Historia de España Martina
Historia de España Martina
Historia de España Martina
Las monarquías que reinarán en Europa desde el siglo XV hasta la crisis del absolutismo se
caracterizarán por el poder absoluto del que disponían sus monarcas, el origen del cual era de
carácter divino. Este poder absoluto podía estar limitado por los señores feudales, por la iglesia o
las leyes propias de ciertos territorios. Pero aquello más característico que define este sistema
político será la división social basada en el privilegio. La sociedad del siglo XVI al XVIII se dividía
en tres estamentos: la nobleza y el clero, que formaban los estamentos de los privilegiados, los
cuales tenían acceso a los cargos públicos, no pagaban impuestos y disponían de su propia
justicia. El tercer estamento o tercer estado, conocido en España como estado llano, no gozaba
de privilegios, pues pagaba impuestos y configuraba la mayoría de la población.
Esta situación cambiará bruscamente en Francia a partir de 1789, al suprimir el Antiguo Régimen
una revolución de carácter burgués y de ideología liberal. Desde este país se extenderá por toda
Europa durante las primeras décadas del siglo XIX, aunque algunos países como Rusia
mantendrán el absolutismo hasta 1917.
0.INTRODUCCIÓN
El siglo XVIII se abrirá y cerrará con dos guerras: la primera, la Guerra de Sucesión, que
introducirá España una nueva dinastía de origen francés, la casa de Borbón, y reducirá los reinos
hispánicos (excepto Navarra y País Vasco) a una realidad política unitaria bajo las leyes de
Castilla. El siglo se cerrará, desde el punto de vista histórico, en 1808 con la Guerra de la
Independencia contra los ejércitos de Napoleón, en una época en que se plantea en España una
intensa reforma de la sociedad, del pensamiento y de la práctica política.
La nobleza era un grupo social poco numeroso, con marcadas diferencias regionales y con una
jerarquización bastante intensa. En la cima de este grupo social se encontraban las cien familias
de los Grandes de España y en los estratos inferiores los caballeros y los gentiles hombres. El
poder de este grupo social se apoyaba en:
a) El monopolio de los cargos públicos.
b) Las grandes posesiones territoriales, los señoríos.
c) La exención de pagar impuestos.
d) Una justicia particular y propia.
En la mayoría de estas ocasiones, los intentos de los ilustrados por transformar a esa nobleza
rentista en otra más moderna y emprendedora fracasarán.
El otro estamento privilegiado y minoritario era el clero. También dentro de este estamento había
diferentes categorías. Este estamento se configuraba con personas procedentes tanto del estado
llano como de la nobleza; era, pues, una vía de promoción social. Aparte de la jerarquía
eclesiástica (arzobispos, obispos y abades) también aparece el clero secular (frailes y rectores)
que en la mayoría de las ocasiones disponía de un nivel cultural muy bajo. El clero era el
encargado de educar, fomentar los valores sociales y tutelar las conciencias individuales. También
gozaban de privilegios fiscales y de patrimonios inmobiliarios, además del derecho de recaudar el
diezmo, su fuente fundamental de ingresos.
Pero la inmensa mayoría del estado llano eran campestres: algunos eran medios propietarios
(labradores), otros propietarios de pequeñas explotaciones, pero sobretodo, el más
predominante, era el de los jornaleros, los cuales percibían un salario por su trabajo y formaban
parte, fundamentalmente en las épocas de crisis, de los grupos marginales que se dirigían a las
ciudades en busca de trabajo y comida.
Esta estructura de clases de la que tan solo unos pocos se beneficiaban de la renta generada por
las masas campestres, fue denunciada por los pensadores ilustrados, los cuales, por otro lado,
serán incapaces de formular una alternativa para mejorar las condiciones de vida del
campesinado. En el último estrato del estado llano encontramos los marginados (pobres de
solemnidad, mendigos y vagabundos), los cuales pasaban los días por los barrios y mercados de
las ciudades. Dentro de la categoría de los marginados también distinguimos a las minorías
étnicas (gitanos) , a los que las autoridades del siglo XVIII trataban de manera más tolerante que
las de los siglos anteriores.
No obstante, de inmediato surgirán en varias ciudades españolas unas Juntas Supremas, que
asumirán la soberanía en ausencia del monarca secuestrado por Napoleón. Estas juntas estaban
integradas por personas notables del clero, el ejército y la nobleza, y de inmediato organizarán la
resistencia y defensa del territorio para luchar contra un ejército, como lo es el francés, más
preparado y numeroso. Sin embargo, la resistencia popular complicará las aspiraciones de
Napoleón, que se manifestará a través de:
a) La guerrilla, formada por grupos de civiles armados que molestarán continuamente a los
franceses en la retaguardia.
b) Los asedios, especialmente los de Gerona y Zaragoza, ciudades donde el asedio se prolongará
durante varios meses.
Durante los años del reinado de José I (1808-junio 1813) , el nuevo monarca recibirá el apoyo y la
colaboración de diferentes ministros, funcionarios y políticos, que posteriormente serán
conocidos con el nombre de afrancesados y perseguidos al finalizar la guerra, por lo que habrán
de exiliarse a Francia.
La Guerra del Francés fue un largo conflicto de desgaste en el que no había frentes fijos, la lucha
a muerte caracterizaba los asedios, las batallas y las acciones guerrilleras. Esta crueldad quedará
reflejada en la serie de grabados del pintor aragonés, Francisco de Goya, titulados Desastres de
la Guerra. Además, la Guerra de la Independencia fue un enfrentamiento entre los nacionalistas
españoles y los afrancesados. Sin embargo, en el desarrollo de la guerra tuvieron un
protagonismo destacado las tropas británicas dirigidas por el general Wellington, el cual se
beneficiará, en 1812, de la derrota francesa en Rusia, hecho que obligará al ejército francés a
reducir su presencia en España. Por lo tanto, la ofensiva final de Wellington permitirá el triunfo
sobre el ejército francés en Vitoria (julio 1813) . Con esta derrota las tropas francesas
abandonarán el territorio español. José I ya había regresado a Francia un mes antes.
En enero de 1810 se iniciará el proceso electoral a partir del sufragio universal. El lugar de
reunión sería la ciudad de Cádiz, libre del dominio francés y con un centro comercial de ambiente
cosmopolita. La primera sesión tuvo lugar el 24 de septiembre de 1810 y asistieron 104
diputados, número que posteriormente aumentará con otros procedentes de las provincias
ocupadas por el ejército francés.
La composición social de las Cortes de Cádiz estará mucho marcada por una fuerte presencia del
clero (un tercio del total) y también por numerosos funcionarios, militares y abogados. Los
diputados no se organizaron a partir de partidos políticos como en la actualidad, más bien por el
contrario adoptarán una posición personal delante de las cuestiones que suscitan los diferentes
debates. No obstante, de inmediato se configurará un grupo de diputados liberales (Muñoz
Torrero, Villanueva, Agustín Argüelles, el Conde Toreno...) y otro grupo de absolutistas (Ostolaza,
Inguanzo...) . Las Cortes generales y extraordinarias empezarán sus sesiones en La Isla de de
León y en febrero de 1811 se trasladarán a Cádiz, donde su tarea concluirá en septiembre de
1813. Las nuevas Cortes ordinarias se reunirán en un Madrid ya libre del dominio francés.
Sin ningún tipo de duda, la obra magna de las Cortes de Cádiz fue la redacción de la
Constitución de 1812, que establecía por primera vez en España una Monarquía Constitucional.
Sin embargo, numerosos decretos y leyes serán elaboradas por los diputados en una operación
de transformación política y social sin precedentes que preparaba un nuevo régimen político. Así,
se abolirán los derechos feudales, la Inquisición, la Mesta y la tortura. También se proclamará la
libertad de prensa y el reconocimiento de la libertad de trabajo implicará la desaparición de los
gremios. Además, se aprobará una primera desamortización de los bienes del clero y se
transformarán en propiedad privada los bienes de propios y yermos de los ayuntamientos.
Estas medidas irritarán a la Iglesia, aunque una buena parte del clero apoyará el proceso
transformador.Pero las nuevas medidas decretadas por las Cortes de Cádiz tendrán una vigencia
escasa, pues Fernando VII, al volver en España, suprimirá l'obra legislativa de las Cortes de
Cádiz, en mayo de 1814.
3. LA CONSTITUCIÓN DE 1812.
3.1. ORÍGENES Y CARACTERÍSTICAS DE SU CONTENIDO
En diciembre de 1810, las Cortes de Cádiz decidirán crear una comisión que se encargará de
redactar el nuevo texto constitucional. A partir de un borrador, elaborado por el diputado Ranz
Romanillos, la esmerada comisión presidida por Muñoz Torrero y en la que destacará el diputado
Agustín Argüelles, también conocido como “El divino” por su oratoria tan precisa, se elaborará el
texto constitucional definitivo que al fin se aprobará el 19 de marzo de 1812, día en que se
conmemoraba el cuarto aniversario de la proclamación de Fernando VII como rey de España.
La Constitución de 1812 consta de 384 artículos, de los cuales un tercio se dedicarán a regular el
poder legislativo. Se trataba, pues, de un texto largo repartido en cuatro títulos y con un sistema
de reforma muy rígido. Por influencia de los diputados eclesiásticos, a pesar del carácter liberal y
revolucionario de algunos de ellos, se consideraba que “la religión de la nación española es y
será perpetuamente la católica apostólica, romana, única verdadera…”, además de prohibir
“ejercer cualquiera otra”.
El título primero de la Constitución de 1812 que habla de “la Nación española y los españoles”
proclamará:
a) La soberanía popular.
b) La división de poderes.
c) Los derechos políticos fundamentales, como la libertad civil, de prensa y el derecho de
propiedad, derechos que eran extensibles también a los españoles de ambos hemisferios, pero
no absoluta y el monarca estaba obligado a jurar y acatar la Constitución, texto que limitaba su
poder y soberanía.
El texto de 1812 iniciará la historia del constitucionalismo español y representará el ideal de unos
gobiernos que respetarán los derechos de los ciudadanos. No obstante, este ideal que
representaba las aspiraciones de una minoría de ciudadanos, topará con los intereses de los
sectores más reaccionarios de la sociedad española (una gran parte del clero y la nobleza) , ya
que suprimirá sus privilegios, y también con la resistencia del estado llano que no comprendió el
cambio que se proponía.
Los moderados gobernarán hasta verano de 1822, momento en que serán sustituidos por
gobiernos exaltados. Pero la intervención de la Santa Alianza acabará con esta efímera
experiencia de carácter constitucional, cuando un ejército francés (los Cien Mil Hijos de San
Luis) , dirigido por el duque de Angulema, restaurará el poder absoluto de Fernando VII en
septiembre de 1823.
Sin embargo, algunos miembros del gobierno de Fernando VII eran partidarios de llevar adelante
reformas administrativas muy semejantes a las que planteaban los ilustrados del siglo anterior. En
este sentido, el ministro López Ballesteros emprendió una reforma de la hacienda real al introducir
el presupuesto de 1828 y el Código de Comercio.
Pero Fernando VII durante este período debió hacer frente a dos tipo de conspiraciones:
a) La Liberal, que seguirá con la táctica del pronunciamiento y la insurrección armada. La más
importante que se organizará fue la protagonizada por el general Torrijos en diciembre de 1831, el
cual será detenido con el resto de conspiradores al desembarcar en las costas de Málaga
procedentes de Gibraltar. Aunque Torrijos y sus seguidores serán fusilados pocos días después,
estos se transformarán en un símbolo de la causa liberal revolucionaria.
b) Los otros tipos de conspiración procedían del sector político más reaccionario, aquellos que
eran conocidos como los ultrarrealistas o realistas puros. La más importante fue la que estallará
en 1827 conocida como la Guerra de los Malcontentos.
Al final, Fernando VII se casará con María Cristina de Nápoles, mientras que en 1830, se
decretaba la Pragmática Sanción que suprimía la Ley Sálica, la cual impedía reinar a las mujeres,
delante de la protesta de los partidarios de Carlos Maria Isidro.
En este contexto, el 10 de octubre de 1830 nació la infanta Isabel, con lo cual empezarán a
perfilarse dos bandos que en un futuro mucho próximo se enfrentarán para hacer valer sus
derechos a la corona:
a) Los carlistas, defensores de los derechos de Carlos María Isidro a la Corona de España y
partidarios del absolutismo.
b) Los isabelinos, que harán valer el derecho de Isabel. Este bando, los isabelinos, será apoyado
por los liberales.
El 13 de septiembre de 1832 Fernando VII sufrirá un grave ataque de gota y presionado por los
partidarios de Carlos Maria Isidro y el ministro Calomarde, los cuales pensaban que el rey iba a
morir, firmará un documento que suprimía la Pragmática Sanción. Por lo tanto,
momentáneamente, los partidarios de Carlos Maria Isidro habían triunfado. No obstante,
Fernando VII se recuperará de su enfermedad, destituirá a Calomarde, signará una amnistía muy
ancha, abrirá las universidades cerradas dos años antes y restablecerá la Pragmática Sanción. De
esta manera, Isabel era declarada heredera de la Corona, mientras que Carlos Maria Isidro se
exiliaba a Portugal y sus partidarios preparaban la guerra. El 29 de septiembre de 1833 morirá el
monarca y Maria Cristina, su mujer, asumirá, en una primera fase, la Regencia durante la minoría
de edad de Isabel.
Inmediatamente los carlistas se sublabrán y se iniciará así la primera guerra civil del siglo XIX,
conocida como la I Guerra Carlina.
La agricultura quedará muy afectada por las destrucciones de la guerra, mientras los métodos de
cultivo y la estructura de la propiedad se mantendrán inalterables y fieles a la tradición.
La industria también sufrirá las consecuencias de la guerra y la pérdida de los mercados
americanos, particularmente el sector del textil que fue el más perjudicado.
Sin ninguna duda, la hacienda real será una de las instituciones que sufrirá de manera más
considerable las consecuencias de estas crisis. Los gastos generados por la guerra, la pérdida de
las colonias y los privilegios fiscales reducirán notablemente los ingresos. Los intentos de reforma
que se iniciaran en la etapa 1814-1820 fracasarán y tan solo durante la Ominosa Dècada se
consolidarán algunas de ellas como consecuencia de las medidas adoptadas por el ministro
López Ballesteros, lo cual permitirá incrementar la recaudación en un 25%.
Además, cabe resaltar que más del 70% de la población española se dedicaba a la agricultura
aunque un tercio de la tierra era improductiva, lo cual hará exclamar a un embajador francés que
“España es uno de los países de Europa donde menos se trabaja”.
Hasta 1807, tan solo una minoría criolla defendía estos planteamientos ideológicos, pero los
sucesos de 1808 cambiarán de inmediato la situación y en pocos meses el movimiento
independentista, sin ningún tipo de planteamiento unitario, se propagará por todas partes de
América del Sur. Pero aunque las islas Antillas se mantendrán fieles a la Corona española, los
hechos revolucionarios de México serán el ejemplo a seguir para el resto de los territorios
americanos, los cuales iniciarán la lucha armada contra la metrópoli en un largo proceso que se
desarrollará entre 1808 y 1825.
Al igual que España, a partir de 1809 se formarán Juntas que en muchas ciudades (Quito,
Caracas y La Paz) gobernarán en nombre del rey prisionero a Francia. No obstante, estas Juntas
proclamarán de inmediat la independencia de algunos territorios, como en el caso de Caracas y
Buenos Aires. En México el sacerdote Miguel Hidalgo movilizará a miles de campestres en una
revuelta de marcado carácter social y radical. Pero a pesar de todo, la ejecución del sacerdote
Hidalgo, otro rector rural, Morelos, declarará la independencia en 1813, pese a la oposición de la
burguesía criolla mexicana, por lo que esta no se hará efectiva. En Venezuela, la guerra se
intensificará al divulgar en 1813 Simón Bolívar el manifiesto titulado “Decreto de Guerra a
muerte”, en el que se mostraba contrario a la presencia de los españoles en América del Sur.
A partir de 1814, el conflicto adquirirá verdaderos connotaciones de guerra colonial. Sin embargo,
los liberales españoles apoyarán los patriotas americanos a través de logias masónicas, pese a la
intensa persecución de la monarquía sobre este tipo de sociedades secretas. Pese a ello la
guerra se estabilizará hasta el 1817, pero a partir de este año la actitud de los caudillos
americanos Bolívar y San Martín, transformarán un conflicto localizado en algunos puntos de
Sudamèrica en una guerra de ámbito continental. Así Bolívar conquistará Venezuela y Colombia y
San Martín cruzará los Andes y declarará la independencia de Chile. A pesar de todo, el Perú
continuará configurándose como el principal reducto español en América.
Algunos autores considerarán esta guerra como una revolución frustrada, ya que la desigualdad
social y el dominio de la minoría criolla no cambiará con los nuevos gobernantes. No obstante,
cabe mencionar que el proceso que pretendía consolidar el movimiento emancipador tenía como
objetivos:
a) La independencia política.
b) El régimen republicano.
c) La libertad de comercio.
Objetivos que serán conseguidos, pero nunca pretendían consolidar una revolución social.
INTRODUCCIÓN
La consolidación definitiva del estado liberal es consecuencia de los hechos y acontecimientos
que se producirán España en la década 1834-1843, período durante el que se consumará la
Revolución burguesa antifeudal que suprimirá el feudalismo y la monarquía absoluta y
determinará la aparición de una nueva sociedad: la capitalista. En esta etapa la I Guerra Carlina
acelerará el proceso revolucionario, ya que los partidarios de la causa isabelina deberán apoyarse
en la burguesía liberal para hacer frente y parar las aspiraciones del pretendiente a la Corona de
España Carlos Maria Isidro de Borbón. Además, la resolución de la guerra por parte del ejército a
favor de la causa isabelina aumentará el prestigio de determinados generales de ideología liberal
que de inmediato se convertirán en los árbitros de la situación política.
Entre 1843 y 1868, con el casi exclusivo dominio y monopolio del poder político por parte de los
liberales moderados, se configurará en España un régimen liberal de tipo conservador y
centralista. Pero la marginación política de los liberales progresistas, como consecuencia de las
simpatías políticas de Isabel II hacia los liberales moderados, debilitará las bases sociales y
políticas del régimen, el cual entrará en crisis a partir de 1866 y será abatido definitivamente por
la revolución de 1868.
A pesar de todo, el carlismo carecerá de apoyos importantes, ya que la inmensa mayoría de los
mandos militares se mantendrán fieles a la causa isabelina y eso supondrá la configuración de
una organización militar compuesta fundamentalmente por un ejército profesional muy limitado y
todo un conjunto de partidas guerrilleras que nunca constituirán una tropa unificada. Incluso, a
las limitaciones militares que sufrirá el carlismo se añadirán las de carácter territorial ya que el
movimiento carlista tan solo se generalizará en el País Vasco y Navarra, mientras que en otros
sitios del estado español como el País Valenciano, Aragón, Cataluña, Castilla la Vieja y Galicia tan
solo conseguirá consolidarse en algunas comarcas muy determinadas.
b) Entre 1835 y 1837, el ejército carlista intentará con una serie de incursiones militares romper
su aislamiento en los territorios del País Vasco y Navarra y así contactar con otros áreas de la
resistencia carlista.
c) A finales de 1837 empezarán a gestarse las divisiones en el seno del movimiento carlista, lo
cual aprovechará el ejército isabelino, dirigido por el general Espartero, para romper el asedio
de Bilbao. El desenlace del conflicto se acelerará con el nombramiento del general Maroto
como cabeza del ejército carlista, quien se enfrentará con los cortesanos del pretendiente
Carlos Maria Isidro. En agosto de 1839, Maroto y Espartero, acordarán la paz, con la firma del
Convenio de Bergara y así concluirá el conflicto. La paz y el pacto significarán la
incorporación de los oficiales del ejército carlista a las filas del isabelino, e incluso Espartero
asumirá el compromiso de recomendar en las Cortes el mantenimiento de los fueros del País
Vasco y Navarra.
Una de las formas administrativas más importantes de este período será la que llevará adelante el
ministro de Fomento, Javier de Burgos, que consistirá en la división provincial de España en 49
provincias, al frente de las que estarán los cabezas políticos, cargo que precederá al de
gobernador civil. Esta reforma, pensada como el mecanismo de dominio de la administración
central sobre el territorio, será uno de los fundamentos más importantes de la centralización
liberal. A pesar de todo, no eran reformas administrativas sino transformaciones políticas las que
exigían los liberales que habían regresado del exilio de Londres y París. Incluso algunas
instituciones, como el Consejo de Gobierno, y algunos militares de prestigio como los generales
Llauder y Quesada serán partidarios de una convocatoria de Cortes y de redactar un texto de
carácter constitucional. Finalmente, la regente cederá a la idea de una transición pactada con los
liberales moderados para desmantelar algunas instituciones del absolutismo y evitar así el
hundimiento del estado.
Hacia el 1835 los fracasos militares en la Guerra Carlista y las demandas de las capas medias
urbanas, adscritas al liberalismo en su versión más exaltada o progresista, provocarán el
movimiento revolucionario del verano de 1835. Instigado por la burguesía urbana y la Milicia
Nacional, fomentará la constitución de juntas revolucionarias locales y provinciales que
desplazarán a las autoridades provinciales. Entre las reivindicaciones que exigían a la Regente
destacaban las siguientes:
a) Rechazo del Estatuto Real.
b) Exclaustración de las órdenes religiosas regulares.
c) Libertad de imprenta.
d) Una nueva ley electoral.
