Blumer Cap 8
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** Hay otros dos tipos importantes y legítimos de teoría social que no voy a enjuiciar aqui. Uno de
ellos trata de realizar una interpretación significativa del mundo social o de una parte importante del
mismo. No aspira a enunciar proposiciones científicas, sino a subrayar y definir situaciones vitales, a fin
de que la gente pueda tener una comprensión más clara de su mundo, de sus posibilidades de desarrollo, y
de las direcciones que puede adoptar. En toda sociedad, y especialmente en una sociedad cambiante, es
108 ¿Cuál es el error de la teoría social?
necesaria una clarificación significativa de los valores sociales básicos , de las instituciones y relaciones
sociales y de los modos de vida . A pesar de los análisis efectuados por medio de la ciencia empírica, ésta
no puede satisfacer tal necesidad . Su realización efectiva requiere cierta sensibilidad para las nuevas
situaciones y una apreciación de las nuevas lineas que pueden ir configurando la vida social. La mayor
parte de la teoría social del pasado y del presente pertenece , consciente o inconsciente , a este tipo interpre-
tativo. Esta clase de teoría social es importante y se mantiene por derecho propio.
La segunda clase podría denominarse teoría " política '. Su finalidad consiste en analizar una situación.
estructura o acción social determinada con objeto de crear una base para una politica o acción. Puede
consistir , por ejemplo, en un análisis de la táctica o estrategia comunistas , de las condiciones que favorecen
la segregación racial en América , de la influencia del poder en las relaciones laborales en el seno de la
industria de la producción en masa , o del potencial moral de un país enemigo. Estos análisis teoréticos no
sirven a los intereses de la ciencia empírica ; tampoco constituyen una mera aplicación del conocimiento
cientifico ni una investigación de acuerdo con los cánones de la ciencia empírica . La naturaleza de los
elementos de sus análisis y relaciones se deriva de una situación concreta, y no de los métodos o
abstracciones de la ciencia empírica. Esta forma de teorización social tiene una importancia manifiesta.
¿Cuál es el error de la teoría social? 109
trabajen con datos empíricos. Que desarrollen su propio acervo cultural cultivando
su propio campo empírico en lugar tomar prestada la "falsa moneda' de campos
ajenos a su disciplina. Que dejen de limitarse a interpretar los hechos de forma que
encajen en su teoría y que, por el contrario, pongan a prueba esta última. Que, sobre
todo. moldeen su teoría en formas suceptibles de verificación. Que la orienten con-
forme al vasto cúmulo de hallazgos empíricos y la desarrollen de acuerdo con los
mismos.
Todos estaríamos dispuestos a acatar esta atrayente normativa. Posee un cierto
mérito, pero no aísla el problema de lo que es incorrecto en la teoría social ni
proporciona los medios necesarios par subsanar las dificultades. El problema per-
siste en los estudios realizados conforme a la mencionada normativa. Ha habido y
hay muchos investigadores capaces y conscientes en nuestra disciplina, que ha
intentado e intentan desarrollar en solitario la teoría social mediante una cuidadosa
e incluso meticulosa preocupación por los datos empíricos; a ese respecto Robert E.
Park, W. 1. Thomas, Florian Znaniecki, Edwin Sutherland, Stuart Dodd, E. W.
Burgess, Samuel Stouffer, Paul Lazarsfeld, Robert Merton, Louis Wirth, Robín
Williams, Robert Bales y muchos otros igualmente dignos de mención. Todos ellos
son conscientes de la importancia del hecho empírico. Cada uno, en su especialidad,
ha intentado orientar la investigación con arreglo a la teoría, y verificar ésta a la luz
de los datos empíricos. Prácticamente todos están familiarizados con los cánones del
manual de investigación empírica. No podemos acusarles de indiferencia hacia el
mundo empírico, de incompetencia profesional ni de ingenuidad en la aplicación de
procedimientos. Sin embargo, sus teorías y su obra son sospechosas y deficientes
para algunos. A decir verdad, las críticas y las réplicas a éstas que ha suscitado su
trabajo, son graves y desorientadoras. Es evidente que se requiere un sondeo más
profundo que los alegatos antes mencionados.
A mi parecer, el método de sondeo más apropiado consiste en recurrir al con-
cepto. La teoría sólo tiene valor en la ciencia empírica en la medida en que está
vinculada de modo fructífero con el mundo empírico. Los conceptos son los únicos
medios de lograr esa vinculación puesto que el concepto apunta a los casos empíri-
cos sobre los que se formula la proposición teorética. Si el concepto es claro con
respecto a aquello a lo que hace referencia, entonces es posible definir con seguridad
los casos empíricos. Una vez definidos, pueden estudiarse con detenimiento, utili-
zarse para verificar proposiciones teóricas y aprovecharse para formular nuevas
proposiciones. De este modo, al disponer de conceptos claros, pueden entablarse
estrechas relaciones susceptibles de autocorrección entre las declaraciones teóricas y
el mundo empírico. A la inversa, los conceptos vagos impiden determinar cuáles
son los casos empíricos apropiados, haciendo difícil descubrir qué es lo importante
en aquellos que se han seleccionado. En suma, bloquean la vinculación entre la
teoría y su mundo empírico, impidiendo que se establezca una relación eficaz entre
ambos,
Reconocer el papel primordial que desempeñan los conceptos en la teoría de la
ciencia empírica, no significa que otras cuestiones carezcan de importancia. Eviden-
temente, no es necesario subrayar el valor que tienen las aptitudes intelectuales
como la originalidad y la imaginación disciplinada a la hora de teorizar. También
son claramente importantes las técnicas de estudio y los conjuntos de hechos. No
obstante, un pensamiento profundo y brillante, un arsenal de los más precisos e
ingeniosos instrumentos, y una amplia serie de hechos carecen de significado en la
1 10 ¿Cuál es el error de la teoría social?
