Historias
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El sol caa a plomo sobre el castillo de los Akechi, pero los centinelas permanecan inmviles en sus puestos, lo cual,
por lo dems, no tenia nada de raro, ya que eran muecos de paja cubiertos por andrajos y con piezas de armadura
puestas sobre ellos.
Sin embargo bajo las murallas, entre las fortificaciones se mueven algunas figuras, casi todas buscando una sombra
donde tomar el rancho de arroz con pescado. Uno de estos grupos, de cinco guerreros se resguarda a la sombra del
torren noroeste. Tres de ellos llevan kimonos y armaduras de samurai, otro va vestido con la dorada armadura de
los yamabushis de Yelmalio, el ultimo lleva una armadura de cuero y porta armas extraas, adems sus rasgos son
muy peculiares, su piel es de color rosado y sus ojos son redondeados. Los tres samuris son Imai Tomoyuki, Kasumi
Akira y Ota Saru (como es costumbre en Vormain el apellido precede al nombre de pila). Tomoyuki es un orgulloso
samurai de noble estirpe, Akira esta mas acostumbrado a leer informes y supervisar obras que a combatir, pero esta
orgulloso de su linaje y Saru es un samurai-wako, cuyo abuelo era un simple pescador, y que ha participado en
varias expediciones piratas. Tensui es un yamabushi de Yelmalio, hecho recalcado por su brillante cota de anillos
dorada y encantada para reflejar todo el esplendor de Yelm. Por ultimo Mecaroth es un gaijin, un brbaro
misterioso llegado del Lejano Oeste y al que no le gusta hablar mucho de si mismo.
A este grupo tan dispar se dirige uno de los oficiales del castillo y les habla as: "moved vuestros traseros, Kogaratsu
San requiere vuestra presencia en la puerta norte, deprisa". Rpidamente los aventureros se colocan bien sus
armaduras toman sus armas y se dirigen a donde se les ha ordenado.
Al llegar a la puerta norte ven que otros quince guerreros han llegado antes, tambin se encuentran con Nakamura
Kogaratsu, el mejor guerrero del clan Akechi, puesto al mando del castillo por Akechi Shingen. Con voz firme y
severa, Nakamura se dirige a ellos:
"Se os ha concedido el honor de salir de descubierta a las ordenes de Mutai Enzo. Cumplid sus ordenes como si
fueran las mas". Mutai Enzo, uno de los oficiales de Nakamura, se dirige a los guerreros con un lacnico: "coged
agua y provisiones para un da y en marcha".
El pequeo grupo de exploracin avanza cautelosamente hasta la mayor elevacin de las cercanas, la colina del
Salto del Caballo (nombre muy curioso, ya que no hay caballos en Vormain). Desde una roca en la cima, Enzo
examina el paisaje boscoso a sus pies. Decide enviar tres cuadrillas de cinco exploradores en diferentes direcciones.
Hace llamar a Tomoyuki y le pone al mando de los dems personajes y le dice que deben dirigirse en direccin a la
aldea de Nobuta.
La melancola se apodera de los samuris mientras recorren los caminos de su infancia rodeados del esplendor del
verano, pensando que es probable que sea la ultima vez que los vean en esta vida. Sin embargo su ensoacin se ve
turbada por una columna de humo que se eleva entre los rboles. Cautelosamente la cuadrilla se acerca al lugar,
hasta que oye una voz cantando al ritmo de unos golpes de hacha. Saru, el intrpido wako, se ofrece a ir en
descubierta de avanzadilla. Lo que descubre es a un carbonero cortando lea junto a su montculo donde esta
elaborando carbn.
Tomoyuki decide que ignoren al carbonero y se dirijan hacia la aldea. Finalmente ven la primera seal de la cercana
de la aldea, una linterna de piedra. Se adentran en la espesura y se acercan a la aldea por el templo de Valzain.
Mientras estn examinando el templo, Mecaroth oye un ruido y se gira a tiempo de ver una sombra furtiva y
embozada que se desliza entre el follaje, mientras los personajes deciden el curso de accin a tomar se oye un grito
y empiezan a salir ninjas por doquier.
Salen por todos lados, de encima de los rboles de entre los arbustos, del templo, incluso uno se deja caer
de los rboles sobre Akira. Pero los prfidos asesinos han elegido mal a sus victimas. Un flechazo de Saru deja cojo a
uno de ellos, mientras que Tomoyuki despacha con un golpe de katana a un ninja, igual que Tensui con su naginata
acaba con otro, mientras los dems tratan de mantener a raya al enemigo que les corresponde. Mientras Tomoyuki
se vuelve victorioso ve como un ninja destripa a su amigo Akira, que cae al suelo, y corre a ayudarlo. Mientras tanto
Saru y Tensui se encaran con otro ninja, que al ver a dos enemigos ante el, arroja su ninjato, y metindose las
manos en el kimono saca dos shurikens que arroja a los dos compaeros, que escapan de tan vil ataque y
despachan al ninja. Mientras tanto Mecaroth combate con un sorprendido ninja que no sabe muy bien como
detener con su ninjato las fintas aprendidas por el gaijin de los esgrimistas vadelinos en las calles de Nochet y Sog,
primero recibe una herida en pleno vientre y luego es rematado sin piedad.
Viendo su desventaja los ninjas se retiran, el que recibi el flechazo en la pierna se la cura y sale corriendo
aprovechando la confusin, el ninja que ha derribado a Akira, cuando Tomoyuki y Tensui estn dispuestos a
echrsele encima desaparece en una nube de humo.
Akira agoniza, sus compaeros tratan de cerrar sus heridas pero sus esfuerzos parecen vanos. Finalmente,
Tensui invoca la luz curadora de Yelmalio y cierra las heridas de Akira, que se levanta como si estuviera intacto
gracias a la divina intervencin.
Los aventureros examinan el pobre templo campesino sin encontrar nada de inters. Tomoyuki decide que
ha llegado el momento de que vuelvan al punto de reunin con Enzo, donde otro de los grupos informa de que se
ha encontrado con el ejercito de los Mori, mas de dos mil hombres, en el horizonte, se distingue, incluso a la roja luz
del ocaso la polvareda que levantan en su avance.
El da siguiente pasa sin pena ni gloria en el castillo de los Akechi. Tensui se recoge junto a su dios en una
capilla condenada, ofreciendo parte de si mismo a Yelmalio para recuperar el toque curativo que uso con Akira.
Meca observa asombrado en su guardia nocturna a Akechi Tokuri hablar aparentemente con el aire mientras
contempla las flores de fuego de las hogueras de los Mori, apenas a unos kilmetros del shiro.
Al da siguiente, dos horas despus del amanecer, el ejercito enemigo empieza a formar frente a las murallas
del castillo. Nakamura Kogaratsu se desliza entre sus soldados y sube a una de las torres para gritar su desafi al
ejercito enemigo. Un samurai sale entre ellos y Kogaratsu y el combaten con gran maestra a medio camino del
ejercito enemigo y las murallas. Vence la leyenda de los Akechi que se retira inclinando su cabeza en seal de
respeto al cado. Ahora es el turno de Tomoyuki.
Enrgico y decidido sube a la torre y lanza su desafi:
"Seguidores de Mori Terumoto, contamina vuestro ejercito la presencia de algn perro Mikoshi?, yo, Imai
Tomoyuki desafi a cualquiera de ese clan de perros traidores a un combate singular"
De entre las filas de los Mori se oye la respuesta:
"Yo, Mikoshi Tadabonu, hijo de Mikoshi Rotaro, te har comer tus palabras, perro".
Sin mostrar emocin alguna, Tomoyuki baja la muralla, pasa a travs de la puerta del castillo y sale por ellas.
Mientras su enemigo Tadabonu camina hacia el lugar donde ha cado su camarada. Los dos enemigos se enfrentan
con las katanas desenvainadas, se miran a los ojos, y con un terrible grito de batalla se lanzan uno contra otro, el
combate termina en este primer lance, ya que con un elegante golpe de katana Tomoyuki destripa a su enemigo,
para luego decapitar su cadaver.
Cuando vuelve al castillo, uno de los aventureros le pregunta que ha hecho."He vengado a mi clan", es su
lacnica respuesta.
Tras este breve interludio para honrar las antiguas tradiciones, los Mori se lanzan al asalto sin mas
prembulos, las flechas de los Akechi no pierden blanco entre la masa de guerreros enemigos, pero son demasiados
y estn demasiado bien protegidos para que las flechas les hagan algo, as que acaban llegando al pie de las
murallas y apoyando sus escalas en las murallas. Los aventureros dejan sus arcos y se preparan a recibir a sus
enemigos con sus armas de cuerpo a cuerpo, salvo Saru, que tras comprobar que no se toca retirada como el
quera, prepara un innoble conjuro para robar la voluntad de victoria a su siguiente enemigo. Mientras las
miserables habilidades e intenciones de Saru fracasan lastimosamente, Tensui parece una encarnacin de la
guadaa segadora con su naginata, Tomoyuki y Akira consiguen mantener a raya a sus enemigos, pero Mecaroth
solo consigue herir al suyo, dejndole su rapier clavado en el brazo derecho. Su enemigo, desesperado, se arroja
contra el con idea de hacerle caer al patio, aunque suponga su propia muerte. Cuando parece todo perdido, los
enemigos se retiran. De momento.
CAPITULO II: RUMBO AL SUR.
Tras el terrible envite de los Mori, Kogaratsu-san examina la situacin con gesto preocupado. Tras reflexionar
unos momentos mirando hacia el ejercito enemigo, que se repliega por toda la explanada que rodea el castillo. Con
semblante severo manda reunir a la tropa y da sus ordenes. Han cado ya muchos, demasiados, no sern capaces de
soportar el siguiente asalto, as que solo se quedaran treinta, que se irn replegando en grupos de diez, todos los
dems deben embarcar. De entre los compaeros se quedan Saru, Akira, Tensui y Tomoyuki, solo Mecaroth
embarca.
Apenas tres horas despus los Mori lanzan un nuevo asalto, las flechas se pierden entre ellos como si se
lanzaran contra las olas de un mar embravecido, y avanzan igual de inexorablemente. A la orden de Nakamura los
combatientes se van retirando y corren hacia el acantilado. Pero Saru tropieza y se cae mientras los Mori allan su
victoria sobre las murallas del castillo, Tensui tambin fracasa miserablemente al descender por la cuerda que
cuelga del acantilado y cae al mar cargado con su armadura, y antes de que empiece a ahogarse le sacan los
marineros del junco. Por su parte Saru se incorpora y echa a correr y desciende por las cuerdas. El junco zarpa
mientras los Mori gritan insultos desde el borde del acantilado, frustrados al descubrir por fin el ardid del que han
sido victimas y sin que quede nadie en quien vengarse.
Sin embargo cuando el junco deja atrs los acantilados los vigas divisan dos buques wako, los cuales llevan el
mon de los Ikawa, otro clan de samuris-wako, aun fiel a los Mori, ademas de ser viejos enemigos de los Akechi. Sin
embargo la maestra de Takeda Yumisu en la navegacin les impide reducir distancias y pronto quedan atrs.
Durante los siguientes siete das el tiempo transcurre tranquilamente, sin sobresaltos. Ota Saru asume su
puesto de primer oficial con naturalidad, mientras los dems aventureros tratan de adaptarse a la vida en el mar, al
vaiven de la nave, a dormir en hamacas en un cuartucho atestado, a la comida preservada, y demas delicias de la
vida en el mar. Sin embargo, al octavo da, el viga divisa una vela en el horizonte. Uno de los oficiales lo examina
con su catalejo y afirma que es un mercante haragalano. El capitn ordena poner proa hacia el, pero Nakamura se
opone. No estn all para saciar los apetitos de los piratas y su dios, sino para cumplir las ordenes de Lord Shingen, y
abordar el buque haragalagano pone en peligro su misin. Takeda se enfrenta a el, y durante un minuto ambos se
miran en silencio, el ambiente se puede cortar con una katana. Finalmente Nakamura cede a los argumentos de
Takeda.
La habilidad del capitn haragalano no existe frente a la del experimentado wako y de hecho su barco esta a
punto de volcar cuando este le intercepta. Los mas osados se arrojan sobre el barco enemigo desde el palo mayor
ayudandose con unas cuerdas, asi lo hacen Mecaroth, Tensui y Kazan, otro yamabushi. Aunque al principio los
haragalanos tratan de resistir, la avalancha de piratas mucho mas duchos en el arte de la guerra es pronto
demasiado para ellos y optan por la rendicin. Y de nuevo se produce un encontronazo entre ambos jefes, mientras
Yumisu quiere seguir la vieja tradicin pirata y acabar con toda la tripulacin y hundir el barco, Kogaratsu no esta
dispuesto a tolerar tal infamia. Esta vez la discusin se inclina del lado de Nakamura Kogaratsu y los supervivientes
son perdonados, sin embargo se derriba el mstil del barco capturado para reducir la velocidad. Sin duda el
mercante debe formar parte de un convoy y cerca puede andar uno de los temibles "Barcos Altos" de Haragala. Con
su bodega llena de barriles de especias y de maderas preciosas el buque vormaines enlentece su marcha
visiblemente.
Tres das despus, y sin que nada digno de mencin haya ocurrido entretanto, se avista una isla, a la que se
dirige el barco para reabastecerse de agua y si es posible tambin de comida. Anclan en una pequea cala, de
arenas blancas y con palmeras de color verde intenso que llegan casi hasta la orilla del mar. Un pequeo grupo
desembarca en un bote y se asegura de que no hay "haragalanos en la costa". Tras esto, la tripulacin harta tras diez
das encerrada en el barco, desembarca en tropel y se desperdiga por la playa. Los marineros dirigidos por el
veterano Anjin se dedican a coger frutas y mariscos y esa noche todos devoran una oppara cena de bigaros
guisados y de colas de langosta sobre lecho de mangos. Y por primera vez en lo que les parece una eternidad,
pueden dormir al aire libre con las estrellas como techo en lugar de en una hamaca en un cuarto atestado.
Pero toda esta calma se ve turbado por un hecho deleznable. Esa noche, mientras Mecaroth esta de guardia
oye un ruido y avisa al jefe de la guardia. Examinan el lugar y ven las huellas de varios pies: desertores!!. Se da la
alarma y se pasa revista. Faltan cuatro marineros y un yamabushi. Por una vez Kogaratsu y Yumisu estn de acuerdo,
hay que perseguirlos y dar un escarmiento. Kogaratsu propone enviar al mismo grupo que tanto xito tuvo en la
descubierto, aunque se les aade otro yamabushi. Precipitadamente la expedicin empieza a seguir el rastro
internndose en la jungla, y eso esta a punto de suponer su perdicin. En medio de la sofocante noche tropical,
cargados con sus armaduras de metal, acosados por los mosquitos, nuestros hroes pronto empiezan a caer
deshidratados, aunque algunos aguantan en pie, pronto queda claro que as no pueden continuar. Se ven forzados a
volver tras sus pasos y dejar en la playa sus armaduras y parte de sus armas, as como a coger varios grandes odres
de agua. as pertrechados y sin mas dilacin, vuelven tras la pista de los fugados.
Tras varias horas atravesando la jungla, los aventureros llegan a una pequea elevacin desde la que divisan
un pequeo poblado. Tras otro par de horas de camino, llegan a las inmediaciones del mismo, de lo que se percatan
al or el escndalo de unos nios jugando. Akira se adelanta sigilosamente y descubre una escena en principio
idlica. Unos nios casi desnudos jugando con una comete, pero, se da cuenta de un pequeo detalle. A todos los
nios les crece del taln un tallo verde y con hojas. Rpidamente, se rene con los dems y finalmente deciden que
Tomoyuki y Tensui irn a hablar con los isleos.
Con las armas envainadas y enseando las palmas de las manos en muestra de intenciones pacificas, ambos
irrumpen en el poblado, y se detienen unos minutos, mientras tanto observan que todos los nativos tienen el
mismo tallo, el cual parece alargarse metros y metros. Con sus pobres nociones de tanyeno, el idioma de estas islas,
Tomoyuki intenta preguntar a los nativos por los desertores. Sin mucha dificultad estos asienten y les hacen seas
para que los acompaen al centro del poblado. all ven un gran circulo de piedra en cuyo centro hay una especie de
bosquecillo, aunque mirando de mas cerca se ve que es una sola planta con cientos de tallos, de esa masa vegetal
surgen los tallos que terminan en cada uno de los nativos. Junto a la planta, yaciendo en el suelo, estn los
desertores, salvo el yamabushi, el cual esta devorando espasmdicamente algo, cuando se acerca, este les mira con
una cara llena de estupida felicidad. El zumo de los frutos que esta comiendo, y que son los mismos que cuelgan del
rbol, le corre por la cara y el pecho. Cuando se acercan, ven que de los talones de los cados estn naciendo tallos
como los de los isleos, y que estn creciendo en direccin a la planta.
Cuando los dos guerreros hacen ademn de llevarse a los yacientes, pero los nativos se lo impiden diciendo
que ahora: "son de Arganthosas". Entonces se dirigen al nico que aun esta consciente y le conminan a que les
acompae, pero este se niega y les ofrece los frutos, cuando ve que estn dispuestos a golpearle con sus armas
empieza a gritar que repudia a Yelmalio y acepta a Arganthosas como su dios. Tensui, casi fuera de si, le golpea con
el astil de su lanza y lo deja fuera de combate. Pero entonces los nativos vuelven a gritar "es de Arganthosas, es de
Arganthosas" y finalmente se ven obligados a abandonar el poblado sin ninguno de los fugitivos. Cabizbajos
comunican su fracaso a los dems y vuelven al barco, donde el siempre enigmtico Akechi Tokuri, tras or su
historia, dice que en sus sueos se ha encontrado con el espritu de la isla, Argentosas "un ser benevolente y
magnnimo" el cual ofrece a cualquiera que consuma su fruto, delicioso por otra parte, el unirse a el y a los nativos
de esta isla, donde se vive tranquilamente, en paz y abundancia "afortunadamente", aade, "ninguno mas de
nosotros es lo bastante sensato para aceptar su oferta".
Tras terminar de abastecer la nave, los hijos de Valzain zarpan de nuevo. Tras unas horas de pacifica
navegacin unas nubes grises y siniestras comienzan a cubrir el horizonte occidental. En apenas una hora el junco
esta luchando por mantenerse a flote contra el terrible temporal.
Las cuadernas crujen, los marineros corren de un lado a otro por la cubierta, mientras los samuris novatos
en estas lides martimas devuelven hasta la primera papilla. El temporal ("tampoco hay para tanto, en mucho
peores me he visto", dice Takeda Yumisu), ruge durante otros dos das. Cuando por fin se para el viento, el timn del
buque no responde. Uno de los marineros se desnuda y se sumerge para echar un vistazo. Al parecer la tormenta a
formado una bola de desperdicios y de algas, y eso impide el correcto movimiento del timn.
Takeda decide que deben embarrancar el barco para limpiar bien el timn. Busca seales de tierra y
siguiendo el vuelo de las aves y buscando trozos de vegetales pronto descubren un atoln coralino donde ponerse a
la labor. Es un lugar hermossimo, una baha semicircular con una playa de arena blanca, y el profundo verde de la
vegetacin enmarcndolo todo entre el azul turquesa del mar y el azul claro del cielo. Los marineros seleccionados
para la tarea se arrojan al agua, y vindolos chapotear, los dems marineros les siguen enseguida, y pronto hasta los
samuris se desvisten y se arrojan a chapotear.
Viendo tanta desvergenza, un irritado Nakamura Kogaratsu ordena a Tomoyuki que con sus compaeros y
otros dos hombres baje a la playa para establecer una guardia y vigilar que no ocurra nada. Tomoyuki despliega sus
fuerzas a intervalos regulares donde acaba la playa y comienza la jungla. Mientras, los dems se divierten
chapoteando en el agua. Entonces de repente se oye un grito de dolor y alrededor de un marinero el agua empieza
a llenarse de sangre. Simultneamente Tomoyuki oye un ruido entre la vegetacin y ve que algo empieza a correr
alejndose de la playa, de la cual empiezan a venir mas gritos y ruido de chapoteo. Sin casi tiempo para actuar, uno
de los hombres se introduce en la espesura, y todos acaban siguindole salvo Tomoyuki, el cual da una penosa
sensacin de impotencia gritando en la playa, como mero espectador de la batalla que se desarrolla entre las olas,
con los arqueros del barco buscando en vano un blanco claro. Finalmente uno de ellos consigue lanzar un disparo
afortunado y acaba con uno de ellos. Cuando arrastran su cuerpo a la playa junto al de los tres marineros que han
muerto, ven que es una enorme criatura verdosa, fea, recubierta de escamas. con brazos y torso humanoide pero
mandbulas y ojos de pez y cola en lugar de piernas. Alguno de los marineros mas veteranos lo reconoce como un
yssabu.
Mientras los perseguidores acechan a su presa entre la espesura. Pronto los dos yamabushis, Tensui y Kazan,
avezados en estas lides, dejan atrs a los dems y logran ver sin ser vistos, atrapando a la criatura. La cual resulta
ser una extraa criatura, una especie de pato antropomorfo. La criatura es capaz de hablar no obstante, y en un
doblemente balbuceante imperial suplica por su vida y pide a los "hijos de yelmalio" que lo protejan de los
"demonios barracuda", una obvia referencia a Tsankh. Inmediatamente llegan los dems perseguidores y poco
despus Tomoyuki. Entre todos y con la ayuda de Anjin, el piloto, que habla perfectamente Tanyeno, entre todos
consiguen que la criatura les cuente su historia:
"Me llamo Suqua y soy un mercader de Haragala, hace seis semanas el buque en el que viajaba naufrago,
pero yo consegu salvarme y llegue hasta esta isla. Durante la primera semana trate de sobrevivir como pude, pero
cuando llego la noche de la luna llena, o el sonido de una caracola y intrigado aunque cauteloso me aproxime al
lugar del atoln de donde proceda, a unos dos kilmetros de aqu. Cuando llego all encontr una extraa
formacin rocosa, la cual semejaba una especie de anfiteatro. En el centro, sobresaliendo entre las olas haba una
gran roca plana en la que haba seis postes de coral. Atnito observo que a los postes estaban atados marineros de
los que haban viajado con el y a su alrededor nadaba un numeroso grupo de ysabues, realizando alguna clase de
ritual, uno de ellos soplaba una caracola llena de runas y colgantes. Al poco hubo una gran conmocin bajo las olas
y emergi un monstruo marino enorme, aunque tenia brazos, el cual empez a devorar a los marineros"
Inmediatamente cunde la alarma mas perentoria. Los yssabues se han llevado a seis marineros, y esta noche
hay luna llena. Rpidamente se prepara un grupo de rescate al mando de Kato y que incluye a los aventureros.
Gracias a Suqua saben donde dirigirse, ya que el ruido de las olas no permite or el sonido de la caracola si uno no
esta cerca del lugar. Cuando llegan se esconden entre las rocas y observan como los marineros son atados a los
postes y como los yssabues, dirigidos por un decrepito shaman, empiezan una macabra danza a su alrededor y
lanzan gritos en su particular idioma. Kato les ordena que no ataquen aun. Sigue una tensa espera de quince
minutos en la que alguno pierde la paciencia y lanza un Dardo Veloz demasiado pronto, perdiendo puntos mgicos
intilmente. Finalmente con un enorme rugido, la enorme criatura, que resulta ser un Gnydron, emerge de las
aguas, enorme y poderoso. Entonces los guerreros emboscados observan atnitos como la jabalina que porta Kato
empieza brillar, sin que el emita sonido alguno ni invoque a ningn poder, lo que implica que esta invocando el Ki, la
mismsima esencia de la magia. Se alza de un salto y arroja la jabalina con tal fuerza que esta deja una estela de
fuego a su paso, hasta llegar a su objetivo, la cabeza del monstruo y hundirse en ella traspasndola de parte a parte,
el titn cae causando una gran conmocin tanto en el agua como entre sus invocadores, mientras una andanada de
flechas cae sobre ellos. Los yssabues, viendo caer as a un ser tan poderoso huyen presa del pnico y los
vormaineses liberan sin problemas a sus camaradas.
Tras celebrar esta gran victoria, nuestros amigos reanudan su viaje. Los oficiales del barco discuten largo y
tendido con Suqua para averiguar su posicin actual. Takeda observa contrariado que esta mucho mas al sur de lo
previsto, demasiado cerca de Haragala y su flota de Barcos Altos. as que cree mas seguro atravesar el Canal del
Dragn, que todos evitan ya que discurre entre islas habitadas por dragonuts, con el fin de llegar hasta las islas de la
Coalicin de Valkaro. De momento el rumbo y la posicin del barco se mantienen en secreto para evitar reacciones
negativas de la tripulacin. Durante los siguientes tres das navegan sin problemas, pero el cuarto avistan uno de los
temibles barcos altos de Haragala, el cual trata de alcanzarlos. La persecucin dura casi todo el da, pero al final los
haragalanos quedan atrs, justo cuando estn a punto de alcanzar las Islas del Ojo del Dragn.
Una primera impresin de las Islas del Dragn: enormes montaas de granito gris que se alzan sobre el mar,
formando acantilados casi a pico, y en contraste, una vegetacin frondosa y de color verde profundo. No hay poetas
ni artistas embarcados que pueden plasmar la belleza del paisaje, solo severos samuris y piratas rapaces. Pero la
emocin es igual de intensa.
Sin embargo la prosaica vida cotidiana reclama a nuestros hroes. El barco se introduce en el serpenteante
canal, cuya anchura fluctuaba entre uno y cinco kilmetros. De cuando en cuando divisan entre la vegetacin las
peculiares estructuras levantadas por los dragonuts, de apariencia orgnica, torres en forma de aguja sin puertas ni
ventanas, esqueletos a medio terminar...
Los viajeros pasan una tensa noche anclados en el canal, con la inquietante sensacin de ser los ltimos
hombres del mundo. A lo largo del da han podido vislumbrar a algn dragonut, criaturas pequeas y esquivas
(nota: solo han visto algn dragonut explorador).
Nada mas llegar el nuevo amanecer, un inquieto Takeda, deseoso de dejar atrs lo antes posible estos
inquietantes parajes manda levar el ancla. El viaje continua como el da anterior, pero cuando ya se acerca el
medioda, todos observan algo que les deja sin habla. El canal parece terminar en una ensenada, pero a sus lados
los acantilados se alzan mas altos que nunca, mientras que el canal se estrecha mas que nunca, y en lo alto de los
acantilados hay unas estructuras cbicas inmensas, que sirven de percha a dos inmensos dragones inmviles, negro
a la derecha , verde a la izquierda. Cuando por fin salen a la ensenada, ven que esta no es tal, sino una baha circular
de aproximadamente dos kilmetros de dimetro donde confluyen los vrtices de cuatro islas y cuatro canales, por
el que han venidos y otros tres. En lo alto de los otros acantilados se levantan estructuras similares culminadas con
un dragn de color bronce y otro de color azul. Pero eso no es lo mas alarmante. A los pies de los acantilados, en la
cara de estos que mira a la baha circular, hay unos peculiares muelles en los que estn anclados los peculiares
barcos de los dragonuts, estructuras en apariencia desvencijadas, con mltiples quillas y sin casco alguno, un
confuso armazn de estructuras y plataformas. Sobre ellos inmviles como estatuas hay multitud de dragonuts
guerreros y exploradores. Y hay un muelle baja cada acantilado. Kogaratsu da el grito de zafarrancho de combate y
todos se equipan para lo peor. El hroe de los Akechi esgrime un enorme no-dachi en lugar de su katana. La tensa
espera se rompe cuando el agua empieza a agitarse bajo el agua y emerge la cabeza de una enorme serpiente
marina.
El monstruo envuelve con sus anillos el barco en un mortal abrazo y el armazn del casco comienza a crujir
mientras las tablas saltan por doquier. Las fauces del monstruo caen sobre la tripulacin despiadadamente. Lo
samuris se lanzan con todo su poder contra la bestia, pero su piel, increblemente gruesa rechaza la mayora de sus
embestidas.
Los aventureros corren suerte diversa. Akira es el primero en herir seriamente a la bestia. Con un golpe
increblemente poderoso su katana se abre paso a travs de sus coriceas escamas, causndole una terrible herida
que no obstante no la hace aflojar su abrazo. Kazan invoca el poder de Yelmalio pero no consigue que su naginata
cause daos importantes, igual que Tensui. Tampoco es el da de Tomoyuki. Los intentos de Saru de atemorizar a la
bestia son tan ftiles como ridculos.
Finalmente Mecaroth es el que peor lo pasa. Con un golpe afortunado consigue que su rapier se clave en el
cuerpo de la bestia. Cuando se prepara para removerle y causar todo el dao que pueda, Nakamura Kogaratsu
consigue que la hoja de su no-dachi invoque la fuerza elemental del universo, el ki, y su filo se introduzca entre los
invisibles espacios de la materia, cortando en dos a la inmensa bestia. Los dos fragmentos caen uno a babor y otro a
estribor, haciendo zozobrar el barco y amenazando con volcarlo. Viendo peligrar su arma, la cual no consigue
arrancar de la criatura, Mecaroth se deja arrastrar con ella y la arranca en el ultimo momento, pero entonces el
vaivn del barco lo arroja por la borda y el gaijin, con su armadura bezanteada, se hunde como una piedra.
En la cubierta reina el caos, en el mismo instante en el que el cuerpo del monstruo ha cado al mar con un
chillido espeluznante los dragonuts han botado sus barcos y amarrndose a sus inexplicables estructuras los
impulsan nadando. Takeda Yumisu ordena desplegar todo el trapo y que todos los que puedan disparar un arco se
siten a popa. Entre toda esta confusin solo Ota Saru se da cuenta de que falta Mecaroth, rpidamente busca un
cabo para arrojrselo, ya que se imagina que ha cado por la borda. Sin embargo tarda en localizarle.
Mientras tanto Mecaroth, enfrentndose a la muerte reacciona con una rotunda negacin: "no, no quiero
morir AS", proclama desde el fondo de su alma. Vigorosamente empieza a desprenderse de su armadura hasta que
tras unos segundos de inquietud, Saru le enva el cabo y puede subirse al barco.
Justo a tiempo porque el barco se aleja a toda velocidad sin tiempo de rescatar a nadie. Los dragonuts estn
casi encima. Los aventureros disparan todas las flechas que pueden, consiguiendo incapacitar a algn dragonut
explorador, pero el avance de las reptilescas criaturas no se detiene, sin embargo, de repente, Nakamura ordena
que cese el fuego. Y es que todos se dan cuenta de que los dragonuts les estn ignorando por completo. Su
objetivo es la serpiente!!. Ante sus atnitos ojos los barcos de los dragonuts lanzan cables de amarre contra el
cuerpo de la serpiente que empieza a hundirse, pero eso no es todo, empiezan a luchar entre ellos con terrible
ferocidad, matndose sin compasin. Esta es la ultima sorpresa que les depara las islas del Ojo del Dragn.
Tras algunas horas mas de tensin, el junco vormaines abandona finalmente las aguas de los dragonuts.
En su camarote, los oficiales discuten el rumbo. Van a ciegas, ya que no poseen ninguna carta de estas aguas,
y algunos de los marineros si no lo saben, sin duda lo sospechan, as que habra que estar dispuestos a aplacar
cualquier conato de motn.
Durante un par de das la nave continua su singladura sin que nada de inters ocurra. Y entonces una noche,
mientras Akira esta de guardia, del agua surgen unos cuellos enormes y flexibles, rematadas en cabezas de ojos
brillantes y crueles. Veloces como culebras los monstruos empiezan a atacar a los piratas que empiezan a dar la voz
de alarma. La fortuna no sonre a Akira. El monstruo clava sus dientes en su brazo derecho, y pese a su armadura se
lo deja intil, forzando a Akira a combatir con su brazo derecho.
El grito de alarma despierta a los que duermen bajo la cubierta, a algunos antes que a otros, rpidamente
suben por las escaleras, el primero de ellos sale a cubierta y entonces una masa enorme cae sobre el aplastndole.
La masa resulta ser una enorme figura humanoide, que Mecaroth reconoce como un troll, sin dudarlo se lanza
contra el hacindolo retroceder, mientras mas de sus compaeros salen a cubierto, para encontrarse con un grupo
de una docena de trolls, que les impide acercarse a donde los guardias estn siendo aniquilados por los monstruos
de cuellos de cisne (plesiosaurios). El combate es rpido pero duro, pese a su enorme fuerza y tamao los primitivos
trolls no son rivales para los samuris, incluso aunque estos solo lleven ropa interior. Durante el combate, Akira oye
un ruido sordo procedente del fondo del buque, pero pronto lo olvida en el frenes de la batalla. Por fin los trolls se
retiran pero los aventureros aun tardan unos vitales asaltos en percatarse del ruido que viene de la bodega. Cuando
lo hacen vuelven abajo a toda velocidad y se encuentran con que en la cala el agua les llega a las rodillas por los
mltiples agujeros del casco. A su alrededor se oye ese ruido sordo, aunque repentinamente a la derecha de
Tomoyuki se abre un agujero en el casco y se ve aparecer un enorme hocico de troll con las fauces abiertas de par y
par y las astillas arrancadas al casco desapareciendo en su garganta. Furioso lo golpea con su katana, haciendo
retroceder a la bestia. El ataque submarino cesa, pero es necesario ponerse manos a la obra y reparar el casco. Se
empiezan a or siniestros rumores de que el barco esta maldito. Abe Noriki pierde la compostura y empieza a
exclamar que el viaje esta maldito y todos van a morir, se le reduce y todos se retiran a descansar, salvo la guardia
reforzada.
Llega el nuevo da pero no le acompaa la tranquilidad. Todos estn inquietos, el da transcurre lleno de
recelos e inquietudes. Entonces durante la noche, Ota Saru se despierta al or un ruido, y cautelosamente se vuelve
para ver como un joven samurai llamado Genosuke esta apualando al hombre que duerme junto a el, mientras
murmura sin cesar: "as te salvaras, te salvaras, har que todos se salven..", Ota se levanta da la alarma y el
demente es ejecutado en el acto.
Las desgracias parecen no tener fin, esa noche, mientras Imai esta de guardia, ve que junto a el se coloca
Akechi Tokuri, el sacerdote tiene una mirada extraamente vaca y tras mirar a Imai a los ojos, y sin mediar palabra
se arroja al agua. Imai se queda paralizado sin saber que hacer y es Tensui el primero en arrojarse en pos del
sacerdote. Con dificultad y auxiliado por otros consiguen subirlo al barco, ya que hace lo posible por hundirse de
nuevo, babea y habla incoherentemente en tanyeno, no respondiendo a ninguna palabra en imperial.
Al da siguiente este asunto acaba discutido a pleno pulmn en la cubierta y un samurai mata a un marinero
por incitar al motn, otros empiezan a gritar a pleno pulmn que may que sacrificar a Sukua el pato a los dioses.
Takeda se ve obligado a intervenir y cuando la tripulacin le grita a la cara que "Tsankh quiere sangre" decide
complacerles. Ordena azotar a tres de los que mas han gritado y recoger su sangre para ofrecrsela a Tsankh,
cuando la sangre recogida en un cuenco es vertida en la garganta de madera del dolo de Tsankh, la imagen empieza
a emitir un resplandor verdoso, Tsankh esta satisfecho con el sacrificio.
A las pocas horas, en medio de un ambiente que se podra cortar a hachazos se empieza a huir un cntico de
una belleza ultraterrena, un canto que promete a los viajeros poner fin a todas sus desdichas si lo siguen y
abandonan todo lo dems. Gran parte de la tripulacin obedece a los cnticos e incluso sin despojarse de sus
armaduras se arroja al agua en pos de las bellas interpretes, las mujeres zabdamar
Entre los que sucumben a la meloda estn Tensui el yamabushi, Ota el wako y Akira, pero este ultimo no
llega a arrojarse al agua por que Imai le golpea con el pomo de su katana y lo deja inconsciente. Aunque el canto no
tiene palabras reconocibles esta lleno de promesas de felicidad y placer, los nadadores sonren arrobados mientras
se afanan en llegar hasta las cantantes. Mientras, los pocos que conservan la cordura se encuentran desorientados,
el nico de los oficiales que no se arrojado por la borda es Abe Noriki, el segundo oficial, que empieza a gritar que
todos estn condenados. Mecaroth e Imai se atan a un cabo y se arrojan por la borda con intencin de rescatar a
alguno de sus enloquecidos compaeros. Su estrategia se prueba errada y casi no consiguen salvarse ellos mismos.
