Plinios Vesubio Pompeyae Imperio Romano

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Los Plinios, el Vesubio, Pompeya y el Imperio


Romano de la segunda mitad del siglo I

Research · August 2015


DOI: 10.13140/RG.2.1.2623.4082

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1 author:

Gerardo J. Soto
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Centro de Postgrados
Maestría Profesional en Humanidades
Trabajo Final de Graduación

Los Plinios, el Vesubio, Pompeya y el


Imperio Romano de la segunda mitad del siglo I

Campos
N
Flegreos
Montes
Roma
Vesubio Apeninos

Neapolis

Herculano
Ischia Miseno Pompeya
40,75º N
Oplontis Nuceria
Estabia

Salerno
Sorrento

Mar Capri
Tirreno

14,00º E 20 km

Gerardo J. Soto

Heredia, Costa Rica


Diciembre del 2014
UNIVERSIDAD LATINA CAMPUS HEREDIA

CENTRO DE POSTGRADOS

MAESTRÍA PROFESIONAL EN HUMANIDADES

TRABAJO FINAL DE GRADUACIÓN

LOS PLINIOS, EL VESUBIO, POMPEYA Y EL


IMPERIO ROMANO DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO I

ELABORADO POR

Gerardo Javier Soto Bonilla

HEREDIA, COSTA RICA

2014
UNIVERSIDAD LATINA CAMPUS HEREDIA
CENTRO DE POSTGRADOS

CARTA DE APROBACIÓN POR PARTE DEL TUTOR


DEL TRABAJO FINAL DE GRADUACIÓN

Heredia, 4 de diciembre del 2014

Señores
Miembros del Comité de Trabajos Finales de Graduación
Universidad Latina

Estimados señores:

He revisado y corregido el Trabajo Final de Graduación, denominado: “LOS


PLINIOS, EL VESUBIO, POMPEYA Y EL IMPERIO ROMANO DE LA SEGUNDA
MITAD DEL SIGLO I”, elaborado por el estudiante: GERARDO JAVIER SOTO
BONILLA, como requisito para que el citado estudiante pueda optar por el grado
académico MASTER PROFESIONAL EN HUMANIDADES.

Considero que dicho trabajo cumple con los requisitos formales y de contenido
exigidos por la Universidad, y por tanto lo recomiendo para su entrega ante el Comité
de Trabajos finales de Graduación.

Suscribe cordialmente,

________________________________

Doctor Marco Antonio Fallas Barrantes

ii
UNIVERSIDAD LATINA CAMPUS HEREDIA
CENTRO DE POSTGRADOS

CARTA DE APROBACION POR PARTE DEL LECTOR


DEL TRABAJO FINAL DE GRADUACIÓN

Heredia, 6 de diciembre del 2014

Señores
Miembros del Comité de Trabajos Finales de Graduación
Universidad Latina

Estimados señores:

He revisado y corregido el Trabajo Final de Graduación, denominado: “LOS


PLINIOS, EL VESUBIO, POMPEYA Y EL IMPERIO ROMANO DE LA SEGUNDA
MITAD DEL SIGLO I”, elaborado por el estudiante: GERARDO JAVIER SOTO
BONILLA, como requisito para que el citado estudiante pueda optar por el grado
académico MASTER PROFESIONAL EN HUMANIDADES.

Considero que dicho trabajo cumple con los requisitos formales y de contenido
exigidos por la Universidad, y por tanto lo recomiendo para su entrega ante el Comité
de Trabajos finales de Graduación.

Suscribe cordialmente,

____________________________

Máster Leoncio Jiménez Morales

iii
UNIVERSIDAD LATINA CAMPUS HEREDIA
CENTRO DE POSTGRADOS

CARTA DE APROBACION POR PARTE DEL FILÓLOGO


DEL TRABAJO FINAL DE GRADUACIÓN

Heredia, 8 de diciembre del 2014

Señores
Miembros del Comité de Trabajos Finales de Graduación
Universidad Latina

Estimados señores:

Leí y corregí el Trabajo Final de Graduación, denominado “LOS PLINIOS, EL


VESUBIO, POMPEYA Y EL IMPERIO ROMANO DE LA SEGUNDA MITAD DEL
SIGLO I”, elaborado por el estudiante: GERARDO JAVIER SOTO BONILLA, como
requisito para que el citado estudiante pueda optar por el grado académico MASTER
PROFESIONAL EN HUMANIDADES.

Corregí el trabajo en aspectos, tales como: construcción de párrafos, vicios del


lenguaje que se trasladan a lo escrito, ortografía, puntuación y otros relacionados con
el campo filológico, y desde ese punto de vista considero que está listo para ser
presentado como Trabajo Final de Graduación; por cuanto cumple con los requisitos
establecidos por la Universidad.

Suscribe de Ustedes cordialmente,

_____________________________
M.Sc. Zaida Solano Soto
Filóloga, carné número 3048-44

iv
DECLARACIÓN JURADA

El suscrito, GERARDO JAVIER SOTO BONILLA con cédula de identidad número

106200316, declaro bajo fe de juramento, conociendo las consecuencias penales

que conlleva el delito de perjurio: Que soy el autor del presente trabajo final de

graduación, modalidad memoria; para optar por el título de MASTER

PROFESIONAL EN HUMANIDADES de la Universidad Latina, campus Heredia, y


que el contenido de dicho trabajo es obra original del suscrito.

Heredia a los nueve días del mes de diciembre del dos mil catorce.

_____________________________

Gerardo Javier Soto Bonilla

v
MANIFESTACIÓN EXONERACIÓN DE RESPONSABILIDAD

El suscrito, GERARDO JAVIER SOTO BONILLA con cédula de identidad número

106200316, exonero de toda responsabilidad a la Universidad Latina, campus

Heredia; así como al Tutor y Lector que han revisado el presente trabajo final de

graduación, para optar por el título de MASTER PROFESIONAL EN

HUMANIDADES de la Universidad Latina, campus Heredia; por las manifestaciones

y/o apreciaciones personales incluidas en el mismo. Asimismo autorizo a la

Universidad Latina, campus Heredia, a disponer de dicho trabajo para uso y fines de
carácter académico, publicitando el mismo en el sitio web; así como en el CRAI.

Heredia a los nueve días del mes de diciembre del dos mil catorce.

_____________________________

Gerardo Javier Soto Bonilla

vi
Dedicatoria

dedicatoria/
a ella sin descuentos
ella desnuda

Haiku 124 de Rincón de haikus, Mario Benedetti

*****

“This was an awe-inspiring volcanic region where tradition told of the


terrible demons of hell who crushed the bones of wrongdoers”

The life of an amorous man, Saikaku Ihara

vii
Agradecimientos

Un trabajo de este tipo suele contener una interminable lista de


agradecimientos, que son justos, en la mayoría de los casos. En honor a la justicia
de los contribuidores, con mi solicitud de perdón para aquellos que puedan ser
omitidos, y en demérito de la prolijidad, seré breve:

 Al Prof. Dr. Marco Antonio Fallas por sus múltiples enseñanzas y útiles
sugerencias a lo largo de la edición de esta memoria.
 Al lector Mag. Leoncio Jiménez, por sus sugerencias y consejos.
 A la filóloga M.Sc. Zaida Solano, por su oportuna y completa revisión
filológica.
 Al compañero Esteban A. Calvo, con quien compartí interesantes discusiones
y aprendizaje a lo largo de la maestría y que conllevaron a esta memoria.
 A la Dra. Sara Mana (Universidad de Iowa, EE. UU.) por prestar amablemente
y acceder al uso de sus fotografías de Pompeya y el Vesubio.
 A la Dra. Giovanna Civelli (Como, Italia) por su ayuda en la consecución de las
imágenes de los Plinios.
 A Richard Sorensen (Smithsonian American Art Museum) por facilitar y
garantizar el uso de la imagen de la Figura 11.
 A Gabriela Mora por su sólido apoyo a lo largo del proceso de la maestría y de
esta memoria.
 Algunas imágenes o fotografías o bases para construirlas han sido obtenidas
de la World Wide Web de manera pública, por lo que no puede obviarse su
contribución, y agradecerla. Aparecen los créditos en cada situación.

viii
Resumen ejecutivo

La familia Plinio de Como, norte de Italia, dio dos vástagos sobresalientes al


Imperio Romano, quienes han pasado a la historia conocidos como Plinio el Viejo y
Plinio el Joven, tío y sobrino, respectivamente. El primero desempeñó una notable
carrera como científico, sobre todo por su monumental obra Historia natural, que
publicara en treinta y siete volúmenes, y como funcionario romano. El segundo,
cumplió como funcionario del Imperio, abogado y escritor de un prolijo cúmulo de
cartas a numerosos personajes del Imperio. El Viejo falleció durante el cumplimiento
de su deber como almirante de la flota del Mar Tirreno, durante la erupción del
Vesubio del año 79, y el Joven inmortalizó la gesta de su tío, y de paso describió con
detalles la erupción, en dos famosas cartas dirigidas a su amigo Tácito. El sobrino
también acabaría muriendo durante sus tareas administrativas en Bitinia-Ponto,
aunque de forma menos dramática y documentada, tres décadas después que su tío.

En una zona en donde los fenómenos volcánicos y sísmicos han sido


frecuentes, y descritos por múltiples observadores de la época griega y romana, el
monte Vesubio no era reconocido como un volcán peligroso dentro del conocimiento
geográfico de la época, en el siglo I, por lo que su despertar fue sorpresivo. La
magnitud eruptiva conllevó al sepultamiento de las ciudades de Herculano, Pompeya,
Estabia y Oplontis y la ruina de la rica región de Campania. Estas ciudades fueron
casi olvidadas durante siglos, hasta que fueron redescubiertas y desenterradas a
partir del siglo XVIII.

Con la exhumación de Herculano y Pompeya principalmente, volvieron a


cobrar vigencia las cartas de Plinio el Joven sobre su tío y la erupción. Esto conllevó
a que artistas plásticos y literarios celebraran el acontecimiento con multitud de obras
en los siglos XVIII y XIX y aún en el presente; y en el caso de la Vulcanología, que se
aprovechara el cúmulo de conocimientos desentrañados a partir de los depósitos
volcánicos de la erupción, y se los comparase con las descripciones de Plinio el
Joven en sus cartas. Como resultado, este tipo de erupciones han acabado
llamándose “plinianas” en el argot volcanológico, en honor a Plinio el Joven.

ix
Pompeya y las otras ciudades vecinas, al haber sido sepultadas en solo un par
de días y fosilizadas por la carga de cenizas y pómez, permanecieron sin
contaminación cultural durante siglos. Por esto, además han dado un enorme cúmulo
de conocimiento respecto de la cultura y vida en general del Imperio Romano en el
siglo I, como pocos otros documentos vívidos han sido capaces de proveer.

Este conocimiento ha dado pie no solo a innumerables trabajos que se


prolongan hasta la actualidad, de índole arqueológica, antropológica, histórica,
vulcanológica, arquitectónica, lingüística y cultural en general, sino que siguen
provocando obras literarias, cinematográficas y televisivas que han llevado gran
parte de este conocimiento científico e histórico sobre el Imperio Romano y sobre el
volcán Vesubio, al grueso de la población.

Por esto se considera a los dos Plinios (el Viejo y el Joven), al volcán Vesubio
y a las ciudades de Pompeya y vecinas, como un cuarteto conjunto de gran valor
para el conocimiento de la Roma Imperial del siglo I.

x
Tabla de contenidos

Agradecimientos viii
Resumen ejecutivo ix
Capítulo 1. Problema y propósito 1
1.1. Justificación y alcances 3
1.2. Objetivo general 4
1.3. Objetivos específicos 4
2. Marco metodológico 6
2.1. Fuentes 7
2.2. Los capítulos 8
3. Análisis 10
3.1. Vida y obra de los Plinios 11
3.1.1. Plinio el Viejo 12
3.1.2. Plinio el Joven 17
3.2. Conocimiento sobre el Vesubio y su entorno geotectónico en el
21
siglo I
3.2.1. Los territorios volcánicos del sur de Italia 21
3.2.2. Volcanes y terremotos en Plinio el Viejo y Séneca 28
3.3. El Vesubio y su estrecha relación con los Plinios 32
3.3.1. La muerte de Plinio el Viejo y las crónicas epistolares de
32
Plinio el Joven
3.3.2. Defensa civil en el Imperio Romano del siglo I 41
3.3.3. El legado vulcanológico de los Plinios 44
3.3.4. Erupciones plinianas y el conocimiento del Vesubio hoy 46
3.4. Pompeya y las ciudades sepultadas: fósiles culturales del siglo I 49
3.4.1. Olvido tras el sepultamiento, maravilla tras el
49
redescubrimiento
3.4.2. El aprendizaje de la vida y cultura del Imperio Romano en el
54
siglo I a partir de las ciudades sepultadas
3.5. Literatura, arte y cine alrededor de Pompeya y el Vesubio 58
4. Discusión y conclusiones 65
5. Bibliografía citada 69
5.1. Fuentes en la red 75
6. Glosario 76

xi
Índice de figuras

1: Estatuas de Plinio el Viejo (izq.) y Plinio el Joven (der.) en la fachada del


Duomo de Como (la catedral), realizadas por Tommaso y Jacobo Rodari a
fines del siglo XV. Los Plinios son dos de los personajes más insignes
nacidos en esta ciudad, y por eso son las dos únicas figuras paganas que 12
aparecen en el frente de la catedral, uno a cada lado de la puerta principal.
Durante la Contrarreforma no fueron bien aceptadas, pero la ciudad decidió
conservarlas así.
2: Fotografía desde la Estación Espacial Internacional de la región de
Campania y los Apeninos Napolitanos, mostrando las principales localidades 23
mencionadas en el texto.
3: Mapa de elevación digital del área del volcán Vesubio en Campania. El
inserto superior izquierdo muestra a Italia y la periferia mediterránea, con la
ubicación de Roma y la localización del rectángulo en detalle. Se muestran
las principales ciudades mencionadas en el texto. La línea amarilla es el
límite de 10 cm de espesor de la pómez que cayó el primer día de erupción.
La línea azul es el límite de 10 cm de espesor de la pómez que cayó el 34
segundo día de erupción. De esas líneas hacia el interior, los espesores de
pómez caída ascienden ostensiblemente. La línea roja es el límite alcanzado
por las corrientes piroclásticas originadas el segundo día de erupción. Las
líneas han sido adaptadas a partir del mapa de la Figura 1 del trabajo de
Shea et al. (2012), p. 2364). Los detalles se discuten en el texto.
4: Placa de cobre coloreada (39 cm x 45 cm) de Thomas Burke (1749-1815)
titulada “El joven Plinio reprendido”. Muestra a la madre de Plinio el Joven, a
ambos Plinios en Miseno y al fondo el Vesubio en erupción. (Uso libre
37
garantizado a través de
http://en.wikipedia.org/wiki/Pliny_the_Younger#mediaviewer/File:The_Young
er_Pliny_Reproved.jpg).
5: A la izquierda, las reconstrucciones de la estratigrafía de los depósitos
dejados por la erupción del año 79 en los alrededores del Vesubio (tomado
de Sigurdsson et al., 1981). A la derecha, una reconstrucción de la erupción
46
y su dinámica del interior del volcán y de las alturas de las columnas
explosivas de piroclastos (adaptado de Sheridan et al., 1982). Ambos basan
sus interpretaciones en las descripciones de Plinio el Joven.
6: Detalle estratigráfico de los depósitos de la erupción del Vesubio del año 79,
excavados en Pompeya, en los límites con áreas residenciales modernas,
47
desarrolladas varios metros por encima del nivel de la ciudad antigua.
Fotografía cortesía de la Dra. Sara Mana.
7: Vista del volcán Vesubio desde las ruinas exhumadas de Pompeya.
48
Fotografía cortesía de la Dra. Sara Mana.
8: Imagen satelital del Vesubio y la Bahía de Nápoles (36 km x 45 km) tomada
el 26/07/2000. La imagen tipo ASTER (Advanced Spaceborne Thermal
Emission and Reflection Radiometer) muestra falsos colores, de modo que
50
resalta en rojos intensos las áreas boscosas y en celestes las áreas urbanas.
Se muestran los sitios de las ciudades antiguas y la actual Nápoles. (Imagen
cortesía de NASA/GSFC/MITI/ERSDAC/JAROS, y U.S./Japan ASTER

xii
Science Team. Asequible a través del cibersitio
http://eoimages.gsfc.nasa.gov/images/imagerecords/1000/1045/aster_vesuvi
us_lrg.jpg).
9: Ruinas de Pompeya que muestran el nivel original de la ciudad, la cobertura
de piroclastos que la enterró en el año 79 y que han sido removidas en la
53
excavación, así como el nivel actual de desarrollo urbanístico en la periferia.
Fotografía cortesía de la Dra. Sara Mana.
10: Fresco pintado en una de las paredes de las ruinas de Pompeya. Fotografía
56
cortesía de la Dra. Sara Mana.
11: Pintura titulada “El Vesubio y Pompeya” (1870) de Robert S. Duncanson
(1821-1872), exhibida en el Smithsonian American Art Museum en 58
Washington, D.C., EE. UU. (Imagen usada con permiso expreso del Museo).
12: Cartel de la película estadounidense Los últimos días de Pompeya, de
1935, dirigida por Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper (tomada del
dominio público a través de 62
http://es.wikipedia.org/wiki/Los_%C3%BAltimos_d%C3%ADas_de_Pompeya
#mediaviewer/File:LastDaysofPompeii.jpg).
13: Portada de la novela Pompeya (traducción española de Debolsillo,
63
Barcelona).

Índice de tablas

Tabla 1: Artistas que han pintado al Vesubio, su nacionalidad y año de las 60


pinturas (adaptado de Sigurdsson, 2000 y De Villena, 2013).

xiii
Capítulo 1
Problema y propósito

1
Los Plinios, tío y sobrino (el Viejo y el Joven, como son conocidos,
respectivamente), fueron dos personajes romanos ilustres, salidos de familias
notables del norte de Italia, que vivieron (en conjunto) a lo largo de gran parte del
siglo I y el inicio del siglo II, y que han pasado a la historia por diferentes motivos.

Gaius Plinius Secundus, conocido como Plinio el Viejo (23-79), fue funcionario
romano y uno de los más notables naturalistas de la Roma antigua, quien murió
durante la gigantesca erupción del Vesubio en agosto del año 79, la cual sepultaría
varias ciudades de la actual área napolitana, como Pompeya, Herculano, Oplontis y
Estabia.

