Unidad 5 Género y Violencias
Unidad 5 Género y Violencias
Unidad 5 Género y Violencias
INTRODUCCIÓN
El presente material pretende realizar un breve recorrido introductorio sobre las temáticas
de derechos humanos, género, violencias y legislaciones internacionales, nacionales y
provinciales que nos permiten abordarlos.
16 En la actualidad nos encontramos transitando cambios sociales y culturales. Las
instituciones no son ajenas a esos procesos por lo cual deben acompañar esos cambios y adaptar
o reformar hábitos y prácticas siempre que sea necesario. La Policía de la Provincia de Córdoba
está en un continuo proceso de revisión y trabajo interinstitucional y multidisciplinario,
estableciendo espacios de reflexión, de análisis, de investigación y de formación continua, para
el conocimiento de diversas problemáticas y la formulación de respuestas institucionales
adecuadas.
La institución policial tiene un rol fundamental dentro de la sociedad, ya que es la
responsable de acudir a toda ayuda solicitada ante la advertencia de un hecho que genere la
violación, daño y atropello hacia otros; para ello requiere un enfoque con perspectiva de
derechos, ciudadanía y género.
El objetivo de este material de lectura es abordar diversas temáticas a fin de insertar a las
y los postulantes en un contexto actual que les permita detectar situaciones de violencia y
conocer cuáles son las herramientas legales para intervenir de manera adecuada en nuestro
territorio.
Dentro de este marco legal se establecen los siguientes instrumentos legales: Ley
Nacional N° 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia
contra la mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales, Ley
Nacional de Identidad de Género N° 26.743, Ley Nacional Nº 27.499 “Ley Micaela”, Ley
Provincial N° 9.283 de Violencia Familiar y su modificatoria Ley N° 10.400, y Ley Provincial
Nº 10.401, las cuales forman parte del presente material de estudio.
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Sin embargo, la adopción de la Declaración Universal no puso fin a los abusos contra los
derechos humanos de todas las personas y sectores minoritarios. En estos sectores se
encontraban las mujeres que seguían siendo objeto de discriminaciones. Por lo tanto, en 1967,
los Estados miembro de las Naciones Unidas aprobaron la Declaración sobre la Eliminación de
la Discriminación contra la Mujer, instando a los Estados a adoptar medidas para “abolir las
leyes, costumbres, reglamentos y prácticas existentes que constituyen una discriminación en
contra de la mujer, y para asegurar la protección jurídica adecuada de la igualdad de derechos del
hombre y la mujer”. Esta Declaración llevó a la comunidad internacional a trabajar en un tratado
específico que fuera jurídicamente vinculante: la Convención sobre la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra la Mujer.
En 1979, la Asamblea General aprobó la Convención sobre la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) que a menudo se describe como una Carta
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Internacional de Derechos Humanos para las mujeres. Este es el primer instrumento
internacional que reconoce explícitamente las condiciones estructurales de desventaja de las
mujeres, considera las diversas formas de discriminación que viven día a día y establece
parámetros de políticas para combatirlas. Define por discriminación a “toda distinción, exclusión
o restricción basada en el sexo que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el
reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la
base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades
fundamentales”. Y en este sentido “la discriminación contra la mujer viola los principios de
igualdad y respeto de la dignidad humana, que dificulta la participación de la mujer, en las
mismas condiciones que el hombre, en la vida política, social, económica y cultural de su país,
que constituye un obstáculo para el aumento del bienestar de la sociedad y de la familia y que
entorpece el pleno desarrollo de las posibilidades de la mujer para prestar servicio a su país y a la
humanidad”.
Gracias a las convenciones y tratados, (a los que aquí hemos hecho mención y que
creemos son fundamentales para contextualizar históricamente la problemática) las mujeres
pudieron ponerse en la agenda de los Estados y Argentina no fue ajena al acompañamiento a
través de procesos legislativos.
