Prevencion Suicidio Colectivos Vulnerables

Descargar como pdf o txt
Descargar como pdf o txt
Está en la página 1de 46

Lo que siempre ha sido considerado como un hecho aislado, con raíces

profundas en una decisión enteramente personal1, se ha convertido en


un problema de salud pública a nivel mundial. Un fenómeno multicausal,
sumamente complejo, que desafía cualquier simplificación o enfoque
reduccionista y que requiere de un abordaje multidisciplinar para atender
adecuadamente su impacto y consecuencias.

Si tomamos en cuenta las estadísticas mundiales, identificamos que cada


año se suicidan 703.000 personas, siendo la cuarta causa de muerte entre
jóvenes de 15 a 29 años. Su prevalencia en la sociedad es tal, que la mortalidad
por suicidio supera a la mortalidad total causada por guerras y homicidios
(OMS, 2021). Con estos datos, se pone en evidencia las raíces sistémicas del
suicidio, la gravedad de su prevalencia y su relación con factores sociales
más amplios.

España, no se encuentra ajena a este panorama. Desde el 2008, el suicidio ha


sido un problema en crecimiento, pasando a ser la primera causa de muerte
por razones externas. Datos ofrecidos por el Observatorio del Suicidio en
España constatan que en el 2021 la mortalidad por suicidio multiplicó en 2,5 a la
provocada por accidentes de tráfico (1.599), por 14 a las causadas por homicidios
(283) y por 93 a las producidas por violencia de género (43). En el 2022, el número
de fallecimientos por suicidio ascendió a 4.097, un 2,3 % más que en el 2021.

A pesar de que en los últimos años a nivel social existe una mayor toma de
conciencia de la magnitud de esta problemática, el suicidio sigue siendo
una realidad invisibilizada, que, además, se acompaña de sentimientos de
culpa, vergüenza y de un profundo dolor de las personas sobrevivientes
y supervivientes. La estigmatización histórica del suicidio, que ha sido, por
muchos años un tema tabú, alimenta el silencio de las personas, así como los
mitos y prejuicios limitantes de la identificación temprana y adecuada gestión.

Ante esta realidad, en nuestro país se desarrollan diversas acciones (públicas


y privadas), campañas, dispositivos e iniciativas que se orientan a la prevención
del suicidio, pero que continúan siendo escasas ante la magnitud del
problema. Desde el ámbito universitario, pasando por el sector privado y por
el Tercer Sector, celebramos el esfuerzo que realizan y la puesta en valor de
la importancia de la prevención, intervención y postvención de un problema
de altísima sensibilidad humana. En Diaconía España, como entidad social
comprometida con la reivindicación de los derechos de las personas en

1
Porque de algún modo había que justificar la omisión del abordaje de esta problemática, que por demás, ha sido
históricamente castigda y estigmatizada.

3
situación de vulnerabilidad, nos sumamos a esta labor, con el propósito de Nuestro enfoque propone sensibilizar e informar a profesionales que
fortalecer los recursos existentes, focalizando nuestras acciones sobre las trabajen directamente con estos colectivos, enfatizando en la importancia de
personas y colectivos que enfrentan la impronta de las desigualdades, pobreza, una intervención temprana y efectiva en los grupos que atiende Diaconía
discriminación y exclusión social, con mayor intensidad. España como entidad experta, concretamente: personas solicitantes de asilo
y protección internacional; colectivos migrantes; mujeres que han enfrentado
Desde la experiencia de Diaconía España hemos encontrado que la exposición situaciones de violencia; mujeres víctimas de trata; personas en condición de
a condiciones vulnerabilizantes asociadas a la exclusión social, violencias, pobreza y riesgo de exclusión social.
pérdida de empleo, de la vivienda, pobreza, vivencias discriminatorias
relacionadas con la condición de migrante, de género, entre otras, generan En las páginas siguientes, las personas interesadas podrán encontrar el
un menoscabo sobre la salud mental e influyen en la acumulación de factores siguiente contenido: (1) una breve panorámica sobre la tendencia epidemiológica
de riesgo de suicidio. La vulnerabilidad que enfrentan estos grupos, en relación del suicidio en España; (2) información para la deconstrucción de mitos en
a las barreras de acceso a determinadas condiciones de bienestar, así como torno al suicidio que son un obstáculo para su prevención; (3) orientación sobre
al estigma propio que acompaña a la problemática del suicidio, les convierte los factores de riesgo y de protección transversales a todas las condiciones de
en personas doblemente invisibilizadas y es justo donde, como entidad, vulnerabilidad, incluyendo factores de riesgo/acumulativos específicos de cada
focalizamos nuestras acciones de prevención. grupo. Por último, se recogen diferentes estrategias de prevención.

Así nace el proyecto ZOÉ, que en griego significa vida; una iniciativa que Es nuestro deseo que esta guía pueda ser de utilidad para todas las personas
integra acciones de prevención enfocada y dirigida a grupos vulnerables y que dedican su vida profesional a la atención de personas y grupos en
de sensibilización a la comunidad en general a través de cuatro ejes de acción: situación de vulnerabilidad. Con ello, apostamos por la prevención efectiva
del suicidio a través de la responsabilidad compartida entre todos los sectores
que intervienen en el desarrollo social. Para ellos, proponemos un enfoque
* Sensibilización: Concienciar de la realidad del suicidio y de la necesidad de ético de prevención, sensible a la diversidad, respetuoso hacia la dignidad de
la responsabilización social que se requiere para la prevención de éste en las personas, que apueste por el bienestar individual y comunitario como
nuestro país. prioridad del trabajo social.
* Información y capacitación: Ofrecer orientación general público general y
asesoramiento específico
* Incidencia política: Identificar los vacíos a nivel institucional en la prevención
y postvención del suicidio, así como elaborar y situar en la agenda pública
propuestas de implicación del sector público para su abordaje.
* Investigación: Conocer el impacto que la vulnerabilidad social tiene sobre
el suicidio, con el fin de profundizar en los factores de riesgo específicos, así
como de protección y perfeccionar la atención especializada de las personas
socialmente vulnerables.

La experiencia recabada en los últimos años en materia de prevención del


suicidio en grupos vulnerables se materializa y sistematiza en la presente
guía. Su objetivo es facilitar recursos y herramientas operativas a profesionales
del Tercer Sector y de otros sectores y ámbitos para la detección y prevención
de la experiencia suicida de personas y colectivos vulnerables. De este
modo, pretendemos contribuir al posicionamiento del tema como un asunto
prioritario en la agenda social y sanitaria.

4 5
9
problemática a atender desde la agenda pública (Castillo y Carretero, 2003).
En una década, el aumento del suicidio ha sido de un 16% y en lo que llevamos
de siglo la tasa de incremento de un 20,75%.

A estos datos, se añaden aquellos que registran los intentos y la ideación


Los registros estadísticos sobre suicidio en nuestro país evidencian la magnitud suicida. La OMS (2014), calcula que por cada suicidio consumado existen unos
y crecimiento sostenido que ha experimentado. Según el Observatorio del 20 intentos, señalando también que la ideación podría afectar a lo largo de
Suicidio en España (2022), la prevalencia de esta problemática en los últimos la vida de una persona, entre el 5% y el 10% de la población en nuestro país.
cuatro años ha registrado máximos históricos. Como se observa en la gráfica, Sobre dicha información, se estima que, en el transcurso de un año, en España
a partir del 2019, notamos una curva con tendencia al incremento, siendo el podrían producirse 80 000 intentos de suicidio y que entre dos y cinco millones
2020 el punto álgido con un aumento de 7,4% de personas fallecidas por de personas poseen ideación suicida a lo largo de su vida.
suicidio, respecto al año anterior.
Por otro lado, si atendemos el comportamiento del suicidio según la distribución
por sexo encontramos que los suicidios consumados son proporcionalmente
superiores en los hombres, que en las mujeres. Del total de muertes por
suicidio registrados en el 2022, el 74% (3.042) fue atribuida a la población
masculina; mientras que el 26% a la femenina (1.051). Esta tendencia no es
casual, si analizamos la tasa histórica de esta problemática y su distribución por
sexo encontramos un patrón que se repite del en tiempo, tal y como se ilustra
en la siguiente gráfica.

Es notable la coincidencia de este comportamiento con el período de crisis


sociosanitaria por el impacto del COVID-19. La pandemia estuvo acompañada
por una serie de desafíos añadidos de naturaleza socioeconómica y psicológica
que pueden atribuirse al aumento de las tasas de suicidio. El aislamiento
social, aumento del desempleo, la incertidumbre económica y ansiedad
por el estado de salud constituyeron experiencias comunes que afectaron
profundamente la salud mental de las personas. Sin embargo, tal y como
se observa en el gráfico, en los últimos tres años los valores registrados no han
disminuido; por el contrario, la curva se ha mantenido en crecimiento. Sin embargo, al observar el crecimiento de muertes por suicido desagradada por
sexo en el 2022, los datos reflejan un incremento del 2,01% para los hombres
Sin negar que aún estamos viviendo la impronta y efectos residuales de la y de 3,33% en las mujeres, siendo la tasa más alta de suicidio femenino de la
crisis sanitaria, los datos anteriormente expuestos resultan una señal de alarma historia en nuestro país. Este comportamiento puede sugerir un debilitamiento
que ha marcado un hito importante en la visibilización del suicidio como una del efecto protector de ser mujer sobre la probabilidad de morir por suicidio, tal

10 11
y como expresaron Gesteira, et. al (2019), en su estudio “Tendencias de suicidio Con relación a las tasas de fallecimiento por suicidio por comunidades
por género, métodos de suicidio y edad en España entre los años 2005 y autónomas, las que han recogido mayor incidencia en 2022 fueron Andalucía
2018”. con 799 fallecimientos registrados, Cataluña con 604, Comunidad Valenciana
con 432, Comunidad de Madrid con 400, Galicia con 308 y Castilla y León con
Por otro lado, si bien, es una realidad constatada que el mayor porcentaje 233.
de suicidios consumados se corresponde con la población masculina, se ha
identificado que el número de intentos las mujeres realizan es superior, Las estadísticas presentadas hablan por sí solas sobre la necesidad de priorizar
aunque con menor grado de letalidad (Barroso, 2019). Se estima que, de cada desde las diferentes esferas públicas estrategias de prevención del suicidio.
cuatro suicidios, tres son cometidos por hombres y el restante por mujeres. Sin embargo, estas cifras representan tan solo la punta del iceberg de una
Por el contrario, por cada tres mujeres que realizan un intento autolítico, solo compleja realidad que escapa a la recogida de los datos. En la literatura sobre
un hombre lo intenta. el tema, se reconoce que existe un infrarregistro, o cifra negra en relación con
los casos registrados; fenómeno que se debe a tres factores (Blanco, 2020):
Un estudio realizado por Carñón y Carmona (2018), identificó que alrededor
de un 23% de mujeres de entre 16 y 29 años admite haber pensado alguna
vez en suicidarse frente al 14,1% de hombres en el mismo rango de edad. * Primero, la mera definición de suicidio. Su definición no permite registrar
En la literatura, algunos autores explican estas diferencias como Paradoja de con claridad los suicidios indirectos o accidentales.
Género en el suicidio, donde las expectativas culturales sobre el género y el * En segundo lugar, la intencionalidad. Este es un factor sumamente
comportamiento suicida constituyen un factor determinante del suicidio determinante pues no hay claridad a la hora de precisar y posteriormente
(Canetto y Sakinofsky, 1998). registrar si ha habido o no intencionalidad detrás de, por ejemplo, un
accidente de tráfico, una precipitación, un ahogamiento u otros eventos.
Siguiendo esta revisión demográfica, aunque el mayor número de suicidios se Esta dificultad en el registro de eventos como el suicidio se debe en gran
encuentra en la franja de edad de 40 a 59 años, se ha registrado un incremento medida a la estigmatización.
del 20% en los suicidios perpetrados en personas menores de 15 años y
mayores de 80 años. El rango etario de mayor complejidad se encuentra entre * Por último, el complejo proceso institucional de la recogida de datos y el
los 15 y 29 años, siendo la principal causa absoluta de muerte, por encima de tratamiento de la información. Para esto existe una larga cadena de agentes
accidentes de tráfico o tumores (Observatorio del Suicidio en España, 2022). en el proceso de recolección de datos, incrementándose así la posibilidad de
error en el registro y tratamiento.

