , y me hallaron como macilento. No beber una botella de escelente vino , me
quise creerles tampoco , y me fuí á la calle despedi del regimiento del Piamonte , con el
para cerciorarme . Todas las tiendas estaban que habia llegado hasta aquella ciunad . Seis
cerradas , el teatro de Agennes abierto , y me leguas faltaban aun para mi pueblo , y tomé la
convencí de que realmente era domingo . Asi , resolucion de andar toda la noche para llegar
habia estado durmiendo tres dias , si , tres á hora de oir misa el domingo , que era el dia
dias con tres noches , durante los cuales po- siguiente. A media noche atravesé la aldea de
dian haberme enterrado veinte veces sin que Santa Elena , situada à las inmediaciones del
lo hubiera sentido . Aquel sueño fué mas bien | Įsere . A las tres de la mañana llegué á un si-
un verdadero letargo. tio que no me era desconocido . Subí á una co-
No trataré de describir la escena que tu- lina , y á los primeros albores de la mañana ,
ve con el comandante Morelli . Seria cosa de pude distinguir el campanario de la iglesia
no acabar nunca Arrebatado y colérico como de mi pueblo . ¡ Oh ! aquella perspectiva per-
la mayor parte de los piamonteses , me reci- dida de mi vista durante cinco años me hizo
bió á latigazos , y á cada golpe me dirigia una | derramar muchas lágrimas de gozo . En pie so-
pregunta , sin recibir respuesta de mi partebre una roca contra la cual se estrellaba la
Aquel modo de preguntar me disgustó mucho . corriente del Isere , me puse á reflexionar
Me hizo brotar sangre de las manos y de la mientras venia el barquero que debia pasarme
cara , y asi me escapé al campo . La noche me el rio . En un momento de estro , de entusias-
hizo pensar. Por la mañana volví por mi equi- mo , de una felicidad sin comparacion , saqué
page . Feliz de encontrar mi independencia mi cartera , escribí rápidamente , sin tomar
nuevamente , me ausenté dejando al portero aliento , y radiante como un arcángel , una
el siguiente billete : pieza poética en recuerdo de mi dulce patria .
Lector , ¿qué mortal seria mas dicheso que
<«Comandante : yo en aquel momento ? ¡ Tenia inspiración ,
quince años , y mucha esperanza ! ¡Oh ! Si la
felicidad matara, hubiera debido quedar muer-
«Que lo creais que no , he estado durmien- to sobre aquella roca con el lápiz en la mano .
do tres dias . La ocurrencia de ayer me impi- La alegría me embriagaba , cuando oi la voz
de que volvamos á estar reunidos . Lo siento ruda del barquero .
mucho , no lo dudeis ; y á pesar de los latiga- -¡Eh! caballerito , & quereis pasar el rio!
zos que ayer recibí , no por eso pongo en du- me decia .
da la hombría de bien de que estais adornado . -Si , daos prisa:
Que Dios os conserve la salud . A los cinco minutos me hallaba corriendo
«Os saludo para siempre . á la otra orilla , y atravesando valles y mon-
tes con direccion á San Segismundo .
«BRUTUS . >>> Serian las cinco de la mañana , cuando lle-
gué á la villa del Hospital , que está inmediata
-¡Adios , Turin ! ¡ adios , bellas riberas á mi pueblo. El tiempo principió á cambiar
del Po ! ¡ yo os saludo ! repentinamente , y de hermoso y sereno que
Y emprendi pedestremente el camino de estaba se tornó en borrascoso y malo. La llu-
Saboya. via caia á torrentes . Busco en vano unos ár-
Aunque mucho mas rico que lo era diez y boles que debian servirme de guia para ir á la
ocho meses antes , no pensé ni un solo instan- casa paternal , y que en otro tiempo estaban
te en hacer aquel viage sino a pie , y el equi- á la entrada del camino ; en fin , despues de
page á la espalda . Esto no debe dar á enten- mil vueltas y revueltas , y de cansarme de an-
der que conservase aun la manía de atesorar, dar vuelvo a ver otra vez los sitios testigos
no ; pero preferia marchar ó detenerme à mi de mis infantiles juegos , la iglesia , la cruz , el
libre albedrio , antes que encajonarme en un huerto , y mas lejos el techo de la cabaña en
innoble coche público . ¡ Es tan dulce viajar en que habitaba mi madre. La perfumada atmós-
buen tiempo á pie , y cuando uno se fatiga de- fera de mi pais me embriagaba ; no osaba res-
tenerse á la sombra de los árboles que están pirar ; temia que mi corazon estallase de emo-
á orilla de los caminos ! ¡ Es tan dulce cenar cion . Eran las seis , no se veia un alma ; el
despues de una marcha , pensando en su fa- mal tiempo retenia los habitantes en sus ca-
milia!.. .. ¡Oh! Rousseau , que á mi edad sa- sas. A mi memoria debi el haber encontrado
lió de Turin como yo , que cien años antes aquellos sitios en que jugaba cuando niño . El
iba á Saboya del mismo modo que yo y por el corazon queria salir de mi cuerpo á medida
DE LA SABOYA. 43

que iba avanzando hacia la casa de mis pa- Desde aquel momento hasta la tarde estuve
dres. abismado en una profunda tristeza. Sin em-
Llegado á ella llamé à la puerta , y me bargo, es menester que lo confiese , mi filosó-
respondió una voz agradable y llena de dul- fica juventud tuvo mas fuerza que la pasion
zura . de ánimo que se habia apoderado de mi.
-¿Quién está ahí? La determinacion que habia tomado de
-Soy yo , abrid. marcharme de Turin sin que nadie me obli-
-¡Virgen santa ! ¡ Claudio! dijo mi hermana gara , sin que el comandante me despidiera ,
Francisca abriendo precipitadamente , y de- provenia de dos motivos muy opuestos: el uno
jándose caer en mis brazos. profano y el otro santo . Una señora de Cham-
Aun no nos habia dejado tiempo para ha- bery, amiga de mi amo , se tomaba por mí
blar la sorpresa , cuando toda la familia, to- gran interés, decia , y siempre estaba maldi-
da la veeindad me rodearon . ¡Oh! estas im - ciendo la triste suerte que me obligaba á vol-
presiones están reservadas solo para los viage- ver al mar sin haber cumplido con ese acto
гo3 . Dios se las da en justa compensacion de de cristiano, con esa formalidad católica que
sus mil trabajos. se llama primera comunion . Yo he tenido
siempre muchos miramientos para con las
XI . mugeres y como aquella era buena y bonita,
sus inspiraciones me convencieron de que la
CHAMBERY. primera comunion era un deber, esto por una
parte; por otra era , que habiendo leido mu-
He oido decir con frecuencia que el culto chas pastorales por el estilo de la Astrea , de
del recuerdo da al genio del escritor la ampli- la Galatea y de la Estela, no concebia mayor
tud y la inspiracion que le rehusan los cuadros felicidad ni condicion mas digna de envidia
de la vida real . Penetrado de esta verdad y que la del pastor ; aquellas malditas novelas
lleno de entusiasmo al recuerdo de mi prime- me babian trastornado el juicio. Asi es, que al
ra vuelta á la patria , me hallaba decidido dia siguiente de haber llegado al pais me le-
ahora poco á describir las montañas de mi vanté al amanecer, y, ¡ fatuo de mi ! me puse á
pais , á hacer pasar al alma del lector la ad- | retaguardia de un rebaño, y seguí tras de él
miracion apasionada que me inspiraron los hasta los montes buscando las fabulosas pas-
alrededores del Hospital , à decir en qué se toras que allá en mi cerebro me representaba
parecen los bosques que dominan á San Segis- llenas de encantadores atractivos . La noche
mundo á los antiguos montes de la Allobro- vino á desvanecer mis ilusiones, y volví á mi
gia . Pero una descripcion de este género se- aldea hecho una desdicha, con los pies y las
ria mas propia de otra pluma mas diestra que manos brotando sangre, efecto de las nume-
la mia , para dar interés á estas páginas: des- rosas heridas que me habian inferido las zar-
gracia lamente no conservo de aquellos sitios zas y espinas porque atravesé buscando aven-
admirables sino un débil recuerdo , y la idea turas; pero no por eso iba completamente cu-
que concebi en un momento de evocacion , rado de aquella enfermedad , que me atacó mas
desaparece ante lo árduo de la empresa . Nar- intensamente un año despues, sino algo con-
rador muy mediano , be juzgado que todo el vencido de que las felicidades pastorales no
mérito de mi obra está en la sencillez y en la eran mas que un juego de pura imaginacion .
verdad . Las digresiones provocan el fastidio si Nos hallábamos á fines de mayo, y el de
el escritor no tiene esa gracia que cautiva , si junjo tenia lugar la ceremonia de la primera
no sabe adornar su relato con imágenes que comunion . Devorado por una actividad es-
Sorprendan . Continuemos . traordinaria, encontré no obstante la sufi-
Pasados los primeros momentos de espan- ciente fuerza en mi voluntad para preparar-
sion , en que reconocí unos despues de otros á me á recibir este sacramento . Aprendí el ca-
mis hermanos y á mis vecinos , palpitando mi tecismo de memoria en menos de quince dias ,
corazon de emocion , mi cabeza ardiendo , vol- pero esto no le bastaba á nuestro buen cura
via la vista hacia la habitacion de mi madre, Chevray. Hallábame siempre aquel buen sa-
que no veia aparecer , y mi hermana Rosa me cerdote razonador y escéptico en mis respues-
dió la triste nueva que no aguardaba . tas, y hubiera preferido verme menos ins-
-¿Esperas á nuestra madre, mi pobre Clau- truido y mas penetrado de la uncion viva de la
dio? ¡ no la volveremos á ver, pide à Dios por fé . Filósofo cristiano y tolerante , comprendió
su alma ! al fin que mi organizacion moral , que mi ins-
Desde que habia abandonado el suelo pa- tinto de aventurero no me permitía aguardar
trio, el recuerdo de mi madre no dejó de ser- un año; y despues de haberme exhortado, me
me frecuente; pero jamás cruzó por ini mente permitió acercarme al altar . Ocho dias pasa-
la idea de que podia morir durante mi ausen- ron, y con el morral á la espalda y seis fran-
cia . Asi es que las palabras de mi hermana cos en el bolsillo, volví á tomar el camino de
me dejaron como petrificado, disipando los Paris .
hermosos sueños de mi imaginacion , como el Una hermosa mañana sali de San Sigis-
agua fria disipa los vapores del agua hirviendo. ! mundo y me despedí con tristeza de mis que-
W MEMORIAS DE UN NIÑO

ridas montañas. Llegado á la estremidad de | yo prosaismo se presentaba siempre en seme-


una llanura, cerca de un pueblecito llama- jante circunstancia , llegaba forzosamente á
do Gilly, me separé de la carretera y fuí á pesar nuestro, á suspender el encanto del
sentarme bajo el árbol mas alto de la comar- porvenir, que nos lo pintaba miserable y
ca. Aquel árbol era un chopo que mi padre triste.
habia plantado hacia cuarenta años , por cuya -Tú tienes quince años y yo paso de los
razon le tenia consag rado una especie de cul- diez y seis, me dijo levantándose ; márchate,
to. No me da cuidado decirlo , amaba tanto á eres un niño y yo soy muy vieja para ti . Aca-
aquel árbol como á mis hermanos; sin embar- so me olvidarás.
go, no era este amor el que solo me llevaba al -¡Olvidarte yo , Maria! ¡ Oh ! no, te amaré
prado rabino: esperaba en él á María; á Maria, toda la vida .
la perla de las doncellas de San Sigismudo, -Pues bien, vuelve rico, y si mi madre no
disputada siempre por muchos pretendientes. me obliga á casarme antes de tu vuelta , te se-
Por fin llegó á la pradera con su rebaño, ré fiel... Vamos, Claudio , abrázame y vete.
donde hacia un mes que la vera todos los dias . El pudor de mi pastora, alarmado por la
Hermosa, y con los pies descalzos como Cloé, llegada de otros pastores, terminó de este mo-

haciendo medias para una señora del pais , á ;do la primera parte de una égloga , cuyo de-
fin de poderse comprar zapatos, María era po- senlace daré antes de concluir estas memorias .
bre y sencilla. Vestida con un trage de esta- Me habia propuesto con mis canciones y
meña, su humilde condicion daba mayor real- mis comedias dar un suplemento à mi casi
ce á su hermosura . Cuando la vi venir á lo le- desprovista bolsa . Llegado á Chambery, me
jos, corri á su encuentro, y dándole el brazo, paré delante de un café para poner en juego
faimos á sentarnos al pie del árbol de mi pa- aquel modo de viajar que habia empleado en
dre. Como acababa de hacer mi primera co- mis primeros años . ¡ llusion ! un sentimiento de
munion, el amor de Dios me infundió respeto diguidad , desconocido para mi hasta entonces,
bácia mi Astrea. Pero á pesar de este respeto me impidió la exhibicion de mi talento. Com-
notardaron nuestros ojos en manifestar el fue- prendi en seguida en la mirada de algunos
go de nuestros corazones, y mil sueños de señores, que el interés que inspiraba á la edad
ventura giraron en la conversacion ; mas la de doce años no tenia que esperarlo á la de
cuestion de dinero, cuestion permanente, cu- ! quince. ¿Qué partido tomar? Confiado en el
DE LA SABOYA. 45

porvenir, como lo son todos los jóvenes de de holgazan se me haya aplicado jamás . Ten
constitucion robusta , de humor vivo y alegre go demasiado talento ( perdóneseme esta lison
que nada en el mundo puede debilitar , fuí á ja ) , demasiado orgullo, y puedo decir mas, soy
pedir hospitalidad á un escelente sugeto lla- y he sido demasiado hombre de bien para
mado Mr. Dubois , rico propietario que habia meterme nunca en el bolsillo un solo sueldo
conocido en San Sigismundo . E-te me recibió á que no me haya pertenecido, que no haya
su servicio. ganado á buena ley . Esto servirá de respuesta
La Saboya, segun la opinion de algunos á la imputacion del robo de que los señores
hombres que han estudiado detenidamente su Cheneval y el mismo Mr. Crétin se digna-
historia, es acaso, entre todos los paises de ron acusarme en la fonda de la Perfecta
Europa, el que por espacio de ochocientos Union.
años ha poseido leyes mas liberales y gozado Hacia tres meses que me hallaba limpian-
de mas inmunidades . Esto parece natural ; la do botas á los viageros, subiendo leña á la
topografia ,, las circunscripciones territoriales cocina y llevando los pasaportes á refrendar,
tan variadas en aquel pais han puesto siempre sin descuidar por esto la lectura , únicos estu-
insuperables barreras à la propiedad ; barreras dios á que podia dedicarme , cuando vino á
que se multiplicaron como en Francia en parar á la fonda un caballero ruso que habla -
tiempo de la república, estableciéndose como ba en francés perfectamente .
una especie de ley para el repartimiento de -Dime , jóven, ¿sabes el camino de las
territorios. Asi es que , con raras escepciones Charmetas? ¿puedes venir conmigo? 4
la nobleza era pobre en Saboya antes de 1789 ; -Si , señor , ya lo creo ; y si pusieran un
la clase media aun lo era mas . La paz resta- buque á mi disposicion os conduciria hasta
bleció en las fortunas de aquel pais su nivel Arcángel.
de antes de la conquista. Resulta de aqui que -Has visto en mi pasaporte que soy de
como la mayor parte de las personas de la Arcángel; pues bien, ven á servirme de cice-
clase media de que se compone Chambery , mi rone , intrépido navegante, y de paso habla-
escelente amo no podia sostenerme con las remos .
condiciones que yo me habia propuesto , y En aquella época habia leido ya en algun
mucho menos darme un salario regular . Esto libro lo bastante para saber que el hombre
último era lo que mas me disgustaba, y traté hablador inspira poca confianza . Asi es que
de buscar otra colocación . Un comisario de me abstuve de abrir la boca hasta que llega-
policia llamado Mr. Crétin , me colocó de bo- mos delante del teatro donde Mr. Ostrolooff se
targa en la fonda de la Perfecta Union, y me detuvo .
puse á ejercer mi honorable oficio inmediata- -Este es un magnífico edificio ; ¿de qué
mente. tiempo data?
Antes de ir mas lejos, creo un deber afir- —Su señoría puede ver que es de reciente
mar que nunca he sido mas dichoso que el construcccion; lo debemos à la munificencia
tiempo que estuve en casa de Mr. Dubois; sus del príncipe de Boigne .
arrendadores eran tan libres y tan ricos como -Bribonzuelo , si vuelves á darme trata-
él mismo; y ademas, ¡ habia tan lindas mu- miento vamos á perder las amistades . Ya sa-
chachas en su fábrica de paja de Italia ! ¡ Se bes que aquí los tratamientos sirven para ha-
gozaba desde su mirador de una perspectiva cer burla . ¿Qué quiere decir eso del príncipe
tan encantadora ! Desde él aparecia Chambery de Boigne?
tan pequeño , que asemejaba á un monton de He oido decir que á una edad como la
pizarras oculto entre un matorral. ¡ Ay ! todo mia , el principe de Boigne, siendo botarga co-
eso lo vi en mi juventud con las ilusiones de mo yo , fué conducido á Rusia por un gran se-
la adolescencia ; ¿pero aquellos cuadros de la ñor de aquel pais , tan noble como vos . Mucha-
naturaleza se me representarian hoy del mis - cho de despejo y de valor, no tardó en ganar
mo modo? « La aurora de la vida es como la una charretera . Privado de su bienhechor, por
aurora de un hermoso dia lleno de pureza y haber muerto en el campo del honor , pasó
armonía, »> decia cuarenta años ha el vizcon- segun me han dicho , al servicio de Austria , y
de de Chateaubriand . despues al de Inglaterra, en el ejército de las
La fonda de la Perfecta Union era enton- Indias . Alli hizo una fortuna colosal y vino á
ces, á mi entender, la mejor de Chambery . disfrutarla á su pais natal .
En ella no me faltaba dinero ni trabajo . El di- -Bien , muy bien. ¿Cómo te llamas?
nero y el trabajo son para el hombre en gene . -Claudio.
ral , y sobre todo para el saboyano, el nec plus -¿Y tu apellido?
ultra de la felicidad . Segun mi propia opinion -Como os plazca llamarme , Mougick , si os
el dinero es uua condicion indispensable para parece.
ser dichosos , mas no asi el trabajo , no puedo - Pues bien , Claudio , andando el tiempo
menos de decirlo asi : mi distraida imaginacion , acaso podrás ser afortunado como él . ¿Vive
mis sueños de oro , no han consentido nunca aun ese sugeto?
que me someta á trabajos puramente mecáni - Mucho que si ; y muy cerca de aqui á la
cos. Sin embargo , no recuerdo que el epiteto estremidad del barrio de Montmeillan , en un
7
46 MEMORIAS DE UN NIÑO

soberbio palacio rodeado de un magnífico pude apreciar el talento de la señorita Du-


parque. chesnois, me costó cara ; perdi un zapato en
Y desde alli se puede ir á las Char- aquella barahunda que habia á la entrada de!
metas? teatro, y mi ropa salió hecha girones.
-Ciertamente , caballero . Volviendo á mi estado de cicerone, repito

Dime, jóven¿sabes el camino de las Charmetas?--Pág. 45.

-Pues vamos hacia allá . que era la primera vez que iba á las Charme-
Aqui pido á mis lectores me dispensen la tas, cuando acompañé á Mr. Werdet; no ha-
digresion que va a seguir. biéndolas visto nunca, mal podia reconocer-
Yo no habia ido a las Charmetas mas que las. Del mismo modo que el ruso, el librero
una vez con Mr. Werdet, editor- librero de habia querido enterarse bien de los alrededo-
París, que en tiempo de la restauracion goza- res de Chambery; tuve que irle enseñando
ba en el comercio de una merecida conside- una por una diez casas antes de llegar á la del
racion . Audaz como todas las naturalezas ilustre Rousseau, lo que hizo que perdiera el
fuertes , habia comunicado á Mr. Werdet mi camino sin poder acertar donde me hallaba ;
proyecto de ir á París. vacilando de un sendero en otro, marchaba á
-Ve allá, me habia dicho , y yo te busca- la casualidad delante de Mr. Werdet , que se
ré colocacion , si no entre mis amigos, en mi quedaba estasiado á cada recodo de los que
casa. formaban las muchas sendas que seguimos.
Diré con anticipacion , á fin de no hablar -¡He aqui las Charmetas! habia esclamado
mas de esto, que cuando llegué á París fui al fin mi acompañado , al pasar por delante de
perfectamente recibido por Mr. Werdet . Era una casa de tan miserable apariencia que ni
el dia 31 de octubre de 1826. Al siguiente aun habia pensado mostrársela ; si , estas
aniversario de Cárlos X, me mandó a hacer son ; esa es la colina que domina la casa al
un encargo que desempeñé bien pronto; pero Sur , el jardin al Oeste , el arroyo , los versos
aquel dia á las doce, daban todos los teatros del convencional La Réveillére-Lepaux ! Si ,
una representacion gratuita. Quise ver á la aqui es donde habitaron Juan Jacobo y la se-
señorita Mars en la funcion titulada Una par- ñora de Warens.
tida de caza de Enrique IV, de Collé. Gaston De este modo fuí la primera vez á las
y Bayard, tragedia de Dubelloy , en la que Charmetas , y de esta singular manera conocí
DE LA SABOYA. 47

á Mr. Werdet , que no he vuelto á ver desde un voluminoso catálogo. Me acuerdo que el
el dia de San Carlos de 4826. Ahora preciso juicio que yo formaba sobre Kant y Hutche-
es volver á buscar al ruso . son , el filósofo escocés , hizo detenerse á
Cuando hubimos atravesado el parque del aquel buen señor en medio del camino.
palacio de Boigne y visitado sus jardines , se- -¡Qué buena pieza eres ! me dijo , y tienes
guimos por un sendero tortuoso y oscuro que tanta vanidad como ciencia ; pero no creo que
me pareció debia conducir á las Charmetas; la espansion pura y simple sea tan sabia; mas
pero me aconteció lo que la primera vez ; me no importa , la vanidad sola no da las inspira-
perdí , y volviéndose las tornas , el caballero ciones que tú tienes . Escucha : no puedo lle-
me sirvió de cicerone . Mi acompañado , ha- varte conmigo , porque sabes que tengo dos
biendo hecho llamamiento á sus recuerdos , criados que me acompañan en la silla de pos-
evocó , por decirlo asi , la impresion que las ta ; pero márchate á París viajando del modo
Confesiones de Rousseau debieron dejar en su que tienes de costumbre , á la aventura . Yo
espíritu , y no tardó en encontrar por intui- voy á Angers á ver un enfermo , y estaré en
cion aquel gracioso valle , sobre una de cuyas Paris el 1. de noviembre. Preguntarás por
vertientes está construida la morada del sabio mi en la embajada rusa .
escritor. Penetrado de reconocimiento di las gracias
-¿Qué es eso , intrépido navegante , ha- al viagero con un sentimiento de verdadera y
bias perdido la brújula? me dijo riendo mon- profunda gratitud , y entramos en la fonda .
sieur Ostrolooff. Al dia siguiente me las compuse de modo
-Yo no tenia brújula , caballero , por cou- que yo mismo entregué las botas limpias al
siguiente no he podido perderla ; y precisa- caballero ruso.
mente por no tenerla es por lo que no he po- -Botarga filósofo , cicerone desgraciado .
dido encontrar las Charmetas. me dijo cuando me vió , acepta estas cuatro
-Pienso que no podrias servirte de ese monedas de cinco francos y esta vieja levita.
instrumento. En verdad es cuanto puedo hacer hoy por ti:
-Pues yo creo , caballero , que en esta en París seria otra cosa .
ocasion me hubiera sido muy útil . Algunos momentos despues me repetia su-
-En ese caso enumérame las treinta y dos biendo en el carruage :
clases de vientos por su órden regular ; si lo -Acuérdate bien de la embajada rusa .
haces creeré en lo que me dices. De todos los criados de la fonda , solo el
-Escuchad : norte , nor-cuarto-nordeste, mozo de cuadra guardaba para si las propi-
nor-nordeste , nordeste cuarto de norte , nor- nas. Las criadas y el botarga depositaban en
deste cuarto de este , y asi siguiendo el círcu- un cepo sus gajes , del cual estraia la mitad
lo del compás. del contenido la señora Cheneval y nos dis-
-¡Eres singular , muchacho ! no sé como tribuia el resto. Aquella cantidad de que se
bas podido perderte para venir aqui . Tú ha- apoderaba decia la caritativa muger que era
blas del Emilio ; ¿pero no has leido las Con- en pago de nuestra manutencion. Inútil es
fesiones de Rousseau? decir que no nos daba ningun salario. Pero si
-No , señor ; el librero de la calle Cubier- aquel modo de obrar no me pareció injuste al
ta , á quien tomo libros para leer , no quiere entrar á servir en la fonda , lo creí al menos
dármelas ; dice que soy aun demasiado jóven . demasiado económico. No obstante , aunque
-Puede que tenga razon . Entremos. hasta entonces habia sido rigoroso observador
No me ocuparé de la descripcion de aque- de aquella costumbre , y habia depositado en
llos sitios ; bastantes escritores , entre ellos aquel pozo escudos , francos y sueldos , ¿ de-
el mismo Rousseau , han procurado dispensar- bia depositar tambien las cuatro monedas que
me de este trabajo. Ademas, como pienso dar acababa de recibir? ¿no eran el fruto de mi
reseñas de otros paises y de cosas que no to- inteligencia mas bien que de mi trabajo? -Eso
dos pueden describir , y que pocos tienen el seria absurdo , me dije ; cinco francos para el
privilegio de ir á ver , creo que se me deberá cepo y quince para mí. Y doblemente gozo30
escusar el no repetir aqui lo que otros mu- de aquella doble victoria , no habian pasado
chos escritores han dicho ya y que todo el aun diez minutos de la salida del generoso .
mundo está cansado de saber. Asi , despues ruso , y ya tenia en mi poder un magnífico
de haber visitado la habitacion de la señora atlas.
de Warens y la de su amigo , y cuando ins- En defecto de un desierto , mil sabios de
cribimos nuestros nombres en el libro de vi- la antigüedad encontraron en Roma una ver-
sitantes , volvimos á tomar el camino de Cham- dadera Tebaida. Lectores , seguid el ejemplo
bery. La conversacion , que no habia cesado de aquellos filósofos . Si alguna vez teneis ne-
durante aquella especie de peregrinacion, to cesidad de vivir solos , si quereis ser buenos
mó á la vuelta un aspecto mas espansivo . La ó malvados , no tomeis nunca el término me-
tarde estaba hermosa ; lleno de halagueñas dio . En una pequeña poblacion todos los veci-
esperanzas , enumeré á mi noble compañero nos serian espías vuestros infaliblemente , y
la larga serie de libros que habia leido , serie cada persona un agente investigador de vues-
que indudablemente hubiera podido formar ya tros menores movimientos . ¡Pobre Rousseau !
48 MEMORIAS DE UN NIÑO

que hacias cien años atrás tan elevado elogio


de Chambery , no desagrade á tus manes este XII.
relato , pero ese pais en el dia no vale mas
que otros.
¿A qué viene esta salida? dirán mis lecto- ESTANCIA EN MARSELLA.
res ; ¿qué razones la motivan? Voy á espli-
carlo : Mr. Ostrolooff no habia podido llegar Si fuera verdad , como se afirma muchas
aun á la frontera , pues hacia solo cuatro ho- veces , que solo los grandes hombres tienen
ras que habia marchado, cuando ya se me ha- el derecho de hablar de sí mismos , y sobre
bia acusado de haberle robado veinte francos . todo de sus acciones mas pequeñas , correria
Esta grave imputacion fué seguida de una acu- peligro á ni entender de ser apellidado fátuo .
sacion mas terrible : ¡ yo habia despojado á mi La narracion que precede probaria hasta la
victima ! ¡ Una indagacion hecha y un recono- evidencia que yo me considero un hombre de
cimiento practicado en el cuarto donde dor- mérito , y partiendo de este principio que la
mia , dieron por resultado el descubrimiento modestia no es innata en mí.
de una levita azul guarnecida de alamares! A pesar de esta falta que sé muy bien po-
Con esta noticia faltó poco para que se tocara drá echarseme en cara , me creo en el deber
á somaten ; toda la ciudad se puso en movi- de continuar el plan que desde luego me he
miento. Mi protector , Mr. Crétin , el comisa- propuesto , sea cual fuere el valor que quiera
rio de policía , al saber la perpetracion de darse al axioma que acabo de sentar . Si , á la
aquel crimen imposible quiso informarse de- verdad , yo quisiera colocarme á la altura de
tenidamente. La deposicion de diez testigos le Alieri , de Cellini , de Rousseau y de San
obligaron á creer en la evidencia de los he- Agustin , si creyese poder revindicaruna glo-
chos , en la verdad aparente. Hay gentes queria cualquiera , no escribiria estas memorias
sacrifican sus principios y el grito de su con- por el simple modelo que me suministró Leo-
ciencia á la necesidad que tienen de gozar de nardo , y en vez de saltar como lo hago series
la consideracion general. Mr. Crétin era de enteras de años , con el fin de no escribir mas
este temperamento. Fingiendo un rapto de que un tomo , ciertamente hubiera escrito dos .
cólera llegó al salon en que la señora Chene- Asi , pues , querido lector , esto os probará
val me estaba amonestando , se detuvo , tomó que el deber que me he impuesto es simple-
una actitud teatral y me aplicó medio bofe- mente el de no ser molesto. Para un pobre
ton. Digo medio bofeton , porque precisamen- diablo , es una tarea muy dificil , tan dificil,
te le faltaban dos dedos que habia perdido es- que el mismo Voltaire no pudo siempre lle-
tando sirviendo en el ejército . narla en sus tratados filosóficos. Pasemos ade-
A mi edad de quince años , mi alma era lante. Desde el dia en que sali de Chambery
aun pura y sencilla , y yo abrigaba la convic hasta el en que llegué à Marsella , media un
cion de que Dios era un ser eminentemente espacio de tres años , tres años de penas , de
bueno , justo y poderoso. Yo era buen cristia- fatigas y de regocijos como los de mis prime-
no sin ser hipócrita . ¡ Ay ! media bofetada hizo ras peregrinaciones , durante los cuales fui
desaparecer de mi corazon la fé que le hacia sucesivamente en París marchante de contra-
tan dichoso Aquel brutal é ilógico interroga- marcas y factotum de un poeta ; mozo de
torio de un hombre á quien habia tenido gran cuerda en el Languedoc , novicio á bordo de
veneracion hizo desaparecer mi fé . Solo me un navio de guerra y marinero en un barco
quedó el sentimiento de la humana dignidad, de trasporte durante la espedicion de Argel .
pero tan puro , tan elevado , que me colocó á A los diez y ocho años habia visto ya las tres
una altura de hombre respetable . Desdeñando partes del antiguo continente , me habia dado
una justificacion muy fácil desde luego , pero sin maestros la poca instruccion que poseo ,
inútil , una justificacion que hubiera sido un y lo es mas notable , es que à fuerza de
remordimiento para aquel buen Mr. Crétin , le guardar para una necesidad , como dicen mis
saludé con altanería y sali. compatriotas , habia reunido en un cinto ro-
Dos horas despues arreglado mi equipage deado al cuerpo mil francos en hermosas mo-
en un pañuelo , salí montado en el estribo nedas de oro.
trasero de una diligencia que se dirigia á Pa- En aquella edad de ilusiones ya iba estan-
ris , no pensando mas que en una carta de do por lo positivo. La adversidad , mi insepa-
Mr. Ostrolooff dirigida á Mrs. Crétin y Che - rable compañera , me mostraba una modesta
neval para vindicarme. cabaña en la cumbre de una colina , unas
Ya he dicho en otro lugar la recepcion que cuantas fanegas de tierra plantada de casta-
tuve de Mr. Werdet , en París. Con respecto ños , que con el corazon y la mano de Maria ,
á Mr. Ostrolooff , me dijeron en la embajada , me parecian un paraiso terrenal donde mis
á donde fuí á preguntar por él , que habia sido dias desaparecieran libres y felices . Pero para
llamado á Rusia por el emperador , de donde adquirir estos bienes no alcanzaba la suma de
probablemente no volveria à Paris. que era propietario : necesitaba mil escudos.
En adelante , no contando en el mundo con | Ĺlegado à Marsella , lejos de encontrar una
otro apoyo que mi ingenio, me hice gitano . embarcacion donde poder con mi oficiosidad
DE LA SABOYA. 49

encontrar mas lucro que el que sacaba en la uno de aquellos teatros , y oia aquella esclama -
de Tolon , me vi reducido á servir à una cua- cion unánime de: jahi está el autor ! mi vani-
drilla de albañiles , y llegado el invierno ádad de escritor quedaba completamente satis-
volver á mi oficio de botarga . Estas pobres fecha . Conducido despues de la representa-
industrias que muchas gentes encuentran de- cion à la taberna inmediata , y aun en los en-
gradantes , abyectas , indignas de un hombre treactos muchas veces, hubo ocasiones en que
que piensa , por la sencilla razon de que ellos llegué á dudar que Corneille y Beranger hu-
no tienen el don de pensar , me parece al con - biesen tenido jamás espectadores mas bené-
trario que me engrandecen . No ignorando lo volos y entusiastas que los mios .
que valia , y acaso exagerando mi mérito , me De todas aquellas concepciones de mi ima-
plegaba con facilidad a toda clase de fatigas, ginacion , baturrillo de escritos indigestos , sin
ufano con mi dorado capital y haciendo versos interés ni objeto, no he conservado mas que
que ponia en todas las paredes; hubiera apos- dos poesías muy cortas, de las que tuvieron
tado ciento contra uno que era yo el miyor mejor éxito, una de las cuales fué impresa
galopo del mundo. Al hecho ; si el resultado diez veces en el Mediodía.
que obtuve era una gloria , podia estar satis- Un domingo por la mañana lei en un pe-
fecho de ella , pues me costaba bien cara.riódico local que se trataba de dar aquella no-
Cuan lo servia a los albañiles , por ejemplo, che un banquete por suscricion à favor de los
todas las noches , aunque lleno de fatiga en- oficiales polacos escapados de las garras del
traba en mi casa y me ponia á ganar un nue- czar, y que habian llegado el dia anterior.
vo jornal con la pluma . Pero dirá el lector Cansada mi musa de rodar por el fango de los
que qué podia escribir , y cuál era la natura - arrabales encontró en aquella ocasion un mo-
leza de mis trabajos . Pues escribia canciones, tivo para componer una magnifica epopeya .
coplas , dramas o misterios sacados de la Es - Cogi mi lápiz y me fuí á convocar las musas á
critura santa. Las canciones eran para los cie- las orillas del Jarret y del Huvunne . Pero
gos , las cop'as para los buboneros que anda- ¡ cielos! por mas que me devané los sesos , por
ban por las casas de campo, y unas y otras me mas que me golpeé la frente, la inspiracion no
las pagaban invariablemente á tres francos, apareció, el volcan se habia estinguido . Va-
fuese cualquiera su mérito y su número sobre mos , me dije filosóficamente, ya que no pode-
un asunto dado . Este último género era el mas mos elevarnos á la altura de la oda, quede-
productivo. Se cantaban mis composiciones en mos en tierra , sirvamos á los albañiles y con-
los pueblos en las puertas de las iglesias ó en tentémonos con nuestras coplas Y encontrán
medio de los mercados . Cada nueva serie de dome á las dos de la tarde cerca de Andoume ,
coplas exigia un nuevo cuadro groseramente entré en un café á refrescar . Alli en presencia
pintado y compuesto este de tantos otros co- de una botella de aquel escelente vino del
mo peripecias encerraba el primero, y escenas Mediodía que da ideas aunque sea á un leño ,
animadas en el impreso, narracion en prosa pude felizmente dar á luz mi primera estrofa:
de que yo acompañaba siempre á cada copla una segunda botella y un cigarro puro acaba-
que componia . Con respecto á los misterios ron de lanzarme en los infinitos espacios de la
era ya cosa muy diferente . Por lo regular no poesía lírica ¡ Oh dulce influencia del nectar!
tenian precio fijo; pues segun el resultado que ¡ deliciosa ambrosia de los dioses! por ti pude
daban , asi obtenia la ganancia , y ademas un dar bilacion á mis pensamientos en favor de
derecho de cincuenta céntimos por represen- la desgraciada Polonia . Yo estaba radiante de
tacion . Dos de aquellas piezas , titulada la una alegría , y sin duda mi aureola ofuscaba la vis-
La hermosa Judit , y la otra La casta Susana, ta de los numerosos parroquianos que me ro-
fueron ejecutadas en un teatro público del deaban, pues uno que estaba junto á mí, me
barrio de San Juan ; otras dos La pasion y La interpelo de este modo :
resurreccion de Lázaro , se pusieron en tea- -Por favor , amigo, dad tregua á vuestros
tros improvisados en los mercados y en las asientos académicos .
ferias . La Hermosa Judit obtuvo un éxito feliz , -¿De qué asientos académicos hablais?
gracias a la actriz que desempeñó el principal -¡Toma! de los vuestros .
papel, y me valió cuarenta francos . -¡De los mios! tengo yo acaso aire de
Ya lo he dicho en otro lugar; las condicio - gladiador?
nes son relativas entre la honrada clase obre- -No, pero si de un mal poeta que se es-
ra; mi reputacion de hombre instruido y hábil fuerza inútilmente por atraer la inspiracion ;
era grande. Aquellas piezas , pésimamente eso es ridículo .
pensadas, y escritas bajo la inspiracion de to- -Aqui no hay nada de ridículo mas que
dos los melodramas que habia visto represen- vos.
tar en el baluarte del Temple , agradaban es- -Sin necesidad de incomodarnos , probad-
traordinariamente á la mayoría de mi público, me en qué he sido yo ridículo .
público sin duda alguna poco ilustrado , pero -No me tomaré ese trabajo . Sabed tan so-
que para mí, que no lo estaba mucho mas , era lo que todo hombre, malo ó bueno, puede en-
un estímulo y un honor cuando en raras oca- trar en un establecimiento público con tal que
siones me dignaba aparecer en las tablas de pague lo que pida . Puede ocupar dos asientos ,
50 MEMORIAS DE UN NIÑO

si no incomoda á nadie . Puede escribir todas | rima tenia vo bastante ocupacion . Al pie de
sus elucubraciones sin que á ningun hombre las empalizadas del fuerte de San Nicolás, y
sensato le sea permitido interrumpirle . Una con una calor de veinte grados, conclui mi
cabeza destornillada , una cabeza sin seso es obra sublime , para mi se entiende , porque el
la que solo puede ocuparse de los asuntos age- lecter no debe juzgarla , como yo lo hice en-
nos . Esto me parece lógico . ¿Eh? tonces, superior à la Varsoviana de Casimiro
-Eso prueba solamente que me estais in- Delavigne . Però juzguela como mejor le pa-
sultando. rezca, está en su derecho: el mio es el decir
-Y aunque eso sea , ¿qué? que, bajo la poética influencia que me anima-
-Tendreis que darme una satisfaccion. ba , estaba tan persuadido de que era un hom-
-Ahora mismo Y como me habeis insul- bre de genio , que el mas hábil rector no hu-
tado primero , tengo el derecho de elegir biera podido probarme lo contrario . Mi orgu-
armas. llo habia crecido hasta tal punto, que cuando
-Os lo concedo . ¿Quién sois? entré en la ciudad apostrofaba entre mi de
-¿Qué os importa , con tal que sea un este modo á toda persona un poco notable que
hombre de honor? llegaba á encontrar:
¡Oh! me importa mucho; yo quiero saber -Tú osas levantar tu cabeza de pigmeo , y
con quien voy a medir mis fuerzas ... Vuestro jamás llegarás á hacerte célebre: la posteri-
trage... vuestras manos ... dad no te erigirá un altar como á mí .
-Mis manos son las de un ayudante de ¡Y estas palabras de incalificable suficien-
albañiles. cia , me atrevia á dirigirlas á todo un regi-
-¡Ah! sois criado de los albañiles: ¿qué miento cor coronel y música á la cabeza ! Si
chusco estais? aquel dia no era yo el poeta mas ilustre de
-Y vos un insolente . Francia, al menos puedo asegurar que era el
-¡Miserable! ¡galopin! mas ridiculo y el mas dichoso.
Una sonrisa de profundo desden y un pu Mas la hora en que debia de celebrarse el
ñetazo con bastaute vigor aplicado acompaña- banquete se acercaba . Llegué á él cuando el
ron á este último epiteto. Aunque yo no soy vino de Champagne se prodigaba á vaso lle-
lo que se entiende vulgarmente por un maton , no; y llamé al presidente del banquete para
siempre he estado convencido de que á un entregarle mi famosa oda corregida y escrita
puñetazo merece responderse con otro . Asi es con todo el esmero que pude .
que tan pronto como lo recibí lo devolvi , pero -¡La emigracion polaca! ¡versos sin firma!
con tal violencia , que mi hombre perdió tier- ¿quién os ha dado esto? me dijo.
ra y fué á caer todo lo largo que era sobre las -Un caballero en la puerta , que me ha en-
losas del pavimento, arrastrando en su caida cargado de no entregarlo a nadie mas que
una mesa de mármol y una bandeja de porce - á vos.
lana que se hizo mil pedazos. Al ver aquel -¿Quién es ese caballero? ¿no lo conoceis?
destrozo, mozos y parroquianos se echaron so- dadme sus señas .
bre mi sin ninguna consideracion . Mientras -Estatura regular , bien vestido, y con una
tanto se levantó mi adversario. barba bastante larga, de cuyo color no me
-Señores, dijo, soltadlo; yo respondo de enteré.
todo, lo pagaré todo . -¿Buen muchacho?
Y acercándose á mí: -Ya lo creo.
-Caballero, aqui os aguardo mañana á las -¡Ese es Mery ! Gracias .
nueve. Traed vuestro testigo y las armas que Como en aquel momento se estaban enio-
mejor os parezcan . Creo que me agradece- nando canciones patrióticas, y muchas perso-
reis el honor que quiero dispensaros . nas estrañas á aquel acto se habian introduci-
- Sois un imbécil ! ... vuestro honor es do antes que yo en la sala , no crei cometer
absurdo, si no nulo. Ahora poco , antes de tra- una falta de delicadeza en mezclarme con
tarme de pillo, antes de darme de puñadas, ellas. Cuando el eco de la última nota de la
queria medir mis fuerzas con las vuestras Varsoviana hubo espirado , el presidente se
cara á cara , con un arma digna de un hom- levantó :
bre de honor; pero ya pienso que la lucha al -Señores , dijo , acabo de recibir ahora
pugilato es la sola digna de nosotros... Vos no mismo una pieza poética sin firma , y supongo
valeis mas que yo ... Salgamos, y que todos que acaba de salir de la oficina de nuestro
estos sencres la presencien... compatriota Mery. ¿Quereis que se lea?
Y dejando sobre el mostrador una moneda -¡Si ! ¡si! repitieron cien personas á la
de dos francos , tomé mi sombrero y me puse vez.
á aguardar en la puerta que saliera mi adver- Despues de un momento de silencio , vi
sario. Pasados cinco minutos y viendo que no con sorpresa al mismo jóven del café , à mì
salia, me encaminé á la ciudad. adversario de la mañana , levantarse y leer en
Aquel incidente, que me hubiera hecho alta voz con alma y con acento seguro, pero
reflexionar en cualquier otro momento, no algo provenzal, mi famoso ditirambo .
me causó eco ninguno . Con la Polonia y la Concluida la lectura, dijo:
DE LA SAPOYA. 54