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1 12 ¿Cuál es el error de la teoría social?
Esta aparente necesidad de que cada cual haga su propio estudio de aquello a lo
que el concepto se refiere , trabajando con, o por medio de la naturaleza única y
distintiva del caso empírico en cuestión , en lugar de prescindir de ésta, exige, al
parecer , necesariamente , un concepto sensibilizador . Puesto que los datos inmedia-
tos de observación en la forma de expresión distintiva de los casos independientes
en estudio , difieren entre si, al enfocar dichos casos no es posible recurrir a límites o
rasgos de expresión fijos y objetivos . Antes bien, el concepto debe ayudarnos a
trazar una imagen de la expresión distintiva, como en el caso del estudio de la
asimilación de un rabino judío . Desde el concepto nos trasladamos al carácter distin-
tivo concreto del caso, en lugar de encuadrar éste en el marco abstracto del con-
cepto . Es como afrontar una nueva situación u orientarse en un terreno descono-
cido. El concepto nos sensibiliza para nuestra labor , proporcionándonos indicios y su-
gerencias. Si nuestro mundo empírico se presenta en forma de acontecimientos y
situaciones especiales y distintivos , y si pretendemos determinar , a través del estudio
directo de ese mundo , las distintas clases de objetos y las relaciones existentes entre
las mismas , estamos obligados , creo yo, a trabajar con conceptos sensibilizadores.
La cuestión que estoy analizando puede abordarse también desde otro ángulo:
declarando que, al parecer , hemos de deducir que cualquier caso dado de nuestro
mundo empírico natural, y su contenido , están comprendidos en uno de nuestros
conceptos . La deducción hemos de hacerla basándonos en la expresión concreta del
caso en cuestión . Debido a la distinta naturaleza de dicha expresión concreta según 1
los casos. es preciso servirse , al parecer , de pautas generales y no de rasgos objetivos
ni modos de expresión fijos . Invirtiendo los términos, puesto que lo que deducimos
no se expresa en una misma forma fija , no podemos basarnos en expresiones
objetivas fijas para hacer la deducción.
Teniendo en cuenta las corrientes actuales de pensamiento, la conclusión de que
los conceptos de la teoría social son intrínsecamente sensibilizadores y no definiti-
vos. será descartada inmediatamente como disparatada por la mayoría de los espe-
cialistas de nuestro campo . A quienes la examinen detenidamente sin embargo les
inquietaría lo que implica . ¿ Significa esto que la sociología permanecerá siempre en
su actual estado de imprecisión, y que desdeñará las posibilidades de mejorar sus
conceptos , proposiciones , teoría y conocimientos? En absoluto. Los conceptos sensi-
bilizadores pueden ser verificados , mejorados y refinados . Su validez puede demos-
trarse por medio de un minucioso estudio de los casos empíricos que se supone
engloban . Aquellas características importantes de dichos casos que resulten no estar
debidamente comprendidas en lo que el concepto afirma e implica , se convertirán en
un medio de revisar el concepto . Para ser sinceros, esta tarea es más dificil de
realizar con los conceptos sensibilizadores que con los definitivos , precisamente
debido a que hay que trabajar con temas variables de expresión y no con formas
fijas. Esta dificultad , mayor que las anteriores , no impide , sin embargo , el progre-
sivo perfeccionamiento de los conceptos sensibilizadores mediante un estudio minu-
cioso e imaginativo del mundo al que los mismos hacen referencia. Los conceptos
de asimilación y desorganización sociales , por ejemplo , han adquirido una abstrac-
ción más idónea y un discernimiento más agudo gracias a estudios penetrantes y
realistas, como los realizados por W . 1. Thomas y Robert E. Park. En realidad, lo
que estoy diciendo aquí es que el estudio profundo y concienzudo de los aconteci-
mientos de nuestro mundo social natural, nos ofrece los medios de adecuar cada vez
mejor los conceptos sensibilizadores a lo que dicho estudio revela . En suma, no hay
o
¿Cuál es el error de la teoría social? 115
9
CIENCIA SIN CONCEPTOS*
" Conferencia leida ante el Noveno Annual Institute of Social Research. Universidad de Chicago.
agosto 20-23, 1930.