La radicalización del movimiento revolucionario y su extensión por todas partes del país obligará
a la Regente a nombrar a Mendizábal jefe de gobierno, con lo cual los liberales progresistas
accederán al poder.
La Guerra Carlista había incrementado de manera muy considerable el gasto público, por lo
tanto, había que rebuscar nuevas fuentes de financiación por tal de eliminar el déficit de la
hacienda. Así, para llevar adelante estos planteamientos se adoptaron tres tipo de medidas:
a) La reforma y reorganización de la hacienda.
b) Una mayor presión fiscal sobre los ciudadanos.
c) La desamortización de los bienes y patrimonios de los monasterios y conventos. Así, entre
1835 y 1838, serán exclaustrados los frailes de los conventos, suprimidos todos los
conventos y monasterios, y en febrero de 1836, por la primera ley desamortizadora, los
bienes y patrimonios de las órdenes regulares masculinas serán nacionalizados y vendidos en
pública subasta con la finalidad de obtener recursos para la hacienda.
En 1837, Mendizábal desamortizará los bienes del clero secular y posteriormente confiscará los
diezmos eclesiásticos. Los bienes De la Iglesia nacionalizados y vendidos en pública subasta los
comprará mayoritariamente la burguesía que, además, llevará adelante un gran negocio, pues se
admitirá el pago con títulos de deuda público.
Otra medida muy importante que se aplicará durante el gobierno de Mendizábal será la
disolución de los señoríos en 1837, que en realidad equivalía a suprimir definitivamente el
feudalismo. No obstante, la nobleza conservará la propiedad de la tierra y sus patrimonios.
A pesar de todo, la forzada dimisión de Mendizábal provocará una nueva sublevación de los
progresistas radicales, objetivo de los cuales era proclamar la Constitución de 1812. La ola
revolucionaria de 1836 culminará con el motín de los sargentos del cuartel de La Granja, los
cuales obligarán a la Regente a jurar la Constitución de 1812.
Sin embargo, los liberales moderados criticarán, cada vez más, la Constitución de 1837. Así, a
partir de 1840, intentarán imponer una serie de limitaciones a la libertad de expresión, reducir aún
más el derecho al voto y acabar con la democratización y descentralización municipal. La
aprobación de una nueva ley moderada sobre los ayuntamientos en 1840 fue el detonante de un
nuevo movimiento revolucionario de carácter progresista.
En 1842 estallará en Barcelona una revuelta que al fin acabará por desgastar definitivamente el
poder político de Espartero. El origen de la revuelta, hay que situarlo en el contexto de las
conflictivas relaciones que predominaban en el seno de la moderna industria textil catalana. El
desarrollo del asociacionismo obrero catalán y la defensa de sus reivindicaciones sobre las
condiciones de trabajo topará con los intereses de la patronal y el gobierno, el cual declarará en
el margen de las leyes “ La Asociación Mutua de obreros de la Industria Algodonera”. Además , el
hecho de que Espartero se mostrara partidario de firmar un tratado librecambista con Gran
Bretaña, perjudicial para la industria textil catalana, y la generalización entre la clase obrera de
ideario republicano explicará la causa de la revuelta.
6. LA DÉCADA MODERADA
6.1. LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ADMINISTRATIVA DEL ESTADO LIBERAL
Con el acceso al poder del dirigente moderado, el general Narváez, y con unas Cortes de mayoría
moderada, empezará la construcción política de un estado liberal de signo conservador, unitario y
centralista.
Los moderados elaborarán una nueva Constitución que sustituirá a la progresista de 1837. La
nueva Constitución, la de 1845, representará la ideología típica del moderantismo y las
diferencias con la de 1837 serán bastante considerables:
a) Se rechaza la soberanía nacional y consolida la soberanía compartida entre la monarquía y las
Cortes.
b) Otorgaba un poder muy considerable a la Corona (iniciativa legislativa, capacidad para
nombrar y destituir a los ministros, convocar y disolver las Cortes, nombrar a todo el conjunto del
Senado) .
c) Además , la ley de Imprenta de 1845 recortaba las libertades y se suprimían los juicios por
jurados. Incluso, el nuevo sistema electoral (1846) reducirá el derecho al inmediación al 1% del
cuerpo electoral.
Pero en las ciudades estallarán varias revueltas populares que tratarán de dirigir los progresistas
y los demócratas mediante la creación de Juntas Revolucionarias, las reivindicaciones de las
cuales iban mucho más allá de las de los militares pronunciados: Cortes constituyentes,
ampliación de libertades, cambio de régimen político, sufragio universal y enseñanza gratuita.
Esta situación determinará un cambio de actitud de O’Donnell, expresado en el Manifiesto del
Manzanares, por tal de integrarse en el movimiento capitalizado por las Juntas Revolucionarias.
Sin embargo, al radicalizarse la revuelta urbana y sentirse amenazada la Corona, la reina Isabel II
buscará Espartero para que formo gobierno.
Así, la Constitución de 1856 se caracterizará porque recogía los principios políticos del
progresismo español: soberanía nacional, una muy amplia declaración de derechos y tolerancia
religiosa. No obstante, mantenía el poder moderador de la Corona como la de 1837. Pero la
Constitución de 1856 nunca será promulgada por lo que será conocida como la “no nata”.
El primer gobierno breve de O’Donnell se caracterizará por el retorno a los principios políticos de
la Década Moderada. La Milicia Nacional será suprimida, se restablecerá la Constitución de 1845,
a la que se añadirá un Acta Adicional que ampliará las libertades. Pero la promesa de continuar
con los procesos desamortizadores y la oposición de los moderados, provocará la sustitución de
O’Donnell por Narváez que restablecerá completamente el régimen moderado de 1845,
derogando el Acta Adicional y suprimiendo la ley desamortizadora.
En agosto de 1866, progresistas y demócratas, acordarán en Ostende firmar un pacto por tal de
acabar con el régimen y la monarquía que le sostenía, además de acordar que la futura definición
política del estado, monarquía o república, se consensuaría en unas Cortes Constituyentes. A
pesar de todo, la muerte de O’Donnell en 1867 y la intensa represión que incluso afectará al
generalato de simpatías unionistas, decantará a los unionistas hacia la causa revolucionaria.
El partido moderado era partidario de integrar los cambios políticos y sociales de la revolución
liberal con la tradición histórica representada por dos instituciones fundamentales: el rey y las
Cortes, por este motivo, estos, rechazarán el principio de soberanía nacional y defenderán la
soberanía compartida. Su idea era que una vez consumada la revolución había que preservar el
orden social y el con respecto a la propiedad privada. Este tipo de pensamiento, explicará la
reducción del derecho al voto a una minoría y también su identificación con un estado centralista
y confesional.
En cambio, el partido progresista a pesar de aceptar algunos de los principios del liberalismo
moderado, poder moderador de la corona y el bicameralismo, establecerá sus diferencias con los
moderados al defender los principios de la soberanía nacional, los derechos individuales y la
ampliación del cuerpo electoral.
Sin embargo, un grupo de jóvenes progresistas y demócratas se separarán del progresismo y a
partir de 1849 crearán el Partido Demócrata para defender la monarquía democrática, la
soberanía nacional, el sufragio universal masculino, el estado aconfesional y la descentralización
política. Hasta la revolución de 1868 convivirán dos tendencias en el seno del partido:
monárquica-democrática y la republicana federal.
INTRODUCCIÓN
El sexenio revolucionario es una etapa de la historia contemporánea que se desarrollará entre
1868-1874 y que se caracterizará por su conflictividad. El movimiento revolucionario de
septiembre de 1868 se iniciará con un pronunciamiento que abrirá una nueva etapa en la que se
intentará instaurar un régimen democrático, lo cual se evidenciará a través de la Constitución de
1869, la primera verdaderamente democrática de la historia de España. Sin embargo, el período
también se caracterizará por una rápida sucesión de los acontecimientos: golpe de estado que
destronará Isabel II, gobierno provisional, monarquía democrática y Y República.
Incluso, el nuevo régimen también deberá hacer frente a los numerosos problemas políticos y
sociales que heredará de los gobiernos anteriores y que se remontan a los orígenes de la
revolución burguesa liberal: la problemática carlista y colonial e incluso la cuestión de la tierra.
Estas problemáticas, junto a la cuestión social, la excesiva centralización y sobretodo con la
generalización de algunos conflictos como: la Guerra de Cuba, la Guerra Carlista y la sublevación
cantonal serán las dificultades más significativas a las que deberá hacer frente al nombramiento
Sexenio Democrático.
1. LA REVOLUCIÓN DE 1868.
1.1. CAUSAS DE LA REVOLUCIÓN
Las causas de la Revolución de 1868 serán muy diversas, pero la más importante, sin ningún tipo
de duda, será la crisis económica de 1866, en la que, además además, coincidirán factores de
tipo moderno, como la crisis financiera e industrial, con factores de tipo antiguo, como la crisis de
subsistencias, los cuales constituirán el verdadero fondo de la problemática política a que deberá
hacer frente el régimen moderado.
La muerte de O’Donnell en 1867 facilitará la adhesión del general Serrano, el nuevo dirigente de
la Unión Liberal, a la causa revolucionaria. La participación en el movimiento de los generales
unionistas asegurará el apoyo militar a la iniciativa revolucionaria e incluso moderará el
radicalismo del movimiento revolucionario.
En un primer momento, el poder residirá en las Juntas Revolucionarias, las cual reclamarán la
aplicación de importantes medidas para democratizar el país (sufragio universal y libertad de
expresión, de reunión, de asociación y de culto) y transformar la sociedad (desamortización y
abolición de consumos) . La desamortización es el proceso a través del que se nacionalizan y
posteriormente se venden en pública subasta los bienes y patrimonios de determinadas
instituciones como la Iglesia, ayuntamientos y obras pies; por otro lado, los consumos era un
impuesto de carácter estatal pero de gestión municipal que grababa todos aquellos productos
que entraban en una ciudad. Por lo tanto, se trata de un impuesto indirecto que incrementará el
precio de los alimentos de primera necesidad y en consecuencia será mucho odiado por las
clases populares.
Pero una de las cuestiones clave que debía resolver el movimiento revolucionario será la que
hace referencia a la forma de gobierno, monarquía o república, cuestión sobre la que se
pronunciarán unas Cortes Constituyentes. El resultado de las elecciones a Cortes Constituyentes,
las primeras elegidas por sufragio universal directo, configurarán un parlamento dominado por los
partidos de la coalición antiborbónica, unionistas, progresistas y demócratas, partidarios de una
monarquía democrática. En la izquierda de la coalición se situará una fracción del partido
demócrata, partidaria de instaurar la república, y del que surgirá el Partido Republicano Federal.
La nueva política que instaurarán los nuevos gobernantes del sexenio también se caracterizará
porque emprenderán nuevamente los procesos desamortizadores. El nuevo clima de libertades
afectará incluso al ámbito de la economía y así se impondrá en España una política económica de
carácter librecambista con el impuesto aduanero de 1869 que reducía las tarifas aduaneras, lo
cual provocará la liberalización de los intercambios pero también provocará la oposición de la
burguesía catalana, atada a los intereses del textil algodonero.
b) La conflictividad social. Esta presentará varias variantes. Así, la crisis agraria de 1867-1868 y
las elevadas tasas de paro que provocará, serán la causa de la rebeldía constante y reiterada
del campesinado andaluz, el cual había confiado en una revolución que no llevará adelante el
reparto de tierras y la reforma agraria. sin embargo, el fracaso de las diferentes sublevaciones
generará entre los campestres la desconfianza hacia los partidos políticos, incluido el partido
republicano. Por lo tanto, será este contexto lo que explicará porque desde 1872, con la
legalización de la I Internacional al estado español, el anarquismo de carácter apoliticista y
colectivista se propagará de manera muy rápida entre el campesinado andaluz,
configurándose como la ideología dominante en el ámbito de esta clase social.
La elección de Amadeo I de Saboya como nuevo rey de España por las Cortes no fue por
unanimidad, pues, era el candidato de Prim y los progresistas. Así pues, el nuevo monarca
durante su breve reinado (1871-1873) soportará la falta de apoyo de la mayoría de los partidos
políticos, de la aristocracia y de las masas populares.
Sin embargo, el asesinato de Prim le privará de un apoyo fundamental, pues Prim era el político
carismático que había mantenido unida la coalición monárquica y democrática y su muerte
provocará la descomposición de la coalición. Incluso, los unionistas se alejarán del régimen y se
acercarán a los partidarios de la solución alfonsina. Incluso, en el seno del partido más
consolidado de la coalición, el progresista, se producirá la ruptura.
-Por un lado, Sagasta encabezará una fracción del partido renombrada constitucionalista y
partidaria de acercarse a los unionistas.
-Por otro, los radicales de Ruiz Zorrilla que buscarán acercamiento a los demócratas, por lo que
se mostrarán partidarios de ampliar el programa de reformas democráticas: supresión de las
quintas, abolición de la esclavitud en Cuba y la separación de la Iglesia y el Estado.
Las quintas eran la forma a través de la que y mediante un sorteo, se reclutaban los jóvenes que
debían servir al ejército, y se dice quintas porque cada pueblo o ciudad debía de aportar al
ejército un joven de cada cinco en edad militar. No obstante, a cambio de una cantidad bastante
considerable de dinero, había quintos que se salvaban (los ricos se entregaban)
a) Los partidarios de Pi i Margall, los cuales se decantarán por luchar a través de la vía
parlamentaria por tal de implantar la república.
Por lo tanto, en este contexto de gran inestabilidad política y social, Amadeo de Saboya abdicará
en febrero de 1873, pues se sentía aislado. Se frustraba así la solución monárquica defendida por
Prim.
4. LA I REPÚBLICA
4.1. LA IMPLANTACIÓN DE LA REPÚBLICA
La instauración de la I República en 1873 fue consecuencia del compromiso de una mayoría de
radicales monárquicos y una minoría de republicanos federales por tal de llenar el vacío de poder
que había dejado Amadeo de Saboya, al abdicar, y también para salvar el ideario democrático de
la revolución de 1868. El primer gobierno de la República estará formado por una coalición de
radicales y republicanos, presidida por el federalista Figueras. No obstante, los radicales tan solo
estaban dispuestos a aceptar una república unitaria, por lo que los republicanos renunciarán a
proclamar la República Federal de inmediato, asumiendo que la decisión de proclamar una
república unitaria o federal debía de adoptarla unas Cortes Constituyentes, que se elegirían con
esa finalidad.
Así, los dirigentes del republicanismo federalista, que habían optado por instaurar la República
Federal por la vía de la legalidad, de repente, se encontrarán delante una doble oposición: la de
los radicales y la de los intransigentes, partidarios estos últimos de establecer inmediatamente
una estructura política federal, incluso por la vía de la insurrección. La frustración de los
federalistas que aspiraban a la inmediata configuración de un Estado Federal se manifestará en el
intento de proclamar el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La
radicalización se extenderá rápidamente en el ámbito rural, donde los campesinos identificarán el
acceso al poder de los republicanos con el reparto de la tierra. Así, en Andalucía estos brotes
revolucionarios originarán los graves disturbios de Montilla (Córdoba) .
El enfrentamiento de los federalistas con los radicales se producirá después de los intentos de
estos de hundir el gobierno y, sobretodo, porque también habían intentado impedir la
convocatoria de las Cortes Constituyentes. Desde ese momento y hasta el golpe de estado del
general Pavía, en enero de 1874, los republicanos federales gobernarán en solitario y deberán
hacer frente tanto a la Guerra Carlista como las conspiraciones del resto de los grupos políticos.
Sin embargo, delante la abstención de oposición: radicales, constitucionalistas y alfonsinos, las
elecciones a Cortes Constituyentes otorgarán una mayoría abrumadora a los republicanos
federalistas.
El propio Pavía reunirá a los militares y dirigentes de los partidos que se oponían a la República
Federal para consensuar un gobierno que sería presidido por el general Serrano. No obstante, a
partir de 1874, la causa alfonsina gozará del apoyo de la burguesía catalana, de la aristocracia,
de los círculos ultramarinos y de la joven oficialidad del ejército. Así, en diciembre de 1874 un
pronunciamiento militar en Sagunto, dirigido por el general Martínez Campos, impondrá la
Restauración de Alfonso XII de Borbón.
INTRODUCCIÓN
Durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874) , el político conservador, Antonio Cánovas del
Castillo, preparará la Restauración de la Monarquía en la persona de Alfonso XII (1875-1885) , hijo
de Isabel II.
Para llevar adelante este proyecto, Cánovas del Castillo conseguirá que la reina Isabel II abdique
de sus derechos en su hijo Alfonso, creará un partido alfonsino e incluso, el 1 de diciembre de
1874, redactará el Manifiesto de Sandhurst, localidad inglesa donde el príncipe asumía el
compromiso de instaurar un régimen constitucional y parlamentario estable, si era nombrado rey
de España. La orden, el patriotismo, la religiosidad católica y el liberalismo serán los principios
ideológicos más importantes del nuevo sistema político que se pretendía implantar.
Además, Cánovas del Castillo también conseguirá aglutinar alrededor de la causa alfonsina a una
gran parte del ejército, a la burguesía catalana, a la aristocracia madrileña y a los círculos
conservadores españoles y ultramarinos de Cuba. Incluso, una vez implantado el régimen de la
Restauración, conseguirá que en 1876 el Parlamento apruebe una nueva Constitución.
Entre el 1 de enero de 1875 y el 15 de febrero de 1876, Cánovas llevó adelante la doble misión de
presidir el primer gobierno de Alfonso XII y preparar la elaboración de una nueva Constitución que
debía integrar políticamente tanto a los carlistas más conservadores como a los liberales e
incluso a los republicanos desencantados por la Revolución del 68.
La misión de este parlamento consistirá al elaborar una nueva Constitución, con la cual se
identificaran todos los españoles. Se intentaba, así, evitar que cada partido impusiera su propia
Constitución al acceder al poder. Después de largos debates la Constitución fue aprobada el 15
de febrero de 1876.
El artículo 11 de la nueva Constitución será el que más discusiones provocará, aunque, al fin, se
aprobará que: la religión católica, apostólica y romana es la del Estado, lo cual recordará a la
Constitución moderada de 1869.
a) Cánovas del Castillo y Francisco Silvela, los cuales procedían de la Unión Liberal de
O’Donnell.
c) El sector más reaccionario y católico estaba representado por Alejandro Pidal y Mi, el Conde
de Orgaz y el Cardenal de Toledo, Moreno y Maisonnave, el cual en 1881 fundará su propio
partido, la Unión Católica.
Los límites del sistema por la derecha les marcará el carlismo y por la izquierda un sector del
republicanismo, los socialistas y los anarquistas. sin embargo, una vez configurado el partido
conservador, Cánovas buscará la consolidación de un partido de oposición, tarea que dejará en
manos del antiguo dirigente progresista Práxedes Mateo Sagasta.
Sagasta era un joven liberal progresista que estudiará en Madrid la carrera de ingeniero de
caminos, el cual, además, participará en las revoluciones de 1854 y 1868 contra Isabel II.
Además, Sagasta, ocupará varios ministerios durante el Sexenio Revolucionario, período durante
el que se hundirá el partido progresista, hecho que moderará sus posturas políticas. Entre 1876 y
1880 transformará el partido Liberal Constitucional en el partido Fusionista (1880) , junto a
militares como Martínez Campos y nobles como el conde de Valmaseda. Posteriormente, también
se integrarán en el partido, políticos de ideologías más radicales como Cristino Martos y
Segismundo Moret, los cuales se distinguirán por sus reiterados intentos de reformar el sistema
canovista, fundamentalmente, mediante la sustitución del sufragio censatario por el sufragio
universal masculino (1890) , el cual será aceptado por los conservadores con la siguiente frase de
Cánovas: “soy enemigo declarado del sufragio universal, pero su manejo práctico no me da
miedo”. A partir de esta fecha se incorporarán al partido liberal la mayoría de los miembros del
partido republicano de Emilio Castelar.
Antes y después de la aprobación del sufragio universal masculino, los dos partidos se
comportarán como partidos de notables, los cuales ganarán las elecciones en función de la
actuación conjunta de políticos, caciques y empresarios, además de configurarse como una
oligarquía política en el poder, mientras que la masa del pueblo, especialmente la rural,
analfabeta, despolitizada y conformista, se mantendrá al margen.
3. OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO
3.1. EL FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA
El sistema político de la Restauración, en lo que se refiere a la formación de gobierno, se
caracterizará por un procedimiento diferente del actual. Primero el rey encargaba al líder de uno
de los dos partidos mayoritarios la formación de gobierno. A continuación se convocaban
elecciones a Cortes. Cánovas o Sagasta, a través de su ministro de la Gobernación, actuaba
entonces de una manera muy particular por tal de asegurarse la victoria electoral.
No obstante, a partir de 1886 los republicanos, dirigidos desde aquel momento por Nicolás
Salmerón ningún de la Unión Republicana, participarán regularmente en los procesos electorales.
Este partido conseguirá importantes y buenos resultados electorales en varias ciudades
españolas como Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia. De este partido se separarán, en 1895, los
seguidores de Alejandro Lerroux que fundarán en Barcelona el Partido Radical y el grupo de
Blasco Ibáñez que creará en Valencia la PURO. Ambos tendrán un fuerte componente populista y
anticlerical.