Su sobrino, Caius Plinius Caecilius Secundus, conocido como Plinio el Joven


(62-113), fue también funcionario, un abogado y escritor, que publicó sobre todo sus
cartas, entre las cuales sobresalen dos que le dirigiera a su amigo Tácito a pedido de
él, sobre la muerte de su tío. En estas cartas, Plinio el Joven describe además, los
eventos de la erupción del Vesubio, que han sido de notable utilidad en los estudios
vulcanológicos modernos del volcán, y en general, para comprender los mecanismos
y características de ese tipo de erupciones.

Las ciudades sepultadas durante la erupción quedaron en el olvido por siglos,


hasta que fueron redescubiertas y activamente excavadas en el siglo XVIII, de modo
que fueron paulatinamente desenterradas con un enorme cúmulo de material
arqueológico, etnográfico, geológico e histórico, pues son ciudades que fueron
fosilizadas con toda su carga cultural, y que no sufrieron el ulterior proceso de
cambio y evolución.

De tal manera, los escritos de ambos Plinios, la erupción del Vesubio del año
79, y las ciudades sepultadas por esa gran erupción, son importantes testimonios de
la cultura y el modo de vida del Imperio Romano en la segunda mitad del siglo I, y
cuya concatenación es el tema de esta memoria.

2
1.1. Justificación y alcances

La obra monumental –y única que no se perdió de su fecunda labor escrita- de


Plinio el Viejo fue la Historia Natural, una obra enciclopédica que reunió en treinta y
siete libros el conocimiento de la época, recopilado de numerosas fuentes y
escritores, y puesto en una secuencia lógica, a pesar de que no carece de
contradicciones. Abarca un amplísimo marco de conocimientos que va, desde la
geografía y la mineralogía, hasta la botánica, zoología, e incluso, el arte y la magia.
Desarrolló una notoria carrera militar y ostentaba el puesto de almirante de la flota
del Tirreno, en el momento de su muerte. De sus otras obras, así como de los
hechos de su muerte implicada con la erupción del Vesubio, da cuenta su sobrino,
quien asimismo, se desempeñó en cargos civiles y militares del Imperio.

La muerte de Plinio el Viejo, se dio desde condiciones en las que intentó


estudiar el fenómeno volcánico y salvar gente de la tragedia volcánica, usando los
barcos de la armada que tenía a su mando y disposición, por lo que se podría
afirmar, que fue uno de los precursores de la defensa civil en casos de atención de
emergencias de índole natural.

La descripción de la erupción del Vesubio realizada en las cartas de Plinio el


Joven a Tácito, fueron usadas por los vulcanólogos para entender las erupciones de
enorme energía y tamaño, que en su honor fueron bautizadas “plinianas” y así se
siguen conociendo. Este término debería ser en honor al tío o bien, a ambos, como
héroe precursor de una defensa civil, y no al sobrino exclusivamente, simple
descriptor y testigo de las erupciones. Las reconstrucciones hechas de la erupción y
que han sido seguidas con base en la estratigrafía de los depósitos conservados en
los sitios de las ciudades sepultadas, han permitido además a la Vulcanología
moderna, entender los procesos físicos del comportamiento de las erupciones
plinianas.

La dramática historia que implicó el sepultamiento de las ciudades de


Pompeya, Herculano, Oplontis y Estabia, asimismo ha sido una rica veta de
información prístina sobre la vida del Imperio Romano del siglo I, y además, fuente
de inspiración de numerosas obras literarias y cinematográficas, que han promovido

3
el conocimiento histórico de esa época del Imperio, más allá de las tradicionales
historias de emperadores corruptos, cristianos perseguidos, gladiadores y mártires.

Este trabajo enlaza la obra científica de Plinio el Viejo, el conocimiento sobre


volcanes y terremotos de la época, su muerte durante la erupción del Vesubio del
año 79, el testamento epistolar de su sobrino Plinio el Joven respecto de la erupción
y la muerte de su tío, el sepultamiento de las ciudades periféricas al Vesubio, su
olvido de siglos, el redescubrimiento y exhumación de las ciudades, el legado
histórico y arqueológico contenido en ellas, la inspiración de obras artísticas a partir
de la tragedia volcánica, y todo el conocimiento histórico adquirido sobre el Imperio
Romano de la segunda mitad del siglo I, a través de todos estos aspectos reunidos.

1.2. Objetivo general

Este trabajo pretende analizar las obras literarias y públicas de los Plinios,
especialmente relacionadas con la erupción del Vesubio del año 79, el sepultamiento
de Pompeya y otras ciudades vecinas, y el legado conjunto que nos han deparado
para entender la vida y cultura del Imperio Romano de la segunda mitad del siglo I.

1.3. Objetivos específicos

Los objetivos específicos alrededor del objetivo principal de este trabajo, son:

a. Enmarcar el conocimiento científico de la época ejemplificado en la


enciclopédica Historia Natural de Plinio el Viejo.
b. Ilustrar el conocimiento sobre sismos y volcanes que se tenía en la segunda
mitad del siglo I, particularmente relacionado con el Vesubio y su entorno
geotectónico.
c. Discutir los alcances de la obra en defensa civil llevada a cabo por Plinio el
Viejo, en su intento de rescate de las ciudades portuarias arrasadas por la
erupción del Vesubio del año 79.

4
d. Analizar la contribución al conocimiento biográfico de Plinio el Viejo, así como
de los procesos vulcanológicos, a través de las cartas descriptivas de Plinio el
Joven.
e. Analizar la idoneidad de las ciudades sepultadas por la erupción del Vesubio
del año 79, como “fósiles culturales”, que han permitido tener un conocimiento
de la cultura y vida de la segunda mitad del siglo I en el Imperio Romano,
debido a la conservación prístina sin contaminación cultural ulterior.
f. Analizar el papel de las artes, especialmente literatura y cine, inspiradas en la
catástrofe del Vesubio del año 79 y en los hallazgos culturales y científicos de
las ciudades sepultadas por tal erupción, como difusoras eficientes del
conocimiento cultural del Imperio Romano del siglo I.

5
Capítulo 2

Marco metodológico

6
Atendiendo el propósito y problema planteados en el Capítulo 1, se plantea la
metodología de trabajo, la cual se ha basado en:

a. La recopilación y discusión de los trabajos de interés de Plinio el Viejo


(particularmente lo relacionado con “geografía” en la Historia Natural), Plinio el
Joven, así como otros trabajos clásicos que refieran parte de los hechos y
sitios.
b. Recopilación y discusión de trabajos vulcanológicos de análisis de la erupción
y que hagan uso y memoria a las descripciones de Plinio el Joven.
c. Análisis y discusión de los hallazgos antropológicos, culturales e históricos en
Pompeya principalmente (Herculano, Oplontis y Estabia además), en
consecuencia con lo conocido respecto de la vida romana a través de otras
fuentes, principalmente clásicas, históricas y por otras vías arqueológicas.
d. Recopilación y análisis de obras literarias (como Los últimos días de
Pompeya, de Edward Bulwer-Lytton, de 1834, o Pompeya, de Robert Harris
del 2003), cinematográficas (i.e., las múltiples adaptaciones de la novela de
Bulwer-Lytton, al cine y televisión) y de pintura sobre Pompeya y el Vesubio, y
discutir sobre la veracidad de sus descripciones, apreciaciones, estereotipos y
demás asuntos relacionados con la cultura romana del siglo I.
e. Las recopilaciones y búsqueda de información incluyen trabajo de biblioteca
real, biblioteca virtual a través de la World Wide Web, por medio de los índices
y maquinarias de búsqueda, así como contactos con bibliotecas
especializadas en Historia y Vulcanología, y museos.

2.1. Fuentes

Las fuentes utilizadas para este trabajo incluyen las clásicas y los modernos
trabajos de índole vulcanológica, así como obras literarias y artísticas:

a. La Historia Natural de Plinio el Viejo, con énfasis en lo relacionado con


“geografía”; las cartas de Plinio el Joven, en especial las relacionadas con su tío,
su obra y su muerte durante la erupción del Vesubio del año 79; trabajos clásicos

7
que refieran los personajes espaciales y temporales, esto es: Campania, los
volcanes, el Vesubio, y los personajes Plinios.
b. Trabajos históricos y científicos sobre los hallazgos antropológicos, culturales e
históricos en Pompeya, Herculano, Oplontis y Estabia, que han contribuido a
descubrir la vida romana.
c. Obras literarias, como Los últimos días de Pompeya, de Edward Bulwer-Lytton,
de 1834, o Pompeya, de Robert Harris del 2003.

2.2. Los capítulos

El entorno de la vida de los Plinios cubre el subcapítulo 3.1. Las cartas del
sobrino han ayudado a los vulcanólogos a reconstruir la erupción del año 79,
permitiéndoles entender las erupciones que hoy llevan su nombre (“plinianas”), y que
han podido ser exhumadas en las ciudades sepultadas y posteriormente
redescubiertas, lo cual será el tema de los subcapítulos 3.3 y 3.4, no sin antes
introducir al protagonista Vesubio, en su entorno histórico, geográfico y geológico en
el subcapítulo 3.2.

Las ciudades sepultadas son ahora los fósiles culturales que han permitido
entender gran parte de la vida del Imperio en el siglo I, y las cartas del sobrino,
vienen a ser un universo de ayuda para comprender el mismo tema del Imperio en
los siglos I-II. La influencia de todo este drama humano y natural, ha conllevado a la
escritura de numerosos artículos, ensayos y libros, incluidas novelas históricas.
También pinturas alegóricas a lo que pudo haber sido la erupción, o lo que fuera el
período del redescubrimiento de las ciudades. El cine y la televisión no escapan a las
obras sobre el tema. Un recuento de algunas de las obras en todos estos aspectos y
en particular sobre algunas obras específicas, se presenta en el subcapítulo 3.5.

Las obras detalladas son la novela “Los últimos días de Pompeya” (The last
days of Pompeii), de Edward Bulwer-Lytton y “Pompeya” (Pompeii), de Robert Harris.
Estas obras se han escogido, la primera, debido a su enorme influencia inspiradora a
lo largo de los siglos XIX y XX a otras obras literarias, no ficticias y cinematográficas,
que en general popularizaron el conocimiento y muchos mitos sobre Pompeya y el

8
Vesubio. La segunda obra se ha escogido debido a que siendo una novela histórica,
recoge de forma notoria el conocimiento histórico, ingenieril, y científico de la época,
y a gran parte del bagaje y las reconstrucciones vulcanológicas de la erupción,
producido en mayoritariamente durante las décadas de los ochentas y noventas del
siglo XX. Esta novela, entonces, ha popularizado un conocimiento más acorde con la
realidad de Pompeya y el volcán Vesubio en el siglo I, antes que el cariz mitológico o
de leyenda.

9
Capítulo 3
Análisis

10
3.1. Vida y obra de los Plinios
La familia Plinio (Plinius), de cuyos dos miembros más notables trata este
subcapítulo, era de la nobleza provinciana del norte de Italia.

Gayo Plinio Segundo (Gaius Plinius Secundus, en latín) conocido como Plinio
el Viejo (Figura 1), fue uno de los más notables naturalistas de la Roma antigua.
Nació en el año 23 o 24 en Como y murió durante la gigantesca y conocida erupción
del Vesubio en agosto del año 79, cuando esta le alcanzó de manera fatal. La obra
monumental –y única que nos ha llegado a la posteridad- de Plinio el Viejo fue la
Historia Natural, dedicada al emperador Tito: una obra enciclopédica que reunió en
treinta y siete libros el conocimiento de la época, recopilado de numerosas fuentes y
escritores. Su sobrino, a quien adoptó debido a su orfandad paterna, de nombre
Cayo Plinio Cecilio Segundo (Caius Plinius Caecilius Secundus), conocido a su vez
como Plinio el Joven (Figura 1), fue un abogado y escritor, que había nacido en el
año 62, también en Como, y quien para el momento de la muerte de su tío contaba
con diecisiete años. Murió en el 113 en Bitinia, y se destacó como funcionario público
y orador. Entre sus cartas publicadas, sobresalen desde el punto de vista histórico,
las dos epístolas que le dirigiera a su amigo Tácito a pedido de él, sobre la muerte de
su tío y la erupción del Vesubio.

No es el propósito extenderse acá en los aspectos biográficos de los Plinios,


sino resaltar los aspectos fundamentales de sus vidas e influencias, para entender su
involucramiento con la erupción del Vesubio y todo lo que eso implica para la historia,
tanto del Imperio Romano de su tiempo, como de la ciencia, y por eso solo se
mencionarán algunos aspectos de sus existencias. De todos modos, de la de Plinio
el Viejo en particular, ni siquiera se tienen tantas fuentes para reconstruirla, y muchos
aspectos son oscuros o confusos (Serbat, 1995; pp. 9-47).

11
Figura 1: Estatuas de Plinio el Viejo (izq.) y Plinio el Joven (der.) en la fachada del Duomo de
Como (la catedral), realizadas por Tommaso y Jacobo Rodari a fines del siglo XV. Los Plinios
son dos de los personajes más insignes nacidos en esta ciudad, y por eso son las dos únicas
figuras paganas que aparecen en el frente de la catedral, uno a cada lado de la puerta principal.
Durante la Contrarreforma no fueron bien aceptadas, pero la ciudad decidió conservarlas así.
Tomado del cibersitio http://digilander.libero.it/felice/Duomo.htm.

3.1.1. Plinio el Viejo

De las fuentes históricas y casi contemporáneas de Plinio el Viejo, tenemos a


Suetonio (c.70->126), que lo reseña en un párrafo en sus Vida de los hombres
ilustres, con un resumen suficiente para entender su vida y para promover una
polémica sobre su muerte:

Plinio el Viejo era de Como. Cumplió con distinción los cargos militares de los
caballeros, y encargado continuamente de las misiones más brillantes, dio
pruebas en ellas de la más grande integridad. Se entregó, a pesar de todo,
con tal ardor a los estudios literarios, que difícilmente podría citarse un hombre
que en sus ocios haya escrito más que él. Escribió, en efecto, en veinte
12
volúmenes la historia de las guerras emprendidas contra los germanos, y en
treinta y siete libros la historia completa de la Naturaleza. Pereció en el
desastre acaecido en la Campania; mandaba allí la flota de Micenas, y durante
la erupción del Vesubio se acercó al volcán con una nave de Liburnia, a fin de
estudiar de cerca las causas del fenómeno. Vientos contrarios le impidieron
salir de nuevo al mar, pereciendo ahogado bajo el polvo y la ceniza. Según
algunos autores, fue muerto por uno de sus esclavos, a quien él suplicó que le
diera muerte, al verse ahogado por el calor. (Suetonio, 113, p. 319).

Así, a partir de Suetonio, sabemos entonces dónde nació Plinio el Viejo, que
fue básicamente militar, escritor y naturalista, y dónde y cómo murió. La otra fuente
relativamente confiable sobre su vida, a pesar de que lo idealiza –no podría
esperarse menos- es a través de las cartas de Plinio el Joven, que también se
discutirán en parte. Se analizarán entonces, algunos detalles de cada perspectiva
pliniana, y su muerte queda para el subcapítulo siguiente.

El origen de Plinio el Viejo en Como o Verona ha sido discutido en varios sitios


y por varios autores, pero parece comprobado el de Como 1. Habría estudiado de
joven en Roma, pero se carece de detalles. Luego realizó el servicio militar en
Germania, según escribió su sobrino (Carta a Bebio Macro, 3.5.), hacia los años 47-
57, en donde fue prefecto y tribuno, y compañero de Tito, quien sería luego
emperador (Serbat, 1995, pp. 15-16; Healey, 2000, p. 5.). Y luego, también dice su
sobrino en la misma carta, se desempeñó como procurador en Hispania (legado
jurídico en la Hispania Tarraconense en el año 73-74). El resto de su carrera como
funcionario del Imperio es incierta2, en partes confirmadas por comentarios dentro de
su Historia natural, y quizás incluyendo un alto puesto en la mismísima Roma, pues
en la citada carta de su sobrino, expresa que: “Antes del amanecer visitaba al

1 Verbigracia, la traducción de Suetonio que cito acá incluye un pie de página que afirma
que es veronés. Pero el asunto parece resuelto por Serbat (1995, pp. 11-13). El orgullo de la
ciudad de Como por ser cuna de los Plinios es evidente al incluirlos en estatuas del frente de
la catedral, según se muestra en la Figura 1.
2 Por ejemplo África, Bélgica, Galia. Véase por ejemplo Healey (2000, pp. 11-22).

13
emperador Vespasiano (pues este también trabajaba de noche)”, si bien no cita
cuándo. Lo que es cierto con seguridad es que terminó con un altísimo rango: “la que
sigue Plinio es una carrera en la alta administración, cuyo punto culminante es el
mando de la flota tirrena, anclada en Miseno, cerca de Nápoles (en el año 79)”
(Serbat, 1995, p. 18). La flota no tenía misiones de guerra, y el almirante tenía solo
funciones administrativas en la construcción, reparación y avituallamiento de la flota
(Healey, 2000, pp. 22-23).

Sobre su obra escrita, ya tenemos la información en el párrafo de Suetonio,


acerca de la guerra contra los germanos y la Historia natural. Plinio el Joven,
empero, se extiende bastante más al respecto en la citada carta a Bebio Macro:

Del lanzamiento de la jabalina a caballo, un libro; lo escribió con tanto interés


como talento, cuando sirvió como prefecto de un ala de caballería. De la vida
de Pomponio Segundo dos libros; mi tío, amado profundamente por él,
compuso esta obra en memoria de su amigo, como si se tratase de un
homenaje que le debía. De las Guerras de Germania, veinte libros, en los que
recoge todas las guerras que hemos mantenido con los germanos… El
estudioso, tres libros, divididos en seis volúmenes a causa de su tamaño, en
los que instruye y perfecciona al orador desde la cuna. Problemas
gramaticales, ocho libros, que escribió en los últimos años de Nerón, cuando
la esclavitud de la época había hecho peligroso cualquier género literario un
poco más sincero o independiente. Desde el fin de (la historia) de Aufidio
Baso, treinta y un libros. Historia Natural, treinta y siete libros, obra de gran
extensión y erudición, tan variada como la naturaleza misma. Te preguntarás
asombrado cómo un hombre tan ocupado ha podido escribir tantos libros, y
muchos de ellos con tanta minuciosidad.