1
118 Ciencia sin conceptos
Creo que lo mejor es presentar este estudio del concepto mediante un breve
comentario psicológico. Empecemos con la situación más sencilla: el simple acto de
percibir y concebir. El individuo, al orientarse a sí mismo en su entorno, percibe. Lo
que percibe procede de y le vincula con su actividad. Puede impulsarle a esforzarse;
puede debilitar o reforzar una acción determinada; puede llevarle a abandonar o a
replantear un proyecto específico. La percepción surge de la acción recíproca de la
actividad y el entorno, y sirve para orientar la acción. Sin embargo, no sólo puede
facilitarla, sino asimismo impedirla, bloquearla o frustrarla. El proceso conceptual
es un modo de comportamiento, característico de los seres humanos, que permite a
éstos sortear tales obstáculos. Cuando la percepción es insuficiente en una situación
determinada, podemos concebir ésta de cierta forma y actuar sobre la base del
concepto. En tal caso, el acto de concebir desempeña la misma función biológica
que el de percibir; permite una nueva orientación, una nueva disposición para el
esfuerzo y una nueva descarga de acción. Más aún, si la concepción tiene su origen
en el fracaso o en la insuficiencia de la percepción, remite a su vez a esta última, es
decir, el concepto que elaboramos configura o influye en nuestra percepción. Aqué-
lla no es simplemente un sustituto de ésta, sino su propia creadora.
Estos elementales comentarios sobre la relación existente entre la percepción y la
concepción, son familiares a quienes poseen conocimientos sobre las psicologías
funcional y pragmática. Me permito sugerir que estas nociones son suficientes para 1
responder a nuestro problema sobre el papel que desempeña el concepto en el
procedimiento científico. Lo diré de nuevo: la concepción surge como ayuda para
compensar la insuficiencia de la percepción; permite una nueva orientación y un
nuevo enfoque; guía y modifica la percepción.
Estas observaciones parecen igualmente válidas para el percepto y el concépto.
La afinidad entre el concepto y la concepción y entre el percepto y la percepción es
tanto psicológica como lexicográfica. En uno de sus aspectos, el concepto es un
modo de concebir. La masa, el movimiento, la electricidad, el átomo, la cultura, la
herencia, los genes, la integración, los reflejos, la probabilidad, la asimilación, etc.,
son otras tantas maneras de elaborar ciertos contenidos de la experiencia. Esto
puede demostrarse de un modo sencillo mediante el concepto de la electricidad. La
observación de la atracción que ejerce el ámbar friccionado sobre partículas ligeras,
la orientación hacia el norte de la piedra imán suspendida libremente, el rechazo de
las partículas ligeras que entran en contacto con un cuerpo electrificado, el reflejo
galvánico en la rana. el comportamiento del recipiente de Leyden y de la pila 1
voltaica; todas estas experiencias sugirieron la existencia de algo no directamente
percibido a las conciencias reflexivas de ciertos individuos. En este caso, ese algo se
llamó electricidad.
Tal vez sería mejor decir que, basándose en determinadas experiencias perceptua-
les tangibles que resultaban desconcertantes, ciertos individuos elaboraron hipótesis
que confirieron a tales experiencias un carácter comprensible. Por lo que he podido
observar, así es como nacen los conceptos científicos; hacen referencia a algo cuya
existencia presumimos, pero cuyo carácter no entendemos plenamente. Tienen su
origen en concepciones derivadas de una serie de experiencias perceptuales de carác-
ter desconcertante, que necesitaban ser abarcadas desde una perspectiva más am-
plia. Me apresuro a añadir que el concepto no sólo supone la existencia de algo que
vincula las experiencias perceptuales , sino que implica que ese algo posee una
naturaleza o un carácter determinado.
120 Ciencia sin conceptos
Creo que si el lector tiene presentes los conceptos específicos, entenderá fácil-
mente los puntos que he comentado. La masa, el movimiento, la electricidad, el
átomo, la cultura, los genes, la herencia, etc., son producto de la reflexión humana.
No son entidades derivadas de una experiencia perceptual directa; sino que han
nacido como concepciones derivadas de experiencias perceptuales directas que han
resultado desconcertantes y problemáticas para el hombre. Sirven para ordenar o
hacer inteligibles dichas experiencias. En su calidad de concepciones, implican un
contenido que ha sido concebido y que puede especificarse. discutirse, estudiarse y
reorganizarse. En este sentido puede muy bien afirmarse que dicho contenido posee
un carácter.
De las observaciones que he formulado hasta el momento se desprende que
considero el concepto como un modo de concebir y de poseer un contenido que se
concibe. El análisis del concepto a partir de cada uno de estos dos aspectos nos dirá
algo sobre su función. Como forma de concebir, el concepto libera la actividad
frustrada, permitiendo una nueva acción. En cualquier campo de comportamiento
lleno de problemas, como lo es claramente en terreno científico, esta función es
particularmente significativa. Probablemente apenas requiere elaboración. En el te-
rreno puramente psicológico, la actividad, sin conceptos, se quedaría reducida a un
nivel perceptual determinado, con escasas oportunidades de alcanzar un plano más
elevado. Los problemas idénticos serían recurrentes; no habría, en esencia ningún
método capaz de controlarlos. El mundo permanecería constante; se producirían de
manera recurrente frustraciones de la actividad que apenas conducirían a ninguna
reorganización del contenido de la experiencia. Supongo que este tipo de existencia
se da en los animales, pero el mundo humano en general y de la ciencia en particu-
lar, son de un tipo distinto. La reorganización de ambos ante los problemas sólo
puede producirse trascendiendo, por así decirlo, el mundo perceptual dado. En esta
trascendencia el concepto ocupa un lugar primordial.