-Yo voto un brindis al autor del anónimo . | realmente tuviéseis intencion de seguir la car-
-¡Adoptado! respondieron todos á la vez. rera literaria . Debeis haber leido mucho, & no
¡Y cien patriotas bebieron á la salud de un es asi?
pilluelo! -Pero como... todas las noches leo un poco.
Ademas de la impresion que me habian Y literariamente... ¿qué habeis hecho ya?
hecho las canciones patrióticas, la lectura de -Literariamente..... no comprendo ..... to
mis versos y su lector, aquel honor de un que yo he hecho es poca cosa .... En Digne,
brindis á mi salud acabó de colmarme de fe- mi pais , guardaba las cabras ; mas tarde ,
licidad . Mi vanidad, que nunca se me habia despues de la quinta , fuí á trabajar á las sa-
mostrado á tan alto grado , me aconsejaba dar línas de Aigues-Mortes ; el año pasado estuve
mi nombre, subirme en una mesa y esclamar: empleado en una fábrica de jabon , y luego
¡ Señores, aqui teneis al autor de esos versos! en una de vitriolo ; ahora soy limpia botas....
soy yo! Felizmente conservaba aun bastante y ahí teneis toda mi vida.
juicio y fuerza de carácter para no sucumbir -Pero..... pero ..... ¿ no sois vos quien ha
á sus pérfidas sugestiones. Pero á decir ver- compuesto esos cuatro versos que he encon-
dad, me retiré de aquella sala como el que se trado en el tirante de mi bota?
aleja de una muger á quien adora , á quien -Oh! no , señor , yo no tengo tanto ta-
respeta , y cuando la tentacion se apodera lento.
de él. ---¿Pues quién los ha compuesto?
Fuí dichoso en tomar esta determinacio , -Es un jóven que sirve á los albañiles , un
porque , bajo el nombre del autor espiritual buen compañero , creedme .
de la Velleliade , mi obra obtuvo una men- -¿Qué edad tiene?
cion honrosa en el juicio que un periódico De diez y ocho á diez y nueve años .
emitió de aquella reunion . Es bien seguro que -Toma , ahí tienes diez francos para que
no hubiera sido considerada asi si hubieran bebais á mi salud él y tú . Dile de mi parte ,
conocido á su verdadero autor. que lo estimo , no solo porque hace versos ,
Antes de dejar á Marsella , antes de abra- sino porque sirve á los albañiles . ¡ Ahora mar-
zar otro género de vida , voy á citar, á propó- chaos!...
sito de Mery , un hecho relativo á su colabo- Apenas mi compañero me contó aquella
rador Barthélemy , autor de la Nemesis . Vi- conversacion , nos fuimos á la taberna á cum-
via conmigo un limpia- botas como yo , que me plir fielmente con la recomendacion del poeta.
concedia , segun me dijeron , mucho mas mé- Y en verdad que si Mr. Barthélemy hubiera
rito del que realmente tenia. estado malo aquella noche , no hubiera sido
-Yo tengo , me dijo el último dia del año por causa nuestra ; porque bebimos tanto y
de 1830 , un parroquiano que dicen es un gran tan bien à su salud , que nos achispamos los
filósofo ; se llama Barthélemy. ¿Lo conoces? dos.
-Si , de oirlo nombrar. Una tarde que volvia del trabajo , comién-
-Me parece que es generoso. Yo quisiera dome un pedazo de pan y leyendo las sen-
que le hicieses alguna cosa con tu pluma , al- tencias de Séneca , encontré en el paseo de
guna cosa.... ya me entiendes.... para felici- Milhan una carta abierta , escrita por un ne-
tarle mañana . Si me da algo , partiremos . gociante de Rio-Janeiro . La posdata estaba
¿Qué te parece? concebida en estos términos : «Un articulo de
-Creo que has tenido un buen pensa- incontestable importancia en estos momentos
miento. son las sanguijuelas ; si podeis enviarme veinte
Y en aquel mismo momento le compuse mil en el mes de julio , me parece que hare-
cuatro versos . mos gran negocio , pues se vende aqui cada
He aqui la conversacion que tuvieron al una al precio de trescientos reis .»
dia siguiente el poeta y el botarga. -¡Trescientos reis una sanguijuela! escla-
-Decidme , señor limpia - botas , señor fa- mé sorprendido , trescientos reis !!! Yo igno-
vorecido de las musas . ¿habeis estudiado? ro el valor de esa moneda , ¿ pero qué impor-
-¡Oh ! no , señor , mis padres eran dema- ta? puesto que este es un buen negocio para
siado pobres para eso. otro , me parece que tambien puede serlo
-En ese caso debo deciros , que al punto para mí.
que babeis llegado , no os hagais ilusiones, Abismado en este feliz pensamiento , corrí
aunque el fuego sagrado deba consumiros, maquinalmente á comunicar mi proyecto á dos
no os dejeis coger en el cebo de vuestro Apo- piamonteses espendedores de cuerdas de mú-
lo . Creed en mi esperiencia. Es muy difícil sica , en cuya compañía vivia yo , y los cuales
dar gusto hoy dia . no dejaban de tener algunos antecedentes en
-¡Oh ! caballero , lo que acabais de decir- materias mercantiles. Despues de haberles
me es la pura verdad …….. A pesar de lo mucho leido la carta , el mas jóveu tomó la palabra ,
que me esmero.... yo.... y nos habló de este modo en su leguaje me-
-Todo vuestro cuidado en esmeraros , tafórico
creedme , no es nada en comparacion de los -- Amigos , puesto que el diapason de la
sinsabores que tendreis que esperimentar sil casualidad hace vibrar para nosotros la cuer-
52 MEMORIAS DE UN NIÑO

da de la dicha , nos debemos apresurar á es- procurábamos resignarnos , porque compren-


cuchar sus sonidos. diamos este proverbio popular: pesadumbres
En seguida fuimos á la bolsa á informarnos no pagan trámpas , y aguardábamos filosófi -
si habia algun buque que admitiese carga y camente que los querubines mitológicos qui-
pasageros para Rio -Janeiro . Habia uno que siesen permitirnos la salida de aquel abrasado
aguardaba viento favorable para hacerse al hemisferio , cuando una victima se presentó
mar: este era el brick La Dorade . Convinimos para mostrárneslos propicios.
con el armador en el precio de nuestro viage El cuadragésimo segundo dia de aquella
y en el porte de nuestras mercancías y nos maldita calma , habiéndose agotado el reperto-
fuimos á preparar nuestro equipage Mientras rio de las distracciones á bordo , el capitan
el uno se ocupaba en arreglar los pasaportes, juzgó á propósito para divertir à la tripula-
los otros dos compraron tres barriles de ma - cion , renovar aquellas saturnales conocidas
dera , donde se encerraron diez mil sangui- con el nombre de fiestas tropicales , las cuales
Juelas , que hicieron la travesía con la mayor no están ya en uso . Asi es que , por puro pa-
comodidad , no teniendo que gastar en su ma- satiempo , marineros y pasageros se arregla-
nutencion mas que lo que costaba mudarles ron cada cual como pudo un trage grotesco,
el agua de vez en cuando . Concluida esta pri- con el fin de desempeñar el papel que a cada
mera parte de nuestro cargamento , hicimos uno se le habia asignado , y tambien dejarse
una provision bastante reducida de objetos de bautizar si llegaba el caso . Mas para hacer el
quincalla , los enfardamos , y sin registrarlos , espectáculo mas divertido , en vez del cubo
nos fuimos al embarcadero . En fin , el 4. de que hay costumbre sacar , nuestro oficioso ca-
mayo de 1831 , cinco dias despues de haber pitan ideó que se pusiera un aparato fuera de
encontrado la carta , nos dimos á la vela y en- |la baranda , para formar un depósito de agua
derezamos hacia el estrecho. inaccesible á los voraces habitantes del Océano ,
y que pudiese servir de pila de bautismo .
XII. Con este objeto se tendió una vela y se
amarró por una punta al yugo de la popa , y
TIBURON , CAIMAN Y BOA. á la otra se ataron unas cuerdas que se amar-
raron igualmente al palo mayor , dejando caer
Me abstendré de toda narracion sentimen- en el agua la bolsa que formaba . Una goa que
tal ó descriptiva acerca de nuestra travesia . se echó en el fondo de aquel baño insólito,
Aquella fué una verdadera navegacion de se- hizo aparecer en un momento sobre la vela
ñoras. El 4. de junio , impulsados por una una gran porcion de agua , donde todo aquel
fresca y serena brisa , llegamos al ecuador . En que no habia pasado nunca la linea ecuato-
la tarde del mismo dia , despues de muchas rial , despues de ser rasurado con un gran sa-
variaciones, desapareció completamente la bri- ble de madera , era arrojado inmediatamente.
sa , y quedamos en completa calma . Al dia Ya muchos de los viajeros , y yo tambien, ha-
siguiente no sentimos ni un corto soplo de biamos sufrido aquel bautismo , cuando uno de
viento que temperase la sofocante calor que mis asociados, obligado á pasar por aquella ce-
se aplomaba sobre nosotros . Las velas pendianremonia , fuese para mostrar su valor , ó bien
de los masteleros casi sin movimiento , y hu porque aquella inmersion le pareciese dema-
biera estado enteramente inmóviles , si el mar , siado práctica , lo cierto es que se escapó de
que estaba algo agitado , no les hubiese he - las manos del barbero , escaló los obenques , y
cho oscilar algun tanto ; pero bien pronto se se zambulló de cabeza en el mar. No bien ha-
cubrió todo el horizonte de una desesperante bia podido ganar la superficie del agua, cuando
serenidad ; y por esa latitud que se reduce á un grumete vió un espantoso tiburon atraido
cero , era fácil preveer que nuestra perma- sin duda por la caida del piamontés. El formi-
nencia en medio del Océano se prolongaria dable animal avanzaba magestuosamente há-
algunas semanas. cia el lado en que nadaba mi desgraciado
En efecto , un mes pasó sin producir el compañero , que se encontró cara á cara con
menor cambio atmosferico. El mar estaba com aquel temible señor de las aguas . El grito de
pacto como una plancha de cristal , y ni una un tiburon ! dado por el grumete , que mos-
sola nube alteraba el color del cielo. traba con la mano al terrible animal , suspen-
-¿Cuándo tendremos una ligera brisa? dió la ceremonia , y todo el mundo acudió á
Tales eran las palabras que se decian por socorrer á mi desgraciado consocio ; cada cual
la mañana y las que se repetian por la noche . seguia con la vista , lleno de ansiedad y de
El viento , siempre el viento, era el objeto de terror , los movimientos de aquella fiera ina-
todas las conversaciones á bordo ; pero mas ritima , y de su débil antagonista .
que el resto de la tripulacion lo deseábamos No creo que un naufragio inevitable hu-
mis asociados y yo . Estabamos doblemente biese producido una consternación semejante
apenados , porque nuestras sanguijuelas iban á la que en aquel momento se hallaba pintada
mermándose cada dia , efecto de la falta de en todos los semblantes . Era una escena hor-
agua , y nos chupaban nuestros bolsillos cada rorosa ver aquel tigre de los mares , avanzarse
vez que había que cambiársela . No obstante , escoltado de sus dos eternos pilotos , revolver-
DE LA SABOYA.
33

se , escitando asi su voraz apetito sobre su rar que la venta de nuestras sanguijuelas se-
presa para devorarla mejor . El piamontés con- ria fácil y lucrativa.
servó en aquella cruel posicion la mas admi- Lo primero que juzgamos oportuno hacer
rable sangre fria: pegado al mismo tiburon , cuando desembarcamos , fué buscar un lugar
habia ya dado la vuelta á la embarcacion sin donde depositar nuestras mercancías , las que
que se pudiese encontrar medio de salvarlo . teníamos que estraer del buque parcialmente
Se iba a echar un bote al mar , cuando el ca- y á escondidas de un aduanero que vigilaba
pitan , cubierto aun de sus oropeles de Nep- para que no saliese nada de la embarcacion
tuno improvisado , arrojando á un lado la tú- sin un permiso que emanase de la aduana .
nica y el tridente , se lanzó de un salto sobre Encontramos un local cómodo en casa de un
la verja del mastelero mayor , y arrojó al mar italiano que mi asociado reconoció ser uno de
la punta de una jarcia que colocó en uno de los refugiados politicos compañeros de des-
los motones , diciendo al pobre diablo que se tierro. Aquel hombre estaba en el Brasil ha-
amarrase bien por bajo de los brazos para cia algunos años viviendo del contrabando , y
izarlo , lo que ejecutó con bastante agilidad ; | nos dió las instrucciones necesarias para de-
pues , a pesar de la fatiga que debia enervar fraudar los derechos de S. M. brasileña , de-
ya sus miembros , tuvo aun la precaucion de biendo á su esperiencia el completo éxito del
echar un nudo á la cuerda , un pie por cima desembarque de nuestras mercancías.
de su cabeza , á fin de preservarse del choque Como creo que importa poco al lector que
con la verga ; y dirigiendo la vista al tiburon , yo le inicie en los misterios de la vida mer-
que parecia estarle espiando , esclamó : ¡ ar- cantil , bastará con que le diga que despues
riba ! Tres hombres que tenian la otra estre- de haber corrido todas las tiendas de barbero
midad de la jarcia , hicieron un esfuerzo , y de la ciudad , á quienes llevábamos muestras
en menos de dos segundos lo levantaron a en una botella de cuero , especie de vasija
mas de treinta pies por cima del nivel del que se usa mucho alli , vendimos todas nues-
agua . Pues bien , sin embargo de la rapidez tras sanguijuelas á un precio tan alto , que sa-
con que se efectuó la ascension , no pudo li- camos de ellas cinco mil francos . Como no nos
bertarse de la furia del mónstruo . Lo vi en- habian costado mas que mil quinientos , no
derezarse , abrir una boca con tres hileras de inclusos los gastos de camino , que se eleva-
dientes triangulares , lanzarse fuera de su ron á doscientos cincuenta francos por cada
elemento en una línea vertical , tener á los uno de nosotros , nos resultó un beneficio li-
tres hombres en equilibrio durante un segun- quido de tres mil francos , que nos hizo poner
do , volver á caer en el agua , y presentarse á ufanos. En cuanto a nuestra pacotilla de quin-
mis ojos el triste cuadro de un cuerpo muti- calla no pudimos despacharla en Rio Janeiro ,
lado , suspendido , cuyas entrañas colgaban á pues aquella ciudad es sumamente comercial
lo largo de la pierna derecha ; la izquierda y está surtida siempre de mejores y mas
habia desaparecido . abundantes géneros que nuestras ciudades
A las dos horas espiró. manufactureras de Europa. Para efectuar la
¡Pobre compañero! mi otro asociado y yo venta hubiéramos necesitado echar mano de
lo sentimos sinceramente , no porque acabase corredores del comercio , los cuales hubieran
de hacernos sus herederos , sino porque era exigido un beneficio mayor que el nuestro , y
verdaderamente un bueno y jovial amigo. eso no nos acomodaba . Nuestro patron , el
-¡Qué rareza! hubiera podido decirse que italiano , á quien nos dirigimos con este obje-
aquella desgracia debia sernos favorable: to , vino aun en ayuda nuestra. Nos aconsejó
aquella misma tarde tuvimos viento . que fuésemos á dar un paseo por el interior,
Lo mismo que en todas las ciudades de nos trazó un itinerario que él mismo habia
España y de Portugal , en Rio Janeiro tienen seguido el año precedente , nos aseguró que
aun los barberos el privilegio de conservar las con paciencia , valor y conciencia un poco an-
sanguijuelas y de aplicarlas . Yo supe esta cos- cha , no saldríamos mal de nuestra empresa.
tumbre tan luego como llegamos á la bahía y Aquel consejo me gustó mucho , porque ade-
fuimos visitados por la diputacion sanitaria . mas de las ventajas pecuniarias que parecia
Apenas se habia alejado el bote de sanidad , debernos proporcionar , mi carácter aventu-
cuando vimos acercarse el de la aduana y una rero se acomodaba perfectamente con un gé-
nube de piraguas ; aquellas débiles embarca- nero de vida semejante . Completamos , pues ,
ciones traian á bordo un blanco y un negro nuestra pacotilla , la clasificamos por órden en
ejecutaba las maniobras. Cuando los aduane- dos cajas con diferentes separaciones , y nos
ros bajaron á la cámara , se lanzaron de las pusimos en marcha con un sol al cual nues-
piraguas sobre el puente una veintena de tros temperamentos , aunque bastante bue-
barberos que nos dijeron á la vez Señores , nos , pudieron dificilmente acostumbrarse.
¿traen vds. sanguijuelas de venta? Nosotros Esta nueva profesion me pareció al principio
nos guardamos bien de responder afirmativa- dificultosa , sobre todo cuando teniamos que
mente antes que los aduaneros se marchasen; enseñar nuestras mercancías á personas que
pero tomamos las señas de aquellos futuros no nos comprendian. No obstante , gracias á
parroquianos , cuya afluencia nos hizo asegu- ' lo poco que sabia de latin , de provenzal y de
8
51 MEMORIAS DE UN NIÑO

italiano , pude muy luego conseguir el dejar- aquellos desiertos . Me decidí , pues , á poner-
me entender en portugues ; por casualidad me me en camino , pero antes eché los restos
sucedia alguna vez el no ser comprendido . mortales de mi amigo en un barranco , des-
Hacia dos meses que viajábamos de aldea en pues de despojarlos de un cinto que contenia
aldea con las mercancías á cuestas , y despre- diez onzas de oro , los cubri con hojas de pla-
ciando las preocupaciones del pais , que mira tano y con una capa de tierra , y uniendo su
con desden á los blancos que se envilecen por fardo al mio , me alejé de aquel sitio fatal re-
llevar un objeto cualquiera. Un dia pasába pitiendo muchas veces : Pobre Fenoglio ! que
mos de Isla Grandé á Santa Maria por un ca- era el nombre de aquel desgraciado.
mino arenoso que nos cansaba estraordinaria- Los sucesos que acabo de mencionar , es
mente ; el sol ocupaba ei zenit ; una sofocante decir , la muerte de mis consocios Caguasso y
calor nos ahogaba y ni un ligero soplo de aire Fenoglio , devorados por dos animales casi de
se dejaba sentir para refrescarnos, ni aun una una manera idéntica , deben sin duda alguna
sombra donde ponernos al abrigo de los ra- carecer de cierta condicion de verosimilitud á
yos del sol que nos achicharraban . Sin em- los ojos del lector ; pero , ¡ ay ! nada mas cier-
bargo , no faltaban árboles ; pero los bosques to que aquellas catástrofes de que fui inútil
que habia a uno y otro lado del camino eran testigo , y que separadas por un escaso tér-
tan compactos , tantas las enredaderas y ar- mino de tres meses, parecen no obstante dar-
bustos enlazados entre sí , que formaban una se la mano.
barrera tan impenetrable , que dificilmente La verdad puede á veces no ser verosimil,
podiamos hacer pasar nuestros brazos por ella . ha dicho un poeta de genio , y jamás este
Si alguna vez encontrábamos por casualidad axioma recibió una aplicacion mas exacta que
una abertura por donde poder entrar , una aqui . No hay que dudar que si despues de la
densa nube de insectos volátiles nos obligaba catástrofe de mi amigo Cagnasso en el Océano
bien pronto á volver a nuestro camino . En fin, | tropical hubiese hecho la descripcion de Rio
hácia el medio dia , despues de haber andado Janeiro y de sus inmediaciones , y hubiese
seis horas encorvados bajo nuestra carga , lle- hablado de la esclavitud , como lo haré en el
gamos á la orilla del rio de los Macacos, don- capítulo siguiente , estos acontecimientos se-
de nos dormimos á la sombra de un inmenso parados asi por una serie de páginas bastante
plátano. regular , hubieran tenido mayor carácter de
Yo dormitaba hacia ya rato , cuando un verdad ; mas ya lo he dicho , tengo mucho
ruido estraño , semejante en algun tanto al que decir para gastar tiempo en inútiles di-
gruñido del cerdo , me vino á despertar. Co - gresiones. ¿ Por qué razon Pietro Cagnasso,
mencé á llamar á mi compañero para volver- Giovanni Fenoglio y Claudio Genoux no pa-
nos á poner en camino , pero al momento me saron por las comunes aventuras de casi todos
apercibi de que solo estaba en el sitio donde los viageros? Cagnasso , como la mayor parte
se había acostado el fardo de sus mercaderías: de los hombres de su condicion , reducido por
me levanté entonces , di algunos pasos hacia falta de instruccion y de medios al ejercicio
el riachuelo dándole fuertes voces ; pero en puramente material de su actividad , tenia ci-
vez de obtener respuesta , oí un grito ahoga - frado su amor propio en hacer ver sus fuerzas
do que salía de entre unas matas espesas; me musculares y su destreza en los ejercicios gim-
acerqué un poco y ví precipitarse al agua un násticos. Diestro nadador , habia chapuzado
enorme caiman que arrastraba el cuerpo en- muchas veces en las aguas del Tesino y del
sangrentado de mi infeliz camarada . Me pre- Adige . Me acuerdo que la tarde que nos em-
cipité tras él y abandonó su presa ; pero ya barcamos en Marsella estaba tan sumamente
era tarde, no daba la menor señal de vida . Su contento , que corria , saltaba y brincaba co-
cabeza estaba horriblemente mutilada , y sus mo un loco por todas partes sobre el puente
pies cortados como si se hubiera empleado de la embarcacion ; pero una vez se descuido
para ello un hacha . Su muerte , que hubiera un poco y fué á parar en medio del mar con su
sido la mia si por librarme de los ardientes alegría . Un gran rumor se esparció en la tri-
rayos del sol no hubiera elegido un sitio mas pulacion , y el grito de un hombre que se
apartado del riachuelo que el que escogió mi ahoga! resonó por los cuatro costados del bu-
compañero , causó en mi tal impresion , que que . Los buzos se preparan á tirarse al agua;
me quedé inmóvil mas de una hora contem- no viéndelo aparecer se lanzan en el líquido
plando el cadáver sin encontrarme con fuer- elemento buscándolo inútilmente , y mientras
zas para tomar una resolucion . Mas como la tanto él los miraba tranquilamente y en silen-
noche se acercaba á paso de gigante tuve que cio sentado en el yugo de un navio, bajo cuya
pensar en mi propia conservacion. Las noches quilla acababa de pasar , y sonriendo como un
son temibles en el Brasil para pasarlas á la muchacho travieso de la escena que estaba
intemperie. Ademas del aire húmedo y frio pasando . Asi es que su confianza en la nata-
que se levanta al anochecer , despues de ha- cion le quitó del mundo antes de tiempo .
berse estado dejando sentir un calor de trein- En cuanto à Fenoglio , la ignorancia de los
ta y cinco grados durante el dia , hay otros sitios fué la sola causa de su muerte ; y lo re-
peligros para el viagero que se pierde en pito , su muerte hubiera sido la mia , si uno
DE LA SABOYA. 55

de esos raros nublados que aparecen en aque- do recordarlo sin que se me ericen los cabe-
lla parte del Brasil , no me hubiese avisado al llos . He aqui la causa :
dejar libres los rayos solares , de que el sitio Hacia cuatro meses que no habia llovido
en que me habia echado primeramente no era ni una gota en Itu; el cielo estaba azul como
el mas a propósito para lihertarme de ellos . el Océano, y durante los cuatro espresados
-¿Y qué sacamos en limpio de esta digre- meses el sol dejaba caer sus rayos de fuego
sion? me preguntará el lector. sobre aquel pais desecado. El hombre , las
Pues es muy sencillo ; que las Memorias plantas y los animales sufrian atrozmente por
de un hijo de la Saboya no son una novela , y aquella falta de agua y por aquel calor sofo-
que tanto en literatura como en religion solo cante . Ya el dia anterior al de que voy á
la fé puede salvar . Mas si no quereis creerme , ocuparme estuve en peligro de caer entre las
lector , podeis ir á verlo. Si , marchad , pero astas de un toro furioso , o mas bien dicho , ra-
en la misma condicion que yo sali de Marse - bioso , á causa de la sed y de las picaduras
lla ; id á Itu , dad la vuelta al mundo , no en con que le saeteaban los insectos . Se compren-
calidad de negociante ó de oficial , que seria derá la triste situacion en que se hallaba toda
enteramente distinto , sino como verdadero aquella comarca, cuando diga que una botella
aventurero , pária de todos los paises ; haced de agua turbia y caliente costaba dos francos.
un viage de veinte y ocho mil leguas, un via- El dia que sali de Itu , se cubrió la atmósfera de
ge tal como los que voy á demostrar en los nubes, gracias al viento Este que principió á
capitulos siguientes , y cuando volvais , si es reinar . Como el dia anterior habia andado
que lo efectuais bueno y salvo , hareis lo que doble jornada y mi carga era bastante pesada,
yo , contareis cosas estrañas. estaba cansado y tuve que alquilar un negro
Aunque el oro de mi infortunado camara- para que llevara mi equipage hasta la prime-
da me consoló algun tanto de su pérdida, ra posada . No habiamos andado aun dos le-
aquel acontecimiento no dejó por eso de con- guas cuando principió á llover con tal violen-
mover mi corazon de baniano . Aquel golpe cia, que parecia que las cataratas del cielo se
hizo cambiar en serias inquietudes mis sueños hubiesen abierto à la vez ; en menos de media
de ventura . Estaba tan sobresaltado que tuve hora fué invadido el barranco por donde iba-
ideas de volverme sobre mis pasos á Rio Ja- mos por un torrente desolador. Tuvimos á la
neiro; y si no tomé este partido , fué porque fuerza que abandonarlo . Habiendo subido por
me hallaba ya á diez millas de Santa María, y una de las vertientes que habia al lado del
porque mi doble carga , que pesaba un quintal camino, nos detuvimos para tomar aliento .
métrico, no me permitia andarlas durante la Alli mi negro dejó la carga en el suelo y se
noche . Continué, pues, mi camino, y á pesar puso á considerar una especie de topinera
de mi constancia en andar, no pude hallar muy semejante á las que vemos en nuestros
en toda la noche ni una mala cabaña donde campos .
albergarme, y oyendo sin interrupcion los ru- -¿Qué miras ahí, rapaz? le pregunté .
gidos de los jaguares que me hacian estre- En vez de responderme, el negro se levan-
mecer. tó precipitadamente y se puso á pisotear , á
¡Qué oficio tan rudo es el de buhonero en saltar , á brincar sobre la topera, hasta que
las Indias, querido lector ! El de ballenero, cerró perfectamente la cavidad . Concluida esta
que no es de los mas apetecibles, y del cual operacion , se puso á gritar : ¡ huid, señor ,
hablaré mas adelante, es un oficio de muger huid, un boa , un boa!
en comparacion suya . Es menester haber an- Viéndome que continuaba inmóvil mo
dado dos dias enteros , cargado como un burro abrazó por medio del cuerpo y me hizo rodar
sin encontrar una choza , una casa ni una con él hasta el mismo torrente de que antes
cueva, y ni un pedazo de casave , para poder- habíamos huido. El agua nos llevaba á ambos ,
se formar una idea. Durante tres meses atra- pero el negro no me soltó; quieras que no
vesé montañas rodeadas de precipicios , pasé quieras tuve que seguirlo hasta colocarnos en-
torrentes, llanuras inmensas , bañadas de sol cima de la vertiente opuesta à la que habia-
y cubiertas de vastos bosques que bien puedo mos dejado . Dos veces quise hacer como que
Ilamar épicos . ¿Pero por qué ponia en accion me resistia, y ambos á dos me abrazó con
tanta perseverancia? ¿Para qué desafiaba tan- mas vigor, repitiendo en su gerigonza: ¡ huid,
tos peligros? ¿para qué? Para gozar de la señor , una serpiente , un boa! Por tanto
perspectiva de una naturaleza primitiva que cuando se creyó ya fuera de peligro, se de-
recuerda los primeros tiempos de la creacion; tuvo.
para ver las mas bellas comarcas que el hom- -Poned cuidado , me dijo mostrándome con
bre puede desear; ¡ para... traer á Europa al- la mano el sitio que acabábamos de dejar.
gunas despreciables monedas de oro! En aquel instante dominó la tempestad
Quince dias despues de la muerte de mi una especie de bramido horroroso, un silbido
asociado , encontrándome en el camino , quiero penetrante .
decir, en el sendero que conduce de Mugi- Era una boa.
Mirem á Itu , á cincuenta leguas de Rio Janei- Lleno de espanto , ví aquel enorme reptil,
ro, lleve un susto tal que hoy mismo no pue- de unos treinta pies de largo, salir dando
56 MEMORIAS DE UN NIÑO

vueltas de la topera que el negro habia esta- , por una libra de oro en polvo . Continué des-
do aplastando . En seguida se enderezó sobre pues mi romería vendiendo los objetos de mi
la cola, se replegó en anchos anillos , se echó comercio, pasé por San Pablo y regresé á Rio
á rodar por el suelo , dejando oir un sonido Janeiro con una suma de seis mil quinientos
semejante al que hacen las hojas secas movi- franccs, de la cual me habia propuesto resti-
das por el viento. Despues de algunos minutos tuir la mitad á los padres ó parientes de Fe-
que el animal estuvo evolucionando alrededor noglio, si algun dia llegaba a favorecerme la
de un arbolillo y de mi fardo , que habia que- fortuna.
dado en aquel sitio , el mónstruo volvió á en-
derezarse y pareció como que olfateaba... En XIV.
los saltos que daba en su marcha rápida como
la del jaguar pero distinta , me llegué á per- PAPAGAYO ,
suadir que iba á pasar el torrente ; pere feliz-
mente no fué asi: sea que no nos viese, ó bien Antes de despedirme del Brasil , al que
que prefiriese tomar un baño , lo cierto es que volveré dentro de dos años , para volverlo á
el feroz reptil fué à precipitarse en las aguas abandonar en seguida, voy á describir en for-
fangosas del torrente. ma de novela un cuadro de costumbres, una
Cuando dos horas despues fué disminuyen- aventura que me causó muy viva impresion .
do la lluvia, y el arroyo quedó casi seco , vol- En la mañana del 20 de marzo de 1832, á
vimos por el equipage que aun estaba cubier- una legua de San Pablo , y en un camino
to de baba blanca y tenaz del constrictor . La abierto á fuego en el centro de un bosque muy
escavacion de donde habia salido, la cual es- espeso, me adelantaron unos cien negros car-
tuve examinando , me pareció no tener mas gados de sacos de café , corriendo y cantando
de un pie de diámetro; ignoro cual seria su al compás de un instrumento que tocaba un
profundidad. Yendo por el camino , supe por mulato que iba entre ellos . Algunos pasos mas
el negro que las serpientes, asi como los cai- atrás iba el capataz haciendo piafar su caba-
manes hacen madrigueras debajo de tierra y llo y crugiendo un látigo con que castigaba á
habitan en ellas durante las grandes colores; aquellos infelices.
y esto, añadió, lo hacen con el objeto de en- Al pasar un riachuelo que llaman Gipara-
contrar en las entrañas de la tierra la hume- na , y que atraviesa el camino, uno de aque-
dad que necesita su organizacion, y sin la cual los negros buscó para practicar el paso un
no podrian vivir. Cuando el tiempo está llu- vado mas fácil que el que eligieron sus com-
vioso, su instinto se lo advierte. Entonces, pañeros; pero antes de llegar á la orilla se
desgraciado el ser viviente que encuentran escurrió y fué á parar al agua rodando , de
Al salir de la madriguera, la boa se traga un donde le costó gran trabajo sacar el fardo de
buey entero. café que tambien habia caido en remojo.
¡Pues cómo , esclamé, siendo su cabeza Mas Papagayo, que asi se llamaba el negro,
tan pequeña! procuró en vano volverse á cargar el saco,
-Ciertamente, señor; pero tiene la facili- pues el agua que habia tomado le aumentó el
dad de dilatarse de una manera desmesurada . peso, y aguardaba á mi parecer que pasara
Es de advertir que antes de tragarse al buey, algun otro negro para que le ayudase á colo-
lo estira , lo tritura, le destroza los huesos car la carga . Al pasar yo por aquel sitio, lo
contra un árbol y lo llena de baba con el ob- vi sentado á la orilla, lavándose pacientemen-
jeto de engullirlo mejor. Creedme si quereis, te sus ensangrentados pies. Uu enorme collar
pero concluida su comida tarda tres meses en de hierro le ceñia el cuello , lo que indicaba
hacer la digestion, durante cuyo espacio pare que estaba sufriendo algun castigo por revol-
ce que está muerta, pudiendo matarla enton- toso; pero sin embargo , no vacile en saludar-
ces sin temor de que se mueva. lo segun mi costumbre. Una sonrisa sardónica
-¡Cuanto me estás diciendo es prodigio- que se mostró en sus gruesos labios me hizo
so ! ... Mas, ¿por qué danzabas ahora poco so- mirarlo con prevencion . Sus enormes y pro-
bre su madriguera sabiendo que iba á salir? tuberantes ojos se fijaron en mi desde que me
-Para apretar la tierra á fin de que encon- vió , y luego me volvió desdeñosamente la es-
trara dificultad en salir y nos diese tiempo palda sin devolverme el saludo . Al obrar de
para escapar. aquel modo comprendí que aquel desgraciado
-Bien , rapaz, eres un buen negro. Ya me me colocaba en la categoría de los blancos au-
acordaré de tí. tores de sus padecimientos . Pero lejos de irri-
Cuando llegamos á la posada le regalé un tarme su desden escitó mi curiosidad . Me
bandolin , pues era muy aficionado á la músi- adelanté hácia él y le pregunté si queria que
ca , y le compré un magnífico caballo, que me le ayudase á cargar su fardo. Al oirme levan-
costó tan solo ciento veinte y cinco francos. tó la cabeza , me miró con aire de enfado, y
Al siguiente dia llegué á Mugi-Mirem, me me dijo en buen portugués:
deshice de mucha parte de mis mercancías -Señor , no estoy de humor para reir.
para aligerarme de peso, y cambié una grue- | -Tú me juzgas mal , jóven. ¿llas creido
sa de cuerdas de mi desgraciado compañero acaso que yo me propongo insultar tu mise-
DE LA SABOYA. ' 57