Nuestro país en el año 1994, en el art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional, eleva a
rango de Legislación Supranacional, los tratados que son ratificados y da origen al bloque
constitucional de derechos humanos al adherirnos a diferentes convenciones. En cuestiones de
igualdad de género incorpora la adhesión a la 19
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Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
(CEDAW). Y en el año 1996, se suscribe, mediante la promulgación de la Ley 24.635, la cual
otorga jerarquía constitucional a la Convención de Belem do Pará.
En el año 2009 se sanciona la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar
y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones
interpersonales; la misma responde a la obligación internacional del Estado Argentino de adoptar
todas las medidas posibles para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.
Esta ley es de aplicación en todo el territorio nacional y de la misma se desprenden las
legislaciones provinciales en materia de género.
PERSPECTIVA DE GÉNERO
Para poder comprender a qué nos referimos cuando hacemos mención a la perspectiva de
género, primero será necesario preguntarnos: ¿de qué hablamos cuando hablamos de
patriarcado?
La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define al patriarcado como una
“organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia
denominado patriarca”3. Y etimológicamente la palabra deriva del latín tardío patriarchālis, que
significa “gobierno de los padres”. Entonces patriarca y patriarcado derivan de la palabra pater.
En la antigüedad el pater familias era el ciudadano independiente que tenía el control de todos
los bienes y personas que pertenecían a la casa. Tenía la capacidad jurídica para hacer lo que
quisiera y ejercer la patria potestad sobre la familia. Es así, que, el patriarcado es una creación
histórica elaborada por hombres y mujeres en un proceso que lleva siglos y siglos.
“De allí que el patriarcado establezca el dominio masculino sobre la figura femenina y los
demás miembros de un grupo familiar y social. En este sentido, el patriarcado impone una
distribución desigual del poder y de los derechos entre hombres y mujeres. Dicha desigualdad ha
impulsado diversos movimientos y luchas feministas a favor del respeto e igualdad de trato y
derechos femeninos en relación con los hombres”4.
Por las desigualdades es que comenzamos a hablar de patriarcado, como un 20 sistema
social, económico y político que organiza a la sociedad dándole diferentes lugares y acceso al
poder a los diferentes grupos humanos en función de su condición biológica, social, estética,
económica, cultural, raza, etc.
Adriana Guzmán, define al patriarcado como el sistema de todas las opresiones, de todas
las discriminaciones, todas las violencias que vive la humanidad y ha sido construido
históricamente sobre el cuerpo de las mujeres. Por su parte, Rita Segato precisa al patriarcado
como un sistema político primigenio. Es la primera forma de desigualdad, poder, prestigio, y
soberanía.
Ya hemos puesto en palabras a qué nos referimos cuando hablamos de patriarcado,
pero… ¿Por qué hablar de perspectiva de género?:
Entendiendo que el patriarcado es una estructura que reproduce desigualdades y como
espacio que hay que romper para generar condiciones de igualdad en la sociedad, es posible
comprender como contrapunto a qué se hace referencia cuando se piensa, reflexiona y acciona
desde la perspectiva de género.
Desde esta perspectiva se pretende desnaturalizar, desde el punto de vista teórico y desde
las intervenciones socio-culturales, el carácter jerárquico atribuido a la relación entre los géneros
y mostrar que los modelos de ser varón o mujer, así como la idea de heterosexualidad obligatoria
son construcciones sociales, que determinan lo que cada persona debe-puede hacer acorde al
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lugar que la sociedad atribuye a su género. La perspectiva señalada nos orienta y amplía la
mirada, permitiéndonos construir conceptos y acciones para su discusión, revisión y
modificación. Cimienta el respeto de las personas como sujetos instalados en una realidad social
que los determina, pero que están en capacidad de transformar a partir de aprendizajes y
estrategias personales y colectivas.