Los campesinos de Europa y Asia perdieron ganado durante siglos a causa del
ántrax. Esta grave enfermedad era un acontecimiento común. Muchos la aceptaban
como algo natural e inevitable. A otros, sin embargo, les intrigó y la enfocaron
como problema. Como tal, era recurrente: la percepción del acontecimiento resul-
taba siempre sorprendente y problemática. Los científicos habían estudiado la enfer-
medad durante décadas, pero sus esfuerzos para controlarla no tuvieron éxito. La
puesta en marcha de la actividad requería un punto de vista conceptual satisfactorio
que, en este caso, provino de Pasteur. Desde algún tiempo antes de que éste se
interesase por la enfermedad, se sabia que en la sangre del ganado aquejado de
ántrax había unos organismos en forma de varilla llamados "vibrionies", a los que
consideraba como interesantes curiosidades, pero carentes de significación; eran
epifenómenos de la enfermedad. Pasteur enfocó este campo de percepción armado
de un nuevo concepto: el de lo infinitamente pequeño. El concepto le permitió llevar
a cabo experimentos, hasta entonces insospechados, para demostrar la influencia
específica de los vibriones y proporcionar por fin una solución a la enfermedad y
una forma de controlarla. Este episodio muestra cómo un concepto, en cuanto
manera de concebir, puede impulsar una actividad estancada, y también cómo, en
una ciencia saturada de problemas, el concepto desencadena y orienta la actividad
experimental y determina su rumbo.
Pasemos a considerar la significación de otro aspecto del concepto que ya he
mencionado: el contenido concebido. Tal como yo lo entiendo, el concepto nos
Ciencia sin conceptos 121
permite captar y retener cierto contenido de experiencia del que nos apropiamos.
Por medio de la abstracción podemos aislar y fijar una determinada experiencia que
nunca habría aflorado a través de la simple percepción. Nuestro mundo perceptual
se compone de particularidades porque, a pesar de que la concepción siempre se ve
implicada en él, se trata de una concepción que opera a través de particularidades.
Abstraer una relación de este mundo de particularidades, y aferrarse a ello, sólo es
posible mediante la conceptualización, y requiere en última instancia, un concepto.
Es decir, acto de la abstracción propiamente dicho es un acto de concepción, y para
que la concepción pueda aferrarse al mismo, es preciso darle un nombre, señal, o
marca identificativa. La determinación de este contenido aislado, hace posibles dos
desarrollos de suprema importancia para la ciencia: (1) el citado contenido puede
convertirse en objeto de investigación y meditación independientes; (2) puede in-
cluirse en la experiencia de otros, convirtiéndose así en propiedad común. Propongo
que examinemos por orden estas dos posibilidades.
Cuando afirmo que el contenido concebido en un concepto puede estudiarse por
separado, quiero decir que se puede tomar una abstracción que ya ha sido formu-
lada, verificar y especificar sus caracteres, atribuirle un alcance y tratar de determi-
nar con mayor precisión su naturaleza. De momento no necesito explicar cómo
hace esto la ciencia; lo único que deseo decir aquí es que lo hace constantemente. De
ese estudio surgen nuevos problemas y enfoques que convierten al concepto en algo
más instrumental, permitiéndole abarcar una experiencia más rica y un universo
1 más amplio. Este punto es un poco abstracto; trataré de aclararlo.
Escogeré un ejemplo conocido: el concepto de movimiento, tal como se da en la
obra de Galileo y de Newton. Como todo estudiante de filosofía sabe, a los ojos de
los antiguos y de los filósofos de la Edad Media, el movimiento no estaba divorciado
de los objetos dotados del mismo, sino que era una de las propiedades inherentes al
objeto en cuestión. Así pues, era natural que un planeta se moviese en círculo, que
el fuego se desplazase hacia el cielo y que un objeto pesado emprendiese el movi-
miento hacia un estado de reposo sobre la superficie de la tierra. En definitiva, el
movimiento se identificaba con los objetos correspondientes. Nadie lo concebía
como algo independiente de los acontecimientos de esos objetos concretos. Corres-
pondió a Galileo y a sus coetáneos de la ciencia moderna formular la abstracción. Al
realizar sus famosos experimentos de medir la oscilación de una lámpara en la
catedral de Pisa, arrojar bolitas desde la torre inclinada de la misma ciudad y hacer
rodar éstas suavemente por un plano inclinado, Galileo efectuó el tránsito decisivo
de la noción de los objetos en particular a la del movimiento en general. La oscila-
ción de una lámpara, la caída de bolitas y el rodar de las mismas eran acontecimien-
tos independientes; en cada uno de ellos se daba un tipo distinto y característico de
movimiento inherente. Mediante la concepción, Galileo abstrajo un contenido co-
mún a todos los objetos mencionados; contenido que, al ser determinado mediante
un vocablo, se convirtió en un concepto. Por medio de la conceptualización, la idea
de movimiento se convirtió en algo independiente y retenido. Todos los que están
familiarizados con la historia de la ciencia moderna, saben que su desarrollo se
inició, en gran medida, a partir de la introducción del concepto de movimiento.