A la postrimerías del siglo XIX se configurará también un grupo republicano de tendencia más
moderada, dirigido por el expresidente de la I República Emilio Castelar, el cual será conocido
con el nombre de los posibilistas. No obstante, la inmensa mayoría de su militancia se integrará
entre 1891 y 1893 en el partido liberal, inmediatamente después de que las Cortes reconocieran
el derecho al sufragio universal masculino y los juicios por jurados. El republicanismo federal de
Pi i Margall se transformará y fomentará, a finales del siglo, diferentes movimientos de carácter
nacionalista como el de Almirall en Cataluña.
A pesar de todo, algunos carlistas, influidos por las ideas del general Cabrera, que había
reconocido como rey a Alfonso XII, se integrarán en el sistema y, incluso, colaborarán con el
partido conservador. En cambio, otros, sometidos a las ideas de Nocedal, empezarán a actuar
desde la clandestinidad, romperán en 1888 con el pretendiente carlista y defenderán un
pensamiento de oposición radical al liberalismo, a través del periódico “El Siglo Futuro”.
El propio pretendiente a rey, Carlos de Borbón, estuvo muy cerca de aceptar la legalidad del
sistema de la Restauración, aunque, al final, permanecerá exiliado. No obstante, algunos de sus
partidarios más destacados conseguirán ocupar algún escaño en el Congreso, después de
aprobarse la ley del sufragio universal masculino en 1890.
No obstante, un sector bastante importante de los anarquistas andaluces eran partidarios de las
acciones directas y de la violencia como respuesta a los terratenientes, que se negaban a
aumentar los salarios y eliminar el trabajo a precio alzado. En este contexto, los campestres
andaluces protagonizarán varias huelgas y revueltas, la más importante de ellas fue la de febrero
de 1883 organizada por la “Mano Negra”, nombre que rebién por parte de la prensa oficial y el
gobierno, una sociedad secreta que alteraba el orden público y perjudicaba los intereses de los
terratenientes. De repente las prisiones se llenarán de campestres y quince militantes de la FTRE
serán condenados a muerto después de ser juzgados.
Por otro lado, los socialistas, bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, crearán en 1879 en Madrid el
PSOE, ideario político e ideológico del que se divulgará desde 1886, a través del periódico “El
Socialista”. Seguidamente, el 1888, un grupo de militantes socialistas creará el sindicato UGT
(Unión General de Trabajadores) . Tanto el partido como el sindicato irán incrementando su
militancia, paulatinamente, sin sufrir los frecuentes altibajos de las organizaciones anarquistas.
Además, el gran desarrollo de la banca y las industrias siderometalúrgicas y navales crearán una
importando burguesía, unas capas medias urbanas mucho fortalecidas y a un proletariado
industrial que romperá con la imagen del tradicional vasco, católico, carlista y conservador.
El hecho diferencial de los vascos será defendido por Sabino Arana, fundador del PNV (Partido
Nacionalista Vasco) en 1895, el cual será dirigido por una junta política, el Buru-Batzar, presidida
por Arana. Este partido surgirá y crecerá en Vizcaya, después de publicar en 1883 Sabino Arana
su obra “Vizcaya por su independencia”. A pesar de todo, en 1898 Arana entrará en la Diputación
Provincial y a partir de aquellas fechas el PNV moderará su ideología y en parte olvidará sus
aspiraciones independentistas, las cuales sustituirá por la demanda de una mayor autonomía.
La crisis política de los años noventa facilitará la difusión de las ideas catalanistas. Así los
propietarios rurales y la gran burguesía del comercio y la industria, hasta entonces integrados en
el sistema de la Restauración, se aliaran con los defensores del catalanismo (Almirante y Prado
de la Orilla) en una coalición catalanista que triunfará en las elecciones de 1901 y que será el
núcleo originario del primer partido catalanista conservador: la Liga Regionalista de Cambó y
Prado de la Orilla.
Las consecuencias del “desastre del 98” irán mucho más allá de la pérdida de los territorios
ultramarinos:
a) La economía española y, especialmente, la industria catalana perderán un importante
mercado para sus productos y la posibilidad de importar materias primas baratas.
c) El sacrificio de los jóvenes, reclutados por el ejército a través del sistema de quintas, que
lucharán en la guerra colonial, será duramente cuestionado y criticado.
INTRODUCCIÓN
La España del siglo XIX se modernizará con cierto atraso, consecuencia del periodo de
estancamiento que caracterizará la primera mitad del siglo y también del lento crecimiento que
predominará durante el resto de la centuria. La baja productividad de la agricultura, el atraso en la
construcción de la red ferroviaria, en la explotación de los recursos mineros (hierro, plomo y
cobre), en el desarrollo de la industria pesada y, por otro lado, la carencia de recursos energéticos
y de capitales, la ausencia de un espíritu empresarial y el fuerte endeudamiento del Estado serán
las causas que explican este atraso.
La revolución burguesa, la construcción del Estado liberal, la desamortización y los tímidos inicios
de la industrialización, a mediados del siglo XIX, no implicarán una radical transformación de la
sociedad. Tanto en Europa como en España, la vieja nobleza, bajo el predominio del liberalismo
moderado, y la nueva burguesía se integrarán y constituirán, las dos, la élite (clase dominante) de
poder en la España del siglo XIX.
Las causas de las elevadas tasas de mortalidad y de la baja esperanza de vida serán:
a) Las que se derivarán del atraso económico (pésimas condiciones de higiene, baja
productividad agrícola, red de transportes deficiente) y, sobre todo, las que provocarán las
periódicas crisis de subsistencias, las cuales serán el origen de numerosos periodos de hambre y
afectarán España hasta medios del siglo XIX. Las más importantes de este siglo
serán las de 1847, 1857 y 1867-68.
Por otro lado, hace falta también señalar que la tasa de natalidad española era relativamente más
baja que la de la mayoría de los países de la Europa Occidental, hecho que se explicará por la
disminución de la fertilidad matrimonial durante estos años. Aun así, a finales del siglo XIX todavía
vivían al ámbito rural dos tercios de la población española. Por lo tanto, la pobreza, el bajo nivel
de vida del campesinado y la superpoblación del campo serán el motivo de esa limitación en el
número de nacimientos.
En consecuencia, la diversa incidencia de las migraciones internas y externas sobre cada una
de las regiones españolas provocará toda una serie de repercusiones que influirán en la
modificación de la distribución geográfica de la población. Así, en el siglo XIX, se consolidará la
tendencia que se inició a finales de la Edad Mediana, y que consistirá en el desplazamiento de
numerosos activos de población del norte en el sur y del centro en la periferia.
El moderado crecimiento de la agricultura española del siglo XIX, será consecuencia tanto de los
factores geográficos y naturales como de los políticos y sociales e incluso de los de carácter
técnico, configurando- se así, como una de las numerosas causas del relativo atraso de la
economía española durante el siglo XIX. En consecuencia, la aridez y la pobreza de la mayor
parte del suelo del interior, la altitud y la forma compacta de la Meseta, que lo aísla y provoca
dificultades en el transporte, serán las trabas más importantes que impedirán la modernización
de la agricultura durante el siglo XIX.
Las únicas innovaciones de carácter moderno se durando adelante en el litoral valenciano, donde
se desarrollarán, desde medios de siglo, los trabajos especializados que fomentarán los cultivos
frutícolas y hortícolas. El crecimiento más espectacular de este tipo de cultivo lo protagonizará el
naranjo. En algunos regadíos del interior, el cultivo y producción de la remolacha empezará a
sustituir al azúcar de caña importado desde Cuba hasta el año 1898. Las islas Canarias se
especializarán en el cultivo del plátano, el tomate y el tabaco. También se consolidará el cultivo
de la viña, a pesar de la difusión de la filoxera en España, y el almendro, lo cual fomentará desde
medios de siglo una economía agraria basada en la exportación.
Aun así, la evolución de la ganadería estará marcada por la desamortización que favorecerá la
extensión de los cultivos, en perjuicio de los pastos y de la demanda de carne de los cascos
urbanos. La cabaña ganadera sufrirá una transformación muy importante, que se manifestará a
través del descenso de la ganadería trashumante del ovino, a pesar de que la manada porcina y
equina aumentará.
3. BANCA Y FERROCARRIL
3.1. EL TRANSPORTE Y SUS TRANSFORMACIONES
En la España del siglo XIX el problema de los transportes fue uno de las trabas más importantes
que habrá que superar para consolidar la modernización económica.
La construcción de la red ferroviaria en España se atrasará unos treinta años respecto de los
países más desarrollados de Europa, como por ejemplo Gran Bretaña y Francia. La causa de este
atraso se explica tanto por la desidia de los diferentes gobiernos de la época como por la
carencia de desarrollo económico. El Estado, a través de una ley de 1844, se reservará la
concesión de las líneas ferroviarias y así traspasará la responsabilidad de su construcción a la
iniciativa privada, lo cual generará considerables proyectos de carácter especulativo. En esa
época, tan solo se construirán unas pocas líneas (Barcelona-Mataró, Madrid-Aranjuez y València-
Xàtiva) y antes de 1855 tan solo se habían construido 475 km. de vía. Sin embargo, al diseñar el
trazado del ferrocarril, autoridades y técnicos, consumarán un error muy grave, la cual pervivirá
hasta nuestros días: el ancho de la vía era superior al establecido por la norma europea.
4. EL ATRASO DE LA INDUSTRIA
4.1. UNA INDUSTRIALIZACIÓN ATRASADA
La industrialización española durante el siglo XIX fue un proceso muy lento y localizado (Cataluña
y el País Vasco), incluso a finales del siglo, el trabajo artesanal disfrutaba de una importancia
bastante considerable en la producción global de las manufacturas españolas.
Pero, el desarrollo del textil algodonero catalán atraerá a otras industrias del textil tradicional. Así,
alrededor de Barcelona, Sabadell y Terrassa se concentrarán a mediados del siglo XIX industrias
como por ejemplo la de la lana y la seda, mientras que en los lugares tradicionales donde se
había localizado la mencionada industria hasta ese momento, Castilla y el País Valenciano,
entrarán en crisis. La industria textil, particularmente la industria algodonera, será la clave de la
industrialización catalana del siglo XIX, pero su consolidación en este ámbito territorial no tendrá
repercusiones sobre el resto de España.
Los factores que condicionarán la producción de carbón en España, y, en particular la del carbón
asturiano serán:
c) Una demanda limitada del mercado interior (ferrocarril y siderurgia), puesto que el carbón
inglés era más barato.
5.2. LA MINERÍA
En cambio, España disponía otros grandes recursos mineros como por ejemplo: hierro, cobre,
plomo y mercurio..., a pesar de todo su explotación permanecerá cerrada hasta el fin del siglo
XIX, a causa de la carencia de capitales, de la carencia de demanda y de los conocimientos
técnicos oportunos. Además, la legislación (ley de minas de 1825) establecerá el dominio de la
Corona sobre este tipo de recursos, lo cual desanimará a la iniciativa privada para llevar adelante
su explotación.
A pesar de todo, la Ley de Bases sobre Minas de 1868 que concedía mayor seguridad a los
concesionarios en la explotación de las minas, el interés del capital extranjero y la demanda
internacional provocará, en el último cuarto del siglo XIX, una auténtica fiebre minera que
convertirá a este sector en el más dinámico de la economía española.
La explotación de los yacimientos de hierro, situados los más importantes en Málaga, Santander
y, sobre todo, en Vizcaya, será muy escasa hasta el 1870, sobre todo, a causa de la carencia de
desarrollo de la industria siderúrgica. A partir de esa fecha, la difusión en la Europa industrial del
convertidor Bessemer para fabricar acero incrementará la demanda del hierro español y varias
compañías francesas e inglesas fomentarán su explotación para exportarlo.
A pesar de todo, la masiva exportación del mineral de hierro, sus repercusiones sobre la
economía española y, muy especialmente sobre la vizcaína, serán importantes. Así, en Vizcaya
una parte del capital utilizado en la explotación y exportación del mineral de hierro será español y
los beneficios que provocará esta actividad se reinvertirán en la industria y en la banca. Además,
como el mineral era exportado en Inglaterra, en los viajes de retorno se transportaba el carbón
inglés, más barato que el español, para que lo consumiera la industria siderúrgica. El plomo, el
cobre y el mercurio, abundantes en el sur y en el suroeste peninsular, se explotarán casi
exclusivamente con tecnología y capital extranjero y su producción se destinará a la exportación.
En 1845 el Estado liberal, bajo los gobiernos de los moderados, llevará adelante una reforma
tributaria al sufrir una tasas insostenibles de endeudamiento. El objetivo de la misma consistirá al
establecer una hacienda moderna y con más recursos.
En consecuencia, se encontramos con un sistema fiscal que grabará más a los pobres que a los
ricos, y que recaudará muy por debajo de aquello presupuestado, incluso, ni con los ingresos que
el Estado obtendrá de las loterías y de la aplicación de los procesos desamortizadores podrá
sufragar la deuda de la hacienda.
Los proteccionistas, principalmente industriales ligados a los intereses del textil algodonero
catalán, agrupados en la asociación Fomento del Trabajo Nacional, defendían que la protección
era imprescindible para el desarrollo de la industria nacional, ante la competencia extranjera,
sobre todo inglesa. Los librecambistas, comerciantes, exportadores de productos agrarios y
compañías ferroviarias, crearán la Asociación para la Reforma de los Aranceles, los cuales se
verán apoyados por las clases populares que identificarán las políticas librecambistas con precios
más baratos.
Para el Estado, que sufría desde tiempo inmemorial graves problemas presupuestarios, aquello
más deseable era la consolidación de un arancel librecambista, para incrementar, así, el comercio
exterior y, por lo tanto, también, sus ingresos. Sin embargo, la política arancelaria española será
proteccionista hasta el llamado arancel Figuerola de 1869, relativamente librecambista. Pero, a
partir de 1891 se devolverá a una política limpiamente proteccionista.
La vieja nobleza del Antiguo Régimen perderá una buena parte de su poder político y económico
y desaparecerá como estamento privilegiado con la instauración del Estado liberal. A pesar de
todo, la nobleza demostrará su capacidad para adaptarse al nuevo marco de la sociedad liberal.
Aun así, la disolución del feudalismo y consiguiente desvinculación no provocará la derrota de los
patrimonios aristocráticos, al menos en los territorios de la antigua Corona de Castilla. Además,
durante la primera mitad del siglo, la mayoría de la vieja nobleza terrateniente mantendrá su
predominio económico, consecuencia de su inmenso patrimonio nobiliario que, por otro lado,
generarán una gran parte de la renta nacional. En la segunda mitad del siglo, a medida que
aumentaba el endeudamiento y la decadencia de la vieja nobleza, la élite económica empezará a
nutrirse de burgueses adinerados. Sin embargo, a finales del siglo resurgirá como consecuencia
de una generalizada política de matrimonios de sus miembros con las grandes fortunas
burguesas.
Pero a pesar de que la vieja nobleza perderá también su predominio político, mantendrá a cambio
cierta influencia al ámbito de la política. Su presencia en el Senado y en los aparatos de poder, el
ejército y la diplomacia, es la evidencia más irrefutable.
Se trata, pues, de un sector social de pequeñas dimensiones que tienen como objetivo
consolidarse como propietarios, pues la propiedad representaba el éxito económico y la
posibilidad del ascenso social. En consecuencia, su ideal social perseguirá el aburguesamiento.
La clase obrera industrial, el proletariado, todavía era minoritaria durante la segunda mitad del
siglo y se concentrará en la ciudad de Barcelona, alrededor de la industria algodonera, y en
Vizcaya, donde a partir de 1880 se consolidará la moderna industria siderúrgica.
Pero, a pesar de que, las condiciones de vida de las clases populares urbanas experimentarán
una lenta mejora desde el último tercio del siglo XIX, la permanente inestabilidad de los puestos
de trabajo, la inexistencia de prestaciones sociales ante los accidentes laborales y la vejez, el
hacinamiento y la mendicidad caracterizarán el ritmo diario de la lucha por la vida en el mundo
urbano.
Aun así, la mayoría de la población española del siglo XIX vivía al ámbito rural. Pequeños
propietarios, arrendatarios y jornaleros configuraban la estructura social del mundo agrario en esa
época. La disolución del feudalismo y de los señoríos en no alterar la estructura de la propiedad
en algunos lugares de España como por ejemplo Castilla, Andalucía y Extremadura, incluso los
procesos desamortizadores, a pesar de que incrementarán el número de propietarios,
fundamentalmente burgueses, perjudicarán a los campesinos y además empeorarán sus
condiciones de vida, al perder sus derechos de uso sobre las tierras comunales.
Así, los cambios sociales en la estructura de clases agraria provocados por el Estado liberal
generarán el desencanto entre el campesinado, en no acceder estos a la propiedad de la tierra,
en diferentes lugares del Estado españoles: Castilla, Andalucía y Extremadura. Estas
transformaciones las interpretará el campesinado como un auténtico despojo de las tierras que
trabajaban desde tiempo inmemorial.
El proletariado agrícola (jornaleros) era el grupo más numeroso de la sociedad española durante
el siglo XIX, especialmente en la España latifundista situada en el sur del Tajo. Esta estructura de
la propiedad explicará las revueltas agrarias, típicas durante la segunda mitad del siglo XIX, sobre
todo del campesinado andaluz, el cual animado por la idea del reparto de las tierras e influidos
por los republicanos y los demócratas así como, a posteriori, por el ideario anarquista,
provocarán toda una serie de sublevaciones, el objetivo de las cuales era la ocupación de las
tierras.
10. EL MOVIMIENTO OBRERO
10.1. LA LUCHA POR LA LIBERTAD DE ASOCIACIÓN
La aparición de un proletariado moderno con conciencia de clase surgirá a mediados de siglo, en
el mundo fabril catalán. A finales del siglo, el desarrollo otros núcleos industriales, mineros y
siderúrgicos, en Asturias y el País Vasco, incrementarán los activos del proletariado industrial.
Entre 1820 y 1840, la conflictividad social al si del incipiente movimiento obrero se inscribirá en la
línea de los llamados movimientos luditas, los cuales fundamentalmente se dedicarán a destruir
las máquinas, al considerarlas la causa de la miseria y del paro del proletariado. Los episodios
más conocidos, protagonizados por luditas españoles, serán los ocurridos en Alcoy en 1821 y los
de la fábrica de Bonaplata en Barcelona, que fue incendiada por los obreros en 1835.
A partir de 1840 el movimiento obrero español cambiará las tácticas de libra. Así, ante el lento
pero imparable proceso de industrialización, que implicará la aparición de nuevas relaciones
capital-trabajo y de nuevas condiciones de trabajo, los obreros adoptarán nuevas formas de
lucha y de organización, ante los problemas que originará el proceso de la industrialización: la
lucha por la libertad de asociación y la huelga.
Sin embargo, a finales de 1871, Paul Lafargue, yerno de Marx, el cual encabezará a la otra
tendencia de la Internacional, llegará a Madrid y en esa ciudad constituirá un pequeño grupo de
carácter marxista alrededor de la llamada “Nueva Federación Madrileña”, organización que tenía
como propósito fundar un partido político de carácter obrero. A pesar de todo, en el Congreso
Obrero de Córdoba de 1873 se ratificará la ruptura del movimiento obrero español y el
predominio del anarquismo entre el proletariado español. Así, en 1879 Pablo Iglesias fundará el
PSOE de tendencia marxista y en 1888 el sindicato UGT, iniciará la tarea para mejorar las
condiciones de trabajo del proletariado español.
INTRODUCCIÓN
Las crisis políticas del fin del siglo XIX se agudizarán durante el reinado de Alfonso XIII por las
frecuentes insurreciones campesinas y obreras, fomentadas por las sindicales CNT y UGT, por la
problemática regionalista en Cataluña y el País Vasco y, incluso, por la problemática religiosa y
militar que provocarán varias crisis sociales. Incluso, estallarán también dos crisis coloniales: las
últimas colonias ultramarinas desaparecerán en 1898 y los nuevos territorios del Marruecos
generarán nuevas crisis durante el siglo XX.
Hay que señalar, también, que entre 1875 y 1923, la población y la economía española crecerán y
se iniciará un lento proceso de modernización que determinará la aparición de una rica agricultura
de exportación en zonas como por ejemplo el País Valenciano y de la industrialización en
Cataluña, País Vasco y Asturias. Igualmente, al ámbito cultural y artístico varios españoles
recibirán el premio Nobel (Echegaray en 1904, Cajal en 1906, Benavente en 1922), incluso, la
generación del 98 creará una auténtica Edad de Plata de la cultura en España.
Aun así, la población activa crecerá más lentamente que la población absoluta, lo cual originará
un incremento bastante considerable en la demanda de ocupación y el aumento del paro en el
campo, hecho que explica los movimientos migratorios protagonizados por los campesinos. Las
migraciones interiores se caracterizarán por el éxodo del campo en la ciudad. Así, ciudades como
por ejemplo Madrid y Barcelona recibirán más de medio millón de activos poblacionales nuevos
en 1900 y alrededor de un millón en 1930.
La vida urbana se modificará. Se derrocarán las murallas, se construirán los ensanches (nuevos
barrios de carácter burgués), aparecerán los suburbios periféricos de casas humildes. Aun así,
mejorarán las comunicaciones al aplicarse al transporte urbano la electricidad (metro) y los
derivados del petróleo (coche y autobús).
Las migraciones exteriores serán constantes y hasta 1914 los emigrantes se dirigirán hacia
América. Así, entre 1882 y 1914, más de un millón de gallegos, asturianos, vascos y canarios
llegarán a las antiguas colonias de España en América. Al concluir la guerra mundial se iniciará el
éxodo cabe los países europeos, especialmente en Francia.