Finalmente Imai se acerca al gimoteante Abe y le golpea en la cara para que recupere la compostura y se haga cargo
del navo, cuando por fin lo hace, todos se percatan de que algo dificulta su avance. Los aventureros se dirigen a la
proa y ven que unas formas acuosas, como enormes burbujas que se amoldan a la forma del casco del barco,
parecen estar frenando al buque. Se trata de ondinas, los elementales del agua.
Repentinamente uno de los tripulantes se da cuenta de que el agua se esta volviendo roja alrededor de uno
de los nadadores, varios de los tripulantes, incluyendo a Imai, se acercan a la amura de babor con la intencin de
ver que es lo que ocurre. Y lo que ven les hiela la sangre.
De debajo de la superficie surgen unas formas enormes con largas colas de pez que o bien atraviesan con
tridentes o bien se echan sobre los nadadores hasta ahogarlos. Son hombres-zabdamar, de aspecto muy diferente al
de sus mujeres, ya que sus rasgos recuerdan a los de las focas. Sin piedad y sin pausa van acabando con los pobres
incautos que sus prfidas esposas han puesto a su merced. Las afiladas pas de sus tridentes atraviesan desde
abajo los desprotegidos vientres de los vorumai y su enorme peso los ayuda ahogarles. Mientras sus tentadoras
esposas se van alejando lentamente pero mantenindose siempre fuera del alcance de sus adoradores.
Desde el barco los guerreros vorumai intentan buscar blancos fciles. Mecaroth dispara rpidamente y sin
reflexionar y su flecha golpea a uno de los nadadores, que se hunde como una piedra. Imai tiene mas suerte y
consigue herir a uno de los zabdamares. Ante este hecho, estas criaturas, cobardes por naturaleza empiezan a
retirarse. Pero han cumplido bien con su misin, mas de treinta de los compaeros han muerto y el capitn, Takeda
Yumisu, ha sufrido una terrible herida y solo esta vivo gracias a su armadura de aluminio, es necesario llevarle a su
camarote para que repose, quedando mientras tanto Ota Saru al mando del buque.
Tras el terrible precio que se han cobrado los zabdamares, mas de treinta de los viajeros, un terrible
fatalismo empieza a cundir entre los supervivientes, tras tal cmulo de desastres en tan pocos das. Su sacerdote
esta loco, su capitn herido e incapacitado, y solo quedan una treintena de los que zarparon de la lejana isla de
Kaishen.
De modo que cuando por fin llega la salvacin, no debera culprseles demasiado por tomarla en principio
como un nuevo peligro. Cuando en el horizonte se recorta una vela Ota Saru ordena el zafarrancho de combate.
Lentamente los navos se acercan hasta que es posible distinguir los estandartes, el del otro barco es un triangulo
equiltero negro sobre fondo rojo: el emblema de la coalicin de Valkaro, por fin han alcanzado su objetivo.
El barco resulta ser un guardacostas, y sus tripulantes una visin pintoresca, que ayuda a relajarse a los
viajeros fatigados fsica, y sobre todo emocionalmente. Los soldados pese a ser de raza kralori, llevan escudos de
heraldo y espadas rectas. Su jefe va cubierto de pies a cabeza con una cota de malla, incluyendo una cogulla que la
cubre la cabeza. Tras una difcil negociacin por culpa del idioma, la inexperiencia de Ota Saru y la arrogancia del
valkarita y de Nakamura Kogaratsu que estn a punto de batirse en duelo, los vorumai consiguen hacer comprender
y el oficial valkarita les autoriza a fondear en el cercano puerto de Galanin, en la isla que ellos llaman de Santa
Xemela.
Cuando llegan a la isla, no se les permite desembarcar hasta que los lideres de la expedicin se entrevisten
con el gobernante de la isla, un tal Consejero Letus Kaanejan, un poderoso hechicero, que tiene un curioso sistema
de reforma penal: los condenados pueden ver reducida su pena a la mitad a cambio de pasarla transformados en
cerdos. Letus pronto llega a un acuerdo con Nakamura, Akechi y Takeda y los vorumai son autorizados a
permanecer en la isla mientras no salgan de la ciudad.
Por otra parte los lideres de la expedicin estn sumamente inquietos. Esta claro que son objeto de algn
tipo de maldicin, pero ignoran de quien. Convocan a los aventureros y les dan una gran cantidad de dinero para
que busquen a un adivino y que les diga que les esta pasando. Tras deambular por la ciudad y or hablar por primera
vez de los Expiadores eclesisticos y de su siniestra madriguera el Alczar de la Expiacin. Finalmente les hablan de
un famoso adivino llamado Omfral que vive en una isla cercana. Y tras hablarlo con sus jefes y conseguir un permiso
de las autoridades all se dirigen el da siguiente en un pequeo balandro. Pero cuando llegan les espera una
desagradable sorpresa: Omfral ha muerto hace un mes.
Sin embargo su hijo, un individuo bastante callado, les dice que si quieren or sus profecas aun puede
arreglarse. Tras cobrar 20 monedas de oro (2.000 peniques) a los aventureros, va en busca de un sacerdote y en
compaa de este y de varios animales (un cordero y dos conejos negros), todos se internan en un terreno cubierto
de dunas, tras caminar por este desolado lugar un par de horas, el grupo alcanza una colina arenosa en cuya cima
hay plantado un inmenso poste negro del que cuelga calaveras de hombres y humanos, el sacerdote, que resulta
serlo de los Antepasados cava una zanja en forma de circulo alrededor del ttem, y empieza a realizar sus
invocaciones. Cuando llega el momento apropiado coge al cordero negro y lo degella de forma que su sangre va
cayendo en la zanja mientras recorre el circulo. Cuando el sacerdote completa el circulo, empiezan a aparecer
formas nebulosas y vagamente humanoides alrededor del circulo de sangre. Algunas empiezan a acercarse al circulo
y a dirigirse al hijo de Omfral. Cuando habla resulta ser su madre, que pide a su hijo que la ayude, pero este hace un
gesto al sacerdote, y este, enarbolando un cuchillo de hueso, corta con el al espritu que desaparece con un grito
lleno de desesperacin, tras este viene otro espritu que pretende ser el difunto hijo del invocante, y es tratado
igual, solo al final, y algo esquivo, viene el espritu de Omfral. Entonces el sacerdote sacrifica a uno de los conejos
negros, y el espectro empieza a beber la sangre y volverse mas slido, resultando ser un anciano de mirada
cansada. El hijo del adivino les dice a los aventureros que este es el momento de preguntar a su padre. Muchas
preguntas le hacen, mas el solo responde algunas , las dos mas importantes son:
A la nereida Shorgaa habis ofendido La sangre de su hijo derramado, Si queris escapar de ella tendris
que ir Donde los hijos del mar nunca han osado Seguir la estela del esclavo de Ratuk La mayor bestia del ponto
vinoso.
y esta otra, al preguntar como pueden escapar de la maldicin:
Buscad al hijo del Esplendor encerrado en la Casa del dolor el es maestro de la Ilusin Capaz de confundir al
mas Cauto de los guardianes.
Cuando ya es imposible contener a los espritus el sacerdote sacrifica al segundo conejo del color del
azabache y los espritus se desvanecen. Los aventureros no estn muy seguros de lo que han odo, pero la noche se
acerca y no quieren que les sorprenda en este lugar, as que se apresuran a volver a la aldea.
Esa noche, de vuelta en la aldea, los aventureros de origen vorumai empiezan a tener una serie de vividas
pesadillos, que a la maana siguiente todos toman como presagios:
Imai Tomoyuki se ve a si mismo caminando por un enorme campo de batalla, a la luz rojo sangre del
crepsculo. La lucha ya ha acabado y hay cadveres por doquier, guerreros atravesados por flechas , empalados por
lanzas, mutilados por katanas, Imai se mueve por este paisaje desolador sin que parezca salir nunca del campo de
batalla. El olor y la visin de la muerte saturan sus sentidos, el silencio sepulcral solo roto por el graznido de los
pjaros carroeros amenaza con hacerle enloquecer. Sbitamente se percata de que los muertos llevan los
emblemas de los Akoto, el poderoso clan guerrero de Edomiyo occidental, o los del shogun, Kataga Yumi. Y ah
muchos mas guerreros que llevan el emblema blanco del shogun que los que llevan el rojo de los Akoto. Al menos
Ota Saru se ve transportado a la cima de la colina de la Gran Luz, concretamente a una de las terrazas del
Templo de la Cpula Dorada, el mayor templo al dios sol de todo Vormain. Se trata una enorme estructura cubierta
de bronce dorado, un punto de observacin privilegiado. desde el que se divisa la metrpolis de Hinara, capital del
Imperio, residencia del Emperador y del Shogun. Mirando hacia el horizonte occidental, Saru ve grises columnas de
humo alzndose por doquier, feos y malolientes heraldos de la guerra. Forzando su vista ve que los arrabales de
Hinara, compuestos en su mayora por casas de madera, estn ardiendo, y que entre el humo y las llamas se abre
paso un ejercito victorioso de miles de samuris, que llevan a sus espaldas el mon rojo de los Akoto.
Kasumi Akira ve una magnifica habitacin, el recibidor de una gran casa, decorada con paneles de seda que
muestran escenas de la mitologa, el combate de Valzain contra el dragn de las profundidades, Telask utilizando su
espejo para asustar a los demonios con su propia imagen. La estancia tiene muebles de la mayor calidad y debi
tener adornos mejores antao, sin duda, por que Akira ve que muchos de los jarrones de cermica, rboles-bandeja
y ramos florales estn tirados por el suelo como los juguetes de un nio consentido, por doquier merodean
soldados con el mon de los Akoto, de repente se oye un ruido y todos ellos se vuelven hacia la puerta de entrada.
Un grupo de guerreros acaba de entrar por la puerta, los encabeza un hombre de unos cincuenta aos,
completamente calvo, con bigote y perilla blancos perfectamente arreglados, entra en la estancia. Pese a su edad
su musculatura es impresionante, percibible incluso a travs de su armadura totalmente roja, lleva el casco bajo su
brazo derecho. Aunque Akira nunca lo ha visto, lo reconoce por que ha odo mil historias sobre sus proezas. Es
Akoto Maeda, el lder del clan Akoto, y realmente parece ser verdad la leyenda que dice que los Akoto descienden
del mismsimo Telask. El legendario guerrero hace una pausa y se dirige, visiblemente enejado a sus hombres:
"Habis encontrado ya a Su Majestad el Tenno?". Rpidamente los soldados se reclinan hasta tocar el suelo con la
frente ante su amo y el que parece tener mas rango se dirige a el: "Somos unos torpes idiotas, Maeda-san no
hemos sido capaces de descubrir el paradero del Tenno aun". "Maldicin", ruge Maeda, y se vuelve hacia sus
consejeros, que han entrado en la estancia tras el. Ostensiblemente baja el tono de su voz "Llevamos ya dos das
buscndole, y ni los hechiceros ni los sacerdotes han sido capaces de decirnos su paradero. Que haremos si no lo
encontramos?". Se hace el silencio durante un instante, hasta que uno de los consejeros habla: "Habremos de
suponer que el Tenno ya no esta entre nosotros y habremos de procurar, por el bien de la nacin, que otro miembro
de la familia imperial ascienda al trono. Un nuevo Tenno, cuyo primer acto ser nombraros shogun".
Por su parte Tensui se ve aparecer en un claustro de columnas de madera que forma parte de un patio, el
cual reconoce casi al instante al contemplar su interior. Se trata del celebre jardn de piedra del templo Dogai de
Hinara. Generaciones de monjes de Dayzatar han ido colocando las rocas, la grava y la arena de tal forma que sean
una representacin de la Verdad fundamental de la Creacin. Ha habido monjes que han pasado dcadas
contemplndolo y no han sido capaces de aportar nada al diseo, otros, tras aos y aos, han movido un guijarro
unos centmetros, pero eso les ha compensado de todo ese tiempo. El jardn original es obra del fundador del
templo, Satsobo, hijo del ultimo Mikado de Vormain. Nada puedo daarlo, y aquellos que quieren caminar sobre el,
realmente lo hacen unos centmetros sobre su superficie. Solo aquellos que han descubierto algo realmente nuevo
sobre las Verdades Fundamentales de la existencia pueden modificarlo.
Esta es la segunda vez que Tensui contempla el jardn. La otra fue cuando formo parte de la escolta de
yamabushis de un grupo de monjes de Dayzatar que se desplazaron aqu desde Kaishen, hace varios aos, pero
desde entonces, no ha pasado un solo da que no pensara en ellos.
Sbitamente el ruido de una puerta al abrirse turba la contemplativa paz de Tensui, un monje con las
vestiduras azul cielo de Dayzatar y el cabello corto de los novicios, se apresura a lo largo del claustro, hasta llegar
ante la figura de un anciano, que contempla serenamente el jardn. "Soho (abad), soho". "Dime hijo mo", dice
Biyon, soho del templo Dogai. "Ha sido tal y como predijisteis, la consagracion ha fallado, los kamis han rechazado al
nuevo Tenno". Una leve sonrisa aparece en la cara del anciano: "Akoto Maeda debe estar muy contrariado", "Si,
sensei, dicen que sus gritos se han odo hasta en la provincia de Ikade". "Y el pueblo?", pregunta el anciano. "Esta
aterrorizado, sensei, he odo a algunos campesinos asegurar que el dragn de las Profundidades reclamara Vormain
en menos de un ao si un legitimo Tenno no realiza las ceremonias anuales que se han realizado desde los tiempos
del divino Valzain", el viejo sacerdote, ahora mas serio , se vuelve al novicio y le mira directamente a los ojos: "nada
tan rpido, hijo mo, nada tan rpido".
Los aventureros se despiertan terriblemente turbados y comienzan a hablar sobre sus sueos y su posible
significado, algo que en general les parece bastante claro. El shogun, el joven e imprudente Kataga Yumi ha atacado
a los Akoto y ha sufrido una terrible derrota a manos del gran guerrero de Tezuka. Lgicamente Maeda ha
marchado sin perder un segundo sobre la capital, obligando al shogun a abandonarla, junto a la mayor parte de sus
tierras. Pero al llegar a Hinara, Maeda se ha llevado una desagradable sorpresa que ha impedido su plan de
proclamarse shogun: el emperador, el tenno ha desaparecido, y no hay forma, mgica o no, de encontrarlo. Ha
intentado proclamar un nuevo Tenno, pero no lo ha conseguido.
El resultado es que Vormain se encuentra en una situacin critica. No hay ninguna autoridad central, ya que
el tenno ha desaparecido y no puede ser reemplazado, y el shogun ha perdido casi todo su poder. El pnico se esta
apoderando del pueblo ya que sin un legitimo emperador para llevar a cabo las ceremonias pertinentes se teme
que se sucedan todo tipo de catstrofes.
Con un animo sombro los aventureros vuelven a Santa Xemela, casi sin hablar por el camino, cada uno
abstrado en sus propios pensamientos. Nada mas llegar a Galanin se entrevistan con los jefes de la expedicin en la
casa que han alquilado en la ciudad. Relatan las profecas y sus sueos a Kogaratsu, Yumisu y Tokuri, los cuales
quedan hondamente preocupados. Akechi Tokuri comienza a glosar la profeca de Omfral.
Los primeros versos se refieren a la causa de la maldicin. Shorga es una poderosa nyade de estas aguas, y
el Gnydron deba ser su hijo. Sin duda todos los ataques que han sufrido a manos de las criaturas del mar en las
ultimas semanas son responsabilidad de esa deidad. Sobre lo que dice de como se puede escapar a la maldicin,
que no levantarla, lo que sugiere Omfral es que para despistar a la nyade y sus servidores los vorumai deben
introducirse en la boca del lobo, o mas bien del Tiburn.
Las referencias a Ratuk y a su esclavo apuntan a los ratuki, los hombres tiburn, viejos enemigos de los
vorumai, ya que fue una alianza de Vormain y los waertegis la que destruyo su isla en la edad del alba y les obligo a
su actual existencia nmada. Estos hsunchen tiburn vagan por las islas orientales en sus temibles galeras requiem y
sobre todo en su capital en el lomo de un gigantesco monstruo, el Leviatn. Son famosos por su crueldad y por su
rapacidad. Al parecer la gran bestia, el Leviatn se mantiene en la superficie por la gran cantidad de tiburones que
muerden constantemente sus flancos y su vientre, dejando un rastro de grasa y sangre all por donde van. Una
flotilla de barcos rodea a la bestia y sirven a los ratuki igual que los peces piloto a los tiburones. Algunos de estos
barcos son de los propios ratuki, pero otros son renegados de multitud de islas y naciones.
Los Ratuki son notorios enemigos de los habitantes del mar y esta claro que ninguno de ellos en su sano
juicio se acercara al Leviatn, y hasta el mas terrible de los monstruos marinos se lo pensara dos veces antes de
entrar en las aguas infestadas (literalmente) de tiburones que rodean al Leviatn. Es seguro que all estaran libres
de los efectos de la maldicin.
Tokuri tambin es capaz de descifrar la segunda profeca. La referencia al hijo del esplendor habla sin duda
de un kralorelano, y curiosamente, Tokuri sabe donde encontrar a uno...Resulta que justo despus de su llegada a la
isla se le apareci un espritu que dijo llamarse Nitoka Itamata, y ser un servidor del hechicero kralorelano Aketago
Atiyuyu, al que los sacerdotes valkaritas han encerrado en el Alczar de la Expiacin. Al parecer el tal Aketago es un
gran ilusionista.
Dado que las reparaciones del buque van mucho mejor de lo previsto, y que el tiempo de navegacin esta a
punto de terminar, y todos quieren llegar a Zom-An lo antes posible. El plan es que una vez este libre, el hechicero
kralorelano les ayudara a hacerse pasar por uno de los barcos piloto, tras haber encontrado a dicho barco piloto y
haber acabado con toda su tripulacin, por supuesto. As que Tokuri se va a otra habitacin con los jugadores e
invoca a Nitoka para que posea su cuerpo y se comunique con los aventureros para preparar el rescate de su amo.
Los rasgos calmados y amables del sacerdote cambian abruptamente y sus ojos brillan con una mirada llena
de rencor, mientras su boca se tuerce en una mueca de desprecio. Habla con una voz atona y cascada, responde a
las preguntas de los aventureros de forma despegada e imperiosa. Les dice lo poco que sabe del lugar donde tienen
prisionero a su amo, el Alczar de la Expiacin, ya que esta protegido por espritus y barreras mgicas. tambin les
describe a su maestro para que le reconozcan cuando vayan a rescatarle.
Con estos datos los aventureros se ponen a elaborar un plan de accin. Deciden que lo mejor es que dos de
ellos salgan de la ciudad disfrazados para hacer un reconocimiento. El Alczar de la Expiacin se haya sobre un
acantilado costero a unos 30 kilmetros de Galanin. Finalmente se decide que van a ir Saru y Akira disfrazados
de...leprosos. Con este disfraz todas las puertas se les abren y son pocos los que osan impedirles el paso. Salen de la
ciudad sin problemas (la verdad es que los disfraces son un gran trabajo de Akira). Tras unas cuatro horas andando,
llegan al pueblo de Tezu, que se haya bajo el alczar. Como ya esta anocheciendo se ponen a mendigar la cena en el
pueblo, consiguen algo de limosna pero no encuentran un lugar en el que dormir, as que se ven obligados a dormir
al raso. Entonces, cuando Saru esta dormido, Akira se levanta y comienza a prepararse, se coloca su traje negro
encapuchado, coge su cuerda con gancho, sus nekode, y por ultimo su ninjato.
En efecto, Kasumi Akira es un ninja, como toda su familia. Los Kasumi llevan su lealtad a los Akechi un paso
mas all que otros samuris, arriesgando en el servicio a su daimio incluso su honor y su dignidad, ya que si se
descubre que son ninjas se arriesgan a una muerte ignominiosa y terrible. Pero el clan Akechi necesita agentes de
lealtad a toda prueba, ya que ah misiones que no se pueden confiar a los clanes ninja normales, mercenarios
hbiles si, pero de pocos escrpulos, siempre dispuestos a traicionar a cualquiera segn su conveniencia. Muchos
daimios tienen a un grupo de agentes de absoluta confianza como son los Kasumi para los Akechi, pero es tambin
un secreto completo salvo para el daimio y los propios agentes.
Una vez preparado, Akira se desliza como una sombra por el camino de tierra, que serpenteando sube desde
el pueblo hasta el alczar, al principio sin preocuparse demasiado, ya que la oscuridad es absoluta y es difcil que le
puedan ver los centinelas del castillo.
Cuando llega a lo alto, se desliza como una sombra y se deja caer al fondo del foso seco que rodea la
fortificacin, luego, se dirige a uno de los tneles de drenaje del castillo que desembocan en el foso y empieza a
arrastrarse a lo largo de el. Enciende una vela, colocada en una palmatoria apantallada para no alertar a los
centinelas. Cuando lleva un tiempo arrastrndose por el tnel, Akira se percata de que hay una trampa, que har
caer una reja si la activa. Apoyndose sobre la punta de los dedos de sus pies y de sus manos, y colocando la vaina
de su ninjato de forma que bloquee la cada de la verja, aunque solo sea durante unos instantes. Afortunadamente
consigue pasar sin activar el mecanismo, y sigue adelante por el tnel, hasta alcanzar una sala con suelo de
enrejado de metal, y sin ninguna otra salida. Tras tratar de levantar sin xito el suelo de enrejado, Akira se pone a
buscar puertas secretas y encuentra una. Empujando con su hombre consigue que el enyesado que camufla la
puerta y la madera cedan y salir de la cmara donde estaba encerrado.
El lugar donde va a parar es una cmara, totalmente a oscuras, de la que sale un tnel y donde hay una
puerta. La puerta da al pozo del castillo. Mirando hacia el techo Akira ve el cielo estrellado. Podra ascender por el
pozo hacia arriba, pero la escalada parece dificultosa y podra salir a un lugar poco conveniente, as que decide no
intentarlo. Justo entonces oye por primera vez con claridad un sonido que antes solo haba credo percibir. Es el
grito agnico de una garganta humana, el grito de alguien que esta experimentando un gran dolor. A Akira se le
ponen los pelos de punta recordando lo poco que le han contado de los expiadores, esos "pastores que deben
buscar a las ovejas descarriadas y devolverlas al rebao". El grito proviene del tnel, el cual esta iluminado por
antorchas, las primeras que ve Akira desde que ha entrado en la fortaleza. Akira deja la vela a un lado y se interna
en el corredor. A ambos lados del mismo hay celdas, pero la penumbra impide ver si estn ocupadas. Desde aqu
Akira oye mas claramente los gritos de agona y la voz que habla. Sin embargo su tanyeno no es lo suficientemente
bueno para entender todo lo que dice la voz autoritaria pero paternalista, amable pero dura a la vez, solo entiende
palabras aisladas como "equivocacin", "siempre" y otras de significado confuso para el. De repente oye el ruido de
una puerta al abrirse y dos personas que arrastran algo. Akira se apresura a esconderse y desde una esquina ve
como dos hombres cubiertos con armaduras llevan a otro, terriblemente delgado y desaliado, cubierto solo con
harapos, abre una de las celdas y lo arrojan al interior.
Cuando los guardias se han ido, y tras or el ruido de una puerta al cerrarse, Akira se acerca a la celda y
fuerza la cerradura. Se acerca al prisionero y lo despierta, este le mira, y, confundindole con la muerte (esta
oscuro, Akira va de negro, lleva una espada a la espalda, el hombre lleva meses de privaciones y torturas), le da la
bienvenida y dice que esta contento de que llegue el fin de su sufrimiento. El azorado Akira, tras no conseguir nada
coherente de el, y temeroso de que se ponga a gritar (esta pidiendo la muerte constantemente), le golpea con su
ninjato y lo deja inconsciente. Cierra la puerta de la celda y comienza a explorar esta prisin subterrnea. Tras
registrar infructuosamente varios corredores, Akira encuentra unas escaleras que ascienden, y comienza a subir por
ellas. Tras terminar de subir el tramo de escaleras, Akira tuerce por un corredor, que sirve de acceso a tres celdas.
Dos estn vacas, pero el ocupante de la tercera esta ocupada por un hombre que cumple la descripcin del
espectro: un hombre bajsimo, de la altura de un nio de seis aos, calvo y con largos bigotes negros a la manera
kralori. Las celdas estn cubiertas del suelo al techo por algn tipo de metal, sin duda para obstaculizar el uso de la
magia. Akira fuerza la celda y Aketago sale de ella. Inmediatamente lanza un par de pases mgicos y el raqutico
enano desaparece y ante el aparece un mandarin alto, apuesto y bien vestido. Sin ceremonia alguna le ordena que
le sigue. Haciendo una espectacular exhibicin de poderes mgicos, Aketago deja fuera de combate a dos guardias,
y Akira les remata. Tras subir algunas escaleras llegan a un despacho y all recoge una serie de objetos: varias joyas
y un peculiar abanico con varillas de metal. Luego se escapan por donde vino Akira. En las inmediaciones del alczar
les esta esperando los familiares de los hechiceros, el espectro Nikota y el gato Kitsune. Llegan a donde duerme
Saru, el cual no se ha enterado de nada en las pocas horas transcurridas. Una vez juntos, el hechicero utiliza sus
poderes de ilusionista para cambiar su apariencia y la de ambos vorumai. Gracias a sus artes para el resto del
mundo parecern un expiador y dos guerreros que le acompaan. De esta guisa consiguen introducirse sin
dificultad en Galanin, y llegar hasta la nave vormainica.
Una vez avisados los lideres de la expedicin, todo queda preparado para la partida, que se produce el da
siguiente. Aketago lanza sus conjuros de ilusin para cambiar el aspecto de la nave, con la esperanza de que esto
confunda a las Gentes del mar. Takeda Yumisu pone rumbo hacia el ultimo lugar donde se ha odo hablar de los
incursores ratuki. El plan es capturar a alguno de sus buques aislados, matar a toda la tripulacin y ocupar su lugar
en la estela del Leviatn. En pocos dias llegan a una aldea miserable que ha sido arrasada por un grupo de terribles
incursores. De acuerdo con los nativos, los piratas no se han contentado con saquear, violar y destruir, sino que han
llegado a devorar a alguno de los aldeanos. segn ellos los piratas han de estar al otro lado del cabo que se divisa
hacia occidente.
Al da siguiente al amanecer divisan el buque enemigo, pero no hay suerte con las maniobras y el enemigo
esta perfectamente preparado para el abordaje. Los piratas son vadelis rojos una raza conocida por su ferocidad y
su impiedad. Son enormes, de piel roja como la sangre y llevan enormes espadones y grandes hachas. Los vorumai
dejan caer su puente de abordaje y comienza la accin. Estos vadelinos resultan ser unos adversarios mas duros de
pelar que cualquier otro que se hayan enfrentado antes. Pese a poseer cierta ventaja numrica, los vormaineses
tienen dificultades para imponerse, varios de los aventureros caen con diversas heridas. El primero Mecaroth a
manos de un enorme y vociferante guerrero armado con una gran hacha. Pero el mas temible de todos los
enemigos es el capitn vadelino, un tipo enorme, cubierto con una coraza de aluminio y que lleva un inmenso
espadon. De un solo golpe decapita a Nakamura Kogaratsu, despus se enfrenta con Imai y otro samurai y los mutila
a ambos. Finalmente cae a manos del moribundo Takeda Yumisu, el cual invoca a su dios Tsankh para que le de la
fuerza necesarios para derrotar a su enemigo, cuando la fuerza de sus guerreros esta a punto de flaquear. Cado su
lder, los dems vadelinos no tardan en seguirlo.
Sin embargo el precio ha sido terrible para los vorumai. Mas de diez de sus ya diezmados compaeros han
cado, y han perdido a sus dos lideres principales. Una impresin de victoria vaca si apodera de todos.
Ota Saru, convertido en capitn por la defuncin de su superior Takeda Yumisu, trata de restablecer los nimos
de la abatida tripulacin. Tanto se esmera en esta actividad que se le pasa por alto como se desvalija a los muertos.
El hechicero Aketago se dedica sin ningn pudor a cortarle los dedos al capitn vadelino para arrebatarle los anillos
que lleva en ellos, sin duda poderosos objetos mgicos. El capitn ordena a los tripulantes que depositen el botn en
un montn. El resultado es una pauprrimo coleccin de armaduras de cuero, armas y algo de bisutera.
Saru ordena que preparen el barco enemigo para que se convierta en una pira para los cados. Sin ningn pudor, y
ante el asombro de todos despoja al cadver de Takeda Yumisu de su armadura de mercurio. Todos quedan
asombrados ante la desvergenza de Ota Saru. Antes de que el barco enemigo arda, el portentoso ilusionista
Aketago Atituyo lanza sus conjuros de ilusin y con retazo hache, y otro all, disfraza el junco como si fuera el buque
vadelino. La maltrecha tripulacin, de ya solo 25 miembros, diez de los cuales estn incapacitados hasta que sanen
sus heridas se pone en marcha.
En principio la tripulacin esta expectante por ver como se desenvuelve el nuevo capitn, pero a la maana
siguiente asuntos mas urgentes ocupan su mente. Empiezan a verse manchas de sangre y grandes fragmentos de
una masa blancuzca que resulta ser grasa. Segn las leyendas los Ratukis, los hombres tiburn, mantienen al
Leviatn en la superficie gracias a cientos de tiburones que le muerden constantemente en los flancos y en la panza
para que no se sumerge. Saru sigue el rastro de sangre y grasa, hasta que finalmente, al pasar junto a un islote, a
babor aparece una enorme galera rquiem, un buque enorme con mas de 400 remeros y una proa escalofriante con
forma de mandbulas de tiburn. Con cuidado el buque pseudo-vadelino mantiene su posicin a babor, hasta que
un par de horas despus divisan lo que al principio creen que es un islote pero segn se van acercando se percatan
de que no es tal, sino la gigantesca bestia conocida como el Leviatn. Su joroba sobresale por encima del agua mas
de 60 metros, y su longitud parece ser de casi un kilmetro. El aire a su alrededor hiede por la sangre de la bestia
que se derrama a su alrededor, algunos de los samuris se colocan mascaras de tela empapada en agua para
soportar el hedor.
Por todo el lomo de la gran bestia hay chozas construidas con bamb y con tejados de hojas de palmera. En la
"cima" hay una, enorme y circular. Saru pasa el resto de la jornada intentando mantenerse alejado de los dems
barcos, la mayora galeras rquiem o los extraos esquifes ratukis semisumergidos y de las que tira un tiburn unido
a ellas por un arns. Cuando Yelm se oculta y llega la bendita noche, y tras examinar las cartas, Saru decide que se
escabullan de la flotilla y enfilen un rumbo directo hacia las islas sofalis. La suerte les sonre y se escabullen entre
flota ratuki y salen por fin al mar abierto, fuera de los dominios de Shoorga.
Pasa algo mas de una semana de navegacin, que si bien no es fcil ya que la estacin del mar esta acabando,
tampoco es demasiado complicada, y por fin divisan las primeras de las islas sofalis. Unos das despus cuando
estn doblando un cabo de la isla llamada Trowjang, divisan tres grandes lanchas que se dirigen hacia ellos a toda
velocidad. Ota Saru ordena el zafarrancho de combate y los vormaineses, diezmados por su terrible y largo viaje se
preparan para la que puede ser su ultima batalla. Se despliegan los manteletes para protegerse de los proyectiles
enemigo y empiezan a circular los relatos sobre las terribles amazonas de Trowjang. En algunos de los aventureros
la lujuria de meses vence al miedo y empiezan a gritar obscenidades a sus enemigas. Segn se acercan las lanchas
ven que en cada uno de ellas van al menos 20 amazonas, doce remeras y 8 que se tienen sus arcos prestos. El
primer intercambio de proyectiles es favorable a los vormaineses, pero entonces las amazonas despliegan una
especie de biombo de bamb sobre la borda de sus lanchas y la efectividad de los arqueros vorumai disminuye.
Finalmente las amazonas llegan junto al buque y empiezan a sacar unas lanzas con un hasta de mas de dos metros
que utilizan para hostigar a sus enemigos por los intersticios entre las protecciones e impedirles rechazar el ataque.
Varias amazonas trepan por el casco utilizando escarpias de bronce que clavan en este, alzndose a pulso. Las
primeras llegan a lo alto de las protecciones o las derriban haciendo fuerza lanzando terribles gritos de guerra. Akira
el desventurado es nuevamente herido en el brazo derecho por un lanzazo que le obliga a retirarse del combate.
Abe Noriki cae de nuevo presa de uno de sus ataques de pnico y corre a esconderse bajo cubierta.
En medio del combate una de las amazonas salta desde lo alto de los manteletes y aterriza sobre Mecaroth el cual
intenta ferozmente desasirse de este abrazo mortal para encontrarse cara a cara con el rostro que puebla sus
sueos desde hace aos.
La amazona se queda tan boquiabierta como el propio Mecaroth. Se miran el uno a otro como dos viejos amigos
que se vieran por primera vez despus de aos, intentando cada uno de ellos encontrar algn cambio en el rostro
del otro. Mientras a su alrededor se combate a brazo partido cada uno de ellos se queda observando absorto el
rostro del otro.
Luego, el hechizo queda roto sbitamente, cuando la amazona grita una sola palabra que hace que todas las
mujeres guerreras dejen lo que estn haciendo. Entonces, Aketago el hechicero kralorelano se acerca y utiliza su
pobre conocimiento de trowjanico para servir de interprete a los dos amantes, que se encuentran por primera vez
despus de compartir sus noches durante aos. Mientras las renuentes y enojadas amazonas se van apartando de
sus enemigos. Esto provoca algunas situaciones embarazosas, porque algn marinero al que se le haba tirado
encima alguna de las atlticas hijas de Tolat y se le haba colocado encima para rematarle de una pualada,
pensando mas con sus genitales que con su cerebro, llega a protestar.
Tras unos tensos momentos en que la barrera de idioma se interpone entre los dos amantes, solo levemente rota
por su peculiar e insuficiente traductor, las amazonas comienzan a volver a sus lanchas. Un desesperado Mecaroth
gira de un lado a otro como una peonza, discutiendo en unos instantes varios planes que se descartan a la misma
velocidad que se elaboran. Primero pregunta si puede acompaar a las amazonas, luego le dice al hechicero si
puede disfrazarlo de mujer, despus empieza a pedir informacin sobre Trowjang, si la isla se puede visitar y como.
Mientras tanto, las lanchas se van alejando poco a poco, y con ellas el corazn de Mecaroth. Los hijos de Vormain se
van por su parte, y lentamente el ocaso va haciendo desaparecer Trowjang en el horizonte.
Esa noche, Saru habla en un aparte con Abe Noriki y se lo deja bien claro. O se hace el seppuku en cubierta
maana al amanecer y as salva su honor, o tendr que tomar medidas mas extremas. A la siguiente maana, se
prepara todo en cubierta, y el joven samurai comienza el doloroso suicidio ritual. Sin embargo las fuerzas le fallan
nada mas clavarse la espada la primera vez, y su ayudante, el mismo Ota Saru, se ve obligado a decapitarle en
cuanto empieza a gritar.
Poco mas queda por relatar de este viaje, tras otra semana de navegacin por los mares interiores de Kralorela
nuestros viajeros llegan al puerto de Takesago, en Zom-An. Su viaje ha concluido por fin, su deber esta cumplido,
pero apenas quedan 20 de los 100 que partieron. Kato y sus yamabushis (entre ellos Tensui), pulen sus armaduras,
afilan sus lanzas y llevan a cabo su ritual de desfile y revista en el muelle, algo a la vez digno y ridculo, hermoso
pero desolador, solo cuatro yamabushis quedan de la tropa para realizar el ancestral ritual.
Y aqu termina esta parte de la historia. No os preocupis volveremos con mas aventuras de los hijos de Vormain.
Parte dos: Kralorela Confidencial.
LA FIESTA DE LA COSECHA
Son das dulces para nuestros amigos en la isla de Zom-an, en los que por fin pueden recoger los honores y
recompensas ganados en su dificultoso periplo por las islas orientales. Todos ellos reciben una importante cantidad
de dinero adems un gran incremento su prestigio. El seor les da regalos a cada uno de ellos: cinco koku de tierra
para Tomoyuki, objetos de arte para Kasumi, un arco magnifico para Tensui, Saru es promocionado dentro de la
flota y Mecaroth recibe un apellido y mas dinero. Sin embargo Mecaroth tiene prisa por marchar de la isla y llegar lo
antes posible a Trowjang, la tierra de las amazonas.