La Organización Mundial de la Salud define al suicidio como “el acto de


quitarse deliberadamente la propia vida” (OMS, 2023). Esta definición, subraya
la intencionalidad como un componente clave.

Si bien, en la literatura existe una amplia variedad de definiciones, existe cierto


consenso en su representación como una respuesta ante un sufrimiento
o dolor psicológico profundo, asociado a pérdidas significativas, culpa,
soledad existencial, necesidades psicológicas frustradas, o ante la vivencia de
circunstancias donde las personas se sienten atrapadas y sin salida. La emoción
común es la desesperanza e indefensión (Shneidman, 1993; Joiner,2005).

12 13
Otras aproximaciones, también devenidas del campo de la psicología y la
psiquiatría, considera al suicidio como la consecuencia del entrelazamiento
entre diversos factores, psicológicos, sociales, biológicos, culturales y El marco legal sobre el suicidio en España se encuentra regulado
ambientales, que llevan a una persona a tomar la decisión de acabar con su vida. principalmente en el Código Penal y en la Ley de Salud Mental. Estas
Estas resaltan el suicidio como un fenómeno multicausal y pluridimensional, normativas establecen disposiciones específicas que abordan el tema del
resultante de complejas configuraciones (predisponentes, determinantes y suicidio y la prevención de esta dramática realidad.
precipitantes):
En primer lugar, es importante destacar que en España el suicidio no es un delito.
* Atribuibles a la persona como ente bio-psico-social. El Código Penal establece que el suicidio en sí mismo no es punible, es decir,
no se considera un acto criminal (Código Penal. Artículo 3.23 de noviembre de
* Atribuibles a factores contextuales y ambientales. 1996, España). Lo anterior, refleja un enfoque compasivo hacia las personas que
se encuentran en situaciones de desesperación y vulnerabilidad. En cambio,
Además, examinan el suicidio no como acto sino como proceso con múltiples el Código Penal sí contempla el delito de inducción, cooperación o ayuda al
etapas que puede escalar en intensidad y riesgo. El suicidio es de naturaleza suicidio como un delito. Según el artículo 143.4, aquellos que inciten, cooperen
multifactorial y de carácter polifásico; podemos hablar de pensamiento suicida, o ayuden de alguna manera al suicidio de otra persona podrían enfrentar penas
planificación del intento y del propio intento, cuyo resultado puede ser o no de prisión (Código Penal. Artículo 143.4 de noviembre de 1996, España). Este
letal. artículo busca proteger a las personas vulnerables y evitar que se promueva o
facilite el suicidio.

Fuera del ámbito penal, únicamente La Rioja cuenta con una normativa
específica en materia de Salud mental que garantiza el derecho de las
personas a una atención ajustada en esta materia. Se trata de la Ley 6/2023,
de 22 de marzo, de las personas con problemas de salud mental y sus familias,
publicada en el Boletín Oficial de la Rioja el pasado 24 de marzo, que ha creado
un marco jurídico basado en el respeto en los derechos humanos, así como en
la garantía del acceso a la asistencia (Ley 6/2023, de 22 de marzo, de las personas
con problemas de salud mental y sus familias. 24 de marzo de 2023. BOR Núm
59). Es importante mencionar que, en los últimos años, se ha producido un
mayor reconocimiento de la importancia de abordar el tema del suicidio de
manera integral, con un enfoque multidisciplinario y de respeto hacia los
derechos humanos, incluyendo la perspectiva jurídica. Se ha trabajado en la
sensibilización de la sociedad y se han impulsado campañas de concienciación
para reducir el estigma asociado a los trastornos mentales y fomentar la
búsqueda de ayuda.

En resumen, el marco legal sobre el suicidio en España refleja una perspectiva


humanitaria, priorizando proteger la vida y la salud mental de las personas.
A pesar de que el suicidio en sí no es un delito, se establecen medidas para
prevenir y sancionar la inducción, cooperación o ayuda al suicidio. Además, la
Ley de Salud Mental promueve la prevención, la atención y el tratamiento de
las personas en riesgo, así como la formación de profesionales en la materia.

14 15
17
Los mitos que giran en torno al suicidio se han convertido en una de las
principales causas del estigma que le acompaña y de la proliferación
de representaciones que distorsionan su comprensión y obstaculizan su
prevención. Las falsas creencias que se han difundido sobre este fenómeno
coartan la libertad de las personas que atraviesan una experiencia suicida de
hablar acerca de lo que sienten, y es precisamente esa falta de espacios seguros,
de drenaje emocional lo que en ocasiones precipita los acontecimientos.

La prevención del suicidio es posible. Sabemos a ciencia cierta qué hablar


abiertamente de ello salva vidas.

18 19
20 21
22 23
25
El suicidio, como mencionábamos anteriormente es un problema multicausal Dentro de los factores de riesgo que encontramos en la población general,
y multifactorial, por lo que existen una serie de situaciones de origen familiar, algunos de los más reseñables son los siguientes (Franklin et al., 2017; Calati, el
social o personal que pueden influir aumentando la probabilidad de que una al., 2015; Nock et al., 2008):
persona viva una experiencia suicida, a los que nombramos factores de riesgo.
Intentos de suicidio previos
El nivel de riesgo aumenta proporcionalmente al número de factores
presentes. Además, estos factores son sumativos y acumulativos, por lo que Historial familiar de suicidio
cuantos más factores de riesgo coexistan en una misma persona, mayor será la
probabilidad de vivenciar dicha experiencia en algún momento de su vida.
Enfermedad crónica e invalidante. Dolor.
Es importante reseñar que, la presencia de estos factores de riesgo no implica
que la persona vaya a suicidarse, sino que tiene un riesgo mayor de pasar Aislamiento social y/o falta de apoyo
por dicha experiencia, es decir, aquellos que influyen en la suicidabilidad de
una persona. La identificación de los factores de riesgo es clave a la hora de Presencia de acontecimiento vitales negativos
determinar la vulnerabilidad de una persona frente al suicidio.
Acceso a medios letales

Historial de abuso o negligencia infantil

Barreras de acceso a una atención socio sanitaria de calidad

Estigma asociado a pedir ayuda

Edad (adolescencia y edad avanzada).

Sexo Masculino.

Estado civil (soltero, divorciado, viudo).

Tratamiento inadecuado por los medios de comunicación.

Abuso de alcohol y otras sustancias.

Problemas de salud mental.

26 27
29
Los factores protectores proveen protección contra la conducta suicida. En
consonancia con lo que exponen Gallardo-Zambrano y Baldeon-Loza (2014),
“los factores protectores son todas aquellas circunstancias, características,
condiciones y atributos que facilitan el logro de la salud integral de la persona Dentro de los factores de protección internos, encontramos todos
en el medio que lo rodea” (p.33) Numerosos estudios realizados constatan la aquellos que parten de la persona, aquellas habilidades o capacidades
existencia de una serie de situaciones que, a nivel interno y externo, disminuyen que facilitan una conducta adaptativa, así como los valores y actitud.
la probabilidad de aparición de pensamientos, ideas, intentos y/o conductas
suicidas. A continuación, reseñamos los más destacados:

Encontramos factores de protección personales, familiares y sociales, unos Autoestima adecuada


de carácter interno y otros externos, todos ellos protegen a la persona frente a
la experiencia suicida. Cuántos más factores de protección concurran en una Confianza en uno mismo y en los demás
misma persona, menor será la probabilidad de vivir una experiencia suicida.
Por tanto, promover y reforzar los factores de protección es una manera de
Actitudes y valores positivos y optimistas
contribuir a la prevención de la conducta suicida. Sin embargo, es importante
considerar que la presencia de factores de protección no excluye por completo
la posibilidad de que una persona pueda experimentar pensamientos o Capacidad de reflexión, autocontrol y flexibilidad mental
comportamientos suicidas en algún momento de su vida
Resiliencia
Los factores de protección suelen clasificarse atendiendo a los factores propios
de una persona (internos) o los relacionados con el entorno (externos). Consciencia de uno mismo (limitaciones/capacidades)
El fortalecimiento de estos debería ser un objetivo esencial en los planes,
estrategias y programas de prevención de la conducta suicida, incluyendo por Habilidades sociales y comunicativas
supuesto el Tercer Sector.

En relación con lo anterior, en la literatura se destacan otros recursos


personales que pueden constituirse como factores de protección que
favorecen la búsqueda de ayuda y de los apoyos necesarios cuando se
requieren. Entre otras, se destacan habilidades sociales, comunicativas,
así como la capacidad para ser asertivos. La religiosidad, ya sea por ser una
persona espiritual o pertenecer a una comunidad religiosa, son espacios
donde las personas encuentran apoyo y sentido de pertenencia, por lo
que pueden proteger frente al suicidio. Sumamos a todo esto, la ausencia
de enfermedades mentales y la buena salud en general como factores
protectores.

31
Dentro de los factores de protección externos, encontramos todos aquellos suicidio? Si ya existe una dificultad para el registro y tratamiento de los casos
relacionados con el entorno familiar, social y contextual. Entre ellos, destaca de suicidio en la actualidad, ¿este se agrava más en el caso de las personas
la relación familiar, sobre todo entre madres, padres e hijos/as. En este sentido, vulnerables? En los siguientes apartados abordaremos estas interrogantes,
Mosquera (2016), encontró, durante un estudio de revisión sistemática que buscando comprender con mayor profundidad cómo los determinantes
la comunicación asertiva, la participación de los hijos en las decisiones sociales y las condiciones de vulnerabilidad interactúan en el contexto del
familiares, la buena relación paterno y materno filiar, las expresiones de afecto, suicidio, y cómo desarrollar estrategias de prevención más efectivas, focalizadas
la implementación de normas flexibles, el cuidado marental y parental, los en la protección y el bienestar de este colectivo.
vínculos afectivos estables y la cohesión familiar, son factores protectores de
la conducta suicida.

De gran importancia es también poseer una red social sólida y de calidad,


integrada por figuras de referencias significativas. De acuerdo con la OMS (2014),
el mantenimiento de relaciones estrechas sanas puede aumentar la capacidad
de recuperación individual y actuar como un factor protector contra el riesgo
de suicidio.