Sin embargo, una parte bastante considerable de la pequeña burguesía urbana defenderá el
ideario republicano, mientras que el resto se mantendrá fiel a sus ideas tradicionales. Por otro
lado, el campesinado y el proletariado urbano, con sus votos y la organización del movimiento
obrero se opondrán directamente al sistema establecido para conseguir una legislación social
favorable.
3. ECONOMÍA Y POLÍTICAS ECONÓMICAS
3.1. LA DIFÍCIL INDUSTRIALIZACIÓN
La industrialización española fue muy lenta en comparación con la otros países occidentales, muy
localizada y sin planificación.
Aun así, la España rural no se transformará en el mercado oportuno que las nuevas industrias de
la periferia necesitaban, consecuencia de:
c) Los elevados costes de producción industrial en comparación con otros países europeos y los
insuficientes salarios que impedían ampliar el mercado nacional.
a) Un incremento muy importante de las exportaciones del vino español a causa de los efectos
que la filoxera provocará en la viña francesa.
En este contexto y durante este periodo, España mantendrá una política de carácter
librecambista.
Pero, a partir de 1885, España adoptará una política proteccionista. Así, desde 1887, por decisión
del gobierno, la marina española tan solo comprará a empresas españolas. La crisis económica
internacional, la invasión de cereales americanos, el miedo de los industriales y agricultores
españoles y las preferencias proteccionistas de la marina mercante española, determinarán un
aumento de las simpatías hacia las políticas económicas proteccionistas, hecho que explicará la
aprobación del arancel proteccionista de 1891.
Con esta importante aportación de capitales, se fundarán nuevos bancos como por ejemplo el
Espanyol de Crédito, el de Vizcaya y el Santander, los cuales posibilitarán la creación de nuevas y
mejores empresas.
b) La viña (vino y pasa) y el olivo experimentarán una gran expansión, consecuencia del aumento
de la demanda exterior, que en el caso de la viña se explica por la epidemia de filoxera que sufrirá
la viña francesa.
Sin embargo, este crecimiento no se aprovechará para modernizar las estructuras agrarias. Así,
se mantendrán los sistemas de explotación y de cultivo tradicionales, por lo cual los beneficios
de los propietarios se consolidarán como consecuencia de los bajos salarios que recibirán los
jornaleros por su trabajo. Además, el aumento de la superficie agrícola cultivada eliminará en
muchos casos praderas y cañadas, lo cual perjudicará a la ganadería.
Sin embargo, durante este periodo aparecerán algunas innovaciones al ámbito agrícola que hay
que remarcar:
b) Se crearán algunos regadíos en las zonas del interior (Duero, Guadalquivir y Ebro), donde se
cultivarán el maíz, el algodón y la remolacha azucarera que sustituirá las importaciones de azúcar
cubano a partir de 1898.
c) En las islas Canarias se iniciará el cultivo del plátano y el tabaco, además de mejorarse las
infraestructuras de los puertos de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, lo cual impulsará
sus relaciones con el exterior.
5. LA INDUSTRIA ESPAÑOLA
5.1. LA RIQUEZA MINERA
Según Jordi Nadal, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la minería española
proporcionaba el 38% del plomo, el 51% del cobre y el 13% de hierro utilizado por la industria
europea. Incluso, a partir de las piritas de las minas situadas en Huelva se fabricaba, alrededor de
1900, la mitad del ácido sulfúrico mundial.
La minera española conseguirá la época de máximo esplendor en la década de 1910, cuando los
productos mineros suponían 1/3 del total de las exportaciones. Sin embargo, durante la década
siguiente, la actividad minera empezará a ser abandonada y disminuirá su rentabilidad, con lo
cual se iniciará su decadencia y muchas minas se cerrarán. Los únicos capitales extranjeros que
se mantendrán vinculados a los intereses de la minería española serán aquellos que invierten en
las minas de carbón asturiano y en las de hierro del País Vasco. A pesar de todo, mientras que las
minas de hierro en el País Vasco continuarán proporcionando importantes beneficios que se
invertirán en el desarrollo de la industria vasca, las minas de carbón en Asturias se configurarán
como empresas con una rentabilidad discutible.
En 1879, estallará la segunda guerra de Cuba, también conocida como la “Guerra Chiquita”,
rápidamente reprimida por el ejército, mientras que en 1895, años de la muerte de Jose Martí
(padre de la independencia cubana), se iniciará la tercera guerra de Cuba, dirigida por Antonio
Maceo y Máximo Gómez. En el año siguiente los independentistas filipinos, José Rizal y Andrés
Bonifacio, promoverán una insurrección general en las islas y el general Fernando Primo de
Rivera ordenará su ejecución. El nuevo líder de los independentistas filipinos, Emilio Aguinaldo,
mantendrá una paz transitoria hasta que los EE. UU. intervendrán al conflicto en 1898.
Los EE. UU. intervendrán desde 1860 en la economía cubana, a través de las empresas
azucareras de capital americano y a partir de la década de 1890 los presidentes Cleveland
(1893-96) y McKinley (1897-1900), manifestarán públicamente y a través de la prensa, su deseo
expansionista por las islas del Caribe y del Pacífico. En 1897 el presidente Cleveland le propondrá
a Sagasta la compra de la isla de Cuba por 300 millones de dólares.
El último intento de Maura, ministro de Ultramar, de parar el conflicto fracasará; la guerra estallará
en 1895 e inicialmente será reprimida por el general Weyler.
Entre abril y agosto de 1898, los modernos barcos de guerra de los EE. UU. destruirán la obsoleta
y antigua marina española, en que incluso navegaban barcos de madera (batallas de Cavite,
Santiago de Cuba y Puerto Rico). En este contexto militar desfavorable, Sagasta intentará
negociar la paz a través del gobierno francés, pero los EE. UU. impondrán sus condiciones en la
Pau de París (diciembre 1898). Así, por 20 millones de dólares, como indemnización, España
cederá en los EE. UU. Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y las islas Guam.
Posteriormente, en febrero de 1899, España venderá en Alemania las últimas posesiones del
Pacífico: las islas Marianas, las Palaos y las Carolinas. Así, mientras que los EE. UU. y Alemania
impulsaban su política imperialista, España se despedía de las posesiones ultramarinas.
Otra razón que explica el expansionismo español por el norte de África será la que se derivará de
la necesidad de compensar, con nuevos territorios, el desastre colonial de 1898, para intentar que
el ejército recuperará el prestigio perdido.
Entre 1902 y 1904, Francia y España habían negociado las respectivas zonas de influencia en el
Marruecos, pero estas serán revisadas a causa de las llamadas crisis marroquíes de 1905 y 1911
que finalmente se resolverán al ceder Francia sus colonias de la África Central en Alemania, a
cambio de que este país renunciará a sus aspiraciones sobre Marruecos.
La campaña militar española de 1909 en Marruecos se iniciará a cosa del ataque de algunas
cabilas rifeñas sobre las minas que explotaban los españoles y el ferrocarril que las unía con
Melilla, ciudad que durante el conflicto siempre estará amenazada por las cabilas rifeñas. Aun así,
la derrota del ejército español, dirigido por el general Pintos, en el Barranco del Lobo (julio de
1909) provocará numerosas bajas y obligará en el gobierno español a movilizar los reservistas,
hecho que originará la Semana Trágica de Barcelona.
En 1912 los gobiernos de España y de Francia firmaban un tratado por el cual se reducía el
territorio español del norte del Marruecos en la región del Rif pero mantenía un territorio en el sur,
Ifni. En 1913, el Sultán del Marruecos aceptaba este reparto y la internacionalización de la ciudad
de Tánger.
En 1921 se producirá el desastre de Annual al iniciar el general Fernández Silvestre un
imprudente ataque contra la bahía de Alhucemas, sin el conocimiento del Comisario en Ninguno.
El jefe de los rifeños derrotará al ejército español y, además, anulará las conquistas conseguidas
durante doce años por el ejército español.
Las campañas del Marruecos fomentarán la configuración de todo un conjunto de jefes militares
africanistas que ascenderán por méritos de guerra, conseguirán un gran prestigio como por
ejemplo Franco y Sanjurjo y, posteriormente, provocarán una guerra civil en España.
La ocupación y guerra del Marruecos generará un coste muy elevado, desde el punto de vista
económico y en vidas humanas, para España. Tan solo en Annual España perderá 12.000
soldados y gastará 211 millones de pesetas a los cual hay que añadir los 3,2 millones que pagará
por el rescate de los prisioneros hecho por Abd-Lo-Krim.
INTRODUCCIÓN
Las reiteradas manipulaciones electorales de conservadores y liberales junto con el considerable
poder acumulado por las oligarquías de ambas formaciones políticas, provocarán el deseo de
regeneración de la vida política, mientras que, por otro lado, la generación del 98 reivindicaba la
modernización de la sociedad y la economía española.
El reinado de Alfonso XIII (1902-1931) se caracterizará en sus inicios por los intentos de reformar
el sistema por parte de los conservadores (Maura) y los liberales (Canalejas). Posteriormente, los
dos partidos se fragmentarán en varias tendencias y así resultará muy difícil mantener gobiernos
estables. Sin embargo, ante el fracaso regeneracionista que se intentará desde el poder, los
grupos antidinásticos manifestarán el deseo del cambio a través de la prensa, en las Cortes y en
la calle. Esta época se configurará como:
Además, el desastre colonial de 1898 determinará que muchos escritores e intelectuales inician
las críticas a un sistema político que *entrebancava la modernización y regeneración de España.
Es en este contexto, cuando a principios del siglo XX, se producirá un cambio de dirigentes al si
de los dos partidos mayoritarios. Así, Antonio Maura sustituirá al tándem Cánovas-Silvela en el
partido conservador y José Canalejas a Sagasta en el partido liberal.
Así, este político conseguirá la aprobación de 264 disposiciones legales para solucionar algunos
problemas. Destacan, entre otros, las leyes para la protección de la industria nacional (exigidas
por la burguesía industrial catalana), los proyectos para fomentar la industria y el transporte
marítimo, la obligación del descanso dominical y la reforma electoral de 1907, que imponía el
voto obligatorio para todos los ciudadanos.
A pesar de todo, Maura no conseguirá que se aprobara la ley antiterrorista que propugnaba ni el
proyecto de ley de administración, el cual pretendía consolidar las mancomunidades ante el
enorme poder de la administración central.
Ante estos acontecimientos el gobierno reaccionará de manera muy contundente. Así, ratificará
las 17 condenas a muerte, impuestas por los tribunales judiciales y encarcelará además de un
millar de trabajadores. Además, sin haber participado directamente en los hechos, fue ajusticiado
Ferrer y Guardia, pensador anarquista y fundador de la Escuela Moderna, institución que
fomentaba el libre pensamiento y las críticas al ejército, la Iglesia y el Estado.
La idea de separar la Iglesia y el Estado y la “Ley del Candado” (1910) lo enfrentará con Roma y
con una parte del clero, los cuales se opondrán a las ideas que tenía Canalejas sobre la libertad
de culto y la enseñanza de la religión. Incluso la idea de sustituir el impuesto de los consumos por
otro de carácter progresivo, según la riqueza urbana de cada individuo, lo enfrentará con la
burguesía. Incluso el proyecto de fomentar las mancomunidades provinciales (1912) recibirá el
apoyo de los catalanes, pero lo enfrentará a los políticos centralistas. Sin embargo, algunos de
sus proyectos reformistas conseguirán consolidarse: abolición impuesto de consumos y la ley de
reclutamiento obligatorio de 1911, que en tiempo de paz rebajaba el servicio militar a cinco
meses. Pero muchos de sus proyectos no se llevarán adelante, al ser asesinado en 1912 por un
anarquista en la Puerta del Sol de Madrid.
A las crisis anteriores se añadirá otra que se originará a las filas del ejército, institución donde
empezaba a gestarse cierto descontento como consecuencia del desastre de Annual, además de
la descomposición del régimen que empezará a gestarse entre 1921 y 1923 y que explicará el
golpe de estado de Primo de Rivera.
Sin embargo, durante estos años de bonanza económica también se generarán algunos aspectos
negativos que afectarán fundamentalmente a las clases populares:
a) El aumento de los precios fue mucho más elevado que el de los salarios.
c) Escasearán los alimentos y los productos textiles puesto que estos serán masivamente
exportados en los países en conflicto.
Por lo tanto, este contexto explicará los movimientos migratorios, el incremento del proletariado y
la conflictividad social que se originará a partir de 1917.
Pero la burguesía catalana y del País Vasco obtendrá unos beneficios muy considerables con las
transacciones comerciales que se desarrollarán con los países en conflicto. Por la misma razón,
aumentará considerablemente la extracción de mineral a los yacimientos asturianos y las
cosechas de los propietarios agrarios de Castilla y Andalucía. Por lo tanto, la gran cantidad de
oro que ingresará el Estado como consecuencia de las transacciones comerciales le permitirá
cancelar la deuda estatal y adquirir las participaciones de capital extranjero en empresas mineras
y ferroviarias.
Aun así, durante estos años el nacionalismo catalán cambiará de signo. Así, entre 1901 y 1917, la
Liga Regionalista de Francesc Cambó ejercerá el monopolio del catalanismo burgués y practicará
el pactisme político con el gobierno central, mientras que el proletariado se integraba en las filas
del Partido Radical de Lerroux y en los sindicatos de clase como por ejemplo la CNT y la UGT.
Pero, a partir de 1917, surgirá un nuevo tipo de nacionalismo catalanista, caracterizado por una
ideología republicana y de izquierdas. Es en este contexto, donde aparecerán formaciones
políticas como por ejemplo la dirigida por Lluís Companys (Partido Republicano Catalán), el
Esquerra Catalana y el grupo independentista de Francesc Macià (el Estado Catalán). Todos
estos, como consecuencia de la tarea política que llevará adelante Acción Catalana, se
fusionarán en un partido de izquierdas (Esquerra Republicana de Cataluña) que desplazará
políticamente a la Liga a partir de 1931.
Al si del ejército, el conflicto se iniciará con la creación por parte de los oficiales de infantería de
las llamadas Juntas de Defensa en 1916. Estas organizaciones se configurarán como un tipo de
sindicatos militares, a través de los cuales los oficiales de la milicia intentarán defender sus
intereses económicos y, sobre todo, los de carácter profesional. Así, estos pretendían:
A pesar de todo, las Juntas serán prohibidas hasta junio de 1917, fecha en la cual el gobierno
de Eduardo Dato, miedoso de un posible golpe de estado, decidirá legalizarlas.
Pero, el encarcelamiento a Madrid del Comité de Huelga y el decidido apoyo del ejército al
gobierno, junto con el replanteamiento de los posicionamientos políticos de la Asamblea de
Parlamentarios, determinarán el fracaso de la huelga y la posterior represión de los huelguistas.
Aun así, las manifestaciones obreras organizadas por los militantes de la CNT (Ángel Pestaña y
Salvador Seguí) y la UGT (Julián Besteiro y Francisco Largo Caballero), recibirán desde el
principio el apoyo y la colaboración del PSOE (Pablo Iglesias), el Partido Reformista (Melquíades
Álvarez) y el Partido Radical (Alejandro Lerroux).
Al ámbito rural también aparecerán signos de descontento, los cuales se originarán en el País
Valenciano al disminuir las exportaciones de arroz y cítricos, mientras que en Andalucía serán
consecuencia de la pervivencia de una estructura de la propiedad basada en la gran explotación
y también a causa de los salarios de miseria que percibían los jornaleros a cambio de su trabajo.
A pesar de todo, la democratización del país no fue posible, pues, el enfrentamiento entre dos
ministros más destacados del gobierno Maura, Francesc Cambó, ministro de Fomento y defensor
de los intereses de Cataluña y Santiago Alba, ministro de Instrucción Pública y defensor de los
intereses de Castilla, lo impedirá.
a) El miedo de la burguesía española ante las violentas huelgas que se originarán en 1919 y ante
el hecho de que en España triunfara una revolución parecida a la que se originó en
Rusia en octubre de 1917.
c) El desorden y la violencia.
Entre 1919 y 1923 el movimiento obrero organizado conseguirá el máximo protagonismo del
periodo, sobre todo en la ciudad de Barcelona, como consecuencia de:
a) Los enfrentamientos entre patrones y obreros que generarán numerosos desórdenes en la
calle.
b) Atentados terroristas.
d) Huelgas obreras y “lock outs” o cierres de empresas por parte de los patrones.
Particularmente, destacará por su violencia, la huelga protagonizada en 1919 por los obreros de
la Canadiense, empresa eléctrica de Barcelona que iniciará un paro general de la industria en
Cataluña y forzará en el gobierno a aprobar la jornada laboral de 8 horas.
El retorno al poder del conservador Dato en 1920 y el apoyo del presidente del gobierno al
General Martínez Anido para que estableciera toda una serie de medidas para parar el terrorismo,
entre otros, la ley de fugas, no conseguirán los propósitos planteados puesto que incluso el
mismo Eduardo Dato será asesinado.
INTRODUCCIÓN
Miguel Primo de Rivera, fiel a la tradición de los numerosos pronunciamientos militares que
caracterizarán el siglo XIX en España, protagonizará otro en 1923 con el apoyo de Alfonso XIII. Al
triunfar el golpe, Primo de Rivera se proclamará el salvador de la patria y “el cirujano de hierro”
que tenía que extirpar sus males.
Su tarea como gobernante se caracterizará por su incapacidad para transformar y erradicar los
comportamientos oligárquicos de la sociedad española de la época.
A pesar de todo, hoy, todavía no se ha demostrado que el monarca fuera el promotor del golpe
de estado, pero no hay duda que estaba enterado de la conspiración que desde los cuarteles se
planeaba. Por otro lado, Alfonso XIII se sentía ahogado por una Constitución (la de 1876) que
limitaba su libertad de acción política; el monarca, incluso, declarará en alguna ocasión que
podría gobernar con la Constitución o sin ella. Incluso , llegará a consultarle a Antonio *Maura la
posibilidad de encabezar un régimen dictatorial, pero el político conservador le hizo comprender
que esto era una tarea propia de militares, como se había demostrado tantas veces durante el
siglo XIX.
Primo de Rivera, militar que había conseguido su prestigio en las campañas de Cuba, Filipinas y
Marruecos, para hacer triunfar el golpe recibirá el apoyo otros generales como por ejemplo
Sanjurjo en Zaragoza y, especialmente, del gobernador militar de Madrid, el duque de Tetuà. Ante
los hechos consumados del golpe, el presidente del gobierno, el liberal García Prieto, solicitará al
rey la destitución de los militares sublevados, pero al negarse este, el gobierno dimitirá. Entonces
el rey le encargará a Primo de Rivera la formación de un nuevo gobierno, y, así, por el real decreto
de 15 de septiembre de 1923 el Capitán General de Cataluña será nombrado presidente del
Directorio Militar. De inmediato, el mismo día, Primo de Rivera divulgará su “Manifiesto al País y al
Ejército”, documento donde expresaba su propósito de liberar en España de los profesionales de
la vieja política y también de iniciar todo un conjunto de reformas políticas, sociales y económicas
de manera urgente y de las cuales el Estado estaba muy necesitado. Iniciaba así, una política
personalista y paternalista que en ocasiones provocará algunas tensiones con el monarca; la
frase de Primo de Rivera “a mí no me borbonea nadie” es la evidencia del hecho mencionado.
Todos estos temas eran objeto de debates y discusiones entre la opinión pública, y, el dictador,
con una visión claramente regeneracionista, asumirá, inteligentemente, esas preocupaciones
populares en un programa de gobierno que resultará muy atractivo para la inmensa mayoría del
país, lo cual explica la buena acogida que tuvo el nuevo régimen en sus inicios.
Los resultados de esta política represiva serán evidentes de inmediato. Así, entre 1923 y 1928,
tan solo se producirán 51 atentados, mientras que en el quinquenio anterior, es decir entre 1918 y
1923, se habían producido 1.259. Las vagas también se reducirán considerablemente y, así, de
las 465 organizadas en 1923, una año después, en 1924, tan solo se contabilizaban 165. Tan
solo, cuando la Dictadura inicio su bajada, a partir de 1929, volverán a generalizarse las huelgas.
Pero, de momento, la tranquilidad volverá a las grandes ciudades, especialmente, en los grandes
centros fabriles de Bilbao y Barcelona.
Así, Primo de Rivera, al acceder al poder, iniciará una política de reducción de tropas y de retirada
de las zonas más comprometidas. La protesta de los militares africanistas, encabezados por el
teniente coronel Francisco Franco, segundo ninguno de la Legión Extranjera, será inmediata y
exigirán del dictador una ofensiva contra el líder de los rebeldes rifeños Abd-Lo-Krim.
Sin embargo, cuando Con-El-Krim decidió atacar la zona del protectorado bajo control francés, el
gobierno de París solicitará la ayuda de Primo de Rivera para organizar una operación militar
conjunta para reprimir definitivamente la rebelión *rifenya. El propio dictador diseñará y planteará
la operación de *desembarc en *Alhucemas (septiembre de 1925), consiguiendo, a causa del
factor sorprendida, la derrota del enemigo, con un número de bajas poco importante: 16 muertos.
El éxito de la operación tuvo repercusiones muy importantes, pues, siete meses después Abd-Lo-
Krim pedirá la paz y se rendirá a los franceses, los cuales lo deportarán en la isla de la Reunión,
en el Océano Índico.