El otoo pasa rpido y sin incidentes. De vez en cuando nuestros amigos se ven obligados a participar en
escaramuzas con los shikome que infectan las tierras salvajes de la isla, pero disponen de mucho tiempo que
emplean en mejorar sus aptitudes.
Finalmente llega la fiesta de la cosecha una celebracin muy importante, ya que bajo un nombre u otro la
celebran todos los pueblos que habitan la isla (vorumai, kralorelanos, etc.) y Anawa Kanshei gusta de celebrarla por
todo lo alto con el objeto de que estreche los vnculos entre la comunidad. La fiesta se monta en un claro a unos
diez kilmetros al sur de Takesago. En el centro se ha preparado una enorme hoguera que se prendera en el
momento culminante, a medianoche, en los limites del claro hay toda clase de tiendas y puestecillos donde se
vende comida y bebida, se hecha la buenaventura o se pueden practicar juegos diversos. Tambin se celebran
diversos certmenes que van desde una competicin de esgrima a un concurso para ver cual es la calabaza de
mayor tamao que se ha recogido en la isla este ao.
Nuestros amigos estn en medio de todo este bullicio cuando Anawa Kanshei llega a la fiesta vestido con sus
ropas de mandarin y da comienzo la fiesta de manera oficial con una
danza ritual para complacer a los kamis de la tierra, ejecutada por
las muchachas vorumai nobles de la isla. Mas de una le lanza una
mirada picara al apuesto y ahora famoso Tomoyuki.
Despus de esto los compaeros se separan. Tensui, con los
dems monjes que han venido a la fiesta se dedican a divertirse todo
lo posible, mientras Akira y Tomoyuki deciden participar en una
competicin de esgrima. A ella tambin acude un kralorelano
llamado Tzi Li, que parece ser una especie de escolta del Supervisor
Su Ti, el mximo representante de Godunya en la isla. Sin embargo
demuestra tener un pobre dominio de la espada y es eliminado en la
primera ronda. Akira y Tomoyuki alcanzan las semifinales pero all la
suerte les abandona y son eliminados por los campeones de los
clanes Akechi y Anawa respectivamente.
Despus de la competicin de espada Akira y Tomoyuki se
separan. Akira vagabundea por la feria hasta que encuentra a un
cabizbajo Tzi Li que esta bebiendo sake y comiendo pescado crudo
en uno de los puestos. Se sienta junto a el y pese a la hostilidad
inicial de Tzi Li consigue establecer conversacin.
Mientras tanto nuestro amigo Imai Tomoyuki no pierde el tiempo. Una joven dama, Anawa Sakiko, sobrina del
seor de Zom-an se ha citado con el en un pequeo templo a Inari, el
kami del arroz, que se encuentra muy cerca de la fiesta. Imai Tomoyuki
acude a la cita, cuando ya ha anochecido y empieza un delicado galanteo
con la joven dama, interesada en sus aventuras por las islas orientales,
aunque a veces hace preguntas tan atrevidas que hacen enrojecer
al inocente (en estos lances) Tomoyuki. Poco a poco la dama va llevando al
distrado Tomoyuki hacia el claro de la fiesta. Y entonces, cada uno en el
lugar donde este, los aventureros oyen un siniestro aletear de grandes
alas. Son los moritai, los demonios alados que habitan en el Meruyama.
Rpidamente se da la alarma y nuestros amigos se aprestan para el
combate. Los moritai tienen fama de ser estupidos pero rpidos y fuertes.
Imai decide poner a salvo a la princesa Sakiko llevndola hacia el claro, al
acercarse all se encuentra con todas las personas que buscan la cobertura
del bosque.
Mientras tanto Tzi Li y Akira planta cara a un solo demonio y se
sobrecogen ante la fiereza de su ataque. En un extremo lejano del claro
los yamabushis, incluyendo a Tensui tratan de reorganizarse aunque
pronto los moritai comprenden que mas les vale mantenerse alejados de sus largas naginatas. Los Yamabushis
pronto se organizan en grupos y causan estragos entre los monstruos voladores.
Tzi Li deja solo a Akira ya que debe buscar a Su Ti para ver como se encuentra. Desgraciadamente sufre una
confusin y lo que toma por el vuelo de la tnica del mandarin resulta ser el ala de uno de los monstruos que tras
un corto combate lo deja moribundo y tirado en el suelo. Mientras Akira, solo frente a su demonio, pronto sufre la
rotura de su brazo derecho (otra vez!!) y solo la oportuna llegada de Tomoyuki (espoleado por su dama) le libra de
la muerte a manos del horror del Meruyama.
Pese a los esfuerzos de los guerreros y del mandarin Su Ti ,que con sus increbles y msticos poderes ha
conseguido dominar a uno de los demonios y obligarlo a luchar contra sus congeneres, los demonios consiguen
destrozar muchos de los puestecillos y tiendas, y sobre todo impedir la celebracin de parte de los ritos de
agradecimiento por la cosecha. Y una pregunta queda en el ambiente: quien ha enviado a los moritai?.
LA BATALLA CONTRA EL HUAN-TO
Pasan otras dos tranquilas estaciones, pese a ser las mas duras del ao, que nuestros amigos pasan entregadas a
sus estudios y a sus deberes cada vez mayores. As entrenan tripulaciones, reparan barcos, rezan a sus dioses,
ayudan a levantar templos, y sobre todo combaten a las hordas de shikome merodeadores.
El ao recin acabado no ha sido muy bueno. La cosecha no ha dado muchos excedentes y aunque en Zom-an no
se pasa hambre no hay arroz para regalar. Los demonios que habitan aun gran parte de la isla lo saben y las
incursiones se han endurecido con la llegada de la primavera, ya que la caza no les proporciona todos los vveres
que necesitan. Adems la ocupacin humana de la isla la hace mas rara cada da.
Finalmente los hechiceros y sacerdotes han descubierto gracias a la magia que uno de los huan-to de las
Marismas Negras va a lanzar un asalto en toda regla para saquear los graneros de varias aldeas cercanas a las
mismas. Es una oportunidad de oro para acabar con uno de los seores Huan-to de las marismas. As que le han
preparado un recibimiento digno de el, una emboscada que permitir aniquilar sus fuerzas por completo y acabar
con el mismo monstruo. Despus la idea es tomar su fortaleza, acabar con los supervivientes de sus fuerzas y si es
posible utilizarla de puesto avanzado en los pantanos. La operacin se desarrollara as. Las fuerzas principales al
mando de Anawa Kanshei en persona emboscaran a las tropas del huan-to en una hondonada y le obligaran a
retirarse. Se espera que el monstruo sacrifique deliberadamente a una parte de sus fuerzas para huir l, como es
comn en estas criaturas. Cuando huya por la ruta mas apropiada se encontrara con otro grupo de guerreros al
mando de Akechi Shingen y de nuevo se supone que sacrificara a una parte significativa de sus fuerzas para ponerse
a salvo. Entonces solo podr replegarse campo a travs y all es donde le esperaran las fuerzas al mando de Imai
Tomoyuki, compuestas por Imai, los dems aventureros, otros 6 samuris, 30 ashigarus (soldados) con yaris (lanzas)
y 20 yamabushis al mando de Tensui. Adems llevara, como el resto de las tropas, un tambor kaito [i] y dos hombres
para llevarlo y tocarlo.
Todo esto se le comunica a Imai Tomoyuki en un consejo de guerra en el que han participado todos los capitanes,
entre los que destacan Anawa Kanshei, Anawa Toshiro y Akechi Shingen. Imai esta muy orgulloso de que se haya
confiado en el para tan importante misin. Sin embargo pronto averigua que no es oro todo lo que reluce, pero
decide guardar este conocimiento en secreto.
Imai Tomoyuki se rene con sus compaeros, incluido el recin llegado Mecaroth que ha vuelto de forma
misteriosa y acompaado de una mujer que ha presentado como su esposa, y que guarda silencio sobre sus
aventuras en la lejana Trowjang. Imai Tomoyuki tambin solicita la asistencia de Tzi Li, el guerrero kralorelano al que
conoci Akira en la fiesta de la cosecha.
Imai discute con sus amigos la estrategia a seguir, se desplazan en secreto a la zona donde esperaran al huan-to y
a sus tropas. El lugar es una delgada franja de bosque de ribera, compuesta por rboles parecidos a los lamos o los
chopos, justo en el limite de los pantanos. Si el plan funciona tal y como esta previsto, llegaran solo un grupo de
shikome agotados adems del huan-to.
Imai trata de averiguar todo lo posible sobre los temibles huan-to. Pide una vez mas ayuda a Akechi Tokuri, que le
cuenta lo poco que sabe del tema y le promete hacer lo posible para ayudarle. Imai interpela a Tzi sobre los huan-
to, lo cual reaviva en el guerrero de Kralorela dolorosos recuerdos. Una vez, cuando era mas joven e imprudente, Tsi
y cuatro compaeros suyos, igual de imprudentes y jvenes, decidieron emboscar a una de esas criaturas, los
malvados entre los malvados, aquellos en los que la vileza del alma es tan grande que ha llegado a retorcer y
corromper su misma carne. Siguiendo un soplo entraron en el Distrito de los Cuatro Vicios de la ciudad natal de Tzi
Li, Wang Hua, y cayeron sobre el huan to por sorpresa cuando este volva a su madriguera, pese a todo la bestia
mato a dos compaeros de Tzi Li e hiri a los dems antes de que acabaran con l. Los huan-to son hombres que
han seguido la senda de Sekever [2] con tal fervor y entrega que no solo sus almas sino tambin sus cuerpos han
cambiando reflejando la maldad que se ha apoderado de sus corazones. Son tambin conocedores de terribles
secretos de magia negra.
Negros presagios se ciernen sobre el animo de los aventureros tras or las palabras de Tzi, pero no desfallecen y
empiezan a trazar sus planes. deciden que colocaran en el centro a las yamabushis con sus arcos listos y a los
ashigarus divididos en dos grupos de quince en las alas, los cuales permanecern ocultos hasta el ultimo momento.
El terreno esta en cuesto, lo que en principio les favorece, ya que se espera que los shikome estn en fuga
desordenada al llegar. y se empalen ellos mismos en las lanzas. tambin preparan gran cantidad de flechas de
fuego, para que con su luz, por tenue que sea, se ilumine el campo de batalla en la noche sin luna.
Por fin llega el da fijado, y antes de que oscurezca las tropas de
Tomoyuki se ponen en marcha. Antes de llegar a su posicin se
encuentran con los dos hombres que llevan el tambor kaito, y
descubren que hay alguien a quien no esperaban, junto a los dos
msicos, hay una muchacha vestida con un kimono verde, que porta
una naginata y lleva una mascara blanca ocultando su rostro. Su
figura es menuda pero atltica, sus manos delicadas pero sus
muecas firmes, sus piernas finas y bien torneadas, tienen aspecto
de haberse ejercitado a menudo. Sostiene su naginata con la misma
seguridad que uno de los yamabushis de Tensui.
Cuando Tomoyuki le pregunta por su nombre y sus intenciones,
solo se digna a responder la primera pregunta: "Shiko", es su
respuesta, que se puede traducir como "doncella de la muerte" en
vorumai. Ceudo Tomoyuki decide aceptar esta ayuda inesperada
pero discretamente ordena a Ota Saru que no pierda de vista a la
chica en ningn momento y la siga adonde vaya.
Poco despus y segn el sol se va ocultando, nuestros amigos llegan a su posicin y Tomoyuki hecha un ultimo
vistazo al terreno y decide que se mantenga el despliegue original, ya que la forma de embudo del terreno
favorecer que todos los shikome se dirijan a la misma zona al huir, y tras hablar largo y tendido con Tensui, deciden
que los toques del tambor kaito indiquen a las tropas cuando y como deben atacar. Un primer toque indicara que
deben prenderse los braseros y encender en ellos las flechas de fuego. Un segundo toque indicara a las fuerzas
ashigaru ocultas que deben pasar al ataque, para cerrarse sobre el enemigo. Se hace hincapi en que el objetivo
principal no es matar a los shikome sino al Huan To. Una vez discutido hasta el ultimo punto, Tomoyuki ordena a
todos que tomen posiciones y solo queda esperar.
Unas horas despus, el silencio de la noche es roto por el sonido de los tambores kaito, y los de odo mas fino
llegan a or algunos gritos y aullidos. Tras unos minutos estos sonidos cesan, y pasa una media hora de nuevo en
silencio, hasta que se oye de nuevo el retumbar de los tambores, esta vez mucho mas cerca y tambin se oyen
claramente los gritos de batalla y el silbido de las flechas. Imai y los dems deducen que esos sonidos deben ser los
shikome enfrentndose a las fuerzas de los Akechi, y se disponen para recibir al enemigo en cualquier momento. Se
tensan los arcos y se clavan flechas en la tierra para tenerlas mas a mano. Se cargan los arcos con flechas cuya punta
esta envuelta en trapos aceitados para que prendan. Kasumi Akira lanza un poderoso conjuro de hechicera sobre su
hoja, un enorme no-dachi que acaba de adquirir. Sus estudios durante los ltimos meses en el arte de la hechicera
le permiten lanzar conjuros mucho mas poderosos y duraderos y decide aprovechar al mximo esta ventaja. Tensos
como las cuerdas de sus arcos, los guerreros aguardan.
Por fin los de odo mas agudo empiezan a or los primeros ruidos de carrera, y poco despus, los de mejor vista
distinguen entre las sombras las formas de hombros cargados de los shikome. En ese momento Tomoyuki ordena
lanzar la primera descarga de flechas incendiarias. Las
flechas surcan el cielo nocturno como cometas que cruzan
el firmamento. Al caer algunos proyectiles prenden fuego a
rboles y arbustos y otras quedan clavadas en la tierra,
creando una luz tenue e intermitente en la que se recortan
las sombras de los shikome. Comienza a orse el retumbar
del tambor kaito, y como respondindole se empieza a or
un aullido escalofriante que intenta hacer presa en el
corazn de los guerreros. El sonido del tambor les ayuda a
combatirlo, pero a algunos les flaquea el animo, entre ellos
Kasumi Akira, y a : Imai Tomoyuki!!. Afortunadamente
para ellos, nadie puede verlo porque de inmediato Tensui
ordena cargar a sus yamabushis, y con ellos ataca la
enigmtica Shiko y su "protector" Ota Saru. Casi de
inmediato los monjes guerreros chocan con los primeros
shikome, criaturas pequeas y miserables, muchas de las
cuales estn totalmente desarmadas, ante sus terribles
naginatas empiezan a caer como moscas, pero su numero
parece inagotable, aunque los vorumai no pueden ver
claramente solo con la luz del fuego y luchan con alguna
desventaja, sin embargo pronto queda claro que la habilidad de sus enemigos es casi nula, sin embargo tratan de
aprovechar la ventaja de su numero al mximo. Siempre hay dos de ellos por cada uno de los guerreros y el que no
combate intenta derribar a su oponente amarrndose a sus piernas. Sin embargo los yamabushis aguantan firmes y
causan una mortandad terrible entre sus enemigos.
Mientras tanto Tensui ordena que los tambores empiecen a tocar el segundo toque y los ashigarus salen de sus
escondrijos y con gran precisin se colocan en ambos flacos del grupo de yamabushis encerrando a los shikome por
tres lados. Sin embargo el torrente de enemigos es inmenso y sigue precipitndose contra ellos.
Pero no nos olvidemos de los dems aventureros. Ota Saru esta en el flanco derecho de los yamabushis, ya que es
donde se coloco Shiko en cuanto empez la accin, as que esta all machacando a los infelices shikome junto a los
dems. Tzi Li y Mecaroth, a los que la sorpresa ante la actitud de Tomoyuki ha dejado helados, deciden correr hacia
al combate, pero al llegar ven que no hay sitio para ellos de momento entre las prietas filas de los yamabushi.
Mientras tanto Akira y Tomoyuki estn intentando encontrar dentro de si el valor que les permita sobreponerse a la
oleada de vergonzoso pnico que los domina. Akira lo consigue, pero Tomoyuki sigue presa de el.
De entre las filas de los demonios se empiezan a or grandes voces en un dialecto tan oscuro de la lengua de
Kralorela, que solo Tzi Li es capaz de comprenderlo. La Voz dice esto: "seguid enviando esclavos". Cuando miran en
la direccin en que se han oda las palabras, ven que las palabras provienen de una gigantesca forma que se recorta
entre las llamas. Un ser enorme, deforme, que porta una hoja de enormes dimensiones. Auras de poder mgico le
rodean a el y a su enorme arma.
El torrente de shikome esta empezando a causar problemas a los yamabushi, simplemente por su cantidad, los
cadveres yacen agolpados a sus pies y les obstaculizan. Tensui ordena a sus hombres retroceder tres pasos y
aguantar. La Voz profunda y cavernosa vuelve a hablar:"aullad", y de nuevo se oye el escalofriante y bestial aullido.
Y de nuevo el animo de Imai Tomoyuki flaquea.
Pese a las medidas de Tensui se empiezan a aparecer
brechas en las lneas de los yamabushi, brecha que
aprovechan algunos de los aventureros para estrenarse en
el combate. La suerte es desigual, ya que aunque todos ellos
matan a bastantes de los infelices shikome, algunos
experimentan dificultades, como Ota Saru, al que se le cae
el yelmo sobre los ojos..
Los yamabushis no solo resisten el envite si no que causan
tal mortandad que Tensui decide aprovechar la ocasin y
ordena avanzar a los suyos. la Voz habla de nuevo:
"reagruparse". Los shikome se apelotonan todos alrededor
de la inmensa figura y lanzan un ultimo ataque desesperado. Un caudal de cuerpos verdosos apenas entrevistos a la
luz de las llamas se precipita contra el dique de yamabushis
En ese momento, Imai lanza contra el suelo una bola de cermica que ha guardado para este momento. Cuando
golpea el suelo produce un resplandor como el de la luz del da. Al verlo los shikome chillan horriblemente y se
apartan a un lado, dejando una brecha que conduce directamente hacia el Huan-To, el cual esta rodeado por su
guardia personal, cadveres putrefactos levantados de sus tumbas y cubiertos con jirones de ropas y armaduras. Los
aventureros que estn cerca (Mecaroth, Akira, Tensui y Tomoyuki) deciden aprovechar la oportunidad y empiezan a
pasar por encima de los cuerpos vivos y muertos que cubren el suelo. Tensui ordena a seis de sus guerreros que
avancen para mantener la brecha abierta. Mecaroth, utilizando sus sobrehumanas capacidades y, movindose con
la velocidad del rayo, llega a la altura de sus enemigos y golpea con su rapier a uno de ellos y lo atraviesa de parte a
parte. Los dems no consiguen llegar tan rpido.
Mientras tanto, la misteriosa Shiko, que ya ha acabado con todos los shikome que la atacaban, empieza a girar su
naginata sobre su cabeza cada vez mas rpidamente,
hasta que con un aullido la apunta hacia al huan-to.
Entonces de la punta de la naginata surge un bola de
luz azulada con garras y rasgos espectrales que cruza la
distancia hasta el huan-to en un parpadeo y se coloca
sobre el monstruo y le hace aullar de dolor. Las
amenazadoras auras que lo rodeaban se apagan
Los aventureros lanzan su primer asalto contra las
bestias, algunas de ellas caen, pero cuando les toca el
turno de atacar a ellas comprueban horrorizados que
su velocidad es terrible y sus garras afiladas. Sin embargo varios de los monstruos caen o son heridos de gravedad,
mientras el monstruo alla de dolor con el espritu retorcindose sobre su inmensa cabeza y enormes chorretones
de pestilente sudor surcando su cuerpo.
El primero en atacarle es Tensui, pero haciendo un esfuerzo supremo la criatura consigue parar con su enorme
mandoble su naginata. Luego sbitamente se desembaraza del espritu que le atormenta y lanza un terrible golpe
contra Tensui, este consigue pararlo pero aun as sufre la amputacin de su pierna. El ataque de Akira con su No-
Dachi es detenido y pese a la formidable magia que ha lanzado sobre el no consigue daar al monstruo que esta a
punto de clavarle sus dientes del cuello.
Tzi Li que se ha desembarazado con sus dos cimitarras de numerosos enemigos dirige su atencin hacia los que
combaten con el huan-to y decide extraer de su morral uno de los dardos mgicos que le regalo su padre y
pronunciando la palabra que tiene escrita en la tira de papel que cuelga de el, lo arroja contra el monstruo. El dardo
prende en llamas al salir disparado y con un tiro increble se clava en uno de los ojos del huan-to, haciendo que toda
su cabeza estalle en llamas, y que se derrumbe con un terrible aullido. Para entonces ya han muerto casi todos los
shikome. La batalla ha acabado y ha sido una gran victoria. Los aventureros estn exultantes por su victoria, ya que
apenas han tenido bajas. Con el alba llega el seor Kanshei y su comitiva, incluyendo varias servidoras de Cha-an-ro,
la blanca diosa de la misericordia que arreglan la pierna de Tensui, mientras el seor de la isla felicita a los valientes
por su gran victoria sobre las fuerzas enemigas. tambin lo hacen los dems seores y jefes que lo acompaan,
aunque al menos uno no lo hace de corazn.
[i]
Tambores fabricados con ki. El artesano gasta un punto de PER y hace una tirada de Fabricacin/piel y si tiene
xito, los tambores inspiran al ejercito cuando se tocan debidamente. Si se tiene xito en una tira de Tocar
Tambores Kaito, cualquier ataque mgico destinado a acobardar al ejercito, del tipo Desmoralizacin ser resistido
por los soldados del bando que toca los tambores que oigan su sonido como si tuvieran 5 puntos mgicos mas de
los que realmente posean en ese momento. Si se tocan utilizando Ki de Tocar Tambores pueden llegar a afectar
positivamente con efectos tipo Fanatismo o dar bonificadores al ataque. Estos efectos desaparecen en cuanto se
deja de or el sonido de los tambores.
[2]
Culto considerado como maligno por el gobierno kralorelano. segn estas gentes Sekever es el dragn csmico
que quiere poner fin a su creacin, pero los cobardes dragones menores no se lo permiten. Para ello han creado su
"sendero draconiano", lleno de normas y leyes. Por consiguiente un devoto seguidor de Sekever debe hacer todo lo
posible por quebrantar todas las normas morales, ticas y legales que debe seguir un kralorelano decente.
1. El Palacio de Madreperla es la residencia oficial del Dragn del Norte, el Exarca que comanda el Ejercito del
Norte, pero este raramente esta en la capital, permaneciendo casi siempre con sus tropas, en el norte, en la regin
conocida como la Frontera Dozaki.
2.El dragn de oro kralorelano es una de las monedas mas fuertes y fiables de Genertela. En el sistema kralorelano
un dragn de oro equivale a 20 thaluzis de plata, pero un thaluzi de plata equivale a mas de un lunar, ya que la
moneda peloriana ha sufrido varias devaluaciones en las ultimas dcadas y su contenido en plata se ha rebajado.
3.La mayora del ejercito kralorelano esta encuadrado en los llamados Siete Dragones de la Guerra. Estos son : el
ejercito del norte, el ejercito del sur, el ejercito del este, el ejercito del oeste, el ejercito del centro, la flota del
Suam-Chow y la flota exterior. Los comandantes de cada uno de estos cuerpos de ejercito reciben el titulo de
exarcas y sus ttulos oficiales, son Magnifico Dragn Guerrero del Norte, Poderoso Dragn Guerrero del Mar
Exterior, y as. Sin embargo en el da a da el titulo se suele abreviar.
4.Dozaki: Tambin llamados Hombres de la Oscuridad, Uz o Trolls (en el lejano occidente).
5.Frontera Dozaki: territorio en disputa entre la Tierra del Esplendor y los Dozaki, sus limites son: al oeste el Reino
de la Ignorancia, al este el mar de Kahar, al sur el ri Tien-Lun y al norte el ri Cinta de Plata. Aunque tcnicamente
forma parte de la provincia de Shiyang esta administrado por el Dragn del Norte. segn se va uno alejando del ri
la autoridad kralori se va debilitando. Aunque hay aldeas de campesinos kralorelanos no son la mayora de la
poblacin. Hay muchos Ming-ko, una desigacion generica con la que los mandarines kralorelanos ser refieren a
todos los pueblos que habitaban en Koromandol hasta la segunda edad. Algunos de las tribus Ming-ko parecen ser
hsunchen, pero otros no. Entre los totems hsunchen conocidos estn la morsa, el tigre, la orca y el zorro. En los
ltimos aos el Dragn del Norte ha instalado tribus pentanas en la zona, con la idea de conseguir una fuerza de
caballera que le ayude a tener a raya a los incursores dozaki
MEMORIAS DE UN SOLDADO DESCONOCIDO
Nota del Autor: pese a nuestros esfuerzos nos ha sido imposible encontrar testimonios directos sobre esta fase de la
vida de los aventureros. Las fuentes mas cercanas que hemos encontrado, aparecieron en una biblioteca de
Fuknama y parecen ser las memorias de algn olvidado soldado annimo. A continuacin citamos algunos pasajes
de esas memorias.
..." La primera vez que vi al capitn A-Nu y
sus acompaantes fue en el campo de
instruccin de las afueras de Chi-Ting, ramos
un centenar de jvenes campesinos
ignorantes y muertos de miedo. Llevbamos
tres meses intentando acostumbrarnos a
marchar llevando nuestras pesadas
armaduras de bronce, nuestras ballestas y el
resto de nuestro equipo, aprendiendo a
luchar, a movernos al mismo tiempo..., y
entonces apenas unos das antes de que nos
mandaran a nuestro destino, cambiaron toda
la oficialidad de la compaa y nos
encontramos con un capitn y cinco tenientes
completamente nuevos."
..." En cuanto llegamos a Tzu-Lung nos
recluyeron en una especie de campamento
amurallado, de donde solo nos dejaban salir
en pequeos grupos y desarmados. Los
ciudadanos de x no tienen nada en contra de
los soldados, bien al contrario estos
representan una abundante fuente de
ingresos para ellos, sin embargo el exarca de
Shiyang y sus mandarines son harina de otro
costal. Hace siglos que el exarca y el dragn
del norte luchan por el control de las tierras
entre el Tien-Lun y el Cinta de Plata, y como
el exarca no consigue hacer valer sus puntos de vista se venga haciendo la vida imposible a los soldados cuando
estn de permiso en Tzu-Lung..."
.." No puedo decir mucho de la costa de Koromandol, ya que aunque pasamos dos semanas bordendola en las
poco marineras barcazas en las que embarcamos en Tzu-Lung, la espesa niebla que nos acompao a lo largo de
todo el viaje me permiti ver bien poco de ellas. Segn los marineros esta niebla era engendrada por la terrible
bruma del mar de Kahar, y en ellas los demonios abisales podan nadar con igual soltura que en el agua.
Afortunadamente no nos cruzamos con ninguno durante el viaje, pero el ambiente era tan opresivo que algunos
estuvieron cerca de enloquecer y muchos tenamos pesadillas por las noches. Puedes imaginar, lector, nuestro alivio
al llegar a Saipan y ver brillar al sol las doradas cpulas del gran templo-fortaleza de Yelmalio. Sin embargo nada
mas desembarcar en los muelles del templo nos llevaron a los barracones en la parte trasera del mismo, y all
pasamos las dos siguientes semanas entrenndonos. Y en eso, y en nada mas nos entretuvimos esas semanas, sin
poder cruzar el ri hacia la ciudad, as que nada puedo contaros de ellas hasta mas adelante..."
" Entre ocho y diez das de marcha hay entre Saipan y los fuertes del Meandro, donde nuestro regimiento haba sido
destinado. La mayor parte de esta regin esta cubierta por un bosque antiguo y denso, de rboles rectos como
lanzas con follaje de color verde oscuro. Para la mayora de nosotros, provenientes de las comarcas interiores de la
isla de Hum-Chang, donde todos los rboles han sido plantados por la mano del hombre desde los tiempos del
emperador Daruda, este era un terreno terriblemente extrao y hostil. Me temo que nuestro capitn A-Nu, que por
lo visto provena de un pas meridional cubierto de selvas, nunca llego a percatarse de este hecho..."
"Los llamados Fuertes del Meandro son un conjunto de siete fortificaciones cuyo objeto es custodiar esta zona del
curso del ri Cinta Plateada. Hay tres fuertes principales, en cada uno de los cuales se acantonan dos compaas, y
cuatro fuertes menores, en los cuales la guarnicin es de una sola compaa. A uno de estos fuertes menores fue
destinada nuestra compaa, pero antes de llegar a ella pasamos por el llamado Fuerte Central, por estar en el
centro de todo este dispositivo de defensa, y vimos que los alrededores del mismo estaban atestados de soldados,
que acampaban por doquier al no haber sitio suficiente en la fortaleza. Por lo visto, en un ardid de la guerra, las
fuerzas a las que bamos a relevar no se iban a retirar hacia el sur, sino que iban a aprovechar para lanzar una
ofensiva por sorpresa..."
"El fuerte que nos haba tocado en suerte no era nada impresionante. Un montn de madera y tela colocado sobre
una pequea elevacin desde la que se domina parte del Cinta de Plata. Desde lo alto de una de las torres de viga
se tenia la impresin de estar en una isla en medio de un mar verde, tan densa era la espesura que nos rodeaba. En
un lugar as, era seguro que la molicie pronto hara presa en nosotros, un lugar dejado de la mano de los dioses, con
la poblacin de seres humanos mas cercana a veinte kilmetros de distancia a travs de estos bosques oscuros".
"Sin embargo no dispusimos de demasiado tiempo para aburrirnos. Poco ms de una semana haba pasado desde
nuestra llegada cuando las circunstancias cambiaron de manera tan rpida como dramtica. Los gritos de alarma
me despertaron, junto con el resto de mis compaeros. Rpidamente nos ordenaron que recogiramos todas
nuestras pertenencias y nos preparramos para marchar de aqu. Actuamos con celeridad, no por que estuviramos
bien entrenados, sino por que omos un pesado retumbar que hacia que todo se estremeciera. En unos minutos
estbamos todos en el patio y empezamos a salir por las puertas, mientras sonaba el retumbar incesante que antes
he descrito. A mi me toco marchar en el grupo de retaguardia, al mando del teniente x. No sabamos que estaba
pasando, se rumoreaba que una horda de dozaki nos estaba atacando, montados en bestias gigantes, tambin que
los exploradores trollkin haban desertado. Marchbamos a toda velocidad por los bosques, por un sendero
inhspito hasta para las cabras y estabas muertos de miedo, la mayora creamos que moriramos esa noche y los
bestiales Dozaki devoraran nuestros cuerpos. Pero los oficiales nos gritaban sin parar y nos obligaban a seguir
adelante. Cuando ya llevbamos una hora corriendo y se haba dado la orden de ponernos a paso de marcha,
cuando alrededor nuestro y desde los rboles empezaron a orse el silbido de las piedras de honda. Gracias a
nuestra armadura ninguno de nosotros cayo en aquella primera andanada, sin embargo las piedras no cesaban de
caer a nuestro alrededor no fuimos capaces de reagruparnos hasta que llego el capitn A-Nu y consigui que
cerrramos filas. Para entonces ya haban cado varios de los nuestros, ya que algunos rompieron la barrera de
escudos y nuestros enemigos aprovecharon para alcanzarlos con sus hondas. Perdimos as a varios compaeros,
mientras algn tirador particularmente diestro tomaba al capitn como blanco favorito. Pareca que al reconstruir
nuestras filas nuestros enemigos haban tirado la toalla, pero pronto los gritos del capitn nos sacaron de nuestro
error empez a gritar "alertad a la vanguardia, van a atacar por all", y fue rpidamente hacia all. Al parecer acert
en previsin, y segn me contaron mis camaradas, el teniente Meg-Tzu hizo aparecer un muro de luz que contuvo a
los demonios Dozaki y nos permiti llegar al Fuerte Central sin mas incidentes. Otras compaas estaban ya all, y los
capitanes se reunieron, y al poco dijeron que nuestro capitn era ahora el Taln del Regimiento".
DIARIO DE UN SAMURAI
Soy Imai Tomoyuki, del clan de los Imai, samurai de noble estirpe. Estoy al servicio del clan de los Akechi, de mi
Seor Akechi Shingen. Mi familia le jur fidelidad y mantendr la palabra de honor. Tengo obligaciones que cumplir,
y tambin son muchas son las horas que permanezco en el patio de armas del shiro practicando con las katanas, con
otros samuris de noble estirpe. Mis cortos periodos de descanso los pienso dedicar a la meditacin, el estudio y la
escritura. Se que algunas de las cosas que aqu refleje pueden ser peligrosas, sobre todo si este diario cayese en
manos de alguien indeseable. Lo mantendr oculto entre mi equipaje del junco salvo cuando quiera escribir.
Entonces lo ocultar entre mis ropajes y escribir en la intimidad. Nadie conocer la existencia de este diario ...
salvo cuando est muerto y lo descubran entre mis pertenencias. Aprovechar para tomarlo cuando est en la
embarcacin. Con frecuencia bajamos por las cuerdas que nos llevan hasta el junco, practicando para cuando llegue
el momento de la huida. Entonces aprovechar para visitar mis pertenencias y cogerlo.
Nuestro Seor, Akechi Shingen, parti hace varios das hacia el exilio en la isla de Zom-An. En su shiro de
Nabuta, en la isla de Kaishen, quedamos cien hombres escogidos. Ha huido de Mori Terumoto, antao su Seor y
ahora su enemigo. Mori Terumoto cree que mi Seor permanece todava en el shiro. Nuestra misin : contribuir al
engao tramado para permitir que su huida hacia Zom-An sea segura. No tenemos posibilidad alguna de sostener el
asedio, pero aguantaremos todo lo posible antes de huir en nuestro junco, situado junto al acantilado del castillo.
La expedicin
Esta maana se dirigi a nosotros Nakamura Kogaratsu, sin duda el mejor de los guerreros Akechi, puesto al
mando del shiro por nuestro seor Akechi Shingen. Tena la intencin de realizar una descubierta en las afueras del
shiro. Fuimos seleccionados veinte hombres, que bajo el mando de Mutai Enzo debamos salir al exterior para
obtener informacin acerca de la posicin de las tropas de los Mori. Nos deslizamos hasta la colina del Salto del
Caballo, y una vez all Mutai Enzo dividi la avanzadilla en pequeos grupos de cinco hombres que partieron hacia
lugares distintos. Se dirigi a mi y me orden encabezar una de esas avanzadillas de cinco hombres, en direccin a
la aldea de Nobuta, para recabar informacin. Me acompaaran en la expedicin Kasumi Akira, un noble y
estudioso samurai, Ota Saru, un wako-samurai, Tensui, un yamabushi de Yelmalio y Meca, un gaijin brbaro y de
extraas facciones.
Mi intuicin de guerrero me permita adivinar que el peligro acechara en cada uno de los rincones por
donde pasramos. Orden desplazarnos a travs del follaje del bosque, sin duda mucho ms seguro y que
mantendra el secreto de nuestra partida. Divisamos una columna de humo y nos acercamos sigilosamente para
verificar lo que ocurra. Al acercarnos escuchamos una extraa cancin entonada por un carbonero de la zona. Saru
lo estuvo observando y no vio nada extrao en el carbonero. Alguno de mis compaeros de expedicin sugiri
interrogarle para extraer informacin, a lo que me negu rotundamente. Tenamos una misin que cumplir y un
simple carbonero no era nuestro objetivo, y lo nico que podra pasar es que delatramos nuestra situacin a
alguien. Las tropas de los Mori acechan en las proximidades y podran torturar al carbonero para que hablase.
Decid continuar nuestro camino sin delatar nuestra posicin.
Continuamos a travs del bosque hasta llegar a los arrozales que rodean Nobuta y su templo de Valzain.
Habamos llegado hasta el punto de informacin y tras inspeccionar desde el bosque las inmediaciones no
observamos nada anormal. Aun as haba que continuar en sigilo y vigilantes ante el peligro.
No se cmo ocurri, pues nada raro habamos detectado. Nos encontrbamos a escasos metros de la parte
trasera del templo, todava en el bosque. De repente Meca, el gaijin, llam mi atencin sobre un ruido que haba
escuchado entre los arbustos. Cuando nos dirigamos a inspeccionar el ruido saltaron sobre nosotros. Aparecieron
de entre los rboles, detrs de los arbustos, incluso en el templo. Eran seis ninjas y nos atacaron con fiereza. Pero
unos seres tan innobles y prfidos no podan derrotarnos. Todo fue muy rpido, mucho ms que la lectura de estas
lneas. Yo llevaba mi lanza en las manos y la katana enfundada. Cuando uno de los ninjas se abalanz sobre m
apenas tuve tiempo de soltar la lanza y desenfundar la katana. Pude detener el golpe del bastardo. Ese fue su final.