Sin duda, un hombre con una productividad maravillosa, quien poco dormía,
según lo testimonia el sobrino, y de tal manera explica su vasta obra, de la cual, por
desdicha, solo nos ha llegado la Historia natural. De la primera obra citada por Plinio

14
el Joven, el mismo tío habla de ella en la Historia natural. Y de las obras históricas y
gramaticales, otros escritores romanos posteriores a Plinio las citan, de modo que no
queda duda de que sí existieron (Serbat, 1995, pp. 37-47).

Pero con toda la monumental obra que escribió, no es sino por su


superviviente Historia natural, publicada en el año 77, por la que Plinio el Viejo fue
considerado por muchos, el hombre más sabio de su época y sus escritos tuvieron
influencia en Occidente hasta el siglo XVIII (Serbat, 1995, p. 9; Moure, 2008 )3,
cuando las ciencias empiezan a desarrollarse en su forma actual, y entonces pierden
vigencia. No es exactamente que Plinio fuera un científico, sino un recopilador
enciclopedista con una enorme capacidad de síntesis en su trabajo, a partir de una
vasta cantidad de fuentes y hechos, y con una eficiente y disciplinada metodología 4.
Su deseo de entender y describir la naturaleza le estaba dado por una visión estoica
encaminada hacia la consecución de la virtud a través de una sabia conducta
(Healey, 2000, p. 29).

Los treinta y siete volúmenes tratan de seguir una secuencia lógica, a pesar
de que adolece de múltiples contradicciones. Abarca un amplísimo marco de
conocimientos que va desde la geografía y la mineralogía, hasta la botánica,
zoología, e incluso, el arte y la magia. El primer libro incluye, aparte del prefacio
dedicatorio al emperador Tito (en realidad lo sería pocas semanas antes de la muerte
de Plinio cerca del Vesubio), un sucinto recuento de todos los temas tratados en los
restantes treinta y seis libros, así como un exhaustivo listado por cada libro de todos
los autores romanos y extranjeros a partir de los cuales, se recopiló la información.
Hace notar, Plinio, que los libros van dirigidos a cualquiera que pueda leer y hacer

3
Moure (2008, p. 231) afirma: “Todavía en el siglo XVIII Plinio conserva prestigio en el
ensayo, aunque ya no es una autoridad en la ciencia. Así lo observa Feijoo en un juicio
valorativo, que indica que todavía entonces se tomaba postura con respecto a la obra
pliniana, aunque fuera para tomar distancias de ella”.
4 El papel de Plinio el Viejo en la “ciencia” romana (lo entrecomillo porque el significado de
ciencia en ese momento es muy diferente al nuestro hoy) y su consecuente influencia en el
mundo occidental ulterior está muy bien condensada en el libro de Lindberg (2002, pp. 188-
192). En estas páginas afirma: “…el hombre universalmente conocido como el pináculo del
movimiento divulgador [en Roma] es Plinio el Viejo. Es la figura central en la mayoría de las
historias de la ciencia romana…”

15
uso de la información contenida en ellos. Es pues, entonces, una auténtica
enciclopedia, y el primer libro vendría a ser una guía o paratexto 5.

En todo caso, la dirección de Plinio el Viejo respecto de la “ciencia” romana,


iba en el sentido de liberar al hombre de la angustia causada por los impredecibles e
inexplicables fenómenos naturales, previniéndole de temer lo desconocido (esto,
veremos, le llevaría a la muerte en la vecindad del Vesubio), viendo la ciencia en la
vía del descubrimiento de la perfección natural, mirándola más descriptiva que
explicativa (Paparazzo, 2001, p. 74). Así, en el caso de las ciencias de la Tierra, el
grueso de su trabajo fue dedicado a los materiales (minerales, metales, aleaciones,
rocas, en general el “Reino mineral”, en los libros XXXIII-XXXVII) y menos a los
fenómenos terrestres como terremotos y volcanes. De estos se refiere sobre todo, en
los libros II y III (que tratan sobre el cosmos y la geografía), como se verá en el
siguiente subcapítulo.

Como se ha dicho, la Historia Naturalis de Plinio el Viejo, influyó ampliamente


lo que podría llamarse “ciencia” en la Edad Media e incluso, en el Renacimiento, por
medio de traducciones y comentarios, e interpretaciones (Serbat, 1995, pp. 47-59).
Incluso, durante la Edad Media, muchos autores confundieron a ambos Plinios, y
pensaron que eran uno solo, error que se debe a la poca prolijidad al comparar sus
obras y escritos, sobre todo, las cartas de Plinio el Joven, que hablan del Viejo
Serbat, 1995, p. 48).

A España, la Historia Naturalis llegó, se distribuyó y estudió en las


universidades creadas desde el siglo XIII, de modo que fue muy conocida e incluso,
se usó para explicar la naturaleza de la flora y naturaleza en general de la Nueva
España primero, y todo el Nuevo Mundo después, cuando esta empezó a poblar las
colecciones españolas en pleno siglo XVI (Moure, 2008, pp. 211-215 y 221)6.

5 Para un detallado recuento del contenido de los libros, su guía y la idea de enciclopedia,
tratado con amplitud, se recomienda el prolijo trabajo de Serbat (1995, pp. 70-136), y los
ensayos de González (2006) y Ramos (2013).
6 Afirma que: “A partir del Descubrimiento la necesidad de dar a conocer la nueva
naturaleza, sobre todo, las especies vegetales que se consideraban dotadas de poderes
medicinales, motiva la aportación más original de España a la ciencia de la época y, con ella,
a la difusión de Plinio. Fernández de Oviedo -1478-1557-, cronista oficial de las Indias, fue el

16
3.1.2. Plinio el Joven

De su vida conocemos bastante, por dos motivos: su correspondencia es


abundante en detalles de su vida, y por múltiples inscripciones, especialmente una
en la que figura detallada su carrera política7. Hijo de una hermana de Plinio el Viejo,
perdió a su padre, de la también rica y prestigiosa familia de los Cecilio. Por tanto,
tuvo como tutor al tres veces cónsul Verginio Rufo, y luego su tío lo adoptó el año de
su muerte. Estudió primero con profesor privado en su casa y luego, trasladado a
Roma con su madre y tío, estudió con los célebres Quintiliano, Nicetes y Musonio.

Se casó tres veces (dos veces viudo), pero sin descendientes, se dedicó a las
leyes y amasó gran fortuna y propiedades a través principalmente de las herencias
familiares. Así, como administrador de esos bienes, viajaba mucho por toda Italia, y
administró sumas enormes, aunque relativamente menores a las de los más grandes
ricos del Imperio8.

No fue un apasionado seguidor de la filosofía (estoico moderado aunque más


humano al sumar bondad y amor por el prójimo, posiblemente), y solo algo curioso
por las ciencias, aunque no alcanzó, con mucho, la intensidad de su tío. Fue un
servidor público y un amigo leal, siempre atento a las necesidades de su ciudad natal
(Como), ansioso de gloria, que conseguiría en parte a través de su obra escrita.

Desde muy joven, a los dieciocho, inició su carrera abogadil 9. Luego fue
magistrado y tribuno militar en Siria sin tareas bélicas. A principios de la década de
los noventas fue cuestor, entró al senado, ejerció el tribunado de la plebe, luego la

primero en describir la Naturaleza del Nuevo Mundo por observación directa y con la
consiguiente incorporación de datos de autopsia, pero utilizando también la obra de Plinio,
del que se declara seguidor.”
7 Basado principalmente en la síntesis de González (2005, pp. 7-50), en la introducción de
las Cartas.
8 Él mismo afirma, quizás con modestia, quizás con certeza, en una carta a una tal Calvina
(Cartas, 2.4): “Es cierto que mis recursos en conjunto son modestos y mantener mi posición
social resulta muy costosa, mis ingresos, a causa de las condiciones de explotación de mis
pequeñas propiedades, no sé si considerarlos más pequeños o mejor aún inciertos; pero lo
que falta de ingresos, puede suplirse con una vida sencilla, de la que nuestra generosidad
mana como si se tratase de una fuente.”
9 Cartas, 1.18.3., a Suetonio Tranquilo: “Yo debía actuar, siendo aún un muchacho, ante el
tribunal de los centunviros; había de hacerlo contra los personajes más influyentes de la
ciudad e, incluso, algunos amigos del emperador”.

17
pretura, más tarde ejerció por tres años el co-principado administrador del tesoro
público, hasta que fue nombrado cónsul en el año 100. Entre los años 103-104 se le
nombra en honrosos cargos: augur y luego magistrado encargado del cuidado del
cauce del Tíber y de sus orillas y de las cloacas de la ciudad, muy honorable este
último, pero de gran absorbencia en la dedicación.

Cuando aún ejercía este último cargo (año 109), el Senado permutó la índole
de la provincia de Bitinia-Ponto (en el norte de Asia Menor, colindante con el Mar
Negro) de pública a imperial, y Plinio fue enviado allí como legado. La estrategia fue
del emperador Trajano, que deseaba enviar allí a alguien de su confianza y con
experiencia en asuntos financieros, para ordenar una provincia que se encaminaba al
caos. El nombramiento era de parte directa del emperador y por todo el tiempo que
este dispusiera. Las consecuentes cartas de Plinio el Joven atestiguan interesantes
datos sobre esta provincia10. Allí murió, probablemente en el año 113, que es lo más
aceptado, aunque se barajan posibles fechas del 111 o 112.

Sobre su obra literaria existe un consenso general de que la poesía -perdida


en general y solo citada en sus propias cartas 11-, era de poca calidad y de índole
menor o privada, sin trascendencia ulterior (González, 2005, p. 27, y las referencias
allí citadas ). La obra de oratoria es un poco más amplia, según el mismo Plinio cita
en sus cartas, aunque de toda ella solo se conserva el Panegírico a Trajano, que es
un pulimiento del discurso que pronunciara el 1º de octubre del año 100, adulador y
enfático del emperador, siguiendo la costumbre de los discursos de agradecimiento
por su nombramiento como cónsul romano.

10Véase por ejemplo Guinea (1999, p. 320). Las cartas de Plinio desde esa provincia se
encuentran en el libro X, a partir de la 15 y hasta la 121. Son una secuencia entre él y el
emperador Trajano.
11 Gustaba de la poesía erótica, aunque con no muy buen suceso. Un ejemplo de sus versos
los podemos entresacar de sus Cartas, 7.4.:
Lamenta, en efecto, que, engañando de mala manera a su amante,
Tirón le ha negado, al tiempo de la noche, unos besos, no muchos,
que había prometido darle durante la cena. Tras leer esto
yo me pregunto: «¿Por qué después de estos hechos, ocultamos nuestros amores
y temerosos no los damos a la luz y declaramos que conocemos
los engaños de un Tirón, los huidizos favores de un Tirón
y los secretos que inflaman nuevas pasiones?».

18
Respecto de las cartas de Plinio, que representan su obra mayor, González
(2005, p. 28) opina, que “en la actualidad se tiende a confiar en las palabras de
Plinio, y a considerar que las cartas privadas (libros I-IX), por muy cuidada que haya
sido su revisión (epistula curatius scripta), son auténticas, y que, por tanto, contienen
una información única sobre la vida político-social del Imperio a finales del siglo I y
comienzos del II”. Las cartas son aproximadamente cronológicas, van dirigidas a más
de un centenar de personajes, que forman un amplísimo espectro desde los más
conocidos personajes públicos conservados por la historia, hasta una gama de
desconocidos absolutos. Hay amigos de él que en ese momento aún no eran
famosos, y cobraron su fama con fecha posterior a las cartas. Hay otros ignorados,
como Juvenal, quizás por la satirización que hizo de su poesía. En general se
acepta, que los libros I-IX de las cartas fueron escritos entre el año 96 y el 107 y
publicados entre el 103 y el 109.

El libro X de las cartas es atípico, porque condensa su correspondencia mutua


con el emperador Trajano, y desde la carta 15, sobre su legación en Bitinia-Ponto, lo
que constituye un caso único en la historia romana sobre un gobernador en el oficio
de su cargo. Como la muerte le sorprendió allí, la edición de ese volumen estuvo a
cargo de alguien externo (posiblemente Suetonio), y carece del pulimento de los
libros previos.

Las cartas de Plinio el Joven son una fuente maravillosa para comprender la
Roma de fines del siglo I en numerosos aspectos, pero sobre todo, el burocrático:

La correspondencia de Plinio constituye una fuente inagotable de información


sobre la vida y la organizaci6n social de Roma en la época de Trajano,
especialmente sobre el funcionamiento de los tribunales y la administración
provincial… Pero las Cartas de Plinio no sólo nos informan sobre aspectos
jurídicos, sociales o políticos de la vida de su tiempo, sino también nos ayudan
a comprender mejor la historia de las ciencias, las artes y las técnicas más
diversas. Así, por ejemplo, los historiadores de la medicina se han ocupado de
ciertas noticias clínicas, especialmente de la muerte de Plinio el Viejo; los

19
vulcanólogos de la descripci6n de la erupción del Vesubio; los ingenieros de la
construcción del canal de Bitinia; los estudiosos del arte y de la cultura de la
existencia de bibliotecas privadas, de la pintura, la escultura y especialmente
de la arquitectura, a través del estudio y descripción de las villas de Plinio.
(González, 2005, p. 37)12.

El seguimiento de las cartas de Plinio el Joven durante el Imperio tardío hace


ver que fueron conocidas y citadas, e incluso, seguido su ejemplo de formato, si bien
en algunos casos se le confundió con su tío, como se ha mencionado supra. Habría
sido redescubierto por Sidonio Apolinar en el siglo V, y en el siglo VI se habría hecho
una copia completa incluyendo el libro X, manuscrito conocido como el Parisino, que
fuera asimismo redescubierto a fines del siglo XV, del que se hicieron copias a
principios del XVI y que se perdiera casi completamente para esos tiempos. La
influencia de la obra no ha sido importante en la Edad Media, cuando se le consideró
a Plinio el Joven un escritor secundario, y el interés radicaba en su conexión con
Tácito. El interés por Plinio el Joven sobrevino después13, al poder explotar sus datos
para muchos estudios de diversas índoles, como se comentó en los dos párrafos
anteriores.

Cabe la comparación entre las obras de los dos Plinios, muy diferentes entre
sí, y con historias de influencias también muy diferentes, pues mientras la del Viejo
tuvo una preponderancia enorme en el mundo medieval, dentro de lo que fuera la
“ciencia”, la del Joven fue de poca influencia en el aspecto literario. Sí hemos de
comparar las vidas y obras de ambos (curiosamente no llegaron a la senectud, pues
el tío falleció a los cincuenta y seis años y el sobrino a los cincuenta y uno), a pesar
de que sabemos en realidad mucho menos del Viejo que del Joven, la influencia real

12 Ha de llamarse además la atención sobre las referencias allí citadas. Muchos autores
coinciden con esto, y han sacado partido a temas variopintos y hasta insólitos, como Mañas
(2000, p. 153), respecto a las cenas, que expresa: “Las epístolas de Plinio, concebidas desde
un principio para su publicación, constituyen una fuente única para conocer el panorama
social existente durante la época de Trajano”; o Fornell (2009) sobre las villas italianas y
españolas.
13Para leer un análisis y consultar detalles sobre todos estos aspectos tratados en este
párrafo, ver González (2000, pp. 44-48).

20
en su momento y ulteriormente, así como el poder ejercido y la calidad de la obra
escrita, decantan una opinión más favorable hacia el tío.

Y acá establecemos la conexión más importante entre tío y sobrino: entre las
cartas que publicara el Joven, destacan las 6.16 y 6.20, dirigidas a Tácito ante su
requerimiento (“Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder dejar a la
posteridad un relato más verídico de la misma”, escribe el sobrino al inicio de la
6.16), donde describe los últimos días de su tío y de paso, la erupción del Vesubio
del año 79. También está la carta citada a Bebio Macro (la 3.5) donde enumera las
obras de su tío. Como se ha expresado atrás, gran parte del conocimiento que se
tiene de la vida del tío es a través de estas tres cartas, y luego el ulterior texto de
Suetonio, también mencionado. La conexión se prolonga en tanto, durante la
erupción, varias ciudades de la Campania perivesubiana fueron sepultadas y
prácticamente olvidadas hasta el siglo XVIII. Las cartas del sobrino han ayudado a
reconstruir prolijamente la erupción, y han permitido a los vulcanólogos a entender
las erupciones que hoy llevan su nombre (“plinianas”), y que han podido ser
exhumadas en las ciudades sepultadas redescubiertas.

3.2. Conocimiento sobre el Vesubio y su entorno geotectónico en el siglo I

3.2.1. Los territorios volcánicos del sur de Italia

Es clara la relación que establecieron los romanos entre los fenómenos


eruptivos magmáticos, interpretando la lava y los fragmentos de ella producidos por
las explosiones (llamados técnicamente piroclastos), como fragmentos de fuego
fraguados en el interior de la Tierra por los cíclopes, y de allí que situaran en el Etna
la casa del dio Vulcano, o “Volcania”14. Con esta misma perspectiva, el archipiélago
de las Eolias, al norte de Sicilia, que incluye a los volcanes Estrómboli, Vulcano y las
Lípari, fue llamado por Cicerón en el siglo I a.C., Vulcaniae insulae (“islas
volcánicas”) (Corominas & Pascual, 1983, p. 838).

Virgilio escribe en la Eneida (8, 422): “Volcani domus et Volcania nomine tellus” (de Vulcano
14

morada y tierra de Vulcano por su nombre).

21
Pero no solo las Eolias son una región volcánica en Italia, sino que hay
amplios territorios en que ha ocurrido volcanismo en los últimos cien mil años. Roma
misma se asienta sobre rocas volcánicas, algunas tan jóvenes como solo 3500 años,
eruptadas de los Montes Albanos (Heiken et al., 2005, p. 11)15. El volcanismo en
Sicilia, el archipiélago eólico y en la parte peninsular italiana se debe a la subducción
de las placas Africana y Adriática bajo la placa Europea, y por tanto también hay una
amplia zona de deformación tectónica y sismicidad en los Apeninos, que recorren
casi toda Italia.16

La región de Campania (Figura 2) es otra región volcánica, ampliamente


cubierta por rocas originadas en grandes erupciones en los Campos Flegreos, cerca
de Nápoles, hace unos 35 000 años (Doglioni & Flores, 1997, p. 37). Destaca
además el Vesubio, que hoy es una montaña de unos 12 kilómetros de diámetro y
que se levanta desde la costa mediterránea hasta 1281 metros, que la hace una
montaña sobresaliente, aunque en los tiempos de la antigua Roma tuvo una
morfología diferente, debido a que ha cambiado su configuración a través de las
diferentes erupciones.