Este, como tal, se convirtió en objeto de estudio experimental y reflexivo que crista-
lizó en la ley de la caída de los cuerpos, en las leyes de Kepler sobre el movimiento
de los planetas y, finalmente, en la ley de la gravitación.
Supongo que este ejemplo bastará para dejar perfectamente claro el hecho de
122 Ciencia sin conceptos
fuego echando tierra encima , son incidentes de la experiencia común, pero ni están
asociados con el hecho del fuego, ni son considerados como condiciones que lo
limiten . No plantean interrogantes acerca de lo que es quemar, como aconteci-
miento independiente y, por lo tanto, dichos incidentes no alcanzan el grado de
■
interés que despiertan en la ciencia moderna la oxidación y la transformación qui-
mica. El fenómeno del fuego no se aísla corno objeto digno de análisis y estudio por
separado . Por supuesto , no cabe esperar que el sentido común lleve la abstracción
hasta ese extremo; ni tampoco es necesario . Los conceptos de sentido común son
suficientes para las exigencias ordinarias de la experiencia cotidiana; pueden acep-
tarse , y de hecho se aceptan , los elementos menores de inconsistencia que intervie-
nen en las experiencias , así como tolerarse cierto margen de incertidumbre. De ahí
que no se planteen como problemas determinadas experiencias que podrían dar
lugar a abstracciones más refinadas.
Con tales antecedentes , cabe esperar que "el sentido común", como la propia
expresión indica , haga referencia a lo que es sensato , y no a lo que es objeto de un
profundo análisis . Esto parece cumplirse en mucha mayor medida tratándose de
conceptos de sentido común que en el caso de conceptos científicos. Los conceptos
de sentido común son más una cuestión de sentimiento que de discernimiento
1 lógico . Al parecer , este es el motivo de que un individuo normal se quede perplejo
cuando se le pide que defina cierto término de sentido común ; da por descontado su
significado. Si se le apura , es probable que recurra a indicar los objetos en cuestión
señalándolos . Por supuesto , no tiene sentido criticar una indicación tan particula-
rista . Sin embargo , revela que el individuo no tiene los elementos de su concepción
en la mente con claridad, como elementos percibidos por separado. Esto resulta
manifiesto si, al interrogar al individuo , se le insta a ceñirse a la connotación
í precisa . El significado que él intenta explicar será probablemente muy vago e indefi-
nido, debido , según creo , a que no ha realizado un estudio o examen por separado
del suceso abstracto comprendido en el concepto de sentido común. Quizá no sea
incorrecto decir que estos conceptos tienen naturaleza de estereotipos . Su significado
se da sencillamente por descontado ; su carácter se percibe de un modo natural.
Ponerlos en tela de juicio es algo inconcebible ; de hecho, es como evocar la emo-
ción. Esto es algo tan distinto del carácter inquisitivo de concepto científico en el
seno del terreno experimental , que parece ser del todo innecesario llevar más lejos
esta distinción.
Lo que pretendo resaltar es que al científico le preocupa la relación que com-
prende el concepto científico, y a causa de este interés reflexivo , tiene la oportunidad
de obtener un conocimiento más amplio de dicha relación y, por lo tanto, de llevar a
cabo la revisión del concepto . Cuando se lleva el experimento a nuevos dominios
dentro de la línea del concepto , es de esperar que se hallarán hechos nuevos los
cuales, a su vez, exijan revisar la concepción y el contenido del concepto. Los
conceptos científicos poseen un historial, cambiando de significaddcon el paso del
tiempo, a medida que van introduciéndose nuevas experiencias , y sustituyendo un
contenido por otro. Los conceptos de sentido común son más estáticos y persisten-
tes, y su contenido no se modifica . Dado que la abstracción que comprende el
concepto de sentido común no es objeto de un estudio por separado ni de una
verificación experimental , es dificil que se descubran nuevos hechos que pongan el
concepto en tela de juicio y motiven su revisión.
Existe otra diferencia , a mi juicio importante , entre los conceptos de sentido
124 Ciencia sin conceptos
común y los científicos. Los primeros son inconexos y dispares; los segundos
"tienden a la consistencia". En mi opinión la abstracción contenida en un concepto
de sentido común, suele tener una existencia absolutista e independiente; en los
conceptos científicos, sin embargo, las abstracciones están siempre vinculadas a
otras. No es un hecho casual que los conceptos de una determinada ciencia estén
agrupados en un sistema, ni que, de este modo, hagan posible la estructura de la
misma. Basta con detenerse a pensar un momento en la historia de la mecánica de
conceptos tales como el movimiento, la masa, la inercia, la fuerza, el espacio y el
tiempo. Dichos conceptos estaban entrelazados y vinculados en el seno de un mo-
delo conceptual que orientó e hizo posible la experimentación, convirtiéndose en el
marco de los primeros conocimientos y leyes de la física. Tal como yo lo entiendo, el
sentido significativo de la afirmación según la cual la ciencia es un conocimiento
sistemático, reside en la coherencia de los conceptos.