ria? Dios es testigo de que mi intencion es ha- la palabra para consolarlo. El infeliz compren-
certe un favor. dió mi silencio.
-Gran servicio , en efecto , cuando mis -Blanco , me dijo , eres el primero de tu
compañeros están ya muy lejos y yo estoy color que se haya rebajado , ó mejor dicho .
aqui todavía ; mas aunque tuviera que estar en que se haya mostrado bastante grande y ge-

este sitio hasta mañana , no aceptaria los fa- neroso para ayudar á un pobre negro. Aunque
vores de un blanco. no soy amigo de que me tengan lastima , te
-Es necesario entrar en escepciones : en el doy gracias por tu solicitud ; pero dime , ¿si
número de los blancos que tanto aborreces, hubiera habido aqui otros blancos , si por
hay algunos que no son malos ; ¿si todos fue ejemplo , hubiera necesitado tus servicios en
sen crueles qué seria de la humanidad? una calle ó plaza de San Pablo , me hubieras
-La humanidad , repuso irónicamente; ;ah! ayudado tambien? ¿no te hubieras avergon-
esta palabra es hermosa ; pero yo quisiera sa- zado?
ber lo que tú pensarias de la humanidad si -No . ¿Puedo yo acaso considerarte crimi-
fueses esclavo como yo , si como yo no tuvie- nal porque Dios te dió distinto color que el
ses en perspectiva mas que un porvenir de mio? eres esclavo , pero no te has vendido tú
dolores y latigazos por todo consuelo . Crée- mismo no tenias derecho para hacerlo .
me: si allá en sueños te encontraras todas las -Me parece que es la primera vez que uu
noches en los sitios donde te criaste , libre blanco ha pronunciado un discurso semejante
como el aire , y que al despertarte no vieses en presencia de un triste negro. Por tanto, es-
realmente sino una esclavitud infinita , la alta toy cansado de ver europeos que van de casa
idea que tienes formada de la humanidad des- en casa vendiendo baratijas , y que son tan
apareciera para siempre. malos , por no decir peores , que los amos
Guardó silencio, se puso en pic , colocó el nuestros . He conocido algunos que han com-
saco en un vallado , y principió á cargárselo. prado negros , á los cuales apenas daban el
Yo le ayudé y le di la mano sin osar dirigirle tiempo necesario de reposo para evitar que se
58 MEMORIAS DE UN NIÑO

muriesen . Esos hombres no piensan , pues, entré en San Pablo dando las doce en la ca-
como tú? tedral.
-No, la sociedad de su pais los ha arrojado Hacia poco rato que descansaba en mi alo-
de su seno , como las olas despiden del suyo jamiento sobre una estera , saboreando el dul-
las inmundas espumas . ce y verdadero reposo que solo la fatiga acar-
—¿Pero tú , blanco , que hablas tan sabia- rea , cuando vi detenerse á la puerta y apear-
mente de los demas , no has venido al Brasil se del caballo á aquel mismo individuo que
como ellos á enriquecerte? conducia á los negros de que acabo de hablar.
-Yo he venido aqui , como á otras partes , Aquel hombre , que reconocí en su trage ser
buscando mi vida , procurando instruirme , y uno de los habitantes del interior , me entre-
mi felicidad se cifra en correr por el mundo. gó una carta de parte de su amo . Luego que
-¡Que dichoso eres , gallardo mozo ! ¡ Oh ! la lei , me apresuré á tomar mis mercaderías,
¡qué dichoso eres ! Si yo me viera libre como y lo segui montado en un caballo que habia
tú , gozaria tambien en ver mundo , en conso- | Îlevado espresamente .
lar al pobre esclavo ; pero no me pertenezco : Despues de galopar una hora por el mis-
mi amo es dueño de mi cuerpo, de mi sangre , mo camino que antes habia andado a pie , en-
de mi carne y de mis huesos. Mas es aun : me tramos en una senda entre dos hileras de gua-
ha arrancado hasta las entrañas , puesto que yaveros . Aquellos hermosos árboles de copa
me ha separado de mi hijo y lo ha vendido , ancha y espesa como la de nuestros castaños ,
¡ Pobre hijo mio ! era mi único consuelo , su formaban una bóveda tan impenetrable y os-
fisonomía me recordaba constantemente las cura , que ni el menor rayo de sol podia pe-
facciones de su madre , muerta en la sentina netrar por ella . A la estremidad de aquella es-
del buque negrero . ¡ Ay! ciento veinte lunas pecie de paseo , se estendia en una circunfe-
han brillado desde entonces , y ni un dia fe- rencia de muchas millas una magnífica plan-
liz , ni una mirada amiga , han venido á con- tacion , la mas deliciosa que vi en el Brasil .
solarme. En el centro de un bosque de palmeras , hácia
Al terminar estas palabras nos encontra la falda de una fértil montaña cubierta de ár-
mnos á la puerta de una especie de taberna boles de café , se veia una magnífica casa ro-
construida á la orilla del camino. Yo invité á deada de otros edificios que servian de depó-
mi negro compañero á refrescar , y no se hizo sito para los productos de la plantacion . Lle-
rogar . Cuando nuestra amistad nos enlazó por gamos á un gran cobertizo , echamos pie á
la simpatía de nuestra conversacion y de una tierra y mi conductor me presentó en seguida
botella de vino de Oporto que ya habíamos al señor don Manuel da Silva , el propietario,
despachado , me hizo la descripcion de las ori- quien me dijo apenas me vió :
llas del lago Maravi , donde habia nacido , es- -¡Ah' ¿Sois vos el marchante que he man-
tasiándose cuando hablaba de los dichosos dado llamar? Pues bien ; ¿me traeis cajas de
tiempos de su vida nómada Grande era su música?
efusion al recordar los bosques seculares en -Si , señor.
que habia pasado sus primeros años , llenos -Bueno. Tened la bondad de seguirme ; os
de ventura y libertad; pero grandes eran tam- aseguro que mi muger os aguarda con tanta
bien las imprecaciones acompañadas de movi- impaciencia como los judios al Mesias. Las
mientos convulsivos con que me pintaba á los mugeres son como los niños : necesitan ju-
portugueses de la costa de Mozambique. guetes .
Ellos son , decia con vehemencia , los que -Señor , no ignorareis sin duda aquel pro-
introdujeron la discordia entre mi tribu y la verbio que dice : ia amistad es mas firme por
de Morinha ; ellos han sido los que contribu - la generosidad ... Los caprichos de las señoras™
yeron á mi derrota , los que me compraron hacen mas sobresalientes sus virtudes.
por un vil pedazo de tela , y los que me con- -Lo que yo no ignoro es que sois merca-
dujeron encadenado hasta aqui . ¡ Oh! ¡ vengan- der , y que lo que deseais es dar salida á vues-
za ! ¡ si , venganza ! diga lo que quiera el após- tro comercio . Para vos las virtudes consisten
tol San Pablo. en reunir algunos miles para llevarlos à vues-
Y reponiéndose un poco continuó : tra tierra , me respondió con una sonrisa algo
—Aquel sacerdote decia , porque no sufria irónica .
como yo , que es menester perdonar á nues- No quise molestarme en contestarle . En
tros enemigos ; que la venganza es propia de aquel momento entrábamos en un hermoso
los ancianos , de los niños , de las almas dé- salon , donde don Manuel me rogó le espera-
biles que no tienen bastante fuerza para do- se . Aquella habitacion , amueblada con tanto
minarse... Vamos , alios ; piensa en mi algu- gusto como sencillez , no tenia nada de par-
na vez , acuérdate de Papagayo , del desgra- ticular , si no es un inmenso ventilador que
ciado rey de la tribu de Zuengas . un robusto negro hacia funcionar.
No habia vuelto en mi de la sorpresa que De alli á poco vino á honrarme con su pre-
me habian causado estas palabras , cuando el sencia doña Silva , seguida de dos niños y de
ex-rey habia ya desaparecido . Continué mi cuatro negras. Una docena de mis sonoros
camino preocupado con aquel encuentro , y instrumentos vibraban ya sobre una mesa de
DE LA SABOYA. 39

'caoba , cuando apareció en la sala el capataz munes de Inglaterra . -El suelo del Brasil no
con el sombrero en la mano , y habló á don puede cultivarse sin el auxilio de los negros ,
Manuel que habia salido á su encuentro. dijeron los plantadores brasileños . Asi es que
-Cuarenta latigazos , respondió éste cuan- para evitar reacciones sangrientas como la de
do se enteró de lo que se trataba . Cuarenta Santo Domingo, redoblaron las cadenas de sus
latigazos , ¿lo ois? eso no es mucho para un esclavos . Esclavos ellos mismos de sus propias
rey que no quiere ser buen súbdito. preocupaciones , se vieron en la necesidad por
La palabra rey y la presencia del capataz rutina y por egoismo de emplear mas rigor
despertaron mis recuerdos ; mi memoria me contra aquella casta que los mantiene , so pena
hizo pensar en el triste destino de Papagayo . de ver levantarse sobre sus cadáveres mutila-
Un sudor frio principió á correr por mi frente dos otra nueva república de Haiti. ¡ Triste al-
con tal abundancia , que don Manuel creyó ternativa!
que me habia puesto malo y me mandó sen- Entretanto , ya iba haciéndose tarde . Sa-
tar Algunos instantes despues , las suaves tisfecho con una ganancia de cien francos que
melodías de Boieldieu , de Meyerbeer , y de acababa de hacer , alegre por los vaporosos
Rossini , que tocaban mis órganos en minia- espiritus de ciertas botellas de vino añejo que
tura , fueron acompañadas de los gritos lasti- nos bebimos entre don Manuel y yo , me pa-
meros , desgarradores , que arrojaba el des- seaba alrededor de la casa , aguardando que
graciado á quien se deshollaba vivo no lejos ensillaran los caballos para volver á San Pa-
de nosotros. blo. Aunque satisfecho de mi venta , y por
-¿Qué gritos son esos? dije acercándome á consiguiente lleno de satisfaccion , no pude
una ventana. menos de pensar un momento en la suerte de
-No es nada , no es nada , respondió doña aquellos pobres esclavos , y sobre todo en la
Silva del modo mas indiferente , es que se es- del desventurado Papagayo ; asi iba andando
tá castigando á un negro. sumido en profundas reflexiones , cuando la
-Señora , repuse yo vivamente , creo que casualidad me lo ofreció por segunda vez á mi
preferis esta caja á las demas : haced que cese vista , que no debia ser la última . ¡ Oh ! ¡ qué
el suplicio de ese desventurado y os la re- indignacion se apoderó de mi al ver aquel hor-
galo. rible espectáculo ! Atado á un poste en donde
-¡Eh ! señor negociante improvisado , dijo se le acababa de azotar , el desdichado tem-
interrumpiéndome don Manuel , ¡al oiros se blaba como si un frio intenso hubiera helado
diria que llegasteis ayer al Brasil ! ignorais la poca sangre que le quedaba en las venas;
que la madera de ébano es la mas dura? ¿Ig- su cuerpo estaba surcado de heridas profun-
norais la malignidad , las malvadas pasiones das , como si una culebra de fuego lo hubiera
que abriga el corazon de un negro? Vuestra rodeado , y millones de insectos lo devoraban .
sensibilidad os engaña . Si Dios , que nos ha No pude impedir un grito de horror y de sor-
criado a todos y formado á su semejanza , no presa que dejé escapar . Papagayo volvió la ca-
les ha dado su color , es porque probablemen- beza al oirme , cuanto se lo permitieron las
te los conocia mejor que vos... Ademas , con- ligaduras que lo sujetaban .
tinuó despues de una ligera pausa , la gracia -¡Ah! jeres tú mozo ! Pues bien , ¿qué di-
llegaria demasiado tarde . Todo está concluido ces ahora de la humanidad?
ya , y mañana no se acordará de nada ..... No -¡Maldicion para ellos!
obstante , por vuestra recomendacion voy á -¡Siempre tú , mozo ! ¡ Siempre tú!
mandar que le laven las heridas con sal y vi- En aquel momento se acercaba el capataz
nagre para que se le cicatricen mas pronto... montado en su caballo y llevando el mio de
¡ Escuchad!... ya no se le oye. las riendas.
En efecto , los gritos habian cesado , y con -¡Te marchas! dáme un consejo ; te juro
ellos nuestra conversacion. por la memoria de mi padre que sabré apro-
En aquella época tenia yo veinte años; im- vecharlo.
buido mi espíritu de un liberalismo desmedi- - Véngate .
do , me creia un gran filósofo , y hubiera sa- -¡Oh! ¡ gracias , gracias , blanco mio! ¡ Ah!
crificado el mundo entero por lo que yo lla- te he comprendido ; si tu religion no miente,
maba un principio . Aunque mi sistema se ha nos volveremos á ver allá arriba ,
modificado en algun tanto desde entonces, Apenas habia abandonado la palabra im-
hoy creo , aun con mas conviccion , que no prudente véngate , cuando bubiera querido
hay en el mundo una anomalía social mas di- recogerla á cualquier precio ; pero ya era tar-
ficil de apreciar que la esclavitud en el Brasil . de: el alma del desgraciado negro la habia
Aquel imperio , cuyas provincias se rigen li- recogido , un rayo de alegría brillo en su sem-
beralmente , donde las santas leyes del Evan- blante , y sus miradas se fijaron en mí como
gelio se predican hasta en las mas humildes para darme gracias.
aldeas , cuya constitucion concede á los blan- -Adios , le dije.
cos la mas amplia libertad , creyó oir la trom- Y montando á caballo me alejé al galope,
peta del juicio final cuando resonó el primer seguido del zagal.
grito de emancipacion en la cámara de los co- Quince dias habian pasado de estas esce-
60 MEMORIAS DE UN NIÑO

nas ; ya no me acordaba ni remotamente de , muerte de Fenoglio , asi como él lo hizo poco


ellas , cuando , volviendo de San Félix á Sau antes con la de Cagnasio. Concluida la uar-
Pablo, me encontré en medio de una multitud racion , el contrabandista quedó , en mi jui-
que llenaba la plaza de esta última poblacion . cio , mas satisfecho del buen éxito de nues-
Blancos , negros , mulatos , indios y mestizos, tros negocios mercantiles , que afligido por la
todos se agrupaban alrededor de tres maderos , muerte de su amigo . Despues de haberme fe-
de los cuales dos estaban clavados perpendi- licitado completamente , me propuso embar-
cularmente en el suelo, y sostenían el otro ho- carme con él en un buque chileno fletado para
rizontalmente sobre sus estremidades . La cu- Corbija en Bolivia , y en el que llevaba la
riosidad me hizo preguntar el objeto de aquella plaza de sobre-carga . Habia yo leido los Incas
reunion , y me respondieron que se iba a ahor- de Marmontel. Yo queria conocer á estos pe-
car un negro , que habiendo sido castigado in- ruanos que tanto llamaron mi atencion à la
justamente , habia asesinado durante la noche edad de diez y siete años , cuando recorria las
á ocho blancos y un mulato , empleados todos poblaciones del Gard.
en la casa de su amo , y que el mulato , pur Concluidos los preparativos de mi viage,
un refinamiento de crueldad , habia sido en- compré en la rada , con el auxilio de mi nue-
terrado vivo. Hice grandes esfuerzos para vo compañero , tres fardos de telas inglesas,
surtraerme de la vista de semejante suplicio; y sin registrarlos en la aduana , los trasborda-
pero , fuese que no pudiera conseguirlo por la mos de noche , á riesgo de que nos hubiesen
dificultad que ofrecia el paso por medio de enfardado los vigilantes de la falua del res-
tanta gente , ó bien que un instinto de curiosi- guardo ; saqué mi patente del consulado, don-
dad me retuviese , lo cierto es que eché una de oficialmente fué reconocida mi cualidad de
mirada al cadalso . Apercibí unos calzones comerciante, cambié mi último billete de dos-
amarillos como los de Papagayo , y me hicie- cientos mil reis, por doscientos hermosos pesos
ron pensar en el rey de los Zuangas; levanté españoles , y al dia siguiente nos hicimos á la
la vista.... ¡ era él !.... vela con la proa al Sur-sudeste .
Es muy probable que , desde que fué bo-
XV. tado al agua el bergantin chileno , no hubiese
llevado una tripulacion tan estraordinaria co-
NAUFRAGIO . mo la nuestra. El capitan , llamado Kinson ,
era inglés: habia mandado un buque de la
Asi , valiéndome del dicho de un mitólogo compañía de las Indias Orientales , del que ,
del siglo XVIII , el diablo me puso trabas , no sé por qué causa , le habian despedido ; y
pues si entonces hubiera tenido yo un poco de hallándose próximo á ser juzgado por un tri-
prevision , me habria embarcado en seguida bunal militar , se escapó de las prisiones de
para Francia , donde la importacion de un Cap , y se embarcó para Valparaiso en donde
cargamento de frutos coloniales probablemen- obtuvo el mando del Condor . El teniente era
te hubiera doblado mi fortuna ; pero fortuna oceánico , es decir , holando -malayo , natural
y prudencia se avenian muy mal en una ca- de una de las pequeñas islas inmediatas á Ja-
beza tan ligera como la mia . Campando por mi va . Siendo jóven se embarcó en una corbeta
respeto , me decia á mí mismo lo que Amyot neerlandesa que se hallaba estacionada en
solía decir á Carlos IX : « ¡ Abstinencia , señor ! Sourabaya , navegó muchos años bajo diferen-
el comer y rascar hasta empezar . » Y asi me tes pabellones , aprendió casi todas las len-
libraba de los mas ardientes deseos de los guas europeas , llegando á hablar con facilidad
bienes de este mundo , hasta que la muerte la mayor parte, y vino á parar últimamente á
de mis dos compañeros me dió á conocer con Rio , en donde el consignatario del Condor se
frecuencia los inconvenientes de la vida ba - le dió por segundo al capitan Keinson , sin
niana ; pero, ¿ podría yo sujetarme à un ca- que hubiese tomado la menor noticia respecto
pricho tan inherente à la generalidad de la de sus antecedentes , y sin haberle sujetado á
especie humana? Ademas , seria probable un rigoroso exámen , en el cual habria proba-
que un montañés de veinte años se hiciese de do hasta la evidencia que no tenia la mas pe-
repente mas filósofo que el traductor de Plu- queña idea de los conocimientos indispensa-
tarco , identificado con las virtudes de los bles para el desempeño del cargo que se le
hombres mas eminentes de la antigüedad? .... confiaba . El otro , Cristian Rack , no obstan-
¡Por vida mia ! que es muy estúpido é insen- te su asombrosa memoria , era incapaz de ha-
sato el hombre que , teniendo en su mano to- cer un cálculo de latitud : tan solo poseia la
dos los elementos para su felicidad no hace uso facultad de retener en su memoria las pala-
de ellos con la prudencia que debiera . bras ; pues aunque de bien elevada frente,
Despues , en vez de marchar á Saboya pa- tenia una organizacion tan poco predispuesta
ra casarme con María y levantar mi casilla, para la reflexion que jamás pudo llegar á con-
sueño dorado de mi juventud , pasaba el tiem- seguir el capitan enseñarle á usar las tablas
po formando castillos en el aire. logaritmicas ; pero bien ó mal cubria su pues-
La tarde que arribé á Rio fuí á ver á mi to . El contramaestre , que era del Languedoc,
antiguo huésped el italiano , y le conté la y marinero en toda la estension de la palabra,
DE LA SABOYA. 61

no habia recibido mas educacion que unas | islas de Juan Fernandez , Goat y Marsafuera:
cortas nociones de música , para cuyo arte , los vientos , que en tres horas habian rolado
segun él decia , nació con una perfecta voca- toda la aguja , no se nos alargaban siquiera
ción , aunque carecia completamente de oido; para permitirnos salir de aquel mal paso .
pero esta falta no fué obstáculo para que una Viendo entonces casi agotados todos nuestros
gran señora de Valdivia se prendase de nues- recursos , nos pusimos à la capa ; pero no tar-
tro artista , el que , mas can marino que dile- dó en arreciar la tempestad , con tal violencia ,
tante , y hastiado del amor de las grandes se- y levantando tan enormes montañas de agua .
ñoras y de estar en tierra , bien pronto se que nos obligó á huir mar afuera , sin lo cual
volvio á embarcar . Por último , entre los doce el pobre Condor habria sido destrozado por la
hombres que se embarcaran en Valparaiso y impetuosidad de las olas ¡ Ah! ¡ jamás hubiera
Rio , los habia daneses , peruanos , holande- tenido un sepulcro mas digno el noble Ship!
ses , brasileños , ingleses , etc. ¡Mas no tuvo el Oceáno la gloria de vencerle !
Si la diversidad de todas estas lenguas que Las olas que se desplegaban con suma violen-
se hablaban á bordo , no era la mas á propó- cia sobre sus obras vivas, parecian enfurecer-
sito para sostener por la noche las parolas , no se de tanta resistencia , y le arrojaron sobre
por eso se resentian las faenas de las equivo- las rompientes de Juan Fernandez . Herido de
caciones á que podia dar lugar semejante va- muerte , concluyó como un valiente , no so-
riedad : todos estos aventureros , desertores bre un lecho de laureles , pero sí sobre un
de buques de guerra de otras tantas naciones, banco de corales.
y que , segun el sentir de ellos mismos , que- No es necesario haber navegado para
rian navegar libremente , eran escelentes ma- poder formarse una idea de las escenas que
rinos; y si la maniobra , que se mandaba en á bordo tuvieron lugar desde la una de la ma-
español , no era perfectamente comprendida , drugada hasta que la luz del dia permitió ver
la costumbre y la práctica suplian siempre la afliccion en los semblantes. Considérese ,
cualquien defecto que ocurriese : finalmente, pues , á doce hombres tirados sobre cubierta
un negro de cocinero , y su hijo , muchacho por las violentas sacudidas que agitaban el
bien listo , por pinche , formaban el completo buque; siete de ellos asidos de las cabillas
de tan heterogénea tripulacion . queriendo levantarse , interin que los otros
El 4 de junio de 1832 doblamos el cabo cinco iban á estrellarse contra las lisas de es-
de Hornos. Alli fué donde por primera vez me tribor , sobre cuyo costado parecia que el Con-
hallé rodeado de aquellas montañas de agua , dor queria terminar su vida : considérese á un
que hasta entonces no habia visto sino en las capitan en la mayor desesperacion arrancán-
relaciones de algun viage. El cuadro que á dose los cabellos, ya cruzándose de brazos, ya
nuestra vista se ofreció durante algunos dias corriendo sobre cubierta y gritando como un
era tan asombroso , que aun yo mismo me loco furioso sin que por eso se pudiera perci-
confundo al considerar como es que el anti- bir su voz , porque superaba el estruendo de
guo armazon del Condor no zozobraba en la tempestad ... ¡ Infeliz Kinson ! ... A la verdad
fuerza de aquellas enormes marejadas que ba- que hay hombres desgraciados, contra quie-
tian sus costados. nes, por grande que sea su habilidad y talen-
Cinco dias habian trascurrido desde que to, parece que se ensaña la suerte destruyen-
reconocimos el archipiélago de Chiloé . Nave- do todos sus proyectos: considérese, por con-
gábamos á todo trapo con una débil brisa y clusion , al lingüista de Java arrebatado por
proa al Norte cuarta al Noroeste , cuando dis- una ola en el acto de ir á largar la drisa del
tinguimos en el horizonte la isla de Juan Fer- peti -foc , única vela con que capeábamos , y al
nandez , pequeña y negra como una densa timonel junto à la caña que le habia medio
nube . aplastado contra la murada , maldiciendo á
El tiempo estaba hermoso , la mar so- Dios y al diablo, espirando en fuerza de los
segada . Continuamos nuestra derrota como mas acerbos dolores, y entonces se tendrá una
hasta la distancia de unas tres millas de los idea exacta de lo que presencié yo el 28 de
arrecifes invisibles que rodean la costa , don- junio de 1832 , y que no querria volver á ver,
de nos detuvimos y donde nos cogió la noche. aunque me diesen la mas hermosa pacotilla
Nos estábamos preparando para bordear inte- del mundo.
rin llegaba el dia , cuando el Condor osciló de Coutinuaba el huracan ; y asi que principió
repente. Con una ráfaga inesperada el viento á rayar el dia , viendo la imposibilidad de le-
saltó del Oeste un cuarto al Noroeste al Este, vantar el buque, nos reunimos para echar la
un cuarto al Sudeste . Nuestra corta tripulacion lancha al agua y tratar de salvarnos . Apenas
fué puesta á una bien terrible prueba ; por- fué dessellado el buque , y mientras disponian
que el auracan les dió tanto cuidado con sus los aparejos, yo me deslicé y bajé á la cámara
fuertes y contínuos cambios , que la puso en para coger mi talego de duros que creí salvar
la precision de practicar tales maniobras que conmigo. Llegué à ella , pues; el agua pene-
habrian hecho honor á un brik de guerra . Por traba ya por todas partes, la cala estaba lle-
desgracia el buque se hallaba entonces encer- na; fuí á entrar en mi camarote, cuando me
rado en el espacio triangular formado por las siento detenido por la mano de hierro de mi
9
62 MEMORIAS DE UN NIÑO

compañero , el sobrecarga , el cual me decia , distancia de poco mas de una milla , cuando
con una horrorosa sonrisa . vino de lejos otra gran ola y se estrelló con
-¡Ah , maldito saboyano ! Tú no te salva- tal impetu sobre todo lo ancho del bergantin
rás ni tu dinero tampoco! que le partió en dos pedazos , arrojándome á
Yo me volví á esto, mas como la claridad diez brazas de él. Vuelto á la superficie, in-
que penetraba por la claraboya era bien esca- tenté agarrarme á cualquier madero; mas
sa , solo pudo ver brillar la hoja de un puñal viendo que el oleage contrariaba mi empeño ,
que probablemente habria ido á hospedarse tomé con resolucion el partido de dejarme
por entre las costillas de mi individuo , si en el llevar por las olas: asi no tuve otro cuidado
nismo instante nuestro pobre moribundo bu- que el de tenerme derecho sobre el agua , y
que no hubiera ejecutado un doble movim en- nadando, seguir el movimiento directo de la
to de báscula, impelido por la accion de una ondulacion .
enorme ola, que arrojó al milanés al suelo . Finalmente , despues de rozarme por los
Irritado y queriendo poner al traidor en picos de algunas rocas , despues de unos es-
la imposibilidad de repetir su tentativa , me fuerzos superiores á los de que yo me creí ca-
Jancé sobre él antes que pudiera levantarse; paz , arribé mas muerto que vivo , á esta costa
estaba ya sujetándole , cuando una segunda á la que doscientos años antes el marino in-
ola , mas tremenda que la primera , pegó sobre glés Alejandro Selkirk aportó del mismo modo .
Ja cubierta y como si hubiese reventado una En el dia Juan Fernandez , la isla de Robinson
gran manga de agua , destroza la carpa de la Crusoe no es mas que una isla desierta . Des-
escalera , la vidriera de la claraboya y entró á de que los chilis sacudieran el yugo de Espa-
torrentes por la cámara Entonces crei llegado ña , su madre patria , para constituirse en re-
mi último momento . Solté à mi contrario para pública, se hizo de Juan Fernandez un lugar
subirme con la mayor prontitud, pero él no de destierro y de prostitucion donde los mal-
queria que yo quedase vivo . Rodando por hechores eran deportados anualmente . Esta es
cuatro pies de agua trabamos un combate , y una palabra , una mansion de bandidos.
el saboyano, aunque mucho mas pequeño, ¡Pues bien! esta isla cubierta de crímenes
quedó por vencedor . El estrangulamiento, la y de todo fué para mi la mas hospitalaria que
sofocacion ; esta es la muerte que sufrió mi pude hallar durante el curso de mi peregina-
tercer compañero . cion . La sociedad que por cosas insignificantes
¿Y se creerá que pudiese tener yo remor- suele a veces condenar á los hombres, habia
dimientos? verdaderamente despreciado , espulsado lo
Ademas, ¿el hombre mas honrado del mun- mas selecto de la gente honrada . Despues de
do no hubiera procedido como yo? dos meses de permanencia en medio de esta
No habian pasado aun cinco minutos desde poblacion estraña para mí , el dia de mi despe-
mi bajada, cuando lleno de confusion volví á dida se arrasaron de lágrimas mis ojos . Si,
subir sobre cubierta. Ningun alma viviente desde el momento en que yo me separé de
parecia; no obstante yo juzgaba que diez mi- aquellos buenos malhechores, hasta mi llega-
nutos no habrian sido suficientes para colocar da á Lima , no cesé de bendecirlos.
los aparejos y echar la lancha al agua , y asi Mas no adelantemos los sucesos.
me penetré, y no sin fundamento , de que la
ola primera que me libró del puñal homicida XVI .
del milanés habia ocasionado la muerte à toda
la tripulacion Nada se veia sobre cubierta : LA ISLA DE JUAN FERNANDEZ .
cocina, lancha, hombres, todo habia desapa-
recido: tan solo un gallinero que las olas Cuando rendido de fatiga y muerto de sed
arrastraban hacia tierra , era lo que podia dis- llegué à pisar por fin la tierra, se apoderó de
tinguirse desde el buque por hallarse aun á mi el mas profundo abatimiento . El parage
no larga distancia. donde yo vine a arribar, sitio solitario donde
Estaba yo reflexionando, cuando un terri- no podia esperar sino una muerte segura , era
ble chasquido me desgarró el corazon , como una pequeña ensenada rodeada de un alto es-
si yo mismo fuese martirizado por el tormen- carpado aunque no tenia rompientes. No ha-
to que destrozaba los costados del Condor. El brian pasado aun cinco minutos desde que sa-
se hundia y abria por todas partes . Ciertamen - li del agua senti que un frio glacial invadia
te que se hubiera necesitado ser un gran filó- todo mi cuerpo. Ábismado en reflexiones y
sofo ó un gran psycologista, para haber podi- magullado todo mi cuerpo reconcentré mis
do analizar el estado de mi alma en aquel fuerzas para trepar por la escarpada montaña
momento tan terrible! ¿Y qué hacer? ¿que re- á cuya cima llegué destrozado y sin aliento.
solucion tomar para escapar de la muerte? Aqui, lector mio, necesario es que suspenda
¡Morir! ¡cuando se está en lo mas bello y flo- mis memorias. De todas estas jornadas del
rido de la juventud ! ¡ Oh! eso es atroz . naufragio no recuerdo ninguna particulari-
Imposibilitado para raciocinar, estaba yo dad , como no sea la de esta montaña despues
agarrado á los flechartes de un obenque, fija que me levanté de dormir á la caida de la no-
mi vista en la tierra que me parecia estar á la che, la que pasé dentro de una miserable
DE LA SABOYA. 63

choza sobre tres colchones de pelo de cabra y , tó perfectamente, y contra lo que yo espera-
entre siete á ocho personas que no dejaban de ba encontré algunas perspectivas sorprenden-
infundirme algun temor por su estravagante tes . Estaba yo en el centro de San Carlos,
vestimenta . presidios de Chile . Sau Cárlos , residencia del
Cuando me desperté , ó mas bien , asi que gobernador de este pequeño archipiélago , na-
recobré mi conocimiento , sentí por todo mi da tiene de particular como no sea la caserna,
cuerpo los mas agudos dolores. Tenia un tanto llamada el palacio, donde habita el primer
de calentura acompañada de la mas ardiente funcionario con trescientos soldados de la
sed. Me levanté fatigado para volver á acos- guarnicion . Toda la ciudad no es otra cosa
tarme bien pronto : ni el cuello ni las articu - que un conjunto de miserables chozas, en
laciones de mis cuatro remos me permitian comparacion de las cuales las casas de paja de
practicar el menor movimiento: hubo mo- nuestros lugares parecerian unos palacios :
mento en que mis padecimientos se hicieron su poblacion , que es la mas estraña que pueda
tan insoportables , que crei que me partian y verse, llega á dos mil almas y á cinco mil la
picaban el corazon , en términos que instaba de todo el archipiélago .
vivamente porque me quitaran la vida . Asi Llegado á la estremidad del pueblo por la
la estraordinaria fatiga durante dos horas de parte que toca á la playa , me paré sobre los
una penosa natacion habian bastado para ani- muros de un reducto que domina la rada y la
quilarme y debilitar todos mis músculos . Des- ciudad ; esta especie de fuerte construido so-
pues he sabido que los franceses prisione- bre un promontorio está maravillosamente si-
ros en Inglaterra se solian escapar de los pon- tuado para batir los dos puntos; pero está solo
tones atravesando á nado . Si es asi , lo que yo artillado con dos cañones en muy mal estado.
tendré en duda toda mi vida , preciso es creer El sol radiaba ya sobre el horizonte del
que aquellos hombres tuviesen un sistema mar; el tiempo estaba brillante, la atmósfera
muscular mucho mas desarrollado que el mio.plácida y embalsamada ; pareciame volver a
Al dia siguiente , despues de haber pasado la vida y jamás me habia creido tan dichoso .
una noche medio dormitando , medio pade- Una plegaria en accion de gracias , que dirigi
ciendo, me senti mucho mejor, y pude sin á Dios ante un oratorio que vi cerca de mi .
violencia entregarme à las numerosas reflexio- llenó de júbilo mi corazon , y me hizo entre
nes que naturalmente debia sugerirme mi ver la esperanza y la fortuna que desde en-
nueva posicion . Asi me decia, pues ; no solo he tonces me habia de sonreir como autes de lo
perdido toda mi fortuna , fortuna ganada á pasado . Desde el sitio en que yo me hallaba
costa de tantas privaciones y penalidades, entonces, aunque terminado hácia poniente
sino que ahora no sé la suerte que aqui me por una elevada montaña , alcanzaba mi vista
aguarda : ¡Ah! preciso me será olvidar á Ma- un espacio inmenso . Este golpe de vista era
ría, despedirme de mis dulces encantos y de grandioso; la salida del sol ha tenido siempre
mi linda casita de Saboya ! Despues esclama- para mi un atractivo inesplicable. Si el gran
ba yo con el poeta. aire que se levantara y el no haber probado
alimento alguno por espacio de cuarenta y
ocho horas no hubieran llamado enteramente
¡Gracias a Dios, mi desdicha supera mi esperanza! mi atencion, sin duda que habria subido la
¡Gracias te rindo , Señor, por tanta perseverancia! montaña para rendir gracias a Dios mas de
cerca y gozar desde su cumbre de una pers-
¡Y bien ! Esta esclamacion , por haber sido pectiva tan encantadora. Mas ah! ¿por qué
fundada en otras mil ocasiones, no es un pre - fatalidad nuestro estómago ha de ser tan es-
cedente para que debiera serlo aqui ; porque tremadamente flaco? ¡ Por qué la necesidad de
en mi interior yo no sentia mi naufragio : lo que un grosero apetito haya de mezclarse con
primero por saber qué cosa es un naufragio; los vuelos, con la espansion de nuestra esen-
lo segundo por poder hablar de él . ¿Lo habia cia espiritual ó divina ! Si , el pensamiento
perdido yo todo? ... no: pues aun me queda- procede del setimo cielo; pero el estómago
ban el cinto de Feoglio con las diez onzas de hambriento no podrá menos de publicar á voz
oro, mi juventud y mi gran esperanza . ¿Dón- en grito su naturaleza terrenal . ¡ Oh Dios ! ¡la
de, pues, está la ironía de aquellos versos? especie humana no se compone de otra cosa
¿Por qué generalmente se ha de creer el hom- que de aire y lodo!
bre mas desgraciado de lo que es real y ver- Obligado, pues, á conocer á mis huéspe
daderamente? des, y con mas motivo todavia por el alimen-
Habrian pasado cinco horas y empezaba á to, me volvia yo á la casa en derechura ,
rayar el dia . Cerca de mi se ballaban acosta- cuando al pasar por la plaza de la Caserna , vi
dos sobre unos cueros de vacas un hombre , lanzarse á mi cuello un hombre que me abra-
su muger y su hija , moza jóven de unos quin zaba con muestras de la alegría mas completa
ce años; y deseoso yo de saber donde me ba- y satisfactoria . Este hombre, que no era otro
llaba y de esplorar la isla que creia desierta ó que el capitan Kinson , como yo , no tenia otra
de salvages, sali dejándolos profundamente cosa mas que un pantalon y una camisa , pues
dormidos. El aire fresco de la mañana me sen- tambien como yo iba descalzo . Despues de
61 MEMORIAS DE UN NINO