Parténope o Paleópolis fue una ciudad fundada por los griegos de Rodas
hacia el siglo IX a.C., perdida en la mitología. Hacia el siglo VI a.C., colonizadores
griegos fundaron la Neápolis (o “Nueva Ciudad”), en el sitio de la actual Nápoles y
cercano al antiguo asentamiento. La zona campaniana ha sido reconocida desde
esos tiempos por el agradable clima, los suelos fértiles y los puertos naturales, y fue
una zona favorita de muchos romanos famosos, como Virgilio (Guest et al. (2003, pp.
27-30).

15Este y muchos otros detalles de la geología de Roma y las siete colinas pueden leerse en
este interesante libro, cuyo primer capítulo está dedicado a una introducción turística
geológica de Roma.
16Hay múltiples trabajos sobre la sismicidad, geología, tectónica y vulcanismo de Italia, pero
por simplicidad y trabajos de una visión global reciente se recomiendan el de Montone et al.
(2012), y el mapa geológico de Italia, del Servizio Geologico d’Italia (2005).

22
Figura 2: Fotografía desde la Estación Espacial Internacional de la región de Campania y los
Apeninos Napolitanos, mostrando las principales localidades mencionadas en el texto.
(Fotografía cortesía de la NASA, imagen STS104-710-60).

El Vesubio fue una importante referencia de índole geográfica (como “monte”,


no como volcán) previo a la erupción del año 79, la cual ha quedado refrendada en
algunas obras históricas o literarias, y en particular, en asuntos de índole bélica. Por
ejemplo, la historia relativamente temprana de Roma, refiere la llamada Batalla del
Vesubio, durante la Segunda Guerra Latina en el año 340 a.C., librada por los
cónsules Tito Manlio Torcuato y Publio Decio Mus contra los latinos. Habiéndose
sacrificado Decio siguiendo un oráculo, Manlio le ganó la batalla a los latinos y
determinó la supremacía romana, luego de perseguirles hasta Campania. Así lo
escribió Tito Livio (59 a.C. – 17) en su Historia de Roma desde su fundación (8, 9):

23
“La batalla tuvo lugar cerca de la base del Monte Vesubio, donde la carretera lleva a
Veseris”.17

El famoso gladiador tracio Espartaco, rebelado con sus tropas, se refugió en el


cráter del Vesubio, y escenificó en sus cercanías la Batalla del Vesubio en el año 73
a.C., derrotando a los romanos, según lo refiere Apiano de Alejandría (c.95 - c.165):

“Por ese mismo tiempo, en Italia, Espartaco, un tracio que una vez había
servido en el ejército romano, y que luego, prisionero [por deserción], había
sido vendido como gladiador, razón por la cual estaba en una escuela de
gladiadores de Capua, persuadió a setenta de sus compañeros de salir y
arriesgar su vida por la libertad más que por un espectáculo; y, tras vencer en
compañía de ellos a los guardias, escaparon. Se armaron a sí mismos con
dagas que tomaron de unas carretas que encontraron, y se refugiaron en el
Monte Vesubio. (Apiano, Guerras civiles, 1, 116).

Apiano de Alejandría escribe esto en el siglo II, pero, para cuando Espartaco
estuvo allí, es claro que el cráter era calmo, suficiente para guarecer sus tropas.

Tiempo después de Espartaco, Virgilio (70 a.C. – 19 a.C.) escribió las


Geórgicas precisamente durante su estancia en Campania, las cuales fueron
publicadas en el año 29 a.C. Es un largo poema sobre las labores agrícolas y una
alabanza a la vida rural. En ellas, Virgilio explica el porqué de fertilidad del suelo
campaniano y de alrededores del Vesubio debió al suelo oscuro y suelto, proclive a
ser arado y dado a absorber la humedad, de modo que la naturaleza porosa lo
hiciese óptimo para la agricultura y viticultura (Sebesta, 2006, p. 99-100).

Como Roma para el siglo I a.C. ya era una gran potencia política y militar, el
griego Estrabón (64 o 63 a.C. – 24 o 19 d.C.), en gran parte un contemporáneo de

17 Tito Livio refiere la batalla en el libro VIII (7 – 10). Sebesta (2006, p. 99), hace esta
referencia, así como en general sobre el Vesubio en la literatura clásica, que sirve de base
para la confrontación y consecución de las referencias de Estrabón y Vitruvio, más adelante.

24
Virgilio, dedicó los libros V y VI de su portentosa obra Geografía, a la península
itálica, y en ella menciona al Vesubio y su área periférica:

Pompeya sirve de puerto a Nola, Nuceria y Aquerras, localidad homónima de


la que está cerca de Cremona, a través del río Sarno, por el que entran y
salen las mercancías.

Domina estos lugares el monte Vesubio que está colonizado en derredor por
tierras de cultivo muy hermosas, salvo en su cima. Esta misma es plana en su
mayor parte, pero totalmente improductiva, y por su aspecto parece ceniza y
muestra unas grietas, que se abren como poros, de piedras ennegrecidas en
su superficie, como si hubieran sido consumidas por el fuego. En cierta
medida, se podría conjeturar que, en otro tiempo, este territorio fue pasto de
las llamas, que albergaba cráteres de fuego y que este acabó por extinguirse
por falta de madera. Quizás esta sea la causa de la fertilidad de su entorno,
como en el caso de Catania, donde, según se dice, la parte recubierta de
ceniza procedente de las ascuas arrojadas por el fuego del Etna ha producido
una tierra muy favorable para la vid. En efecto, contiene una sustancia que
engrasa tanto las glebas que son quemadas como las que están produciendo
frutos. Asimismo, los suelos que tenían exceso de esta grasa solo eran aptos
para la quema, lo mismo que los que contienen cualquier sustancia sulfurosa,
mas, después de secarse la grasa y extinguirse el fuego, transformándose en
cenizas, se convertían en suelos muy fructíferos. (Estrabón, Geografía, 5.4.8.).

Otro tratadista del siglo I a.C. fue Marco Vitruvio (c. 80–70 a. C. - c. 15 a. C.),
quien además fuera arquitecto de Julio César en su juventud, y cuya obra única
conocida, De Architectura (probablemente escrita entre 27-23 a.C.) toca sobre
órdenes, materiales, técnicas decorativas, construcción, tipos de edificios, hidráulica,
colores, mecánica y relojes solares. En su libro segundo, el capítulo VI se titula “Del
polvo llamada Pozzolana”, y trata sobre los materiales que se encuentran en

25
Campania y alrededor del Vesubio, de manera particular, así como del Vesubio
mismo, las aguas termales y su carácter volcánico18:

Hay tambien una especie de polvo de -virtud maravillosa, que se cría en los
contornos de Bayas y territorios de los municipios sitos á la falda del Vesuvio.
Este polvo, mezclado con la cal y piedra, no solo concilia la mayor firmeza á
los edificios, sino que aun las obras de mar construidas con él se consolidan
debaxo del agua misma. La causa de ello parece ser los grandes incendios
subterraneos que hay de azufre, alumbre ó betun en las entrañas de dichos
montes, segun demuestran las muchas fuentes de agua hirviendo que alli
nacen; pues corriendo por las venas de la tierra el fuego y vapor de sus
llamas, la vuelve ligera, de forma, que la tova que alli se halla es aridísima y
extremamente enxuta…

Que haya incendios subterraneos en aquellos sitios se puede también colegir


de que en los montes de Cuma y Bayas hay muchas cuevas que sirven de
sudatorios, en las quales el vapor ardiente que sube de la tierra la va
penetrando con su calor y vehemencia, y corriendo por sus venas, viene á
salir en aquellas partes, y da no poca utilidad con dichos sudatorios. Refierese
tambien, que antiguamente ardió el monte Vesuvio, y despidió grandisimos
incendios de sus entrañas, vomitando las llamas hasta los campos
circunvecinos: y la piedra esponja, llamada pomez Pompeyana, parece no ser
otra cosa que alguna especie de piedra, que penetrada del fuego, se reduce á
la calidad de pomez. Esta piedra esponja que alli se saca no se halla en otra
parte mas que á los contornos del Etna, y en los collados de Missia, llamados
de los Griegos Catacecaumeni, y acaso en algun otro sitio semejante.

18Marco Vitruvio, De Architectura, 2.6.17-18. El español de la traducción se nota “extraño”,


porque se ha usado una traducción del siglo XVIII, que parece muy atractiva por su estilo, y
muy entendible a pesar del español antiguo.

26
Diodoro Sículo o Diodoro de Sicilia (s. I a.C.), otro historiador de origen griego,
también refiere al carácter volcánico de los Campos Flegreos y de las erupciones del
Vesubio en tiempos antiguos, sin precisar de qué tipo o cuándo, en el Libro IV de su
Bibliotheca Historica 19, cuando narra una visita de Hércules a Roma y Campania.

Resulta evidente que varios intelectuales del siglo I a.C. (alimentados en


fuentes diversas, y quizás coincidentes, deben aclararse) consideraban al Vesubio
un volcán similar al Etna, con productos comparables (como las lavas y piroclastos,
incluidas las pómez), aunque quizás le calificaran de extinto o en reposo por largo
tiempo. Y gracias a las características de los suelos volcánicos, Estrabón explica la
fertilidad y bondad de ellos para las actividades agrícolas y vitiníferas -como ya lo
describía Virgilio-, o bien, por sus características, óptimos para la construcción, como
lo afirma Vitruvio. Sucede, con mucha frecuencia, que los entendidos o expertos
saben de la naturaleza volcánica de ciertos montes, mientras que el grueso de la
población no lo entiende o no lo considera así, y por eso volcanes con prolongados
estados de reposo dan sorpresas eruptivas20. Desde el punto de vista histórico,
parece que el Vesubio no daba ningún otro signo de actividad de envergadura, al
menos desde la fundación de Nápoles, unos cinco siglos antes de Virgilio, Estrabón,
Diodoro y Vitruvio, y seis siglos antes de su erupción en el año 79.

19 Acá se utiliza una traducción directa del griego al inglés, originalmente de 1935, reimpresa
luego en los años sesentas: Diodoro de Sicilia, Bibliotheca Historica, 4.21.3-6: “Heracles then
moved on from the Tiber, and as he passed down the coast of what now bears the name of
Italy he came to the Cumaean Plain. Here, the myths relate, there were men of outstanding
strength the fame of whom had gone abroad for lawlessness and they were called Giants. This
plain was called Phlegraean ("fier") from the mountain which of old spouted forth a huge fire as
Aetna did in Sicily at this time, however, the mountain is called Vesuvius and shows many
signs of the fire which once raged in those ancient times.” [Entonces Hércules se movilizó
desde el Tíber, y conforme pasó por la costa de lo que ahora lleva el nombre de Italia, vino a
la planicie campaniana. Aquí, relatan los mitos, habían hombres de tremenda fuerza, cuya
fama había traspasado fronteras por su falta de ley, y que eran llamados Gigantes. Esta
planicie era llamada Flegra (fiera) por la montaña que antiguamente había escupido un
enorme fuego, como el Etna hizo en Sicilia en este tiempo, aunque la montaña es llamada
Vesubio, y muestra muchas señales del fuego que una vez rabió en aquellos tiempos
antiguos].
20Un caso reciente en Costa Rica fue el del Arenal, el cual se sabía en los círculos geológicos
que era un volcán en reposo, pero el grueso de la población lo consideraba extinto o
simplemente un cerro no volcánico. La erupción de 1968 demostró que sigue siendo un
volcán activo y lo será por siglos o milenios más.

27
3.2.2. Volcanes y terremotos en Plinio el Viejo y Séneca

Cerca de un siglo después de estos historiadores y poetas, en su obra magna,


Historia Naturalis, publicada en el año 77, Plinio el Viejo menciona al Vesubio de
manera escueta, al describir la geografía de Campania (siguiendo un esquema
parecido al de Estrabón): “En el litoral, Nápoles, colonia también de los calcídicos,
apellidada Parténope por la tumba de las sirenas, Herculano, y no lejos del celebrado
monte Vesubio, Pompeya, junto a la que corre el rio Sarno, el territorio Nucerino y a
nueve mil pasos del mar la propia Nuceria y Sorrento, con el cabo de Minerva en otro
tiempo sede de las sirenas.” (Plinio el Viejo, Historia Natural, III, 62) 21.

Para nada menciona su carácter volcánico, como sí lo hace del Etna, al


continuar describiendo la geografía, en este caso, de Sicilia: “el monte Etna, en el
que son de admirar los fuegos nocturnos. Su cráter se extiende por un espacio de
veinte estadios, la lava llega ardiendo hasta Tauromenio y Catina, y el estrépito hasta
los cerros Maroneo y Gemelos”. (Plinio el Viejo, Historia Natural, III, 88).

También menciona el carácter volcánico del Etna al hablar del elemento agua:

…cualquier clase de agua se encauza hacia abajo y, sin embargo,


brotan fuentes, incluso en las faldas del Etna, que arde con tal violencia que
arroja arenas con lenguas de fuego entre cincuenta y cien mil pasos” (Plinio el
Viejo, Historia Natural, II, 234), y del elemento fuego: “Y con respecto a los
prodigios de las montañas, el Etna arde siempre por las noches y después de
tanto tiempo sigue dando pasto a las llamas, porque en las temporadas de
invierno está nevado y recubre las cenizas que había vertido con el hielo.
(Plinio el Viejo, Historia Natural, II, 236).

Se refiere además indirectamente al volcanismo de Estrómboli, por sus


fumarolas: “Una tercera isla es Estrómboli, que mira a la salida del sol, a seis mil
pasos de Lípara. En ella reinó Eolo; solo se diferencia de Lípari por tener una llama

21 Estas localidades se muestran en el mapa de la Figura 3.

28
más líquida. Por su humo se cuenta que los naturales predicen con tres días que
vientos van a soplar: de ahí la creencia de que los vientos obedecían a Eolo”. (Plinio
el Viejo, Historia Natural, III, 94) Y sobre el archipiélago de las Eolias un poco más:
“En medio del mar, las islas eolias de Hiera y Lípara cerca de Italia, estuvieron
ardiendo a lo largo de algunos días con el propio mar durante la guerra Social…”
(Plinio el Viejo, Historia Natural, II, 106)22.

Plinio el Viejo también trata sobre otros aspectos de índole geológica como la
aparición o desaparición de islas en la periferia mediterránea de Campania y el sur
de Italia en el Libro II. Él no los explica como tales, pues en realidad solo los
enumera o describe, aunque hoy sabemos que se relacionan en gran parte con
volcanismo. También refiere los terremotos en diversas partes, y los relaciona o
explica por movimientos de aire. Mas, curiosamente, no menciona ninguno en la
región de Campania.

Al principio del subcapítulo se explicaba, que la región de Campania y hacia el


sur de Italia, se presenta vulcanismo reciente y una alta sismicidad, debido a la
interrelación de las placas tectónicas. En el siglo I, el sismo más notorio ocurrió el 5
de febrero del año 62. El filósofo, político y escritor hispano Lucio Anneo Séneca (4
a.C. - 65), en su enciclopedia sobre el mundo, Cuestiones naturales, narra en el Libro
Sexto, titulado “Sobre los terremotos” lo sucedido:

Pompeya, célebre ciudad de la Campania, rodeada de un lado por las playas


de Sorrento y Estabia, y de otro por la de Herculano, entre las que el mar se
abrió ameno golfo, quedó sepultada, como sabemos, por un terremoto que
devastó todas las comarcas inmediatas, y esto, Óptimo Lucilio, en invierno,
estación exenta de estos peligros, según decían nuestros mayores. Este
terremoto ocurrió el día de las nonas de febrero, siendo cónsules Régulo y
Virginio. La Campania, que nunca había estado segura de estas catástrofes,

22La isla de Hiera es la isla de Vulcano, compuesta por los volcanes Vulcano y Vulcanello.
La fecha que da, sería hacia el año 90 a.C. Habrá sido una erupción en un archipiélago muy
recurrente en este fenómeno, de por sí.

29
aunque no había pagado al azote otro tributo que el del miedo, quedó ahora
terriblemente asolada. Además de Pompeya, Herculano fue destruido en
parte, y lo que queda de él no está muy seguro. La colonia de Nueria, más
respetada, tiene también de qué quejarse. En Nápoles muchos edificios
particulares, aunque ninguno público, quedaron destruidos, alcanzándole, si
bien ligeramente, el espantoso desastre. De las quintas que cubren la
montaña, algunas se estremecieron, sin experimentar otro daño. Dícese que
pereció un rebaño de seiscientas ovejas, que se rompieron estatuas, y que
después del terremoto se vieron vagar hombres locos y furiosos. El estudio de
este fenómeno y de sus causas entra en el plan de mi obra, y encuentro para
ello la oportunidad de un caso contemporáneo. (Séneca, Cuestiones
Naturales, 6.1)23.

Séneca, al igual que lo afirmaría años después Plinio el Viejo, atribuye el


origen de los terremotos a los movimientos del aire, y de paso, menciona sus
observaciones respecto de la intensidad menor de las réplicas respecto del sismo
principal, situación que hoy conocemos muy bien y apreciación de Séneca que es
correcta24.

Este famoso sismo, habría tenido su epicentro solo 5 kilómetros al sur de


Pompeya y 15 kilómetros al sureste de la cima del Vesubio, al cual se le estima una
magnitud de alrededor de 5 (entre 5 y 6, juzgaría yo) y una intensidad máxima de X

23 Lo menciona como caso contemporáneo, el del terremoto, pues sucedió casi al final de la
terminación de su obra, publicada cercana a su muerte en el año 65.
24Ambos, Séneca y Plinio, usan argumentos y ejemplos diferentes, para explicar la misma
causa. Veamos:
Séneca (Cuestiones naturales, 6.31): “Entre los argumentos que prueban que el aire
produce los terremotos, puedes desde luego colocar este: Después de una sacudida violenta
que ha maltratado ciudades y comarcas enteras, la siguiente no puede ser tan fuerte; a la
primera siguen otras más ligeras, porque la corriente de aire ya se ha abierto paso.”
Plinio el Viejo (Historia natural, II.192): “…yo, por mi parte, considero fuera de duda
que el viento es la causa de ellos [los terremotos], pues nunca tiembla la tierra salvo con el
mar en calma y con un cielo tan sereno que no sostiene el vuelo de los pájaros, al
desaparecer cualquier brisa que los transporte; ni nunca salvo después del viento, o sea,
cuando su soplo queda encerrado en las venas y en las cavernas ocultas de aquella”.