Es necesario destacar que, frente al sistema patriarcal, fueron las mujeres las que
visibilizaron las desigualdades, pero en la actualidad no podemos verlo solo como desigualdad
hacia las mujeres, la perspectiva nos permite ver la desigualdad de poder, también, hacia otros
sectores como las infancias, las disidencias y demás sectores vulnerables. Por ellos, la
perspectiva de género debe ser mirada como meta a un cambio hacia la igualdad, respeto y
cumplimiento de los derechos humanos. 21
El género pensado como una categoría de análisis nos permitió ver estas desigualdades
entre hombres y mujeres, visibilizando las diferencias que las sociedades establecen. Hablar de
género permite reconocer relaciones desiguales de poder en tanto que las características y
actividades asociadas a lo masculino revisten de mayor jerarquía social.
Puesto que el género es una construcción social, los roles adjudicados son 22 plausibles de
modificaciones en el tiempo y lugar, por lo cual estas percepciones nos permiten pensar en una
lucha por la igualdad de todos los sectores a través de intervenciones socio-comunitarias,
educativas y políticas.
A diferencia del género, el sexo no es una construcción socio-cultural, sino que forma
parte de la condición natural de los individuos, del orden de lo biológico, la materialidad de los
cuerpos en la genitalidad que nos distinguen de machos y hembras. Si bien se da por supuesto
que la genitalidad es invariable y fija, ésta es posible modificarla hormonal y quirúrgicamente.
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DIVERSIDAD SEXOGENÉRICA
Pensar a la masculinidad y femineidad binariamente produce desigualdades naturalizando y
justificando las relaciones jerárquicas entre hombre y mujeres, como así también, invisibiliza a
otras corporalidades, identidades y vínculos afectivos que escapan a la cultura de género binario.
La diversidad sexo-genérica rompe con esta héteronorma que delimita y reconoce solo dos
identidades sexuales (hombre/mujer), re-conociendo que la identidad es una construcción
dinámica cultural y subjetiva, siendo el modo en el que nos presentamos al mundo.
El término diversidad sexo-genérica, fue instalado y difundido por las organizaciones sociales y
activistas que participan activamente por la visibilización y legitimación de las identidades
LGBTIQ (lésbicas, gays, bisexuales, trans, intersexual, queers) para identificar la multiplicidad
de identidades, sexualidades y géneros que, históricamente, han sido estigmatizados. Además, el
movimiento crea este concepto con el sentido político de desnaturalizar las definiciones de varón
y mujer presentándolas como construcciones culturales, parciales y marcadas por las
experiencias particulares de cada persona.
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La ley define por identidad de género, “a la vivencia interna e individual del género tal
como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento
del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la
modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos,
quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras
expresiones de género, como la vestimenta, el modo 25 de hablar y los modales.”
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El concepto género señala la construcción cultural de la diferencia sexual, es decir que,
las diferentes conductas, actividades, prácticas y funciones de hombres y mujeres son una
percepción y enmarcado social antepuesto a lo biológico de cada cuerpo.
Integrar el género implica un cambio de percepciones, relaciones y modalidad de trabajo
para el respeto de la identidad autodefinida de cada persona. En este sentido la ley representa una
transformación de la forma de mirar la realidad, al generar un cambio cultural en pos de la
igualdad real de las personas reconociendo los siguientes derechos humanos:
a) al reconocimiento de su identidad de género;
VIOLENCIA DE GÉNERO
“La Violencia de género es un problema social que afecta a las mujeres principalmente y
a las personas con identidades disidentes en todos los niveles sociales, económicos y culturales.
Se trata de relaciones que implican un abuso de poder por parte de quien ejerce el maltrato.” 1
En el año 2009 se promulga la Ley Nacional 26.485 de Protección Integral para Prevenir,
Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos que desarrollen sus
Relaciones Interpersonales.
El objeto de la ley está dirigido a promover y garantizar la eliminación de la
discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida, el derecho de las mujeres
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a vivir una vida sin violencia, las condiciones aptas para sensibilizar y prevenir, sancionar y
erradicar la discriminación y la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones
y ámbitos, el desarrollo de políticas públicas de carácter interinstitucional sobre violencia contra
las mujeres, la remoción de patrones socio-culturales que promueven y sostienen la desigualdad
de género y las relaciones de poder sobre las mujeres, el acceso a la justicia de las mujeres que
padecen violencia y la asistencia integral a las mujeres que padecen violencia en las áreas
estatales y privadas que realicen actividades programáticas destinadas a las mujeres y/o en los
servicios especializados de violencia.