los primeros momentos de natural espansion , ¡ que el brindys ... ¡ Bah ! nada puede suceder-
esclamó: nos peor que la muerte.
¡Oh! que terrible instante aquel en que las Pasado un largo rato de esta conversacion ,
dos horrorosas olas vinieron unas tras otras á es decir, cuando acabamos de almorzar, cuya
romper sobre cubierta ! A la primera la lancha comida se redujo á un plato de peces acompa-
dessellada estrelló contra las lisas á tres ñados de dos panes de maiz y de abundantes
hombres que quedaron alli mismo . Este golpe frutas, despues que yo conté al capitan cuan-
me horroriza. ¡ Vos debereis acordaros! to llevo escrito acerca del naufragio y princi-
-No , capitan , continuad. palmente respecto de la muerte del milanés,
-Pero no sé nada mas : el brik estaba á lo convinimos en que él iria á ver al gobernador,
ancho en el instante en que la segunda ola re- y que por la noche al toque de la retreta nos
ventó sobre él con mas impetuidad que la volveríamos á ver en aquella misma mesa . En
primera: entonces todo fué arrollado: ya en la esto nos separamos, él con direccion hácia
mar, disputé vigorosamente mi vida á la la Caserna y yo hacia la playa . No tardé mu-
muerte y heme aqui como vos . Mirad lo que cho tiempo en hallar lo que buscaba . A unos
yo he debido sufrir : mirad lo que me han he- cien pasos de la poblacion sobre una pequeña
cho las rompientes, repuso él mostrándome colina bastante árida vi una bola de tierra sur-
sus brazos y su pecho todo lleno de heridas... montada de una cruz de madera ; esto era una
y vos jóven ¿cómo os salvásteis? tumba: la de los siete marineros del Condor,
-Mi capitan , yo no estoy mas equipado cuyos cadáveres arrojó el mar sobre la playa.
que vos... pero entremos en esta cantina ; na- Seria ya como la una de la tarde . Por bajo
da cogi de mi último dinero de abordo : y ver- de la alturilla de la tumba seguí una pequeña
daderamente me alegro de haberos encontra- senda que rodea el lado Este de San Carlos , y
do; le cogi del brazo y le recité al mismo que segun mi topografia , parecia deberme
tiempo aquellos versos de Racine : conducir derecho a la casa : por fortuna espe-
rimenté lo largo de aquella sinuosa senda , pues
Fortuna al devolverme un fiel amigo, vino despues á ser mi paseo favorito. Un cris-
Empieza á ser humana ya conmigo . talino arroyo serpenteaba los contornos y a
cada orilla los mirtos y toda la familia de los
-¡A propósito! me dice el capitan al colo- laureles me aromatizaban con sus perfumes.
carnos delante de un buen pe'lejo de aguar- Detrás de estos vallados naturales de diez é
diente: ¿teneis dinero? doce pies de altura , se dejaban ver á cada
-¡Oh diablo ! me habeis dado que pensar . minuto los perales , los manzanos ; algo mas
-No tendreis un cuarto, yo estoy seguro. lejos los albérchigos , los olivos , crecidos allí
¡Pues bien! si para pasar al continente necesi- sin cultura como debian crecer en la tierra de
tais de cuatro á cinco soberanos yo os los po- promision . Un grupo de nogueras me recordó
dria prestar. á la vieja Europa , y la montaña de que ya he
A la verdad que sois demasiado bueno , hablado me representaba mas particularmente
mi querido capitan; tan bueno que me daríais á mi patria. ¡ Oh ! si ; Juan Fernandez seria un
un gran placer con admitir dos tres onzas paraiso terrenal , un verdadero eden , si cada
de oro que yo tengo à vuestra disposicion . pais , lo mismo que cada medalla , no tuviese
-¡Cómo!... ¿habreis logrado salvar algu- tambien su reverso.
nos efectos? Llegado cerca de las primeras casas de la
-¿Y vos? poblacion , en uno de los numerosos recodos
-Nada mas que este pantalon , esta cami- de la senda me hallé bien pronto frente á fren-
sa y la sortija de valor que traia yo en el de- te con tres jóvenes encantadoras que sacaban
do, alhaja que estimaba mucho y que vendi agua del nacimiento del arroyo , fuente de
ayer tarde al gobernador. donde se surtia la poblacion . Llevaban las tres
-Capitan, vuestra franqueza me honra . Yo unos vestidos á cual mas pintorescos , ó por
tambien, he salvado como vos , este pantalon , mejor decir , á cual mas indecentes ; y la una
esta camisa; y vajando la voz , para que unos cogiéndome por la mano despues de haberme
soldados andrajosos , que cosidos á nuestros fijado la vista largo rato , me dice :
talones venian comiendo almejas no me oye- -Buenos dias, senhor marinero , ¿está vd.
ran he salvado el cinto que traigo rodeado al ya bueno?
cuerpo y que contiene diez onzas . Estas palabras españolas , que comprendi
-¡Oh ! eso es mas de lo que se necesita yo perfectamente por su analogia con la len-
para pasar á Lima ó Valparaiso . ¿ Quereis ad- gua portuguesa , no tuvieron una contestacion
mitir un consejo? de las mas categóricas ; y las espresiones de
-Si. que yo me vali para contestar á la joven esci-
-Pues nada digais de ese dinero á nadie: taron la risa de sus compañeras de modo que
iremos á ver al gobernador y él proveerá á me dejaron tan confuso como lo habrian esta-
nuestros gastos . Es un escelente hombre, ya do ellas entre tres marineros. Laura , mi jóven
hice yo ayer lo mas con él ... ¡ vamos, beba- patrona , se compadeció de mi turbacion ; Ile-
mos! nada hay que ahogué mejor las penas no su cántaro se le colocó en la cabeza , y co-
DE LA SABOYA. ‫زنا‬

giéndome del brazo nos marchamos hacia la diatamente. Despues se gozaba en advertir
casa . que la rudeza de su fisonomía , de su gran vi-
Tenia Laura quince años , y bien habria vacidad , no era otra cosa que un efecto de su
dos que estaba ya formada ; su talle , aunque enérgico carácter. Hijo de un noble chileno ,
de algo baja estatura, no estaba exento de un Jescendiente de una de las primeras familias
airoso continente , de gracia ni de morbidez; de los conquistadores españoles , militó en to-
pelinegra y blanca , como lo son en general das las campañas que la metrópoli sostuvo
todas las chilenas , que segun es sabido son contra los insurgentes de la América del Sur.
las mugeres mas hermosas del mundo , tenia A su fidelidad a la España , á sus tentativas
el rostro de contorno puramente oval , los en favor de la restauracion , y no á otra causa ,
ojos espresivos y el carácter dulce y cariñoso: debió su condena de deportacion por diez años
en una palabra , para no causar hastio con la de los que habia cumplido ya el octavo. Estos
enumeracion de todos sus atractivos , diré que detalles , que él me comunicó á poco tiempo
Laura era una joven perfecta , una perla en el de nuestra entrevista , es decir , luego que fui

muladar , un ángel sobre la tierra . Yo la amé familiarizándome un poco con la lengua espa-
y tuve la dicha de ser correspondido . ñola, formarian, si se escribieran , unas memo-
Seria la hora de siesta ; en el momento en rias mucho mas interesantes que las mias.
que nosotros entrábamos en la casa de brace- Con todo , dejo aquellas para continuar estas;
ro, mi patron entró tambien con su mancheta pues como dice el refran : « La caridad bien
al costado y pendiente de su cinturon de cue- ordenada empieza por sí misme. >»
ro. Mi primer movimiento al verle fué salu- He dicho ya que seria la hora de la siesta .
darle y en seguida marchar á darle la mano. Despues de una conversacion que duraria unos
A esta cortesía, correspondida por él tambien, diez minutos y que sostuve muy á duras pe-
subsiguió la fórmula de costumbre : «La casa nas , mis patrones se marcharon á echarse so-
está à vuestra disposicion. »> bre las pieles y á mí me dejaron en libertad
Este hombre , jóven todavia , sin embargo de hacer otro tanto ó de ir á pasear. Fastidia-
de representar mas de cincuenta años , era do de mí mismo , aunque no tenia costumbre
alto , delgado, y el conjunto de sus facciones, de dormir la siesta , me decidí á tomar este
si bien duro á primera vista , cautivaba inme- último partido , cuando una pierna desnuda
66 MEMORIAS DE UN NIÑO

¡ la pierna de Laura ! se presentó á mis ojos . , tiago , no ha visto nada . ¡ Y bien ! accedeis
Era ella , la pierna de Laura , mucho mas de buen grado á esta proposicion?
blanca que yo podia figurarme ; solo el pie un -¡Amen! contesté yo abrazando á Laura :
poco ancho , en razon de andar descalzo , se yo , señor , me mostraré digno del afecto que
manifestaba un tanto desproporcionado ; mas me dispensais..... Sin embargo , yo no pude
vo no pasé de aqui ; una buena pierna y una menos de proceder con una parte de egoismo
buena cara bastan para prendar á un jóven . y dos acaso de avaricia , pues como el consejo
Tendido sobre mis tres colchones , me puse á del capitan Kinson me habia impedido el ha-
contemplar la joven , mirándola al través de blar de mis diez onzas , no me atreví á con-
mis veinte años . Mas bien que acostada , es- fiárselo en seguida , temiendo , como es de in-
taba sentada sobre una especie de hamaca he- ferir , que sospechasen ellos , segun era en
cha de tres cuerdas paralelas entretejidas de efecto , que antes dejé de manifestarlo por
bejucos ; su pierna , aquella misma que mira- falta de confianza . Marché , pues , á Valparai-
ban mis ojos tan entusiasmados , tocando el so diciendo entre mi:
suelo por intervalos , daba cierto impulso á la -Diez pesos en todo tiempo son una buena
hamaca que la mecia blandamente . Mientras ganancia : el capitan Kinson fué de viage , y
asi la contemplaba , un rayo del sol atrave- no volverá mas à Juan Fernandez . Yo no le
sando por entre los zarzos de los bambúes que volveré á ver mas.
servian de puerta , vino á tocar sobre su ros- El 22 de agosto , víspera de mi embarque ,
tro pareciendo se levantaba de él una polva - me fui yo hablando de mis amores con mi
reda . Despertóse mi bella durmiente , y des- prometida basta el pie de la alta montaña ,
pues las sonrisas sin número , las miradas y donde dije habia una senda que rodeando por
las señas de mano dirigidas y contestadas hi - la playa conducia allá junto á San Carlos . Esta
cieron todo el gasto en nuestra conversacion . montaña , elevada quinientos metros sobre el
Nuestros signos espresaban con mas exactitud nivel del mar que fa baña por su base , está
y verdad nuestros tiernos sentimientos , que cubierta hasta su cumbre de una abundante
To habrian podido hacer las palabras . ¿ Qué vegetacion . Llámase Sierra -Ahorquillada. Vis-
mas te diré , lector mio? ¡ Laura estuvo en- ta desde San Carlos que se halla por frente ,
cantadora ! Por la noche , á la comida estuvi- esta Sierra -Ahorquillada parece no llamarse
mos mejor. Ocho dias despues estábamos en- asi con mucha propiedad ; porque desde este
teramente enamorados , y mas que todo deci- punto el uno de sus dos picos queda entera-
didos á enlazarnos . En el pueblo no se habla- mente cubierto por el otro , no percibiéndose
ba ya de otra cosa que de nuestra próxima mas que una sola punta , que parece hacer el
boda . ¡Pobre María! efecto de un obelisco sobre la media naranja
Ha dicho un poeta y con razon : de una catedral .
Resuelto á trepar á esta primera region de
la montaña , yo rogué á Laura que me aguar-
La verdadera patria es la morada dara durante una hora ; este , pues , era el
Que al alma tiene de amor encadenada. tiempo que poco mas é menos necesitaba yo
para subir y bajar la eminencia. Fatigada por
Ahora bien , si este axioma poético jamás una caminata tan larga , se sentó sobre el tron-
se ha verificado respecto de alguno , lo que es co de un árbol á la orilla del camino , y me
conmigo exactamente se ha cumplido en Juan encargó que no retardara la vuelta.
Fernandez . Desde que yo amé y fui corres- -No , yo volveré bien pronto : créeme , mi
pondido de Laura , estaba muy satisfecho en querida amiga , si yo me separo de tí una ho-
este pais y no pensaba en marcharme de él . ra , es por ver mejor este pais hermoso donde
¡Ah! y como no habia de estarlo? Nacido sen- yo te he conocido y donde yo querria vivir
sible y privado de todo afecto ¿no habia de solo contigo eternamente ...
considerarme dichoso al hallar una familia y -¡ Bien ! vé , dijo ella lanzándome una mi-
una muger a quien yo idolatrase y de quienes rada mucho mas interesante y elocuente que
fuese tiernamente correspondido? Entretan- insulso era el cumplimiento que yo acababa
to , como no se vive solo con el amor y el de dirigirla .
agua clara , convinimos entre don José de Al- Al momento , repuse yo lanzándome ve-
mería , mi buen padre futuro , y yo ponerme loz á la senda de la montaña . Nada tardé en
á servir en la marina , á bordo de la goleta llegar á la meseta . Hallándome al pie de los
del estado Libertad , que hacia de paquebot dos picos sentia una agitacion febril inesplica-
entre los Présides y Valparaiso . ble que me daba un gran vigor. Emprendi la
-Asi , añadió don José , seguro es que en subida por la punta menos escarpada , sin
el primer viage ganareis diez pesos para po- embargo que yo estuve bien inclinado á creer
der hacer frente a los gastos de vuestra boda . que ningun hombre hasta entonces hubiese
En volviendo os unireis á mi hija , y á los dos podido ver la cima . Pero me engañé , y no
años , terminado el tiempo de práctica , os sa- obstante tal era la esperanza que me habia
caré para Santiago. ¡Oh ! ¡ Santiago ! es tan hecho ariostrar las fatigas é inconvenientes do
bella como el sol ; el que no ha visto á San - esta ascension ; aquel duro trabajo de trepar
49
DE LA SABOYA. 67

á lo largo de un monolito de cien metros de á él , franqueando de un salto el espacio de


altura casi vertical , y auxiliado solo de algu- cuatro metros que al uno separa del otro . Una
nas pequeñas partes salientes ó de la frago- gran parte saliente hácia mí, disminuyendo en
sidad! su mitad la distancia , me proporcionaba el
¡Ah! ¿y qué indemnizacion habeis conse- practicarlo , pero no me atreví á saltar ; hor-
guido por tantas fatigas? se me dirá. Una in- rorizado á la vista de la inmensa profundidad
demnizacion como cualquiera otra , contestaré del precipicio , volcan antidiluviano apagado
yo: la de procurarme la vista de un buen pa- por efecto de algun gran cataclismo, retroce-
norama ; de un panorama tal , que creo yo di instintivamente y me contuve. Un paso mal
que no le haya igual en todo el mundo, y que dado , un resbalon , pudo haberme precipita-
á su lado las vistas de Rio Janeiro y de Cons- do de escollo en escollo hasta la endurecida y
tantinopla no serian mas que unos cuadros ondulante lava del cráter , donde infalible-
aparentes. Diremos que allá todo está quebra- mente habrian quedado mis huesos . De re-
do, inculto ; San Carlos cubierto por los gran- pente se verificó en mi una completa revolu-
des árboles de sus haciendas , no puede ver- cion . El aire fresco que yo respiré á esta ele-
sé; tanto que yo me figuré un momento que vacion , atemperando mi sangre ardiente y
me hallaba en el centro de una isla desierta . sofocada desde por la mañana en medio de
Nada puede presentar el aspecto tan grandio- una escitacion del cerebro , me volvió á mi es-
so que esta inmensa soledad. Trasportado con tado normal . Entonces traté de escitarme yo
mi fantasía á este maravilloso recuerdo , pa- mismo diciendo: á la una , á las dos , á las
réceme que podria describirle perfectamente: tres: me llamé cobarde ; pero al fin no me
pero ¿qué describiria yo en último resultado? atreví á dar tan peligroso salto . Apenas me
Yo sé sentir, puedo contemplar y gozar, pero sentia con animo para bajar , lo que tuve quo
no escribir y aun cuando yo dijera que el hacer con suma precaucion , empleando , por
sol brilla , que su claridad es tal que el cielo tanto doble tiempo del que habia gastado si
mas puro resplandece en toda su magnificen- hubiese conservado el calor que á la subida
cia , que los vapores del Océano , mezclándose esperimentara .
con sus rayos se mecen en el espacio asi como Llegado á la mitad del camino por la par-
en él ondea el velo de sonrosado crespon; te que da frente al mar , estuve á punto de
aunque yo dijera que sobre el horizonte hácia chocar con dos mugeres que se hallaban atra-
el Este yo podia percibir la elevada cadena de vesadas en la senda por donde yo bajaba rá-
las cordilleras con sus crestas cubiertas de pidamente . La una de ellas , mi Laura , esta-
nieve que parecian otras tantas cúpulas de ba desmayada ; sus vestidos desgarrados y en
plata ; que la isla de Massa- Tierra y otros el mas completo desórden , manifastaban que
veinte islotes mas no interrumpian un hori- debió haber sostenido una terrible lucha con-
zonte de mas de cincuenta leguas , habria tra la otra : esta misma , arrodillada junto á
dicho algo? Yo apelo al juicio de todos los aquella , parecia prodigarla los mas afectuosos
hombres entusiastas por las obras de Dios , cuidados , llamándola por los nombres mas
¿podria yo sentir mis afanes? Pues la cima ó cariñosos y tiernos:
estremidad de esta roca , que tan ufano esta- -Mia niña , amiga de mio corazon (hija
ba yo de dominar con mi altura de cuatro pies mia , amiga de mi corazon ) vuelve en ti . ¿Es-
y diez pulgadas , al fin no estaba virgen hasta tás acaso muerta? ¡ Oh ! no; ¡ vamos, ven á ca-
entonces de pisada humana , segun me habia sa ; tu padre te busca desde la mañana !
yo figurado dos hombres de corazon , con Asi decia con una voz tan débil que ape-
piernas de acero sólidos puños la habian es- nas podia yo percibirla : despues probó si po-
calado treinta y dos años antes que yo : dia levantar á Laura , y viendo que no tenia
suficientes fuerazs, la volvió á soltar cuidado-
Lopez y Mendoza 1800 . samente . Receloso y atónito , no adivinando
lo que pudiera ser todo esto , precipité mi
He abi lo que con no pequeño sentimiento bajada para socorrerla : pero esto era querer
vine yo á leer ; esto lei en un cuadrado de un imposible. Poco faltó para que no cayese
badana que por lo grasiento de su orilla indi- yo mismo tambien , sofocado por el pestifero
caba ser su procedencia la de haber servido aliento de esta muger, de esta muger, à quien
de forro á algun sombrero . Esta estraña ins- habia vuelto loca la mas horrible lepra: cruel
caipcion , ejecutada con sangre y por una ma- enfermedad que acababa de llevarle á su es-
no hábil , estaba sujeta con un pedazo de pie poso y á su hija , á la que ella se figuraba ver
dra y vuelta contra la pared de una de las en Laura. Viviendo no lejos de alli , en una
cavidades que habia en la cima , sin duda miserable aldea , donde habitaban tambien al-
para librarla de la lluvia y de la intemperie gunas familias leprosas que formaban un ver-
Asi , señores , dije yo colocando de nuevo dadero lazareto , se hubo de escapar poseida
en su sitio la inscripcion , ¡ vosotros me quita- de su mania de buscar á su hija , la que hacia
reis todo el honor de mi arriesgada empresa ! dos meses que había muerto . ¡Pobre loca ! ol-
Despues dirigiendo una mirada hácia el otro vidó que la estaba prohibido el alejarse á mas
pico , concebi el temerario proyecto de pasar de cien pasos de su casa , y bajo pena de la
68 MEMORIAS DE UN NIÑO

vida , el traspasar el límite donde de diez en ninguna filantropia , sin mas piedad , la re-
diez dias , mandaba el gobernador se deposi- chacé con violencia y socorri á Laura .
fasen las provisiones para aquellos desgracia- -¡Hija mia! Dame mi hija ! me dijo ella
dos y todos los que eran destinados a vivir levantándose fufiosa ; y sin la menor duda me
con ellos. Es , pues , probable que en su di- habria sacado los ojos , si yo no hubiese solta-
vagacion habría ido en derechura hacia don- do en tierra otra vez á Laura para defender-

de habia yo dejado á Laura: que esta misma 1 me. Ya sus ponzoñosas uñas me habian pasa-
por escaparse de su persecucion se habria do rascando los ojos . Ali no habia otra alter-
huido en la direccion que me habia visto mar- nativa: ya conseguí atarla con mi corbata de
char; pero , ¿cómo esta jóven , estando viva y 1 seda en el árbol mas inmediato á pesar de sus
vigilante , se dejó alcanzar? Mil juicios me gritos y de la mas viva resistencia. Despues
hice con este motivo , mas no continuaré fa- cargué con mi precioso fardo , y eché á cor-
tigando al lecter: de cualquier modo que ha rer como un insensato hasta San Carlos. Lau-
ya sido esto , de cualquiera manera que haya ra habia ya vuelto en sí , cuando llegué á la
tenido lugar este encuentro , lo cierto es que casa.
Laura estaba alli desmayada á causa del bor- Imposible me seria repetir aqui las escla-
ror que le habia inspirado aquel mónstruo maciones que profirieron los padres de Laura,
humano. No , el tifus y la fiebre amarilla , la cuando yo les referi las particularidades de
peste misma no dejan tras si unos vestigios este fatal encuentro: mas luego que advirtie-
tan asquerosos y repugnantes , tan molestos ron en el brazo y en el rostro de su querida
á la vista , como esta horrorosa enfermedad. hija dos é tres rasguños que parecian haber
El estómago se me levantó , cuando frente á sido hechos , como en efecto lo fueron , por las
frente de la leprosa , quise mirar con sereni- uñas de la leprosa , mi desesperacion no tuvo
dad todo su cutis y su rostro llenos de grietas limites , ni tampoco podré yo pintarla . En
y de llagas, de tubérculos que desprendian un cuanto á Laura , débil y calenturienta , mien-
humor viscoso tan fétido , que me hizo estre- tras que no estaba fuera de sí , trataba de
mecer. ¡Por mi fé , que el mas intrépido en- atenuar mi falta diciendo que mi ausencia fué
fermero habria retrocedido como yo! de cortos momentos y de ninguna manera de-
-¡Horror! esclamé . ¡Atrás , veneno! Y sin bia atribuirseme su desgracia . ¡ Pobre niña!
DE LA SABOYA. 69

¡Dios me es testigo de que yo habria querido los , me fui á esperar la noche á los alrededo-
entonces dar mi vida por salvar la tuya! ¡ y si res de la faente: A las oraciones marché con
en este momento no vierten lágrimas mis ojos , toda la celeridad de mis piernas , y no tarde
acaso sea efecto de lo mucho que te ha llora- en llegar al lazareto .
do uni alma! Ocho casas , distantes diez pasos entre sí,
Llegó la noche , y la casa de Laura , llena formando una herradura en el ángulo de un
de gentes que trataban de los medios de im- pequeño bosque , constituyen la colonia de los
pedir la inoculacion presentaba un aspecto leprosos de Juan Fernandez.
bien estraño . Veíase pintada la consternación -¡Dios os guarde , mis buenas gentes! ¿po-
en todos los semblantes de tipos diversos, que driais enseñarme la casa donde vive don José
resaltaban perfectamente con la llama de la de Almeria ? pregunté yo entreabriendo la
tea que habia colocada junto à la hamaca puerta de la primera casa que ballé .
donde se daban fricciones á la enferma . Dis- A esta pregunta , repetida por tercera
poníanse baños aromáticos por orden del ci- vez , una trémula é imponente voz me contestó:
rujano militar , á quien yo sali á buscar, --Pasad á la casa que tiene delante un ár-
cuando el tambor de la goleta empezó a batir bol , y dejadme morir en paz.
llamada , y bien pronto el contramaestre, Lacónica por demás fué la contestacion .
acompañado de cuatro marineros ,, entraron guiado por el árbol que había vo visto ya, lle-
gritando: gué por fin con el corazon oprimido y anhelo-
-¡Hola , francés , vamos á hordo! ¡ Vamos! so como si hubiera sufrido un vértigo , bajo
que va a levarse el ancla ; el viento es bueno el desgraciado techo en que habitaba Laura .
. y esta tarde daremos la vela.. El silencio y oscuridad que reinaban en es-
A estas palabras comprendi yo que me llata habitacion me dejaron al entrar tan helado
maban dos deberes igualmente imperiosos; cual si me hubiese acometido el frio de la
uno el puesto del honor ; otro la cabecera de muerte . Apoyado en uno de los postes de la
Laura . ¡ Ah! si yo no hubiera tenido mas que entrada , permaneci largo tiempo sin poder
consultar mis afecciones , mi eleccion no ha - articular palabra y presa de los mas crueles
bría sido dudosa ; pero arrastrado, á mi pesar , pensamientos . Un esfuerzo de la razon me sa-
apenas tuve tiempo para abrazar á Laura y có al fin de un estado tan embarazoso . Reu-
suministrarla algun consuelo . niendo los carbones que habia esparcidos por
-¡Vamos ! ¡ à bordo ! ¡ a bordo gritaba el el fogon , reanimé el fuego , con cuya incierta
contramaestre chileno ; y apretando yo la ma- lama pude alumbrar diez segundos el inte-
no á don José que me miraba con un aire se- rior de esta triste mansion.
vero , salí de esta casa en que habia disfrutado - Laura ! esclamé vo lanzándome sobre
los goces mas dulces y satisfactorios , al paso una hamaca que conocí bien.
que sufrido los mas punzantes dolores fisicos - Francisco ! (este , pues , era el nombre
y morales . con que me llamaba) respondió con una débil
A las tres de la mañana estábamos ya na- Voz .
vegando. Yo me arrojé en sus brazos , y asi perma-
Volvamos á Laura , puesto que en uno de necimos largo tiempo . Cuánto durase este
los capítulos inmediatos dejaré de hablar de apretado enlace , yo lo ignoro ; él si fué largo
Chile. y dulce , pero terrible á la vez . Laura , lo
Cinco semanas habian trascurrido desde mismo que yo , manifestaba esperimentar di-
aquel fatal acontecimiento , cuando la goleta ferentes y encontradas sensaciones . El mas
Libertad volvió á fondear en la bahía de los horroroso combate entre su amor y mi con-
Presidios . No bien se aferraron las velas , cuan servacion destrozaban cruelmente su alma . Ya
do yo me embarqué en el primer bote que estrechándome contra su pecho , ya rechazán-
marchó á tierra , y corri á la casa de don Jo dome , concluyó esclamando:
sé. Estaba completamente abandonada , y Francisco !... ¡ Francisco !…….. ¡ Oh Dios
abiertas sus puertas de par en par . mio !.... Véte !. ¡ véte lejos de mi ! .... yo
-¡Pobresito! me dijo una vecina luego que voy á morir.... la enfermedad ..... ¡ oh ! la
me conoció , ya no están los Josés , han mar- enfermedad.... yo te voy á contagiar ; vete ,
chado al lugar de los leprosos . No vayais , yo te lo digo .. ¡Mas no!.... no .... quédate ....
pues , al lugar de los leprosos , ¡ pobresito ! quédate aun conmigo ....
porque el gobernador os haria quedar en él. —¡Si ; Laura ! si , yo me quedaré contigo .
¡Venid á nuestra casa , venid !……. no te dejaré mas; animate, yo te salvaré....
La buena muger continuó hablando , pero Y la abracé con frenesi.
yo no la escuché mas ; sus primeras espresio- ---Francisco ....ya no es tiempo.... mipadre
nes habian colmado la medida de las amargu- nos ha infestado a todos .... Helo ali , .. mira
ras , de las mortales angustias que me habían á mi madre .. ... ambos muertos ...... ¡Virgen
devorado durante las cinco semanas de mi santa , cuánto sufro ! ...... Dáme la mano
viage . Yo no sé cómo no me volví loco . ¡Adios! voy a espirar.
—¡Laura ! ¡ Laura ! esclamaba yo , ¿ volveré Y atrayéndome hacia ella , exhalo el últi
á verte todavia?… .. y dando la vuelta á San Cár- I mo suspiro ………
.
10
70 MEMORIAS DE UN NIÑO

Una hora despues estaba yerta como los vó á Buenos Aires. Por la proteccion del go-
cadáveres de sus padres , con los cuales tro- bernador me embarqué en él como marinero
pecé al despedirme de aquella mansion es de tercera clase , y me despedi de aquellos
pantosa. presidios con el corazon afligido y vertiendo
Una muger , ó mas bien una fantasma , me lágrimas . ¡ sla querida , todos los tesoros de
cogió por la mano y me detuvo á la salida de la tierra no serian bastantes para pagar la di-
la puerta . cha de volverte à ver aunque no fuera mas
-Decidme , caballero , ¿ qué os parece mi que una hora!
hija? ¿Es verdad que es hermosa? ¿Cuándo Doscientas cincuenta leguas de mar sepa-
pensais casaros ? ¡ Apresurad la boda ! ¡ Qué ran á Juan Fernandez del puerto de Callao.
hermoso dia es para una madre aquel en que , Una fresca brisa de S. O. , que nos hizo ga-
casa á una hija ! nar esta distancia en menos de cinco dias , nos
Aun me persigues , loca endiablada ! condujo derecho delante de la isla de San Lo-
Y dándole un empujon , la dejé caer al pierenzo , que cierra y abriga la rada de Lima.
de un árbol . Asustado , casi sin juicio , echéA las cuatro de la tarde viramos hacia la isla,
á correr desatentado , y me aleje. y oimos la artillería del fuerte que estaba ha-
Al otro dia , instruido el gobernador de ciendo fuego . Aquella fortaleza , admirable
obra de los españoles , es digna del genio de
mi infraccion á las leyes sanitarias , me conde-
nó á vivir durante quince dias en los bosques, Vauban , y se considera inespugnable. No se
llevando la vida de salvage . Aquella existen- habia hecho mas que dejar caer anclas, cuan-
cia , que yo mismo hubiera elegido si no me do se acercó a nosotros un bote que venia de
la hubieran impuesto , era sin duda la que mas tierra , travendo á su bordo un oficial , que
me convenia . Andar vagando al sol todo el dia,despues de haber cambiado algunas frases con
dejar caer sobre mi abrasada cabeza los chor- nuestro comandante se retiró , sin que nos-
ros de agua de una alta cascada , fueron los otros sospecháramos el objeto de su visita.
medios que emplee para calmar el ardor de la -Algo nuevo ocurre en Lima , oí decir á
fiebre que me devoraba . Aquella estravagante mi lado.
cuarentena duró quince dias ; al décimosesto En efecto , volvieron á suspenderse los bo-
pasé á la visita para que me reconociesen . Co-tes que ya se habian echado al agua , y nadie
mo mi cuerpo no presentaba ninguna aspere- bajó á tierra , sin esceptuar al mismo coman-
za , ninguna pustula que tuviese sintomas de dante.
lepra , me declararon sano , y pude entrar li- Cuando llegó la noche cesá el fuego de ca-
bremente en la ciudad . Estoy convencido de non , al mismo tiempo que la brisa dejó de
que la agitacion de aquella vida que se me refrescarnos . Una calor sofocante obligó á la
impuso me salvó. Con el fin de amortiguar los tripulacion y al estado mayor á dormir sobre
dolores de mi alma , me someti durante aque- cubierta . Por la mañana todo el mundo estaba
llos quince dias á tan rudas fatigas , que debialerta , cuando el oficial del dia antes volvió á
sudar mucho y repeler asi el principio del bordo . Cincuenta hombres escogidos de entre
mal , si es que se me habia inoculado. Una los marineros del buque fueron armados y
mala escopeta , pólvora , perdigones y veinte conducidos á tierra en una chalupa . Aunque
galletas , tales eran las provisiones que me no me correspondia , fuí uno de los elegidos .
dieron en el límite mismo que me marcaban , El recuerdo de la desventurada familia que
prohibiéndome atravesarlo La infraccion era habia perecido por mi involuntaria causa , me
castigada con pena de muerte , como creo, ha habia trasformado completamente . Siempre
berlo ya dicho . recordando ya una, ya otra de las escenas que
Sin embargo , no pudiendo resistir al ar- he trazado en el capitulo precedente , no me
diente deseo que me dió de volver a aquella veia en estado de cumplir con mi deber . Se
fuente en que habia visto á Laura por prime - mandaba una evolucion cualquiera , y yo eje-
ra vez , salté una noche una cerca , y arras - cutaba lo contrario. Asi es que la medida de
trándome por entre la frondosa yerba para echarme entre aquellos cincuenta peruanos
que no pudieran verme , llegué por fin á la medio salvages no me sorprendió absoluta-
orilla de mi poético arroyuelo. Despues de una mente ; la recibí como consecuencia de mi
hora de meditacion que pasé alli , agitado mi destino .
cerebro con los mas dulces y amargos recuer- Con dificultad se encontraria una soldades-
dos de mi vida , me di à componer versos de ca tan grotescamente equipada como aquella
memoria. de que yo formaba parte . Desde que dejé los
bosques del Monte- Ahorquillado , mi fisono-
XVII. mia babia estado siempre triste ; pero al ver
lo mal pergeñados que nos encontrábamos.
LOS PERUANOS . principié á reirme de mis camaradas y de mi
mismo , al contemplarme soldado improvisa-
El brick de guerra peruano Independencia do marchando á combatir con los bolsillos por
volvió a las aguas de Juan Fernandez despues cartuchera y con un fusil sin pie de gato á la
de haber desempeñado el cometido que lo lle- espalda . Cuando tomamos tierra se nos formó
DE LA SABOYA. 74

delante de la aduana del pueblo de Callao . ¡ contró entre dos fuegos . Era precisamente lo
Cien hombres que salieron del fuerte vinieron que estaba deseando el gefe de estado mayor
á unirse con nosotros y fraternizamos . Los que dirigia las operaciones ; y aquel combate ,
recien llegados tenian al menos uniformes y que parecia no deber ser empeñado sino par-
armas en buen estado. cialmente , llegó á hacerse sangriento al pie
-Capitan , ¿quereis que vaya a batirme con de la misma colina : antes de anochecer que-
un fusil que no tiene pie de gato? dije al ofi - daron completamente derrotadas las tropas de
cial que nos mandaba . Iriarte .
-Pero tiene bayoneta... otros muchos ca- Asi como suele acontecer en los prelimi-
recen de ella ... Ademas puedes coger el fusil nares de una gran batalla , el fuego comenzó
del primero de tus amigos que vaya á confe- por las guerrillas de cazadores. Diez minutos
sarse á los infiernos. despues silbaban las balas en todas direccio-
-Gracias , capitan . nes , sin que nuestra tropa hubiera tenido
Como ei edecan del presidente Gamara movimiento en su posicion , y sin que yo , que
tardase mucho en llegar , se rompieron filas y me hallaba de los últimos , hubiera disparado
cada cual fué á remojar la boca con aguar- un tiro , cosa que me era imposible. Aunque
diente . animado por el olor de la pólvora , por el rui-
Dos horas pasaron , durante las cuales no do de los tambores y de la fusileria , no me
se trató de otra cosa que de beber y hablar de pareció justo esponerme à servir de blanco a
politica . De repente oimos descargas de fusi- los insurrectos . Asi es que tan pronto me ocul-
lería y vimos acercarse al edecan con un es- taba detrás de un árbol , como en una cerca
cuadron de cazadores . Tomamos al momento de piedras que alli habia , observando siempre
el camino de Lima , carretera de siete kiló- á los combatientes . Por fin cayó mortalmente
metros muy bien conservada y enarenada co- herido un compañero á cien pasos de mi , y
mo las calles de un paseo. Los hermosos ár corri bácia él para coger su fusil.
boles que hay á uno y otro lado son de espe- --Aguarda , compañero , aun me queda un
cies muy variadas . y constituyen un paseo cartucho , dijo .
delicioso que recorren continuamente nume- Y haciendo un violento esfuerzo para le-
rosos y elegantes carruages . Aquel era el an vantarse , principió á echar un caño de san-
tiguo Prado de la Ciudad de los Reyes . gre por la herida que tenia en el pecho .
-¡Por el flanco derecho , paso redoblado , -Soy hombre muerto , esclamó al ver la
marchen! hemorragia , ¡ caramba! ¡ es lástima que un
Y contramarchamos haciendo un cuarto chico como yo muera asi!
de conversion hacia el lado derecho , tomando Hice un signo afirmativo .
una senda á la desfilada , que nos llevó á la -Entonces voy á confesarme contigo , es-
cima de una colina á tres kilómetros de la cucha . Echame la absolucion , todo pecado
ciudad . Desde alli pudimos observar las ope- debe perdonarse. Hace tres semanas que maté
raciones del ejército sublevado , que se com- á un pobre sacerdote... muy pobre , por cier-
ponia de mil hombres , mandados por el ge- to... porque solo tenia cuatro onzas ... Si hu-
neral Iriarte . biera sabido que no tenia mas dinero , Dios es
La república peruana no tenia en aquella testigo de que no le hubiera muerto ..... Tres
época mas que seis mil hombres sobre las ar- onzas me quedan ... Aplicalas al reposo de mi
mas. Descontando los cuatro mil quinientos alma .
soldados que eran rigorosamente necesarios Estas fueron sus últimas palabras , y es-
para guarnecer las plazas de Arequipa , Puno . piró .
Cusco , Ayacucho y Libertad , no quedaban Cuando fui dueño de su fornitura y de su
sino mil quinientos combatientes para defen- fusil , asi como de la escasa fortuna de que
der la provincia de Lima. Las insurrecciones acababa de nombrarme ejecutor testamenta-
continuas aconsejaron la necesidad de cons- rio , me separé alegremente de su cadáver
truir dos reductos , uno á cada estremo de la para ir á disparar el primer tiro ; pero refle-
poblacion por donde atraviesa el río Rimac , yxioné en el camino que no era nada filosófico
por consiguiente habia tambien que guarne- ni matar al prójimo , ni hacerse matar por él .
cerlos. Asi es , que deducida la guarnicion del Por consiguiente , convencido de que era una
fuerte de Callao , Gamara solo contaba ocho- locura batirse por una causa que no constituia
Bientos hombres para oponerlos á los mil in- mis deberes ni mis convicciones , me quedé
surrectos de su antagonista. Es de advertir tranquilamente en la cumbre de la colina.
que la poblacion entera le era hostil , tan solo Desde alli me era fácil observar las evolucio-
porque habia sido impuesto por Bolivar. nes , marchas y contramarchas de ambos
Gamara habia combinado diestramente su ejércitos . Con todo eso mi posicion no era en-
plan estratégico . En efecto , no bien habíamos vidiable . Tuve que ceder forzosamente el pues-
formado por escalones , cuando vino á atacar- to á dos piezas de artillería servidas por vein-
nos una division de trescientos hombres; pero te y cinco infantes con los cuales me mezcle .
aquel movimiento los colocó al alcance del En una palabra , gracias á la inteligencia de
reducto de la parte superior del rio , y se en- Gamara , la batalla se ganó , y por la noche
72 MEMORIAS DE UN MIÑO

encontré mi compañía de marinos cerca de la onzas de oro , que le encargué fuese á cam-
ciudad , delante del panteon. biar en reales y medios reales , dándole una
Aquel panteon ó cementerio es un monu- propina conveniente.
mento cuadrado , en cuyo recinto hay una No tardó en cumplir mi encargo á salis-
porcion de patios que encierran en todo tiem- faccion ; me salí del café y á los cien pasos de la
po una vegetacion hermosa y florida . Alrede- calle me encontré con un fraile manos a boca.
dor de aquellos jardines hay unos grandes fo- -Reverendo padre , le dije , tened la bon-
sos donde se entierran los cadáveres de ladad de decirme cuántas misas se necesitan
clase pobre. Inútil es decir que alli como en para salvar á un alma que está penando .
todas partes la fortuna tiene sus privilegios -Hijo mio , tus palabras me parecen una
A la caida de la tarde , los habitantes de burla .
Lima circulaban por las calles y plazas ilumi- -Dispensadme , padre ; no hago mas que
nadas en celebridad de la victoria . cumplir la última voluntad de un moribundo.
En cuanto à mi , obligado á patrullar des- -No por eso deja de ser estrambótica vues-
de las diez à las doce , recorri con curiosidad tra pregunta. Sabed , jóven , que las misas de
estrema y á la claridad de la luna , aquella nada sirven para el alma que aqui abajo no
célebre ciudad , tan notable por sus casas bahaya tenido arrepentimiento ni fé. Las misas,
jas de construccion morisca , de anchas calles, hijo mio , son como los diamantes , no tienen
bien alineadas y bañadas por muchos arroyos otro precio que el que quiere dárseles .
de cristalinas aguas . Llegados al Rimac , que --Me pareceis un hombre bello, padre mio;
divide la poblacion en dos partes , estableci - hacedme el favor de aceptar estos cuarenta
mos nuestro reten en una plaza . reales para que digais dos misas , ó para que
En el Perú sale el sol en todo tiempo á las las hagais decir por el reposo del alma del do-
seis de la mañana , sin que haya nunca diez nador.
minutos de variacion . El 15 de noviembre al -Con veinte reales hay bastante, hijo mio,
aparecer en el horizonte el astro vivificador , que es el preció de dos misas sencillas ; dad
nos dirigimos al reducto inferior , donde que- algunas pesetas à esos pobres que veis bajo
damos de guarnicion . Desde la plataforma de ese porche , y divertios con lo re -tante . Gozad
áquel fortin que domina el valle , se goza de de los placeres de la tierra mientras que Dios
una perspectiva encantadora : á cualquier lado os llama á disfrutar los del cielo . Yo os ben-
que se mire , se ve revestida la naturaleza de digo , hijo mio.
un aspecto diferente . Al Norte está la ciudad , -Gracias , reverendisimo padre .
las graciosas cascadas del Rimac al Sud ; al Y saludándolo profundamente me dirigi al
Este las cordilleras cubiertas de nieve y sus porche del convento .
asperezas; en fin , al Oeste las estériles rocas Doce ó quince desgraciados , hombres y
de la costa y el agreste paisage donde en otro mugeres pálidos y macilentos , en cuyos sem-
tiempo se elevaba Buena-Vista , destruida por blantes se leia facilmente su doloroso estado ,
un terremoto. yacian tendidos sobre las losas del pavimento .
Por tanto no tardé en fastidiarme . Hubiera | La mayor parte de ellos estaban infestados de
preferido á aquella indolente existencia la humores sifiliticos , y su conversacion , que
agitada vida del buque . Ademas, bajo el pun- escuché un momento , no era menos horrible
to de vista de las distracciones que por lo re- ni menos degradante que su enfermedad.
gular cuestan el dinero , el soldado no disfru- -¡Eh! cafila de holgazanes, vamos á hacer
ta mas de ellas en el Perú , con los cuatro un trato . Vamos a ver , ¿cuántos padre nucs-
sueldos de sobras que recibe diariamente, que tros y ave marias vais å rezar cada uno por
en Francia donde no percibe mas que uno. un real?
Sin embargo , como el brick que habia mar- -Diez , veinte , treinta...
chado á Guayaquil no debia tardar en volver, -Pues bien , de rodillas todos ... aplicadlos
me armé de paciencia. Mientras tanto pedi por el alma de un soldado peruano muerto en
una corta licencia que me fué concedida . el campo del honor : dos reales para cada
He aqui el uso que hice de ella . quisque.
Era el primer domingo de febrero de 4833 ; Y hecha la distribucion principiaron todos
la calor se dejaba sentir con esceso . Sali al á rezar . Yo miraba silencioso aquellos desgra
medio día solo , con el sable al costado, y lle - ciados orando de rodillas , los unos por hipo-
gué á Lima á la bora de comer ; es decir , cresía , los otros de buena fé , cuando vi á un
cuando las calles estaban desiertas . Despues pobre mulato tendido al sol á algunos pasos
de visitar tres iglesias , que como todas las de del porche , lejos de sus miserables compañe-
Rio Janeiro , cucontré demasiado lujosas , en- ros que lo miraban como un paria . Me acer-
tré en un café y pedi una botella de vino de qué à él y le dije:
Madera. -Y tú , mal blanqueado , ¿quiéres tender
Sorprendido el negro mozo de que un sol- la mano para tomar estos dos reales?
lado pudiera hacer tanto gasto , me manifestó -¡Oh! si , bravo soldado , dadme , tengo
que me costaba dos pesos fuertes ; pero le im mas necesidad que ninguno de esos mendigos,
puse silencio con la exhibicion de mis tres me respondió el criollo en mal francés.
DE LA SABOYA. 73