No hay duda, que el éxito de la campaña de África consolidará el régimen de Primo de Rivera y
animará el dictador a continuar en el poder, pero con la introducción de algunos cambios. Así, en
diciembre de 1925, nombrará un nuevo gobierno en el cual los militares serán sustituidos por los
civiles; se iniciaba así la época del Directorio Civil (1925-1930).
Primo de Rivera intentará plasmar algunas de las ideas de Joaquín Costa y de los ilustrados del
siglo XVIII, a través de una política generalizada de construcción de obras públicas, bajo la
dirección del ministerio de Fomento (así durante la época de la dictadura se construirán más de
7.000 km. De carreteras). Incluso, incluso, se llevarán adelante también numerosas obras
hidráulicas para generalizar el regadío y aumentar la producción de electricidad. Surgirán así, las
Confederaciones Hidrográficas, encargadas de planificar el riego y la distribución de la
electricidad. En relación al ferrocarril, a pesar de que las nuevas líneas que se abrirán no serán
muy numerosas, se modernizará el material rodante y se doblarán, también, algunas vías de
ferrocarril, sobre todo las más importante.
Por otro lado, hay que señalar también, que la Dictadura llevará adelante una política monopolista
que, mediante la creación de la CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos),
pondrá en manos del Estado, la importación, refinado y distribución de este producto en el país.
Aun así, el monopolio de la telefonía será concedido a una empresa norteamericana, la ITT.
El proteccionismo a la industria se verá favorecido por una política antiliberal que restringirá los
importaciones. Aun así, se creará un Consejo Económico Nacional que será la institución que
autorizará la instalación de nuevas industrias.
A pesar de todo, la Dictadura permitirá la existencia de ciertos partidos políticos y no actuará con
excesiva dureza con todos el opositores al régimen; incluso, la censura del régimen permitirá
cierta libertad de expresión y crítica al régimen a través de la prensa. En consecuencia, el régimen
establecido por Primo de Rivera, podemos catalogarlo como una Dictadura suave, sobre todo si
la comparamos con la brutal represión que sufrirá el país, nueve años después y durando cerca
de cuarenta años con la dictadura del general Franco.
Pero, ¿por qué el ejército se oponía a Primo de Rivera? Las diferencias se iniciarán al enfrentar-
se el dictador con el cuerpo de Artillería, en intentado Primo de Rivera que los ascensos se
propusieron por méritos y capacidades y no por antigüedad. La mayoría de los oficiales
protestarán y algunos se entrevistarán con Alfonso XIII para que obligará a Primo de Rivera a
cambiar de opinión. A pesar de todo, el rey no apoyará el cuerpo de Artillería y desde ese
momento un sector del ejército empezará a simpatizar con las ideas republicanas.
Sin embargo, los republicanos, con dirigentes intelectualmente muy preparados como por
ejemplo Manuel Azaña, no representarán una fuerte oposición para el régimen.
La burguesía catalana, a cambio de su inicial apoyo al nuevo régimen, tratará de incrementar los
niveles de autonomía de la que disfrutaban. Sin embargo, Primo de Rivera los defraudará y, a
partir de 1925, se prohibirá el uso del catalán para predicar en las iglesias y en los actos oficiales
y también hacer ostentación de los diferentes símbolos con los cuales se identificaban las
distintas nacionalidades del Estado español.
Los intelectuales, aprovecharán las cátedras y los ateneos para censurar el régimen. En esta
tarea destacarán Valle-Inclán, Unamuno, Blasco Ibáñez y a finales de la Dictadura, Azorín y
Ortega y Gasset.
El mundo universitario provocará también numerosos problemas al régimen, sobre todo, por las
constantes alteraciones del orden público. Las universidades serán clausuradas en numerosas
ocasiones y algunos de los dirigentes de la FUE (Federación Universitaria de Estudiantes) serán
encarcelados.
Hay que señalar también, que las organizaciones con mayor intensidad y dureza sufrirán la
represión del régimen serán los comunistas y los anarquistas de la CNT y la FAI (Federación
Anarquista Ibérica).
Ante ese panorama de oposición y crítica, Primo de Rivera consultará a los Capitanes Generales
si continuaba disfrutando del apoyo del ejército para gobernar y ante la ambigüedad de la
respuesta, presentará su dimisión al rey el 30 de enero de 1930. Dos meses después moría al
exilio de París.
6. EL HUNDIMIENTO DE LA MONARQUÍA
6.1. LA DICTABLANDA DEL GENERAL BERENGUER
El rey, después de aceptar la dimisión el general Primo de Rivera, nombrará presidente del
Consejo de Ministros a otro militar: el general Berenguer. El objetivo de este militar consistirá al
devolver a la legalidad política anterior al golpe de estado de 1923, es decir, restablecer la
vigencia de la Constitución de 1876 y convocar elecciones generales.
Por otro lado, la oposición al régimen, sobre todo a partir del momento en que se suprime
cualquier tipo de censura a la libertad de expresión, se incrementará de manera muy
considerable, intensificándose y reiterándose los mítines y actos políticos contra la monarquía.
Aun así, la situación social y económica también se deteriorará, puesto que, a principios de los
años treinta, España empezará a sufrir las repercusiones del crack del 29, lo cual implicará un
descenso muy considerable de las exportaciones de productos agrícolas, el cierre de empresas y
el aumento del paro. Esta nueva situación determinará un incremento muy considerable de las
huelgas y de los atentados y, en consecuencia, la paz social desaparecerá.
Incluso, las clases medianas se daban cuenta de la incapacidad del monarca, con su nuevo
gobierno, para superar la crisis económica y social que sufría el país y empezarán a pensar en
otro sistema de gobierno, alternativo a la monarquía: la república.
El republicanismo, reprimido y marginado políticamente durante la dictadura de Primo de Rivera,
aumentaba su popularidad de manera muy considerable entre los diferentes grupos sociales que
configuraban la sociedad española de la época: clases medianas que deseaban la paz social,
autonomistas catalanes, militares humillados, partidos de izquierdas y sindicatos de clase
tradicionalmente opuestos a la monarquía y, el PSOE y la UGT, que a través de Indalecio Prieto
trataban de olvidar el colaboracionismo de algunos dirigentes del partido y el sindicato con la
dictadura de Primo de Rivera.
Incluso los intelectuales intensificarán sus críticas a la monarquía. En este sentido hay que
destacar algunos de los artículos publicados por Ortega y Gasset en el periódico “El Sol”.
Incluso, antiguos colaboradores de la monarquía (Niceto Alcalá Zamora i Miguel Maura)
abandonarán al monarca y, además, incluso, propondrán un referéndum para que la sociedad se
pronunciara sobre la continuidad de la monarquía.
En este contexto, la oposición política a la monarquía firmará en agosto de 1930, el pacto de San
Sebastián, con el objetivo de crear un comité revolucionario que provocara la quiebra de la
monarquía.
Por lo tanto, el gobierno, asediado políticamente por la oposición republicana y los partidos de
izquierdas, evidenciará su incapacidad para reaccionar y llevar adelante las reformas que la
oposición exigía. En consecuencia, este gobierno tan débil, empezará a ser conocido entre la
opinión pública como la Dictablanda, la prueba más evidente de esta realidad será la
configuración en el Ateneo de Madrid de un gobierno republicano que empezará a actuar desde
la sombra. Aun así, al declararse los republicanos partidarios de la abstención, ante las
elecciones generales que quería convocar Berenguer, este dimitirá como jefe de gobierno.
CÁNOVAS Y SAGASTA TIENE CLARO QUE ESPAÑA TIENE QUE CENTRALIZARSE (MISMA LEY,
CONEDA, POLÍTICA, IMPUESTOS, EJÉRCITO)
INTRODUCCIÓN
La segunda república española se proclamará en el contexto de una intensa crisis económica
internacional.
Los resultados electorales pondrán de manifiesto que el panorama político español había
cambiado, puesto que las candidaturas republicanas se habían impuesto en las grandes
ciudades, donde la libertad de voto, muy alejada de la influencia caciquil de los ámbitos rurales,
era muy elevada. En 41 de las 50 capitales de provincia y en otras ciudades como por ejemplo
Sabadell, Terrassa, Elda, Alcoy, Gandia, Jaca, Gijón, Irún, Cartagena, Linares y Úbeda, los
republicanos se habían impuesto. En total serán elegidos 5.775 regidores republicanos, en las
grandes ciudades, y 22.150 monárquicos en el medio rural.
En este contexto y ante la carencia de apoyos para la monarquía, puesto que tanto Romanones,
uno de los ministros más carismáticos del gobierno Aznar, como el general Sanjurjo, ninguno de
la Guardia Civil, se manifestarán ante el rey partidarios de respetar la voluntad popular y de la no
utilización de las fuerzas de orden público para reprimir a las masas urbanas que festejaban por
las calles la victoria republicana. En este sentido, el conde Romanones irá más lejos y aconsejará
el rey que abandono el país. Así, ante la carencia de apoyos, el rey iniciará su exilio el 13 de abril,
después de hacer público un manifiesto, donde explicaba los motivos por los cuales abandonaba
el país. Aun así, la tarde del día 14, los miembros del gobierno provisional (Alcalá Zamora de la
derecha liberal republicana y nombrado presidente de la II República; Azaña de Acción
Republicana; Largo Caballero del PSOE; y Lerroux del Partido Radical) proclamarán desde el
balcón del Ministerio de la Gobernación, en la Puerta del Sol a Madrid, la Segunda República
española, ante una gran multitud que los aclamaba.
A pesar de toda su provisionalidad, este gobierno, durante los dos meses en que desarrollará su
tarea, realizará importantes reformas. Así, establecerá la jornada laboral de ocho horas en el
campo, la obligación de los propietarios de dar trabajo prioritariamente a los jornaleros de su
término municipal y, incluso, la obligación de los propietarios de cultivar sus tierras según las
costumbres del lugar.
Sin embargo, los problemas de la nueva república surgirán de inmediato. Así, en Cataluña, el
principal dirigente político de los nacionalistas Francesc Macià proclamará, ilegalmente, la
república catalana, los anticlericales más radicales quemarán un centenar de conventos a Madrid
y otras ciudades y de inmediato las huelgas se generalizarán y en algunas ocasiones las fuerzas
de orden público se enfrentarán con los huelguistas, produciéndose algunos muertos.
2.2. EL PARO
La emigración del campo en la ciudad y, incluso, en el extranjero, bastante considerable durante
los años de la dictadura de Primo de Rivera, se parará con las repercusiones de la crisis
internacional que afectará a todos los sectores productivos. Las ciudades habían dejado de
ofrecer trabajo en sus fábricas y en el sector servicios, y en los países extranjeros se rechazaban
los extranjeros y más de 300.000 personas devolverán en España durante los primeros años de la
República, cifra que contribuirá a incrementar las tasas de paro, el cual aumentará
considerablemente.
Este aumento del paro se explica, también, por la desconfianza que generará el nuevo régimen
republicano entre el gran capital. Así, este sentimiento de inseguridad provocará la caída de la
bolsa, ante la carencia de inversión. Aun así, se producirá una gran fuga de capitales hacia el
extranjero, los cuales, evidentemente, no se invertirán en el campo y en la creación de nuevas
industrias.
Estas serán las situaciones más importantes a las cuales tendrán que hacer frente los políticos de
la Segunda República, presidida hasta la época del Frente Popular por Niceto Alcalá Zamora.
3. LA CONSTITUCIÓN DE 1931
3.1. LAS ELECCIONES A CORTES CONSTITUYENTES (1931)
El gobierno provisional convocará elecciones en junio de 1931, para configurar las nuevas Cortes
Republicanas. No olvidamos que las anteriores, las municipales del 12 de abril, además de
renovar los ayuntamientos, habían propiciado el cambio de la monarquía por la república. Estas
elecciones se celebrarán con una elevada participación popular, un 70% del electorado
participará en la consulta. A pesar de todo, la abstención continuará predominando en las zonas
geográficas de influencia anarquista.
Aun así, de los 470 escaños en disputa, los socialistas conseguirán 115, convirtiéndose así en la
principal fuerza política de la izquierda, con mucha influencia en las zonas latifundistas de
Andalucía. En cambio, el principal partido de la derecha tan solo obtendrá 26 actas de diputados.
En su conjunto, el nuevo parlamento estará dominado por los republicanos y socialistas. Así,
formará gobierno la alianza de fuerzas políticas más votada: socialistas y republicanos y el
objetivo del nuevo parlamento consistirá al elaborar una nueva Constitución para sustituir la de
1876.
Sin embargo, la aprobación de los artículos referidos a la Iglesia generarán discusiones muy
acaloradas, ya en un primer momento se consideró la posibilidad de disolver todas las órdenes
religiosas y al confiscar sus patrimonios. Al fin, este planteamiento inicial se moderará y tan solo
se suprimirá la Compañía de Jesús (jesuitas), además de proponerse la posterior disolución de
todas aquellas que supusieron un peligro para la seguridad del Estado. Además, la nueva
Constitución evidenciará la separación entre la Iglesia y el Estado: “El Estado español no tiene
religión oficial”. Lo cual, generará la oposición de la Iglesia al régimen republicano.
Entre otros artículos de la Constitución, hay que mencionar aquellos que destacan por su
carácter innovador:
a) El que hacía referencia a la libertad de expresión: “derecho a emitir libremente sus ideas y
opiniones... sin someterse a censura previa”.
b) Los que reconocían el derecho al sufragio femenino por primera vez en la historia de España, la
posibilidad de que las mujeres accedieron a cargos públicos y también el derecho al divorcio.
c) Los que hacían referencia a los derechos de los trabajadores (seguro de paro, enfermedad...).
Incluso el artículo 44 preveía que “la propiedad de toda clase de bienes podrá ser objeto de
expropiación forzosa por causa de utilidad social, mediante adecuada indemnización... Los
servicios públicos y las explotaciones que afectan el interés común pueden ser nacionalizados”.
Este artículo, aparentemente revolucionario para la época, aumentará las ilusiones de jornaleros
sin tierra y provocará la oposición de los propietarios latifundistas, a pesar de que el carácter
revolucionario del mencionado artículo se diluirá, al considerar el texto constitucional que: “En
ningún caso se impondrá la confiscación de bienes...”.
4. EL GOBIERNO DE AZAÑA
4.1. PROYECTOS Y DIFICULTADES DEL PRIMER GOBIERNO
El gobierno de Azaña era una coalición de republicanos y socialistas, por lo cual el periodo
también es conocido como la época de la conjunción republicana-socialista o el bienio radical-
socialista. Este gobierno conseguirá el apoyo de los grupos nacionalistas catalán y gallego,
mientras que los radicales de Alejandro Lerroux se configurarán como una oposición moderada al
gobierno de Azaña.
Las tareas a las cuales tendrá que hacer frente este gobierno serán numerosas, pues tenía la
intención de llevar adelante todo un conjunto de reformas muy importantes al si de la sociedad
española de la época: Reforma Agraria (nacionalizar las tierras de Castilla, Extremadura y
Andalucía), ley del divorcio y del matrimonio civil, el Estatuto de Autonomía para Cataluña, la ley
de Congregaciones Religiosas y la ley de orden público entre otros.
A pesar de todo, la tranquilidad que necesitaba este gobierno y el parlamento para legislar y
aplicar las leyes se romperá de inmediato. Sobre todo, porque muchos jornaleros habían
supuesto que la proclamación de la República era sinónimo de reparto de tierras, lo cual generará
unas expectativas que muy pronto serán defraudadas y originarán conflictos, en ocasiones muy
violentos, entre los campesinos y las fuerzas del orden público (Guardia Civil y Guardia de Asalto).
Así, el último día del año de 1931 el gobierno tendrá que hacer frente al primer conflicto grave,
puesto que en el pueblo de Castilblanco (Badajoz), la Guardia Civil al disolver una manifestación
de campesinos, atacará los guardias, los mutilará y acabará con la vida de cuatro de ellos. La
situación se agraviará todavía más cuando por los mismos días, en Arnedo (La Rioja), al disolver
las fuerzas de orden público otra manifestación, herirán a veintiocho campesinos y acabarán con
la vida de cuatro mujeres.
Aun así, las huelgas se generalizarán por todas partes del país y en algunos pueblos como por
ejemplo Sallent (Barcelona), los mineros, mayoritariamente anarquistas y afiliados a la CNT,
ocuparán la ciudad y proclamarán la común anarquista, suprimiendo la propiedad privada y el
dinero. Para restablecer la orden el gobierno ordenará a las fuerzas de orden público que ocupan
la ciudad.
Por otro lado, intelectuales como por ejemplo Unamuno y Ortega y Gasset o periódicos como el
ABC, manifestarán su disconformidad ante la aprobación del Estado de Autonomía para
Cataluña, al considerarlo una idea separatista que rompería la unidad territorial de España. Con
estos planteamientos coincidirán algunos militares como por ejemplo los generales Sanjurjo y
Goded, los cuales empezarán a destacarse como los principales opositores del ejército al
régimen republicano.
Una de las medidas que se aplicarán para conseguir el respecto a la orden constitucional será la
llamada Ley de Defensa de la República. Azaña justificará esta ley por la necesidad de
republicanizar la administración de tal manera que la República y sus leyes llegaron a todos los
rincones de España. En realidad, esta ley era una auténtica ley de excepción que, en el caso
necesario, facultaba en el gobierno para suprimir las garantías constitucionales y, así, parar los
ataques que sufría el régimen. La derecha, en cambio, considerará que era una ley fomentada por
un gobierno dictatorial que cuestionaba las libertades democráticas.
No hay duda que la discusión, aprobación y aplicación de esta ley, será la que más problemas
ocasionará en el gobierno reformista de la República y la que posiblemente más contribuirá a la
derrota del gobierno de Azaña, a finales de 1933, el cual será sustituido por otro gobierno, pero
de diferente signo ideológico y, por lo tanto, de derechas. Sin embargo, Azaña en las elecciones
generales de 1931 había conseguido el apoyo y el voto de un gran número de jornaleros sin
tierra, defendía la propuesta del reparto de las tierras, pero la lentitud en la aplicación de la ley
determinará un aumento bastante considerable de la conflictividad en el campo, especialmente
durante el año 1933, en que se producirán los hechos de Casas Viejas.
Pero, ante la propuesta de la Reforma Agraria, los propietarios agrícolas amenazados por la
expropiación de sus tierras, se unirán para combatir esta ley y conseguirán en el parlamento el
apoyo de la derecha, que evitará su aplicación el mayor tiempo posible.
Aun así, los medios propietarios, tradicionalmente conservadores, a pesar de que no estaban
amenazados por las expropiaciones de la ley de Reforma Agraria, de alguna manera se sentirán
también intranquilos por todo un conjunto de acontecimientos que cuestionaban la propiedad
privada y que propiciarán la ocupación de fincas, un aumento bastante considerable de los
robos, consecuencia del hambre y la necesidad, la destrucción de máquinas que eliminaban
puestos de trabajo y la destrucción de cosechas. Así, este grupo social, en los elecciones de
1933 apoyarán a la derecha, al considerar que otro tipo de gobierno establecería la paz social en
el campo.
Aun así, el ministro de Trabajo del gobierno Azaña, Francisco Largo Caballero, aplicará un
decreto, por el cual, el propietario tan solo podía expulsar a un arrendatario de las tierras que
cultivaba, si este no cultivaba la tierra o no le pagaba la renta, además, también se decretará una
rebaja de la renta en el caso de una mala cosecha y, incluso, si el arrendatario abandonaba
voluntariamente las tierras arrendadas, el propietario tendría que compensarlo por las mejoras
realizadas en la propiedad.
Al fin, el texto que se aprobará finalmente, el 24 de agosto de 1932, será un proyecto complicado,
que exigirá una burocracia considerable para inventariar las propiedades a expropiar y unos
medianos económicos también muy considerables para indemnizar a los antiguos propietarios.
Se expropiarán sin indemnizaciones las tierras de los Grandes de España, al considerar que
habían apoyado el intento de golpe de Estado protagonizado y dirigido por el general Sanjurjo, el
10 de agosto de 1932. La medida era muy importante, pues 65 aristócratas, poseían más de
500.000 ha. También se expropiarán pero con indemnización, las tierras sin cultivar o mal
cultivadas, regables y no regables, así como las que tenían una superficie de más de la sexta
parte del término de un municipio y fueron de un solo propietario, además de aquellas que sus
propietarios explotaban a través del sistema de arrendamiento.
Los jornaleros, beneficiarios de las tierras concedidas por el Estado no podrán venderlas ni
hipotecarlas. Aun así, el IRA tenía que indemnizar los propietarios y conceder créditos a los
nuevos propietarios para facilitarlos la obtención de fertilizantes, entonces y maquinaria... Las
indemnizaciones se harían efectivas, una parte en dinero (el 20% para las propiedades más
pequeñas y un 1% para las más grandes) y el resto del capital se satisfaría en títulos de deuda
pública del Estado.
A pesar de todo, el insignificante presupuesto asignado al IRA (50 millones de pesetas, 1% del
presupuesto del Estado) impedirá una rápida aplicación de la ley de la Reforma Agraria y de
alguna manera frustrará las ilusiones de miles de jornaleros.
El País Vasco también estaba intentando, en esa época, conseguir en el parlamento de Madrid un
Estatuto parecido, a partir de la influencia política, cada vez más considerable del Partido
Nacionalista Vasco (PNB). A pesar de todo, un determinado sector de la sociedad española
identificará la cuestión autonómica con la desmembración de España, lo cual propiciará la
oposición de estos sectores hacia la República que los fomentaba.