Además, la ley define a la violencia contra las mujeres como “toda conducta, acción u
omisión, que, de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado,
basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física,
psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan
comprendidas las perpetradas desde el 27 Estado o por sus agentes”.
Los antecedentes a esta legislación Nacional que amplía las modalidades en las que se da
la violencia contra las mujeres, remiten necesariamente a la Ley Nacional 24.417 sancionada en
el año 1994 de Protección contra la Violencia Familiar y a la sanción del año 2006 de la Ley
provincial 9.283 de Violencia Familiar, con sus modificatoria Ley 10.400.
Se reconoce a la Ley Nacional de Protección Integral, un aporte fundamental que
trasciende la concepción de violencia contra las mujeres, ya no es entendida solo como el golpe
que recibe una mujer, definida en la violencia física, sino que, además, logra plantear la
existencia de otros tipos de violencia y modalidades.
La violencia familiar, la violencia dirigida a las mujeres, niñas, niños y adolescentes, los
delitos específicos contra la integridad sexual y la trata de personas implican una violación a los
derechos humanos. Esa violación se fundamenta en la cosificación, el derecho de propiedad y la
explotación de las personas pertenecientes a determinados grupos sociales, en estado de
vulnerabilidad, siendo el femicidio su máxima expresión.
Diana Russell afirma en 1976 que el femicidio corresponde a las formas más extremas de
violencia hacia las mujeres cometido por un hombre, por el hecho de ser mujer, tanto en el
ámbito público como privado. Años más tarde, (1990) amplia la categoría correspondiéndola al
asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por el odio, el desprecio, el placer o por un
sentido de propiedad sobre las mujeres.
Nuestro país, en el año 2012 sanciona la Ley Nacional 26.791, modificatoria del Código
Penal Argentino, incorporando de esa manera la figura de femicidio, como agravante del delito
de homicidio.
VIOLENCIA FAMILIAR
La violencia, en sus diversas formas, es el abuso de poder dirigido hacia una persona,
donde la desigualdad de poder producto del género y edad son los principales componentes que
la definen. La concepción de abuso de poder implica la existencia de jerarquías, reales o
simbólicas. Alude a formas de relaciones que buscan 28 dominar o someter.
La ley 9.283 y su modificatoria 10.400, de Violencia Familiar de la Provincia de
Córdoba, tiene por objeto “la prevención, detección temprana, atención y erradicación de la
violencia familiar y de la violencia hacia las mujeres por cuestiones de género en la modalidad
doméstica, definiendo tanto el marco preventivo como los procedimientos judiciales para lograr
tal cometido”.
A su vez la ley define la Violencia Familiar como “toda acción, omisión o abuso dirigido
a dominar, someter, controlar o agredir la integridad física, psíquica, moral, psicoemocional,
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sexual y/o la libertad de una persona en el ámbito familiar, aunque esa actitud no configure un
delito”. Se considera como grupo familiar, “al surgido del matrimonio, de uniones
convivenciales o de relaciones afectivas, sean convivientes o no, persista o haya cesado el
vínculo, comprendiendo ascendientes, descendientes, colaterales y afines.”
De acuerdo a quién esté dirigida, podemos reconocer:
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denuncian episodios de violencia. El mismo, se compone por el uso de tobilleras
electrónicas de 30
geolocalización, la cual se le coloca al “agresor” y permite brindar mayor
seguridad a las “víctimas”, asegurando que el “agresor” no ingrese a las zonas
fijadas por los magistrados que ordenan cada medida preventiva.
Además, tanto el “agresor” como la “víctima” reciben un aparato receptor que
funciona como un teléfono celular con GPS, permitiendo monitorearlos en tiempo
real dando la ubicación exacta de los involucrados y brindando una mayor
protección a la “víctima”.