-¡Ah! ¿sois por ventura de las colonias


francesas? repuse yo en el mismo idioma . XVIII.
-Si , soy de la isla de Borbon . Somos pai-
sanos , ¿no es cierto? LOS KAMTSCHADALES .
-Sin duda , aunque nacidos á tres mil le-
guas uno de otro .
- Dadme vuestra mano , me dijo entonces; El Guillermo Penn era una hermosa y só-
habladme en francés . Me consuela el oiros. lida embarcacion de porte de ochocientas to-
-Pero ¿por qué fatalidad os encontrais aqui neladas , parecida á una pequeña fragata , ve-
en semejante estado? loz en la navegacion y de proporciones muy
-Ilace seis meses que me hallaba de coci- iguales . Oculto en su carbonera , no apareci
nero á bordo de un buque mercante inglés. El sobre cubierta hasta que pasadas veinte y
capitan me dejó en tierra porque ya no podia cuatro horas , nos hallábamos en plena mar.
servir á causa de mi enfermedad. Ah! ¡ pobre Entonces pude hacerme cargo detenidamente
patria mia ! ¡Ya no volveré á ver à Saint de los pormenores de un buque ballenero , de
Denis y los Salazes ! su horno , de sus calderas y de sus numerosos
-En efecto , sois bastante desgraciado Sin utensilios . En ellos no hay hamacas incómo-
embargo , aun podeis sanar y volver á Bor- das . Sus espacios s camarotes permiten á cada
cual vivir independiente , y tener aun una
bon . Animo! aceptad estos veinte reales , con lámpara
los que podeis encontrar algun alivio. . A la hora de almorzar me llamó el
¡Oh! gracias , me respondió con indecible capitan . He aqui la conversacion que tuvimos :
vehemencia . hablaba el francés con mucha pureza :
-Paciencia , amigo , no hay que desespe- - ¿De dónde eres?
rar ; adios . -De los estados sardos.
Y apretándole la mano en señal de despe- -¿Cómo has venido al Perú?
-Prime ro en calidad de mercader ; pero
dida , fui à unirme à un grupo de marineros
que se habian detenido un momento delante habiendo naufragado en la isla de Juan Fernan-
del grupo de mendigos , á quienes contempla- dez , me enganché como marinero y no como
ban con admiracion al verlos rezar con tanto soldado . Se me retenia en tierra contra el de-
fervor. recho de gentes.
Pero aquellos marineros no eran franceses -¿Eres verdaderamente un buen mari-
como habia creido , sino americanos. Compo- nero?
nian parte de la tripulacion del Guillermo -Espero serlo .
Penn , buque cachalotero armado en Norfolk. -¿Sabes guisar?
Dos de ellos , nacidos á las márgenes del rio -Un poco , capitan .. pero...
s posesio nes -No me gustan los peros . Mi cocinero es
San Lorenzo , no lejos de nuestra
as
frances del Canadá , hablaba n bastant e bien mas diest ro que tú , asi lo supongo , en mane-
arejar un
el francés para servirme de intérpretes con jar un remo , en aparejar y desap
sus camaradas. Entramos en un patio , nos mastelero. Anda á ocupar su puesto , y dile
sentamos á una mesa , y nuestra conversacion que te itan imponga en lo que ignoras.
-Cap , estoy á vuestras órdenes
fria en un principio se fué animando y hacien- Le saludé , subí al puente , y entré inme-
do simpática , a`medida que yo les pagaba diatamente en posesion de mi nuevo ejercicio .
rom , cigarros y mugeres . Seducidos por mi La ciencia de un cocinero á bordo de un
buen humor y mi liberalidad , me indujeron á
seguirlos á bordo , donde me aseguraron que buque ballenero es muy reducida , puesto que
el capitan me recibiria como marinero entran la lista de los manjares se compone con muy
do á la parte; tanto mas , añadió uno de ellos, pocas escepciones , por la mañana de una cal-
cuanto nos faltan tres hombres que han sido dera de agua , donde solo hay que echar una
muertos por el primer ballenato que hemos ouza de te y un litro de melaza ; para comer,
pescado . Precisamente era cuanto deseaba . una sopa hecha con caldo de guisantes secos,
Cuando llegó la noche , despues de una orgia habas , vaca y tocino salado invariablemente ;
que Marcial y Petronio se hubieran avergon- para cenar , un guisado con guisantes, y como
zado de describir, nos despedimos de nuestras en las demas comidas , galletas y cerveza
hermosas peruanas , las cuales entouaron , seu- abundante . Los pudingos , que solo se hacian
tadas en cuchillas , una larga é interminable dos veces por semana , entraban tambien en
cancion , en la que nuestros nombres sufrian mis atribuciones. Una misma caldera servia
treinta metamorfosis á cada coplilla . Por fin para la cámara y para la tripulacion . Estaba
las dejamos y tomamos el camino de Callao, dividida en dos compartimentos ; en el dere-
Cuando hubimos pasado las últimas casas de cho echaba manteca de vacas salada , y en el
la ciudad , arrojé por cima de un vallado to- izquierdo sebo derretido . De vez en cuando
mataba un cerdo y servia sus viandas . No es-
dos mis arreos militares.
s
Las piragua nos aguarda ban tá de mas decir que si aquella ocupacion era
en el puerto; o o a bueno,
á media noche ya estábamos á bordo y al día fácil en el mar cuand el tiemp estab
tambi en se hacia espinosa cuando reinaban
siguiente nos hicimos á la vela .
71 MEMORIAS DE UN NIÑO

temporales . He visto apagado el fuego por las Está situado à sesenta y cuatro grados de
olas diez veces en un dia. latitud Norte y ciento ochenta de longitud , a
El Guillermo Penn habia dado el primer la embocadura y á la orilla izquierda de un
descanso en Lima desde que por primera vez rio que lleva su nombre . Su rada , aunque po-
se hizo al mar. Hacia nueve meses que habia co abrigada , nos permitió no obstante reparar

-¿De dónde eres?-De los estades sardos. - Pag. 73.

salido de Norfolk , y llevaba ya ocho cachalo- | nuestras averías , y ponernos en estado de


tes en la cala ; en otros términos ; quinientos emprender la penosa navegacion que nos ha-
barriles de aceite y cincuenta de esperma . bíamos propuesto El 4. de mayo , la natura -
Aquellas preciosas capturas las habia efectua- leza , que en tal época vivifica todas las cosas
do en las islas Gambier y Tonga-Tabou . El en las zonas templadas , conservaba alli aun
segundo período de su viage por el Océano no el aspecto triste de nuestros campos en los
correspondió á la esperanza que habian conce- mas rigorosos inviernos Mi corazon se oprime
bido en el primero . No vimos ni un solo ba al recordar aquellas campiñas heladas , aque-
llenato en aquel inmenso espacio de dos mil llas gentes raquíticas que durante ocho meses
leguas , que separa al Perú de las costas de viven bajo la tierra como reptiles. Desde el
Kamtschatka. Los archipiélagos Gallapagos y puente de la embarcacion , solo buque que los
Sandwich , parages muy frecuentados por los indígenas habian visto hacia mucho tiempo,
cetáceos , no nos ofrecieron nada de particu- se divisaba una inmensa blancura sin que se
lar. Mientras se presentaba mejor fortuna , en- opusiese ningun obstáculo. El rio arrastraba
tramos en Vlotorskoia , último puerto del Nor- enormes témpanos de hielo ; algunos álamos
deste de Asia . desmirriados y unas veinte chozas , entre las
DE LA SABOYA. **

cuales se elevaban los vastos sotechados de ras de cuero. vi que iban acompañando un
una factoría rusa , tales eran la ciudad y los trineo arrastrado por cuatro enormes perros
alrededores de Vlotorskoia , y un frio de quin- negros. En aquel carruage de estraña cons-
ce grados Reaumur. truccion , iba un anciano sentado , cubierta la
A pesar de aquella temperatura rigorosa , cabeza con un capuchon Tenia los brazos
tenia yo un gran deseo de hacer una escur- cruzados y atados al vehículo Despues de
sion por aquellas playas de Asia , tan diferen- saludarlos muchas veces . les mostré la em-
tes de las de Smirna. Asi es que el primer barcacion que se ostentaba magestuosa en
domingo que siguió á nuestra llegada, á las la rada y pareció que me habian comprendi-
seis de la tarde despues de cenar bajé á tierra do . Como se encaminaban hacia el lado de
en la guardia de estribor . Nos arropamos per- donde yo venia , los segui hasto el punto cul-
fectamente , nos pusimos dobles guantes de minante de la colina . Llegados alli , se detu-
lana , y armados de magníficos puñales , par- vieron; y mientras uno de ellos desataba af
timos con el designio de alargar nuestro paseo hombre que estaba en el trineo, los demas
hasta la cima de una colina que se veia á lo provistos de azadones, cavaron una fosa poco
lejos desde la rada , y ocultaba el horizonte profunda . Aquellos preparativos me habian
al Norte. Esto, se convino muy bien á bordo , puesto en cuidado, pero bien pronto conocí
pero cuando estuvimos en tierra se pensó de que se trataba de un entierro, pues cogieron
otro modo. Pretestando los unos el mucho al anciano que estaba en el trineo y lo metie-
frio , y los otros que iban á encender sus pi- ron en la sepultura, con la cara vuelta à Le-
pas , todos mis compañeros entraron en casa vante, y se pusieron á bailar encima dando
de uno de los empleados de la factoría , ruso grandes gritos . Ignoro si se proponian hacer
anciano cuya talla gigantesca contrastaba sin- salir de aquel cuerpo los espíritus malignos, ó
gularmente con la de los pobres kamtschada - simplemente estirarlo , pues conservaba la
les que le servian. Nuestros marineros se sen- misma posicion que tenia en el trineo . Sea lo
taron alrededor de una inmensa estufa , y alli que quiera , luego que sus miembros tomaron
principiaron a beber hidromiel y despues kair. la tersura conveniente, lo cubrieron respe-
Este último licor , confeccionado con el fruto tuosamente con la tierra levantada , é hicieron
del nenufar , tiene un sabor malísimo y em- alrededor una merienda fúnebre . Aquella co-
borracha al momento. En aquel rigoroso clima mida , que sin mi auxilio no hubiera sido mas
es un veneno que biela la sangre y abrevia la que un simulacro , degeneró, á pesar del frio
vida del hombre. Como no encontré alli nada en una especie de festin . Al enorme salmon
digno de atencion si se esceptuan las pieles de que colocaron á la cabecera de la tumba y al
zorra roja , de marta , de cibelinos y algunas puchero de mijo cocido que llevaban, añadi
yerbas marinas secas que servian para alimen | un pedazo de pudingo y cuatro galletas . Este
far el fuego de la estufa , invité á mis compa- suplemento, comido con avidez, me valió las
Deros á continuar nuestra espedicion . mayores muestras de amistad . Aquellos pobres
-Nosotros estamos bien aqui. Anda á he- kamtschadales me espresaban su alegría con
larte tú solo si te parece. gestos, que añadian mas fealdad á sus raras
Entonces calando mi gorro hasta las ore- fisonomías. Aquella raza se parece mucho á
jas, sali á escape por aquellas heladas cam- la de los esquimales de América . Tiene como
piñas. ella la cara larga y aplastada, ojos pequeños
No habia andado aun cien pasos , cuando y nariz chata . Su cutis es abadanado y en al-
ya me arrepentia de haber salido de la ciudad. gunos verdoso .
pesar de hacer un tiempo magnífico , el trio Cuando los perros que habian sido des-
se iba haciendo mas intenso : me vi obligado uncidos hubieron devorado los despojos del
á correr cuanto podia para no quedarme he- salmon , el gefe se levantó gritando: ¡ lourki !
Jado . El suelo que de este modo iba midiendo ¡ lourki ! Y los cuatro mastines echaron á cor-
era un terreno de aluvion de reciente forma- rer en direccion de la iouta . Entonces, empu-
cion . En ningun sitio se conocia mejor que en jando el trineo hacia la orilla de una pendien-
aquel donde hice la observacion que era la te, el gefe se sentó delante y me hizo seña de
falda de un montecillo; todo lo demas estaba que me sentase tambien junto à él , lo que
cubierto de una capa de cinco pulgadas de efectué cuando sus demas compañeros se co-
nieve helada . Llegado à la colina , desde don- locaron á la espalda . Uno de ellos corrió aun
de mis ojos no veían siuo una gran esplanada mas de doscientos pasos empujando el trineo;
cubierta de estepas por un lado y por otro el dado el impulso necesario , saltó dentro y ba-
inmenso mar , apercibi una cuadrilla de indi - jamos la colina con la velocidad del rayo . Era
genas vestidos de pieles como todos los que tal la rapidez , que los perros que habian sali-
habia visto hasta entonces . La talla del mas do tres minutos antes que nosotros , se queda-
corpulento no escedia la mia . Ya recordará el ron muy atrás . Anduvimos de este modo , sin
lector que no llego á la marca ni con una que quepa exageracion , cuatro kilómetros en
pulgada mas. Cuando la curiosidad me movió cinco minutos . Era á la vez una cosa curiosa
á acercarme à aquel grupo, cuyo gefe tan so- y terrible el ver la destreza de nuestro con-
lo llevaba una camisa bajo sus rudas vestidu - ductor en evitar las desigualdades del camino
76 MEMORIAS DE UN NIÑO

con pequeños toques de talon aplicados en el cion fué à buscarnos con las piriguas, y volvi-
suelo . Veinte veces me persuadi de que íbamos mos á bordo. Ocho dias despues abandonaba
á estamparnos los sesos contra un abeto ó á el Guillermo Penu aquel desdichado pais , ha-
sepultarnos en un precipicio. A Dios gracias, ciendo vela hácia el Norte .
nada tuvimos que sentir, mas si aquella carre-
ra hubiese durado tres minutos aun , hubiera XIX.
muerto asfixiado por el frio . Llegado al pie de
la montaña , en una bahía á dos leguas de Vlo- EL CÍRCULO POLAR ARTICO Y LA ZONA
torskoia, el trineo se detuvo delante de una TORRIDA .
iouta.
El dolor que esperimenté en las puntas de Despues de quince dias de una penosa
los pies cuando me puse á calentarlos à la navegacion , durante la cual el termómetro
lumbre no tiene comparacion . Aquello me hi - Reaumur variaba de cuatro á catorce grados
zo conocer por esperiencia lo mortificante que bajo cero apercibimos las elevadas montañas-
es la transicion del frio al calor. Pero seme- del Behering; á la izquierda las de Asia, y á la
jante martirio duró poco. Una muger tan derecha las de la América rusa . Dejando atrás
buena como horrenda era , llenó un barreño de la isla de San Lorenzo, entramos en el estre-
nieve, y me hizo meter en él los pies y las cho con mar sosegada y libre . Una sonda muy
manos. Aquel simple remedio calmó instan- ensebada que echamos à dos leguas de la cos-
táneamente mis dolores; entonces pude apre- ta de América nos dió por resultado cuatro-
ciar la estraña morada en que me hallaba . La cientas cincuenta brazas de profundidad . La
iouta era de superficie de una área poco mas arena era fina y negruzca . Al dia siguien-
o menos, y su techumbre de forma cónica, te, 4. " de junio , nos hallábamos aun en el
tenia la figura de un hemiciclo; estaba cons- estrecho, cuando nuestros prácticos oficiales
truida bajo de tierra, y solo su techo sobresa- apercibieron en la parte septentrional del ho-
lia dos pies del suelo . Veinte habitacione rizonte una claridad semejante á la que des-
mas componian el interior; cada una de ellas piden los últimos rayos del sol .
estaba ocupanda por una familia , que tambien Aquel resplandor , que me dijeron llamarse
tenia consigo sus rengiferos y sus perros. A la el blink, es el preludio de un frio escesivo . En
entrada se veian suspendidas redes y utensi- efecto, el termómetro habia bajado veinte gra-
lios de caza y pesca . Un gran fogon servia de dos . En dos dias consecutivos no vimos ni una
Cocina comun . Como no habia chimenea , el hora de noche . Los crepúsculos se alcanzaban
humo formaba un techo y en las paredes un á los crepúsculos.
hollin tan compacto . que co'gaba formando El dia 3 entramos en el mar Glacial , y do-
negras estalactitas . El olor de las carnes de blamos el cabo Lisburno , que no pudimos ver
nutria , de oso y de pescado , que se estaban á causa de la densa bruma . Desde este dia
asando continuamente en el rescoldo, unido á hasta el 40 navegamos siempre al Este con
las exhalaciones de tantos hombres, mugeres grandes precauciones , y tan cerca de tierra
y niños, rengiferos y perros formaban una at- como nos era posible. El tiempo era hermoso,
mósfera pestilente y sofocante . En aquella la brisa ligera , pero el frio iba creciendo en
época habia conocido ya diez pueblos; en mu- intensidad . Entonces quedó reducido el cuar-
chos mas he estado despues; pero en ninguno to a dos horas, y el hornillo se encendió hasta
he visto tanta miseria como entre los kamts- parecer una ascua en el entrepuente El as-
chadales. Las pieles de que van vestidos están pecto de la costa presentaba un espectáculo
cubiertas de un dedo de mugre, sin que en inagnifico al par que horrible . No , seria impo-
esto haya exageracion . sible describir aquella tierra sembrada de ar-
Antes de salir de la iouta, cuyo interior cos , de obeliscos, de pirámides de hielo . Hu-
visité todo por curiosidad, estuve acariciando biera podido compararse á las ruinas de una
á un osesno que estaban engordando para ma- gran ciudad de cristal . En sus golfos y en sus
tarlo. El gefe me sirvió de cicerone con gran bahías, helado el mar en trechos , que a veces
de afabilidad; su pantomima , que yo com- se estendian á muchas leguas de circunferen-
prendia con bastante facilidad , era muy inte- cia, se oia rechinar el helado elemento por el
ligible y natural . Cuando me marché me choque de las aguas como la detonacion de
acompañó hasta la cumbre de la colina, y una batería . Habiéndonos aproximado á uno
desde alli me mostró el camino que debia se- de los sitios helados, vimos una porcion de
guir. Lleno de reconocimiento , le di el poco osos blancos que lo recorrian en todas direc-
tabaco y los sueldos cuadrados de la China ciones; pero no apercibimos ni un solo morso :
que llevaba . Despues de muchos saludos, nos La tripulacion y sir Burdett habian perdido su
separamos enamorados uno de otro . buen humor; Paciencia! estábamos en la en-
Eran cerca de las diez cuando llegué à senada de Yarborough; el termómetro bajó á
Vlotorskoia , y sin embargo, aun era de dia. treinta grados; el tiempo se mantenia claro.
Mis camaradas cantaban en la factoría en el La ensenada Yarborough está situado á
estado mas deplorable su eterna entonacion setenta grados de latitud Norte y ciento cin-
Jenny of Middlesex. El cuarto de la tripula- cuenta de longitud Oeste . Para llegar al punto
DE LA SABOYA. 77

de la América rusa , limitrofe de la Nueva , luchar con los osos blancos : un hacha y un
Bretaña, tuvimos que subir hasta el grado par de pistolas?
septuagésimo quinto ; por consiguiente nos Armas ofensivas: una maza de hierro de
fué necesario doblar el Cabo Glacial , donde seis libras , adherida á un mango de ocho pies;
esperimentamos el mayor frio. Aunque este un puñal de treinta y cinco centímetros de
cabo se halle á la misma altura que Ammers- largo y afilado como una navaja de afeitar .
fert, pueblo pequeño de la Laponia sueca, su Por esta enumeracion podrá creer el lector
clima es mucho mas rigoroso . En efecto, se ve que los hielos no nos causaron daño alguno , á
que la línea isoterma de cero tiene su vérti- pesar de los treinta grados de frio.
ce cóncavo en América y el convexo en Eu- Antes de dar principio á la pesca , escogi
гора . aquel de nuestros marineros que me pareció
El 44 por la mañana llegamos á la bahía de mas esperto , y que precisamente lo era un
Yarborough, á velas desplegadas, con el fin de canadés con quien habia adquirido gran amis -
que la velocidad del buque pudiera rechazar tad . Yo lo seguí , contento de aquella ocasion
los témpanos de hielo que obstruian el paso . que me proporcionaba abandonar por algu-
Cuando menos esperábamos, la Virgen de los nas horas la monotonía de mi existencia co-
pescadores nos fué favorable. Nunca se vieron cinera.
tantos morsos reunidos. Llegado á cien pasos de la orilla , John Dick
En una estension de dos leguas, entre las se detuvo delante de una hermosa vaca mari-
sinuosidades que formaba una larga serie de na que parecia un buey , y cuya forma hu-
ancones , se veia un número considerable de biera tenido , si en vez de aletas hubiese es-
morsos, de vacas marinas, de caballos mari- tado provista de cuatro pies . Tendida sobre el
nos que aparecian cada vez con mas abun- hielo , tenia la boca abierta y parecia en una
dancia . Yo miraba con curiosidad aquellos perfecta quietud. Mientras yo admiraba el en-
mónstruos como salian del agua sin mas auxi- carnado de la lengua , los blancos dientes de
lio que sus aletas y sus dientes. Su marcha aquel animal , que contrastaban admirable-
lenta parecia aun imposible considerando su mente con su piel negra y lustrosa , John
enorme corpulencia. Aquellos anfibios atrai Dick , describiendo un circulo en el aire con
dos á las orillas por el sol , parecian gozar de- su maza , como si manejase el débil peso de
liciosamente del escaso calor que este astro una honda , la dejó caer sobre aquella cabeza
les prestaba, y formaban un cordon negro so- que yo admiraba , y atontó al animal : un se-
bre la superficie helada , blanca y brillante. gundo , un tercer golpe , dieron fin á su vida.
En vista de tan inesperado encuentro, conce- Entonces , sacando su enorme puñal , le hen-
bimos la esperanza de hacer una pesca abun- dió en el abdomen por el ombligo , le cortó las
dante y provechosa . Y en verdad que lo fué aletas , y poniendo en juego los pies , las ma-
en grado superlativo . nos y el cuchillo , la desolló en menos de cin-
Antes de lanzarse sobre su presa , la tri- co minutos . Colgó la piel en el hierro acerado
pulacion del Guillermo Penn , compuesta de confeccionado al efecto , y la dejó arrastrar
cuarenta y dos hombres, comprendida la cá- con ayuda de una cuerda atada al brazo , Yo
mara , debió pensar en poner en seguridad su seguí iguales operaciones , y los demas mari-
buque, lo que efectuó abriendo una brecha en neros lo mismo . A las once de la noche con-
lo mas abrigado de la rada, en la cual se in- tábamos aun á la claridad del dia, trescien-
trodujo, Tal operacion , que me habia parecido tas sesenta y nueve pieles de todas clases.
impracticable, se terminó en el espacio de dos Sabido es el uso que se hace de ellas. En Nue-
horas. Cuatro grandes sierras, semejantes á va-York se venden á cuatro dollars cada una ,
las que usan nuestros picapedreros, practica- curtidas y preparadas .
ron la abertura á pesar de la marejada , con Adviértase que el elefante marino , es la
la mayor facilidad . especie mas astuta de la familia de los morsos,
El frio se mantuvo á treinta grados . y el mas precioso por sus colmillos de hermo-
Al medio dia me di prisa à terminar mis so marfil , asi como el mas inteligente . Al
oficios de cocina , y bajé á tierra con los vein- acercarnos á ellos abrian la boca y se tiraban
te y cinco hombres de que se componia esta al agua : no cogimos mas que dos .
primera espedicion . He aqui lo que cada ma- Este género de vida duró hasta el 4. " de
rinero llevaba consigo , como vestiduras , ar- julio . Fué peligroso , ya por la ansiedad en
mas ofensivas y defensivas. que nos tenia la conservacion de nuestro bu-
1 Botas forradas , dos pares de medias de la- que , el cual crugia algunas veces por la pre-
na , una corbata , dos camisas de lana , un sion del hielo , ya por los ataques contínuos
pantalon de paño forrado de bayeta , un gran de los osos blancos. Es notable que estos for-
chaleco , que mas podria llevar nombre de so- midables animales no pueden apoderarse de
bretodo , un grueso paletó de cuello alto , un los morsos . Atacados de frente por los osos ,
gorro que cubria hasta las orejas , un sombre- los esperan hasta cogerlos con los dientes , se
ro con carrilleras y dos pares de guantes bien dejan escurrir al agua y los ahogan . Atraidos
forrados . por las carnes que les abandonábamos , llega-
Armas defensivas: en caso de tener que mos á contar hasta setenta osos reunidos . En
11
78 MEMORIAS DE UN NIÑO

los innumerables ataques que dieron al buque, ¡ ratura mas soportable . Sordos mugidos reso-
mi pobre y temerario amigo John Dick fué el naron á lo lejos , y nuestro buque comenzó á
único que pereció. A la verdad que no com- flotar. Los esquimales no se habian equivoca-
prendo cómo se las componen los esquimales do. Entonces , mientras la mitad de la tripu-
que habitan aquellas regiones para vivir con lacion levantaba los juanetes que se habian
semejante vecindad . bajado para quitar tropiezos al viento , la otra
A propósito de los esquimales , un dia que mitad se puso ȧ despejar los témpanos de
nos hallábamos todos á bordo , ocupados en hielo que habia adheridos al casco de la em-
poner en órden las cuatro mil pieles que hasta barcacion . Concluidas estas faenas durante la
entonces habiamos recogido , y aguardando el noche con una claridad magnifica , el 4.º de
deshielo, que ya se anunciaba con señales bas- julio nos propusimos salir de alli . Para conse-
tante notables , vimos llegar y rodearnos en guirlo fué menester romper los hielos y poner
un abrir de ojos una docena de trincos tira- bonetas y velas . El viento, ese poderoso auxi-
dos por rengiferos . Cada uno llevaba una fa- liar , empuja al buque y lo saca del atollade-
milia mas o menos numerosa , é iban escolta- ro . Todos trabajan á bordo , desde el capitan
dos por una veintena de perros . Aquellos in - hasta el grumete . Armados de espeques , de
digenas , que dejamos subir á bordo , donde palos de virar , nuestros marineros ayudan a!
los obsequié lo mejor que pude , nos llamaron viento separando los témpanos de hielo ; no
la atención por su decorosa conducta . Nada obedeciendo aun el timon , deja dar vueltas al
en ellos indicaba costumbres salvages. No buque ; pero revuelve con mayor impulso, se
eran alborotadores ni ladrones . Pequeños de despoja completamente de los restos de hielo
cuerpo como los kamtschadales , tenian su que le quedaban adheridos , y avanza victo-
mismo carácter y su poca limpieza . Un mari- rioso . En fin , despues de doce horas de ruda
nero , que comprendia un poco su idioma , nos faena logramos vernos en mar libre , y lo sa-
dijo que habitaban á orillas del Lago Salado, ludamos con gritos de alegría ,
situado á quince millas al Sur . Cerca de aquel La tarde de aquel dia . à cosa de las once ,
lago , dijeron , hay un profundo valle resguar- me puse á encender luces. En aquel momen-
dado de los vientos del Norte , donde se crianto , el sol , como un disco de fuego , bañaba ya
muchas yerbas para pasto de los rengiferos . el Océano en un circulo purpurino de cuaren-
En cuanto á ellos , se mantienen con la lecheta y cinco grados..
de estos cuadrúpedos , con las carnes de foca ¡ Cómo ! dije al timonel , sorprendido de
y de pescados , cuyos despojos los asan para ver la direccion que tomábamos ; ¡ marchamos
los perros. Añadieron , que cuando un rengi- á Nor-Nordeste!
fero era ya viejo ó no daba mas leche lo mata- -¿Os estraña eso? respondió sir Burdett , á
ban , hacian un festin con sus carnes , y un quien no habia visto.
trage con su piel . Todos los escrementos en -Si , capitan .
general , secos y mezclados con la grasa de -¿Por qué? cocinero .
foca , son su único combustible. -Es que habia creido que marchariamos
De esta falta de leña resulta que los es- al Norte - cuarto -Noroeste.
quimales mas desgraciados que los lapones, -Es posible ; pero qué diriais si dentro de
se ven obligados à construir sus trineos de los un mes os halláseis en el Atlántico?
peces helados , pero sobre todo del salmon , -Capitan , diria que erais superior al mis-
porque su forma es muy a propósito . De ellos mo Cook . Sin embargo , permitidme ponerlo
hacen cilindros rodeados de pieles y sujetos en duda .
de huesos de rengifero . Confeccionada la ar- El capitan no respondió , y yo fuí á ten-
mazon la dan un baño de tierra , y ya tienen derme en mi camarote .
un trineo que les dura seis meses . Cuando lle- Lo que buscaba sir Burdett era el paso del
ga el tiempo blando , se deshacen por sí Nor - Oeste , paso que se creia unir el estrecho
mismos. de Lancastre con el Océano Pacífico , paso que
Antes de despedirse de nosotros aquellas los capitanes Back y Parry habian inútilmente
gentes , agradecidas por la acogida que les buscado , y que sir John Ros ha reconocido
habiamos hecho , fueron á ordeñar sus rengi- despues no existir . Asi , el camino que hici-
feros y nos llevaron un caldero de leche. No mos al Norte hasta ochenta y cuatro grados .
podia esperarse mayor prueba de su recono- no sirvió mas que para esperimentar un frio
cimiento: ya se habian declarado á bordo al- intolerable , y para hacernos correr mil peli-
gunos síntomas de escorbuto. Previendo por gros entre dos murallas de hielo , de las cua-
ciertos indicios que rara vez les engañan , que les una concluyó por cerrarnos el paso al Es-
no les quedaba mas que el tiempo necesario te. Aquellas barreras , que por muchos lados
para volver á sus moradas , nuestros amigos se elevaban á doscientos pies de altura , me
se marcharon saludándonos á voces , despues parecian los últimos limites del mundo . Nos
de haber estado tres horas con nosotros . Sen- vimos precisados á volver sobre nuestros pa-
ti mucho que el deshielo no nos permitiese ir sos El 4.º de agosto , un mes despues de
á devolverles la visita . Al dia siguicute se de- nuestra salida de Yarborough , pasamos la isla
claró el viento Sur , precursor de una tempe- I de las Allutas .
DE LA SABOYA. 79