7.2. CASAS VIEJAS Y EL DESPRESTIGIO DEL GOBIERNO
En Casas Viejas (Cádiz), el 11 de enero de 1933, un grupo de campesinos anarquistas afiliados a
la CNT ocuparán el pueblo y acabarán con la vida de dos guardias civiles. Para reprimir el
disturbio, el gobierno de la República dirigirá una compañía de la Guardia de Asalto al
mencionado pueblo. Entonces, un anarquista, que era uno de los jefes de la revuelta, se
atrincherará en su casa acompañado por sus hijos y nietos. La Guardia de Asalto incendiará la
casa y acribillará a tiros sus ocupantes, además de ejecutar posteriormente una docena de
campesinos.
Por otro lado, los anarquistas fomentarán una campaña de oposición en el parlamento y de
abstención ante las inmediatas elecciones que iban a convocarse, y, así, la CNT defenderá
durante este periodo el lema de “Ante las urnas, la revolución social”.
Al fin, la convocatoria electoral se caracterizará por una elevada abstención, sobre todo en las
zonas de mayor influencia de los anarquistas. Además, en estas elecciones (finales de 1939) la
derecha se presentará unida, a través de la CEDA, mientras que la izquierda se presentará
dividida y en consecuencia será vencida a las elecciones.
Por otro lado, hay que considerar que Lerroux tan solo podía gobernar con el apoyo de la CEDA
y, de inmediato, Gil-Robes establecerá las condiciones del apoyo “Hoy, apoyo en el gobierno en
cuánto rectifico la política de las Cortes Constituyentes”. Es decir, apoyaría en el nuevo gobierno
siempre que este suprimiera las reformas legisladas por el gobierno Azaña, sobre todo, la
Reforma Agraria.
Entre los partidos más importantes de la extrema hay que destacar: Falange Española y de las
JONS, dirigido por Jose Antonio Primo de Rivera, los monárquicos de Renovación Española,
liderados por José Calvo Sotelo y la Comunión Tradicionalista, de tendencia monárquica pero
carlista.
8.2. LOS PARTIDOS DE IZQUIERDAS
La división de la izquierda ante las elecciones de 1933 explicará su derrota electoral. Por otro
lado, los anarquistas se agrupaban alrededor de la CNT (anarcosindicalistas) y la FAI (anarquistas
radicales). Aun así, la CNT era la sindical rival de la UGT, sindicado al cual consideraban una
organización aburguesada y poco combativa.
Igualmente, al si del Partido Socialista Obrero Español, también predominaban dos tendencias
enfrentadas, la moderada encabezada por Indalecio Prieto y la más radical que se agrupaba
alrededor de Francisco Largo Caballero, los cuales después de sufrir el gobierno de la derecha
durante el bienio 1934- 1936, se decantarán para fomentar la revolución social.
a) Etapa radical. Gobierno de los radicales de Alejandro Lerroux con el apoyo de la CEDA
de Gil-Robles. Se aprueban las primeras medidas contrarreformistas.
b) Etapa radical-cedista. Entran a formar parte del gobierno tres ministros de la CEDA y continúan
aplicándose las medidas contrarreformistas.
En general, la época del Bienio Negro se caracterizará por el enfrentamiento entre la derecha y la
izquierda: a la amenaza comunista que divulgaba la derecha, se oponía el peligro del fascismo
que difundiría la izquierda. En este contexto el presidente de la República exigirá a los dirigentes
políticos y militantes de los partidos que la lucha por el poder se desarrollara dentro de la
legalidad, es decir, al ámbito parlamentario y a través de una discusión civilizada de las
problemáticas que los enfrentaban. Pero, desgraciadamente, nadie le hará caso y las diferencias
que separaban la izquierda de la derecha, cada vez serán más importantes durante este periodo.
9. LA POLÍTICA CONTRARREFORMISTA
9.1. LA CONTRARREFORMA AGRARIA
La nueva composición del parlamento, consecuencia de las elecciones de finales de 1933,
implicará que determinados grupos sociales como por ejemplo el clero, los militares y algunos
sectores de la burguesía recuperan una buena parte de la influencia política que habían perdido
durante el gobierno Azaña.
Entre las nuevas medidas legislativas que fomentará el nuevo parlamento destacará, sobre todo,
la política de contrarreforma agraria que se llevará adelante, lo cual propiciará la aprobación de
una nueva ley de Reforma Agraria, que se aprobará a principios de 1935. Así, durante este
periodo y a partir de la nueva ley, se establecerán nuevas medidas que facilitarán la expulsión de
las tierras de aquellos arrendatarios que no pagaban en el plazo establecido la renta a los
propietarios; se modificará, también, la ley de términos municipales, facilitando así la libre
contratación de jornaleros. Igualmente, se aprobará una ley, por la cual los implicados en el golpe
de 1932, dirigido por el general Sanjurjo, serán amnistiados, además de volver a la aristocracia
latifundista una buena parte de las tierras confiscadas por el anterior gobierno o indemnizarlos
económicamente con considerables cantidades de dinero. Además, los salarios se rebajarán y la
composición de los Jurados Mixtas se modificará para favorecer los patrones.
Por lo tanto, la Reforma Agraria se parará de tal manera que la izquierda considerará
anticonstitucional la nueva ley y, hasta la extrema derecha, concretamente la Falange Española, la
considerará insuficiente, lo cual pondrá de manifiesto en alguna intervención su dirigente político
más importante, Jose Antonio Primo de Rivera.
Ante este conjunto de medidas aplicadas por el nuevo gobierno, los sindicatos convocarán una
huelga general en el campo, en junio de 1934, época cuando se segaba el trigo. La huelga
afectará en unos 700 pueblos, pero el gobierno considerando la recolección de la cosecha como
una actividad de interés nacional, reaccionará de manera muy enérgica, ilegalizando los
sindicatos. A pesar de todo, más de 200.000 jornaleros apoyarán la huelga en 37 provincias,
7.000 huelguistas serán detenidos y el balance final de los enfrentamiento entre jornaleros y
fuerzas del orden público será de 13 muertos.
Así, cuando Gil-Robles, entre a formar parte de un nuevo gobierno como ministro de la Guerra,
para prevenir nuevos movimientos de carácter revolucionario, rebuscará el apoyo de todo un
conjunto de generales de prestigio, a los cuales nombrará para ocupar cargos de confianza en el
ministerio. Así, el general Franco será designado Jefe del Estado Mayor Central del Ejército y el
general Mole será nombrado Ninguno del Ejército de África; los dos se sublevaran un año
después contra el gobierno legal de la República. Sin embargo, cuando un año después el
gobierno de izquierdas del Frente Popular, el cual surgirá de las elecciones de febrero de 1936, en
no confiar con estos generales y los cambio de destino, ya no llegará a tiempo puesto que la
conspiración de los militares contra la República estaba ya muy avanzada.
Por otro lado, el movimiento revolucionario, se prolongará durante una semana en Madrid, País
Vasco, El Ferrol, Murcia, Alicante y las cuencas mineras del sur. Además, en Cataluña el
presidente Lluís Companys proclamará el Estado Catalán dentro de la República Federal
Española. Sin embargo, el gobierno controlará rápidamente la situación y después del
bombardeo del ayuntamiento y el palacio de la Generalitat en Barcelona, el gobierno catalán se
rendirá y sus dirigentes políticos encarcelados.
Pero, será Asturias, donde el movimiento de octubre de 1934 se transformará en una auténtica
revolución social, puesto que, en este lugar unos 20.000 trabajadores, fundamentalmente
mineros, después de apoderarse del armamento de la fábrica de Trubia, se harán con el control
de las ciudades más importantes del territorio. Además, en esta región se consolidará una Alianza
Obrera, que intentará organizarse a partir del lema “Unión de Hermanos Proletarios” y que estará
integrada por socialistas, comunistas y anarquistas. Estos establecerán un orden revolucionario
en las ciudades ocupadas con el fin de organizar un sistema de abastecimiento, sanidad, orden
público... para que la vida diaria continuara su curso habitual.
10.2. CONSECUENCIAS
La represión, por parte del ejército, del movimiento de Asturias provocará más de 1.000 muertos
entre los revolucionarios, mientras que las bajas entre las filas del ejército y las fuerzas del orden
público serán insignificantes. A pesar de todo, previamente, durante el desarrollo de los
acontecimientos de Asturias, los revolucionarios fusilarán a algunos religiosos y a 30 guardias
civiles. Además, el número de heridos será de 3.000 y después de reprimir el movimiento se
encarcelará además de 30.000 personas, entre otros, también serán encarcelados políticos como
por ejemplo Azaña, Largo Caballero y Lluís Companys. A pesar de todo, uno de los principales
instigadores de los acontecimientos, Indalecio Prieto, conseguirá exiliarse. Aun así, la derrota de
clase obrera embravecerá la patronal y de inmediato se iniciará una importante represión
económica: los salarios se rebajarán, se aumentarán las horas de trabajo y se despedirán los
obreros sindicados.
Incluso, el escándalo del llamado caso “Estraperlo” (concesión de licencias mediante el soborno
para el juego de la ruleta) y en el cual se verán implicados varios miembros del gobierno, obligará
dimitir Lerroux. En este contexto, Gil Robles, el dirigente más importante del otro partido del
Gobierno, la CEDA, pedirá al presidente de la República, Alcalá Zamora, que lo nombrara
presidente del nuevo gobierno. Sin embargo, miedoso Alcalá Zamora que el acceso de Gil Robes
al poder significara la aparición de una dictadura de derechas, se negará y encargará a Portela
Valladares, un político de centro, la formación de un nuevo gobierno para convocar elecciones
generales en el parlamento, pues la coalición entre radicales y cedistas se había roto.
Ante la unión de las izquierdas y la división de la derecha, las candidaturas del Frente Popular se
impondrán en la mayoría del Estado español.
c) Centro 40 escaños.
Con esta composición del parlamento, era evidente la mayoría absoluta del Frente Popular. El
voto de la derecha se concentrará mayoritariamente en la España rural del interior, mientras que
las izquierdas triunfarán en las grandes ciudades, zonas mineras y de latifundio, así como en
aquellas regiones donde predominaba un fuerte sentimiento nacionalista y autonomista.
Entonces, las nuevas Corts destituirán a Alcalá Zamora al considerarlo demasiado moderado y
nombrarán en su lugar a Manuel Azaña como nuevo presidente de la República.
Por otro lado, el nuevo parlamento acelerará el proceso de Reforma Agraria y el IRA será
autorizado a nacionalizar las fincas que considerará de utilidad social. La ilusión para conseguir la
propiedad de la tierra se generalizaba nuevamente entre las masas de jornaleros, pues, la
situación había cambiado al ser dominantes los sindicatos, lo cual, por otro lado, provocará el
miedo entre empresarios y terratenientes.
En las ciudades, la inquietud social aumentaba, sobre todo por las actitudes revolucionarias de
un sector del PSOE y la UGT, encabezado por Largo Caballero, y el radicalismo de la CNT que
despreciaba en el gobierno burgués del Frente Popular, y divulgaba la necesidad de una
revolución que originaría una sociedad sin clases, la cual se estructuraría a partir de
colectividades y comunes libertarias. Por otro lado, las reivindicaciones obreras eran las
habituales y exigían: salarios más elevados y menos horas de trabajo. Incluso, se exigirá la
readmisión, con indemnización, de los despedidos por motivos políticos y sindicales. La
hostilidad de los patrones hacia el nuevo gobierno del Frente Popular y también las
reivindicaciones obreras provocará el cierre de fábricas, talleres y minas generando una
sensación catastrofista al si de la sociedad española de la época.
En las calles, las milicias de la Falange se enfrentarán diariamente con las milicias de izquierdas,
anarquistas y socialistas. Estos últimos, se habían reforzado de manera muy considerable, al
fusionarse las Juventudes Socialistas y las Comunistas, hecho este, que determinará el
nacimiento de una nueva organización: las Juventudes Socialistas Unificadas, dirigidas por
Santiago Carrillo. Además, en los diferentes ámbitos de la sociedad española de la época se
hablaba de la Revolución, a la que unos aspiraban y otras se oponían. El balance final será la
destrucción de la República.
Así, en Navarra, los carlistas, partidarios de los derechos en la Corona de España del
pretendiente Alfonso Carlos de Borbón, organizarán y prepararán su milicia armada, el Requeté.
También la Falange, que tan solo había conseguido 45.000 votos a las últimas elecciones
generales, aumentará considerablemente su militancia. A esta formación política se afiliaban
jóvenes violentos, desengañados de la CEDA y las llamadas “gentes de orden” de las clases
medianas, miedosas de los principios revolucionarios que defendían las izquierdas. Su dirigente
más importante, Jose Antonio Primo de Rivera, será detenido y encarcelado y el periódico de la
organización, Llega, clausurado, al descubrirse armamento en uno de los locales del partido.
Por otro lado, José Calvo Sotelo, dirigente del Bloque Nacional, se configurará junto con Gil-
Robles como el portavoz de la derecha en el parlamento, donde protagonizará violentos
enfrentamientos verbales con las izquierdas.
Igualmente, la Iglesia estaba atemorizada por el considerable aumento del anticlericalismo, que
generará y generalizará el incendio de numerosos conventos, y por las medidas adoptadas por el
gobierno como por ejemplo el cierre de los colegios religiosos, el incremento de 5.300 maestros
en la enseñanza pública y la coeducación de niños y niñas a las aulas. Con la excepción del País
Vasco, al resto de España, la Iglesia apoyará el golpe de estado militar y lo legitimará al
considerarlo una cruzada contra el comunismo ateo.
Pero el gobierno de la República, a pesar de estar enterado de la conspiración, tan solo alejará de
la península a algunos de los conspiradores y así destinará a Franco en Canarias y a Goded en
las Baleares. Sin embargo, el gobierno mantendrá a Mole en Navarra, general que asumirá la
dirección del golpe. Este militar había planeado que el día señalado para el golpe de estado, los
mandos militares de las provincias se sublevarían y él, con sus tropas y el apoyo de los requetés,
se dirigiría a conquistar Madrid desde el norte, mientras que Franco, con el ejército de África, se
dirigiría a la capital del Estado desde el sur. Pero la realidad será muy diferente a aquello que,
previamente, se había planeado.
Hasta entonces, en la historia reciente de España los pronunciamientos militares del ejército se
habían resuelto en pocos días con la victoria o derrota de los sublevados y sin ningún coste en
vidas humanas. Pero este pronunciamiento, el 18 de julio, será diferente, pues, muchos jefes del
ejército no apoyarán el golpe y la clase obrera asumirá la defensa de las ganancias de la
República. Por lo tanto, se iniciará una guerra civil de tres años, que provocará miles de muertes,
desencadenará una brutal represión de los ganadores sobre los vencidos y originará una
dictadura de 40 años.
INTRODUCCIÓN
La Guerra Civil Española fue consecuencia de:
a) La quiebra de un sistema de convivencia democrática, en no respetar determinadas fuerzas
políticas las ideas del adversario y al tratar de imponer las suyas por la fuerza.
b) La quiebra de un sistema socioeconómico de tipo antiguo, sin reformar e injusto, que había
generado durante siglos, un reparto de la riqueza muy desigual.
(Objetivo de Mola: acción rápida, cambiar el gobierno pero seguir con la república militar. Franco,
desde Marruecos, tiene las mejores tropas, a los africanistas, a si disposición para el golpe de
estado.)
Aun así, hay que señalar que el golpe de estado fue un fracaso, puesto que no conseguirá triunfar
en las ciudades más importantes de la península (Madrid, Barcelona, València, Bilbao...), además
de no conseguir el apoyo de una buena parte del ejército y de las fuerzas de la orden (Guardia
Civil y Guardia de Asalto) que permanecerán fieles en el gobierno de la República.
Por otro lado, la larga duración del conflicto se explica también por la intervención internacional,
que ayudará a los dos bandos en conflicto, con armamento y hombres. En estos años, España se
convertirá en un campo de experimentación de armamento nuevo entre los estados fascistas por
un lado (Italia y España) y las democracias liberales y los Estados socialistas de otra (Francia,
Gran Bretaña, Unión Soviética...).
Sin embargo, la sublevación triunfará en numerosas zonas de la España rural: Galicia, Castilla y
León, Navarra y en algunas ciudades importantes como por ejemplo Sevilla (la primera en caer),
Córdoba, Granada y Zaragoza. Así, toda la franja cantábrica (Asturias, Santander y una parte del
País Vasco) quedará aislada por la acción de los rebeldes, al permanecer fieles en el gobierno de
la República.
Los recursos financieros quedarán bajo el control del gobierno republicano: la cantidad de oro
depositado en el Banco de España, a Madrid, era de 635 toneladas (con un valor de 715 millones
de dólares de entonces). Una parte de estas reservas serán utilizadas para comprar armamento a
la Unión Soviética.
En relación a las tropas no se disponen de cifras exactas. Sin embargo, hay que señalar que de
los 18 generales de división tan solo se sublevarán cuatro (Cabanellas, Goded, Queipo de Llano y
Franco). Aun así, fieles en la República quedará el 66% de la aviación, un 65% de los efectivos de
la marina, el 47% del ejército de tierra, el 51% de la Guardia Civil y el 70% de la Guardia de
Asalto.
Fieles en la República quedarán unos 116.501 hombres y en las filas del ejército golpista 140.604,
de los cuales 47.127 pertenecían al disciplinado y profesional ejército de Marruecos (Legión y
Regulares), dirigido por el general Franco. Además, de los 16.000 oficiales del ejército tan solo
permanecerán fieles en el gobierno de la República unos 3.500, lo cual restará efectividad a su
ejército, por lo cual el ejército republicano se verá en la necesidad de nombrar nuevos oficiales en
pocos meses. Igualmente, surgirán espontáneamente cabe de milicias que, sin demasiada
experiencia militar, serán nombrados generales (Líster, Modesto, V. González) y otros sin ningún
tipo de grado militar (Durruti o Mera), los cuales durante los primeros meses del conflicto, dirigirán
a miles de hombres integrados en las milicias populares, mayoritariamente dominadas por los
anarquistas.
A pesar de tono, el ejército republicano actuará desde los orígenes del conflicto con una cierta
desventaja, pues el gobierno de la nación, para hacer fracasar la sublevación ordenará los
soldados que no obedecieron sus jefes. Sin embargo, la orden no nuevo acatada en la zona
sublevada y si en la republicana, donde un número bastante considerable de soldados
abandonarán los cuarteles y se dirigirán a sus casas. En consecuencia la República tendrá que
improvisar un nuevo ejército, obligando a volver a los cuarteles a los desertores, además de
incluir también en el ejército a las milicias populares que carecían de disciplina y de experiencia
militar. Por lo tanto, la efectividad del ejército republicano era muy dudosa, sobre todo, si la
comparamos con la fuerte disciplina que caracterizaba el ejército rebelde. Además, en las filas del
ejército sublevado contra la legalidad republicana se integrarán también unos 200.000 falangistas
y unos 63.000 carlistas, todos muy bien armados y disciplinados.
De lo contrario, los gobiernos autonómicos del País Vasco y Cataluña, a pesar de estar
configurados por una clase política típicamente burguesa, apoyarán hasta el fin del conflicto la
República, pues eran conscientes que uno de los objetivos de los rebeldes era suprimir los
Estatutos de Autonomía.
En Madrid, durante el primer año del conflicto, el gobierno republicano estará presidido por
Francisco Largo Caballero (septiembre de 1936-mayo de 1937), al renunciar Casares Quiroga a la
presidencia del gobierno, ante su incapacidad para controlar el golpe, y ser sustituido por un
efímero gobierno de José Giral.
En Madrid, el coronel Casado y otros militares no comunistas, como por ejemplo el general Miaja,
crearán un Consejo de Defensa Nacional, al discrepar de la influencia de los comunistas sobre el
ejército republicano, los cuales, además disfrutaban del apoyo del presidente del gobierno Juan
Negrín. Así, surgirá un tipo de gobierno paralelo al de la República que ingenuamente pretendía
negociar la paz con ciertas condiciones y garantías para los vencidos. Franco no aceptará la
propuesta y exigirá una rendición incondicional. Las tropas sublevadas contra la legalidad
republicana, legitimadas por la victoria militar, entrarán en Madrid el 28 de marzo de 1939, cuatro
días después Franco publicaba el último parto de guerra. Se iniciaba así la dictadura del general
Franco (1939-1975).
Sin embargo, Francia y Gran Bretaña, durante el transcurso del conflicto, crearán un Comité de
No Intervención en el que se integrarán 30 países, los cuales asumirán el compromiso de no
ayudar a ninguno de las facciones enfrentadas. Así, la marina británica, francesa, alemana e
italiana, controlarían en el mar el cumplimiento de este tratado, mientras que Francia y Portugal
cerrarían sus fronteras en la entrada de material bélico para la Guerra de España. Pero, a pesar
de los acuerdos firmados, en la práctica se incumplirá el espíritu del tratado.
Los brigadistas, después de recibir una mínima instrucción militar en Albacete, serán distribuidos
en 6 Brigadas, donde se agruparán los brigadistas en función de su nacionalidad (así los norte-
americanos se agruparán en Lincoln y los italianos en el Garibaldi). Con su contribución se parará
el ejército rebelde a las puertas de Madrid durante el otoño de 1936. Al fin, se verán obligados a
retirarse de España en diciembre de 1938, a pesar de que 18.000 brigadistas ya habían perdido la
vida al defender los ideales republicanos y democráticos.