En un estudio realizado por Sarchiapone, et al. (2011), se encontró que el


círculo social más cercano de una persona puede tener gran influencia y ser
favorable en épocas de crisis, ya que son una fuente significativa de apoyo
social, emocional y financiero y pueden aminorar la repercusión de factores
externos estresantes. Lo anterior es congruente con lo expuesto por Serrano-
Ruiz y Olave-Chaves (2017), los cuales lograron identificar que los individuos
con ausencia de redes de apoyo social y que experimentan aislamiento en
su vida son más vulnerables al suicidio que los que tienen vínculos sociales
fuertes con otras personas.

Los medios de comunicación, en una era absolutamente digital donde la


información nos persigue, tienen una importante influencia en la conducta
suicida. Estos pueden ejercer el efecto Papageno (Personaje del cuento “La
flauta mágica” de Mozart, quien decide no quitarse la vida tras la enseñanza
de diferentes alternativas de superar su situación por parte de unos niños)
mostrando fuentes de ayuda, eliminando los mitos que dificultan la prevención
y evitando hablar de métodos o mensajes sensacionalistas.

Sentirse integrado en la sociedad y participar de manera activa en ella, ya


sea a través de un empleo o de un voluntariado contribuyen al bienestar
psicológico de la persona. Los animales de compañía y la responsabilidad de
su cuidado es un importante factor de protección. Tener hijos o ser cuidador
de personas dependientes protegen también frente al suicidio.

Una vez realizada una aproximación general del fenómeno del suicidio,
abordando elementos generales que facilitan su comprensión sería oportuno
preguntarnos: ¿La condición de vulnerabilidad es un factor de riesgo a tener
en cuenta en la intervención con estas personas para la prevención del

32 33
35
La producción del conocimiento sobre la problemática del suicidio en
colectivos vulnerables ha sido limitada e insuficiente. Las estadísticas,
tampoco permiten una comprensión desagregada por variables más complejas
a las demográficas, como son la condición de migrante, el género, la situación
administrativa, o las condiciones económicas de vida. Hemos identificado,
además, una tendencia a desarrollar enfoques de prevención del suicidio
generalistas, que no siempre tienen en cuenta la flexibilidad que requiere
el reconocimiento de la diversidad cultural y de los determinantes sociales
específicos para grupos en situación de vulnerabilidad.

Con ello, no pretendemos establecer relaciones deterministas que asocien al


suicidio con la vulnerabilidad social como única causa. Los factores de riesgo
generales, explicados en el apartado anterior, pueden afectar a las personas con
independencia de las condiciones sociales o económicas de vida. Sin embargo,
la vulnerabilidad social y sus dinámicas asociadas pueden influir de manera
significativa en el riesgo de suicidio.

Nuestra propuesta se traza el objetivo de evidenciar una realidad invisibilizada,


que podría impactar en el desarrollo de estrategias de prevención adaptadas
a las necesidades y características específicas de estos grupos, desde una
lectura transversal de género, transcultural e interseccional.

36 37
Como todo proceso de transición, la migración constituye un periodo de Teniendo en cuenta la afectación de este fenómeno, no es de sorprender que
desequilibrio personal y familiar, que requiere cambios profundos en áreas poblaciones especialmente vulnerables como el colectivo migrante refugiado
vitales. Si bien no existe una correlación directa entre migraciones y salud y las personas solicitantes de asilo estén sensiblemente más expuestos a
mental, muchas de las circunstancias que concurren en las diferentes fases verse afectados por procesos como la ideación y las conductas suicidas. No
del proceso migratorio pueden resultar factores estresores y tener incidencia se puede obviar que las circunstancias que obligan a las personas refugiadas
significativa en la salud mental de las personas migrantes. a huir de sus países de origen, comúnmente, acarrean daños a la salud física y
mental que se adhieren a las características del propio proceso migratorio para
Para lograr la adaptación a las nuevas demandas del entorno, las personas han complejizar aún más la experiencia (García y Ortiz, 2021).
de desplegar un repertorio de recursos que se encuentran ante obstáculos
de diversa naturaleza: estructurales, legales, subjetivos, económicos, entre Como elementos a tener en cuenta, mencionamos que, por lo general, son
otros. La tensión cotidiana que supone el proceso de adaptación, aparejado personas que han vivido en zonas de guerra, han estado expuestas a conflictos
al desconocimiento del ambiente y a las barreras propias del lugar de destino, armados, traumatización, aislamiento social y diversas expresiones de
puede desencadenar en condiciones de exclusión y situaciones que atentan enfermedad somática y mental, que les sitúa en un contexto de especial riesgo
contra la salud e integridad psicosocial de la persona migrante (Agencia para (Haase, 2022). Del mismo modo, el desplazamiento forzado y la búsqueda
el empleo, Ayuntamiento de Madrid, 2022). de protección mientras se encuentran envueltos en peligrosos trayectos, la
separación de familia y amigos, las condiciones de vida inhumanas, el miedo
La confrontación de diversas situaciones adversas en este proceso puede dar a ser detenido injustamente durante el transcurso, hasta el temor a morir, son
lugar a lo que Achotegui (2002) definió como Síndrome de Ulises. Este autor elementos que no pueden pasar inadvertidos (Turecki, 2016).
pone el acento en el duelo extremo, un estrés prolongado e intenso derivado
de múltiples pérdidas, en conexión estrecha con las expectativas, sobre todo Es decir, las experiencias que viven las personas refugiadas se constituyen
en lo que refiere al estatus social, las rupturas afectivas y la supervivencia. como un proceso largo de desestabilización y posterior elaboración y
En las migraciones del S. XXI no tendrían tanta carga algunos factores (duelo búsqueda del equilibrio emocional que pueden traer aparejado un daño en
clásico) relacionados con la aculturación, como pueden ser la pérdida de la la salud mental. Las secuelas psicológicas de este proceso son complejas,
lengua, la cultura o las condiciones de la tierra de origen (Achotegui, 2004), sin variadas y muy traumáticas por su carácter profundo y por la huella que dejan
perjuicio de su relevancia para muchas personas migrantes. en las personas.

Sin embargo, las complejidades del proceso no acaban con la llegada al país
de acogida. En muchos casos, tras el arribo, las personas enfrentan fuertes
resistencias para conseguir los mínimos recursos de subsistencia (alojamiento,
comida, trabajo, etc.), a lo que se suma, el prolongado tiempo de espera para la
obtención del estatus de refugiado/a que finalmente les otorga la estabilidad
administrativa.

El tiempo de espera hasta la resolución se vive desde la vulnerabilidad


e impotencia que, en muchos casos, se acompañan de sentimientos de
culpabilidad ante situaciones de precariedad que en la que se encuentre la
unidad de convivencia (en los casos en que la persona solicitante tiene a su
familia consigo). Durante este proceso, el contacto con las demás personas
se puede ver dificultado por el sentimiento de desconfianza básico hacia las
instituciones, lo que puede dar lugar al aislamiento social. Esta manifestación
debe ser tenida en cuenta en las estrategias de prevención del suicidio con
personas solicitantes de asilo y protección internacional.

39
También, hay que asumir que, si el proceso de tránsito es sumamente complejo, ponen el foco en el aislamiento social como secuela severa del proceso
la experiencia de integración/inclusión dentro la comunidad de acogida de integración en el país de acogida y como el factor de riesgo de mayor
puede ser igualmente traumática. No podemos obviar los efectos que ejercen gravedad en una experiencia suicida.
los estresores post inmigración, como son la discriminación, barreras en
el acceso a los servicios de salud de calidad y a la educación, entre otras
dificultades añadidas a las que deben hacer durante el período de adaptación
en un nuevo país de acogida (Vijayakumar, 2016).

Considerando la elevada exposición a eventos estresantes de alta intensidad


que enfrentan las personas refugiadas y solicitantes de protección internacional,
es posible establecer una relación entre este colectivo y la aparición de
desajustes en la salud mental. En la literatura, se describen algunas de las
manifestaciones asociadas al riesgo de suicidio en este tipo de población, como
son la depresión, problemas de ansiedad, trastorno de estrés postraumático
y alteraciones de la esfera somática (Nesterko, el al. 2020; Kien et al., 2019).

La población refugiada muestra un rango significativamente mayor de


ideación y conducta suicida respecto a la población no refugiada (Akinyemi,
Atilola y Soyannwo, 2015). Para entender con mayor claridad los condicionantes En materia de salud mental, es importante destacar que existen alteraciones
asociados, se hace una diferenciación entre los factores que inciden en la que tienen un mayor impacto sobre la ideación suicida. Estudios como el
ideación y en la conducta suicida. Este desglose no solo es necesario para Hollander (2016), concluyen que las personas refugiadas con esquizofrenia o
comprender el fenómeno del suicidio y su relación con el proceso migratorio; psicosis cometen suicidio 2.5 veces más que un migrante o ciudadano común.
sino también, para desarrollar intervenciones o acciones de prevención del
riesgo y de promoción de los factores de protección. En resumen, entre los factores específicos de ideación suicida en colectivo
refugiado y demandante de asilo se encuentran los siguientes (Sundivall, et,
Si bien, la producción científica sobre el tema es reducida, existen estudios al. 2015; Björkenstam, et al. 2020; Hollifield, Wasteson y Bjärtå, 2019):
que arrojan luz sobre la relación entre el proceso que enfrentan las personas
refugiadas y solicitantes de asilo y la ideación suicida. * Incapacidad para sustentar las necesidades económicas de la familia
(imposibilidad de tener permisos de trabajo, dificultades de acceso al
Una investigación realizada por Ferrada-Noli (1997), identificó que el riesgo de mercado laboral, etc.).
suicidio es 1,5 veces mayor en una persona refugiada, que el de un ciudadano
europeo promedio. Además, se ha constatado que pueden aparecer trastornos * Bajos niveles de soporte social, ausencia de redes sociales.
mentales potencialmente de riesgo de la conducta suicida como es la psicosis.
* Mayor riesgo de padecer depresión y ansiedad respecto a la población
En ese sentido, la evidencia recoge que los factores asociados a la ideación
general.
suicida son principalmente la falta de perspectiva, la desesperanza, el
aislamiento social o la pérdida de la solicitud de asilo (Ferrada-Noli, 2014). * Menor calidad de vida.

Como hemos mencionado anteriormente, el aislamiento social merece una * Desesperanza prolongada por la incertidumbre y la falta de un estatus legal
atención especial. Algunos estudios como el de Cohen (2008)2 y García (2014), claro.

2
Cohen, Juliet, “Safe in our hands?: A study of suicide and self-harm in asylum seekers”, Journal of Forensic and Legal
Medicine, 2008, pp. 235-244

40 41
Con respecto a los factores asociados a la conducta suicida, las evidencias
muestran una mayor incidencia sobre la población refugiada, en comparación
con la no refugiada (Amiri, 2020). Esta prevalencia está relacionada con las
complejidades del proceso migratorio y con las adversas condiciones de vida
que a menudo enfrenta este colectivo.