30
en la escala Mercalli. En realidad, es un sismo moderado, pero con un fuerte daño
debido probablemente a su origen somero en la corteza del área (5-6 km de
profundidad, quizás), habiendo causado severos daños en Pompeya y Herculano y
menores hacia Nápoles, mucho más lejos (a 25 kilómetros)25. El carácter del sismo
(esto es: daños localizados y que decaen rápidamente con la distancia en 10 km, en
un área con fallas hoy reconocidas), sugiere que estaría relacionado con fallas
locales de mecanismo extensional o normal, que corta desde la base de los
Apeninos hacia el Mar Tirreno.

Existen discrepancias entre algunos investigadores acerca del año del sismo,
si ocurrió en el 62 o 63, y en particular, cuando se comparan el amplio escrito de
Séneca con una breve referencia de Tácito (55-122) al terremoto (Tácito, Anales,
15.22)26. Se argumenta que los cónsules que menciona Séneca son del año 63, a
pesar de que Tácito cita el año 62. Por eso es que el catálogo de sismos italiano, cita
el año 63. Se argumenta incluso, que podrían ser hasta dos sismos diferentes, lo
cual es posible, si atendemos a las observaciones que hace Séneca sobre los
sismos réplicas, y que es común en este tipo de sismicidad. 27 Para efectos prácticos
de esta discusión, lo importante es que un sismo local de magnitud importante
ocurrió en la región en esos años. Incluso se discute sobre la posibilidad de varios
eventos sísmicos trascendentes entre el 62 y el 79, aparte de los sismos precursores
de la erupción, y por eso los procesos de reconstrucción en Pompeya y Herculano
duraron años y fueron afrontados con fondos públicos (incluso asignados por el
emperador Vespasiano) y privados (de Carolis & Patricelli, 2003, pp. 75-76).

25 El epicentro y la intensidad máxima se basa en el catálogo de Giorgetti & Iaccarino (1971),


el cual curiosamente establece el año como el 63 y se verá en el texto el porqué. El sismo
aparece además listado en el catálogo general del National Geophysical Data Center de los
EE. UU., asequible a través de la ciberpágina
http://www.ngdc.noaa.gov/nndc/struts/results?st_1=42.7&bt_2=12.5&st_2=16.5&bt_1=38.
7&d=1&t=101650&s=1. La magnitud y profundidad se basan en las estimaciones publicadas
por De Carolis & Patricelli (2003, p. 74).
26 “En Campania, la famosa ciudad de Pompeya fue en gran parte arruinada de un
terremoto.”
27Véase una discusión amplia sobre el año posible o sobre las fechas o la posibilidad de dos
temblores diferentes en Hine (1984).

31
Este sismo ha sido visto por muchos años como un evento precursor de la
erupción del año 79, diecisiete (o dieciséis…) años después, y de tal manera se ha
propagado por muchos trabajos y a través de citas en la internet. No obstante, el
análisis de la tectónica y sismicidad del área en los últimos siglos muestra más bien
que los sismos que ocurren en la zona y en la vecindades de los Apeninos, relajan el
estrés tectónico en la vecindad del Vesubio, de modo que algunos años hasta
décadas posteriores a un evento sísmico moderado, existe una proclividad a que el
magma ascienda desde las profundidades donde se encuentra alojado en los
reservorios magmáticos, hacia la superficie, causando erupciones importantes. Esto
es: no es el magma en ascenso el que provoca los temblores, sino los temblores que
relajan el entorno y favorecen entonces que el magma ascienda28.

De tal manera, con un Vesubio conocido como volcán, solo por algunos de los
intelectuales del Imperio, y sin conocerle con certeza si había hecho erupción, y
mucho menos cuándo, y en medio de una zona sísmica conocida, la población que le
rodeaba estaba viviendo en un área que sería escenario de una de las catástrofes
más notorias de la historia. Los Plinios, tío y sobrino, serían protagonistas en ella.

3.3. El Vesubio y su estrecha relación con los Plinios

3.3.1. La muerte de Plinio el Viejo y las crónicas epistolares de Plinio el Joven

Los romanos conocían los volcanes solamente a través de las fumarolas en


varias islas y sitios del sur de Italia y en el Egeo, por las frecuentes erupciones de
lava del Etna, un par de erupciones explosivas importantes del Etna (Branca & Del
Carlo, 2004, p. 5.)29, o las explosiones menores en Estrómboli y Vulcano. Las dos
gigantescas erupciones explosivas que habían ocurrido en el Mediterráneo fueron, la
de la isla de Santorini en el Egeo cerca del año 1600-1627 a.C. (que causó un

28 Los detalles tectónicos, sismológicos e históricos están ampliamente discutidos e


ilustrados en el trabajo de Marzocchi et al. (1993). Aunque no lo hacen explícito para el
sismo del año 62, la hipótesis también parece válida para este sismo y la consecuente
erupción, sobre todo después de un prolongado periodo sin eruptividad en ese momento.
29 A pesar de que hay nueve erupciones explosivas preservadas en el registro geológico,
correspondientes al lapso 1330 a.C. - 1200, solo hay documentos que refieren dos de ellas,
quizás las más importantes, en los años 122 a.C. y 42 a.C.

32
tsunami y otros efectos en la cultura minoica: Bruins et al., 2009), y en el Vesubio en
el año 1830 a. C.30, ambas cerca de un milenio antes de la fundación de Roma, que
se sitúa tradicionalmente en el 753 a.C. Algunas posibles erupciones menores
ocurrieron en el Vesubio hacia el año 830 a.C. (Rolandi et al., 1998), y muy
dudosamente en el año 217 a.C. (Stothers & Klenk, 2002)31. Como se ha visto, el
área de Campania no se empezaría a poblar de manera importante, sino hacia el
siglo IX a.C., de modo que no se tenía ningún registro verbal y menos escrito de
cualquier evento volcánico fehaciente en el Vesubio para cuando sucedió la erupción
del año 79, excepto las vagas historias mencionadas por Vitruvio, o la leyenda
herculeana de Diodoro Sículo, que se ha mencionado supra.

Fue por esto que, aunque en la Campania se conocían bien los terremotos y el
vulcanismo de poca monta, no se tenía noticia de grandes erupciones volcánicas en
el momento de la erupción del Vesubio en el año 79, y Plinio el Viejo, el gran sabio
de la historia natural, no podía dejar de averiguar más sobre un asunto de tal
magnitud, mucho menos, cuando sucedía en sus territorios de almirantazgo de la
flota del Tirreno.

Como se ha mencionado en el último párrafo del subcapítulo 3.1, conocemos


detalles de la erupción y de la suerte del tío, gracias a las cartas 6.16 y 6.20 de Plinio
el Joven, dirigidas a Tácito ante su pedido (es decir, si Tácito no le hubiera hecho tal
requerimiento, quizás Plinio el Joven jamás se hubiera detenido a escribir la heroica
historia final de su tío, ni la mortífera erupción del Vesubio). Siguiendo la narración
hecha por Plinio el Joven, la muerte de su tío Plinio el Viejo se dio desde condiciones
en las que no solo intentó estudiar el fenómeno volcánico32, sino que se tornó más

30 Esta es la mejor edad que se tiene actualmente para esa erupción, conocida como
“Avellino”, ocurrida al final de la Antigua Edad de Bronce, la cual movilizó gente en masa
huyendo de ella, y que dejó una profunda huella hoy reconocida arqueológica y
vulcanológicamente. Para estos detalles, puede consultarse el artículo de Mastrolorenzo et al.
(2006), aunque además se verá con más detalle en el Capítulo 4.
31 Esta posible fecha es muy dudosa y se le ha descalificado en varios casos, sobre todo por
falta de evidencia geológica definitiva. Basado en un poema de Silio Itálico, puede conllevar
problemas interpretativos, como apunta Sebesta (2006, p. 108).
32 Healey (2000, p. 23), bien lo afirma basado en Plinio el Joven: “… no doubt spurred on by
his scientific curiosity wishing to observe the volcano at close quarters” […sin duda acicateado
por su curiosidad científica, deseando observar el volcán desde posciones cercanas].

33
bien a salvar gente de la tragedia volcánica, usando los barcos de la armada que
tenía a su disposición, por lo que se podría afirmar, que fue uno de los precursores
de la Defensa Civil en casos de atención de emergencias de índole natural.

La familia estaba en Miseno (véase la Figura 3, en donde se muestran las


principales localidades que se mencionan en este y en subcapítulos subsecuentes,
así como características de los depósitos producidos y que son de interés), al oeste
del Vesubio, según relata el sobrino en su carta, cuando se notó la erupción a lo lejos
(una ilustración de los hechos, interpretada en una pintura se muestra en la Figura
4).

Figura 3: Mapa de elevación digital del área del volcán Vesubio en Campania. El inserto
superior izquierdo muestra a Italia y la periferia mediterránea, con la ubicación de Roma y la
localización del rectángulo en detalle. Se muestran las principales ciudades mencionadas en el
texto. La línea amarilla es el límite de 10 cm de espesor de la pómez que cayó el primer día de
erupción. La línea azul es el límite de 10 cm de espesor de la pómez que cayó el segundo día de
erupción. De esas líneas hacia el interior, los espesores de pómez caída ascienden
ostensiblemente. La línea roja es el límite alcanzado por las corrientes piroclásticas originadas
el segundo día de erupción. Las líneas han sido adaptadas a partir del mapa de la Figura 1 del
trabajo de Shea et al. (2012, p. 2364). Los detalles se discuten en el texto.

34
La carta 6.16 de Plinio ofrece interesantes detalles de lo que aconteció en
Miseno y el inicio de la odisea final de su tío:

El 24 de agosto, como a la séptima hora, mi madre le hace notar que ha


aparecido en el cielo una nube extraña por su aspecto y tamaño. Él había
tomado su acostumbrado baño de sol, había tomado luego un baño de agua
fría, había comido algo tumbado y en aquellos momentos estaba estudiando;
pide el calzado, sube a un lugar desde el que podía contemplarse mejor aquel
prodigio. La nube surgía sin que los que miraban desde lejos no pudieran
averiguar con seguridad de qué monte (luego se supo que había sido el
Vesubio), mostrando un aspecto y una forma que recordaba más a un pino
que a ningún otro árbol. Pues tras alzarse a gran altura como si fuese el tronco
de un árbol larguísimo, se abría como en ramas;…A mi tío, como hombre
sabio que era, le pareció que se trataba de un fenómeno importante y que
merecía ser contemplado desde más cerca. Ordena que se le prepare un
navío veloz, y me ofrece la oportunidad de ir con él, si yo lo deseaba; le
respondí que prefería continuar estudiando, y precisamente él me había dado
algún material para que yo lo escribiese. Cuando salía de casa, recibe un
mensaje de Rectina, esposa de Tascio, aterrorizada por el peligro que la
amenazaba (pues su villa estaba al pie de la montaña y no tenía ninguna
escapatoria, excepto por mar); le rogaba que la salvase de esa situación tan
desesperada. Él cambió de planes y lo que había iniciado con el ánimo de un
estudioso lo terminó con el de un héroe. Manda sacar las cuadrirremes, él
mismo sube a bordo con la intención de auxiliar no solo a Rectina sino a otros
muchos (pues los encantos de la costa atraían a un gran número de
visitantes). Se dirige rápidamente al lugar del que todos los demás huyen
despavoridos, mantiene el rumbo en línea recta, el timón directo hacia el
peligro, hasta tal punto libre de temor que dictaba o él mismo anotaba todos
los cambios, todas las formas de aquel desastre, tal como las había captado
con los ojos.

35
Al comparar el área afectada por la erupción mostrada en la Figura 3, es
evidente el porqué desde Miseno solo se veía la erupción a lo lejos, mientras en la
costa campaniana, hacia el sur del Vesubio caía una gruesa capa de pómez (la línea
amarilla), y la gente de ese lado clamaba por ayuda. Los vientos soplaban
fuertemente de norte a sur aproximadamente, de modo que incluso en Herculano, al
pie del volcán, no caía pómez. Siendo esa costa muy activa, no parece extraño que
le hayan llegado los pedidos de ayuda a Plinio el Viejo tan prontamente.

El sobrino, probablemente más asustado por el fenómeno, que cuidadoso de


sus deberes, no acepta ir en la expedición y eso nos ha asegurado a la posteridad el
haber tenido un testigo descriptor de primera mano de la erupción, pues de lo
contrario, hubiera muerto junto con su tío. Aún en el periplo de salvamento, el tío
continúa su labor científica, única en su vida, pero por desgracia, los documentos se
perdieron en conjunto con su vida. Por supuesto, cabe la duda de cómo el sobrino se
dio cuenta de estos detalles, cuando había muerto el tío en el proceso. Algunos
sobrevivientes pudieron haberle contado, casi con seguridad (escribe casi al final de
su carta 6.16: “…he expuesto con detalle todos los acontecimientos de los que o bien
fui testigo, o bien tuve noticias inmediatamente después de que ocurriesen, cuando
se recuerdan más fielmente”), y él pudo bien haber novelado parte del suceso, con
conocimiento del comportamiento de su tío.

Conforme sigue la carta de Plinio el Joven, resulta evidente que la costa


estaba siendo fuertemente afectada por la caída de pómez y por algunas corrientes
piroclásticas que se originaban en el volcán, pero aún no llegaban muy lejos de él. El
puerto de Estabia (ver mapa de la Figura 3), el más sureño en la planicie que bajaba
del Vesubio y aparejado contra las colinas del sur, parecía el sitio más seguro para
poder fondear y salvar a sus amigos y otra gente, que clamaba ayuda.

36
Figura 4: Placa de cobre coloreada (39 cm x 45 cm) de Thomas Burke (1749-1815)33 titulada “El
joven Plinio reprendido”. Muestra a la madre de Plinio el Joven, a ambos Plinios en Miseno y al
fondo el Vesubio en erupción. (Uso libre garantizado a través de
http://en.wikipedia.org/wiki/Pliny_the_Younger#mediaviewer/File:The_Younger_Pliny_Reproved
.jpg).

33 La pintura original es un óleo de la británica nacida en Suiza, Angelica Kauffman (1741-


1807), titulado “Plinio el Joven y su madre en Miseno, 79 d.C.”. Sus dimensiones son 103,0
cm x 127,5 cm, y enmarcado, 140,5 cm x 116,0 x 5 cm. Se encuentra en Nueva York en el
Princeton University Art Museum, donado por Franklin H. Kissner. Según el cibersitio del
museo (http://artmuseum.princeton.edu/fr/collections/objects/31399), la cédula del
cuadro dice:
This is one of three large-scale history paintings Angelica Kauffmann produced in
Italy in 1785 for a Mr. Bowles, an English patron. As was noted when the work was
first exhibited at London’s Royal Academy in 1786, Pliny has two left feet. The reason
for this may be that Kauffmann, then among the most popular artists in Rome,
evidently relied on her less talented husband, Antonio Zucchi, to complete many of her
commissions.
[Esta es una de las pinturas históricas de gran format que Angelica Kauffmann
produjo en Italia en 1785 para un Sr. Bowles, un patrocinador inglés. Como se notó
cuando el cuadro se exhibió por primera vez en la Academia Real de Londres en
1786, Plinio tiene dos pies izquierdos. La razón de esto puede ser que Kauffmann, en
ese tiempo entre las más populares artistas en Roma, evidentemente relegó en su
menos talentoso esposo, Antonio Zucchi, el completar muchas de sus comisiones].
Del óleo original de Kauffman al grabado en metal de Burke, hay una sola gran
diferencia: el grabado corrige uno de los dos pies izquierdos de Plinio el Joven, haciendo ver
al derecho como derecho, y cambia un poco la posición de ese pie derecho.

37
El asunto es que su tío murió el día 25 de agosto, segundo día de la erupción,
cuando esta recrudeció después del amanecer y habiendo soportado una intensa
caída de pómez durante la madrugada. Según lo que cuenta el sobrino, parece que
aparte de ser corpulento, el tío sufría de asma (lo que escribe es que tenía la laringe
delicada de nacimiento y que con frecuencia se le inflamaba), y bien pudo haber
muerto sofocado por parte de los gases y de las cenizas finas que invadieron Estabia
durante la fase más violenta de la erupción, con la generación y llegada de corrientes
piroclásticas, casi en la parte terminal de oleadas (Baxter, 2000, p. 1036) (ver mapa
de la Figura 3). La descripción es breve: “la densa humareda le impidió respirar y le
cerró la laringe”, y su cuerpo fue rescatado al día siguiente, una vez que la erupción
violenta cesó. Con base en estudios de las muertes en Pompeya, de gente asfixiada
por las cenizas finas de las corrientes piroclásticas últimas, esto es posible (Luongo
et al., 2003b).

Healey (2000, p. 23) con base en varios autores que discuten la posible causal
de muerte, sugiere que pudo haber sido un ataque cardiaco acelerado por las
circunstancias. Serbat (1995, pp. 22-35) acaba opinando lo mismo, aunque discute
con amplitud las incongruencias y hasta posibles exageraciones que ciertamente
contiene el relato de la carta del sobrino. Y por supuesto, está lo que escribe
Suetonio y se ha citado antes: “Según algunos autores, fue muerto por uno de sus
esclavos, a quien él suplicó que le diera muerte, al verse ahogado por el calor”. Si
fuera esto último, en los tiempos estoicos que se vivían en el Imperio Romano, pedir
que se le hiciera este sacrificio y ayudar a la evacuación de sus amigos, no sería
para nada, mal visto ni censurable.

La carta del sobrino no abunda en detalles sobre lo que hizo el tío respecto del
salvamento, y más bien se extiende en una visión, si se quiere idílica, sobre las
últimas horas de su tío. En la carta 6.20 aborda más bien sobre los sismos
premonitores a la erupción que azotaron la región campaniana, su situación en
Miseno, y cómo se vivía la hecatombe allí, acompañada de más sismos durante la

38
erupción, así como imponentes rayerías34, y cuáles eran sus sentimientos y el de la
gente en general, con varias descripciones sobre lo que observó a lo lejos, hacia el
sector de Oplontis, Pompeya y Estabia, aunque no les mencione exactamente. No
sabemos a partir de las cartas de Plinio el Joven, qué pasó luego de la gran tragedia
volcánica en el área de Campania, puesto que tales cartas fueron escritas a Tácito
solo para contarle sobre la muerte de su tío (la 6.16) y luego, ante pedido de Tácito,
de más detalles sobre él mismo durante la tragedia.