Sospecho que muchos de los que desacreditan el interés por los conceptos en la
ciencia, no desean realmente detener la concepción, sino que se oponen a la elabora-
ción de un marco o estructura conceptual. Nos instan a ceñirnos estrictamente a los
'lechos, y a limitarnos al estudio de problemas aislados y específicos. No conozco
ninguna noción menos armónica con la experiencia histórica de la ciencia. Seguir
ese programa equivaldría a carecer de ciencia. A lo sumo, dispondríamos de una
serie de estudios aislados y discretos sin conexión entre sí, algunos de los cuales
harían fructíferos a otros por puro azar, sin poseer otra cosa que una tendencia
fortuita hacia la consistencia, y mostrando apenas esa progresiva acumulación de
conocimientos que se derivan de la organización y reorganización de la experiencia.
La obra de los técnicos, políticos y estadistas interesados en los problemas prácticos
inmediatos, a los que se debe dar una rápida solución y un tratamiento esencial-
mente independiente, constituye, quizá, una imagen de este tipo. Su procedimiento
es oportunista, su conocimiento, no sistemático; y su control, incierto. Pero no es
ese el caso de la ciencia. Ocasionalmente, con toda certeza, puede surgir en la
trayectoria de toda ciencia un conjunto de técnicos cuya aparición coincida con la
de una nueva técnica. Con ésta a modo de instrumento, pueden ir de una situación a
otra sin tener que concebirlas en función de un marco más amplio ni profundizar o
estudiar relaciones fundamentales. Se enfrentan, por lo general, a los mismos pro-
blemas, trabajan esencialmente de la misma manera, pero sólo obtienen fragmentos
separados de información. Puede llamarse científicos a estos individuos a causa de
su filiación académica; pero en realidad, son meros artesanos que utilizan la técnica
como un instrumento para la realización de fines inmediatos. Con fines meramente
ilustrativos y sin ánimo de formular una envidiosa distinción, sugiero que tal es la
condición actual de muchos estadísticos. No pretendo en modo alguno atribuir
ninguna inferioridad a sus resultados, pero diría que ni su labor ni sus logros están
organizados, y que no son sistemáticos. A menos que dichos logros y resultados se
ordenen y se inserten en conceptos o concepciones primordiales, nunca llegarán a
alcanzar el carácter de ciencia que estamos acostumbrados a observar en la expe-
riencia histórica.
Los principales puntos que he abordado hasta ahora en este articulo pueden
condensarse en unas pocas frases. El concepto científico, como forma de concebir.
nos permite resolver los problemas de la experiencia perceptual; su contenido con-
siste en una relación obtenida por abstracción, que se convierte en objeto de estudio
exhaustivo e independiente. Debido a su carácter verbal, el concepto puede ser
Ciencia sin conceptos 125
"Pasamos muchas horas en el Glaciar ldwal. examinando todas las rocas con sumo
cuidado, pues Sedgwick estaba ansioso por encontrar fósiles en ellas ; pero ninguno de los
dos conseguimos hallar en torno nuestro el menor indicio de los maravillosos fenómenos
glaciales: no encontramos rocas nítidamente estriadas , cantos rodados encaramados ni
morrenas laterales y terminales . Y sin embargo , los fenómenos son tan evidentes, que.
como declaré en un artículo publicado muchos años después en P/rilosophical Magazine 1
(Revista Filosófica), una casa arrasada por el fuego no revela lo sucedido en ella con más
claridad que este valle su historia . Si hubiese estado cubierto por un glacial , los fenóme-
nos habrían sido mucho menos evidente que en la actualidad."
haya quedado mucho más claro después de lo que acabo de decir. A través de la
concepción, los objetos pueden ser percibidos en sus nuevas relaciones, lo que
equivale a decir que se produce una reorganización del mundo perceptual. Es opor-
tuno recordar que en el curso del proceso pueden aparecer nuevos problemas,
nuevas técnicas y nuevas interpretaciones. Puede abrirse camino a un terreno com-
pletamente nuevo; la energía científica puede ser encauzada provechosamente de
nuevos y distintos modos. A mi parecer, esto es lo que le ha sucedido a la ciencia al
adoptar una nueva orientación, o, lo que es lo mismo, al recurrir a un nuevo marco
conceptual. Como caso destacado en este aspecto cabe citar, a título de ejemplo, el
origen de la física moderna. La obra de Galileo suele escogerse, y con razón, para
señalar el pase de la preocupación metafísica de los lógicos medievales a los esfuer-
zos científicos de los investigadores modernos. La labor de Galileo no sólo es signifi-
cativa por haber introducido una técnica experimental, sino también por haber
desarrollado nuevos conceptos que se convirtieron en la base de operaciones de la
física moderna. Estos conceptos nos son familiares. La masa, el movimiento, la
inercia, la impenetrabilidad, etc., han pasado a ocupar el lugar de los conceptos
lógicos medievales: esencia, cualidad, sustancia, potencialidad, etc., proporcionando
una nueva perspectiva, abriendo un nuevo campo a la investigación; planteando
nuevos problemas y sugiriendo nuevas técnicas; sensibilizando la percepción para la
detección de nuevas relaciones, y orientándola por rumbos diferentes; haciendo
posible la experimentación y, en última instancia, proporcionando nuevas formas de
control. Supongo que la física contemporánea está empezando a presentar un cua-
dro parecido en la nueva orientación y el marco conceptual en que se desenvuelve la
labor referente a la relatividad y a las relaciones del quantum.