Tan rpido como el viento lanc un golpe sobre el infeliz. Le acert de pleno en el brazo y el asesino slo pudo
contemplar cmo ste volaba entre las ramas. Sus gritos de dolor se ahogaron en el fragor de la lucha. Se golpe
contra uno de los rboles y cay al suelo. Mas tarde mis compaeros me contaron que se seccion el cuello con un
arma corta. Sin duda era consciente de que su batalla personal haba concluido.
La suerte de mis compaeros de expedicin fue dispar. Tensui me dijo despus que el ninja que se abalanz
sobre l apenas tuvo opciones de lucha. Su eficaz naginata le seccion el abdomen, muriendo casi antes de caer
sobre el suelo. Meca tambin tuvo xito en la lucha. Pude contemplar cmo derribaba a su adversario con un
certero golpe. Luego vi cmo le remataba en el suelo ensandose con l. Un acto innoble propio de gente de su
estirpe. Por su parte, Saru acert a uno de los bastardos con una flecha en la pierna. Luego se puso a cubierto entre
los rboles. La peor parte la llev Akira. Sin duda debi enfrentarse a un asesino muy preparado ya que es difcil
creer que un guerrero samurai de noble estirpe pueda caer doblegado ante un perro sarnoso. No pude contemplar
lo que ocurrio entre Akira y el ninja, pues me encontraba en plena lucha. Al parecer el bastardo lanz un certero
golpe sobre el abdomen de Akira, que ni su armadura pudo detener. Akira cay al suelo de forma fulminante y
agnica.
Despus de seccionar el brazo de mi adversario me gir sobre el agonizante Akira. Pude ver al ninja que le
haba ensartado y me lanc sobre l dispuesto a matarle. Tambin Tensui se dispona a atacarle, pero como por arte
de magia el asesino se desvaneci en una extraa nube de humo. El ninja que haba sufrido el flechazo huy y lo
mismo hizo otro bastardo que se encontraba oculto en una de las ventanas del templo, el cual nos haba disparado
varias flechas. Los ninjas eran conscientes de la imposibilidad de derrotarnos y decidieron huir.
Akira agonizaba en el suelo. Su herida era mortal. No haba duda alguna. Mis conocimientos de primeros
auxilios apenas tuvieron xito ante semejante punzada, y de nada servira utilizar el poder que los espritus de mi
clan me legaron para curar una herida tan abierta y profunda. Temimos lo peor pero el yamabushi de Yelmalio
invoc a una extraa divinidad que actu sobre Akira, salvndole la vida, ante nuestros atnitos ojos. Akira volva a
la vida, habiendo estado a un paso de la muerte.
Tras recuperarnos del ataque inspeccionamos el templo de Valzain sin encontrar nada que pudiera
interesarnos. Temiendo que los ninjas pudieran regresar con refuerzos di la orden de regresar al punto de reunin
con Enzo. Nuestra expedicin apenas arrojaba luz sobre la posicin de los Mori. Solo se haba saldado con la muerte
de tres indeseables ninjas. Nada ms sacamos en claro.
Regresamos esta vez por el sendero que habamos evitado en la ida. Volvimos a ver la columna de humo en
el camino, pero esta vez mucho ms difusa y apagada. Sin duda el fuego se estaba extinguiendo. Yo no era
partidario de perder el tiempo con carboneros, pero Akira, todava afectado por el ataque recibido junto al templo,
se acerc a ver qu es lo que encontrara por all. No vio nada de particular, salvo el cadver de un hombre
escondido en una caseta, tras el carbn.
Ya en el punto de reunin puse a Enzo al corriente de nuestra expedicin, informndole de nuestro
encuentro con los ninjas. Uno de los grupos expedicionarios s que pudo ver al ejrcito de los Mori, unos dos mil
hombres, que se acercaban al shiro. Regresamos rpidamente para informar de todo a Nakamura Kogaratsu.
El duelo de honor
Sabamos que muy pronto tendramos que enfrentarnos al asalto de los Mori. No podamos perder el tiempo
y prepar con esmero el enfrentamiento que solo yo saba que tendra lugar poco despus. Una de las razones por
las que ms honrado me sent cuando Akechi Shingen decidi que yo fuese uno de los cien hombres escogidos para
mantenernos en el shiro fue precisamente la posibilidad de vengar el honor en mi familia. Mi amado abuelo tuvo
que hacerse el Seppuku por la traicin de un perro Mikoshi. El honor de la familia haba sido daado y mi padre me
leg la katana Yamasita, la espada del clan. Con ella deba lavar el nombre de la familia. Si hubiese tenido que partir
con la expedicin de mi Seor hacia Zom-An muy probablemente nunca ms pudiera ver estas sagradas tierras y
quizs nunca habra tenido la oportunidad de reparar dicha mancha. Quedarme en el shiro era, pues, no solo un
honor, sino la nica posibilidad de ver a los perros sarnosos y ajustar cuentas. Tena, pues, que prepararme a
conciencia. El duelo tendra lugar en breve. Saba que los perros Mikoshi servan en las filas de los Mori. Saba que
haba Mikoshi delante de las murallas del shiro. Era mi oportunidad.
El da siguiente a nuestra expedicin estuve casi todo el da practicando con las katanas de madera. Meca, el
brbaro mercenario, tuvo la osada de dirigirse a mi para pedirme practicar con el arma sagrada de un samurai : la
katana. Que osada !. Si no hubiese sido un mercenario a sueldo de mi Seor Akechi Shingen all mismo lo habra
ajusticiado. Un brbaro sin honor solo probara la katana de un samurai para un solo cometido : morir. Todava
recuerdo cmo se ensa con el perro ninja. Un soldado de honor se ensaara con un enemigo, por muy
deshonrado que fuese ste. Eso nos hara perder el honor. Los brbaros no tienen honor!. Desapruebo que mi
Seor Akechi Shingen los utilice en su ejrcito. Es un error. Pero mientras estn los respetar. La fidelidad a mi Seor
est muy por encima de mi opinin sobre los brbaros.
Un da despus divisamos frente a las murallas del shiro a las tropas de los Mori. Eran muchos y se disponan
para el combate. Lo sabamos, y ramos conscientes de que con slo cien hombres no podramos detener el asalto,
pero haba que mantener la farsa hasta el final. As habra de ser y as sera. Pero antes vendra la esperada hora de
los desafos. Ante mi sorpresa, Nakamura Kogaratsu se dirigi al templete y desde all lanz un solemne desafo. Sin
duda l tambin tendra alguna cuenta pendiente que ajustar con algn sarnoso. Saba que Nakamura Kogaratsu era
un gran guerrero, posiblemente el mejor de los Akechi. No me caba la menor duda de que resultara victorioso en
el combate, dndonos ejemplo a todos los dems con su maestra. As fue. Derrib a su rival y result victorioso en
el duelo. Era mi turno.
Me dirig al templete y grit fuerte y claro pidiendo la presencia de un repugnante Mikoshi. Lanc mi desafo
y al poco de terminar mis solemnes palabras un Mikoshi, de nombre Tadabonu, dio un paso al frente y acept el
desafo. Lleg la hora de la verdad, la hora de saldar las cuentas pendientes y vengar el honor de mi familia.
Me diriga hacia el punto de combate cuando Ota Saru me habl. Quera ayudarme en el combate de una
manera innoble !. Pretenda robarle con un conjuro a mi enemigo la voluntad de vencer. Ah demostr ser un
waku-samurai, sin apenas linaje, cuyo abuelo era pescador. No tiene conciencia de lo que es el honor !. De no
haber mediado un duelo sagrado para m me habra vuelto hacia l para ensearle en sus propias carnes un par de
lecciones. Pero el honor de la familia esperaba a las puertas del shiro para ser vengado y no poda perder el tiempo
con un waku. Le amenac con cortarle el cuello si osaba manchar mi victoria con algn indigno subterfugio. Creo
que capt el mensaje.
Invoqu a los espritus de mi clan, que me legaron un poder especial sobre Yamasita, mi katana, haciendo
que su filo cortase mas de lo habitual. Este poder especial solo tiene efecto sobre la katana de mi clan, y qu mejor
momento para estrenarlo que este !. Era el momento de hacer rodar la sangre de un bastardo Mikoshi, al tiempo
que se vengaba el honor familiar. Escogimos duelo a katanas desenfundadas y comenz la lucha. Cuanto tiempo
llevaba yo esperando este momento !. En la katana Yamasita y en mis manos descansaba la posibilidad de vengar el
honor familiar. Y as fue. No di opcin a Tadabonu. Lanc un certero golpe sobre su abdomen. Tadabono cay
fulminado. Slo me quedaba cortarle la cabeza para as terminar con la venganza. As fue. Me retir orgulloso,
rememorando los tiempos junto a mi abuelo y recordando las palabras que mi padre me grabara en la mente
respecto al honor familiar y su venganza. Mientras me diriga orgulloso hacia el shiro, me cuid de limpiar
cuidadosamente a Yamasita. La sangre de un puerco todava manchaba su honorable filo.
La deuda de honor haba sido saldada. Ahora slo quedaba ponerse de nuevo bajo el mando de Nakamura
Kogaratsu y resistir el asedio. Este comenz muy poco despus. Los Mori cargaron sobre nosotros con singular
fiereza. Una lluvia de flechas les recibi sin piedad. Vi cmo algunos caan abatidos apenas haban dado unos pasos,
pero la inmensa mayora se diriga hacia el shiro gritando con furia. Pronto alcanzaron las murallas y tendieron las
escaleras para tomar el shiro al asalto. Luchamos con bravura. Ota Saru emple su innoble poder para robar a los
enemigos la voluntad de vencer e hizo caer a los enemigos por la escalera. El resto luchbamos con nuestras armas
reglamentarias. Tensui manejaba con habilidad la naginata. Pude ver como el brbaro Meca tena problemas con su
rival, que pareca haberle ganado el terreno en la almena. Pero no tena tiempo de comprobar lo que pasaba a mi
alrededor, pues pronto tuve al primer enemigo junto a m. Con mi katana desenfundada y preparada para el
combate lanc duros golpes sobre mi adversario, que los detuvo al tiempo que me atacaba. Intercambiamos golpes
cuando, en breve, sonaros las trompetas de los Mori tocando a retirada. Me sorprendi la rapidez con la que los
Mori retrocedan. Sin duda era un ataque de prueba. Queran comprobar la solidez de la resistencia. De momento
habamos aguantado el primer asalto. Se habran dado cuenta de la farsa ? Quizs sabran ya que el castillo no
podra resistir ?. Creo que lo sabremos pronto.
DIARIO DE UN SAMURAI
El asalto final de los Mori
ramos conscientes de que los Mori repetiran el asalto hasta lograr tomar el shiro. Su primer ataque lo
habamos rechazado con xito. Los Mori tuvieron bajas ... pero nosotros tambin. Y una guerra de desgaste nos
perjudicaba mucho mas a nosotros, que slo ramos un puado de hombres dispuestos a mantener una farsa. Los
Mori eran centenares, ms de dos mil, y no tardaron en volver a intentarlo, como ya temamos.
Gritaban de forma estruendosa y en sus caras se reflejaba la furia del combate. Esta vez nos atacaron muchos
ms de los que lo intentaron la primera vez. Posiblemente alguno de los supervivientes del asalto anterior pudo ver
nuestros muecos en las garitas de vigilancia, o quizs se dieron cuenta de que ramos solo unos pocos. En
cualquier caso estaba claro que esta vez no retrocederan. Nakamura Kogaratsu, en vista de las bajas que habamos
sufrido en el primer intento de conquistar el shiro, orden que la mayora de los superviviente se trasladaran ya al
junco que aguardaba al pie del acantilado. Decidi que solo permanecieran treinta hombres en el shiro para recibir
la primera oleada de ataques. Aun as, decidi que los treinta hombres se dispusieran en tres grupos de diez, que
huiran de forma ordenada. Pidi voluntarios para el ltimo grupo, el ms peligroso, el que deba aguantar casi
hasta el ltimo suspiro la avalancha Mori. Me present voluntario. Ya haba saldado mi deuda de honor. Estaba
orgulloso de m mismo y no me importaba morir. Los espritus de mi clan y mis antepasados esperaran con orgullo
mi llegada, que sin duda sera triunfal al haber lavado el honor familiar. Di un paso al frente y con voz enrgica le
dije a Kogaratsu :
- Puedes contar con Imai Tomoyuki para recibir a los Mori, hasta la muerte si es preciso ! ! !
Con nosotros tambin continu Ota Saru, que se senta herido por las innobles artimaas empleadas en el
asalto anterior. Sin duda quera resarcir su honor, todava endeble. Un gesto honorable, tan difcil de encontrar en
los wako !. Tensui y Akira huiran en el grupo anterior.
Recibimos a los Mori con flechas. Cayeron algunos pero eran demasiados. Kogaratsu orden la huida del
primer grupo cuando se encontraban cerca del foso. Seguimos disparando flechas sin parar hasta que salvaron el
foso y se dispusieron a ubicar las escaleras para acceder al shiro. Entonces Kogaratsu orden la huida del segundo
grupo. Quedbamos solo diez hombres resistiendo !. Continu disparando flechas hasta la extenuacin, acertando
a los que suban por la escalera. En breve estaran encima. Entonces Kogaratsu orden la partida del tercer grupo, el
mo.
Corr como un gamo en direccin al acantilado. Llevaba puesto mi armadura completa de guerrero
samurai, as como el arco, las flechas, el cuchillo y la katana Yamasita. Reposaban sobre mis msculos muchos kilos
de peso, pero mi carrera fue veloz. Un guerrero samurai de noble estirpe siempre est preparado para combatir
contra cualquier adversidad, y en una misin tan peligrosa como aguantar hasta el ltimo momento a una multitud
de Moris enfurecidos, caba la posibilidad de morir, con honor, pero morir. Si tena que morir Imai Tomoyuki lo hara
como lo han hecho desde tiempos ancestrales los nobles guerreros samuris, con honor, y vestidos como guerreros.
Alcanc las cuerdas casi de los primeros, a pesar del peso que transportaba. En mi carrera pude ver cmo Ota
Saru tropezaba y caa al suelo. Detrs se le acercaban peligrosamente un grupo de Moris desencajados por la furia.
No poda ayudarle. Hubiera sido intil. La superioridad numrica de los Mori era tal que habra perecido
irremediablemente. Pidiendo a las divinidades que ayudaran a Ota Saru me deslic por las cuerdas del acantilado.
Nuevamente el peso que transportaba era un problema para el descenso. Si caa sobre el agua tendra problemas
para sobrevivir. De hecho, me pareci ver a Tensui gritando e implorando ayuda a los marinos del junco. Debi
tener mala suerte y cay al agua. Sin tiempo para mas comenc el descenso. Al igual que con la carrera, fue
impecable. Muchas veces haba practicado con la armadura puesta y haba conseguido trepar por la cuerda sin
problemas. Ahora llegaba el momento de la verdad, del peligro real, y mi entrenamiento haba sido eficaz. Mi
experiencia trepando por la cuerda facilit que llegara hasta la base del acantilado sin problema alguno. Sub al
junco y ech un ltimo vistazo a mis compaeros, que todava bajaban por las cuerdas. Puede ver a Ota Saru
bajando por ellas. Debi finalmente tener suerte y no fue alcanzado por los Mori. Me alegr por l.
La huida de Kaishen
Cuando todos estuvimos en el junco zarpamos sin demora. No era para menos. Los Mori se agolpaban en el
acantilado al tiempo que nos lanzaban flechas y nos insultaban. Mientras, escuchbamos sus insultos desde el junco
mientras nos alejbamos mar adentro. Recorr con la vista toda la costa de la isla de Kaishen. Quien sabe si sta ser
la ltima vez que vea mi tierra natal. Pero no tuvimos tiempo para relajarnos pensando en estas cosas. Apenas
habamos comenzado a navegar hacia nuestro destino divisamos un grupo de juncos que se aproximaban hacia
nosotros. Eran juncos de guerra pertenecientes a uno de los clanes que sirven a los Mori. Nos haban detectado y se
disponan a perseguirnos. Cual fue mi sorpresa cuando al indagar quin era el oficial que comandaba nuestro barco
me dijeron que... Ota Saru. Implor a las divinidades que su pericia como navegante no fuese proporcional a su
nobleza. En ese caso podamos considerarnos muertos !. Por fortuna sus aptitudes como navegante no serian
puestas a prueba, ya que solo era el primer oficial, y el barco era guiado por su capitan Takeda Yumisu que
demostr ser un gran navegante. Con una habilidad digna de encomio fue capaz de dejar atrs a nuestros
perseguidores. Sin duda Takeda Yumisu deba conocer bien las corrientes marinas y los vientos de estas zonas.
Respir tranquilo, puesto que si los juncos enemigos nos hubiesen dado alcance lo habramos pasado mal.
Navegamos durante das sin mayor novedad. Me dediqu a practicar con las katanas y a escribir en este
diario. Los das transcurran sin excesivas novedades, sin nada especialmente digno de mencin. Hasta que
divisamos el barco mercante. Entonces se produjo el conflicto entre Nakamura Kogaratsu y Takeda Yumisu, el
capitn del barco. Al parecer se haba divisado un barco mercante que en principio no deba preocuparnos. Pero los
waku son as, innobles y codiciosos. Todos estaban excitados contemplando la posibilidad de capturar un jugoso
botn. Especulaban sobre las riquezas que habra en dicho barco. Takeda estaba totalmente de acuerdo en realizar
un abordaje para capturar el buque y hacerse con su mercanca, mientras que Kogaratsu, noble guerrero con
criterio mucho ms noble, aleg que nuestra misin no era practicar la piratera, sino dirigirnos hasta nuestro punto
de destino. El enfrentamiento entre ambos cabecillas por este asunto era evidente y tem que hubiese un conato de
lucha entre nuestras propias filas. Me decid a cubrir las espaldas de nuestro oficial jefe por si algn innoble waku
osaba levantar la mano contra l. Lo habra partido en dos con mi Yamasita !. A los wako les brillaban los ojos de
pensar en las riquezas a capturar, mientras que a los nobles samuris no nos haca la menor gracia tener que
realizar un abordaje para capturar un botn. Esa no es la misin de un guerrero!. Pero la suerte estaba echada.
Takeda aleg que as como en el shiro el que daba las rdenes era Kogaratsu, en el barco las daba l y se opt por
realizar el abordaje.
Esta vez no me prest voluntario para ir en primera lnea, como hiciera en el shiro. Era un acto innoble,
propio de gente innoble. Opt por mantenerme cerca de Nakamura Kogaratsu, a la espera de que me indicase
claramente la forma de proceder ante semejante acto de lucha propio de brbaros. Me coloqu la armadura
completa y tom a Yamasita en mis manos. Kogaratsu tambin se preparaba para el combate.
Nos dispusimos para luchar, muy a nuestro pesar. Takeda mostr tanta pericia en realizar un acercamiento de
abordaje como haba probado saber escapar de l. Por unos momentos cre que nos dejaran atrs, pero no fue as
y las maniobras de aproximacin del oficial de a bordo fueron precisas. Pero antes nos esperaba una sorpresa. Del
cielo se abrieron dos grandes lanzas de fuego que se abalanzaron sobre nuestra embarcacin. Sin duda nuestras
vctimas trataban de defenderse usando lanzas ardientes, que cayeron sobre nuestra embarcacacion, aunque solo
mataron a dos hombres, si que causaron un incendio a bordo que hubo que sofocar con rapidez.
Pronto los tuvimos cerca y nos dispusimos para el abordaje. Los yamabushis y el gaijin, gente sin principios,
estaban en primera lnea de ataque, deseosos de capturar botn. Akira qued en una segunda lnea de combate. Yo
me mantuve junto a Kogaratsu, para entrar al final. El gaijin, como era de esperar, vido de dinero y riquezas, no
dud en lanzarse al abordaje antes que nadie. Quiso trepar por el casco del buque mercante y fue de los primeros
en llegar al combate. Le siguieron Tensui con otros guerrero yamabushi, Kazan. El combate fue desigual, como no
poda ser de otra manera teniendo en cuenta que nos enfrentbamos con chusma, marinos con armas que no
saban utilizar como los guerreros. No deban presentarnos grandes dificultades, y no lo hicieron... a excepcin de
Ota Saru, cuyas dotes como marino son excepcionales, pero que empuando armas lucha como un pato. Fue el
comentario jocoso entre nosotros durante das, sin duda. Un waku-samurai que estuvo a punto de ser derrotado ...
por dos marineros borrachos. Y todava le llaman samurai !. De hecho los borrachos llegaron a alcanzarle con sus
armas en el abdomen, y si no hubiese sido por la ayuda que le prestaron los dos so yamabushi, Tensui y Kazan,
quien sabe si a estas alturas nuestro primer oficial no estara muerto y sera pasto de los tiburones. Hubiera sido,
sin duda, una gran prdida ... para la navegacin martima, que no para nuestro ejrcito.
Por mi parte debo decir que en cuanto Nakamura Kogaratsu inici su ataque, le secund. El primer
enemigo al que acomet no tuvo tiempo ni de saber lo que le ocurri. No tuvo opcin alguna ni siquiera de luchar.
Antes de que pudiera atacarme con su arma le arranqu la pierna derecha con mi Yamasita. Cay al suelo presa del
dolor y del miedo. En el fondo sent lstima del pobre diablo, cuya suerte haban decidido los codiciosos waku, que
no yo.
La lucha fue muy corta y la tripulacin del mercante se rindi pronto. Si no lo hubieran hecho no habran
podido sobrevivir. Los enfervorizados waku bramaban por las riquezas que encontraron, abundantes especias caras
y sake. Mientras vi cmo atendan las heridas de Ota Saru pude comprobar cmo los waku debatan la suerte de los
prisioneros y de la tripulacin. O frases del tipo Matemos a los prisioneros, Dejmoslos a la deriva sin comida y
agua, Hundamos su barco en el fondo del ocano con ellos dentro. No hay ningn honor en el alma de un waku.
Retorn a nuestra embarcacin siguiendo a Nakamura Kogaratsu. No quera saber el destino final de esos pobres
diablos a los que habamos diezmado por la codicia de Takeda y sus hombres.
La isla
Continuamos navegando, con Ota Saru ya recuperado al frente del timn, durante varias fechas mas. Pronto
empezaron a escasear los vveres. Debamos detenernos en algn lugar para reponer alimentos y agua. Divisamos
tierra y Takeda permiti que Ota Saru se acercase hasta la isla que vimos para inspeccionar el terreno. Los primeros
expedicionarios que bajaron no advirtieron peligro alguno y entonces decidimos desembarcar para reponer los
vveres. La isla era realmente hermosa, con frondosos bosques llenos de frutos silvestres. Adems abundaban las
langostas y otros crustceos. Los cocineros del barco nos prepararon una exquisita cena a base de estos manjares.
Tras largos das en el junco comiendo rancho de arroz y pescado, fue toda una delicia probar alimentos tan jugosos.
Por fortuna no me corresponda a mi realizar la guardia de vigilancia esa noche, por lo que tras la placentera y
suculenta cena pude retirarme a descansar plcidamente, algo poco habitual en la vida de un guerrero samurai.
Esa noche tuve un grato sueo. Mis antepasados se me aparecieron en el sueo y me reciban con honores
de guerrero victorioso. Todos comentaban mi combate con Tadabonu y alababan la pericia con la que Yamasita fue
empuada. Todos se mostraban orgullosos del gran y noble guerrero samurai que haba lavado el honor familiar
vengando el seppuku de mi abuelo. De hecho, mi propio abuelo me cogi firmemente por los hombros y
pronunciaba mi nombre con orgullo :
- Tomoyuki , Tomoyuki, despierta, levntate !!!
Abr los ojos y pude ver a uno de los soldados que realizaba la guardia cmo me sujetaba por los hombros y
me zarandeaba.
- Hay problemas !. Renete cuanto antes con el resto de los hombres junto al fuego.
All estaban los soldados de guardia junto a Nakamura Kogaratsu, Takeda y otros guerreros que se iban
incorporando tras el corto sueo. Al parecer el gaijin Mecaroth, que estaba de guardia, descubri unas huellas que
procedan del campamento. Alguien haba abandonado el grupo y tras hacer el recuento nos faltaban cinco
hombres, cuatro marineros y un soldado yamabushi. Todo pareca indicar que haba desertores en nuestro grupo.
Tensui, sin embargo, lleg a sugerir que podran ser espas infiltrados que haban escapado para informar de nuestra
posicin. Fuesen espas o desertores, la orden de Nakamura Kogaratsu fue tajante :
Tard poco en colocarme la armadura y enfundar a Yamasita sobre mi cintura. La expedicin de bsqueda la
comandaba Ota Saru, designado por Takeda. Junto a l partimos Tensui, Akira, el gaijin Mecaroth y otro soldado
yamabushi, adems de mi. Salimos al alba, cuando el sol comenzaba a aparecer por el horizonte. Las dotes de
rastreador del gaijin nos llevaron pronto sobre el rastro de los fugados, que no prestaron grandes atenciones en
borrar las huellas, tal vez porque pensaban que no les perseguiramos. Caminamos durante horas siguiendo su
rastro. El sol caa con fuerza sobre nosotros. Las armaduras empezaban a parecer losas de piedra y el agua de
nuestras cantimploras comenzaba a agotarse. El esfuerzo era grande, pero el calor lo era ms an. Comenc a
sentirme mal, pero mi dignidad como guerrero me impeda reconocer que necesitaba descansar. Ota Saru, que
tambin mostraba sntomas evidentes de cansancio, no dio orden alguna de descansar, y continuamos la marcha.
No recuerdo bien cundo ocurri. Solo recuerdo que ca al suelo. El esfuerzo y el calor me haban derrotado. Tengo
fugaces visiones de mis compaeros quitndome la armadura y dndome agua. No puedo describir nada con
detalle porque sencillamente estuve inconsciente mucho tiempo. Al parecer Mecaroth y Ota Saru corrieron suerte
parecida a la ma. Tensui, Akira y Kazan parecieron aguantar mejor el esfuerzo y el calor, y fueron ellos los que nos
quitaron las armaduras, nos trasladaron a un claro del bosque y montaron el campamento improvisado.
Pasamos all la noche. Al da siguiente, ya consciente pero an afectado por lo ocurrido, decidimos volver. No
habamos encontrado a los fugados y volvamos al campamento sin ellos y sin saber dnde estaban. Tem que
Nakamura Kogaratsu nos reprendiese severamente por nuestro fracaso en la misin. Al menos podamos alegar que
no nos haba derrotado ningn enemigo, sino los elementos. El camino de regreso lo hicimos bajo la lluvia, y
tardamos bastante mas que en el trayecto de ida, sin duda porque fuimos a un paso mucho menor.
Ota Saru segua afectado por el esfuerzo y apenas se poda tener en pie. Yo ya me haba repuesto, aunque
notaba en mi cuerpo el castigo del da anterior. Kogaratsu decidi relevar a Ota Saru en la expedicin y me nombr
jefe de la misma. Acept sin dudar la orden, aunque en el fondo de mi ser deseaba tumbarme y descansar.
Mecaroth, el gaijin, tuvo el descaro de proponer su relevo en la expedicin. Sinceramente, pens que all mismo le
cortaran la cabeza. Pero la generosidad de Nakamura Kogaratsu es infinita y no lo hizo. Qu suerte tiene el gaijin !.
Si hubiese dado con otro oficial seguramente habra sido ejecutado. Aun as, Mecaroth tuvo que oir duras palabras
de reproche :
- Levanta tu sucio culo del suelo, brbaro vago, y preprate para la expedicin !.
Kogaratsu nos dio unas horas para reponernos, comer algo y preparar de nuevo nuestro equipo para la
bsqueda de los fugados. Esta vez decid no portar la segura pero pesada armadura. Tom a Yamasita y solo
transport conmigo en un pequeo saco dos bidones de agua y algo de comida. Decid vestir un elegante y ligero
kimono, con los smbolos de mi clan.
Llevbamos muchas horas de retraso y la lluvia habra borrado la mayora de los rastros, pero aun as haba
que intentarlo. Orden avanzar hasta el punto donde el da anterior habamos cado rendidos por el cansancio. Una
vez all orden al gaijin, vago pero gran rastreador, que examinara el lugar para encontrar indicios de la presencia de
los fugados. No consigui ver nada. Sin embargo fue Akira el que encontr jirones de ropa y algn resto orgnico,
dejado sin duda por los fugados. Todo indicaba que haban seguido por un sendero que penetraba en la selva
virgen. No haba otra opcin que seguir dicho sendero hasta ver dnde nos conduca. El ligero equipaje que esta vez
portbamos facilit mucho nuestra movilidad. Caminbamos ms deprisa y con menos esfuerzo. Finalmente
divisamos a lo lejos una columna de humo. Nos acercamos hasta la misma, cuidando no ser detectados. Pareca un
poblado nativo. Nos aproximamos por el sendero todo lo que pudimos y cuando estuvimos cerca nos deslizamos
entre los arbustos y la espesura de la selva para ocultarnos y observar qu era lo que all haba. Quizs fuesen los
fugados.
No. No eran los fugados. Eran indgenas. Pero muy extraos. Mi fino odo me alert de que haba nios cerca.
Siempre he tenido una gran capacidad para oir y distinguir sonidos, y esta vez no me fall mi sentido. Nos
acercamos y vimos a unos nios jugando en el bosque. Algo nos llam poderosamente la atencin : de sus talones
pareca salir, crecer, un extrao tallo vegetal. Eso me puso en alerta. La indudable condicin humana de aquellos
seres se vea alterada por un rasgo distintivo poco humano, una planta que brotaba de ellos. Algo mgico haba en
ellos y haba que tener cuidado. Sin embargo, parecan gente pacfica e inofensiva. Quizs hubiesen visto a los
desertores. Seguramente los habran visto y podran facilitarnos informacin. Haba, pues, que acercarse al poblado
y dialogar con ellos.
Aunque parecan gente pacfica mi preparacin como guerrero me obligaba a extremar las precauciones.
Dispuse ser yo el que saliese al encuentro de los nativos. Para algo comandaba la expedicin !. Decid que Tensui
me acompaase. Le orden claramente que no mostrara el menor signo de agresividad y que portase la naginata en
posicin de descanso, sin mostrar hostilidad alguna ni en el caminar, ni en el hablar. Yo hara lo mismo y llevara
enfundada a Yamasita. Sin embargo a Kazan, al gaijin Mecaroth y a Akira les orden que estuviesen alertas, ocultos
entre la vegetacin de la selva y con las armas preparadas. Deban cubrir nuestras espaldas, vigilarnos en todo
momento, y socorrernos si ramos atacados.
Tensui y yo nos encaminamos lentamente hacia el poblado. Llegamos hasta donde estaban los nios, que se
asustaron y corrieron en busca de su madre. Permanecimos quietos sin hacer nada extrao. Poco despus
comenzaron a llegar los nativos, que se agolparon en torno a nosotros. Todos llevaban tallos en sus talones !. De
entre los nativos se distingua un hombre adulto con un extrao penacho de plumas en su cabeza. Pareca ser el
jefe, o el shaman de la tribu. En cualquier caso tena autoridad porque fue el que sali a saludarnos y se dirigi a
nosotros en nombre de todos. Nos comunicbamos con l con dificultad, pero conseguimos entendernos en lo
bsico :
Tensui y yo nos miramos con inquietud. Los haban visto y podran facilitarnos la informacin que buscbamos.
El shaman nos condujo a travs del poblado, unos metros ms adelante. Me preocup que nuestros
compaeros de expedicin nos perdiesen de vista, pero hasta el momento los nativos no haban mostrado
hostilidad hacia nosotros. Eran muchos y portaban armas, pero eran pacficos. Finalmente los encontramos. All
estaban los desertores ... totalmente fuera de si. En una hondonada sobre la tierra, de la que brotaba una gran
planta, yacan los fugados, totalmente ebrios, o mas bien afectados por alguna extraa sustancia. Parecan comer
con avidez una extraa fruta que brotaba de la planta, y que pareca ser el origen de su lamentable estado.
No era difcil comprender que dicha planta era el Dios de esta gente. De hecho, de los talones del los fugados ya
comenzaba a crecer el tallo que portaban todos los nativos, y que se una a la gran planta. Al parecer los desertores
haban optado por permanecer con esta gente eternamente comiendo de la fruta del Dios, que en tan lamentable
estado les haba dejado, pero que parecan gozar con l. Sin embargo, el soldado yamabushi no tena tallo en sus
talones. Quizs su condicin de soldado le haba impedido adoptar al Dios. Vi la oportunidad de llevrnoslo.
Orden a Tensui que bajara a por el traidor. Con gran contundencia Tensui agarr por el cuello al desencajado
yamabushi, que poco poda hacer ante la fortaleza de Tensui, y mucho menos en el estado en que se encontraba.
Pero pronto ocurri algo inesperado. El yamabushi debi comprender que acabara muerto a manos de Takeda y
Nakamura Kogaratsu, y se arroj a la planta implorando seguir all, unido a ella. Entonces el shaman reaccion con
contundencia :
El gesto del shaman comenzaba a cambiar y no nos encontrbamos en posicin de enfrentarnos a todos los
nativos. Hubiera sido un suicidio tratar de llevarnos a los desertores por la fuerza. Mir a Tensui y le dije que nos
marchbamos, y que pondramos al corriente de todo a Nakamura Kogaratsu y a Takeda. Los desertores estaban
localizados y no era probable que los nativos los dejaran marchar. Informaramos de todo al regreso y que nuestros
oficiales decidieran lo que hacer. As lo hicimos y marchamos de vuelta al campamento, donde pusimos al corriente
a Nakamura Kogaratsu y a Takeda y nos retiramos a descansar, en espera de que decidiesen el paso a dar.
DIARIO DE UN SAMURAI
Finalmente nos fuimos de la isla, como era de esperar. Y pronto surgieron las dificultades. Negros nubarrones
nos acompaaron desde temprano, y pronto se cernieron sobre nosotros con fuerza. Las tempestades hicieron acto
de presencia. Lo pasamos mal, pero la pericia de nuestros navegantes, en especial Takeda Yumisu, hizo que las
superramos. Sin embargo y a pesar de todo, tuvimos que detenernos. Uno de los marineros se sumergi en el
agua para comprobar el estado de nuestro junco y dijo que se haban enredado muchas algas en los mecanismos
del timn. Debamos, pues, fondear el barco para repararlo.
Divisamos una isla y hacia all nos dirigimos. Era tan hermosa o ms que la que habamos dejado atrs, con
frondosas selvas y blancas arenas en sus playas. Dirigimos el barco hasta una pequea playa y bajamos para
establecer un permetro de seguridad. As me lo dijo Nakamura Kogaratsu y as lo hice. Nos distribuimos a lo largo
de la playa, separndonos unos 20 metros y vigilando las selvas que tenamos enfrente. De pronto escuch un ruido
que proceda de los matorrales. Tras echar un rpido vistazo no vi nada pero yo no estaba soando y haba odo
ruidos. Alguno de los soldados que hacan guardia tambin lo oyeron, e incluso se internaron en las selvas. Como vi
que algunos de los hombres de guardia perseguan a quien nos estuviese espiando, decid regresar a las playas para
advertir de lo sucedido a Nakamura Kogaratsu.
Antes de llegar a la playa pude ver un panorama desolador. Del mar parecan salir unos tentculos o garras y
el agua se haba teido de sangre. Haba gritos y gran agitacin, mientras que muchos de los soldados disparaban
con sus arcos hacia el agua. El barco segua fondeado unos metros hacia dentro del mar pero ... quin hubiera
osado tratar de acercarse a l !. Nakamura Kogaratsu segua a bordo y no poda llamarle. Mientras tanto, segua sin
saber qu fue ese ruido que nos alerto. Seran enemigos ?. Nos atacaran desde la selva ? Qu era ese ser que
desde el agua nos haba atacado ?.
Finalmente se consigui abatir a ese monstruo marino. Era un Ishabu. Al parecer estas bestias eran las
causantes del desperfecto en el timn, cuya enredadera de algas haba sido provocada para obligarnos a
detenernos en la isla. Con qu objeto ?. Tras sufrir su ataque comprobamos que nos faltaban varios marineros,
capturados por los Ishabu.
Por fin consegu hablar con Nakamura Kogaratsu. Le puse al corriente de los extraos ruidos que habamos
escuchado. Me orden que regresara con los guardias y que los trajese de regreso al barco. Me dirig corriendo
hacia las selvas, donde sin duda estaran inspeccionando el rea. Al llegar vi a Tensui y a Kazan, junto con Akira, que
haban reducido ... a un pato. Este pareca asustado, temeroso de morir en nuestras manos. Les dije que tenamos
que regresar al barco inmediatamente. Tomamos al pato y volvimos a la embarcacin.