Acerca de lo que escribió Tácito respecto de las erupciones del Vesubio y la


muerte de Plinio el Viejo, no tenemos noticias porque el volumen correspondiente de
sus Historias se extravió (Sebesta, 2006, p. 102), y de lo único que tenemos registro
es algo que ha escrito de manera vaga en sus Anales, sobre el área de Campania
que era de una agradable vista por su maravillosos aspecto desde la isla de Capri, al
oeste de Sorrento (ver Figura 3), el cual fue cambiado por la erupción del Vesubio.
Tácito (Anales, 4.67), relata cuando el emperador Tiberio estuvo en Capri, cuya
estadía se dio entre el año 23 y hasta casi su muerte en el 37. Al describir el sitio, lo
exalta, y menciona los cambios tras la erupción: “Gozaba de un cielo templado y
agradable en el invierno a causa de tener los montes opuestos al ímpetu del viento, y
en el verano el estar vuelta aquella isla al Favonio, con el mar libre y abierto por
todas partes, y el gozar de la vista de aquel agradable seno, antes que el monte
Vesubio con sus cenizas mudase la forma de aquellos lugares, la hacían
extremadamente apacible y amena.”

Suetonio (113, pp. 274-275), a inicios del siglo II, también hace una corta
alusión al desastre del Vesubio, cuando describe los acontecimientos de la vida del
emperador Tito:

Tristes e imprevistos acontecimientos perturbaron su reinado: la erupción del


Vesubio en la Campania; un incendio en Roma que duró tres días y tres

34 La sismicidad previa a una erupción es algo común en este tipo de grandes erupciones,
cuando el magma asciende a través de la corteza terrestre, y asimismo la sismicidad durante
el proceso eruptivo, y la rayería, la cual se da por intercambios de cargas eléctricas entre las
cenizas llenas de vidrio volcánico caliente, y la atmósfera calentada en gran movimiento.

39
noches, y una peste, en fin, cuyos estragos fueron espantosos. En estas
calamidades demostró la vigilancia de un príncipe y el afecto de un padre,
consolando a los pueblos con sus edictos y socorriéndoles con sus dádivas.
Varones consulares, designados por suerte, quedaron encargados de reparar
los desastres de la Campania; se emplearon en la reconstrucción de los
pueblos destruidos los bienes de los que habían perecido en la erupción del
Vesubio sin dejar herederos.

El historiador Dion Casio (155->235), quien escribiera en griego, cerca de un


siglo y cuarto posterior al evento vesubiano (a inicios del siglo III) también aporta
datos interesantes sobre la erupción y las consecuencias, no exento de
exageraciones y sobre el papel de gigantes subterráneos en ella. Los libros escritos
por Dion Casio fueron ochenta y cinco, pero solo se han preservado fragmentos
varios. En el libro LXVI es en donde se habla del Vesubio y del área de Campania 35.
No hace muchas aportaciones en la descripción del fenómeno, excepto en acotar
cinco aspectos importantes no mencionados por Plinio el Joven: que hubo una
sequía o desecación antes de la erupción 36; que dos ciudades, Herculano y
Pompeya, fueron sepultadas totalmente; que la ceniza producida por la erupción
alcanzó Roma (al norte), y África, Siria y Egipto (al sureste) 37; que el volcán continuó

35 De los libros subsecuentes al LX aún no hay traducción al español. Se echa mano de una
traducción al inglés, sugerida y en parte reproducida por Sebesta (2006, pp. 102-104), libro
66.21-25. La traducción es totalmente asequible en línea:
http://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/Cassius_Dio/66*.
36 Esto es ambiguo, y podría interpretarse como cambio de nivel de los pozos, o un cambio
en el nivel freático evidente en charcos o lagunas, que bien pudiera estar relacionado con un
inflamiento del terreno no perceptible al ojo, y quizás debido a la intrusión de magma en
niveles someros de la corteza. Menciona además temblores premonitorios, que sí son
mencionados por Plinio.
37 Esto no parece exagerado, en tanto el patrón observado de distribución de la pómez
mostrado en la Figura 3 indica hacia el sureste. Siria y Egipto quedan a unos 2000 km de
distancia, y comparando el tamaño de la erupción, similar por ejemplo a la del Cosigüina en
Nicaragua en 1835, es plausible.

40
activo posterior a la gran crisis volcánica38, y por último, al igual que Suetonio, indica
que el emperador Tito hizo ingentes esfuerzos por la recuperación económica y de
los habitantes de la región.

Otros escritores y poetas contemporáneos con la gran tragedia volcánica, han


hecho alusión al desastre en la Campania (Sebesta, 2006, pp. 105-111), como
Marcial (40-104) en un poema del año 88 que compara las maravillas del paisaje
antes y el aspecto yermo luego de la erupción; Estacio (c.45-85) en varios poemas y
epístolas que lamentan el pobre estado en que quedó su tierra natal, y Silio Itálico
(25 o 26 – 101), un contemporáneo de los dos Plinios, que en su obra Punica reiteró
la portentosa erupción, en parte de manera metafórica, enfatizando la extensión de la
ceniza, lo que fue probablemente después usado por Dion Casio como un hecho, y
que casi sin duda lo fue. Estos autores destacan el estado deplorable en que quedó
el paisaje de la Campania, lo cual es entendible debido a la extensión alcanzada por
las corrientes piroclásticas altamente destructivas emanadas durante la erupción (ver
el mapa de la Figura 3), y en que el volcán siguió activo posterior a la gran erupción,
lo cual también es normal en casos de erupciones tan poderosas.

Como se ve, no ha sido Plinio el Joven el único que reportara la tragedia en


Campania por el Vesubio, sino varios otros escritores e historiadores antes que él, y
hasta un siglo posterior a él. Pero estos, a diferencia de lo que hiciera Plinio el Joven,
no son los testimonios de alguien que vio la erupción de primera mano y primeros
ojos, ni de alguien que describiera con tanta elocuencia y detalle, varios de los
procesos que luego harían historia y serían recordados precisamente por eso, por la
riqueza y precisión de la descripción, ergo por su utilidad científica e histórica ulterior.

3.3.2. Defensa civil en el Imperio Romano del siglo I

Ha sido lo común a lo largo de la historia, que la defensa civil fuera vista como
una serie de medidas para tomar de manera inmediata una vez que las calamidades

38 Por supuesto Dion Casio además tiene la ventaja que escribe un siglo después que Plinio
el Joven escribiera sus cartas a Tácito, y tenía noticia de una continuada o cíclica o
recurrente actividad del volcán, mucho menor, ciertamente, que a la de la gran erupción.

41
ocurrieran, y también comúnmente que los cuerpos organizados fueran dependientes
de las fuerzas militares. Así, la defensa civil no es algo nuevo en las estrategias de
gestión de riesgo, y con ciertos avances, derivaron a cuerpos más preventivos, o
bien para evitar que algunos eventos pasaran de ser dañadores a catastróficos o
calamitosos (Quarantelli et al., 2007, p. 20.). Por ejemplo, en la antigua Roma,
brigadas de bomberos fueron organizadas por el emperador Augusto en el año 22
a.C., y la ley ordenaba a los ciudadanos tener agua a mano para manejar cualquier
situación relativa al inicio de un incendio (Racco, 1985, p. 456.). Las brigadas eran
operadas por un grupo de esclavos sin mucho entrenamiento, pero a raíz del
incendio de Roma del año 6, que casi destruyó un cuarto de la ciudad, se fundó un
cuerpo de vigilantes a su cargo, a tiempo completo y con maquinaria apropiada, que
sería el primer cuerpo de bomberos organizado de la historia (Quarantelli et al., 2007,
p. 20.).

También hubo adelantos en lo que fue la construcción sismo-resistente en


Roma, con técnicas de diseños que pudieran resistir los embates de los temblores
frecuentes en el área mediterránea, aunque por desgracia, la mayoría de esas
medidas fueran olvidadas a lo largo del Medioevo (Massard-Guilbaud et al., 2002, p.
31). Varios de estos avances estuvieron relacionados con el concreto desarrollado
por los romanos, que dio buenos resultados ingenieriles en el aspecto sismo-
resistente, pero de manera netamente empírica, en obras dirigidas por arquitectos
militares con enormes cantidades de obreros esclavos (Harries, 1996).

Las medidas de ayuda para la reconstrucción de áreas afectadas por sismos y


volcanismo, también fueron parte de las políticas romanas, tal como se desprende de
la ayuda directamente ordenada por el emperador en los casos del sismo en
Campania en el año 62 y posterior a la erupción del Vesubio (como se ha expuesto
en los subcapítulos precedentes), pero estas estaban más bien enmarcadas dentro
de una política de importancia de la rehabilitación como una “mark of age that saw
disasters as opportunities for impressive displays of government largesse and
philantropy” [marca de una era que vio los desastres como oportunidades para
impresionantes demostraciones de generosidad y filantropía del gobierno] (Newbold,
1982, citado en Harries, 1996, p. 6). No había, empero, una visión más global que

42
incluyera una aproximación totalmente preventiva, incluyendo inundaciones,
terremotos y otros eventos naturales o los antropogénicos (como los incendios), pues
no había un entendimiento avanzado sobre la génesis de los eventos sísmicos o
volcánicos.

Así pues, poco se ha escrito o discutido, o resaltado respecto de la labor de


defensa civil que quiso llevar a cabo Plinio el Viejo durante la erupción del Vesubio.
Es evidente, que el fenómeno volcánico llamó la atención a su mente con una
formación científica (lo que podemos llamar ciencia en esa época, que difiere en
parte de lo que conocemos hoy, ciertamente), y quiso estudiar el asunto más de
cerca. Pero también resulta evidente que siendo el comandante a cargo de la flota de
Miseno, haya acudido a salvar a la gente que se encontraba en aprietos, y en
particular, a aquellos muy cercanos a él. De tal manera, podemos afirmar, que su
labor fue precursora, si bien no de una manera formal o definida, de una defensa civil
del Imperio, para sus habitantes afectados por catástrofes originadas en eventos
naturales.

Serbat (1995, pp. 22-35) aventura la hipótesis de que Plinio el Viejo no hizo
mayor cosa durante la emergencia del Vesubio, que guiar una nave a salvar a sus
amigos que suplicaban ayuda, y que posiblemente era un tipo enfermo y decrépito,
obeso y en decadencia, y que el relato de su sobrino lo enaltece por interés y lealtad
familiar. Es una hipótesis que no encuentra otro sustento, que la conjetura. Si bien
Plinio el Joven afirma que su tío era corpulento, nada más indica que sus facultades
estuvieran disminuidas, y más bien toma el mando de la situación. Es cierto que el
sobrino enfatiza en su carta a Tácito, el valor y el desprendimiento humano del tío,
pero no parece tan exacerbado. Cuesta creer que el almirante de la flota del Tirreno,
que dos años antes haya publicado su magna obra de treinta y siete volúmenes, con
un gran poder concedido por el propio emperador, no haya dado algunas
instrucciones adicionales a sus embarcaciones para hacer algo más en labores de
salvamento, que solo ir con una pequeña nave él solo y sus acólitos. Si no hubiera
sido considerado como un héroe durante la tragedia, entonces ¿por qué el interés de
Tácito de enaltecer la memoria de Plinio el Viejo, pidiendo a su sobrino que detallara
los últimos días de su vida? Por desgracia, como se ha mencionado, el volumen de

43
la obra de Tácito donde toca estas cuestiones ha desaparecido, y solo tenemos el
testimonio de Plinio el Joven para sostener nuestra tesitura del tío, como un pionero
de la defensa civil práctica en el Imperio Romano.

3.3.3. El legado vulcanológico de los Plinios

Por otra parte, la descripción de la erupción del Vesubio hecha en las cartas
de Plinio el Joven a Tácito (las mencionadas cartas 6.16 y 6.20), han sido usadas por
los vulcanólogos para entender las erupciones de enorme energía y tamaño, que en
su honor fueron bautizadas “plinianas” y así se siguen conociendo. En la
Enciclopedia de Vulcanología, uno de los más respetados textos de Vulcanología en
el presente, hay dos claras referencias al respecto. La primera, incluye la amplia
descripción de las erupciones plinianas:

Large-scale volcanic plumes are generated during the continuous discharge


of fragmented silicic magma and gases from a single vent. A classic example
of this was the 79 A.D. eruption of Mount Vesuvius that buried the ancient
cities of Pompeii and Herculaneum. This style of volcanism is referred to as
plinian, in honor of Pliny the Younger, who provided the first written description
of an explosive eruption. He described the appearance of the plume over
Vesuvius as resembling a giant tree with the main part rising along a trunk but
then spreading out at the top like a series of branches. [Penachos volcánicos
de gran escala son generados durante la continua descarga de magma silíceo
fragmentado y gases desde un solo cráter. Un clásico ejemplo de esto fue el
de la erupción del Monte Vesubio en el año 79, que enterró las antiguas
ciudades de Pompeya y Herculano. Este estilo de vulcanismo se refiere como
pliniano, en honor a Plinio el Joven, quien proveyó las primeras descripciones
escritas de una erupción explosiva. Él describió el aspecto del penacho sobre
el Vesubio semejante a un árbol gigante con la parte principal alzándose como
un tronco y luego expandiéndose en la parte superior como una serie de
ramas.] (Carey & Bursik, 2000, p. 531).

44
La segunda referencia es la corta definición de las erupciones plinianas:
“Named for Pliny the Younger, a violently explosive eruption that ejects a large
volume of tephra high into the stratosphere”. [Nombradas a partir de Plinio el Joven,
una erupción violentamente explosiva que eyecta un enorme volumen de tefra alto en
la estratosfera] (Harris, 2000, p. 1301).

Bien puede llamarse la atención que este término debería ser en honor al tío o
bien, a ambos Plinios, con el tío como héroe precursor de una defensa civil, y no al
sobrino exclusivamente, simple descriptor y testigo de las erupciones.

Tan trascendentes para la Vulcanología son las descripciones que da Plinio el


Joven sobre la erupción del Vesubio, que no sería sino hasta casi quince siglos
después, que las siguientes descripciones detalladas de un edificio volcánico y su
actividad, serían realizadas, esta vez en el Nuevo Mundo, en Nicaragua, cuando en
1529 Gonzalo Fernández de Oviedo ascendió al cráter del volcán Masaya, que
presentaba actividad hawaiana, y publicó parte de sus observaciones en Sevilla en
1535 (Boixereu & Villaseca, 2014).

Las reconstrucciones hechas de la erupción del Vesubio del año 79 y que han
sido seguidas con base en la estratigrafía de los depósitos conservados en los sitios
de las ciudades sepultadas, han permitido además a la Vulcanología moderna,
entender procesos cinemáticos y energéticos del comportamiento de las erupciones
plinianas, y en particular de esta erupción, que es una de las más estudiadas de la
historia de la Vulcanología.

Uno de los trabajos pioneros al respecto es el de Lirer et al. (1973). Luego


siguieron los interpretativos de la erupción y continuó el conocimiento vulcanológico
adquirido en la década de los setentas del siglo XX, en particular, sobre corrientes
piroclásticas. Estos fueron los de Sheridan et al. (1982), y particularmente el de
Sigurdsson et al. (1982), que luego adquiriría gran renombre al aparecer en una
versión muy difundida y de alta calidad gráfica, como Sigurdsson et al. (1985) en la
revista National Geographic. Esto permitió comparar los depósitos dejados por la
erupción en los diferentes sitios periféricos al volcán y compararlos con la serie de

45
eventos narrados por Plinio el Joven en sus cartas, y así hacer una reconstrucción
prolija desde el punto de vista vulcanológico (Figuras 5 y 6). Un aporte a la ciencia,
basada en los Plinios, diecinueve siglos después.

Figura 5: A la izquierda, las reconstrucciones de la estratigrafía de los depósitos dejados por la


erupción del año 79 en los alrededores del Vesubio (tomado de Sigurdsson et al., 1981). A la
derecha, una reconstrucción de la erupción y su dinámica del interior del volcán y de las
alturas de las columnas explosivas de piroclastos (adaptado de Sheridan et al., 1982). Ambos
basan sus interpretaciones en las descripciones de Plinio el Joven.

3.3.4. Erupciones plinianas y el conocimiento del Vesubio hoy

Se comentaba atrás, que el Vesubio no era conocido particularmente por sus


erupciones en el periodo precedente a su gran catástrofe del año 79. Con base en el
conocimiento vulcanológico adquirido a través del estudio de la erupción del año 79 y
estimulado por el conocimiento de las ciudades sepultadas, varios estudiosos de la
vulcanología han procedido a estudiar la historia volcánica del Vesubio. Han
descubierto que el volcán ha hecho una serie de erupciones plinianas de similar
tamaño o incluso mayores, a la del año 79, a lo largo de los últimos veinte mil años.

46
Figura 6: Detalle estratigráfico de los depósitos de la erupción del Vesubio del año 79,
excavados en Pompeya, en los límites con áreas residenciales modernas, desarrolladas varios
metros por encima del nivel de la ciudad antigua. Fotografía cortesía de la Dra. Sara Mana.

De hecho, la erupción explosiva más antigua con registros geológicos es la


conocida como Pomici di Base (“La Pómez de Base”), que ocurrió hace 18-19 mil
años (Bertagnini et al., 1998). Varias otras erupciones plinianas ocurrieron
posteriormente, y la última antes de la destructiva de Pompeya, fue la erupción
conocida como Avellino, en el año 1830 a. C. (Rolandi et al., 1998; Mastrolorenzo et
al., 2006), que vendría a ser cerca de un milenio antes de la fundación de Roma.
Otras posibles erupciones, aunque de menores proporciones, ocurrieron en el
Vesubio hacia el año 830 a.C. (Rolandi et al., 1998), también previo a la fundación de
Roma. Un evento que ha sido históricamente investigado y clasifica como dudoso,
podría haber ocurrido en el año 217 a.C. (Stothers & Klenk, 2002). Por estos motivos,
no se tenía registro verbal y menos escrito de cualquier evento volcánico indiscutible
en el Vesubio para cuando sucedió la erupción del año 79, que destruyera Pompeya
y ciudades vecinas (Figura 7).