Los dispositivos mencionados permiten la protección de la persona que se encuentra en
una situación de violencia sin irrumpir en su vida cotidiana, dado a que los dispositivos permiten
que continúe con su vida habitual siendo monitoreada las 24 hs. De esta forma se evita que deba
tener una consigna policial constante en su domicilio o una custodia permanentemente.
Violencia física: es todo acto de agresión en el que se utilice cualquier parte del cuerpo,
algún objeto, arma, sustancia o elemento para sujetar, inmovilizar o causar daño a la integridad
física de otra persona, encaminado hacia su sometimiento o control.
Violencia psicológica o emocional: es la que siempre está presente. Es la originada por
aquel patrón de conducta, tanto de acción como de omisión, de carácter repetitivo, consistente en
prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, actitudes devaluatorias
o de abandono, capaces de provocar, en quien las recibe, deterioro o disminución de la
autoestima y una afectación a su estructura de personalidad.
Violencia sexual: es definida como el patrón de conducta consistente en actos u
omisiones que infrinjan burla y humillación de la sexualidad, inducción a la realización de
prácticas sexuales no deseadas y actitudes dirigidas a ejercer control, manipulación o dominio
sobre otra persona, así como los delitos contra la libertad y el normal desarrollo psicosexual. Se
incluyen la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco,
exista o no convivencia; así como también la prostitución forzada, explotación sexual, acoso,
abuso sexual y trata de mujeres.
Violencia económica y patrimonial: es aquella provocada por acciones u 31 omisiones
cuya manifiesta ilegitimidad implique daño, pérdida, transformación, sustracción, destrucción,
ocultamiento o retención de bienes, instrumentos de trabajo, documentos o recursos económicos,
por las cuales las víctimas no logran cubrir sus necesidades básicas, con el propósito de
coaccionar la autodeterminación de otra persona. Se incluye la limitación o control de sus
ingresos.
Violencia simbólica: es aquella que se da a través de patrones estereotipados, mitos,
mensajes, valores, íconos o signos que trasmiten y reproducen dominación, desigualdad y
discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la
sociedad.
Violencia doméstica contra las mujeres: es aquella ejercida contra las mujeres por un
integrante del grupo familiar, independientemente del espacio físico donde ésta ocurra, que dañe
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la dignidad, el bienestar, la integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la
libertad, comprendiendo la libertad reproductiva y el derecho al pleno desarrollo de las mujeres.
Se entiende por grupo familiar el originado en el parentesco sea por consanguinidad o por
afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos. Incluye las relaciones
vigentes o finalizadas, no siendo requisito la convivencia.
Violencia institucional contra las mujeres: es aquella realizada por las/los
funcionarios/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o
institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan
acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley. Quedan
comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos, sindicatos, organizaciones
empresariales, deportivas y de la sociedad civil.
Violencia laboral contra las mujeres: es aquella que discrimina a las mujeres en los
ámbitos de trabajo públicos o privados y que obstaculiza su acceso al empleo, contratación,
ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo, exigiendo requisitos sobre estado civil,
maternidad, edad, apariencia física o la realización de test de embarazo. Constituye también
violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual remuneración
por igual tarea o función. Asimismo, incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática
sobre una determinada 32 trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral.
Violencia contra la libertad reproductiva: es aquella que vulnere el derecho de las
mujeres a decidir libre y responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los
nacimientos.
Violencia obstétrica: es aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los
procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de
medicalización y patologización de los procesos naturales.
Violencia mediática contra las mujeres: es aquella publicación o difusión de mensajes
e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera
directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame,
discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la
utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando
la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o
generadores de violencia contra las mujeres.
Violencia en el espacio público: es aquella ejercida por una o más personas, en lugares
públicos o de acceso público, como medios de transporte o centros comerciales, a través de
conductas o expresiones verbales o no verbales, con connotación sexual, que afecten o dañen su
dignidad, integridad, libertad, libre circulación o permanencia y/o generen un ambiente hostil u
ofensivo. Esta modalidad es incorporada en el año 2019 con la sanción de la Ley 27.50126, en la
que se incorpora al acoso callejero como otra modalidad de la violencia contra las mujeres.