Lector , no me ocuparé en este capítulo , mados bajaron á tierra mandados por el capi-
de la pesca de la ballena , pero el capítulo si- tan , que me permitió acompañarle. Querien-
guiente lo consagraré a este objeto . Mientras do penetrar en el interior de la isla , seguimos
fui cocinero , la naturaleza de mis ocupaciones desde luego en direccion opuesta à la que ha-
no me permitió embarcarme en una piragua, y bia tomado la espedicion del dia antes , la
por consiguiente , no pude ver el combate que caja de un arroyuelo cuyas orillas estaban po-
es menester trabar con el cetáceo , su defen- bladas de tamarindos , de otros árboles dife-
sa y su muerte , escenas que con frecuencia rentes y sobre todo de caoba. Los setos que
acontecen á dos y tres leguas de la embarca- aquellos árboles enlazados con mi ! arbustillos
cion . Debo aguardar , para dar una noticia formaban á cada lado , nos obligaron á ir por
mas circunstanciada , el momento en que, for- el agua bajo una bóveda de ramages tan com-
mando parte de los marineros en accion , pu- pacta , que no solo el sol sino hasta la clari-
de apreciar por mi mismo los peligros y las dad penetraban dificilmente. Los huéspedes
eventualidades que ofrece esta especie de pes- de aquellos sombrios arcos , imperceptibles y
ca. Siendo asi las impresiones mas fuertes, zumbadores insectos , cobraron de nuestra
podré describir mas fielmente. Notemos de sangre el derecho de peage : llegamos á un
paso que la pesca del cachalote , à la que barranco rodeado de cocos con las manos y la
casi esclusivamente se dedicaba el Guillermo cara llenas de picaduras.
Penn , es mas peligrosa que la de la ballena -¿Qué hacer aqui? dijo sir Burdett ; vol-
franca . El cachalote , cetáceo de mucho ins- vámonos atrás .
tinto y de gran crueldad , exige mucho valor, -Con vuestro permiso , capitan , repuso el
intrepidez y sangre fria para atacarlo . Añadi contramaestre arrojando de la boca un enor-
ré para no tener que repetirme que desde los me pedazo de tabaco , si cortásemos uno de
veinte y cinco grados de latitud Norte hasta estos árboles , haríamos bogar en el arroyo
el cabo de Buena - Esperanza , solo se mataron los cocos que uno de nosotros podria ir em-
ocho cachalotes ; esto en el espacio de seis barcando en nuestras piraguas , à medida que
meses , y atravesando los mil archipiélagos del llegaran á la playa . Nuestros enfermos ten-
Océano. drian asi con que refrescar hasta Manila .
Esta penosa navegacion en el círculo polar -Ciertamente . Manos á la obra.
habia aumentado considerablemente el núme- Al primer hachazo dado en el árbol car-
ro de nuestros escorbúticos. Pero como no te- gado de fruto , agudos gritos se dejaron oir,
níamos en nuestro camino mas punto de des- las hojas se agitaron y principiaron á caer co-
canso que Vlotorskoia , aprovechamos para cos en tan gran cantidad , que sin hipérbole,
bajar mas al Sud una fuerte brisa de Oeste nos magullaron los brazos : habia algunos que
que nos puso mil trescientas leguas de alli en pesaban diez libras . Ignorando la clase de
diez y seis dias . Pasando por frente de las enemigos con quienes teníamos que habérpos-
costas de Asia, llegamos delante de una isleta las , hicimos una descarga al aire con nuestras
muy fértil y cubierta de montañas entrecorta- pistolas . Disipado el humo pude ver una cuer
das y bastante elevadas . Aunque rodeada de da de monos teniéndose enlazados los unos
arrecifes peligrosos , encontramos en ella una con los pies , los otros con los rabos , forman-
pequeña bahía muy abrigada y de un escelen- do asi en el árbol una larga guirnalda . Todos
te fondo . Faltaba saber si aquella isla , la mas desaparecieron asustados en un momento , es-
al Oeste del archipiélago de los Ladrones, era cepto un pequeño tití que dejó caer su madre
un pais desierto ó habitado por salvages. al saltar de un árbol á otro. El capitan lo re-
-No importa , dijo el capitan , no es tan cogió.
considerable , que tengamos que temer á sus -No hay que hacerle daño ; éste no queria
habitantes si los hay. ¡ Dos piraguas al agua y aplastarnos , estoy seguro de ello , dijo.
veinte hombres á tierra! -¡God! se parece mucho á mi amigo John
Una vez alejada la espedicion , sir Burdett , Dick que se quedó entre los dientes del oso.
con la esperanza de tener pronto viveres fres- Pobre Dick . ¡ Dios tenga su alma en reposo!
cos , hizo subir los escorbúticos sobre el puen- Y este grosero chiste de un harponero es-
le para que respirasen el aire de tierra . Des- citó de tal modo la risa de sus camaradas, que
pues de tres horas de espera , tres horas que sin perder tiempo bautizaron al mono con el
nos parecieron estremadamente largas , nues- nombre y apellido de John Dick .
tros hombres reaparecieron mostrándonos a lo -¡Vamos , vamos á la obra! mañana volve-
lejos un revezo herido y las piraguas llenas de remos á buscar banana , dijo el capitan ; cor-
frutos. Aunque hubiesen venido cargadas de temos algunas escobas y marchemos .
oro , no nos hubieran alegrado mas. Una hora despues , las piraguas y el car-
-Cocos en abundancia , dijo el teniente gamento se izaban á bordo , asi como una
montándose sobre el yugo de popa ; pero sal- enorme tortuga que sorprendimos en la playa.
vages ni uno. John Dick , desatado del codaste , se lanzó so-
Para cenar todo el mundo se regaló con bre el puente , escaló los obenques y fué à co-
bananas y bebió leche de coco . lumpiarse en el estribo de mesana.
Al dia siguiente quince hombres bien ar- A los dos dias , 20 de setiembre , habién,
80 MEMORIAS DE UN NIÑO

donos dado á la vela antes de amanecer , lle- to no hubiera soplado en aquel instante para
gamos á cosa de medio dia á un estrecho en- permitirnos continuar el camino , es mas que
tre dos islas. La brisa que nos empujaba cesó probable que de aquellos desgraciados no hu-
de repente y quedamos encalmados à dos mi- biera escapado ninguno para contarlo . El des-
llas de cada playa . El tiempo estaba magnifi- órden en que los puso la metralla , nos indicó
co : nuestros oficiales señalaron una porcion fácilmente que no pensaban en perseguirnos.
de piraguas que venian de la isla O. , avan- Esta escena , seguida de la inmersion de los
zando á fuerza de remos . Con toda precaucion indios muertos , nos afectó profundamente.
se cargaron nuestros cuatro cañones de me- Sir Burdett se preguntó por un momento si
tralla , se subieron las armas al puente , y ca- habria obrado de ligero en aquella ocasion....
da cual aguardó contento la llegada de los in- Cuestion de conciencia que se resolvió por la
sulares. Cuando aquella flotilla compuesta de negativa . A los ocho dias llegamos á Manila.
diez y ocho piraguas , montada cada una por Esta ciudad , capital de los dominios de
siete ú ocho hombres , estuvo á distancia de España en la Oceanía , es muy populosa ; me-
unas ciento veinte brazas , se detuvo á nues- nos grande y menos bonita que Lima , me
tro frente al mando de su gefe. Aquel salvage gustó , sin embargo , mucho mas. Los tipos de
pintado de colores estraños que le distinguian su poblacion malaya , española y china , tie-
de sus guerreros , hizo avanzar su embarca- nen alli un sello de originalidad que se busca-
cion gesticulando y haciendo mil contorsiones ria inútilmente en otra parte . La indolencia
para probarnos que sus intenciones eran pa- de sus habitantes contrasta con la actividad
cificas. El capitan le permitió pasar á bordo, que en ella desplegan los estrangeros . Su co-
asi como á su séquito. Aquellos polinesianos mercio es inmenso .
eran de elevada estatura y su tez de un negro Deseoso de ver aquel pais , cuyos alrede-
bronceado ; por toda vestidura llevaban una dores se parecen al Piamonte por sus muchos
especie de tapa-rabos formado de una esteri- sembrados de maiz , bajé á tierra el mismo
lla de junco muy fino. Armados de una maca- dia que llegamos . Queriendo poetizar á mis
na y flechas , aquellos bárbaros , que se re- anchas , me perdi espresamente de mis com-
putan antropófagos , parecian no carecer de pañeros en la plaza del mercado . Encantado
valor. Despues de pronunciar un discurso, de verme solo , pasé un puente mas sólido que
del que nos quedamos en ayunas, el gefe hizo elegante , y me dirigi hacia el campo , cuyos
depositar á los pies de sir Burdett una cesta corpulentos árboles veia ya . A la estremidad
llena de frutos iguales á aquellos de que nos del arrabal que iba atravesando se hallaba
habíamos ya provisionado , y sin aguardar el una caserua , y me fuí hacia ella con el fin de
regalo de costumbre , se apoderó de un octan- encender mi pipa.
te que se hallaba en el borde del cuarto . Sus te- En aquel momento senti que me llamaban
nientes , á su ejemplo , fueron cogiendo el uno la atención desde una ventana , diciendo :
un bidon , el otro una gamella , y así sucesi- -¡Eh , marinero , eh! ¿Dónde vas?
vamente una porcion de objetos de cocina que Volví la cabeza y ví detrás de una celosía
se ballaban á la vista por estarse preparando el busto gracioso de una mestiza . La tentacion
la comida . Se comprenderá bien que el octan - era fuerte ; pero la mucha estima en que te-
te , los bidones y las gamellas no podian ser- nia mis diez onzas era mayor. Una segunda
les regalados . Siéndonos de absoluta necesi- mirada que dirigí á la celosia me decidió . En-
dad estos objetos , tuvimos que arrebatárselos tré atraido por unos ojos que parecian luce-
á viva fuerza ; entonces comenzaron á dar ros , por una voz suave y por los acordes so-
penetrantes gritos , y la flotilla nos cercó : sir nidos de un bandolin.
Burdett dudaba el partido que debia tomar. Me quedé solo con la jóven , y mi galan-
Los armadores no cargan nunca sus buques teria no creyó justo regatear sus encantos . Su
de objetos inútiles , como por lo regular sue- cutis cobrizo era suave como la seda ; nunca
len hacerlo las embarcaciones destinadas á conocí volar el tiempo con mas rapidez que á
descubrir paises , y nuestros polinesios , que su lado . Asi es que en mi embriaguez pasaba
no habian olvidado aun la generosidad de Ur- el dinero de mi bolsillo al suyo , que era una
bille ó de Krusenstern , viéndose chasqueados, bendicion : el rom no se economizó tampoco á
se pusieron furiosos. Rechazando con los pies mi costa . Inesilla era , ademas de hermosa ,
las galletas y el tabaco que se le habia puesto encantadora . Aunque hablaba el español algo
delante , el gefe levantó su macana y la blan- chapurrado , no por eso dejamos de entender-
dió dirigiéndola al capitan . Aquel evitó el gol- nos muy pronto. Durante las dos horas que
pe felizmente , y la pesada maza fué á dar con estuve à su lado , me convenci de que mi
fuerza sobre el sombrero. conquistada deidad era un conjunto admirable
—¡Al agua los salvages ! esclamó , ¡ fuego en de voluptuosidad . Pero mis galanteos debian
ellos! durar poco. Al anochecer tuve que dejarla. Al
A esta órden cayeron todos muertos . Cien salir me brindaron cuatro soldados que esta-
voces resonaron alrededor del buque exhalan. ban bebiendo y cantando con igual número de
do el grito de guerra . Nuestros cañones res- mugeres , y no me hice rogar. Pródigo como
pondieron á aquella declaracion , y si el vien- un avaro picado , les invité á mi vez y pague
DE LA SABOYA.; 81

de modo que pudieran enterarse de que no entre otro marinero y yo. Un minuto mas de
me faltaba dinero. Mi imprudencia les mostró tardanza nos hubiera espuesto á que el viento
mi cinto. Cuando salimos á la calle me enca- se la llevara: tal potencia habia adquirido el
miné à la poblacion , donde me ofrecieron mis meteoro. Bajé á la gran gavia, donde solo mi
improvisados compañeros llevarme al muelle compañero encontró sitio para ponerse á ri-
por una via mas corta que la que me vieron zar; me dejé ir á lo largo de un cala - oben-
iba á tomar. Acepté la proposicion porque ques á fin de poder ser útil en la pequeña
necesitaba un apoyo : las casas bailaban de- gavia , porque habia visto á la claridad de
lante de mi. Despues de haber andado mucho diez relámpagos sucesivos, que habia poca
rato bebiendo en cada estancia que encontrá- gente en aquella verga.
bamos , llegamos por fin á la orilla del rio. En En aquel momento se mezclaba la voz to-
aquel lugar solitario , donde el ruido de un nante del capitan con los horribles truenos de
molino no permitia que se overan voces , me la tormenta. Embravecido el mar por tan vio-
acometierou , se apoderaron de mi cinto y me lenta borrasca, cubria el puente à cada mo-
arrojaron al agua mis guias, Como procuré mento con el agua de sus olas; la oscuridad
defenderme , uno de ellos me hirió de un sa- era mayor a causa de la rapidez con que se
blazo . Vuelto á la superficie , me avalancé á sucedian los relámpagos, y no nos permitia
unos palos y salí á la orilla . vernos á distancia de dos brazas : aquel era el
Al amanecer del dia siguiente, libre ya de paroxismo de la tempestad , que no duró mas
mi borrachera, me fuíá bordo , donde el doctor , que una hora; pero pongo en duda que ningun
que era un antiguo paragüero de Boston , me navegante haya sufrido una borrasca mas ter-
curó la herida . Sobre la marcha conté lo rible.
acaecido al capitan , y como no habia alli cón- Un mes despues entrábamos en la inmensa
sul americano, elevó la queja al gobernador, bahía de Coupang , para dirigirnos desde ella
que mandó instruir sumaria. Pocos dias des- al Cabo de Buena Esperanza.
pues compareci ante el alcalde mayor en la
sala del juzgado . En el banco de los acusados XX.
vi á los cuatro bandidos hablando con Inesilla,
que habia sido llamada como testigo . A la ho- PESCA DE LA BALLENA EN LOS MARES
ra de estarles haciendo interrogatorios y mas DEL SUD.
• interrogatorios, me entregarou cinco ouzas
que les habian encontrado, se concluyó la se- Despues de pasar tres dias á la vista del
sion, saludé, y me marché llevando del brazo Cabo de Buena Esperanza , donde el viento
á mi bella mestiza... Es lástima que la sen- Norte no nos permitió entrar, cruzamos por
tencia de los criminales no tuviera lugar an- delante de aquel puerto , con la afliccion en el
tes de salir de alli : hubiera tenido gusto en alma , como nos aconteció en las islas Mauricio
oirla pronunciar antes de abandonar á Manila . y Borbon. ¡ Cielos ! Esta parte del Africa , de-
El 25 de octubre hicimos nuestros prepa - nominada con tanta razon el Cabo de las Tem-
rativos de marcha, y aguardamos el viento, pestades, nos pareció, no obstante , un puerto
que sopló á pedir de boca á cosa de las tres. delicioso; nuestros pobres escorbúticos mira-
A aquella hora nos hicimos á la vela . ron con angustia aquella tierra de que se ale-
A las tres de la mañana hacia un calor tan | jaban para sufrir aun seis semanas de mar .
sofocante en los camarotes, que tuve que su- ¡ Seis semanas son seis siglos para el que pa-
birme á cubierta y tenderme en unas velas dece ! Pero sir Burdett tenia instrucciones
viejas que se habian estendido espresamente, precisas y rigorosas, su camino estaba marca-
y sobre las que estaba ya durmiendo toda la do en el mapa. Asi pues, habiendo hecho una
tripulacion , menos el oficial de cuarto y el feliz navegacion por el Atlántico , el Guillermo -
timonel. Penn fué á fondear al puerto de Rio Janeiro.
-Aguarda , me dijo el oficial. Era el 4 de febrero de 4834 , y hacia un año
Yo me quedé mirándolo. ¿Qué hacia?... justo que habia yo pisado sus planchas como
Iba siguiendo con la vista un nublado blanco marinero.
perdido en el horizonte . Aquel nublado crecia ¡Qué dulces y penosas impresiones causa-
por momentos, y efectuó hácia el cenit una ron en mi aquellas playas conocidas! ¡Cuánto
ascension rápida. - habia cambiado mi posicion en dos años que
-¡Alertal esclamó nuestro observador. faltaba de alli ! ¡ Qué metamórfosis tan notable
Y un momento despues: se habia efectuado en mí ! ¡Ah ! ya volveré á
-¡Arria los masteleros de juanetes, hala el tratar de estas impresiones, de todas las que
gran foque, carga la cangreja! esperimenté en la Oceania; si, y volveré á
El viento se desencadenaba con mas in- ocuparme de ellas si este primer tomo es mi-
tensidad de segundo en segundo, el cielo se rado por el público con ojos de benevolencia.
cubrió de nubes negras que lo entoldaron En aquella ocasion se elevaba mi caudal á
completamente, y yo comprendí que para to- cuatro onzas y cincuenta dollars que medebia
dos habria que hacer. Largada la drisa del sir Burdett. La ropa que habia comprado à
gran mastelero de juanete, plegamos la vela bordo à un precio escesivo , y el tabaco que
82 MEMORIAS DE UN NIÑO

en compensacion nos costaba muy barato, ha- de la Estrella Polar, reemplazándome en mis
bian absorbido sesenta dollars de mis emolu- funciones de cocinero en el Guillermo Penn
mentos . ¿ Qué podia hacer con quinientos un marinero americano que el primero de es-
francos? Seguir el Guillermo Penn hasta Nor- tos buques habia recogido en la costa de
folk y embarcarme alli para Francia , tal fué el Africa . Este asunto se arregló á gusto de to-
proyecto que formé . Pero aun esta vez el des- dos. Al día siguiente pasé al consulado para
tino me contrarió . incribirme en la matricula de la tripulacion .
Un dia que estaba paseando con el tenien- Se convino en la parte que me tocaria de la
te en el terrado del convento de Dominicos , pesca , que fué de una tonelada por cada dos-
desde donde la vista abraza la ciudad y la ra- cientas. Llegada la noche, convidé á mis nue-
da , vimos acercarse un buque con bandera vos compañeros . Aquellos cantaban al menos
francesa . Habiendo bajado hasta la entrada en francés. Para mi era ya hallarme en
del puerto, divisamos una gran embarcacion Francia .
pintada de negro, que estaba en el acto de la El 28 de febrero nos hicimos á la vela con
visita aduanera Luego que quedó libre de los viento fresco, y pasamos rápidamente à la
aduaneros y de la junta de sanidad , echó al vista de Isla Redonda ; bien pronto desapare-
agua tres largas y estrechas piraguas que fue- ció como un punto negro entre la bruma que
ron á aferrarse enfrente del palacio imperial . cubria la tierra; solo la cumbre de la montaña
Cuando estas embarcaciones estuvieron amar- titulada Corcobado, mostraba sus dos picos
radas á las anillas del muelle, apercibimos calcinados por el sol , clevándose sobre las
que avanzaban lentamente hácia la plaza los nubes que ceñian sus flancos. La brisa sopló
hombres que desembarcahan , sosteniendo á con mas fuerza de la parte O. N. O .; dimos
muchos de sus camaradas , que conducian á la mas rumbo al buque , y al mediodía habia des-
taberna en vez de llevarlos al hospital . La aparecido la tierra enteramente . Entonces,
mezcla de alegría y sufrimiento que espresa- como el tiempo parecia bueno , pusimos las
ban sus semblantes, indicaban bien claramen- bonetas; se formaron los cuartos, las borda-
te que aquellos marinos acababan de llegar das; se repararon los piraguas que habia en
de una larga y penosa navegacion . Aquellos mal estado , se afilaron las lanzas y los harpo-
rostros pálidos y atezados, cuyos amoratados nes ; se prepararon los utensilios de pesca , y
labios entreabiertos dejaban ver sus encías á las cinco de la tarde despues de cenar, se
corroidas por el escorbuto, tenian cierto aspec - saludó la tierra bailando sobre el puente. Los
to singular . El contento que los animaba con- tapones de las botellas de rom de que había- .
trastaba tanto con los signos evidentes de sus mos hecho buena provision , comenzaron á sal-
padecimientos, como el aire marcial que afectar . Un marinero, ministril de á bordo , nos
taban con la poca firmeza de su paso; pero se tocó en el violin el célebre Bignou, cuya ar-
hubiera podido decir que al poner el pie en monia prestaba mayor jovialidad á los sem-
tierra todo se habia olvidado . Los que aun blantes de los francos bretones mis amigos.
podian mantenerse en pie sentaron á los en- Cuando llegó la noche, mientras que los ofi-
fermos en el suelo, recostados contra las pilas ciales paseaban en el castillo de popa, la tri-
de carne seca, y le pusieron á cada uno un pulación formó su tertulia en el de proa alre-
cuerno de vaca en la mano; aquel era el cuer- dedor del molinete. A las diez de la noche so-
no de la abundancia . El delicioso licor que uó la campana de silencio, y terminó aque-
contenian aquellos vasos pasó á los estómagos la tertulia que habia permitido a nuestros
en un instante, no sin exhalar al mismo tiem- convalecientes marineros contar felizmente
po algunos ayes producidos por el dolor de sus calaveradas de tierra , hallándose entre el
las piernas, que el aire de tierra comenzaba cielo y el agua.
va á endurecer. Pero los marineros aseguran Continuamos nuestro camino al S. S. O.;
todos que el medio mas eficaz para no sentir el mar ligeramente conmovido nos mecia con
las angustias de la curacion era ponerse en el suavidad ; una brisa de N. E. que nos hacia
estado de embriaguez . No puedo afirmar que volar, nos llevó en doce dias al frente de Rio
este sea el método mas á propósito; lo que si de la Plata , donde cambió el tiempo de repen .
sé decir es, que apenas habian consumido dos te. Afortunadamente acabábamos de comer, y
porciones del escelente bálsamo , los pobres todo el mundo estaba sobre el puente ; á pesar
escorbúticos parecian no sentir sus dolores . de la violencia con que se presentó la borras-
Sin embargo, no por eso dejó de costar traba ca pudimos aun cargar la cangreja , y los
jo levantarlos y hacerlos llegar hasta la casa masteleros de juanetes antes que el viento se
de un francés, que los albergó mediante la desencadenase mas . Apenas habiamos recogi-
suma de dos duros que el capitan aprontó por do velas cuando principió á soplar con mas
cada uno de ellos. impetuosidad . Se baló el gran foque, se plegó
Por la noche , cuando volví á bordo, sir la vela de juanete , y se tomaron tres rizos en
Burdett se estaba paseando con el capitan cada gavia. Pero el viento arreció de tal modo
Mr Foubert, que habia ido á visitarle . que nos vimos obligados á rizar totalmente, y
Despues de hablar un rato conmigo , se à seguir el impulso de la tempestad, con la
convino en que pasara como marinero á bordo mesana y el peti-foc . Al dia siguiente, cal-
DE LA SABOYA. 83

mada la tempestad izamos nuestras velas, -Es una montaña de hielo , gritaron aque-
corrimos las amuras á babor, y el décimo quin - llos de nuestros marineros que habian nave-
to dia despues de nuestra salida de Rio Janeiro gado en las bahias de Hudson y de Baffin.
echamos sonda en el banco del Brasil sobre En efecto, asi era : tendria una media le-
la costa de Patagonia. gua de circunferencia y de siete á ochocientos
Alli principiaron nuestros preparativos de pies de elevacion . Primero la vimos bajo di-
pesca . Las piraguas fueron suspendidas y pre- versas formas , cada cual mas caprichosa . A
paradas fuera de la embarcacion . Cada hom- medida que se acercaba , tomaba la de una ca-
bre estaba una hora de vigia en las barras de tedral gótica con sus numerosos campanarics ,
los juanetes con el fin de ver mejor el reso- y se parecia á la metropolitana de Milan; por
plido de las ballenas; pero nos ballábamos á el centro no presentaba mas que una masa
fines de febrero, y se habian alejado del banco confusa , hasta que à medida que avanzába-
para tomar la alla mar ; no obstante, vimos mos, se perdió en el horizonte , reflejando en
tres pequeñas, de una especie muy poco pro- ella los pálidos ravos del sol , que le daban el
ductiva, de las cuales no hicimos caso. aspecto de un palacio de cristal con torres al-
El 2 de marzo, aprovechando el magnifico menadas .
tiempo que hacia, fuimos á reconocer la tier- El 4.º de abril doblamos el cabo de Hor-
ra de Patagonia , á la que nos acercamos á dis- nos. Los vientos N. O. nos condujeron hasta
tancia de un tiro de cañon . El suelo de aque- sesenta y tres grados de latitud , donde en-
lla comarca me pareció lleno de triste vegeta- contramos otras montañas de hielo como la
cion y de aspecto monótono. No vimos en la que acabo de describir . Alli esperimentamos
playa ninguno de esos patagones tan célebres hasta el dia 40 un tiempo horroroso: los ele-
por su talla gigantesca . Desde la bahia de San mentos se hallaban en completa convulsion ;
Matias hasta la Tierra Magallánica ni una sola el granizo y la nieve, que caian en abundan-
choza se descubrió; únicamente apercibimos cia, impedian al sol que iluminase aquellos
grandes llanuras terminadas por estériles co- parages tempestuosos Fué tan espesa là bru-
linas. El 18 de marzo ya habiamos pasado la ma durante cinco dias, que á dos pasos unos
latitud de las islas Maluinas , las cuales queda- de otros no alcanzabamos á vernos . El puen-
ban á nuestra izquierda : alli los vientos co- te cubierto de nieve endurecida por el viento ,
menzaron á ser contrarios . El cabo de Hornos ofrecia el aspecto de un gran espejo de hielo,
que íbamos á doblar á fines de marzo , y que por el que no podia pasarse sino con la ayuda
no parece accesible sino de diciembre à fe- de una cuerda atravesada desde un mastelero
brero, nos hacia ya echar de menos la calor á otro , que se habia colocado asi para la co-
de que nos habíamos quejado en el trópico. municacion de popa á proa. En fin , el 11 se
En la noche del 25, dormia tranquilamen- presentó el viento Sud, y pudimos seguir
te en mi camarote , cuando me desperté á los nuestra marcha . Durante quince dias arriamos
espantosos vaivenes del buque; al ruido de las de diez á once nudos en las velas bajas . En-
cadenas de las calderas que se entrechocaban tonces nos inclinábamos agradablemente so-
sobre el puente, al que hacian las gentes del bre los guardacadenas para ver pasar á lo lar-
cuarto que maniobraban . Un momento des- go las espumas que la proa formaba al cortar
pues, junta con los gritos que se mezclaban al las olas que huian ante ella: la embarcacion,
ruido del viento, oi la voz del capitan que me ligeramente inclinada por el viento, se deja-
decia con su acento de trueno: ¿No oyes , tras- ba ir con tal rapidez, que parecia no mover-
bordado?... ¡ En pie y arriba al instante ! ¡ Su- se. A medida que avanzábamos , el frio dismi-
be á ver el buen tiempo ! ¡ Vamos, todo el nuia, el sol aparecia cada dia mas brillante ,
mundo sobre el puente ! La órden era formal. las tempestades se cambiaban en frescas bri-
Nos vestimos á escape, sin poder casi tenernos sas, y el 4.º de mayo el mar del Sud fué para
de pie: tales eran los vaivenes de la embar- nosotros el mar Pacifico, porque quedamos en-
cacion . Temimos desde luego las averías que calmados cerca de la isla de Mocha , donde
ibamos a esperimentar . En efecto, no faltaron; nos habíamos propuesto dar principio á la
aquella tempestad podia rivalizar con la me- pesca .
jor que hubiera visto un marino. Las ballenas abundan en las inmediaciones
Tan luego como se calmó , nos hallábamos de la Mocha por lo regular en los meses de
todos agrupados sobre el gallardete trasero, marzo y abril , y aunque llegásemos un poco
con un frio de doce grados, cuando un hom- tarde , resolvimos dar principio á harponear-
bre que habia subido al tamborete del maste- las al dia siguiente. Cinco balleneros , cuatro
lero mayor para componer una istaga, escla- americanos y uno francés, tenian formada una
mó: «¡Embarcacion à babor! » Cada cual se línea á lo largo de la costa occidental ; debía-
levantó, miró, y cinco minutos despues vimos mos , pues , no desesperar del éxito .
salir de entre las nubes que cubrían el hori- Era un domingo por la mañana ; apenas
zonte una columna blanca de prodigiosa altu- iba amaneciendo , cuando el vigia avisó :
ra, que avanzaba con rapidez á nuestro en--¡Alerta ! Una ballena franca avanza.
cuentro, empujada por el viento que nos so- El capitan cogió su anteojo y mandó :
plaba por la proa . -¡Doble embarcacion al agua!
84 MEMORIAS DE UN NIÑO

Y al momento se botaron cuatro piraguas,, seguia lo mas de cerca que podia , para vo
montada cada una por un oficial , un harpo- mejor el éxito de nuestra pesca y evitarnos
nero y cuatro nadadores , y armadas con dos el trabajo de arrastrarla á mayor distancia .
harpones , dos lanzas y un cuchillo para cor- Entretanto , al cabo de media hora , la ba-
tar la linea en caso de peligro ; està linea es llena se detuvo , volvió á zambullirse dos ve-
por lo comun de doscientas brazas. ces consecutivas , y á la tercera se encontró
El vigia , colocado siempre en lo alto del mi piragua la mas inmediata á ella : yo la vi
mastelero , nos mostraba con un globo de pa- levantarse batiendo sus enormes nadaderas y
pel blanco atado á la punta de un palo largo , abrir su ancha boca rodeada de barbas , de la
la direccion que tomaba la ballena ; aun no que salia un ruido confuso semejante al del
nos habia apercibido , y nuestras ligeras pira- viento. Me seria imposible pintar el efecto que
guas corrian á la desesperada por ver cual se causó en mi aquella formidable masa de car-
llevaba la gloria de clavar primero al cetáceo . ne , cuando á pocas brazas de nuestra piragua,
El oficial , en pie sobre el codaste , maniobra- se lanzaba á despedazarla : no pude mirarla
ba con una mano y remaba con la otra ; envi- sin espanto ; en caso igual dicen los ballene-
dioso por la delantera que cualquiera de sus ros que el pescador mas intrépido no la ha
compañeros pudiera tomarle , no cesaba de visto sin estremecerse la primera vez ; que el
decir á los suyos : ¡ Adelante , hijos ! ¡ valor , miedo le hace detenerse la segunda ; pero que
muchachos! ¡ redoblemos , tripliquemos los re- la tercera la mira como si tal cosa . Sin em-
mos! ¡ahi está , poco falta para alcanzarla ! ... bargo , hacia hora y media que la seguíamos ,
Y nuestros brazos se encogian y se estendian y ninguno le habia asestado aun el golpe
con velocidad abriendo paso por entre las mortal . Hubo un momento de indecision , que
olas nuestros veinte y cuatro remos acompa- fué interrumpida por la piragua que termina-
sados . La ballena , habiéndonos visto , zam- ba la fila . Se desprendió , y fué á atacar la
bulló en el momento de alcanzarla . Seguimos | ballena por el lado opuesto al harpon , mien-
el remolino que iba haciendo durante cinco tras que los demas la sujetábamos. Hasta que
minutos , y no tardamos en ver agitarse el la ballena recibió muchas lanzadas de la pira -
agua en pequeñas olas y borbotar por intér - gua que la hostigaba , no se decidió nuestro
valos : oficial a ponerse delante del mónstruo ; pero
-La ballena va á soplar , dijo el contra- cuando le pareció que podia acometerse sin
maestre que mandaba una de las piraguas. gran peligro , se colocó enfrente de su cabeza ,
Y haciendo seña á los demas para que ro- como si hubiera ido á sepultarnos en aquella
dearan el espacio agitado , ordenó á su harpo- enorme boca. Ya estaba la ballena casi tocán-
nero que estuviese pronto á lanzar su arma donos , y el oficial hizo girar con rapidez la
cuando él presentase la proa de su piragua piragua á la derecha ; mientras el animal se
por un costado de la ballena. Casi no habia volvia para seguir nuestro movimiento , la
terminado de dar esta órden cuando ya estaba proa de la piragua se encontró recta con su es-
ejecutada . El animal , herido en la coyuntura palda . Entonces pasó el oficial rápidamente al
de una nadadera , se enfureció y dió un lati- puesto del harponero , se armó de una lanza .
gazo en el agua con su enorme cola , que inun- aprovechó el momento en que una nadadera
dó casi todas las piraguas. Reculamos algunas estaba levantada , apuntó , y con brazo vigo-
brazas para evitar los golpes y aprovechar el roso le clavó el acero hasta el corazon .
momento favorable de lancearla por el costa- -¡Cia ! esclamó en seguida.
do ; porque aunque la ballena franca no tiene Retrocedimos , y por cierto muy á tiempo:
con que ofender en su boca mas que sus lar- porque la ballena levantó horizontalmente su
gas barbas , seria imprudente acercarse á ella; cola y la dejó caer en el mismo sitio que aca-
nuestras piraguas caracoleaban alrededor del bábamos de dejar : aquel fué su último esfuer-
cetáceo , avanzando , retrocediendo , espiando zo . Nadó aun un momento , se detuvo repen-
una ocasion favorable de darle la lanzada que tinamente , y arrojó por las narices dos colum .
recibió á un tiempo por ambos costados ; en- nas de sangre á la altura de quince á veinte
tonces desapareció en la profundidad de las pies . Al cabo de un minuto balanceó y quedó
aguas . El contramaestre , que la tenia harpo- tendida de costado. Un grito general de triun-
neada , le largó sus doscientas brazas de ca- fo acompañó su último aliento.
ble , á las que tuvo que añadir las nuestras -¡Victoria! esclamó lleno de júbilo nuestro
que tambien desaparecieron ; ya iba á añadir oficial , sacando del cuerpo del monstruo su
nueva cuerda , cuando sintió aflojar la suya y lanza teñida en sangre , y blandiéndola en el
subir con igual rapidez que habia bajado ; á aire .
pocos instantes vimos reaparecer el monstruo -¡Charivari ! dijo otro oficial .
que arrastró tras si con una ligereza increible ¿Y por quién ? preguntó el contramaestre .
nuestras cuatro piraguas ahosados unos tras -Por los que saben coger ballenas .
de otros hasta que la fatiga ó el harpon que le El cuarto oficial entonó la cancion de los
desgarraba los intestinos la detuviesen. balleneros , cuyo sonoro estribillo fué repeti-
Mientras que asi éramos paseados , la em - do por todos los marineros , para quienes
barcacion , tripulada por seis hombres , nos aquel momento fué encantador.
DE LA SABOYA . 85 .

No tardó en llegar la zozobra : ya la espe de ballena con que alimentaban el fuego,


rimentaban lejos del teatro de nuestra victo las cuales se elevaban a la altura de la cofa ,
ria á bordo de nuestro buque ; apenas lo divi- resplandeciendo en las aguas y dándoles el
sábamos , cuando nuestras débiles barquillas aspecto de una inmensa llanura encendida .
se hallaban sobre una embravecida ola que Aquellas embarcaciones bordeaban como la
parecia querernos sepultar . El mar se habia nuestra para no alejarse de la isla , y se cru-
enfurecido , los vientos se habian desencade- zaban en todas direcciones , precedidas de
nado ; nuestros remos no podian resistir el enormes columnas de humo que salian de sus
Impulso de las continuadas olas que iban á hornillos. La luna mezclaba sus pálidos rayos
estrellarse contra el cuerpo diforme que ar- con las móviles llamas de los buques que sur-
rastrábamos , haciéndonos á veces perder has- caban las flotas . Su fosforescencia daba mas
ta diez pasos. A pesar de tantos obstáculos realce á aquel cuadro pintoresco. Una multi-
llegamos aun á tiempo de poner el aparejo tud de albatros , atraidos por el olor del pes-
cou que se iza y se vuelve la ballena . Este cado , median los aires de una á otra embar-
consiste en un cable de cinco pulgadas de cacion , escoltados por una infinidad de da-
diámetro , uno de cuyos estremos está atado meros blancos y preciosos que parecian es-
al molinete ; el otro pasa del molinete á lo tar á sus órdenes . Algunas veces los veia
alto de los obenques del gran mastelero , á yo tocar la superficie del mar , luego elevarse
cuya puuta hay una garrucha por donde pasa , á una altura prodigiosa , y en seguida dejarse
y bajando luego por cima de la baranda se caer cerrando las alas para devorar los peda-
le alan unos garfios que van á clavarse en la zos que se nos caian , y los desperdicios que
ballena , que se halla amarrada á lo largo de echábamos al agua. Bien pronto , atraidos por
la embarcacion. Estos garfios van levantando- el resplandor de los hachones que acababa-
se à medida que se corta de la ballena el pe- mos de encender , se precipitaron sobre nues-
dazo que tiene clavado, cuya operacion la hace tra ballena , engullendo en sus elásticos gaz-
un hombre desde una tabla colocada fuera del nates pedazos de grasa de doce á quince li-
buque . Se separa la carne de los garfios con bras. Estas aves voraces , cuya envergadura
una pala larga , especie de azada cortante , llega hasta catorce pies , nos disputaban con
y volviendo á medida el cuerpo sobre si mis- audacia la presa , haciéndonos frente cuando
mo se va mondando como si fuera una man- les sacudiamos sendos porrazos , y no se se-
zana. Cuando un pedazo de carne se detiene pararon de nuestro lado hasta que les larga-
en la polea se corta en dos partes : ordinaria- mos el esqueleto , que fué á estrellarse á im-
mente suele tener cada uno de cuatro á cinco pulsos de las olas contra las rocas de la isla ,
pies de ancho , y de quince á treinta pulga- donde tuvieron que disputarlo á una banda de
das de grueso . El pedazo de cable suspendido temibles condors venidos del continente.
que se larga cae en un receptáculo que hay al Mientras estuvimos virando la ballena, el
efecto ; el otro , que se ha tenido la precau- buque se mantuvo al pairo . Al amanecer del
cion de enganchar en una gran cadena , sos- dia siguiente se orientó para bordear , y la
tiene la ballena á flor de agua . De este modo bordada que habia velado la noche preceden-
se continúa dando vueltas hasta que toda la te , pasó á tomar tres horas de descanso , en
grasa está embarcada . Antes de principiar á tanto que la otra se quedó derritiendo. Se dió
virar bajaron dos hombres sobre la ballena , principio encendiendo el fuego en tres horni-
clavaron en ella cada uno un harpon para sos- llos , y colocando en ellos tres calderas de la
tenerse y no ser arrebatados por las olas , y cabida de una tonelada cada una . Estas cal-
comenzaron á separar con hachas la parte de deras , enlazadas uñas con otras , y sujetas
la cabeza que contiene las barbas que nosotros por su asiento , se comunican por un conduc-
conocemos con el nombre vulgar de ballenas, to especial que va á parar á otras calderas que
y que les sirven de dientes . Se izaron las dos sirven de recipiente , y que se hallan estable-
quijadas sin mucho esfuerzo , á pesar de ha- cidas á los costados laterales de los hornillos:
llarse incrustadas de mariscos enormes que en ellas se va depositando el aceite. De alli se
aumentaban estraordinariamente su peso; pe- echa en una especie de pozuelo hasta que se
ro cuando separamos la lengua del gaznate , y reposa , y luego se pasa por una manga que
se trató de subirla , apenas bastaron veinte va escurriendo en los barriles de la cala.
hombres para dar vuelta al molinete : las bar- Desde que se principia á derretir hasta que
ras que lo sostenian rechinaban que era un se concluye , cada cual guarda rigorosamente
portento . En fin , conseguimos izarla, y aun el puesto que se le asigna ; cuatro marineros
que la ballena solo tenia noventa pies de lar- ocupan el entrepuente picando la grasa para
go , su lengua pesaba cerca de mil quinientos que se derrita mejor. Los oficiales se encar-
quilógramos ; los demas pedazos que se corta- gan de la confeccion del aceite y cuidan de
ban eran de mil. las calderas , mientras que los harponercs
Cuando llegó la noche , los cinco ballene- alimentan el fuego con los chicharrones que
ros que habiamos visto el dia anterior apare sacan de ellas goteando aceite: no se emplea
cieron á lo lejos hechos un ascua : tales eran otro combustible . Luego que el aceite está
las llamas producidas por los chicharrones confeccionado , se separan las barbas de las
12
86 MEMORIAS DE UN NIÑO

quijadas , se raspan , se empaquetan , y se guido à la ballena , lo interrumpió para inter-


bajan al entrepuente ; despues se hace la lim- rogar con voz fuerte :
pieza del buque . -¿Ha dado la sangre?
Tal es , lector , la pesca de la ballena en -¡Si ! respondieron .
su mas simple espresion. -¡ Charivari !; charivari !.....
Mientras derretiamos la segunda ballena Diez minutos despues remolcábamos la
que cogimos , como la primera , á las inmedia- ballena que nos dio noventa y cinco barriles
ciones de la Mocha , dos mas aparecieron no de aceite .
lejos de la embarbacion , la una muy grande Continuamos pescando a lo largo de la
y la otra muy pequeña , madre é hijo. Para costa de Chile , hasta los confines del alto Pe-
apoderarse de la madre bastaba con pescar á la rú ; despues de harponear y encerrar en cala
hija . Una ballena no abandona jamás su pro- cinco ballenas , fuimos á fondear à la rada de
genitura : antes seguiria al buque hasta el Coquimbo.
puerto. Asi , pues , las tres piraguas que se
echaron al mar corrieron veloces hacia el ba- XXI.
llenato Cuando la madre nos apercibió , co-
locó á su hijo bajo una de sus nadaderas , V COQUIMBO Y TALCAHUANA.
principió a girar por la inmensa y líquida es-
planada con la precipitacion que le permitia la
otra : asi es que no tardamos en alcanzarla : su Coquimbo está situado á los veinte y nue-
preciosa carga , del tamaño de dos elefantes, ve ó treinta grados de latitud meridional , y á
le quitaba mucha parte de su velocidad . El los setenta y cuatro de longitud occidental
primer harpon hendia el aire para caer sobre Toda la costa que baña su bahia es estrema -
el ballenato , cuando la ballena lo cambiaba damente árida . Sin embargo , al Nor-Oeste
con admirable destreza de una á otra nadade- de la Serena , ciudad capital no lejana del
ra , y el arma cayó sobre el costado de la ma- mar , se ve una colina frondosa que la domina
dre , que zambulló con su cria debajo de la del Oeste al Este . Por todo lo demas de sus
nadadera . Apareció bien pronto muy fatigada , campos solo se divisan unas rocas rojizas, en-
no paralelamente á las piraguas , sino atrave- tre las cuales no hay ninguna vegetacion ; de-
sada . El remolino nos habia engañado ; la pi- trás de estas rocas , y al pie de la cadena de
ragua donde yo iba se hallaba en gran peli- las Cordilleras , cuyas crestas están en todo
gro ; el oficial que la mandaba , hombre de tiempo cubiertas de nieve , hay un fértil valle,
resolucion , hizo un esfuerzo para retirarnos regado por muchos arroyuelos , donde pacen
del peligro ; pero ya era tarde : aquel formi- grandes potradas y algunas boyadas, que , con
dable monstruo levantó verticalmente la cola las minas de cobre y plata , constituyea el so-
y descargó un tremendo latigazo sobre la proa lo ramo de riqueza del pais.
de nuestra débil barquilla , que la mandó con Gran satisfaccion esperimenté al abor-
sus remos y con su tripulacion cincuenta pa- dar el Perú ; pero mayor la senti al bajar
sos atrás . Entonces nuestros camaradas , á á aquella tierra clásica que Alvarado y sus
quienes arrastraba tras sí la baliena , pudieron compañeros pisaron á mediados del siglo XVI ;
vernos revolotear en el aire como una banda- á aquella tierra habitada en otro tiempo por
da de murciélagos . Uno de nuestros compa- los antiguos incas , cuyos habitantes parecen
ñeros , llamado Kerlaseso , cayó sobre la qui- haber conservado intactas las virtudes de sus
Ila de la piragua , y se tronzó por los ri- antecesores . No entrábamos en una sola casa
ñones. de las que componen la aldea de Coquimbo
-Adios , camaradas , nos dijo , yo tengo ya donde el pobre pescador que la habitaba no
mi pasaporte ; procurad salvaros . nos ofreciese lo poco que poseia . Aquellos in-
Y cayendo á la larga se atracó de agua sa- dios , aunque viviendo en un estado casi sal-
lada . Tal escena me hubiera sobresaltado en vage , son en estremo bondadosos ; tambien
cualquiera otra circunstancia ; pero entonces son muy intrépidos ; los vi mas de una vez
me afectó muy poco . Agarrados todos á los domar toros con singular destreza . Pero lo
flancos de la piragua casi deshecha , aguarda- mas curioso era su modo de navegar de rodi-
bamos que la ballena diera la sangre para que las entre dos pellejos llenos de aceite y de
nos socorriesen ; pero veiamos con dolor que aire , y desafiar las olas , cortarlas con enor-
se alejaban y nos quedábamos abandonados mes remos , y correr con una rapidez tal , que
en medio de las olas . La noche empezó á cu- nuestras piraguas no hubieran podido darles
brir con su negro manto la agitada planicie , pique. Esta especie de barquillo , levantado y
una pérfida corriente nos llevaba á la deriva , puntiagudo por sus estremidades , tiene seis
y nuestra embarcacion desaparecia en el ho- pies de largo , y cuando mas pesará veinte
rizonte. ¿Qué iba á ser de nosotros? El oficial , libras .
marinero envejecido entre las olas , se puso El primer domingo que siguió á nuestra
en oracion ...... Apenas habia comenzado el arribaba , fuí á visitar la Sarena , situada cer-
Padre Nuestro , cuando viendo venir hacia ca de la embocadura del rio Coquimbo , á tres
nosotros una de las piraguas que habian se- leguas de este puerto. Aquella ciudad , cuyos
DE LA SABOYA. 87