Fundamentar nuestro propio campo en este punto de vista no carece de interés.
Sospecho que la confusión y vacilaciones reinantes en nuestra ciencia sociológica,
no es consecuencia directa de la imperfección de nuestras técnicas, como casi todo el
mundo sostiene, sino de lo inadecuado de nuestro punto de vista. El esfuerzo por
salvar la disciplina mediante el incremento de los trabajos realizados con método y
la introducción de instrumentos más precisos sigue, me atrevo a señalar, una direc-
ción equivocada. Tal vez, como sucedió con otras ciencias en el pasado, nos encon-
tramos a la espera de un marco conceptual que encauce nuestras actividades hacia
canales fecundos.
Abordaré ahora la segunda función específica del concepto. La expresión que
probablemente escuchamos con mayor frecuencia es la de que "el concepto es un
instrumento". Supongo que su significado no ofrecerá ninguna duda después de lo
que se ha dicho sobre la ayuda que la concepción supone para la puesta en marcha
y realización de las actividades. Esta función define el carácter del concepto, puesto
que significa que éste se transforma en un instrumento de la actividad. Al subsanar
las deficiencias de lo perceptual, la concepción no sólo ofrece una nueva orientación
y desencadena la actividad, sino que la dirige eficaz o ineficazmente. El éxito de la
actividad que origina da la medida de la eficacia del concepto. Así pues, éste está
limitado de una parte por la actividad frustrada, y de la otra por las consecuencias
que se derivan de la actividad que encauza. Al hallarse comprendido entre estas
partes de un acto, el concepto posee las características de un instrumento. Al princi-
pio, como todo instrumento, puede resultar tosco y ser utilizado de un modo bas-
tante experimental, pero más adelante, como sucede con las herramientas, puede
perfeccionarse, generalizándose su empleo.
Ciencia sin conceptos 127
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Unas cuantas consideraciones acerca de ambas etapas (la fase inicial, de ensayo.
y la ulterior, de perfeccionamiento) nos permitirán apreciar con mayor claridad el
carácter instrumental del concepto. En la primera etapa, éste representa simple-
mente una concepción primitiva aplicada a una situación que requiere ser solucio-
nada o reajustada. En esto su naturaleza es equivalente a la de una hipótesis; su
valor se intuye, pero es desconocido. Promete cierta posibilidad de comprensión y
control, y se utiliza en razón de esta promesa. A veces no se cumple, en tuyo caso es
necesario adoptar una nueva concepción. En ambos casos constituye un modo de
abordar o un plan para enfocar la situación. Es evidente su analogía con el uso
experimental de una palanca o ariete primitivos. Al ser perfeccionado, el concepto
no deja en absoluto de contribuir a la actividad, pero el carácter de su función varía
en cierto modo. Su campo de operaciones se vuelve más fácil de entender; sus
posibilidades se calibran mejor, y las consecuencias de su empleo se hacen más
seguras. Al aplicar este concepto a alguna nueva circunstancia o, por decirlo de otro
modo, al incluir una nueva experiencia o situación en el terreno del concepto, se
puede afrontar eficazmente dicha circunstancia o situación, utilizando los procedi-
mientos habituales. El médico al que se pide que diagnostique una enfermedad
busca síntomas que le permitan emitir un dictamen lo más fidedigno posible. Si se
diagnostica una enfermedad o un tipo concreto de enfermedad, como la tifoidea o la
malaria, incluyendo la dolencia en un concepto dado o, por decirlo de otro modo,
aplicando a la misma un concepto determinado, podrá iniciarse un tratamiento.
Sabido es que ciertos acontecimientos suelen ir seguidos de otros; es decir, ciertos
actos suelen tener determinadas consecuencias. Del mismo modo, el conocimiento
adquirido sobre el empleo del concepto en experiencias anteriores, sirve como ins-
trumento en la nueva situación.
Por lo que se refiere a la tercera función, puedo repetir que uno de los valores
significativos del concepto reside en la posibilidad de sus consecuencias deductivas.
A vecés se aprecia fácilmente la ayuda que el concepto puede prestar a una investi-
gación inmediata; su carácter de premisa lógica con consecuencias deductivas tal vez
deba ser objeto de una pequeña aclaración. Quiere decir que, razonando a partir del
concepto, puede adquirirse una nueva perspectiva y entrever problemas y procedi-
mientos que trascienden los problemas inmediatos que suscitaron dicho concepto, y
en respuesta a los cuales éste opera como un instrumento. El ejemplo más destacado
que cabe citar sobre este carácter proyectivo del concepto, lo constituye el sistema
de numeración. Los historiadores de las ciencias exactas han dejado claro que los
primitivos conceptos sobre el número, surgieron a partir de la experiencia práctica y
estaban vinculados a la misma. Ciertos perfeccionamientos que no es preciso consi-
derar aquí, permitieron emplear los conceptos sobre el número de modo distinto al
meramente utilitario. Se advirtieron las consecuencias deductivas de dichos concep-
tos, y las implicaciones de su ordenación e interrelación con otros forjaron la
enorme y compleja estructura de la matemática moderna, cuyo progreso parece no
tener fin. Este desarrollo no siempre se ha llevado a cabo de una forma empírica,
sino también lógica y, al parecer, ha ido bastante por delante de la experiencia. De
este modo, se han elaborado fórmulas para las funciones numéricas que posible-
mente permanecerán sin aplicación práctica durante décadas. Pero aunque la estruc-
tura de las matemáticas puede crecer de un modo lógico y no empírico, sobrepa-
sando a la experiencia real, su característica más interesante consiste en que siempre
revierte con el mismo éxito sobre dicha experiencia. Esta aplicación a la experiencia
128 Ciencia sin conceptos
ha sido tan nítida y ha permitido tal grado de control, que ha suscitado reiterada-
mente el punto de vista de que el cosmos es numérico. Indudablemente, el aspecto
deductivo de toda ciencia trata de aproximarse al carácter ideal de las matemáticas
y, si bien es cierto que esta tentativa nunca ha obtenido más que un éxito parcial, el
intento implica una apreciación del valor deductivo de los conceptos.