Interrogamos al pato y ste nos dijo que haba llegado a la isla en una embarcacin, y que era el nico
superviviente. Todos haban muerto, posiblemente a manos de los Ishabu. Nakamura Kogaratsu y Takeda Yumisu
decidieron que haba que rescatar a los marineros rehenes de las bestias. Nos preparbamos, de nuevo, para luchar,
aunque esta vez contra bestias inmundas.
Kato, famoso allende los mares por su habilidad con la jabalina, encabez la expedicin, a la que nos
sumamos unos diez guerreros, entre otros Akira, Kazan, Tensui, el gaijin, Ota Saru, y yo mismo. Me puse mi
armadura de combate y empu a Yamasita, esperando que tambin en esta ocasin su filo se mostrara
contundente. El pato nos haba indicado dnde se reunan los Ishabu. Partimos en esa direccin y llegamos hasta
una pequea elevacin del terreno, ya de noche. Desde all omos unos ruidos extraos. Nos asomamos y vimos a
los marineros, vivos y atados a unas estacas que salan del agua. Les rodeaban varios Ishabo que entonaban una
extraa cancin u oracin. De repente, del agua surgi otra de sus bestias, uno de sus dioses. No haba duda, iban a
entregar en sacrificio a los marineros a ese ser.
Uno de los Ishabu se acerc a los marineros y les fue realizando cortes a la altura de sus piernas. Comenzaron
a gritar y a sangrar. El dios de las bestias permaneca all, como en trance, mientras el Ishabu que pareca ofrecer a
los marineros segua rezando. Kato nos haba ordenado silencio y que estuviramos preparados para el ataque, a
sus rdenes. Extrajo una de sus famosas jabalinas y tras unos breves segundos de concentracin la lanz con fuerza
hacia el dios de los Ishabu. Su golpe fue certero. La fama de Kato estaba ms que justificada. Tuve oportunidad de
comprobarlo con mis propios ojos. La jabalina se incrust en la frente del dios de los Ishabu, que cay al agua
agonizante. Creo que debi morir casi de forma instantnea. Entonces Kato orden el ataque. Empuando nuestras
armas bajamos gritando como fieras por la colina. Los Ishabu, perplejos ante la muerte de su dios, se vieron
sorprendidos ... y optaron por la huida. Bastardos cobardes inmundos !. Me hubiera gustado partir en dos a uno
de esos seres con Yamasita. Cuando llegamos al agua ya haban desaparecido. No tuvimos ms que desatar a los
rehenes y liberarlos de su agona. All permaneca, muerto y flotante, el dios de los cobardes.
Regresamos con los marineros al junco y se decidi que partiramos de la isla. Se haba reparado el timn y
rescatado a los prisioneros. No tenamos nada ms que hacer all, y nos fuimos. Pero pronto tuvimos visita. No
mucho tiempo despus de nuestra partida divisamos un buque de guerra haragalano. Su imponente presencia
mereca respeto. No podamos enfrentarnos ante dicho artilugio blico. Era mucho ms grande, poderoso y estaba
armado con ballistas. Una vez mas descansbamos en las manos de Takeda Yumisu, que de nuevo se mostr eficaz,
y a pesar de que el barco haragalano era mejor que el nuestro, conseguimos despistarle.
Tras varias fechas de navegacin llegamos hasta el Canal del Dragn, aguas demasiado conocidas por las
leyendas que circulaban entre los marineros. Surcamos sus canales expectantes de ver a uno de los temibles
dragones. Finalmente los vimos, desde lejos, eran unas figuras negras e imponentes. Sentimos miedo ante su
presencia, pero por lo visto era necesario atravesar esta aguas para llegar a nuestro destino.
Por la noche los marineros relataron historias sobre los seres que habitan estas zonas, los famosos dragonuts,
criaturas draconianas al parecer inmortales. Un encuentro con ellos poda tener fatales consecuencias para
cualquiera. Los marineros contaron la historia de un individuo que logr matar a uno de ellos ... pero que muchas
fechas despus se lo volvi a encontrar reencarnado. Rapt a su familia y los mat a todos menos a l, dejndolo
mutilado y vivo para que pudiese relatar la historia.
Fue a la maana siguiente cuando los vimos. Habamos credo verles entre las ramas de las selvas que
rodeaban las aguas por las que surcbamos, pero solo eran sombras fugaces. Pero llegamos a una encrucijada
martima, un punto en el que los canales de agua se bifurcaban en varias direcciones. Y all estaban, no haba duda.
Varias de sus extraas embarcaciones, sin velas ni remos visibles, estaban ancladas en la orilla. Los dragonuts
estaban all, inmviles, como estatuas, y aparentemente no nos prestaban atencin. Convena, pues, pasar cuanto
antes de largo y huir de all. Si esta era la mejor ruta para navegar ... cmo seran las otras alternativas !.
Cuando llegamos al centro del canal y nos disponamos a tomar una de sus vas omos un estruendo
procedente del agua. Era una serpiente marina de enormes dimensiones !. Surgi del centro del canal y envolvi el
junco con su cuerpo. Se dispona a destruir nuestra embarcacin, probablemente para devorarnos despus. No
haba tiempo que perder. Nakamura Kogaratsu orden que tomramos las armas y embistiramos a la serpiente.
Implor a los espritus de mi clan que guiaran a Yamasita por el camino de la victoria y arremet contra aquel ser. La
golpee varias veces con su noble filo, pero su cuerpo era demasiado rocoso, demasiado duro. Apenas consegu
daar a la serpiente. Pude ver cmo el resto de guerreros la emprenda contra la serpiente. Solo unos pocos
consiguieron daarla seriamente. Vi que el brbaro Mecaroth haba conseguido introducir su rapier en el cuerpo de
la serpiente. Ota Saru trataba de conseguir con sus extraos poderes que ese ser huyera. El resto la acometamos
con fiereza con nuestras armas. Poco a poco se le iba causando dao, pero ella apretaba fuertemente el casco del
junco con su cuerpo produciendo desperfectos. Y no solo eso. Vi cmo acometa con sus fauces a uno de los
marineros, al que parti en dos de un bocado.
Mis acometidas con Yamasita no surtieron efecto sobre la serpiente. Intent daarla con poderes mgicos
que yo conozco, pero tampoco consegu nada significativo. Fue Nakamura Kogaratsu el que lo logr. Con una
arremetida imponente la parti en dos. Su ataque fue colosal, digno de los anales de la historia, de la leyenda.
Parti en dos mitades a la serpiente, que comenzaba a agonizar vindose en dos pedazos. El cuerpo de la serpiente
se separ en sus dos mitades, estremeciendo el junco.
Tuvimos que agarrarnos fuertemente para no caer al agua. Hubiera sido peligroso caer con las armaduras
puestas. Muchos las llevbamos. Yo entre ellos. Y por lo visto, el gaijin Mecaroth tambin. Nadie se percat de su
ausencia, salvo Ota Saru. Posteriormente el gaijin nos cont que, habiendo partido Nakamura Kogaratsu en dos a la
serpiente, vio peligrar su rapier, que se haba introducido en el cuerpo del ser marino y que vea cmo se perdera
en las profundidades del canal. Lo agarr fuertemente y se vio arrastrado por la fuerza de la serpiente hacia el agua.
En el ltimo momento consigui sacar el rapier, que qued sobre la cubierta del junco, pero l cay al agua con su
armadura puesta. En el fragor de la lucha no nos apercibimos de su ausencia. Comenz a hundirse con rapidez,
debido al peso de la armadura. Ota Saru le lanz un cabo para que pudiese agarrarlo, pero no lo logr. Poco a poco
fue deshacindose de la armadura y con ms suerte que pericia logr ascender a la superficie, encontrando en cabo
que le haba lanzado Ota Saru y salvando su pellejo milagrosamente.
Pero los problemas no haban hecho sino comenzar. De repente, los Draconuts despertaron. Haban
permanecido inmviles todo este tiempo y de repente emergieron a la vida. Todos acudieron rpidos a sus
embarcaciones y algunos de ellos se agarraron, desde el agua, a los barcos y comenzaron ... a arrastrarlos. As se
movan en el agua con sus embarcaciones, arrastrndolas !. No nos habamos repuesto del combate con la
serpiente y debamos afrontar otro, igual o quizs ms peligroso an.
Pero todava estaban lejos. Podamos recibirlos como se merecan, con flechas. Corr a por mi gran arco,
cargu uno de los proyectiles y apunt hacia un dragonut. Mi tiro fue certero y preciso. Atraves el brazo derecho
de una de esas bestias, que se retorca de dolor. Sin duda no podr utilizar ms esa extremidad. Me felicit a mi
mismo por mi extraordinaria puntera.
Pero aun nos aguardaba una sorpresa mas. Los dragonuts no venan a por nosotros. Por increble que
parezca, comenzaron a luchar entre ellos. Parecan pelear por el cuerpo de la serpiente, que yaca ya muerta en el
mar. La lucha entre ellos fue brutal, pero ah no se nos haba perdido nada a nosotros. Inmediatamente se dispuso
que salisemos de all cuanto antes, dejando a los dragonuts enfrascados en su guerra, y con el gaijin todava no
creyndose estar vivo. Huimos por uno de los canales, esperando no encontrar mas sobresaltos en el camino.
DIARIO DE UN SAMURAI
La Maldicin
Escapamos de las prfidas aguas de los dragonuts y continuamos nuestro camino, confiando en que los
oficiales del junco nos llevaran cuanto antes a nuestro destino. Y como era de esperar, los sobresaltos no haban
finalizado an. Tras varios das de navegacin, una noche, mientras soaba con mis antepasados y con el furor de
Yamasita, unas fuertes voces de alarma me despertaron sobresaltado. Algo ocurra en cubierta y sin ms proteccin
que mi ropa interior empu a Yamasita y me dirig a ver qu ocurra. Era de noche y estaba oscuro. La confusin y
el revuelo de los hombres con sus armas haca que todo fuese an ms confuso. Pero era evidente que estbamos
sufriendo un ataque, as es que me dispuse para combatir a muerte con nuestros enemigos.
En cuanto pude saltar a cubierta reconoc el ataque: eran trolls marinos. Pronto tuve encima a uno de ellos,
el cual pudo comprobar pronto cmo el espritu de Yamasita enviaba sus fauces al infierno. El combate fue corto y
aunque tuvimos varias bajas pronto hicimos retroceder a los trolls hacia el agua. O que Akira nos reclamaba en una
de las bodegas del junco. Bajamos con cuidado sopesando un nuevo ataque. Pronto vimos que el casco de la
embarcacin haba sido perforado y que las vas de agua nos empezaban a ganar el terreno. Corramos serio riesgo
de hundirnos !. Tratamos de achicar el agua como pudimos y comenzamos una urgente tarea de reparacin de los
agujeros por donde nos invada el mar. De repente omos un estruendo y uno de los trolls asom su cabeza por
entre las maderas del junco, abriendo otra brecha de agua. Golpe a la bestia hasta hacerle retroceder, pero la
brecha estaba hecha y haba que cerrarla, algo que pudimos conseguir entre todos, por la cuenta que nos traa.
El ataque, por fn, haba cesado. Habamos logrado hacer retroceder a los trolls, no sin sufrir alguna baja y los
desperfectos en el junco. Sin embargo, el siguiente enemigo lo tenamos dentro, en nuestras propias filas. Varios de
los marineros empezaron a delirar y a gritar que el barco estaba maldito, lo cual haca que la moral entre nuestra
gente descendiera por momentos. Los temores y sospechas sobre una maldicin empezaron a crecer entre buena
parte de la tripulacin, alguno de los cuales no pudo soportar la presin. Una noche, mientras descansbamos,
volvimos a oir gritos y lucha. Temiendo otro ataque nos pusimos rpidamente en pie aunque esta vez la lucha era
interna. Uno de los jvenes samuris que nos acompaaban haba perdido la cabeza y haba apualado a uno de los
hombres. La locura y la desesperacin empezaban a echar races entre la tripulacin. Haba que hacer algo, y
pronto, si no nosotros mismos acabaramos matndonos entre nosotros.
La noche siguiente me corresponda la pertinente guardia. Todos estbamos sobre aviso dadas las
circunstancias, as que extrem la vigilancia y la atencin. La noche era tranquila, las aguas estaban clamadas,
soplaba una suave brisa y la luna llena haca que la claridad fuese meridiana. No tard en reconocer a Akechi Tokuri,
que paseaba por la cubierta. Su actitud me result sospechosa. No era habitual ver a nuestro sacerdote en plena
noche caminar por cubierta, y dadas las circunstancias y lo que nos rodeaba no dej de vigilarle. Pareca como fuera
de s, sin control y con la mirada perdida en el horizonte. Y sin mediar palabra se arroj al mar. D rpidamente la
voz de alarma. Llevaba puesta mi armadura completa y mis conocimientos de natacin distaban mucho de ser
buenos, por lo que continu en cubierta. Vi que Tensui, que tambin realizaba una guardia esa noche se arrojaba al
agua para rescatar al sacerdote. Tras el revuelo montado al dar la voz de alarma conseguimos entre varios subir a
Akechi Tokuri a cubierta. Mis sospechas se vieron confirmadas. Pareca fuera de si y deca cosas incoherentes. La
locura pareca haber tomado posesin de su mente, lo cual no hizo sino confirmar los temores de los marineros de
que el junco estaba maldito.
Los temores y rumores sobre la maldicin comenzaban ya a ser preocupantes. Otro de los marineros quiso
protagonizar una rebelin y fue ejecutado. Ya no era necesario que nos atacara nadie. Nosotros mismos
comenzbamos a matarnos entre nosotros. Era necesario ejecutar a todo aquel que osase protagonizar un motn,
pero esto solo traa una nueva baja entre nuestras filas. De seguir as no acabaramos pronto por exterminarnos
entre nosotros. Hasta yo mismo comenc a creer en la maldicin !.
La discusin fue intensa entre los marineros. La mayora eran adoradores de Tsankh y comenzaron a implorar
su ayuda divina para superar la maldicin. Y solo haba una manera de aplacar la ira del sangriento dios del mar :
con sangre. Se empez a sugerir, primero calladamente y luego de forma abierta, que se sacrificase a Sukua, el pato
que encontrramos anteriormente en las islas que dejamos atrs. Pero finalmente Takeda decidi ofrecer la sangre
de alguno de los alborotadores del junco, tras azotarlos. Su sangre fue ofrecida a la imagen de madera de Tsankh,
que viajaba con nosotros en uno de los extremos del junco. Todos esperbamos que este sacrificio surtiese efecto y
que no nos acechasen ms desgracias en nuestro viaje. Sin embargo, como era de esperar, las desgracias no iban a
abandonarnos.
Al da siguiente sufrimos otro ataque, aunque en este caso de naturaleza distinta a los hasta ahora sufridos.
Todos comenzamos a or una suave y agradable meloda, entonada por gargantas femeninas. La msica embaucaba
nuestros odos y las promesas de felicidad eterna nos embargaban a todos. No fue difcil entender cmo tras todo
lo vivido en estos das muchos de los hombres que viajaban a bordo del junco se dejasen arrastras por dichas
promesas. Pudimos ver a las hembras que entonaban los cnticos. Estaban en la lejana del horizonte y sus
desnudos cuerpos blanquecinos nos atraan casi ms que sus cnticos. Pero mi alma de guerrero no se dej
arrastrar por los placeres terrenales y supe contener los deseos de avanzar hacia ellas. No pude comprender cmo
Akira si lo deseaba. Le v despojndose de su armadura con la clara intencin de nadar hacia ellas. Le habl, le grit,
trat de hacer cambiar la estpida decisin que estaba tomando, pero era intil, no haca ningn caso de mis
palabras. Comenc a ver de nuevo con claridad que tras esas excitantes mujeres se encontraba la maldicin, que
nos volva a atacar aunque con armas distintas. Haba que hacer algo, y Yamasita no era la solucin en este caso. No
me lo pens dos veces, y si Akira no responda a la razn respondera a la fuerza. Le golpe en la cabeza con fuerza,
hacindole perder el conocimiento. Cay desplomado a la cubierta del junco. Me doli golpear a mi amigo pero no
haba otra solucin que hacerlo. Akira no estaba dispuesto a abandonar su idea de acudir a la llamada de las
mujeres, as como otros muchos miembros de la tripulacin, que tambin se lanzaron a las aguas para alcanzar una
llamada que no era de amor sino de muerte.
El gaijin Mecaroth pareca resistirse tambin a los cnticos, no as Tensui, al que vimos nadar con inaudita
pasin en busca de una muerte segura, que l posiblemente no acertaba a descubrir. Slo se me ocurri utilizar la
misma estratagema con el resto de hombres que la que felizmente haba usado con Akira. La nica manera de
hacerles regresar era noquearles y llevarles de vuelta al junco. Me at una cuerda a la cintura y me lanc al agua, no
sin antes despojarme de mis atuendos de guerra, y trat de dirigirme hacia cualquiera de ellos con la intencin de
golpearles y llevarles de nuevo al barco. Supongo que fueron las prisas, la tensin de la situacin. La cuerda no
deba estar bien atada a mi y en cuanto mi cuerpo entr en el mar empec a notar que me ahogaba. Ya no tena el
cabo atado a la cintura . Por razones desconocidas se haba soltado y me encontraba solo en el agua, tratando de
salvar no ya la vida de mis compaeros, sino la ma propia. Trat de regresar al junco pero no lograba salir a flote.
Mis conocimientos de natacin son ciertamente escasos y sin la cuerda mi muerte era casi segura, pero finalmente
tuve suerte y logr agarrar un cabo que me haban lanzado desde el junco alguno de los que no haban cado bajo el
influjo de las infernales hembras.
Recuperado tras la desafortunada zambullida,
slo quedaba una cosa por hacer. Nuestros
compaeros empezaban ya a estar demasiado lejos
de nosotros, y demasiado cerca de las mujeres. Solo
nos quedaba dirigir el junco hacia su posicin y tratar
de rescatarlos. Tras lograr que uno de los oficiales de
cubierta recuperara la compostura y dirigiera el barco
hacia all, comprobamos pronto que otro peligro
empezaba a acecharnos : las ondinas. Sin duda,
nuestros enemigos, conocedores de que trataramos
de acercarnos a las mujeres, intentaron frenar el
avance del junco. Nos dirigimos a la proa del junco
pero las lanzas no eran arma suficiente para
eliminarlas. Estaban demasiado lejos como para
acertarlas as es que tuvimos que invocar fuerzas
espirituales superiores para golpearlas en la distancia
y conseguir daarlas. Finalmente conseguimos que se
alejaran del junco y nos dejaran avanzar hacia
nuestros compaeros, que continuaban enloquecidos
en busca de su perdicin femenina.
El recuento de hombres fue desalentador. Apenas contbamos con treinta hombres. Cerca de una treintena
haban perecido en este ltimo y demonaco ataque, y para colmo de males el capitn del junco estaba fuera de
combate. Ota Saru deba hacerse cargo de la embarcacin, y era urgente encontrar cuanto antes un puerto para
rehacernos de las bajas sufridas. Hubo suerte y poco despus avistamos un buque de la coalicin de Valkaro. En
principio deban proporcionarnos ayuda, pero tal y como estaban las cosas no podamos aun cantar victoria.
Ota Saru acerc el junco hasta el guardacostas avistado y all tomamos contacto con la tripulacin de dicho
barco. Nos recibieron con escasos modales, hasta tal punto que Nakamura Kogaratsu estuvo a punto de batirse en
duelo con uno de sus oficiales, que no pareca muy dispuesto a prestarnos su colaboracin. Finalmente todo pareci
arreglarse y nos condujeron a puerto, a tierra firme, donde por fn pudimos descansar.
Nakamura Kogaratsu, Akechi Tokuri y Takeda Yumisu, ya recuperado de sus heridas, encabezaron la comisin
negociadora que nos permiti permanecer en la isla durante algn tiempo, aunque con restricciones importantes,
sobre todo en lo referente al uso de las armas fuera del junco. Sin embargo, una de nuestras misiones fue tratar de
averiguar qu maldicin nos persegua incesantemente. Tuvimos que sobornar a parte de la guardia que custodiaba
la salida del junco para conseguir algo de libertad por la ciudad, sobre todo a la hora de hablar con los adivinos
locales. Tras salir del junco y deambular por la ciudad tratamos de contactar con los mejores adivinos del lugar para
cumplir con nuestra misin. Finalmente conseguimos extraer un nombre : Omfral. El problema es que no viva en la
isla, sino en una isleta cercana a la que haba que llegar utilizando embarcacin, y nuestros movimientos estaban
prohibidos fuera de la ciudad. Sin embargo, nuestros jefes consiguieron un salvoconducto que nos permiti viajar
hasta la localidad de Omfral en una pequea embarcacin.
Llegamos a la aldea donde nos haban dicho que resida Omfral, y pronto nos llevamos una tremenda
decepcin : Omfral haba muerto haca un mes. Sin embargo, su hijo all presente nos dijo que era capaz de invocar
el espritu de su padre. Ello nos costara una importante suma de dinero, unas 20 monedas de oro. Semejante
cantidad era casi todo lo que nos haban entregado para realizar nuestra misin. El precio era muy alto, pero no
tenamos alternativa. Debamos contactar con Omfral para que nos ayudara a desvelar el misterio que nos
persegua, y ayudarnos a deshacernos de la maldicin.
Tras pagar al hijo de Omfral este nos condujo al lugar de la invocacin. Tras una serie de sacrificios con
animales finalmente se nos apareci el espritu de Omfral.
Le hicimos preguntas mltiples acerca de lo que nos acechaba. Al parecer ofendimos a una de las divinidades
cuando matamos al dios de los Ishabu, y nos cay encima la maldicin. La forma de librarnos de ella era enigmtica,
y se centraba en unas extraas palabras :
En este momento cre que todos acabaramos derramando sangre. Conozco poco a Nakamura Kogaratsu, pero s
que una respuesta as es digna de su filo. Desconozco el porqu, pero tras unos minutos de tenso silencio,
Nakamura accedi al abordaje de mala gana.
No soy partidario de la piratera, pero recuerdo muy bien aquella vez que mi barco fue asaltado por piratas, y lo
impotente que me sent al ver que nos haban dejado sin nuestras mercancas aunque nos perdonaran la vida,
ahora era yo el pirata y me animaba. Adems ese buque tena pinta de tener muchas riquezas y yo no soy quien
para enfrentarme a una tripulacin sedienta de tesoros.
Cuando estbamos cerca del barco mercante, este nos atac con una especie de rayos y he de alabar la maestra de
Takeda Yumisu pues maniobr de tal forma que nos coloc a distancia de abordaje sin que el otro barco pudiera
defenderse. En ese momento vi como el Tensui y el wako que participaron junto a m en la expedicin al templo,
trepaban por las cuerdas para lanzarse sobre el mercante. Sin vacilar les segu y mi superioridad trepando favoreci
que fuera el primero en caer sobre los indefensos marineros.
Para muchos hubiera sido mejor que se hubieran rendido en ese instante, pero no fue as, y los primeros que se
percataron del abordaje se lanzaron a atacar. En esta ocasin yo estaba fresco y animado y me fue fcil atravesar
con el rapier a mi oponente. Luego vi como Ota Saru estaba teniendo problemas con un par de borrachos, por un
momento dud si deba ayudarlo, pero mientras est en mi bando es lo que tengo que hacer, salt contra uno de
los borrachos y le her con mi arma, mientras el yamabushi acababa el trabajo.
Tras esto los mercaderes se rindieron, algunos de los wako opinaron que deban morir, cosa que los samuris no
queran permitir, fue otro momento tenso y yo volv al junco hasta que decidieron. Pasados unos minutos vi como
los marineros trasportaban las mercancas, no s cuanto valdran pero la pinta no poda ser mejor, sin duda alguna
era un buen botn.
Asomndome a la borda disfrutaba de un bello ocaso, la melancola invada mi cuerpo y una extraa sensacin me
perturbaba. Sin duda alguna iban a suceder cosas interesantes, seguro.
La isla misteriosa
Por fin, tras otros das navegando avistamos tierra. El oficial al mando decidi que desembarcaramos, nos
reaprovisionaramos de agua y tendramos un da de descanso.
Fue un alivio desembarcar, la convivencia en el barco era ya insoportable y la clida playa pareca un regalo. Fue
tambin muy afortunado que los marineros supieran cocinar, acostumbrados al arroz del castillo y al rancho del
barco, la cena de aquel da fue un manjar.
Estuve descansando, pero a mitad de noche me toc hacer guardia. La noche trascurra tranquilamente cuando mis
afinados odos escucharon unas pisadas, rpidamente agarr mi arma y fui a despertar al jefe de la guardia. Le
seal el lugar en que haba odo los pasos y observamos que haba pisadas del calzado de la tripulacin.
Me orden levantar al campamento y cuando todos estbamos en pie hizo un recuento. Faltaban cuatro marineros
y un yamabushi.
Nos orden al grupo que hubimos hecho la expedicin al templo que furamos en su bsqueda y les apresaramos.
Al grupo se uni otro yamabushi, quiz indignado por la desercin de su camarada.
Estuve siguiendo el rastro pero hubo un lugar en que lo perd, por suerte Akira dio con varias huellas y pudimos
continuar. Ibamos acorazados, el calor y la humedad se haca insoportable y debido a ello algunos se desmayaron.
En cualquier otro momento me habra burlado de ellos pero yo tambin estaba demasiado cansado como para
hacerlo. Decidimos pasar la noche en un pequeo claro, prcticamente no pudimos dormir y al amanecer optamos
por regresar al campamento bajo una desagradable lluvia.
A nuestra llegada Nakamura Kogaratsu pidi que le informsemos. Tomoyuki le explic que debido al calor nos
haba sido imposible continuar caminando por la selva. Kogaratsu, con el mal humor que le caracterizaba respondi
que un guerrero no daba media vuelta y nos orden reemprender la bsqueda.
El calor y la sed nos haba hecho mella y no pude evitar comentarle que necesitbamos un descanso, entonces, sus
ojos se encendieron y me grit:
- Tenis una hora para aprovisionaros y no quiero que volvis sin los desertores!
Sabiendo lo estricta que es esta gente y siendo yo un mercenario soy consciente de que mi comentario estaba fuera
de lugar, quiz el cansancio actu por m.
Tras ponernos las ropas ms ligeras que tenamos, llenar unos grandes odres de agua e ingerir la comida que haba
sobrado del almuerzo volvimos a la selva.
Ahora bamos mucho ms cmodos y veloces, el rastro era ms difcil encontrarlo y si los desertores se hubieran
molestado en disimularlo nos habra sido imposible seguirlo. Luego de unas horas de camino pudimos or unas
voces.
Como siempre, el sigiloso Akira se acerc para ver que ocurra y a su regreso nos coment que eran unos nios
jugando los cuales parecan totalmente normales salvo porque de sus talones salan unos tallos.
Imai Tomoyuki orden a Tensui que le acompaara para dialogar con los habitantes del poblado mientras el resto
nos quedbamos ocultos guardando sus espaldas. Vimos como los nios huan al verlos y rpidamente aparecieron
unas personas adultas. Observamos como se presentaban y luego les acompaaban al interior del poblado.
Entonces les perdimos de vista pero no cremos oportuno seguirles puesto que si hubiera habido algn peligro nos
habran hecho alguna seal.
Tardaron varios minutos en regresar y cuando lo hicieron nos comentaron que los desertores no regresaran pues
eran presa del ocio y la desidia y esa sera su condena.
Realmente, lo que pude entender es que se haban convertido a un dios que les protega y alimentaba a cambio de
su devocin, por tanto, sabiendo que haban desertado me pareca ms una recompensa que un castigo.
Cuando volvimos al campamento informamos a Nakamura Kogaratsu y tras evaluar la situacin decidi que ya era
hora de volver a embarcar.
La tormenta perfecta
Mientras navegbamos aparecieron ante nosotros unos grandes nubarrones acompaados de lluvia, los rayos y los
truenos eran tremendos y cada vez llova mas fuerte. La tripulacin innecesaria nos resguardamos en el interior del
junco mientras el capitn y los marineros se hacan con el control del barco. Pasaron varias horas y como siempre,
tras la tempestad llega la calma. El orden retorn al barco pero ste haba sufrido algunos desperfectos. Por lo visto
maniobraba mal, el capitn Takeda mando a unos marineros que examinaran el timn y stos determinaron que
para solucionar el problema el barco debera estar en tierra firme. En el primer trozo de tierra que el viga divis
tomamos tierra.
Mientras algunos marineros reparaban el timn otros chapoteaban. A los guerreros y a m nos ordenaron montar
guardia. Pasados unos minutos un enorme alboroto me sorprendi. Vi que los marineros estaban siendo atacados
por unas monstruosas criaturas y algunos de los que montaban guardia se alejaban corriendo al interior del bosque.
Como no dispona de mi arco no poda defender a los marineros as que decid seguir a mis compaeros al bosque.
Ellos haban salido antes y cuando les alcanc estaban quietos formando un corro alrededor de algo. Al acercarme
vi que haba un pato al que estaban interrogando. Pasado un rato decidimos volver a la playa con el prisionero y all
estaban intentando recuperarse del ataque los supervivientes.
Cuando todo se hubo tranquilizado vi como Nakamura estaba hablando con Kato, el lider de los yamabushi, y al
acabar ste nos orden a varios guerreros que le acomparamos.
Anduvimos un buen rato mientras caa la tarde y llegamos al lugar donde las horribles criaturas haban atado a sus
vctimas an con vida a un palo, sin lugar a duda estaban preparndose para un ritual.
Kato nos orden que nos preparsemos para el combate y con sigilo todos nosotros preparamos nuestros arcos.
Pasadas una o dos horas el agua empez a burbujear y de repente una enorme y horrible bestia surgi de las aguas.
Sent como el terror se apoderaba de los malheridos marineros, yo estaba inmvil y atnito pero vi como una luz
surcaba el aire y se clavaba en la cabeza de la bestia. Supe que era la jabalina de Kato y esa era la seal de ataque. El
monstruo empez a tambalearse y las otras criaturas no comprendan lo que pasaba. Aprovech la ocasin, tens
mi arco y hund una veloz flecha en una de ellas. El disparo haba sido certero pero la criatura pareca ms asustada
que dolorida. Entonces, Kato dando gritos se abalanz sobre las bestias, nosotros lo seguimos y estas decidieron
regresar al mar. Sin perder tiempo liberamos a la tripulacin y regresamos al barco para zarpar a la maana
siguiente.
La tierra draconiana
Llevbamos mucho tiempo navegando y no pareca que llegramos a ningn lado lo que me haca presuponer que
el capitn y los oficiales no saban cul era nuestra posicin.
Mientras navegbamos divisamos unas enormes montaas atravesadas por lo que pareca un canal. A medida que
avanzbamos las montaas se hacan ms y ms grandes. Cuando estbamos lo bastante cerca pudimos observar
en lo alto de ellas sendas siluetas draconianas. No podamos percibir si eran estatuas o dragones de verdad y lo
nico que no escapaba a nuestros sentidos era su enorme tamao.
Algunos miembros de la tripulacin empezaron a contar extraas historias, todos parecamos inquietos y temerosos
a la par de curiosos. El agua estaba tranquila, el barco se mova suavemente y todos estbamos quietos.
Avanzbamos lentamente por el canal mientras caa la noche, por tanto no tuvimos ms remedio que pasar una
inquieta noche parados en el canal.
Al da siguiente continuando la marcha observamos que el canal empezaba a estrecharse hasta llegar a una
ensenada. Al llegar a ella vimos que se trataba de una baha circular a la que daban otros tres canales ms que
separaban cuatro acantilados. Estos se alzaban hasta el cielo mostrando en su fin unas enormes formas cbicas
sobre las que haba posadas cuatro dragones de diferentes colores.
Por un momento pens que estbamos en el fin del mundo. Jams o a nadie hablar de un lugar as, posiblemente
porque aquel que llegaba nunca regresaba o no era capaz de describir tan extraordinario panorama.
La tensin se transform en movimiento a la orden de Takeda, el cual nos orden zafarrancho de combate, pues a
los pies de los enormes acantilados estaban inmviles varios dragonuts junto a sus embarcaciones.
De repente notamos un fuerte balanceo y la embarcacin empez a crujir. Una serpiente marina se haba enrollado
al barco y si no lo impedamos pronto nos hundira.
Todos atacamos y tras un par de intentos consegu ensartar mi rapier lo suficiente como para poder remover sus
entraas pero de repente Nakamura la parti en dos y el cuerpo empez a moverse. No poda sacar el arma pero
tampoco quedarme sin ella, continu intentndolo mientras era arrastrado y justo en la borda la consegu extraer.
No obstante el tambaleo del barco me hizo caer al agua.
Cuando trabaj de marinero aprend a nadar pero nada se puede hacer cuando tienes una armadura que te arrastra
al fondo. Ese no poda ser mi fin, yo tena una misin y acabar en el fondo del mar no era mi cometido, no quera
morir as. Me calm, como pude me desembarac de la armadura, ya sin aire patalee lo ms fuerte que pude y con
ayuda de un cabo que me lanz Ota Saru sub al barco.Es curioso, una vez dud ayudar a Saru pues me pareca un
miembro prescindible y ahora le deba la vida.
Mientras recuperaba el aliento nos alejbamos rpidamente pero pude observar que los dragonuts luchaban
ferozmente por apoderarse de los restos de la serpiente.
Las criaturas del mar
Llevbamos varios das de tranquilidad pero una noche unos gritos de alarma me despertaron. Rpidamente as mi
arma y en ropa interior fui a la cubierta. Al llegar arriba el marinero que me preceda era aplastado por lo que me
pareci un troll. Sin vacilar le ataqu hacindole retorcer un poco y as pude ver que Akira tena problemas con algo.
Me escurr entre los trolls y combat junto a Akira hasta que finalmente las criaturas huyeron.
Tras un rato escuche un ruido en la bodega y al comentarlo Akira insinu que ya lo haba odo. Algunos hombres
bajamos, el agua penetraba por numerosos agujeros y de entre las maderas apareci otro troll al que Tomoyuki
golpe certeramente. Los ruidos dejaron de orse y todos nos pusimos a achicar el agua mientras el segundo de
abordo fue tranquilizado tras perder la calma y afirmar que estbamos malditos.
El viaje ya se haba cobrado numerosas vctimas y empezaba hacer mella en la moral. Los marineros discutan y
blasfemaban ms de lo normal y hasta en los estrictos samuris se apreciaba intranquilidad.
Por la noche tuvo que ser ejecutado un marinero que haba asesinado a otros dos afirmando que as alcanzaran la
salvacin y Akechi Tokuri, el sacerdote de los samuris, se lanz al agua y tuvieron que rescatarlo.
Al da siguiente estos sucesos no se olvidaron y tras un intento de motn un marinero fue ejecutado mientras el
resto le replicaba a Takeda que deban hacer un sacrificio a Tsanckh. Este accede a sus deseos y tras azotar a tres
marineros recoge su sangre y la vierte en el dolo. He visto rituales parecidos en varios lugares pero nunca
entender que placer les produce.
Durante el medio da se empezaron a or cnticos agradables producidos por unas mujeres-peces muy bellas y gran
parte de la tripulacin se lanz al agua con armaduras incluidas. Realmente y despus de lo sucedido anteriormente
este hecho ya no me sorprendi.
El nico oficial sobre el barco era el segundo, el cual estaba acurrucado en el mstil llorando como un beb. Le
intentaron hacer entrar en razn abofetendolo pero no lo consiguieron.
Tomoyuki y yo nos atamos a un cabo para rescatar a alguno de los que se haban lanzado. Me costaba mantenerme
a flote por lo que decid retornar al barco. Arriba pude observar que a Tomoyuki se le haba soltado el cabo y le
lanc otro.
Debido a la ineptitud del segundo intent recordar como se manejaba un barco, llam a los marineros que
quedaban y les di las ordenes necesarias para interponer el barco entre los cados y las mujeres. Al verme tomar el
control el segundo enfurecido me grit que si haca eso hundira el barco y decidi hacerse con el mando.
Tras esto me acerqu a la borda para rescatar a los cados y vi que estaban siendo atacados por unas criaturas. Cog
mi arco y en el momento que una de ellas emergi para atacar lance una flecha. Apunt bien, la flecha iba dirigida a
la criatura pero esta us a la inocente vctima de escudo y acab clavndose en ella. Imai estuvo ms certero y las
bestias huyeron.