Entre los factores de riesgo específicos más relevantes encontramos:

* Exposición a situaciones traumáticas asociadas a la violencia, guerras,


tortura, persecución, abuso en sus países de origen o durante el transito
migratorio.
* Pérdida de familia y del sentido de comunidad (redes primarias) ante
desplazamientos forzados
* Experiencias de discriminación en el país de acogida, por racismo, xenofobia.
* Incertidumbre e inestabilidad jurídico-administrativa respecto al permiso
de permanencia en el país de acogida.
* Barreras y desafíos en el proceso de integración/inclusión en espacios de
bienestar (desempleo, pobreza)

A modo de resumen, la literatura identifica que los factores asociados a la


La especificación entre los factores de riesgo de la ideación y la conducta suicida
conducta ideación suicida pueden estar más vinculados con el aislamiento
se realiza por cuestiones operativas, con el objetivo de facilitar las estrategias
social, la falta de apoyo, y el estrés emocional prolongado. Por su parte,
de prevención efectivas y específicas para esta población. Si bien, la detección
aquellos, que correlacionan más con la conducta suicida en población
temprana y la intervención rápida en casos de alto riesgo constituyen una
refugiada son las experiencias traumáticas y desafíos propios del proceso de
premisa indispensable, estas acciones deben acompañarse de un abordaje
integración/inclusión en el país de acogida. Sin embargo, en ningún caso son
integral, sensible a las diferencias culturales y multidisciplinario, que
excluyentes, sino factores acumulativos, por lo que pueden verse reflejadas
involucre a profesionales de la salud mental, trabajadores sociales, especialistas
en ambas manifestaciones.
en el ámbito jurídico y a la propia comunidad de acogida.

42 43
En ese sentido, realizamos un conjunto de recomendaciones que pueden
contribuirse como importantes factores de protección para la prevención
del riesgo de suicidio de personas refugiadas, solicitantes de asilo y protección
internacional:

* Acceso a la atención psicológica especializada: Disponer de acceso


a servicios de salud mental culturalmente sensibles y adecuados es
fundamental para brindar apoyo emocional y tratamiento a las personas
migrantes y solicitantes de asilo. Estos servicios pueden incluir evaluación
y atención psicológica, terapia y grupos de apoyo para elaboración y
resignificación de experiencias traumáticas y reducción de síntomas como
ansiedad o depresión asociadas con la exposición a situaciones de violencia
y pérdidas significativas.
* Acompañamiento para el (re)establecimiento de redes de apoyo: Puede
realizarse desde la comunidad de origen, la comunidad de acogida o grupos
de pares, con impactos significativo en la salud mental y el bienestar de las
personas refugiadas. El sentimiento de pertenencia, el apoyo emocional y
la conexión social son factores protectores frente al suicidio.
* Servicios, programas para favorecer la inclusión y el empoderamiento para
enfrentar los desafíos y dificultades asociadas con la experiencia migratoria
(programas de empleo, vivienda, servicios sociales). Se deben incorporar
espacios que faciliten la participación en la comunidad de acogida.
* Programas para el acompañamiento jurídico-legal durante el proceso de
solicitud de asilo, para reducir la ansiedad y la incertidumbre, propias del
proceso. Este recurso incluye garantizar el acceso a un proceso de asilo justo
y equitativo, así como la protección contra la discriminación y la violencia.
Las estadísticas sobre suicidio, tanto en España como en el mundo, ratifican los hombres aprenden y ejercen, no solo (aunque mayoritariamente) se efectúa
que esta problemática afecta de manera diferenciada a las mujeres y a los contra las mujeres (Fundación CEPAIM, 2015). Kauffman (1997), ha definido la
hombres. Las investigaciones demuestran que para la población masculina triada de la violencia de los hombres como: violencia de los hombres contra las
el suicidio consumado es de tres a cuatro veces más que en la femenina; mujeres; violencia de los hombres contra otros hombres; violencia de un hombre
mientras que los intentos en las mujeres triplican a los de los hombres (Simon, contra sí mismo. Esto último, explicaría comportamientos autodestructivos
2008). asociados a las adicciones, el descuido de la salud y el suicidio (a través del uso
de métodos más violentos y letales).
Como hemos mencionado a este fenómeno se le ha denominado como
paradoja de género que, aunque con variaciones culturales y contextuales, No todos los hombres reaccionan igual ante los patrones de la masculinidad
también se refleja en los métodos empleados para acometer el acto. Por tradicional. Sin embargo, la rigidez que caracteriza a este modelo a nivel social
lo general, las mujeres emplean con mayor frecuencia el envenenamiento conlleva una mayor presión para su adhesión. La opresión experimentada por
y el consumo de medicamentos. Los hombres, por su parte, hacen uso de hombres que asumen patrones de género no hegemónicos también es un
métodos más letales, como son el ahorcamiento, los objetos punzantes y la factor de riesgo descrito en la literatura (Millán et al., 2014).
defenestración (Barroso, 2019).

Para comprender este comportamiento, desarrollar estrategias de intervención


efectivas y adecuadas, resulta necesario incorporar la perspectiva de género
y su influencia sobre el fenómeno de suicidio. De acuerdo con la OMS (2018),
el género es uno de los determinantes sociales de la salud, asociado con la
apropiación cultural de normas, expectativas y funciones socialmente asignados
que aumentan las tasas de exposición y la vulnerabilidad frente los riesgos
a la salud. A esto, le sumamos otros factores intrínsecos a las desigualades
de género que amenazan la integridad física y mental de las personas, en
especial de las mujeres.

Sin embargo, las evidencias que confirman que los hombres constituyen un
grupo especialmente vulnerable a la acumulación de factores de riesgo que
pueden precipitar el suicidio. Un argumento explicativo ha sido los mandatos
culturales asignados a la masculinidad hegemónica, determinada por un
conjunto de cualidades, sentimientos, actitudes y roles que conforman una
apropiación subjetiva basada en la fuerza, el control emocional, la racionalidad
y la valentía (Rosado et al, 2014). No obstante, a lo anterior, el suicidio no es un fenómeno privativo de los
hombres. Si únicamente se asume la cifra de suicidios consumados, quedaría
La construcción social inherente a la identidad masculina puede contribuir invisibilizado como un problema que también afecta a las mujeres, con
a la configuración de estrategias de afrontamientos que cuartan la expresión altísimos niveles de intensidad. El pensamiento y el intento suicida no letal
del dolor, limitan la búsqueda de ayuda, predisponen el riesgo a un mayor de están ampliamente más presentes en la población femenina.
consumo de sustancias (drogas y alcohol). De acuerdo con Rosado et, al. (2014),
la vulnerabilidad es un tema tabú para la masculinidad, lo que tiene un coste Barroso (2019), realizó una sistematización de investigaciones sobre suicidio
considerable para los hombres a nivel individual. y género e identificó que, como tendencia, el suicidio femenino (ideación,
tentativa, consumación) constituye una salida al sufrimiento ocasionado por
Así mismo, deberían considerarse otros factores de riesgo como la imposibilidad experiencias de abuso sexual, violencia de género; estrés ocasionado por la
de cumplir con el rol tradicional de proveedores; o bien, el ejercicio de la doble jornada laboral y el poco tiempo libre, así como dependencia económica
violencia como una cualidad asignada socioculturalmente. La violencia que hacia el hombre.

46 47
En ese sentido, en la literatura revisada se reconoce a la violencia de género, Dentro de las manifestaciones de alteraciones emocionales más frecuentes,
como una de las causas de mayor correlación con el suicidio femenino, los estudios apuntan hacia la ansiedad generalizada, depresión, estrés
aumentando el riesgo de ideación o de intento, según la intensidad de la postraumático. El consumo abusivo de sustancias (alcohol y/o droga), suele
violencia sufrida. La Confederación de Salud Mental (2018), señala que la ser un mecanismo de afrontamiento que agrava la intensidad del riesgo de
violencia de género es un factor precipitante del suicidio y podría ser la causa suicidio. Por su parte, durante la exposición a ciclos de violencia recurrentes
del 25% de los intentos de suicidio de las mujeres en España. y recursivos, confluyen dinámicas acumulativas que pueden predisponer el
riesgo: miedo constante y prolongado, indefensión aprendida, baja autoestima,
Un informe emitido por el Ministerio de Igualdad (2022), ha registrado que hasta así como sentimientos de desamparo, que se exacerban con el consecuente
un 18,5% de las mujeres que han sufrido violencia en la pareja y un 25,5% aislamiento social que a menuda acompaña a la violencia de género.
de aquellas que han sido víctimas de violencia física o sexual, han tenido
pensamientos de suicidio en algún momento de su vida; frente al 4,7% de las Así mismo, la falta de acceso a servicios de apoyo adecuados, las
mujeres residentes en España de 16 o más años que no han sufrido violencia en preocupaciones legales y económicas que en muchos casos devienen de la
la pareja. Señalan, además, que el porcentaje pensamiento suicida asciende al dependencia financiera hacia el abusador, pueden intensificar la desesperación
27,7% entre las mujeres que han sufrido algún tipo de violencia sexual fuera y aumentar la vulnerabilidad al suicidio.
de la pareja y alcanza al 38,2% en las que han sido violadas en algún momento
de sus vidas. Un grupo particularmente susceptible al riesgo de suicidio son las mujeres
víctimas de trata. A través de la experiencia de Diaconía España en el trabajo
El impacto emocional de estas circunstancias trae aparejado vivencias con este grupo, hemos identificado que la alta exposición a situaciones de
asociadas al sufrimiento, la desesperanza, la pérdida del control sobre extrema violencia- abusos psicológicos, físicos y sexuales-, aparejado a la
la vida, el quiebre de proyectos futuros y con ello y experiencias subjetivas coerción y amenazas atentan contra su libertad y dignidad, aumentando
desencadenantes de alteraciones emocionales y conductas de riesgo que significativamente el riesgo. En este contexto, es esencial desarrollar estrategias
pueden precipitar el acto suicida. de prevención específicas que se correspondan con las características de este
perfil y al elevado grado de vulnerabilidad que experimentan.

La trata de personas se considera una forma de esclavitud moderna. Es un


fenómeno global que se materializa con la explotación de un ser humano
por otro ser humano a través de la apropiación de su libertad, su trabajo y su
dignidad, legitimando que se compre su vida con dinero.

La trata de personas constituye en la actualidad uno de los principales delitos


que vulneran los Derechos Humanos más elementales, sobre todo, de
aquellos grupos que experimentan especiales situaciones de vulnerabilidad,
por características estructurales de la sociedad (mujeres, menores de edad,
población migrante); así como por aspectos coyunturales (conflictos armados,
desplazamiento forzado, desastres medioambientales, situaciones de crisis
económicas, entre otras causas. En España la trata de seres humanos genera
5 millones de euros al día, e involucra alrededor de 45.000 mujeres y niñas
víctimas, la mayoría en situación de explotación sexual.3

Existen diferentes formas de trata, dentro de las que se destacan, la trata con
fines de explotación laboral, explotación de la mendicidad, otras actividades
3
La explotación sexual mueve cinco millones de euros al día en España: https://elpais.com/sociedad/2013/04/17/
actualidad/1366213528_675806.html

48 49
ilícitas o con fines de explotación sexual. Ésta última constituye, según datos indefensión que se traducen en una identidad secuestrada y daños graves sobre
de la ONU, el 79% de los casos de trata de seres humanos (TSH), de los cuales la autoestima. La soledad y desamparo desencadenantes de estas situaciones
entre un 80% y un 90% son mujeres y niñas. se exacerban ante el aislamiento y la desconexión de las redes sociales y
familiares previas, coartando así las posibilidades de encontrar vías de escape
La trata de seres humanos y la explotación sexual tienen rostro de mujer. o salida ante la situación de violencia vivida.
Por lo general, se describe un perfil joven, migrante, con cargas familiares y Como factor de riesgo adicional, debemos mencionar el progresivo deterioro
económicas.4 Entre las causas asociadas podemos encontrar el patriarcado, físico que experimenta como consecuencia de la deficiente alimentación, el
las relaciones de dominación, la feminización de la pobreza y los roles de trabajo excesivo y las condiciones de insalubridad en las que viven. Todo lo
género que perpetúan el control y el poder que los hombres ejercen sobre las anterior, se ve agudizado por el abuso físico y sexual al que permanentemente
mujeres. se encuentran expuestas (Echeburúa, De Corral, y Amor, 2002).