Hasta ahora, he expuesto en este libro la que me parece que es la función del
concepto en el procedimiento científico. Quizás mis observaciones ensalzan sus vir-
tudes. pero no deben olvidarse sus pecados. Me parece que es el momento para
hacer una breve exposición del uso inapropiado del concepto.
A mi juicio, en la mayoría de los casos, el empleo inadecuado del concepto en la
ciencia, consiste en separarlo del mundo de la experiencia, en desligarlo de la percep-
ción de la que se deriva y a la que normalmente está vinculado. Desgajado de la
experiencia en la que tiene su origen, el concepto se vuelve, casi invariablemente
indefinido y metafísico. Siempre he admirado una célebre afirmación de Kant, que
realmente define el carácter de conceptos y señala sus limitaciones. Kant dijo acerta-
damente: "La percepción sin concepción es ciega; la concepción sin percepción es
vacua". Los conceptos sin base perceptual son, sin duda inseguros. Desgraciada-
mente, el pensamiento actual arrastra una tradición procedente de la antigua filoso-
fía griega y del escolasticismo medieval, que postula la adquisición del conocimiento
mediante la elaboración del concepto. Se considera que éste posee un significado
intrínseco que es posible sacar a la luz por medio de una meditación correcta. Quizá
sea innecesario llamar la atención sobre la constancia de dicha tradición en el caso
de las ciencias sociales. Cada una de estas ciencias cuenta con numerosos protago-
nistas o devotos que se afanan en alcanzar el conocimiento "fabricándolo en sus
propios cerebros". Comienzan con un arsenal de conceptos que, por ser abstractos,
resultan abstrusos, y luego erigen un sistema al que confieren un significado deri-
vado de esos mismos conceptos. El resultado es una estructura pomposa y formal,
tan vacía como una caracola hueca. El error de sus sistemas reside en el hecho de
que los conceptos originales eran meras elucubraciones, carentes de todo funda-
mento y no verificadas mediante la experiencia empírica. Teniendo en cuenta que,
desde su mismo origen, carecen de utilidad para la experiencia o la actividad, nada
tiene de particular que el significado de ellos deducido constituya una simple entele-
quia, sin ningún valor para la comprensión y el control del mundo real. Se diría que
la dificultad dimana del hecho de no haber sabido reconocer que la función del
concepto es compensar una percepción confusa y desencadenar y orientar la con-
ducta en el seno del campo perceptual. Para que sea válido, urr concepto ha de
revertir a la actividad, es decir lo que motivó su existencia. Debe mantenerse en
contacto con los hechos; su carácter debe verificarse mediante tales o cuales hechos,
y su importancia ha de ser valorada en función de las posibilidades instrumentales
que ofrece con respecto a esos hechos. Entender que el concepto es un arquetipo en
lugar de un instrumento, o idear un concepto que no comporte un plan de acción
con respecto a ciertos hechos, es ir contra la corriente de los procedimientos de la
ciencia moderna. Aunque semejante proceder no sea incorrecto ni improductivo en
la metafísica, en la ciencia resulta ridículo.
No menos abominable que esta tendencia a analizar los conceptos al margen de
las exigencias y verificaciones de determinados tipos de hechos es la proclividad a
elaborarlos con una negligencia temeraria, sin preocuparse de si son realmente
necesarios. Se le ha reprochado a la sociología el hecho de poseer el mayor número
Ciencia sin conceptos 129
ser poco crítico o reflexivo respecto a su alcance, es muy difícil que nos lleve a una
auténtica comprensión y control del mundo empírico. Hay pocas cosas más irritan-
tes que leer un ensayo de investigación rigurosamente ajustado a técnicas acredita-
das, y lleno de números, unidades o elementos, y acabar descubriendo en el mismo
la más absoluta negligencia en el uso de los conceptos. A otros autores les impre-
siona la pericia en el empleo de la técnica, o las nítidas relaciones numéricas entre
unidades, pero no puedo por menos de deplorar que nuestras nociones metodológi-
cas estereotipadas permitan e inciten a los estudiantes a entretenerse con juguetes
mentales, creyendo que la manipulación de palabras vacías constituye una ciencia.
Admitamos el carácter instrumental del concepto en el terreno científico. Acep-
tando este carácter y usándolo de una forma crítica, tal vez evitemos ser meros
recopiladores de hechos o hiladores de metafísica.