Intent rescatar al hombre que haba herido pero ya haba muerto. Me consolaba pensar que habra muerto de
todos modos debido a las heridas que ya tena, sin embargo eso no lo sabr nunca.Tras este combate el capitn
qued malherido y Ota Saru asumi el mando del barco.
El adivino y el mago
Habamos perdido muchos hombres y la moral no estaba baja, simplemente, no estaba. Las nicas fuerzas que
quedaban se usaban en reprochar cualquier actuacin, maldecan al capitn e incluso a sus dioses. De haber
seguido uno o dos das ms en esa situacin habra sido nuestro fin y la voz del viga nos hundi todava ms.
- Barco a la vista! dijo el viga.
- Zafarrancho de combate! grit instintivamente Ota Saru.
Sabamos que de ser hostiles estbamos perdidos pero el instinto de supervivencia te hace luchar hasta el final y
por ello, desganados pero fuertemente, empuamos nuestras armas.
Cuando la embarcacin estaba ms cerca nos tranquilizamos porque se trataba de la gente que estbamos
buscando. Pese a haber encontrado nuestro objetivo no fue fcil entendernos debido a la inxperiencia de Saru en el
arte de la negociacin y a la arrogancia de Nakamura.
Finalmente nos permitieron atracar en el puerto de una isla llamada Santa Xemela a condicin de no abandonar el
barco hasta que los oficiales se entrevistaran con la autoridad local. A su retorno nos informaron que podramos
estar all pero no abandonar la ciudad.
Esa noche cenmos abundantemente, algunos hombres se buscaron mujeres y yo disfrut de descansar en una
cama como nunca lo haba hecho.
Todos nos levantamos con nimos renovados y organizamos las tareas de reparacin y reaprovisionamiento. Los
lderes se reunieron y llegaron a la conclusin de que poseamos una maldicin y que debamos buscar a algn
adivino para obtener informacin sobre como librarnos de ella.
Ciertamente a m me pareca absurdo que creyeran esas cosas, si habamos tenido problemas haba sido casualidad,
el destino nos pona pruebas y buscar la solucin en maldiciones era estpido. De todos modos la nueva misin era
encontrar un adivino y tena que obedecer.
Logramos averiguar que en una isla cercana haba un adivino llamando Omfral y pidiendo un permiso pudimos
desplazarnos hasta all.
Una vez all fuimos a su morada en la que nos atendi su hijo y nos inform de que su padre haba muerto, sin
embargo a cambio de unas monedas de oro nos ofreci contactar con su espritu.
Llam a un sacerdote, nos hizo seguirle y anduvimos un par de horas, al final llegamos a un sitio con un poste negro
y del que colgaban calaveras. El sacerdote empez a hacer gestos extraos, sacrific varios animales y al final
apareci la imagen del adivino.
Yo no entenda muy bien lo que deca pues no domino bien su idioma y adems tampoco me importaba demasiado.
Por lo visto habamos ofendido a alguien y debamos derramar la sangre de los hijos de un esclavo llamado Ratuk.
Para ello debamos liberar, confundiendo a sus guardianes, al hijo de un tal Plendor que estaba encerrado y dolorido
en una ilusin.
Obviamente no tena mucho significado y confirmaba la inutilidad de la misin por lo que decidimos volver.
A nuestro regreso informamos a nuestros superiores e Imai como buenamente pudo repeti las palabras del
adivino. El sacerdote Akechi Tokuri se mostr complacido y nos explic el significado que l encontraba, el cual no
merece la pena describir.
Tras esto se nos comunicaron las nuevas rdenes, debamos liberar a un mago llamado Aketago, que estaba
encerrado en una prisin llamada El alczar de la expiacin. En ese lugar se castiga a un gran sufrimiento a todos
los practicantes de magia que no siguen la doctrina de esa sociedad.
Puesto que tenamos prohibido salir de la ciudad decidimos que dos de nosotros, Saru y Akira, se disfrazasen de
leprosos y fueran a investigar aquel lugar mientras el
resto recoga informacin por el puerto y la ciudad.
Al da siguiente esperbamos el regreso de nuestros
compaeros y cul fue la sorpresa al ver que venan
acompaados de un apuesto kralorelano. Parece ser que
al caer la noche Akira se introdujo en solitario en la
fortaleza y rescat al mago. Bien por Akira, que nos
ahorr trabajo y tiempo, aunque no creo que la fortaleza
fuera tan peligrosa como comentaban porque aunque
estos samuris son buenos guerreros, uno slo no puede
hacer mucho.
El resto del da lo dedicamos a preparar nuestra partida,
la cual se produjo a la maana siguiente. Antes de partir,
el mago cambi el aspecto de nuestro barco para que las
criaturas del mar no nos atacaran, lo que me pareci
absurdo. Nuestro prximo objetivo era encontrar a los
ratuki, un pueblo nmada formado por hsunchen
tiburn y que segn contaban dominaban a un enorme
monstruo llamado El Leviatn. Estas personas, adems,
posean una flota de grandes barcos que servan de
exploradores. Nuestro objetivo era apoderarnos de uno de estos barcos, matar a la tripulacin y hacernos pasar por
ellos
Los tiburones y su vctima
Estuvimos siguiendo el rastro unos das y por fin avistamos a nuestra presa, un barco tripulado por vadelis rojos,
una raza recia, sangrienta y vengativa.
Al principio pensaba que seran unas pobres vctimas pero al verles frente a frente me pregunt si no nos habramos
equivocado. Verdaderamente poseen un aspecto feroz, tienen una piel roja en la que se aprecia bien sus fuertes
msculos y sus ojos desprenden una ira sin lmites. Aunque les superbamos en nmero el combate era desigual.
Con destreza ataqu a mi oponente sin xito y l aprovech la ocasin, de un tajo me inutiliz el brazo y ca
inconsciente. Gracias a que mi cuerpo sana rpidamente me espabil unos minutos despus, dndome tiempo a ver
como un agonizante Takeda lanzaba una jabalina que atravesaba al ms vigoroso de nuestros enemigos los cuales
fueron reducidos poco despus. Nuestras bajas haban sido importantes, entre ellos el arrogante Kogaratsu, que
haba cado decapitado.
La tripulacin empez a desvalijar a las vctimas y tras llevar el ridculo botn que haba quedado a nuestro barco
prendimos fuego al buque vadelino. El kralorelano, con sus extraos gestos cambi el aspecto de nuestro barco
para que se pareciera al recientemente hundido.
Ota Saru realiz un ritual para liberar las almas de los cados y nos pusimos en marcha.
Habamos de encontrar a los ratukis e infiltrarnos entre ellos para obtener su proteccin pero sin que se dieran
cuenta de nuestro disfraz. Yo no me fiaba mucho del plan y si todos eran tan bravos como los vadelinos estbamos
en un gran problema si nos descubran.
Luego, unas horas ms tarde, vimos un rastro de sangre y grasa el cual seguimos. En el horizonte avistamos lo que
pareca un pequeo islote pero a medida que avanzbamos observamos que se mova. El rastro de sangre y grasa se
haca ms notable y empezbamos a divisar grandes embarcaciones. Cuando estuvimos lo suficientemente cerca el
panorama nos sobrecogi. La bestia llamada Leviatn tena una longitud de ms de un kilmetro, estaba totalmente
rodeada de tiburones y en su lomo haba asentado un poblado. No poda calcular cuantos tiburones habra pero en
el agua slo se vea sangre, grasa y aletas. Sin embargo, lo que yo tema no era a la bestia ni a los tiburones, sino a
los grandes barcos que la acompaaban tripulados por los sanguinarios ratukis.
Guardando la distancia con disimulo fuimos parte del convoy durante todo el da y al caer la noche Saru decidi que
nos alejramos con discretamente. Con los primeros rayos de sol, la incertidumbre de si habamos evadido a los
ratuki se desvaneci pues en el horizonte solo se vea agua. La tripulacin estaba contenta y afirmaban que
habamos escapado de la maldicin.
ELLA
Tras navegar sin sorpresas unos cuantos das, la tranquilidad retorn al barco, los magullados cicatrizaban sus
heridas y se volvan a or risas a bordo. Sin duda alguna nuestras desgracias haban acabado y divisamos las
primeras islas Sofalis, trmino de nuestro viaje.
Estos das mis sueos eran ms claros y estaba pensando en ellos cuando la serenidad se quebr al divisar tres
esquifes. A medida que se acercaban algunos los reconocieron como los barcos de las amazonas. Mujeres guerreras
que se dedican a asaltar los barcos de la zona. Cuando estuvieron a distancia de arco las atacamos pero a medida
que las vea mejor algo me deca que no debamos atacar. Esas ropas las conoca, haba algo muy familiar, el corazn
empez a latir veloz y una extraa sensacin me agitaba las entraas. Este pareca ser el momento que haba estado
esperando durante aos, seguramente la conocera hoy pero no poda entender porqu en esta situacin. Acaso
debamos combatir? Ella lo sabra? Cmo haba de reaccionar?
Mientras estaba absorto en mis cavilaciones las amazonas comenzaron el abordaje. Sin que me diera tiempo a
reaccionar una de ellas se abalanz sobre m. Me sorprendi indefenso, ca al suelo y al fijarme en el rostro de mi
asesina, la vi. Todo a mi alrededor desapareci, slo la vea a ella, su bello rostro, igual que en mis sueos, sus
profundos ojos se clavaron en los mos y su cara perdi su agresiva expresin para transformarse en una clida y
preciosa imagen. La haba encontrado, jams haba imaginado hacerlo en esta situacin y el asombro y la emocin
me dejo paralizado. Estaba conmocionado y habra estado mirndola durante horas pero de repente ella lanz un
grito. Todas las amazonas detuvieron sus ataques, yo ped a la tripulacin que tambin enfundaran las armas.
Tras esto, nos volvimos a mirar y ella me dijo unas palabras, yo no entenda nada, pero su voz me calmaba. Le dije
que llevaba mucho tiempo buscndola y ella volvi a decir algo que no entend. En esto, Aketago se haba acercado
y me tradujo lo que pudo, algo as como que llevaba muchas lunas durmiendo conmigo. Le rogu que le
respondiera que yo tambin y que si podamos hablar en un lugar ms tranquilo. Ella respondi que el destino
dispondra otro momento al igual que haba dispuesto este y tras esto se march.
Confiaba en el destino pero tambin saba que uno tiene que luchar por las cosas que quiere. Yo deba
encontrarla pero no lo habra hecho de haberme quedado en mi hogar. Mientras ella se alejaba se me pasaron
varias ideas por la cabeza. Podra lanzarme al agua y que me recogiera o poda seguirlas a nado, incluso le ped a
Aketago que usase su arte del disfraz conmigo. Ciertamente me haba quedado confundido pues al pensarlo esa
idea resultaba absurda. Luego estuve preguntando informacin sobre ese lugar y poco pude saber. Me dijeron que
el lugar se llamaba Trowjang, que estaba habitado slo por mujeres, que a los hombres se les prohiba el paso y a
los pocos que pasaban se les condenaba a una vida terrible.
Sin lugar a duda yo tendra que adentrarme en ese lugar, aprender su idioma y recopilar informacin. Era un
proyecto complicado y la planificacin no la poda empezar en el barco con la escasa informacin de que dispona.
Hasta llegar a tierra deba contentarme con seguir soando con mi amor.
El resto del viaje pas sin complicaciones, lo nico de inters fue que una noche el reciente capitn insinu a su
primer oficial que salvase su honor. Esto significaba que tras la penosa demostracin de cobarda deba suicidarse o
lo matara. Por la maana el primer oficial cumpla el doloroso castigo entre gritos y Saru tuvo que decapitarle.
Al da siguiente atracbamos en el puerto y los guerreros daban gracias a sus dioses mientras yo pensaba en mi
amada.
El incauto explorador
Era agradable estar en tierra firme, ms no poda acomodarme demasiado porque en breve volvera a partir.
Al da siguiente de nuestra llegada, tras haber reposado, recib la orden de mostrarme ante Akechi Singuen.
En las puertas de la estancia en la que me haban convocado estaban tambin el resto de mis compaeros de viaje.
Tras una corta espera abrieron las puertas y entramos en la sala. All estaba Akechi Singuen rodeado de algunas
personas importantes todos ellos ataviados con lujosas vestimentas.
Una vez situados enfrente de l nos salud, record algunas de nuestras hazaas personales que se rumoreaban
por el palacio y con gran satisfaccin nos felicit por el xito de nuestra misin. Tras esto nos coment la
recompensa que se nos asignara por el servicio prestado y se dirigi a cada uno de nosotros para felicitarnos
personalmente y otorgarnos unos presentes especiales.
A m me entreg una cajita con una valiosa moneda de oro, y orgulloso expres que haba servido bien, haba
demostrado mi honor, por ello se me concedera un apellido y sera tratado honorablemente como miembro del
pueblo vorumai. Pude apreciar como alguno de los samuris me miraba jocoso pues en cierto modo me conocan. A
m me pareca absurdo lo del apellido y el honor, sin embargo fue agradable el reconocimiento de mi buen hacer,
adems, quiz con el tiempo mi apellido me abrira alguna puerta.
Esa noche festejamos nuestro triunfo y en medio de la juerga hasta el orgulloso Imai Tomoyuki me ofreci un duelo
con las katanas de madera, dado que ahora yo era Ukawa Mecaroth. Era un momento agradable pero saba que no
poda demorarme, tena que partir antes de que entrase la Estacin Oscura.
Me inform de qu barco me poda llevar a Trowjang y pasados un par de das prepar mi equipo para embarcarme
de nuevo. El viaje transcurri sin incidentes y aprovech para aprender algo de las tierras a las que me diriga y su
idioma. Al llegar a mi destino el capitn se cercior de que realmente yo deseaba desembarcar all, me record las
horribles historias que se contaban de aquellas amazonas y con resignacin se compadeci de m.
Al desembarcar, una amazona me puso con desprecio una especie de collar y me orden que no me lo quitara.
Empec a caminar y me costaba identificar los lugares debido a que el puerto se confunda con la selva. Por lo que
pareca la senda principal pasaban algunos viajeros como yo que entraban en un cobertizo, tambin haba algunas
amazonas realizando diversas actividades y me cruc con algunos hombres de aspecto totalmente demacrado y
carentes de vitalidad. Continu caminando hasta dar con un hombre aparentemente dbil pero bien alimentado.
Me dirig hacia l para hablar y tras los pertinentes saludos le pregunt cmo poda obtener permiso y un gua que
me condujera por la selva. En ese instante su rostro cambi totalmente y lanz estridentes gritos.
Inmediatamente aparecieron un par de amazonas a las que el hombre explic que yo le haba intentado sobornar.
Una de ellas se qued mirndome y por un momento pens que le resultaba atractivo, pero cuando iba a contar mi
versin de los hechos recib un fortsimo puetazo en el abdomen seguido de una tanda de patadas. Confiaba en
que se cansaran de apalearme pero mi capacidad de regeneracin no haca ms que perjudicarme. Los golpes
parecan intiles y esto las enfureca ms, por lo que continuaron sacudindome hasta que perd el conocimiento.
Al volver en m, estaba en el suelo, lleno de sangre, dolorido, hambriento y mareado. Como buenamente pude me
dirig hacia lo que pareca una taberna para viajeros y me sent a tomar algo. Uno de los viajeros me pregunt que
haba pasado y le cont que un tipo enclenque haba dado la orden de apalearme. Me explic que seguramente era
uno de los perritos de las amazonas y que si no quera los no hiciera nada ms que obedecer a las amazonas.
Al caer la noche fui al barracn que haba dispuesto para que los viajeros passemos la noche. Dorm inquieto y
varias veces me despert con la idea de asesinar al perro que me caus la paliza.
Al da siguiente me acerqu a una de las amazonas pero nada ms iniciar la conversacin dej claro que me deba
apartar de su lado.
Luego me acerqu a otra y bajo el pretexto de que era un explorador en busca de parajes exticos le ped permiso
para adentrarme en la selva, su reaccin fue simple, solt una sonora carcajada al tiempo que llamaba a una de sus
compaeras para que le contara mi peticin. Les rogu que me disculparan por hacerles perder el tiempo y que si
me lo permitan volvera a la taberna.
Como ltima opcin slo se me ocurri dirigirme a otra de ellas y preguntarla que si haba alguna manera de poder
reunirme con una amazona llamada Etsuli. Su robusta cara pas de mostrar sorpresa a una sonrisa viciosa y
malfica. Llam a cuatro amazonas ms y les explic que yo le haba rogado pasar un buen rato ntimo con ellas. Me
agarraron fuertemente y me arrastraron a una choza, all me desnudaron y me obligaron a demostrarles que yo era
un autntico varn.
Como era de esperar no las satisfice plenamente y tras pintarme de rojo me echaron a la calle desnudo.
En ningn momento del pasado me haba sentido humillado pero esas crueles bestias lo haban conseguido.
A lo largo de mi vida haba cometido varios errores pero ste fue uno que nunca olvidar y el cual jur no confesar
jams.
Haba agotado todas las vas diplomticas, pens en abandonar mi sueo y embarcarme en la primera nave que
atracara pero tras la desesperacin me limpi la pintura, me puse nuevas vestimentas y prepar un pequeo
equipaje para sobrevivir en la selva. Ya haba estado anteriormente en circunstancias parecidas y saba que
cualquier exceso de peso me perjudicara, as que tras proveerme de algunas frutas y abundante agua, al caer la
noche me arranqu el humillante collar y me adentre en la selva.
La vigilancia era escasa y no me fue complicado penetrar en la selva sin ser descubierto. Us mis reducidos
conocimientos vegetales para orientarme y tras cuatro o cinco horas decid parar a descansar. Al amanecer
reemprend la marcha, procuraba ir cerca de la costa en direccin al sur con todos mis sentidos alerta.
En varias ocasiones me pareci or a las amazonas pero seguramente fuera algn animal. Como mis reservas de
agua se iban reduciendo y estaba cansado me dediqu a buscar agua.
Consegu encontrar un arroyo y mientras saciaba mi desmesurada sed baje las defensas, o tras de m unas pisadas y
en el agua apreci un borroso reflejo. El fin haba llegado, me haban descubierto y querran torturarme pero lo que
estaba claro es que no me dejara apresar por esas perturbadas. Iba a echar mano de mi arma cuando al calmarse el
agua pude reconocer el bello rostro que tanto anhelaba. Rpidamente me gire y pude contemplar su hermosura.
Estaba sobrecogido e innumerables pensamientos pasaban por mi mente pues no comprenda cmo una joven de
su perfeccin perteneca a ese pueblo de animales.
Le cog las manos y ella se dej caer, entonces nos besamos apasionada pero tiernamente y una sensacin de
esperanza recorri mi cuerpo. Nuestros corazones latan fuertemente, las manos recorran nuestros cuerpos
mientras apartaban con sutileza cualquier prenda que encontraban en su camino.
Nunca haba acariciado una piel tan suave y delicada, el sabor de sus labios era exquisito y su olor embriagador
refrescaba mi mente, la cual escuchaba una placentera meloda que acompaaba nuestros movimientos. Todo
pareca formar parte de una obra mil veces ensayada, nuestra afinidad era perfecta y pude sentir como liberbamos
una energa que siempre habamos posedo pero que desconocamos.
La experiencia fue fascinante y estaba tan feliz que deseaba que el tiempo se detuviese, pero no fue as y tras ese
pequeo delirio debamos volver al mundo.
El retorno
Estuvimos una temporada viviendo en la selva, ella me cont que detener el abordaje de nuestro barco la supuso el
exilio de su pueblo. Fue una poca feliz, disfrutbamos de lo que nos ofreca la tierra, me enseo los secretos de la
selva y en ms de una ocasin tuvimos que ocultarnos de las amazonas.
Aunque saba desenvolverse muy bien en ese terreno yo no quera pasarme el resto de mi vida all y varias veces la
intent convencer de que nos marchramos. Le expliqu que en el mundo haba cosas maravillosas que juntos
podramos descubrir y adems, si era cierto que iba a tener un hijo, la selva no era el lugar ms indicado para
criarlo, sin embargo, mis excusas no la convencan.
Un da, las amazonas nos descubrieron y no nos qued ms remedio que huir. Moverse veloz entre la vegetacin
era complicado pero ellas eran hbiles y de no haber sido por las lecciones de Etsuli nos habran cogido.
Conseguimos distraerlas unos minutos y llegamos a un claro con extraas piedras, que daba al mar. Etsuli me
orden parar, se arrodill ante una de las piedras y agach la cabeza.
Las amazonas estaban cerca y no era momento de descansar, estaba desconcertado y cuando iba a decirla que
continusemos, se levant, fue a la orilla y apareci una pequea embarcacin.
Era tan astuta que haba escondido sin que yo lo supiera un bote por si nos veamos obligados a huir. Me sorprendi
lo resistente y veloz que era pese a su frgil aspecto y luego de unos das llegamos a Zom-An.
No tenamos ningn sitio donde hospedarnos, pero gracias a los servicios anteriormente prestados a la familia
Akechi, pude reincorporarme a sus rdenes y gozar de su hospitalidad.
Le expliqu a Etsuli parte de las costumbres y el modo de vida de los vorumai y aprovech el tiempo libre
disponible para presentarle a mis compaeros orientales. La relacin con ellos segua siendo superficial y distante
pero pasamos un buen rato contndonos las novedades, yo les relat parte de mi aventura y ellos una historia
acerca de demonios y fiestas.
Especialmente me hizo gracia Imai Tomoyuki, al parecer haba obtenido unos terrenos y pareca ms un
terrateniente que un guerrero, mostraba aires de nobleza y hablaba de fama y buenas cosechas. Pude saber
tambin que Ota Saru volvi a embarcarse para practicar las actividades de los wako, Akira por lo visto se pas en su
hogar la mayor parte del tiempo y Tensui el yamabushi segua con su particular modo de ver la vida, guiado por su
intil religin.
Eran das tranquilos y aunque procuraba cuidar a Etsuli la tarea resultaba cada vez ms complicada. No acababa
de acomodarse a este tipo de vida y debido a su fuerte
carcter y al embarazo haba momentos verdaderamente
incmodos.
Mis sentimientos hacia Etsuli eran extraos, me agradaba
estar junto a ella y aunque anteriormente yo no habra dado la
vida por ninguna persona, ahora por ella lo hara, sin embargo
la gran emocin que me sobrecogi los primeros das haba
desaparecido.
Pasados unos das yo, al igual que el resto del grupo, recibimos
el aviso de reunirnos con Imai Tomoyuki y as lo hicimos. Nos
explic que un demonio atacara el poblado y haba sido
ideado un plan para neutralizarlo. El grueso de las fuerzas se
encargara de hacerle huir mientras que nosotros, apoyados
por algunos guerreros, le cortaramos la retirada.
Al da siguiente regresamos al lugar y cuando llegamos ya estaban la mayora de los guerreros adems de un par
de fuertes hombres junto a unos tambores de gran tamao y una extraa y esbelta joven portando una naginata.
Puesto que estaba acostumbrado a los extraos actos de los orientales no me sorprendi que llevaran una mujer
a la batalla, pero observ como Imai Tomoyuki la miraba con desconfianza.
Cuando todos los hombres hubieron llegado Tomoyuki y Tensui asignaron las posiciones y explicaron el plan de
ataque. Era sencillo y estuvimos descansando hasta el anochecer, fue una aburrida espera hasta que empezamos a
escuchar los gritos de los demonios. Era complicado apreciar las figuras en la oscuridad pero cuando advertimos
que nuestros enemigos estaban cerca se dio la seal, los tambores empezaron a sonar, asimos nuestros arcos y les
atacamos con flechas ardientes. La luz nos permiti verles mejor y cuando estaban lo suficientemente cerca se
orden el ataque cuerpo a cuerpo.
Rpidamente los yamabushi se situaron en el centro de su trayectoria para cortarles el paso. Yo me dispona a
unirme a la batalla pero de repente Imai Tomoyuki orden que nos defendiramos como pudisemos pues jams
les derrotaramos. Realmente haba ms cantidad de bestias de las que yo haba supuesto pero no me pareca
motivo suficiente para rendirse. Me qued inmvil sin saber que hacer pero al fijarme en los yamabushi pude
contemplar que la eficacia de sus armas paliaba el desorden surgido entre los samurai. Rpidamente me acerque a
la lnea central para unirme al combate pero entre los yamabushi no haba hueco donde luchar y no tena ms
opcin que observar como caan las horribles bestias a sus pies.
Tras unos minutos un par de yamabushi cayeron y aprovech para ocupar su puesto. Her a varias criaturas y luego
gracias a la destreza de nuestros ataques conseguimos abrir un hueco suficiente como para ver a sus lderes, unas
bestias bastante ms grandes y fuertes que la carroa que nos estaba atacando. Con gran habilidad aprovech la
apertura y me deslic hasta alcanzar a los terribles monstruos antes de que el hueco se cerrara.
Mientras el resto de mis compaeros llegaban ensart una certera estocada en el pecho a uno de los monstruos
logrando que se desplomase. Inmediatamente extraje el arma y me dispuse a repetir el movimiento con otro de
ellos, mi rapier estaba hambriento y en esta ocasin fue una pierna su alimento, sin embargo, aunque cay, no fue
suficiente y tuve que rematarlo. Haba eliminado a todos mis oponentes y slo me quedaba enfrente el gran
demonio, el Huanto. Posea una gran envergadura y en la oscuridad slo pude apreciar el odio que desprendan sus
ojos, a travs de ellos se poda ver el mal en su estado ms puro, una sensacin de fri recorri mi cuerpo y cuando
me dispona a realizar mi ataque vi que un destello de luz se diriga a la cabeza del demonio envolvindola en llamas
antes de estallar. Habamos logrado nuestro objetivo aunque no saba muy bien cmo.
Cuando todo se hubo calmado Tiz Li, el kralorelano, nos coment que haba sido l, quien con gran habilidad haba
conseguido lanzar un dardo ardiendo a la cabeza del Huanto. La verdad es que en ese momento me pareci un
inconsciente puesto que de haber alcanzado a alguno de nosotros ese proyectil lo habra destrozado.
En cualquier caso, aunque la batalla haba sido un xito, saba que en adelante deba desconfiar de Tomoyuki y Tiz
Li.
La ciudad prohibida
Segn pasaban los das se acercaba la reunin anual de los exarcas. En esta reunin se juntan los exarcas del reino
de Kralorela, los cuales son las personas de mayor rango poltico del territorio. La reunin acontece en la
capital del imperio, Chi-ting, y por ello el squito de Anawa Kansei deba dirigirse all. Anawa Kansei, aunque
proveniente de las tierras de Vormain, haba conseguido adquirir el ttulo de exarca de la provincia de Zom-an,
y como nuevos residentes de esta ciudad formbamos parte del squito.
Anawa Kansei tena dos hijos, el mayor llamado Gonzaemon tena muy arraigadas las costumbres Vorumai, le
agradaba la juerga y presuma de su fuerza y virilidad, sin embargo, Zanuki era lo opuesto, educado al modo
krarolelano era partidario de la sabidura y la poltica, mostraba buenos modales y era reservado.
Por lo que me haban comentado no pareca un viaje complicado, y aunque no haca mucho que haba regresado de
mi anterior travesa me agradaba volver a partir. Etsuli se comportaba de manera muy caprichosa ltimamente y
aunque me apuraba marcharme lo necesitaba. Me ocup de que fuera asistida adecuadamente y la promet que
estara de vuelta antes de que nuestro hijo naciera.
Inicialmente el viaje transcurri por barco y debido a la escasa intimidad que ste permite, pudimos comprobar que
aunque los hermanos Anawa eran muy distintos, eran igualmente de desagradables.
As llegamos al puerto de Wang-Hua a partir del cual debamos continuar nuestra travesa a pie hasta Chi-Ting. Tras
un breve descanso se nos orden a Akira, Tensui, Tiz-Li y yo que sirviramos de escolta a Zanuki, el cual deba partir
ya hacia Chi-Ting para preparar la llegada de su padre.
Poco antes de la hora de partir, cuando ya estbamos todos reunidos, Akira disimuladamente nos coment a Tensui
y a mi que haba escuchado una conversacin en la que se pona en peligro la vida del hijo de Anawa Kansei.
Por este motivo decidimos extremar la vigilancia y estar atentos a cualquier suceso extrao.
El viaje transcurra sin complicaciones y al llegar la noche decidimos entrar a descansar en una posada. Tensui
decidi encargarse de la seguridad de la habitacin de Zanuki, lo que provoc un estado de paranoia en l.
A la maana siguiente, Zanuki estaba visiblemente excitado y decidi que Tensui ocupara su lugar en el palanqun
con sus vestimentas para confundir a sus posibles enemigos.
El hijo del exarca caminaba en la parte posterior de la comitiva cuando adentrado el da omos un ruido al borde del
camino. De repente apareci un jabal enorme que se diriga hacia nosotros y Zanuki, totalmente aterrado, empez
a huir en direccin opuesta. Cuando el peligro hubo desaparecido y Zanuki se hubo calmado le orden a Tensui que
le devolviera las ropas y retornara a su lugar en la escolta.
Durante el resto del viaje los campesinos nos explicaron que estaban buscando al jabal porque al estar posedo por
un espritu maligno era peligroso. Si bien era extrao su gran tamao me pareci absurda esa sospecha.
Al atardecer, Zanuki decidi pasar la noche en los lindes del camino y no en una posada, lo cual me pareci una
buena idea y la acept con agrado.
Mientras decidamos el turno de las guardias Zanuki nos interrumpi y contundentemente nos comunic que l se
encargara de la seguridad, asegurndonos que abatira tanto al jabal como a los posibles enemigos. Seguidamente
fue a su equipaje y sac una enorme ballesta pero como nosotros tenamos notables dudas de su habilidad y
eficiencia decidimos mantener los turnos.
Durante la cena un ruido estremecedor acompaado de unos irritantes gritos nos sorprendieron.
- Adis bestia apestosa! Ja! Ja! Ja! Ya no volvers a husmear esta tierra con tu repugnante hocico ni la patears con
tus sucias pezuas. Ja! Ja! Ja!, Has recibido tu merecido!
Es obvio que los gritos provenan de Zanuki, el cual, haciendo uso de su arma aseguraba que haba matado al jabal,
todos nos callamos pero no nos fue difcil encontrar los restos de un inocente conejo.
A la maana siguiente Zanuki nos despert alegre y orgulloso y proseguimos el viaje.
A medida que nos acercbamos a la ciudad se poda notar cierta agitacin en Tiz-Li, y a menudo nos instaba a
contemplar la grandiosidad de su pueblo. Ciertamente era una gran ciudad adornada al tpico estilo oriental, al que
me estaba acostumbrando, sin embargo, los comentarios de Tiz-Li eran exagerados.
Atravesamos la ciudad y as llegamos a unas grandes e imponentes puertas. All unos guardias tras comprobar
quines ramos nos obligaron a desarmarnos y nos pidieron que les siguiramos.
Obedecimos y al atravesar las puertas apareci ante nosotros una vista excepcional. Habamos llegado a la llamada
Ciudad Prohibida, la cual segn me inform se denominaba as porque los simples mortales tenan prohibido entrar.
He de reconocer que lo que se nos estaba permitiendo ver era un regalo para la vista, hasta el ms burdo ser vivo
reconocera semejante maravilla. Adems, si bien es cierto que slo la construccin de aquella obra de arte era
merecedora de alabanza, la decoracin no tena menos mrito. Estaba claro que nada se haba dejado al azar, los
jardines con su juego de luces y sombras, las paredes con sus colores y ornamentos draconianos y los vasallos con
sus elaborados trajes formaban parte de un extrao pero delicado cuadro.
Nos condujeron a una de las cinco grandes partes de la ciudad prohibida, los salones meridionales, lo cual era
sorprendente que slo fuera una de las partes pues en si sola se podra decir que era un enorme palacio.
Los aposentos que tenamos asignados estaban difanos a la espera de que furamos nosotros quien los
acondicionsemos a nuestro antojo. Nada ms verlos apreciamos que necesitaban muchos cambios pues aunque
fueran lujosos y cuidados no garantizaban seguridad alguna. Pedimos a los sirvientes que nos trajeran el material
que necesitbamos, pero al darse cuenta de lo que pretendamos hacer pusieron numerosas trabas y finalmente
optamos por adquirir nosotros mismos el material.
Al regresar al palacio nos juntamos con Akira y nos coment que nuestros seguidores lo haban descubierto y que se
trataba de unos guardias de la Ciudad Prohibida.
A Akira lo sorprendi un extrao animal que haba comprado Tensui, se trataba de un dragn pigmeo que haba
comprado en uno de los puestos del mercado. Akira estaba interesado en otro y cmo Tensui prefera quedarse en
el palacio y dirigir a los carpinteros le dije a Akira que yo lo acompaara. Una vez en el puesto, mientras Akira
decida que bicho comprar yo me acerqu a un dragn negro que estaba enjaulado. Quera ver como reaccionaba
ante los extraos y nada ms acercar el dedo para comprobar su comportamiento se lanz sobre mi y hubiera
perdido el dedo si no tuviera mi capacidad autocurativa. Luego de esto regresamos al palacio.
HISTORIA DE TZI-LI
Tzi-Li naci en la ciudad de Wan Hua, en la isla de Modaings, en Kralorela. Hijo de Tzi-Han, un famoso luchador de
artes marciales, poseedor del dojo ms importante de la ciudad. Hurfano de madre, apenas vea a su padre, y
como todos los jvenes de Kralorela, se educ desde pequeo como un campesino, pasando su infancia entre el
dojo de su padre y los campos de arroz de sus tos, hasta que un da el famoso espadachn, Imolo Wen, conocido
por haber eliminado a los monstruos bicfalos de Boshan, se fij en aquel joven que comenzaba a destacar entre
sus compaeros tanto en las artes marciales como en las msticas. Desde entonces, Tzi-Lee viaj a lo largo del Reino
de Kralorela, sirviendo a uno u otro mandarn, perfeccionndose en el combate, as como en las artes nobles, la
poesa, la ceremonia y la escritura.
Nunca tuvo una verdadera familia, ni verdaderos amigos, su padre estaba demasiado ocupado para dedicar algo de
tiempo a su nico hijo, y aunque lo quera, lo culpaba secretamente de la muerte en el parto de su madre, esto
provoc que Tzi creciera despreocupado de las relaciones sociales, que fuera considerado ms arrogante y ausente
an que la mayor parte de la nobleza kralorelana. Frecuentemente se evada a lugares solitarios para meditar,
intentando entender el universo, de internalizarlo, de descubrir al
Dragn.
Lamentablemente, el destacar entre los jvenes aspirantes a
mandarn hicieron crecer en l el orgullo y la arrogancia, aunque este
era un defecto comn al de todos sus compaeros. Enterse un da
que un Huan-to, uno de esos extraos monstruos que se rodean
frecuentemente de no-muertos y con grandes poderes se encontraba
en los barrios bajos de su ciudad nata, y queriendo impresionar a su
padre, del cual nunca haba recibido la menor muestra de felicitacin;
se dirigi aquella noche de luna llena con cuatro compaeros de
armas hacia la madriguera del monstruo, teniendo todos en comn el
corazn del tigre y la inteligencia del buey. Aquel Huanto era un ser
demonaco, con grandes colmillos y que los superaba en estatura
ampliamente, Lo retaron a un duelo, y nada ms comenzar ste, Tzi.lee se dio cuenta de lo temerario de su accin,
dos de sus compaeros cayeron bajo el filo de la espada del monstruo antes siquiera de haber podido encomendar
su alma al Dragn, pero las lecciones que Tzi haba tomado no fueron vanas, de un fenomenal mandoble con su
espada-tao cort el pie a su adversario, cayendo ste al suelo,...pero el combate no haba acabado, un extrao
sopor se apoder de l, siendo incapaz de mantenerse consciente, se desmay, y cuando volvi en s sus dos
compaeros restantes yacan junto al cadver del monstruo, se salvaron de milagro, pero otros dos haban muerto.
l se senta responsable, qu haba conseguido?, nada, entendi que un hombre virtuoso no es aquel que detenta
el poder de la espada, estuvo meditando varios das y decidi pedir un destino lejano, nuevos caminos, nuevas
gentes que le mostrasen la verdadera senda de la sabidura. Parti hacia la isla de Zon-An y aunque su padre le dijo
que se senta orgulloso de su valor y le regal diez dardos encantados para daar cualquier criatura malvada, el no
se sinti feliz.
EL DIARIO
Llegu a la isla de Zon-an para servir al muy noble mandarn Su Ti, una isla recientemente colonizada por gentes del
archipilago de Vormain, seres atrasados, pero con los que es primordial mantener unas buenas relaciones
diplomticas.