habitantes ascienden á doce mil , es de muy es una yerba indígena que les sirve de té.
buena construccion ; sus calles son rectas y El mate se servia en un gran vaso de por-
están limpias y adornadas de aceras de már- celana de china , del cual aspiraba cada miem-
mol : pero no se encuentran en ella monu- bro un trago por medio de un canuto de oro
mentos notables ; hasta las iglesias sou mez- que se pasaban los unos á los otros con el
quinas , lo que se esplica por los frecuentes vaso.
terremotos á que se halla sujeta aquella co- A la llegada del capitan del puerto , que
marca . La república de Chile mantiene en entró en trage del pais , señoras y caballeros
aquella ciudad una guarnicion respetable , cu- se levantaron para bailar el fandango al son
ya infanteria está malisimamente equipada, al de tres bandolines que resonaban bajo el mo-
paso que la caballería ostenta magníficos uni- vimiento de los delicados dedos de otras tan-
formes y monta arrogantes bridones. tas jóvenes. Clarita cantaba . Aquella armonía
Saliendo por la puerta del Sud , subí á la se acompasaba con el ruido de las espuelas de
altura que la domina ; la curiosidad me llevó plata que los bailarines llevaban puestas . No
mas adelante , y encontré un pueblecito, habia visto nunca bailar el fandango , y no
donde fui objeto de las miradas de todos . No me casaba de admirar aquellas graciosas chi-
tardé en hacerme familiar Cada habitante lenas , de ojo negro y lascivos contornos , con
queria llevarme á su casa , y todos se paraban la garganta enteramente descubierta , Y VIS-
a considerarme . Aquellas buenas gentes me tiendo un jubon de seda que marca todas las
hicieron, mil preguntas acerca de mi patria. formas , y que ellas llaman saya . Ningun bai-
Un anciano me habló de Napoleon , á quien le he visto mas indecente , sobre todo cuando
profesan en aquella tierra un culto de admi- el caballero , colocado enfrente de la señora ,
racion acaso mayor que en Francia. Pero ya con su sombrero de guayaquil calado , hace á
era tarde ; y despues de haber refrescado con cada paso gestos lascivos , á los que corres-
vino , que seria mejor si su preparacion fuese ponde la pareja con otros que lo son aun mas .
mas esmerada , les manifesté mi agradeci- Entonces , a cuatro mil leguas de nuestras
miento y me dispuse á marchar . Pusieron á montañas , á la vista de cosas tan nuevas para
mi disposicion un hermoso y ligero caballo, en mí , pensé en aquellas castas señoras que veia
el que monté con malditísima maña , tanto pasear todos los domingos en el prado de la
que escité la risa de los que me lo prestaban. iglesia de mi pueblo. ¡ Qué diferencia ! Pero á
Un jóven campesino se encargó de acompa- mi edad de veinte y cuatro años , y sobre to-
ñarme para recoger la cabalgadura , median- do , tratándose de un ballenero , hubiera sido
te una corta retribucion en hojas de tabaco ridículo cerrar los ojos , y precisamente es lo
que habia visto en mis bolsillos . Se las pro- que traté de evitar . Me mezclé en el baile con
metí , pues ; entró en una cuadra , y salió mis compañeros , gocé un momento como
montado en un caballo blanco que emprendió ellos , y despues me encontré en un delirio
la carrera veloz como un relámpago ; el mio semejante al de nuestros marinos , á quienes
lo siguió , y confieso que hubiera preferido ir en otras ocasiones habia yo apellidado bestias ,
montado en una verga ; temiendo caerme , le porque , como no habia conocido nunca las
oprimia los jares con los talones , lo cual le penas , no podia comprender lo que era pla-
hacia redoblar en velocidad . Llegados à la cer ; porque , no habiendo estado nunca abur-
playa , el endiablado animal avivó de tal mo- rido , no conocia el medio de desterrar esta
do su carrera , que me despidió y fuí á caer enfermedad , é ignoraba que es menester esa
de cabeza en la arena ; afortunadamente me especie de dicha , dicha de un dia , de una
levanté sin lesion alguna , y sacando de mi hora , de un minuto , para olvidar los peligros
bolsillo las hojas de tabaco , se las di á mi y las privaciones de una larga travesía .
conductor. Acababa de coger el caballo y que- Mientras que estuvimos en Coquimbo, to-
ria que volviera á montar en él ; pero habia das las mañanas se botaban al mar nuestras
caido una vez , y no quise esponerme á rodar cinco piraguas para ir á la pesca ; dos salian
otra. Me encaminé pedestremente á Coquim- de la bahia , en tanto que las otras tres bor-
bo , adonde llegué de noche . deaban y derivaban. Por la noche , al volver á
Escepto la aduana , una casa blanca jas- bordo , nos divertiamos en cazar bobos y con-
peada de azul , donde yo entré, es la mejor de dores ; pero cachalotes no se veian . Hacia ocho
la poblacion . Alli encontré á mis compañeros dias que llevábamos esta vida monótona ,
sentados alrededor de una mesa cubierta de cuando fondearon cerca de nosotros dos balle-
botellas , la mitad de ellas vacías , cuyo es- neros franceses. El uno era el Narval , de
pectáculo indicaba bien claramente el estado Dieppe , el otro el Colvert , del Havre , El
de sus cabezas. Cerca de ellos habia una nu- primero , que contaba ya diez meses de na-
merosa concurrencia de señoras y caballeros vegacion , no habia cogido aun mas que dos
chilenos ó peruanos , que habian llegado, mas ballenas ; el segundo , aunque bajo el mando
felices que yo , montados en sus caballos des- de esperimentados oficiales , no habia pescado
de la Sarena sin medir la playa con sus cuer- todavía ninguna , y al dia siguiente de su lle-
pos ; estaban tomando mate con la Clarita , gada harponeó la primera á la vista de tierra .
dueña de la casa , sentados á la oriental . Esta El Narval atrapó la tercera algunos dias des-
88 MEMORIAS DE UN NIÑO

pues , y estas fueron las últimas ballenas que del puerto. Mas como era tarde , me contenté
vimos. con dar un vistazo á los campos , mientras
La víspera de aparejar para la Concepcion , que mis camaradas iban ...... adonde siempre
adonde debiamos ir á renovar nuestras provi- que desembarcaban . Al volver á Tacalhuana
siones , nos desertaron seis hombres , tres de me encontré con una joven india cuyo trage
los cuales se embarcaron en un buque ame- estaba reducido á una simple piel de no sé
ricano , y los otros tres se quedaron en tierra qué animal que la ceñia el cuerpo , pasaba so-
aguardando una coyuntura igual . La ausencia bre su espalda , como una túnica griega , y
de aquellos hombres no impidió que levára- dejaba descubierto un pecho , no ocultando
ramos anclas para dirigirnos hácia nuestra es el otro sino por mitad . Encantado con seme-
cala , adonde llegamos á las tres semanas de jante encuentro , aventuré el Adios , señorita,
una penosa navegacion . Sin embargo , una de costumbre , al que respondió ella con una
hermosa mañana en que el sol reflejaba sobre hechicera sonrisa que me entusiasmó ; y como
la tierra sus vivificadores rayos , entramos en la encontré bonita , me apresuré á ofrecerle
la bahía de Talcahuana por uno de los dos bra- mi corbata , que era un pañuelo de seda , y
zos que forma una isletà que abunda en árbo- uniendo la palabra á la accion , se lo coloqué
les , cuyo tronco es de un grueso estraordina- en su cuello. Esta galanteria produjo el efec-
rio. Mas adelante , à medida que avanzábamos to que aguardaba , pues me abrazó tan deci-
hácia el fondeadero , el pintoresco cuadro de didamente , que crei me queria ahogar . Aque-
aquella comarca se desarrollaba , se aumenta la era una ternura de ocasion que indudable-
ba y nos mostraba á lo lejos las fértiles lla- mente no tenia nada de virginal ; pero mi pa-
nuras de la Concepcion , bañadas por el cau- ñuelo tampoco era nuevo , y no podia perder
daloso torrente de Bio-Bio . No vi en la cima en el cambio . Asi , pues , tomamos el camino ,
de las elevadas montañas que nos rodeaban ni del brazo uno de otro , y llegamos á su casa,
un palmo de tierra que no estuviese frondoso que con mas propiedad hubiera debido llamar-
y pintoresco ; por todas partes la naturaleza se choza . Su madre preparaba la cena con un
era igual y vigorosa . Allí en el mes de agosto , cigarro en la boca , y pareció sorprendida de
que es la mas penosa estacion del invierno, en verme ; pero el pañuelo que le enseñó su hija
aquella parte del globo , se goza del alegre me valió una sonrisa , que no encontré , á
aspecto de una eterna primavera ; bosques tan decir verdad , tan graciosa como la que Zamia
antiguos como el mundo , y que la planta hu- acompañaba á la invitacion que me hacia de
mana no ha osado hollarlos , se ostentan ma- tomar parte de una jarra de leche y de una
gestuosos en las laderas de las colinas inme- deliciosa torta de maiz cocida en el rescoldo .
diatas á la bahía . Pero si la naturaleza está Terminada la frugal cena , sali con Zamia há-
virgen aun en algunos parages de aquel suelo cia la sala de baile , que era un sotechado á
privilegiado , en cambio las costumbres de sus cuyo alrededor habia muchas hogueras en-
hijos han adquirido el último grado de depra- cendidas en honor de la Virgen , que dejaban
vacion . Cuando bajé á tierra , me pareció que ver varios grupos de mugeres , de marinos , y
todo Talcahuana era una sola casa de prosti- donde pasaban escenas que no tenian grande
tucion : las mas jóvenes y hermosas doncellas analogía con el nombre de la patrona cuya
se entregaban á nosotros sin reserva . Esto no fiesta se celebraba.
era sin duda efecto de nuestros atractivos ; si Habiéndose marchado un momento Zamia,
asi acontecía , era menester atribuirlo á la ca- se acercó al momento á mi una muger de
si absoluta carencia de hombres ; escepto al- unos treinta años , de buen aspecto aun , y
gunos carpinteros que trabajaban en el puer- me preguntó cómo un caballero como yo no
to , no se veian alli sino hombres muy ancia- tenia consigo una amiga.
nos ó niños. -Mirad , continuó cogiéndome de la mano
La guerra civil de que Chile habia sido y enseñándome dos hijas suyas , podeis esco-
teatro , acababa por fin de dar el triunfo á la ger ; la mayor, que se llama Mariquita , tiene
clase pobre. El gobierno nacido de su seno te- diez y siete años; la otra , que se llama Clara,
nia organizado un ejército que había dejado no tiene mas que quince ; las dos son bonitas,
desiertos todos los pueblos de la costa . El no es verdad? ¡ Pues bien ! ¿ os dice algo el
ejército naval habia sido tambien aumentado corazon?
con un brik de veinte cañones , que con la Semejante proposicion de una madre , que
goleta en que hice la travesía de Juan Fernan- acaso queria ganar algunos pesos , me hubie-
dez y Valparaiso , formaba la escuadra man- ra indignado en otra parte ; pero alli acepté
dada por un gran almirante . la mayor sin acordarme de Zamia que me es-
El 45 de agosto , dia de la Asuncion , ha- taba espiando. Tales son las costumbres de
biendo acabado de hacer nuestras provisiones, aquel pais y el pasatiempo de los marineros
toda la tripulacion bajó á tierra , á escepcion que lo visitan . Zamia me cogió del brazo y me
de cuatro hombres y del teniente que queda llevó incomodada á su casa , donde me acosté
ron de cuarto. Mi primera intencion al desem- para pasar la noche . A la una de la mañana
barcar fué irme á visitar la Concepcion , ciu- me desperté al violento ruido de un vendabal
dad situada , como la Sarena , á tres leguas que crei iba á llevarse el frágil techo de nues-
68
DE LA SABOYA . 89

tra morada , sobre el que caia el agua á tor- tisima al volverme á recibir , y esta vez no se-
rentes . Tenia una sed que me devoraba , y ria por interés , pues no poseía en aquel mo-
desperté á Zamia para que me diese agua : no mento ni por valor de un maravedi . Lo hizo
la habia en la casa , y la pobre muchacha tuvo graciosamente , y en los dos dias que duró el
la sangre fria de salir con el temporal que mal tiempo , tuvo conmigo el esmero que una

Al volver a Tacalhuana me encontré con una jóven india. -Pág. 88.


hacia á buscarla á la cascada . Tal esceso de madre ó una hermana acaso no hubieran mos-
complacencia me llegó al corazon . Por la ma- trado , y derramó copiosas lágrimas cuando
ñana , creyendo volver a bordo para aparejar , me marché; sin embargo , la primera vez que
la abracé , le di mi navaja , el dinero , el ta- la dejé no habia llorado .
baco que tenia , y me despedí de ella , prome- El 48 ncs hicimos á la vela para Francia.
tiéndole volver a su casa si la casualidad me Mientras duró la travesía esperimenté las mis-
llevaba otra vez á su pais. Al llegar á la pla- mas deferencias , las mismas pruebas de afec-
ya encontré á todos nuestros marineros que to que en los siete meses anteriores me ha-
tambien acababan de salir de las casas en que bian mostrado , tanto los oficiales como los
habian descansado durante la noche. Pero se marineros de la Estrella Polar. ¡ Cuánto di-
habia levantado un viento espantoso , las olea- fieren las costumbres de los franceses de las
das eran monstruosas , y no teníamos que de los americanos ! Los dos años que pasé á
aguardar que viniesen á buscarnos del buque. bordo de ambos buques , me colocaron en la
Se deliberó ; cada cual registró sus bolsillos , posicion de juzgar con acierto à los unos y á
todo habia quedado en las casas . Como la ma- los otros. Los franceses son tan intrépidos co-
yor parte no habia hecho mas que beber du- | mo los americanos , sin poseer su carácter
rante veinte y cuatro horas , los estómagos irascible . Pero debe confesarse, sin embargo ,
pedian alguna cosa que los confortase. Deci- que estos últimos sufren con mas resignacion
dimos ir a buscar galletas á casa del panadero las fatigas y penalidades inherentes à la vida
que nos habia provisionado para la travesía, del marino . En el mar es necesario estar do-
que era francés y el único individuo que alli tados de valor en los reveses si se quiere con-
conocíamos ; pero nuestro franco compatriota seguir un buen éxito .
no quiso darnos nada à crédito . Entonces cada
cual pensó en volverse hácia la casa donde
habia pasado la noche . Zamia se puso conten-
90 MEMORIAS DE UN NIÑO

ranza ; me persuadí de que habia sido por fal-


XXII. ta de tacto el poco éxito de mis publicaciones .
Asi era en verdad ; y lejos de quejarme de la
VUELTA Á FRANCIA. sociedad , por la cual nada he hecho , ni nada
me debe , le aconsejaria , si posible fuera que
Cuando desembarqué en Gramville en 1835 me oyese , que enviase a coger una azada ,
y pasé á casa del armador para recibir mi par- precediéndolos yo á todos los poetas de mi es-
fe de pesca , me quedaron liquidos cuatro- pecie . Por medio de este acto , arbitrario si se
cientos sesenta y siete francos despues de ar- quiere , pero que produciria sus buenos efec-
reglada la cuenta . De esta suma tuve que pa- tos , se veria la trasformacion de una cáfila de
gar los gastos ocasionados por mi despedida entes que para nada valen , en hombres que
de los demas compañeros . Sabido es que los al menos sirviesen para algo . Eso no es deli-
marinos no se separan jamás llorando . Cum - cado , se me dirá , y esa salida es la de un
plido este sagrado deber , solo me quedaron Aristarco de mal gusto , si no es la de un pa-
trece francos , muchas esperanzas y un esce- tan . Confieso que mi gusto no es de lo mas
lente par de zapatos , este era el capital con esquisito ; pero ¿cómo ha de ser? en la alter-
que volvia à Paris . nativa de inspirar disgusto ó lástima , escoge-
El que esté persuadido de que todos los ria siempre el primero de estos sentimientos .
oficios son buenos , confesará que París es la Con semejante modo de ver , se me perdona-
ciudad que mas recursos ofrece a los hombres ria el querer enviar á trabajos rudos á gentes
trabajadores. Los holgazanes solo pueden de- que se respetan tan poco como las que escri-
cir lo contrario ; de mi puedo decir que no he ben geremiadas parecidas á la que sigue :
estado ocioso en ella sino cuando ha sido por « Si , nuestras aclamaciones angust osas no
voluntad . Paris , pozo á donde muchas perso- son las quejas de un individuo , son las de
nas vienen a sepultar sus riquezas , es para toda una clase ; porque son numerosos ¡ay !
los pobres un verdadero Eldorado ; como nada los jóvenes que teniendo actividad de pensa-
tienen que perder , abrigan la esperanza de miento e imaginacion , buscan un puesto que
ganar. Reducido á mi último dinero , siempre no encuentran en la sociedad . »
me inclinaré hácia París , como la aguja iman- ¡Qué! ¿no encontrais en que ocuparos so-
tada hacia el polo. bre la tierra? En verdad , señores , que es di-
Al entrar por tercera vez en la capital en- ficil contentaros , y mezquina ha sido la na-
cerraba aun mi bolsa cinco sueldos ; ¡cinco turaleza para con vosotros. ¿Es posible que el
sueldos! ni mas ni menos. Pródigo en Granvi- poderoso Ser que os adornó de tan brillantes
Ile tuve que hacerme filósofo en París . Dejé facultades , os haya rehusado el libre ejercicio
mi morral en una hospedería , y me fui á de vuestros brazos? Pero me habia olvidado
acarrear legumbres para pagar la posada . Esta que una azada pesa mas que una pluma .
industria la ejercí ocho dias . pero no siendo Tal es en sustancia un articulillo que pu-
muy lucrativa , la abandoné para convertirme bliqué en una revista literaria.
en pinche de cocina. Cansado muy luego de A pesar de todo , el resultado que obtuve
no ver el sol sino por las rejas de una cueva , pasados cinco años de mi vuelta á Francia no
ne hice albañil , hasta que llegado el invierno era de desdeñar. A fuerza de economía , de
tuve que buscar nueva ocupacion . Por último, trabajo , y gracias á la caja de ahorros , útil y
despues de haberme ocupado en veinte oficios prosáica institucion , logré reunir una suma
distintos , vine á parar de nuevo con mi anti- de dos mil francos. El trabajo me hacia dicho-
guo patron Mr. de Montrol , el poeta de quien so . Reparadas insensiblemente mis anteriores
hable en otro capítulo , y que luego fue pri- pérdidas , ya entreveia una vejez tranquila.
mer redactor del periódico El Tiempo . Escri- Redoblé mi celo ; ¡ inútil esfuerzo! el aburri-
tor y cajero á su servicio , no abandoné estas miento , esa enfermedad de los ricos , entró
funciones hasta que el Diario de la Marina , desgraciadamente en mi morada , me asió por
periódico que aquel señor dirigia , fué á parar el pescuezo y me hizo esperimentar horribles
á donde van todas las cosas . Viéndome cesan- bostezos . Yo sucumbí á los repetidos golpes
te , eché otra vez mano de mi delantal de co- del mónstruo , y decidi emprender un nuevo
cina , trabajé en una imprenta y me hice li- viage à las Indias.
terato. Conociendo las desgraciadas aventuras à
De los tres oficios , el menos lucrativo era que está uno espuesto de la parte allá de los
este último . Mis escritos no tuvieron en París mares , quise antes de embarcarme volver á
el éxito que en Marsella . En la capital de mi patria para darle acaso el postrer adios.
Francia la falange literaria escribe para un Me armé , pues , de un pasaporte , arreglé mi
público mas ilustrado que el que aá mí me ad- morral , y al dia siguiente a las siete de la
miraba en Marsella ; asi es que ni mis pensa- mañana , el vapor El Parisiense cortaba la
mientos ni mi estilo podian sostener una tal corriente del Sena , conduciendo á César y su
concurrencia . Me parece que el lector me fortuna .
creerá con facilidad. Desmayado como muchos Hacia cinco años cumplidos que no habia
de mis colegas , no perdi por eso toda espe- salido de Paris. Inútil seria esplicar las sensa-
DE LA SABOYA. 91

ciones que pasaron por mi cuando perdi de glé la mia en el interior de la hacina , y me
vista las cúpulas de Nuestra Señora . El es- eché á dormir en mi blando lecho al ruido de
trangero que marcha de París despues de ha- la lluvia que caia á torrentes.
berlo habitado algun tiempo , se meteria de Por la mañana el tiempo estaba otra vez
buena gana en un globo para alejarse con mas hermoso. Un vapor templado y oloroso que se
rapidez . Le parece que cada paso que da para exhalaba de la tierra y que dilataban los pri-
retirarse le devuelven la dicha y la salud que meros rayos del sol , embalsamaba la atmósfe-
le habian arrebatado el aire y el cielo de Lu- ra . La brisa de la mañana y la dulce perspec-
tecia... ¡ Oh Paris! ciudad ruidosa , mas aun tiva de un hermoso cuadro de la naturaleza
que en tiempo de Juan -Jacobo , puede dejár- concurrian á llenar mi corazon de esa felici-
tese sin sentimiento , pero no volvértese á ver dad completa que hace que á despecho de los
sin alegría. peligros de que el hombre está siempre rodea-
Eran las siete de la tarde cuando llegamos do, nos encontremos tan á gusto en la tierra.
á Montereau ; veinte leguas me separaban de Nada es mas agradable que viajar con esta
París , y aun no oscurecia . Despues de haber disposicion de espiritu; entonces , asi como el
evocado los recuerdos históricos de aquella adolescente sueño con las delicias que le pro-
localidad , salté á tierra con tanta ansiedad meten los largos años que espera vivir , el
como cuando en otro tiempo desembarcaba viagero entusiasta goza de antemano las im-
despues de diez meses de navegacion . No te- presiones que parece prometerle cada sinuo
niendo que detenerme para nada , me orienté sidad de su camino : dichoso si su viva imagi-
y emprendí mi camino un pie tras de otro. nacion no le presenta los objetos mas bellos
Siempre he preferido viajando algunas mas de lo que en si son realmente; porque al cesar
fatigas y menos tribulaciones ; bien pudiera la ilusion no verá mas que una naturaleza
añadir gastos . inanimada y fria como su corazon .
Feliz por hallarme libre y solo viajando A eso de las dos llegué à una llanura , en-
con la claridad de la luna en una hermosa no- tre Villanueva del rey y Foigny, donde el rio
che , compuse una oda á la libertad cuando Yonne, muy próximo al camino, corre limpi-
llegué à Pont- sur- Yonne , que eran las once do y sinuoso atravesando hermosas praderas.
de la noche . Sorprendido de encontrar todas Este cuadro, el mas agreste que se encuentra
las tiendas abiertas y muchos rebaños en la desde París á Leon , me obligó á detenerme
plaza , entré en la posada del Leon de Oro di- un momento; porque ademas de sus pintores-
ciendo á la patrona : cos sitios, cada tejado de los que se divisaban
-Buenas noches , señora ; ¿podeis darme por entre los huecos que dejaba libres una
posada? frondosa alameda , me traia á la memoria un
-Pero... pero... no sé ; todos los cuartos recuerdo. Todas aquellas chimeneas las habia
están tomados , mañana es la feria .... Si os yo limpiado ; quince años hacia que había
convenis á acostaros con un comerciante de abandonado aquel pais... Tendido á la sombra
pieles... es un hombre muy limpio. de un olmo corpulento, mis reflexiones fueron
-Gracias , señora ; voy á otra parte. interrumpidas por la llegada de un jóven via-
Atravesé la calle y llamé en La Cruz gero que marchaba como yo morral á la es-
Blanca . palda y una pala bajo el brazo derecho.
-Buenas noches , patron ; ¿me podeis dar -¡Ola , amigo! ¿llevais el mismo camino
cama para esta noche? que yo? me dijo acostándose cerca de mi , con
-¡Oh! no; no hay . Mañana es la feria . Si la misma franqueza que si nos hubiésemos
quereis dormir con otro acaso os pueda aco- conocido de mucho tiempo.
modar. -Si , le respondi ; ¿pero dónde vais?
-No , quiero una cama para mí solo ; bue- -Voy mas allá de Auxerre; ¿y vos?
nas noches. -Yo tambien .
Cuando sali al medio de la calle me pre- -¿A Vermauton quizá?
gunté por qué razon no quedarme al sereno -Mas lejos.
bajo la frondosa copa de un árbol . ¿ Podria es- -Pues bien , yo voy á Vermauton ; mi
cogerse mejor noche? ¡ Ea , pues , al diablo las nombre es Pedro, mi apellido Barré; soy ter-
posadas ! Y seguí mi camino á paso redoblado, raplenero; ¿ lo sois vos tambien?
decidido á no tener aquella noche mas cielo -No .
de cama que el azulado firmamento . -Teneis razon , es un triste oficio , sobre
Aunque la fatiga y las ampollas de que todo ahora que esos perros de amos no quie-
mis pies estaban ya llenos, principiasen á pe- ren dar trabajo á estajo. Un pobre terraplene-
dir el necesario reposo , hubiera continuado ro no gana al dia para el agua que bebe .
el camino aun si los preludios de una tormen- Y hablando de este modo enderezó una
ta no se hubieran presentado . Estaba discur- calabaza que llevaba y se echó un sendo
riendo donde ponerme al abrigo de la tempes- trago.
tad , cuando apercibi cerca del camino una -Esta botella, repitió mi compañero, me
hacina de heno. Segun es la cama es el sue- la ha regalado Jacquelina. ¿La comprariais
ño , dice un proverbio . En diez minutos arre- por veinte sueldos?
92 MEMORIAS DE UN NIÑO

-No por cierto. -¡Vais á devolverme mi botella , ó si no!....


-Pues bien; yo no os la daria por veinte Y cogiendo su pala se puso á aguardar mi
francos. respuesta en una actitud amenazante . Yo me
-Luego la teneis en grande estima. lapresuré á ponerme en guardia con mi palo .

-¡Ya lo creo! me la ha dado Jacquelina. -Yo no he roto vuestra botella espresa-


--¡Ah! comprendo; es un recuerdo . mente. Vamos á Joigny y os compraré una
-Lo habeis adivinado; es un recuerdo de nueva.
mi Jaquelina , de mi adorada Jaquelina, á -No quiero una nueva, necesito esta que
quien veré mañana por la noche si Dios me dió Jacquelina .
quiere. -Entonces coged los pedazos y conservad-
Y puso en el suelo con mucho tiento la ca- los como reliquia .
labaza que tenia en la mano, echándole una -No la quiero asi , está rota, dádmela co-
mirada de complacencia . mo estaba .
La conversacion seguia sin interrumpirsc . -¿Estais loco? ¿sé yo, por ventura , re-
Cansado de estar en una posicion incómoda, mendar calabazas?
voy á volverme, tropiezo en mi morral , mi -Os repito que quiero mi botella , ó, ¡ voto
morral tropieza en la pala , la pala en la cala- á cribas! os vais à acordar de mi .
baza y esta rueda , y va á estrellarse contra -Poco á poco , eso lo veremos.
una piedra. Dudo que los mas hábiles carica- -¡Que lo veremos ! repuso exasperado .
turistas hayan logrado jamás pintar los diver- ¡ Pues toma!
sos matices de espresion que aparecieron en Y levantando la pala en el aire, me asestó
el rostro del desventurado Barré, en el mo- un golpe tan tremendo, que aunque me lo
mento en que se consumaba aquella espantosa quité hasta cierto punto, no pude impedir
desgracia . Los ojos encendidos, la boca difor- que me hiriese un poco en la espalda . Fácil-
memente abierta, los brazos agarrotados, to- mente le hubiera devuelto un garrotazo antes
da su actitud indicaba su desesperacion . En que hubiese levantado la pala, pero contem-
fin, al cabo de algunos instantes de silencio poricé .
durante los cuales mi continente fué casi tan -Me habeis hecho daño, arreglemos el ne-
cómico como el suyo, esclamó con voz concen- gocio, porque de otro modo tambien podré
trada y temblona de cólera: hacéroslo. Ahí teneis cinco francos para com-
DE LA SABOYA. 93

prar una botella y beber á mi salud . Si estas -Porque los saboyanos son guapos mucha -
condiciones os convienen, tanto mejor ; en chos.
caso contrario tomad vuestra pala , y rompa- -Es verdad. He aqui un ventorro: entre-
mos el fuego. mos á beber, yo pago; despues hablaremos
-Yo no entiendo de eso . Devolvedme mi del pais .
botella, quiero mi botella; ¿por qué no me Tomada la mañana , y habiendo amanecido
devolveis mi botella? ... completamente, consideré á mi nuevo compe-
Y enderezando de nuevo su pala , iba á in- | ñero . Era un hombre de treinta años , de aire
ferirme otro golpe , cuando de un fuerte gar- jovial , de cuerpo robusto y llevaba á la espal-
rotazo lo eché al suelo . Entonces, á pesar de da un enorme fardo de bonetería ; en suma , si
sus gritos y de sus imprecaciones , monólogo hubiese tenido las piernas derechas , en vez
en que se mezclaba el nombre de Jaquelina de ser como las de Scarron , es decir, en for-
con tiernos adioses á su cara botella , tomé mi ma de 2 , deformidad que disminuia su talla de
morral y continué mi camino , doliéndome el mas de un pic, hubiera podido apellidársele
golpe que acababa de recibir, pero riéndome un buen mozo . Concluido este exámen , me
de la aventura. contempló á su vez.
Aquel camino hasta Joigny es hermoso. -Creo que mirais mis piernas.
No obstante hay que confesarlo : tan luego co- -Si , y vuestro fardo : pongo en duda que
mo se penetra en la verdadera Borgoña del podamos seguir el camino reunidos; yo estoy
buen vino, la escena cambia á golpe de vista , de prisa .
y lo útil se sucede á lo agradable. No hay na- -Yo tambien lo estoy , y tanto , que tengo
da mas monótono en el mundo que aquellas ánimos de asistir á lasvísperas en mi pueblo
colinas blancas que se estienden de Auxerre el domingo próximo.
á Chalons-sur- Saone, cubiertas de viñas y de -Tomareis, pues , la diligencia?
polvo calcareo. Vermanton es una verdadera -¡La diligencia ! ¿para qué? Aunque mal
Tebaida ; y sin adoptar las conclusiones de construidas , ellas me llevan .
una augusta filipica contra el vino , debemos -En ese caso, marchemos: hablemos del
convenir en que la cultura del viñedo condu- pais. ¿ De qué pueblo sois?
ce rara vez à la fortuna . A nuestros viñeros Y entablada asi la conversacion , el camino
toca la modificacion de sus trabajos en un sen- nos pareció menos largo.
tido mas favorable á su bienestar , supuesto Llegados à Auxerre, nos pusimos á almor-
que la naturaleza del suelo se lo permite. » En zar; luego que concluimos, mientras daba él
cuanto al itinerario, pienso absolutamente co una vuelta por la ciudad , fuí á visitar un hos-
mo el autor de las Cartas sobre la Italia . No picio del que el lector debe acordarse .
sucede lo mismo con respecto á los viñeros de ¡ Ay! ¡ la hermana Santa Eulalia habia
la Borgoña; aquellos honrados labradores sa- muerto ! ... ¡ Ya hacia cinco años que habia
ben mejor que él á que atenerse . Si Mr. Adol- pagado el último tributo! ¡ Oh buena hermana!
fo, el seudónimo, en vez de coordinar frases si el cielo está reservado á las almas nobles,
en su silla de posta , hubiera viajado como yo ninguna muger ha merecido mejor que tú en-
a pie, si hubiera entrado en cien tabernas , si trar en él... Adios , ya nos volveremos á ver,
hubiera oido las inestinguibles carcajadas de asi lo espero... Me sequé una lágrima, y fui á
aquellos pobres borgoñeses, no les tendria reunirme con mi compatriota.
tanta lástima. La helada y el sol , los prepa- De Auxerre fuimos á comer á Avallon . Alli
radores, los sofisticadores y la administracion como en la primera ciudad , mi compañero sa-
tienen su camino trazado como Mr. Adolfo lió á pregonar sus géneros; en el entretanto ,
tiene el suyo . Cada cual conoce sus medios ; si me fui á visitar sus graciosos alrededores . A
el médico se deja arrastrar á la tumba por la las seis de la tarde nos volvimos á poner en
enfermedad , es porque no puede remediarlo , camino hacia Rouvray , á donde llegamos å las
pasemos adelante. once de la noche . Yo estaba cansadísimo , mis
Salí á las tres de la mañana de una posada pobres piernas no podian ya sostenerme .
de Bassou , donde pasé la noche . El dia iba Aquel maldito patizambo me habia hecho an-
apareciendo poco a poco; un individuo que dar veinte y tres leguas!
salia de otra posada de enfrente, viéndome to- Al amanecer del dia siguiente me despertó
mar su misma direccion , me dijo : mi hombre.
-Camarada, no marcheis tan de prisa ; ca- -¡Vamos , arriba! ¡ en marcha , compañero!
minaremos reunidos. -Gracias .
-¿A dónde vais? -¿Habeis andado ya bastante?
-A Saboya. -Si.
-¡Ah! yo tambien . -¡Ah! dijo .
¿Luego sois saboyano? Y cargando con su fardo , se despidió.
-A mucho honor. A las nueve tomé la diligencia de Dijon,
-Yo tambien . en donde me detuve un dia para descansar.
-Os felicito por ello . De Dijon, la ciudad mas bonita que he
-¿Por qué? visto despues de Turin , fui á parar á Poligny,
13
94 MEMORIAS DE UN NIÑO

poblacion situada al pie del monte Jura, ca- de la abertura de una roca Cerca de alli es-
dena de sierras graníticas, sin cresta por taba una jóven que apacentaba un rebaño de
aquel lado . El monte Jura, en cuya cima hay vacas y de cabras . Viéndome que iba á be-
una fértil meseta, me pareció desde lejos una ber , corrió hácia mí.
gigantesca muralla . Alli principia la naturale- -No bebais ese agua, me dijo; estais aca-
za alpestre. lorado y os haria mal. Aguardad.
Acababa de pasar el pueblo de Champag- Y sacando de una cestilla una hortera, lala-

nole , construido á orillas del rio Ain , en una vó, y fué á ordeñar una de sus vacas y volvió
de las quebradas de la meseta ; atrasado en con ella llena de leche . Entonces la puso en
mi camino por un calor que me parecia igua- el suelo , cogió una hoja de encina y la colocó
lar al de la zona tórrida, por las muchas cues- en el nacimiento del agua, de modo que ca-
tas que tuve que bajar y subir , y mas aun yese un chorro limpio . Satisfecha de su inge-
por la beldad de los sitios , sitios pintorescos nioso procedimiento, acabó de llenar la horte-
que en aquel camino presentan á veces el as- ra de agua de su improvisada fuente, y me la
pecto mas grandioso , me informé de unos le- dió. Calmada la sed con aquella salutifera be-
ñadores que encontré si podria llegar aquella bida . dige á la jóven devolviéndole la vasija :
tarde à Morey. -Os doy mil gracias, señorita. Sois tan
-Si , me contestaron ; pero no vayais por buena como hermosa . En verdad que si usais
San Lorenzo , porque se rodea. Tomad la pri- tantas finezas con vuestro novio, debe quere-
mera senda que encontreis à la izquierda , se- ros mucho .
guidla hasta que llegueis al molino ; dirigíos A este cumplimiento bajó la cabeza , su
luego á la granja que vereis á la derecha, y tez se cubrió de un vivo carmin, y no supo
asi acortareis una legua. que responderme .
-Gracias, amigo , gracias. -Niña ¿por qué os avergonzais? Dios per-
Y tomé el primer sendero de la izquierda. mite que las jóvenes amen . Tomad , ahí teneis
Habiendo subido por la ladera de un mon- dos francos: comprad con ellos una crucecita
tecillo escarpado, cubierto de elevados abe- de plata que os recuerde nuestra entrevista.
tos, me detuve jadeante, alterado, delante de ¿Cómo os llama's?
un arroyuelo, cuyas limpidas aguas brotaban -María.
DE LA SABOYA. 95