47
Figura 7: Vista del volcán Vesubio desde las ruinas exhumadas de Pompeya. Fotografía
cortesía de la Dra. Sara Mana.

Como se apuntó anteriormente, luego de la erupción catastrófica del año 79,


continuó cierta actividad menor durante varias décadas, durante el proceso de
recuperación de la Campania. No volvería a ocurrir otro evento pliniano, sino hasta el
año 472, casi cuatro siglos después de la gran erupción (Rolandi et al., 1998; 2004),
a pesar de que una erupción mediana había ocurrido en el año 203. Posterior a la
erupción del 472 (llamada Pollena) y hasta el siglo XVII, hubo una secuencia de
erupciones medianas, de tipos explosivos y con efusión de lavas, que construyeron
un cono, el cual fue destruido con la erupción pliniana de 1631, y posterior a esta, se
construyó el cono actual (Rolandi et al., 1998). Las dimensiones de la erupción
Pollena pueden imaginarse, en tanto llegó a dispersar ceniza que alcanzó ocho
centímetros de espesor en Constantinopla (Stothers & Rampino, 1983).

Sobre esta erupción del siglo V, a pesar de sus dimensiones, no se tienen


muchos detalles o crónicas minuciosas sobre su cronología o daños, lo cual en parte

48
se debe, a que la Campania aún no terminaba de reponerse y repoblarse luego de la
erupción del 79 (Rolandi et al., 2004). Además, el imperio se había desmembrado, y
había una crisis general, y ya nadie se acordó de reconstruir mucho un evento de
esta magnitud.

La erupción del año 79, sigue siendo un excelente ejemplo de cómo recabar y
superponer datos geológicos, vulcanológicos e históricos y ha servido de base para
desarrollar técnicas y comparaciones en Vulcanología, que a la larga, han sido
además un acicate ulterior para analizar la dinámica y el peligro volcánico en el área
periférica al Vesubio (verbigracia: Giacomelli et al., 2003; Gurioli et al., 2005, 2010;
Shea et al., 2012).

Esto nos recalca una vez más, el enormísimo valor de las crónicas de Plinio el
Joven en sus cartas, solicitadas por Tácito, y gracias a la intervención de Plinio el
Viejo antes de su muerte.

3.4. Pompeya y las ciudades sepultadas: fósiles culturales del siglo I

3.4.1. Olvido tras el sepultamiento, maravilla tras el redescubrimiento

Las ciudades de Pompeya, Herculano, Estabia y Oplontis, sepultadas durante


la erupción del año 79, quedaron casi en el olvido por siglos, hasta que fueron
redescubiertas durante procesos constructivos a fines del siglo XVI, y activamente
excavadas en el siglo XVIII, de modo que fueron paulatinamente desenterradas con
un enormísimo cúmulo de material arqueológico, etnográfico, geológico e histórico,
pues son ciudades que fueron fosilizadas con toda su carga cultural, y que no
sufrieron el ulterior proceso de cambio y evolución. Hoy, esta área es el asiento de
una populosa área urbana con Nápoles como centro (Figura 8.).

De tal manera, los escritos de ambos Plinios, la erupción del Vesubio del año
79, y las ciudades sepultadas por esa gran erupción, son importantes testimonios de
las ciudades, la cultura y el modo de vida del Imperio Romano en la segunda mitad
del siglo I.

49
Figura 8: Imagen satelital del Vesubio y la Bahía de Nápoles (36 km x 45 km) tomada el
26/07/2000. La imagen tipo ASTER (Advanced Spaceborne Thermal Emission and Reflection
Radiometer) muestra falsos colores, de modo que resalta en rojos intensos las áreas boscosas
y en celestes las áreas urbanas. Se muestran los sitios de las ciudades antiguas y la actual
Nápoles. (Imagen cortesía de NASA/GSFC/MITI/ERSDAC/JAROS, y U.S./Japan ASTER Science
Team. Asequible a través del cibersitio
http://eoimages.gsfc.nasa.gov/images/imagerecords/1000/1045/aster_vesuvius_lrg.jpg).

Suetonio, Dion Casio, Estacio y Silio, aparte de otros escritores menores,


hacen alusión a la recuperación de la Campania posterior a la erupción, y el papel
que el emperador Tito desempeñó con su aporte y tesón para que la región superara
la tragedia. Pero como varias ciudades fueron totalmente sepultadas bajo metros de
materiales volcánicos, corrieron la suerte del olvido, y de todos modos, la región
camapaniana no acababa de recuperarse todavía en el siglo V, cuando una nueva
erupción ocurrió. La Tabula Peutingeriana, que era un itinerario de la red de rutas y

50
caminos romanos, trazado desde el siglo IV, muestra a Pompeya aún (Romero,
2010, p. 122). Se dice que en esas áreas peri-pompeyanas solían aparecer
antigüedades, y hasta buscadores de tesoros había, que fueron dejando sus rastros.
Tanto estos hallazgos, como el interés que suscitaron a partir del Renacimiento las
cartas de Plinio el Joven donde se describe la erupción, promovieron algunas
hipótesis sobre la ubicación de Pompeya.

Portici y Resina se habían levantado al cabo de los siglos como villas


adyacentes a la sepultada Herculano, y los territorios cineríticos sobre Pompeya y
Estabia, sostenían ricos viñedos. Durante los siglos XVI y XVII se hicieron fortuitos
hallazgos de materiales romanos durante la excavación de canales y otras obras,
pero que no llevaron a reales excavaciones de índole arqueológica (Romero, 2010,
pp. 122-123).

Sería Herculano la primera ciudad en ser redescubierta, durante la excavación


de un pozo en 1709, cuando descubrieron un teatro. Esta ciudad, sin embargo,
sepultada por un flujo piroclástico39, que alcanzó entre 240-370º C de temperatura en
lo que hoy se llama la Villa de los Papiros (Caricchi et al., 2014) que se ha
endurecido como concreto, con hasta 20 metros de espesor (Figura 5), no ha
permitido una recuperación tan satisfactoria, aunado a la reluctancia de los
habitantes de Resina a agrandar el ámbito de las excavaciones, aunque se iniciaría
un proceso de excavaciones por vía de túneles a lo largo del siglo XVIII (desde
1738), situación que se ha abandonado (Fernández, 1989; Harris, 2000; Romero,
2010).

Pompeya empezaría su periodo de excavación en 1748, aunque no fue


reconocida como la ciudad que era, hasta quince años después, en 1763, y

39 Algunos autores (como Romero, 2013, p. 52), de manera equivocada, han señalado que
esta capa es lava. Las lavas tienen un poder destructivo enorme y por su altísima
temperatura y masividad no dejan estructuras en pie. Las corrientes piroclásticas,
dependiendo de su relación de concentración de sólidos/gases, pueden ser capaces de dejar
estructuras en pie, e incluso dejar cuerpos vivos sin carbonizar, proclives a ser preservados.
Algunas corrientes densas, conocidas como flujos, como los que llegaron a Herculano,
acaban solidificándose como concreto, con cierta frecuencia. Las corrientes diluidas,
conocidas como oleadas, son las que llegaron en la fase terminal de la erupción a Pompeya y
Estabia, y por eso han dejado los moldes de humanos y animales, preservados.

51
empezaría a través de pozos, galerías y túneles, hasta que el peligro de los colapsos
determinó el inicio de las excavaciones desde arriba hacia abajo, tipo cielo abierto, y
que ha permitido desentrañar gran parte de la ciudad, aunque aún permanecen
partes sin redescubrir (Figuras 7 y 9).

Las excavaciones en Pompeya (y también Oplontis) han sido menos difíciles


que en Herculano, debido a que el espesor de los depósitos que la han cubierto solo
llegan a cerca de 5 metros, y están conformados por paquetes de pómez de caída y
por oleadas piroclásticas (Figuras 5, 6 y 9), con características sueltas, lo que hace
más simple la remoción del depósito volcánico.

La historia de los descubrimientos y el paulatino desentierro de la ciudad ha


sido tocada por numerosos libros y artículos (e.g., Fernández, 1989; De Carolis &
Patricelli, 2003; Romero, 2010; 2013), de modo que solo se hace una breve mención
acá. Para los tiempos primigenios de excavación, el patronazgo de Carlos VII de
Nápoles, quien sería luego Carlos III de España, dieron un oportuno empuje a los
trabajos de desentierro y descubrimiento, algunos no tan bien dirigidos. Hacia fines
del siglo XVIII, empezaron las excavaciones más planificadas y coherentes, que
incluyeron el techado de las excavaciones.

Con la llegada de los franceses napoleónicos a principios del siglo XIX, hubo
un tesonero esfuerzo adicional en la excavación citadina, que se vino abajo con la
restauración de los Borbones en 1815.

El flujo de turistas a Pompeya ha sido un sempiterno apoyo y problema a la


vez, y este se vio engrandecido con la llegada del ferrocarril en 1840. Cuando
Nápoles se incorporó a Italia en 1863, hubo un marcado cambio, con la incorporación
de notables arqueólogos que dieron un giro a los descubrimientos. Fue en este
periodo cuando se iniciaron además las divisiones en regiones de excavación, y con
el proceso desde la superficie hacia abajo y no por túneles. Asimismo, se iniciaron
los procesos de inyección de yeso a las oquedades dejadas por los cuerpos, que
dieron cabida a los moldes que hoy conocemos.

52
Figura 9: Ruinas de Pompeya que muestran el nivel original de la ciudad, la cobertura de
piroclastos que la enterró en el año 79 y que han sido removidas en la excavación, así como el
nivel actual de desarrollo urbanístico en la periferia. Fotografía cortesía de la Dra. Sara Mana.

53
El uso político simbólico de Pompeya fue usado durante el periodo de las
entreguerras a principios del siglo XX, y durante la Segunda Guerra Mundial hubo
algunos daños a la ciudad. Pero una vez terminada la guerra, el esplendor del
descubrimiento y la profesionalidad en las excavaciones, así como a los intentos de
racionalizar la visitación, le han dado nuevos aires a Pompeya, de la cual aún queda
un tercio (cerca de veinticinco hectáreas) por desentrañar.

3.4.2. El aprendizaje de la vida y cultura del Imperio Romano en el siglo I a


partir de las ciudades sepultadas

La dramática historia que implicó el sepultamiento de las ciudades de


Pompeya, Herculano, Oplontis y Estabia, asimismo ha sido una rica veta de
información prístina sobre la vida del Imperio Romano del siglo I, y además, fuente
de inspiración de numerosas obras literarias y cinematográficas, que han promovido
el conocimiento histórico de esa época del Imperio, más allá de las tradicionales
historias de emperadores corruptos, cristianos perseguidos, gladiadores y mártires.

Las ciudades sepultadas ofrecen diferentes tipos de enterramiento. Herculano,


como se ha dicho, lo fue principalmente por una corriente piroclástica masiva y
densa, que la ha enterrado y prevenido de grandes trabajos de desentierro. Oplontis,
Estabia y Pompeya, fueron más bien sepultadas por pómez de caída de la primera
fase de la erupción, y por corrientes piroclásticas menos densas en la segunda fase
(comparar las fases en la Figura 5). En particular, Pompeya sufrió el embate de la
primera fase con la caída de pómez, que sepultó estructuras y gente por colapso de
techos de baja pendiente, pero que respetó techos de alta pendiente, que fueron
capaces de drenar las pómez y evitar el colapso por sobrepeso. Poco más de un
tercio de los cuerpos encontrados en la ciudad fallecieron durante este evento, al
caerle techos y paredes encima. Cuando llegaron las primeras corrientes
piroclásticas en la segunda fase, mucha gente huía de la ciudad, y otra permanecía
dentro de los edificios. Poco menos de dos tercios de los muertos sucedieron en esta
etapa, barridos, quemados y asfixiados, aunque algunos sobrevivieron la primera
oleada y se asfixiaron durante la segunda, menos densa. Los edificios soportaron las

54
paredes paralelas al flujo de las corrientes piroclásticas, aunque paredes
perpendiculares al flujo, colapsaron. Se han recuperado 1150 cuerpos, y se estima
que otros 464 permanecen en las partes no excavadas. Un número posible de 2000
muertos parece plausible, de una población total de unas 15 000 personas (Luongo
et al., 2003a, 2003b). Al final, el grueso de la ciudad quedó bajo la tefra del Vesubio
(Figuras 5, 6 y 9).

Un rápido enterramiento impidió un decaimiento de los cadáveres, que fueron


preservados, algunos como huesos, y muchos como moldes. Asimismo, las
estructuras sobrevivientes, y en particular los interiores en el centro de la ciudad,
sufrieron poco, y esta quedó fosilizada para la posteridad. Hasta que ha sido
desenterrada y entonces nos da una imagen real de lo que sucedía en la vida cultural
de ese tiempo, sin contaminación cultural durante diecisiete a diecinueve siglos. Por
eso es que la ciudad ofrece un cuadro de la vida romana durante el final del siglo I.

La vida cotidiana, el suelo de los aposentos, las pintas en las paredes, las
pinturas, el moblaje, el arte, la arquitectura, el comercio, la economía: todo puede ser
desentrañado a partir de los objetos muebles e inmuebles preservados. Un gran
universo sobre el arte romano nos lo dan las numerosísimas pinturas preservadas
como frescos (Figura 10), que van desde temas religiosos, hasta los mitológicos y
mundanos40.

Muchos tesoros asimismo, se han encontrado escondidos, pues sus dueños


pensaron que volverían una vez que la erupción pasara, y huyeron seguros,
sabiendo que sus pertenencias les esperarían al regreso. Y quizás algunos
regresaron, u otros les ganaron el botín, porque hay pruebas irrefutables de saqueos
a través de túneles, que bien pudieron ser años después de la tragedia (Beard,
2009).

40 Un enorme y maravillosos mundo pompeyano se encuentra en el Museo Arqueológico


Nacional de Nápoles, que preserva y muestra gran parte del tesoro de la ciudad. El cibersitio
bien merece ser visitado: http://cir.campania.beniculturali.it/museoarcheologiconazionale.

55
Figura 10: Fresco pintado en una de las paredes de las ruinas de Pompeya. Fotografía cortesía
de la Dra. Sara Mana.

Bien vale citar, un párrafo del libro de Beard (2009, p. 20) sobre Pompeya,
para entender la magnitud de lo que nos muestra la ciudad respecto de ese universo
romano del siglo I:

Pompeya está llena de sorpresas. Hace que hasta los especialistas más
severos y bien informados se replanteen sus ideas acerca de la vida en la
Italia romana. Una gran vasija de barro con un letrero pintado anunciando su
contenido y especificando que se trata de «Garum kosher» nos recuerda que
a individuos como Umbricio Escauro podía ocurrírseles la idea de introducir
sus productos incluso en el nicho comercial formado por la comunidad judía
local (garantizando que no había moluscos entre los ingredientes actualmente
irreconocibles de aquel preparado fermentado). Una maravillosa estatuilla de
marfil de la diosa india Lakshmi, hallada en 1938 en una casa que actualmente

56
lleva su nombre, la «Casa de la Estatuilla India», nos induce a pensar una vez
más en los contactos de Roma con el Lejano Oriente. ¿Llegó a través de
algún mercader pompeyano, como recuerdo de sus viajes? ¿O quizá a través
de la comunidad de mercaderes nabateos (originarios de la actual Jordania)
que vivían en la vecina Púzol (Puteoli)? Casi igualmente inesperado fue el
reciente hallazgo de un esqueleto de mono cuyos huesos diseminados en los
almacenes del yacimiento pasaron desapercibidos a los primeros
excavadores. Quizá se tratara de una mascota un tanto exótica, o más
probablemente fuera un animal amaestrado de algún teatro o circo callejero,
destinado a entretener al público.

Hay dos aspectos enormemente interesantes reflejados por los grafitis


pompeyanos: el lenguaje y el sexo. Los grafitis pintados en las paredes son muestras
del latín empleado en la calle, el latín vulgar, del que no se tiene gran muestra en el
latín escrito conocido, y que de otra manera sería muy desconocido. Por su parte, la
iconografía sexual, muestra vertientes totalmente diferentes respecto de la libertad
sexual del vulgo, contradictorias a las estipuladas por los autores aristocráticos,
respecto a valores y concepciones (Feitosa, 2004).

Pompeya y sus hermanas ciudades en la tragedia ofrecen entonces, un


mostrario único de un imperio que se derrumbó hace casi dieciséis siglos, en un
momento congelado cuatro siglos antes, cuando su poder y gloria dominaban el
mundo occidental. El redescubrimiento de ese momento, daría pie, por su parte, a
nuevas inspiraciones artísticas, que siguen en pie y en producción, como se ve en el
siguiente subcapítulo.

57
3.5. Literatura, arte y cine alrededor de Pompeya y el Vesubio
Como era de esperarse, una vez que los descubrimientos de las ciudades
perdidas y encontradas se tornaron en un enorme tesoro por venir, las cartas de
Plinio el Joven volvieron a tomar relevancia significativa en el mundo intelectual, y
para cuando los trabajos tomaron un auge mayor, la imaginación de los artistas voló.
Tanto la de los artistas plásticos como la de los literarios, porque se confirmaba con
toda su brutalidad, el drama espantoso ocurrido en el siglo I, de ciudades arrasadas
con gran parte de sus habitantes. Y no solo eso, sino que el enorme volcán estaba
allí acechante a la creciente urbe de Nápoles. Un ejemplo notorio es la pintura que se
muestra en la Figura 11.

Figura 11: Pintura titulada “El Vesubio y Pompeya” (1870) de Robert S. Duncanson (1821-1872),
exhibida en el Smithsonian American Art Museum en Washington, D.C., EE. UU. (Imagen usada
con permiso expreso del Museo)41.

41 Comunicación escrita de Richard Sorensen, Coordinador de Derechos y Reproducciones


del Museo. Los detalles de la pintura se dan en el cibersitio
http://americanart.si.edu/collections/search/artwork/?id=7616, que se traduce libremente:
Es un óleo con dimensiones 25,4 cm x 39,7 cm, donada por Joseph Agostinelli. Duncanson
estuvo un tiempo prolongado en Italia y pintó varias vistas de Pompeya. La dramática

58
Desde el siglo XVI, ya existía cierto interés en el volcán, que se acrecentó con
su erupción violenta de 1631. El hecho que exacerbaría, sin embargo, el deseo de la
pintura del Vesubio, fue el descubrimiento de Herculano y Pompeya a mitad del siglo
XVIII, que empezó a atraer artistas para pintarlos, a lo largo del resto del XVIII y del
XIX (Tabla 1). Contrario a la vista calma de ruinas y volcán dormido de la Figura 11,
a principios del siglo XIX, hubo una serie de pinturas que mostraban el dramatismo
de la erupción que arrasaría Pompeya y su vecindario. Existen cuadros de un
romanticismo tremendista, con violentas erupciones del Vesubio y a veces trazas de
una ciudad debajo: “Erupción del Vesubio” (1817) de Joseph W. Turner u otro de
igual título de Sebastian Pether de 1824, o bien, el del ruso Karl Pavlovich Bryullov,
de 1833, llamado asimismo “Los últimos días de Pompeya”, donde se adivinan trazas
de una cuidad en llamas (Sigurdsson, 2000b; De Villena, 2013).