El fenómeno de la trata de personas, en sí mismo, representa un factor de Otros estudios han identificado la elevada incidencia de historias de
riesgo significativo de suicidio. Una investigación realizada por Zimmerman violencias desde edades tempranas en el seno de la familia de origen o mano
(2009), refiere que cerca de las dos quintas partes de las mujeres que han sido de terceras personas. Estas experiencias vitales, pueden ocasionar lo que se
víctimas de trata informaron haber tenido alguna ideación o intento suicida ha denominado como daño crónico que “incrementa el riesgo de desarrollar
durante y después de haber terminado el cautiverio. En general, se ha constatado trastornos de origen traumático y síntomas más graves y de mayor alcance,
que la tasa de suicidio y de condutas autolesivas es hasta tres veces más alta incluido el consumo de drogas y el intento de suicidio” (Van der Hart, et. el.,
en comparación con las mujeres que solo ejercen la prostitución. 2008).

El sufrimiento ante la exposición constante a situaciones atemorizantes, con


pérdida del espacio de seguridad desencadena, con frecuencias, problemáticas
de salud mental, asociadas a crisis de ansiedad aguda, estrés postraumático,
trastornos del sueño, episodios disociativos. El porcentaje de depresiones
se multiplica por 10 en este colectivo con respecto a la media femenina,
condicionando un mayor riesgo a los intentos de suicidio (Díaz, 2014).

En un estudio realizado con 106 mujeres y niñas víctimas de trata en Estados


Unidos (Lederer y Wetzel, 2014) se observó que la depresión (88.7%), la ansiedad
(76.4%), las pesadillas (73,6%), los recuerdos (68,0%), baja autoestima (81,1%) y los
sentimientos de vergüenza y culpa (82,1%) fueron los problemas de salud mental
más reportados. Los peores resultados los arrojaron las mujeres que habían sido
explotadas durante un periodo de 6 o más meses, lo que significa que a mayor
tiempo en la red/explotación, mayor será la presencia de psicopatologías.

Por su parte, las estrategias de manipulación empleadas por las redes de


trata o los tratantes utilizan, conllevan métodos de intimidación, manipulación
emocional, amenazas, cosificación. El fin de estas estrategias es lograr la
dominación, el control de sus cuerpos y la consecuente sumisión. Esto tiene
un impacto a nivel psíquico y físico, generando profundos sentimiento de

4
Actualmente, en España, el perfil más común de las víctimas de trata con fines de explotación sexual que se han
identificado es el de mujeres y niñas extranjeras (un estimado 80/90%) de entre 15 y 34 años que vienen de Rumanía,
China y Nigeria. En muchos casos, tienen cargas familiares y arriban al país con el objetivo de acumular ingresos y
buscar una mejor vida para sí mismas y para sus familias en el país de origen.

50 51
Como se puede interpretar, los factores de riesgo de suicidio asociados a la trata * Restablecimiento de redes de apoyo: A través del acompañamiento para
y explotación sexual, deben tomarse en consideración en cualquier recurso el restablecimiento y consolidación del apoyo social, se contribuye a reducir
de atención disponible para esta población. El riesgo de que ocurran estas este malestar psicológico, disminuyendo la posibilidad de desarrollar
conductas en los centros de atención es estadísticamente alto y requiere ideación suicida (Kleiman y Liu, 2013). En este sentido, los grupos de apoyo
una adecuada valoración, intervención y vigilancia, para evitar que se lleven a que se llevan a cabo a través de los talleres e intervenciones grupales en
cabo estas conductas autodestructivas durante el proceso de reincorporación los recursos de supervivientes de víctima de trata ayudan a las mujeres
a la nueva vida (Burnette et al., 2008; Saewyc, MacKay, Anderson, y Drozda, a crear lazos de unión entre ellas. Dentro de estos recursos, también
2008). resulta esencial fomentar la conexión de las mujeres dentro de espacios,
comunidades y redes sociales seguras. Esto permitirá reducir el aislamiento
Desde esta perspectiva, un recurso clave para la prevención del suicidio en y las relaciones saludables con el entorno.
mujeres víctimas de trata y explotación sexual es reducir al máximo posible
los factores de riesgo, así como reconocer y fortalecer los factores de protección, * Acompañamiento psicológico: Gran parte de los recursos que atienen a
tales como los que a continuación reseñamos. supervivientes de trata de seres humanos tienen como referente el apoyo
psicológico y el desarrollo de herramientas para la gestión de conflictos
internos. De manera transversal, dentro de estos procesos se recomienda
abordar estrategias terapéuticas para la recuperación del daño y
resignificación de la experiencia vivida.
* Restablecimiento de relaciones significativas: La cohesión y la
adaptabilidad familiar son dos factores que disminuyen el riesgo de que
un miembro de la familia realice conductas suicidas (Compton, Thompson
y Kaslow, 2005). En este sentido, el fomento de la reagrupación familiar y
el traslado en algunos casos de supervivientes de trata a su país de origen
fomenta esta cohesión y reduce sensiblemente el riesgo.
* Proporcionar espacios seguros y estables: Garantizar a través de recursos
de acogida un entorno seguro es fundamental para que las mujeres
se sientan protegidas. Esta actuación puede ser un punto de partida
indispensable para iniciar itinerarios que favorezcan la reconstitución
de proyectos de vida. El tercer sector asume un papel clave para el
fortalecimiento de este factor de protección, a través de los recursos de
acogida específicos para este grupo social.
* Apoyo legal: Ofrecer acompañamiento legal para la defensa de los derechos
de las víctimas constituye un elemento fundamental, no solo en términos
jurídicos. A nivel psicológico, puede facilitar la elaboración del trauma, el
sentido de justicia y de cierre, claves para la recuperación emocional.

52 53
Otro de los colectivos, quizás más amplio a diferencia de los anteriores, es de
las personas en riesgo de exclusión social. De hecho, no podemos obviar que
esta cuestión es transversal e interseccional en los colectivos anteriores por lo
que, en este apartado, acotaremos dicho fenómeno a los elementos que desde
Diaconía España consideramos como más relevantes en nuestra sociedad
dentro de la exclusión.

Abordaremos de esta forma la exclusión social desde sus elementos y


componentes y no como una problemática global. Para destacar los elementos
que consideramos centrales en la exclusión, primero cabe definirla.

Entendemos la exclusión social como “la etapa final de un itinerario


exclusógeno en el que inciden procesos subyacentes bastante complejos,
de los que nadie puede quedar totalmente prevenido en una sociedad de
riesgo” (Tezanos, 1999). Dicho itinerario podemos establecerlo en tres zonas
diferencias (Castel, 2004): Integración, vulnerabilidad y exclusión.

Bajo este entendido, desde Diaconía España hemos realizado una labor de
intervención con las personas en riesgo de exclusión social desde su fundación
y la experiencia nos ha permitido identificar algunos de los elementos que
nos hacen poner el foco en estas personas cuando hablamos de prevención
del suicidio. Y es que cuando se trata de prevención, hay que tener en cuenta
la exclusión social guarda una gran similitud con el suicidio: ambos son un
proceso.

En materia de prevención del suicidio hay que entender que la exclusión


social pasa por ser un proceso por el cual a las personas se les imposibilita
sistemáticamente el acceso a posiciones que permiten la autonomía, siempre
dentro de unos niveles sociales determinados y unos valores ligados al contexto
(Castells, 2001). Y en este proceso tan complejo se pueden producir estresores
que podemos categorizar como factores acumulativos (OMS, 2004). Es decir,
factores sumativos que en este itinerario se presentan y que pueden, junto
con otros factores, llegar a ser precipitantes. Esto es sumamente importante,
pues no podemos olvidar que la exclusión social también se concibe como la
dificultad/imposibilidad de acceso a mecanismos de desarrollo personal y socio-
comunitarios, así como a los sistemas de protección social (Subirats, 2004).

En línea con esto anterior, tal y como afirma Paula Valverde (2022), la exclusión
social extrema o severa atenta gravemente contra la salud mental de la
persona hasta el punto de sentirse totalmente rota, intrascendente, o de
considerarse una carga para las personas con las que guarde un contacto (por
mínimo que sea), entre los que se incluyen no solo al medio inmediato (familia
o amigos), sino a personas como pueden ser profesionales del tercer sector,
familiares lejanos o vecinos.

54 55
La relación entre el suicidio y la exclusión social no tiene un largo recorrido en Al respecto, aportamos la definición de “trauma psicosocial”, acuñado por Martín
la producción de conocimiento científico. Sin embargo, existe un acumulado Baró (2003), para ilustrar que los efectos de la violencia institucionalizada (física
de estudios que arrojan evidencias sobre la influencia, más o menos directa, o en el caso que nos ocupa, simbólica), durante un período prologando, acentúa
de las condiciones estructurales que reproducen desigualdades, pobreza y comportamientos autodestructivos abiertos o encubiertos, como pudiera ser
exclusión sobre el riesgo de suicidio. el suicidio. El mismo autor conceptualiza la desesperanza aprendida como
un término asociado al fatalismo existencial ante condiciones de precariedad
En situaciones de precariedad material sostenida, las personas se encuentran económica, opresión y privación de derechos. Cuando un grupo humano
limitadas para la satisfacción de sus necesidades básicas, para ejercer es sometido a diferentes formas de violencia, discriminación y exclusión,
libremente sus derechos y aprovechar las oportunidades del entorno en aprende a no esperar nada de la vida. La resignación pasiva puede ser una
condiciones de bienestar. peligrosa respuesta de alto riesgo para la salud mental.

A estas dinámicas de elevadísima complejidad se añaden representaciones Otros autores, hacen referencia a la “pobreza inesperada”, como un factor de
que se manifiestan en las relaciones sociales en forma de rechazo y riesgo de suicidio: pérdida imprevisible del empleo, fracaso laboral, pobreza
estigmatizaciones por la condición económica. Las personas en situación en la vejez (Carbonell, 2007). La pérdida de estatus, la movilidad económica
o riesgo de exclusión a menudo enfrentan discriminación por aporofobia; y social descendente, se encuentran estrechamente relacionados con la
violencia social e institucional que perpetúan la marginación y el aislamiento. identidad y la autoestima. En estos casos, se pueden configurar manifestaciones
psicológicas negativas como la incertidumbre, desesperanza, culpa y
vergüenza. La pérdida de un rol socialmente valorado no solo impacta en
la economía personal y familiar, sino también en la percepción que tiene la
persona de sí misma y de su lugar en la sociedad.