Las cifras del material bélico que recibirán los dos bandos en conflicto, varían en función del
autor que trata el tema. Así, según los partidarios del franquismo, la ayuda internacional estará
muy equilibrada. Pero, sin ningún tipo de duda, la ayuda de la Unión Soviética en la República fue
mucho inferior a la que recibirán de Italia y Alemania el ejército sublevado, tanto en cantidad
como en calidad, puesto que los aviadores, tanquistas y asesores soviéticos tenían una peor
preparación técnica que los alemanes.
El bando de los sublevados será lo primero al organizarse con el acceso (el 29 de septiembre de
1936) del general Franco al mando político y militar del ejército rebelde. Por otro lado, en el bando
republicano, el poder de los partidos, de los sindicatos, de las milicias era tan importante, que
nunca se conseguirá la unidad de mando y criterios necesarios para ganar la guerra.
Aun así, la presencia de los rebeldes a las puertas de Madrid determinará en la zona republicana
la necesidad de configurar un gobierno de concentración nacional (septiembre de 1936). Así,
Manuel Azaña encargará la formación del mencionado gobierno a Largo Caballero, dirigente
radical de los socialistas, el cual incluirá en su gobierno a socialistas, comunistas, liberales
republicanos y, incluso, anarquistas, los cuales por principios rechazaban la existencia de
cualquier tipo de Estado.
Pero al si del bando republicano los partidos políticos y los sindicatos se dividirán y se
enfrentarán al plantearse la cuestión de si era más importante ganar la guerra o consolidar la
revolución, lo cual beneficiará al ejército de los sublevados.
Así, los anarquistas de la CNT y los militantes del POUM consideraban que era el momento más
oportuno para hacer la revolución. En consecuencia, numerosas fábricas, minas y empresas
serán colectivizadas y sometidas al control y dirección de los obreros. Al ámbito rural, se
generalizarán las ocupaciones de tierras y se organizarán las colectividades, se abolirán el dinero
y estos serán sustituidos por vales, mientras que los comités revolucionarios se harán con el
poder municipal.
Por otro lado, la presión de los comunistas y de los socialistas moderados, encabezados por
Indalecio Prieto, así como la incapacidad para parar el avance de los sublevados, obligará a
Largo Caballero a dimitir como jefe de gobierno (mayo de 1937). Su lugar lo ocupará el
catedrático de medicina y socialista Juan Negrín. A partir de este momento, con los anarquistas
fuera del gobierno, la influencia de los comunistas aumentará. Negrín considerará que era vital
resistir y ganar tiempo, pues parecía que una nueva guerra mundial se aproximaba y, por lo tanto,
las potencias democráticas enfrentadas en Italia y Alemania, ayudarían y salvarían en la
República. La predicción de Negrín casi se cumple, pues en septiembre de 1939 se iniciará la
Segunda Guerra Mundial.
Así, por lo tanto, el ejército recuperaba el protagonismo que con la República había perdido y en
que los militares africanistas se configuraban como el grupo dominante. Se estructuraba así un
ejército muy fuerte que rendirá una obediencia ciega a su caudillo.
Además, en la España sublevada, la Iglesia recuperará todos los privilegios perdidos con el
gobierno de la República, además de suprimirse la legislación laica. Así, el Estado se declaraba
confesional y católico, los jesuitas recuperaban las propiedades confiscadas por el gobierno de la
República y la materia de religión será considerada como una asignatura obligatoria en todos los
centros de enseñanza. En contrapartida, la Iglesia bautizará la rebelión militar como una “Cruzada
de Liberación Nacional” y al general Franco se lo considerará con la denominación de “Caudillo
de España por la Gracia de Dios”. Por lo tanto, la Iglesia bajo el régimen de Franco conseguir un
poder e influencia sobre la sociedad muy considerable.
En 1938 se promulgará el Fuero del Trabajo, en el que se reflejan los ideales laborales,
paternalistas y disciplinados, de Jose Antonio Primo de Rivera. Además, España se configuraba
en un Estado Nacional Sindicalista, que se apoyará en tres elementos básicos: la familia, el
municipio y el sindicato vertical.
Sin embargo, Franco concentrará en su persona todos los poderes políticos y militares: jefe del
Estado, presidente del gobierno, Ningún Nacional del Movimiento y Generalísimo de los Ejércitos
de tierra, mar aire.
a) Muertos y desaparecidos en acciones bélicas, alrededor de unos 150.000. también hay que
señalar que el número de heridos se aproximará a los 400.000.
b) Militares ejecutados por los sublevados al no apoyar el golpe de estado, alrededor de unos
3.000. algunos serán fusilados después de ser juzgados por los tribunales militares, otros serán
eliminados a sus cuarteles en el momento de la sublevación.
f) Ejecutados después de la Guerra Civil hasta los años 50: más de 30.000.
g) Exiliados durante y después de la guerra, más de medio millón de personas.
INTRODUCCIÓN
El régimen que surgirá de la Guerra Civil se configurará como una dictadura personal en la cual el
poder del general Franco será incuestionable. Sin embargo, la derrota de las fuerzas del eje
determinará el progresivo abandono de las formas fascistas por parte del régimen franquista,
además de su aislamiento internacional, consecuencia del bloqueo impuesto por los Estados
democráticos a la dictadura de Franco. A pesar de todo, el anticomunismo del régimen permitirá
en el contexto de la guerra fría su integración en el mundo occidental. Pero, aun así, el punto de
partida del nuevo régimen será desastroso y se caracterizará por: el aislamiento internacional, la
represión de la posguerra, la desaparición de las libertades políticas e individuales, el exilio, los
índice de producción y renta inferiores a los del periodo de la anteguerra y la penuria cultural. A
pesar de todo, a finales de estas dos décadas se producirán algunos cambios significativos al
ámbito de la economía, pero al ámbito de la política el régimen se mantendrá inmutable.
Después de finalizar la Segunda Guerra Mundial las democracias occidentales que habían
ganado la guerra romperán cualquier tipo de relaciones diplomáticas y comerciales con el
régimen franquista. La causa de este posicionamiento se explica porque el general Franco se
negaría a configurar un estado democrático. En este contexto la España de Franco no podría
importar determinadas materias primas y productos básicos.
A nivel institucional el Ejército y la Iglesia se configurarán como los más fieles aliados del régimen
franquista. El primero, sobre todo, por su ideología anticomunista, centralista y por la dureza en el
mantenimiento del orden público. El Ejército se configurará como la institución que garantizará el
orden público, además de disponer de la jurisdicción para juzgar determinados delitos de
carácter político. Por lo tanto, el número de militares entre la nueva clase política será importante.
Por otro lado, la Iglesia legitimará desde el principio el nuevo régimen y, incluso, intervendrá muy
directamente en las instituciones, concretamente en el ámbito de la educación, en la censura y en
el mantenimiento de la moral pública, además de configurarse como un instrumento de
propaganda de la ideología del régimen.
Aun así, la Falange proporcionará los principios ideológicos más importantes sobre los cuales se
apoyará el nuevo régimen (patriotismo y autoritarismo de corte fascista) y sus dirigentes
dispondrán de una importante influencia política durante los primeros años del franquismo. Sin
embargo, a partir del decreto de unificación, la Falange irá diluyéndose dentro del nuevo partido,
el Movimiento, pues en no configurarse como el partido único de la dictadura sus dirigentes se
burocratizarán y serán integrados dentro del nuevo partido. Los monárquicos habían estado
también otra fuerza muy importante dentro de las filas del franquismo, sin embargo se
encontraban divididos en dos tendencias: carlistas y donjuanistas. Los primeros, defensores del
tradicionalismo católico y de principios muy conservadores, recibirán importantes cargos
públicos. En cambio, la relación con los según será más difícil, sobre todo, a partir del fin de la
Segunda Guerra Mundial, al configurarse la figura de Juan de Borbón como una alternativa frente
al régimen dictatorial. Al fin se impondrá un sector político dirigido por *Carrero Blanco,
caracterizado por su adhesión incondicional a Franco.
Aun así, desde un principio Franco tratará de asegurarse el control de todo el poder y de exigir
una absoluta fidelidad a sus colaboradores. Así, como consecuencia de una ley promulgada en
agosto de 1939 podía decretar leyes sin consultar ni con las Cortes, ni con el Consejo de
Ministros. Aun así, el Consejo Nacional de hecho de las JONS, quedará reducido, por un decreto
de julio de 1939, a un organismo asesor del Jefe de Estado y sus miembros serán designados por
Franco.
Además en estos años se crearán las Cortes (1942). Sin embargo, la creación de esta institución
no supondrá ninguna concesión de carácter democrático, pues ni sus miembros eran elegidos
por sufragio, ni Franco, el caudillo, renunciaba a su capacidad para legislar. Tan solo se trataba de
un órgano consultivo, la composición de la cual la controlaba estrictamente el régimen.
A partir de 1941 la evidencia de una guerra larga ratificará la negativa española a entrar en el
conflicto, actitud que Franco confirmará a Mussolini en la entrevista que mantendrán ambos
dictadores en Bordhighera (Italia). Sin embargo, cuando en junio se inicie la invasión de la Unión
Soviética, las autoridades españolas apoyarán la iniciativa con el envío en el frente ruso de la
“División Azul”, pues el régimen de Franco, evitará cualquier pronunciamiento público de
espaldarazo a las potencias del eje. Aun así, en abril de 1945 (derrota del nazismo) romperá
relaciones diplomáticas con Japón.
Así, en 1951, se formará un nuevo gobierno y a pesar de que la composición del mismo es plural,
la Falange mantendrá todavía cierta influencia. En este nuevo gobierno *Carrero Blanco es
nombrado ministro Subsecretario de la Presidencia. Aun así, en esta época la difícil situación
económica que se originará en España generará una importante oleada de huelgas que
culminarán en 1956 al estallar la protesta estudiantil contra el régimen. El intento liberalizador
promovido por el ministro de Educación, Joaquín Ruiz Giménez, lo aprovecharán los estudiantes
para organizar huelgas universitarias de 1956. Como consecuencia del desarrollo del movimiento
de protesta estudiantil, Ruiz Giménez y los rectores de las universidades de Madrid y Salamanca
serán cesados.
5.2. SU APLICACIÓN
A pesar de todo, la aplicación de este tipo de política originará y generará unos índices de renta y
de producción por debajo de los que predominaban en los años precedentes en la Guerra Civil,
además de no conseguirse los objetivos establecidos. Pero, a pesar de que, la propaganda del
régimen divulgaba que el objetivo principal consistía al evitar el hambre, los problemas de
abastecimiento serán muchos frecuentes y ya en 1939 se generalizará el uso de las “cartillas de
racionamiento”, además de desarrollarse el mercado negro o estraperlo. Este, bastante
generalizado a nivel cotidiano, ocultaba y reflejaba las grandes operaciones estraperlistas. Así, se
calcula que en 1943 el 30% de la cosecha se desviará hacia el mercado negro, a pesar de que “El
Servicio Nacional del Trigo” y “La Comisaría de Abastecimientos y Transportes” se encargaba de
la comercialización, no se conseguirá parar estas prácticas.
Al ámbito de la política agraria se iniciará un proceso de ruralización que divulgará una visión
ideal de la vida en el campo y de la agricultura ante los valores urbanos y la industria. Se iniciaba,
así, un proceso de ruralización con la devolución de las tierras anteriormente expropiadas y con el
propósito también de recuperar los índices de producción anteriores a la guerra, a través de una
mayor tecnificación y de la potenciación del trabajo agrario. Para impulsar esta política agraria se
creará el Instituto Nacional de Colonización con el objetivo de aumentar el regadío y de asentar
nuevos colonos. Sin embargo, los resultados serán muy limitados.
Aun así, el comercio exterior tratará de alcanzar el país de aquellos productos que escaseaban en
el interior del país. A pesar de todo, durante la Segunda Guerra Mundial los EE. UU. suspenderán
en dos ocasiones las ventas de petróleo al régimen franquista. Sin embargo, otros países como
por ejemplo Argentina, enviarán importantes cantidades de trigo ante las cosechas tanto malas
de mediados de la década. En cuanto a las exportaciones que generaban unas divisas muy
importantes, estas se limitarán a algunos productos agrarios y otros como por ejemplo el
wolframio.
b) Por otro lado, la liberalización también se impulsará desde el interior, especialmente con los
cambios de gobierno de 1951 y 1957. La situación de pobreza que vivía el país hacían necesarios
estos cambios. El primero de estos gobiernos manifestará unas tímidas intenciones
liberalizadoras, las cuales favorecerán una mejor articulación del mercado interior y promoverán
un primer impulso industrializador. El gobierno de los tecnócratas será mucho más decisivo,
pues, España se introducirá y se integrará en los organismos internacionales, como por ejemplo
el FMI, organismos desde donde se promoverán toda una serie de cambios que integrarán a la
economía española en el capitalismo internacional. Los ministros de comercio, Alberto *Ullastres,
y de Hacienda, Navarro Rubio, serán los principales promotores de una serie de medidas que
determinarán el abandono definitivo de la política autárquica.
En definitiva, la década de los cincuenta supondrá el inicio del despegue económico con un
fuerte crecimiento anual de la renta nacional e importantes cambios en la política económica,
consecuencia del predominio de los intereses de la burguesía industrial ante los intereses del
terratenientes agrícolas. Así, las buenas cosechas a los inicios de la década de los cincuenta y la
normalización de las relaciones exteriores facilitarán la supresión de la política de racionamiento y
disminuirán el intervencionismo estatal. Sin embargo, se mantendrán algunos problemas en el
abastecimiento, el déficit exterior se incrementará y la inflación aumentará, hechos que pararán la
expansión y conducirán a la economía española a un callejón sin salida, lo cual exigía un cambio
radical en las directrices de la economía española.
INTRODUCCIÓN
La difícil situación económica y social de mediados de los cincuenta exigía un cambio radical que
al fin se producirá en 1959, con la aprobación del “Decreto de Nueva Ordenación Económica”, el
cual tenía como objetivo conseguir el desarrollo económico y una más intensa integración en la
economía internacional. A causa de la aplicación de este decreto, España se beneficiará, durante
la década de los sesenta, de un crecimiento económico continuado que superará al de la mayoría
de los países de la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico).
Sin embargo, la sociedad española de la época continuará caracterizándose por la pervivencia de
desequilibrios sociales y regionales que provocarán una intensa corriente migratoria hacia la
Europa comunitaria. Además, al ámbito de la política, la dictadura franquista, tratará de
consolidarse y perpetuarse a través de un proceso de institucionalización que en ningún
momento integrará en el sistema político los principios básicos de la democracia parlamentaria.
1. EL PLAN DE ESTABILIZACIÓN
1.1. UN DECRETO QUE REORIENTARÁ LA ECONOMÍA
El nuevo gobierno de 1957 empezará a aplicar una serie de medidas liberalizadoras que
podríamos considerar preestabilizadoras y que no necesariamente son muy acogidas en todos
los centros de poder (congelación salarial, flexibilidad de la normativa laboral y todo un conjunto
de medidas dirigidas a reducir el déficit público). Aun así, los organismos internacionales en los
cuales España se había integrado (Organización Europea de Cooperación Económica OECE y
Fondo Monetario Internacional FMI), promoverán la necesidad de una nueva orientación de la
economía española y, a finales de junio de1959, el gobierno español los dirigirá un memorándum
donde se explicaban las medidas que había previsto adoptar. Así, con el visto y aprobado y la
ayuda financiera de los mencionados organismos se publicará el “Decreto Ley de Nueva
Ordenación Económica” (21 de julio de 1959), más conocido como el Plan de Estabilización.
El Plan de Estabilización perseguirá dos objetivos: establecer las bases para un desarrollo
económico equilibrado y conseguir una mayor integración de la economía española en los países
del mundo occidental. Aun así, las medidas fiscales (limitación del gasto público) y monetarias
(limitación de los créditos al sector privado y mayor flexibilidad de los tipos de interés) tenían que
conseguir el equilibrio interior limitando la demanda, estabilizando los precios y reduciendo las
importaciones. Por todo esto, la liberalización del comercio exterior y la disminución del control
estatal sobre este facilitarán la integración de la economía española al ámbito internacional. Al fin,
se fijará un nuevo tipo de cambio de la peseta (1 dólar equivalía a 60 pesetas) y la liberalización
de las importaciones de capital permitirán abrir las puertas a la inversión extranjera.
b) El dinero enviado por los emigrantes, pues, se estima que unos 2’2 millones de personas
abandonarán España, a principios de los sesenta, hecho que contribuirá a reducir las tasas de
paro.
c) Las inversiones de capital extranjero, más considerables con el paso del tiempo.
3. UN DESARROLLO CON FUERTES DESEQUILIBRIOS
3.1. UNA DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN ACTIVA MÁS PRÓXIMA AL MUNDO
INDUSTRIALIZADO
Los cambios económicos que se producirán durante la década de los sesenta determinarán
importantes transformaciones de carácter socioeconómico. Así, el reparto sectorial de la
población activa se orientará definitivamente hacia unos índice más semblantes a los de los
países desarrollados: descenso muy significativo de los porcentajes de población ocupados en el
sector primario (del 41’7 al 29’1%), mientras que la industria y la construcción sumaban en 1970
un 37’3% de los activos poblacionales. Sin embargo, los índices del sector primario todavía eran
elevados mientras que los del sector servicios (33’6%) los podemos considerar como
relativamente insuficientes, hecho que evidenciaba las carencias que el país presentaba en
aquella época. Aun así, el porcentaje de mujeres que se incorporarán en el mundo laboral será
muy inferior a la media de la Europa Occidental y Oriental (17’9%).
Entre las causas que explican estos movimientos migratorios hay que mencionar los intensos
desequilibrios existentes entre los diferentes territorios del país, que la política de desarrollo de
estos años no conseguirá compensar. Aun así, otra de las causas que explican este éxodo del
campo en la ciudad es el descenso de las rentas agrarias, todo el contrario del que se estaba
produciendo en las zonas industriales.
Aun así, el cine de aquella época también abandonará la mítica heroica de los primeros años y la
crítica de la década de los cincuenta para mostrar una sociedad más desenfadada y con unos
valores en los que destacaban el bienestar y el consumismo. Así, después de dos décadas de
penuria un importante sector de la sociedad disfrutará del coche, electrodomésticos y las
vacaciones.
5. EL RÉGIMEN SE INSTITUCIONALIZA
5.1. LA DEMOCRACIA ORGÁNICA
El alejamiento en el tiempo de la Guerra Civil, junto con la consolidación del proceso de
liberalización económica y los cambios sociales que se originarán durante la década de los
sesenta, determinarán un nuevo cambio de imagen del régimen. Así, cuando en 1964 se celebran
los veinticinco años del fin de la guerra, Franco se presentará a la sociedad como el “Caudillo de
la Pau” más que como el militar ganador de la contienda. Aun así, los niveles de desarrollo
económico y de bienestar conseguidos por la sociedad española de la época se convertirán en el
eje central que legitimaba el franquismo tanto en el interior como el exterior.
Por otro lado, durante la época de los sesenta, consolidará su influencia política un grupo dirigido
por Carrero Blanco, almirante que había sustituido a Muñoz Grandes en la vicepresidencia del
gobierno. Estos, los partidarios de Carrero Blanco, estaban vinculados al Opus Dei, defendían la
vía tecnocrática, la liberalización económica y una de las figuras políticas más destacadas de
este grupo era Laureano López Rodó. Sin embargo, al definirse sobre algunos aspectos políticos
y sociales, este grupo evidenciará su integrismo, y, en consecuencia, es muy difícil considerarlos
cómo uno de los sectores aperturistas del régimen. Por lo tanto, los tecnócratas, los principales
promotores de la institucionalización del régimen, en no realizar una adecuación política a la
realidad de la época estaban provocando la propia desintegración del régimen franquista.
b) La necesidad de adecuar la legislación del régimen a los principios del Concilio Vaticano II,
pues la Iglesia manifestaba en estos momentos una actitud crítica ante la ausencia de ciertas
libertades. En consecuencia se creará en las Cortes un tercer sector de procuradores, los
representantes de las familias, lo cual obligaba al régimen a asumir en cierto modo algunas
opiniones de un sector de la sociedad. Aun así, con la “Ley Orgánica del Estado” Franco
aceptaba cómo a su sucesor el príncipe Juan Carlos en 1969. Con esta propuesta, planificada
por el sector dirigido por Carrero Blanco, se pretendía consolidar la continuidad del régimen y
reforzar la figura de Franco, pues, no se trataba de una restauración, lo cual habría implicado un
retorno a la legalidad anterior al 14 de abril de 1931, sino de la instauración de una nueva
monarquía inspirada en los principios del “Movimiento Nacional”.
Aun así, la descolonización de las últimas colonias españolas será un proceso que desarrollará la
diplomacia española de manera poco adecuada. Así, en 1968 se concederá la independencia en
la Guinea española, país que se configurará de inmediato como una dictadura antiespañola, aun
así, en 1969, se cederá en el Marruecos el territorio de Ifni, que había provocado algunos
incidentes bélicos entre 1957 y 1958, mientras que el Sáhara continuará bajo el dominio español
hasta el fin del franquismo.
INTRODUCCIÓN
Durante los últimos seis años de la dictadura se iniciará el declive progresivo del régimen. Sin
embargo, en un principio, Carrero Blanco será el hombre encargado de velar por el
mantenimiento del régimen, pero al morir este en un atentado de ETA (diciembre de 1973), el
régimen se precipitará hacia su final. Así, el régimen, tan solo se mantendrá como consecuencia
de la pervivencia de la figura de Franco, y al morir este en noviembre de 1975 se desintegrará.