La moda lleva además a la literatura (Moure, 2008), con la hoy clásica novela
Los últimos días de Pompeya, de Edward Bulwer-Lytton (1834); Viaje al Vesubio, del
Duque de Rivas (1844); Lágrimas, de Fernán Caballero (1848), y Arria Marcela, de
Teófilo Gautier (1852).

Particularmente importante es la novela de Bulwer-Lytton, debido a su matiz


investigativo, basado en las cartas de Plinio el Joven, a su influencia posterior en
muchas otras obras similares, incluso homónimas, y a que también sería llevada a
las pantallas grande (las primeras en 1897 y 1913, película muda británica e italiana,
respectivamente) y chica, popularizando el conocimiento de Pompeya y el Vesubio
aenniveles inimaginados (Sigurdsson & López-Gautier, 2000).

La novela es en el sentido histórico, esto es, toma el hecho histórico de la


destrucción de Pompeya por la erupción del Vesubio, pero los personajes son
ficticios, en los que se toman varios arquetipos de la época, como el griego y el
cristiano.

historia de Pompeya y el atractivo del Vesubio y su violento potencial atrajo muchos artistas
al área en el siglo XIX. La imagen muestra los restos de un anfiteatro, con el Vesubio
humeando en el fondo. Duncanson probablemente pintó esta escena de memoria, poniendo
diferentes ruinas juntas para crear una composición persuasiva.

59
Tabla 1: Artistas que han pintado al Vesubio, su nacionalidad y año de las
pinturas (adaptado de Sigurdsson, 2000 y De Villena, 2013).
Pieter Bruegel (1528–1569), holandés, 1558, 1561
Filippo D’Angeli (1587–1640), italiano, 1631
Didier Barra (1590–c.1650), francés
Guercino (Giovanni Francesco Barbieri, 1591–1666), italiano
Claude Lorrain (1600–1682), francés (1631)
Micco Spadaro (Domenico Gargiulo; 1609–1675), italiano, 1631
Scipione Compagno (?–c.1670), italiano, 1631
Thomas Wijck (1616–1677), holandés
Johannes Lingelbach (1622–1674), alemán, 1669
Jan Wyck (17th century), holandés, 1689
Antonio Joli (1700–1770), italiano
Claude-Joseph Vernet (1714–1789), francés, 1748
Carlo Bonavia (18th century), italiano, 1757
Pierre-Jacques Volaire (1729–1802), francés, 1777
Joseph Wright of Derby (1734–1779), ingles, 1774
Tomasso Ruiz (18th century), italiano, 1737
Jacob Philipp Hackert (1737–1807), alemán, 1774, 1779
Michael Wutky (1739–1822), austriaco
Pietro Antoniani (1740–1781), italiano, 1767
Pietro Fabris (?–1784), italiano, 1776
Jacob More (1740–1793), inglés (sobre año 79)
Angelica Kauffmann (1741–1807), suizo (sobre año 79)
Jean-Louis Desprez (1743–1804), francés, 1779
Alessandro D’Anna (1749–1810), italiano, 1794
Xavier Della Gatta (?–1827), italiano, 1794
Jean-Baptiste Genillion (1750–1829), francés
Giovan Battisa Lusieri (1755–1821), italiano, 1787, 1794
Saverio Della Gatta (1755–1827), italiano
Odoardo Fischetti (late 18th century), italiano, 1805
Camillo De Vito (c.1760–c.1830), italiano, 1794, 1820, 1822, 1828
Pierre-Henri de Valenciennes (1750–1819), francés (sobre año 79)
Joseph Franque (1774–1833), francés (sobre año 79)
Joseph Mallord William Turner (1775–1851), inglés
John Vanderlyn (1775–1852), estadounidense (sobre año 79)
Jacob Munch (1815), noruego
Francois-Joseph Heim (1787–1865), francés
Johann Christian Dahl (1788–1857), noruego 1820–1823
John Martin (1789–1854), inglés (sobre año 79)
Sebastian Pether (1790–1844), inglés (sobre año 79)
Karl P. Briullov (1799–1852), ruso (sobre año 79)
James Baker Pyne (1800–1870), inglés, 1856
Thomas Cole (1801–1848), estadounidense
Robert S. Duncanson (1802–1872), estadounidense
Raden Saleh (1816–1880), indonesio, 1839
James Hamilton (1819–1878) estadounidense (sobre año 79)
Albert Bierstadt (1830–1902), estadounidense, 1868
Degas, Edgar (1834–1917), francés, 1890
Auguste Renoir (1841–1919), francés
D. Antonio Munoz Degrain (1843–1924), español
Walter Womacka (1925–), alemán
Andy Warhol, (1928–1987), estadounidense
Mario Schifano (contemp.), italiano

60
La novela de Bulwer-Lytton asimismo, tomó notorios datos de los escritores
latinos (muchos de los que se han mencionado en los subcapítulos iniciales del
Capítulo 3 de esta memoria) para recrear con bastante veracidad la erupción, en
momentos además, que se desarrollaba la Vulcanología moderna en Europa. Y toma
el título y la idea, del mencionado cuadro del ruso Karl Pavlovich Bryullov
(Sigurdsson & López-Gautier, 2000).

La novela toma un personaje ciego, la dulce joven Nydia, capaz de guiar a sus
amigos en medio de la oscuridad producida por la erupción, de la que especula que
fue principalmente por caída de pómez y flujos hirvientes, lo cual es
sorprendentemente correcto, y para lo cual quizás se apoyó en observaciones de
amigos geólogos. Asimismo, usa la terminología de flujos de lodo, que en efecto
ocurrieron, y erróneamente atribuye a lava la destrucción de Herculano, de donde
probablemente muchos escritores han seguido usando la idea. A pesar de que desde
el punto de vista literario no ha sido muy apreciada, desde la perspectiva histórica y
científica, es acertada, y representó un éxito de ventas, y de notable influencia
ulterior, como en los filmes acotados y el más famoso de todos, del año 1935 (Figura
12).

Una novela mucho más reciente que toma el tema Vesubio-pompeyano es


Pompeya, de Robert Harris (2003), que tiene notables semejanzas con la novela de
Bulwer-Lytton, en ella se basa en hechos históricos, usa el conocimiento científico
vulcanológico e histórico más reciente, y lo novela, con arquetipos literarios (Soto,
2006). Esta novela histórica de Robert Harris, es pues, una saga de clásicas como
“Los últimos días de Pompeya”, o incluso de otras novelas, que hacen uso del
Vesubio como pretexto de la trama, como “La amante del volcán”, de Susan Sontag
(1992).

Marco Atilio Primo, el protagonista, es un ingeniero hidráulico, quien se


dispone a reparar el acueducto Augusto, que lleva agua a la región de la bahía de
Nápoles, y que se ha dañado por causas desconocidas. Su afán de repararlo a la
brevedad, le lleva a descubrir no solo las potentes causas naturales que han

61
dislocado al acueducto (la erupción inminente, que en realidad es la gran
protagonista), sino el mundo corrupto de la política romana.

Figura 12: Cartel de la película estadounidense Los últimos días de Pompeya, de 1935, dirigida
por Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper (tomada del dominio público a través de
http://es.wikipedia.org/wiki/Los_%C3%BAltimos_d%C3%ADas_de_Pompeya#mediaviewer/File:
LastDaysofPompeii.jpg).

Pompeya (Figura 13) es una trama envolvente, escrita en un sentido policíaco.


Doblemente, porque el trabajo de los vulcanólogos en la reconstrucción de la
erupción, es eminentemente detectivesco, forense, y de manera empírica, el
ingeniero se va convirtiendo en vulcanólogo. Aquí reside lo particular de la novela:
hace uso de recurrentes epígrafes, citas y detalles vulcanológicos para armar el
entretejido novelesco. Hay amor también, intriga, mucha historia y un amplio retrato
del mundo romano de la época, interesantes acotaciones al trabajo ingenieril del
Imperio (sobre todo el de sus magníficos e imponentes acueductos), y quizás lo que
más gratifica: la dignificación del genio y figura de Plinio el Viejo, almirante y sabio.
62
Nadie ignora, desde el principio, lo que va a suceder con el volcán. Pero
navegar la novela vale el empeño, porque al final, ni el lector mismo será igual, como
se colige de leer la penúltima página: “A medida que se fue despejando, el Vesubio
reapareció, pero su perfil había sido alterado para siempre. Su cima ya no terminaba
en punta, sino en forma cóncava, como si un mordisco gigantesco se la hubiera
arrancado”.

Figura 13: Portada de la novela Pompeya (traducción española de Debolsillo, Barcelona).

Y casi dos siglos después de la novela de Bulwer-Lytton, siguen apareciendo


nuevas novelas de los mismos hechos vesubianos del siglo I, como “Pompeya”
(1993) de la sueca Maja Lundgren, que relata la vida de una compañía de cómicos
en los días previos a la erupción; “Pompeya” (2011) de la italiana Lucia Cantarella y

63
con un matiz juvenil, “Los piratas de Pompeya” (2011) de Caroline Lawrence, donde,
por las cuevas de Sorrento, los piratas buscan esclavos (De Villena, 2013). Con
seguridad, la historia seguirá vigente por décadas y quizás siglos.

Al fin y al cabo, las catástrofes que encuentran su origen en fenómenos


naturales, y que se acrecientan como desastres debido a la vulnerabilidad y desatino
que hemos creado los humanos en el planeta, no dejan de ser un pan atractivo para
el drama, ya sea en novela, en lienzo, en recreación dramatúrgica, o cualquiera otra
versión artística que inventemos en el futuro. Lo importante será que sigamos, ante
estos eventos, los ejemplos de los Plinios y de Tácito, gracias a quienes hemos
aprendido de la historia, y la hemos podido usar no solo para el ocio, sino para la
ciencia en busca de un futuro mejor.

64
Capítulo 4
Discusión y conclusiones

65
Los dos Plinios, el tío conocido como “el Viejo”, y el sobrino conocido como “el
Joven”, originarios de Como, en el norte de Italia, fueron dos destacados romanos
que en su conjunto vivieron gran parte del siglo I y el inicio del siglo II. El tío dedicó
gran parte de su vida a la observación y recopilación de datos científicos y publicó la
monumental obra Historia natural. También se dedicó al servicio del Imperio, y murió
como almirante de la flota del Tirreno durante la gran erupción del Vesubio en el año
79. Su sobrino, un jovenzuelo de diecisiete años en ese momento, llegó a ser
también un notorio funcionario, que alcanzan el cargo de legado imperial en la
provincia de Bitinia-Ponto, en donde falleció probablemente en el año 113. Publicó
una voluminosa cantidad de cartas, entre las cuales destacan dos, en las que le
cuenta a su amigo Tácito, a pedido de él, sobre la muerte de su tío y la erupción del
Vesubio. Estas cartas vendrían a convertirse en uno de los documentos históricos
más útiles en la historia de la Vulcanología y la Arqueología, debido a su
minuciosidad descriptiva.

La zona del sur de Italia, debido a su arreglo geotectónico, es proclive a una


alta tasa de sismicidad y volcanismo, y así ha sido conocida desde tiempos
inmemoriales, pero el Vesubio no era catalogado por la mayoría de los sabios del
siglo I, como un volcán con posibilidades de eruptar, puesto que sus últimas grandes
erupciones ocurrieron siglos antes de la erección de Roma. La portentosa erupción
del Vesubio en el año 79, destruyó gran parte de la Campania romana, y sepultó
cuatro ciudades principales: Herculano, Pompeya, Oplontis y Estabia, donde
murieron varios miles de personas. Esto determinó un importante golpe a la
economía romana, y recibió el apoyo del emperador Tito para su reconstrucción,
pero las ciudades sepultadas fueron olvidadas con el paso de los siglos, y solo
fueron mencionadas vagamente antes de que el Imperio colapsara. La obra Historia
naturalis de Plinio el Viejo, seguiría en vigencia, sin embargo, a lo largo del
Medioevo, e incluso, a inicios de la Era Moderna.

Desde el siglo XVI se hicieron descubrimientos menores que finalmente


fructificaron en el siglo XVIII para redescubrir y desenterrar las ciudades sepultadas,
sobre todo, Pompeya. Esto trajo a colación de nuevo las cartas de Plinio el Joven,
que como obra literaria no había sido mayormente apreciada en la Edad Media. La

66
creciente cantidad de datos, información, objetos y aprendizaje rescatados respecto
de Pompeya, revelaron la enorme veta de conocimiento del siglo I romano que
proveían, en tanto las ciudades fueron fosilizadas y no recibieron contaminación
cultural durante diecisiete siglos. Gran parte del conocimiento de esa época romana
en relación con la religión, idioma vulgar, sexualidad, arquitectura, arte, mitología,
vida urbana, mueblería, joyería, economía y muchos otros campos, se lo debemos al
conocimiento desenterrado en Pompeya, de la cual, aún permanece un tercio bajo la
tefra del Vesubio.

La Vulcanología moderna recibió un espaldarazo importante comparando las


descripciones de Plinio el Joven con los depósitos conservados en el área peri-
pompeyana, de modo que se ha llegado a comprender la dinámica de erupciones
violentas con altas tasas de emisión de pómez y corrientes piroclásticas, que en
honor a Plinio el Joven y sus cartas, han derivado en llamarse “plinianas”. El nombre
debería incluir la contribución del tío, quien murió en el cumplimiento de su deber
como almirante de la flota del Tirreno, tratando de salvar vidas de la catástrofe. Su
labor debe ser reconocida como pionera en la defensa civil, durante emergencias
volcánicas.

Asimismo, el conocimiento de la dinámica de las erupciones plinianas, y en el


caso del Vesubio en particular, han conllevado a los vulcanólogos a desentrañar su
historia volcánica de los últimos veinte mil años, a lo largo de la cual, tales
erupciones han sido repetitivas, habiendo ocurrido la anterior a la del siglo I, unos
diecinueve siglos antes, y la siguiente, solo cuatro siglos después. El prolijo detalle
del conocimiento vulcanológico ha sido de notable importancia para analizar el
peligro volcánico que se cierne sobre el área urbana napolitana que rodea al volcán
Vesubio en la actualidad.

La excitación del mundo cultural al conocer el desentierro de las ciudades


sepultadas por el Vesubio en el siglo I, conllevó a la producción de numerosas obras
de arte en pintura, y a la escritura de varias obras literarias de valor, que se han
encargado, a lo largo de tres siglos, de seguir alimentando la imaginación popular
respecto de la tragedia volcánica, pero que paralelamente han dado pie a la

67
enseñanza indirecta de los fenómenos volcánicos. Varias de estas obras literarias,
que aún continúan produciéndose, han hecho uso del conocimiento vulcanológico e
histórico obtenido para situar en lenguaje de novela histórica la gran tragedia del año
79 en la Campania romana.

En su conjunto, los dos Plinios, el Vesubio y Pompeya, constituyen un cuarteto


indisoluble, que nos cuentan una multitud de historias y vericuetos del desarrollo del
Imperio Romano del siglo I, y solo gracias al tesón de los Plinios, al fluir natural del
Vesubio, y a la mala fortuna de Pompeya y sus vecinas, hemos aprendido del
pasado, y habremos de utilizar este aprendizaje en el futuro.

68
Capítulo 5
Bibliografía citada

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75
Capítulo 6
Glosario

76
Augur: (Del lat. augur, -ūris). Oficiante, que en la antigua Roma practicaba
oficialmente la adivinación por el canto, el vuelo y la manera de comer de las
aves y por otros signos. (Tomado del DRAE).

Centunviro: (Del lat. centumvir, -ĭri). Cada uno de los 100 ciudadanos que en la
antigua Roma asistían al pretor urbano encargado de fallar en juicios sobre
asuntos civiles. (Tomado del DRAE).

Corrientes piroclásticas: Mezclas diluidas compuestas de sólidos y gases que


fluyen a alta velocidad y temperatura por los flancos de un volcán debido al
colapso de columnas de piroclastos durante erupciones de mediana a gran
magnitud. Son altamente destructivos.

Corteza terrestre: Parte más externa de la tierra sólida, compuesta por rocas de
relativa baja densidad, y que alcanza entre veinte y setenta kilómetros de
espesor.

Estratigrafía: Parte de las ciencias geológicas que trata sobre la distribución y


arreglo espacio-temporal de los diferentes estratos que conforman una región y
el planeta en general.

Geotectónico: Relativo a los arreglos de la construcción de los continentes a escala


global.

Lava: Sólido pastoso parcialmente fundido, compuesto de silicatos principalmente,


eruptado por los volcanes, que fluye desde las bocas eruptivas por los flancos,
y que están compuestos de cristales, vidrio y parte de fundido, con la
desgasificación de sus componentes gaseosos.

Magma: Mezcla de cristales, gases y fundido de silicatos a alta temperatura y


presión, que se moviliza dentro de la corteza y el manto superior de la Tierra, y
suele ser eruptado por los volcanes, salir como lava y formar rocas volcánicas,
o bien enfriarse en profundidad y formar rocas ígneas intrusivas.

Piroclastos: Fragmentos de rocas y lava producidos por explosiones en las bocas


eruptivas, que son luego depositados en las laderas volcánicas o periferia de

77
cráteres, ya sea como flujos o bien de forma balística o transportados por el
viento.

Placa: Grandes masas de corteza y manto de unos cien kilómetros de espesor, que
se movilizan lateralmente e interactúan entre ellas y generan los grandes
procesos tectónicos.

Pómez: Piroclasto de baja densidad con alta porosidad, de colores claros, producto
de grandes y violentas erupciones, usualmente de magmas viscosos con alto
contenido de sílice.

Subducción: Proceso mediante el cual una placa se introduce por debajo de otra
debido a movimientos laterales de las placas, en un encuentro convergente, y
producen sismicidad y magmatismo, principalmente.

Tectónica: Parte de las ciencias geológicas que trata sobre La deformación de las
rocas, principalmente en las partes más someras del planeta (cien kilómetros
exteriores).

Tefra: Sinónimo de piroclasto.

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