Como otro de los factores acumulativos descritos en la literatura, se hace


referencia a las barreras de acceso a condiciones básicas de bienestar como
son la educación, el empleo, la vivienda y la salud (incluyendo la salud mental).
Sobre esta última dimensión, consideramos pertinente realizar una acotación
particular.

En España se dispone de seis profesionales de la psicología por cada 100


000 habitantes, un 64% menos respecto a otros países europeos. Este déficit,
aparejado a la alta incidencia de problemáticas de salud mental, ha generado un
desbordamiento de los recursos del Sistema Nacional de Salud Pública, que
se traduce en listas de espera de entre 7 y 9 meses para acceder a la atención
psicológica (Informe de Salud Mental, Fundación Mutua Madrileña, 2023).

Este panorama, constituye una de las principales brechas de desigualdad


en el acceso a la atención psicológica especializada. La brecha, se expresa
en posibilidades de acceso a la atención privada de grupos con recursos
económicos que les permite asumir los costos que estos suponen y en barreras
de acceso para los grupos en situación de vulnerabilidad socioeconómica, que
deben enfrentar las largas listas de espera y amplios plazos para recibir un plan
de intervención y tratamiento para la recuperación.

56 57
Son ya varios los estudios que arrojan datos reveladores sobre esta asociación.
Algunos estudios como el de Nordt, Warnke, Seifritz y Kawohl (2015), tras analizar
los datos de 63 países de todo el mundo entre el año 2000 y 2011 muestran
que una de cada cinco personas que se quita la vida lo hace por causas
relacionadas con el desempleo, aunque éste tiene diferente impacto según
el entorno.

En su estudio “Modelling suicide and unemployment: a longitudinal análisis


covering 63 countries, 2000-2011” publicado por The Lancet Psychiatry, se
detecta que en los países donde el desempleo no es frecuente, un aumento de
éste tiene un efecto más pronunciado sobre los índices de suicidio. En términos
porcentuales, el aumento del riesgo relativo asociado al desempleo oscila
entre un 20%-30%.
Ante la inmensa profundidad de este fenómeno, y sin ánimo de ser
reduccionistas frente al mismo, profundizaremos sobre dos factores de riesgo Se estima que hubo 233.000 suicidios al año entre 2000-11, de los cuales
que hoy suponen un obstáculo en la estabilidad, desarrollo e inclusión social de alrededor de 45.000 podrían atribuirse al desempleo. En 2007, el año anterior
las personas: el empleo y la vivienda. a la crisis, hubo 41.148 casos identificados de suicidio. En 2009, este número
había aumentado a 46.131, un aumento de 4.983 o 12%. (Cummins, 2015).

Hablamos de empleo y no de vida laboral porque entendemos esta como un


proceso en el cual hay diferentes momentos de tensión, atribuidos a cada etapa
vital (como puede ser la jubilación o prejubilación, la primera inserción laboral,
etc.). Sin embargo, abordamos el empleo como ámbito donde confluyen otros
elementos como la discriminación (por edad, por origen, etc.), la precariedad
laboral y otras formas de exclusión. Es decir, esta exclusión no hace referencia
únicamente a su aspecto más tradicional o simbólico (el desempleo o la falta
de acceso al mercado laboral de determinados colectivos como son los jóvenes,
mujeres, personas con discapacidad, personas migrantes o minorías étnicas),
sino también a un gran abanico de situaciones de precariedad y vulnerabilidad
socioeconómica ligadas al trabajo (Lafuente, Faura, & García, 2019).

En ese sentido, no estamos afirmando que el desempleo o la precariedad


laboral sea un precipitante determinante de la conducta suicida, pero sí que
podemos observar una asociación positiva entre ambos fenómenos, sujetos
también a múltiples factores. Todos estos factores que entran en juego
impiden un consenso empírico para establecer la correlación entre ambos En relación con lo anterior, nos centramos en el desempleo ya que es uno de
fenómenos como determinante, aunque desde luego sí es positiva. Es decir, los factores socioeconómicos más importantes que influyen en el suicidio
se puede identificar una correlación positiva clara entre el desempleo y el (Chungah & Youngtae, 2017). Éste tiene un fuerte impacto que guarda
suicidio en periodos de estabilidad económica, siendo débil la correlación relación, por un lado, con la presión económica de hacer frente a un ingreso
durante periodos de crisis financiera como la recientemente vivida. La relación significativamente reducido (o lo que conocemos como “llegar a final de mes”)
entre ambos fenómenos es compleja ya que puede ser modulada por la edad, y, por otro, con el estatus que proporciona el trabajo sobre el que aún existe
el sexo y el momento del ciclo económico (Iglesias-García, y otros, 2017). una fuerte estigmatización cuando dicho estatus se pierde (Tyler, 2014).

58 59
El estudio recogido en The Lancet destaca que el nivel de suicidios aumenta
en los seis meses previos a los repuntes del desempleo. Según los autores
del estudio, esto puede deberse al estrés, la inestabilidad y la inseguridad
Cuando nos referimos a la exclusión, no podemos obviar la exclusión residencial
que también vive la población activa en un contexto de recortes, recesión y la
y las diferentes problemáticas que giran en torno a la vivienda. Al fin y al cabo,
pérdida de trabajo como consecuencia de estas dos (Nordt, Warnke, Seifritz, &
la vivienda es un espacio donde se construye y consolida la identidad de cada
Kawohl, 2015).
persona y se satisfacen necesidades que inciden en la calidad y condiciones
de vida. Por lo anterior, podemos deducir que la dificultad de acceso a la
Y aunque esto último es suficientemente grave, la preocupación no solo se
vivienda, la infravivienda o las dificultades para su mantenimiento, pueden
limita al desempleo, sino también al entorno de trabajo y el estrés que se
repercutir gravemente en la salud física y mental de las personas. Tal y como
puede llegar a padecer. La precariedad salarial, el exceso de horas de trabajo,
afirma la Asociación Provivienda (2019)5, la ausencia de una vivienda digna está
los contratos abusivos y precarios o el acoso laboral cargan a las personas de
estrechamente relacionada con la mala salud.
fuertes presiones que nos hacen poner el foco en el ámbito laboral en materia
de prevención del suicidio. Estos elementos pueden incidir gravemente en el
Aunque la problemática en torno a la vivienda es más amplia, en esta guía
estado de salud mental de las personas, repercutiendo en última instancia en
queremos incidir en cuatro ejes concretos: sinhogarismo, inestabilidad
la tasa de suicidio, por lo que no podemos subestimar los efectos perjudiciales
residencial, infravivienda y el acceso a la vivienda (mercado del alquiler).
de la precarización del empleo (Chungah & Youngtae, 2017).
En referencia con el sinhogarismo, algunos estudios han abordado este
Esto se agudiza en las zonas de grandes privaciones socioeconómicas. Tal y
fenómeno en relación con el suicidio. Sin embargo, cabe destacar que sobre
como afirma Joe Ferns, director ejecutivo de política, investigación y desarrollo
esta cuestión existe una escasísima producción científica. Y es que, si al inicio
de los samaritanos, “el suicidio es una desigualdad que afecta a las personas en
del epígrafe hacíamos alusión a los factores acumulativos como constituyente
las zonas de mayor privación, procedentes de los sectores más desfavorecidos”.
del riesgo de conducta suicida, debemos de asumir que quienes mayores
factores de riesgo acumulan en la población general son las personas sin
Por todo lo anterior, es necesario reivindicar políticas de protección en el
hogar, ya que presentan tasas sumamente superiores a la de la población
ámbito laboral, ya que los datos sobre previos muestran que el impacto del
general en problemas de salud mental y enfermedades crónicas, además de
desempleo en el suicidio desciende considerablemente ante la presencia
la grave situación de exclusión social que aumenta la precariedad bio-psico-
y aplicación de medidas de protección laboral que, ante el aumento del
social (Calvo-García , Giralt Vázquez, Calvet Roura, & Carbonells Sánchez, 2016);
desempleo, proveen de medidas sanitarias y sociales para mitigar el incremento
(Ball, Cobb-Richardson, Connolly, Bujosa, & O’Neal, 2005); (Toro, Tricckett, Wall,
de suicidios (Iglesias-García, y otros, 2017).
& Salem, 1991) (Moreno-Márques, 2009).

5
Provivienda (2019). “Cuando la casa nos enferma II: impactos en el bienestar social y emocional”. Disponible en:
https://www.provivienda.org/wp-content/uploads/Informe-Cuando-la-casa-nos-enferma-II.pdf

60 61
El estudio realizado en España por Calvo-García, et. al, (2016) reflejó que el 24,7% Por último, en referencia con el acceso a la vivienda, cabe señalar los recientes
de la muestra consultada (38 de 154 personas sin hogar) para su estudio estudios que han sido publicados donde se señala la correlación entre los
manifestaron haber intentado suicidarse en alguna ocasión. Otro estudio precios de la vivienda y los alquileres y el empeoramiento de la salud y el
realizado sobre otra muestra sostuvo que el dato ascendía a 31% mientras el incremento de la tasa de suicidios.
38,3% refirieron ideación suicida en el último año (Asociación Provivienda,
2018). La investigación de Gum-Ryeong, Grignon, Young y Dunn (2022)6, recaba los
datos de 27 de la OCDE (entre los que se encuentra España) durante los años
A pesar de lo preocupante de estos datos, no se puede establecer relación 2000-2017. Estos señalan que, en los años siguientes a la crisis de 2008, “el
entre el tiempo en situación de calle y el riesgo de suicidio, al menos a través aumento del precio de la vivienda está asociado significativamente con la
de ninguno de los instrumentos empleado en dicho estudio. Lo que sí podemos mortalidad evitable, tratable y los suicidios” (Gum-Ryeong , Grignon, Young, &
determinar es que las personas sin hogar tienen un elevado riesgo de suicidio Dunn, 2022). Y es que, como hemos visto en los apartados anteriores, el acceso
por los diferentes factores acumulativos antes mencionados. Sobre esto es y el mantenimiento de la vivienda digna inciden en la salud de la población.
urgente ejecutar “intervenciones preventivas específicas comunitarias para Debido a la importancia de este asunto, los investigadores proponen tres ejes
facilitar y adaptar tanto la detección del riesgo de suicidio como el acceso a para mitigar esta relación: que los países tengan un parque de vivienda social
los servicios de salud mental” de estas personas (Calvo-García, Giralt Vázquez, suficiente, por encima del 10% del total (en España es del 1,1%); que cuenten
Calvet Roura, & Carbonells Sánchez, 2016). con regulaciones que controlen el precio de los alquileres; o que inviertan
en gasto social, principalmente en pensiones y prestaciones por desempleo
En cuanto a la inestabilidad residencial, podemos afirmar que ésta tiene (Gum-Ryeong , Grignon, Young, & Dunn, 2022).
también un impacto en la salud de las personas. Según Asociación Provivienda
(2019), la precariedad residencial de la población se materializa en gran parte en Este mismo estudio demuestra que “el gasto social en pensiones y prestaciones
la inestabilidad residencial. Esta inestabilidad aumenta su prevalencia según por desempleo se asocia significativamente con tasas de mortalidad más bajas”
el grado de malestar psicológico de las personas más vulnerables: (Gum-Ryeong , Grignon, Young, & Dunn, 2022). Es decir: el gasto social protege
a los hogares en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión, mitigando
así parte de los efectos que provoca en la salud el precio de la vivienda.
* Siete de cada diez personas con malestar grave (70,6%) consideran su
vivienda como temporal (+40,2 p.p. que los que tienen bienestar psicológico Tal y como afirma Pedro Gullón, médico especialista en medicina preventiva y
/ emocional). Más de la mitad de los que tienen malestar grave han tenido salud pública: “aquellos países con un mayor coste de vivienda por renta tienen
que abandonar su vivienda de forma involuntaria (+30,2 p.p.), siete de cada mayor mortalidad, suicidios y mortalidad prematura. Sin embargo, el gasto
diez han buscado activamente vivienda en los últimos 12 meses e incluso social de los países y las medidas de control de la vivienda conseguían atenuar
lo siguen haciendo en la actualidad (+42,1 y +47,2 p.p. respectivamente) esta asociación” (Noriega, 2022).
(Asociación Provivienda, 2019).
Al igual que con el empleo, queremos incidir en que las problemáticas en
En materia de infravivienda, o de condiciones de la vivienda, también es torno a la vivienda que aquejan a la población en general, y a la más vulnerable
necesario detenerse cuando hablamos de la vivienda y prevención del suicidio, en particular, son factores riesgo acumulativos que, en dependencia de otros
ya que la proporción de viviendas en mal estado aumenta entre las personas múltiples factores, pueden convertirse en precipitantes de la conducta suicida.
con malestar emocional y psicológico grave (29,1%) (Asociación Provivienda,
2019). Este comportamiento podemos observarlo también en la población
vulnerable que vive en condiciones de hacinamiento (56,7%).