Su idioma guarda ciertas reminiscencias del kralorelano, lo que indica que posiblemente antao quiz existiesen
vnculos ms grandes entre nosotros, pero stos, si existieron algun dia, son ahora inapreciables. Los habitantes de
Vormain son seres en exceso apasionados, incultos, toscos, y con una escandalosa propensin a la violencia.
Veneran a sus armas casi como si fueran parte de su ser, y segn tengo entendido, as las consideran.
En el momento de llegar el seor de la regin, An Wa Kansui, o algo asi, poco ms civilizado que los campesinos
que le sirven haba organizado alguna fiesta local. Al principio me mantuve al margen de tan primitivas costumbres,
pero despus, queriendo conocer mejor la forma de pensar de seres tan simples me integr en el lugar. Particip sin
mucho xito en un concurso de poesa, y en otro de combate. En ste ltimo estuve tan desafortunado que mi
seor me reprendi severamente, no s si por permitir que me derrotasen los incivilizados nativos de la isla, o quiz
por mezclarme con ellos. Ms mi vergenza fue mayor cuando fuimos atacados por unos demonios alados,
los moritai, y solo la intervencin del dios Yelmalio a travs de Tensui , uno de sus guerreros yamabushis, pudo curar
mis heridas antes de que expirase. Pero esta derrota me fortaleci, y tras meditar me di cuenta que hasta ahora
haba estado protegido, incluso estando en peligro, y que esto era el mundo real, por lo que me propuse
concentrarme an ms en prepararme para enfrentarme a l. Pase los siguientes cuatro meses meditando acerca
de cmo mejorar mi estilo de combate, saba que era capaz de golpear con fuerza y rapidez, pero me faltaba esa
perfeccin de movimientos, esa ausencia de ira en los golpes que tiene los grandes maestros espadachines.
Tambin me entren en mejorar el arte de la poesa, en adquirir un leguaje ms rico an y en aprender a
esconderme mejor, algo til en aquella boscosa isla. Me relacion con los yamabushis de Yelmalio, dando un
donativo a su templo por su ayuda al salvarme la vida, y entren con stos en su dojo, aunque sus artes marciales
sean muy inferiores a las de mi pas, supuso un buen entrenamiento para m.
CAPITULO II
Pasado este tiempo de entrenamiento y meditacin, recib la llamada de Tomoyuki, un pequeo terrateniente
samurai con aires de grandeza. Quera verme en el castillo de su seor, por lo que ped licencia a mi seor Su Ti
para dirigirme a all.
Quera mi ayuda debido a que, al parecer, ciertos agentes encargados de sembrar la inestabilidad se haban aliado
con un huan-to para que ste guiase a los demonios shikome que comandaba y atacase a los humanos de la isla. Le
ayud en lo que pude, dndole toda la informacin que conozco sobre los huan-to, y me ofrec a acompaar a una
expedicin encargada de tenderlos una trampa, no sin antes advertirles que no entrara en combate si no era en
defensa propia.
Preparamos la trampa en medio de la
espesura. Eramos unos cincuenta, entre
los samuris, campesinos de bajo rango y
guerreros yamabushis, guiados por
Tomoyuki, el joven samurai que nos
haba llamado llamar. La trampa se cerr
y los shikome nos atacaron. A pesar de
que nuestros arqueros diezmaron sus
filas eran muy superiores en nmero a
nosotros. Entraron en cuerpo a cuerpo,
pero nuestra defensa fue efectiva. Yo haba observado que nuestro jefe en aquella expedicin, aunque pareca un
buen guerrero, careca de la inteligencia y el temple para ser un jefe de hombres, y mis observaciones se
confirmaron cuando el combate se puso difcil. El monstruoso Huan-to se persono en medio del combate con su
guardia personal, y Tomoyuki se vio invadido por un ataque de pnico y no slo no entr en combate, sino que sus
rdenes fueron confusas. Menos mal que los yamabushis al mando de Tensui se mantuvieron firmes, porque de no
ser as, el resultado hubiera sido distinto.
En cuanto a m, me tom el combate sin gran pasin. No me lanc hacia l, sino que esper a que la tempestad
llegase a m. Pero llamar a aquella carnicera combate es darle demasiado rango. Acab con muchos de los
shikomes con mis dos cimitarras. Combat sin excesiva pasin, pero con gran eficacia. Apenas invert esfuerzo en
defenderme, pues los enemigos caan arracimados a mi
alrededor. El combate cambi cualitativamente cuando
lleg el Huan-to. Akira, uno de los samuris lideres de la
partida, que nicamente haba lanzado un conjuro sobre su
enorme espada para despus acobardarse, acudi a
combatir al monstruo junto con un renacido Tomoyuki, el
misterioso occidental Mecaroth y Tensui. Intent
alcanzarles, pobrecillos, se lanzaron al combate con una
confianza que rayaba la estupidez. Tomoyuki se qued
rezagado, pues en un mal movimiento qued cegado por
su propio yelmo, y nada ms comenzar el combate, el
poderoso huan-to cercen la pierna del yamabushi Tensui.
Intent llegar hasta ellos, pero no poda, los shikome me lo
impedan. Como no vea otra solucin arriesgu en mi
accin siguiente. Saqu uno de los dardos mgicos que me
haba dado mi padre y lo lanc contra el monstruo, era
arriesgado, pues poda alcanzar a mis amigos, pero tena
que arriesgar o quiz cuando llegase tan slo hallara sus
cadveres. Alcanc al huan-to en un ojo, destruyndole al
instante. Los toscos samuris celebraron la victoria y se
adjudicaron los honores. No me import. Celebrar una
matanza es propio de brbaros. Me alej del lugar,
contento en mi interior porque en aquel combate haba
derrotado algo ms que a un huan-to. Haba vencido a mis
fantasmas del pasado.
CAPITULO III
Supongo que la tensin afect a la calidad de mis versos, que le vamos a hacer.
Ni siquiera pudimos rescatar su cadveres para darles los ltimos ritos. El fuego continuaba su persecucin tras
nuestro rastro. Mientas atravesbamos el ro, fuimos amenazados por unos kappa, extraos humanoides con vastos
poderes acuticos. Estbamos tan cansado y desmoralizados que no tenamos fuerzas para luchar. Por suerte las
largas jornadas que pas en mi juventud dedicadas al estudio dieron sus frutos. Record que los kappa se vuelven
locos por un alimento comn, que sin embargo no suelen tener a su disposicin, los pepinos. Despus de varias
horas y ateridos de fro pudimos encontrar algunos y nos dejaron libres. Una vez ms, la inteligencia y la pluma
haban demostrado ser ms fuertes que la espada.
Por Mario Ruiz Moreno (Alias Zaabur)
Contacta: Zaabur@teleline.es
Soy Tensui Tendo hijo de Takeaky Tendo y Omi Kurisawa hijos de la luz de Yelmalio. Al igual que mis padres
sirvo a mi dios y la fuerza de mi fe gua el filo de mi Naguinata. Nuestro grupo de lanceros de Yelmalio ha jurado
lealtad a nuestro seor Akechi Shingen y por nuestro honor defenderemos a nuestro seor de sus enemigos.
Orgenes
Mi juventud en el templo de Yelmalio junto a mis padres fue bastante feliz. En el templo conoc el camino
de la pureza y el honor y los ritos que algn da me haran merecedor de los dones de Yelmalio. Mi padre Takeaky
como hijo de la luz me instruyo en el uso de las lanzas amadas por mi dios y yo en particular me encarie del filo de
la naguinata. Mi madre, iniciada de Aldrya muri al nacer yo pero me leg los escritos de los que aprend las
costumbres de nuestros aliados elficos.
Nuestro seor Akechi Shingen estaba en esa poca enemistado con Mori Terumoto anteriormente su seor y
ahora su enemigo. Nuestro seor intento hablar con su antiguo amigo y mand a un embajador escoltado por un
nutrido grupo de Samuris y mojes Yamabushi. Mi padre como hijo de la luz encabez a los suyos entre los que me
encontraba yo en mi primera salida importante del templo. Nuestros pasos nos llevaron en direccin de las tierras
de los Terumoto y nuestro barco arrib una tarde al puerto al que nos dirigamos.
Grande es el odio que Mori Terumoto le tiene a nuestro seor Akechi Shingen puesto que apenas comenzamos
a desembarcar en el puerto fuimos atacados por una horda de furiosos enemigos. Gran fuerza tienen los monjes
Yamabushi pero ni nosotros ni los samuris leales a Akechi que nos acompaaban fuimos suficientes para repeler el
ataque. Muchos cayeron esa tarde mientras los ltimos rayos de la cpula solar nos iluminaban. Mi padre fue
herido de muerte por una flecha errante cuando el barco comenzaba a zarpar. La magia de los monjes se haba
agotado con la lucha y no se pudo hacer nada por salvar a su vida. Moribundo entre mis brazos escuchaba como yo,
su hijo, juraba venganza por su muerte.
El camino al despertar proviene de una mente limpia y un corazn sincero hijo mo El que vence a la ira
vence al mayor de sus enemigos dijo mi padre en su agona. Un hombre bueno que me hizo jurar en su lecho de
muerte que no guardara rencor a nadie y que siempre me comportara con el honor, la pureza y la humildad que el
camino a la luz exige. Pienso cumplir mi promesa.
Parte uno: Las Mil Islas del Amanecer.
1. Capitulo I: Esperando a los Mori.
2. Capitulo II: Rumbo al Sur.
3. Capitulo III: Monstruos.
4. Capitulo IV: La Maldicion.
5. Capitulo V: Siniestros Augurios.
6. Capitulo VI: Las amazonas.
La expedicin
Nuestro seor Akechi Shingen viendo prxima la derrota parti en exilio hacia la isla de Zom-An. En su shiro de
Nabuta dej un nutrido grupo de valientes guerreros al frete de Nakamura Kogaratsu con misin de engaar a las
fuerzas de Terumoto para dar tiempo a su retirada hacia el exilio. Fuimos pocos los que nos quedamos atrs pero
sin duda aguantaramos el asedio de las fuerzas de nuestros enemigos antes de escapar en nuestro junco a los pies
de los acantilados que flanquean los muros del shiro de nuestro seor.
Las tropas de Terumoto se aproximaban por lo que era necesaria realizar una expedicin para calibrar la fuerza
de nuestro enemigo. Fui seleccionado entre los veinte guerreros que al mando de Mutai Enzo saldran a explorar
zona enemiga. Nuestras fuerzas fueron divididas para batir ms terreno y al frente de mi grupo se encontraba el
samurai Imai Tomoyuki y entre el resto de los hombres se encontraban adems Kasumi Akira, Ota Saru y Meca,
samurai, wako-samurai y gaijin respectivamente.
Imai orden avanzar a travs del bosque en previsin del peligro que nos acechaba. Vimos una columna de
humo a lo lejos que Ota Saru con sigilo vio que perteneca a un joven carbonero trabajando. Decidimos rodearlo
para no perturbar su trabajo y no delatar nuestra presencia y al poco avistamos los arrozales que rodean Nobuta y
el templo de Valzain. Decidimos aproximarnos al templo para inspeccionarlo pero cuando nos acercbamos al
borde de los rboles con los arrozales una lluvia de enemigos nos sorprendi. Un grupo de ninjas ocultos entre las
ramas de los mismos nos esperaban ansiosos de enfundar sus armas en nuestras entraas. Alc mi naginata y el
ninja no tuvo la mas mnima oportunidad al teirse la hoja de mi arma con la sangre de sus entraas. Rpidamente
me di la vuelta para ayudar a mis compaeros cuando una flecha lanzada por un enemigo oculto en el templo rasgo
mi pierna. La herida no fue tan grave como la que sufri Akira ante mis ojos. El ninja le atraves las entraas como
yo hiciera momentos antes con su compaero y el joven guerrero cay al suelo mortalmente herido. En el fragor del
combate tanto Imai como yo nos dirigimos prestos a evitar que el ninja rematara su faena pero este, al vernos venir
y al ver que la mayor parte de los suyos estaban muertos o huan y que dos guerreros con las hojas de sus armas
teidas de sangre se aproximaban, lanz algo al suelo y una nube de humo cubri su fuga.
Akira agonizaba y la vida se le escapaba entre los dedos de sus manos sujetando el contenido de su vientre.
Tanto Imai como yo tratamos de cortarle la hemorragia con presteza pero desgraciadamente nuestras artes
curativas se aproximan ms a los conocimientos de un nio no de un sanador experimentado. La luz de Akira se
apagaba y mi magia de los espritus no iba a ser suficiente para sanarle. Con la muerte tan cerca no dude un
momento en invocar la luz curativa de Yelmalio y este accedi a sanar la herida del samurai por lo que el color
regres poco a poco al rostro de Akira.
Al poco inspeccionamos el templo de Valzain pero el arquero que me hiri ya haba huido. Nuestra
expedicin no poda dar mas datos al escapar todos los posibles prisioneros por lo que temiendo que los ninjas
pudieran regresar con refuerzos decidimos regresar a nuestras filas ahora por el camino pudiendo llegar a ver el
cuerpo del carbonero asesinado por los ninjas. A nuestra llegada nos enteramos que uno de los grupos si haba visto
el ejercito del enemigo aproximndose por lo que regresamos a la fortaleza.
El asedio
El amanecer de un nuevo da nos dejo ver las interminables filas de los Mori desde el otro lado de los
matacanes del shiro. Las filas de guerreros se perdan en el horizonte y el olor a ceniza procedente de las hogueras
de los campamentos llenaba de oscuridad nuestros pensamientos. Pudimos ver por fin los rboles cados que
habamos odo cortar durante la noche ahora transformados en escalas y arietes.
Las filas de guerreros de nuestro seor Akechi Shingen se agolpaban en las murallas. Los maniques de paja
equipados con armaduras engaaban a nuestros enemigos no as a nuestros corazones que esperaban lo peor. Los
Mori se preparaban para el asalto cuando Nakamura Kogaratsu se alz en las almenas y lanz un desafo. Un
desconocido se adelant de las filas de los Mori respondiendo a dicho desafo y el valiente guerrero abandono la
seguridad de las murallas para enfrentarse a su enemigo en duelo. No duro mucho. Al poco de comenzar su
enemigo fue derribado de un tajo certero con su katana y el guerrero regres indemne bajo la proteccin de las
murallas. Cuando estaba an pensando en la futilidad de tal acto, la desgracia de los guerreros que aspiran a la
gloria y a ganar un mal entendido honor en el campo de batalla, otro guerrero se alzo en las almenas para lanzar
otro desafi. Era Imai que retaba a un representante de la familia Mikoshi a duelo. Afortunadamente nadie vio la
mirada de desagrado que surgi de lo ms profundo de mi ser al recordar las palabras de mi padre en su lecho de
muerte acerca de la futilidad de tales actos. Imai se dirigi a enfrentarse en duelo a su enemigo no antes de tener el
un encontronazo de los muchos que veramos en nuestro viaje con Ota Saru cuando le propuso hechizar a su
enemigo para debilitarle. El combate no dur mucho ya que Imai amago un tajo con la katana y con un rpido
movimiento hinco la rodilla y alzndose le asesto un iai
de abajo a arriba que lo mato.
Poco despus de estos actos de honor a los que estn
tan acostumbrados los samuris comenz el asedio de los
Mori. Las filas avanzaban mientras nosotros desde las
almenas les lanzbamos una lluvia de flechas que hiri a
muchos y mat a otros tantos aunque no fue demasiado
efectiva debido a lo bien equipadas que estaban las tropas enemigas. La mayor parte de las flechas rebot
inofensivamente en las armaduras de los Mori y los enemigos llegaron sin bajas apreciables a las murallas del
castillo en las que comenzaron a apoyar las escalas de asedio. Cada grupo de guerreros luch con valenta y, por que
no decirlo, desesperacin para evitar el acceso de los enemigos al interior de shiro. Yo me coloqu al frente de una
escala y rechac a mltiples enemigos a golpe de Naginata y de patadas de artes marciales. El asedio no dur
demasiado. Lo suficiente para causarnos las primeras bajas y tantear nuestras fuerzas. Dentro de poco lanzaran el
ataque en serio.
Al abordaje
Zarpamos a la mar mientras los Mori comenzaban a lanzarnos flechas desde las murallas del shiro. El junco se
alejaba de la isla cuando avistamos a lo lejos una pequea flotilla de juncos enemigos que trataban de evitar
nuestra fuga. Por fortuna el oficial al mando actu con competencia y diligencia escapando nuestras tropas de una
muerte segura.
Los das en la mar pasaban lentamente. Sin espacio para estirar las piernas y sin la paz de la tierra firme los
nimos fueron decayendo entre nosotros. Algunos pensaron en practicar sus habilidades de armas pero la falta de
espacio impeda realizar el ms simple estiramiento. Pasados unos das avistamos a lo lejos un barco mercante
haragalano y los marinos del barco plantearon asaltar el mercante enemigo para capturar valiosos botines. El
capitn Takeda, al frente del junco, orden el abordaje despus de una agria discusin con Nakamura Kogaratsu.
A media tarde conseguimos alcanzar el mercante despus de unas horas de persecucin. Los guerreros
armados y con ganas de accin esperbamos ansiosos a que el abordaje diera comienzo. Algunos osados saltaran
en primer lugar usando cabos al barco enemigo. Yo opt prudentemente a esperar que desplegaran la escala en
recuerdo de mi mala experiencia en el acantilado. Me aterraba la posibilidad de caer entre los dos barcos y
encontrar la muerte de la que Akira me haba librado.
El barco se acercaba a pasos agigantados cuando dos lanzas solares lanzadas por los mercaderes golpearon la
cubierta de nuestra embarcacin. Por fortuna ningn hombre fue alcanzado pero nos vimos obligados a detener el
creciente incendio. Al poco alcanzamos el mercante y nos fijamos a su babor con garfios de anclaje. Los dos barcos
se aproximaban poco a poco cuando y los primeros osados comenzaron a balancearse con cabos para aterrizar en la
cubierta enemiga. Al poco cruc la escala para sumarme al combate, eso por llamarlo de alguna forma. La verdad es
que fue prcticamente una matanza al menos desde mi punto de vista. Los yamabushi produjimos muchas bajas
entre el enemigo antes de ser derrotado este sin sufrir nosotros ninguna prdida. Los marineros armados con
cimitarras me atacaron sin tregua pero mi fiel Naginata bail para ellos la danza de la muerte. El nico incidente a
resear fue con el segundo marino al mando de nuestro junco que fue gravemente herido por dos marineros ebrios
de vino. Por suerte en esta ocasin mi magia de los espritus fue suficiente para curar sus heridas y no tuve
necesidad de invocar la luz curativa de Yelmalio.
La tripulacin del mercante rindi sus armas al ver prxima su muerte. Los marinos wako saquearon el barco de
su cargamento de especias mientras decidan que hacer con los rendidos, si matarlos o abandonarlos sin comida ni
agua con el mercante. Horrorizado ante tal perspectiva abandon el mercante y me retir a mi camastro a meditar y
a rezar por las almas de los pobres incautos.
Arganthosas
Das despus del abordaje avistamos una isla en el horizonte. El capitn viendo bajas las reservas de agua y
alimentos frescos junto con la decreciente moral de los tripulantes decide realizar una escala en la isla para llenar
nuestras reservas y alegrar los corazones. La tripulacin se reparte por la playa y algunos aprovechamos para
asearnos mientras algunos marineros se dedican a capturar langostas y recoger frutas. La cena a la luz de las
estrellas calma los estmagos y los corazones del grupo de refugiados. La frescura de las frutas nada tiene que ver
con las tiras de carne seca del barco y el fresco olor de la jungla nos hace olvidar el hedor de nuestros camarotes.
Finalmente la paz de la noche nos arrulla con su abrazo y vamos cayendo todos en un profundo y placentero
sueo. Desgraciadamente al poco Mecaroth postrado de guardia escucha un ruido y poco despus al examinar su
procedencia se ven huellas de pies que se alejan del campamento. Se da la alarma y se pasa revista notndose en
seguida que faltan cuatro marineros y un Yamabushi. Todos afirman que son desertores y que hay que atraparlos
cosa que a mi me resulta algo extraa no por los cuatro marineros sino porque me resulta difcil de creer que un
hermano de mi templo abandone a los suyos. Indignado ante tal posibilidad me adelanto en cuanto Nakamura
Kogaratsu propone enviar a un grupo para perseguir a los fugados. El grupo de aventureros que realizamos la
incursin en tierras de los Mori somos elegidos para realizar la cacera por lo que todos nos pertrechamos con las
armaduras y nos disponemos a rastrear a los traidores.
Nos adentramos en la jungla precipitadamente tratando de alcanzar a los fugitivos antes de que sea demasiado
tarde pero por desgracia ninguno de los nuestros se haba adentrado muchas veces en la jungla y desconocamos la
dificultad de la travesa. Mi adorada armadura de Yelmalio pareca una pesada losa ardiendo cubriendo mi cuerpo.
El sudor comenz a deshidratarme rpidamente y, cuando me quise dar cuenta, el contenido de mi pequea
cantimplora ya no estaba en su interior sino en el mo. Cada inspiracin se hizo pesada y llenar los pulmones se hizo
tan difcil como inspirar en las cercanas del rugiente Lodril. Ladee la mirada para ver el estado de mis compaeros y
vi que algunos estaban peor. Imai y Mecaroth cayeron enfermos de deshidratacin y cansancio. Paramos nuestra
marcha y despus de pasar una noche descansando cargamos con nuestros compaeros debilitados de vuelta al
campamento a prepararnos mejor para la marcha. Entre el peso de mis pertrechos y el de los de Imai que no es un
samurai precisamente pequeo lo pase muy mal para llegar de vuelta al campamento.
Mejor pertrechados y despus de una fuerte reprimenda por parte de Nakamura al responsable de nuestro
grupo partimos de nuevo a la jungla esta vez bastante mas aligerados y con una mayor provisin de agua. Horas
despus encontramos un sendero en la jungla que optamos por seguir al ver una prometedora huella y los restos de
una fogata. Tras un rato siguiendo el sendero escuchamos a lo lejos el ruido de unos nios jugando. Akira se
adelanta usando el magnfico sigilo que caracteriza sus unos pies ligeros y encuentra unos nios alto extraos. De
vuelta al grupo nos narra como un grupo de nios casi desnudos saltan y juegan mas un pequeo tallo verde les
crece de un taln. Intrigados decidimos ir Imai y yo ya que el esta a cargo del grupo y yo en mi temprana juventud
conoc a la raza de los elfos y tales conocimientos pudieran sernos tiles.
Imai ordena que nos adentremos con las armas envainadas y sin porte amenazador. No comento nada pero me
gustara haber sabido como pretenda que envainara mi naguinata de casi dos metros. Nos adelantamos a hablar
con los nativos que nos contestan en tanyeno, lenguaje que apenas si conocemos y con el que intentamos
preguntarles por los fugados. Los nativos nos guan a travs de su poblado en el que la gente nos mira con
curiosidad. Todos los nativos tienen el extrao tallo verde con hojas surgiendo de uno de sus talones cosa que me
llena poco a poco de inquietud. Tenia la impresin de estar entrando en la boca del lobo y no erraba despus de
todo. Arribamos a un semicrculo enorme excavado en la tierra del que brota una planta selvtica enorme con una
gran multitud de tallos que se unen con los talones de los nativos. De las partes altas de la planta cuelgan frutos de
llamativos colores que caen al suelo. Los cuatro marineros estn durmiendo placidamente al lado de la planta con
las manos y la boca manchadas del jugo de los frutos que han devorado. Mi hermano yamabushi yace en el suelo y
est comiendo espordicamente frutos que recoge del suelo. Tiene la mirada perdida en el infinito mar de la
alucinacin y la locura y aparenta ser muy feliz. Me dirijo rpidamente a atender a mi hermano mientras un nativo
con collares de plumas y gran cantidad de abalorios que me recuerdan a los shamanes lficos que conoc con los
aldrianis nos observa con curiosidad. Cuando Imai y yo nos aproximamos ms, e Imai sugiere liberar a los marineros
para que partan de vuelta con nosotros al junco, el lder de los nativos nos inst a detenerlo: "pertenecen a
Arganthosas" dijo mientras en lo ms profundo de mi ser senta como el poder de la planta-dios trataba de
forzarme a alejar mi corazn de la luz de Yelmalio. Asustado ante tal poder que trataba hacerme dudar de la fe en el
seor de mi alma me dirig raudo a recoger a mi hermano yamabushi pero al aproximarme este comenz a gritar
repudiando e insultando a mi dios. En un momento de ira golpe al mi hermano con el mango de mi naguinata con
la intencin de dejarlo inconsciente para despus alejarlo de la nefasta influencia de Arganthosas. El semblante de
los nativos cambi al momento y sus miradas se tornaron toscas y severas. "Ha elegido, ahora es de Arganthosas.
Debis dejarlo" dijo el Shaman o lo que quiera que fuese con una mirada iracunda. Mi mirada se encontr con la de
Imai y en un mudo silencio ambos optamos por abandonar a los ahora fieles de Arganthosas. Nada podamos hacer
para enfrentarnos a toda una una aldea de fieles a los pies de su dios por lo que, con gran pesar en mi corazn, me
vi obligado a aceptar la prdida de un hijo de Yelmalio y tenda que vivir con tal pesar en mi corazn. Rezara por su
alma y por la el perdn de la ma.
Ya en el barco nos dispusimos a contarle lo sucedido a Akechi Tokuri que en sus sueos ha visto la verdad de la
misteriosa planta. Arganthosas ofrece a sus fieles la felicidad y la paz a cambio de tener que unirse fsicamente a el y
no poder abandonar por ello jams la isla. Un dios magnnimo y complaciente que sin duda jams ver tanto
mundo como Yelmalio a visto a travs de sus fieles. Un dios dbil para los dbiles de corazn y espritu.
Afortunadamente los hijos de Yelmalio somos bastante mas sabios y jams aceptaramos tal esclavitud encubierta.
Por otro lado uno de los mos haba sucumbido a tal oferta lo que sin duda me iba a ocasionar lagas horas de
meditacin intentando comprender su postura. Sin duda aunque Yelmalio es ms poderoso Arganthosas es ms
fuerte en su propia casa por lo que el desgraciado no tubo la mayor oportunidad de eleccin. Hasta mi fe se vio
brevemente atacada por el dios enemigo y ni siquiera yo se si habra aguantado mucho ante una presencia tan
sobrecogedora. La duda. Una mancha en el camino de la luz que me iba a costar limpiar y olvidar.
Tras un breve periodo de tiempo en la mar unas nubes grises y amenazadoras se alzan en el horizonte. La luz de
los rayos se refleja en nuestros ojos y el sonido de los relmpagos atronaba nuestros odos. Recordando una vez
ms mi experiencias con el agua me refugi raudo y presuroso bajo la cubierta del junco a la espera de que
arreciara la tormenta. El zarandeo del junco afecta a muchos de los que preferimos la tierra firme y el mar reclama
el contenido de los estmagos de algunos de nosotros. Por fortuna mantengo la compostura durante la tormenta y
no caigo enfermo por el mal del que no est acostumbrado a tales desventuras.
El tiempo pasa y la tormenta arrecia. El timn del junco est algo rgido por lo que uno de los marineros bucea
bajo la quilla e informa al capitn Takeda de que una bola de algas atora el mismo. A lo lejos se avista un pequeo
atoln coralino en el que Takeda decide detener el junco para proceder a la limpieza del timn del mismo. La
blancura de la arena de la cala nos hace a todos recordar la fiesta en la playa de la anterior isla por lo que el rugir de
nuestros estmagos despus de la tormenta nos reclama con impaciencia. Muchos guerreros ante la belleza del
paisaje se lanzan alegres al agua para nadar hacia la playa. El grupo que lidera Imai es mandado a la misma para
asegurarla y ver que no hay peligro alguno. Al poco se escucha un grito de miedo y, uno de los hombres se zambulle
en la espesura de la jungla. No sabiendo que ha visto el hombre e ignorando si ha acudido a atacar a un enemigo
algunos nos internamos en la jungla en su ayuda. Mas tarde nos contaran como un grupo de criaturas verdosas
asaltaron la borda del junco y mataron a tres marineros hasta que un arquero consigui matar a una de las que
trataban de huir. Imai se qued impotente en la cala sin saber que hacer gritando el nombre de Nakamura.
La espesura golpeaba sin piedad nuestros rostros mientras nos adentrbamos en la misma. Los olores de las
plantas exticas eclipsaron pronto el olor a mar del que algunos estbamos ya tan hastiados. El monje Kazn junto
conmigo mismo avanzamos ms prestos que los dems y logramos alcanzar a la criatura. Es una criatura pequea
fea y sucia. Se pareca a uno de los patos que nuestros sacerdotes tenan el gusto de degustar a veces en el templo
solo que era el doble de grande y sus alas terminaban en una especie de manos. La criatura esta bendecida con ms
don del habla del que Ota Saru ha demostrado hasta la fecha y nos implora entre sollozos piedad y misericordia. Se
nos dirige en tono adulativo implorando la proteccin de los hijos de yelmalio de los demonios barracuda. Al poco
llegan Imai Tomoyuki y el resto de los perseguidores y, con ayuda de un marino que habla perfectamente el idioma
del pato, nos enteramos de su historia:
"Me llamo Suqua y soy un mercader de Haragala, hace seis semanas el buque en el que viajaba naufrago, pero
yo consegu salvarme y llegue hasta esta isla. Durante la primera semana trate de sobrevivir como pude, pero
cuando llego la noche de la luna llena, o el sonido de una caracola y intrigado aunque cauteloso me aproxime al
lugar del atoln de donde proceda, a unos dos kilmetros de aqu. Cuando llego all encontr una extraa
formacin rocosa, la cual semejaba una especie de anfiteatro. En el centro, sobresaliendo entre las olas haba una
gran roca plana en la que haba seis postes de coral. Atnito observo que a los postes estaban atados marineros de
los que haban viajado con el y a su alrededor nadaba un numeroso grupo de yssabues, realizando alguna clase de
ritual, uno de ellos soplaba una caracola llena de runas y colgantes. Al poco hubo una gran conmocin bajo las olas
y emergi un monstruo marino enorme, aunque tenia brazos, el cual empez a devorar a los marineros"
Al regresar al junco nos enteramos que los demonios del mar se han llevado a seis marineros y que a la noche
caer la luna llena. El grupo de rescate es encabezado por Kato el mejor de los Yamabushi abordo del junco y
legendario hijo de la luz de Yelmalio. Suqua nos dice donde est la guarida de los Yssabues y nos dirigimos prestos al
rescate. Yo, recordando mi experiencia en la selva, opto por cargar mi armadura en una red a la espalda para usarla
si tengo oportunidad.
Atravesamos la jungla de nuevo mientras algunos nos lamentbamos de los mltiples asaltos que habamos
sufrido hasta la fecha por parte de los mosquitos y llegamos a un repecho de tierra tras el cual nos parapetamos
para observar. Se poda ver un pequeo curso de agua tras el cual nuestros hombres yacan maniatados a unos
postes. Los yssabues poblaban la blanca arena y, de una pequea cueva, un shaman yssabu sali comenzando a
realizar una danza ritual al rededor de los aterrorizados hombres. Kato ordena no atacar y la sugerencia que estaba
apunto de apuntar acerca de que impidiramos que finalizara el ritual aseteando al shaman muri en mis labios
antes de nacer. El shaman complet el ritual y una terrible criatura que ms tarde me nombraron como Gnydron se
alz de las aguas del canal en toda su magnificencia y esplendor. La sangre se congelo en las venas de muchos de los
que bamos a tratar de defender a los nuestros viendo la enorme inmensidad de la criatura. Kato, hijo de la luz de
Yelmalio, se alz ordenando el ataque y lanz su jabalina inundada de luz y muerte que traspas el crneo de la
criatura como un cuchillo atraviesa una fruta cualquiera. La criatura de derrumb en la playa y su sangre tio de
rojo las aguas del pequeo canal. Una andanada de flechas termina de dispersar a los aterrorizados yssabues
permitiendo la liberacin de los nuestros sin mayores percances.
DIARIO DE UN YAMABUSHI II
Por Mario Ruiz Moreno (Alias Zaabur)
Contacta: Zaabur@teleline.es
El junco se aleja por fin de las aguas de los Dragonuts con rumbo incierto. Durante incontables das la nave
continua su travesa de destino incierto. Los tripulantes del junco se debaten entre el aburrimiento y la
desesperanza de un viaje lleno de peligros que no parece llegar a su fin. Los aires de motn impulsan al junco por el
mar y los oficiales se muestran alerta para evitar cualquier intento de rebelda.
En la oscuridad de la noche se proclamo un aviso de alarma que nos hizo alzarnos de nuestros catres. En el
ajetreo hay quienes nada mas llegar a su arma la desenvainan dentro de la habitacin llena de hombres
levantndose de sus camas. Yo cog mi fiel naguinata y alce la hoja todo cuanto pude para evitar el accidente. Los
bamboleos del junco junto con la oscuridad y el desorden pudieron ser fatales pero por fortuna no se produjo
ningn accidente.
No sin esfuerzo consegu llegar a cubierta para encontrarme con un espectculo dantesco. Cabezas de criaturas
extraas se alzaban entre las olas atacando aleatoriamente a cuantos marinos pueden. Akira lucha en un extremo
con el brazo derecho colgando intil defendindose como puede del ataque de una de las criaturas. Por si fuera
poco en la cubierta del junco hay una gran cantidad de criaturas extraas luchando contra los marineros que
Mecaroth llama Trolls. El combate fue cruel. Yo trat de alcanzar a Akira para ayudarle en su enfrentamiento con las
criaturas que atacaban desde el mar cosa que consegu despus de un gran esfuerzo y no sin correr ningn riesgo.
Las criaturas no aguantaron demasiado frente al ataque de nuestro grupo de yamabusis y samuris pero cuando el
combate estaba casi finalizado Akira nos inst a ir al fondo del buque, en lo ms profundo de la bodega se escuchan
ruidos sospechosos y, porque no decirlo, alarmantes. Los Trolls escaparon por los agujeros abiertos en el casco en
cuanto les plantamos frente y el agua el mar entraba a raudales por los mismos.
Los carpinteros del junco parchean los desperfectos como mejor pueden pero el junco ha sido daado. El
segundo oficial del barco pierde los papeles cuando comienza a gritar como un enloquecido que el viaje esta
maldito y que todos vamos a morir. Los pensamientos que muchos ya albergaban en sus corazones pero que apenas
se atrevan a pronunciar fueron pronunciados en voz alta por un oficial. Los marineros que hasta el momento
haban conseguido mantener la compostura se derrumbaron por el desazn y el miedo aunque todos se van a
dormir oscuros sueos.
El amanecer trajo un ambiente extrao al junco y el resto del da transcurre sin un sonido. No vi alegra en los
corazones de los viajeros y las pocas conversaciones que se dieron lugar el el navo fueron espordicas y susurradas
como con miedo de despertar lo que se avecinaba. Un demente asesina a su compaero de cama durante la noche
en un acto de locura. El capitn no se lo piensa y ordeno la ejecucin del pobre hombre.
El amanecer fue si cabe an peor. Akechi Tokuri se levanto de la cama con la mirada perdida y estando en
cubierta con Imai a su lado pierde su mirada en el infinito y, sin mas, se arroja por la borda. Estupefacto corr hacia
la borda del junco mientras Imai contemplaba sin hacer nada como el hombre se perda en la profundidad del mar.
Sin pensrmelo dos veces at un cabo a mi cintura y me arroj al agua en pos de Akechi. A medio camino en mi
zambullida al agua me jur hacer todo lo posible para salvarle de la muerte de la que Akira me salvo a mi. Con mi
armadura puesta me hund rpidamente en el agua. Creo que fue este motivo y no mi habilidad para nadar lo que
hizo que consiguiera alcanzar el cuerpo de Akechi. Este, an consciente en el agua, se revolva para evitar su rescate
por lo que me vi obligado a noquearle como pude. El cielo estaba lejos y trate de nadar hacia la superficie
arrastrando el cuerpo inconsciente. No se como lo consegu puesto que apenas se nadar pero estoy seguro que la
luz de Yelmalio gui mis brazadas y mis pataleos puesto que a duras penas consegu llegar a la superficie. Una vez
respire de nuevo aire fresco y la luz del da bao mi rostro el resto de los marineros nos consiguieron izar con el
cabo a la borda entre jadeos y maldiciones por el peso muerto que tuvieron que alzar. Akechi estaba enloquecido y
no hubo ms remedio que amarrarlo al palo mayor para evitar que intentara de nuevo el suicidio. Por fortuna
recuper el juicio a lo largo del da y pas la noche sin mas desgracias.