Violencia política: en el año 2019 se hace una nueva modificación a la Ley
26.485 de protección Integral, con el objetivo de visibilizar, prevenir y erradicar la violencia
política contra las mujeres (Ley 27.533). Violencias que, fundadas en razones de género,
mediando intimidación, hostigamiento, deshonra, descrédito, persecución, acoso y/o amenazas,
impida o limite el desarrollo propio de la vida política o el acceso a derechos y deberes políticos,
atentando contra la normativa vigente en materia de representación política de las mujeres, y/o
desalentando o menoscabando el ejercicio político o la actividad política de las mujeres.
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CICLO DE LA VIOLENCIA
La violencia hacia la mujer es una violencia cíclica, es decir que se produce en un círculo
vicioso del que es muy difícil salir, dado por la dependencia económica y/o emocional de la
mujer hacia el hombre.
Para poder comprenderla explicaremos sus fases:
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El mito es una creencia sin sustento científico, que se pretende una verdad absoluta y
natural; los estereotipos de género son los moldes con los que se educa a las personas desde la
socialización temprana. Los estereotipos de género se incorporan como verdades rígidas que se
naturalizan como la única forma posible de ser, oprimiendo la libre expresión de la identidad.
No existen modelos ideales de ser mujer o varón en nuestra sociedad; hay tantas formas de ser
varones y mujeres, como personas que existen.
Algunos de los mitos que reproducen la violencia en las parejas:
El Estado tiene un rol clave en proteger y garantizar los derechos de las mujeres a vivir
una vida sin violencias. Los marcos legales obligan al Estado, tanto 39 nacional como provincial,
a generar una política definida para combatir y prevenir las violencias de género en todas sus
formas. Pese a las limitaciones, y si bien aún se está lejos de alcanzar los objetivos deseados, es
importante mencionar que la provincia cuenta con diferentes acciones y políticas de asistencia
integral a las víctimas en situación de violencia.
En la Provincia de Córdoba contamos con los siguientes organismos públicos donde
pueden ser acompañadas y asistidas las personas que se encuentren atravesando una situación de
violencia de género y/o familiar.
● El Polo Integral de la mujer: Modelo de gestión que integra espacios de denuncia, asistencia
y protección de la mujer y sus hijas e hijos en situación de violencia. (Entre Ríos 680, Bº
Centro, Ciudad de Córdoba).
● Polos Integrales de la Mujer en Situación de Violencia en el interior provincial: Cruz del Eje
- Marcos Juárez - San Francisco - Villa María - Rio Cuarto.
● Secretaría de Lucha contra la Violencia a la Mujer y Trata de Personas.
(Entre Ríos 680, Bº Centro, Ciudad de Córdoba).
● Dirección General del Centro Integral de Varones en Situación de Violencias: Destinado a la
atención de víctimas y/o victimarios que lleguen al mismo, ya sea a través de oficio judicial,
que estén bajo programa en el Polo Integral de Violencia o que provengan desde el Servicio
Penitenciario y que estén detenidos por violencia de género.
(Rondeau 258, Bº Centro, Ciudad de Córdoba).
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● Departamento de Coordinación de Acciones contra la Violencia de Género. Policía de la
Provincia. Se encarga de la entrega de Dispositivo Botón Antipánico o Dispositivo Dual.
Dichos dispositivos son una medida protectora hacia las personas que se encuentran en
situación de violencia familiar los cuales son monitoreados conjuntamente con la Jefatura de
Policía. (Entre Ríos 680, Bº Centro, Ciudad de Córdoba).
Para los casos en que se deba realizar la denuncia sobre un hecho de violencia de
género y/o familiar se pueden acudir a las siguientes direcciones:
Si nos encontramos en la capital de la provincia podemos realizarla en:
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