6
Gum-Ryeong , Grignon, Young, & Dunn (2022). How do housing asset and income relate to mortality? A population-
based cohort study of 881220 older adults in Canada. Journal of Epidemiology & Community Health.

62 63
65
culturales aprendidas sobre este fenómeno, que son base constituyente
de los mitos sobre el suicidio para, así, poder ampararnos en realidades
basadas en la evidencia. Los mitos sobre el suicidio extendidos socialmente
Poder contribuir a la prevención del suicidio requiere de pautas que nos constituyen una información errónea que sustentan la “anti-prevención”
ayuden a identificar las distintas situaciones con las que nos podemos del suicidio y/o conductas suicidas.
encontrar y sus diferentes abordajes de estrategias en función del nivel de
prevención adecuado. * Campañas de sensibilización: Sensibilizar a la población en general ya
sea mediante campañas propiamente de sensibilización del suicidio o la
Para ello, se describen distintas estrategias de prevención del suicidio difusión de información veraz sobre este fenómeno a nivel individual
enmarcadas en los distintos niveles de prevención: primaria, secundaria y contribuirá a romper la brecha de conocimiento existente en la sociedad
terciaria. sobre el fenómeno del suicido, lo que ayudará a comprender en qué consiste
el fenómeno del suicidio y que cualquier persona puede ser susceptible de
padecerlo. Hablar con naturalidad y difundir información veraz sobre el
suicidio favorecería la ruptura del estigma y que el tema deje de ser un tabú,
lo cual favorecería la sensación de “autorización social” para que las personas
con pensamientos/ideación/intención autolítica puedan pedir ayuda.
Dentro de la prevención primaria se contemplan todas las acciones de
sensibilización, informativas y formativas ante el fenómeno suicida, que * Formación específica: Incluye todas las acciones formativas específicas
incluyen comprender el fenómeno suicida desde una visión realista y científica destinadas a la prevención y/o intervención ante pensamientos, ideación e
y no desde los mitos extendidos social y culturalmente. Nuestra sociedad está intención suicida que posibilitan adquirir herramientas y estrategias básicas
inundada de numerosas creencias erróneas acerca de la conducta suicida encaminadas al reconocimiento/ detección de señales que podrían indicar
en las que se cae con relativa facilidad. Estos mitos no solo no ayudan a la riesgo o intención autolítica, y cómo proceder/intervenir de manera eficaz
prevención de la conducta suicida, sino que la entorpecen, por lo que para poder ante la diversidad de casos que se nos pueden presentar.
afrontar de manera eficaz este grave problema deben ser eliminados. Así, la * Promoción de los factores de protección: La promoción de la salud mental
ruptura de estos mitos generalizados en la sociedad contribuirá a una mejor y el fortalecimiento de la resiliencia a través del impulso de los factores
comprensión sobre el fenómeno suicida, lo que permitirá una prevención ante protectores como son el apoyo social y la implementación de actividades
el suicidio más eficaz al identificar posibles señales indicadoras de ideación o que contribuyan al bienestar, el autocuidado y la calidad de vida de las
intención autolítica que van a favorecer una posterior intervención preventiva personas donde se contemplen sus fortalezas para enfrentar dinámicas y
adecuada. situaciones de la vida potencialmente estresantes.
Asimismo, favorecerá a la ruptura del estigma sobre el suicidio contribuyendo * Barreras arquitectónicas y ambientales: En la medida de lo posible, se
a “normalizar” su visibilidad y abordaje preventivo. Por tanto, es primordial mantendrá una higiene estructural en el dispositivo, identificando puntos
atender de manera general a este nivel primario de prevención, ya que son negros, como ventanas en pisos altos o huecos de escaleras, cerrojos, a fin
la piedra angular para llevar a cabo posteriores intervenciones preventivas de establecer barreras arquitectónicas. Del mismo modo, se llevará a cabo
eficaces desde los niveles secundarios y terciarios. Adquirir este nivel de una vigilancia del acopio de fármacos, así como el acceso a los productos
prevención ante las conductas suicidas es importante en la población general, de limpieza o pesticidas potencialmente tóxicos.
pero cobra especial relevancia su adquisición en los profesionales que están
en contacto con personas en potencial riesgo de suicidio como, por ejemplo, Específicamente, en el caso de los/las profesionales del Tercer Sector que
los profesionales del Tercer Sector. Las principales estrategias de prevención trabajan con colectivos vulnerables, es muy útil adquirir información sobre las
primaria frente a conductas suicidas son: peculiaridades de distintas culturas en relación con el fenómeno suicida. Así
como, contemplar que los acontecimientos vitales estresantes que atraviesan
las personas de distintos colectivos vulnerables con los que se trabaja pueden
* Información veraz: Las medidas de prevención primaria pasan por disponer ser factores de riesgo que los haga susceptibles de presentar una mayor
de información veraz respecto al suicidio y las conductas inherentes a este probabilidad de transitar una experiencia suicida, aunque pertenecer a estos
fenómeno. Esto implica la necesidad de revisar las creencias sociales y colectivos no signifique necesariamente que estén en riesgo de suicidio.

66 67
En el caso de los recursos de acogida, se ha de tener un especial cuidado en
la restricción de acceso a artículos potencialmente letales manteniendo una
especial higiene arquitectónica, que constituya del entorno un lugar seguro.
Dentro de la prevención secundaria se incluyen todas las estrategias o
Todas estas acciones de prevención primaria contribuirán a la prevención acciones dirigidas a la detección e intervención de personas potencialmente
del suicidio mediante la facilitación de: en riesgo de suicidio. Es decir, cuando se observan conjuntamente elevados
factores de riesgo y bajos factores protectores. Ahora bien, presentar factores
de riesgo no significa que la persona tenga la idea o la intención de suicidarse,
* Romper el estigma sobre el suicidio. al igual que presentar factores protectores no significa que la persona no lo
* Visibilizar el fenómeno del suicido y que deje se ser un tabú. pueda hacer. Adicionalmente a la valoración conjunta de factores de riesgo y
de protección, se debe de tener en cuenta la capacidad de resiliencia ante las
* Deshacer los mitos sobre el suicido, que contribuirá a una visión más realista adversidades que puede tener la persona.
y científica sobre este fenómeno.
Esta primera criba nos proporcionará información para determinar si es
* Aprender a identificar señales que indican ideación o intención autolítica.
preciso seguir indagando un poco más mediante preguntas directas, aunque
* Conocer los factores de vulnerabilidad que indican mayor riesgo de no invasivas, sobre su situación vital, estado de ánimo actual e historia de vida.
conductas suicidas.
Como señalábamos anteriormente, y como parte de la prevención secundaria,
* Conocer los factores protectores frente a las conductas suicidas. dentro del trabajo que se lleva a cabo con personas vulnerables, una de
* Mejorar los conocimientos y las habilidades entre el personal profesional las principales actuaciones preventivas, siempre que sea posible, es una
del Tercer Sector, entre otros colectivos, sobre el manejo y procedimiento evaluación psicológica, en la que es altamente recomendable explorar el riesgo
ante las conductas suicidas. suicida, a fin de poder detectar a tiempo, valorar el nivel de riesgo y, por lo tanto,
adelantarnos y prevenir.
* Eliminar variables iatrogénicas en la prevención/intervención/manejo de la
conducta suicida. Tras esta primera valoración, se observará si en la persona se producen otro
tipo de señales (verbales y no verbales), que nos servirán de guía para seguir
* Promocionar activamente la Salud Mental.
indagando directa y abiertamente con la persona sus posibles ideas o intención
de quitarse la vida.

Conocer y detectar estas señales de riesgo son relevantes para poder aplicar
pautas de prevención desde el entorno más cercano. Además, estas señales
de alerta podrían ser una petición de ayuda y proporcionan una oportunidad
para intervenir rápidamente y prevenir que la persona se suicide.

A continuación, se desarrollan las señales, mediante manifestaciones verbales


y no verbales, que pueden indicar potencial riesgo de ideación o intención
suicida y las estrategias de intervención preventivas.

68 69
70 71
(ANEXO 1)

72 73
74 75
77
78
80 81
82 83
Achotegui, J. (2008). Duelo migratorio extremo: el síndrome del inmigrante con estrés
crónico y múltiple (Síndrome de Ulises). Psicopatología y Salud Mental, 11, 15-25.

Achotegui, J. (2004). Duelo migratorio extremo: el síndrome del inmigrante con estrés
crónico y otros síndromes relacionados con la movilidad. En J. Achotegui (Comp.),
Diálogo sobre el Síndrome de Ulises. Congreso “Movimientos humanos y migración”,
Foro Mundial de las Culturas, Barcelona.

Agencia para el empleo, Ayuntamiento de Madrid, (2022). Sistematización y recuperación


de Buenas Prácticas para el apoyo al empleo de personas migrantes. Disponible en: https://
www.madrid.es/UnidadesDescentralizadas/AgenciaParaElEmpleo/Noticias%20y%20
publicaciones/ProyectosEuropeos/Connection/buenas_pr%C3%A1cticas_apoyo_
migrantes.pdf

Asociación Provivienda . (2018). Cuando la casa nos enferma. La vivienda como cuestión
de salud pública. Madrid. Obtenido de Provivienda: https://www.provivienda.org/wp-
content/uploads/Informe-Cuando-la-casa-nos-enferma-II.pdf

Asociación Provivienda . (2019). Cuando la casa nos enferma II: impactos en el bienestar
social y emocional. Madrid.