Aun así, el declive del régimen también será consecuencia de la consolidación de una oposición
que nunca había desaparecido y que en esa época disponía de un gran espaldarazo social. La
oposición no provocará la caída del régimen pero le usurpará las perspectivas de futuro y ganará
el proceso iniciado desprendido de la muerte del dictador.
Así, hasta el 1945, su actuación será insignificante. Pero a partir del fin de la Segunda Guerra
Mundial las esperanzas de una posible restauración democrática aumentarán de manera
considerable, por lo cual se restablecerán en México las instituciones republicanas. Sin embargo,
de inmediato, las esperanzas de una posible restauración democrática se frustrarán, pues, en el
contexto político internacional empezará a considerarse la posibilidad de una restauración
democrática no necesariamente republicana.
- Aun así, algunos sectores de la Iglesia católica también experimentarán un cambio de actitud
hacia el régimen. Pero a pesar de que el cambio será consecuencia de la influencia de los
principios del Concilio Vaticano II, a finales de la década de los cincuenta algunas
organizaciones católicas partidarias de ciertas medidas sociales ya evidenciarán ciertas
actitudes críticas con el régimen. Incluso, algunas de estas organizaciones evolucionarán hacia
tendencias de izquierda o nacionalistas. En los años sesenta y en varias ocasiones
determinados sectores del clero vasco y catalán se manifestarán contra el régimen.
Aun así, a principios de los años setenta la oposición al régimen había recibido nuevos estímulos
en un momento en que la dictadura empezaba a mostrar signos de agotamiento. Sin embargo, la
unidad del movimiento antifranquista todavía era tan solo una aspiración. Ciertos sectores de la
oposición en el exilio se negaban a pactar con el PCE, a pesar de que, estos se configuraban en
el interior de España como la fuerza mejor organizada de todo el conjunto de la oposición.
Además, el terrorismo de ETA se intensificará e incluso surgirán nuevas organizaciones que
iniciarán la lucha armada contra el franquismo: FRAP, lo cual provocará el rechazo del resto de la
oposición democrática.
A pesar de todo, para consolidar su poder Carrero Blanco introducirá una dinámica aperturista en
este nuevo gobierno, avalada por determinadas figuras políticas que formarán parte del mismo. El
objetivo de Carrero consistía al acabar con las tensiones internas pero asegurando la continuidad
del régimen. Sin embargo, esta combinación era difícil, sobre todo, si consideramos el carácter
conservador de Carrero y su fidelidad a Franco. Así, la mayoría de las medidas políticas
aperturistas obtendrán unos resultados muy limitados como por ejemplo en el caso de la nueva
ley sindical o en las cuestiones de las relaciones con la Iglesia. Aun así, la cuestión del
asociacionismo político también se parará, incluso se reprimirá con cierta dureza a la oposición
con la creación de un Servicio de Documentación que dependía de la Presidencia y que será
organizado por los militares.
Aun así, al ámbito de la economía y de la política exterior se conseguirán ciertos éxitos como por
ejemplo la firma de un acuerdo preferencial con la CEE (1970) y el establecimiento de relaciones
diplomáticas con China y la República Democrática Alemania. Aun así, en esta época se aprobará
la ley de Educación del ministro Villar Palasí.
Así, la carencia de resultados que el gobierno obtendrá a través de la vía aperturista y la dureza
de las medidas adoptadas contra la oposición acabarán con las expectativas creadas
inicialmente y evidenciarán la carencia de criterios políticos del gobierno Arias.
INTRODUCCIÓN
Desde la proclamación de Juan Carlos I hasta la obtención de las libertades en España se
producirá la transición política. Con este término se denomina el periodo a través del cual se pasa
de una dictadura a un sistema político democrático. Este proceso fue una tarea difícil pero la
madurez de la sociedad española en su conjunto, la moderación de los partidos políticos y
sindicatos y la decidida actuación de la corona y del presidente Suárez determinarán al fin, la
construcción del Estado democrático en España.
En las últimas décadas España ha recuperado el prestigio que había perdido durante el periodo
de la dictadura franquista. En consecuencia, España se un país con cierta influencia al ámbito de
los diferentes organismos internacionales. Incluso, algunas organizaciones internacionales como
por ejemplo la UNESCO y la OTAN, e incluso, organismos de carácter deportivo como por
ejemplo el COI están presididos por políticos y diplomáticos españoles.
Por otro lado, el rey también había establecido contactos directos e indirectos con la mayoría de
los partidos políticos que en ese momento eran ilegales para enterarlos de su interés para
restablecer la democracia. Aun así, el monarca, a través de algunas intervenciones en foros de
carácter internacional, había transmitido la idea de restaurar la democracia en España, lo cual
despertará unas expectativas bastante considerables a nivel internacional. Sin embargo, su
posición era bastante difícil, pues, los franquistas desconfiaban, las fuerzas políticas
democráticas y los sindicatos también y, incluso, el padre del rey no renunciaba a sus derechos
en la Corona de España que había heredado de Alfonso XIII.
En este contexto el rey decidirá forzar la dimisión de Arias Navarro/Navarro para elegir un político
con capacidad para restaurar la democracia en España. Sin embargo, cuando en julio de 1976
Adolfo Suárez fue nombrado jefe de gobierno, en sustitución de Arias Navarro/Navarro, la
sorpresa fue desconcertante, pues, Suárez era una persona poco conocida y parecía bastante
comprometida con el régimen franquista. Sin embargo, Suárez con el paso del tiempo
demostrará que era el político oportuno para restaurar las libertades democráticas en España.
Para desmantelar las instituciones políticas del franquismo se adoptará como marco jurídico “La
ley para la reforma política”, el espíritu de la cual será elaborado por Fernández Miranda y
aprobada, con la oposición de algunos sectores del franquismo, por las Cortes franquistas, lo
cual significaba su suicidio político. Así, en noviembre de 1976 las Cortes franquistas aprobarán y
legalizarán la ley que finiquitaba el franquismo y que establecía un nuevo sistema político de
carácter bicameral fundamentado en el sufragio universal. La ley en cuestión será aprobada por
referéndum con un 94% del todo el conjunto de los españoles. Aun así, el gobierno Suárez dura
adelante una amplía amnistía, autorizará la fiesta de Cataluña, además de legalizar la Ikurrinya
vasca.
Las elecciones generales se celebrarán el 15 de junio de 1977. Previamente, el padre del rey,
Juan de Borbón, cedía los derechos de la Corona de España a suyo hijo, por lo cual la monarquía
era restaurada históricamente. Aun así, a las elecciones democráticas participarán numerosos
partidos políticos y el partido más votado será una coalición denominada la Unión del Centro
Democrático (*UCD) y en la cual se integraban liberales, demócrata cristianos y social-
demócratas.
Una vez celebradas las elecciones, el nuevo parlamento que se configurará como consecuencia
de las mismas iniciará la discusión y elaboración de una Constitución, texto, en la redacción del
cual participarán las diferentes tendencias políticas representadas en el nuevo parlamento. Aun
así, el nuevo gobierno surgido de las primeras elecciones democráticas restablecerá de forma
provisional la Generalitat de Cataluña y nombrará a Josep Tarradellas, en el exilio, presidente de
la institución. Aun así, también se aprobará el régimen preautonómico para el País Vasco. Al fin, el
31 de octubre de 1978 el parlamento español, con el consenso de todas las fuerzas políticas,
aprobará la Constitución, texto que el conjunto de los españoles aprobarán a través de un
referéndum el 6 de diciembre de 1978.
3. LA CONSTITUCIÓN DE 1978
3.1.LA GESTACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN
Las elecciones de junio de 1977 se habían celebrado para dotar a la sociedad española de una
Constitución que garantizará las libertades democráticas. Aun así, los partidos políticos
representados en el parlamento considerarán la necesidad de establecer, previamente, un
consenso para que la Carta Magna representará en todo el arco parlamentario, desde la derecha
hasta la izquierda.
Por lo tanto, con esa finalidad, se constituirá una comisión parlamentaria encargada de elaborar
el borrador del texto constitucional en la cual se integrarán un conjunto de diputados que
militaban en partidos políticos de diferentes ideologías. Estos diputados serán conocidos con el
tiempo como los padres de la Constitución.
A pesar de todo, Suárez se planteaba las posibles dificultades que podrían originarse al definir la
forma de Estado como una monarquía. Pero socialistas y comunistas cuestionarán este sistema
de gobierno, pues, valoraban la tarea del monarca como moderador del proceso que pretendía
consolidar las libertades en España.
Así, en julio de 1978 el Congreso de diputados concederá el visto y aprobado en el nuevo texto
constitucional por una ancha mayoría, desde la derecha liderada por Fraga a los comunistas de
Santiago Carrillo. Tan solo se extrema izquierda y la extrema derecha votarán en contra, mientras
que los nacionalistas vascos se decantarán por la abstención. Posteriormente, el 31 de octubre,
en una sesión conjunta del Senado y el Congreso, las dos cámaras, aprobarán la mencionada
Constitución, ratificada por el conjunto de la sociedad española a través de un referéndum en el
mes de diciembre, todo y la considerable abstención registrada en el País Vasco.
El texto constitucional de 1978 reconoce los derechos humanos y las libertades de los españoles.
El Estado es aconfesional, todo que también reconoce la realidad del catolicismo como religión
mayoritaria de la sociedad española. Aun así, la Carta Magna suprimirá la pena de muerte,
establecerá la libertad de enseñanza, además de definir la forma de Estado como una monarquía
constitucional, a través de la cual el rey reina pero no gobierna.
4. LA CRISIS DE LA UCD
4.1.LAS NUEVAS ELECCIONES
Una vez redactada la Constitución las Cortes se disolverán y se convocarán de nuevo, elecciones
generales, las cuales se celebrarán en marzo de 1979. Los resultados de la convocatoria electoral
no alterará significativamente la composición política del anterior parlamento. Así, la UCD
obtendrá el 35% de los votos y el PSOE el 29%. Aun así, se consolidaban las formaciones
políticas en Cataluña y el País Vasco, además surgirá con fuerza un partido de la izquierda
nacionalista vasca, Herri Batasuna, e, incluso, los andalucistas obtendrán también representación
parlamentaria, a través del Partido Socialista Andaluz.
Además, en las elecciones municipales del mes siguiente triunfará la izquierda en las grandes
ciudades al sumar sus votos comunistas y socialistas, a pesar de que la fuerza más votada a
nivel del conjunto del Estado fue la UCD.
Aun así, las Cortes iniciarán su tarea legislativa y a lo largo de 1979 se aprobarán los estatus de
autonomía de Cataluña y el País Vasco, la ley orgánica del Tribunal Constitucional y la del
Consejo General del Poder Judicial.
Por otro lado, en febrero de 1981 Suárez presentará su dimisión como consecuencia del
agotamiento político de este y de la rebelión de algunos de los barones de su partido. Así,
Leopoldo Calvo Sotelo sustituirá como presidente del gobierno Suárez. Sin embargo, en la sesión
de investidura del nuevo presidente (23 de febrero de 1981) se producirá uno de los hechos más
importantes de la transición a la democracia: el asalto al palacio del Congreso por el teniente
coronel Tejero, con un grupo de “Guardias Civiles”. Pero la actitud del rey y la carencia de
espaldarazo de los golpistas, impedirán la consumación del golpe de estado.
Las causas de la crisis del centro político español, durante la década de los ochenta, se explica
por la renuncia de Suárez a continuar en el partido, por las luchas internas entre los diferentes
“barones” del partido y por la salida del partido de Fernández *Ordoñez que fundará Acción
Democrática y se integrará en el PSOE.
Así, ante la situación de su partido Calvo Sotelo disolverá el parlamento y convocará elecciones
para octubre de 1982, convocatoria electoral en la cual el PSOE conseguirá la mayoría absoluta.
5. LA POLÍTICA ECONÓMICA
5.1.LAS CAUSAS DE LA CRISIS ECONÓMICA
En 1973 estallará una crisis económica internacional de superproducción, la cual se agraviará
considerablemente al aumentar los países productores el precio del barril de petróleo. En este
contexto de crisis, España ante la carencia de recursos petrolíferos propios, sufrirá grandes
desequilibrios en su economía en bordes obligada a continuar importando el petróleo.
Además, en el contexto de esta crisis económica se producirá la muerte de Franco, la
inestabilidad del primer gobierno de la monarquía y el inicio de la transición política a partir del
verano de 1976, lo cual determinará cierta indecisión de los diferentes gobiernos de la época en
referencia a las cuestiones económicas.
Los pactos en cuestión supondrán la aceptación de un marco legal común, a través del cual se
concedía un protagonismo muy importante a los sindicatos, además de intentar resolver
cuestiones como por ejemplo la supresión de la censura o el desarrollo de la cuestión
autonómica.
El balance final de la aplicación de los pactos de la Moncloa será diverso, pues, se reducirá la
inflación pero el paro se convertirá en un verdadero problema puesto que afectará a un 70% de la
población activa. Los acuerdos se mantendrán durante todo el periodo constituyente.
Las Comunidades Autónomas eran definidas como las provincias o agrupaciones de provincias
que poseen un sistema de autogobierno y asumen determinadas competencias, reguladas por
los Estatutos de Autonomía, en los cuales también se definen sus instituciones de autogobierno:
Asamblea Legislativa, Gobierno Autonómico, Presidencia, Tribunal Superior de Justicia, Defensor
del pueblo propio. Las autonomías tenían funciones en sanidad, educación, obras públicas,
urbanismo, cultura, turismo, pesca, protección del medio ambiente, etc. (algunas incluso tienen
competencias de seguridad ciudadana: Ertzaintza, Mossos d'Esquadra , etc.).
El primer Estatuto fue el de Cataluña, aprobado en 1979, a los cuales siguieron los de País Vasco,
Galicia, y el resto de autonomías, cerrándose el proceso con la aprobación de los estatutos
ceutíes y Melilla en 1995. A pesar de esto, es el punto que más descontentos ha creado, puesto
que el estado de las autonomías era contemplado por muchos como un despilfarro e iba contra
su visión centralista de España, para otros el modelo de Sido quedaba cerrado con las
autonomías, mientras para los nacionalistas se quedaba escaso (excesivo protagonismo del
gobierno central en determinadas políticas - exterior, fiscal, etc.-, prohibición de federación entre
autonomías, o de referéndums sin la aprobación central, selecciones deportivas propias, etc.).
Además creaba autonomías de primera y de segunda, en poder acceder a la autonomía por 2
vías (artículos 143 o el 151 de la Constitución, que daba más competencias y con mayor rapidez
a las segundas), por no hablar del caso especial de Navarra, con su legislación foral vigente
incluso durante el Franquismo. Mientras las autonomías históricas accedían a través del artículo
151 de la constitución, el resto lo hicieron por el 143 (excepto Andalucía, que después de un
referéndum, accedió por el 151).
La derecha había impuesto sus criterios, pero el PSOE pronto tendría la mayoría en el Consejo. El
gobierno valenciano fue recibiendo competencias en materia de sanidad, educación, transportes,
turismo, obras públicas, agricultura, industria, etc., mientras que en otros aspectos compartía las
competencias con el gobierno central y con la CEE (después de la entrada de España en 1986), y
otros quedaban como competencia exclusiva del gobierno de Madrid (defensa, seguridad,
política monetaria, exterior, etc.). Sin llegar a tener el nivel de competencias de Cataluña, Euskadi
o Galicia, el gobierno valenciano ha ido asumiendo casi todas las competencias posibles.
El primer gobierno socialista iniciará la tarea de gobernar España en diciembre de 1982, con el
apoyo de una mayoría de parlamentarios socialistas a las Cortes. Entre los hechos más
importantes que caracterizarán los años del primer gobierno socialista hay que destacar la
expropiación del holding RUMASA, el juicio contra los golpistas del 23-F y la aprobación de toda
una serie de leyes que determinarán la oposición de las fuerzas políticas conservadoras, como
por ejemplo la ley de aborto.
Aun así, desde un primer momento los socialistas se plantearán tres objetivos al ámbito de la
política internacional:
a) La universalización de las relaciones diplomáticas (reconocimiento del Estado de Israel en
1986).
b) La mejora de las relaciones diplomáticas con los países vecinos (Francia, Portugal y
Marruecos).
c) Consolidar una política dirigida a recuperar la soberanía sobre el peñasco de Gibraltar, después
de la apertura de la verja en 1982.
1.2. CARA Y CRUZ DEL GOBIERNO SOCIALISTA
Sin embargo, el más destacado del periodo socialista será la adhesión de España en la
Comunidad Económica Europea, a partir de 1985, y la integración parcial en la OTAN, después
del triunfo del si en el referéndum sobre la entrada en esta organización, en 1986. Pero a pesar de
que hay que reconocer los méritos del PSOE en los procesos de integración antes enmendados,
no hay que olvidar que serán los gobiernos de la *UCD, en ocasiones con la oposición del PSOE,
los que iniciarán los procesos de adhesión a los organismos en cuestión.
Aun así, desde 1986 se celebrarán cuatro consultas electorales. Las dos primeras las ganará el
PSOE por mayoría absoluta, la tercera (1993) también, sin embargo, perderá la mayoría absoluta
ante el crecimiento espectacular del PP, por lo cual Felipe González se verá obligado a pactar con
los partidos nacionalistas, vascos y catalanes. A pesar de todo, en la cuarta convocatoria, la de
1996, el PSOE perderá las elecciones.
Por otro lado, hay que señalar que durante los años de gobierno socialista se producirán cambios
muy significativos en relación a las infraestructuras del transporte, al ámbito de la educación
(aplicación de LOGSE y enseñanza obligatoria hasta los 16 años) y en las relaciones
internacionales. Aun así, la generalización de los servicios sociales se llevará adelante, en algunas
ocasiones, sin una política de consenso con los sindicatos, los cuales organizarán durante este
periodo dos huelgas generales. Además, los casos de corrupción dañarán de manera muy
considerable la imagen del partido y en parte serán la causa que explicará la derrota electoral de
1996.
Durante estos años el dirigente político más importante e indiscutible del PSOE fue Felipe
González, el cual dirigirá durante este periodo un partido, en ocasiones dividido entras los
“guerristas” y los renovadores. Aun así, durante el XXXIV Congreso del PSOE, Felipe González
dimitirá como secretario general del partido y su lugar lo ocupará Joaquin Almunia, dirigente
político que iniciará la renovación del partido.
A través de los Estatutos de Autonomía se organizarán las Comunidades Autónomas, los cuales
reconocerán el derecho de las diferentes nacionalidades de la Estado Español a dotarse de una
Asamblea Legislativa, de un consejo de Gobierno, de un Presidente y de un Tribunal Superior de
Justicia como instituciones más importantes para desarrollar el autogobierno. Incluso, Ceuta y
Melilla, ciudades de soberanía española en el norte de África disponen también de un Estatuto
desde 1995. Aun así, hay Comunidades que coinciden con una sola provincia como por ejemplo
Asturias, Baleares, Cantabria, Madrid, Navarra, Murcia y la Rioja.
Aun así, la cooperación entre las diferentes comunidades autónomas es fundamental por la
desarrollo equilibrado del territorio español, por lo cual las más ricas contribuyen con más dinero
que las más pobres en cuanto al mantenimiento del Estado. Incluso en Cataluña y el País Vasco
disponen de una policía propia con atribuciones cada vez más anchas.
Por lo tanto, hay que señalar que los diferentes gobiernos de la UCD iniciarán las negociaciones
con la CEE, pero a causa de la oposición francesa cuando los socialistas accederán al poder, en
1982, aquello más esencial estaba para definir. A pesar de todo, en 1981, los socialistas
franceses habían conseguido el poder el país vecino, lo cual facilitará el ingreso de España en la
CEE, a causa de las buenas relaciones existentes entre François Mitterrand, presidente de
Francia y Felipe González, jefe de gobierno en España.
3. LA OTAN Y ESPAÑA
3.1. LA UCD Y LA OTAN
A pesar de que el posicionamiento personal de Adolfo Suárez era lo de mantener en España bajo
el estatuto de la neutralidad, fue el gobierno de UCD, presidido por Leopoldo Calvo *Sotelo, el
que decididamente apostará por la integración de España en la CEE y en la OTAN Sin embargo,
al ámbito de las relaciones internacionales la Unión Soviética se opondrá a la aspiración
española, pues se consideraba que la entrada de nuestro país en el OTAN rompería el equilibrio
entre el bloque occidental y el bloque oriental. A pesar de todo, los EE. UU. se mostrarán
partidarios del ingreso de España en el bloque militar que configuraban los países occidentales.
Además, en España tanto el Partido Comunista como el principal dirigente de la oposición, Felipe
González, eran contrarios a la integración de nuestro país en el OTAN La oposición de estas dos
formaciones políticas determinará la organización de una campaña para recoger firmas con el fin
de celebrar un referéndum sobre la cuestión.
Sin embargo, el gobierno de Calvo Sotelo conseguirá aprobar la adhesión a la Alianza Atlántica lo
de octubre de 1981. Así, se iniciaban las negociaciones oficiales de la Estado Español con los
diferentes países que se integraban en el OTAN y en 1982 España presentaba el protocolo de
Adhesión.
Felipe González para solucionar las contradicciones entre la postura que defendía antes de dirigir
el gobierno de la nación y la que mantenía desde el acceso al poder de su partido, decidirá
convocar un referéndum en 1986. Al fin, la sociedad española se pronunciará de manera
favorable sobre la continuidad de España en la OTAN, a pesar de que el referéndum lo ganará el
si por una margen muy escaso.