-¡María! Es un bonito nombre . Adios , be- Y levantando los brazos á la campana de la


lla María , chimenea, descolgó un trozo de salchicha,
Y me apresuré á dejarla . diciéndome al mismo tiempo:
Aquel encuentro y el nombre de María, -Vuestro pais debe estar lejos de aqui,
me trajeron muchos y muy dulces recuerdos . puesto que no se comen en él longanizas .
¡ María! este solo nombre hizo afluir la sangre -Si se comen , pero no se les llama asi .
á mi cabeza .... ¿Se habrá casado? ... Aqui -¡Ah, ya! pues aqui se llaman longanizas .
principié con mis estravagantes desvaríos.... Y haciendo un hoyo en el rescoldo deposi-
Nuevo Celadon , me veia yo con un cayado en tó en él la salchicha y la cubrió con la mis-
la mano atravesando las praderas y hacien- ma brasa . Luego, volviéndo á su ocupacion ,
do flautas pare cantar á mi Astrea de treinta echó en una gran cuba la legia hirviendo que
años. Entonces reaparecia la edad de oro so contenia un caldero que habia á la lumbre, y
bre la tierra; Entonces, adios Rio Janeiro, lo volvió á llenar de agua No tardé en sabo-
adios Calcuta; no veia mas que á María , ó rear el apetitoso manjar sentado á un banco
mejor dicho, estaba ciego... Perdido entre que servia de mesa , con pan de centeno y
las malezas de un espeso bosque, y habiendo agua fresca . Terminada la comida , volví á
completamente desaparecido el sendero, tuve ocupar el puesto que habia dejado cerca del
que volver atrás. Se pasa una hora, busco fuego . Mas poco acostumbrado mi patron á
otro sendero, lo sigo, y finalmente, llegada la velar, se acercó al banco que me habia servi-
noche, me vuelvo a encontrar como antes , en do de mesa, y se tendió en él . Viéndose asal-
una espesura mayor. Cuando sali del bosque , tado por el sueño , del cual la legía no le deja-
consulté las estrellas, pero en vano, pues no pu- ba disfrutar las delicias, se volvió boca arriba
de averiguar el camino que debia seguir . Oigo y fijando sus miradas en las salchichas colga-
una campana que toca á oraciones , y su eco das en la chimenea, se puso á cantar :
se pierde a lo lejos , sin cerciorarme de qué
lado viene . ¿Qué hacer en semejante caso?. • Longanizas, longanizas, ¡ Ah! longanizus!
Marchemos, dije ; ya llegaré á alguna parte.
En efecto, despues de andar errante dos ho- y continuó de este modo mas de una hora .
ras, llegué á un estanque donde cantaban mu Ya creia que aquella cancion estaba termina-
chas ranas. ¡ Maldicion ! ... Ya me disponia á da cuando se levantó para trasvasar la legía;
pasar la noche al sereno, cuando vi relucir pero me engañé : volvió á tenderse en el ban-
una luz. Corro hacia ella , pero à medida que co , y comenzó de nuevo su cancion á los ob -
avanzo va alejándose. jetos predilectos de su estómago .
-¡Oh dioses de las tinieblas, esclamé ; no Esta vez le duró aquel monótono cántico ,
03 burleis de un pobre viagero! ¡ Silfides ala - que interrumpi para que me enseñase el ca-
das , haced que ine haga invisible á las ter- mino, hasta que fué de dia .
ribles miradas de los guomos ! ¡ Oh badas del -Aguardad , me dijo : voy á despertar á
Jura, blancas ondinas, coronadas de deslum- mi padre y á mi hermana , y nos marchare-
bradoras guirnaldas , conducidme à vuestras mos los dos .
moradas de cristal. -Bien , vamos.
Esta invocacion á las divinidades que so- Volvió al momento y nos pusimos en ca-
brevivieron al druidismo , no fué en vano . A mino.
eso de media noche me condujeron á la puer- El sol estendia ya su dorada cabellera so-
ta de una cabaña . bre las elevadas cumbres del Jura , cuando
-¡Zas, zas! despues de haber andado durante una hora ,
-¿Quién llama? llegamos no lejos del sitio donde el dia antes
-Un pobre viagero que se ha perdido y habia encontrado á María . Bien valia la pena
busca su camino . el haberme estraviado . Un repiqueteo de cam-
La puerta se abrió , y me hallé frente á panillas anuncia la proximidad de un rebaño;
frente de un gallardo jóven de veinte y dos mi compañero se detiene una indecible es-
años , que estaba haciendo legia . Cuando le presion de alegría se pinta en su rostro.
espliqué de qué modo me había perdido , me -¡Aqui está Maria ! esclamó saltando de
dijo: gozo como un niño.
-De aqui al molino hay dos leguas , y tres Y mirándome luego ?
á Morey . -El camino está ahi abajo ; para ir á Mo-
-¿Y de aqui á la carretera? rey se toma por ese lado .
-Una legua . Y me señaló estendiendo el brazo bácia
-Entretanto , ¿ teneis algo que darme de el Sud .
comer? tengo mucha hambre ; os pagaré lo -Sois un mal dialoguista , jóven ; pero en
que sea. cambio el mejor muchacho que he conocido .
¡Pagar ! aqui no vendemos nada ... ¿Que- Os voy á dar un libro para que lo regaleis á
reis longaniza? Maria , jos parece?
-¡Longaniza! Y mientras desechaba las hebillas de mi
-Si , es cosa muy buena. morral , la pastora apareció a la orilla del
96 MEMORIAS DE UN NIÑO

bosque . Cuando nos apercibió , sus megillas de la posada de El Mar de Hielo , vi el zagal
se encendieron , y nuestro enamorado corrió de Montauvert , Miguel Fauret , salir á reci-
hácia ella para darle un gran beso : yo lo se- birme vestido de negro y con corbata blanca.
gui con el morral en una mano y el libro en Aquel pastor de nueva especie , que tambien
la otra . Aquella obra contenia veinte y cuatro hablaba inglés , cambió de tesis y de idioma
grabados ingleses y estaba ricamente encua- tan luego como lo reconocí . Era un antiguo
dernada . La entregué al jóven , que se sor- librero del barrio de los Agustinos. En resú-
prendió al ver tan rico presente , y dije á su men , aquella correría podria dar á la memo-
prometida : ria agradables recuerdos ; mereceria por todos
-Buenos dias , María . Si os hubiera pre- conceptos una buena descripcion , si no estu-
guntado ayer por el camino, no tendria la sa- viese ya hecha por otras plumas mas autori-
tisfaccion de volveros á ver hoy . zadas.
-¿Os habeis , pues , perdido? Despues de contemplar las maravillas del
-Si , y á no ser por vuestro futuro ... Monte Blanco , el Jardin , el Tacul , las Agu-
-Ya me lo presumia , pero no osé deciros- jas y el Gigante , salí de la posada de Montau-
lo. ¿Cuándo volvereis? vert un sábado por la mañana . Miguel Fauret ,
--Jamás , María , jamás , adios! que me habia hecho los bonores de su palacio
-¡Jamás! repuso ella . aéreo , salió á acompañarme hasta la fuente
Y volviendo la cabeza cuando pasé el re- Claudina , donde nos despedimos . Dichoso de
codo del sendero , la vi pensativa contemplar encaminarme á la casa paterna por un camino
al idiota que estaba recreándose en mirar las poco frecuentado , y por el que no todos los
estampas. viageros suelen pasar , me dirigí á Albert-
Aquella noche , despues de muchas tribu- Ville por Saint - Gervais- les-Bains . Esta via es
laciones , pasé al fin la frontera por entre solo practicable durante cuatro meses del es-
Rousses y Saint- Cyergues . Muy luego pude tío , pero en esta época es muy bella hasta
admirar desde la cima del Jurá la superficie Megeve y muy escabrosa hasta Flumet ; en
del lago de Leman , y las montañas de Sabo- pasando esta aldea se reduce este camino á
ya. ¡Qué felicidad esperimenté cuando pasa- seguir una larga falda de montañas. Alli no
dos catorce años de ausencia volví á ver aque- hay eso de cicerone importuno , ni ingleses,
llos queridos paises! Este gozo fué indefinible. ni posaderos de ancha conciencia . En aquella
Deseando pisar cuanto antes el suelo patrio, parte de los Alpes , que está casi desierta , el
bajé precipitadamente la pendiente del canton viagero puede ver verdaderas queseras esta-
de Vaud, recitando con entusiasmo una pieza blecidas al borde de los abismos , torrentes
poética de Al . Guiraud . espumosos que corren por valles estrechos y
profundos , y bosques de castaños con antiguas
XXIII. torres de la edad media que se enseñorean en
su centro . Este panorama , que se prolonga
VISITA AL PAIS. en una estension de diez leguas , ofrece á ca-
da cien pasos un sitio que alegra , otro que
Llegado á Nion , aunque deseando ver el estremece : aquella es la Saboya propiamente
hogar paterno , no pude resistir al deseo de dicha . Asi , lector , si alguna vez vas á Cha-
dar la vuelta al lago . Este paseo tan variado, mounix pedestremente , vuelve à Génova por
tan lleno de recuerdos , me parecia un indis- Flumet y Annecy.
pensable complemento de mis viages . Hlasta Saliendo de Chamounix á las tres de la
que ví á Lausanne y Vevey , Clarens , sus mañana , me era fácil salvar en un dia los se-
bosquecillos y Chillon , no me alejé del lago tenta kilómetros que hay de esta ciudad al
para dirigirme á Boveret , de donde trasfor- Hospital . No obstante , como al dia siguiente
mado en verdadero curioso , sali para Cha- se cumplian quince años que no habia estado
mounix . en mi patria natal, no me pareció bien volver .
¿Qué ví de notable en aquella espedicion á verla en igual día y á la mismo hora. Llena
que me costó dos meses de mis emolumentos? mi imaginacion de risueños recuerdos , salí de
Vi el monte Buet y sus treinta y cinco casca- Ugine el domingo por la mañana y me enca-
das en el poético valle del Sixt , patria del miné hácia el Hospital al son de las campanas:
cardenal Gerdil ; vi hermosos cuadros que la hoy se llama esta poblacion Albert-Ville .
naturaleza engalanaba con su verdura , y ví Permitaseme aqui una pequeña digresion.
ademas muchos ingleses . En una quesera del Albert-Ville y sus cercanías gozan de una
Valais ví una jóven parisiense vestida en tra- graciosa perspectiva : se halla situada en el
ge suizo, que me trajo un vaso de leche y me ángulo de tres valles en el camino de Turin á
habló en el idioma de Byron . El Times y el Génova . Con dificultad la naturaleza ofrecerá
Morning-Cronicle estaban sobre una mesa . En en ninguna otra parte mayor variedad de pro-
Meillerie me enseñaron el nombre de San ductos , ni una fertilidad tan constante . No se
Preux , que no ha existido nunca , grabado ve alli como en las montañas donde la esteri-
por él mismo en la famosa roca tan querida delidad del suelo no está en armonía con la fe-
Rousseau . Por último , en Chamounix , cerca cundidad de las mugeres , la emigracion anual,
DE LA SABOYA. 97

Es verdad que algunas veces suelen ir á París | Sigismundo se destacaban á mi derecha sobre
algunos jóvenes de este pais para servir ; pero la sombría verdura de las viñas. En aquel mo-
jamás ha salido de él ninguno de sus hijos mento llamaban todos tres la atencion de los
obligado por la miseria. fieles con piadosos repiques. ¡ Oh! ¡qué feliz
Sin embargo , en San Sigismundo , asi co- me consideraba al volver á ver mi valle y las

El zagal de Montauvert.

mo en todas partes , el que no tiene viñas no , montañas que le rodean ! ¡Qué bondadez mé
vendimia. parecia distinguir en cada semblaute ! ¡ Que
Mi pobre padre que era un simple jorna hermosas se me representaban todas aquellas
lero y que vivia de su trabajo , no habia reci- doncellas de rubios cabellos y tez morena
bido del cielo mas que doce hijos por todo cuando ataviadas de sus mejores galas se dis-
caudal , doce hijos de los cuales yo fuí el últi- ponian á ir á los oficios los domingos! Despues
mo. Yo pregunto al hombre mas laborioso: de quince años de ausencia volver á su pais
¿podia con setenta y cinco céntimos que ga- natal , lector , es mas que una dicha , es un
naba cada dia , mantener y vestir doce perso- delirio capaz de trastornar la cabeza . Enton-
nas? Tal es , sin embargo , la ruda tarea que ces el mas insignificante objeto trae à la me-
el destino le habia impuesto , tarea que no moria un recuerdo ; mil cosas , indiferentes
pudo sobrellevar jay! á pesar de sus veladas y para el que las vé cada dia , se armonizan
de toda la actividad imaginable. Asi es que para el viagero formando un conjunto admi-
para aligerar su pesada carga , una de sus rable y le hacen rejuvenecerse.
hermanas que vivia en la montaña me llevó Llegado á la estremidad de una hilera de
consigo y me sirvió de segunda madre. Ya he árboles de unos cien pasos que separa á San
dicho el oficio de su marido segun la costum- Sigismundo de Albert- Ville , me vi de repen-
bre del pais , y como vine con él á Francia. te rodeado de una docena de jóvenes con mor-
En esta ocasion nada habia cambiado en rales á la espalda y palos en la mano . Mi pre-
Albert-Ville . Era la misma ciudad llena de sencia les llamó la atencion . A mi vez los
magníficas fondas , y ostentando la coquetería consideré un momento ; y adelantándome há-
de sus casas . A mi derecha se veia el campa- cia el de mas edad :
nario de Conflans brillando con el sol como un -Buenos dias , señor Pachoud , mi querido
minarete oriental ; los de Albert- Ville y San maestro de escuela , ¿me conoceis?
98 MEMORIAS DE UN NIÑO

-Pero... no , no me acuerdo. -¡Ah! es el último toque de misa , escla-


-Pues qué , no reconoceis à Claudio , maron á la vez todos los feligreses.
vuestro antiguo discipulo , el buzo , el có- Y todos se marcharon con tanta precipi-
nico? tacion como si se hubiera prendido fuego á la
-¡Claudio! ... casa . ¡Adios, tortilla , adios, botella! Hice va-
Un fuerte abrazo , un largo estrechamien- rias objeciones , pero no se me hizo caso . Tu-
to de manos sucedieron á esta esclamacion . ve que seguir con ellos á la iglesia.
-¡Mi pobre Claudio , gracias a Dios que -Ya entiendes , Claudio , que habiendo Je-
volvemos á verte! ¿Dónde has estado? Ya te sucristo derramado su sangre por ti , tú po-
creiamos muerto ……….. ¿ Qué has hecho en tanto drás por él retardar un poco tu almuerzo .
tiempo? Y esta sentencia de mi hermano fué viva-
-He seguido al sol alrededor de la tierra , mente aplaudida .
querido maestro , y puede que de principio á Nada mas campestre ni mas pintoresco
otro viage igual . que el sitio que ocupa la iglesia de San Sigis-
-¿Tú has seguido al sol alrededor de la mundo . Construida sobre la vertiente de una
tierra?... Diablo de Claudio , ¡ siempre cala- colina , se eleva por cima de las casas del pue-
vera! blo , así como el Vaticano domina los palacios
En aquel momento apareció por el camino que le rodean . Para llegar al cementerio , en
de la iglesia un gallardo mozo , soldado de su medio del cual está situada , hay que pasar al
magestad sarda que estaba alli con licencia. lado del jardin del prebisterio , atravesar una
¡ Eh! Esteban , dijo el ex-maestro llaman plazuela dande se reunen todos los domingos
do la atencion del recien llegado , aqui tienes los viejos del pueblo , y subir aun un poco el
á tu tio Claudio . sendero que conduce à la montaña ¡ Oh ! ¡ qué
¡Mi tio ! repuso mi picaruelo sobrino , ¿mi poéticos me parecieron aquellos lugares ' ¡Cuán-
tio? Hace ya tiempo que murió. tos y cuán dulces momentos me recordaron!
Pero se puso a mirarme con fijeza , y el Flores de majuelas , blancas casas , cánticos de
grito de la sangre me valió un segundo abra - iglesia y mil otras cosas sautas , sin nombre , á
zo. Es de notar , antes de pasar adelante , que las cuales prestaba mi imaginacion un lengua-
el padre de Esteban , mi hermano mayor, je simbólico , me indemnizaron centuplicada-
cuenta treinta años mas que yo ; mi madre te- mente del ayuno forzoso que me habia sido
nia cincuenta y cinco cuando me arrojó al impuesto.
mundo . Concluida muy luego la misa , bien per-
-Tio mio , venid , venid á casa . suadido de que María no habia asistido á ella ,
Y apoderándose de mi morral , me llevó corri al palacio de la Combe , casa del doctor
mi sobrino hacia el hogar de mis padres Es- Dubois , rico propietario y sabio facultativo .
coltado de veinte personas , abrumado de pre- El dueño de la casa estaba cogiendo cere-
guntas , llamé lleno de gozo á aquella puerta zas cuando llegué cerca de la casa , y me brin-
donde tambien habia llamado quince años dó que entrase á comer con él , proposicion
autes. que acepté de muy buena gana . Durante la
-¡Zas , zas! .... comida , que mi patron hizo muy divertida con
-¡Adentro! su erudicion y chistoso lenguaje, estuve aguar-
Mi hermano no me conoció . Sentado cerca dando ocasion de ingerir la cuestion que mas
del fuego , continuó dando sebo á sus zapatos, me interesaba . Por fin aproveche una coyun-
aguardando que yo me anunciase . tura y pregunté :
-Vamos , hombre ; & asi recibes á tu her- -Doctor , ¿ qué ha sido de María , la bija
mano? Yo soy Claudio. de vuestra antigua criada?
-¡Tú ! -Maria es hoy una gran señora.
La grasa y los zapatos que tenia en la ma- -¡Ah! ¿está casada?
no cayeron en las cenizas , y nos dimos un -llace ya doce años : ya ha tenido diez
tierno y prolongado abrazo ; hermanas , sobri- hijos.
nas y sobrinos , vecinos y vecinas , á todos tu- -¿Nada mas?.... ¡ Qué fecundidad ! ¿Y con
ve que abrazar , y lo hice con mucha satisfac- quién se casó?
cion . Pasados los primeros momentos de es- -Con un seminarista que , en el momento
pansion, Francisco me dijo: de abrazar el sacerdocio , se enamoró de sus
-Hermano , debes venir cansado ; siéntate hermosos ojos . Se hizo todo lo posible por di-
abi , cerca del hogar ; en el mismo sitio que suadirlo ; pero siempre respordia à nuestras
tanto preferias otras veces . Van & traerte el exhortaciones , á nuestros consejos:
almuerzo. -No: prefiero á María.
-Si , precisamente es eso lo que desco , no -¿En definitiva?
te olvides de traer algunas botellas . -Se casó con ella . Su padre lo desheredó
Ya el aceite comenzaba á freir , se batia la y obtuvo el destino de secretario en el tribu-
pasta , se partian los huevos , cuando la cam- nal de Moutiers . Por lo demas , continuó el
pana de la parroquia dejó oir su eco sonoro . doctor riendo , sois tan dichoso como cons-
-¡Dos , tres! tante: María debe venir hoy á San Sigismun-
DE LA SABOYA. 99

do . Me estraña que no haya venido ya . Trae adelante , os suplico , que no me dirijais la


consigo á su hijo mayor , que parece lo tiene palaba sino delante de mi esposo.
muy malo. Y haciéndome una profunda reverencia,
Afé mia , doctor , que desearia volverla se adelantó hácia el palacio de que acababa yo
á ver. Sin embargo, permitidme que no la de salir , con el grave y mesurado paso que
aguarde. Mañana volveré á comer con vos . Ha- hubiera podido hacerlo una emperatriz .
blando mucho y bebiendo mas , seré un buen -¡0 vanidad ! esclamé desengañado de lo
compañero vuestro. Hasta la vista. que era el mundo. ¡ Todo en la tierra no es
Apenas habia pasado el umbral de la puer- mas que vanidad! Poesía , sentimientos no-
ta , cuando divisé una docena de jóvenes que bles , filosofia , todo eso es bueno para cuando
custodiaban por el camino á una señora jóven, no hay que ocuparse en otra cosa . Si , todo eso,
rodeada de una multitud que le hacia un re- todo eso es ilusorio: un vaso de vino es lo se-
cibimiento de reina . Ceñia su esbelto talle un guro . Muchachos , seguidme , vamos a la ta-
vestido blanco como la nieve , y cubria sus es- berna.
paldas una delicada esclavina de encaje. Ma- Esta manera de consolarme no disgustó á
ria ,, porque era la misma , marchaba haciendo mis camaradas ; epicureos sin saberlo , todos
alarde de su hermosura , y mas aun del trage me siguieron al templo de Baco.
que contrastaba con su beldad Los antece- Dichoso de encontrar medios de esplayar-
dentes que habia adquirido de ella me hicie- me con mis compañeros , y saboreando un
ron reconocerla al instante. Mi corazon latia néctar que me parecia delicioso , me puse á
al aproximarme à la diosa de mis desvelos . contar patéticamente las fatigas y los placeres
Aquella muger , que tantas veces en mis des- que habia esperimentado en mis quince años
varios habia comparado con Laura , era en de ausencia ; les referia mis viages maritimos ,
efecto una beldad . Representaba cuando mas mi naufragio , y les enumeraba mis capitales
diez y ocho años , á pesar de tener treinta y perdidos y mis grandes esperanzas . Entrega-
de haber dado á luz diez hijos. do asi á mis recuerdos de aventurero , no hu-
-¡Oh ! ¡ bueno ! ¡ aqui tenemos á Claudio biera terminado muy pronto , si el primer to-
y á Maria ! dijo uno de mis compañeros de in- que de vísperas no hubiese cortado el hilo de
fancia. mi peroracion. Cuatro de mis doce amigos se
Y el grupo se dividió en dos partes , cor- encaminaron inmediatamente hácia la iglesia;
riendo bácia mi los varones. al segundo toque siguieron el mismo camino
-Claudio , ¿conoces á esa señora? me dijo otros cinco ; y por último , quedé solo al pos-
uno de ellos. trero . Entonces me dije con santa resolucion :
Mucho que si: es Maria , siempre fresca, « Claudio , huye de San Sigismundo , no es
siempre hermosa. aqui donde te espera buen porvenir . Yo habi-
-Y lanzándome al encuentro de mi pastora , taria , como San Agustin , en Roma ó en el
le hice una cortesía, le cogi las manos del mo- desierto . Pero acaso el prisma del recuerdo
do mas sentimental , y recibi en premio de mis me representa tambien la montaña por que
atenciones un bofeton en la megilla izquierda tanto be suspirado mas hermosa que la rea-
en vez del beso que aguardaba. Aquella ac- lidad. Veamos , & qué importa una ilusion
cion me llegó alma , pero me contuve. mas ó menos? >»
-Maria , vuestra memoria está estraviada ; Y echándome al cuerpo un vaso lleno,
esta no es la promesa que me hicisteis catorce marché hácia mi frente.
años ha al despedirme de vos en la pradera. Llegado al borde del Isére , al mismo sitio
María , ¡ acordaos del prado Ravino! Alli llo- por donde dije en otro capítulo que habia una
rásteis como yo , y como yo formásteis el pro- barca , pasé el rio por un puente no menos
yecto de esperar mi vuelta. Vuestros ojos de- rústico que la barca que habia sustituido . Ape-
nunciaban entonces el dolor de vuestra alma ; sadumbrado de este cambio , me consolé can-
y ahora .... tando sobre una roca inmediata una tonadilla
-Basta , caballero , basta . ¿ Qué os ha en- francesa. Apenas el eco de mi voz se perdió
señado el mundo para que oseeis hablarme en los espesos y prolongados bosques , cuan-
asi? ¡Y me cojeis las manos! ¡Y me decis tales do una reaccion moral producida por la emo-
cosas ! .... En verdad que volveis al redil tan cion puso fin á todas mis fatigas . Ligero y bien
simple como eran nuestros corderos . dispuesto , me introduzco en el bosque , doy
-Verdad , señora , tan simple , que ayer vuelta á la montaña , atravesando mil obstá-
esclamaba aun : « Cara María , aguárdame ; yo culos por una via poco transitable , llegué, á
corro presuro á tu regazo , abandonando la las dos horas de marcha rápida y penosa , no
populosa ciudad donde las almas mundanas lejos del lugar donde pienso fijar mi retiro , á
venden á precio de oro su libertad . Entre tus las ruinas del castillo de Blaye.
brazos espero..... » Aquel castillo , desierto desde mediados
-Pero... pero... señor Claudio , ¿estais lo- del siglo XV , me pareció ser uno de los mo-
co , ó vais á estarlo?... ¿ Qué necesidad tengo numentos mejor conservados de la edad me-
yo de toda esa prosa? Sabed , y me parece que dia . Gracias a su elevada posicion , y mas aun
será suficiente , que soy esposa y madre ; en á su distancia de los caminos y lugares habi-
400 MEMORIAS DE UN NIÑO

tados , parece no debe temer su ruina en los ¿Ahora , lector, debo hablarte de Saint-
tres primeros siglos que vengan . Me introdu- Pierre-les- Moutiers , patria de la familia de
je en él por la barbacana , una de sus dos Ducis , de Bride - les -Bains , de Chambery y de
puertas , para la cual no hay ningun camino, otros lugares? No, todos estos paises son de-
tal es su soledad , y entré en la sala de ar- masiado conocidos; mas valdria describiros
mas , que se halla cubierta por un enorme no- el puente Carlos-Alberto , grandioso monu-
gal nacido en el nicho de un santo , la cual mento que se eleva seiscientos cincuenta pies
me pareció una verdadera imágen de la ar- sobre el rio Usses . ¿Contare la benévola aco-
quitectura ogival de los tiempos feudales. Pe- gida que me dispensó el canónigo Chevray, el
ro ya se hacia tarde , y mi afecto á la ar- digno sacerdote que me dió la primera co-
queologia no pudo vencer la vivacidad de mis munion; las razones que me valieron el per-
recuerdos. El sol desaparecia tras la montaña , don de María á quien vi rodeada de su esposo
cuando llegué al término de mi correría , á la y de sus hijos? ¿Os hablaré de la señora Viard ,
altura que domina el pueblecito de Bayet . cuyo salon en Albert -Ville representa el cír-
La ilusion que habia perdido por un moculo de la señora de Recamier en Paris? ¿Pin-
mento , reapareció alli mas fresca , mas gra- taré á Ana Caron , la jóven morena que en-
ciosa que nunca . Yo volvia á ver por fin el contré alli? ¿Diré algo de su alma enamorada
agreste cuadro que tanto me habia encantado y de los versos que me dirigió para que cre-
á la edad de quince años . En él contemplaba yese en su revelacion? No , lector. no, no te
estasiado las vides bravias , el estrecho sen- hablaré de nada de esto ; ni aun siquiera os
dero que cuando era niño me gustaba tanto contaré mi despedida de los señores Suares y
recorrer ; los bosques de castaños seculares Petit , los bienhechores de mi pais y de mi
que deben ofrecer dulce retiro á mi vejez y familia, ni la conducta de mis parientes y
una clara fuente para refrescarla. Por delante amigos . Todas esas escenas de mi vida priva-
de una casita destruida por un rayo , se ve da no son de interés general.
pasar el Bayet , torrente que no se seca nunca.
Es menester ver su nacimiento , los precipi- XXIV.
cios por donde se descuelga , semejante al tém-
pano de nieve que se desprende de la cima de CONCLUSION.
una montaña , destacándose luego en límpidas
corrientes sobre una roca de basalto , y yendo ¡Oh! ¡ qué buena y dulce es la vida! escla-
á formar un cauce en la llanura , para poder mé el dia en que , saliendo de Lion cargado
formar una idea de su pintoresca perspectiva . con un fardo de sedería , admiraba las risue-
Esta cascada del Bayet , riachuelo bastante ñas campiñas de esta ciudad . Dejando á otros
caudaloso , es , á no dudarlo , si no la mas al- mercaderes menos robustos que yo los barcos
ta , al menos la mas curiosa y la menos cono- de vapor del Saone , continué mi camino á pie;
cida de las gentes. Está oculta por la fragosi- y pensando en mis juveniles años , y en el
dad de la montaña , y no se la ve hasta que se complemento de mi pacotilla, entré en Chag-
está á diez pasos . La crónica de Bayet dice ny en la tarde de un hermoso dia . El lector
que este pueblo estaba construido en sus tres debe acordarse; en Chagny comienza el pri-
cuartas partes , y aun ignoraban sus habitan- mer capítulo de esta obra , en Chagny debe
tes la existencia de esta cascada á pesar de su terminar el último.
estremada proximidad . Era el dia de la Asuncion . Chagny res-
El oscuro velo de la noche encubre el úl - piraba ese aire de fiesta que recordaba en
timo crepúsculo del dia, mezclándose con los él hacia veinte años. Despues de muchas idas
vapores que exhala el Isere por todo el valle . y venidas á los alrededores de la Plaza Mayor ,
Sentado en la grada de una ermita solitaria, reconocí al fin la calle donde habia efectuado
esclamé lleno de entusiasmo delante de aquel mi primera emancipacion . No tardé en ver la
magnífico diorama : verja y la casa de M. P...
-¡Si, si, marchemos ! ¡ marchemos á las -¡Ay! ¿podré volver å ver á mi digno
Indias! diez años de trabajo bastan para ad- compatriota, vive aun?
quirir todos estos bienes. ¡ Oh santa esperan- A la afirmativa respuesta de un vecino
za, sosten mi valor ! Si , aqui es , en el án- á quien hice esta pregunta , llamé; el jardine-
gulo de estos bosques de abetos donde quiero ro me abrió.
echar el ancla. ¡ llasta mas ver, mi cara Te- -Dispensad, amigo, ¿podré hablar á M. P?..
baida, hasta de aqui á diez años! -M. P... está á la mesa en este momento ;
Y apoyándome en las manos, quise levan- tiene convidados .
tarme . Inútiles fueron mis esfuerzos ! los -Acaso bajaria si le dijéseis que un viage-
músculos de mis piernas rehusaron endere- ro , uno de sus compatriotas desea hablarle .
zarse . Mi voluntad habia colmado sin aperci- -Está bien, entrad en el jardin y aguar-
A birme de ello , la medida de mis fuerzas ; el dad .
alma habia vencido al cuerpo . Tuve que re- No bien habian pasado cinco minutos ,
signarme y pasar la noche alli bajo la protec- cuando vi aparecer un anciano de tez colora-
cion de Nuestra Señora de los Montes. da, de facciones salientes y móviles por lo al-
DE LA SABOYA. 404

to de la escalera . Era M. P... , á quien salí al lo que debo, al contrario; me veo en el caso
encuentro. 1 de deciros que no apruebo vuestros proyec-
-Dispensadme, caballero , esta importuna tos. Esa espedicion á las Indias me parece una
visita; pero ha sido tan tardia , que no he locura , un desvarío del cerebro mas peligrosa
creido diferirla mas tiempo: hace diez y ocho mil veces que una debilidad del corazon.
años que hubiera debido hacéroslo. Tengo sesenta y cinco años: creed en mi es-
-¡Diez y ocho años! Entrad , entrad , venid periencia, no vayais á Singapour á buscar
á refrescar: diez y ocho años ... Entonces érais una felicidad que podreis bien no encontrar,
bien niño aun . ¿Sois del canton de San Mau- mientras tengáis una real y verdadera enla
ricio? mano: piedra que rueda poco cimenta, ya lo
-No, señor, soy del Hospital. Veinte años sabeis; y si lo ignorais, os diré que hay po-
hace en el mes de noviembre próximo que un cas, sino ningunas escepciones en este pro-
pobre niño , que no tenia mas que ocho, vino verbio . No tener mas que dos mil francos y
un dia en que el sol brillaba hermoso, á pedi- querer jugar con el destino es demasiado
ros una limosna ; ¿vaya que os acordais? Sen - aventurarse . Locuras, locuras de la juventud .
tado en este sitio en un sofá , en compañía de Creedme, volved á París , comenzad de nuevo
la señora P... y de M. Fernando , vuestro hijo, vuestras tareas, y si la pasion de viajar llega
le disteis veinte y cinco francos para princi- á hacérseos imperiosa, reflexionad y tomad
piar su fortuna. Aquel niño , señor , era yo , y estado. Buscad una jóven pobre para hacerla
vengo... dichosa. Su amor os consolará : pensando en
¡ Ah ! si , si , ya me acuerdo... perfecta- ella trabajareis para vos ; porque del doble
mente... ¿En verdad sois vos aquel pobre ni- egoismo nace la fé conyugal, la mas pura de
no? ¡Oh! repuso golpeándose la frente con la las felicidades; sino, preguntad á Fernando y
palmia de la mano, me acuerdo como si hu- á mi nuera: ¿no es verdad, hijos mios , que es
biera sido ayer... Mi muger estaba enferma ... muy dulce el amor?
¡Oh ! ya me acuerdo . Si, pobre niño, ¡y eres En efecto , las tiernas solicitudes de uno
tú! Ven, ven , ¡ cuántas cosas tendrás que con- por otro , las dulces miradas que cambiaban
tarnos ! ... El pobre anciano, limpiándose dos entre sí los jóvenes esposos hablaron mas á mi
lágrimas que corrian por sus megillas, me hi- corazen que toda la moral del buen anciano .
zo entrar en el comedor. Alli desembarazado Asi es que, en los seis dias que pasé en
de mi morral, tuve que sentarme, aunque re- aquella casa , la lógica de mis huéspedes batió
sistiéndome, á la mesa en que estaba la fa- de tal modo la mia en brecha, que conclu-
milia: todos los que estaban presentes me yó por apoderarse de la plaza . Si , lector,
miraban con sorpresa . el aventurero que no pensaba mas que en
-Toma, dijo el escelente M. P..., bebe odaliscas y en bayaderas, esplendores de na-
primero este vaso de vino, y cuenta á los cir- bab, se convirtió en menos de una semana,
cunstantes quien eres, del modo que lo has tiempo que estuvo llevando la vida de hombre
hecho conmigo. Aqui el lector permitirá que acomodado, en un muchacho razonable : Dime
no me repita. Reconocida mi identidad, res- con quien andas te diré quien eres. Asi sea,
pondi á las numerosas preguntas que me hi- que en aquella ocasion su valor faltase , ó mas
cieron mis interlocutores, pero con especiali- bien que la mirada de una joven le cautivara ,
dad Mr. Fernando, jóven cuya instruccion lo cierto es que seis meses despues de su sa-
me pareció tan sólida como brillante. De mi lida de Chagny, nuestro baniano era ya un
historia que me preguntaron y que referí con prosaico marido . Me acuerdo que cuando me
mi facilidad de locucion ordinaria, fuí a parar despedí de M. P ... y de su familia y me hallé
á mis nuevos proyectos y les hablé de mis es- solo en el camino, el polvo me pareció acre
peranzas; exordio, peroracion y conclusion , y la soledad espantosa. « Ver rostros humanos
todo se escuchó en silencio y obtuve los ho- sin relacion con nuestro pasado ni nuestro
nores de la velada. porvenir, equivale á la soledad y al aislamien-
-¿Hubiera podido pensarse que aquel mu- to sin reposo y sin dignidad. » Fué la primera
chachillo, que apenas se dejaba entender , se vez que estas líneas de Mad. de Stael me pa-
espresase asi hoy? dijo la señora P... levan- recieron encerrar una sublime verdad .
tándose de la mesa. Vuelto á París cansado de espíritu y cuer-
Al dia siguiente , el viagero y sus huéspe- po, me consideré dichoso al encontrarme en
des se paseaban en el jardin aguardando la mi casa y volver á mis ocupaciones. Casado
hora de comer. La conversacion, como debe poco tiempo despues, no he cesado de amar á
suponerse, fué y debia ser la continuacion de la que elegí para compañera, pobre huérfana
la del dia anterior. Al oir la enumeracion de á quien sus padres al morir no legaron otra
los medios que contaba poner en juego para herencia que costumbres puras y amor al tra-
llegar á hacer fortuna, M. P... respondió: bajo, que equivale á la mejor fortuna . Un hijo
Si , si , hay bastante capacidad en esa ca que el cielo nos ha dado sella para siempre
beza, mucha; Fernando, que ha estudiado nuestra union ; y si, segun Ducis , nuestra fe-
dice como yo. Sin embargo, el interés que me licidad en la tierra no es mas que una des-
10

inspirais no debe hacerme mas indulgent gracia mas o menos llevadera , no me es per-
14
402 MEMORIAS DE UN NINO

mitido aun quejarme . Hoy, jornalero en una cuencia me sucede que, sin poder remediarlo ,
máquina de imprenta , gano dos francos y cin- vuelvo la vista hácia el S. S. E. , y esto con
cuenta céntimos por dia; seis meses del año , tanta compuncion como un mahometano cuan-
redoblando el trabajo con largas veladas, per- do mira hacia la Meca para orar . Entonces ,
cibo doble jornal el sábado ; esto es justo y me para no pensar en mi vida aventurera , para

PRIMERIC

satisface . Trabajador inteligente, sin ser siste- I cambiar de pensamientos, esclamo sacudiendo
mático, aunque profesando el nuevo culto de la cabeza : ¿Qué tengo, pues, que esperar de
las doctrinas sociales, doctrinas en las cuales ese lado? ¿Paris no es una de las mas bellas
me han iniciado mis hermanos del Taller, de mansiones? ¿Sus airededores no tienen sitios
la Fraternidad y de la Union , órganos de la encantadores? ¿En qué latitud encuentra la
clase obrera ; aunque yo esté persuadido de poesía mas alimento? ¡ Cielos ! ¡Cielos ! No hay
que lo mejor en el mundo , tiene sus defectos, sobre la tierra verdadera felicidad?... Aun , si
creo que mientras mis brazos sean fuertes, Dios me permite economizar lo bastante para
mi imaginacion espedita y mi vista clara, me realizar mis proyectos, podré llamarme fe-
consideraré dichoso de vivir en él . La lucha liz... Sea lo que quiera , lector, siempre le da-
engrandece al fuerte ; el débil solo se acobar- ré mis acciones de gracias por haberme hecho
da. En fin, sois dichoso? me preguntará el hombre, yendo á dejar mis cenizas en el Hos-
lector. No, ¿por qué he de negarlo? Con fre- pital... (hoy Albert-Ville. )

FIN DE LA NOVELA.
INDICE .

PAGS.

Beranger á Claudio Genoux . III


Proemio.. · IV
I. La llave de los campos. 4
II.. Los saltimbanquis ..
III.. El hospital de Auxerre . 40
IV. Los deshollinadores. 15
V .. La capital del mundo civilizado. 49
VI.. La prefectura y los huérfanos de Paris . 23
VII.. La mitad de la cuaresma de Romorantin . 25
VIII.. Treinta y seis horas en Roma. 29
IX.... Primera espedicion marítima . 33
X ............ Vuelta á la patria. • 38
XI. Chambery. 43
XII.. ..... Estancia en Marsella .. 48
XIII........ Tiburon, caiman y boa. 52
XIV ........
... Papagayo . 56
XV .... Naufragio . 60
XVI......... La isla de Juan Feruandez. 62
XVII........ Los peruanos . 70
XVIII....... Los kamtschadales.. 73
XIX.. El círculo polar ártico y la zona torrida ... 76
XX .. Pesca de la ballena en los mares del Sud.. 81
XXI......... Coquimbo y Talcahuana . 86
XXII...... Vuelta á Francia. 90
XXIII....... Visita al pais. 96
XXIV....... Conclusion . 100
:

76270

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