Barroso Martínez, A. A. (2019). Comprender el suicidio desde una perspectiva de género:


Una revisión crítica bibliográfica. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría,
39(135), 51-66. https://dx.doi.org/10.4321/s0211-57352019000100004

Ball, S., Cobb-Richardson, P., Connolly, A., Bujosa, C., & O’Neal, T. (2005). Subtance abuse
and personality disorders in homeless drop-in center clients: symptom severity and
psychotherapy retention in a randomized clinical trial. Comprehensive Psychiatry(46),
371-379.

Blakely, T. A., SCD Collings, & J Atkinson. (2003). Unemployment and suicide. Evidence
for a causal association? J Epidemiol Community Health, 594–600.

Castillo Patton, A. E., y Carretero García, C. (2023). Significados del suicidio en la (pos)
pandemia: Ambivalencias en el discurso público y de actores cívico-mediáticos en
España. RECERCA. Revista De Pensament I Anàlisi, 28(2). https://doi.org/10.6035/
recerca.6819

Canetto, S. S., y Sakinofsky, I. (1998). The gender paradox in suicide. Suicide Life Threat
Behav, 28(1). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9560163/

Calvo-García , F., Giralt Vázquez, C., Calvet Roura, A., & Carbonells Sánchez, X. (2016).
Riesgo de suicidio en población sin hogar. Obtenido de Clínica y Salud: https://www.
elsevier.es/es-revista-clinica-salud-364-pdf-S1130527416300238

Campo-Arias, A., & Herazo, E. (2014). Pobreza, desigualdad y tasa de suicidio en Colombia,
2012. Revista Duazary, 126-130.

85
Campo-Arias, A., & Herazo, E. (2015). Asociación entre desigualdad y tasa de suicidio Gesteira, C, et. al (2019), en su estudio “Tendencias de suicidio por género, métodos de
en Colombia (1994-2013). Obtenido de Revista Colombiana de Psiquiatría: https://www. suicidio y edad en España entre los años 2005 y 2018”. Ponencia V Congreso Nacional
elsevier.es/es-revista-revista-colombiana-psiquiatria-379-articulo-asociacion-entre- de Psicología.
desigualdad-tasa-desuicidio-S0034745014001036#:~:text=Wu%20et%20al.%2C%20-
en%20una,de%20edad%20m%C3%A1s%20j%C3%B3venes31. Goya Morín, D. (2021). Problemática de la vivienda y su impacto en la salud. Obtenido
de Universidad de La Laguna: https://riull.ull.es/xmlui/bitstream/handle/915/24651/
Castel, R. (2004). Encuadre de la exclusión. En S. Karsz et al. La exclusión: bordeando Problematica%20de%20la%20vivienda%20y%20su%20impacto%20en%20la%20salud..
sus fronteras. Definiciones y matices. Barcelona: Editorial Gedisa, SA. pdf;jsessionid=82016340FD47C5B4E8383FB16B4D2109?sequence=1

Castells, M. (2001). La era de la información. El fin de milenio (Vol. 3). Madrid: Alianza Gum-Ryeong , P., Grignon, M., Young, M., & Dunn, J. R. (2022). The association between
Editorial. housing cost burden and avoidable mortality in wealthy countries: cross-national
analysis of social and housing policies, 2000-2017. Journal of Epidemiology & Community
Chungah, K., & Youngtae, C. (2017). Does Unstable Employment Have an Association Health.
with Suicide Rates among the Young? International Journal of Environmental Research
and Public Health(14), 470. doi:10.3390/ijerph14050470 Hollander, A.-C., et al. (2016). Refugee migration and risk of schizophrenia and other
non-affective psychoses: Cohort study of 1.3 million people in Sweden. BMJ, 2016, 1-87.
Cummins, I. (2015). The link between unemployment and suicide. Obtenido de World
Economic Forum: https://www.weforum.org/agenda/2015/02/the-link-between- Iglesias-García, C., Sáiz, P., Burón, P., Sánchez-Lasheras, F., Jiménez-Treviño, L., Fernández-
unemployment-and-suicide/ Artamendi, S., . . . Bobes, J. (2017). Suicidio,desempleoyrecesióneconómicaenEspa ̃na.
Revista de Psiquiatría y Salud Mental(10), 70-77.
Cohen, J. (2008). Safe in our hands?: A study of suicide and self-harm in asylum seekers.
Journal of Forensic and Legal Medicine, 2008, 235-244. Jiron, P., & Despature, I. (2004). Mujeres desplazadas, refugiadas, víctimas de la violencia
organizada. El modelo de intervención de Exil. Disponible en: ttp://www.centroexil.org/
Constanza Cañón, B y Carmona Parra, J. Ideación y conductas suicidas en adolescentes documentos_adjuntos/MUJERES_DESPLAZADAS.pdf
y jóvenes. Rev Pediatr Aten Primaria vol.20 no.80. Disponible en: https://scielo.isciii.es/
scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1139-76322018000400014 Joiner, T. E. (2005). Why people die by suicide. Cambridge: Harvard University Press.

Código Penal. Artículo 3. 23 de noviembre de 1996, (España). Lafuente, M., Faura, U., & García, O. (2019). Employment exclusion in Spain: a territorial
Echeburúa, E., De Corral, P., & Amor, P. J. (2004).Evaluación del daño psicológico en las approach. Applied Economic Analysis, 27(80), 127-149.
víctimas de delitos violentos. Psicopatología Clínica, Legal y Forense, 4, 227-244.
Lederer, L. J., & Wetzel, C. A. (2014). The health consequences of sex trafficking and their
Ferrada-Noli, M. (1996). Post-traumatic stress disorder and suicidal behaviour in implications for identifying victims in healthcare facilities. Annals of Health Law, 23, 61.
immigrants to Sweden. [Tesis doctoral, Karolinska Institutet].
Ley 6/2023, de 22 de marzo, de las personas con problemas de salud mental y sus
FOESSA. (2022). Evolución de la cohesión social y consecuencias de la COVID-19 en familias. 24 de marzo de 2023. BOR Núm 59).
España. Madrid: FUNDACIÓN FOESSA.
Martín Baró, I. (2006). Hacia una Psicología de la Liberación. Psicología Sin Fronteras.
Fundación Cepaim. (2015). A fuego lento: Cocinando ideas para una intervención Revista electrónica de intervención Psicosocial y Psicología Comunitaria, 1(2), 7-14.
grupal con hombres desde una perspectiva de género. Fundación Cepaim. Disponible
en: https://cepaim.org/documentos/publi/Gu%C3%ADa-A-fuego-lento-2018-digital_ Milner A, Page A, & LaMontagne AD. (2003). Long-term unemployment and suicide: a
Comprimido.pdf systematic review and meta-analysis. PLoS One.

Gabanes García, Aaron, “Lo que envuelve al refugiado: Generando desplazamientos Moreno-Márques, G. (2009). Characteristics and profiles of homeless people in Bizkaia.
forzados por medio de violencia”, Estudios Humanísticos, 2014, pp. 185-210. The challenhe of a diversified attention, 37-57.

García Waldman, D. H., & Ortiz Téllez, G. D. (2021). Principales experiencias de refugiados Muñoz Sánchez, S., García Jorge, P., García de Fernando García, S., Portabales Barreiro,
para la formulación de políticas públicas eficientes. Caso Montemorelos, Nuevo León. L., Moreno Fernández, L., Ceverino Domínguez, A., & Polo Usaola, C. (2014). Conducta
Revista IUS, 15(47). https://doi.org/10.35487/rius.v15i47.2021.651. suicida y crisis económica. Norte de salud mental, 36-43.

86 87
Nesterko, Y., et al. (2019). Prevalence of post-traumatic stress disorder, depression Toro, P., Tricckett, E., Wall, D., & Salem, D. (1991). Homelessness in the United States.
and somatisation in recently arrived refugees in Germany: An epidemiological Anecological perspective. American Psychologist, 1208-1218.
study. Epidemiology and Psychiatric Sciences, 29, e40. https://doi.org/10.1017/
S2045796019000325 Tyler, I. (12 de 05 de 2014). From the shock doctrine to the stigma doctrine. Obtenido
de Social Abjection: https://socialabjection.wordpress.com/2014/05/12/from-the-shock-
Nordt, C., Warnke, I., Seifritz, E., & Kawohl, W. (2015). Modelling suicide and unemployment: doctrine-to-the-stigma-doctrine-imogen-tyler/
a longitudinal analysis covering 63 countries, 2000–11. The Lancet Psychiatry, 2, 239-245.
Valverde, P. (2022). Prevenir el suicidio. Una guía para ayudarte a ayudar. Madrid:
Noriega, D. (2022). Un estudio concluye que el aumento del precio de la vivienda Almuzara.
provoca muertes evitables y más suicidios. El Diario. Obtenido de https://www.eldiario.
es/sociedad/estudio-concluye-aumento-precio-vivienda-provoca-muertes-evitables-
suicidios_1_9717202.html

Observatorio del Suicidio en España (2023). Suicidio en España 2023: Datos provisionales.
Disponible en: https://www.fsme.es/observatorio-del-suicidio-2022/

Organización Mundial de la Salud. (2004). Prevención del suicidio. Un imperativo legal.


Ginebra: OMS.

Organización Mundial de la Salud. (2023). Suicidio. Disponible en: https://www.who.int/


es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

Organización Mundial de la Salud (2014) Primer informe de la OMS sobre prevención


del suicidio. Disponible en: Primer informe de la OMS sobre pre-vención del suicidio
(who.int).

Raventós, S. (2017). Suicidios y crisis económica ¿Se puede romper esta relación?
Obtenido de SinPermiso: https://www.sinpermiso.info/textos/suicidios-y-crisis-
economica-se-puede-romper-esta-relacion

Rosado Millán, M. J., et al. (2014). El suicidio masculino: Una cuestión de género. Prisma
Social, (13), 433-491.

Simon, R. I. (2008). Suicide. En R. E. Hales, S. C. Yudofsky, & G. O. Gabbard (Eds.), Textbook


of Psychiatry (pp. 1637-1654). Arlington: American Psychiatric Publishing, Inc.

Salas, J. (17 de Noviembre de 2021). Las ayudas económicas mitigaron las ideas suicidas
en lo peor de la pandemia. El País.

Shneidman, E. S. (2005). Anodyne psychotherapy for suicide: A psychological view of


suicide. Clinical Neuropsychiatry: Journal of Treatment Evaluation, 2(1), 7–12.

Subirats, J. (2004). Pobreza y exclusión social. Un análisis de la realidad española y


europea. Colección Estudios Sociales, nº16.

Tezanos, J. (1999). Tendencias de dualización y exclusión social en las sociedades. Un


marco para el análisis. Madrid: Editorial Sistema.

88 89

También podría gustarte

pFad - Phonifier reborn

Pfad - The Proxy pFad of © 2024 Garber Painting. All rights reserved.

Note: This service is not intended for secure transactions such as banking, social media, email, or purchasing. Use at your own risk. We assume no liability whatsoever for broken pages.


Alternative Proxies:

Alternative Proxy

pFad Proxy

pFad v3 Proxy

pFad v4 Proxy