El da siguiente fue vergonzoso. Los marineros iniciaron un motn en toda regla. Comenzaron a gritar a pleno
pulmn que su dios requera un sacrificio de sangre. Clamaron a los cuatro vientos que se deba sacrificar a Sukua el
pato. Est, aterrorizado, se acurrucaba en un rincn mientras los marineros le miraban con los ojos inyectados en
sangre. Takeda ordeno azotar a los tres cabecillas y sacrifico su sangre a Tsankh con lo que su peticin fue
satisfecha, en cierto modo.
Pocas horas despus cuando el mas descorazonador silencio poblaba la cubierta del junco comenz a
escucharse un cntico de gran belleza. Las voces eran arrastradas por el viento llenando de paz y consuelo lo mas
profundo de nuestro ser. Muchos caemos hechizados por la bella msica y despus de despojarnos de las
armaduras comenzamos a arrojarnos por la borda en bsqueda de la fuente de tal paz.
Inicialmente me hundo como una piedra como ya suele ser costumbre en mi pero al poco consigo a duras
penas llegar a flote y con lentitud e inseguridad comenc a nadar en pos de las mujeres sentadas en unas rocas que
entonaban los cnticos. Poco recuerdo de ese lance salvo que algo despus recupere la razn en medio de un mar
de sangre. Ms de treinta de los nuestros haban sido muertos antes de que los que quedaron en el junco forzaran a
huir a las bestias. Con ayuda consigo encaramarme de nuevo al junco junto con el malherido capitn Takeda y unos
cuantos afortunados ms.
Tras la gran cantidad de hombres perdidos un gran desazn reclama a los supervivientes. El precio ha sido
enorme y, por si fuera poco, en el horizonte se divisa la vela de un barco. El segundo oficial Ota Saru ordena
zafarrancho de combate. Al poco se puede ver el emblema de la vela perteneciente a la coalicin de Valkaro que
nos poda ser relativamente amistosa.
El lder de los valkaritas llega a cubierta y despus de una conversacin con Ota Saru y Nakamura est a poco
de llegar a las manos. La soberbia del valkarita unida a la inexperiencia de Ota Saru y el orgullo de Nakamura est a
poco de provocar una desgracia. Finalmente consiguen serenar sus nimos y les seguimos hasta el puerto de
Galanin, en el cual no se nos permite desembarcar hasta que los nuestros presenten sus respetos a los gobernantes
de la isla.
Temiendo que nuestros lideres no consigan regresar con permiso para permanecer en el puerto decido
sobornar al jefe de la guarnicin que nos vigila para que permita salir a unos pocos a comprar algo de comida
fresca. La excursin vigilada no es demasiado fructfera. Apenas conseguimos esquivar a los guardias durante unos
segundos para conseguir algo de informacin que no es demasiado interesante. Frustrados regresamos al junco con
algunos alimentos frescos con los que apaciguar nuestros nimos a la espera de nuestros lideres. Estos regresan con
buenas noticias. Se nos ha permitido permanecer en la isla mientras no salgamos de la ciudad.
Algo esta perturbando nuestro destino. Una fuerza invisible nos impide llegar a buen puerto o, al menos, eso
nos dicen los augurios de Akechi y las impresiones del resto de nuestros lderes. Nuestro grupo es convocado y, con
una gran suma de dinero, se nos encarga encontrar un adivino para que nos aclare nuestro destino.
No tardamos demasiado en enterarnos de la existencia de un famoso adivino de nombre Omfal que vive en una
pequea isla cercana. Nuestros lderes nos consiguen permiso para ir a la isla pero al llegar a ella nos sorprende la
noticia de que el adivino ha muerto hace unas semanas. Maldiciendo nuestra mala suerte su hijo nos asegura que
es capaz de invocar el espritu de su padre. Nos cobra la enorme suma de 2.000 peniques y, junto con un sacerdote,
nos acompaa junto con unos pobres animales al altar de sacrificio. Tales actos rituales y sangrientos perturban la
paz de mi corazn pero ante la necesidad no tengo ms remedio que centrarme en la fe en mi dios para no caer
presa de actos tan profanos. El hombre medita y canturrea frente a un poste negro adornado con calaveras de
humanas colgando del mismo. Cuando el sacerdote ha llegado a su estado de trance degella el cordero y unas
extraas luces parecidas a fantasmas de personas se arremolinan a su alrededor mascullando en una lengua que
nos es extraa. Un espritu ms reflexivo que otros se acerca cuando el sacerdote sacrifica uno de los conejos
negros de los que el espritu bebe su sangre y toma forma mas slida. Preguntamos muchas cosas pero ninguna
respuesta concreta nos lleg hasta que las siguientes palabras fueron pronunciadas:
A la nereida Shorgaa habis ofendido
La sangre de su hijo derramado,
Si queris escapar de ella tendris que ir
Donde los hijos del mar nunca han osado
Seguir la estela del esclavo de Ratuk
La mayor bestia del ponto vinoso
Nuestros lideres demuestran ser ms sabios que nosotros ya que despus de algunas deliberaciones consiguen
interpretar los presagios expresados por el espritu de Omfral. Akech Tokuri interpreta que los primeros versos
hablan de la maldicin que rodea nuestra nave. Los versos refieren a los Ratuki, fieros enemigos de Vormain que
fueron expulsados de su isla y obligados a vagar por los mares viviendo sobre los lomos de un gigantesco monstruo
llamado Leviatn. Estos hombres tiburn vagan por los mares con sus galeras escoltando al Leviatn donde viven
sus gentes. Cientos de tiburones muerden constantemente a la bestia impidiendo que esta se sumerja. El rastro de
sangre y grasa cubre el mar all por donde el Leviatn pasa.
Estos fantsticos enemigos no permiten que ninguna criatura extraa del mar se les acerque por lo que,
siguiendo su rastro, el junco estar a salvo de los avatares de la maldicin. El resto de la profeca habla sin duda de
un kralorelano y, curiosamente, Akechi Tokuri ha odo hablar del sabio Aketago encarcelado en el Alczar de la
Expiracin. Aketago era un gran ilusionista que poda ayudarnos en lo que restaba de viaje.
Akechi decide invocar al espritu que le comunic la situacin de Aketago para comunicarse con l y preparar el
rescate. La oscuridad puebla el camarote donde Akechi comienza a realizar los cnticos y gestos que atraeran al
espritu. Este posee el cuerpo del sacerdote y comienza a hablar con voz grabe y cascada. Las respuestas que nos da
son de gran ayuda y nos disponemos a planear el rescate.
Despus de muchas deliberaciones decidimos que un primer grupo formado por Akira y Saru abandonen la
ciudad para no llamar mucho la atencin y, con lo que descubran, regresen para junto con el resto planificar el
rescate de la fortaleza. Nuestra sorpresa es cuando al da siguiente los dos llegan de regreso a la ciudad con la magia
del sabio protegiendo sus imgenes reales del resto del mundo. Saru durmi toda la noche y al despertar el da
siguiente estaba junto con el sabio y Akira que no da demasiadas explicaciones.
Inmediatamente partimos antes de que se corra la voz de la fuga de la fortaleza de Aketago. Todos miramos
atnitos como el poderoso Aketago comienza a entonar las runas y realizar los signos. El tejido de la realidad gime
de dolor mientras la apariencia del junco y de sus ocupantes adopta una forma ms discreta para confundir a los
ahora enemigos y evitar nuestra captura. Las huellas de la destruccin preceden a los ratuki y en una aldea
recientemente arrasada por estos nos indican el rumbo que tomaron.
A la maana siguiente avistamos un buque Vadeli en el horizonte. Piratas sin escrpulos que, pese a la
esplndida actuacin de Takeda, consiguen acercarse cada vez ms a nuestro junco. Nos preparamos mental y
fsicamente para el abordaje mientras vemos como los enormes guerreros de piel roja ren estruendosamente
mostrando sus enormes hachas y espadas. El combate fue muy cruel y duro. A mi me fue relativamente bien ya que
mi naguinata no tena rival frente a mis enemigos. Un golpe y otro pirata cae mortalmente herido al suelo cuando
puedo ver de lejos como Mecaroth cae gravemente herido en un brazo. No tengo tiempo ni de socorrerlo ya que
por el otro lado veo una bestia surgida del abismo. El capitn Vadelino con sus casi dos metros de hueso y msculo
ruga de placer baado por la sangre de varios de los nuestros. De un golpe impresionante la cabeza de Nakamura
Kogaratsu es separada de la agradable compaa de sus hombros. Imai ataco al vadelino para vengar a su seor y
tambin cay al suelo gravemente mutilado junto con otro samurai ms. Trato de llegar para evitar que el titnico
guerrero remate a los cados pero solo consigo que este pare mi golpe y seccione mi tobillo izquierdo para que,
poco despus, un mortalmente herido Takeda invoca el poder de su dios y hace caer al enemigo en el ltimo golpe
de su vida.
Las prdidas han sido terribles. Diez de los nuestros han cado muertos ante el enemigo junto con dos de
nuestros lderes y el resto estamos, en un nmero alarmante, mutilados e intiles para el combate. A pesar de la
situacin tengo que agradecer a Yelmalio que su presencia me iluminara durante el combate y salvara mi vida.
Muerto Takeda en el enfrentamiento contra los vadelinos Ota Saru toma las riendas del timn del junco. Trata
de repartir el botn de los piratas pero acta algo tarde ya que todo lo valioso ya est en los bolsillos de los fieros
marineros. Los yamabushi observamos anonadados el ansia de riquezas de los marineros y los tmidos intentos de
Ota Saru de repartir el botn. Al acabar la rapia me quede blanco al ver que incluso haban cortado los dedos al
cuerpo del lder de los vadelinos. Triste pero cierto. El apego a las posesiones materiales es un defecto del que por
fortuna los hijos del sol carecemos as que les dejamos disfrutar. La algaraba producida por el saqueo se vio
eclipsada con el sbito silencio que callo sobre la tripulacin cuando Ota Saru despoja el cadver de Takeda de su
magnifica armadura de mercurio. Aketago comenz a gesticular exageradamente mientras sus palabras mgicas
modelaban la apariencia del junco mientras Ota Saru ordena quemar el barco enemigo con los cadveres de los
camaradas cados.
La maana siguiente amanece con el edor de la sangre y la grasa que impregna como una pelcula
impenetrable la superficie del mar. El capitn manda seguir el rastro hasta que se avista la primera galera de los
Ratukis. El inmenso navo repleto de remeros parece ser engaado por la ilusin de Aketago aunque el capitn opta
por no aproximarse demasiado para no tentar la suerte. El inmenso Leviatn es avistado a lo lejos unas horas
despus por el viga encaramado al palo mayor siendo este el nico al que no alcanza el fuerte edor a putrefaccin y
sangre que puebla el ambiente.
La tensin nos domin durante todo el resto del da. Los barcos Ratuki pueblan el mar y, los apenas 25
supervivientes de los cuales 10 estamos mutilados, sudamos para mantener como podemos el rumbo de la
embarcacin. Pocos marineros quedan vivos por lo que algunos samuris tienen que rebajarse a realizar trabajos
fsicos para variar. Es un milagro que ninguno se viera ofendido ante tales tareas y requiriese un duelo para
salvaguardar su honor. Por fortuna los hijos de Yelmalio somos ms humildes y cumplimos con nuestra obligacin
sin tacha para nuestra honra.
Al comenzar a caer la noche cuando Yelm oculta su brillante cara, el junco abandona el rastro del Leviatn y
conseguimos evitar la ira de los Ratuki. Una semana agotadora a lo largo del mar nos hace alejarnos de aguas
hostiles. Tres lanchas se lanzan hacia nosotros procedentes de una isla boscosa que se ve en el horizonte. Las
intenciones hostiles de tales embarcaciones son evidentes para el capitn Ota Saru. Aunque tratamos de escapar las
lanchas nos consiguen dar caza por lo que comenzamos a disparar flechas para defendernos del asalto. Las
embarcaciones enemigas estn tripuladas por las temibles amazonas de la isla de Trowjang. Lanzas enormes atacan
la borda de nuestro junco por lo que nos tenemos que alejar del borde para evitar ser, cuando menos, heridos. Las
primeras amazonas trepan al junco y mi amigo Akira es herido de gravedad por una de las lanzas por lo que no tiene
mas remedio que retirarse del combate. El segundo oficial cae de nuevo en el pnico y empieza a gritar
incoherencias mientras se trata de ocultar. Las amazonas caen sobre nosotros y comienza el combate pero al poco
una de ellas da un grito en un idioma desconocido para mi y todas las guerreras detienen su ataque. Desconcertado
miro hacia la amazona y veo que esta al lado de Mecaroth con el que trata de comunicarse en una extraa lengua.
Por fortuna Aketago traduce una breve charla tras la cual las amazonas abandonan nuestro junco para regresar a
Trowjang. Mecaroth parece abatido por lo que prefiero dejarle solo con sus pensamientos mientras el avance del
junco hace que Trowjang se pierda en el horizonte.
A la maana siguiente veo un acto vergonzoso. El infame Ota Saru ha ordenado al oficial Abe Noriki que se haga
el seppuku en la cubierta del junco. Angustiado veo como Saru ordena postrarse a Noriki y este, aterrorizado,
comienza con el ritual del suicidio ritual. Grita de dolor cuando se clava en tanto en el abdomen despus de beberse
un tazn de sake en cuatro sorbos. Ota Saru ante los gritos de dolor y miedo decapita al pobre Norki con lo que el
espectculo termina. Una vez ms en mi viaje puedo ver las consecuencias de la doble moral del honor de la que
hacen gala los samuris. Es triste comprobar como estos guerreros se inmolan por seguir una senda que bordean
constantemente. Si fueran inteligentes permitiran que la luz iluminara su oscuridad y les permitiera seguir el
verdadero camino del deber, la compasin, la armona y la pureza que los siervos de Yelmalio seguimos en pos de la
perfeccin espiritual.
Finalmente conseguimos arribar al puerto de Takesago en la isla de Zom-An. Nuestro destino ha sido por fin
alcanzado pero apenas 20 supervivientes podemos ser recibidos por nuestro seor. Solo cuatro Yamabusis hemos
sobrevivido al viaje y nos esmeramos en sacar brillo a nuestras maltrechas armaduras para el desembarco.
Agotados como estamos descansamos durante unos das antes de ser recibidos por nuestros lderes para recibir la
recompensa por nuestra lealtad durante el viaje. Recibo de las manos de Akechi Tokuri un magnfico arco largo con
signos de la luz labrados a lo largo de su noble madera que sin duda fortalecer mi brazo en la batalla. Los monjes
recibimos una generosa parcela de tierra para establecer un templo y ganarnos el sustento. La asignacin monetaria
que nos hacen es excesiva para m por lo que decido donar la mayor parte de mi oro para beneficio del templo de
mi dios. Agradecidos por el enorme donativo entregado desinteresadamente me regalan un pequeo medalln con
el signo de mi dios que fortalecer mi espritu en das venideros y reconfortar mi corazn.
El resto de la estacin paso sin demasiados contratiempos mientras cada uno de nosotros completaba sus
estudios. La cosecha fue buena pero no dio demasiados excedentes. Los hechiceros y sacerdotes descubrieron
finalmente quien ordeno el ataque que sufrimos en la fiesta de la cosecha. Un terrible Huan-to fue el responsable y
estaba preparando un asalto en toda regla para saquear los graneros de muchas aldeas. Los dirigentes militares de
Zom-an decidieron que se presentaba una oportunidad preciosa para darles una calurosa bienvenida cosa que
coincida con el sentir de mi corazn y el de muchos de mis hermanos.
Las fuerzas principales de Anawa Kanshei se
enfrentaran a las tropas del Huan-To que
seguramente sacrificara gran parte de sus efectivos
para escapar con vida aunque se encontrara de
frente con un grupo de guerreros al mando de
Akechi Shingen que le forzaran a sacrificar mas
tropas para escapar hacia los pantanos. Un tercer
grupo le saldra al encuentro para evitar esta huida
y para hacerle encontrarse con sus oscuros
antepasados. En este tercer grupo nos
encontramos un pequeo grupo de 20 de mis
hermanos junto con 6 Samuaris, 30 ashigarus
(Soldados) y el resto de nuestro grupo. Yo recib un
gran honor cuando nuestros sacerdotes decidieron
que yo fuera quien guiase a mis hermanos a la
batalla.. El pequeo ejercito estara comandado
por Imai Tomoyuki y contaramos con un tambor kaito cuyo tronar engrandecera nuestros corazones para que el
temor que mana de esas terribles criaturas no nos afectase.
Me dirig junto con Imai y el resto a examinar las tierras en las que tendramos que emboscar a los nuestros
enemigos. Una delgada franja de bosque en el limite de los pantanos es todo lo que podamos ver. El terreno no era
especialmente propicio para una accin de guerra aunque la topologa nos haca suponer que en el centro del
declive de una andanada sera por donde el enemigo atacara con mas dureza. Evidentemente sera ese el lugar
que los hijos de Yelmalio tengamos que ocupar en batalla puesto que no confiaba que el resto de las tropas
pudiesen soportar tan bien el ataque como los Yamabushi y confo mas en la disciplina de nosotros los monjes que
en el combate individualista de los Samurai. Trat de influir de alguna forma en las decisiones de Imai para que los
Yamabushi estuvisemos en la parte central del frente y que el resto nos protegiera los flancos.
Apostamos nuestras fuerzas a lo largo del campo de batalla escondidas entre los rboles y los pliegues del
terreno ya que no era un gran numero de soldados el nuestro que no se pudiese ocultar. Una mujer que afirmaba
llamarse Shiko se uni al grupo armada con una magnifica Naguinata. Un arma noble en manos de la enigmtica
mujer con su rostro cubierto por una mascara que se dispuso para la batalla como nosotros. Me hubiese gustado
averiguar si su arte en el uso de la Naguinata era equiparable al mo pero por desgracia el bien del resto de mis
hermanos y en destruir a los enemigos de mi dios era prioritario ante todo por lo que me concentr en los
preparativos de la batalla.
Acordadas todas las tcticas que bamos a poner en prctica, llego el momento de la verdad. Era una noche fra
y oscura ya que la luna apenas brillaba a travs del manto de nubes y segn avanzaba la noche fuimos escuchando
en la lejana ruidos de combates, el rugido de los tambores de guerra ensordecido por el ruido de muchos pies y el
silbar de las flechas y como estos sonidos se aproximaban poco a poco a nosotros.
Imai di la orden y sus guerreros lanzaron su andanada de flechas mientras mis monjes hicieron lo propio al
repetir yo la orden. Las flechas iluminaron la noche con su vuelo hacia el enemigo y cayeron a plomo sobre estos
comenzando pequeos incendios en rboles y arbustos o clavndose en los cuerpos de los shikome. El retumbar del
tambor Kaito comienzo a alzar nuestros corazones en respuesta al grito terrorfico que comenzaron a aullar los
Shikome y, cuando llego el momento adecuado, ordene cargar a los Yamabushi que soltaron sus arcos y
descendieron a la carrera con las Naguinatas. Los hijos de Yelmalio comenzamos a causar las primeras bajas en las
filas de las oscuras criaturas que en su mayor parte nos atacan con mordiscos y trataban de arrojarnos al suelo. La
lucha en primera lnea fue muy dura pero, donde otros flaquearan, los disciplinados Yamabushi comenzabamos a
causar estragos en las filas enemigas. En el momento adecuado grite la orden y comenz el segundo redoble de los
tambores Kaito a lo que los Ashigaru se colocaron con precisin en los flancos machacando a los shikome que
trataban de escapar por esos huecos. Eran demasiados y al poco comenc a ver como se empezaban a producir
problemas para combatir en mis Yamabushi debido al gran numero de Shikomes muertos en primera lnea. Ordene
retroceder tres pasos para cerrar filas y evitar este problema a lo que los Yamabushi obedecieron con la disciplina
de siempre a lo que el ejercito de los Shikome reaccion tratando de desmoralizarnos de nuevo con su terrorfico
grito mas ninguno de los que estbamos en primera lnea sucumbi ante tal subterfugio.
La batalla continu y los Yamabushi comenzamos a causar tantas bajas en el enemigo que, en un determinado
momento, vi que se produca una brecha que Imai al que no haba visto en toda la batalla, agrand al lanzar una
extraa bola de cermica que gener al estallar en un torrente de luz. Viendo al otro lado de la brecha al Huan-To
escoltado por alguno de sus mas fieros secuaces, ordene a seis Yamabushi mantener la brecha y al ladear la mirada
vi que algunos de mis compaeros estaban dispuestos a aprovecharla conmigo. Al ver que Akira, con el que me
entiendo magnficamente en combate estaba entre ellos, y que mis hermanos no iban a necesitar mi presencia
puesto que la batalla tocaba a su fin, aproveche la brecha para enfrentarme con mis compaeros al Huan-To.
La bestia estaba rodeada de su guardia
personal compuesta de cadveres putrefactos cuyo
hedor enturbiaba nuestros pensamientos. Akira,
Mecaroth, Imay y yo nos dirigimos raudos hacia el
combate aprovechando la brecha. El avance se hizo
duro al tener que sortear los cuerpos de los
Sikome muertos y evitar los mordiscos furiosos de
los moribundos. Los seis Yamabushis nos cubrieron
en nuestro avance por lo que corrimos cuanto
pudimos. El joven Mecaroth nos cogi pronto
delantera y atac con su arma al primero de los
muertos vivientes destrozndolo de un magnifico
golpe. Los que no somos tan rpidos llegamos al poco y entablamos combate con las criaturas. El Huan-To estaba
rodeado de una luz azulada mientras gritaba de dolor y mas tarde me enterara que fue la misteriosa Shiko quien
hechizo de alguna forma al Huan-To dndonos tiempo para acabar con su guardia personal. De un magnifico golpe
de Naguinata le seccione la pierna a uno de los muertos vivientes y contemple como Akira hacia lo propio con su
enemigo. Llege al Huan-To unos segundos antes que Akira y le lance un terrible golpe con mi Naguinata que la
criatura consigui detener por los pelos libre ya del hechizo de la dama Shiko. A continuacin el monstruo lanz un
ataque increble con su mandoble que, aun interponiendo delante la Naguinata, me seccion la pierna a la altura
del tobillo de un solo tajo. Ca a plomo al suelo casi a tiempo de ver como la criatura detena un golpe demoledor
cortesa del No-Dachi encantado y esgrimido por Akira al que la bestia trato de arrancarle el cuello de un mordisco
cosa que, por fortuna no logr.
Cado en el suelo y viendo la terrible potencia de la criatura y sabedor de que quizad Akira pudiese correr mi
misma suerte, comenc a implorar a mi dios que otorgara su luz y su poder a mi Naguinata para poderle dar un
ltimo golpe desde el suelo que pudiera dar ventaja a Akira. En ese momento vi como la cabeza del Huan-To estallo
en llamas cuando un dardo afortunado de Tzi-Li le impacto en medio de la frente.
Casi todos los Shikome estaban muertos y, con el Huan-To corriendo la misma suerte la batalla tocaba a su fin
con una gran victoria por nuestra parte. Al alba llego nuestro seor Kanshei y varias servidoras de la diosa de la
curacin que se pusieron a atender nuestras heridas. Orgulloso vi que yo era el Yamabushi ms seriamente herido
ya que el resto de mis tropas finalizaron la batalla apenas con unos rasguos. Las sacerdotisas obraron una
poderosa magia que uni el tobillo a mi pierna aunque necesitara de varios das de reposo para finalizar la
curacin.
Pero ese tiempo de convalecencia no lo pase contento por la victoria ni satisfecho por mi actuacin. Cierto que
el mando sobre los Yamabushi que el hijo de la luz Kato me encomend fue desempeado por mi parte de forma
correcta pero disto mucho de la perfeccin. La suerte y unas ordenes sensatas, rpidas y cortas hicieron que no
fracasara en la tarea encomendada pero la realidad que discern en esos das era que no estaba realmente
preparado para comandar a mis hermanos a la batalla. Me di cuenta de que desconoca los mas sencillos secretos
del arte de comandar a los hombres y que esta vez haba tenido suerte. Si mi superior Kato me volva a encomendar
el mando de un grupo de mis hermanos Yamabushi, podra no tener tanta suerte y comandar a mis hermanos a una
muerte segura. Avergonzado solo de la posibilidad de defraudar as a mi dios, jur en su nombre que corregira en la
medida de lo posible este defecto dando otro paso hacia la pureza ideal del templario de la cpula solar. En la
primera ocasin que se presentara, estudiara los secretos de la Tctica y la estrategia para servir mejor a mi dios.
Otra cosa vi clara. Si algn da me vea forzado a dar ordenes que pusiesen en peligro a mis hombres, yo estara al
frente de ellos en el sitio ms peligroso.
Mi nombre es Agnus y prefiero no recordar mi apellido. Nac en Teshnos, de noble cuna. Mi padre, un noble de
cierta importancia, contaba con multitud de hijos de los cuales yo era el primognito. Mi niez fue cmoda en el
palacete de mi padre donde fui educado segn el uso y las costumbres de la nobleza. Por aquellos tiempos viva
rodeado de lujos y comodidades. Mi maestro de armas pronto se dio por vencido cuando vio que no pona el
debido inters en sus lecciones ya que yo no estaba destinado a combatir sino a dirigir pues tal era mi derecho de
sangre. Mis tutores me fueron enseando las habilidades que haran de mi un gran lder en el campo de batalla
cosa en la que me empee y estudie con inters.
La vida me trataba bien. Mi posicin junto con mi gran porte fsico me garantizaron gozar de la compaa de
multitud de doncellas. Yo era un hombre de pura raza de Teshnos. Era un hombre grande, resistente y con la belleza
cautivadora heredada de mi madre y con el poder que impona mi primogenitura sobre el titulo de mi padre.
Entonces estallo la guerra.
Atacaron nuestras tierras por el norte y mi padre envi a su mejor hijo a defender sus territorios. Al mando de
un discreto pero contundente grupo de hombre me dirig al norte a pretejer nuestros dominios. Pronto se vio que
nuestras tropas eran insuficientes ante las hordas de enemigos pero eso no me hizo desfallecer. Aguantamos en el
frente sin casi suministros durante todo un mes manteniendo ocupados a los enemigos mientras aguardbamos
refuerzos. Cuando llegaron los refuerzos de mi padre, cargamos sobre los enemigos y los barrimos sin piedad del
campo de batalla.
Fue una gran victoria la que cosechamos en aquella campaa la que hizo que me otorgaran por derecho propio
el titulo de Seor protector de las Estepas del Norte. Acepte el ttulo con orgullo y vi como el corazn de mi padre se
engrandeca ante mi triunfo.
Pero un ao despus el enemigo comenz a tantearnos de nuevo. A lo largo de unos cuantos meses
comenzamos a sufrir los primeros ataques que fueron rechazados una y otra vez por mis tropas. No eran muchos
los enemigos pero fue una campaa larga y tediosa puesto que estos parecan no acabar nunca. Las piras en las que
mandaba quemar los cuerpos de nuestros enemigos iluminaban cada noche y el horror de una guerra sin fin
ensombreca nuestros corazones.
Meses despus de tanto asedio nuestros espas descubrieron el inminente ataque de un numeroso ejercito
enemigo. El lugar en el que el enemigo haba acampado estaba lejos pero estaba terriblemente expuesto a nuestro
ataque. Mande levantar en armas a nuestro ejercito y partimos raudos hacia el norte a eliminar de una vez por
todas a nuestro enemigo.
Poco es lo que recuerdo de esa batalla porque por suerte la bendicin del olvido nubla mis recuerdos.
Recuerdo unas oscuras criaturas entre las tropas enemigas y como la lluvia torrencial condeno a mi ejercito a una
tumba de barro. Despert con la cara cubierta de barro y medio sepultado por el cadver de mi caballo. Estaba
rodeado de los restos mutilados de mi ejercito. Por doquier vea los restos de mis hombres y las evidencias de que
todos los supervivientes, sin excepcin, haban sido rematados de la forma ms horrible posible. Las heridas que
cubran mi cuerpo eran sin duda mortales de necesidad pero yo haba sido siempre un hombre muy denso que era
capaz de encajar un puetazo sin apenas pestaear por lo que ante los que otros habran muerto, yo me mantena
vivo. Mi rostro estaba surcado de terribles heridas las cuales no me haban causado la muerte en parte porque el
fango paro la hemorragia. Mareado por la perdida de sangre me alce entre el mar de cadveres y me arrastr como
pude para salir de esa pesadilla. Poco recuerdo de mis travesa por el campo de batalla salvo que apenas pude
llegar al pueblo mas cercano. La pequea aldea estaba masacrada. Sus hombres, mujeres y nios muertos y
esparcidos por doquier. Los cuerpos de las mujeres, desnudas en su muerte, atestiguaban la crueldad con la que
encontraron sta. Ca postrado de rodillas en el fango con las lagrimas corriendo por mi rostro.
A la maana siguiente despert en una cama mullida. Las nieblas de la inconsciencia haban atenazado mi alma
la noche anterior y pude ver mi cuerpo cubierto de blancas vendas. Me incorpor como pude notando el ardor en
mi rostro por debajo de los vendajes. Una anciana se acerc a mi con un cuenco, lleno de un caldo de dulce aroma
el cual templo mi torturado cuerpo. Mucho tiempo pas bajo los cuidados de la anciana, sumido en la semi-
inconsciencia, ya que, en los cortos periodos en los que despertaba, ni siquiera tenia fuerzas para curarme con la
magia de los espritus. No se el tiempo que pas en ese estado luchando contra la infeccin de mis heridas y las
horribles pesadillas que me atenazaban pero no me cabe la mayor duda de que solo mi excepcional constitucin me
permiti sobrevivir a dicha prueba.
Quite los vendajes de mi rostro y descubr, horrorizado, como mi bello rostro (ASP 15) haba quedado
terriblemente desfigurado (ASP 7). Largas horas pase tratando de recordar lo sucedido cuando la anciana regres.
La mujer era una ermitaa que viva en las montaas cercanas a la aldea. Me cont como me encontr medio
muerto en el suelo y de cmo con ayuda de su aprendiz me trajo a su cabaa. Una terrible maldicin pesaba sobre
mi, y no pudo sino curarme con el uso de hierbas y pociones ya que la magia curativa pareca no surgir efecto en
mis heridas. La enfermedad y la infeccin a punto estuvieron de costarme la vida y haba tardado casi dos meses en
recuperarme del trance vivido. Enajenado, cog mis pertenencias para ir a saber lo que haba sido de mi patria
aunque no antes de verme obligado a escuchar unas palabras de la anciana.
Me dirig rpidamente hacia mi fortaleza para encontrarla destruida. Por donde pasaba vea las ruinas y restos
de la destruccin y mi corazn se empequeeca ante tales visiones. Al cabo de dos das de marcha llegu a un
puesto avanzado de teshnanos con los estandartes de mi padre. Me identifiqu ante los incrdulos guardias que me
tomaron por un loco hasta que uno de ellos que me conoci en mi juventud me reconoci entre las sombras de mi
desfigurado rostro. Me transportaron rpidamente al castillo de mi padre si bien no not nada extrao en su
silencio.
Entr en el castillo de mi padre esperando un caluroso recibimiento por haber sobrevivido a tal desastre viendo
a mi padre en el gran saln. Su mirada me helo el corazn puesto que estaba llena de ira y de odio. Mi padre,
encolerizado, me acus de cobarda ante todo su pueblo y mis pobres explicaciones sobre lo sucedido no hicieron
mas que acrecentar sus gritos y mi humillacin. La sacerdotisa de Fulanor cuyo culto de la guerra yo profesaba me
excomulg pblicamente y me insult relatando mi cobarda en combate. Al parecer yo haba escapado
abandonando a mis hombres a una muerte segura cosa que aunque no recordaba, no poda ser cierta pues
despert en el centro del campo de batalla. Humillado fui repudiado por mis padres, hermanos, amigos y expulsado
de mi culto. La ley impeda que un noble fuese muerto por su propio padre por lo que me dieron 24 horas para
abandonar el reino so pena de muerte. Hasta entonces contaba con la inmunidad de la ley.
Enfurecido, insult la ceguera de mi padre cuyos odos estaban siendo envenenados por la sacerdotisa de
Fulanor y abandon el gran saln con mis escasas pertenencias. De camino a la salida de la ciudad, detuve mi andar
en el templo de Fulanor en el cual arm un gran revuelo y estropicio blasfemando contra mi antigua fe y rompiendo
valiosas posesiones de los sacerdotes hasta que vi que de continuar ni siquiera la ley salvara mi vida. Escup con
todo el odio de mi ser sobre el altar de la diosa y abandone el templo, ciudad, ttulo y posesiones para vivir una
nueva vida exiliado de mi patria.
Muchas fueron mis aventuras en Teshnos en mi camino hacia el este. La travesa fue larga y ms fueron las
cosas que fui perdiendo segn pasaban los meses. Mi fe, mi moral, mi cdigo de honor, mis costumbres y hablares
de noble, todo fue dejado atrs en una espiral descendente hacia la autodestruccin. Las noches las pasaba en su
mayor parte cubiertas de pesadillas y solo descansaba en los extraos momentos en los que el mas profundo
agotamiento me hunda en un sopor sin sueos, semejante a la muerte. Las pesadillas acerca de lo acontecido en la
batalla eran olvidadas con cada despertar y nada recordaba yo de los acontecimientos vividos salvo una leve voz
que me impulsaba sin descanso al este que mas tarde identificara como la voz de la anciana.
Mi torturada mente fue cambiando mi personalidad. Donde antes haba un frreo cdigo de honor, ahora solo
haba afn de supervivencia. Donde otrora haba honradez y buenos modales, ahora estaban los modales de un
villano. Me vi obligado a ganarme la vida como soldado raso en mltiples ocasiones y aprend a rematar a mis
enemigos con la ceguera de la sed de sangre. Jams tome prisioneros. Las pocas ocasiones en las que me vi
envuelto en combates con muchos hombres me di cuenta que me atenazaba un miedo atroz. No quera dirigir a
hombres al combate y en las pocas ocasiones que me vi obligado a hacerlo fue por la muerte de un superior y
siempre con una gran inseguridad debida a mis recuerdos difuminados por las pesadillas. Siempre que combata me
atenazaban las mismas pesadillas durante la siguiente noche y me despertaba lleno de sudor y temblores. Con el
paso del tiempo las pesadillas se hicieron menos frecuentes pero an me asaltan de vez en cuando, sobre todo
cuando he estado cerca de la muerte o he administrado su paz en combate.
El nico refugio que he encontrado es el del alcohol al que reconozco que he adquirido una mnima
dependencia. No soy un alcohlico pero si he visto que un trago de algo fuerte me ayuda a dormir mejor y reduce el
riesgo de que tenga pesadillas. Se ha convertido en todo un ritual para mi hasta tal punto que me pongo de mal
humor si veo que llega la noche y mi fiel petaca esta vaca. Creo que es a causa del miedo a sufrir otra pesadilla
principalmente.
Ahora la voz de la anciana me he llevado a Kralorela cuyo lenguaje aprend tenuemente en mi juventud. Ya hace
tiempo que no soy el hombre al que cri mi padre. Tengo la impetuosidad, despreocupacin y libertad propia del
que no tiene nada que perder y ya hace tiempo que he abandonado el lenguaje y los modales de los nobles. El
lenguaje de los nobles o el lenguaje de las vboras como me gusta llamarlo pues es solo hablado por los parsitos
que tienen dobles intenciones. Detesto a los hipcritas que hablan el lenguaje de las vboras y trato de evitarlos
todo lo que puedo. Ahora vivo ms feliz, sin ataduras de ningn tipo y con la libertad de un pjaro. An soy capaz de
comportarme y hablar como las vboras cosa que hago cuando quiero ser tomado en serio o cuando beneficia a mis
propsitos pero eso no evita que luego tenga que vomitar de asco ante tales ardides. Al poco de entrar en Kralorela
fui detenido por portar armas tal y como la voz de la anciana me predijo y fui encerrado en una prisin donde pase
las horas esperando tal y como deba de hacer.
No se cual es el destino de mi vida. Es la voz de la anciana real o solo es producto de mi demencia. Tengo un
destino que cumplir o solo tengo que conseguir acallar la voz de la locura. No lo se. Lo nico cierto es que la voz me
esta guiando en una direccin que de momento sigo puesto que no tengo nada mejor que hacer y todo hombre,
aunque no tenga nada y no quiera nada, precisa un motivo para seguir viviendo.